Follow by Email

jueves, 22 de junio de 2017

El código

Marqués de Sade

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En el Ayuntamiento de Madrid la Justicia prende a dos concejales comunistas, y su partido, entre quitar a los concejales como manda su código ético y quitar el código ético, quita el código ético.
En Corea del Norte, por quitar del “hall” del hotel un código ético, condenaron a quince años de trabajos forzados a un estudiante americano que ha muerto apaleado.

El Estado de Partidos es como un convento de Sade, pero sin sexo (el sexo es el dinero: el “oro nefasto” de Mallarmé). En el Parlamento (el coro), el pijerío pepero hace migas (¡la pinza de Casals!) con los gamberrotes podemitas, como ocurre en la calle, pero en el Ayuntamiento (el huerto) es el lúser socialista quien sostiene al zángano comunista.
Tenemos una ideología socialdemócrata, principios, valores… –dice el lego Pedro Sánchez, que no sabe que la socialdemocracia es carecer de principios y de valores.
Sánchez colocó en el Ayuntamiento a Podemos por el módico precio de un código ético con el que Podemos se marca ahora un Groucho (éste es mi código ético, pero si no le gusta tengo otro) que escandaliza a los peperos, que tienen su código ético en un ministro de Hacienda que moja pan en el vermú de la sentencia del Constitucional que condena su amnistía fiscal y que no bajará los impuestos, esa fascistada trumpiana, porque necesita las zanahorias tal vez para los conejos de María Soraya, que son los que echan el día (¡y la noche!) moviendo el labio en las tertulias.
Lo próximo en el Estado de Partidos será una collera de comunistas, que se miran en el hamponato venezolano, y socialistas, que se ven tocándole la quena a Evo Morales, amo de la Bolivia plurinacional de la parpayuela de Sánchez, Adriana Lastra (¿tribu? ¿nación?), y autor, sin un Nuremberg a la vista, de este haiku sobre la insurrección popular en Venezuela:
Lo que está pasando en Venezuela es un golpe de Estado. Dale duro, Maduro contra los golpistas, el pueblo latinoamericano está de tu lado.
Unos setenta jóvenes muertos.