Follow by Email

lunes, 27 de marzo de 2017

Cowboy de mediamañana

Calle de Lista
El club de los humildes

Identidad y alteridad. (Acto uno: Los caminos de Caín)

 Caín y Abel. G. Gandolfi (1734-1802)

Jean Palette-Cazajus

Hace unos días, un anciano sevillano postrado en cama con oxigenación asistida ha sido desvalijado por dos maleantes que, de paso, violaron a la asistenta que lo custodiaba. Los dos desalmados pudieron ser identificados gracias a unas cámaras de seguridad cuya presencia desconocían. Esta progresiva -y sin duda definitiva- sustitución de la mirada de la conciencia por el ojo indiferente de la cámara, debe interpretarse también como la confesión de una clamorosa renuncia a una idea clave de la modernidad, la de que el hombre es moralmente mejorable .

Idea clave y viga maestra del optimismo progresista histórico. Según sus valedores existirían serias razones para pensar que el hombre actual ha mejorado respecto de tiempos pasados. En esta línea, Michel Serres, un conocido y añoso filósofo, personaje entrañable donde los haya, acaba de publicar un libro para explicarnos que Europa vive el período más paradisiaco de su historia. Escribe frases como ésta: “Nuestros contemporáneos tienen una posibilidad entre diez millones de morir por culpa del terrorismo, mientras tienen una entre 700 000 de ser víctimas de la caída de un asteroide”. El autor siente fervor científico, no quiero dudar de la fiabilidad de sus estadísticas. Pero creo que el problema no es éste.

 Michel Serres, nacido en 1930

En tal asunto, nuestros juicios sólo pueden ser relativos y subjetivos. En el fondo, el filósofo habla aquí desde el muy viejo espejismo humano de quien cree ver el río de Heráclito discurriento desde su fuente. Cuesta asumir que, en el río de la historia, somos el corcho efímero, arrastrado brevemente por una corriente que nos escupe y nos ignora. Asombrosamente, Michel Serres parece regresar a la vieja definición metafísica del ser humano, la de una esencia permanente criada en el limbo. Siendo pensador que sabe, sin duda mejor que yo, que la particularidad humana es la de un ente que emerge y se constituye en la interfaz del organismo individual y del baño amniótico del medio, tanto natural como histórico. La vertiginosa historia de nuestra especie nos da derecho a pensar que, en decenas de miles de años, la conciencia de los humanos ancestrales cambió menos que la de los occidentales durante el último siglo. Más que nada en la manera de pensar la muerte. 

El progreso técnico y el de la medicina nos han instilado el muy reciente sentimiento de un derecho a la durabilidad de la vida que no compartió ninguna civilización anterior. Entre los seres humanos modernos se interpone la retícula de la artificialización. Por esto las muertes violentas, en nuestras sociedades, resultan particularmente absurdas y miserables. Nuestro filósofo comete sobre todo el error de no separar las situaciones tradicionales de guerra abierta, en que la muerte se vivió siempre como una fatalidad y las situaciones criminales en que la muerte se vive como una inaceptable transgresión. Donde el español dice “batalla campal”, el francés dice, significativamente, “bataille rangée”, o sea batalla ordenada, regulada. Este tipo de batallas entre ejércitos ha desaparecido; sin duda definitivamente. Hoy las guerras matan esencialmente civiles y son dificilmente disociables de una criminalidad de masas.  A principios del siglo XVII, un obispo de Murcia, ascendido a la sede arzobispal de Sevilla, tardó 23 días para llegar a la ciudad bética y morir de las fatigas del viaje. Hoy, nos separan de las infamias de Daesh poco más de dos horas de avión. Las peculiares estadísticas de Michel Serres no pueden atemperar el horror frente a los atentados terroristas ni aplacar nuestros temores frente a lo que nos espera. No diré que el horror llama a nuestras puertas. Todos sabemos que no tenemos puertas.


 Como en las pelis

El filósofo despotrica contra los personajes bélicos tipo Luis XIV, Napoleón o el mariscal Foch. Pide derribar sus estatuas y sustituirlas por las de celebridades más propias de la “Edad de la dulzura”, la que viene empezando, según él. Esto me recuerda una pintada en el metro de Madrid, hace ya muchos años, en respuesta a no sé qué otra, particularmente ñoña y angelical. Decía así: “Y cuando seáis todos pacíficos, os forraremos a hostias”. Difícil ser más clarividente y edificante sobre un tipo de buenismo que en nada ha mitigado jamás el odio cerval de que somos objetos. Los de Londres, el otro día, como en las ocasiones anteriores, como en las venideras, querían castigarnos por nuestros “crímenes”. Intenté describir hace pocos meses el proceso histórico que nos ha llevado a ser identificados como criminales, culpables y -sobre todo- deudores definitivos. Resumiendo: sabemos que nuestra situación sigue siendo privilegiada ¿Por qué cuesta tanto asumir su increíble fragilidad?

Fragilidad frente a las agresiones exteriores. Fragilidad frente a los demonios interiores. Acabo de ver un reportaje televisivo absolutamente impresionante.  Filmado“at the right time in the right place”. Tuve el sentimiento de presenciar la historia haciéndose y deshaciéndose. El documento empezaba mostrando los primeros momentos de la secesión de Donetsk y Lugansk, las provincias rusófonas del este de Ukrania, en el llamado Donbass. Era el inicio, en abril/mayo de 2014, de una guerra civil que se ha apuntado más de  9000 muertos y 20 000 heridos y no acaba de terminar. Las estructuras de una sociedad al fin y al cabo europea, vieja y civilizada, basculan sobre su eje; se van invirtiendo las jerarquías humanas y las de los valores; muchos individuos empiezan a practicar un increíble, trágico y esperpéntico juego de rol. 


 Milicianos prorrusos

Asistimos en directo a la progresiva exasperación de las tensiones provocadas por la actitud antirrusa de los manifestantes de Maidán, en Kiev y el resto de Ucrania. Presenciamos el referéndum secesionista, caricatural en su organización pero indudable reflejo de la postura rusófila en la mayoría de la población. En los días siguientes se va tensando la cuerda y van apareciendo las primera milicias armadas. Ya conocen la manida frase atribuida a Samuel Johnson (1709 – 1784), sobre el patriotismo en tanto que último refugio de los canallas. Donde Johnson dice “patriotismo” convendría entender “nacionalismo”, palabra que entonces no existía, puro producto del siglo XIX. No es lo mismo; creo que la diferencia entre la primera voz y la segunda es la que separa la generosidad del odio. El caso es que no pude dejar de rumiar la frasecita, viendo la brutal e inmediata transformación de tanta patulea, entre lumpen, golfos y descerebrados, de repente iluminados por el patriotismo e inflados como globos en cuanto una Kalashnikov aparecía en sus manos. Viendo las muchachas discotequeras, vaqueros superceñidos, tops minimalistas, piercing en el ombligo, retratándose con el rifle de asalto apoyado en la curva de la sugestiva cadera, clamando consignas mortíferas e incitando los muchachos a la batalla como en las tribus antiguas.Viendo los viejos en las plazas, con un micro en la mano, de pronto poseídos por una vocación de tribuno de la plebe y escupiendo consignas antiucranianas con abrupto y monótono estribillo: “Matadlos; matadlos a todos!”

Nadie ignora hasta qué punto la corrupción corroe aquellos países. Desde los primeros días tales “milicias patrióticas” parecían sobre todo preocupadas por los tráficos, de armas u otros, por la obsesión de marcar con perruna meada sus territorios, por la de embolsar las “voluntarias” contribuciones financieras de los ciudadanos, estimuladas por la omnipresencia de la “kalash”. Cuenta un miliciano improbable que él no pretende enriquecerse, sólo mejorar los garbanzos. De hecho nos enteramos de que, semanas después, huyó con su peculio antes de que empezaran los combates de verdad. Vemos cómo los peores oligarcas, los que ya cortaban el bacalo antes del seudo referendum del 11 de Mayo de 2014, contribuyen a exaltar las pasiones mientras van monopolizando descaradamente todos los puestos importantes. 


 Donbass

Ya iniciados los primeros combates, sangrientos, anárquicos y un tiempo indecisos hasta que la solapada intervención de Putin empiece a pesar sobre uno de los platillos de la balanza, asistimos a una escena penosa. Un oficial ucraniano, cincuentón, digno, prisionero de los prorrusos, está maniatado y arrodillado sobre el suelo. Lo maltratan de palabra, lo golpean. Resignado, el hombre habla con amarga ironía: “Ya sé que de todas forma me vais a cortar los c…, pero no odio a los prorrusos, solo a mi suegra”. Le contesta, soez, el jefe de los milicianos, sólo visible de espaldas: “¡Cómo podríamos cortarte lo que no tienes, maricón!”. Semanas después volveremos a ver dicho oficial. Lo han liberado y ahora encabeza la comisión de intercambio de prisioneros. Lo acompañamos mientras se dirige hacia el frente prorruso para devolver un grupo de prisioneros. En el momento de despedirse, uno de los liberados, un chico joven, cara y voz agradables, pinta simpática e inteligente, da efusivamente las gracias al oficial. Añade algo como: “No sabe cuánto lo siento por aquel día... Estábamos todos un poco enloquecidos,... no sabíamos lo que hacíamos”. El chaval encantador era nuestro cabecilla de milicianos, el mismo que humillaba y cuestionaba, grosero, la virilidad del veterano oficial.

Tras unos meses volvemos a encontrarnos con algunas de las exaltadas muchachas, discotequeras, sugestivas, patriotas y exaltadas. Aparecen sombrías, desmejoradas, desesperadas, algunas apenas reconocibles, a veces entre las ruinas de sus casas. El discurso es el de la fatalidad incontrolada, del peso del destino, de la resignación frente a la catástrofe que vino, habría que creer que desde la nada...



 Lugansk, junio de 2014

En la Ucrania leal al presidente Poroshenko, también mandan los corruptos y los oligarcas. Tal vez algo menos que en el este. Maidán ha originado algunas actitudes reactivas. Pero el ejército está invertebrado, poblado de zombis y de burócratas. El gobierno intentó crear una guardia nacional a marchas forzadas. Los voluntarios son estudiantes universitarios, médicos, profesores, ingenieros, funcionarios...todas las fuerzas vivas del país, necesarias en la sociedad civil y apuntándose aquí a la catástrofe. Porque hoy hacen falta, como mínimo, tres años de seria preparación para fabricar un buen soldado. Tampoco está el ejército ruso para tirar cohetes, lo vemos cada día en Siria. Pero juega en otra categoría. De modo que Putin, además dueño del gas, tiene una vez más en las manos las mejores cartas del conflicto.

En 1932-33, Stalin, obsesionado por acabar con el campesinado, favoreció en Ucrania una atroz hambruna que mató entre 3 y 5 millones de personas. Escribía una médico rural: “...Las buenas personas murieron primero. Las que se negaron a robar o a prostituirse, murieron. Las que dieron de comer a los demás, murieron. Las que se negaron a comer cadáveres, murieron. Las que se negaron a matar al prójimo, murieron. Los padres que se negaron a comer a sus hijos murieron...”. Ocho años después, durante el terrible 1941, muchos fueron los ucranianos que contribuyeron alegremente, tras la invasion hitleriana, a los pogromos y a la “Shoah por balas”,  como en el trágico barranco de Babi Yar hoy sepultado bajo los edificios y el arbolado de un parque de Kiev. Vergonzosa realidad ocultada por la Ucrania soviética y casi hasta hoy por la postsoviética.

Fue muy comentado en su momento “Tierras de sangre”, el gran libro del historiador Timothy Snyder,  publicado en 2010 (*), sobre el sino cruento de aquellas llanuras del este europeo donde se enfrentaron, hace ya 75 años, los dos totalitarismos más sangrientos de la historia. Pocas memorias hay en Ucrania y el sur de Rusia que no estén habitadas por terribles tragedias familiares. Cuesta entender que los dos bandos de un país agobiado por la corrupción y los problemas económicos se lanzaran a degüello con tanta facilidad. Esto es lo que decimos siempre. Lo mismo dijimos cuando Yugoslavia explotó. Fueron casi 9 años de guerra (1991-99), hace cuatro días como quien dice. Fueron 300 000 muertos, las dos terceras partes civiles, y 4 millones de desplazados. Empezamos a saber que las peores instituciones siempre son mejores que su ausencia. Las que son medianamente buenas y consensuadas deberían sacralizarse. No creamos ni un solo segundo que nuestras sociedades son más maduras, más razonables, más sensatas. ¿Puede alguien pensar seriamente que si contrastamos un solo siglo de vida mínimamente democrática -y esto en el mejor de los casos- con dos millones de años de evolución humana, tenemos derecho a pensar que nos protege un especial blindaje civilizacional? Habría que levantar un monumento a quien inventó la expresión “barniz de civilización”.

(*) Hay traducción española.


Mliciano ucraniano

Hacia Rusia con amor





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Para abrirse camino hacia Rusia 2018 (nada que ver ya con la Rusia del 63, la de Daniela Bianchi en “From Russia With Love”), la España de Lopetegui (uno de los españoles más influyentes, de dar crédito a las encuestas) ha vencido a Israel, proporcionando al “As” y al “Marca” titulares veterotestamentarios, para que luego digan que los cronistas deportivos son incapaces de encontrar una oración en la Biblia.

    Por uno de esos caprichos de la historia, Israel es parte futbolística de Europa, y podía haberlo sido geográficamente, si Roosevelt se hubiera tomado en serio la propuesta que en febrero del 45 el ladino rey saudí Abdul Aziz le hizo en la cubierta del crucero “USS Quincy” en medio del Canal de Suez sobre establecer el nuevo Estado judío en territorio alemán, con lo que ahora el equipo de Lopetegui, en vez de tener enfrente a Marciano, el manirroto portero israelí, habría tenido a Neuer, “Noya” para los locutores de TV, y para Florentino Pérez, “el mejor portero del mundo”.
    
En cualquier caso, un España-Israel de fútbol tiene sus extravagancias, y los “notas” de la localidad, que era Gijón, aprovecharon que la ocasión la pintaban calva para sacar los pies del tiesto y echar a volar el grajo del antisemitismo, que a estas alturas tampoco se sabe si es un racismo homologado por la Uefa. No es un asunto terminado: históricamente, y pasando por alto el principio de contradicción, el racismo europeo ha acusado a los españoles, primero, cuando interesaba a los protestantes, de poseer mezcla judía, y después, cuando interesaba a los ilustrados, de perseguir a los judíos. Pero Villar, presidente de la Federación de lo que él llama “Fulbo”, incapaz de llevar el chiringuito de “La Roja” a Barcelona o a Bilbao, llevó el partido contra Israel a Gijón, cuyo Ayuntamiento participa oficialmente (eso incluye la gaita) en la kermese internacional contra la única democracia de Oriente Próximo, coincidiendo el teatrillo con la celebración en Italia del sexagésimo aniversario del tratado de la Unión Europea, donde nadie, ni siquiera Rajoy, mentó a don Santiago Bernabéu, artífice de la Copa de Europa, que, anterior al Tratado de Roma, ha hecho por el europeísmo bastante más que los burócratas con librea de Bruselas, que vienen a ser como el ejército chino de terracota que tiene frau Merkel al servicio su casino alemán, que no otra cosa es la UE, donde el luxemburgués Juncker pone cara de cervecero bávaro, donde el polaco Donald Tusk pone cara de cabo prusiano y donde la última palabra la tiene únicamente Alemania, quien, después de arrojar a Delors a los leones por proponer una Europa de dos velocidades, decreta la Europa... de dos velocidades, una, la de los prestamistas, que sólo es Alemania y que jugará como el Madrid de Mourinho, el equipo más rápido del mundo, y otra, la de los prestatarios, que son el resto de miembros y que jugará como el Rayo de Paco Jémez.

    –Hay que tener fe en Europa –dijo Rajoy en Roma.
    
Hay que tener fe en el Mundial –dijo Lopetegui en Gijón.
    
Debemos, pues, creer en todo lo que no vemos.
    
Desde luego, la Europa de Rajoy no está en nuestra mano. Y el Mundial de Lopetegui, tampoco, ya que se celebra en la Rusia de Putin, el hombre, según el establishment, que todo lo hackea. Los liberales americanos sostienen que Putin es con las elecciones como los chinos del barrio con las tragaperras: nadie sabe cómo lo hace, pero se lleva el bote.
    
En las redacciones de todos los periódicos ya se están cociendo los reportajes de “Putin hackea el Mundial para que lo gane…” (aquí, el nombre del equipo sorpresa de turno).



¡QUE NOS ROBAN A ISCO!

Nunca he sabido si me gusta Isco. De entrada, da la impresión de ser un futbolista que juega de rodillas, como torean esos toreros que, incapaces de echar la pata adelante, van y la echan a tierra. El colmo de este arte (el arte de escamotear las piernas) lo hizo Cayetano en Arévalo: el toro se echó, cansado como una mula vieja, y entonces el torero dudó durante un instante y decidió arrojar los trastos y arrodillarse ante el bicho en el desplante más carpetovetónico que uno haya visto. E Isco tiene algo de Cayetano en el juego: sí, pero no; no, pero sí. El rollo mediático es que lo quiere el Barcelona. El Barcelona de Guardiola hubiera liado una parda llevándose en su día a Benzema, jugador hecho para el tiquitaca. Isco, en cambio, si se fuera al Barcelona acabaría disputándole el nombre en la memoria a Onésimo.

Primera de Plaza 1. Cada Mochuelo (de la Cifu) en su olivo (con Manolo Cortés en el recuerdo)

 Primer paseíllo

 Primer toro

 La Bandera así desde hace una semana

Rust never sleeps-el orín nunca duerme

José Ramón Márquez


La primera de Plaza 1, 26 de marzo de 2017, y todo es lo mismo, invariablemente igual. La Plaza llena de suciedad, los chafarrinones en las paredes, la mancha de humedad gigantesca junto a la puerta del tendido alto del 9, el ascensor averiado, las barandillas atacadas por el orín, la bandera enrollada en el mástil desde hace lo menos siete días, las tiras en el techo de la andanada, ahí está la misma incuria de siempre, la misma de los Toresma, la misma de los Lozano… con Plaza 1 o con Plaza 101, con el Mochuelo de la Cifu o con el sursuncorda, la Plaza, como la vida, sigue igual.

Hoy 8.294 espectadores se pusieron en pie para rendir un merecido homenaje póstumo a Manolo Cortés, y uno, el que hace 8.295, en la delantera de la andanada, no tuvo a bien levantarse en respeto al torero de Gines, fallecido ayer mismo; lo mismo el prenda ni sabía quién fue ese personalísimo torero que pisó hace ya veinte años por última vez la arena de Las Ventas, donde dejó la indeleble huella de su arte y de su sangre.

Para la primera de Plaza 1 anunciaron una novillada de Fuente Ymbro, los toros de don Ricardo Gallardo, el antiguo vendedor de cocinas que buscó en Borja Domecq el apoyo y el know how. Tengo para mí la pena mora -pena islamista- de no haber visto al toro Agitador, que tanto hizo hablar a la afición y que ha sido cantado como el epítome de la bravura ymbresca; a cambio tengo vistas unas cuantas arrobas de corridas de los pupilos de don Gallardo en las que prevalece generalmente la decepción sobre la admiración. El año pasado, sin ir más lejos, pasó la divisa verde por Las Ventas de Taurodelta con más pena y desplome que gloria ganadera, lo mismo en el Isidro que en el Otoño; y mira tú que en el año diecisiete, veinte años ya dela última vez que vimos a Manolo Cortés, se trae a Madrid el señor Gallardo una corrida como para ponerle un piso. Después del ayuno de la invernada, encontrarnos con seis novillos como los que hoy han salido en Madrid es como un sueño, porque la verdad sea dicha, no se esperaba gran cosa de los Ymbro de San José del Valle. La corrida que ha salido en Madrid ha traído justamente lo que el toro tiene que traer a Madrid para que el triunfo sea de relevancia: buena presencia, casta, embestida vibrante, no perdonar los fallos, cumplir en varas… ¿qué más se puede pedir? De los seis de esta tarde, cuatro tenían más presencia que lo que se ha visto en Fallas como corrida de toros y los dos más terciados, los más “anovillados” en una novillada, han tenido trapío y además un aire y una chispa de gran interés. Hoy, una vez más, quien se haya dedicado a mirar el toro no habrá podido aburrirse porque el juego que han dado, lejos de la estúpida y bovina sumisión del ganado de tantas tardes, ha favorecido una entretenida tarde de toros. Así es esto: íbamos a la Plaza jurando en arameo a causa del ganado y salimos de ella encantados con el juego y la presentación de la novillada. Y al margen de esto diremos de don Gallardo, que se compró los jandillas con los que creó Fuente Ymbro en 1996, un año antes de la última vez que Manolo Cortés estuvo con Palhas en Las Ventas, por lo que acaso ya vaya siendo hora de que en el haber de los Ymbro deba pesar o la sabiduría de don Borja o la de don Ricardo para, desde el deplorable fango del monoencaste del cual partió todo, ser capaces de sacar una corrida tan interesante como la de hoy. A ver si va a resultar que lo que importa de verdad es la selección, más que el encaste.

En el cartel de esta corrida primaveral, Pablo Aguado, Leo Valadez, de Aguascalientes, Méjico, nuevo en esta Plaza, y Diego Carretero.

El único de los Fuente Ymbro que toreó Pablo Aguado, Laminado número 142, cantó desde la salida sus dones, de los que su afición al viaje largo y su condición repetidora eran acaso los más señaladas. Aguado le quiso dar fiesta y el animal galopó con ilusión hacia la muleta distante que se le propuso, encontrando una y otra vez la falta de toreo que se le ofrecía, si es que toreo es parar, templar y mandar, recibiendo a cambio de la franqueza de su galope y de la sinceridad de su embestida una serie de mantazos, telonazos y enganchones, que no hicieron cambiar al Ymbro en sus inclinaciones. Faena sin concepto alguno y decididamente a menos se vio abruptamente interrumpida cuando el novillo le hizo hilo al torero, que le había perdido la cara, propinándole un fortísimo porrazo de resultas del cual el muchacho quedó tirado en el suelo conmocionado para recordarnos, breve y escalofriantemente, el “Torero muerto” (“L'Homme mort”)  de Dégas. Retirado el novillero a la enfermería, fue Leo Valadez quien se ocupó de despachar al animal, cosa que hizo con una estocada desprendida muy eficaz. Desde ahí la tarde quedó ya como mano a mano entre Valadez y Carretero.

En el segundo de la tarde, Leo Valadez dejó como tarjeta de presentación un insustancial trasteo basado en una antiestética contorsión del cuerpo, a medio camino entre El Juli y el mayor de los Adame en feliz hallazgo del aficionado R., en el que, por resaltar algo positivo, pondremos la planta de torero del mejicano y un espléndido pase de trinchera lento y mandón. Mal con los aceros. El otro que mató fue el que hacía cuarto, Vinazo, número 91, que fue corrido en quinto lugar. En ese toro, acaso ayudado por las plegarias de un Reverendo Padre que entiende y ayuda en el desarrollo del mejicano como torero en ciernes, el hidrocálido quiso presentar otra cara, con el quite ése que hace el Julián de San Blas (¿se llama lopecina o me lo he inventado yo?) y luego principiando su trasteo de rodillas, muy en novillero, menos convulso en la forma de ejecutar las suertes y sacando una serie de naturales despegadillos, pero de buena factura, amparados en la generosidad del novillo y reconocidos con esplendidez por la parroquia. En éste también volvió a encenagarse con el acero. Se le puede volver a ver a Valadez,  a ver si las ayudas del clérigo se centran en acercarle algo más a  la trinidad del toreo: parar, templar, mandar.

Y luego Carretero, que se despachó al tercero, al quinto y al sexto. Cuando nació Carretero faltaba apenas un mes para que Manolo Cortés hiciese su postrero paseíllo en Madrid para acabar matando un sobrero de Peñajara, su último toro. Estos toreros nunca habrán oído hablar de Cortés y, a buen seguro nunca habrán visto a nadie mecer el capote con la humildad, la naturalidad y la clase del viejo torero; sus referencias para el capote estarán, sin duda, en ese rococó afectado que ahora se toma como buen capoteo y en cuanto a la muleta, lo mismo. Carretero ha presentado en los tres novillos la misma cara, exactamente: la de un muchacho que no ofrece un concepto de lidia, reducida ésta a una mera sucesión de pases en los que si consigue que el toro se mantenga en movimiento se obtiene la gratificante ovación de los públicos a los que se ha convencido de que eso es el toreo. Si además hay un percance -sin consecuencias, por fortuna- y lo hubo en el sexto, la oreja ya va de suyo, y como el hombre degolló al toro, cosa que a nadie importa, y el Ymbro cayó, el repliegue cutáneo sostenido por una lámina cartilaginosa al que denominamos “oreja” pasó de estar adherida a la sien de “Pintora” (sic), número 93, a la mano del de Hellín.

Luego, de manera harto exagerada, hubo aficionados jóvenes e impulsivos que demandaron la vuelta al ruedo a “Pintora”, aunque más bien se entiende que lo que ellos querían era significar lo que les había gustado la novillada y de esa manera exagerada animaban a Plaza 1 a que siga trayendo muchas más de este jaez. Saludó el mayoral, y en eso sí estamos de acuerdo.

Lunes, 27 de marzo

Valle de Esteban

Vale más callarse y ser, que hablar y no ser.
San Ignacio de Antioquía

domingo, 26 de marzo de 2017

Sevilla Atco., 1; Córdoba, 0. No hay consuelo en la injusta derrota

 Kieszek en el Oporto

Pasquines en Córdoba

Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Kieszek es uno de los mejores porteros de Segunda División. A Kieszek le vendieron que fichaba por el Real Madrid de Segunda y el hombre, en agosto, pensó que llegaba a un club serio en el que el director técnico fichaba, el entrenador mandaba en el vestuario y decidía las alineaciones y los futbolistas del Córdoba, su nuevo equipo, tenían una calidad más o menos apreciable. Kieszek, que lleva mucho mundo corrido desde que salió de su Polonia, va ya para diez años, se ha desengañado por sus ojos de premisas que creyó ciertas y  sabe que el fútbol se vuelve muy puñetero cuando es contagiado por el espíritu fenicio de ciertos navegantes tan ansiosos de denarios como incapacitados para la comprensión de la práctica más universal que se conoce.

      El mal está totalmente extendido en el Córdoba. Hasta Kieszek, del que se dice que el amo del Córdoba sentó en el banquillo un mes por regalar una camiseta a una peña de animadores crítica con la propiedad, comete errores escandalosos y hoy nos ha perdido el partido nada más empezarlo, en una acción asombrosa. El polaco ha detenido un disparo del joven Marc Gual lanzándose al suelo. El balón se ha quedado muerto a la altura de la rodilla y sin que nadie del Sevilla Atco. le molestara nos ha salido con un esparajismo de perniquebrado y se ha colado un gol. Un gol tonto, como ya es costumbre.

    Kieszek  está infectado de esa retahíla de despropósitos que se apodera de mentes débiles cuando se creen miradas por los tuertos de las gafancias. Javi Lara, al que se fichó por cordobés y para sacar las faltas y los córners, también está infectado. Infectado y cansado. Las pone y no van. Mira y no ve. Está infectado Pedro Ríos, en el que el entrenador Luis Carrión tiene depositada toda su confianza y al que le hace jugar los 90 minutos a pesar de su edad. Está infectado Rodri, al que le ha abandonado la caprichosa racha que suele amar/odiar a éste tipo de delanteros centro.

     El resto del equipo harto hace con aguantar, y perdonen la crudeza. Al resto del equipo sólo podemos exigirle entereza y aguante y valdría que con discreción fuera el digno acompañamiento de los nombrados. Creo que bastaría para salvarnos, pero si hasta Kieszek regala puntos ¿qué va a ser de nosotros? Y miren que hoy ha habido ocasiones claras. Fallos en el remate -una de Rodri y otra de Markovic a puerta vacía- que son para verlos y paradas del portero Caro -dos a Rodri espectaculares-  que son para aplaudirlas.
    
¡Ah! Los chicos del Sevilla, bien. Sobre todo el portero Caro, y los centrales Alex Muñoz y Bernardo Cruz al que el amo del Córdoba echó por no haber empatado con nadie. La banda izquierda, con el lateral Matos y el exgetafense Ivi, muy solvente y trabajadora. No me ha gustado Borja Laso, del que un servidor aventuró inmediatos progresos. Tampoco me ha gustado la derrota de mi equipo, porque hoy hemos merecido otra suerte, pero ya se sabe que “furbo es furbo” y cuando la bolita no quiere entrar...

Domingo, 26 de marzo

Valle de Esteban

El principio es la fe. Y el final es la caridad.
San Ignacio de Antioquía

"¿Crees tú en el Hijo del hombre?"

DOMINGO, 26 DE MARZO

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:

-Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?» Unos decían: «El mismo.» Otros decían: «No es él, pero se le parece.» Él respondía: «Soy yo.» Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.» Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: «Que es un profeta.» Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron.  Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:

-¿Crees tú en el Hijo del hombre?

Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo:

-Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.

Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.

Juan (9,1.6-9.13-17.34-38)

sábado, 25 de marzo de 2017

El Torete

 Por qué daba la impresión de que era bizco, y no lo era


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

España afronta la semana del Presupuesto bajo el “shock” de la nevada en Madrid (un prodigio como la “Nieve en Cádiz” que le valiera el Cavia a Pemán) y la grosería en el Congreso de Pablemos, que debía hacer el papel de El Torete y ha hecho el de Tourette.
¡Qué modales! ¡Qué lenguaje! –se santiguaba el beaterío, como hacen las monjas con los niños en esos colegios españoles que castigan la grosería y pasan por alto la crueldad.
Hombre, bastante peor hablado que Pablemos era Indalecio Prieto, quien, además, iba al escaño con pistola, y hoy tiene en la Castellana una estatua más gorda que la de Castelar. Madariaga supone que “Don Inda” cultivaba la rudeza por darse perfil y relieve, pero también por mero placer de niño juguetón que se divierte asustando a sus tías, y la tía, para él, era Fernando de los Ríos, alias Don Suave, por su atildamiento como de liberal del Consenso barajando con el meñique emparedados en Embassy.
Prieto se regodeaba soltando en presencia de Don Suave las palabrotas más obscenas y blasfemas.
El chinche era Casares Quiroga (el de ahí tenéis las armas, cuando el 18 de julio, que yo marcho a La Coruña), pulcro de aspecto, pero aficionado al lenguaje vitriólico: donde Prieto dejaba la obscenidad, Casares la recogía doblando la apuesta sobre el tapete de Don Suave, que, acaso por este “mobbing”, daba la impresión de que era bizco, y no lo era.
Por entonces (y esto lo habrá oído contar Pablemos en su casa), José Antonio, admirador de Prieto, en su parlamento sobre la Reforma agraria mentó el caso de una cacica de Narros del Puerto que a las causas de desahucio del Código Civil añadía: “La dueña podrá desahuciar a los colonos que fuesen mal hablados”.
La continuación de la oratoria soez de Prieto por otros medios fue Queipo en Radio Sevilla. Cómo sería la cosa que Franco ordenó a los académicos enterrar sus tacos en cursilería radiofónica. El resultado, entre Torete y Don Suave, es la generación de Pablemos.

Sábado, 25 de marzo

Valle de Esteban

¡No hay más que un solo médico!
San Ignacio de Antioquía

viernes, 24 de marzo de 2017

La justicia

Rabelais
“Si una quimera, bamboleándose en el vacío, puede comer segundas intenciones”



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La justicia española es una mezcla de Afrodisio, el maestro de esgrima, y de Ben Johnson, el recordman canadiense: ágil en el Supremo y veloz en lo Social.

Al Supremo entraron los profanadores de una capilla laica (centro cultural) con ocho meses de condena por el grito “¡Cataluña es España!” y salieron con cuatro años bien corridos por la agilidad de los juristas en apreciar “catalanofobia”, pues donde esté una intención que se quiten los hechos. (Aquí, la broma de Rabelais citada por Borges: “Si una quimera, bamboleándose en el vacío, puede comer segundas intenciones”). Por allí pasaron luego las autoridades estatales que organizaron por su cuenta un referéndum separatista: para un lego, la agilidad de la lógica, en este caso, hubiera sido cambiar “desobediencia” por “sedición”, pero ¡quia!, y prevaleció la agilidad del Consenso setentayochista de no apreciar “hispanofobia”, que en España tiene rango de derecho constitucional.
En cuanto a lo Social, ¿qué no se dijo ya? “Lo Social” es la forma laica como fingimos creer de lunes a viernes lo que antes sólo fingíamos creer (en misa) los sábados y domingos: que los pobres heredarán un día la tierra. Cuando Cristina Cifuentes, Cecé, dice que Errejón es el hijo que todas las madres quisieran tener, es porque ese becario “black” posee un don de “lo social” que le lleva a decir que las colas de Venezuela obedecen al exceso de dinero de bolsillo de los venezolanos, cosa que a ninguna madre le dirá su “Tamagotchi”.
Y precisamente un Juzgado de lo Social, el 31 de Madrid, ha recibido el premio de Calidad de la Justicia por la cantidad de sentencias que despacha, seis, y de diez folios la unidad, por día (hábil), algo así como Roy Bean en un Burger al este del Pecos.

Yo no soy empresario, yo soy productor –presume el nuevo Teodulfo, Roures, basilisco de la lucha de clases, olvidando que “productor” era el nombre franquista de “obrero”.
Hombre, producción, la de la jueza del 31.

Viernes, 24 de marzo

Valle de Esteban

¿Habéis visto acaso a un ratoncito construir una iglesia? ¿A una mujer tan humilde?
Anne-Marie Corot Santa Sura

jueves, 23 de marzo de 2017

La felicidad

Jeromín


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Según las encuestas de la Onu, los países más felices son los nórdicos, que, vistos desde España, nos parecen de rumiantes.

El Norte, señores, rebosa de aquella dicha franciscana que, pintada por Santayana, consiste en que, en una borrascosa noche invernal, que allí dura media vida, luego de un largo viaje, le cierren a uno en la cara la puerta de un convento en medio de un coro de refunfuños, amenazas y maldiciones.
Ya lo dice un curita holandés de los de Bruselas, Jeroen Dijsselbloem (para nosotros, Jeromín), presidente del Eurogrupo, que no es curato pequeño:

El Sur se lo gasta en copas y mujeres.
Sin salirnos de Santayana, la ética de Jeromín es una física sentimental que le hace creer que la felicidad es producto del trabajo y que la libertad se sustenta en actividades obligatorias, correctamente ejecutadas.

No, Jeromín: eso de las copas y las mujeres sería antes, cuando teníamos hijos, que lo uno llevaba a lo otro, y lo otro, miren a dónde. Miren a ese ministro del Interior francés obligado a dimitir por haber colocado a sus chiquillas. ¿Cómo no entenderle? Aquí, cuando se puso de moda la corrupción, muchos aguantaron como San Antonios el primer envite, el del dinero de bolsillo, pero en cuanto los chiquillos crecieron y hubo que colocarlos sucumbieron todos.
Hoy, sin hijos, nos lo dejamos todo en coches y perros, únicos gastos que no nos duelen, o al menos yo no he visto a nadie porfiar por una factura con el mecánico o el veterinario. La alcaldesa de Madrid, que es una lechuza fijándose, lo vio en seguida, y va a extender la socaliña del estacionamiento a la noche y los festivos. De hecho, aquí ya nadie te pide para comer (¡el comunismo municipal cerró todas las bocas!), para el bus o para el metro; todo el mundo te pide… para el parquímetro, que ya es la principal unidad de mansedumbre del tonto contemporáneo, feliz con su socialdemocracia de prozac donde todo (Jeromín en Bruselas, el Seat León en Zona Azul) está en orden.

Jueves, 23 de marzo

Valle de Esteban

En Ingres ya se ve que va a pasar algo.
Ramón Gómez de la Serna

miércoles, 22 de marzo de 2017

La gente

Indios navajos, que a sí mismos se veían como "La Gente"


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Cuando Pablemos, que juega al fútbol como un indio pide la lluvia, propone cambiar la Copa del Rey por una “Copa de la Gente”, piensa, ay, en la Copa del Generalísimo que copan Athletic y Barça, cuando en su casa (¡tres generaciones ya viviendo en el “establishment”!) todo iba dabuten, como cantaban los Glutamato, bajo la protección de los Vázquez-Prada de “Arriba” y los Puig Maestro-Amado de abajo, don Ezequiel, el del loden verde del “Gregory’s”, matemático y concejal interminable de Madrid.
No es que ahora Pablemos viva mal (beca de Blesa, nómina del Estado…), pero, si va en el tren (aquel tren de Gamoneda, ex pobre gracias a Zapatero), los niños le pintan la cara, y si dice que es profesor universitario, la gente (¡la gente!) se descojona, razón por la cual se mueve en la política con una neolengua que parece, hablando, la caricatura de un viajante navajo, tribu, por cierto (como a propósito del buen salvaje recuerda María Elvira Roca Barea), que se hacía llamar “dineh”, que significa “la gente”, “el pueblo”.
En España, al hilo del “hit” de “Up With People”, los españoles pasamos a llamarnos (exigencias del Consenso) “la gente” en el 78, cosa que a lo mejor no saben los atlantes del 78, como dice Hughes (¡atlantes del 78!).
Los españoles, “la gente”, y España, “Estepaís”, para redondear el mito del antifranquismo.

Con más gente a favor de gente / en cada pueblo y nación… /  Viva la gente… Etcétera.
Hasta hoy, que somos una “nación de naciones” (no porque lo diga Pablemos, sino porque fundamos naciones, como decían los americanistas que entrevistaba Alberto Guillén en “La linterna de Diógenes”). La “nación de naciones”, hoy, con más políticos por habitante, y nadie se cansa, que ahí está Savater fundando otro conventillo de nombre “Ahora” (para el himno siempre tendrán a Gilbert Becaud) en auxilio… ¡de la socialdemocracia! Tanto libro y tanta carrera (de caballos) y no ven que la socialdemocracia, aquí y “Ahora”, es… Mariano.

Miércoles, 22 de marzo

Valle de Esteban

Volveré a ser Notario, Padre.
Alberto Guillén

martes, 21 de marzo de 2017

Heredar en Andalucía

 En el callejón

 La gente expulsada -con buenos modales- del callejón

¡Manos arriba / esto es un atraco!

Francisco Javier Gómez Izquierdo

   Volvía esta mañana de hacer unos “mandaos” a mi doña, cuando, al pasar por Capitulares, me he topado con unos cientos de personas preparados para acercarse hasta la puerta del Ayuntamiento con ánimo de protestar, sin tener muy clara la estrategia a seguir, pues hay allí un corral hecho con vallas que si los “protestantes” fueran rebaño de la tetrarquía que manda en Córdoba lo hubieran resuelto, de momento, con un derribo inmediato sin precisar deliberación.

     Los manifestantes de este mediodía era gente sencilla, trabajadora y educada. No había más que verlos, oírlos y charlar con ellos. Cómo serían que yo, que llevo años sin protestar en público por nada, me he unido a su petición y a sus palmadas y pitos porque pedían algo que me tiene encabritado desde hace mucho tiempo. Pedían el fin del impuesto de sucesiones, que no sé si saben ustedes es un sistema  por el que la Junta de Andalucía se lleva un dinero que el sentido común entiende como robo. No te intimida con caballo y trabuco. Te desnuda con un funcionario de hacienda armado de un papelito con cien filos heridores.

    Uno de los convocantes, decían que un particular arruinado, porque allí no había partidos, ni sindicatos, ni buscavotos, ni emblemas, ni Cristo que lo fundó, hizo con la mano un “seguidme” y el personal pasó en fila india hasta la puerta del Ayuntamiento donde ha pitado y aplaudido pareados contra el impuesto. Alrededor de 500 gargantas, sin exagerar -la convocatoria creo que ha sido espontánea a través de un matrimonio embargado por una herencia-, han llamado atraco y robo al acto que comete la Junta de Andalucía contra el peculio por lo general exiguo de los huérfanos que viven en una Comunidad arrebatacapas.

    A los cinco minutos han aparecido los guardias de la señora Ambrosio por el pesoé, del señor Pedro García por el pecé y de doña Vicky por el Podemos, que aquí se dice Ganemos. Se ve que no esperaban el acto, pero se han organizado con la prepotencia y tranquilidad que da tenérselas con ciudadanos formales pagaimpuestos. Han copado el callejón que formaba la valla con la fachada del edificio municipal por las dos entradas y no han dejado pasar a nadie. A los que ya estaban a la puerta los han invitado, con palabras educadas, que conste, que se trasladaran al otro lado de la valla. Como ya digo que los manifestantes no eran del perfil que acostumbra a romper lo que ni paga, ni pagará nunca con el sudor de su frente, han obedecido a la autoridad uniformada y han procedido a gritar y pitar hacia las cristaleras  de las que ha asomado un joven con barbitas de psicólogo y una chica con felpa y una gran camisa de color morado. Reían el par, como si la cosa no fuera con ellos y fuéramos tribu insensata.

     Mi padre q.e.p.d. murió hace un año en Burgos. Ni mis hermanos ni yo tuvimos que tributar un céntimo a la Junta de Castilla y León, porque mi padre no tenía ni por asomo 600.000 euros a repartir entre los herederos. Si mi padre hubiera sido andaluz, la Junta nos llamaría a la prole y nos diría lo que vale el piso de Gamonal y la casa del pueblo. La valoración de la Junta es caprichosa y arbitraria muy lejos del precio en el mercado. El piso de mi padre lo tasaría en unos 130.000 euros, sino es en más. La del pueblo en otros 100.000 como poco y la cuenta corriente la tendría vigilada la ministra de doña Susana desde que cumplió 80 años y acudía al médico con asiduidad. No exagero, fiscalizan los movimientos bancarios en  los últimos años del difunto. Bien, con estos datos de la herencia de mi padre, más lo poco que había en las cartillas, doña Susana y los suyos, que también son los que se dicen Ciudadanos de Rivera, los podemitas y comunistas de las Andalucías, confiscarían para sus gastos no sé si personales o de personal, 50.000 euros en efectivo por la cara. En Burgos, no nos ha costado nada. ¿Y por qué no ha de ser Córdoba de la misma España que Burgos?

La estiba




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En América la inmigración, le dice Trump a una encogida frau Merkel (la líder del mundo libre, la llamaba Obama el Deportador), es un privilegio, no un derecho. Como la estiba en España, un privilegio que viene de Girón, el león de Fuengirola, que era de Herrera de Pisuerga, capital del cangrejo, animal heráldico (por su marcha atrás) de nuestros liberales.

    En las partidocracias, la representación no es electoral, sino teatral, como hemos visto en Holanda. Asustar con Wilders para dar votos a Rutte, que hace suyo con la boca pequeña (boca de piñón) el programa de Wilders (¡recuperar los valores morales!), o asustar con Pablemos para dar votos a Mariano, que hace suyo en la letra pequeña (letra de monja) el programa de Pablemos (memoria histórica e ideología de género).

    Nuestra clase estatal ha aprovechado el decreto de la estiba para montar un entremés que prepara psicológicamente al rebaño sobre la necesidad de convocar votaciones, como conviene a riveras y marianos, que sumarían una mayoría suficiente para hacer vicepresidente a un nadador y ministros de cualquier cosa a Girauta y Villegas, para que de una vez descansemos todos, menos el Bobo Solemne, que, antes turcos que papistas, ha de ajustar su Alianza de Civilizaciones con su compadre Erdogan.
    
Loada, pues, sea la estiba.

    Al poner los tertulianos “negro sobre blanco” la estiba se le mezclan a uno Tom de Finlandia y Ortega, el Félix de la filosofía, a cuya forma de presentar a los marineros, plantados en el muelle con las manos en los bolsillos del pantalón y pipa entre los dientes, se agarra Rivera para votar por los estibadores.

    –“Deporte” procede de la lengua gremial de los marineros mediterráneos, que a su vida trabajosa en la mar oponen su vida deliciosa en el puerto: deporte (¡y “deportar” a lo Obama!) es estar “de portu” –explica Ortega, y Rivera es un nadador a quien, vale, no le suena Kant, pero sí Ortega, de cuyas ortegadas, por cierto, repetidas sin ton ni son, vive.

Martes, 21 de marzo

Valle de Esteban

La Primavera

lunes, 20 de marzo de 2017

Ya no follo más (Je ne baise plus)

 Je ne baise plus

Jean Palette-Cazajus

¡Nadie se acalore antes de tiempo! No tengo ninguna retorcida propensión a la procacidad linguística ni a las provocaciones de poca monta. En cuanto a la proclamación de intenciones que parece desprenderse de una apresurada lectura de nuestro título, digamos que cualesquiera que sean mis intenciones reales, sería harto presumido, a estas alturas, pensar que tan amenas prácticas dependen exclusivamente de mi voluntad y no de la improbable indulgencia de una necesaria e hipotética copartícipe.

Aclaradas las cosas y serenados los ánimos, diremos primero que el verbo “baiser” es la palabra más utilizada en francés, equivalente a su traducción al español, para referirnos a la actividad aludida. No he forzado la traducción. “Besar” se dice “donner un baiser” o “embrasser” lo cual, como se darán cuenta, nos viene planteando otro problema de deriva de la significación que me permitirán no lidiar de momento. Un “je ne baise plus” es una cinta de tela negra, generalmente de seda o de   terciopelo, a veces adornada con algún tipo de perla o un colgante, que ciertas  mujeres llevaban alrededor del cuello para dar a conocer la referida intención.
 
 Madame de Sorquainville por J-B. Perronneau (1749)

El duque de Saint-Simon (1675-1755), excelso memorialista, alude al “ya no follo más” describiéndolo como “reservado a las señoras de edad avanzada y a las jóvenes duquesas indisponibles”. Me atrevería a decir que este tipo de cintas se expandieron durante el reinado de Luis XV (1715-1774), un reinado particularmente libertino. Entendiendo la palabra a la vez en el sentido actual y en el que se le daba preferentemente en la época, que aludía a la voluntad de pensar fuera de los dogmas. Pero en aquellos años, solían coincidir los dos significados, aunque sólo fuese porque a nadie le amarga un dulce. Es decir que cuando la carcundia de tiempos pretéritos se refería al libertinaje como exceso de libertad, trastocaba la realidad histórica del Siglo de las Luces que vio, al revés, el libertinaje anticipar las futuras libertades.

En realidad quienes ostentaban un “ya no follo más”, en muy pocos casos pretendían seguir al pie de la letra tan catastrófica decisión para el resto de sus vidas. Había de todo en la viña de aquellas señoras, lutos y desengaños amorosos, claro, pero sobre todo venganzas, provocaciones, tentaciones, cabreos, castigos tipo “Queda usted castigado sin postre, tendrá más apetito la próxima vez”. Y seguramente simple picardía como parece significar la deliciosa mirada de Madame de Sorquainville pintada por Perronneau.
 
 La lavandera coqueta por H. R. Morland (1719-1797)

Hablamos hace poco de las llamadas “maravillosas”, aquellas mujeres de particular elegancia y sensualidad que florecieron tras la muerte de Robespierre y sus amigos, durante el Directorio (1795-1799). Algunas, como era el caso de Teresa Cabarrús, se habían librado in extremis de la guillotina, mientras otras habían perdido un deudo, descabezado por la “corbata del Capeto” durante el “Terror”. En el cuello lucían a veces un particular “ya no follo más”. Para algunas, la cinta era roja en lugar de negra para mejor evocar el corte sangriento de la fatal cuchilla. Las más originales llevaban colgada de la sugestiva cinta de terciopelo negro una pequeña guillotina de plata. Una de ellas es la protagonista de la novela de Alejandro Dumas titulada “La mujer del collar de terciopelo”. Todo el mundo lo sabe, nada como la aleación de Eros y Thanatos para conturbar los corazones humanos. No sé si Luis Buñuel llegó a saber de aquellas costumbres.
 
 Olympia por Edouard Manet

El caso más espectacular de exhibición de un “je ne baise plus” en la historia del arte es, evidentemente, el que lleva, fino y descarado, la famosa “Olympia” de Edouard Manet, pintada en 1863 antes de armar la marimorena en el Salón de 1865. La decisión significada por la delicada cinta parece corroborada por la aparente firmeza con que la protagonista obstaculiza con mano perentoria las posibilidades de acceso a una mayor intimidad. Pero, si por otro lado nos dejamos llevar por los simbolismos interpretativos tan paladeados por los historiadores del arte, convendrá fijarse también en el gato negro de la derecha, símbolo del pecado y de la lujuria a lo cual conviene añadir el carácter indudablemente eréctil de su posterior apéndice. De modo que ¿prohibición o instigación? La pataleta que se apoderó de numerosos filisteos de la época, frente al cuadro, deja pocas dudas sobre las reales intenciones atribuidas a la provocadora Olympia.

Ya son pocas las mujeres que llevan hoy este tipo de cintas al cuello, por otra parte tan favorecedoras. Para mí que muy pocas de ellas conocen el nombre y la historia del “Je ne baise plus”.
 
La mujer del collar de terciopelo