viernes, 23 de febrero de 2024

Alta Cultura


El Tadzio de Visconti


El Tasio de Armendáriz


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El Consejo de Ministros, sea eso lo que fuere, nombra directora para la Oficina de Cultura en La Moncloa, sede de la Alta Cultura, independiente del ministro del ramo Urtasun, el “Tasio” (hablamos del Patxi Bisquert de Armendáriz, no del Björn Andrésen de Visconti) de La Casa de las Siete Chimeneas, sede de la Baja Cultura, la de quienes creen saber, y así no tienen que aprender.


Napoleón, todo un militarón, da nombre al bonapartismo, y en Alemania, como sabemos por Talleyrand, invitaba a almorzar a Goethe, a quien tenía por el primer poeta trágico del país, aunque no tan riguroso como los franceses en las reglas teatrales. “¿Es usted de los que gustan de Tácito?” “¡Sí, Sire, mucho!” “¡Pues bien! Yo no.”


Para Napoleón, una buena tragedia debía considerarse como la más digna escuela de los espíritus superiores: es superior a la historia…, y el historiador Tácito, decía, a él no le había enseñado nada. “¿Conoce usted –pregunta a Goethe– a algún detractor de la humanidad mayor y más injusto?”


¡Y qué estilo! ¡Qué noche, siempre oscura! Yo no soy un gran latinista, pero deduzco que la oscuridad le es propia, con origen en su genio y en su estilo.


Wieland, que acompaña a Goethe en la mesa, recuerda a Napoleón que Racine llamó a Tácito “el mayor pintor de la Antigüedad”, y le apunta una observación: “Vuestra Majestad dice que al leer a Tácito sólo ve a delatores, a asesinos y a bandidos; pero, Sire, eso era precisamente el Imperio romano, gobernado por los monstruos que describe la pluma de Tácito”… Y así entretuvieron una sobremesa de más de dos horas.


Sánchez, todo un doctor, da nombre al sanchismo, cuyas dos cimas culturales son Eurovisión, con la canción “Zorra”, y los Goya, “obscenario” de la ideología oficial de eso que Curtis Yarvin llama “clase directiva profesional”, último paso de la evolución del socialismo con la difusión de las modas aristocráticas entre las clases medias (sociales, intelectuales, financieras). En ese “obscenario”, instalado en la Florencia de la Renault, sólo se habló, entre eructos o regüeldos, de culos y de pollas; de “lo rahez hispánico”, que diría don Claudio Sánchez-Albornoz, algo más que mero exponente de la mala educación de los españoles que Américo Castro atribuía a la influencia arábiga de las frases sucias y escabrosas de Ibn Hazm, padre de la religión comparada, sin caer en la cuenta de que Ibn Hazm era “pura raza española”, al decir de Albornoz, que pone sobre la mesa las frases muy sucias de Séneca en sus epístolas, o las de Marcial en sus epigramas, o las de Beato de Liébana en sus comentarios.


Los pueblos deben poner su confianza en las lanzas de sus soldados más que en el coño de sus mujeres –dijo famosamente la hermana del rey gallego Bermudo II cuando era llevada a Córdoba como esclava para el harén de Almanzor.


Que parece que no hubieran pasado los siglos.


[Viernes, 16 de Febrero] 

Viernes, 23 de Febrero

 


Tirar la toalla

jueves, 22 de febrero de 2024

Trastos


Michael Josselson



Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Con la primavera, a derecha y a izquierda, que entre nosotros son lo mismo, granan los manifiestos, y no se explica tanta tontuna.


Es la socialdemocracia, ese trasto viejo que nos dejó la CIA.


Desde la Revolución francesa, con su terror jacobino, su corrupción directorial y su militronchismo corso, Europa no ha hecho sino amontonar mentiras, y hoy, vista desde aquí arriba, cualquier verdad es un vértigo.


Todas las mentiras, jibarizadas, cupieron en la gran matrioska de la mentira elaborada en el 45 para vender que en Italia el fascismo fue una opereta, que en Alemania los nazis fueron cuatro drogadictos (¡de Nuremberg salió vivo Albert Speer!), que en Francia la Resistencia fue unánime y que en España el general murió por falta de aire en el asedio de las masas antifranquistas con paga del 18 de julio.


Para hacer frente a la guerra cultural (cultura es aquí el nombre ideológico de la mentira) de la Komintern de Willi Münzenberg, la CIA creó el Congreso por la Libertad Cultural de Michael Josselson, un plan de engorde para la “intelectualidá” occidental, con muchos ex de Münzemberg expertos en buena propaganda, aquélla en la que el tonto se mueve en la dirección inducida por impulsos que a él le parecen propios. Las listas de los sobrecogedores tienen más gracia que las de Panamá.


Y ahora, conectamos en directo con la guerra fría de la cultura –era un gag de la BBC.


Este Plan Marshall cultural se dirigía al hombre progresista “en perpetuo temblor de la culpa” ante el verdadero hombre comunista. A cambio de los dólares, la CIA pedía postureo de tolerancia moral (diálogo, paz) y equidistancia ideológica entre Urss y América, es decir, la socialdemocracia.

Como el sol de Jardiel a su eclipse, España llegó a la socialdemocracia tarde, en el 77, pero se puso al frente de la manifestación que ahora encabezan Snchz y RiveraPili y Mili de un relativismo cultural que iguala a Velázquez con Argüello, el Muelle grafitero con calle en Madrid.
 
 

Abril, 2016 

Revel, un liberal entre París y Washington



Domingo González


Conocido y reconocido por su talento de polemista y su indiscutible erudición, Jean-François Revel sumaba a estas cualidades la fuerza de unas convicciones personales a contracorriente de su época y de su país. De su época: defendió un liberalismo intransigente contra toda forma de tentación totalitaria cuando casi nadie rechistaba contra la doxa marxista. De su país: resultó un exponente atípico de una corriente pesimista y escéptica en la nación que probablemente más carga de fe militante haya depositado en las capacidades transformadoras de la política. Sin embargo, como veremos después, estas dos consideraciones admiten, si no enmiendas totales, sí al menos parciales.


Un liberal del país que ama las ideas


Nacido en Marsella en 1924, alumno de la elitista École Normale Supérieure y agregado en filosofía, enseñó en Argelia, Méjico e Italia antes de abandonar la enseñanza y consagrarse a una carrera intelectual y periodística independiente. Fue un espíritu cosmopolita, actitud que irradió en sus escritos y se reflejó en sus filias y fobias, pero muy francés en un sentido esencial: el de la máxima fidelidad a ese espíritu nacional resumido en la fórmula que el historiador británico Sudhir Hazareesingh acuñó para su Historia de una pasión francesa: “ese país que amaba las ideas”. Y es que, aunque toda gran nación se considera a sí misma como una patria excepcional, la particularidad de Francia es que asocia esa condición al genio que le permite las mayores hazañas teóricas y las más grandes proezas intelectuales. Como historiador de las ideas, filósofo, periodista, editorialista literario y político, director de colecciones en diversas editoriales, la biografía de Jean-François Revel encaja como anillo al dedo con el sentido epocal de aquello que Michel Winock bautizó como “el siglo de los intelectuales”.


En su caso, eso sí, podría invertirse la consigna que tanto se repitió en el momento sesentayochista parisino: a diferencia de toda una generación seducida por esa “cábala de devotos” (título del libro en el que fustigaba a la casta intelectual infectada por las ideologías totalitarias), Revel prefirió tener razón con Aron a equivocarse con Sartre. Desafió con las armas del intelectual comprometido el tipo de gnosticismo anticapitalista y antiliberal que se manifiesta en el desdén por los hechos y el hombre real. Contra la actitud profética de su gremio, que se autoproclama, tal y como apuntó Voegelin, “conocedor de los medios para salvar al género humano”, Revel se atrevía a pregonar la desnudez de las ideologías entregadas a los porvenires radiantes que pasan por la adhesión inquebrantable y beata al puño de hierro que blanden los poderes salvíficos de la tierra. Como escribió su jefe en el diario L’Express, Olivier Todd, fue un enemigo declarado de la jerga, los sistemas, los gurús, los proyectos de sociedad y las utopías.


Pero ésta es, ya lo advertíamos, sólo una verdad a medias, la que deja a Revel, por así decirlo, en el lado bueno de la historia a la vista del desenlace por todos conocido de la Guerra Fría. Porque el liberalismo de Revel venía de la izquierda humanista y no terminó de separarse de una cierta idea de socialismo que cultivó desde su juventud como resistente durante la ocupación alemana de Francia. Escribió sus primeros ensayos contra la derecha (Lettre ouverte à la droite), contra el general De Gaulle y contra la arquitectura monárquica de la Quinta República. Llegó a la conclusión de que el mayor enemigo del socialismo por él deseado era el comunismo. Conoció muy bien a Mitterrand, y hasta llegó a ser candidato en sus listas electorales durante la larga travesía del desierto del líder socialista, cuya juventud política fue, como es sabido, bien diferente a la suya (quizá por esa razón fue Revel uno de los primeros en retratar a esa esfinge fría e impenetrable que llegó al Palacio del Elíseo en 1981). Por decirlo en los términos de Oakeshott, el liberalismo de Revel procedía de la política de la fe pero terminó afincándose, quizá a su pesar, en la política del escepticismo. Aunque nunca del todo.


En Cómo las democracias terminan, Revel advertía de que la democracia liberal se arriesga a ser un breve paréntesis en la historia si el marco mental de los dirigentes y la opinión pública occidental permanece prisionero de la mala conciencia y la ceguera política. De manera casi natural, y quizá apresurada, trasladó su interpretación sobre la amenaza totalitaria roja a un nuevo actor que iba a sustituirla tras la instauración del Nuevo Orden Mundial: el terrorismo islamista. Esta coalición de enemigos explica en buena medida su apuesta por el modelo norteamericano, por mucho que el liberalismo reveliano fuera, no obstante, decididamente antifukuyamesco. De hecho, más bien podría reprochársele un exceso de pesimismo en sus pronósticos. La astucia de la razón parecía inclinarse hacia el lado perverso de la historia. Precisamente en el momento en el que la humanidad percibía la necesidad de una democracia universal, Revel entendía que el sistema democrático occidental “se corrompe, se desnaturaliza, se falsifica en su centro”. Poco rastro de mesianismo o soteriología democráticas en su cosmovisión.


Liberal impenitente, Revel propuso en sus obras distintos remedios contra el derrotismo democrático. Esta terapia histórica se podía interpretar también al modo de una lucha interior contra las necesidades psicológicas que las distintas formas de totalitarismo satisfacen: superación de los nacionalismos, restablecimiento de la separación y el equilibrio de poderes, adecuación entre el progreso de los conocimientos y la eficacia de la acción y la decisión políticas. Su teoría sobre el conocimiento inútil es, en este sentido, sintomática de su pesimismo civilizatorio. El incremento del conocimiento en múltiples campos del saber no repercute, según Revel, en un espacio público impermeable al racionalismo de los hechos que prospera en la sociedad civil. Por su apego a las leyendas y prejuicios de las ideologías los clercs político-intelectuales siguen conduciendo a las masas por la senda de las quimeras.


Esta actitud general hace de su defensa cada vez más entusiasta de los Estados Unidos un elemento problemático y sintomático de su pensamiento. “Si borra el antiamericanismo, elimina el ochenta por ciento del pensamiento político francés, tanto de izquierda como de derecha”, llegó a decir en una entrevista. Esta posición sin duda revela su disidencia pública. Sin embargo, ni siquiera él logró mantenerse al margen de la imagen deformada de los Estados Unidos que prevalece en el Hexágono.


¿Ni Marx ni Jesús?


Para Revel Norteamérica prácticamente inventó la idea de futuro. Mientras que todas las sociedades anteriores, incluidas las modernas, tenían sus modelos en el pasado (la anticomanía, por ejemplo, de los revolucionarios franceses, maravillosamente restituida por Claude Mossé), los Estados Unidos pueblan su imaginario con una sociedad por venir, ciudad en la colina que será habitada por hombres nuevos sin mancha. Y Revel aspiraba precisamente a un tipo de democracia planetaria nacida de una segunda revolución mundial. Según la atrevida interpretación de Ni Marx ni Jesús, esta segunda venida del espíritu revolucionario sólo podía brotar en virtud del particular dinamismo histórico de los Estados Unidos de América, una “sociedad-laboratorio” llamada a contagiar su estilo de vida a todos los países del mundo, pues “la revolución se descompone en dos palabras: crisis e innovación”. Es aquí donde se puede señalar uno de los grandes errores de su comprensión de los hechos históricos.


Sin duda acertó al entender, quizá antes que nadie, que la revolución no vendría de Moscú sino de América. Pero, ¿ni Marx ni Jesús? La revolución americana no es sino una vía particular y heterodoxa de otros cristianos por otro socialismo. Ahí está el engendro Woke para demostrarlo, acrobacia religiosa, herejía desquiciada de seguidores iconoclastas tanto de Marx como de Jesús, hermanados en la común devoción de la religión victimocrática. No es casualidad que la nueva izquierda europea exprese una admiración indisimulada por esta América liberal y progresista que encaja a las mil maravillas con sus aspiraciones. Cuando Revel vituperaba los residuos de mentalidad totalitaria en la izquierda europea a pesar de los incontestables fracasos del socialismo real, no le faltaba razón: su socialismo podía sentirse mejor representado en Washington. De algún modo, podría repetirse la fórmula de Augusto del Noce: el marxismo fracasó en el Este porque triunfó en el Oeste.


Edgar Morin, que según confesión propia había vivido su militancia en el Partido Comunista francés durante los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado como una forma de misticismo religioso, regresó extasiado de su estancia con los “socialistas” de California en los años sesenta. Alí encontró un ideal que le rejuveneció y que no pudo definir en mejores términos: “Neorousseauismo, ansia de pureza cristiana, calor infantil, tradición libertaria, comunismo utópico, rechazo katmandiano de Occidente”. Jean-Marie Domenach lo expresó de modo menos matizado en la revista Esprit en los años setenta, poco después de la publicación de Ni Marx ni Jesús: “Los Estados Unidos son hoy el más grande país comunista del mundo”. Annie Kriegel recordaba que los comunistas “a su manera, aman América, ya que se sienten en sintonía con sus aspiraciones, sus necesidades, las expectativas que presiden el uso persistente de la metáfora del Nuevo Mundo”. Y añadía: “Que la entrada en la Tierra Prometida pase por la migración o por la conversión, en los dos casos ha sido preciso arrancarse del país antiguo de la Caída y del Pecado, ha sido preciso, en persona, elegir, elegir una nueva manera de ser en el mundo. El emigrante y el comunista comparten una misma experiencia brutal que es la de la ruptura”.


Trotsky, por su parte, en un texto particularmente revelador, confirma esta realidad antropológica esencial que anida en un espíritu revolucionario común a los proyectos prometeicos modernos: los Padres Fundadores de bolcheviques y puritanos comparten los mismos antepasados. Después de la Revolución, apuntaba el creador del Ejército Rojo, la vida humana se ha convertido en un Vivac, es decir, uno de esos campamentos instalados de manera provisional para pasar la noche al raso a la espera de la morada definitiva. Escribió: “¿De qué sirven las casas sólidas -se preguntaban los viejos creyentes de antaño- si estamos esperando la venida del Mesías? La Revolución tampoco construye casas sólidas; para compensar, traslada a la gente, la hacina en los mismos locales y construye barracones. Cuarteles provisionales: tal es el aspecto general de sus instituciones. No porque espere la llegada del Mesías, no porque oponga su objetivo final al proceso material de organización de la vida, sino porque se esfuerza, mediante la investigación y la experimentación constantes, por encontrar los mejores métodos para construir su hogar definitivo. Todas sus acciones son esbozos, borradores sobre un tema determinado”.


Liberal francés…y americano


Revel podría haberse sumado a la corriente principal del liberalismo francés, que no es la de gigantes como Tocqueville, sino aquella otra que ha retratado Lucien Jaume a partir de sus estudios sobre la democracia jacobina y el siglo XIX. Lejos de entronizar al individuo como la Ilustración escocesa, el liberalismo francés lo borra. El individuo liberal a la francesa, consagrado por la Reforma y confirmado por la Declaración de los Derechos del Hombre, debe lidiar con el Estado soberano de matriz bodiniana que lejos de debilitarse se refuerza con la Revolución. En figuras como François Guizot y Victor Cousin se manifiesta este empeño por borrar al individuo sometiéndolo al espíritu geométrico de la centralización administrativa. Fue el francés un liberalismo eminentemente estatista, coloreado además con un espíritu misionero y colectivista, de genuina religión civil republicana. El liberalismo de figuras como Madame de Staël o Benjamin Constant, partidarios de la protección de la conciencia individual y de los derechos del individuo frente al Estado, no se sumó al cauce principal del liberalismo mayoritario en Francia. La anticomanía jacobina se inclinó del lado de la libertad de los antiguos, que exige que el interés de la Ciudad absorba la energía de todos. En La República de los republicanos franceses la interpretación de la Declaración de derechos del Hombre y el Ciudadano siempre fue selectiva. El francés solo sería reconocido como ciudadano a título de soldado, contribuyente, elector o alumno de la escuela republicana. La larga sombra de Rousseau no se desvanece con Robespierre. La humanidad liberal francesa, más allá de la retórica universalista, circuló por el carril de una ciudadanía domesticada por el Estado. Paradojas del liberalismo francés, las llama Jaume.


Si nos extendemos en este punto es simplemente para señalar que Revel habría podido seguir perfectamente el cauce de este liberalismo a la francesa sin traicionar las bases de su pensamiento. Si no lo hizo, tal vez fue porque París ya no era la Meca de la Revolución y Moscú no podía serlo. Quedaba Washington como Tercera Roma del cosmopolitismo socioliberal. No faltaban fuentes filosóficas para fundamentar un liberalismo progresista a la americana. De hecho, en Estados Unidos el liberal es, a grandes rasgos, un socialdemócrata que reza. Es la línea de Herbert Croly, que apelaba a la creación de una Nueva República de “fines jeffersonianos con medios hamiltonianos”. Son aspectos que nos recuerda Patrick Deneen en ¿Por qué ha fracasado el liberalismo? Para este nuevo liberalismo americano “la democracia ya no podía seguir significando independencia personal basada en la libertad de los individuos para actuar de acuerdo con sus propios deseos. En vez de eso, debía estar imbuida de una serie de compromisos sociales, incluso religiosos, que harían que las personas reconociesen su participación en la ‘hermandad que constituye el género humano’ ”. El pastor bautista Walter Rauschenbusch profundizó en esta sensibilidad al proponer un Reino de Dios en la tierra, una nueva forma de democracia que “no aceptaría la naturaleza humana tal y como es, sino que la impulsaría en la dirección de su mejora”. Dewey proponía un “socialismo público” y Croly un “socialismo flagrante”, pero tanto para el uno como para el otro este socialismo se ponía al servicio de la construcción de un nuevo individuo liberado de las ataduras del pasado. Es una corriente que llega hasta Saul Alinsky en el siglo XX, inspirador de Obama, Robin Hood de los suburbios de Chicago, amigo del filósofo católico Jacques Maritain (otro converso, ay, al americanismo) y objeto de la tesis doctoral de Hillary Clinton


Aron recordó en sus memorias que a finales de los setenta Revel todavía se consideraba socialista aunque en el paradójico sentido de que “solo el liberalismo puede colmar las esperanzas del socialismo”. Liberal a fuer de socialista, esta particular visión se manifestó de modo privilegiado en La tentación totalitaria, cuyas primeras líneas rezaban: “El mundo actual evoluciona hacia el socialismo. El principal obstáculo para el socialismo no es el capitalismo, sino el comunismo. La sociedad del futuro tiene que ser planetaria, por lo cual sólo puede realizarse a costa, si no de la desaparición de las naciones-Estado, por lo menos de su subordinación a un orden político mundial”. No es forzar demasiado las cosas afirmar que esta apuesta por el futurocentrismo socialista-liberal, mundialista y antinacional, desideologizado y tecnocrático, hace de Revel un precursor intelectual del macronismo, es decir, una forma de internacional-socialismo de corte saintsimoniano que opera tras la máscara de unas instituciones europeas impacientes por disolver a las naciones-Estado que las fundaron. Unas instituciones inmersas en una carrera federalista que sólo disfraza, con amable semblante, la verdadera realidad del hegemon norteamericano ante el que se inclinan, al menos, desde Jean Monnet. “No es el hombre de los americanos -decía con sorna De Gaulle sobre el banquero de inversiones francés y ‘Padre’ de Europa-, es un gran americano”.


El liberalismo, ¿un socialismo de rostro humano?


“Cuando un país supedita su política exterior a su política interior, es decir, al bienestar de sus ciudadanos –aseveraba Revel, puede considerarse más socialista que cuando actúa a la inversa”. He aquí, por fin, el socialismo de rostro humano tantas veces invocado del otro lado del Muro. Un socialismo centrado en la administración de las cosas del que emana el ídolo del bienestar material. Y autista en cuanto a la concordia interior y la seguridad exterior que define el gobierno de los hombres. No era nada nuevo, en realidad. No en vano, el barón Hertling ya había advertido de este giro de la política contemporánea en 1893: «No hace mucho tiempo que la palabra política designaba exclusivamente la política exterior. Las fuerzas respectivas de los diversos Estados, sus relaciones recíprocas, amistosas o tirantes, sus alianzas variables, sus proyectos y aspiraciones: tal era el objeto exclusivo que interesaba a diplomáticos y hombres de Estado… Después el interés político cambió de orientación, recayendo especialmente en cuestiones de orden interior, tales como la constitución y administración del Estado, puestas al día por el entonces llamado constitucionalismo”. Es una tendencia que Revel jaleó infatigablemente en su obra por mucho que su pesimismo le hiciera lamentar, una vez más, las lamentables resistencias nacionalistas del Estado-nación. El internacionalismo socialista se expresa perfectamente en esta afirmación del Revel “liberal”: “Mientras persista el sistema de Estados-naciones, retrocederá la democracia. Y mientras retroceda la democracia, no podrá instaurarse el socialismo”. Este socialismo no es otra cosa que la utopía liberal de una democracia sin cuerpo. Y podemos decir que nunca se ha avanzado tanto como en nuestro tiempo en esta suicida dirección. ¿Lo hubiera deplorado Revel?


La realidad es que el modelo político de la Unión Europea viró hace ya mucho hacia una nueva forma de totalitarismo liberal-socialista del Bienestar. Un sistema, por tanto, que desafía las rígidas antítesis revelianas: la convergencia de la democracia liberal y un nuevo modo de totalitarismo sin violencia. ¿Olvidó acaso Revel las lecciones y profecías del gran Tocqueville sobre el inquietante horizonte que se cierne sobre una democracia entregada al despotismo paternalista? ¿Habría celebrado esta evolución o la habría interpretado como el cumplimiento de sus pronósticos más tenebrosos sobre la inevitable infección de residuos ideológicos totalitarios en las débiles democracias occidentales? Si fuera así, si la melancolía liberal se hubiese impuesto definitivamente a su fe socialista, el hipotético análisis reveliano se asemejaría hoy al que se nos ofrece desde el Este poscomunista en boca de autores como Ryszard Legutko, quien en Los demonios de la democracia presenta un diagnóstico inmisericorde de la Unión Europea: la UE es hoy la UERSS. “Al contrario de lo que muchos piensan -afirma Legutko-, el mundo demoliberal no se desvía demasiado, en aspectos importantes, del mundo soñado por el hombre comunista que, a pesar de sus enormes esfuerzos colectivos, no pudo construir dentro de las instituciones comunistas. A decir verdad, hay diferencias, pero no tan grandes como para ser agradecidas y aceptadas incondicionalmente por alguien que haya tenido experiencias de primera mano con ambos sistemas y haya pasado del uno al otro”. Es precisamente esta experiencia biográfica la que coloca a este filósofo polaco, eurodiputado del grupo de los conservadores, por encima de la caduca visión de Revel, que en realidad nunca sufrió el totalitarismo en carne propia, por más que lo denunciara siempre con vehemencia y coraje. Comparados con esta lucidez llegada del Este, sus juicios parecen hoy petrificados en un mundo que ya no es el nuestro.


Apocalipsis Yankee, el regreso de Trotsky


Si Revel ignoró que la utopía totalitaria se introdujo bajo otros ropajes en la corriente dominante de las democracias liberales, su apuesta por los Estados Unidos pasó también por alto un rasgo que John Gray expuso magistralmente en Misa Negra: la americanización del Apocalipsis. Esta tendencia apocalíptica de la política norteamericana se agravó especialmente a raíz de los atentados del 11-S de 2001. “Por haber sido fundada sobre una ideología que se reivindica universal, Estados Unidos pertenece afirma Gray a la misma familia de Estados que la Francia posrevolucionaria y la antigua Unión Soviética, pero, a diferencia de estos, el régimen estadounidense se ha mantenido asombrosamente estable”.


La evolución ideológica de Revel no se distingue demasiado de la de los viejos izquierdistas de matriz trotskista que en Estados Unidos fundaron la corriente Neocon, como Irving Kristol, Gertrude Himmelfarb, Daniel Moynihan o Midge Decter. Lo confirma Michael Novak: “La práctica totalidad de este conjunto habían sido hombres y mujeres de la izquierda, y más concretamente, de los sectores que se situaban más a la izquierda que el Partido Demócrata, quizás entre el 2 o 3% más izquierdista del electorado estadounidense. Algunos eran socialistas económicos; otros eran socialdemócratas políticos”. Gray, por su parte, es muy explícito en cuanto a la factura marxista revolucionaria del pensamiento de este grupo de autores: “Lo que los neoconservadores han reproducido no es el contenido de la teoría de Lenin, sino el estilo leninista de pensar. La teoría de la revolución permanente propugnada por Trotsky sugiere la necesidad de demoler las instituciones existentes para crear un mundo sin opresión. Esta especie de optimismo catastrófico que inspiró gran parte del ideario trotskista es también el que subyace a la política neoconservadora de exportación de la democracia”. Es la política que Revel apoyó en sus últimos años, bien es verdad que en la minoría de una atmósfera francesa muy hostil a los Estados Unidos y sus proyectos geopolíticos.


Al igual que los neocon, el proyecto planetario de democracia incorpórea defendido por Revel conservaba una matriz utópica que prescindía del cuerpo nacional, presentando a ambos (democracia y nación) casi como opuestos. Revel se manifestó incluso en favor del derecho humanitario de injerencia, junto a Bernard Kouchner y Mario Bettati. Este último, jurista francés y profesor de derecho internacional, conserva su buena o mala fama gracias a su terrible apotegma, digno de figurar en las páginas del Apocalipsis Yankee: «la soberanía es la garantía mutua de los torturadores”. Muy malas compañías. No había que esperar veinte años de ocupación militar norteamericana en Afganistán para entender que una democracia sin cuerpo es un proyecto mucho más utópico que el de un cuerpo sin democracia. El regreso de los talibanes al poder es una gran lección contra el democratismo multicolor de los misioneros armados y contra el discurso de las almas bellas que lo respaldan.


La soberanía como origen de todos los males: el salto hacia la utopía


Es uno de los grandes errores de la visión política de Revel, la que se manifiesta en su rechazo de la idea de soberanía nacional. En buena medida este error se explica por su concepción típicamente moderna de los conceptos políticos. Entendía probablemente, no sin razón, que la comprensión francesa de la soberanía, la que arranca en el poder absoluto y perpetuo de Bodino y culmina en la voluntad general de Rousseau, era incompatible con la sociedad liberal a la que aspiraba. Pero este es precisamente el callejón sin salida de cierto liberalismo. En vez de apostar por un modelo alternativo de soberanía popular, como el medieval de Altusio, apostó por la denuncia antipolítica de la soberanía nacional. Con la soberanía moderna Revel desprecia no sólo un concepto histórico que se puede (y se debe) criticar sino la esencia misma de lo político, que no se puede rechazar sin negar la realidad misma. Es lo que se llama en Francia jeter le bebé avec l’eau du bain (tirar al bebé con el agua del baño). La desconfianza del liberalismo frente al poder político es tanto más paradójica cuanto que los liberales empezaron por concederle todo al Leviatán en la construcción del hombre nuevo y de la nueva sociedad. Retirarle con una mano lo que han dado con la otra: he aquí la inconfortable posición del alma liberal, eternamente en pugna entre su polo anárquico y su polo macroárquico.


Raymond Aron, que apreciaba personalmente a Revel y que colaboró con él en su común vocación periodística, retrató magistralmente en sus memorias las aporías de su pensamiento: “Lo que me impresionaba en él como escritor era la presencia simultánea de una auténtica cultura y el arte de conseguir que la polémica fuera comprensible para todos los lectores. Sus libros, que simplificaban sin vulgarizar los grandes debates, estaba inspirados por un anticomunismo que él mismo calificaba de ‘visceral’ y encontraban gran audiencia a ambos lados del Atlántico, lo cual demostraba su éxito en un género tan difícil. Al mismo tiempo, me hacía cruces —y así se lo dije cuando nuestras relaciones se hicieron más estrechas— de su empeño en llamarse ‘socialista’, del salto que daba hacia la utopía al alzarse contra las soberanías nacionales, a su juicio el mal por excelencia, el origen de todos los males”. Una vez más, hay en Revel un escepticismo que no termina de despegar, una utopía que se resiste a morir.


En efecto, Revel había escrito en La tentación totalitaria que Maurras había triunfado y Marx fracasado. Un juicio desconcertante: con el principio de la soberanía nacional y el culto de la nación asociado al Estado los principios de la monarquía absoluta triunfaban clandestinamente en el mundo moderno. En parte esto explica el origen antigaullista de su carrera intelectual y su apoyo a Mitterrand. Sus primeros ensayos, El estilo del general y Las insuficiencias del absolutismo, disparaban su munición argumental contra el general De Gaulle y la arquitectura monárquica de la Quinta República. Como intérprete de la genealogía de las ideas no le faltaba razón pero, en este aspecto al menos, no supo ver que al impugnar la empresa gaulliana contra el incipiente federalismo europeísta y la hegemonía militar de la OTAN se ponía del lado de otra tentación totalitaria, una tentación quizá más sutil pero a larga también más eficaz que la encarnada por los Soviets.


En los años ochenta, con la reedición de su libro contra De Gaulle, no renunció a sus juicios contra el general y lo que él estimaba como errores históricos de su interpretación, pero terminó significativamente con estas palabras: “De Gaulle fue grande, no porque fuera infalible, sino porque era capaz de esa rapidez en la decisión y la acción que es la única marca de los verdaderos dirigentes, y que permite decir que, si no hubieran estado allí, mejor o peor, el mundo en todo caso habría sido diferente. ¿De cuántos se puede decir lo mismo?”. ¿Había comprendido por fin que la grandeza de los grandes estilistas de la política termina siendo al final imprescindible para sostener, no sólo la democracia sino también la prosperidad de los pueblos libres? No sabemos lo que Revel hubiera dicho o escrito sobre el curso de los acontecimientos entre su muerte en el año 2006 y la actualidad. Pero quizá esta frase apuntaba en una dirección más estimulante que la que reflejó en escritos anteriores.


Carlo Gambescia ha retratado magistralmente en Liberalismo triste los rasgos de una tradición liberal realista, centinela de los hechos y apegada a las regularidades de lo político. Es una tradición melancólica que conoce bien, como indicaba Berlin, que “del leño retorcido del que el hombre está hecho (…) no puede salir nada enteramente derecho”. Este liberalismo triste tiene los pies firmes en la tierra y se siente extraño al despegarlos. “Es la melancolía orgullosa en Burke; benévola en Tocqueville; fáustica en Weber; distante, tal vez demasiado, en Pareto; inquieta, no obstante el hábito científico, en Mosca; raciocinante en Ortega; febril en Röpke, metódica en Jouvenel; serena en Aron; humilde en Freund; autoirónica en Berlin”.


No hay mimbres en la melancolía reveliana para habitar en este Olimpo del pensamiento. Su visión no expurgó del todo las utopías que, a este o al otro lado del Atlántico, imaginaron “unos nuevos cielos y una nueva tierra” para los hombres. No llegó a ser un verdadero liberal triste. Afortunadamente tampoco fue un triste liberal. Quedémonos con eso.


Leer en La Gaceta de la Iberosfera 

Jueves, 22 de Febrero

 


Los aristogatos

miércoles, 21 de febrero de 2024

El 3 (A la memoria de Andreas Brehme)

 


Con el Zaragoza



            Francisco Javier Gómez Izquierdo

  

El puesto de lateral izquierdo y el rival que llevara el número 10 eran y son detalles que a servidor siempre le han llamado mucho la atención. Ahora el 10 lo lleva cualquiera, y de lateral izquierdo, debido a su escasez o a la insuficiente calidad del disponible, juega un central que es zurdo, un diestro "a pierna cambiada", un extremo sacrificado o un titular del que habla muy bien la prensa, pero que tú ves que no, que no... Laterales zurdos muy distintos convivían en un mismo equipo, tal que Camacho y Gordillo en planteamientos o acomodos tácticos que se entendían perfectamente, pues se aplaudía tanto al férreo marcador como al formidable centrador, pero un lateral que hiciera lo que Gordillo y Camacho a la vez, pocos. Muy pocos. Los que han ido saliendo en la historia, todos legendarios: Maldini, fuera de categoría, Cabrini, Fachetti.., los brasileños Roberto Carlos, Júnior, Marcelo.. o los alemanes Breitner y Brehme.


              Viene el tema a cuenta del sorprendente fallecimiento de Andreas Brehme, uno de los mejores treses de la historia del fútbol que honró la banda de San Siro en la que se consagraron en la misma especialidad del oficio balompédico tipos como Fachetti en el Inter o Maldini en el Milán, así como Cabrini en la Juventus. Simeone, ex-interista también, sacó a Reinildo anoche para que se reivindicara en territorio sagrado, después del desaguisado en Copa contra el Atlhetic de Bilbao, pero Reinildo, que en vez del 3 lleva el 23, a servidor le parece que no, que no... Le salen partidos de bien alto casi notable, pero no es de fiar, y anoche la lió parda en compañía de Rodrigo de Paul.


               El dorsal 3 del Inter de Milán fue retirado en 2006 a la muerte del alma y corazón del club, Giacinto Fachetti, con 64 años. No lo sé, pero es casi seguro que sería Fachetti -lo fue todo en el Inter, murió siendo presidente- quien fichó a Brehme y quien se santiguaría ante esa genialidad que se atribuye a Andreas en la final del Mundial del 90 de lanzar con "la pierna mala" un penalti que valió el Mundial. A Reinildo la jugada tonta de anoche le pilló también en la derecha. Desubicado y como si el espíritu del 3 en modo de ataque atolondrara tanto a él como a De Paul, los dos futbolistas colchoneros propiciaron la victoria interista por 1/0 mientras San Siro recordaba llorando como debe ser un 3 y lo temprano que se mueren. En el Inter nadie más llevará el número sagrado.


      Descanse en paz Andreas Brehme, un fenomenal pelotero que al parecer no supo disfrutar de la gloria que alcanzó.

¡Mentira!


La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Desde que Platón criticó las mentiras de Homero, la mentira es la verdad de la imaginación.

La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo, tiene dicho Revel, es la mentira. Por eso resulta entrañable comprobar que el único argumento del español de orden contra la sedición sea que los sediciosos dicen mentiras (muy bien apañadas, por cierto, como ha demostrado Hughes en su indagación sobre ese “derecho a decidir” que hace que la Independencia pueda alcanzarse buscando, gritando y pidiendo... democracia).


En la política no hay más verdad que el poder: conquistarlo, defenderlo y ampliarlo. El resto es literatura (no siempre homérica): mentiras.


En el nazismo todo era mentira, menos lo malo. Pero la mentira no es un invento nazi: Lenin desencadenó la Revolución de Octubre, de la que ahora se cumplen cien años, al grito de “¡Todo el poder para los soviets!” Pero cuando en la rebelión de Kronstadt los soviets se alzaron contra la dictadura del Partido, Lenin no dejó en pie más que “el soviet de la Complutense” (?) que dirigía, antes de colocarse como partisana en el Ayuntamiento de Madrid Rita Maestre.

La madre de todas las mentiras es la Revolución francesa, una mentira en sí misma, y partera, en lenguaje marxiano, del terrorismo (Convención), la corrupción (Directorio) y el militarismo (Imperio) ilustrados. De la mentira de la Bastilla (espectáculo de la chusma que a Saint-Just le pareció “propio de caníbales”), bendecida por el “Te Deum” real, a la Gran Mentira del 15 de julio del 91 con el decreto de la Asamblea que transforma la huida del rey a Varennes… ¡en rapto!... a fin de detener la Revolución, que avanzaba hacia la abolición de la propiedad.

La Europa contemporánea se balancea sobre una telaraña de mentiras alrededor de la Mentira Suprema: la resistencia de las naciones continentales al fascismo. Y la acedía moral que produce la combatimos chupando caramelos “toffee” del “Estado de Derecho”, tautología huera, chirle y hebén que… ¡ya ven! 


Octubre, 2017

Miércoles, 21 de Febrero

 


Barbería gallega

martes, 20 de febrero de 2024

Vigny-sur-Seine


Céline


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Con los guardias civiles asesinados en Barbate de cuerpo presente (Realidad), el gobierno se fue de smoking a una kermese goyesca en Pucela (Ficción), blindada como Fort Knox para la ocasión.


Eres un icono, presi, te queremos, ¡wooow! –le decía al tipo disfrazado de Toni Manero que funge de presidente una Applebaum del Ente que demostraba tener bien aprendidos los principios de etiqueta propios de la servidumbre en las patocracias.


El cine es el libro de los que no leen libros, y el Régimen, que hoy (ayer para el lector) conmemora el cincuenta aniversario del Espíritu del 12 de Febrero, escogió esa rama del Estado (“séptimo arte”, la bautizó el loco Canudo) como comedero cultural para sus propagandistas. Supone la culminación de la idea de modernidad puesta en marcha por Arias en su discurso del 74: “El consenso nacional en torno al Régimen en el futuro habrá de expresarse en forma de participación operativa”. En resumen: no tendrás nada y serás feliz. Y aquí estamos, al final de la noche, en lo que parece el manicomio parisino de Vigny-sur-Seine, del doctor Baryton.


El sistema Baryton de los “cretinos en el cine” nos ocupaba suficientemente –escribe Céline, receptor de las confidencias del alienista: “Cuando abrí mi manicomio éramos un número limitado de facultativos, y mucho menos depravados que hoy… Ninguno intentaba entonces estar tan loco como el cliente… ¿Está usted en condiciones de tranquilizarme sobre la suerte de nuestra razón? ¿E incluso del simple sentido común? A este ritmo ¿qué nos va a quedar del sentido común? ¿Es que ante una inteligencia realmente moderna no acaba todo valiendo lo mismo? ¿Por qué, entonces, no volvernos locos nosotros mismos? ¡Y jactarnos de ello, además! ¡Hacernos publicidad con nuestra demencia!” Voilà, la patocracia.


La terapia de Baryton en Vigny-sur-Seine combinaba el cine con el tratamiento eléctrico. “¿Cuál es la última película que ha visto, presidente?”, preguntaba (periodismo de Estado) la Applebaum del Ente (“la televisión, después de todo, no es más que el cine por radio”, dejó dicho Cabrera Infante), y nuestro estadista salía por Sofía Mazagatos: “Bueno, no te puedo decir una (tuteo falangista)… ¡Muchas!” Vamos, las Obras Completas de Platón.


Con el presidente viendo películas, Marlasca, a quien alguien ha dicho que es Fouché y él se lo ha creído (“un patrón se siente siempre un poco tranquilizado por la ignominia de su personal”, fue el diagnóstico célinesco), era confrontado en un funeral por la dignidad de una viuda en carne viva, que impidió al ministro imponer una medalla al esposo muerto.


En el París del 94, y para desvanecer el infame espectáculo de la guillotina, el Terror dispuso el traslado del cadáver de Rousseau al Panteón el mismo día que decapitaba a las viudas de Hèbert y de Desmoulins, el Cicerón tartamudo de la Revolución, origen de todas las patocracias, que llamara al pueblo a la toma de la Bastilla.

 

[Martes, 13 de Febrero]

El semicírculo y el cartabón (carta de amor al cubano desaparecido)



Orlando Luis Pardo Lazo

Hypermedia


En las aulas del castrismo sentimental, la luz entraba a borbotones por los ventanales abiertos como poros ávidos de esperanza, como párpados ávidos de despertar. País sin persianas, nación transparente, fidelidad hecha de fotones. Las cosas no tenían sombra bajo el sol recién nacido de los años setenta. Una edad de oro en plena mayoría de edad del horror.


El clima era entonces perfecto en Cuba. La Ecología no impactaba en la Historia ni con el dique de una represa. Había, para colmo, cuatro estaciones. En La Habana no nos faltaba nada. Éramos Europa. Éramos el mundo occidental archivado en un archipiélago. Supremacismo insular.


Los cubanos teníamos contemporáneos. Estábamos todos en casa. Es decir, nos aprestábamos a presenciar juntos el cambio de siglo y milenio, catalizado por un cometa Halley de bisabuelos que retornaría a punto de adolescencia, en el futuro de ciencia-ficción que en nuestra infancia era la fecha de 1986.


Toda una generación de cubanitos con Cuba crecía iluminada allí, entre temperas y crayolas, en un crisol de cariño incubado junto a las pizarras por el white face de las tizas, por el riesgo de los borradores volantes, y por los reglazos que decoraban las sayas de corduroy de las últimas maestras de una República hecha trizas apenas una década atrás.


A golpes de semicírculo y cartabón, destruir había sido un placer matemático. Geometría de la represión, reflejada en las sonrisas sin espanto de nuestros padres. Estábamos satisfechos. Joven había de ser quien lo quisiera ser. Las ropas adquiridas por el Plan Jaba eran indistinguibles, como los alimentos que escaseaban pero nunca se ausentaron. La moneda estaba escrita en mármol. El paisaje del país cargaba con el peso específico del palimpsesto de sus paisanos. Y, por supuesto, nadie se iba a morir, menos entonces.


El que diga que no fue feliz sobre el maderamen clerical de aquellos pupitres, miente o la amnesia lo ha hecho un nacional miserable. El que diga que no se enamoró de la vida de manera vitalicia en una de aquellas escuelas “Mártires de Acullá”, no tiene corazón entre las cuatro costillas que le quedan en su caja del pecho, cárcel cansada de nuestros cuerpecitos vacunados con el caramelo antipolio de una patria pre-Pfizer.


Ser cubanos se trataba de encajar en un cosmos resuelto. Milenarismo marxista. Materia estabilizada por los isótopos de una ideología sin marcha atrás, ni espejo retrovisor. El entorno era eterno. Yo me llamaba Orlando Luis hasta el fin de los tiempos. Tú te llamabas Ulises. Él, Andresito. Nosotros y nuestra incipiente inmortalidad. Ustedes, los que no se enteraron de nada, mientras la belleza bullía en las vísceras de un siglo XX sin fecha de caducidad.


Ellas, por su parte, se llamaron todas Isabelita, Mónica, Sujayla, Angélica, Yamina, Andria y, para siempre, Maité.


Queridos primeros amigos. 


Queridas primeras novias.


Querida primera vida, el único momentico donde correteábamos delante de rastras y trenes, cayéndonos de un tercer piso con impunidad de peluches, derrotando a golpes de milagro la meningitis meningocócica o las hemorragias imperialistas del dengue viral. Infantes impunes a la muerte propia e indiferentes a la muerte de los demás.


Que levante la mano, si no está muerto, el que no fue amado para siempre y para siempre amó. Que dé un paso al frente, si después del despotismo queda alguien de pie, el que no iba a ser amado para siempre y para siempre iba a amar.


Todos y cada uno de esos cubanos, hoy en las trincheras triples de la tiranía y el tiempo y la tristeza, nos merecemos una carta secreta, escapada de las alcobas en que vinimos al mundo sin miedo de ser malos, por mucho que el mundo sí lo pudiera ser.


Los días de amor en la diáspora deberían ser como dedos que recuperen nuestro sentido del tacto. En el sentido de tener tacto, de no ser tan torpes mientras nos vamos dando trastazos en el espectáculo planetario. 


Como cubano, tú mereces recibir esa correspondencia misericorde, epístolas salidas del mejor buzón que atesoras de los tiempos en que fuiste hermoso y fuiste libre de verdad, cuando guardabas todos tus sueños en un castrismo de cristal, hasta que poco a poco fuiste creciendo y tus fábulas de amor se fueron desvaneciendo como pompas de jabón.


Te encontraré una mañana, compañero, lejos de la Revolución. Y prepararemos la cama, compañera, para nos. 

Martes, 20 de Febrero

 


Valle de Esteban

Gato y perro

lunes, 19 de febrero de 2024

El mejor del mundo



@realmadrid


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Ancelotti, que ya tenía un bien ganado prestigio como gestor de egos, ahora se consagra como gestor de centrales, lo que demuestra que ve el fútbol como nadie (¿quién, no siendo Ancelotti, se va a entretener estudiando centrales?), y después de tirar a la lona al equipo de las lonas, dijo en rueda de prensa, ese invento de don Eduardo Dato:


Vinicius es el mejor jugador del mundo. Y Bellingham, el segundo


Declaración que hay que oír con La Oreja de Van Gogh (“Te voy a escribir la canción más bonita del mundo / Voy a capturar nuestra historia en tan solo un segundo / Y un día verás que este loco de poco se olvida / Por mucho que pasen los años de largo en su vida”…), aunque estábamos en lo de la lona con el equipo de las lonas, ese capricho catarí que maneja parné, como dijo el propio Ancelotti, cuando le preguntaron por las lonas gerundeses en el callejero madrileño.


Una: “Cuando el currículum no lo es todo”, que parece el lema de los consejos de ministros del sanchismo. Y otra: “Hay estadios con techo. Hay equipos sin”, que busca convertirse en el lema subversivo del sintechismo antimadridista, ese tabarrón de la cubierta puesto en marcha en el derbi por el vecino colchonero, que se diría fundado por Anatole France (“Todos los pobres tienen la libertad de morirse de hambre bajo los puentes de París”) y no por unos ricos hombres de Bilbao como filial del Athletic, malentendido que diera lugar estos días a una trifulca “familiar” en torno a si se ha de decir Athletic o se ha de decir Bilbao. En el Atlético no quieren pasillos, que le resultan humillantes, y tampoco quieren techos, que hacen de menos a sus futbolistas.


El equipo de las lonas, decíamos, tiene el ingenio publicitario de su hijo más preclaro, Dalí, para quien la cadera de Gala era el principio y el fin de todas las cosas, y cree haber hallado a su Gala en la cadera de Miguel Ángel Sánchez Muñoz “Míchel”, que vino al Bernabéu a jugar como su padre, el City, con Eric García, aquel Manolo Escobar que creyó gafar a Vinicius con un insolente “¡Eh, tú! El año que viene, Balón de Oro!” El partido de Vinicius podría explicarse con ese karma, pero no. Resulta que Vinicius, para uno (y para Ancelotti, que es lo que cuenta), es el mejor jugador del mundo, y con eso tapa la boca del pipero común que acostumbra a dárselas de finolis diciendo “Rodrygo, mejor que Vinicius”, porque Rodrygo es jugador de salón y Vinicius es jugador de calle, con la alegría y el personalismo que sólo da la calle, la “sociedad desescolarizada” que Ivan Illich predicó en los 70 en su alegato contra las escuelas. La escuela, que ya mató la tauromaquia, ha matado el fútbol, con ese profesorado de veteranos resabiados enseñando a los muchachos todos los trucos malos del oficio.


El secreto de Vinicius está en ser un futbolista anacrónico. Vinicius es (en brasileño) como la calle de Neville bailando en el hipogeo de Florentino, a quien a lo mejor iba destinada la declaración de Ancelotti: “Vinicius es el mejor jugador del mundo. Y Bellingham, el segundo”. Lo que deja a Mbappé, como máximo, en el tercer lugar, aunque cueste un Perú. ¿Y si Ancelotti no quisiera a Mbappé? ¿Y si Mbappé viniera a alterar la felicidad que reina en el arrecife ancelottista?


Quiero jugar con Mbappé –dijo, mosca, Rodrygo.


Si llegara Mbappé, ¿quién saldría, Vinicius o Rodrygo?


Ojalá el presi me deje aquí mucho tiempo –dijo, por si las moscas, Vinicius.


Rodrygo es el gato que, o está triste, o está azul. ¡Benzemá nunca perdonó a Mourinho que lo llamara gato! “Si no tienes un perro para ir a cazar y tienes un gato, pues vas con el gato, porque solo no puedes ir”, había dicho el entrenador. Y el jugador admite que cuando se vio de gato se le fue la olla y perdió el respeto al entrenador. Por eso todos rieron cuando Ancelotti, para “explicar” el mundo de Rodrygo, dijo: “Si le dices a alguien ‘piensa en todos los animales menos en el gato... lo que hace es pensar en el gato’.” En su gol a la carrera  y como de rabia al equipo de las lonas Rodrygo obró como un Benzemá pensante (en Mourinho), y por eso se pidió jugar… con Mbappé, que no irá al Barcelona porque Laporta, al decir de Deco, no quiere cambiarlo por Araújo o por De Jong. O por cualquiera de los diamantes de la cantera, que ya no sabes si te hablan de La Masía o de la mina de Jwaneng en Botsuana, aunque luego ninguno sea titular en la Xavineta que sale a disputar la “competición adulterada” (Xavi) que de momento lidera el Madrid, a partir de ahora sin Bellingham, lesionado, lo que obliga a Ancelotti a improvisar genialidades a lo Cruyff. ¿Cuál es la principal virtud de Manolo? ¿El desmarque? Pues no lo marcamos, y punto. Después de lo de Tchouaméni y Carvajal para parar, con éxito, al mejor ataque del campeonato (desde luego, no somos la Premier), todo es posible mañana, martes y 13, en Champions.




UN ONCE SIN MESSI

Ricardo Izecson dos Santos Leite, Kaká, lo ha hecho: un once histórico sin Messi, que es una forma de darle una patada al tinglado publicitario mundial, que lleva un cuarto de siglo vendiéndonos la moto. En el once de Kaká, Messi no da ni para centrocampista (Iniesta, Zidane y Pirlo) ni para atacante (Ronaldinho, Ronaldo y Cristiano Ronaldo). Es una decisión de Kaká que me reconcilia con su recuerdo, echado a perder con el penalti que falló en las semifinales del Bernabéu contra el Bayern.

 [Lunes, 12 de Febrero]

Lunes, 19 de Febrero

 


Valle de Esteban

Gato con Tiffany & Co.

domingo, 18 de febrero de 2024

La cuestión agraria en el franquismo


Trajano


Martín-Miguel Rubio Esteban


El Estado franquista, teñido siempre, desde el punto de vista puramente técnico, más de ramirismo que de joseantonianismo, supo entender la problemática del campo en España como nunca antes se hizo ni se ha hecho después. La IIª República sólo se ocupó del campo con la Ley de Términos Municipales, que prohibía a los propietarios la contratación de jornaleros de otros pueblos si antes no estaban trabajando todos los jornaleros del pueblo del propietario. La intención de la ley era garantizar la contratación de los trabajadores afiliados a sindicatos de izquierda, por si los “señoritos” no les dieran trabajo por sus inclinaciones políticas. Como si todo pequeño, mediano o gran propietario pensase más en tener jornaleros conservadores que tener jornaleros verdaderamente trabajadores y eficientes. Quienes verdaderamente buscan rentabilidad y provecho (“utilitatem”) les importa un bledo el credo político de sus trabajadores. Piensa el ladrón que todos son de su condición. Esta ley maltrató aún más al campo de lo que ya estaba, encomendándose faenas como la siega, típica labor de portugueses y gallegos, a quienes por primera vez iban a segar, etc.


     El franquismo político, desde el punto de vista agrario, produjo la mayor revolución del campo que ha existido en España. Esta Revolución, doctrinalmente hablando, se fundamentó en los concernientes puntos sobre agricultura de los famosos 27 puntos de FE de las JONS. Cada uno de esos puntos agrarios, esto es, todos, tuvo su respectiva ley agraria que los desarrolló.


    El 30 de Noviembre de 1934 el ABC publica el Programa Político de Falange Española de las J.O.N.S. Dicho programa se organiza en 27 puntos, a partir de una primera redacción efectuada por Ramiro Ledesma Ramos, sobre la que hicieron algunas correcciones capilares, más de estilo que de fondo, José Antonio Primo de Rivera, Rafael Sánchez Mazas, Julio Ruiz de Alda, y Onésimo Redondo. ¿Por qué un programa político de 27 puntos? ¿Por qué Ramiro eligió el número 27? ¿Qué significado político tenía el número 27 en el intelecto egregio de Ramiro? Un significado imperial: el programa político del emperador español Trajano, de la gens Ulpia. El programa político de Trajano ha quedado establecido en el Arco de Benevento, dedicado con la aprobación del Senado en el año 114. El Arco de Benevento se levantó en el último tramo de la “Via Appia”. Está cubierto con 27 relieves alusivos, no a las guerras, como sucede en la Columna Trajana o en el Trapaeum de Adamklisi, sino al programa político que Trajano pensaba realizar en Italia y en las provincias, como sugiere acertadamente M. Huber; de ahí su importancia excepcional para conocer este programa político al ser muy escasas las fuentes con las que cuenta el historiador para los años de gobierno de Trajano. En estos 27 relieves vemos cómo Trajano garantiza la seguridad del Estado, legisla a favor de la familia, crea las grandes infraestructuras portuarias, tanto marítimas como fluviales, del Imperio Romano para el desarrollo del comercio, desarrolla con reformas agrarias el sector de la agricultura, extiende el regadío, distribuye grandes cantidades de pan y aceite entre la plebe romana, protege la infancia con hospicios públicos, establece la paz civil, reforma y engrandece el puerto de Ostia, pues que Roma vivía de los variados, raros y exóticos productos que recibía de las provincias, a las que sólo exportaba obras de arte como sarcófagos, y potencia la religión construyendo innumerables templos, sabedor de que ésta integra a los ciudadanos y articula la sociedad sobre un fondo espiritual propio de lo humano. Prohibió la condena por contumacia y las denuncias anónimas, redujo al mínimo la cárcel preventiva, permitió que los hijos se emancipasen si sus padres los maltrataban. Fue rígido en la administración del dinero de los municipios, de suerte que no se abusase con impuestos sobre los ciudadanos, y obligó a los magistrados a cumplir las promesas. La mayor parte de los relieves del Arco de Benevento tiene que ver con las obras públicas. Efectivamente, Trajano es el emperador romano que más esfuerzo público invirtió en grandes obras de gran utilidad y belleza, casi siempre desarrolladas a partir de la teoría arquitectónica de Apolodoro de Damasco, con algunas singularidades de Cayo Julio Lácer. Construyó los más grandes acueductos del Imperio, como el de Segovia, que tiene una longitud de 728 metros, y una altura, en el centro, de 30 metros, y que trae el agua de la sierra de Fuentefría. Unió las dos orillas del Tajo con el puente de Alcántara, el mayor puente construido por los romanos. Terminó en Roma la construcción del templo de “Venus Genetrix” empezado por César, del que se conservan unos bellísimos erotes y cráteras con escudos. Ordenó a su amigo L. Licinio Sura la construcción de termas en el Aventino. Levantó el Odeón, el gran teatro romano destinado a los conciertos de música. Construyó en el Quirinal el mayor centro comercial del Mundo Romano, especie de Galerías de la época de tres pisos, que aún hoy nos conmueven sus corredores subterráneos de calestruzzo y travertino, y que para nuestro gran Pepín Fernández hubiera sido su paraíso en la tierra de haber invertido su inteligencia y bondad en la antigua Roma, y no en España. Este Centro Comercial se convirtió en el vínculo más importante dedicado a la venta de productos de todo género venidos de todas las partes del Imperio. Levantó la enorme Basílica Ulpia en la que instaló dos bibliotecas, una para almacenar libros escritos en lengua griega y otra para los que estaban en latín. Entre las dos bibliotecas se levantaba la Columna Trajana. Plinio nos explica que tanto el afán social de Trajano (sobre la infancia, distribución masiva de distintos tipos de “congiaria” entre la plebe, etc.) como el afán constructivo en todas las provincias del Imperio (conducción del agua desde Jabel Hauran, Siria, hasta Canatha, en Arabia, para poner el territorio en regadío, y convertir en fértiles campos agrícolas 200.000 km. cuadrados, etc.) tenían como único fin el acrecentamiento de la gloria de Roma, y con ello el aumento del patriotismo como justificado amor a una patria que también era madre y extendía el bienestar a todos sus habitantes. La impresionante biblioteca de Éfeso, costeada por Celso, al igual que las dos próximas a la Columna Trajana, así como los odeones levantados en distintos puntos del Imperio, prueban bien claramente el interés por la Alta Cultura desarrollado por Trajano. Sensibilidad social y cultural, religiosa y artística, agrícola e ingeniera, convencimiento de que el fomento del comercio es la base de la riqueza y al que el estado le debe proporcionar las mejores infraestructuras (12 pantanos, 15 acueductos, innumerables puentes, puertos, fuentes, vías de comunicación), e inmenso amor a una patria justa con sus ciudadanos son los puntos principales del programa político de Trajano expuesto en los 27 relieves del gran Arco de Benevento. Veamos ahora qué dicen sobre agricultura y ganadería algunos puntos de los 27 puntos del programa político de Falange Española de las JONS publicado por primera vez en ABC el 30 de Noviembre de 1934:


Punto 17: Hay que elevar a todo trance el nivel de la vida del campo, vivero permanente de España. Para ello adquirimos el compromiso de llevar a cabo sin contemplaciones la reforma económica y la reforma social de la agricultura. Para llevar a cabo este punto tanto Franco como Cavestany emprendieron la labor gigantesca de la modernización de la agricultura. “La reforma agraria más importante en nuestros campos es la modernización” (Franco). La política de oportunidades se centró sobre todo en los hijos de labradores, a los que se les concedía becas-salario si estudiaban y se les abría a ellos de forma prioritaria las universidades laborales.


Punto 18: Enriqueceremos la producción agrícola (reforma económica) por los medios siguientes:


Asegurando a todos los productos de la tierra un precio mínimo remunerador. El gobierno puso precio a la leche, el pan, la carne, los huevos, el aceite; etc., y para que nunca más volviera a haber hambre en España multiplicó por siete la producción de leche, por once la de huevos, etc.


Exigiendo que se devuelva al campo, para dotarlo suficientemente, gran parte de lo que hoy absorbe la ciudad en pago de sus servicios intelectuales y comerciales. (Son palabras casi literales de Ortega)


Organizando un verdadero Crédito Agrícola Nacional, que al prestar dinero al labrador a bajo interés con la garantía de sus bienes y de sus cosechas le redima de la usura y del caciquismo. Para este objetivo Cavestany creó la Dirección General de Coordinación, Crédito y Capacitación (1953), relacionada, entre otras cosas, con la compra de abonos, semillas y maquinarias.


Difundiendo la enseñanza agrícola y pecuaria. Al servicio de este propósito se creó en 1955 el muy famoso Servicio de Extensión Agrícola (SEA), que impartía a los agricultores una enseñanza de habilidades agrícolas generales, hasta la de saber conducir y usar con corrección un tractor. El Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas (INIA) formaba a los primeros ingenieros agrícolas de la SEA.


Ordenando la dedicación de las tierras por razón de sus condiciones y de la posible colocación de los productos. Para este propósito se promulgó la Ley de Fincas Manifiestamente Mejorables (1953).


Orientando la política arancelaria en sentido protector de la agricultura y la ganadería. España tenía un “envidiable” acuerdo con el Mercado Común.


Acelerando las obras públicas. Durante el régimen de Franco en España, se construyeron un total de 144 pantanos. Estas construcciones hidráulicas tuvieron un impacto significativo en el desarrollo de la agricultura y la industria (producción de energía eléctrica). Los pantanos fueron parte de un proyecto de modernización y desarrollo económico impulsado por el gobierno franquista, con el objetivo de controlar los recursos hídricos y fomentar la expansión de la agricultura a través de la irrigación.


Racionalizando las unidades de cultivo, para suprimir tanto los latifundios desperdiciados (Instituto Nacional de Colonización, 1939) como los minifundios antieconómicos por su exiguo rendimiento (Leyes de Concentración Parcelaria de 1952 y 1955 ).


Punto 19: Organizaremos socialmente la agricultura, por los medios siguientes:


Distribuyendo de nuevo la tierra cultivable para instituir la propiedad familiar y estimular enérgicamente la sindicación de los labradores. Franco creó más de 300 poblaciones de pequeños agricultores a través del Instituto Nacional de Colonización. En estas poblaciones se asentaron setenta mil familias de propietarios de fincas concedidas por el Estado con una superficie media de 9 hectáreas. Respecto a la sindicación de los labradores, tenemos la Ley de Cooperación de 1942, y la Ley General de Cooperativas de 1974, que tuvieron especial éxito en algunas producciones, como las del vino, el aceite, la leche y la harina, y con las que se subió grandemente la renta de los pequeños propietarios.


Redimiendo de la miseria en que viven a las masas humanas que hoy se extenúan en arañar suelos estériles, y que serán trasladadas a las nuevas tierras cultivables. Otra vez el franquismo, a través del falangista Rafael Cavestany, ingeniero agrónomo, diplomático y agricultor, realizó en gran medida este desiderátum jonsista con varias leyes y reglamentos.


Punto 20: Emprenderemos una campaña infatigable de repoblación ganadera y forestal, sancionando con severas medidas a quienes la entorpezcan e incluso acudiendo a la forzosa movilización temporal de toda la juventud española para esta histórica tarea de reconstruir la riqueza patria. El franquismo respondió inmediatamente a este punto con el Plan General de Repoblación Forestal de España (1939), cuyo alma fue Joaquín Ximénez de Embún Oñalde. Este egregio ingeniero forestal se convirtió entonces en el precursor del desarrollo sostenible. Fue el encargado de gestionar el patrimonio de bosques y de velar por el aprovechamiento de las talas según criterios que garantizaran su regeneración. Ningún régimen anterior ni posterior ha generado los miles de kilómetros cuadrados de bosque que consiguió el franquismo.


Punto 21: El Estado podrá expropiar sin indemnización las tierras cuya propiedad haya sido adquirida o disfrutada ilegítimamente. Este objetivo, intervenir sobre la propiedad de la tierra, Franco lo realizó tomando como modelo la Bonifiche Agrarie de Mussolini, que aportaba un marco por el que los propietarios podían ceder tierras al régimen a cambio de la transformación en regadío de sus terrenos.


“Muchos terrenos en España no rinden lo que el país exige”, comienza la voz en off que narra el documental España se prepara, producido en 1949 por el Ministerio de Agricultura franquista y dirigido por Francisco González de la Riva y Vidiella, principal documentalista del ministerio. De fondo, la música compuesta por Jesús García Leoz, que durante la guerra civil estuvo seis meses preso por los franquistas, y en cuya obra como compositor está la banda sonora de Bienvenido Mister Marshall. La pieza audiovisual propagandística, de 14 minutos, muestra algunas colonias creadas hasta el momento.


Bernuy, cuyas calles aparecen en el vídeo propagandístico, fue una de las pocas colonias que echaron a andar en esos primeros años. Su primera fase de construcción, como colonia de secano, fue inaugurada en 1942 y trajo a la zona a 171 colonos. Ocho años después, según aparece publicado en la edición del ABC del 15 de octubre de 1950, se habían convertido 100 hectáreas de las 250 planeadas en regadío, instalándose 29 nuevas familias.


Punto 22: Será designio preferente del Estado nacional sindicalista la reconstrucción de los patrimonios comunales de los pueblos. Los bienes comunales de los pueblos fueron gestionados durante el franquismo por las Cámaras Agrarias, entes semipúblicos que llegaron a tener un gran poder económico hasta la llegada de los Ayuntamientos “democráticos”.


     Desde luego, de todos los discursos campesinistas que se han dado en nuestra Historia Política, el de FE y de las JONS ha sido con diferencia el más hermoso y revolucionario. Nunca se vio el agro español con tanto amor e inteligencia como lo vio la Falange de la República, de la Guerra y de los primeros años del franquismo. Si tuviéramos que poner el nombre de un jonsista entregado en cuerpo y alma al bienestar de los hombres del campo, y contra los terratenientes, ése fue Nemesio García Pérez, falangista leonés, asesinado por las checas de Madrid en el otoño sangriento de 1936.


    El viejo sueño falangista de unir las siete grandes cuencas fluviales estuvo a punto de cumplirse a través del Plan Hidrológico Nacional del gobierno Aznar, pero el siguiente gobierno, Zapatero, lo deshizo. No sabemos aún por qué. Los agricultores españoles hoy tienen grandes retos: la electrificación de todo el campo cultivable, creación de polígonos agrícolas en todos los pueblos de España, guardería rural a caballo para proteger los campos de la constante rapacidad de inmigrantes delincuentes, adquisición de derechos frente a los grandes oligopolios de algunos alimentos como el vino y el aceite, el alivio de las tierras sitibundas, que sufren una sequía con la que las condena para siempre la Agenda 20 30, etc.


    Hesíodo, ya en su inmortal poema, Los Trabajos y los Días, en donde se encuentra quizás el mayor elogio moral escrito del trabajo en los campos nos recuerda que es precisamente aquí, colaborando con la Naturaleza, en donde el hombre aprendió el sentido de la Justicia humana como corolario a las duras actividades agrícolas. El hombre que trabaja de acuerdo a lo que demanda el ciclo de las estaciones —que originaron el contento primaveral y la tristeza otoñal de Deméter—, y de acuerdo a las fases del efímero día, estableciendo acuerdos justos con sus vecinos, es un hombre sabio, “culto” en sentido estricto y, además de proveer alimentos para los demás hombres, introduce en la sociedad el sentido común que señala la Naturaleza y los principios morales que exige el trabajo en el campo: el cumplimiento del deber, la tenacidad y perseverancia, la solidaridad, el espíritu de sacrificio, el orden interior y saber relativizar lo grande y lo pequeño, y un espíritu religioso alegre que se expresa en las fiestas más populares, en donde los sanos y sencillos placeres de la vida se convierten en premio de su titánico esfuerzo. Su patrono San Isidro representa la renovación del gran Triptolemo, tantas veces cantado por Rubén Darío. Y sin duda los llena de fuerza y razón en su combate vital contra el experimento social de la siniestra Agenda 20 30. El éxito de sus demandas será también un triunfo nacional.


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