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sábado, 19 de enero de 2019

Tamara

  

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Primero fue que Rivera, de Ciudadanos, dejaba a su novia, y ahora es que Tamara, hija de Isabel Preysler, parece enamorada de ese jefe liberal.
Con C’s, nuestro liberalismo deja de ser empírico y británico para hacerse alemán y trascendental: el desarrollo de un espíritu único a través de una serie de etapas necesarias, cada cual más elevada que la anterior. Llegamos al tatami liberal de Puerta de Hierro.

¿Qué decir sobre el liberalismo en el amor? –pregunta Santayana. Si hay una criatura ingenua entre los dioses inmortales, ésa es Eros: cuanto más libre e inocente sea el amor, más revoloteará y más alto subirá.
Las dos alegrías postreras de Trevijano, creador en el 74 de la Junta Democrática, fueron el toro que le brindó Morante en Las Ventas y la cena liberal que Preysler le ofreció en Puerta de Hierro, con velas a lo Kubrick (uno de los presentes le iluminaba el plato con el móvil), mientras pasaban páginas de la Revolución francesa hasta que Tamara, perdida, detuvo la escena para decir al invitado que se saltaba las fechas.
Señorita, salto sobre las fechas porque este señor (y señalaba al Nobel Vargas) salta sobre los hechos.
Y entonces Preysler salvó elegantemente la cena (¡y el liberalismo!) con un beso de supremo afecto en la mejilla del viejo demoleón cuya única afición final fue la fisiognomía de lo nuevo: Iglesias, “que aplaude como un bebé en la cuna al ver a su madre”; Tania, “que se pone la bufanda como un pobre (los pobres no tenían abrigo)”; Rivera, “que es naíf”…
Rivera, en efecto, está contra la Nación (lo suyo es el Estado, como en Gentile), y en cuestión de fe, frente a la religiosidad de Tamara, que aportaría al centrismo la clase que le falta, él se dice… agnóstico, ¡como Huxley!, que inventó el término para no decirse ateo (“¿Que qué es un agnóstico? Lo contrario de un gnóstico”).
Si Cabarrús, una dama de Carabanchel, acabó con el robespierrismo, ¿por qué Tamara, dama de Puerta de Hierro, no podría acabar con el sanchismo?

Sábado, 19 de Enero


Un martín-pescador cogió a la trucha

viernes, 18 de enero de 2019

La convención

Adam Smith


Hughes
Abc

Después de las primarias llega la convención, momento escénico de unidad alrededor de Casado y momento para eso que llaman «la batalla de las ideas». La redefinición o retoque ideológico del PP.
Hace unos años, Rajoy abrió la puerta del partido a conservadores y liberales. ¿Qué ideología quedó? El marianismo.

El primer paso del PP debería ser explicar qué se hizo mal, pero es dudoso que esta autocrítica se realice con Rajoy y Aznar presentes. Fue a Rajoy a quien se le fragmentó la derecha, y los 90 de Aznar parecen un revival insuficiente, además de que traen una cola de corrupción que tiene a la gente considerablemente cansada.

Rajoy y Aznar han sido garantías de algunas cosas que parte del electorado ya ve como problemas: las autonomías o el seguidismo absoluto de las políticas económicas europeas.

La figura de Vargas Llosa, que PP y Cs se llevan y traen como si fuera Adam Smith, hace presagiar una reafirmación liberal. Pero liberalismo significa todo y significa nada.

Si es más lealtad a los mercados deberían saber (y lo saben) que Trump ha orientado el Partido Republicano hacia los trabajadores.

Si es liberalismo como protección de la libertad individual, en pocos asuntos se ve tan amenazada como en las ideologías de género impuestas desde el Estado. La amenaza para el liberalismo viene también de la izquierda y le entra por la vía porosa del centrismo. Si Cs pretende acaparar el liberalismo progresista, le queda a Casado el liberalismo conservador, pero eso exige una posición casi moral contra algunas inercias de la socialdemocracia y contra el urgente problema de la natalidad, asuntos en los que el PP ha hecho mutis, abandonando además a su electorado católico tradicional.

Casado ha matizado su reformismo, que pasa a ser «inclusivo». El reformismo del PP han sido reformas laborales y tributarias que pagaba el ciudadano. Ha sido un reformismo para que se reformaran el currante y la clase media. De la reforma política prometida no hubo nada y en las «guerras culturales» entregaron la cuchara.

El PP ya no es el muro de contención contra el desorden. Perdido ese privilegio, a Casado le han dejado unos márgenes más estrechos de lo que parece. Le toca definir algo más pequeño orientado a una alianza posterior. Y eso siempre va a parecer una renuncia.

Afeitarse

Paul Sorvino gilletteando ajo en Uno de los nuestros 


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En plena conmoción por el anuncio de las hojas de afeitar contra sus clientes blancos, sale el New York Post con que en Hollywood la nueva tendencia para los hombres es… el pelo rubio platino.

¡El mundo en vilo a la espera de las represalias de Sarah Jeong, coreana del New York Times que una vez tuiteó “White men are bullshit”!

Vaya por delante que el primer hombre fue de barba y cabello rubios, pues por esta señal, según San Jerónimo, le pusieron de nombre Adán, que quiere decir “hombre rubio”. Pero Adán, además de esclavo del pecado, es esclavo de la moda, y si por moda no se afeita, obliga a los fabricantes a colocarle sus cuchillas a Eva, y lo hacen con ese anuncio de acosadores blancos que han de ser reconvenidos por hombres de otras razas, si se puede emplear el término, visto el Galileo que le han montado al “viejo loco” del ADN, el Nobel Watson. Tampoco a Galileo, repetía Gustavo Bueno, la Iglesia lo degradó por el geocentrismo, sino por el atomismo, que ponía en solfa el dogma de la transustanciación, esencia del catolicismo.
Pero un día el ministro Ordóñez retiró la festividad del Corpus. “Esto es la revolución”, pensé. ¡Y no se han dado ni cuenta!
Esta América no es la de los “Founding Fathers” que conoció Francisco de Miranda, el español que participó en las tres revoluciones (por eso su nombre figura en el Arco de París) y que en su Diario de Viajes pondera, por cierto, entre otras cosas del doctor Franklin, “el javon famoso para afeitarse que se vende en Boston con el nombre suio”.
¿Tiene algo que ver esta batalla cultural de la rasura con los hombres que este miércoles animaban a los galgos en el corredero de Medina del Campo?

Mi abuelo hablaba de un barbero de su pueblo que escupía en la brocha para espumar el jabón, y a un perplejo le dijo:
A usted, porque es forastero, que a los de aquí, como hay confianza, se lo hago en la cara.

Y se la dejaba que parecía “un cuadrilongo de papel fino de Génova, alisado con diente de elefante”.

Viernes, 18 de Enero


Madre que es toda oídos

jueves, 17 de enero de 2019

"Háztelo mirar"



Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Creo detectar un reproche de moda, lanzado por personajes famosetes y famosillos, que con ánimo sobre todo de señalarse ellos como garantes y ejercitantes de la bondad social absoluta, achaca  a los librepensadores de una lepra o sarcoma de la maldad que les hace merecedores de un lazareto para ignominiosos. La tontería es sencillísima y de fácil aprendizaje: “..si no te gusta -algunos y algunas dicen”si te asusta”- la Ley de violencia de género háztelo mirar”.
      
Háztelo mirar. Dos palabras que no se caen de la boca parlera tertuliana y que repicaban en el café de Antonio -hoy S. Antón en Gamonal- esta mañana a la hora de las tostadas. Creen que dicen bien porque como es común en gente así, no distinguen el mirar del ver y piensan que cuando hablan, dicen... y no reparan en que lo absurdo además de inexplicable e incomprensible puede ser ¡ay! muy injusto.
      
Ustedes han conocido el acelerado y extraordinario movimiento -autobuses gratis- de los partidos y asociaciones dependientes de los mismos en Andalucía para parar, dicen, el fascismo que protege a los maltratadores como si no se supiera que quien corre peligro no es la mujer sino el pesebre de unos cuantos miles de mirones que han manejado millones. Mirones que se lo han hecho ver y han visto dónde hay que ponerse pero que creo no sabrían cómo justificar las sentencias a las que se llega con su querida y admirada ley. 
      
Veamos, que no es lo mismo que miremos, un caso práctico y real ocurrido dos días después de Reyes del presente 2019:
      
Un camionero separado hace más de un año tiene muy buena relación con su ex-mujer y sus hijos. Tienen vidas aparte, pues el camionero tiene que seguir cumpliendo una orden de alejamiento impuesta durante los trámites de la separación por... desconozco los motivos. El camionero, que vive en distinta población que su ex-esposa, ha hablado por teléfono y se ha visto  con ella  en varias ocasiones para velar por la educación, vestidos y evolución de sus dos hijos. Dos días después de Navidad el camionero hace un alto en la ruta conforme ha concertado con su ex-pareja, para dejar los regalos de Reyes de los niños. Una vecina, inquisidora vigilante de la ley que hay que mirar, al ver al camión llama a la policía y ésta, sin hacer caso de los ruegos y razones de la mujer, en teoría amenazada, llevan al camionero al juez que ordena conforme a la LVG su ingreso inmediato en prisión por incumplir la sentencia “emanada” de una ley no sólo injusta, sino a todas luces inconstitucional, por mucho que se la quiera mirar del derecho, del revés o al tresbolillo.  El camionero sigue preso y no podrá pasar la asignación mensual que le corresponde a su mujer y sus hijos, pero el repentino  empobrecimiento y menesterosidad de esta familia no preocupa a los tertulianos encargados de magnificar las bondades de una ley que enorgullece a los que mandan en España, en especial al presidente Don Pedro Sánchez y su vicepresidenta Doña Carmen Calvo. De lo que miraban los que mandaban en Andalucía no creo necesario dar detalles.

Democracia



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Con la democracia ocurre ya lo que, según Jardiel, ocurrió siempre con el talento, que es una cosa que todo el mundo alaba y nadie paga. Sólo hay que oír las deducciones mediáticas de lo del Brexit.
La democracia ha sido un grandioso paréntesis americano en la historia, pero en franca decadencia (desde antes, ay, de que el pijerío neoyorquino eligiera ser representado por Ocasio-Cortez). Su prestigio llegó a Europa con el millón de soldados, incluidos Patton y MacArthur, que Wilson envió para ayudar a quitarnos del pescuezo las manazas alemanas. Su pretexto, dirigido al pueblo americano, fue que venían a “defender la democracia”, de la cual lo más parecido que los europeos hemos visto es la ciática de Juncker y el “que te pego, leche” de Donald Tusk.
Los juristas franceses sustituyeron la escolástica religiosa que justificaba el derecho divino de los reyes por la escolástica laica que justifica el derecho divino del pueblo, con lo cual estamos en las mismas, que hoy es Macron, un Capetín sin árbol genealógico. Los juristas alemanes inventaron el Estado de Partidos, una teología protestante para “integrar” el partido único, que hoy es frau Merkel, la Gran Madre sin hijos. Y los juristas americanos andan divididos en originalistas de Hamilton, que serán arrasados por los nuevos bárbaros, y relativistas de Rawls y de Rorty que reparten café y simpatía en la muralla californiana de Jericó: por el agua de Jericó surgió el Estado y por la muralla de Jericó sucumbirá el imperio, rompiendo, como Roma, en guerra civil que convertirá en dictador al vencedor.
¡Abajo el Derecho! –fue el grito universitario en el pre-sovietismo.
El capitalismo es una aspiradora que recuerda al simpático perro labrador que tenemos en el sofá de casa, y por eso no escandaliza que ese capitalismo acabara adornándose con la careta artística (¡el arte igualitarista!) del primer sovietismo. Su deseo, con la socialdemocracia, es repetir la jugada y adoptar su careta política.

Jueves, 17 de Enero


Oyendo en el mar al anochecer
un clarín que tocaba un forzado

Ya falta el sol, que quieto el mar y el cielo
niegan unidos la distante arena;
un ave de metal el aire estrena,
que vuela en voz cuanto se niega en vuelo.

Hijo infeliz del africano suelo
es, que, hurtado al rigor de la cadena,
 hoy música traición hace a su pena
(si pena puede haber donde hay consuelo).

Suene tu voz (menos que yo), forzado,
pues tu clarín es sucesor del remo,
y alternas el gemido con el canto.

Mientras yo, al mar de Venus condenado,
de un extremo de amor paso a otro extremo,
y, porque alivia, aún se me niega el llanto.

Gabriel Bocángel Sonetos

miércoles, 16 de enero de 2019

Origen europeo, liberal y antiespañol de las corridas de toros


Bonifacio

Por Ernesto Giménez Caballero

A la memoria de Fernando Villalón

I

Nuevos Sansones entre filisteos
los viejos toros de la Iberia vieja
en los nuevos torneos
su antiguo Dios sin compasión los deja.
F. V.

En todo el mundo –y aun dentro de la misma España– hay ideas muy confusas sobre las corridas de toros.

Suele afirmarse que las corridas de toros son una fiesta bárbara, cruel, digna de los árabes e indigna de los buenos europeos. Una fiesta sólo posible en un pueblo como el español. Sanguinario en la conquista de América e inquisitorial con sus herejes y librepensadores. Fiesta en la que se asesina impunemente a pobres caballos indefensos. En que se martiriza al toro. En que se expone gravemente la vida de algunos hombres. En que el pueblo espectador se enardece y grita como embriagado. Quien más censuras y reproches ha hecho a la fiesta de la corrida de toros fue –naturalmente– esa Europa moderna, nórdica y anglosajona, que envía sus turistas, todas las primaveras –turistas que se desmayan–, a nuestras plazas españolas de toros. Hora es ya de poner punto, en su punto, a esos turistas, a sus desmayos y a sus imprecaciones, poniendo ante todo en el suyo –al histórico, el exacto– a las propias corridas de toros.

Marlene Dietrich
II

¡Oh, padre Gerión! De la grandeza
último resto y muestra valerosa
de Tartessos los toros son ardiente;
y cabe la corriente
del viejo Betis su real nobleza
guardada fué entre paños recamados
en oro de los siglos y cuidados.
F.V.

Hasta hace pocos años, yo había ido consiguiendo refrenar –al llegar la primavera española– una voluptuosidad obsesionante que me ascendía por las entrañas con más apetito que un apetito sexual. La creía esa voluptuosidad una de infancia, retardada en mi ser, como un poso instintivo al que todas mis presiones intelectuales posteriores habían inútilmente intentado purgar. Me aparecía inexorablemente tal líbido, se hacía esta confluencia estacional del año español en que ahora estamos: cuando la Semana Santa, el primer sol fuerte y las primeras corridas de toros llenan el aire nuestro de un temblor como trágico.
A fuerza de rechazar ese ansia vaga –pero bárbara y hermosa– a las alcantarillas de mi ser, obtuve lo que se obtiene de todo frenazo: un desviamiento, una perversión. O –hablando idealmente– una pedantería. Me refiero con estas elipses a la querencia primaveral «de ir a los toros», de ir de «sangre y fiesta», que omniprimaveralmente me sacude los nervios sin apenas poder remediarlo. Y que yo juzgaba –hasta hace poco– como un residuo infantil y primitivo de mi vida; como una sobrevivencia pueril, obscura y remota, que debía dominar. Una neurosis que debía curarme.

Para curarme esta neurosis acudí a todas las violencias mentales y pedagógicas que prescribían los más famosos europeizantes de España, los mejores anglosajonistas de nuestra vida. Esto es: a considerarme bárbaro, incivil, cruel, atrasado, moro, y tal. Pero ya digo: lo único que conseguí fue tal crisis aguda de pedantería, que me tuvo al borde mismo de la sandez; en peligro inminente de desmedularme y de descastarme para siempre.

Afortunadamente, una inmersión de aquel instinto mío en una coyuntura ocasional de toros, me sanó de repente y me devolvió la salud. Haciéndome ver claro que lo que yo intentaba era estrangular un signo prócer de mi casta: la afición táurica. Y que aquello que yo estimaba como líbido infantil y pecaminosa era nada menos que un egregio cordón umbilical tendido entre mi alma y las almas antiguas y aristocráticas del mundo (pongamos la de Teseo, por ejemplo, el matador de Maratón). Lazo umbilical que una tradición piadosa y espléndida me había conservado selectamente, para mi casta, diferenciándola así de otras castas auténticamente bárbaras, modernas, humanitaristas y pedantes.

Agustín Lara

III

¡Oh, padre Gerión, que no vasallos
seamos de los hombres, y caballos!
F.V.

Esta liberación mía de la neurosis taurina es una liberación que corresponde, en rigor, a los mejores espíritus de mi generación española, a esta de la postguerra, que, al interesarse decidida, poética y afirmativamente por los toros, superó el «europeísmo» de generaciones anteriores, aisladas de presiones neurósicas, frenadas por la pedantería de otras culturas, y que consideraban, por lo menos, como una indecencia la lidia de toros bravos en los redondeles de España y de Hispanoamérica. De la generación del 98 –taurófoba– no quedaron más que dos signos disparatados: Zuloaga y Eugenio Noel.) La generación de 1915 logró una concesión: la de Ramón Pérez de Ayala. Y una sedicente simpatía de José Ortega y Gasset.

Pero hay que llegar al Torero Caracho de Ramón Gómez de la Serna para encontrar el camino franco y poético a la poesía y la franqueza que habría de hacer esa magnífica cuadrilla lírica de un Alberti, un Lorca, un Gerardo Diego, un Pepe Bergamín, un Fernando Villalón, un Pedro Salinas, un Dámaso Alonso... Estos poetas jóvenes, que oyeron una misa por el alma de Goya, cierto día escandaloso, nutrieron compañías y amistades toreras –con toda sencillez y distinción–, haciendo lanzarse a la literatura, como espontáneo al ruedo, a todo un matador como Sánchez Mejías. (Faena que ya la generación anterior inició tímidamente con Juan Belmonte, sin conseguir de él más que una viva afición por la lectura). Tras una racha de generaciones intelectuales antitaurinas, nos encontramos de pronto –en España– una agrupación de liberados de esa neurosis, que se daba a la afición y al goce y al festival del toro con toda la plenitud e inteligencia del que recobra un equilibrio divino: el de su casta histórica. Pertinente yo a este grupo nuevo, habiendo ya consagrado en un libro mi esfuerzo y comentario, quiero hoy insistir –aún– para aclarar en estos días de primavera y de turistas (de extranjeros en España), lo que significan –exactamente– las corridas de toros.

IV

¡Toros de Atlante
a los oficios viles
los siempre gladiadores, condenados,
y a morir entre tropas y atabales,
ante los desgastados
pueblos agonizantes y brutales!
F.V.

¡No esperes, bárbaro turista, que te desmayas en nuestras corridas de toros, que toda mi anterior prefación haya sido un preludio para exaltar ahora con cierta impunidad retórica la corrida de toros, como fiesta digna, patriótica y auténtica de España! ¡Todo lo contrario, todo lo contrario! Bárbaro turista, escucha bien (te llamo bárbaro porque todo turismo es barbarie), escucha bien: Yo acepto que las corridas de toros tienen una modalidad brutal, repugnante, plebeya, soez, intolerable. Yo protesto con más energía que tú, con más coraje que tú, bárbaro turista, contra el sacrificio triste y ridículo de caballos famélicos e inservibles. Yo me indigno, con indignación pura, testicular, superior a la tuya, lacrimosa de bárbaro sentimental, contra el mucho martirio innecesario que se hace al nobilísimo toro en las corridas. Ahora bien: Si yo acepto el plebeyismo, la crueldad, la estupidez y la vileza en las corridas de toros, es con una condición imprescindible: la de que tú me reconozcas y aceptes, bárbaro turista, de que esa parte vulgar y soez de las corridas de toros no es española. Sino europea. Archieuropea. Tuya. Escucha bien:

Las corridas de toros deben su aplebeyamiento actual a la Europa moderna, a ésa de la Reforma, a la de los Derechos del Hombre, a la Revolución francesa, a la burguesía liberal del siglo XIX; es decir, a ti, bárbaro turista. Las corridas de toros no eran en España una fiesta «nacional y romántica» hasta el siglo XIX. Hasta que la nobleza caballeresca fue desposeída por la burguesía, gracias al movimiento de la Francia napoleónica y de la Inglaterra liberal. Hasta esa época, la fiesta de toros constituyó en España un deporte noble, de caballeros, ligado a un culto popular y milenario, casi divino, por el toro: animal sagrado en la mitología ibérica, mediterránea, antigua. El caballero toreaba a caballo, ayudado por criados y servidores, ante damas ilustres, ante los monarcas. La fiesta de lancear toros era en la España heroica del seiscientos un sucedáneo viril de la guerra. (Ya lo vio Goya. ¡Goya, vértice de España, entre dos mundos, el noble y el liberal!) Ahora bien: la Revolución francesa derrocó al caballero y lo bajó del caballo, poniendo en su lugar al criado, a la chusma plebeya, cruel, que antes permanecía disciplinada en segundo término. Ése fue el origen histórico del repugnante «picador». El cual, en su odio al caballo como animal aristocrático, no vaciló en entregarle indefenso a las astas del toro. Del mismo modo se origina el «torero» profesional, especie hispánica que no existió hasta la España moderna. Este «torero» no pudo evitar la parte vil y brutal que le daba la clase social ineducada, violenta, anti-intelectual. Las corridas de toros cristalizan en España como espectáculo nacional al mismo compás que el sistema parlamentario. (Raro era el diputado que no llegaba tarde al Parlamento en día de toros por asistir a la corrida.) No es, pues, a la España genuina, jerárquica, humana y heroica del seiscientos a la que hay que culpar de la barbarie de las corridas, sino a la España europeizante, burguesa y mixtificada del siglo XIX. No a la cruel España, sino a la Europa humanitaria. A Francia, a los anglosajones: esa Europa que nos envilece y luego nos insulta, a los españoles.

Joan Miró

V

No a hombres viles, sí a dioses inmortales
nuestra vida en las aras herácreas
fueron, por nuestros males,
ofrendas hirvientes, rojas teas,
sino al rey Gerión, de Heracles fuerte,
cautivos entregamos nuestra suerte.
F.V.

Si las corridas de toros, a pesar de esa mancha soez y burguesa, antiespañola, se han salvado y se salvarán, es porque en la fiesta continúan jugando factores poéticos y míticos de una España eterna: la España que ve en el toro una divinidad, como la vio Grecia, Roma, el Mediterráneo. Quiero repetir un elogio mío –ya hecho– del divino toro. «Vinculado a nosotros el toro, desde siempre, sacudidor egregio de los nervios ibéricos eternos, ¿podría sucumbir tan divino bruto? El toro, en el cielo antiguo, fue el dios más supremo, el dios fecundador por excelencia. No podía España –la España creadora del mito profundo de Don Juan– renunciar a esa deidad genesíaca, a ese viejo símbolo indoeuropeo de la fuerza erótica, al ilustre animal mediterráneo, adorado por tanta raza morena.»

Creador el toro de nuestra fiesta más potente y fuerte –la más potente y fuerte del mundo actual–, hecha con sangre, muerte y sol, al gran estilo antiguo. Esa fiesta que «es un baño de juventud, de la más joven juventud vecina todavía de la animalidad» –como dijo Mauricio Barrès–. Si se salvan y se salvarán las fiestas de toros en España, es porque, en el fondo, constituyen todavía nuestro más alto mito, nuestro sacrificio religioso más profundo. El sacrificio del dios por mano de un sacerdote: el torero ante una concurrencia estremecida de fieles palpitantes. El toro es el mito trágico de España –como diría Nietzche–. Por eso ha llegado a sublimar hasta el cruel y vulgar de su fiesta. Por eso el torero adquiere a veces calidades heroicas, de alta estirpe humana –en su lucha con el toro.

* * *

Los toros son el último refugio que resta a la España heroica, audaz, pagana y viril, ya a punto de ser asfixiada por una España humanitarista, socializante, semieuropea, híbrida, burguesa, pacifista y pedagógica. Los toros son el último reflejo del español que se jugó la vida en aventuras, que conquistó América, que invadió dominador la Europa del Renacimiento. Ennoblecer de nuevo esta fiesta, extraer su esencia mítica, es la labor de los nuevos españoles, conscientes de un pasado y de un porvenir: orgullosos y leales de una gran tierra milenaria, como España. Por eso avanzo yo hoy mi voz ante ti –bárbaro turista–, y te pido respeto, enérgicamente, para el culto de mi patria hacia el toro; animal divino, y, como divino, bravamente sacrificado.

Camarón de la Isla toreando en la finca de Miguelín

Trinitron

Víctor, Pilar y Juanín

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Ha muerto Juan Cueto, nuestro Homero del Trinitron.

Al televisor le digo tubo, y al tubo, claro, Trinitron.

Los 80 acabarían poniéndonos a todos cara de Boadella mirando por un tubo, que era el Trinitron, y luego leíamos lo visto en Cueto, que se había hecho comentarista en el 69 para darle un palo al “Séneca” de Pemán.

Le di el palo a Pemán, supongo que a base de progresemas baratos saqueados de la cosecha del 68…

Después le dio a todo el mundo, pero con un ingenio que hasta Hughes no se había vuelto a ver. Sus sitios predilectos para asomarse al Trinitron eran los escaparates, los supermercados y los bares. En Barcelona, una madrugada que andaba uno buscando “comicastros” (astros del cómic: Gallardo, Mediavilla…) para el “Gente y aparte” de ABC, encontré a Cueto sentado, solo, a la barra de un bar de desayunos únicamente porque tenía un televisor encendido.

Todo en orden. La mejor TV de los 80 es una mediocre televisión de los 70.

La misión del comentarista, según Cueto, era saber lo que se lleva en cada momento (“a ser posible, con mes y pico de antelación”), y nos habló del zapping (hacer zapping, “hago zapping cuando salen los animales, salvo Alf, claro”), de los dinks (“double income, no kids: parejas con doble sueldo y sin hijos”) y del look and roll o nuevo rollo carismático.

Pero no un look cualquiera, de esos que sufrimos durante la Movida, cuando unos muchachos fascinados por las tardomodernas señas de identidad metropolitanas descubrieron el Mediterráneo del “todo vale” incluso sin haber leído a Fayerabend.

Cueto amó a nuestras mismas mujeres (Bassinger, Turner, Shepherd, “las tres señoras que mejor provocan en combinación”), más Charo Pascual, “esa larga y disparatada meteoróloga a lo Fanny Ardant que denuncia las borrascas atlánticas con las manos en la espalda”, ajena, ay, a “la incombustible mirada de triple filo de Rosa María Mateo” y a la madre de Cronos, que no es Ana Blanco, sino Julia Otero.

Que la tierra le sea leve.


Bassinger

Turner

Shepherd

Charo Pascual

Miércoles, 16 de Enero

Ángeles y demonios

martes, 15 de enero de 2019

Liberales, el partido más exiguo de España



A muchos asombrará, sin duda, la amistad que llegué a contraer con don Alejandro Lerroux, jefe del partido republicano radical, ministro y jefe del Gobierno durante la República... Entendámonos: él era republicano de toda la vida y yo monárquico, pero los dos éramos liberales, el partido más exiguo de España. No me refiero al liberalismo doctrinal, que muchos confunden con la Democracia, ni a los sistemas de gobierno llamados liberales, sino a lo que yo estimo fundamental para considerar liberal a un hombre: su profundo respeto a las ideas ajenas. En este sentido, yo no he conocido a ningún político, de izquierdas ni de derechas, monárquico o republicano, más liberal que don Alejandro Lerroux. En España es, por desgracia, muy corriente el menosprecio, el desdén y hasta el odio hacia los que no piensan lo mismo que el sujeto, y ésta es la causa primera de la falta de convivencia que echamos de menos entre los españoles; causa que lamentan muchas veces los propios culpables, porque todos querrían que los demás pensaran como ellos. Aquel versito de la famosa zarzuela:

El pensamiento libre
proclamo en alta voz
y muera el que no piense
igual que pienso yo,

puede achacarse a la mayoría de los españoles de los dos bandos.

Juan Ignacio Luca de Tena Mis amigos muertos

La perra

¡La Madre Patria llama!


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los ideólogos de Ciudadanos (C’s) han cogido una perra, que es como la perra de Darwin, una terrier con la que justificó todas sus ocurrencias sobre el origen del hombre.
¿Religión? No tiene usted más que observar a mi perra –resume su escarnio antidarwinista Tom Wolfe.
En C’s han cogido la perra contra la Nación. “C’s nació para plantar cara al nacionalismo –tuitea su portavoz–. El nacionalismo es una ideología destructiva que ha causado un inmenso sufrimiento”.
Los ha vuelto locos Macron, que en la fiesta del armisticio soltó aquellos disparates de viva la patria (a salvar la Madre Patria –¡la patria macroní!– llamó el muy internacionalista Stalin cuando los alemanes se le colaban en casa como chinches) y muera la nación… ¡en el país que la inventó! Porque cuando la cabeza de Luis XVI rodaba en la guillotina el pueblo no gritó viva la república ni viva la masonería o el Centro; gritó… ¡Viva la Nación! ¿Qué se conmemora en la fiesta del armisticio, sino la victoria de los estados-nación sobre los estados-fuerza o estados de presa?

La nación está formada más de muertos que de vivos –en palabras de León Duguit (que arruinan cualquier broma con el inexistente “derecho a decidir”).
En la democracia representativa (América) está bien claro desde el juez Marshall que la Nación legisla y que el Estado ejecuta, con lo cual, si nos quitamos la Nación, ¿qué nos queda? Pues un liberalismo de Estado, como propone C’s. ¡Partidos (más) de Estado! ¡Pactos de Estado! ¡El derecho como creación del Estado! ¡La suprema necesidad de la fuerza (Macht) para el Estado! ¡Alemania! O sea, el estatismo de presa.

Con la perra que contra la nación ha cogido nuestro liberalismo de Estado, si queremos seguir viviendo en grupo y la nación, residencia de la soberanía desde la Declaración de Derechos del 89, ya no nos vale, deberíamos elegir, por orden cronológico, horda, familia o ciudad. Es decir, el sindicato, la familia y el municipio de toda la vida. Que algo de todo esto hay.

Martes, 15 de Enero

Valle de Esteban

Luz de gas

lunes, 14 de enero de 2019

Nosotros, los liberales


Hughes
Abc

En España hemos tenido mucho tiempo a mano la idea (exigente) que Marañón tenía de ser liberal. El liberalismo como actitud vital. Últimamente se leen muchas referencias (un poco arrojadizas) a esta condición. Quizás convenga enfrentar estas actitudes y proclamas a la vieja definición:

“Ser liberal es, precisamente, estas dos cosas: primero, estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo; y segundo, no admitir jamás que el fin justifica los medios sino que, por el contrario, son los medios los que justifican el fin. El liberalismo es, pues, una conducta y, por lo tanto, es mucho más que una política. Y, como tal conducta, no requiere profesiones de fe sino ejercerla, de un modo natural, sin exhibirla ni ostentarla. Se debe ser liberal sin darse cuenta, como se es limpio, o como, por instinto, nos resistimos a mentir”.

O sea, que liberal es entenderse con el que piensa distinto, no rodearlo con un cordón para excluirlo.
Ser liberal es no descuidar los instrumentos. Lo contrario de aplicar medios no liberales para el fin que sea.

Y ser liberal es no hacer ostentación de ser liberal. Es una impregnación del carácter, una condición, un modo de ser y actuar. Un instinto del que no se presume, que se tiene o no.

Por eso, si escuchan o leen un orgulloso “nosotros, los liberales…”, pónganse un poquito en guardia.

18 puntos en la primera vuelta

Luso, jugador ascensor
Ex -capitán del Córdoba 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Decía el otro día el periodista Jorge Bustos que le está apeteciendo “hacer  un Nerón” ante el panorama político que nos azota y que consistiría -más o menos- en subirse a  un alto y contemplar cómo se va todo a tomar por c... como cuentan que hizo aquel emperador de tan mala fama durante uno de los incendios de Roma. Creo que el hallazgo va a crear tendencia debido al hastío de gran número de “personas normales” entre las que creo contarme ante tantos despropósitos y falsedades  como aparecen en los medios... pero dejemos hoy a los hacedores de buenos y malos retozando en sus charcas enfangadas y recojamos la postura de don Jorge para aplicarla por pintiparada al cordobesismo que padece en El Arcángel la imparable agonía de un equipo que parece abandonar toda intención de sobreponerse a una enfermedad que creemos aún tendría remedio, pero ante la que los responsables demuestran incapacidad.
      
Quizás no haya solución y no lo sepamos y por eso nuestros jugadores están entre indolentes y agarrotados por ser verdad el rumor que corre en la ciudad de que, como el Reus, tenemos una deuda inasumible, como el Reus no podemos contratar, como en el Reus no se cobra, y los dos o tres hombres, digamos más valiosos, están locos por fichar por otros equipos. Quizás ésta sea la triste realidad y como el Reus, estemos condenados a la 2ªB. Repito que Sandoval no debió marcharse nunca. Aunque con él hubiésemos descendido. Curro Torres, nuestro entrenador de ahora, no sabe transmitir la imprescindible intensidad competitiva que se precisa para poner en dificultades al rival y sorprende cada jornada con alineaciones que ya ni molestan al cada domingo más escaso público que soporta en silencio humillantes derrotas ante enemigos a los que con un mínimo de ganas se hubieran llevado al huerto. Don Curro, ¿a qué viene la frivolidad de Erik Espósito de delantero centro? ¿No ve usted que Piovaccari, un jubilado, es lo más incisivo que tenemos? Tal que ayer, donde el empate a uno es otra derrota dolorosa ante el Rayo Majadahonda, un tercera de toda la vida que si se salva es por la escasa calidad de la categoría, cada año más menesterosa, tuvo que saltar el italiano a intentar arreglar el 0-1. Lo consiguió, inventándose un gol  y creo que más no se le puede exigir. 
      
El Majadahonda no tiene casi masa social, ha adecuado su campo a las mínimas exigencias de la Liga y se ha hecho con una plantilla que suple su calidad con esfuerzos estajanovistas, con una fe en lo que hacen que estoy seguro tiene a sus escasos aficionados en un excitante sinvivir que los enloquecerá si se salvan y cuentan además con la presencia en las gradas de Zidane, un tipo con suerte que acude a ver a su hijo Enzo que ayer salió en la segunda parte sin que le detectáramos el mínimo atisbo de las excelencias del padre. El chico estuvo correcto sin más.
   
Yo creía que este Rayo iba a ser un banco de pruebas de jugadores del Atlético de Madrid, pero he visto que no. Que el entrenador Iriondo, ausente hoy por enfermedad, ha emperejilado una defensa veterana, casi matusalénica con Basilio, un portero de 34 años que hoy ha cedido el sitio al joven navarro Ander Cantero, propiedad creo del Villarreal, dos centrales de la quinta del 84, nuestro Luso, ascensor con Gerona, Córdoba y Huesca, y Héctor Verdes curtido durante más de una década en segunda. El tercer central, esa moda que hasta el Madrid ha copiado del soriano Machín, es Galán, también pasada la treintena y que tuvo sus días de gloria en el Español. De lateral juega Varela, un bético sin suerte que ayer también se lesionó, y en la derecha Isaac Carcelén -ex del Zaragoza y Cultural Leonesa- que se aprovechó del día embarullado de nuestro Javi Galán para marcar el gol madrileño y encarecer el sistema de tres centrales y dos carrileros largos. El mediocentro y capitán es Óscar Valentín, de Ajofrín, pueblo de mazapanes, discreto y aseado, pero del que yo temía el picotazo envenenado era de Verza, trotón, añoso y como cansado pero aún con la técnica suficiente para ponerla donde quiere. Ayer salió arriba Aitor Rubial en vez del otro Aitor, el García de Gibraleón, que tanto daño nos hizo cuando jugaba en el Cádiz y del que nada dije por no ser mala sombra cuando saltó al campo tras la expulsión de nuestro Aythami, ese defensa de carácter tan fuerte y arrollador que la mayoría de las veces suma, pero cuando resta, resta con nefastas consecuencias. Yo creo que se ha borrado y no va a volver a vestir la blanquiverde... pero si he de ser sincero, veo al equipo tan sin sustancia que ya hasta me da igual lo que pase. Como a Nerón.
     Se acaba la primera vuelta y tenemos 18 puntos. Si la salvación anda en los 50 -esta temporada va a ser mucho más barata- ya me dirán las perspectivas.

En la muerte de Juan Cueto



1990, el año, más o menos, que se nos jodió el Perú



Yo nací con la infamia

(...)

No duermas, hay serpientes

Daniel L. Everett con los pirahá



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En el banquillo del Madrid a Solari se le ha puesto cara de Mel Gibson (ese soberbio arco superciliar que tanto confundió a Lombroso) dirigiendo la segunda parte de “Apocalypto” con Lucas Vázquez en el papel de “Garra de Jaguar”. No es para menos, teniendo que comparecer en el sevillano paseo de la Palmera para intentar pasar al Alavés en la enésima Liga tirada al contenedor por el Madrid.

Se empieza a configurar ya una generación de madridistas educados en la pijada liberalia de que la Liga es de pobres, una cosa populista y nacionalista, que no pega con la cosa cosmopolita y señorita de la Champions, que sería algo así como aquella señora que en el felipismo dirigía el Reina Sofía y la llamaban “La Internacional” porque todo lo reducía a “ser internacional”.
Me van a perdonar el retraso, pero es que acabo de llegar de “Bilbado”… –dijo a los diputados de una Comisión.
Para este Madrid tan internacional el interés de la Liga no está en los puntos de los partidos, sino en los chismes de sus futbolistas. ¿Tirará Isco la cucharilla de moka al suelo? Porque a Isco nos lo pintan como al niño tirano de la trona que se enfurruña por no ser titular, siendo titulares tantos “mataos”, y al que Solari no da el beso de buenas noches.
La forma de dar las buenas noches de los “pirahá” es: “No duermas…, hay serpientes”.


Los “pirahá” son una tribu amazónica cuya lengua es la refutación de todas las teorías lingüísticas de Chomsky y sus mafiosos universitarios, una historia fascinante que nos ha dejado, maravillosamente escrita, Tom Wolfe en “El reino del lenguaje”.

Solari no es “pirahá”, pero a Isco, que con su barbita y su varita de azucenas era como el pequeño San José de los piperos, en vez del beso de buenas noches de Lopetegui le da las buenas noches de los “pirahá”, o sea, no duermas…, hay… ¿Qué es lo que hay en el Madrid? ¿Morro? ¿Pereza? ¿“Ennui”?

Guardiola, que todo lo ve, ya ha visto que esta Liga… también es para el Barcelona. Tiene guasa que el Barcelona, que no quiere nada de España, se lleve las Copas y las Ligas, mientras el Madrid, que se llena la boca de España, se mantiene de Champions y Mundialitos.

Guardiola no es zahorí. Y tampoco jardinero, según el mismo ha declarado para defenderse de la acusación de dejar alta la hierba del “Etihad Stadium” para dificultar el juego del Liverpool. Guardiola no es Clemente. Guardiola va por el fútbol de Moztezuma, a quien los españoles encontraron jugando con muñecas y que prohibió en su jardín los árboles frutales y las plantas medicinales por ser cosa grosera e indigna del jardín de un príncipe el adornarse con plantas que reportan utilidades tan bajas y prácticas. (“Quería que sólo hubiera flores, porque llevan en sí la suprema aristocracia de la belleza inútil”.) Guardiola ve que el Barcelona ya es campeón de Liga porque dispone de la vista de pájaro que le proporcionan… sus drones. Según “The Sun”, Guardiola quiere entrenar con drones que le muestren panorámicas del despliegue de sus hombres sin tener que subirse a un andamio, como hace su colega Luis Enrique.

Los drones fueron el juguete (mortífero, eso sí) de Obama, que los lanzaba desde el Despacho Oval como quien lanza pelotillas de folio al cesto de los papeles en la oficina. En España los emplea Hacienda para descubrir piscinas clandestinas (generalmente de riñón, que es la forma favorita del nuevo rico). Y en Inglaterra Guardiola se vale de ellos para entrenar la basculación de los carrileros en perspectiva aérea, sistema que permite descubrir espías en el campo de entrenamiento, y más después de la alarma creada por Frank Lampard, entrenador del Derby County, de la Segunda División, que cuando preparaba el partido contra el Leeds de Bielsa ordenó un “cuerpo a tierra” de emergencia al notar la presencia de un espía en la grada, una especie de Kim Philby provisto, según el atestado policial, de prismáticos, tenazas… y una muda de ropa.

La idea es ir a Melilla y jugar con dos cojones –fue el estreno de Solari ante la Prensa al hacerse cargo del Real Madrid, y los periodistas bailaron por sevillanas el cojonudismo de un tipo que según Valdano piensa en Nietzsche igual que en la Niña de los Peines: “Ha nacido una amapola / en el campo de Melilla / ha nacido una amapola / con un letrero que dice / ¡Viva la sangre española!”

Pero a lo mejor lo que Solari quiso decir fue “drones”. ¡Drones! No c…

Pastora Pavón, Niña de los Peines

ABRAMOVICH Y POPULISMO

El “Daily Mail” ha desvelado un intolerable caso de anti-populismo en que habría incurrido el millonario ruso Roman Abramovich cuando buscaba con su talonario un equipo de fútbol en Londres, la capital de los zorros callejeros. Le hacía tilín el Arsenal, pero no estaba en venta, y pensó en el Tottenham, el equipo de los positivistas lógicos, como Sir Alfred J. Ayer, pero un día, conduciendo por el barrio, se deprimió con lo que veía hasta perder el apetito: “Esto es peor que Omsk (la otra capital de Siberia)”, dice que dijo. Y se compró el Chelsea, que es como el Ciudadanos del fútbol.

Heteropatriarcado pardeño

El Pardo

Lunes, 14 de Enero


Poder, nobleza y fuerza

domingo, 13 de enero de 2019

Eduardo Chillida, o el león en su invierno (Última entrevista)

[Publicado el 7 de Diciembre de 1998 ABC Cultural Número 368]

NO ME PREOCUPA LA VEJEZ; LO QUE ME FASTIDIA ES
 QUE SE ME OLVIDEN LAS COSAS



Desde las domésticas faldas del Igueldo reina Chillida como el Dios del Sinaí, a lo grande, y rodeado de sus horizontes donostiarras más íntimos: «inalcanzables, necesarios e inexistentes». Es el león en su invierno, todavía con media melena al viento y con los recuerdos ya «en la punta de la lengua», que es ese no saber si ver u oír las experiencias pasadas. «He estado trabajando. Tranquilo y solo. Y tratando de hacer, como siempre, pues lo que no sé hacer. Porque no creo que haya que hacer lo que se sabe hacer, sino lo que no se  sabe hacer. Lo que uno sabe hacer quiere decir que ya lo ha hecho, y eso no hay que tocarlo. Hay que hacer lo que no se sabe hacer»





Ignacio Ruiz Quintano
ABC Cultural

LUCE el sol, al fin, en San Sebastián, y el sol, que pierde materia a razón de millones de toneladas por minuto, le ha sentado bien a este Chillida leonino que pierde memoria a razón de no se sabe cuántos nombres propios por recuerdo, y que ahora se tienta la garganta y siente, con asombro, como que aquella materia ha sido absorbida y es energía. Lee y relee mucho. A sus poetas  y filósofos: materia y mente no son más que maneras convenientes de organizar  los acontecimientos, y la característica esencial de la mente es la memoria. (De Swift se cuenta que un día, cuando empezó a perder la memoria, «como quien se ancla en su íntima esencia invulnerable», se le oyó repetir: «Soy lo que soy, soy lo que soy.»)

He pasado un momento difícil. La garganta, y así. Un momento en que no podía ni hablar, en el sentido de decir lo que yo quería decir, ¿verdad? Digamos que he estado apartado de hacer manifestaciones espectaculares... En fin, encerrado en el  estudio con mis problemas.

(En un manuscrito iluminado para René de Anjou, rey  de Sicilia, hay una alegoría del Amor: una de sus pinturas muestra a un viajero, un caballero a caballo guiado por la Melancolía que tiene que abrirse paso a fuerza de espada para cruzar un puente  de madera enfrentándose a un adversario con armadura negra que representa  los problemas. Igual que De  Quincey,  Chillida piensa que descubrir un problema no es menos admirable –y es más adecuado– que descubrir una solución.)

Sí, para mí el trabajo es eso: un problema cada día. Y si se produce algo positivo es porque te metes en ese terreno en el cual no tienes mando, pero que aparece. En cuanto tú cierras las demás puertas y te quedas con ésa, surge la posibilidad de comunicar. Es una cosa bastante elemental. En el fondo, es lógica. Lógica pura. Yo estuve muchos años trabajando en una dirección, y de repente un día me di cuenta de que no era la mía. Fue hace mucho tiempo ya, ¿eh? Fue cuando yo cogí este tipo de razonamiento, porque me di cuenta de que era necesario dejar de lado todo lo que había hecho cada día. Cada día que tú haces una cosa, dejarla de lado y mirar hacia los lugares en los cuales puede haber otro tipo de aproximación a lo desconocido, a lo que yo no conozco, que es lo que me interesa. Lo que pasa es que últimamente, como he estado peor de salud, pues, claro, me he frenado bastante.

«La portería aún, araña parda»

(Con este sol que luce le tira el mar -«iVamos al Peine del Viento a dar un paseo!»-, y se encara al viento que corre como el navío de Pantagruel, tratando de encontrar en el aire las frases que el invierno anterior guardó congeladas.)

Ya lo creo que he leído en este tiempo. ¿Parménides...? Sí..., sí. ..sí... Bueno, he estado con san Juan de la Cruz. Me lo sé de memoria. Ahora lo he releído. A todos. Poetas y filósofos es lo que más me ha interesado toda la vida. Españoles y extranjeros. Trato de buscar correspondencias entre unos y otros. Por no trabajar, porque no puedo hacerlo como lo hacía antes. Así que he leído mucho. Siempre vas desechando cosas, claro. Hay algunos que han sido tus amigos y de repente se quedan atascados. Eso sí pasa. Claro, que yo, como tengo unas bajas de memoria tan especiales... iNo me salen los nombres! Me pasa con los nombres corrientes, con los de mis nietos... Es la edad. Tengo setenta y cuatro.

Peine del Viento
(Ya en La Concha, ante el Peine del Viento la obra predilecta de su memoria sentimental, sale a colación el fútbol «la portería aún, araña parda» y su época de portero de la Real Sociedad. «Ya no pones obstáculos de mano / al ímpetu, a la bota / en los que el gol avanza. Pide en vano, / tu equipo en la derrota, / tus bien brincados saques de pelota.» Acabó su carrera desarbolado, no por el viento de los goles, sino por un menisco «que tenía hecho polvo y que nunca me sanaron: un día, en Madrid, en un saque de puerta largo hacia la posición del extremo, me quedé clavado en el pico del área  y para siempre». Como en las Olímpicas de Montherlant, donde el portero sólo puede arrancarse los cabellos, como Aquiles, y aparecer ladeado en el suelo, como los soldados de Verdún.)

Sí, me acuerdo de las cosas que me han hecho polvo la vida. Hombre, en ese caso, el del fútbol, no fue malo. Porque estar con un menisco estupendo y jugando al fútbol con setenta y cuatro años no sería agradable, ¿no? Pero acabo de pasar una última etapa complicada... Y difícil de entender.

(Unos chavales abordan a Chillida para retratarse con él en su Peine del Viento,  y Chillida, tan contento, se presta a posar con ellos en brazos cruzados y alzando la barbilla, a lo portero antiguo: entre desafiante como el Platko de la oda de Alberti y risueño como el Zamora de Por fin se casa Zamora. «Te sorprendió el fotógrafo el momento/ más bello de tu historia / deportiva, tumbándote en el viento / para evitar victoria, / y un ventalle de palmas te aireó gloria.»)

¡El Peine del Viento! Estoy orgulloso de esta obra porque es una de las primeras. Mi primera visión como escultor es este lugar. Lo que ha producido este lugar es la visión que yo tenía de él de niño y desde mi casa. Luego, de novios, con mi mujer, también veníamos aquí a pasear. Era nuestro paseo romántico preferido.

(Del Peine del Viento a Zabalaga, el casón -1592- con prado donde reposan tantas «cosas» de las que podría derivarse el más honesto concepto de materia: ocupan espacio y muestran su existencia mediante las cualidades de dureza, resistencia e impenetrabilidad. Muchas aún no tienen nombre, pero son chillidas. «Ésa de ahí pesa sesenta y cinco toneladas. Acaban de colocarla. Tengo que buscarle un nombre.» Y las que faltan andan de tournée, la mayoría por Madrid.)

Portero de la Real Sociedad
Claro que me hace ilusión lo del Reina. Se estrenan obras de todos mis momentos, para que la gente vea lo que he hecho antes y lo que he hecho ahora. Pero yo no he intervenido en el montaje para nada. Confío en la gente que lo ha hecho, que sabe bien lo que hace. Hombre, para mí ha sido un honor. Y un premio. Sí, la verdad es que... ¡tengo tantas cosas! Tampoco es que me haya acostumbrado, ¿verdad? Porque, hombre, sí, es bastante raro lo que me pasó a mí. Yo fui el primero que ganó un premio... Y no sé ahora... Si es que no puedo decir estas cosas bien, porque se me olvidan los nombres. Fue en una de las capitales alemanas importantes... Está abajo y a la izquierda en el mapa... Bueno, yo recuerdo que hice unas cosas que no había hecho nadie allí, y me dieron el gran premio por algo que expuse en esa ciudad de cuyo nombre no me acuerdo ahora. En fin, yo sabía que me iba a pasar lo que me está pasando. Lo siento mucho, pero... Fue la primera vez que me daban un premio en Alemania, y el que más ilusión me hizo, porque fue el primero. El primero del que yo tengo conciencia, claro. Después, ¡ha habido tantos! Acordarse de todos es dificilísimo, y no hace falta tener la cabeza como la tengo yo ahora... Han sido muchísimos y en todas partes. Hombre, prefiero un premio a que me silben por la calle, ¿verdad?, pero  yo nunca he hecho las cosas para ganar premios, aunque empecé a ganarlos en la primera exposición que hice, y fue en esta ciudad alemana... ¡En el suroeste de Alemania!

(El hierro es el pan del Norte, y en el prado de Zabalaga hasta la yerba parece ferruginosa, como las criaturas retorcidas procedentes de «Forjas y Aceros de Reinosa», la barbacoa de Chillida. ChiIIida y sus Costillas de Hierro.)

¿El más chillida de todos los materiales? ¡El hierro! Un material, para mí, decisivo, porque yo con él he hecho muchas obras, y son las que más he expuesto y las que la gente más ha valorado. Y el material que más placer me causa al trabajarlo. Bueno, ahora ya estoy trabajando con dos chicos: les digo cómo tienen que hacerlo, y acabarán por hacerlo mejor que yo, pero, en fin ... ¡Como han trabajado conmigo... ! El hormigón también me gusta mucho. Las cosas que he hecho con hormigón tienen una envergadura especial delante del horizonte...

(Hay en Zabalaga cierto aire a Gretna Green, la aldea escocesa una vez famosa por sus casamientos de parejas fugadas que oficiaba el herrero. Encuentros de hierro y abrazos de hierro entre parejas de hierro.)

Bueno, eso del abrazo es muy propio de la escultura. No desde el punto de vista del abrazo físico, sino el hecho de la escultura. ¿Ves aquéllas de allá? ¿Son abrazos?

Y el horizonte.

Elogio del horizonte
Sí. Ése me ha interesado siempre. Ya sé que no existe. Pero, en fin, es importante, sí. Que esté ahí esa línea es importante, aunque no exista la línea, que no existe. Es cuestión de imaginación. El horizonte es inalcanzable, necesario e inexistente. De modo que no puede tener grandes virtudes, y únicamente nos toca por la grandeza que tiene, ¿verdad?, que es la grandeza de algo que no tiene dimensión. ¿Que por qué es necesario? Pues porque nos coloca en un entorno limitado. En todos los movimientos que hacemos estamos condicionados por el horizonte. Fíjate si tiene interés lo que aporta. Estoy yo mirando las montañas, y mira, todo eso son horizontes. En Gijón, cuando hice el Elogio del Horizonte, me planteé este problema muy en serio. Empecé a recorrer toda la costa, desde Bretaña hasta Finisterre, en coche, con mi mujer. En todos los lugares costeros en que parábamos, había fortificaciones. O sea, que eran lugares que habían sido utilizados con fines militares, para zurrarle al contrario. Fue una cosa que me chocó. Y llegamos hasta Finisterre, que fue donde por primera vez «vi» la escultura.

Y la gravedad.

Es muy importante, pero en función de los materiales. Porque la misma importancia que tiene la gravedad puede tenerla la levedad que casi desaparece en el espacio. Cuando el espacio es lo que te interesa, llegas a unos puntos en que la gravedad no tiene voto. No puede intervenir, vamos.

«El collage es una chapuza»

¿Y el juego de sus Gravitaciones?

No, de juego nada. Es muy serio. Viene de hace tiempo. Darle un título era muy difícil. Me puse a pensar en ello, y las mismas piezas te decían lo que era con toda claridad. Había hecho muchos collages. Pero siempre había tenido la sensación de que el collage tenía una cosa falsa. Que ponía los papeles unos pegados con otros. Eso era un disparate monumental. Me di cuenta y no volví a hacerlos. Un día me dije: «¿Eres imbécil? En vez de poner la cola donde la ponías antes, pon el espacio entre los papeles.» Lo hice, y cuando empecé, ya estaba. No tiene color la comparación, porque el collage es una chapuza. Un papel pegado con otro papel no tiene ningún interés. Entonces seguí con eso. Y han salido variantes, también. Algunas están colocadas ya en Zabalaga. Los papeles son libres, porque, estando colgados, se pueden mover. Otros, en vez de cuerdas, tienen una varilla, de la cual está suspendido el papel, que tiene dos caras, una por detrás y otra por delante, y el espacio sin ningún aditamento.

(Einstein: «Los filósofos juegan con las palabras como los niños con un muñeco.» En el mundo de Einstein, que viene a conducirse con arreglo a una suerte de Ley de la Pereza Cósmica, hay más individualismo y menos gobierno que en el mundo de Newton. «La vida finaliza definitivamente cuando el sujeto deja de tener efecto alguno sobre su entorno a través de sus acciones.»)

Claro que me ha interesado Einstein. ¿Estar de acuerdo? Bueno, los teóricos hablan del concepto, y yo, digamos, utilizando el concepto, me he encontrado con ellos, pero no en otros terrenos. He conocido a muchos filósofos y he ilustrado a Heidegger, y a Cioran, y a muchos otros, ¿verdad? Pensadores importantes. Pero, claro, eso ya pasó, desgraciadamente. Fue hace muchos años. Ahora ya no podría hablar con ellos como hablaba antes. Ahora se me olvidan las cosas. No me acuerdo de los nombres...

(Que la memoria es la madre de las musas, pero a Borges, sin embargo, le parecía monstruosa la posibilidad de que la memoria fuera infinita, y aclaró: «En ese caso, yo recordaría cada una de las circunstancias del día de mi vida, que son miles, según lo ha demostrado Joyce en el Ulysses.» Los bergsonianos creen que la memoria es justamente la intersección de mente y materia, y que los aparentes fallos de memoria no son en realidad fallos de la parte mental de la memoria, sino del mecanismo motor que pone la memoria en acción. Puesto a tener que hacer memoria, Chillida se agarra al tacto, no tanto un sentido como la verdadera interacción de los sentidos: el suyo es un alarde de percepciones táctiles y musculares agigantadas por el pavor al olvido, ay, como la lucha del hombre y el pulpo que describió Victor Hugo en Los trabajadores del mar, donde la blandura se nos aparece como horrible.)

El tacto funciona por los ojos, también. Y por el oído. La mano...

(El hallazgo de un esqueleto de australopitecino de 3,6 millones de años complica a los paleoantropólogos el misterio de nuestra andadura a pie: los evolucionistas sostienen que el momento clave fue el de la erección del cuerpo, cuando el tamaño del cerebro era aún muy pequeño, que permitió la liberación de la mano, con su significación decisiva para el conocimiento reflejado en la palabra «comprender», derivada de «prender» ...)

 ...Yo ahora estoy viendo esa escultura y sé cómo es, cómo se toca, lo que dice cuando la tocas. Ésa que está ahí. Y está ahí por eso. Yo, por la tarde, me suelo echar un rato ahí, en ese sofá. Echo la cabeza donde están los almohadones, y me gusta poner la mano encima de la escultura, así, por detrás. Acaricio esas formas. ¿Qué nombre tiene? No lo recuerdo ya. Pero sí recuerdo su forma. Mi mano la recuerda. La mano es muy importante. Tiene unas leyes que se imponen.

(Teoría de la visión de Berkeley: vemos un  campo plano, pero construimos un espacio táctil. La esfera aparece ante la vista como un disco plano; es el tacto lo que nos informa acerca de sus propiedades de espacio y forma. Un día, Apollinaire quiso lanzar, sin fortuna, un «arte del tacto»: nada que ver con el Teatro del Tacto -bufonada- de Marinetti. Que la relación de lo táctil con lo visual sólo quedó definida después de Cézanne, y para la física, que, impasible, avanza, la vista como fuente de nociones fundamentales sobre la materia parece resultar menos engañosa que el tacto. Y, sin embargo, todas nuestras concepciones de lo que existe fuera de nosotros han estado basadas en el tacto hasta Einstein, para quien no existía el hombre capaz de visualizar las cuatro dimensiones, excepto por medio de las matemáticas: «Ni siquiera somos capaces de visualizar tres.»)

La cuarta dimensión no me ha llamado la atención excesivamente. Yo no he andado dentro de la matemática. Yo he estado en las medidas que pueden ser entendidas y transmitidas a través de la sensibilidad. De la sensibilidad y de la comprensión de algunas cosas en un nivel en que te manifiestan algo que tú puedes recibir a través de las manos, de los ojos... A través de muchas cosas que no tienen que ver con la fuerza ni con el poderío, ¿verdad? Yo he hecho esculturas de considerables dimensiones. Y conozco a muchos escultores que no piensan más que en hacer cosas muy grandes. Pero muy grandes por fuera. Por dentro... tienen tamaño. Más vale decir dimensión que decir tamaño, ¿verdad?

¿Qué robaría de los escultores jóvenes?

¿De los jóvenes jovencitos, éstos que vienen a conocerse ahora? No demasiado, la verdad. Conozco a muchos, pero no veo nada así verdaderamente... Lo decorativo les hace mucho daño. A lo mejor si... Y el deseo de dimensiones muy forzadas, también les hace mucho daño. ¿Un consejo? Que se busquen problemas y que traten de resolverlos realmente. Eso es lo que los ayudaría más.


La neurociencia sospecha que estamos genéticamente predeterminados.

Sí. .., sí..., sí...

¿Asusta?

Sí..., sí... Verdaderamente, sí. Pero es para todos igual, ¿eh?

¿Y la vejez?

No, no, no. No me preocupa la vejez. Lo que me fastidia es que se me olviden las cosas.

(Sabe que no está bien creerse siempre una persona de alta tragedia con el Eclesiastés como libro de mesilla: «No hay nada nuevo bajo el sol. No existe el recuerdo de las cosas pasadas. Odié todo el trabajo que había hecho el sol, porque tenía que dejarlo a los hombres que me sucedieran.» Etcétera.)

Aún hay proyectos que me hacen ilusión. Lo del Tindaya, en Fuerteventura, tiene sentido para mí, si se puede hacer. Y después hay una cosa en Japón, que está en camino, que es una pieza de acero dentro de muros de hormigón que recoge el espacio y lo proyecta hacia el Fujiyama. Se llama Homenaje a Hokusai.

(Hokusai, ay, el maestro de las estampas Ukiyo-e, autor de Treinta y seis vistas del Fujiyama, mostrando los numerosos rostros de la montaña sagrada cuya diosa, adorada por los artistas, domina el paisaje.)

Es un lugar especial. Es el proyecto que más ilusión me hace. La obra está a medias, y yo no sé si al final la vaya acabar yo o la va a acabar otro, ¿verdad? ¡He tenido tantas cosas y lo he pasado tan mal! Pero en fin, por lo menos ya tiene una estructura. Allí los obreros trabajan muy bien.

La gran ola de Kanagawa  Hokusai