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sábado, 3 de mayo de 2025

El arrebato de Julián

 

 

Dime cómo toreas y te diré quién te jalea

martes, 28 de mayo de 2024

Los Toros entre la Reverencia y la Ansiedad. Un singular acceso a la anomalía humana. El surgimiento del "Aura"

Agradezco la generosa hospitalidad de este blog que me permite aportar mis granitos de arena a la celebración taurina isidril. Propondré, estos días, unos extractos de un  amplio, y me gustaría creer que serio, ensayo titulado Los Toros entre la Reverencia y la Ansiedad. Importa el subtítulo: (Un singular acceso a la anomalía humana). Debería ver la luz editorial el año que viene, si el tiempo no lo impide y la maestrante Fundación de Estudios Taurinos no se arrepiente. (Jean Juan Palette Cazajús)



Bonifacio

El surgimiento del «Aura»


Jean Juan Palette Cazajús

                                                                                      

Las fases del sacrificio, tales como quedan representadas en la cerámica griega, pertenecen al tiempo espacializado y descriptivo, ese tiempo aritmético que se mide absurdamente como medimos las distancias. Pero el momento sagrado, el acmé del acto de matar, de la mise à mort, se sitúa él en el tiempo existencial, el tiempo inefable que nos atraviesa. Es uno de los escasos momentos en que el «ser para la muerte» accede a sí mismo y a su propia precariedad. Los ceramistas griegos sabían que la mímesis artística era incapaz de aprehender el aura inmaterial de los momentos sagrados durante los cuales, parafraseando a Martin Heidegger, el ser se muestra escondiéndose. Incapaces de plasmar el aura inefable del momento sacrificial, los artistas preferían sugerirla, ocultando el momento del trance. Nuestra cultura en cambio es cinética y cinematográfica, pasa sistemática y constantemente de lo real a lo virtual o a lo ficticio. Es una cultura exhibicionista. Convertidos nosotros mismos en seres virtuales y ficticios, a punto ya de padecer una mutación de nuestras modalidades perceptivas que nos hará prontamente incapaces de diferenciar entre la realidad fenomenal, o sensitiva, y la realidad virtual, hace tiempo que hemos perdido todo contacto con la noción de «aura». Porque lo que así llamamos, es la certeza de la presencia del ser, intuido a través de un repentino rebosamiento de la conciencia de vivir y el advenimiento de un momento de densidad sobrecogedora. Es el rastro de una presencia y de una lejanía concomitantes y excepcionales, intuidas al margen de las coordenadas fisiológicas del cuerpo, momentáneamente olvidadas. Podríamos hablar del surgimiento, en el seno de la existencia, de una sacralidad sin trascendencia, arrastrada por el movimiento simultáneo de la vida y de la muerte, la sensación aérea de que el peso de la rutina ha dejado de obliterar la agudeza de nuestras percepciones, mientras el paso inexorable del tiempo ha quedado suspendido por unos instantes. 


Para que surja el aura tiene que haber, como en la tragedia clásica, unidad de lugar, de tiempo y de acción. El aura no tiene definición científica, en cambio sí tiene encarnación concreta, contenido perceptible, y así podemos considerar el paroxismo plástico-emocional que brota a veces, durante las corridas de toros como perteneciente a los territorios del aura. Un sentimiento puesto exclusivamente al alcance de quienes acuden personalmente a la plaza de toros y se entretejen en el «espacio-tiempo» sagrado del sacrificio. La pantalla del televisor, por ejemplo, se contenta con «re-transmitir» el evento, pero se muestra fundamentalmente incapaz de «transmitir» el aura. Esa lucidez, esa contención, esa abstención de los ceramistas griegos aparecen entonces como la exacta inversión de lo que nos ofrecen las corridas televisadas, en las cuales el tiempo del rito se ve desvirtuado, cortado en lonchas por el exceso de imágenes virtuales, donde la obsesión primaria, exhibicionista, por el detalle visual, por la abundancia de los primeros planos, por la repetición o por la cámara lenta, acaba con toda posible aprehensión de la sacralidad fugitiva, de la densidad existencial del acontecimiento.


La cámara, que pretende mostrarlo todo, nos oculta lo esencial. La pantalla obtura toda emanación posible del aura y el espectáculo se reduce a una proyección visual casi incongruente, donde la gravedad primordial de la corrida de toros queda reducida a la inanidad rutinaria de cualquier momento de entretenimiento mediático. Algo muy parecido, asimismo, es lo que ocurre con muchas faenas que nos parecieron inefables vistas desde el tendido, pero pueden dejarnos bastante fríos, repetidas en el vídeo. Porque lo que nos traen aquellas imágenes artificiales es la realidad momificada de un momento difunto y –lo más importante– ya totalmente previsible. Falta el aura de aquel trance irrepetible; falta el aura de aquella faena tantas veces ansiada, tantas veces truncada y, en esta ocasión, haciéndose, milagrosamente, lance tras lance, inesperada y por fin culminada realidad ante nuestros ojos. Pero siempre con la amenaza de que el fragilísimo hilo de aquella improbable construcción pueda quebrarse en cualquier momento. Algo, ese trascendental albur del tiempo –al fin y al cabo una de las escasas demostraciones posibles del «ser»– que ha desaparecido del vídeo. Y falta asimismo otra dimensión esencial, intuitiva y orgánica, la del tipo de riesgo o de emoción que pudo transmitirnos aquel toro particular. Toda faena debería valorarse, rigurosa y sistemáticamente, entre 0 y 10 –se nos perdonará el prosaísmo aritmético– según el toro haya resultado una «hermanita de la Caridad» o un «Barrabás», un colaborador o un adversario. Si no hay toro realmente bravo, lo que tendremos no será la faena sino su simulacro. La diferencia, crucial, aparece hoy casi siempre ninguneada y esta percepción directa, ineludible, de lo que realmente «significó» aquel toro, aquel día, tampoco puede ser recogida por la pantalla. Falta, en fin, el sentimiento de lo que los griegos llamaban kairós y que, en aquel momento, embargaba al torero, esa necesidad de atrapar la oportunidad fugitiva que por nada en el mundo hay que dejar escapar. Falta aquella suspensión dramática del tiempo.


Un último punto: las imágenes de violencia suelen ser el principal recurso con que nos secuestran las ficciones cinematográficas y televisivas para sacarnos del cotidiano amodorramiento. Un condimento comercializado bajo sus formas más espectaculares y descarnadas y consumido en tales cantidades que ha dejado hastiado nuestro paladar. No sabemos si podrá escribirse alguna vez el trascendental ensayo que analice hasta el fondo aquella turbia y ya rutinaria fascinación. En cambio, resulta que entre aquella mayoría de consumidores y narcodependientes habituales de la violencia como ficción, se recluta buena parte de aquellos a quienes se les hace particularmente insoportable e indigesta la sinceridad visual de las corridas televisadas, que exponen sin tapujos la realidad orgánica de la muerte del toro. ¿Son acaso reacciones indignadas de quienes se sienten expulsados de su habitual refugio en la fantasía y el morbo para verse expuestos a los auspicios y la crudeza de su propia e ineluctable vulnerabilidad? Insinuamos una respuesta, pero no la garantizamos. Ahora bien, y no lo dudamos un solo instante, la corrida de toros solo cobra sentido dentro del tiempo inmediato y existencial de su presencialidad. Para que surja el sentimiento catártico y termine brotando el aura participativa es imprescindible acudir personalmente a la plaza de toros y tomar asiento alrededor del anillo consagrado.


La ansiedad fundamental ante la muerte animal fue sin duda uno de los síntomas que revelaron el proceso de interiorización y de valorización progresiva de las percepciones del mundo, por parte de los primeros humanos, así como su lento tránsito desde un universo de protoemociones animales hacia un espacio de representaciones y metarrepresentaciones cada vez más cargadas de significaciones. Aquello señalaba la emergencia de una conciencia reflexiva y de un orden de sentimientos y valores. Se perfilaba así una complementariedad cada vez más perceptible entre las ya evocadas hominización cognitiva y humanización del juicio. Con esta distinción, quisimos destacar la importancia del largo proceso mediante el cual se fueron asentando en la mente humana una serie de comportamientos caracterizados por vacilaciones psicológicas, «protopreguntas» diversas, donde quizá convenga encontrar las primeras manifestaciones de lo que terminará siendo la dimensión moral. La comentada ansiedad constituye uno de los más importantes síntomas del malestar esencial y definitivo mediante el cual la condición humana cobra conciencia de que, a la manera de San Agustín, «Sibi quaestio facta est» («Se había convertido en una pregunta para sí misma»). Puede asombrar la tranquilidad ostentosa con que la corrida de toros ofrece al mundo el espectáculo de la muerte animal, cuando todas las tendencias de nuestras sociedades consisten, no solamente en desterrarla de todo espacio visual, sino en evitar, mediante el acondicionamiento comercial, el embalaje publicitario o la preparación culinaria, que nada en cualquier producto derivado recuerde en ningún momento su procedencia, es decir lo que, en origen, fuera un animal vivo. También a ese nivel, la corrida de toros cumple, una vez más, con un excepcional deber de sinceridad y de lucidez. Se encarga de recordarle al ser humano la excepcionalidad de su itinerario, biológico y existencial, la incertidumbre de su emergencia, la fragilidad de su aventura, en realidad un arriesgado y perpetuo comienzo.

martes, 27 de septiembre de 2016

Simón Casas toma Madrid

 Simón al acecho

 Simón triunfador
(La foto, extraída de la edición digital de Midi Libre habla por sí misma.
 Un encendido Simón Casas le dedica un corte de mangas al público que le increpaba
 por exigir al presidente la concesión de una oreja a Daniel Luque en el coso de Nimes)

miércoles, 26 de marzo de 2014

Suárez, torero

Suárez, de corto
 

domingo, 16 de marzo de 2014

Cinco toreros


Plaza de Toros de Madrid En el cartel de la tarde tenemos a Rafael El Gallo, Vicente Pastor, Machaquito y Rodolfo Gaona. Antes de empezar el paseíllo los maestros se fotografían rodeados de los admiradores. Un señor con un hongo, un joven con un pitillo, muchos con gorra, se sitúan próximos a los toreros, que ya están liados para salir al ruedo. Entre ellos, un muchacho menudo, vestido de monosabio con sus alpargatas y su gorrilla, hermano del contratista de caballos, ha conseguido colarse y logra asomar su cara entre dos gigantes naturales de Madrid, entre Gallito y El Chico de la Blusa, inspiración y poder. Ese muchacho, tan poquita cosa, sin él saberlo, ha conseguido llegar al sitio que de verdad le corresponde en la fotografía: él no debe aparecer entre los mirones que se agolpan al lado de los toreros famosos porque él es el quinto torero de esa imagen, pero aún tendrá que pasar un poco de tiempo para que Fausto Barajas, monosabio de la Plaza de Madrid, se vista de oro y llegue a deslumbrar a los públicos con su arte en banderillas y su seco valor de torero, especialista en toros de Albaserrada.

J. R. M.

domingo, 9 de febrero de 2014

martes, 21 de enero de 2014

Gallito y una ganadería


Manuel Pineda
Allá por el año 1918, cierto día en que «Joselito» había de torear por la tarde en la Plaza de Madrid reses de Salas, un íntimo amigo del inconmensurable diestro sevillano preguntó a éste los motivos de su predilección o interés por toros de tan baja casta, con los que ordinariamente no había lucimiento posible.

 El Coloso de Gelves -que, dicho sea de paso, no dudó nunca encerrarse en el ruedo madrileño doce o catorce veces cada temporada con toros de diversa índole y procedencia-, recostado en el lecho, donde reposaba en espera de la hora de ceñirse la taleguilla, esbozó pícara sonrisa al mismo tiempo que, mirando con el rabillo del ojo a su apoderado, presente en aquellos momentos, contestaba al amigo con estas, entre ingenuas y zumbonas, palabras: «Pues, a propósito, Manolito Pineda te lo va a decir, porque él es quien lo sabe mejor que yo». Y don Manuel Pineda, puesto en el disparador, tuvo que dar la cumplida respuesta: «Muy sencillo, don Fulano. Primero, por la amistad que unió a Rafael y José con los Salas; después porque estos toros, aunque tienen bulto, son de paja, y al matador le conviene entre col y col una lechuguita, y, por último, y esto es lo que a José, para hacerme rabiar, le interesaba dijese, porque yo llevo y represento la ganadería. Y como es lógico...»

AREVA
En El Ruedo, 1948

J. R. M.

martes, 17 de diciembre de 2013

Juan Ignacio en los toros

Juan Ignacio Luca de Tena
Sevilla
Feria de Abril de 1945

viernes, 23 de agosto de 2013

La "pureza" del toreo

Victorino y Morante fumándose un puro en Bilbao

A Morante habría que decirle:

-Esos c..., en Despeñaperros*.
___________
* Venía a Madrid Manuel OrtegaCaracol el del Bulto, padre de Manolo Caracol y mozo de estoques de Joselito– y, al apearse del tren en Atocha, a donde con tantos trabajos habían llegado, la locomotora le soltó un rebufo de vapor en el andén.

    –¿Ahora me vas a ronear de vapor? –protestó el del Bulto–. ¡Esos cojones... en Despeñaperros!

domingo, 28 de julio de 2013

La navaja de Ockham en los toros

De lo esencial a lo trivial

Estaba Picasso en una barrera, inspirándose para sus “Toros en Vallauris”, por ejemplo. Hoy está Diego Luna “apoyando” a la Tauromaquia, con argumentos huecos y con palabras altisonantes. Y es que esos son los intelectuales de hoy en día.

miércoles, 19 de junio de 2013

"Contubernio contra la fiesta"*

El Dr. Moncholí, líder de la Crítica Seria que exige el envío de Miura al matadero,
 trabajando con su equipo la tarde en que unos victorinos vendimiados
 desnudaron al pobre Talavante


Jurado que eligió a Victoriano del Río como Mejor Ganadero 2013 en Madrid
Gloriosamente encabezados por Abella, votaron afanosamente Barquerito, Andrés Amorós, Federico Arnás, José Luis Benlloch, Pedro Javier Cáceres, José Luis de la Chica, José Manuel Durán, Jorge Fajardo, José Luis González Aldana, Carlos Ilián, Javier López, Antonio Lorca, Enrique Mazas, Juan Carlos Mesa, Manuel Molés, Miguel Ángel Moncholi, José Luis Ramón, Francisco Serrano y Vicente Zabala de la Serna.
J. R. M.
_____________
 * Click

El Veragua del Régimen

domingo, 10 de marzo de 2013

Primera medida de la Comunidad ante el vuelo de la Cubierta de San Pedro en Las Ventas

La Cubierta de San Pedro, a 1 de marzo

La Comunidad de Madrid se pone seria y podría tomar su primera medida para evitar la repetición de ruinas como la de la Cubierta de San Pedro sobre Las Ventas, derribada por un inesperado céfiro de olímpico embate.

-Si vamos a volar todos, que sea en las mejores manos.

Y en vez de hacer dimitir a nadie, que siempre es una medida desagradable, considerarían la posibilidad de colocar a un ex concejal de Barajas, Tomás Serrano, experto político en aeronáutica, en el Consejo Taurino. No hay plaza vacante, pero el vuelo de la Cubierta les habría dado pistas sobre el modo de abrir ese hueco. El gasto sería mínimo: un pase de callejón y dos para el palco de la Comunidad, que en este momento de crisis contarían como nuevos abonados.

jueves, 28 de febrero de 2013

Semana de Victorino. 4. José Antonio Campuzano

Victorino es más estable que el dólar
José Ramón Márquez

miércoles, 14 de noviembre de 2012

domingo, 20 de mayo de 2012

lunes, 31 de agosto de 2009

AY, TORO, TORITO GUAPO


RESUMEN DE LOS TOROS DE LA FERIA DE BILBAO

Por Eneko Andueza
www.elchofre.com




-Sobre las tardes de La Quinta y Hnos. García Jiménez
Justitos de presentación los primeros, absolutamente impresentables los segundos. Aborregados todos ellos, blandos y flojos hasta la desesperación. Un saco de descaste en los dos primeros días.
Resulta evidente a estas alturas que, en Bilbao, el escaparate del Toro-Toro ha sido sustituido por un muestrario que nada tiene que ver con lo que antaño era bandera en la plaza Bilbaína.

-Sobre la tarde de Fuente Ymbro
No esperábamos mucho de los Fuente Ymbro, la verdad, pero de eso a lo que vimos va un trecho.
De buenas a primeras un aficionado que se sienta en su localidad en la plaza de Bilbao espera ver una corrida de toros, y no un dechado de tipos, hechuras y tamaños. Espera ver una corrida íntegra, con sus pitones como es debido, con cara, y no esos pitones sospechosamente astillados a las primeras de cambio.
Lo del juego que puedan dar sería otro cantar, pueden ser mejores o peores. Ayer nos hubiéramos conformado con que tuvieran un mínimo de atributo de toro bravo. Nada de eso; un dechado de borreguez, invalidez y descastamiento para entretenimiento de las figuras y regocijo de los festivos espectadores.

-Sobre la tarde del Ventorrillo
A partir de ahí vimos salir seis toros de El Ventorillo correctamente presentados, parejos, íntegros, cuajados. Buena lámina, peor condición. Mansos, rajados, justitos de fuerza (el primero fue devuelto), descastaditos, alguno con algo de genio. Tercero y sexto con esas condiciones innatas de borreguez que tanto agradan a las figuras.

-Sobre la tarde de los toros de "Joselito"
Se lidiaban, supuestamente, seis toros de El Tajo y la Reina, propiedad de José Miguel Arroyo “Joselito”, y terminó saliendo al ceniciento ruedo bilbaíno una escalera impresentable de novillos impropios de muchas plazas de segunda. Todos escurridos, sin remate, bajos, sin badana, tremendamente anovillados la mayoría salvo el sexto que tenía cara pero estaba muy mal hecho. Así está Bilbao, por obra y gracia de unos señores, miembros de la Junta Administrativa que, no sólo se permiten el lujo de anunciar un hierro sin el prestigio y el nivel suficientes para una feria como la de Bilbao, sino que, además, aprueban, bendicen y escogen ellos mismos semejantes animalejos en el campo.

-Sobre los Jandillas:
Seis toritos de Jandilla, anovillados, lavaditos de cara, sin pecho, sin badana, sin cuajo, sin remate.
Seis toritos para montar su espectáculo por esas plazas deDios. Escogidos por sus cómodas hechuras, por sus respectivas reatas que, a buen seguro darían ese dulzor, nobleza, borreguez, tontera y flojera que les permitiera ponerse bonito y no pasar ni el más mínimo trago.


jueves, 23 de julio de 2009

MORANTE & EL CID





LA ESTÉTICA Y LA ÉTICA SE DAN LA MANO



Por Luis Carlos Peris



Ocurrió en la sevillanísima localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda lo que habían desbaratado seis 'vitorinos' podridos en el encontronazo más esperado por el toreo según Sevilla en abril. Y es que desde los tiempos de Puerta y Camino no se había dado una pareja de toreros para cubrir esa impenitente dualidad en cualquier faceta de la vida sevillana.
Pusieron el mingo Morante y El Cid el sábado donde el Río Grande se convierte en mar océana. La estética y la ética que portan en sus tuétanos el cigarrero y el saltereño están renovándose de tal forma que el estético se ha abrazado a la ética de estar bien siempre que puede mientras que el portador de los valores éticos sacó a relucir una estética indescriptible con el castaño sexto. Sevilla, ahora que tan rico es el escalafón, necesita de los suyos para seguir siendo lo que siempre fue y tanto Morante como El Cid garantizan esa reconquista.



(Vía http://www.sevillataurina.com. Publicado en Diario de Sevilla. En la imagen, vía http://www.el-cid.es, El Cid con el rabo de Sanlúcar)