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domingo, 16 de abril de 2017

Costaleros y saetas

 Tatuaje

 Enfajamiento

 Saetera rubia

Saetera morena

F. J. G. I.

viernes, 14 de abril de 2017

Gente en Jueves Santo

 Salida de La Soledad del Caído
La Virgen de los toreros en San Cayetano

  Las Angustias
Juan de Mesa en 1627

 Cristo de Gracia
"El Esparraguero" a la salida

Por la Puerta del Perdón y tras el Cristo de la Caridad, la Legión

Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Gente.  Gente por donde quiera que vas. No es gente amargada a la que arrancar votos. Es gente corriente. Gente que cree a su manera. Gente orgullosa de “empatizar” con las Dolorosas y que se santigua y llora a su paso. Llora doña Angustias, la vecina de Santa Marina, a la que el padre puso nombre de la madre del héroe, llora el maestro de escuela del Concepción Arenal y llora el veinteañero de Facultad. Furtivas lágrimas en la “levantá” cuando el capataz grita con sentimiento: “al cielo con ella” “todos por igual, valientes”.  Tras el clack, miles de dedos secan la humedad del párpado. Impresiona lo suyo tanta devoción.

      Jueves y Viernes Santo son  días grandes. Días en los que todo Córdoba sale a la calle y busca su sitio de todos los años, pero ¡ay! en esta Semana Santa se han modificado las rutas y los cordobitas veteranos, serios anónimos que se visten como para ir de entierro elegante con su traje y corbata de respeto, se han dividido entre la plaza de S. Agustín a esperar a las Angustias y entre, los más, la plaza del Alpargate a pedir al “Esparraguero” -el año que viene, cuatrocientos años de su llegada a Córdoba desde Méjico- por la familia.
      
Desde los Padres de Gracia -el Esparreguero se llama Cristo de Gracia- donde me junté  con mi doña y el chico, callejeamos hacia la Mezquita. Era cosa digna de admiración la cantidad de gente esperando desde antes de S. Pedro hasta S. Francisco. En el río no estuvimos por temor a quedar atrapados, pero me cuentan que la bulla daba miedo. El Patio de los Naranjos se ve que no acaba de convencer a los cordobeses por parecerles más una posible encerrona que un lugar privilegiado, pero les aseguro que pocas poblaciones disponen de sitio más admirable para representaciones tan sobrecogedoras. Me moví sin agobios desde la puerta del Perdón a la recién abierta y de la de las Palmas a la de Santa Catalina. El último en llegar, precisamente el Esparraguero, entró y salió por la misma puerta. Por la recién abierta, pues la tremenda envergadura de la cruz le impide cruzar la de las Palmas, circunstancia que venía advirtiendo mi chico, como me he hartado de recordarles, capillita de la familia trinitaria. Es más del Rescatao que del Esparraguero, pero este último tiene una banda de música que “p’aqué”  que también acompaña el domingo de Ramos al paso con el que comparte convento.
      
Como las  obligaciones me llaman, en la tarde-noche del Jueves Santo acaba mi agradable -cada año disfruto más- seguimiento de la Semana Santa, a la que le he encontrado los vericuetos del callejero para poder llegar a los rincones más singulares  con la sensación de pertenecer, a fuerza de trienios, a una familia de casi trescientos mil cordobeses. Mucha gente de verdad. En el Patio de los Naranjos ¡válgame el Señor! vi gente que concejaleaba en el Ayuntamiento antier mismo por el partido de Izquierda Unida.

La Pasión de Morata de Tajuña

La fe comercial

La fe europea

La fe romana

La fe histórica

La Fe cristiana

 La Alegría de la Fe

martes, 11 de abril de 2017

Lunes Santo de Córdoba

 La Virgen de los presos

    Francisco Javier Gómez Izquierdo

     La Merced sale en Lunes Santo de la parroquia de San Antonio de Padua en el Zumbacón. La Merced es la Virgen de los presos, de los que los guardan y de mi barrio. Para mi madre, que la vio hace veinte años, es “una Dolorosa guapísima con un manto y un palio de lo que es. De reina del Cielo.”  Uno, que aprendió con  maneras y métodos distintos a los del siglo, coge cariño a determinadas imágenes y algunos santos porque tiene por buenas las costumbres de los padres. Así, San Esteban Protomártir siempre será el primero de los míos; San Pedro por todo lo que me hizo disfrutar a comienzos de los veranos de mi juventud; de mi vida en Pamplona me llevé a San Fermín y aquí en Córdoba no ha cuajado entre mis preferencias San Rafael porque siendo Arcángel no creo que pueda acometer trabajos humanos. De Córdoba me quedo con los Cristos trinitarios (el Rescatao y el Esparraguero) y esta Virgen de la Merced que ayer se vestía de Reina para recorrer las calles de la ciudad.
        
No tenía intención de entrar en el Patio de los Naranjos, pero al final no me pudo el genio y sucumbí a la tentación de ver cruzar puertas sagradas por primera vez. Como me temía, los alrededores de la Mezquita estaban sembrados de vallas y barreras con vigilantes prohibiendo el paso, por lo que sólo los conocedores de las callejuelas  de la Judería -quemo azúcar casi todos los días por ellas- pudimos acceder sin quedar atrapados, a escenario tan espectacular. Quiero creer que  el tapón, un atasco morrocotudo, que se produjo entre la Cruz del Rastro, San Fernando y Cardenal González sólo puede ser achacable a la novedad del recorrido y a un fallo subsanable de coordinación, pero el caso es que aquello duró más de una hora con los penitentes, nazarenos, pasos y espectadores atrapados en un ni p’alante ni p’atrás angustioso y claustrofóbico. Lo vi desde el otro lado de la ronda de Isasa y  miedo me da lo que pueda ocurrir en los atardeceres del jueves y el viernes.

           
     La nueva puerta de la Mezquita

 La Virgen del Campo de la Verdad saliendo por la puerta de Las Palmas

Dolorosa abandona el patio de los naranjos por la puerta de Santa Catalina