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martes, 17 de julio de 2018

Martes, 17 de Julio


Cancioncilla del primer deseo

lunes, 16 de julio de 2018

Viva el mestizaje, pero pongan a Rabiot


El otro Chiquito




Hughes
Abc

Acabado el Mundial, quedan los titulares. Y el sesgo.

Francia ha ganado el Mundial considerando la posesión del balón como algo secundario o incluso como algo a despreciar. Querían el espacio porque tenían a Mbappé. Pero los titulares y los comentarios saltan sobre eso y le regalan la “gloria” a Croacia, se celebra a Modric y se le pide el Balón de Oro.

Quedan los titulares sobre la “Francia mestiza” la “Francia multicultural”. Eso sí. Queda la contabilidad racial (que sólo se utiliza escandalosamente para el fútbol) pero no su fútbol. Queda el jugo político conveniente (incompatible con el éxito del incómodo Mundial ruso) del “mestizaje” pero una especie de soterrado desprecio a la aportación de los “mestizos”. Es como si del partido al análisis se saltase una derivada intermedia. Nos quedamos con el triunfo de la armonía multirracial, pero se menosprecia inevitablemente el modo de ganar la Copa.

Ganan jugadores de color, pero su fútbol… su fútbol queda despachado como aportación muscular. Ahora mucha “Francia Mestiza”, pero a Deschamps le han estado criticando todo el Mundial por no llevar a Rabiot, blanquísimo y elegantísimo medio francés del PSG. Un jugador “con pie”.

Hay algo curioso en esto. A Pogba, por ejemplo, se le sigue llamando jugador de “músculo”. Lo tiene, claro, pero además de eso tiene cualidades técnicas innegables. Es un buen pasador, tiene un alto porcentaje de acierto en el pase corto, regate, disparo con las dos piernas y juego aéreo. Pero queda reducido como jugador de músculo, defensivo. En Pogba se aprecia ese extraño sesgo. Se celebra el “mestizaje” pero ¿cómo se analiza su real contribución futbolística, su explosión de posibilidades, sus nuevas fronteras? Pogba es difícil de definir, de colocar. ¿Qué es Pogba? Un mediocentro no es, ¿mediapunta? Quizás. ¿Un interior? Un jugador nuevo y raro tiene dificultades para ser posicionado y apreciado. Con Pogba y Rabiot se aprecia un curioso sesgo. En ellos se conccreta. Se menosprecia al primero, se reclama al segundo, la necesaria aportación cultural del segundo. El estilo. La costumbre. El fútbol canonizado en el que difícilmente entra Pogba. Viva el “mestizaje”, pero pongan a Rabiot.

Y la gloria se le concede a Modric y Griezmann, cuando es Mbappé el que ha cambiado Francia y el que ha dominado el Mundial por su influencia. Mbappé y luego la pareja Kanté-Pogba. Con Rabiot y Payet no hubiera ganado el Mundial Deschamps.

La misma prensa que celebra la multirracialidad como éxito juzga de un modo curioso las “otras” formas de jugar al fútbol. Todo lo que se sale del fútbol canonizado es “estrategia”, “resultadismo”, o “músculo”. El fútbol que hacen los jugadores de otra raza es menospreciado como una mera aportación de músculo o físico. Recordemos el “atletas” de Pep.

Otro jugador que ha sufrido en mayor medida esta mirada algo neocolonial ha sido Neymar. El fingidor, el engañador cuyo fútbol imaginativo y burlador fue desacreditado por completo tuvo que ver ayer por la televisión cómo Griezmann se dejaba caer en la falta que dio lugar al primer gol. Acción sobre la que se pasará con delicadeza.

Así que seguirán unas horas los titulares sobre “mestizaje” mientras el Mundial queda archivado como anomalía táctica, pobreza futbolística, mundial tristón y mientras los títulos individuales se piden para los Modric o Griezmann, representantes del fútbol-canon que nunca pierde.

Madrid preconciliar

Calle de Lista

Campeón incontestable. Francia

 En Francia hay jardines que parecen campos de fútbol

  "Deschamps tiene muy bien ensamblados todos los elementos"
Un argentino en la mina


Francisco Javier Gómez Izquierdo

 Es sabido que el fútbol lo ve cada cual a su manera y lo cuenta como le parece, pero a mí me da la impresión de que a los sesudos cronistas y locutores de la final de Rusia les ha entrado como coraje el que Francia haya ganado el Mundial. He visto el partido en la mina y nada más empezar los que hablaban por la tele y sobre todo Camacho recriminaban el carácter defensivo francés impuesto por Monsieur Deschamps y aplaudían con entusiasmo la disposición croata. A Monsieur Deschamps se le ha juzgado con una desconsideración tan exagerada como injusta porque a mí me parece y lo he puesto aquí antes de alcanzar su apoteosis, que no se le puede acusar de desconocer lo que lleva entre manos ni exigirle que su selección juegue como a los circunstanciales locutores Kiko y Camacho les apetece.  Monsieur Deschamps cuenta con un centro del campo elástico, vigoroso y con suficiente técnica como para no envidiarla. Con Kanté, Matuidi y un Pogba hoy sensacional más la confianza de los cuatro baluartes tras los que se parapeta Lloris, otro que faltaba por caer en el pestífero virus del guardameta, ha formado un bloque impenetrable desde el que salen como centellas dos elementos destructores -Mbappé y Griezmann- que aseguran el triunfo en cualquier batalla. Monsieur Deschamps sabe de la excelencia de sus hombres y como conoce como nadie el modo de alcanzar su mejor rendimiento ha entendido de modo muy acertado que lo más adecuado era trabajar el contraataque. Lo ha hecho de manera brillante, incluso concediendo una tarde, la de Argentina, al gusto de lo políticamente correcto. Ha alcanzado el campeonato y no cabe más que felicitarlo, porque de aquí en un año sólo recordaremos que Francia es campeona del Mundo.
      
Nada más empezar el partido se vio cómo  Croacia se esforzaba en el acoso y derribo de una resistencia francesa que disimulaba en tres cuartos y se empleaba con contundencia de medio campo hacia atrás. “..como  pierdan la pelota le va a ir a Mbappé o Griezmann y la lían seguro”. Y la han liado. La táctica era ésa: robar el balón con terreno en el que retar al sprint a Lovren y Vida. El triunfo se puso de cara gracias a ese punto de suerte que se precisa y que acompaña siempre a los campeones: una falta que no fue, un penalty que nunca o casi nunca lo era antes del VAR (el VAR falsea  el espíritu del fútbol) hasta pasar a la sensación de una poderosa superioridad gala. Croacia, acaparadora de la mayoría de los afectos, parecía más que era y en cada pérdida de sus medios temblaban los corazones de sus adeptos de siempre y los de los circunstanciales.
     
Escribo un poco cansado y quiero dejar constancia como resumen que creo que ha ganado la mejor selección; que sólo le ha hecho sombra Bélgica; que Griezmann me ha parecido el futbolista mas importante de los franceses y por tanto del campeonato. Que no se ha conocido Mundial tan calamitoso para los porteros. Hoy, y en día tan señalado, era para que Subasic hubiera andado mucho mas ágil de reflejos en los goles de Pogba y Mbappé y ¡ay! ¡cómo ha manchado Lloris la brillante hoja de servicios a la que sólo  faltaba el último sello!
      
No me olvido del magisterio de Modric, de la casta de Perisic, de las explosiones de Mbappé, del extraordinario comportamiento de Poga y sobre todo de la inteligencia y la clase de De Bruyne, junto a Griezmann, los dos mejores futbolistas del Campeonato del Mundo en Rusia.

Lunes, 16 de Julio


Mi coral en la tiniebla

domingo, 15 de julio de 2018

Trump, la Reina... y el Periodismo

@ManhattanManOne

Como entretenimiento para este domingo les propongo comentar el monumental error cometido por el servicio de protocolo y ceremonial británico que todo el mundo ha atribuido a una falta de respeto de Trump hacia la Reina de Inglaterra.

"Y la verdad se volvió verdadera". En la muerte de Claude Lanzmann

 Claude Lanzmann

Jean Juan Palette-Cazajus

Pusimos el listón demasiado alto: todos nacemos humanos en tanto que ejemplares de la especie. Pero sólo unos pocos llegan a ser realmente humanos en el sentido con que hemos tratado de etiquetarnos, es decir en tanto que soñados seres en cuya construcción jamás pasaremos de los cimientos. Claude Lanzmann, nacido en 1925 y fallecido el pasado 5 de julio, era uno de ellos. Su única debilidad -pero mis fobias no pretenden ser objetivas - fue tal vez la inquebrantable admiración y amistad, jamás rozadas por la duda, que le unió a Jean-Paul Sartre. Por ello tal vez su biografía bien parece la ilustración escolar de la más mediática tesis filosófica alumbrada por el autor de "El Ser y la Nada": La "existencia" precede a la "esencia". Pocas veces como en el caso de Claude Lanzmann una existencia humana se ha perfilado así como la construcción obstinada de un destino. Un destino excavado a ciegas, puro producto de la voluntad. Porque en el caso de Lanzmann no fue tanto el hombre el que se forjó un destino cuanto el destino el que terminó forjando al hombre.

Habrá quien no sepa quién era Claude Lanzmann. Los demás saben que fue el autor de una película mítica: “SHOAH”, estrenada en 1985. Muchos son los que conocen su existencia, pocos han tenido la oportunidad o el valor de enfrentarse a la realidad monumental y devastadora de sus nueve horas y media. Lanzmann no soportaba que calificaran su obra maestra de "documental". La película, montada sobre la base de 400 horas de testimonios y confesiones, le requirió 12 años de documentación, de localización de supervivientes y verdugos, de rodajes y montaje. Sólo se puede calificarla de mausoleo, de grandiosa conmemoración de "La destrucción de los judíos europeos" como reza el título de la monumental recopilación reunida por el historiador Raul Hilberg y publicada en 1961. Su lectura constituyó el tramo inicial del camino de Damasco para Lanzmann, convertido a partir de entonces en primer apóstol del genocidio hebreo. Hoy cualquiera que opine sobre el exterminio nazi de los judíos, aunque no haya visto la película, aunque ignore la existencia de su autor, lo hace, sin saberlo, en el marco reflexivo impuesto a la conciencia colectiva por el aura de esta suma esencial.
 
 Lanzmann resistente, hacia 1944

Pero Lanzmann, autor de una obra maestra sobre la peor pulsión de muerte que conocieran los siglos, fue además el artífice de su propia vida, intensa, libre e indómita. Tuvo una manera especial de ser "nada menos que todo un hombre" habría dicho Unamuno. Por parte de padre, su abuelo paterno llegó a Francia procedente del "shtetl", la judería, de Minsk en Bielorrusia. La abuela era judía letona. Sus abuelos maternos procedían de Kichinev, hoy llamada Chisináu y capital de Moldavia, entonces conocida como Besarabia. Pero su madre nació en el barco que llevaba la familia de Odesa a Marsella mientras huían de los frecuentes pogromos. Es decir que confluyeron en la sangre de Lanzmann todas las juderías de los confines orientales de Europa. Sus padres se casaron según la más rancia tradición hebrea, en un matrimonio apañado por la casamentera. El padre era hombre culto e inteligente, pero la madre pidió el divorcio cuando Lanzmann era muy niño. Mujer voluntariosa, independiente, "emancipada" como decían entonces, se consideraba atea y la repateaba todo lo que oliera a tradiciones y rituales hebraicos. De modo que Lanzmann no recibió la más mínima educación que lo vinculara a la comunidad de origen. Paradójicamente, esa madre, valiente hasta lo inconsciente, tenía -según su hijo- físico de "judía paradigmática", lo que no le impedía llevar imprudente vida social en el París de la "Ocupación". Hasta que un día, en la Ópera, su nuevo compañero, el poeta franco-serbio Monny de Boully, que entendía el alemán, oyó cómo un oficial nazi le decía a un compañero: -"Vaya pinta de judía que tiene esa mujer".  A lo que el otro contestó: -"¡Cómo va a haber judíos aquí!".

Refugiado con su padre y su hermano en Clermont-Ferrand, ciudad del centro de Francia perteneciente a la zona llamada entonces "no ocupada", por tanto considerada menos peligrosa para los judíos, Lanzmann, con 17 años organizó un pequeño núcleo de resistentes en su instituto, auspiciado por el Partido Comunista. Mientras tanto el padre militaba en la "Francia libre" fiel a De Gaulle. Ni el padre ni el hijo sabían de las actividades del otro. Enterado el padre e incapaz de que el hijo renunciara a su peligrosa opción, le pidió que él y su grupo se integrasen a su "maquis" con la promesa de recibir un cargamento de armas inglesas. Ya pertrechado el grupo, el Partido Comunista pidió a Lanzmann que él y sus chavales abandonaran el maquis gaullista y regresasen a la obediencia comunista. Incapaz de traicionar a su padre, Lanzmann se distanció del "Partido" lo que tal vez lo salvó de la consternante ceguera que caracterizara a su admirado Sartre.
 
 Lanzmann, Simone de Beauvoir y Sartre en 1967

Una de las consecuencias indirectas de "Shoah" fue que permitió revelar no solamente el desconocimiento casi total, por aquellos años, de la terrible realidad a la que habían sobrevivido los escasos retornados de 1945, sino sobre todo la indiferencia rastrera de la gente hacia ellos. Simone Veil (1927-2017), sin duda la mujer más admirada y querida en la Francia del último medio siglo, "panteonizada" por Emmanuel Macron hace dos semanas, contaba que tras su milagroso regreso de Auschwitz-Birkenau y Bergen-Belsen, la gente le decía: -" ¡Si nosotros también lo hemos pasado mal, faltaba la mantequilla, la harina...!". El propio Lanzmann, prototipo del judío "asimilado" desconocia las proporciones de la catástrofe y en 1947 se fue tan pancho a la universidad de Tubingen a estudiar filosofía alemana y dar clases de cultura francesa. Aprovechó para colarse en la RDA donde sobrevivió algún tiempo a duras penas logrando que no lo detuvieran. De su experiencia sacó unos artículos que se atrevió a mandar a "Le Monde", encantado de publicar aquellas primerísimas noticias sobre lo que ocurría detras del recién estrenado "telón de acero".

1952 será un año esencial en la vida de Lanzmann. Conoce a Sartre y Simone de Beauvoir y pronto se convierte en colaborador y miembro del comité de redacción de los famosos "Tiempos modernos". Asumirá la dirección de la prestigiosa revista a partir de 1986, tras la muerte de la ilustre pareja. 1952 supone también el inicio de una intensa relación amorosa con Simone de Beauvoir que durará 7 años. Contaba Lanzmann que, tras su primera noche con la Beauvoir, le preocupaba la reacción de Sartre. Pero ante la evidente felicidad de la escritora -dice- el filósofo le renovó su amistad, agradeciéndole, de alguna manera, los servicios prestados. Pero 1952 fue también el año en que Lanzmann inició su camino de Damasco con motivo de un viaje al recién parido Israel. La experiencia fue desestabilizadora y Lanzmann regresó  a París embargado por la incapacidad de escribir cosa alguna sobre ella. Sartre le sugirió esperar a que las cosas se decantasen, luego podría plasmarlas en un libro. Tampoco aquello fue posible y sólo en 1972 se decidió Lanzmann a rodar una película, inmediatamente polémica, "¿Pourquoi Israel?", un poco sobre las mismas bases que usaría más tarde para rodar "Shoah". ¿Por qué Israel?": Lanzmann nunca dejó de plantearse la pregunta y de preocuparse por la legitimidad del estado hebreo al mismo tiempo que no dudaba de su absoluta necesidad y nunca cejó en una defensa a ultranza y sin matices. Su pasión compleja y contradictoria por Israel lo colocó en una inestable ambigüedad.  Por un lado su dimensión atea y laica, sus absolutos parisianismo y francesidad, por otro la nostalgia de una educación religiosa que no recibió, la ignorancia de una lengua, el hebreo, que no aprendió, con la consiguiente sensación de vivir en los márgenes de su comunidad. Le agradaba tanto como le dolía su excesiva "asimilación". Judío en Paris, era un francés en Tel Aviv.
 
 Fotograma de Shoah

En 1958, Lanzmann reeditó a mayor escala su hazaña de la RDA. Consiguió colarse, desde China, en Corea del Norte  con un grupo de turistas americanos, discípulos entusiastas y estúpidos del inefable Noam Chomski. Allí cayó enfermo lo que no fue óbice para que iniciara un romance con Kim Kim-Sun, su agraciada enfermera en Pyongyang. Se la estuvo jugando pero se contentaron con expulsarlo. El año pasado, en 2017, presentó en Cannes "Napalm", una película  que vuelve sobre aquel romance. La enfermera tenía, debajo de un pecho delicioso, -Lanzmann dixit- una fea cicatriz negra. A su pregunta contestó: "napalm".

Lanzmann rodó diez películas, varias de ellas procedentes del ingente material acumulado durante la realización de "Shoah". La última de ellas "Cuatro hermanas" recién estrenada el día anterior a su muerte. Sobre "Shoah" me encantaría hilar unas puntadas originales y estupendas pero todo supo decirlo él, mejor y en su momento. Empezando por el episodio de la caída en el camino, que, en este caso, no fue de Damasco sino de Polonia:

- «De repente vi un letrero en la carretera que decía: "Treblinka". Fue un choque absoluto. Jamás  pensé que un pueblo llamado "Treblinka" pudiera seguir existiendo [...] a partir de entonces me puse a rodar como en estado de alucinación. [···] La verdad se había vuelto verdadera".

- «[La Shoah]» es un acontecimiento que no ha terminado, que sigue sin encontrar su fin. En este sentido tenemos derecho a decir que es una cesura y de cierta manera la vara con la que todo se mide hoy. Es el patrón de todo, de todas las reivindicaciones, de todas las comparaciones.»

- «En la raíz de "Shoah" no está la memoria, no está el recuerdo, está más bien lo que yo llamo lo inmemorial, es decir el presente».

- «Aquellos protagonistas [de la película], yo no los llamo supervivientes porque no debían haber sobrevivido. Vuelven luego de traspasar el umbral del crematorio, [...] son la voz de los muertos, son retornados del más allá.[...] Por esto no dicen "yo" siempre dicen "nosotros"; no es lo mismo».

- «"Shoah" es otra forma de sepultura. En este sentido podemos decir que es la construcción de una tumba».
 
 Con Sartre y Beauvoir

En "Shoah" no hay una sola imagen de archivo porque no existen. Las conocidísimas imágenes rodadas por los americanos no proceden de campos de exterminio por la sencilla razón de que no había ninguno en Alemania. Todos estaban en Polonia. Había tres millones de judíos en Polonia antes de la guerra por sólo medio millón en Alemania. Los muertos filmados tras la liberación de los campos de concentración alemanes, por John Ford y otros, son recientes muertos de tifus en las terribles condiciones del final de la guerra. No hay ningún judío entre ellos. Hoy la obra maestra de Lanzmann brilla en el firmamento. Pero su terrible austeridad, su implacable verdad ascética fueron borradas en su momento por el éxito planetario de "La lista de Schindler", de Spielberg, en 1993. Entonces Lanzmann hizo un comentario aristotélico que superó todo lo que hubiese podido decir el propio Estagirita porque demostró y demolió la pusilanimidad mentirosa de toda ficción, sobre todo cuando es cinematográfica:

- «Lloramos viendo "La lista de Schindler". De acuerdo. Pero aquellas lágrimas son una manera de disfrutar, son un alivio, son  una catarsis. Mucha gente me ha dicho: "Yo no puedo ver su película, porque viendo "Shoah" no hay forma de llorar».

Ciertamente, "Shoah" es un desierto pétreo para las emociones gratificantes, las que halagaban la buena conciencia de los espectadores de la película de Spielberg,  las mismas que animan el dolorismo de los antitaurinos. "Shoah" es la aridez del desconsuelo y de la desesperanza, es la seca y cegadora vigencia de la pulsión asesina, apenas adormilada en las conciencias. La película es el mayor homenaje jamás tributado a la dignidad de la palabra humana. Una palabra que vehicula la muerte y dice, como Simone Veil, que "nunca hemos salido de la Shoah".
 
 Lanzmann y Simone Veil en un memorial de la Shoah hacia 1985

Pero no quiero terminar sin confesar que lo que más me gustaba de Lanzmann, era el personaje. Le encantaban las mujeres y fue un incansable seductor. Parece que ellas se lo devolvieron con creces. Las encantaba su apabullante presencia física, las fascinaba su naturalidad, su descaro, también las seducía su inagotable mala fe, su ilimitado ego. El hombre fue erigiéndose en propietario exclusivo e irritante de la memoria del Holocausto. Era con frecuencia exasperante, insoportable. Pequeñeces miles, vilezas ninguna. Su amor de la vida era infinito. Siguió fabricándose un destino hasta el último momento. En 2009, le faltó calificativos a una crítica apabullada por su última jugada, una obra maestra literaria publicada bajo el surrealista título de "La liebre de Patagonia". Se trata de una voluminosa autobiografía donde se puede leer: "No me siento ni hastiado ni desengañado del mundo. Si tuviera que vivir cien vidas, sé que no me cansarían".

Poco antes de morir Lanzmann insistía: "Nunca me he curado de la muerte. Lo que más me escandaliza es la necesidad de morir. Ni me gusta la música, ni me gusta morir. Esto es lo que podréis decir de mí". Aquel judío fue un hombre niestzscheano.

Pd. A punto de terminar este intento de necrológica, descubro que una militante feminista radical enumera circunstancias en que Claude Lanzmann se habría comportado como un acosador sexual. Nada me une a las cabezas resentidas que usan la palabra "feminazis". Nada me une tampoco a las cabezas resentidas que tratan de que el camello de la realidad entre por el ojo de la aguja del fanatismo militante. Wait and see.
 
En Cannes el 19 de mayo
Le quedan 47 días

La Final

Pogba
Biarritz


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

De corazón, en la Final de esta tarde en Rusia, uno iba con Croacia, por Modric, cuando de pronto estalló un tuit de Chelsea Clinton (“¡¡¡Croatia!!!”, sin más), y nadie puede tener el corazón donde ponen su cartera los Clinton, aun tratándose de Chelsea, mezcla, el angelote, de Karina y Carmen Calvo.
Pero de cabeza uno debe ir con Francia, que trae el centrocampismo-decatlón (¡el futuro!), con Kanté, Pogba y Matuidi, como antídoto del tiquitaca (¡el pasado!), esa polilla refrita en lamparilla que echó a volar un día Luis Aragonés, porque lo había mamado en los rondos de entrenamiento de Marcel Domingo en el Manzanares, y que murió este junio en Moscú, fusilada en una tanda de penaltis rusa.

Yo entiendo el fútbol como una combinación entre espacio y tiempo –insiste Xavi, ex cerebro de España, un abecé de la relatividad como abecé del tiquitaca.
Los futuristas querían meter en el cubismo la cuarta dimensión, el tiempo, pintando el dinamismo de los cuerpos, y les salió una carrera de sacos hacia el disparate, exactamente igual que los futbolistas de Hierro con su fútbol de limpiaparabrisas en el Mundial, donde el mismo periodismo que condenó “por prehistórico” el contrataque madridista de Mourinho (por cierto, que sigue ostentando los mejores registros de goles y puntos de la Liga española) descubre en Rusia la belleza futurista de la velocidad (Mbappé) en… ¡el contragolpe!
¿Contragolpe? Yo lo llamo aprovechamiento de espacios-tiempos.
La corrección es de Xavi, asesor moral de la Federación de Rubiales, que busca para el nuevo Combinado Autonómico un futbolista nuevo, “mitad monje, mitad soldado” (eslogan de “La Lupa”, revista del nacionalismo italiano), poniéndose en manos de Luis Enrique, mundialmente marcado en la cara por el codo de Tasotti.
Ese derramamiento de sangre por España –leemos– es el que esperamos de Luis Enrique como seleccionador.
En cuanto a la Final, la historia, decía Perón, es una p…, va siempre con el que paga más.

Bélgica



Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Las dos selecciones que más me han gustado han sido Francia y Bélgica y la semifinal que disputaron muy bien podría haber sido la final para que el honor se repartiera entre las dos mejores. Una Francia seria, compacta, y bien  arropada por todos los costados intentará distribuir tanto talento como guarda en ser campeona del mundo un día después de que la selección más pinturera, atractiva, vistosa y alegre haya podido con una Inglaterra a la que le llovían inmerecidos elogios en mi opinión, conforme pasaba eliminatorias de escasa dificultad.

        Al equipo inglés le faltan delineantes en el centro del campo y le sobra rigidez en el tronco de más de uno de sus jugadores. Los futbolistas ingleses son disciplinados, valientes y por lo general contundentes, pero, dicho sea con perdón, no me han dado sensación de equipo con personalidad, más allá de ese empuje natural que les ha caracterizado durante toda su historia y que en Rusia, con unas frías redomas de laboratorio, les ha dado unos pocos goles a balón parado. Quizás esté escribiendo desde la decepción que me ha transmitido un equipo del que esperaba más. Bastante más. No precisamente de Kane, que también, pero a Lingard, Dele Alli y ese Rashford al que desde hace dos años tengo subido en una peana los he encontrado espesotes, en ocasiones como trabados y a veces, inexplicablemente lentos. El más rápido y pitoso, Sterling, pero excepto en los primeros minutos contra Croacia, parecía correr sin fundamento. No. No me ha gustado Inglaterra.
      
Bélgica, si. No me acaban de convencer sus defensas, pero tiene el centro del campo más jugón del Mundial, interpretan como nadie el contraataque y la clase de sus futbolistas nos asegura espectáculo. Para mí, el mejor, De Bruyne. Si Bélgica, nada raro, hubiera llegado a la final, es posible que la crítica especializada hiciera el favor al representante de Hazard de colocarle en los altares. Y luego al de Lukaku, para averiguar el 10 ó 20 por ciento correspondiente. Excelentes los dos, pero me quedo con De Bruyne. El más inteligente, elegante y decisivo de los belgas. Los dos balones que ha puesto hoy a los pies de Lukaku son  un monumento al mejor hacer futbolístico ¡lástima de la torpeza del gigante negro! y el regalo del segundo gol a Hazard de una precisión que nos ha recordado las maneras del mejor Xavi Hernández. ¡Ah! y la defensa, sobresaliente con el lateral Meunier emulando los afanes de aquél Eric Gerets barbado cuando dejarse barba era cosa extravagante.
     
Cierto es que el partido por el tercer puesto es más que prescindible, pero a los recalcitrantes nos entretiene más que el tenis o las bicicletas y es que  cuando saltan al campo De Bruyne, Hazard o ese Tielemans que tampoco acaba de arrancar, cualquier sorpresa agradable nos pueden regalar. Bélgica se va con honor, con el reconocimiento de todos los aficionados y dejándonos, salvo final deslumbrante, con el mejor fútbol del campeonato.

      De verdad que los espero en una final. Si no mundial, al menos europea

Domingo, 15 de Julio


Mar de papel y plata de monedas

"Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa"

DOMINGO, 15 DE JULIO
 
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: 

-Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Marcos 6,7-13‏

sábado, 14 de julio de 2018

Visita de Trump a Londres


Cum Cachinno

Sabino Arana

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Esta historia la cuenta Luis Calvo, extravagante ciudadano y eximio director de ABC, en una carta de 1967 al Gallo de Arévalo, director de “Pueblo”.

    Cuenta que Pemán acababa de recibir en su casa de Madrid un “coup de téléphone”: era una señora. “Señor Pemán, perdone usted que le moleste, pero como usted es académico y sabe tanto de palabras, quisiera hacerle una consulta. Ayer he leído un artículo del señor Romero, en ‘Pueblo’, donde pone una cosa que me parece muy mal.” “¿Qué era?”, contestó Pemán. “No se lo puedo decir. Me da vergüenza...”, dijo la señora. “Entonces, no tiene objeto esta conversación..., repuso Pemán. Y la señora, muy ruborizada, en tono tímido, pronunció esta palabra: “Cachondeo”. Y colgó el teléfono.
    
Yo pienso en esta graciosa anécdota –explica Luis Calvo– cuando en un libro de De Quincey me encuentro con un verso suyo escrito en latín: “Et responsum est cum cachinno”. He aquí el sucedáneo de “cachondeo”: “Cachinno”, que quiere decir burla y carcajeo. Es decir, “cachondo”.
    
Por su edad (mental), la señora (beatona) del teléfono de Pemán sólo puede ser Carmen Calvo, hoy vicepresidenta de un gobierno que nadie ha votado y consultora de académicos, en prueba de lo que puede dar de sí una persona cuando ocupa un puesto laboral por cuota, no por valía, según descubrimos ahora que se les escapa el serrín a los muñecos de Sánchez, que entraron al gobierno por la ventana y ya se nos quieren meter a nuestra cama.

    –Bien rira qui rira dernier!

    La justificación del sanchismo es la Bula de la Santa Cruzada contra el Machismo suscrita por los comunistas (“los populistas”, en jerga sorayesca), que compensan sus planes de castración de homínidos con la prohibición de privar de rabo a los cánidos. En las paganas fiestas de San Fermín, la policía foral presume en Twitter de requisar chapas “cachondas”, cual policía moral de Jomeini, que bien lo dijo Sabino Arana:
    
Del roce del maketo sólo brotan en este país irreligiosidad e inmoralidad.

Sábado, 14 de Julio


Por el aire dulzón
ha cruzado una abeja

viernes, 13 de julio de 2018

"Espantás"




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La socialdemocracia es para el dinero como un veraneo en el norte. El dinero es cobarde, y para crecer y multiplicarse requiere de “paz social”. La solución de los oligarcas (la oligarquía es el régimen más estable que se conoce) pasa por poner a los comunistas (“los populistas”, en jerga sorayesca), que son los más chinches, un sueldo del Estado más un BOE y el Twitter para jugar, que la “paz social” estallará como en la novela de Gironella, con Pedro Sánchez, que parece bien “mandao”, de galán de temporada, y con María Soraya, que trisa mucho, de jefa de una oposición pequeñita a la que todo se le vaya en gritos, y en este contexto hay que situar la “espantá” del registrador de Santa Pola.

    –¿Y esas “espantás” tan tuyas que el público no se explica? –pregunta Carretero a Rafael El Gallo, genio de la “espantá”.
    
El público no se las explica porque no está delante del toro –contesta El Gallo–. Eso responde siempre a un extraño que hace el bicho, a una amenaza, y como no tengo piernas para confiar en ellas y, a una “tarascá” de él, pudiera echarme fuera de un salto, tengo que cogerle la vez al toro y salir por pies.
    
¿Qué bicho le hizo un extraño a Mariano para que éste saliera por pies dejando un bolso en el escaño?

    La “espantá” es una suerte taurina de la derecha que no se atreve a decir su nombre, y la “espantá” de Rajoy tiene su precedente en la “espantá” de Suárez, que en una noche de enero salió por la TV y dijo una de aquellas frases que le componía su “speechwriter”, el Sorensen de Mosteiro: “Dimito porque no quiero que el sistema democrático sea un paréntesis en la historia de España”.
    
¿Qué España? ¿Qué historia? ¿Qué paréntesis? ¿Qué sistema democrático? Nada. Suárez nunca dijo qué Alicia lo perseguía (¡y tampoco nadie se lo preguntó!) cuando salió corriendo como el Conejo Blanco:

    –¡Me voy, me voy, me voy! ¡No, no, no, no, no, no, yo ya me voy! ¡Si me hablan ya no estoy! ¡Me voy, me voy! ¿Qué tal? ¡Adiós!
    
¡Y se creen Cincinato!

Viernes, 13 de Julio


Como un negro cactus abierto en los juncos

jueves, 12 de julio de 2018

Croacia

Sergio Kresic, el croata que adoramos cuando Croacia no existía

Francisco Javier Gómez Izquierdo

  El sorpresón del Mundial es Croacia. Las caídas de Alemania, Brasil... y España quizás nos pillaron desprevenidos, pero no desacostumbrados, pues no hay torneo importante en el que no tropiecen favoritos. El sorpresón más morrocotudo que haya dado el fútbol de alto nivel, conforme a mi parecer,  aconteció cuando Dinamarca ganó la Eurocopa del 92 sin clasificarse siquiera. Que aquel equipo mal preparado, conforme rezaban las crónicas, carecía de posibilidades nos lo quiso demostrar Laudrup, más importante entre los daneses que el Modric de hoy para los croatas, declinando ir al campeonato con lo cerca que queda Suecia de Dinamarca. Brian, el Ludrup chico, el bigotudo Vilfort, un Povlsen que anduvo por el Castilla y sobre todos Schmeichel senior, que le paró un penalty a ¡¡Van Basten!! en semifinales que es de lo que me acuerdo de aquel entonces, se plantaron en la final ante Alemania, la favorita de todo. Ganaron a Alemania y la Eurocopa primero ante el estupor y luego la complacencia de creo que de todo el mundo, menos de Alemania, claro está.
   
Como Dinamarca en el 92, Croacia estuvo a punto de no llegar a Rusia. La Federación, Suker mediante, imagino, tuvo que llamar a finales del año pasado a Zlatko Dalic, un entrenador desconocido -yo no tenía ni idea de su existencia- para enderezar el errático rumbo de la selección ajedrezada. Vi la ida de la repesca contra Grecia en otra calamitosa actuación de un portero y obviando la acreditada fiabilidad de Modric, Rakitic y Perisic, el  mejor me pareció Kalinic, el arisco delantero del Milán, al que el seleccionador mandó a casa por desobediencia, creo.
   
Sí. Croacia es equipo capaz de ganar a cualquiera, como, pongamos Méjico o si quieren Portugal, protagonista de la última sorpresa eurocopera, pero no la veíamos en una final, salvo que la Fortuna, como es el caso, se haga compañera. Ayer mismo, durante la primera hora, nos pareció que andaba con los motores –Modric y Rakitic- fatigados, casi gripados, pero mira por dónde, el lateral inglés Walker cayó en un ataque de soberbia incontrolado que le costó una tarjeta en la banda, revolucionándole el sistema nervioso y comportándose, a mi parecer, de manera muy extraña. El escorzo de Perisic en el empate hemos de apuntárselo a su calidad y listeza, pero Walker no estuvo lo atento que se debe estar y contribuyó a la cosecha de confianza que los croatas precisaban.
    No alcanzo a entender el bajón inglés y el despropósito en el que se enredó a partir del empate, pero lo cierto es que Inglaterra jugó el último cuarto de hora desquiciada en la esperanza de Kane sin sospechar que Mandzukic es un tipo mucho más duro, más alto y yo creo que más valiente que su delantero centro.

     En fin... Me duele comprobar las muchas opciones que teníamos de estar donde está hoy Croacia, selección inferior a la nuestra y con la que tendríamos que habernos visto en cuartos en el lado derecho de ese cuadro que se nos había puesto como dicen que se las ponían a Fernando VII. Pero claro, un servidor como muchos de ustedes pecamos de optimistas y es posible que no nos viniera mal un barniz de sensatez como el que tenía Laudrup en el 92.

El cazautógrafos



@ManhattanManOne

El #VAR de la secuencia de imágenes entre #PedroSánchez y #DonaldTrump nos revela hasta qué punto el presidente del gobierno buscó la ansiada foto con Trump sin obtener más que una evidente indiferencia por parte del presidente de EEUU.
Veamos:

San Quintín

Constitucionalismo español


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El único objeto de una Constitución es separar los poderes, y si no lo hace, no es Constitución, según el artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre, cuya literatura no importa mucho, pues ninguna Constitución europea separa los poderes. La española, aprobada un día de San Quintín, tampoco, y aquí estábamos, tan pichis, hasta que llegó Carmen Calvo y mandó a parar.
Calvo es la portavoz de un gobierno que no ha votado nadie, pero gusta porque contando lo de La Moncloa es campechana como Camacho (el parecido físico los hace simpáticos) contando lo del Mundial, y Calvo anuncia que el gobierno va a cambiar la Constitución, no para separar de una puñetera vez los poderes, que eso es populismo americano, sino para acabar con los “estereotipos patriarcales” de una “democracia machista”, para lo cual ya ha encargado un informe a los pendolistas de Darío Villanueva en la Academia.
La redacción de la Constitución del 78 fue un chalaneo entre un ingeniero agrónomo, Abril, y un director teatral, Guerra: como los hermanos Marx, Groucho y Chico, con el contrato de la ópera, sólo que, en lugar de arrancar, añadían hojas, y por eso en vez de siete artículos, como la única Constitución que hay en el mundo, tiene casi doscientos. Entonces, para pasarlos del caló, como decían los cronistas, al castellano, llamaron a Cela, el del Nobel, quien ya en el tercer artículo se puso a dar cabezadas. “¿Está usted dormido?”, preguntó mosén Xirinacs. “Monseñor, no estoy dormido, estoy durmiendo”. Y el mosén: “Es lo mismo, ¿no?” Y el escritor: “No, monseñor, son cosas distintas. No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, de la misma manera que no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”.
Pero a Cela no le hicieron caso y salió ese popurrí que ahora un analfabeto que tomó el poder para arreglar la corrupción “preveyéndola” se propone academizar. ¡La cara de Calvo cuando descubra que el heteropatriarcado inglés carece de Constitución escrita!

Jueves, 12 de Julio


Valle de Esteban

Que las olas se llevan mi caballo

miércoles, 11 de julio de 2018

Francia


Por el Arco del Triunfo

Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Como la Final de Rusia la va a jugar Francia, todo el mundo reivindica el nuevo orden del fútbol que consiste en mediocampistas potentes físicamente, con un nivel técnico de notable alto que sepan contactar en milésimas de segundo con un delantero poderoso también en lo físico que alcance tiempos de velocista y con el que a la naturaleza se le haya ido la mano a la hora de repartir las dosis de talento. O sea: Pogba, Kanté, Matuidi y... Mbappé. Éste último, la estrellla llamada a brillar en un firmamento mitigado por la desazón da las dos que se pretende releve.

       El poderío de los centrocampistas franceses llama la atención por su estética airosa a pesar de su contundencia, por su negritud hacendosa refractaria a la ociosidad y sobre todo por su eficacia fruto de una acertada colocación en el campo de batalla. La importancia del trabajo de las tres tallas de medio va ligada a otras importancias tan necesarias como la suya que conforman una táctica o estrategia elaborada por Monsieur Deschamps, un entrenador al que cuesta ponderar como creo merece por su, dicen, “practicidad insultante” “represora de hermosas capacidades”. ¡Qué cosas se dicen!

      Monsieur Deschamps no sólo tiene trabajados los medios. De sus cuatro columnas defensivas ha sacado un muro prácticamente infranqueable que vigila desde atrás el excelente Lloris, al que no parece llegarle el virus porteril del verano, mientras en punta se ha encontrado a Mbappé, uno de esos  fenómenos  que te sacará de apuros cuando lo necesites. Para que así sea, manda a Giroud partirse la cara con los centrales contrarios y a Griezmann, sobre todo a Griezmann, que ejerza de capataz con todos. Creo que el siete del Atleti es el alma de la selección; el que mejor lee los partidos y para un servidor, el más decisivo y resolutivo del equipo. Por encima de Mbappé.
      
Todas las virtudes de Francia podrían haber quedado aparcadas si Tobías Aldeweyreld llega a marcar el gol que tuvo o Hazard abre diez centímetros menos su disparo a la izquierda de LLoris. Todo hubieran sido parabienes al técnico centrocampismo belga, a las virguerías de Hazard y De Bruyne, al portentoso galopar de Lukaku.... y es que cualquiera de las dos selecciones podría haber pasado. Pienso que con argumentos muy parecidos, a pesar de que Witsel y Fellaini, quede admitida la importancia actual de los medios,  no estén al nivel de Kanté -¡que tío éste Kanté!- o Pogba.
       De todos modos no queda otra que aceptar lo evidente y comprender que sin físico no hay nada que hacer hoy en el fútbol. Toca prepararse como atleta y además, claro está, dominar el balón con los pies como si lo hicieras con la mano. Como Francia y Bélgica. Dos selecciones capacitadas para ganar un Mundial.

El filosofazo

Uzzano, por Donatello


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El españolejo está ante el teatrillo de verano del Estado de Partidos. El 78 se montó con un aventurero, Suárez, y se desmonta con otro aventurero, Sánchez, ambos saludando con el codo en el aire, “como perro que se mea en la pared”, en palabras de Fray Candil.
Sánchez es de los de “elegantito”, que decía el Caballero Audaz, para acariciar a sus buenos amigos como Torra.

¡Hola, elegantito! ¿Qué hay, elegantito? ¡No te enfades, elegantito!

De la historia como tragedia a la historia como farsa.

Sánchez, que hace un año confundía en Soria a Machado con el cantante de Gabinete Caligari, ahora enseña en La Moncloa, convertida en lonja, la fuente del amor de Machado y Guiomar, y lo hace con el jefe de la sedición catalana, que le sirve chupitos de “ratafría” (probados por Iván Redondo) para animar su sobremesa, mano a mano, con el bustito de Azaña por testigo, sobre… ¡autodeterminación!

El bustito de Azaña es una copia “gipsy” del que en terracota hizo Donatello de Uzzano, quien, según Maquiavelo, al ser invitado a la conjura contra Cosme de Médicis, dijo una cosa que nos retrata: “Todos nuestros conciudadanos, sea por ignorancia o corrupción, están prestos a vender la República, y han encontrado comprador”.

Y hoy no hay un Ortega (Tezanos, en krausismo de los chinos, es lo más parecido que nos queda) que evite, como en la histórica madrugada del 31, la proclamación de una República federal a imagen de la del 73, como querían los francmasones: la federación, explicó Ortega a aquellos cabestros, puede ser una fórmula para unir lo que no está unido, no para articular lo que tiene ya siglos de unión.

Está que muerde el filosofazo –fue la frase de Azaña, que no soportaba que alguien escribiera y hablara mejor que él.

Azaña, que se había marcado un Sánchez en su sobremesa barcelonesa de 1930, (“¡lo que queráis! ¡lo que queráis!”), se convirtió en busto al descubrir las intenciones catalanas de actuar como “nación” neutral en la guerra civil.

Miércoles, 11 de Julio

Valle de Esteban

Por las ramas indecisas

martes, 10 de julio de 2018

El Viaje

Asuncion de la Virgen (Francesco Botticini)



EL VIAJE

Me muevo y giro con el planeta,
siento la vibración
de todos sus viajeros.
No te escondas, es inútil.
Gestos, miradas, sentimientos,
todo se condensa
en un punto.
Y percibo el infinito,
de esta danza cósmica.
Déjate llevar 
y pelea por el bien,
aunque te hayas muerto
muchas veces.
Pues los muertos ya
lo han visto todo
y siempre nos empujan 
por el buen camino.
Escúchalos y no los muevas
de sus tumbas.

José Rivela Rivela

El cuadro

Grant y Picasso


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Entre “Las Meninas” de Velázquez en el Prado y el “Giovanna Tornabuoni” de Ghirlandaio en el Thyssen, ¿por qué Obama (la idea, aventada por Costos, es qué bueno es Obama, que va de museos, pudiendo ir de puticlubs, como Trump) se cuela en el “Sofidú” para un selfie con el “Guernica” de Picasso?

Por propaganda.

Una noche, entre “Los amigos de Julio Camba” en Casa Ciriaco, Blanco Tobío contó que al ir a ver el “Guernica” en Nueva York dio con una cola de visitantes enorme, y preguntó a su amigo el director del Museo qué esperaba ver esa muchedumbre: “¡Ah! ¡El horror de aquel bombardeo, vergüenza de la Humanidad!” A lo que respondió Tobío: “Y entonces, ¿qué guardan para Hiroshima?”

La socialdemocracia es relativismo y propaganda. Relativismo es sostener que Guernica e Hiroshima valen lo mismo. Propaganda es la “matracada política” (Fumaroli), una mezcla de “cultura” y publicidad (habituación impuesta a las mentes mediante fórmulas repetitivas de eslóganes) con que barnizar a los zombis, que somos nosotros.

Si aceptamos por la propaganda que Picasso inventó el arte abstracto con la geometría cúbica, que es triangular, de las napias de sus señoritas de Aviñón, ¿cómo no aceptar, por la propaganda, que el “Guernica” representa la guerra? La realidad dice que los cubos fueron cosa de Braque y de Gris, o que el apocalipsis taurino del “Guernica” era la visión picassiana de la muerte de Sánchez Mejías, pero la realidad, ay, sólo es “una mentira inevitable sobre la verdad”.
Y llegamos al selfie del Nobel de la Paz con el “Guernica”. Teniendo en San Luis un cuadro mejor, “La ciudad incendiada” de Meidner, incluso para entender el horror del siglo XX (¡el siglo del hongo nuclear del demócrata Truman!), ¿qué pensaba en Madrid, ante ese picassiano estrépito pictórico de tauromaquia, el baloncestista que en la Casa Blanca lanzaba Predators como un oficinista aburrido bolas de folio a la papelera?

Faltó Carmen Calvo, invitándolo a admirar los “mármole” del suelo.

Picasso y Luis Miguel