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sábado, 30 de septiembre de 2017

1808

Abate Sieyes

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La última vez que España estuvo en la lona corría 1808, cuando todas sus instituciones decidieron traicionar a la Nación. Entonces nos noqueó Napoleón y ahora puede noquearnos el “derecho a decidir”, nombre académico del “cojonudismo español” (votar lo que nos salga de los huevos donde, cuando y como queramos), que es la aportación de España a la teoría política.

El derecho a decidir no es de Cataluña, es de toda España –corrige Rajoy, que invoca la “soberanía popular”.

El “derecho a decidir” se inventó en Atapuerca y describe lo que Hobbes llama “estado de naturaleza”, donde la vida del hombre es “solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve”.
Si Rajoy fuera devoto de la Semana Santa sevillana habría visto a los armados de la Macarena con el estandarte “SPQR”, “Senatus Populusque Romanus”, que indica que, en Roma, civilización superior a Atapuerca, la autoridad y el poder (los dos elementos del gobierno) no tienen la misma fuente: el poder viene del pueblo, pero la autoridad reside, no en las leyes, sino en el Senado, sede de los padres fundadores, símbolo que en Estados Unidos encarna la Corte Suprema, una “Asamblea Constitucional en sesión permanente” (nada que ver con nuestro TC, devenido en agencia de mensajería de los partidos políticos).

En el Absolutismo la soberanía era el rey, pero los franceses, que iban de romanos, le cortaron la cabeza, lo que aprovechó el abate Sieyes, más bragado que el obispo Blázquez, para apropiarse de la soberanía para la nación.

Pero, sin la autoridad, la nación sólo era un poder ciego, el de la supuesta voluntad de una multitud, cambiante por definición, que trajo primero a Robespierre, cuya nostalgia de absoluto lo llevó a meter un Ser Supremo en casa como si fuera el Gran Poder de Lopera, y luego, ay, a Napoleón (“¡Yo soy el ‘pouvoir constituant’!”), que tan malos ratos nos dio a los burgaleses en Gamonal.

Fuera de Atapuerca, el “derecho a decidir” (con o sin papeletas) no es de Cataluña, pero tampoco de España. Ni de nadie.

Dos pares de Miguel Martín en otra tarde de cuvis para el olvido, con gatillazo de Ureña

Compañero de Andanada consultando el Cossío en chino

José Ramón Márquez


¡Pues bueno, hombre!, aquí estamos otra tarde a echarla con los amigos tan ricamente con la excusa de los toros. Por la mañana ya dijeron que no venía Ferrera, que está lesionado y que en su lugar vendría Paco Ureña. La verdad, lo digo con total sinceridad, no derramé una sola lágrima por la ausencia del extremeño, al que deseo una pronta mejoría en su dolencia, sea cual sea, pues anda uno un poco estomagado con esta vitola de maestro que le han echado, que lo mismo si le hubiese visto en Bilbao me había subido a ese carro, pero ocurrió que mientras Ferrera triunfaba sobre la negra arena bilbaína uno andaba sobre la rubia arena de Baia Granelli a casi mil setecientos kilómetros, así que me quedo sin elevar a los altares al pupilo de Tornay y Ellauri y le dejo en el más humilde nicho del torero que no molesta en un cartel. La cosa es que ilusionó que el sitio de Ferrera lo tomase Paco Ureña, a quien el otro día poníamos como ejemplo aquí mismo de torero al que siempre se posterga en sus méritos, utilizando su detrimento para enaltecer a otros de menor compromiso en cuanto al toreo y de mayor influencia en los despachos.

Junto a Ureña se vinieron a Las Ventas Sebastián Castella, al que un crítico de los serios en pleno paroxismo y en un esfuerzo ímprobo de imaginación bautizó como “Le Coq”, y un nuevo Adame, el tercer Adame, que este se llama Luis David, de Aguascalientes como los otros, que venía a confirmar la alternativa que le dio Talavante en Nimes hace ahora un año.
 
Y si ya el cartel de toreros, el original, tiraba poco por sí mismo, ya ni te cuento cómo quedaba de apañadito si decimos la ganadería, que es la que don Joaquín Núñez del Cuvillo tiene en Cádiz, los cuvis de toda la vida, los hermanitos de Idílico, el Señor de las Adelfas muerto en extrañas circunstancias nunca bien aclaradas, el megamix de don Joaquín, que no se atina a saber cómo es un Cuvillo morfológicamente, pues son como esos chuchos callejeros, de cuando los había, fruto de mil mezclas y casualidades genéticas. Digamos, simplemente, que los cuvis son como van saliendo y hoy salió uno negro, tres negros con listón, un burraco y otro negro con listón y bragas. No siendo ni de lejos esta de los cuvi una de las ganaderías favoritas, se permitirá que no se haya hecho mucho caso al ganado en cuanto a sus condiciones de casta o bravura, conceptos perfectamente desterrados en esta vacada. Por ello, durante el rato que duró el pim-pam-pum del tercio de varas, más que a ver el comportamiento de los bicornes se buscó el entretenimiento en ver los refilonazos, los costurones, los  puyazos donde caigan y demás triquiñuelas con que se iba pasando el rato hasta que doña Cristina, don Euxinio, don Ángel y don Antonio expelían el aire por la boquilla de sus clarines y don Lamberto aporreaba sus secos tambores para indicar que el que va sentado sobre el arre ya se podía ir a otra cosa, mariposa. Me pareció ver que le dieron ciertos aplausos a Pedro Iturralde, que ahora está viviendo ese momento de dulce en que cuando citas su nombre en una conversación, el connoiseur con el que departes pone sus ojillos como bolitas de alcanfor. Ignoro por qué causa le aplaudieron, pero estoy convencido de que fue algo merecidísimo, viendo cómo se organizaban los galafates cuvis en la cosa de las varas, que eran cual cucarachas huyendo despavoridas del insecticida. Así, grosso-modo, hubo uno que era una cabeza grande y una barriga gorda, otro justito en todo, otro feble como un catedrático de estética, otro sin cara ni cuerpo… toros de esos que vienen estupendamente para hincharse a darles los pases cambiados por la espalda que no hay huevos a pegarle a los de José Escolar o a los de Juan Luis Fraile. Avechuchos herrados con la U de la Unión de Criadores, materia artística preparada para dar lo mejor de su falta de inteligencia a aquél que los mandará a criar malvas de un espadazo donde caiga.

Y los matadores. Lo de los Adame es como el dinosaurio de Monterroso. Vayas donde vayas ahí hay un Adame o dos: el pasado mes de julio me voy a un sitio de postín a cenar y allí estaban los Adame. En esta feria de otoño ya llevamos dos Adame, ahora con el de hoy ya son tres con alternativa y según me dice un señor que se lo sabe, aún falta por arribar un cuarto Adame, como si fuesen la caricatura de Pepote, Manolo, Ángel Luis y Antonio (Dios los tenga en su Gloria) en plan hidrocálido. Pues el Adame de hoy viernes, Luis David, es como todos los Adame que le han precedido. A estas horas es técnicamente imposible recordar nada de sus trasteos, bueno… que le robó el inicio a Castella en el de la confirmación, que se puso a darle pedresinas al toro y luego el francés ya no se atrevió a empezar de esa manera, cosa que le agradecemos de manera sincera. Adame se ciñó de manera perfectísima a los planteamientos del neotoreo desgranando en sus dos oponentes su tauromaquia con una sujeción canónica a las normas de dicha estética: no cruzarse, citar con el pico, echar al toro por ahí o por ese otro lado, resolver con otro u otros pases por la espalda. Ni que decir tiene que cuando los animalejos se mantuvieron en movimiento hubo parte del público que bramó, pero que cuando el toro dejó de colaborar en el particular circo del torero los entusiasmos se enfriaron palpablemente. En su segundo lo mismo le habrían pedido la oreja, pero se embarulló con el estoque matando de cualquier manera a la tercera.
 
Castella está como para asociarse con Perera y montar ambos un negocio que les permita vivir dignamente y ganarse el pan con el sudor de la frente, porque la sensación que da de torero pasadísimo de vueltas, de torero que ya ha dicho todo lo que tenía que decir llega al tendido de manera bastante neta. Para colmo de males Adame le robó su clásico inicio de pases cambiados por detrás y ya estuvo el francés vagando por la Plaza como el fantasmón aquél que recorría Europa en la época del sablista Marx y su compinche el prusiano. Lo cierto es que Castella no fue capaz de poner en marcha ninguna propuesta que atrayese lo más mínimo, ni siquiera al público más acrítico y su labor quedó realmente inédita.
 
Y hemos dejado para el final a este Ureña de nuestros pecados, que se vino a echarnos un jarro de agua fría en sus dos trasteos proponiendo dos maneras distintas e incomprensibles de estar con el toro. En su primero dio la impresión de que se había aprendido la faena que venía a hacer y que en esa caja había que meter al toro quisiese  o no. Como es natural a animal gana el toro y ni siendo un amable cuvi estaba dispuesto a comportarse como un mueble de Ikea, por lo que la labor de Ureña fue deslavazada y llena de altibajos. Su primero es el típico cuvi que si lo pilla Julián de San Blas lo tunde a mantazos y lo desoreja en plan importancias, toro muy de esa casa ante el que Ureña en vez de aprovechar para desgranar su tauromaquia, tal y como le hemos visto en otras ocasiones, se amontonó. Le sacó tres naturales bien colocado, pura torería, pero el resultado de su labor es pobre. Los especialistas en esta vacada se habrán reído lo suyo viendo naufragar al murciano con uno de esos toros de los que ellos dicen eso de “he disfrutado un montón…” Y en su segundo, muy poca claridad de ideas, rematando por arriba feamente, muchos enganchones y dudas, como quien dice en este toro estaba sin un plan y el trasteo fue tan largo que le tocaron un aviso. Ni mucho menos presentó hoy Ureña su mejor cara, incluso con el estoque, porque además en ambos mató feísimamente, quedándose en la cara del toro, saliendo trompicado y dejando la espada donde buenamente cayó.

En realidad lo más torero de la tarde, lo que justificó el importe de la entrada, fueron los dos pares de banderillas de Miguel Martín, de la cuadrilla de Adame, al sexto de la tarde. Esos pares bien hechos, dejándose ver, cuarteando sin prisas, llegando a la cara del toro y clavando arriba son lo realmente importante de todo lo que pasó en Las Ventas en otra tarde para el olvido.

Sábado, 30 de Septiembre

Valle de Esteban

En ciertas edades uno anda muy bien el primer kilómetro; luego, nos sentamos, y para disimular se hace como que se piensa profundamente.
Manuel Bueno

viernes, 29 de septiembre de 2017

La nota


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los obispos han dado la nota, una nota socialdemócrata, sobre la situación de España (“los pueblos del Estado”, en su jerga): piden “diálogo”, que, según Buela, no es un concepto cristiano (no está en la Biblia), aunque lo Iglesia lo emplea, como puro verso, a partir del Vaticano II.

En sociedades espiritualmente desarmadas, esta “reductio ad dialogum” elimina de la discusión la idea de “poder” y de “enemigo”, de modo que siempre nos están obligando a firmar la paz con los amigos y a renunciar a actos soberanos frente a nuestros enemigos.
El caso es que la nacionalidad la ha creado en España la Iglesia, como bien lo vio Azorín cuando, con el 98, fue a Toledo para cuatro días en tren:

El Greco nos había llevado al cardenal Romo, y el cardenal Romo, con su libro singular (“Independencia constante de la Iglesia hispana”), nos había adentrado en el corazón de España.
Dialogar, ¿con quién? El diálogo auténtico sólo se da entre amigos, pues “sólo con el amigo se da el trato de igualdad”. Dialogar, ¿de qué? ¿De “devolver” la mezquita? ¡Cielos! “Amad a vuestros enemigos” no tiene que ver con la distinción política de la teoría schmittiana entre amigo y enemigo, ni quiere decir que se deba amar a los enemigos del propio pueblo y apoyarles frente a éste: “En la pugna milenaria entre el cristianismo y el islam jamás se le ocurrió a cristiano alguno entregar Europa al islam en vez de defenderla de él por amor a los sarracenos”.

¿Cómo nos vas a hacer creer, Basilio, que cuando tú dices unas palabras misteriosas en el altar, Dios te obedece y baja al pan y al vino? –preguntó un día al cura Basilio, lerrouxista, gallego y cojo, su jefe Guerra del Río.
¡Pues se j… y baja! –contestó famosamente el cura, dando un puñetazo en el velador.
En lo que va de la confesión hispánica del cura Basilio a la nota socialdemócrata del obispo Blázquez se ve, en palabras de Santayana, “la escandalosa degradación a que la inteligencia moderna ha condenado al espíritu”.

El Jueves de los Fuente Ymbro



Jean Palette-Cazajus

Mi intención era dedicarle un momento de atención al “Jueves de Muret” (12 de septiembre de 1213). Aquel día, cerca de Toulouse, se dio una batalla decisiva que opuso las tropas de Simón IV de Montfort, lugarteniente del rey de Francia, a las tropas coaligadas de Pedro II de Aragón y el conde Raimundo VI de Toulouse en el inicio de la cruzada contra los Cátaros. La derrota de las tropas meridionales significó una reorientación radical de la política de los reyes de la Corona de Aragón, más centrada a partir de entonces hacia una política peninsular que truncó la posibilidad de un reino “occitano-provenzal-catalán” que hubiese cambiado sin duda los destinos de Francia y España. El recuerdo de la batalla de Muret se cierne sobre la amarga actualidad de estos días. Volveremos sobre tan significativas fechas. El caso es que la imposibilidad de cumplir hoy sus compromisos por parte del maestro titular de esta cátedra, me obliga a asumir, brutal e inmediatamente, las ingratas tareas de sobresaliente, recién llegado de Francia y nada “placeado”. Cambio pues el jueves de Muret por el jueves de los Fuente Ymbro. Y héteme aquí aterrizado en la entrañable y terrible andanada del 9. 

Llego tarde, azorado y sudoroso en plena suerte de varas del primero de la tarde. Necesito unos minutos para librarme de una distante sensación de guiri ontológico, mareado por la fundamental extrañeza de la vivencia de los toros. Recupero por fin mis reflejos de añejo morador del cemento de Las Ventas a tiempo para percibir los estertores de la insulsa pelea del poco aparatoso ejemplar de prosapia Domecq frente a la acorazada de montar, como decían mis antepasados de la crítica cutrilla.  Frente a este discreto ejemplar, Morenito de Aranda demostrará una espectacular desconfianza pronto detectada por el animalito, que se crece, se convierte en pegajoso, perseguidor y buscapiés. El desbordado torero se cobra una venganza catalana mediante torpe pinchazo y media estocada tan caída como atravesada. 

El ejemplar segundo aparece como cansino y nada demuestra en varas a imagen de su predecesor. Se emplea más de lo esperado en banderillas permitiendo que Tomás López y Fernando Sánchez pareen correctamente. La revelada bondad del toro le permite a Joselito Adame relamerse en un amanerado y zalamero inicio de faena. Luego las cosas cambian. A la hora de la verdad llegan posturitas y trallazos,  toreo filibustero, descolocado y retorcido, pirateo del toreo auténtico, falsificación sin rematar, copia del toreo de marca para manteros desnutridos. Adame y su muleta de guardia de tráfico solo señalan la línea recta. Al final la generosidad del toro le facilita una secuencia aceitosa, genuflexa y amanerada. De postre un infame y alevoso bajonazo. Así y todo, la petición de oreja es importante y propicia una patética vuelta al ruedo. Detrás de mí una niña de seis años, deliciosa y redicha no para de radiar la corrida: “Hay sangre mamá” exclama, no excesivamente impresionada.

Román recibe al tercero con unas gaoneras laterales ceñidísimas. En cada pasada del bicho el torero mete el estómago frustrándole en cada ocasión al pitón lo que ya pensaba tener rebanado. El inicio de faena tiene empaque y soltura, luego… luego suena la voz del heraldo de la andanada: “¡Tauromaquia juliana! ¡Qué daño ha hecho!”. Menos perentoria pero, eso sí, educada suena estotra súplica: “¡Pero crúcese Usted un poquito”.  El joven temerario sale atropellado. A la hora de matar expone muchísimo para una estocada que sale sincera, trasera y tendida. Tras la cual, sañuda persecución olímpica del toro tras el torero por todo el ancho del redondel. La actuación de Román fue una versión mejorada del anterior ejercicio “adámico”: cayó lógicamente la oreja.  Andrés de Miguel justificaba sus morigerados aplausos durante la vuelta al ruedo: “Me gusta su tipo de valor y la distancia que da a los toros”. Conste aquí su valiosa aportación a la colectiva labor crítica.

El cuarto amanece huidizo y terminará picado en el caballo de puerta. Buen primer par de Andrés Revuelta y mejor todavía el segundo, levantando los brazos con soltura y gallardía. Pronto pierde el toro los cuartos traseros. “¡Casi se ha matado!” exclama despiadada la locutora de seis años. Digno y aseado Morenito a quien le ha tocado esta tarde bailar con la más fea. La niña se muestra perspicaz: “Este chico es el más importante”. Pero nada puede hacer el “chico importante” con semejante lote. Estocada  pulcra y delantera que basta. Al menos suena “Tercio de quites” uno de los pocos pasodobles modernos con alma torera. Tampoco es cuestión de que pueda disfrutar tranquilamente de sus compases. Me cuesta un montón concentrarme en mis labores críticas. A mi izquierda un señor italiano está empeñado tras la muerte de cada toro en que yo le confirme si el torero ha sido “bravo” o no. La primera vez a punto estoy de explicarle que al toro es a quien le toca ser bravo y no al torero. Claro que en la lengua de Dante “bravo” significa “bueno”,  pero mi italiano otrora decente ha degenerado de tal manera que debo renunciar a explicarle al vecino el  peliagudo concepto de bravura en los toros. En francés “un brave homme” es una buena persona y “un homme brave”, un hombre valiente. Misterios de la bravura.

El colorado quinto también sale abanto. Una tanda de malas copias de verónicas adámicas  antecede  una triste suerte de varas en total armonía con la general tónica de la tarde. “Muchos personajes están aquí” censura la niña de seis años indignada por la concentración excesiva de lidiadores. Miguel Martín coloca un buen par. Replicado por Fernando Sánchez con su habitual chulería. Pero el segundo par de Miguel Martín raya a gran altura y levanta al público. El toro entre descompuesto y caramelo a la violeta acepta su deslucido destino a manos de Joselito Adame. ¿A quién me recuerda este torero? me pregunto de repente ¿a quién? ¡Tate! ¡Caigo! A Leopoldo Fregoli o a su actual sucesor, también italiano, Arturo Brachetti, capaz de cambiar de traje o de personaje a una velocidad supersónica. En menos tiempo que necesito para contarlo Adame es capaz de instrumentar un natural, un derechazo, un molinete, uno de pecho, un pase cambiado ¿qué sé yo? Todo iniciado, todo abortado, todo sin rematar, todo casi coincidente y superpuesto. A la hora de matar, se sale escorada y descaradamente de la suerte. El resultado es lógico, el asesinato más ruin de la tarde. 

La lidia del agalgado y cariavacado sexto transcurre anodina y anómica hasta que lleguen dos pares de banderillas. El interés del primero es esencialmente geopolítico puesto que lo obra un banderillero de fucsia y azabache nombrado Hazem al Masri, “El Sirio”. El segundo, de corte más taurino,  resultó muy honrado y comprometido a cargo de un Raúl Martí literalmente encunado. El inicio de faena de Román es excelente, hay temple, soltura y sensualidad  insolente. Luego viene una tanda con la izquierda algo barroca pero rematada atrás, colocada y templada. Con la derecha, en cambio,  extraño y descarado regreso al peor toreo “ajulianado”, entreverado con pases cambiados y pases de pecho de un barroquismo hondo y descarado.  Este hombre debe de militar en la CUP. No se entiende de otra manera esta falta total de respeto por la estructura institucional del toreo y por las necesidades de la construcción de la faena. “C’est du grand n’importe quoi” se suele decir en francés, “un gran cualquier cosa”. En este toreo “rockerizado” sale de todo como en botica, lo peor y a veces un poco de lo mejor. Se vuelca con tal impetuosidad en la cara del toro que el metisaca cae en la riñonera del  bicho. Nueva estocada y descabello.

Los toros segundo y tercero tuvieron su cosilla. Al quinto y al sexto, no desprovistos de interés les pudo la falta de casta. Pero lo mejor de la tarde fue para mí la brillantísima pregunta a su madre de mi jovencísima colega seisañera en cuestiones de filosofía taurina: “¿Y si el toro mata al torero le ponen a él los cuernos aquí?” (señalándose la frente). A un paso está la tierna niñita de entender lo fundamental: la muerte del toro es naturaleza, la muerte del torero es tragedia. No hay reversibilidad ni parangón posibles. La fiesta de los toros establece la jerarquía fundamental que hace posible la dignidad humana.

Viernes, 29 de Septiembre

Valle de Esteban

La sala de un teatro no presenta un aspecto tan bello con las blancas calvicies  naturales o prematuras como el que le dan con los lindos peinados de las damas.
Carmen de Burgos

jueves, 28 de septiembre de 2017

En la muerte de Hugh Hefner


El lío



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En la rueda de prensa (invento español, por cierto) de Trump con Mariano me acordé de aquel don Evaristo de Pemán al que propusieron ensanchar el negocio: un bar que se llamaría “Heliópolis”.  “¿Cómo?” “Heliópolis”. “Sí, ya lo entiendo –contestó don Evaristo–. ‘He-lio-polis’. ¡El lío padre!”

A mí me han dejado un lío –dijo Trump cuando le preguntaron por el Rocket Man coreano–. ¡Pero lo voy a arreglar!

Con el legado de Obama en la mesa (rendiciones ante Irán, Venezuela, Cuba, Isis… ¡y Corea!), Trump recibió a Mariano, que le ofreció ensanchar el negocio de los líos.
Que Mariano iba a pedir se notaba porque en España se dejó, de pronto, de llamar Gil y Hitler al presidente americano, como cuando en la fiesta del PCE en la Casa de Campo desaparecían las banderas republicanas porque Carrillo estaba dando el sablazo a Suárez con el pretexto, invento suyo para justificarse, del “ruido de sables”.

El martes, al hablar de Trump y Mariano, los flabelíferos parecían críticos de la “nouvelle vague” hablando de Jane Russell y Marilyn Monroe.
Cuando su marido, que era “quarterback”, se iba de viaje –contaba Howard Hawks–, Jane llamaba a tu puerta y preguntaba si te podía hacer la cena, pues se sentía sola. Y Marilyn no conseguía que nadie saliera con ella. Nadie. Un agente, un hombrecillo que medía uno sesenta, la llevaba por ahí. Pero para el público del cine eran dos sex-symbols.
Mariano, que obsequió a Trump con el Libro de Oro del liberalismo español y sus finísimos análisis del trumpismo, habló en la Casa Blanca del “Estado de Derecho”, tautología alemana para adormecer a las presas, y dejó caer en el Despacho Oval el lío catalán, que es un lío muy Obama, un “daissez faire, laissez passer” para no tener líos que al final es… el lío padre.
Una periodista española intentó volver tarumba a Trump en el Jardín de las Rosas con el tabarrón catalán, su “Yeneralitá”, su “pantumaca” y su referéndum.

¡Dios mío! ¿Y estos eran los que mataban toros?

Novillada de Otoño: “El domingo ya se acabaron los toros y a partir de hoy empiezan los avechuchos”

Empiezan los avechuchos

José Ramón Márquez



“Se busca que hay un caso, y tiene tongo, al teniente Colombo…”
Sevillanas de los cuatro detectives, Pepe Da Rosa

Como me dice Vicente Palmeiro desde la Andanada del 8: “El domingo ya se acabaron los toros y a partir de hoy empiezan los avechuchos” Después de esos tres domingos de espejismo, de golosina para el pobre aficionado que se pone como la niña de “El Exorcista” cada vez que siente mentar el nombre de Domecq, hoy todas las nauseabundas aguas del taurineo vuelven a su cauce y como el pobre del Bill Murray de “El día de la marmota” hoy nos echan con anuncio público y alevosía seis nuevas marmotas de las que Edificaciones Tifón, S.L. cría en Toledo o en Ciudad Real o en los dos sitios. La clásica marmota del toro asqueroso, que han echado uno negro salpicado que se llamaba Tornado, número 5, tarariro, tarariro, que tenía la perfecta aptitud para cabestro por morfología, hechuras, capa y condiciones, que no hacía ni falta castrarle; es que no más había que ponerle el campano y ya se podía ir el animalejo a vivir su vida de tolón, tolón junto a Florito. Siete kilos más tenía el cuitado éste que el toro de Ana Romero del domingo pasado que tanto nos enamoró por hechuras, cuajo y seriedad… a ver cómo se explica esto. Los de las Edificaciones Tifón mandaron a Madrid los volquetes llenos de escombro, de escombro ganadero, y habrá quien quiera salvar al sexto, Mosquito, número 40, por su condición tontiboba y repetidora, que a ese desgraciado en un pueblo le hacen candidato a indulto, o porque en sus hechuras se parecía un poco a lo que los Tifones proclaman como origen en la Unión de Criadores de Toros (sic) de Lidia: don Juan Pedro Domecq Solís. Hubo uno, el quinto, Cazador, número 11, que se pegaba unas volteretas y unos planchazos dignos de un certamen internacional de gimnasia rítmica; hubo otro, el cuarto, Cominero, número 50, al que le picaron como si en vez de toro fuese un globo de helio que se pudiese romper al roce de las aristas de la puya, hubo… hubo una ruina ganadera, otra más de losTifón, otra muesca en el revólver de este Ventorrillo que lleva más de 20 años sin parar de venir a Las Ventas a no se sabe qué. Bueno, o sí, que lo mismo el plan es ir soltando estas babosas descastadas, cada novillo con su peculiar cosita, para mover a mofa o a pena al paganini, que es el ser que aunque le anuncien otra de El Ventorrillo vuelve a pasar por la taquilla a dejar el dinero ganado con el sudor de su frente para sentarse en los asientos que van desde justo detrás de los atestados burladeros del gañote del callejón hasta la última fila de la andanada.

Y si marmota fue la cosa ganadera, marmota gorda la del toreo, que aquí se pasan los días, las semanas, los meses y no se pone un tío a torear como se debe ni aplicando el artículo 155 de la Carta Magna, ni aunque se empeñe la Fiscalía, ni aunque vengan los Civiles y los mosus ésos, aquí no se pone como Dios manda a torear nadie. Y si sale alguno como Ureña, ya se encargan por tierra, mar y aire de taparle, qué digo taparle, de echarle hormigón encima a ver si se queda quieto y no enreda. Aquí vale, sobre todas las cosas, la mendaz verdad de Julián, el Power de San Blas, y todo lo que se salga de lo que él representa estorbo y debe ser barrido. Cualquier planteamiento que implique el parar, el templar, el mandar, el cargar la suerte está llamado a ser ignorado y boicoteado: eso es lo que les enseñan y eso es lo que los muchachos practican, cada cual con sus propios modos. Hoy venían a Las Ventas, a cargar con los sacos de escombro de Construcciones Tifán, Jesús Enrique Colombo, Leo Valadez y Carlos Ochoa, de Madrid, nuevo en esta Plaza.
 
Colombo toma la alternativa en Zaragoza (D.m.) y con toros de Juan Pedro el próximo día 11 de octubre, dentro de catorce días. No se puede decir que sea un muchacho al que se arroja a la vorágine del toreo sin cimientos. Ha toreado mucho y eso se nota en el desparpajo con el que anda por la Plaza, en su frescura de novillero curtido, en sus ganas de entrar en quites y de dar espectáculo. Hoy puso cinco pares de banderillas en los que primó la velocidad, la cosa atlética, el salto y la reunión con la cabeza del toro pasada; a cambio dejó un buen par quebrando por los adentros junto a la barrera del 10 sin peón-centinela apostado en el callejón, dando la impresión de que le funcionó la cabeza e improvisó sobre la marcha. Lo otro de Colombo es que maneja con inteligencia los recursos del espectáculo y conoce al público, tan voluble. En sus segundo, el toro sin picar del que hablábamos antes, que le dio un fuerte trompazo al inicio de su faena de muleta, fue desgranando un pobre trasteo que no llegó en modo alguno al tendido hasta que Colombo dispuesto a no pasar desapercibido se planta a hacer bernardas con las que se lleva la atención y el aplauso de las gentes y luego intenta matar a recibir, que si lo llega a conseguir la hubiesen hasta pedido la oreja. Por el contrario en su primero, otro cacho de feo que atendía por el atinadísimo nombre de Nauseabundo I, número 20, dio muchos pases sin decir nada, en plan toreo 2.0, basando su propuesta en tratar de ligar retrasando la pata y, sobre todo, en no meterse en el sitio donde los toros cogen y donde se crea el toreo bueno. Su capacidad como estoqueador está fuera de toda duda cuando practica el volapié: a su primero le recetó un jarabe de acero ligerísimamente desprendido y de un efecto fulminante. A su segundo lo quiso matar a recibir por la razón que antes se expuso y en esa fundamental suerte no está tan suelto, pero no cabe duda de que es sólo cuestión de tiempo.
 
La otra cara de la moneda es Valadez, que está a trece días (D.m) de que su paisano Joselito Adame le dé la alternativa con toros de Fuente Ymbro, también en Zaragoza. La impresión que ha dejado Valadez hoy en Madrid ha sido harto pobre por lo ventajista de sus trasteos y la constante búsqueda de lejanías entre él y el novillo durante el muletazo. A Colombo se le ve bastante placeado, hecho como torero, pero a Valadez se le ve muy torpe y, podríamos decir, sin condiciones. Con sus dos novillos ha estado mucho tiempo, trasteo largo es casi siempre sinónimo de que las cosas no van rodando bien, y sin dar un solo muletazo digno de ser reseñado. Igual que el escritor manchego García Pavón veía harto complicado el reinado de Witiza en su famosa novela del detective Plinio, los que hoy hemos estado en Las Ventas hemos visto harto complicada la carrera de Leo Valadez a partir del próximo día 10. Si a eso añadimos la infame manera que tiene de matar, el espantoso navajazo barriguero que le ha perpetrado a su segundo, más propio de una de las sagaces investigaciones del Teniente Colombo que de la reseña de un festejo taurino, ya podemos decir que tenemos enfrente un cóctel bastante poco halagüeño. Dios dirá, pero los méritos vistos en este aventajado alumno del Centro Internacional de Tauromaquia y Alto Rendimiento no parecen suficientes como para echar las campanas al vuelo. Ya hemos explicado en alguna ocasión que cerca de Leo Valadez hay un Reverendo Padre, cuyas plegarias e intercesión le van a ser muy necesarias al hidrocálido.

Y luego Carlos Ochoa, a quien veníamos a ver con cierto interés porque nos habían hablado de él personas de nuestra máxima confianza. El gozo se fue directamente al pozo, porque en vez de un novillero con sus indecisiones o sus dudas o sus carencias, propias de quien lleva de novillero un año, que para eso es novillero, pues en vez de eso ahí se nos echó encima otra marmota, otro torero como todos, las ventajas, la alcayata, la pata atrás, este espanto con que engañan a los muchachos robándoles el alma, hurtándoles su personalidad para convertirles en otro más. Nada que reseñar, es el desolador resumen de su paso por la Monumental.

 Aquí no se pone como Dios manda a torear nadie
Adiós Madrid

Jueves, 28 de Septiembre

Valle de Esteban

En esto del trasnochar no veo yo grandes peligros para la seguridad del Estado.
Mariano de Cavia

Felicidades a Claudia


miércoles, 27 de septiembre de 2017

Fandangos

Encadenados


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La escena del vecindario de Huelva despidiendo a los vehículos de la Benemérita que van a Barcelona como si fueran las carabelas que iban a América se une a la escena del guardia civil que en un balcón barcelonés contesta con un fandango (“Fandango, ¿dónde has nacío, / que to el mundo te conoce? / Yo nací en un rinconcillo / que Alosno tiene por nombre, / donde le dan el ‘dejillo’”) al escrache separatista de sardanas a la cazuela, todo lo cual merecía, ¡ay!, un artículo de Pemán que, miren por dónde, ya nos dejó escrito.
¿Cómo va ya a emocionarnos a nosotros que en el balcón del plateresco Ayuntamiento de Sevilla se enarbole un día una bandera autónoma, de género catalán mal imitado, si cada uno de nosotros hace tiempo que hemos enarbolado ya, en nuestro espíritu, una bandera de brava independencia?
Nada podían enseñar los escrachadores catalanes en materia de autonomía al guardia civil andaluz. La sardana, aclara Pemán, es baile de cuerpo de ejército. La bulería es baile individualista y libre; no admite leyes ni reglas: cada uno se dice a sí mismo sus discursos y se los aplaude. La sardana es el baile de Cataluña independiente; la bulería es el baile de cada andaluz autónomo.

Aquí hace tiempo que se basta un hombre solo para cantar una copla o para matar un toro.
En la escena del balcón, la sardana de los escrachadores se rinde al fandango del guardia civil. Esa escena pedía un traveling tan largo como el de Hitchcock en el balcón de “Encadenados”: un plano continuo, para no romper el instante de amor.

Hitchcock tuvo la idea en un tren a París. Era domingo y el tren iba muy despacio. Al pie de un muro vio dos figuras minúsculas, un chico y una chica. El chico orinaba contra el muro y la chica lo agarraba del brazo, sin soltarlo: miraba lo que hacía él, luego miraba a su alrededor y volvía a mirar abajo, para ver por dónde iba él. No podía soltarlo.

Y me dio la idea: el amor no debe ser interrumpido, ni siquiera por una meada.

Miércoles, 27 de Septiembre


La luz blanca es una orquesta que va del violado al rojo.
José Echegaray

Felicidades a Oti


martes, 26 de septiembre de 2017

Deslealtades españolas

Venado berreando

Francisco Javier Gómez Izquierdo
    
    Se ve que no nos queda otro remedio que padecer políticos y periodistas doctorados en perversidad que nos asaltan el entendimiento a cada instante recordándonos quién puede ejercer de demócrata y quién no. Se cuentan por docenas en cada una de las dos especies los parapetados tras el micrófono y el teclado para condenar como “merece” al primer policía que se le escape (no tendrá más remedio) un porrazo defensivo en las costillas del aprendiz a terrorista o terrorista doctorado con el que se va a encontrar en Cataluña. Miedo y asco me da la reacción de todos esos políticos que reiteran a la menor oportunidad su odio y desprecio por las Fuerzas de Seguridad del Estado y que reclaman su presencia cuando se sienten amenazados por el cercano respirar del portador de una bandera española (¡Dios mío, qué gran pecado!). Patético el valiente Iglesias, del que dicen es profesor, llamando al presidente del Gobierno por intuir uno de esos escraches que él mismo inventara contra el prójimo.
    
No sé ustedes, pero a mí me parece que es tiempo de que todos los políticos, excepto los golpistas ¡claro está!, respalden las actuaciones no sólo de la Justicia, sino también las del Gobierno, si es capaz de tomar medidas excepcionales ante la excepcionalidad de la situación. “¡Deténgalos ya!” creo que debía ser el grito unánime de los partidos, pero es evidente que no están por la labor. Vean si no a los del pesoé en ese no pero sí que busca confundir y que a mí me parece de una deslealtad absoluta o los diversas  sectas de Podemos gozando como burro en berzal pidiendo mas dinamita contra el Gobierno. Leo que el jefe de la ugeté está preparando una huelga general y hasta los garzones andan desatados con homilías inquisidoras. 
       
La prensa y los políticos españoles me parecen juramentados en la caída del Presidente Rajoy y la destrucción del pepé y aunque el empeño no sería reprochable en época de normalidad y debate, las actuales circunstancias -reitero, en mi modesta opinión- piden solidaridad, ideas claras y unidad de criterios con el responsable del país. Si no una fe y obediencia legionaria, al menos que dejen de enfangar el terreno de juego hasta el punto de encharcarlo con charcos en los que se han puesto a croar todo tipo de charlatanes, tertulianos, críticos, congresistas, concejales y hasta jueces todos ellos fanáticos montando un guirigay que nos está costando un Potosí morrocotudo. 
    
Me voy con el gran Paco a los Montes de Toledo a que me enseñe el berrear de los ciervos y me aparte del rebuzno asnal de los boches catalanes y no catalanes porque la semana se me hace insoportable de verdad. Soy un ciudadano con nómina que paga impuestos desde los 18 años. Un ciudadano que tiene vistos tantos timos ideados y perpetrados por delincuentes más que listos y no estoy dispuesto a seguir haciendo el primo. No voy a ver la actuación de la policía y Guardia Civil, pero doy toda mi confianza y apoyo a dos instituciones ante las que sólo oír su nombre, el delincuente encoge el culo. Dos instituciones insultadas, difamadas y vejadas por todo tipo de malhechores. Me dicen que una periodista catalana pide a los que sean vecinos de pikolos y maderos los denuncien ¿? ante el Comité de Salud Pública de sus compis. Pide delatar como en Mondragón o Ermua. Ante ella ¿también? ¿En qué estará pensando esta mujer?
      
Para mí, que chulerías así son delitos graves, pero ya saben que llevo tiempo fuera del mundo y mi opinión no ha de contar. Además tuve que estudiar la F.E.N. y sus referendums. 

Una España de partido



Hughes
Abc

En las últimas horas asoman las españolidades. Se ve en algunos barrios, como manifestaciones espontáneas. Un vecino cuelga la bandera, otro le imita. También hay otras formas, distintas: la extraña y belicosa despedida a los Guardias Civiles (el oé oé es futbolero más que falangista) o el “escrache” a Podemos. Esto ya da la excusa para que se hable de la ultra derecha, el fantasma de la ultra derecha.

Pero ha habido otra forma de españolidad que me ha llamado la atención. El PP ha pedido una jura de bandera masiva y ha lanzado un vídeo-campaña sobre la celebración del 12-O en Madrid. El vídeo era insoportable. Música cursi como de programa de Bertín para un minuto largo de supuesto amor a España basado en el gol de Iniesta (con voz de Manolo Lama), el Mundial, e imágenes superpuestas de celebraciones futboleras y otras de fiestas nacionales en EEUU y París.
Un conductismo pavoviano para tontos de remate:

París.

¿Lo ven? Es fácil.

Es decir: busquen el recuerdo más cercano y burdo de sentimiento “nacional” que recuerden y transfórmenlo en la fiesta nacional más digna de imitar. Sin más. ¿Pero qué tiene Estados Unidos que nosotros no tenemos y que hace que sus fiestas nacionales sean tan distintas? ¿Y qué quiere hacer el PP del 12 de octubre? ¿Qué españolidad, que no haya salido ya, es necesario instar? Llevan años no sólo soportando el “procés”, sino “en” en “procés” y ahora no es el momento de inflamar emociones, sino de hacer su trabajo. Asumir sus responsabilidad.

Se ponen detrás de los jueces, se ponen detrás del Rey y ahora se pondrán detrás de la bandera. Ese vídeo no consigue nada, salvo nuclear la emotividad de algunos alrededor del PP (ah, el populismo; ah, las emociones…). ¿Realmente es el momento de sacar a la gente a la calle? Pero más allá del momento elegido, ¿qué idea de lo nacional tiene esa gente? ¿Un gol de Iniesta es todo lo que se les ocurre? ¿La nación es lo que se manifiesta en la Cibeles? ¿La Liga del Calderón? ¿Es el Madrid de Florentino? ¿En esto ha acabado, en este rebaño marca España con Nadal subido a un Rocinante y un triunfito haciendo de Sancho? Además de la pobreza cultural absoluta, y de una planicie que desespera, esto es una tomadura de pelo.

La nación es otra cosa y no la insta el PP. Está por encima del partido. ¡Aquí aparece el problema! El partido convocando a la nación. Es al revés, debería ser al revés. La nación no es lo que se manifiesta en Cibeles, ni debe ser instada por la trompetilla de Génova para ser metida en autobuses por un bocadillo de chorizo.

El PP convoca una españolía de partido, basada en la nada futbolera y en sus bardos inútiles del constitucionalismo –de los que se descojonó ayer el ridículo Albert Pla–. Lo que tiene que haber es una libertad superior para la manifestación real de la nación. Y que cada cual sienta y exprese su españolidad o su absoluta ausencia de ella. En Madrid, en Vizcaya o en Barcelona. Lo que está pasando debe mover a una reflexión mayor, no a meter la nación por el ojo de aguja del PP.

El "sapoi"

Paisaje costero con Acis y Galatea, 1657
Claude Lorrain

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El Primero de Octubre (antes festivo, como Día del Caudillo) viene a ser como el “sapoi” de España.

Debo la palabra a un excelente amigo del mundo diplomático, Melitón Cardona, “que estaba allí” (¡como el maestro Juan Martínez!), en Rusia, madre del “sapoi”, palabra intraducible (¿dipsomanía?) con que los rusos designan el mal que lleva a personas normales a dejar, de pronto, el trabajo para emprender maratones de bebida (entre cinco y ocho días) hasta la pérdida de conciencia.

El “sapoi” no lo cura ni el diablo –dice un personaje de Chéjov en un delicioso cuento que la gentileza de Cardona me regala traducido.

Un empresario contrata al más famoso recitador del país, pero el día de la función no puede levantarse.
¡Lo conozco de Moscú! –desespera el empresario –. Cuando empieza a beber vodka, sigue bebiendo un par de meses sin parar. ¡“Sapoi”! ¡Es el “sapoi”!
Un taquillero gordito tuvo una idea: el peluquero curaba el “sapoi”. Lo llamaron. El peluquero metió jabón en una botella de vodka: cuando empezó a echar espuma y a enturbiarse, procedió a llenarla de basura: salitre, amoniaco, alumbre, sal, azufre, brea… Luego, quemó un pedazo de trapo, echó las cenizas en la botella, la agitó y se acercó a la cama…

Únicamente un “sapoi” justifica para el porvenir este delirio y destino de España, la España sin ley “de la ley a la ley” (“la ley es la ley”, concluye “El Proceso” de Kafka), donde llaman “populista” a todo votante con ingresos inferiores a cien mil euros.

Contemplemos este “sapoi” político-mediático como Dostoyevski el “Paisaje costero con Acis y Galatea” de Lorrain en su sueño de Dresde:
En tanto que ruso, era yo entonces en Europa el único europeo. No hablo de mí, hablo de todo el pensamiento ruso
Sé que es cosa del “sapoi”, pero en nuestro sueño, al fin pesadilla, aparece Julia Otero vestida de María Zambrano mirando al reloj de Sol: “Eran las seis y veinte. La seis y veinte de la tarde de un martes 14 de abril…” ¡El “sapoi”!

Martes, 26 de Septiembre

Valle de Esteban

Europa es esto. Europa es la catedral, el quiosco de conciertos en el parque dominical, una canción de opereta y barricadas.
Felipe Mellizo

lunes, 25 de septiembre de 2017

El silencio de los corderos

Bertrand Russell


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Dos equipos de la Primera División, Barcelona y Gerona (“Barsalona” y “Yirona”, para los radiofonistas españoles) han publicado, en defensa del “cojonudismo español” (“derecho a decidir”, en jerga cursi), sendos comunicados contra el orden constitucional de España.

    Lo escandaloso no son los comunicados, en cuya gramática parda está resumida toda la ignorancia política de la sociedad. Lo escandaloso es el silencio, realmente ruidoso, de la Moral Oficial, cuyos muftíes acostumbran dictar fatuas por un águila en el Fondo Norte, una mofa en el Fondo Sur, una pancarta en la General o un cántico en la Tribuna.

    En Inglaterra, una organización moral como aquella de las sufragistas que perseguían a Bertrand Russell con tablones de clavos oxidados, ha condenado el “haiku” con que los hinchas del United “honran” a Lukaku, que el sábado, por cierto, volvió a ganarle un partido a Mourinho con un gol de armario de luna.

    –¡Oh Romelu Lukaku! / Es nuestro genio goleador / belga con un pene de 24 pulgadas / y marca todos los goles. / ¡Capullos, a sus pies! –cantan los aficionados con música de “Made of Stone”, de los Stone Roses.
    
Las Moral Oficial persigue con denuedo el águila de San Juan en las gradas de los estadios: la fijación responde a la leyenda urbana según la cual el trágico Esquilo murió a consecuencia del golpe que le causó un águila que dejó caer, para abrirla, una tortuga sobre su cabeza, al confundir su calva con una piedra: el árbitro ve un águila detrás de una portería y puede suspender el partido. Un muftí con mucho pestorejo denunció ante el mundo el peligro que corrían en Madrid las aficiones de Athletic y Barcelona por el fascismo desatado de Esperanza Aguirre en la capital de España. El periódico global redactó un editorial con el estilo patriótico del bando de Andrés Torrejón para pedir al Consejo de ministros acciones contra Mourinho como provocador de violencia por señalar a los Fake News. Y un secretario de Estado, hijo de un fiscal general de Aznar, salió al cruce como un Sergio Ramos ministerial en defensa de la honra fiscal de los jugadores del Barcelona:
    
El Barça cree con decisión en la igualdad y es el equipo que más impuestos genera. Nadie piensa que alguien vinculado al Barcelona se haya apropiado de cantidad alguna, y también me consta la voluntad de sus directivos de cumplir con la ley. El Barça es el activo fundamental de la Marca España –dijo, por escrito, el delegado de Deportes de la derecha española.
   
 El caso es que el activo fundamental de la Marca España publica un comunicado institucional contra el orden constitucional de España ante el silencio reverencial de los corderos.
    
Oficialmente, en España, la historia de España y del Mundo comienza en 1978: antes de esa fecha, todo fue lobreguez y misterio. En el 78 estrenamos incluso un concepto de “sedición”, que ya no consistía en la “sed de caminar” o en las “ganas de separarse” que había sido desde los romanos, sino en un delito muy fino, filtrado por muchas gateras, contra la Constitución, texto sagrado, nos dicen, que cuenta incluso con un día festivo, como los dioses antiguos: el delito, precisamente, que en sendos comunicados dicen apoyar dos clubes de fútbol de la Primera División, sin que hayan sido cautelarmente excluidos de la competición. La doctrina a la que obedece este silencio, aceptada por todos, es aquélla según la cual a los catalanes no se les puede aplicar la ley porque lo que ellos quieren es que se les aplique la ley para poder decir que se les aplica la ley.

    Las dos Españas son hoy la de la Constitución sagrada, la de los contribuyentes sin rechistar, y la de la Constitución profana, la de unos ciudadanos superiores que técnicamente merecerían la consideración de chulos del Estado.


Lukaku
MADRID A, MADRID B

    Los dos goles de Ceballos en Vitoria vienen a confirmar las sospechas de que esta Liga deberá disputarla el Madrid B, en posesión de la actitud y ambición necesarias para pelear en 38 partidos de los cuales, para jugar, si perteneces al Madrid A, con el lomo cargado de títulos, sólo apetecen 4. Nada nuevo bajo el sol: en el Madrid se repite el fenómeno del Combinado Autonómico, cuya versión B, que la joven, apetece más que la versión A, que es la vieja. Otra cosa es que Cristiano deba ponerse a buscar el muñeco que alguna bruja mala tenga escondido con su imagen en un congelador en algún lugar del mundo.

Con los pititos jugando a torear en Sevilla, Escolar echa en Madrid toros de aquí te espero

 Don José Escolar, probablemente el mejor ganadero del momento


José Ramón Márquez

Hoy, primer domingo del otoño, del particular otoño de don Bernard Domb, corrida número 60 de la temporada madrileña, tocaba el tercer y último “desafío ganadero”, de esa iniciativa que al menos nos ha servido para poder ver en Las Ventas dieciocho toros de los que se merecen con suficiencia el nombre de toro. Sinceramente uno hubiese preferido seis corridas de seis toros de cada una de las ganaderías que se han enfrentado en estos desafíos y, de buen grado, podríamos habernos resignado a no ver en 2017 ni a Juan Pedro, ni a Parladé, ni al Cuvi, ni a los lisarnasios febles y bobos (El Puerto de San Lorenzo, La Ventana del Puerto, Valdefresno). Seis corridas que nos podíamos haber ahorrado a cambio de otras tantas de Saltillo, Hoyo de la Gitana, Palha, Juan Luis Fraile, José Escolar y Ana Romero. A ver si el año que viene Monsieur Domb se gasta los cuartos en estas últimas y hace los desafíos con las que se citaron más arriba, que eso sí que sería la remofa. Y quien dice de toros, pues lo mismo de los toreros. Los de la Crítica Seria de Madrid pierden las posaderas por largarse a Sevilla donde torea ese permanente amagar y no dar que se llama Alejandro Talavante y pasan a mil por hora de quedarse a ver al toro corretear por Las Ventas, cuando lo lógico hubiese sido que los de la Crítica Seria animasen a Talavante para que hubiese estado hoy en Madrid a reivindicar su lo que sea frente a animales serios y de respeto… Y quien dice Talavante dice Padilla, Roca Rey, Cayetano, Ginés Marín y Julián del gran poder, por decir los seis que encabezan el escalafón ése que publican en Mundotoro. Ahí están los nombres de los seis matadores que deberían haberse anunciado con los toros en vez de este recuelo de seis hombres cazados a lazo, de carreras harto complicadas que nos han puesto en los carteles, por si acaso suena esa flauta a la que tanto cuesta sonar.

Por lo que sea, que de las cosas empresariales uno lo ignora todo, este tercer desafío tuvo el honor de ser incluido dentro de la Feria de Otoño, con lo cual se consiguió una entrada de más fuste que la de un domingo en el que no exista el trágala de la obligatoria adquisición de la entrada. Bueno, al menos esto ha servido para que mucho feriante vea lo que es el toro, que con que uno o dos se hayan ido a sus casas con la mosca detrás de la oreja sobre lo poco que se parece esto de hoy a lo que usualmente se denomina toro, ya se ha hecho una importante labor. Los toros del desafío eran los de José Escolar y los de Ana Romero, los victorinos de Escolar y los santacolomas de Ana Romero. Para matar a esos seis dijes se trajeron a Iván Vicente, Luis Bolívar y a Alberto Aguilar como podían haber traído a otros tres. Ponga cada cual los que considere oportunos.

Escolar ha echado el toro más rotundo de los vistos en los tres desafíos. Matajacos II, número 26, es el toro más completo de los dieciocho toros de los tres domingos de septiembre. Le faltó una tercera vara a la que no quiso acudir tan de largo como le habían puesto, habiendo acudido a las dos precedentes con buen aire y alegría, y eso es lo que hace que no sea un toro de bandera, pero el conjunto de su lidia, desde su salida sacando astillas de los tres burladeros, su forma de cumplir en varas donde fue muy bien picado por Félix Majada, su prontitud en banderillas con la brega acertadísima de Raúl Adrada y sus condiciones durante el último tercio hacen de él el triunfador indiscutible de los desafíos ganaderos. La lidia y muerte de Matajacos II le correspondió a Luis Bolívar, trece años de matador de toros, que hay que ver cómo se pasa el tiempo. Le dio fiesta al toro citándole desde el tercio y el animal se lanzó a la carrera a por el trapo que Bolívar le ofrecía, el hombre se afligió y no aguantó la hermosa embestida del animal ni en el primero, ni en el segundo, ni en el tercero… los tres movidos y luego por naturales le sacó dos de los buenos, de los óptimos, de los que justifican a un torero, pero desde ahí ya todo fue un amagar y no dar, no continuar por el mejor pitón del toro, cambiarse la mano a la derecha para coger aire y pasarse al toro de lejos, las cucamonas de todos los días que tanto nos hartan. Es verdad que el toro tenía una seriedad que no era de este mundo contemporáneo del toro del siglo XXI, que estar ahí abajo frente al de Escolar no es algo que esté al alcance de muchos, incluidos los seis que se citaron más arriba, pero venirte a Las Ventas con cinco corridas en el año pasado y aún menos en éste, que te salga ese toro y no comértelo vivo no es una noticia halagüeña para Bolívar, que tendría que haber mandado al tendido un mensaje más neto. La plaza rugió con esos efímeros naturales en los que el torero hace el toreo: se queda colocado, da el medio pecho, deja la muleta adelantada para mandar sobre la embestida de Matajacos II, y luego opta por abandonar ese camino, el único que la encastada y exigente embestida del toro hubiese aceptado, y echarse en brazos del neotoreo 2.0 en el que cede la posición y trata de aprovecharse de la embestida, sin que las cosas le rueden acorde a sus intereses, porque el abismo entre lo que el animal demandaba y lo que el matador estaba dispuesto a darle era prácticamente insalvable, tal y como se fue viendo a lo largo del trasteo de Bolívar, el desinterés con que fue siendo atendida su labor y la manera en que el encastado animal se fue apercibiendo del truco que había tras el trapo encarnado. En este toro hubo quien quiso ver una gran estocada, donde hubo sólo una efectiva colocación del estoque que tumbó al toro de manera rápida y una deficiente ejecución, quedándose el torero en la cara del toro y saliendo acosado por el animal al sentirse herido.
 
El otro toro de la tarde fue de Ana Romero. Toro Hornacero, número 3, cárdeno claro. Este toro servía de explicación, para quien no lo sepa, de lo qué es el trapío. Un toro que proclamaba sobre los 494 kilos que mostraba la tablilla, su seriedad, su cuajo, y sus perfectas hechuras acordes a su casta. El animal no daba ni media facilidad, ya desde que Iván Vicente se fue a ver cómo le paraba con el capote, y acudió a las dos convocatorias del penco a distancia cumpliendo pero sin ansia, algo mejor la segunda que la primera. En el segundo tercio su lidia le correspondió a Raúl Mateos y ahí se vio perfectamente la clase de la embestida del toro y su viaje largo y fijo lo mismo hacia el capote de brega que al cite de los banderilleros. Iván Vicente se fue a brindar el toro a Curro Vázquez, a agradecerle que le hubiese puesto en esta corrida, y luego se fue al toro con el firme propósito de no darle fiesta en la distancia y de tratar de ahogarle y agobiarle lo que fuese preciso. El toro era de una gran seriedad, vamos que no era de los de “estar muy a gusto” con él, y eso se notaba de manera palmaria en la actitud harto recelosa del madrileño respecto del de Alcalá de los Gazules. Tras echar el canónico rato haciendo ver lo malo que era el toro y sin plantear otros argumentos que los citados decidió irse a por el estoque y mandar a Hornacero al Valle de Josafat, o al lugar donde vayan a parar las almas de los miles de toros con mala suerte que no encontraron enfrente al hombre que les entendiese.

El resto de la tarde estuvo presidida por el permanente tomar el olivo del peonaje, pero como eso los públicos modernos no lo censuran sino que lo toman como cosa atlética y deportiva, pues le pegaron una ovación a Fernando Sánchez que desahogadamente la recogió desde el callejón donde se había guarecido. El que peor parte se llevó en lo del olivo fue Gustavo Adolfo García, de la cuadrilla de Bolívar, que cuando ya se creía a salvo volando sobre la barrera recibió un fuerte topetazo del toro que le había hecho hilo, y le lanzó contra los atestados burladeros de gañote del callejón, que hoy volvieron a registrar otro llenazo histórico.

En la parte de los aleluyas hay que hablar de lo bien que estuvieron Ismael Alcón y Félix Majada, de la cuadrilla de Bolívar y del porrazo, clásica caída de latiguillo, que se llevó Francisco Javier Sánchez, de la cuadrilla de Alberto Aguilar. El hecho de que tras la caída se percibiese a las claras las pocas ganas que el piquero tenía de que se le arrancase el toro y la constatación de que una vez que lo tuvo a merced en el peto le perforase la espalda con el vigor de quien busca un yacimiento de gas natural, no hace sino corroborar el ánimo vengativo, poco dado al fair-play, del varilarguero.
¡Ah! Y Alberto Aguilar, que anduvo por allí el hombre y que por lo que sea no era hoy su día.


 El dedo que señala el camino


La almadraba de Simón Casas

Lunes, 25 de Septiembre

Valle de Esteban

El único "internacionalista" era Daniel Cohn Bendit, y para eso habrá que ver hasta qué punto es un alemán organizando líos en Francia o un francés organizando líos en Alemania.
Felipe Mellizo

domingo, 24 de septiembre de 2017

Habría preferido no hacerlo (tocar el tema catalán, claro)

 Nombrar mal las cosas...

Jean Palette-Cazajus

El  15 de mayo de 2002, día de San Isidro, compartíamos, a pie de acera, un grupo de aficionados y el que suscribe, las cañas y comentarios taurinos de ritual tras salir de Las Ventas. Me acordé de repente que aquel mismo día era la final de la Liga de campeones que oponía, en Glasgow, el Real Madrid y el Bayer Lerverkusen. Mi afición por el futbol es muy moderada, casi más sociológica que deportiva, no obstante pensé que la importancia del partido merecía cierto interés, asombrándome en mi fuero interno por la total indiferencia manifestada por mis compañeros de tertulia. Hasta que caí en la cuenta de que todos los allí presentes eran forofos del “Al-leti”. De modo que me escabullí discretamente hacia el interior del bar para ver en la tele la genial volea de Zidane que dio su novena copa a los merengues.

Terminado el partido todo el mundo se había retirado y me encaminé solitariamente hacia el metro. En la estación de Goya irrumpió eufórico en mi vagón un numeroso grupo de adolescentes tan ruidosos como coloreado de rojigualdo. La enseña nacional se lucía de las dos maneras rituales es decir rodeando la juvenil cintura o colgando de los hombros. A partir de ese momento y hasta llegar a Sol, donde nos apeamos la muchachada y yo, me tocó vivir, boquiabierto, un cursillo de iniciación a una liturgia nacionalfutbolera para mí hasta entonces insospechada. Entre la variedad de los cánticos recuerdo particularmente tres, por orden de agresividad creciente. El primero decía:”Un bote, dos botes, polaco el que no bote”. El segundo: “Puta Barça, puta Cataluña”. El tercero:”No son españoles, son hijos de puta”.
 
 Tanto monta

El bochorno y el sonrojo que me embargaron no se han borrado de mi memoria. Nunca entendí que tras la victoria del Real Madrid contra un equipo alemán, todos los cánticos sonasen antibarcelonistas o anticatalanes. Me dolían particularmente los oídos al oír la brutal y contradictoria estupidez del tercero. Aquellos muchachos experimentaban, me imagino que como sus padres, una legítima alarma frente a las tentaciones secesionistas. ¡Hete aquí gente que aparentemente quieren dejar de ser nuestros compatriotas! Y la manera de expresar aquella alarma consistía en alimentar, legitimar y refrendar de la peor manera los prejuicios e intenciones de aquella gente. Mi indignación era sincera pero un punto retórica. Evidentemente sabía y sé, como todo el mundo, que nada hay  más próximo al amor que su equivalencia invertida, es decir el odio: “la maté porque era mía”. El odio es el amor cuando descubre que se ha transformado en desposesión. Porque el amor, al fin y al cabo, no es más que una modalidad dúctil y fluctuante de las relaciones de poder.
 
 Monta tanto

Han pasado 15 años desde entonces y las cosas están como saben. No sentía la más mínima gana de saltar al ruedo ante lidia tan caótica. Pero me obligan a pegarle unos pases al marrajo cornalón. Lo hago a la fuerza y con jindama. Sé que saldré corneado en la femoral. Lo hago porque hace sólo unas semanas en medio de una muy distendida reunión social, uno de mis amigos más cercanos, levemente estimulado por la previa ingesta de excelentes caldos, me acusó públicamente de ser, “en el fondo”, favorable al separatismo catalán. La cosa es risible para cualquiera que conozca mi jacobinismo genético. Evidentemente lo que cuenta aquí es “en el fondo”. “En el fondo” significa que, a primera vista, nada hay en mis manifestaciones que pueda alimentar cualquier sospecha de  contubernio con los Señores Puigdemunt, Rufián o Tardá. Pero “en el fondo” también significa eso, significa que en aquel sospechoso “fondo”, oscuro y reptiliano, algo debe tener mi forma de pensar que me convierte en “aliado objetivo”, como decían los estalinistas, de los tremoladores de “esteladas”. Barrunto que la fuente de la sospecha puede tener que ver con problemas de lenguaje. Sé que a mi entrañable amigo le irrita particularmente mi propensión a recurrir a la metáfora de las relaciones amorosas, a la versatilidad del amor y del odio, a la peligrosísima permeabilidad e intercambiabilidad entre los dos sentimientos y a su habitual consecuencia, los llamados crímenes, antes pasionales, hoy de género. Tal vez, duraderamente traumatizado por mi experiencia en el metro tras el evocado partido, suelo evitar sistemáticamente el uso de ciertas palabras cuando debo referirme a los protagonistas del psicodrama separatista. No hablo nunca de sediciosos, de traidores, de insurrectos, de terroristas y menos todavía insinuaría cualquier propensión a la venalidad sexual por parte de las madres catalanas.
 
 Animalito democrático

Porque los pozos de la semántica son hondos, oscuros y pronto se vuelven mefíticos. “Nombrar mal las cosas -dijo Camus-  es aumentar la desventura de este mundo”. Es sin duda muy ilusoria mi confianza en los conceptos bien elaborados y mejor expresados. Y más ingenua todavía la idea de que su luz cenital sea capaz de disipar las sombras de la caverna platónica. Pero aquerenciarse en las tablas de los calificativos abruptos, por comodidad y desahogo, evidencia primero la ausencia de bravura del pensamiento y, sobre todo, se convierte en una forma de lenguaje performativo que engendra aquello mismo que pretende evitar. A la manera de los terremotos, suscita réplicas simétricas de igual o mayor intensidad. La alegre muchachada que ciñe sus caderas o cubre sus hombros con “esteladas” demuestra últimamente ser tan faltona, odiosa y descerebrada como sus homólogos de aquel vagón de metro. Con un matiz de importancia en esta dialéctica entre inclusión y exclusión: la batalla del odio cuando se produce  corrompe a los dos adversarios, pero sólo beneficia a uno de ellos. Porque aquí, detrás de la aparente simetría de los comportamientos, se oculta una fundamental asimetría funcional. A nadie se le debería escapar que la exigencia inclusiva que elige expresarse por la vía del odio exclusivo sólo puede conseguir un resultado inverso al que persigue. Peor que un crimen, es un error, habría dicho el siniestro Fouché. En cambio, en todo proceso de separación o escisión, el odio aparece ciertamente como la cuchilla más eficaz y autosuficiente para quienes quieren cortar lazos. Y en orden a la eficacia cohesionadora, como en la dinámica de fuerzas del yudo, mucho más beneficioso que el odio hacia el otro resulta aprovechar el odio del otro hacia uno mismo. Sea real, presunto, inventado o amorosamente cultivado.
 
 Animalito facha

Desde la noche de los tiempos no cabe imaginar un grupo humano que no se haya construido sobre el odio y el crimen. La armonía interior que nos parece caracterizar buen número de microsociedades primitivas, en pocos casos suele resistir el rigor del análisis etnológico. Pero en todos los casos la comunidad se ha construido contra uno o varios enemigos mortales y próximos. Las palabras de Lévi-Strauss al respecto no por clásicas son menos evidentes. “Nosotros” siempre somos las personas, “ellos” siempre son los piojos. Gentilicios como Yanomamis, Inuit, Anishinabeg, Micmac, Comanches, Yaquis, Rom... -podríamos llenar páginas- todos vienen a significar más o menos lo mismo, los Hombres, las Personas, los Puros, los Verdaderos. Y no se trata de un sentimiento “primitivo”. Alimentaba hasta hace poco la conciencia de la mayoría de los ciudadanos de las grandes naciones europeas. Sigue alimentando la conciencia de algunos. Nuestras conciencias modernas se han edificado sobre el espesor de numerosas capas geológicas de sentimientos, identidades y valores  superpuestos. Algunos son englobantes y patentes otros son englobados y latentes, no por ello menos activos.

La noción de sentimiento nacional, lo mismo que  su contenido es extremadamente moderna. No se remonta más allá de la mitad del siglo XIX. La noción de carácter nacional le es algo anterior, en cuanto a una expresión como “identidad nacional” no la encontraremos en la literatura mucho antes de las segunda mitad del siglo XX. La construcción del “roman national”, como se dice en Francia, es reciente. La novela es efectivamente el tipo de forma literaria que caracteriza tanto los siglos XIX y XX como el desarrollo del concepto moderno de nación. Los mitos, las leyendas, la historia van a ser reinventados, reinterpretados, arreglados, desviados, forzados, silenciados, maquillados, customizados por todas las naciones europeas, las pequeñas y las grandes, las oprimidas y las opresoras, al servicio del “roman” nacional. Todo esto se sabe y con esto no hemos dicho nada. Porque esto es lo que hay. Ésta es la historia que hemos heredado. Julio Caro Baroja se reía de quienes consideraban a Trajano o Séneca como “españoles”. No entraremos a dilucidar si el Cid ya puede considerarse español y los almogávares padres espirituales de las traviesas partidas juveniles de la CUP. Lo que sí está claro es que el sentimiento de pertenencia comunitaria era radicalmente ajeno a nuestra actual forma de experimentarlo.
 
 El Cid en Burgos

Con todo, las grandes naciones europeas tales como nos las han legado las incontables vicisitudes de la historia, han ido acopiando a lo largo de los siglos un ingente caudal de significaciones y han edificado con ellas una arquitectura simbólica insoslayable. Siempre fueron grotescas y a menudo trágicas las pretensiones teleológicas con que se pretendió en tiempos no tan lejanos dotar de esencia y destino el momento de las naciones. En cambio, creo que su actual inmanencia en la historia, el legado de su existir, el cauce de su discurrir histórico, sí permiten de alguna manera hablar de teleonomía. Es decir que su historia evolutiva se dirimió en numerosas encrucijadas aleatorias pero también mediante determinaciones internas y necesidades evolutivas que, si bien excluyen toda idea de balance respecto de la situación heredada, nos autorizan a pensar que cualquier otro resultado podía haber sido peor. Hoy tenemos al menos la posibilidad de un juicio comparativo con otras culturas y continentes. Una de las conclusiones plausibles es que el etnicismo fue definiendo la historia de todas las sociedades del fracaso, ya sea mediante la exclusión  ya sea mediante la jerarquización. Antes de que finalice del todo la Historia deberíamos tomar conciencia de que sólo rozaron la grandeza aquellas naciones que intuyeron el carácter desastroso del etnonacionalismo y lograron descartarlo, con mayor o menor éxito, de su construcción política.

(En el próximo “episodio” tal vez convenga hablar un poco de historia comparada europea , particularmente la de España y Francia.)
 
Roger de Flor en Constantinopla