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martes, 26 de septiembre de 2017

El "sapoi"

Paisaje costero con Acis y Galatea, 1657
Claude Lorrain

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El Primero de Octubre (antes festivo, como Día del Caudillo) viene a ser como el “sapoi” de España.

Debo la palabra a un excelente amigo del mundo diplomático, Melitón Cardona, “que estaba allí” (¡como el maestro Juan Martínez!), en Rusia, madre del “sapoi”, palabra intraducible (¿dipsomanía?) con que los rusos designan el mal que lleva a personas normales a dejar, de pronto, el trabajo para emprender maratones de bebida (entre cinco y ocho días) hasta la pérdida de conciencia.

El “sapoi” no lo cura ni el diablo –dice un personaje de Chéjov en un delicioso cuento que la gentileza de Cardona me regala traducido.

Un empresario contrata al más famoso recitador del país, pero el día de la función no puede levantarse.
¡Lo conozco de Moscú! –desespera el empresario –. Cuando empieza a beber vodka, sigue bebiendo un par de meses sin parar. ¡“Sapoi”! ¡Es el “sapoi”!
Un taquillero gordito tuvo una idea: el peluquero curaba el “sapoi”. Lo llamaron. El peluquero metió jabón en una botella de vodka: cuando empezó a echar espuma y a enturbiarse, procedió a llenarla de basura: salitre, amoniaco, alumbre, sal, azufre, brea… Luego, quemó un pedazo de trapo, echó las cenizas en la botella, la agitó y se acercó a la cama…

Únicamente un “sapoi” justifica para el porvenir este delirio y destino de España, la España sin ley “de la ley a la ley” (“la ley es la ley”, concluye “El Proceso” de Kafka), donde llaman “populista” a todo votante con ingresos inferiores a cien mil euros.

Contemplemos este “sapoi” político-mediático como Dostoyevski el “Paisaje costero con Acis y Galatea” de Lorrain en su sueño de Dresde:
En tanto que ruso, era yo entonces en Europa el único europeo. No hablo de mí, hablo de todo el pensamiento ruso
Sé que es cosa del “sapoi”, pero en nuestro sueño, al fin pesadilla, aparece Julia Otero vestida de María Zambrano mirando al reloj de Sol: “Eran las seis y veinte. La seis y veinte de la tarde de un martes 14 de abril…” ¡El “sapoi”!