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martes, 17 de abril de 2018

Las Córdobas de un burgalés. La Torre de la Mal Muerta

 Resto de muralla en la puerta de Colodro

 Torre de la Mal Muerta

Calle Adarve. Restos de muralla
La luz tras el hombre, es de la calle Marroquíes


Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Si es usted castellano y tiene intención de venir a Córdoba en mayo, como mandan las agencias de viajes, permita que le invite a acercarse a la torre de la Mal Muerta para que usted vea el agradecimiento del pueblo de Córdoba para con nuestros tatarabuelos conquistadores. Si además es de Burgos, caput Castellae pone nuestro escudo, es de obligado cumplimiento que usted pise el mismo suelo y toque las mismas piedras que pisaron y tocaron los primeros guerreros de nuestro rey paisano y santo, al que un servidor debe doble pleitesía por haberle tenido de patrón cuando la mili en San Sebastián.

       Dicen Torre de la Mal Muerta por quedar en el saber popular lo que al pueblo le gusta que son los asuntos de infidelidades, virginidad, venganzas y etcéteras, pero la verdad histórica dice que se levantó esta torre “..porque los buenos fechos de los Reyes no se olviden”, conforme aún se leía en el siglo XIX en una inscripción bajo el arco “.. e acabose en el anno de MCCCCVIII”(1.408). Cuando uno de los protagonistas de las muchas leyendas de la Torre, Fernando Alonso de Córdoba, caballero Veinticuatro (histórico personaje) vengó sus posibles cuernos andábamos casi por el 1.500. 
   
La inscripción ya no se lee, pero se ve el escudo de Castilla plantado para honrar al rey Fernando y supongo que para que durante siglos los cordobeses que han pasado por allí y los que hayan de pasar sientan curiosidad  por las peripecias que pasaron en la Edad Media. La verdad es que he hablado con muchos mozuelos sobre estas cosas y ni les interesa ni hay visos de que les nazca la mínima afición, pero el caso es que cuentan las crónicas que unos metros más abajo hubo una puerta por la que, aprovechando “cómo la ciudad estaba muy descuidada y que no se velaba ni recelaba de los cristianos”, Álvar Colodro, de Cobeña, aldea junto a  Alcalá de Henares; Benito de Baños, al que disputan el nacimiento en Toledo y Vitoria, y otros, como “...meiores algarauiados  que fueren entre nos et vayan vestidos como moros, por tal que si se fablaren con los moros, que los non conoscan... punen de se apoderar de la primer torre que fallaren, fasta que la otra gente suba..”
     
Quedamos en que por aquí se empezó a conquistar Córdoba y que ya que está usted aquí, castellano, valenciano o de donde usted sea,  póngase en la parte de la torre que da a los jardines de Colón; tome una callecita estrecha, Adarve, en la que verá restos de la muralla que cercaba la ciudad y su actual aprovechamiento y en la primera cuesta a la izquierda se topará con Marroquíes, la corta calle en la que podrá admirar posiblemente el patio más espectacular, junto al de la calle el Trueque, mi favorito, de los que tanta admiración causan a los visitantes del mes de mayo.
       
Está usted en Santa Marina. El barrio de los toreros.  Donde creció Manolete y donde aún puede usted ver las casas de paso por las que el Maestro y los vecinos del Marqués de Priego y la Lagunilla, plazas casi pegadas, cruzaban para ganar un tiempo que yo creo les sobraba. Si le gustan los toros tome un Montilla o un Moriles en cualquiera de las tabernas que rodean una de las catorce iglesias fernandinas mandadas edificar por nuestro rey Fernando III. Si no le gustan los toros, hágalo también. No se olvidará de tan buen rato.