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lunes, 30 de abril de 2018

Derrota por 2-1 en el Reino de León

El navarro Prieto Iglesias con un servidor


Francisco Javier Gómez Izquierdo

    La Primera llevaba semanas resuelta, pero faltaba el matemático notario para dar fe de lo evidente. El Barça campeón y bajan Málaga, L. Palmas, con un Paco cada día mas extravagante, y un Deportivo con buenos delanteros, pero muy mal barajados, en mi modesta opinión. El público en general, como cada fin de temporada, se traslada al balcón de la Segunda donde cada partido es un trabajo de Hércules y cada punto cien canas más para sus aficionados, lo mismo da que se jueguen el ascenso que el descenso. Bueno, lo mismo no da, pero ustedes me entienden.

      Ayer jugábamos una final en el Reino de León que es como se llama ahora el Antonio Amilivia de la Cultural Leonesa donde un servidor esperaba un acto de autoridad del Córdoba por jerarquía, tradición y sobre todo juego, pero no... El entrenador Sandoval al que no se le puede negar dedicación, conocimiento y tener derecho a considerar decisiones no coincidentes con los hinchas, creo que no acierta al poner de principio a Reyes y no confiar más en el joven Aguado. Los contrarios suelen ser más jóvenes y de mayor capacidad física que el sevillano, por lo que a la media hora empieza a desfallecer a pesar de sus exquisitos regates y asombrosos controles para disfrute de público y locutores. Al comienzo de las segundas partes pierde hasta las carreritas y todo lo fiamos a una falta al borde del área que no se produce porque hay entrenadores muy tunos que ordenan hacerlas en el medio del campo. A la hora hay que cambiarlo por riesgo de lesión y entonces es cuando yo lo sacaría en un hipotético encuentro igualado como lo son todos en la División de plata. 

En cuanto al joven Aguado, decir que juega con un sentido que se echa de menos. Emiliano Buendía es un argentino que vino hace años al Getafe, al que creo aún pertenece, y como en Pamplona a Lasso de la Vega, le salió su gol del año con un zurdazo teledirigido desde fuera del área que volvió a buscar la escuadra de Kieszeck, incrédulo por tocarle padecer las genialidades ajenas y enfadado porque sus compañeros tenían al rival abucharado. Era el minuto 25 y a partir de ahí todo nos fue mal. Al diablo Señé le salían las virguerías; Martínez, un medio de la Fábrica, se puso mandón;  los Garcías prestados por Valladolid y Osasuna, se sintieron importantes; Sergio Marcos, ex atlético prestado también por el Valladolid demostró que tiene puesto en Pucela... y Rodri, nuestro Rodri goleador al que le falló la racha en El Arcángel y la tenía negativa en el Reino, marcó tras dos meses de sequía gracias a un despiste defensivo de un Javi Galán demasiado ingenuo.
      
Sandoval tuvo que sacar al tocado Guardiola para marcar por lo menos dos goles reglamentarios. Se consiguieron, pero el colegiado sólo  concedió uno, cargando de argumentos el victimismo de los más de trescientos valientes cordobesistas que se desplazaron a León con un optimismo posiblemente irracional. El señor Prieto Iglesias, con el que estuve en un sarao hace unos años, expulsó a nuestro entrenador en el túnel y a nuestro delegado un rato antes por faltar el respeto del juez de línea con lo que el partido ante el Huesca vuelve a vestirse de épica como no tan lejanas contiendas en las que a vida o muerte contra los aragoneses salíamos victoriosos. En eso vendrían pensando anoche los trescientos valientes durante los 750 kilómetros de vuelta. Los 750 de ida, dicen que no fueron tan pesados.

     Se les debe una satisfacción.

Salah Aleikúm

Zona Salah

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Esta vez lo único que separa al Real Madrid de su Orejona número 13 es la velocidad de Mohamed Salah, el egipcio del Liverpool, que se ha hecho famoso por sus goles y sus limosnas.

    ¡Salah Aleikum!

    Viendo correr a Salah te preguntas cómo correría Asensio en manos de Klopp, ese entrenador que se ha perdido el Barcelona. Valverde, apodado por Javier Clemente “Chingurri” (aunque los sexadores de pollos de la Fundéu manden que se escriba “Txingurri”, que queda más pijo), tiene un estilo que recuerda a la burocracia tenebrosa de Pablo San José García, Pablo, el genio de “La Oficina Siniestra”, pero ha ganado Liga y Copa sin despeinarse, y no podrían justificar cambiarlo por el entrenador alemán, que tiene a Salah a un sprint de convertirse en otro Messi.
    
En Madrid, los “Fake News”, que tienen la barriga llena de gatos, han aprovechado el “boom” de Salah para meterle el dedo en el ojo a Mourinho, “que lo vendió”, y hacen un equipo con los futbolistas despreciados por el portugués, comenzando con Casillas y terminando con Lukaku: Filipe Luis, Garay, David Luiz, Mata, De Bruyne… En realidad, fue Mourinho quien compró al Basilea a Salah para el Chelsea, pero en Londres Salah salió un Callejón más perdido que un paraguas, porque el futbolista, al decir del entrenador, social y culturalmente se sentía inadaptado, y pidió marchar cedido a Italia. También es verdad que ninguno de los grandes analistas que hoy ven en Salah al nuevo Messi dieron entonces el grito de alarma: “¡Escándalo mundial! ¡Mourinho arruina el patrimonio del Chelsea arrojando por la borda al nuevo Messi!” En aquel Chelsea, Salah, en lo poco que salía, jugaba como una mosca encerrada en un vaso, y todos los ojeadores dejaron escapar el pelotazo del siglo, incluido el ojo de Monchi, que, como el gallo de “Alfanhuí”, tiene un ojo solo que se ve por las dos partes, pero es un solo ojo, caza lagartos y los cuelga al tresbolillo, prendidos de muchos clavos.

    –Los más grandes puso arriba y cuanto más chicos, más abajo.

    Y, lo que son las cosas, fue Monchi quien vendió a Salah. Lo vendió por cuarenta millones, que ahora nos parecen las treinta monedas de Judas. Monchi dejando escapar a Salah es un dislate aún más gordo que Zidane echando a perder a Ceballos y a Arrizabalaga (a pesar de las buenas cosas de Keylor, incluida la de cultivar a cada fallo ese “look” de Cristo de Velázquez cabreado, que es como Ruano describió a Lola Flores).

    Entre el Real Madrid y su Orejona número 13 se interpone Salah, y entre Salah y el Real Madrid se interpone el Bayern de Heynckes, obligado, el hombre, a reconstruir el jarrón roto por Guardiola, que dejó un Bayern de restos de temporada cuya figura es… Franck Henry Pierre Ribéry, el Scarface de Boulogne-sur-Mer, un extremo de 35 años que en cada regate se deja el último hálito de oxígeno. El Madrid ganó en Munich, ciudad amable desde que faltan Oliver Khan y Klaus Augenthaler, pero en el ambiente del Bernabéu arrastra sus cadenas el fantasma de la Juve, la chica de la curva que no acepta estar muerta. Del Bayern se teme “a la Juve”… y a Heynckes, un caballero renano que admira en Zidane “lo tranquilo que vive los partidos”.

    Y las masas contemporáneas aman la tranquilidad.

    Que a lo mejor por eso no le gustan a uno las masas. Ruano aborrecía la costumbre europea de confundir felicidad con tranquilidad y descanso (Europa tuvo 99 años de reposo, desde 1815 a 1914), pues la felicidad no es una vaca, y descansar, sólo descansan los muertos, y, en el fondo, no les gusta.

Mas nunca olvidemos la flor de Zidane: Salah aún no está en la final. Tic tac, tic tac.




MUNDIAL’26

    Después de Mourinho, el otro gran detector de tontos contemporáneos es, según tiene escrito Hughes, Trump, presidente de los Estados Unidos y seguidor en política de Jackson, y en fútbol, del United. Su país ha presentado, con Canadá y México, candidatura para el Mundial’26, suponiendo que quede algo del fútbol tras el Mundial’22 en los desiertos catarís. El otro candidato es Marruecos. Y Trump tuiteó: “Estados Unidos ha presentado una candidatura fuerte. Sería una pena que los países que apoyamos siempre fueran a hacer lobby contra nuestra candidatura. ¿Por qué deberíamos apoyar a estos países, si ellos no nos apoyan a nosotros, Onu incluida?” El piperío mediático habla de “amenazas”. Es el mismo piperío que anunció la tercera guerra mundial –nuclear, por supuesto–por la política de Trump en la península coreana
.

Lunes, 30 de Abril

Valle de Esteban

Hay muy pocos ángeles que canten,
hay muy pocos perros que ladren,
mil violines caben en la palma de mi mano.

domingo, 29 de abril de 2018

Las Córdobas de un burgalés. Cruces

 Las Tendillas 





Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Esta mañana, a las ocho, al volver de la mina, regresaba mucha juventud a mi barrio después de una de esas noches de mayo de Córdoba tan propicias para los que están en edad de disfrutar sin descanso. Noches y tardes de cruces. Mi chico, que debió llegar después de las cuatro de la mañana, se está levantando porque ha quedado en la Cruz del Bailío para este mediodía. Uno no tiene nada que decir porque el mozo no ha salido del todo malo, pero sepan ustedes que en los días, sobre todo en las noches, de Cruces, cabe todo tipo de excesos y como con los años la repercusión de la fiesta ha llegado a todas las Españas, el centro de la ciudad se hace intransitable por las aglomeraciones de gentes venidas de todas las geografías.

     Como me cuesta dormir con sol y el pasear ya es vicio, me he acercado a las Cruces de mayor aceptación para sacarlas en Salmonetes... y contarles, por si les da a ustedes por venir, que alrededor del Cristo de los faroles se ubica el cogollo crucero. Allí mismo, en la cuesta del Bailío, la concentración de personal al mediodía y a partir de las 9 de la noche llega a asustar y a mí se me hacen inexplicables las fatigas a soportar para llegar a la barra y pedir una botellita de Montilla y cinco vasitos de plástico. La otra gran concentración efébico-juvenil está a menos de 200 metros: en Santa Marina; en el monumento a Manolete. Allí ha visto un servidor, si puede decirse sin que venga un guardia a multarme, las chicas más guapas del país, vestidas y arregladas para presumir ante los que las miran. Ellas dicen que también los chicos lucen despampanantes, pero ya saben que soy un antiguo. En el mismo Santa Marina, acérquense a la plaza de la Lagunilla, por donde salía el Torero de casa,  donde hay plantada una cruz con menos ajetreo y de mayor disfrute para el visitante de cierta edad  que se conforma con tomar una copa de vino o una cerveza con menos agobio pero sin que falte ese ambiente festivo-reventón que solo da la primavera de Córdoba.

     La Cruz de mayo cordobesa es efímero monumento que planta una Hermandad, normalmente junto a la iglesia de la imagen de la Cofradía  para sufragar gastos vendiendo algo “p’a picar” y sobre todo alcohol. Alguna tiene el éxito asegurado, no sólo por su ubicación, sino también por “lo que le de a la gente que es mu de voluntos”, dice Rafael, un hermano que tira cañas en la Cruz del Alpargate pero es cierto que ninguna pierde, porque el gasto no suele ser excesivo en la preparación.
     
Con mi doña me acercaré a la noche a alguna Cruz de barrio, en las que ponen mesas y se puede pizcar alguna tapa decente mientras sobre el tablao al efecto media docena de cordobesas se marca unas sevillanas como Dios manda.

Domingo, 29 de Abril

Valle de Esteban

Nadie comprendía el perfume
de la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.

"Yo soy la vid, vosotros los sarmientos"

DOMINGO, 29 DE ABRIL
 
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.

Juan 15,1-8

sábado, 28 de abril de 2018

El voto particular

Hughes
Abc

Para cualquiera que haya leído la sentencia del juicio de La Manada, la reacción de insultos, amenazas e incomprensión que está recibiendo el voto particular de uno de los jueces es no sólo inexplicable, sino un acto de pura barbarie.

El voto particular es muy extenso y detallado y se ha despachado con tres frases extraídas como una caricatura libidinosa sobre el presunto placer sexual. Cualquiera que lo haya leído sabe que no es así.
Lo que el juez discrepante analiza y custodia es el derecho a la presunción de inocencia, pues de eso iba especialmente este juicio. El de La Manada era un juicio en el que muy pronto se vio que peligraba esa garantía.

Ese derecho estaba especialmente amenazado por la existencia de un juicio paralelo en los medios, por ser unos actos especialmente “odiosos” (así se describen) y por otra situación: la única prueba de cargo la constituía la declaración de la denunciante. Más aún: la declaración no era solo la única prueba de la autoría, sino de la propia existencia del delito.

En la calle funcionó desde el principio la inculpación: todo el mundo hablaba de ellos como violado res, p ero en el juicio partían como presuntos inocentes. Debía probarse lo contrario.La parte que acusaba tenía que “decir y probar lo dicho”, y la parte acusada tenía que contradecir. Recordaba el juez una vieja cita: “Si fuese suficiente con acusar, ¿qué le sobrevendría a los inocentes?”.

La parte que decía (la que acusa) señalaba la existencia de violencia e intimidación y la parte que contradecía estimaba que había consentimiento. ¿Qué es lo que hay que probar y a quién le corresponde? Lo que había que probar era que no hubo consentimiento y que hubo violencia.

En la calle, en los medios decimos: no hace falta decir no, “tú no me puedes tocar si no hay un sí exp reso y rotundo”.Obviamente, pero esto era un juicio. ¿Sustituimos el código Penal por las doctrinas de Leticia Dolera?Se trataba de meter a alguien en la cárcel sin más palabra que la de ella. Ni heridas, ni imágenes de fuerza, ni dolor, ni intentos de huida…En la vida  no hace falta decir no, pero en un juicio hay que probar que el otro es culpable, por lo que sí hacía falta probar que hubo un NO desatendido.

En la vida es necesario un sí (no hace falta el no), pero en el juicio era necesario un no.

No buscar ese no era igual a pisotear la presunción de inocencia de esos hombres, por poco que nos gusten esos hombres. El juicio de la Manada juzgaba un crimen sexual politizado, pero en la sombra se debatía una presunción de inocencia amenazada también desde fuera.

En la vida la parte “actora” es la manada, pero en el juicio era ella. La que acusaba. La presunta víctima acusaba a unos presuntos culpables, que por el hecho de ser acusados pasaban de “violadores” a presuntos inocentes. Esto no ha habido una solo medio que lo haya explicado. Ni un solo periodista que lo haya explicado. Ha sido una pequeña vergüenza nacional.

Esa garantía de los acusados, que es un derecho fundamental y la clave del sistema, se traduce en varias cosas. Una es el principio de contradicción (ese decir y contradecir, que en los medios se ha interpretado como “acusación a la víctima”. Contradecir a quien acusa no es un “ataque”, es un derecho) y otra es un principio de igualdad procesal. En esto el magistrado es crítico, crítico con las pruebas estimadas, con los informes valorados e incluso con las declaraciones que igualaban la condición de sospechoso a la de culpable. Es especialmente crítico con la labor de algunos policías, y crítico con sus compañeros. Habla de una “conjetura contra reo”, por ejemplo. Llega a hablar de sesgo cuando en el proceso el juez ha de estar por encima, en régimen de igualdad las partes.

La opinión pública olvidó que estaba ante presuntos inocentes, no ante seguros culpables, y olvidó algo aun más importante: la posibilidad de que incluso siendo “culpables” pudiesen no ser condenados. De que habiendo pasado todo lo que se dice que pasó y siendo repugnante y reprobable no pudiera demostrarse el motivo penal suficiente. ¿Deben degradarse las garantías judiciales y penales por ser hechos moralmente condenables? El plano penal no es el moral, y menos aún el político, y todos ellos se han mezclado en la opinión pública.

En un inicio, el juez acude a la jurisprudencia para enfrentarse a este tipo tan particular de juicio, aquel en que la autoría y el delito dependen del testimonio de la persona que denuncia. ¿Basta con eso? ¿Basta con un único testimonio? Puede ser, pero solo si ese testimonio supera unos determinados filtros y es contrastado después con las pruebas y aportaciones de otra procedencia. Lo dice de otro modo: “Cuando la condena se basa esencialmente en un testimonio ha de redoblarse el esfuerzo de motivación fáctica”.

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Pensiones

Cajal


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Don Santiago Ramón y Cajal, único sabio español que hemos tenido, murió de un aire cuando le denegaron las 25.000 pesetas anuales (150 euros) de pensión.
Español, porque todo lo hizo aquí, desde ayudar a su padre, cirujano, a adquirir “material anatómico” a la luz de la luna en el camposanto de su pueblo, Petilla de Aragón, hasta pasarse la vida mirando el mundo a la manera más española: sin salir de casa y alternando, sin término medio, el microscopio en el laboratorio con el telescopio en la terraza. Así le cayeron el Helmholtz alemán y el Nobel sueco. Cuando el Estado lo apeó de la cátedra con el papel barba de la jubilación forzosa, el sabio era pobre como una rata, y unos amigos pidieron para él una pensión al Congreso, pero al ministro Bugallal, que iba de Montoro fino (moriría en el Savoy de París), le pareció “un tributo funesto”, y setenta diputados votaron que sí y ciento cuatro votaron que no.

¿Pensión o tributo? Nada menos que Bodino, el hombre que con su teoría de la soberanía inventa el Estado, es quien recoge la controversia entre el emperador alemán y el sultán turco sobre si lo que debía pagar el emperador al sultán era una pensión, como quería el deudor, o un tributo, como quería el acreedor, en una época en que los conceptos jurídicos eran abiertos y objetivos.

Hoy las pensiones son la pirotecnia con que el Estado de Partidos celebra sus cosas. Por ejemplo, el fin de la crisis.

Cautivo y desarmado, etcétera, la crisis ha terminado.
Eso dijo Montoro, mezcla de veleta de “Alfanhuí” (aquel gallo de chapa que se bajaba de noche a las piedras a cazar lagartos a picotazos de hierro) y de Goudchaux, el banquero-político que recompuso para el orleanismo, que es lo nuestro, la recaudación francesa tras la revolución de 1848, “uno de los más valientes hombrecitos que pudieran encontrarse”, según Tocqueville: “petulante, irascible y litigante”, no podía hablar de un presupuesto “sin derramar lágrimas”.

Y te suben quince euros.

Sábado, 28 de Abril

Valle de Esteban

La rosa
no buscaba la rosa:
Inmóvil por el cielo
¡buscaba otra cosa!

viernes, 27 de abril de 2018

Dióxido de Mariano


El Presupuesto

Ángel ignaciano


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

España y su Constitución están servidas: el marianismo ha calcetado el Presupuesto con los votos de los nacionalistas vascos, que son como los ángeles que quería San Ignacio, que para nada se ocupan de sí mismos, sino que se dedican totalmente al cuidado de la salud de los demás, y, aunque España debe más que Alemania en Versalles, con el arreglo de las pensiones vamos a poder almorzar todos a diario en los restaurantes de Deluxe Bilbao Henao.
¿Tan importante es el Presupuesto? En España, no. La República, aquel régimen tonto que disolvió a los jesuitas para echarlos de la enseñanza, pero que al quedar disueltos dejaban de ser jesuitas y ya podían enseñar, hizo un Presupuesto en cinco años: “Se le dio a la Generalidad un dinerito que apetecía, se aprobó una consignación para los escamots…”, arrancaba la reseña de nuestro cronista, rematada con esta media abelmontada:

¡Oh, escamots: ahí van esas perrillas; gozad de ellas! Al fin, apenas habéis hecho más que la teatral intención de alzaros contra la Patria. Fútil delito.
Esto, en junio de 1935. En abril de 2018, y en feliz coincidencia con la primera “levantá” de almadrabas en Conil que inaugura la temporada del atún rojo, Rajoy ha subastado en la lonja de la Carrera de San Jerónimo la bacalada del 155, que es el “Joker” o comodín constitucional que se ha sacado de la manga el Konsenso soberano. (Para darnos cuenta del progreso jurídico, el viejo franquismo tenía que someterse por 3 meses a los artículos 35 del Fuero de los Españoles; 10, apartado 9, de la Ley de Régimen Jurídico de la Administración del Estado; y 25 de la Ley de Orden Público). Un estado de excepción, el 155, en salazón, es decir, “sine die”, caso único en el constitucionalismo mundial, y que se canjea a mano alzada por votos presupuestarios con los jefes de partido (¡los que cortan el bacalao!) cantando “no me mates con tomate, / mátame con bacalao...” (En gallego: “Non-o botes á remollo / qu’a min gústame salao”).

A gastar.

Viernes, 27 de Abril


La madre Venus cuando al labio rojo
su néctar aplicó, quedó embriagada
de lúbrico placer, y en voz festiva
a Ganimedes llama:
La piña, dijo, la fraganta piña
en mis pensiles sea cultivada...

Manuel de Zequeira y Arango

jueves, 26 de abril de 2018

Macron

Macron y la merienda de un león


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Macron, el líder huero de Europa, no tiene hijos, pero ha plantado un árbol en la Casa Blanca.

Un arbre, par-dessus le toit, / berce sa palme –nos hacía recitar en la escuela un Verlaine de Mutilva, Navarra, que nos daba francés.

Con la pala en la mano, y poniendo a Trump por testigo, Macron parecía enterrar a frau Merkel, y con ella, ese IV Reich que es la Unión Europea, cuyo arrasamiento por los bárbaros (en el sentido romano de la expresión, por si los lectores cursis) anunció Macron, tras “comprobar” que el cambio climático (?) ha disparado la demografía en África, según puede “comprobarse” de paseo por París.

De París viene ahora a salvarnos Manolo Valls con una muletilla de Mitterrand que tiene hiperventilando a la derechona española.

El nacionalismo es la guerra.
Pero Mitterrand y Valls son dos zoquetes en filosofía política que confunden nacionalismo y estatalismo, y cuyo “pacifismo ginebrino” los lleva a hacer de la paz una ficción jurídica: paz es todo lo que no es guerra, y sólo es guerra la vieja guerra militar con su “animus belligerandi”, lo cual excluye el hundimiento del “Rainbow Warrior” a manos del capitán Kister y a las órdenes del antinacionalista Mitterrand por razones… de Estado.
Si el nacionalismo es la guerra, ¿qué hacemos con Churchill y De Gaulle, los dos nacionalistas más grandes del siglo XX?

Valls viene a politiquear a España como Fray Gerundio iba a predicar a los pueblos. “¿Sabe alguien latín?”, preguntaba. Y con el “no” por delante, se soltaba a disparatar en la lengua de Marcial como Valls en la de Mitterrand, a sabiendas de la ignorancia política que reina en España.

¡Vítor el padre fray Gerundio, vítor el padre fray Gerundio!
"Vítor al padre Crispín, / De los cultos culto sol, / Que habló español en latín, / Y latín en español."
¿Que Valls sea alcalde siendo francés? Siendo italiano, Mazzantini fue concejal, y estoqueaba como Dios, antes, eso sí, de que el Curro Romero de San Blas inventara el “julipié”.

Seriedad por San Marcos



Francisco Javier Gómez Izqquierdo

     Todos los que creemos saber de fútbol esperábamos el Bayern-R. Madrid como el partido del que saldrá el campeón y lo más probable es que sea el R. Madrid, pero reconozcamos que hemos vuelto (he vuelto) a ningunear a Liverpool y Roma como hicieron los aficionados, futbolistas y técnicos de City y Barça en cuartos. Resulta que el partido del Liverpool, mejor de Salah, nos ha llenado de excelentes expectativas y nos ha confirmado la adecuada y para mí insólita progresión del delantero egipcio. “...mira que técnicamente es bueno, rápido y listo, pero no tiene gol”, me cansé de decir hace dos años cuando la Roma se las tuvo con Barça y R. Madrid y Salah se presentaba ante las porterías sin mas obstáculo que su mal tino. Se ve que le faltaba armarse caballero para disponer de una gracia que se reserva a talentos superiores como el suyo y no hay lugar más sagrado para la ceremonia que Anfield donde además se ha encontrado el padre espiritual más adecuado a sus características. Kloopp es un robar y correr que ha alcanzado la excelencia con la velocidad africana de este Salah descomunal y del negrito Mané, complemento ideal junto a Firmino, de un tridente que mete miedo de verdad.
       
Cuando el Liverpool se puso 5-0 estuve por echar un ojo a un disparate que ando leyendo, pero preferí seguir atento porque pasaban cosas cada minuto y aunque creo que los ingleses van a ser finalistas, cuando Perotti coló el penalty llegué incluso a pensar que el asunto no quedaba así. El Liverpool-Roma no creo que fuera tan gran partido. Fue una exhibición de Salah al que el entrenador Di Francesco no acertó a defender pues permitió que disfrutara de amplísimos espacios en los que retar a correr a sus defensores -¡ay, ese Juan Jesús!- en un día especialmente propicio para el jugador egipcio. El caso es que el 11 se consagró la noche del martes, día de San Fidel de Sigmaringen, y la cosa ya va con intención de pisotear el huerto de los balones de oro que creíamos exclusivo de Messi y Cristiano.
     
San Fidel de Sigmaringen era hijo de español y en realidad se llamaba Marcos como el patrón de muchos pueblos de España donde hoy ha sido fiesta. El Madrid, rindiendo honores a aquel Fidel bautizado Marcos Rey se ha presentado en Munich muy serio y muy táctico hasta que Marcelo, sempiterno refractario a las disciplinas de sus entrenadores se ha quedado cazando gamusinos en el córner del Bayern, despiste que ha aprovechado Kimmich en una contra asesina. Marcelo, probablemente el mejor lateral izquierdo del mundo al que hay que querer  en la salud y en la enfermedad, arregló su “desaplicación” -ya no se emplea el palabro- con un zurdazo descomunal en el último minuto de la primera parte. Rafinha, paisano y colega de Marcelo en el lateral izquierdo alemán, ¿para cuando Álaba?, regaló un balón mortal de necesidad que Asensio transformó en el gol que obliga a los chicos -no tan chicos- de Heynckes a meter como mínimo dos  en el Bernabeu. Posible pero no probable. A partir de ahí el control fue del R. Madrid. Es cierto que Keylor tuvo que emplearse en tres ocasiones, pero admitamos que es lo que se le ha de exigir al Bayern en tales circunstancias.

     Creo que el Madrid es mucho más equipo que el Bayern, anda mejor físicamente y se le ve pletórico en su ambiente. La sensación es que el coco se llama Salah y que su duelo con Marcelo puede desesperar tanto a Kloopp como a Zidane. A un servidor, si llega el caso, seguro que me va a divertir

Jueves, 26 de Abril


¿Tendré que seguir comiendo bambúes?
Carpentier

miércoles, 25 de abril de 2018

Sentina



Hughes
Abc

Cualquier persona que haya visto el vídeo de Cifuentes ha tenido que sentir un escrúpulo de asco. Es algo obsceno en el sentido (equivocado) en que a veces se entendía obsceno: fuera de la escena, es decir, parte de lo que no se debe ver.

Los efectos del vídeo no acaban con la dimisión, más bien empiezan. Lo sustancial no es su “futuro político”, sino el sórdido circuito que la imaginación dibuja desde la grabación de esas imágenes hasta su difusión mediática. En un mundo de video vigilancia, esto inaugura una nueva (in)moralidad política. Aunque sea innegable el ímprobo trabajo periodístico (cuando estas cosas las saca la derecha no se aplauden como cuando las saca un periodista de izquierdas), es muy difícil no rendirse a la tentación de pensar que en algún momento ese circuito haya podido tener contacto con algo parecido a las “cloacas del Estado”. Hay un aroma soviético en el asunto y algo sucio, pero orgullosamente sucio, sucio de la forma en que es sucio el asfalto o el pañal de un niño. Sucio “sin complejos”. Si esto respondiera a un plan y no a una joya de periodismo, quien lo hubiera orquestado no temería el efecto de algo tan visiblemente y descaradamente nauseabundo, o no le importaría ya, siendo muy malas las dos alternativas. Las alcantarillas tienen tapas, y en las tapas va el escudo de la ciudad o del organismo. No se debe dejar a la vista el alcantarillado, aunque a veces se destape cuando hay problemas de drenaje -el drenaje no da más de sí- y toca repararlo.

Pero es imposible que las cloacas del Estado que permitió la saga/fuga de Puigdemont hayan tenido algo que ver.

También me resisto a pensarlo porque ya sería mucha casualidad que saliera el vídeo en pleno diálogo entre Cifuentes y su partido, y el mismo día en que le dan el Princesa de Asturias a Scorsese, supremo retratista de la mafia.

A mí se me ocurren algunas preguntas que no podré contestar porque esta tarde tengo partido. ¿Pueden existir en el 2018 esas imágenes, grabadas hace años? ¿Pueden difundirse? ¿Era esto el liberalismo madrileño que iba a quedarse con la City? ¿Siendo el vídeo verdad y sólo verdad, es más legítimo que una fake news?

Por último, hay que anotar algo para asignar bien las felicitaciones. La dimisión de Cifuentes empieza con una información de Escolar y acaba con otra de Inda, con redoble diario de Ferreras. De nuevo el periodismo colabora en la regeneración de las instituciones. O como dirían los viejos lobos del 78: el periodismo, sostén de la democracia española.

Cave Canem

Robot-lobo japonés

Cave canem pompeyano


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los japoneses han creado un terrorífico robot-lobo para defender a sus agricultores de los jabalíes. Pero… ¡menos lobos con la tecnología! Esta idea se basa en lo que Pemán llamaba “la sabiduría del perro que ladra”:
La gran sabiduría cortijera defiende su propiedad y su derecho amarrando a los perros para que no muerdan, pero dejándoles que ladren con un magnífico e ingenuo furor.
Sabiduría que se basa, a su vez, en el “Cave canem” de los mosaicos pompeyanos, forma geométrica del Derecho romano, que es defensa de la intimidad.

En la más ejemplar (para Ullán) de sus doce novelas ejemplares, Cervantes hace hablar a dos perros, Berganza y Cipión, que hablan como tertulianos, “con discurso, como si fuéramos capaces de razón, estando tan sin ella”, víctimas, los pobres, de un antiguo hechizo de la Circe de España, Camacha de Montilla, que “con la barriga, que era de badana, se cubría las partes deshonestas y aun le colgaba hasta la mitad de los muslos”, y en cuyos ungüentos mágicos confiamos para encontrar una salida para la crisis de España, pues puede transformar a los hombres en perros y también en asnos (“como fue el caso de un sacristán al que montó durante seis años”).

Compararme con un perro está mal –contestó el otro día Guardiola, el Bolívar de Sampedor, al apoderado de Ibrahimovic–. Hay que respetar más a los perros.
En el paripé Rajoy-Merkel por Puigdemont, acogido a sagrado en Alemania, vuelve a ponerse en juego el concepto del “dog fight” introducido por Sir John Fischer Williams en la doctrina del Derecho internacional.

La esquizofrenia es la salsa de nuestras relaciones con Alemania, comenzando por el famoso retrato del emperador Carlos (¡Carlos I de España y V de Alemania!) con su perro. ¿Quién lo pintó primero, Seisenegger o Tiziano? ¿Qué perro (perra) hay, alano español o galgo irlandés?
Es nuestra esquizofrenia con el mundo, siempre entre el “Los von Rom” (¡Fuera Roma!) alemán y el “No popery” (¡Fuera el Papa!) inglés.

Seisenegger y Tiziano

Miércoles, 25 de Abril


¡Oh yo!

martes, 24 de abril de 2018

Zarzuela


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    A petición de los productores, que querían arreglar el lío del cine con la Sociedad de Autores, recibió Franco en El Pardo a una comisión de cineros. ¿A qué tantas películas americanas, preguntó el general, que siempre exaltan el divorcio?

    –Es preciso hacer películas españolas. Dos de Mayo, Cortés… ¿Por qué no llevan al cine la zarzuela “Marina”?
    
Dicho y hecho.

    El Dos de Mayo lo llevaron al cine Garci y Esperanza Aguirre. Con Cortés anda ya dando vueltas Bardem, si, logra descubrir qué país conquistó el extremeño, si México o el Perú. Y de “Marina” se encarga ahora Marañón, que desde el Teatro Real ha absorbido el Teatro de la Zarzuela para hacer Patria con la música española, según el decreto del Espartaco Santoni del gobierno, Méndez de Vigo, en plena disolución nacional.
   
 La Zarzuela no quería al Real, porque sabe que el Real irá por su dote, un presupuesto pobre, pero honrado, que acabará perdiéndose en el mar de la lírica, como se deduce de la pésima literatura patriótica del decreto zarzuelero.

    Es propósito de Méndez y Marañón (ya sin Sagi y Moral, pero con Ciudadanos, que ya tocan pelo en el Patronato) educar a los niños madrileños en el ejemplo de Chapí, Chueca y Serrano. Enseñar a los niños que Ruperto Chapí llegó a Madrid desde Villena con treinta duros y una onza de oro que su padre, que era barbero, le metió en un baúl, alimentándose de pan y chicharrones hasta el éxito de su “Fantasía morisca”. Recordar a los niños que Federico Chueca era tan progresista que se enamoraba de todo lo moderno: “La bicicleta me volvió loco”, decía en los periódicos, y la usaba, una vez que fue famoso gracias a “La Gran Vía”, para evitar a los pelmazos, pues yendo en bicicleta no tenía que pararse a saludar. Invitar a los niños a amar a los niños como Joaquín Serrano, que tenía un montón, uno por cada obra de éxito, como “La reina mora”, y eso que el maestro Serrano fue un gran perezoso, pero a lo Antoñito López, no a lo Mariano Rajoy.

    Qué cosas.

Los tibetanos de la camiseta amarilla

El rockero cívico

La mezcla de frivolidad y superioridad moral era mareante. Incluso el rockero cívico Loquillo se mostraba indignado. Pero a nadie se le ocurrió recurrir a la "Ley antiviolencia", Ley 19/2007, cuyo artículo 2 dice algo al respecto



Martes, 24 de Abril

Valle de Esteban

Si tú quieres reír,
si tú quieres bailar,
chupa, chupa, chupa,
chupa, chupa más.

lunes, 23 de abril de 2018

En la muerte de Quiterio el del Gargantón

Quiterio, en el centro, rodeado de perreros en una montería del Gargantón


Francisco Javier Gómez Izquierdo
     
Ha muerto Quiterio. Quiterio el del Gargantón. La muerte lo fue a buscar o lo esperó, ¡qué sabemos nosotros de dama tan caprichosa!, en el campo, pero a pesar de que aún andamos sobrecogidos por la impresión y sin consuelo la familia, he llegado a pensar esta noche sin sueño que podría ser que la Naturaleza, que es sabia y creo que también certera, a veces llama para sí a sus mejores criaturas, como se acusaba a los dioses cuando se llevaba a los héroes.

        Quiterio era el guarda del Gargantón, una finca de los Montes de Toledo ya mítica para un servidor pues no en balde en ella pastoreó cabras mi suegro y fue el hogar de mi doña hasta que el padre se trasladó a vivir a C. Real. El Gargantón venía a pertenecer a los dueños de la Clesa, fábrica en la carretera Logroño de Burgos un poco más arriba de Campofrío, cuando Gamonal y Capiscol aún tenían frontera. (“El mundo es un moquero”, decía Carlos, otro muerto temprano).
      
 Paco, la paz del campo, que dice don Ignacio, tiene, joer, tenía, mucho trato con Quiterio.  Con él hablaba casi todos los días y por septiembre cuadrábamos la visita de la berrea. “Sin problemas, Paco”, decía el guarda. Muchas de las fotografía que han aparecido en Salmonetes... de ese cortejo copular vienen del Gargantón. “Tu suegro es el que se sabe la finca como la palma de la mano”, me decía Quiterio con esa tranquilidad absoluta que transmiten las gentes regidas por el sol, las nubes y las aguas. Quiterio era un hombre poderoso. Alto, fuerte, serio, sensato...  y sobre todo discreto. Ha visto escopetas famosas, pretenciosas y aristocráticas y de todas ha guardado el secreto como corresponde al papel de celoso confesor que toda su corta vida ha asumido. En el pueblo he tomado con él más de tres cervezas y siempre le he oído hablar  tranquilo y sonriendo. Con Paco lo hacía con una complicidad sólo al alcance de los que la Naturaleza elige y por ellos me he enterado de las barbaridades que con frecuencia se le ocurre tanto al gremio ecologista como al de la política. 
       No sé qué decir, pero el caso es que su muerte me ha dolido al rozarme porque yo apreciaba a Quiterio mas de lo que creía. Me ha hecho presumir ante los amigos del privilegio de ver la berrea como nadie y me ha dado la impresión de que  se alegraba cuando nos encontrábamos en el Valle de la Viuda, ése capricho de la toponimia.
        
No sabemos si Quiterio tenía intención de ver la final de Copa, pero el caso es que al atardecer del sábado volvía por un camino de la finca en un vehículo y el conductor sintió “un ronquío”, me dice Paco, y se precipitó el acabose. Yo creo que la culpa de su muerte la ha tenido esta Primavera esplendorosa que ha pintado de verde rabioso el campo, ha hecho brotar hasta las flores más perdidas y ha desbordado los arroyos; esta Primavera que han vuelto a manar los “maniantales”, como dice Eugenio, otro guarda como Dios manda, y en la que era imposible que los grandes corazones amantes de la Naturaleza no reventaran de emoción. Así se fue Quiterio...
  
 ...y es que la Diosa no quería que uno de los mejores de sus hijos tuviera que padecer los humanos deterioros.
      
      Descanse en paz.

Nubarrones (también sobre la tauromaquia). Lo que va del orgullo a «Orgullito»

Nubarrones

Jean Juan Palette-Cazajus

Hace ya bastantes semanas agredí la paciencia del lector infligiéndole el via crucis de un largo serial sobre toros y filosofía que no estaba todavía para publicarse. Si «lo bien toreao es lo bien arrematao», como dicen que dijo Rafael el Gallo, la faena que brindé al público de Salmonetes..., además de interminable, carecía clamorosamente de remate. No diré que era para bronca, pero no merecía otra cosa que el doloroso silencio. Tenía algunas disculpas. En aquellos momentos me tenía bastante atribulado el marrajo de la salud. No es que las cosas hayan mejorado, ya que el toro que me toca lidiar es particularmente incierto. Convocado en el hospital de Pau el día 26 de marzo para un balance, las noticias resultaron bastante nubosas. Mirando por la ventana de mi habitación me dí cuenta de que también los nubarrones se acumulaban por fuera. Y como el torero lo es en todo momento y no debe atribularse con minucias, me dio por sacar una foto conmemorativa.

Si decido sacar esta foto hoy, a toro muy pasao, es porque pienso que es apta para ilustrar, además del mío, el estado mental de cierto número de aficionados, tras el paripé de Sevilla. Como no estoy para excesivos trotes creativos, mi aportación consistirá sobre todo en un popurrí de citas del malhadado trabajo, ya algo mejor «arrematao». No lo vean como cosa de cara dura, a lo sumo como cara de circunstancia.

Algo reflexioné sobre el indulto, casi a punto de concluir, en el capítulo XXIII:

«Nada como la corrida de toros celebra y recuerda la presencia-conciencia de la muerte como condición de engrandecimiento y dignificación de la existencia humana.  Por esto a la infrecuente muerte del torero se opone el infrecuente indulto del toro. Por un lado, el fin trágico del torero, simbólico del sino mortal de la humanidad, debe ser «necesariamente »; pero debe ser excepcional. Por otro, el indulto que libra al toro particularmente bravo de la muerte, le concede así una  humanidad metafórica. Por esta razón el indulto debe ser; y por esta misma razón, debe ser excepcional […] Y así el concepto de «indulto» es antropomórfico como lo es buena parte del vocabulario que sirve para calificar el toro. El indulto al toro bravo bebe en la misma fuente animista que sustenta la sentimentalidad animalista.  Pero lo que muestra en filigrana el indulto, al convertir excepcionalmente el toro en humano metafórico, es el indicio, la indicación necesaria de que la muerte del toro nunca es libre de interrogantes. Hacer, excepcionalmente, del toro un humano metafórico es precisamente la mejor manera de recordar, por antífrasis,  hasta qué punto no es humano; y también de recordar que toda muerte reviste gravedad».

Concluíamos:

«[…] Desde hace algunos años, presenciamos una auténtica proliferación de indultos en la mayoría de las plazas de toros, casi todos ellos  injustificables. No nos quepa la más mínima duda, lo que el fenómeno viene indicando es cómo, entre el festivo público taurino, muchos comportamientos van quedando subrepticiamente parasitados e inducidos por la presión animalista».

Quien lo dude tenía que haber oído al inefable Simón Casas, entrevistado en el callejón de la Maestranza, tras el indulto y dirigiéndose a los antitaurinos, con su habitual y gabacha (¡qué le vamos a hacer!) ampulosidad, para encarecerles la capacidad que tiene la tauromaquia de dejar al toro en vida...

No es Orgullito, es Cobradiezmos, indultado en Sevilla el 13 de Abril de 2016


En cuanto a lo de “parasitados”, pretendía recordar al lector algo que se comentaba en el capítulo XIII:

«Se sabe que las larvas de algunos parásitos, colonizan el cerebro del animal huésped, llegando a cambiar sus comportamientos naturales por aquellos que favorecen las necesidades vitales del desarrollo de dicha larva. Por ejemplo, una de ellas, «Toxoplasma gondii» parasita el cerebro del ratón hasta el punto de que le pierde todo miedo al gato. De la misma manera, la larva animalista coloniza nuestro cerebro y nos sugiere como legítimo el debate sobre la porosidad de las fronteras entre hombre y animal»…

... Y también coloniza nuestro cerebro en el debate sobre la naturaleza y la finalidad del indulto, cabe añadir ahora.

A la hora de enjuiciar la labor de El Juli, aquel ínclito 16 de abril, seguiremos con las desvergonzadas autocitas, en este caso un pequeño extracto del capítulo V:

«[…] el diestro Domingo Ortega (1906-1988) decía que torear era conseguir que “el toro vaya por donde no quiere ir”. Ni más ni menos. Hablar de toreo interior quiere decir lo mismo. Hablar de toreo exterior supone, lo habrán deducido, pactar de  forma más o menos descarada con las peores tendencias del toro y las más cómodas para el torero. Para que se vaya por sus terrenos, por donde quiere ir, por donde «coge» menos por sentirse menos exigido. Paradójicamente, el resultado, un toreo rectilíneo o apenas arqueado, suele ser más largo, más espectacular, más fácil de « ligar» que el auténtico y encandila al «espectador» mientras el aficionado se desespera. En cambio el toreo interior es curvo, sobrio, intenso, «pisa» el terreno del toro, «obliga» su naturaleza y se practica en el espacio de la «corná».

En el mismo capítulo, también me atrevía a unas breves consideraciones sobre el toro bravo. Se remataron muchas semanas antes de que se celebrase el armónico paso a dos de Cascanueces, quiero decir de «Orgullito» con El Juli:

«El profano pocas veces sabe hasta qué punto la indudable genialidad selectiva de la mayoría de los ganaderos dichos «de bravo» ha sido capaz de independizar la embestida de la bravura. Tal vez lo que sigue diferenciando al aficionado del «espectador» es la idea de que un toro no puede ser calificado de bravo si no es peligroso, si no queda en él ningún rastro de fiereza. Si no manifiesta lo que, de forma antropomórfica, llamaríamos combatividad. En ciertas circunstancias, el dominio sicológico del torero sobre el toro llega a ser real y se podría decir que lo está, literalmente, «desbravando». Pero muchas faenas actuales semejan ejercicios de amaestramiento. Curiosamente, al que manifiesta un mínimo de inteligencia, con el consiguiente peligro, llamamos negativamente «toro de sentido». Pero ponderamos como «noble» al que el gran veterinario y escritor taurino, Ramón Barga Bensusán, mostraba científicamente ser un toro tonto. No nos cansaremos de repetirlo, la indudable profesionalidad y admirable competencia genética de los ganaderos actuales han resuelto la cuadratura del círculo y creado un toro que embiste sin crear apenas peligro. Hoy, para muchos cerebros crepusculares el toro ideal es el que combina recorrido y docilidad. Entre lo mecánico y lo doméstico».

Quienquiera que haya visto la corrida o echado un vistazo al vídeo que adjuntamos se habrá dado cuenta de la atmósfera delirante, extática, que reinaba en la Maestranza aquel día 16 de abril. No pasaremos de un puñado más o menos consistente los que manifestamos otra gama de sentimientos, entre total indiferencia o indignada consternación, ante lo que fueron aquel día toro, torero y toreo. ¿Qué conclusión debemos sacar? ¿La de considerar que somos una minoría ilustrada e incomprendida en medio de un oceáno de vulgaridad e ignorancia? No la descarto del todo pero ahora mismo no me siento con valor para sostenerla. Además de cómoda, resultará mucho más probable la hipótesis de que el espectáculo del otro día represente realmente lo que queda de la tauromaquia.

Tauromaquia sevillana
Foto de Pilar Albarracín

La experiencia de la muerte, por definición, es aquello que no alcanzaremos jamás a conocer personalmente. Ni la nuestra propia, ni la de nuestro entorno vital, ni la de nuestra civilización, ni la de nuestra historia. Estamos programados para tal disonancia, para percibir sólo confusamente las mayores evidencias. Intenté explicitarlo en el capítulo XIX.  Adelante con otra autocita:

«Y así la presencia de una conciencia de la muerte incompleta entre nosotros constituye de alguna manera la gran particularidad de nuestro proceso adaptativo al entorno vital».

 «Si la conciencia de la muerte fuese una presencia realmente inmanente a la experiencia del ser, la existencia humana se haría intolerable, de todo punto imposible».

Y así la tauromaquia es una estrella muerta y la luz que todavía la alumbra debilmente viene del pasado, procede de los años -años luz- en que todavía estaba viva. La plaza de la Real Maestranza es la más brillante de las estrellas muertas y ofrece siempre el  modelo de una tauromaquia educada y de buena compañía, amena y desdramatizada. Básicamente destinada al bienestar de una civilizada convivencia. En Sevilla, la plaza de toros es la continuación del inapreciable ambiente de las casetas de Feria. Durante la corrida, perdura en los tendidos el estilo de un exquisito arte de vivir y en el ruedo, el toreo debe ser un selecto arte de sociedad. De modo que mal vemos cómo podrían aceptar aquellas conciencias, siquiera la hipótesis de que la tauromaquia ofrecida en la Maestranza sea un espectáculo ya necrótico. Ciertamente no será la primera vez en la historia que el sentimiento de pertenecer a una colectividad privilegiada habrá servido para negar una realidad agónica. 

Dicho lo cual ¿para qué sirve entonces, para qué servimos –si se me consiente la osadía de autoincluirme– el cónclave de los toristas de la Andanada del 9, los devotos del «cruce» y de la «pata alante»? Para sugerirlo recurriré, ya es la última vez, a la desaprensiva autocita, esta vez a finales del capítulo XXII:

«Al igual que las otras pasiones ideológicas - religiosas o políticas – [el credo de la andanada del 9]  ...cumple una función «endotélica». Estabiliza el eje interior del ser humano, le confiere un sentimiento de protagonismo, le brinda la ilusión de la finalidad y permite sobrenadar en un océano embravecido y tumultuoso, sin puerto a la vista». 

O sea que no pintamos para nada y no existe la más mínima posibilidad de que esto cambie alguna vez.

Anacoretas y santones de la Andanada del 9

Tortuga busca gato


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La final de la Copa del Rey viene a ser ya el Día de la Marmota Culé, con su gamberrada (consentida del Konsenso) contra España en los símbolos de su Himno y su Rey, esta vez tapados mediáticamente con ríos de almíbar “El Buen Rollito” sobre la manchega calva de Iniesta, el futbolista que emocionaba a José Antonio Segurado, de profesión liberal, un señor grande con loden que acostumbraba ponerse en pie en el palco del Bernabéu para aplaudir, gustándose, los goles contra el Real Madrid del Yerno de Albacete.

    El pasotismo institucional del Real Madrid, que sólo se dedica a la fanfarria de la Champions haciendo correr la voz de que Liga y Copa son para pobres, deja libre para el Barcelona una competición que el Barcelona se toma en serio únicamente para, una vez al año, bajar a Madrid a gamberrear el día de la Final.

    “Vámonos a Cuba ya”, cantaban en el 98 los que no se iban a Cuba. Y cantaban al compás de la marcha de “Cádiz” de Federico Chueca, que se convirtió en himno nacional, antes de la “musiquilla de cucharillas revolviendo el azúcar” que sería, según Ruano, el primer himno de la República, el régimen que salió de los cafés.

    –Tendrían que poner un cartel en la frontera: “España: Catedrales y Cafés. No olvidaros de visitar en España lo romántico y lo renaciente”.
    
El Wanda fue el sábado un gran café de patriotismos verbalistas y filarmónicos donde el separatismo catalán que nos ha traído el Konsenso pitó al himno de España. Si les preguntas por qué pitan, dirán lo que Benzemá, ese vaivén de lo inmóvil, dice para no cantar “esa música de un Tantum ergo aligerada de compás” que es la Marsellesa:
    
La Marsellesa llama a hacer la guerra, y a mí eso no me gusta.
    
Y lo dice rapeando madrigales de Tupac Shakur: “Muchas cicatrices de guerra / mientras conduzco coches lujosos, / la vida de una estrella de rap / no es nada sin Dios”.
    
Claro que Benzemá es un pisapapeles clásico de Augusto Monterroso: “Por fin, según el cable, la semana pasada la Tortuga llegó a la meta. / En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, / pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones. / En efecto, una diezmillonésima de segundo después, / como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles”.

    Tortuga Busca Gato (que es como lo veía Mourinho), podríamos decir de Benzemá, parafraseando el “Tortuga Busca Tigre” del prólogo de José-Miguel Ullán para el peruano César Moro.
    
El corazón del delantero centro del Real Madrid divide el ánimo de los piperos, que en esto serían como aquella Mademoiselle La Virent, de la corte de Luis XIV, que dispuso (volvemos al texto de Ullán) que colocaran en su ataúd una pequeña tortuga viva: exhumado un siglo después el cadáver de la bella criatura, se encontró, en el sitio de su corazón, la pequeña concha del animal.

    –En Ceilán las tortugas las venden a pedazos porque los marchantes quieren siempre la carne fresca y, como el corazón es lo menos agradable de la tortuga, las infelices viven días sucesivos siguiendo consecuentes mutilaciones hasta que un comprador adquiere el corazón. Entonces muere.
    
Y, sin embargo, el condenado por Zidane “por su pasiva actitud” parece ser… Gareth Bale, que será quien se coma el marrón de haber tirado “para los pobres” de Barcelona otra Liga y otra Copa (¡a gorrazos los correría Bernabéu!), ahora que el rastacuerismo cosmopolita sólo se despeina para la Champions.

    –A los grandes jugadores siempre se nos critica –explica Benzemá–; vendemos periódicos.
    
Di Stéfano, Santillana, Hugo Sánchez… ¡y Benzemá! Al oírlo, se queda uno como el filósofo escocés Donald M. MacKinnon (famoso porque en las reuniones de profesores, en cuanto le venía el aburrimiento, se metía debajo de la mesa y mordía en las canillas a los más plastas), que se retiró de enseñar ética kantiana el día que leyó en “Le Monde” un suelto que decía que el general francés Massu, jefe de los paracaidistas en Argel, donde autorizó la tortura, se había desnudado y se había hecho atar un cable eléctrico en el sexo, y por espacio de tres horas hizo que sus hombres lo torturaran, y al término de la sesión declaró: “Las quejas de las víctimas son exageradas. Fue muy desagradable, pero soportable.”


“LA LA LAND”

    Igual que los relojes parados, que dan la hora una vez al día, Guardiola ha dicho una verdad en un año en Inglaterra: “Lo importante para un equipo es la Liga”. Lo importante es la Liga, porque las Copas son fútbol de azar. Guardiola ha ganado la Premier, y el periodismo inglés ha corrido a explicarlo. Estos son sus secretos: un vestuario en círculo, como las carretas de John Wayne para defenderse de los indios; un césped de 19 milímetros (¡nunca más de 23, por Dios!) y un poema de Tony Walsh, que se hizo progre el día que le atracaron a punta de pistola en una oficina de Correos, más el musical “La La Land”, famoso porque en la gala de los Oscar lo dieron como mejor película, y cuando los productores se disponían a recoger la estatuilla los echaron del escenario porque la ganadora era “Moonlight”. Vamos, que la plantilla del City no se pone con “Els segadors”, sino con “Start a fire” (“I don’t know why I keep moving my body”) de “La La Land”.


Adiós a la Feria de Sevilla. Miura, y échate a correr

 La llegada

 
 José Ramón Márquez

Y en el fin, como tantas veces, Miura. Otro domingo de Miura más en Sevilla, otra nueva muesca en el revólver con la forma de una A con asas, junto a aquéllas de cuando bajábamos a ver a los de Lora del Río porque no iban a Madrid, que nos tiramos lo menos diez años seguidos sin verlos en Las Ventas, y cuando venían nos íbamos a El Batán a poner a prueba lo que sabíamos de las capas de los toros, porque allí no había dos iguales, de los sardos a los retintos y de los negros con amplias bragas o jirones a los salineros. Ahora los Miura no suelen sacar aquella variedad de capas, y últimamente vemos muchos cárdenos que, para qué negarlo, nos tienen algo amoscados a los que somos partidarios sin fisuras de esta histórica vacada que el año próximo conmemorará los ciento setenta años de su presentación en Madrid.

Miura es un Tourmalet para un torero. No es otra corrida de toros más. Por ejemplo Ponce sólo tiene una en su haber, Manzanares ninguna, Julián tampoco… para qué seguir. Se ve que con los Miura no debe manar el arte ése y los artistas, entonces, no están por la labor. Algo tendrá esta A cuando les conviene tan poco a los reyes del poderío como a los figurones de época, que ellos pensarán que habiendo Domingo Hernández, ese mármol de Carrara con el que esculpen sus figuras de Lladró vendidas como obras de Praxíteles, para qué se las van a ver con las cuernas astigordas, los tipos agalgados y altos, o los humores cambiantes del ganado que crían don Eduardo y don Antonio Miura en la finca Zahariche. Mejor dejarlos para otros.

Para ser honestos, diremos que en la tarde de hoy, decimocuarto festejo del abono de Sevilla, ha salido un Miura de los de verdad, el primero de la tarde, un castaño llamado Redondito, número 36, y otro que prometía lo suyo pero que no hemos llegado a ver por las prisas presidenciales en echarlo, el quinto, Trianero, número 30. El resto del encierro no ha sido lo que se dice un modelo en cuanto a presentación, siendo el caso más evidente el del segundo, Londrito, número 78, que se llevaba ochenta quilos con el de más peso de la tarde, que resultó ser el sobrero, Limeño, número 84, que sustituyó al Trianero antes reseñado. El encierro no fue sobradísimo de fuerzas, pero se movió bastante. Los toreros que para su honra como matadores de toros pusieron su nombre en los carteles junto al de Miura fueron Manuel Escribano y Pepe Moral.
 
Ya me hubiera gustado a mí ver a toda la parte alta del escalafón de matadores de toros con el primero de la tarde, ese perfecto ejemplar de Miura, puro trapío, que demandaba caballos sin peto y lidia en los pies. Su lidia comienza cuando arrebata el capote a Escribano de manera limpísima, como un prestidigitador, luego hizo una pelea mansibrava o bravimansa con los del arre, se vino a todo trapo a los cites a banderillas que le propuso su matador y cuando éste comenzó su faena de muleta le arrebató la misma con idéntica facilidad con que le había quitado antes el capote. Escribano planteó un trasteo muy superficial y desde el tendido se aprecia perfectamente cómo el toro se va enterando y va tomando conciencia del papel que le corresponde para acabar siendo el amo del cotarro. Desde el inicio de la faena, con una innecesaria pedresina, hasta la estocada con la que le cazó, la relación entre el toro y el torero fue ganada de manera neta por el de cuatro patas. Acaso para compensar, su segundo, Bigote, número 66, fue el menos miureño de los siete que salieron hoy de los chiqueros; a éste lo volvió a banderillear el matador con muchas ventajas, salvo un último par por los adentros de valor y exposición. Aquí no había que poder al toro tantísimo como en el anterior, pero Escribano se amontonó con el de Zahariche (o acaso el realquilado de Zahariche) y no consiguió poner en movimiento su tauromaquia o lo que sea que pretendiese hacer con el tal Bigote. A Bigote lo había recibido de rodillas frente a la puerta de chiqueros y lo mismo se le ocurrió hacer con Trianero, número 30, otro neto miureño de gran trapío que literalmente le sacó de la Plaza persiguiéndole hasta el burladero. Este parecía acalambrado y doña Anabel Moreno Muela, de quien todo lo ignoramos, acaso pésimamente asesorada por el profesor don Santiago Sánchez Apellaniz decidió poner al hermoso animal de vuelta al chiquero, cosa que hizo el toro con una excelente movilidad de sus cuatro extremidades y sin asomo de cojera o acalambramiento. En su lugar salió Limeño y Escribano volvió de nuevo a ponerse de rodillas frente a la puerta de chiqueros, que esto era un no parar. Vuelve Escribano también a tomar los palos para, de nuevo, dejar dos pares veloces y ventajistas y un espeluznante par al quiebro, citando sentado en el estribo, ejecutado en una perra gorda, como decían nuestros abuelos. El toro embiste con la cara alta y no da la sensación de que Escribano vaya a solucionar eso, a cambio el torero le propone al toro diversos “volver a empezar” hasta que viendo que de esa alcuza no saca más que susto, decide pasaportarlo con media tendida que envía a Limeño a las regiones celestiales.

Pepe Moral lo tuvo en la mano

Cuando salió Pepe Moral se notaba el run-run y que las gentes estaban completamente a su favor. A veces pasa, y hoy era innegable cómo la Plaza entera estaba dispuesta a echar una mano en el triunfo del de Los Palacios. En su primero, el más chico y de menor presencia del conjunto, Moral se puso de rodillas a la puerta de toriles, que menuda tarde de rodillas a la puerta de toriles nos han dado los dos matadores, y luego desarrolló una teoría de muletazos sin acoplamiento y ayunos de mando, de mucho acompañamiento y muy poca ligazón y remate que fue culminada con una estocada de zambullón que resultó desprendida y que puso a las buenas gentes a pedir la oreja, petición desaforada a todas luces, que fue mansamente atendida por doña Anabel Moreno Muela, de quien todo lo desconocemos, acaso pésimamente asesorada por “Finito de Triana”.

Limonero, número 4, es el segundo de Pepe Moral y, acaso la clave de esta corrida para él. Ni que decir tiene que la cosa comenzó con el matador de rodillas frente a la puerta de chiqueros, pero tras ese momento reiterativo y tras cumplir en su encuentro con el del castoreño, se presenta un toro que da la impresión de ofrecer la posibilidad del triunfo. Moral pone en marcha su tauromaquia recibiendo en seguida el apoyo entusiasta del tendido, que no cesa de jalearle su labor. La verdad es que no debería habérsele pasado la ocasión a Pepe Moral, con todo el viento a favor, de haber pisado el acelerador para poner la Plaza como una olla express, porque en esa faena se jugaba el quedar como triunfador de la Feria, pues no es lo mismo lo del Julián con el bobo de “Orgullito” que lo de este con un Miura, pero Pepe Moral no revienta a torear, no levanta de verdad la faena en ningún momento y por eso cuando el toro tarda en caer se enfría un poco el entusiasmo y se lleva una oreja y no las dos a las que debería haber optado si hubiera tenido hambre y ansia de comerse el mundo. Nadie culpe a esa tal doña Anabel, pues la culpa de no tener hoy las dos orejas de Limonero en la nevera del mueble bar del Colón es toda de Pepe Moral.

La apuesta de “a ver qué pasa en el sexto” es harto complicada en una corrida de Miura. Salió Limosnero, número 52, largo y serio y Pepe Moral estaba a un trofeo de la Puerta del Príncipe, pero Limosnero se enteraba mucho de lo que pasaba a su alrededor y en sus acometidas estaba muy presente la promesa del hule. José Chacón dejó dos sobrios y expuestos pares de banderillas para que quede constancia de su clase como excelso peón y cuando llegó el momento de ponerse a torear lo que tenía Pepe Moral era un toro de hace cien años ante el que no planteó unos recursos de poder o simplemente de lidia que le hiciesen ponerse por encima del astado. Lo intentó por los dos pitones a lo moderno y en medio de esa batalla un metepatas de estos que ahora abundan se puso a cantar un fandango o lo que fuese, y fue acabar el cante y empezar a llover a mares, sin que con esto queramos decir que el cante tuviese relación alguna con la lluvia que cayó. La cosa es que entre el agua, el lío de que si canta o no canta y demás nadie echaba cuentas del quinario que estaba pasando Pepe Moral. Falló a espadas en su primera entrada y cazó a Limosnero a la segunda. Le sacaron a hombros, pero él, seguramente, no estará feliz con su resultado.

En resumen, una entretenidísima tarde de toros, porque habiendo toros no hay quien se aburra.

La salida