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viernes, 4 de diciembre de 2020

La memoria

 


Cuba 2018

 

Fotos de mi sobrina Beatriz Fernández

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

 
       Noto que voy perdiendo la memoria a pasos agigantados. Más que ensombrecer recuerdos, de lo que me veo incapaz es de recordar lo que viví hace un año, un mes e incluso una semana. Devorador de fútbol, no recuerdo resultados de partidos de la última jornada; jugadores de segunda división a los que antaño en la tercera jornada ya me sabía hasta el pueblo en el que nacieron hoy dudo en qué equipo están si alguien me lo pregunta de sopetón y en demasiadas ocasiones soy incapaz de ubicarlos en sus nuevos clubes. La memoria, que tantas alegrías y vida me ha dado, la estoy perdiendo y empiezo a preocuparme por si "esto" es enfermedad de las terribles o lógica degeneración natural.
       

La alta consideración que he tenido siempre por la memoria podrá achacarse a vana presunción o a aquella mala educación franquista en la que se nos "obligaba" -¡qué barbaridad, señora mía!- a recitar los cabos y ríos de España, las capitales del mundo y la canción del Pirata o "las nanas de la cebolla", conforme ibas pasando cursos. Después del bachiller superior había un COU que acabé con buena nota pero no fui a la universidad por circunstancias que no vienen al caso.
      

Mi chico ha sido buen estudiante. Los sistemas educativos fueron poniendo trabas a sus capacidades; los ministros, consejeros y delegados de educación que se han padecido en Andalucía han hecho lo posible porque los alumnos se esfuercen lo mínimo, aprendan cada vez menos y abominen de la memoria. "Loritos" dicen los de las camisetas verdes que son los alumnos que la gastan buena. Cuando empezó aquella persecución de la memoria no me lo podía creer. "¿Cómo es posible que personas dedicadas a la enseñanza la demonicen?", me preguntaba. La respuesta vino de varios maestros, de los "antiguos" y que alguno, antes de jubilarse, tocó a mi chico: "Algo se persigue. La profesión que en mi caso fue vocación, está infectada y muy podrida. Interesan camadas asnales y que sólo las élites puedan pagar la educación de sus hijos". Las élites son hoy aquéllos que convencen a las primeras remesas de incautos educados con libros de colorines que pasar de curso con suspensos, no saber español en España y no permitir que los padres elijan colegio con principios cristianos es lo correcto y además debe ser obligatorio. Mientras el pueblo -"la gente"- se entretiene con las bondades de "la educación pública", la perversidad de la concertada y no digamos la asquerosa privada, las élites, con la leche de las ubres del Estado amamantan sus criaturas y las llevan bien alimentadas a colegios ingleses, alemanes, franceses... Algún elemento de las parcialidades más beligerantes de las que en el Congreso pontifican en la defensa de "la pública" hasta se atreve a internarlas en Boston (Massachusetts) con el generoso peculio con que "la gente" premia sus desvelos por el progreso del pueblo.
    

¿Y la memoria? De la memoria, las élites de hoy, como decía el maestro don Rafael, han tenido la osadía de hacer una ley para regular lo digno de ser recordado y lo que ha de permanecer en el olvido. La memoria es una abstracción sometida a la tutela de intérpretes que nos irán explicando lo procedente por justo y conforme a ley. A tal extremo llega la nueva definición de memoria que si usted cree recordar episodios dolorosos y traumáticos vividos por usted y su familia porque Zabarte Arregui o Arizcuren Ruiz, un poner, dieron matarile a algún allegado, usted tiene maleducada la memoria, pero si no se sabe de pe a pa los republicanos que delató Ramón de Carranza en 1936 no sólo es usted un cretino. Es usted un fascista redomado.
      

¿Qué pinta uno ya, ante este panorama?

El número 6


 Vannevar Bush

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    “El número 7” (carnet de Hitler en el partido), tituló Penella de Silva su alegato antihitleriano en pleno hitlerismo. Bueno, pues en la España sanchista la Navidad (ese “éxtasis judeocristiano”, al decir nazi) llevará el número 6, como Fernando Redondo en el Madrid. Sólo seis personas podrán sentarse a cenar en Nochebuena. ¿Por qué?
    

No es un capricho, es el número que la ciencia da como riguroso –aclara Pedro de la Preveyéndola.
    

Con la ciencia hemos dado, Sánchez, que se reputa, el hombre, tan científico como el socialismo, con una tesis doctoral digna del “Traidores a la verdad: fraude y engaño en los salones de la ciencia”, de Broad y Wade.
    

Navidad+Ciencia=6. La Virgen, el Niño, San José, el Buey, la Mula… y Sánchez. El belén de Iván Redondo, a quien la ciencia le ha conseguido un pubis de nutria para el cuero cabelludo. Los druidas iban de 6 en 6 a coger el muérdago sagrado, y el “lirio” que en los cuadros de la Anunciación entrega el arcángel Gabriel a la Virgen tiene 6 hojas.
    

En la Navidad del 45 Madariaga razona en la BBC de Londres la metáfora del pesebre: dignificación de los humildes y supeditación de los grandes al conjunto social.


    –Hitler se dedicó a la gente joven, para arrancarle de raíz todo elemento de cultura cristiana. Así se explica que Irma Grese, ahorcada hace quince días por su conducta en Belsen, hubiera perdido a los 22 años los sentimientos más elementales de caridad.
    

Y la ciencia jugando al seisillo. Simón es el Vannevar Bush del sanchismo (el científico que le ganó la guerra a Roosevelt), con la ayuda de Jeremiah, el bacteriófago legado por Margarita Salas al CSIC del padre Albareda, en cuyo frontispicio figuraba una leyenda latina dedicada a Franco, su patrono, que Zapatero ordenó tapar para que el sabio Luis Blanco, sin distracciones y con el apoyo de Echenique, pudiera buscar la vacuna de “la Coviz” prometida por Duque, el Gagarin de San Blas.
    

Un gobierno “científico” es “infalible” y puede atribuirse el derecho a la dictadura.

[Viernes, 27 de Noviembre]

Viernes, 4 de Diciembre


Como un río de leones su maravillosa fuerza

jueves, 3 de diciembre de 2020

No se esperan sorpresas

 

 
Hamburgo'82
Campeón de Europa
Hoy en 2ª división
Magath, Bastrup, Rolff, Jakobs, Kaltz y Rubesch
Abajo: Vehemeyer, Hieronimus, Groh, Milevsky y Stein


Real Sociedad'82
Arconada, Celayeta, Cortabarría, Alonso, Górriz, Olaizola
Abajo: Idígoras, Diego, Satrústegui, Zamora y López Ufarte

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


        En los 80, cuando en el fútbol empezaba a reinar Maradona, los campeones de Liga europeos no siempre eran los mismos. La Copa de Europa la jugaban equipos como el Athletic o la Real Sociedad, campeones españoles, o el Sttutgart o el Hamburgo, campeones alemanes. La Real y el Hamburgo, por ejemplo, disputaron una semifinal en el 82 que llevó al Hamburgo de Félix Magath a ganar la final a la Juventus, uno de los clubes de la nobleza, capitaneado por el príncipe Michel Platini.
      

En aquella Copa de Europa te eliminaba la Politécnica de Timisoara o el Odense porque todas las eliminatorias eran a vida o muerte. Conforme el fútbol iba adquiriendo importancia y empezó a apestar el olor a dinero los grandes clubes europeos "conspiraron" para estar siempre ellos en "la pomada". A principios de los 90 llegó la Champions para hacer más ricos a los clubes ricos y remediar los tropiezos con los que se ponen una noche o dos en plan insolente.
      

Usted ve cómo está la clasificación de la Champions de este año de la peste a falta de un partido y no se explica cómo el PSG y el Real Madrid, a los que ha visto todos los partidos de la liguilla, siguen vivos y con posibilidades de pasar a octavos. A la auténtica Copa de Europa. Ahí está el truco del "formato" como dicen los entendidos. En repescarte hasta en estado moribundo. El Madrid "no juega ni a las tabas", se dice y escribe pero apuesto por que ganará o empatará con el Borussia y pasará de fase. Como pasará el PSG y como creo lo hará el Atleti, aunque el Atleti, en el que uno tiene depositadas sus esperanzas, es proclive a llevar disgustos a casa cuando menos se sospecha por esa naturaleza díscola que le caracteriza.
     

Llama la atención el paseo del Barça con los cinco partidos ganados. No tanto el del Bayern que no pierde ni con el equipo suplente. Incomoda que puedan caer Leipzig o Atleti, dos equipos con muy buena pinta, pero lo que más me desmoraliza es el ensayo ayer en el Pizjuán, no por la escandalosa derrota del Sevilla, sino por "la novedad" de la vigilancia del VAR desde Bruselas. El monstruo que un servidor temía va dando pasos firmes y resueltos. Si se instaura como norma -hoy se puede convertir en ley cualquier majadería- un "cerebro único" para el VAR europeo en Bruselas se podrá colocar un sabio del VAR en Madrid para la liga española... a la busca de un criterio único para las manos o los fuera de juego. Ayer hubo una mano en el área sevillista, ya con el 0-4, que en España es penalty "claro y evidente", pero mire usted por dónde, el "genio" de Bruselas entendió que la mano era involuntaria y "chivó" al referée que no. Que eso es mano involuntaria. ¡Con la saliva que tengo gastada con los matices de la voluntariedad!


      En España, si les parece que se tiene poco liado contra todo lo que nazca, crezca y se multiplique en Madrid, ya me dirán la que nos espera cuando se piten los penaltys contra el Barça, el Mallorca o el Athletic desde una caverna de Las Rozas con carácter de infalibilidad. Bien mirado, sería la única manera de hacer desaparecer el VAR.

Cielo y tierra


Dánae recibiendo la lluvia de oro, por Tiziano

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La oligocracia es, para entendernos, una “democracia gobernada”, como pedía el fraguismo, o “democracia dirigida”, como en México, donde campea la corrupción administrativa con su “mentira constitucional”, es decir, donde no hay la menor correspondencia entre lo que se dice y lo que se hace.
    

Una oligocracia promete a sus pobres el cielo y da a sus ministros la tierra. Su rasgo distintivo es el “consenso”, equivalente en el Estado de Partidos a la “virtud” republicana y al “honor” monárquico. Y el “consenso”, palabro (en su acepción pícara, que es lo nuestro) proveniente de la teoría de juegos y que en los 60 pone de moda Fernández de la Mora, es reparto de botín, como define la “concordia política” nuestro Ortega.
    

Sánchez, igual que todos sus antecesores, sólo es el crupier del Sistema, que nombra a Otegui campanero de la Democracia Española (hombre, ya puestos, que el Potolo dé las uvas en Nochevieja) y da a Aitor Esteban el cuartel de Loyola por la misma regla de tres que Aznar autorizó contactos con el Movimiento de Liberación Vasco y entregó la mili (que él no había hecho) a Arzallus. En román paladino sanchista:


    –¡Las únicas siglas que importan son PGE!
    

¿Tiene que venir Alfredo Urdaci (Ce, Ce, O, O) a deletrearlas?
    

Quienes tengan problemas de abstracción para figurarse un reparto por consenso sólo han de sentarse a ver la lluvia de Dánae anunciada por los Fondos Europeos, con Pablemos de padrino de bautizo encargado de tirar los euros y caramelos a los niños, que son esos contribuyentes que al agacharse se hipotecarán para tres generaciones.


    –Donde es supremo el gobierno plutocrático, la corrupción sigue inmutable: sólo cambia el corruptor –avisa Robert Michels, enunciador de la ley de hierro de la oligarquía.
    

Y ya pone el ejemplo de España: en las elecciones de 1875, dice, fue tanta la indiferencia popular, que el gobierno tenía en sus manos todos los asuntos, pero, para asegurarse contra cualquier evento, eligió cierto número de candidatos de la oposición.

[Jueves, 26 de Noviembre]

Jueves, 3 de Diciembre

 

 
El pájaro del corazón de la noche
si la noche cantara en el pájaro


miércoles, 2 de diciembre de 2020

La mascarada

 

Carl Joachim Friedrich

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Somos, sin duda, lo que un autor llamó nación de sirvientes viviendo bajo leyes que prohíben lo que no es necesario prohibir.
    

En España, lo que no está prohibido es obligatorio. El “pueblo soberano” está obligado a llevar mascarilla, y así lo admite el Supremo con argumentos que dejarían ojiplático a Léon Duguit y que uno ya había oído en la cola de la pescadería.
    

Debe prevalecer el objetivo constitucional de protección de la salud de todos, que comprende la integridad física y moral.
    

El Supremo piensa lo mismo que el Gobierno, sólo que después, que es lo que quería decir Friedrich cuando dijo que “ningún poder es absolutamente neutral, so pena de no ser en absoluto poder”. Pero el españolejo es tan romántico que, a pesar de estas decisiones, seguirá pensando que la soberanía, ese concepto metafísico, reside en el Pueblo, y no en el Gobierno. Por algo decía Trevijano que al Estado de Partidos no le habría arrancado nunca la indemnización favorable al diario “Madrid” que le arrancó a la dictadura franquista.
    

Vale, el “pueblo soberano” ya está enmascarado. Y ahora ¿qué? Pues ahora no puede moverse. ¿Por qué? Ese tema lo lleva otra ventanilla, que los kelsenianos llaman Tribunal Constitucional, custodio de los tótems y tabús del Régimen.
    

Los dos tabús del momento son el origen de los votos de Sleepy Joe en las presidenciales americanas y el origen del pangolín en la movida de “la Coviz”. ¿Por qué un pangolín y no un yacaré overo del Brasil de Bolsonaro? ¿O un matacán de la Gran Llanura húngara de Orban? ¿Y un uro falso en la Polonia de Duda?
    

Los nazis querían una raza pura de hombres, pero también de toros, ¡el uro primigenio!, y Goering, asesorado por los hermanos Lutz y Heinz Heck, se llevó alguna punta de ganado español al bosque polaco de Białowieża para hacer, “eliminando lo anterior”, su propio encaste, parecido al que Arsuaga apacienta en Salgüero de Juarros.
    

¡Cómo cambiaría el relato mediático, si se pudiera separar al pangolín de la China de Xi Jinping!

[Miércoles, 25 de Noviembre]

Miércoles, 2 de Diciembre

 Matando el rato

martes, 1 de diciembre de 2020

Mengelandia


Yogi Berra

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Todas las señales nos llevan a Mengelandia, última estación de “la Coviz”.
    

–El Gobierno de España está seguro de que nadie estará totalmente seguro hasta que el mundo esté seguro –dice “urbi et orbi” Pedro Sánchez, revelando un dominio del malapropismo (palabro resultante de un juego lingüístico salido de mezclar las parlas del beisbolista Yogi Berra y del cómico Antonio Ozores) que acojona, por lo que tiene de insulto, yo creo que merecido, a la inteligencia del contribuyente español.


    No esperábamos otra cosa de un mandadero de Soros, nuevo Ortega del periódico global en español, que se puso a hablar en modo Berra-Ozores el día que el Foro Económico Mundial anunciaba el Gran Reinicio (“The Great Reset”), aprovechando la crisis de la Coviz, para construir “resiliencia futura a los riesgos globales”. En el periódico de Slim, NYT, no lo sabían y dijeron que semejante “resiliencia” constituía una teoría de la conspiración sin fundamento de la extrema derecha sobre el coronavirus.
    

No olvidemos lo que un empresario le dijo en una campaña electoral a Erkoreka:
    

No te equivoques, Erkoreka: la solución es el I+D.
    

El Gran Reinicio será la vacunación obligatoria con un mejunje de los Gates, Bill y Linda, amigos de Sánchez, en cuyas frases va ya suspendida nuestra vida al modo del personaje de Proust cuyo amor iba suspendido en una “frase” de Vinteuil. Sólo un juez podría obligarnos, pero el sanchismo dispone de la Ley de Bases de Sanidad Nacional del 44, firmada por Franco, ese hombre, que lo explica: “Nuestro Movimiento Nacional acusó, desde los primeros instantes, una gran preocupación por la reorganización sanitaria”:


    –Para el logro de la salud y el fortalecimiento de los ciudadanos, así como el mejoramiento físico del pueblo español, el Estado podrá imponer obligaciones y limitaciones especiales. Por tanto, en los casos y las condiciones que prevengan las leyes y reglamentos, podrá ordenarse con carácter obligatorio las vacunaciones.
    

De la ley a la ley. Y todo por nuestro bien.

[Martes, 24 de Noviembre]

Martes, 1 de Diciembre

 

Valle de Esteban

y el ala de la tórtola prolongando hospitales
el muerto que se estira el caracol que piensa

lunes, 30 de noviembre de 2020

De la censura republicana a la censura franquista

 TAL DÍA COMO HOY


 Abc, 30 de Noviembre de 1932

Quince semanas de suspensión republicana

 

Premios Cavia y Luca de Tena 1954

Dionisio Ridruejo

Luis de Armiñán

Restricciones franquistas

Leyes estadísticas

Arthur Bloch, autor de La ley de Murphy

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Según la ley de Laguardia, las estadísticas son como los testigos con experiencia: prestan testimonio a las dos partes. Pero según la primera regla de las matemáticas aplicadas, el 98 por ciento de todas las estadísticas es inventado. Y según la ley de Hartz sobre la retórica, cualquier discusión que se prolongue lo suficiente terminará en semántica.
    

He aquí el resumen de la tarde de sábado que echamos el sábado (¡estos sábados azules y este sol de la infancia!) viendo por el ojo de cerradura que es la TV el Villarreal de Parejo contra el Madrid no sabemos de quién, aunque ahí quien tiene toda la pinta de mandar es el Colibrí de Curtis, Lucas Vázquez.
    

Gol de Mariano a los dos minutos, y a partir de ese momento, hasta el descanso, repaso y discusión de las estadísticas de Mariano como delantero centro del Real Madrid, que se dice pronto. A los mandos de la estadística, un gafapasta con aire de Carpanta. Y a los mandos de la retórica, Valdanágoras. ¿Es legal el gol de Mariano? ¿Por qué la levanta (la bandera) el linemán? ¿Hay influencia de Lucas? ¿Llega Lucas a tocarla? Isco, desde el banquillo, mira al tablao como si fuera la Anselma. Según la doctrina de Monroe, un poquito de inexactitud a veces evita toneladas de explicaciones, pero según la ley de Hutchins nadie puede hablar más que un hombre que no sabe de lo que está hablando.


    –La clave está en si Lucas la toca.
    

Para asistir a ese instante decisivo en nuestras vidas, que se produjo en el minuto dos de partido, nos perdimos la siesta, circunstancia que aprovecharon los comerciales para colocarnos sus cosas. Despierta como nuevo. (Marcelo). Paga menos. (Florentino). Está que cruje. (Vini Jr.). Dile adiós al buff. (Benzemá). Tu ropa más viva por más tiempo. (El sastre de Zidane). Cuidamos el futuro. (Ramos al renovar). Todos tenemos un sitio. (Take Kubo). Salud desde dentro. Qué buenos es estar juntos. (Kroos). A la parrilla sabe mejor. (Valverde). ¿Y tú eres gourmet? (Odegaard). Lo notas, lo notan. (Casemiro). Doble expreso, doble placer. (Mendy). Todo bueno como ellos. (Luka). Triunfarás cada día. (Lucas). Te sentirás como en casa. (Carvajal). Tu ritual para sentirte mejor. (Jovic). La salud es bella. (Asensio) Lo divertido de crecer. (Courtois). Escuchar lo es todo. (Lunin). Si no te lo pones, véndelo. (Isco). Súmate a la revolución de los tejados… (Hazard). Dios Santo, ¿y la ley de Clarke sobre las ideas revolucionarias?
    

Todo campo revolucionario produce tres formas de reacción, que se pueden resumir en tres frases: “Es imposible, no me hagas perder el tiempo”, “Es posible, pero no merece la pena”, “Siempre dije que era una idea magnífica”.
    

Sin esta ley de Clarke, sería imposible entender las alineaciones de Zidane, a quien debemos medir por la ley de Jones sobre los logros: “Cualquiera que haga una contribución importante en cualquier campo y permanezca en ese campo el tiempo suficiente se convertirá en un obstáculo de tamaño directamente proporcional a la importancia de su contribución original”.


    El 6-0 del Combinado Autonómico de Luis Enrique (no sé a qué espera Netflix para servirnos una serie con Rubiales, Molina y Luis Enrique como protagonistas) a Alemania nos había devuelto la alegría de los goles, y luego te sientas a ver al Madrid, al Atlético y al Barcelona y entre los tres sólo son capaces de poner dos huevos de codorniz, el de Mariano en Villarreal y el de Carrasco en La Peineta, por cierto, a otro alemán, Ter Stegen, que le discute la titularidad de Alemania a Neuer, el de la media docena, aunque todos sabemos que Alemania siempre vuelve, así en el fútbol como en la política. En la política, desde luego, ya ha vuelto: sólo hay que ver a los maderos de frau Merkel entrando a la casa de un médico que critica en Youtube las medidas de la führeresa contra “la Coviz”. El ímpetu que desprenden esos maderos es el ímpetu que veíamos en los centrales históricos de Alemania, como Hans-Georg “Katsche” Schwarzenbeck, Klaus Augenthaler o los hermanos Forster, Bernd y Karlheinz.
    

El que no vuelve, ni va a volver, es Messi, que parece haberse instalado como un guardia de la circulación de los antiguos, que recibían los aguinaldos en el puesto, mientras los demás circulan a su bola. Si alguien recuerda un Barcelona peor que el que este fin de semana pasó por Madrid, que lo registre.

 

El nuevo Messi

BLANCO QUE ENGORDA


    No es que nadie lo recuerde, es que nadie quiere acordarse de Faubert, un extremo absurdo como un zapato impar que le trajeron a Juande Ramos, un hombre de zapatos impares. “Yo no estaba gordo –ha dicho Faubert–; era la camiseta blanca, que engorda”. En eso lleva razón Faubert: Armani siempre ha vestido de negro porque adelgaza, aunque siempre teniendo en cuenta la advertencia de una tuitera ayer: “Aquí hay mucha gente que confunde estar delgada con estar buena. Y aunque a las primeras nos beneficia la confusión, es mi deber recordaros que no es lo mismo”. Vistan a Isco de Pes Pérez o Soriano Aladrén, y… ¡adiós a la báscula de Solari!, que tantos malentendidos quebrantos nos ha causado.
 

[Lunes, 23 de Noviembre]

El hombre sensual medio

 



Ignacio Ruiz Quintano
 
Un mes de tabarrón, y lo poco que se sabe de la gran metáfora gescarterianista huele a estafa. ¿Estafa? La estafa es, según Galbraith, el fenómeno más interesante para un economista. Tiene lógica. Si una secta no es más que una religión sin poder político, una estafa no es más que un negocio sin retención  fiscal.

En España, sin embargo, de las estafas nunca se ocupan los economistas, sino los moralistas, responsables, al fin y al cabo, de la mayor parte de las estafas que se cometen en el país, pues, bien mirado, ¿cuántos espíritus emprendedores no optarán por convertirse en pecadores nada más que por huir del tedio o «emmerdement» que defiende la moral?

El español, qué le vamos a hacer, es de naturaleza emprendedora. Históricamente, siempre ha tenido hambre de cuero. Antes de la  Democracia y de la Crítica, dabas a cualquier español una gorra y te daba un golpe de Estado de Derecho. Ahora, en cambio, das a cualquier español un partido político y funda un régimen en una bodeguilla. Franco era de los que pensaban que al español hay que darle, como mucho, una bicicleta y, hala, a ganar el Tour con ella. Lo que bajo ningún concepto debe darse a un español es un duro, ya que, antes o después, acabará  dando un pelotazo. ¿A qué vienen, pues, los ayes gescarterianistas?

El ataque de los «hooligans» gubernamentales al colibrí gescarteriano por haber arruinado la magia del «España  va bien» recuerda un poco al ataque de Blake a Newton por haber arruinado la magia del arco iris. El colibrí es el pájaro que bebe la sangre del sol. Y qué sol más español, el de Gescartera, con sus trajes y sus guardaespaldas, que tampoco hace falta más para darse importancia en España. Parafraseando a Schopenhauer —«en otras partes del mundo tienen los monos; Europa tiene los franceses»—, puede decirse que, para parecer importantes, en otras partes del mundo llevan una carga de plátanos sobre la cabeza; en España, traje y guardaespaldas.

El español bien de toda la vida tiene a gala no dar un duro a nadie que vaya vestido de fraile francisco y, si no, que se lo pregunten a esos extranjeros pordioseros que se establecen en las puertas de nuestras iglesias románicas. Si acaso, y siempre que el pobre pille más cerca que la papelera, las señoras, que son naturalmente más compasivas que los caballeros, le dan la propaganda que encuentran en el buzón al salir de casa. Pero lo que es un duro, nunca. ¿Qué Fondo de Garantías de Inversiones va a haber en el cuenco petitorio de un pobre? Y si el pobre se lo gasta luego en vino, ¿qué Comisión de Investigación va a hacerse cargo del escándalo en el Congreso?

La economía, en fin, es una cuestión de confianza y, a la hora de confiar su dinero, el español prefiere confiarlo a un traje con guardaespaldas que a un cuenco con jaculatorias. Esto lo saben los  estafadores, que antes que estafadores son observadores: por eso ninguno gasta vaqueros ni come donde las monjas ni va a la oficina en autobús. Al contrario de lo que sugieren los moralistas, no es un problema de honestidad, que afecta a los asuntos de cintura para abajo, ni de honradez, que afecta a los asuntos de cintura para  arriba. Es un problema de cultura.

En nuestra cultura, el colibrí gescarteriano, por citar al único pájaro que hay en la jaula, representa el arquetipo de lo que Steiner, el del premio, llama hombre sensual  medio. Para Steiner, el animal humano es muy perezoso, probablemente de gustos muy primitivos, mientras que la cultura es muy cruel, por el trabajo que exige. De acuerdo: hojear los suplementos culturales son ganas de comer cerillas. Desde luego, aprender a resolver una función elíptica no es nada divertido. La mayoría dice: «¿Qué gano con esto?» A esta pregunta nunca contestan los moralistas. Y Steiner es el primero en reprocharse no haber encontrado una salida para la enorme energía animal del hombre sensual medio, que, en la rutina  de la monotonía, de la mediocridad sexual de la mayor parte de las vidas, busca  afirmarse.

 

W. Blake
 
El ataque de los «hooligans» gubernamentales al colibrí gescarteriano por haber arruinado la magia del «España  va bien» recuerda un poco al ataque de Blake a Newton por haber arruinado la magia del arco iris. El colibrí es el pájaro que bebe la sangre del sol. Y qué sol más español, el de Gescartera, con sus trajes y sus guardaespaldas, que tampoco hace falta más para darse importancia en España

Lunes, 30 de Noviembre

 

La ardiente oscuridad

domingo, 29 de noviembre de 2020

Oetzi

 

Abc, 9 de Agosto de 2001


Ignacio Ruiz Quintano

Oetzi, el hombre de los hielos, murió de un flechazo por la espalda, como Jesse James, hace la friolera de cinco mil trescientos años en un glaciar de los Alpes. «C’est épatant!», ha sido el comentario unánime en los círculos elegantes. Pues sí, señor. «C’est épatant!» Pero ésta es la conclusión forense, que siempre es una conclusión fría, como corresponde a la ciencia forense, que avanza una barbaridad.

Si hace unas semanas ya nos pareció «épatant» que unos forenses españoles lograran determinar la naturaleza plástica de un muñeco de silicona tras las correspondientes pruebas de ADN, ¿no va a parecemos «épatant» que unos forenses italianos hayan logrado determinar la causa de la muerte de Oetzi tras la correspondiente radiología?

Lo que pasa es que, en contra de lo que todo el mundo creía al principio, Oetzi no era ni un socarrón guarda forestal ni un apacible amigo de la montaña, que gente obsecuente siempre ha habido: a unos les da por cultivar la amistad de un político y a otros les da por cultivar la amistad de una montaña. En ninguno de estos casos, sin embargo, es costumbre portar el arsenal que Oetzi llevaba encima cuando, al cabo de cinco mil trescientos años, fue sorprendido por una pareja de jubilados alemanes que, como es natural en un Estado de Derecho, lo entregaron a los antropólogos: un arco con flechas, cuerdas, un hacha, un bolso de cuero, un punzón y una lezna o ganzúa, aparte unos tatuajes que mejor no mencionar. Vamos, lo que en un régimen de centro se conoce como un radical, un anarquista y un antiglobalizador.

La política, al fin y al cabo, es taxonomía, y, así como la derecha era partidaria de clasificar a los hombres por países y la izquierda era partidaria de clasificar a los hombres por oficios, el centro es partidario de clasificar a los hombres por ideas, y está visto que Oetzi era un sujeto de ideas radicales, que es como se acostumbra clasificar hoy a los sujetos que salen a la calle provistos de semejantes quincallerías.

Los políticos, como los antropólogos, seleccionan e interpretan los hechos de acuerdo con los prejuicios prevalecientes en su época. «¿Qué sabemos del salvaje quienes nos quedamos en nuestras casas?», se pregunta Bertrand Russell. Los seguidores de Rousseau dirán que es noble, los imperialistas lo considerarán cruel, los eclesiásticos afirmarán que es un padre de familia virtuoso y los partidarios de reformar la ley del divorcio asegurarán que practica el amor libre. El salvaje, pues, es un individuo servicial que hace lo que sea necesario para sustentar las teorías de los antropólogos y, por supuesto, de los políticos como Ramón de Miguel, secretario de Estado de Asuntos Europeos, para quien los movimientos antiglobalizadores constituyen un «triste espectáculo de fascismo». Quizás tenga razón: el lema centrista y posmoderno es «los fascistas son siempre los otros», pero el fascismo es, técnica y esencialmente, el sometimiento del poder legislativo al  poder ejecutivo, y el Parlamento italiano ha rechazado que se investiguen los sucesos de Génova, donde, curiosamente, los extranjeros arrestados fueron obligados a dar vivas al Duce en las comisarías.

Está visto que el Parlamento italiano, que es de centro, quiere que todos sus investigadores se centren en el caso Oetzi, alrededor del cual se agrupan las preguntas que más amoscados nos tienen en estos momentos. ¿A dónde iba Oetzi con esos pertrechos de activista antiglobalizante? ¿Qué libro lo hubiera influido más, el de John Zerzan o el de Susan George? ¿Había fragmentos del discurso político de «II Cavalieri» en su bolso de cuero? ¿Era suyo el bolso de cuero? ¿Era un cazador o un tironero? ¿Era un flecha o un pelayo? ¿Quién disparó la flecha que lo mató?

Podemos poner música de Manu Chao a estas preguntas, pero no dejarán de ser preguntas. Los animales, se nos dice, son animales porque contemplan el mundo desde un centro que consiste en el aquí y en el ahora. Hasta ahora, aquí, la historia y la geología nos liberaban del ahora, y del aquí nos liberaba la astronomía. Pero Oetzi ha venido a demostramos lo poco que ha cambiado el mundo en cinco mil trescientos años.

 


El Parlamento italiano, que es de centro, quiere que todos sus investigadores se centren en el caso Oetzi, alrededor del cual se agrupan las preguntas que más amoscados nos tienen en estos momentos. ¿A dónde iba Oetzi con esos pertrechos de activista antiglobalizante? ¿Qué libro lo hubiera influido más, el de John Zerzan o el de Susan George? ¿Había fragmentos del discurso político de «II Cavalieri» en su bolso de cuero? ¿Era suyo el bolso de cuero? ¿Era un cazador o un tironero? ¿Era un flecha o un pelayo? ¿Quién disparó la flecha que lo mató?

Domingo, 29 de Noviembre

 

Valle de Esteban

Docientas gallinas hallo
Yo con un gallo contentas;
Mas si nuestros gallos cuentas,
Mil que den son nuestro gallo;
Y cuando llegan al fallo,
En Cuclillos los volvemos.
Todas ponemos,
Unas cuernos y otras huevos.

"Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!"

 DOMINGO, 29 DE NOVIEMBRE

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!


Marcos 13,33-37

sábado, 28 de noviembre de 2020

El Talón de Hierro


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc

La corrupción moral de jugar al franquismo sin Franco (estirar la opinión única de la dictadura en la opinión unánime del consenso) ha impedido la democracia en el Reino de España. Y la corrupción moral de jugar a la Guerra Fría sin Guerra Fría (el triunvirato Clinton-Bush-Obama y el bombardeo de países como negocio, las “guerras interminables” denunciadas por Trump, con el sonsonete, “Gee, let’s go to war”, de Bolton al fondo) ha arruinado la democracia en la República de América.
    

Hemos llegado adonde nos dejó Jack London. ¡El Talón de Hierro!
    

Tenemos a Obama vendiendo, como Umbral, su libro, mil páginas de resentimiento narcisista (al lado de este hombre, Trump es el cardenal Cisneros) a modo de memorias que son las del relaciones públicas (el jefe es Xi Jinping) del Cotton Club del Globalismo, y recibe del periodismo las mismas zalemas que en los 80 uno le prodigaba a Marilé Zaera para ganarse el acceso al Cielo de Pachá.
    

Michelle y yo… –dice, y lo dice como Augusto diría “Livia y yo…”
    

Su libro nunca será como “La educación de Henry Adams”, pues Obama es un hombre culturalmente limitado que en su Discurso de El Cairo, citado por los periodistas como si del de Gettysburg se tratara, pondera la “conllevancia” del Califato de Córdoba y la Santa Inquisición (cuatro siglos de diferencia), y ahora elogia… ¡la elegancia de los Bush!, no dice si en el bombardeo de países recalcitrantes, que en tal caso habría de concedérsele el acierto. Cree haber llevado la democracia de los Founding Fathers a Egipto y a Libia, donde sustituyó una dictadura próspera por el “laissez-faire” del tráfico de esclavos. Tiraba drones contra la bola del mundo como un ejecutivo aburrido encesta folios arrugados en la papelera de la oficina, mientras Putin le levantaba Crimea (ya se supone que en colusión con Trump) y los ayatolás le chuleaban con la marmita nuclear.
    

Cuando nací, España no era una democracia –le dice a un español que trata de hacerle un retrato ecuestre.


    Impresionante.

[Sábado, 21 de Noviembre]

 

 

Sábado, 28 de Noviembre

 

Valle de Esteban

La vieja del visillo

viernes, 27 de noviembre de 2020

El día que el Burgos tuvo en la mano a Maradona

 


Fotomontaje publicado en Diario de Burgos

El rencuentro

 

Maradona, López y Carrizo en Argentinos Juniors

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

 En un verano de hace unos cuantos años y no sé a cuento de qué, salió en el Diario de Burgos una pequeña historia sobre la posibilidad que hubo en 1977 de que Maradona fichara por el Burgos. Me pareció curiosa pero no le di demasiada credibilidad y eso que por entonces estuve tentado de contactar con el señor Minguella por saber lo que había de cierto en el artículo. Ayer el Diario de Burgos volvió a recordar el asunto y al parecer, el señor Minguella ha contado estos días con ocasión de la muerte del héroe cómo lo conoció.
     

El señor Minguella fue uno de los primeros representantes en España y el europeo que mejor conocía el fútbol argentino y especialmente sus futbolistas. Los clubes le hacían encargos fiándose de su discreción y buen tino cuando apuntaba. El Burgos, que en aquellos tiempos hacía de la necesidad virtud, no podía permitirse fallar en un fichaje y el presidente Quintano (acababa de marchar Martínez Laredo con Juanito a Madrid) mandó a Buenos Aires al secretario técnico, Luis Ortega, a la busca de un extremo en compañía del señor Minguella. Éste tenía uno en la agenda ideal para el Burgos, Jorge Orlando López, que jugaba en Argentinos Juniors y que significó un completo acierto su contratación. En el traspaso posterior al Sevilla triplicó el precio pagado. López, también "cebollita" y pequeñito jugador, asistió al crecimiento del "pelusa" con el que se encontraría ya idolatrado en los Barcelona/Sevilla.
     

Era 1977 y cuando los dos enviados miraban el partido de Argentinos Juniors para certificar la calidad del "Zurdo López" sacaron a jugar a Maradona y el señor Minguella se quedó prendado del talento que desprendía aquel muchacho cabezón y melenudo. "Éste para el Barça" dice que se dijo en el momento.  Al parecer firmó una especie de acuerdo por 7 millones de pesetas, pero Núñez, presidente del Barça, le pareció arriesgado tanto dinero por un mozalbete. El secretario técnico del Burgos, impresionado también como Minguella, y conocedor de la negativa culé en el fichaje, pidió al presidente del Burgos que se atreviera a hacerlo y que no se iba arrepentir. Quintano, que no tenía la visión ni sabía de fútbol como don José Luis Preciado, el Santiago Bernabéu del Burgos, aplazó la compra "un año o dos hasta ver cómo evoluciona el muchacho porque aún es demasiado joven".
    

Ya saben ustedes lo que significaba un año en la vida de Maradona y lo que tuvo que pelear Minguella para retomar la negociación que tan sencilla le resultó en los días que buscaba un extremo para el Burgos.


      Sepa el que esto leyere que mi devoción por Maradona ha sido casi fanática. Sólo de pensar que el sustituto de Juanito en las tardes de El Plantío pudo ser Maradona, haciendo "collera" con Viteri y recibiendo de Sergio Kresic se me pone "la gallina de piel", como diría otro de los grandes.

¡Mamita, cómo pegaban!


 

Hughes

Abc


Maradona fue el mejor y también el que más patadas recibió. Desde muy joven aprendió que regateando sólo no llegaría muy lejos. Había que regatear y, a continuación, saltar, esquivar la tarascada. El estilo resultante se parecía un poco a los cien metros vallas.


Se recuerda el marcaje que le hizo Gentile en el Mundial de España. Cada vez que iba a recibir le daba, tac, en los gemelos. También el de Camacho. “¡Mamita, cómo pegaba Camacho! Hay una final de la Copa del Rey contra el Madrid en la que hasta una patada en el culo me pegaron”. Cuando recordaba a estos defensas, a Maradona le salía el ¡mamita! Pero no le pegaron sólo los defensas. En Venezuela, en un partido de selecciones, le lesionaron el menisco por una patada al bajar del avión.


En “México 86. Mi Mundial, mi verdad”, su autobiografía, recuerda las once faltas que le hicieron los coreanos el día del debut. “¡Mamita, cómo me pegaron! Una patada tan rara que me cortó en un lugar inexplicable: justo atrás de la rodilla. Yo se lo mostraba a los muchachos y no lo podíamos creer (…) fue el lateral izquierdo, que volvió a pegarme en seguida. El tipo salió a buscarme (…) lo vi venir y le tiré el caño (…) pero me dejó el bracito levantado y me calzó justo en la mandíbula. No fue una patada: fue una piña, un golpe de karate, un cortito. Y recién ahí el gallego (Arminio) le sacó amarilla. ¡A los cuarenta y cuatro minutos! Fue al número 17; yo ni sabía cómo se llamaba, pero ya lo había bautizado Kung Fu”.

España fue una experiencia literalmente traumática. “En los entrenamientos te pegaban patadas en la boca. ¡No era fútbol eso!”. Los españoles corrían y él tocaba, solo Schuster y Carrasco le entendían. No entró en “la furia”, pero se puso fuerte en España. Es famosa la entrada de Goikoetxea, pero menos lo que sucedió cuando regresó a Bilbao con el Sevilla diez años después. Le recibieron con una pitada y una pancarta: “Maradona, marica, te pica el gol de Endika” (autor del gol ganador en la final de Copa del 84). Entre gritos de “Goiko, Goiko”, Lakabeg estuvo a punto de dejarle sin tobillo derecho con una entrada-homenaje.


Cómo sería España que agradeció el cambio a los defensas italianos, “artistas de la marca” moderados por la televisión. “En España te pegaban hasta en la lengua, te mataban a patadas y a codazos, pero eran más ingenuos para marcar”.

La lucha de Maradona contra los árbitros y la FIFA de Havelange, al que se refería siempre como “el exjugador de waterpolo”, fue para proteger a “los buenos”. Y es por Maradona que ahora a Messi no se le puede ni toser. Cambió el fútbol y recibió en su cuerpo, como un San Sebastián, todas las patadas del mundo.

(Publicado en Abc el 27-11-20)

Contar ovejas

Romero Robledo, creador de la industria del conteo

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Giuliani, abogado de Trump, revela que 28 Estados de la Unión enviaron sus votos a Alemania y España para ser contados, dándole a nuestro Servicio Nacional de Propaganda el eslogan hecho: “España cuenta”.
    

Cuando, por la lectura de Hume y de Harrington (el del “gobierno de las leyes, no de los hombres”), Hamilton concibió la democracia representativa (la democracia para territorios inmensos), no contaba con que hay que contar los votos, de lo cual se encargan hoy dos países, Alemania y España, con cultura de partido único, que es el pensamiento inerte de la izquierda americana.


    Nuestro Ortega pone como caso ilustre de pensamiento inerte la aritmética: añadir votos de modo mecánico.


    –Por eso Hegel llama a las matemáticas “pensar enajenado”, en que el espíritu no está presente a su propia operación.
    

Este “pensar inerte” (demócratas) es lo contrario del “pensar alerta” (republicanos), y por eso, dice, graciosamente, hace constar Hegel que cuando padecemos insomnio el mejor remedio es ponernos a contar (votos u ovejas, que viene a ser lo mismo).
    

La primera, y única, industria española es el “Estao”, y luego, como industria auxiliar, teníamos el turismo, que, arruinado por “la Coviz”, es reemplazado por el conteo de votos, “arte de Fierabrás”, que diría Tonetti Celáa, con una tradición que va de Romero Robledo en la Restauración al referéndum andaluz en la Transición, pasando por el “putsch” electoral de febrero del 36 y los referéndums del franquismo con más votos que votantes, al estilo Wisconsin.
    

Debe de hacerse duro pasar de contar turistas suecas de “Manolo la Nuit” a contar votos americanos de Sleepy Joe, pero también Kenia ha pasado de vender safaris para fachas a vender voluntariados para progres, y el mundo no se acaba, pues lo permanente, como dice Pablemos (y antes, Franco) es “el Estao”, al que los comunistas se agarran como lapas que tratan de expulsar a los percebes de la derecha.


    –Percebes y lapas: he aquí los dos moluscos más populares de Madrid.

[Viernes, 20 de Noviembre]

Viernes, 27 de Noviembre

 

God Save the Queen

jueves, 26 de noviembre de 2020

Maradona

 


Con Pelé y Platini

Francisco Javier Gómez Izquierdo
 
        Soy otro incondicional de Maradona. Uno de esos apuntado al principio fundamental maradoniano que te hace pensar en lo que “el Pelusa” supuso en tu vida. ¿Felicidad? No. Feliz fui con Juanito, Viteri y Kresic. Con Maradona caí en la molicie del fútbol, en un disfrutar sin medida y esperar el Estudio Estadio como el momento más importante de la semana. Que se fuera al Nápoles fue una decepción descomunal y una sensación de orfandad que nunca entenderán aquéllos que no aman al fútbol sobre todas las cosas. Buscábamos las noticias sobre el genio y envidiábamos a los napolitanos que disfrutaban con una delantera “Mágica”: Maradona-Giordano-Careca. Vivimos Mundiales con la angustia de la eliminación de Diego. En el 86, en el partido contra Inglaterra, asistimos frente al televisor a la clase de fútbol más extraordinaria que se haya impartido hasta la presente. Eso era y creo que debe ser el fútbol. La picardía, la astucia, el desparpajo de un tocado por los dioses que con toneladas de duende engañó al mundo entero en una décima de segundo. De la mano sólo supieron en el momento, él mismo, Stevens, el 2, y Fenwick, el 14. Puede que también Shilton, pero nadie más lo vio. La pequeña duda del árbitro vino por la desesperación de Fenwick. El engaño, tan perfecto como la mejor gambeta, perdurará por los siglos de los siglos. Para enmudecer las lenguas que preparaban una crónica sobre tramposos Maradona fabricó su apoteosis. Fueron los segundos balompédicos más hermosos y definitivos que se recuerdan. Un “ahí tenéis, boludos” que creo enmudecieron mis ojos y los de millones de aficionados. Lo de Méjico no se volverá a repetir porque ya saben ustedes cómo se las gasta ese artefacto que quiere erradicar la pillería del fútbol. Por eso el fútbol no va a volver a ser como cuando lo jugaba Maradona. Tampoco la Copa de Europa. Cuando el ídolo volvió a España empezó el negocio de la Champions. El Sevilla de Luis Cuervas soñó con ella pero para entonces Maradona bajaba de la montaña aunque su zurda siguiera trazando maravillas.


        A partir del 88 acudía en tren a Sevilla siempre que el Burgos visitaba el Villamarín o el Pizjuán. El penúltimo partido de la 92/93 el Sevilla jugó contra un Burgos ya descendido pero como comprenderán no podía dejar de ver a Maradona en directo. Recuerdo que estaba el Papa en Sevilla y había un ambiente sensacional. Fue el famoso partido de la bronca con Bilardo al sustituirlo. Salí del campo pesaroso -el fin de Maradona y el fin del Burgos- y esperé a saludar a Edu que era de Gamonal y autor del gol del empate que apeaba al Sevilla de la UEFA... y por ver si veía a Maradona. No pudo ser porque se marchó a casa antes de que acabara el partido con un cabreo monumental.
     

Hablándolo con el Gaitu ayer tarde dijo que no recordaba lo que pasó en Sevilla pero que de la ida en El Plantío hay una imagen inolvidable en la esquina del córner del fondo norte que pega al Arlanzón. Como a Pelé en Evasión o Victoria, algún “salao” le echó una naranja “al Pelusa” y éste, ni corto ni perezoso, como atraído por un impulso irrefrenable, se lió a toquecitos que tuvo que interrumpir ante la obligación reglamentaria de sacar de esquina. Hay por ahí un vídeo con un papel de plata pero de la naranja de El Plantío sólo tienen la imagen los que lo vieron en directo. Detalle eterno de un personaje inmortal.
     

Maradona era arte puro y el mayor talento que ha parido el fútbol. No me gustan las comparaciones que empujan a que elijas entre Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Messi o Maradona. Son tramposas y mal planteadas. ¿Qué hubiera sido de Messi ante Goicoechea, Gentile, Arteche, Camacho...? ¿Y de Maradona en estos tiempos en los que los árbitros de fútbol pitan las personales del baloncesto?  Ese repóker es incomparable, pero ninguno de los otros cuatro, y miren que Messi es de una perfección y se diría que de una exuberancia que acalla la mínima objeción, ha llegado tanto al corazón de los que añoramos un fútbol sin objetores de conciencia.
      

Su vida, un desastre. Un continuo despropósito. Un no parar hacia su destrucción. El malditismo con el que se nos presentaba quizás nos lo hizo más querido. Expertos lo explicarán como corresponda. Yo sólo sé que todo se lo perdono en pago a las sensacionales tardes que he pasado disfrutando de su arte.

 Descanse en paz.


      ¡Ah! Ayer hubo Champions. Ganaron los de siempre, menos el Liverpool. No parece que vaya a haber novedad para octavos.

Estalinismo liberal


Virginia Wolf


Ignacio Ruiz Quintano

Abc

El estalinismo liberal es más totalitario que el estalinismo comunista. Después de todo, al socavar la Constitución federal del 87 (Bezos ya pide cargarse el Colegio Electoral en su blog, el “Washington Post”), el estalinismo liberal está socavando el último reducto de la libertad en el mundo, mientras que el estalinismo comunista vino a sustituir una tiranía por otra.

Al lado de las fechorías contra la libertad de los tipos de Faceboock y Twitter, los relatos de Yuri Dombrovski se quedan en cuentos de P. G. Wodehouse. Ante el Comité del Senado que los interrogó por sus birlibirloques electorales (tapar la corrupción china de Biden y airear los chismes rusos contra Trump), Zuckerberg y Dorsey (éste, disfrazado de Fielding Mellish, el Woody Allen revolucionario de “Bananas”), que van por la vida de “levellers” de salón, quedaron reducidos a caricaturas de aquellos ricachos que salían en los dramas obreros de Joaquín Dicenta, que eran muy ricos, muy malos y… muy lelos. Como Duque el ministro aeronauta, Zuckerberg y Dorsey saben de algoritmos, pero no han abierto un libro en su vida.

A preguntas de los senadores, Zuckerberg, que parece más despejado que Dorsey, reconoció que muchos de sus empleados “son de izquierdas”. Es la misma excusa que Cebrián dio a Revel en el 80. ¿Cómo su periódico era el único en ignorar el “caso Marchais”, líder comunista que en el 42 y 43 fue en la Alemania nazi trabajador voluntario (¡no deportado!)? Y, “nada incómodo”, contestó: “Es que el jefe de extranjero es comunista, de modo que ha silenciado el asunto”.

Zuckerberg y Dorsey proyectan el “resentimiento narcisista” de la “elite”. Y censuran. Luego editan. Y si editan, deben someterse a las leyes de edición.

Si Virginia Wolf sobreviviera –dice Dalrymple en 2002–, tendría la satisfacción de comprobar que su molde de pensamiento, malvado, deshonesto, resentido, envidioso, esnob, ególatra, trivial, filisteo y, por último, brutal, había triunfado entre las elites de Occidente

[Jueves, 19 de Noviembre]