Guillermo Luca de Tena, por Palacios
ABC AL PASO
El último Gatopardo
GUILLERMO LUCA DE TENA HIPOTECA HASTA EL COCHE PARA INCORPORAR ABC A LA TRANSICIÓN
Blog de la vida privada ("Humanismo es telecomunicación fundadora de amistades que se realiza en el medio del lenguaje escrito." Peter Sloterdijk)
Guillermo Luca de Tena, por Palacios
ABC AL PASO
El último Gatopardo
GUILLERMO LUCA DE TENA HIPOTECA HASTA EL COCHE PARA INCORPORAR ABC A LA TRANSICIÓN
ABC AL PASO
El último clásico
CAMILO JOSÉ CELA, O LO QUE REVIENTAN LOS ESCRITORES QUE ESCRIBEN DEMASIADO BIEN
Última gran portada cultural de Abc
Pedro Rodríguez
ABC AL PASO
El estilo Transición
PEDRO RODRÍGUEZ, "DESPEDIDO" POR AUGURAR DIEZ AÑOS DE FELIPISMO, QUE DURÓ CATORCE
Ignacio Ruiz Quintano
Pedro Rodríguez es el estilo Santa Transición, que parece que diciéndolo todo no dijera nada, o que no diciendo nada lo dijera todo. Son los 70. Pilar Urbano imita en su “Hilo directo” a Rodríguez, pero no tiene gracia, o a mí no me la hace. (Además, él me incluye en su lista dominical de lo “in”, lo más parecido a triunfar, cuando empiezas; ella, en cambio, me “levanta” un viaje que me he apañado con Punset, ministro-Harpo de Suárez para Europa).
Entre Pedro Rodríguez y Pilar Urbano
ABC, 23 de Abril de 1983
El estilo transicionero es el columnismo de “suspense” en el café. Alfonso Reyes lo clava: “¡Hola!” “¡Hola!” “¿Y qué?” “Pues ná”. “¿Y aquello?” “¡Toma! Pues aquello”…
–Así durante horas. No se define nada. Precisar, duele.
Es el estilo de un pueblo que se ha pasado la Historia mirando de reojo al Poder, del que sólo caen collejas.
Pedro Rodríguez es la rueda a seguir. En la dirección de ABC, Guillermo Luca de Tena debe rehacer lo deshecho en dos años de Cebrián (José Luis), y acomete su fichaje en el otoño del 78. El periodista resume sus “aspiraciones”:
–Me ha detenido siempre ante la máquina de escribir como un pudor insalvable, Guillermo, de traducir mis ilusiones a pesetas, o de ponerle precio a una puerta como la de ABC por la que cualquier profesional entra con la montera en la mano… Con ese pudor presente, te hago una relación de mi situación actual: “Arriba”, como subdirector, x pesetas mensuales, tres pagas extraordinarias, seguros, pluses, todo eso, ya sabes; en “Gaceta Ilustrada”, x pesetas por crónica semanal; x también semanales en la “Hoja”, y x en “Interviú”. Tú sabes, director, la gratitud con que yo acogería una fórmula que me permitiera, sin tirar a mi familia por la ventana, trabajar en vuestra casa, y muy especialmente, contigo.
Abc, 15 de Mayo de 1983
La relación se rompe (¡casi a lo Orwell!) la víspera de Santiago de 1984, con carta de renuncia de Pedro Rodríguez al director, Ansón:
“En mi ‘Papeleta’ habitual del domingo se incluía, dentro de un contexto irónico, esta frase: ‘Que Estos Chicos se quedan, lo que yo te diga. Que nos dan la ‘Prodigiosa Década’, je, verás’. El día siguiente, en la misma página, se publicaba la siguiente opinión del periódico, con la firma convenida de ‘Ovidio’: ‘Los más conspicuos comentaristas, reverentes del Poder, sea el que sea, prontos al obsequio, venga de donde viniere, aseguran desde las tribunas de oposición que el socialismo va a quedarse diez años en La Moncloa. Hay que dejarles. Hay que permitirles que hagan su juego, viejo juego, siempre que no creen una excesiva confusión para mostrar lo que es un periódico pluralista’. Me pellizco y no estoy soñando”.
¿Pedro Rodríguez, “reverente del poder”? Le recuerda que, de presidente de la Asociación de la Prensa, lo perseguía “para que no me metiera más con los ministros de UCD”, donde Abril Martorell (el “Don Fernando el Caótico” de Campmany) pedía cabezas.
Y se va.
Muere en diciembre de 1984. “Estos Chicos” [los socialistas] no duraron diez años. Duraron catorce.
Pedro Rodríguez
Emilio Romero, por Juan Palacios
ABC AL PASO
El azúcar de Bergson
EMILIO ROMERO: “SI LE GUSTA ESCRIBIR, LO SUYO ES EL ABC, UN PERIÓDICO-INSTITUCIÓN”
Ignacio Ruiz Quintano
Abulense, como Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Santayana o Luis Calvo Andaluz (“¡ni Luis ni Calvo ni Andaluz!”), Emilio Romero, el Gallo de Arévalo, nombrado por Sánchez Bella (a sugerencia de López Rodó) director de la Escuela Oficial de Periodismo, es quien, en el 71, lleva el periodismo a la Universidad, con la ayuda de Ansón y la oposición del almirante Carrero, que teme “llevar más agitadores” a la Universidad. Carrero le recuerda a Romero un artículo pintando a Ansón de “caballo en cacharrería”, y Romero lo tranquiliza:
–Es verdad, pero ahora me he preocupado de quitar los cacharros.
En el invierno del 78, con la perspectiva de otro año en blanco (poner copas en Ibiza en verano para pagarte un invierno de Facultad en Madrid), y por ver si lo del periodismo tiene salida, escribe uno a los periódicos donde quisiera escribir, y responden todos, incluido Emilio Romero (el gallo del periodismo, al que le roncan los cojones, atendiendo un SOS de estudiante sin más recomendación que un hambre calagurritana, ¡los 70!). Dirige el “Informaciones” de la calle de San Roque (mi primera Redacción, de visita) y me invita a filete con patatas con servicio en su casa, no sé si por Hurtado de Mendoza (mi primer almuerzo periodístico). A esa edad impresiona el “usteo” (nada de tuteo falangista, que se impondrá luego, con el felipismo): me cuenta que este “Informaciones” es un embarque sin rumbo, y se trata de elegir un destino que encaje con lo mío.
–¿Así que tiene usted una carta del ABC?
–Sí, señor.
–Pues, si le gusta escribir, lo suyo (lo mío) es el ABC. Un periódico-institución. La República no pudo con él. Caerá con la Iglesia y el Ejército.
Antonio Mingote
ABC AL PASO
La lealtad del genio
ANTONIO MINGOTE, LOS PUNTOS SOBRE LAS IES CON LOS MEJORES MODALES
Ignacio Ruiz Quintano
Hasta la aparición de Mingote, para el lector (¡el verdadero dueño de un periódico!) hay tres acontecimientos que nunca fallan: el escándalo en el Congreso, el crimen pasional y la cogida de un torero, a los que de pronto se une “la viñeta de Mingote” en ABC. Todo lo demás es cencerrada.
El periodismo viene a ser una cencerrada sin ton ni son que acaba en sonsonete. Cañabate cuenta que un vendedor de “El Cencerro”, periódico anticlerical, pregonaba con un cencerro que hacía sonar mientras gritaba: “¡Contra los frailes, que comen y no trabajan!” Alguien le dijo: “Y usted qué, ¿en qué trabaja?” Y el vendedor se explicó: “¡Yo no trabajo, pero tampoco como!” Y le arreó con el cencerro en la cabeza.
En el periodismo sólo vale la pena caer para firmar un “Pedro Páramo” de Rulfo o un “Hombre solo” de Mingote.
Hombre solo
Mingote representa una lealtad superior, espiritual (desconocida en periodismo), con ABC y los Luca de Tena, la clase de lealtad descrita por Alain como “una libre y dichosa promesa a sí mismo, que cambia una simpatía natural, por encima de edades, pasiones, rivalidades, intereses y azares, en un acuerdo inalterable”. Rechaza grandes ofertas, gesto que no le perdonarán nunca.
En 1975, asume la dirección de ABC José Luis Cebrián, miembro del Opus Dei (“esa aventura estrictamente particular”, según la revista “Ecclesia”). A los becarios del 79 nos cuentan que Cebrián, cuyo San Juan o discípulo más amado es Pedro José Ramírez, corregía con tipex los escotes de las actrices setenteras en las fotos del Archivo. Y choca con Mingote, que en febrero del 76 le escribe una carta con toda la fuerza “fundante” de ABC:
“Querido José Luis: Después de la muerte de Franco no he vuelto a hacer ningún chiste sobre esos personajes [inmovilistas, Gundisalvo] que simbolizan para mí una época acabada. Los hago sobre los que hostigan al Gobierno actual. Y me sorprende que a esa Casa de ABC le alarmen unos chistes con los que pretendo ayudar a un Gobierno que es el primero del Rey. No comprendo bien cómo esos reaccionarios […] pueden influir en esa Casa que, por definición, ha de estar al lado del Rey y no de quienes ponen en peligro el trono […] Estos buenos modales que yo aspiro a tener me impiden, por ejemplo, hacer chistes sobre la oposición de la izquierda, que ni decide ni gobierna. Y si hacer chistes sobre los que no han podido levantar cabeza durante cuarenta años me parecía una cobardía, darles ahora en el cogote cuando empiezan a asomarlo a duras penas me parecería innoble […] Pero yo ya soy viejo para aprender, querido José Luis, de modo que voy a seguir haciendo lo que he hecho hasta ahora, y aceptaré con mansedumbre cristiana, hasta donde yo sea capaz, que me rechaces los dibujos que consideres rechazables.”
“Querido Antonio: Actúa como siempre, con naturalidad, y no le des más vueltas al asunto. José Luis”
Mingote pasa por la vida, ruanescamente, “con un corazón en zapatillas”, que nunca sabe o quiere hacer ruido al andar.
Cañabate, por Dávila
ABC AL PASO
El pacto sinalagmático
ANTONIO DÍAZ-CAÑABATE ES TRES MOMENTOS PERIODÍSTICOS: JARABO, VENANCIO Y PALOMO
Ignacio Ruiz Quintano
Antonio Díaz-Cañabate y Gómez-Trevijano, El Caña, es la hoguera campamental del costumbrismo donde se hace el puchero del gran cocido madrileño.
Libros aparte (“Historia de una taberna”, la de Antonio Sánchez, e “Historia de una tertulia”, la de Cossío en el Chiki-Kutz de Recoletos), Cañabate, abogado y periodista, que sustituye a Selipe (José María del Rey Caballero, abogado y periodista) en la crítica taurina de ABC, es tres momentos: Jarabo, Venancio y Palomo.
El momento Jarabo son sus crónicas “escritas en la Audiencia, junto al banquillo”, del proceso, en el invierno del 59, a José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, Jarabo (compañero de curso de Ansón en El Pilar), que culmina en la pena de muerte y ejecución del reo en la Modelo. Son crónicas dignas de la antología del Nuevo Periodismo de Tom Wolfe, y el periodismo no conocerá otro éxito de opinión semejante hasta las de Martín Prieto en los juicios de Campamento por el 23-F en el 82. La falta de martinesprietos y cañabates en el gran juicio del “Prusés” revela la caída de pupila y de muñeca en un oficio de “ágiles reporters” que miran al mundo con la boca.
En la biblioteca de ABC
El momento Venancio son las memorias de un vendedor de periódicos leídas el 2 de Mayo del 68 en la Hemeroteca Municipal, “la Inclusa de los periódicos”.
–Yo quería a los periódicos como a mis hijos y a mi costilla, que me salió de azúcar cande. El olor a tinta es como el de manzana, fresa, melón de Villaconejos y, ¡ahí va esa liebre!, el de mujer… Vamos, que atrae. Vender la Prensa es como escribirla, por eso los vendedores nos llamamos periodistas.
Venancio vocea periódicos junto a un vejete que vocea “El Motín” de José Nakens, que no se vende. ¿Por qué no vocea el ABC?
–¿Quién, yo? Pero ¿tú sabes quién soy yo? Soy un hijo espiritual de don Francisco Pi y Margall y firmé con él el pacto sinalagmático de la república federal, y un hombre sinalagmático no puede difundir la prensa que hizo fracasar el pacto sinalagmático. Lo sinalagmático es lo bilateral. ¿Te enteras?
Y el momento Palomo es su crónica del rabo de Palomo (“rosquillas del Santo”) en San Isidro del 72:
–Nada de copas, que lo que tenemos que tratar es muy serio. Ten en cuenta que en este momento tenemos tú y yo un rabo en el cuerpo que nos pega cada coletazo que a mí, por lo menos, me balda.
En febrero del 80, con ABC en crisis, Cañabate, al contrario que Mingote, tiene un mohín desleal (¡es la gran kermese de deslealtades del 77!), y Guillermo Luca de Tena le envía una nota:
“Querido Antonio: Sólo unas líneas para darte cuenta de mi dolorosa sorpresa al leer en ‘El País’ tu artículo sobre los carnavales. Sin entrar en el derecho del escritor a colaborar donde quiera, siempre he creído -con independencia de la cantidad que te abonamos invariablemente todos los meses- que eras “un hombre de ABC” desde la cruz a la fecha, un lujo de este periódico que se enorgullece con tu firma. De ahí mi pena por ver tu nombre fuera de esta Casa”.
Muere el día de San Roque de 1980.
José María Pemán, por Menéndez Chacón
ABC AL PASO
El secreto del artículo
JOSÉ MARÍA PEMÁN, "CREER SÓLO EN DOS O TRES COSAS Y BURLARSE DE TODO LO DEMÁS"
Ignacio Ruiz Quintano
Al pasar por la casa de Pemán, donde una placa dice “Aquí nació don José María…”, al Beni de Cádiz lo detiene su compadre, el Cojo Peroche, con una angustia gaditana y estival: “¿Qué crees que pondrán en nuestro balcón cuando faltemos, Beni?” Y el Beni contesta: “Se vende”.
José María Pemán es el articulista con balcones a la calle, que es la Gran Vía.
–Escribir en ABC es como hablar en un balcón de la Gran Vía.
Umbral, que va de articulista, lo aborda en el café Gijón porque Pemán, dice, tiene el secreto del artículo (“quizás sólo Ruano y él lo tenían, tan diferentes”).
–Mire usted, hay que creer sólo en dos o tres cosas fundamentales y burlarse de todo lo demás. Así se hacen los artículos –es el consejo que le da Pemán.
Pemán y Ruano, al irse, nos dejan los artículos, pero se llevan el secreto. “Menos escritores y más periodismo”, vocea editorialmente, contra ABC, Salas (Juan Tomás), que se ve mangoneando la Santa Transición, y su periodismo-cover va de “Mendoza, el hombre de Moscú” (Cambio 16) a “Maricones en el Ministerio de Cultura” (Libre).
En realidad, la Transición supone la desnacionalización de España y la desarticulación del artículo como planteamiento (noticia), nudo (ensayo) y desenlace (poema). Nacen los aspergiadores del Consenso –concepto franquista donde los haya–, y todos los cursis se hacen politólogos, pero igual que después del Vaticano II no hay teólogo capaz de dar con una oración en la Biblia, después de la Transición no hay politólogo (uno, al menos, no lo conoce) capaz de enumerar un solo principio de la democracia representativa.
Frente al humanismo de Pemán (“ludismo de las ideas”, dice Umbral de lo de Pemán, “que viene de Voltaire hasta André Gide”), el articulista transicionero maneja una morralla fascicular y septembrina con que rellenar un onanismo de yesaire que produce columnas-pisapapeles en forma de gatitos de escayola (¡aquellos estucos de los portales con pretensiones!) y marmolillos de Jadraque, dejando al oficio sin público.
Pemán se ufana de “haber devuelto la ironía y el humor a la defensa de las cosas serias y fundamentales”. Sus enemigos lo llaman “facilidad”, y él no la niega: “Tres cuartos de hora para cualquier artículo, un poco escandaloso para esta hora que tiende a conceder admiración como los vales de leche, “nada más que a la miseria y a la angustia”.
–Para el lector medio parece que toda prosa se vuelve jeroglífico. Está tan persuadida la gente de que uno no dice lo que quiere decir, que a todo le buscan reticencias y alusiones. Los artículos de temas domésticos, casi lindando el “cuadro del género”, son los que más eco producen.
Pero ¿y el secreto del artículo? ¡Desconfiad siempre de los tristes, de los petulantes y de los afectados! Hay que dosificar, dice, como en una salsa los varios elementos de amenidad, doctrina, ironía y seriedad.
–El arte del articulista es dejar caer una gota de perennidad en lo “diario” y efímero. El lapso que va del desayuno a la sobremesa de la cena es la “inmortalidad” a que debe aspirar el articulista.
José María Pemán con Rafael Alberti
Agustín de Foxá
ABC AL PASO
El último de Filipinas
AGUSTÍN DE FOXÁ RECORRE EN AVIÓN TODA LA LENGUA ESPAÑOLA, EN CUYA GRAMÁTICA NO SE PONE EL SOL
Claudio Sánchez-Albornoz, por Sirio
ABC AL PASO
La excepción ética
CLAUDIO SÁNCHEZ-ALBORNOZ, A LAÍN: “USTED DECLARA LEER A KANT; YO RECONOZCO QUE LEO EL ABC”
Ignacio Ruiz Quintano
Don Claudio Sánchez-Albornoz es el único ejemplo ético (es decir, el contraejemplo) de la Santa Transición, remedo cultural y social del Directorio francés, ese vivalavirgen liberador que sucede a la muerte del dictador (Robespierre, Franco…)
–La pobreza es una idiotez; la virtud, una torpeza; y todo principio, un simple expediente… -dirá Barrás.
En la República, don Claudio, que habla del “cortocircuito de la Modernidad española”, lleva del bracete a Azaña (¡el cojo de Quevedo llevando al ciego al hombro!), que nos lleva a la cuarta guerra civil (“Si había un hombre mal dotado para presidir la gran batalla, ése era don Manuel”, reconocerá a toro pasado don Claudio).
A la ortegada “Castilla hizo a España y la deshizo”, en las Constituyentes del 31 contesta don Claudio: “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”, corrección que hacen suya Unamuno y el propio Ortega.
–La guerra está perdida –dice Azaña a don Claudio en Valencia–, pero si por milagro la ganáramos, en el primer barco que saliera de España tendríamos que salir los republicanos. ¡Si nos dejaban!
La dignidad en el exilio de don Claudio es única. Umbral tiene experimentado que los exiliados en general no perdonan, a su vuelta, que España haya seguido sin ellos, al margen de las intrigas de El Pardo.
–Querían no incorporarse a nosotros, sino implantarnos sus años veinte. Pero sus años veinte eran pura cretona.
Don Claudio permanece en Buenos Aires tieso como una torre de coraje, consagrado a luchar contra las fantasías moras de Américo Castro (la otra castroenteritis, antes de la de Fidel), grandiosa polémica que en el 74 se dirime en las páginas de ABC.
–Orgullosamente usted declara leer a Kant –dice don Claudio al pedantón de Laín, que sale en defensa de las “vividuras” castristas, con la ayuda del metomentodo Ridruejo–; humildemente yo reconozco que leo el ABC.
Laínes y Ridruejos tienen más mano y don Claudio deja de colaborar hasta que Guillermo Luca de Tena asume la dirección del periódico y lo invita a recuperar los envíos. La respuesta de puño y letra de don Claudio es un modelo de rectitud castellana:
“Distinguido amigo: Dejé de colaborar en ABC por la andanada que su hermano [Torcuato] lanzó contra mí interviniendo sin razón alguna en mi réplica al ataque Laín que me había llamado “alanceador de republicanos muertos”. Me invita a reanudar mi colaboración. Muchas gracias. Acepto. Pero no se haga muchas ilusiones, pues van a caer pronto mis 85 años y... En agosto de 1976 escribí un largo ensayo que titulé “Las claves de nuestro tiempo”. Iba a prologar una enciclopedia proyectada por Sarpe. No se ha publicado ni se publicará. Pero no logro arrancarles la autorización para darlo yo a la imprenta. Si lo lograra o lo consiguiera usted tendríamos uno o dos artículos. Los arreglaría. En caso contrario quizás escribiera unas páginas tituladas “La Historia es la historia de la inflación”. Buenas intenciones no me faltan. ¿Tendré fuerza? Dios dirá. Un cordial apretón de manos de su amigo que le desea grandes éxitos. Buenos Aires. Diciembre, 1977”
–Sabe usted que adoro España y que deseo la reconciliación y la paz de los españoles –le dice en otra carta–. Soy muy viejo y no veré el fin de la pesadilla.
Ramón Pastor
ABC AL PASO
El hueso de la Censura
RAMÓN PASTOR, LA DISCRECIÓN Y, ESA COSA NUNCA VISTA EN EL OFICIO, LA LEALTAD
Ignacio Ruiz Quintano
En lo más duro de la censura franquista, el ministro Ibáñez Martín, tutor del sector opusdeísta del Régimen, es el Florito de los censores, que son los cabestros encargados de llevarse los toros devueltos al corral, una cosa muy nuestra.
A Ramón Pastor le tachan la frase “la vieja España de Alfonso X el Sabio” porque es “propaganda monárquica”. Pastor protesta y en Prensa le aclaran que “al ABC no se le permitiría hablar ni de Recesvinto”.
El ministro Ibáñez publica un día un decreto sobre enseñanza y el director general de Prensa pide el apoyo del ABC. Pastor se niega. El cabestro se viene arriba (esto no pasa en los ruedos) y envía un artículo “de inserción obligatoria”. Pastor desobedece. Es amenazado con la destitución (los directores los nombra el gobierno) y con las multas. Pastor no se mueve. Juan Ignacio Luca de Tena, que se encuentra en Barcelona, regresa por la noche. En casa le informan del asunto. Habla con Pastor y le da la razón (“el director es Dios”, ha oído uno siempre en la Casa).
–Se la hubiera dado en cualquier caso, estando o no conforme con él, porque siempre he tenido por costumbre respetar las decisiones de los directores del periódico. Si no me gustaban los sustituía, pero, mientras durasen, acataba su criterio. Jamás como en los tiempos de la dirección de Pastor ha sido tan duro el régimen de prensa.
El editor acude al ministro y el ministro se evade con triquiñuelas. Y un día JILT tiene la ocasión de contárselo a Franco, que le responde gallegamente:
–Pero ¿es posible que estén tan locos?
Que viene a ser la misma evasiva que le suelta a Pemán cuando va a quejarse de sus tachaduras: “Pemán, ¿usted ha visto cosa más tonta que un censor?”
El enfrentamiento definitivo lo tiene Pastor a raíz del primer plebiscito sobre la sucesión, al que reacciona Don Juan con sus dos manifiestos, “y toda la prensa, por orden ministerial, desencadena una violentísima campaña contra el Conde de Barcelona”. Lo amenazan con la suspensión, pero se conforman con una sanción de restricciones de papel que cuesta varios millones a la empresa.
Pastor tiene por “delicadeza de pasión” la lealtad y acompaña a JILT desde que coinciden en El Pilar (promoción del 15). Algo único.
–Mis “amigos” bajo la dictadura –recuerda, sobre lealtades, García-Trevijano– se hicieron “razonables” bajo la monarquía y les convino pasar a detestarme. Y los que lograron no confundir sus sentimientos, conservan el recuerdo de la amistad a condición de no hablarnos en público, ni buscarnos en privado.
Pastor es redactor de mesa en ABC y en 1930 (“ese año se contagió de la epidemia republicana que asolaba al país”) pasa a confeccionador y subdirector de “Blanco y Negro”.
–A mediados de mayo del 31 –cuenta JILT–, Pastor vino a visitarme a la cárcel. En el locutorio me agarró las dos manos con las suyas a través de las rejas, y con los ojos arrasados en lágrimas me dijo: “¡Perdóname!” Y se marchó corriendo.
En el 36 no puede salir de Madrid y se refugia en la Embajada de Francia. En el 39 es el primero en llegar, con Cuartero, a Serrano, 61.
Ramón Pastor con Torcuato Luca de Tena
Wenceslao Fernández Flórez
ABC AL PASO
El relimpio de su generación
WENCESLAO FERNÁNDEZ FLÓREZ DICE A DON TORCUATO QUE LE PAGUE BIEN LOS ARTÍCULOS MALOS, QUE LOS BUENOS SE LOS REGALA
Ignacio Ruiz Quintano
Wenceslao (“Don Wenceslado”, para las señoras finas) Fernández Flórez hace con la crónica parlamentaria lo que Gregorio Corrochano con la crítica taurina, elevarla a género literario, hoy extinguido. Ante las “Impresiones de un hombre de buena fe” de WFF, el periodismo parlamentario que se oferta desde la Transición (todas las libertades, menos la de elegir a nuestros gobernantes) debiera despacharse con un ansoniano “¡Fuera de mi vista, gacetilleros!”
–No hay más que dos grupos humanos: los que guisan con aceite y los que guisan con manteca. Los semidioses y los esquimales –suelta D’Ors en un almuerzo de Pascua de la Española, y WFF, que es gallego, se levanta, molesto, pero tercia Pemán y vuelve a sentarse.
Su llegada a ABC tiene la gracia de sus crónicas. Un año lleva intentando, en Madrid, “taladrar el muro de la indiferencia”, y un día, mientras apura en La Coruña una colilla veraniega, desconocido, oscuro, recibe un telefonema de Luca de Tena: “¿Le conviene escribir en ABC las impresiones parlamentarias?”
–Incluir su firma en ABC es la oportunidad más codiciable para un cronista. Luca de Tena nunca cohibió el pensamiento de quienes a su lado escribíamos... Cierto artículo mío motivó que se prohibiese la venta de ABC en determinada región. No sólo no me indujo don Torcuato a cualquier rectificación, sino que no me habló del asunto más que al azar de un encuentro en el ‘foyer’ de un teatro. Me dijo: “¿Sabe usted cuánto le cuesta hasta ahora al ABC su crónica de tal día?” “No”. “Ochenta mil pesetas.” Y se alejó sin una sombra de enfado.
WFF percibe en ABC cien pesetas por artículo, tres veces más de lo habitual. Tarda hora y cuarto; hora y media, si el artículo es bueno. Si es malo, más: “Cuesta mucho trabajo y por eso sale malo. Yo le decía a don Torcuato que me debía pagar muy bien los artículos malos y que los buenos se los regalaba”.
Su sensibilidad ideológica es socialista, pero Mainer, un maño sexador de pollos literarios, lo adscribe a lo peor porque “aceptó la Dictadura de Primo de Rivera” (¡como todo el Psoe!). WFF, muy crítico con los personajes de la República, tiene billete de coche-cama a Estoril en el bolsillo para el 18 de julio del 36, y no puede salir. Comienza su pesadilla, que tiene tres sonidos: el automóvil que pasa frente a la casa, el ascensor que sube y el timbre de la puerta que tintinea. No vuelve a ser el mismo.
Mingote va a la Feria del Libro con el primer tomo de las Obras Completas de WFF para que se lo dedique. “Con amistad y admiración a Antonio Mingoti”, escribe el maestro.
–O sea, me admiraba, pero no tanto como para aprenderse mi apellido.
En seguida se ha ido, amabilísimo, pero resbalante, como si estuviera en un espejo, anota Ruano, que lo visita en su casa de Alberto Aguilera:
–Es el relimpio de su generación.
Wenceslao Frnández Flórez
Edgar Neville, por Menéndez Chacón
ABC AL PASO
El novio de la Envidia
EDGAR NEVILLE, EL “BON VIVANT” DE
LA ÚNICA GENERACIÓN HUMORÍSTICA QUE DA ESPAÑA
Ignacio Ruiz Quintano
Edgar Neville, un hombre criado, al decir de Ramón Gómez de la Serna, con biberón de leche de elefante traída de la India, nace novio de la Envidia.
La envidia mediterránea, esa enferma siniestramente pálida que describe Ovidio, es, en palabras de nuestro único pensador político, “un subproducto moral de la competencia en la miseria”: por los puestos funcionariales en el Estado, por la influencia familiar en las colocaciones y por la buena fama en las reputaciones.
–La envidia calumnia las buenas famas pare reducir la competencia por un salario en la “covachuela”. Es nuestro modo de lucha por la existencia.
Hijo de ingeniero inglés y de aristócrata española, de quien hereda el título (Conde de Berlanga de Duero), nace Neville el Día de Inocentes del 99 y muere –víctima de la bulimia– el Día de Cervantes del 67 (“¡Lástima! Ahora que estaba en los huesos”, es su epitafio), pero los ratones de la “covachuela·” llevan todo el siglo veintiuno royendo papeles para determinar si Edgar Neville es digno del callejero de Madrid.
–Ya tenía perro, chalé, coche, piscina, amante, secretaria y mayordomo, cuando los demás teníamos café con leche –lo resume Fernando Fernán Gómez en su charla “El dandy en la taberna”.
Neville es el “bon vivant” de la única generación humorística que da España (¡el otro 27!), con José López Rubio, Tono, Jardiel, Antonio Robles, Mihura… Inglés y conde, El Pilar, hockey sobre hielo, La Granja, Biarritz, París, Hollywood, Chaplin, cine, la Metro, Washington, diplomacia, Conchita Montes, Marbella, flamenco, Belmonte, toros, coleccionista de arte, la vaca María Emilia, tacaño… En septiembre del 63 pide, a mano, un aumento al director de ABC:
“Querido Torcuato: Decididamente soy el elemento jovencísimo del periódico, mi apertura al mundo dolce y mi morgue espagnole…
”Una inmensa riada de lectores va conmigo y arrolla a los contrarios e incontables. No crees tú que después de tantos años me debías de subir el sueldo y darme mil pesetas en lugar de las 450 de ahora?
”Ten un buen movimiento de brazo y piensa que esa cantidad me la dejo al mes en ABC, otra vez, poniendo éste o el otro anuncio.
”Cela reviens au même.
”Un abrazo.”
Es el mismo Neville que en el 29, siendo corresponsal de ABC en Hollywood, publica su encuentro con Charlot (“la abuela de Charlie fue española, y él tiene sangre gitana”) en el baño turco de Douglas Fairbanks.
Políticamente es inclasificable, pues se mueve en el veletismo del “bon vivant”: militante de Izquierda Republicana y de Falange Española, además de devoto del siniestro Álvarez del Vayo, un socialista que, cuenta Camba, iba por Londres gritando “¡Bigopardo!” (“I beg your pardon!”) a cualquier inglés con el que tropezara, inglés que muchas veces, viendo venir juntos el tropezón y el insulto, llegaba a las manos.
En los 80 unos amigos revisitamos el cine de Neville, y trato de incorporar a Conchita Montes a la sección “Gente y Aparte” de ABC, pero ella no ve la hora de ponerse al folio, y sólo nos escribe cartas divinas.
Gecé, por Fernando del Arco
(Asociación Antiguos Alumnos Instituto Cardenal Cisneros)
ABC AL PASO
El celestino en retaguardia
ERNESTO GIMÉNEZ CABALLERO, GECÉ, QUE QUIERE BATIRSE A ESPADA CON ABC
Ignacio Ruiz Quintano
Ernesto Giménez Caballero, Gecé, es el gran histrión de nuestras letras, y eso incluye el periodismo.
En la Complutense de los 70, Gecé se lleva menos aún que el Psoe, y uno, por entretener el muermo, elige para las prácticas entrevistarlo en su casa de El Viso, que huele a gárgola (los demás eligen a Pina López-Gay).
–¡Suárez es Don Quijote liberando a los galeotes! –me dice Gecé, como estirando el chicle literario de la Falange, que está en el Consenso.
El celestino de todas las vanguardias, que en realidad son retaguardias, tiene todo su futuro por detrás (eso dijo de uno otro que empezaba en esto), y ves que Gecé publica en “Blanco y Negro” su primer poema y que luego se convierte en el ariete cultural de “El Sol”, el diario del beaterío progre, donde un día quiere entrevistar a Azorín, que no se deja entrevistar (¿para qué, si no habla?), y Gecé se venga sacando a relucir un ejemplar de la primera edición de “Castilla” con las hojas sin cortar que dice haber comprado en un puesto de viejo y que lleva la dedicatoria “A don Torcuato Luca de Tena, ilustre periodista y admirado amigo, cordialmente Azorín”.
Luca de Tena contesta con una nota, “La cola de un robo y el desparpajo de Jiménez”, tratando a Gecé de perista, “pues nadie, por muy Jiménez que sea, puede imaginar que el señor Luca de Tena necesita malvender sus libros, incluso los que llevan su nombre en las dedicatorias”. A Gecé sólo le queda el duelo.
–Aquella noche a medianoche me cogí al pequeño Andrenio y al gran Américo Castro: “¡Ustedes son mis padrinos! ¡Me voy a batir a espada con ABC!
Y cuenta que Anatole France iba echando todos los libros dedicados que recibía al baño de su casa, hasta que un día, asustado de la cantidad, llamó a un trapero y le preguntó qué se podía dar por aquello. “¡Cincuenta francos!”. “No me parece mucho”, se dijo Anatole. Y cuando metía mano a la cartera se encontró con la agradable sorpresa de que era el trapero quien le entregaba a él los cincuenta francos.
–A todas las grandes firmas de la pluma les pasa alguna vez algo semejante.
Por lo que tiene de silueta cultural del oficio de escribir viene a cuento la “agarrada” de Juan Ignacio Luca de Tena con Gecé en el 38, con España todavía en guerra. “EGC –dice la nota de JILT– ha sido eliminado del cuadro de colaboradores de ABC por haber escrito en otros periódicos un artículo que al mismo tiempo intentó publicar en ABC de Sevilla, llamando traidor al general Martínez Campos… EGC cobraba en ABC por cada uno de sus artículos cien pesetas. Pero ahora resulta que esos artículos los enviaba simultáneamente a distintos periódicos de otras provincias. El de marras se había publicado ya en ‘La Voz de España’ de San Sebastián y en ‘La Gaceta del Norte’ de Bilbao, cuando intentó cotizarlo en ABC de Sevilla. Y resulta, además, según confesión propia, que lo publicó ‘hace año y medio’, en ‘La Gaceta Regional’ de Salamanca”. Es decir, que no solamente era un artículo circular, sino un refrito”.
Ernesto Giménez Caballero
Juan Ignacio Luca de Tena
ABC AL PASO
El delfín en su laberinto
JUAN IGNACIO LUCA DE TENA Y UN DETALLE QUE SÓLO SE COMPRENDE
AL CAMBIAR DE PERIÓDICO
Ignacio Ruiz Quintano
Juan Ignacio Luca de Tena nace delfín, príncipe heredero, que es, dice Pemán, lo más fácil o lo más difícil que existe, según se oriente la vida a la inercia comodona o ala auténtica personalidad.
–Cuando Eduardo VII, tantos años Príncipe de Gales, se ponía su gardenia en el ojal, lo que hacía era luchar por hacer algo personal.
JILT es el esfuerzo brillante por salvar su nombre de pila, en peligro siempre de naufragar en ese mar de apellidos logrados y títulos solemnes como pesan sobre este príncipe de Gales del “Blanco y Negro” y del ABC (“el abecé de la conciencia nacional de España”).
Y pesa mucho. Don Torcuato lega al delfín una posición que es un milagro (debió dejarse los cuartos en un casino, como los demás, pero eligió el periodismo y transformar un oficio de rufianes en un deporte de caballeros, detalle que sólo se comprende al cambiar de periódico), y el delfín, sin moverse de sitio, se encuentra, por los tropezones de la Historia, en la oposición.
Al final de la guerra, el delfín recupera ABC, incautado desde el 20 de Julio de 1936; los primeros en llegar a la casa de Prensa Española en Serrano son José Cuartero y Ramón Pastor. Baja la Redacción usurpadora con su director a la cabeza, que entrega la casa a Pastor y a Cuartero y salen (“en paz, sin venganzas”, por orden del propietario y director) a la calle. Van llegando los antiguos redactores, procedentes de sus escondites. Aparecen rodeados de amigos. Cuando llega JILT no cabe ni un alfiler. Se abrazan y se ponen a hacer el periódico, un número extraordinario, pequeño, sin huecograbado, que sólo en la capital vende medio millón de ejemplares. Un año después, JILT es enviado de embajador lo más lejos que encuentra el Régimen, a Chile, y se lleva a Ramón Pastor de agregado de Prensa.
Al morir el fundador, en el 29, su hijo, un treintañero Juan Ignacio, cuya vocación era el teatro, se hace cargo de ABC, donde había comenzado de cajista de imprenta (“como el Julián de ‘La Verbena’”), y acomete (¡gran libelista!) las singladuras de la República y el franquismo. Un editorial sobre Prieto lleva al ministro a querellarse contra JILT. En la conciliación con Jiménez Asúa, abogado de Prieto, y Colom Cardany (asesinado tres meses después), abogado de Luca de Tena, el juez dice al oído del periodista: “Escápese usted, que le tengo que meter en la cárcel”. De madrugada, Juan Ignacio huye de polizón en un aeroplano de línea francés.
–Y empecé a conspirar por primera vez en mi vida.
En el franquismo, dice Sainz Rodríguez, “Franco desea, por todos los medios, convertir el ABC en órgano de su política... pero falla rotundamente en sus maniobras de captación”. La posición de JILT, “monárquico por emoción” (para Ridruejo, “un señorito demócrata”): evitar que a Franco le suceda el franquismo. En el 68, ABC se sitúa entre los diez primeros periódicos del mundo (“Quality Papers”).
Una muletilla profesional de JILT:
–Muchas veces me he jugado el periódico y hoy es una de esas noches.
Juan Ignacio Luca de Tena