viernes, 11 de abril de 2014
El País rectificó a su crítico de cine por "Ocho apellidos vascos"
viernes, 14 de marzo de 2014
jueves, 13 de marzo de 2014
domingo, 9 de marzo de 2014
lunes, 10 de febrero de 2014
Los Goya del 63*
sábado, 8 de febrero de 2014
miércoles, 15 de enero de 2014
viernes, 3 de enero de 2014
Lo último de Almodóvar
viernes, 4 de octubre de 2013
Toreros americanos, cineastas españoles... ¡qué tontería!*
martes, 31 de julio de 2012
jueves, 1 de marzo de 2012
lunes, 20 de febrero de 2012
1.259 espectadores y un Goya han visto 'Escuchando al juez Garzón'

Click
martes, 24 de enero de 2012
jueves, 29 de septiembre de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
Angelines, la pequeña campesina
Click
sábado, 19 de febrero de 2011
viernes, 18 de febrero de 2011
jueves, 17 de febrero de 2011
Un Guión
Se me acaba de ocurrir un guión para una película española que no puede fallar.
El comienzo es en una casa de ocupas en el barrio de Lavapiés. Ella es una profesora de artes plásticas, muy divertida y marchosa, que se encuentra allí con su amante. Su marido es un bróquer medio tonto, que no tiene conciencia artística y trabaja, el hombre. El amante de ella vive en la casa y es traficante de drogas y de permisos de inmigración. Lleva barba de varios días y dice tacos contínuamente. A veces muge también, pero esto el guión no acaba de explicarlo. Está muy concienciado y entre papelina y papelina escribe unas cosas muy bonitas sobre la okupación. A su vez en la casa vive una monja exclaustrada que un día tuvo un bajón en la catequesis y se dio a la homeopatía. La ex-monja se acuesta con un moro partidario de la Alianza ésa. Como el moro se dedica a ver la tele por encima del hombro mientras están en ello, la homeópata tiene que gritar de vez en cuando “Viva la República” y Mohamed vuelve a lo que estaba.
Hay también un chino antisistema, que vende farolillos de colores. Este papel todavía no lo tengo muy definido. Aparecen además un actor en paro, un delegado sindical y una cleptómana convulsiva. Se podía hacer luego un cameo con Wyoming, Pilar Bardem o Joaquín Sabina. Aunque habría que escribirles algo, unas palabras, no sé. Algo como que entran en el piso y dicen:” Joder, qué marcha”. Algo así.
Luego, entre todos, una tarde deciden estafar al bróquer y a su pobre madre, que es de la Adoración Nocturna. Entonces se visten y se van a visitar a la señora a su chalet de Pozuelo. En el chalet hay fotos de Franco y de Fraga dedicadas en las paredes. La criada filipina sirve el té. La madre del cornudo coge la taza levantando el dedo meñique. Ellos le quieren proponer que invierta en una empresa de estampas de devoción que están montando. Pero la entrevista empieza a fallar porque el camello dice todo el tiempo: "Coño, qué keli más guapa", y se guarda las cucharillas de plata en el bolsillo. El moro ha intentado meterse un pez por la nariz y el delegado sindical levanta el puño cada vez que le preguntan algo. La madre del bróquer es de la Adoración Nocturna, pero no tonta del todo, y percibe que los simpáticos ejecutivos quizá no conozcan estrictamente el bussines de las estampas marianas.
Todo se va al traste, finalmente, cuando la monja exclaustrada tiene una revelación al ver el retablo de la Inmaculada y se pone a entonar “Con flores a María”, al tiempo que se despoja del mono de cuero que la viste, abriendo las cremalleras lentamente.
Ellos regresan, diciendo tacos, a su buhardilla. Se ve la calle y un cine vacío y se dispersan de nuevo, en busca de otra ocasión. Plano final. Música de Ramoncín.
El guión es excelente, aunque todavía le faltan algunos detalles. Ahora bien, ¿dónde puedo cobrar la subvención?
miércoles, 16 de febrero de 2011
Guiones a 2.000 euros el folio
Pablo Molina
El cine español constituye un microcosmos ajeno por completo a las circunstancias que concurren en el mundo real, de tal forma que ni la devastación financiera más profunda como la que actualmente padece el país, con cinco millones de dramas familiares incluidos, afecta en lo más mínimo a un sector que sigue viviendo del trinque presupuestario, encantado de parasitar el esfuerzo ajeno a cambio de hacer sus tontadas.
Pero si las subvenciones al cine español, una industria cuya producción no vale en el mercado ni las ayudas que recibe, es algo escandaloso en términos generales, les sugiero que nos detengamos hoy un momento en una línea de subvenciones al cine de lo más sugestivo, tras lo cual vamos a tener una imagen fidedigna del punto exacto de cocción en el que se encuentra la desvergüenza político-cinematográfica de nuestro país. Nos referimos a las subvenciones que el Gobierno de España concede a la elaboración de guiones de largometraje, gracias a las cuales comprobaremos a quiénes y con qué requisitos entrega Zapatero el dinero extraído previamente de nuestros ya paupérrimos bolsillos.
Lo primero que llama la atención de las ayudas a la elaboración de guiones para películas de largometraje es que no resulta necesario acreditar que los textos premiados van a llegar a la pantalla grande, que es algo así como conceder una subvención a una fábrica de coches que no fabrica coches, con lo que la ayuda consiste en un empujoncito estatal para que el personal tenga una alegría presupuestaria y pueda seguir viviendo de la fabricación fantasmagórica de vehículos sin necesidad de tener que dedicarse a otra actividad productiva. En realidad ni siquiera es necesario escribir un guión para trincar la pasta, ya que, a efectos de la concesión de estas ayudas, basta con presentar una sinopsis y un tratamiento secuenciado para que el ministerio te conceda, si tienes suerte o un apellido famoso, cuarenta mil euros con cargo al bolsillo de los demás, que no otro es el importe de las quince ayudas previstas en cada convocatoria. Dividan el pastón recibido per cápita entre los 20 folios exigidos y verán que esto de hacer guiones es más rentable que realizar estudios para la Generalidad catalana sobre la almeja brillante, que hasta el momento estaba considerada como la actividad analítica más productiva de todas las que se llevan a cabo en este país.
La segunda sorpresa es el nombre de algunos de los agraciados con estos "premios" que el Ministerio de Cultura concede anualmente. En la última convocatoria resuelta, correspondiente al ejercicio 2010, podemos encontrar por ejemplo nombres tan conocidos como el de Gracia Querejeta, Emilio Martín Lázaro, Antonio Mercero (hijo) o los jóvenes y muy prometedores Jaime Chávarri y Gonzalo Suárez, especialmente este último, que a sus setenta y seis años todavía se presenta a estas convocatorias para llevarse cuarenta mil perifollos y la satisfacción de ver su nombre entre los elegidos.
Los cuarenta mil euros que los quince cineastas señalados por el dedo ministerial se embolsan anualmente con la simple presentación de veinte folios escritos por una sola cara es el doble de lo que gana al año una familia media que tiene la suerte de tener al menos uno de sus miembros en activo. Y es que esto del cine español ya ha dejado de ser un despelote presupuestario para trincones insolentes. Con la que está cayendo, con más de un millón de compatriotas acudiendo a los comedores sociales, repartir cien millones de pesetas cada año entre quince cooptados a cambio de nada es ya un asunto de pura crueldad. Por cierto, un tema excelente para un guión. Lástima que en España no haya "subvenciones" para ponerlo por escrito y presentarlo a concurso.
viernes, 11 de febrero de 2011
Cine español, toreros norteamericanos... ¡qué tontería!
Esto del cine se entiende muy fácilmente. Ahora mismo acaba de empezar la famosa Berlinale ésa que decía siempre el crítico Gasset Dubois hasta que le aplicaron el ERE, al hombre. Bien, pues para hacer la prueba del latazo cinero nos vamos raudos a internet para buscar la sinopsis de tres películas españolas que acuden a diversas secciones no competitivas del festival y, por comparar, también de una norteamericana.
Ahí van las reseñas de estos hechos fílmicos tal y como las reflejan en el portal Filmaffinity:
-La de “Escuchando al Juez Garzón”, tema apasionante abordado por una señora que se llama Isabel Coixet con la ayuda de un escritor o poeta llamado Manuel Rivas, es ésta: “Documental que resume una amplia entrevista al ex juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón realizada por el escritor Manuel Rivas”
-La de “También la lluvia”, de la pizpireta Icíar Bollaín, es ésta: “Sebastián (Gael Garcia Bernal) y Costa (Luis Tosar) se han propuesto hacer una película sobre Cristóbal Colón y el descubrimiento de América. Mientras que Sebastián, el director, pretende desmitificar al personaje presentándolo como un hombre ambicioso y sin escrúpulos, a Costa, el productor, sólo le importa ajustar la película al modesto presupuesto del que disponen; precisamente por eso elige Bolivia, por ser uno de los países más baratos y con mayor población indígena de Hispanoamérica. La película se rueda en Cochabamba, donde la privatización y venta del agua a una multinacional siembra entre la población un malestar tal que hará estallar la tristemente famosa Guerra Boliviana del Agua (abril del año 2000). Quinientos años después del descubrimiento de América, palos y piedras se enfrentan de nuevo al acero y la pólvora de un ejército moderno. Pero esta vez no se lucha por el oro, sino por el más imprescindible de los elementos vitales: el agua”.
-La de “Amador”, del circunspecto León de Aranoa, es ésta: “Marcela es una mujer joven en apuros económicos que cuida durante el verano de Amador, un señor mayor postrado en cama, en ausencia de su familia. Los dos ocultan algo que nadie sabe de ellos. Dos desconocidos, Marcela y Amador, no tardan en confiarse sus respectivos secretos. Un suceso inesperado dejará luego a la chica enfrentada a un difícil dilema moral. Pero Amador y Marcela han alcanzado ya, sin saberlo, un acuerdo. Al cumplirlo van a demostrar que la muerte no siempre es capaz de detener la vida”.
Pondremos aquí como contrapunto la sinopsis de un filme norteamericano que también va fuera de concurso. Se trata de ‘Valor de ley’, que es la revisión de una película de los años 60, de la época en la que las películas del Oeste, a las que la cursilería rampante hoy denomina ‘westerns’, eran las reinas de las pantallas: “Cuando el padre de la niña de catorce años Mattie Ross (Hailee Steinfeld) es asesinado a sangre fría por el cobarde Tom Chaney (Josh Brolin), ella decide hacer justicia. Busca la ayuda del veterano sheriff Rooster Cogburn (Jeff Bridges), un borracho de gatillo fácil, y se marcha con él -a pesar de su reticencia- para atrapar a Chaney. Ambos perseguirán al criminal hasta territorio indio, para encontrarle antes de que un Ranger de Texas llamado LaBoeuf le atrape y lo lleve de vuelta a Texas por haber asesinado a otro hombre... Nueva adaptación de la novela de Charles Portis, que ya había llevado al cine Henry Hathaway (True Grit, 1969) con John Wayne como protagonista”
Pues incluso aunque ahora las de indios no estén de moda, yo digo que no hay fuerza de la naturaleza que a mí me lleve ni a ir a una sala de cine pagando, ni mucho menos a perder diez segundos de mi ADSL, para entregárselos a Coixet ni a Bollaín ni a Aranoa, que no dudo que serán de lo mejorcito en la cosa del cine, que hay que ver las cosas que se escriben por ahí de ellos, pero por la parte que me toca que no tiemblen ni teman porque les juro que sus hechos fílmicos jamás van a ser pirateados desde mi hogar. Me importa un bledo lo que Garzón le diga a Rivas, lo que les ocurra a los nobles indígenas de Cochabamba, pastoreados por el paternalismo buenista, ni los devaneos de Marcela y Amador.
La pasta de mi declaración del IRPF que le haya correspondido a cada cual de ellos en concepto de merecida subvención, la entrego gustoso a fondo perdido para que puedan seguir expresándose y haciendo obras tan imprescindibles, porque yo, alienado como estoy por la nauseabunda industria norteamericana del cine, me quedo con los indios, sioux o comanches a ser posible, con un pistolero de mano rápida y con una venganza como debe ser. Asumo el mecenazgo al que el Estado me obliga, pero que lo pague no quiere decir que me guste ni que me interese. No sé por qué no se me va de la cabeza lo de Antonio Olano: “Cine español, toreros norteamericanos... ¡qué tontería!”


































