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martes, 21 de agosto de 2018

Martes, 21 de Agosto


La impasible dentadura del caballo.

lunes, 20 de agosto de 2018

ESPAÑOLES Y FRANCESES: Un turbulento ayer, un presente mohíno, un improbable futuro

 CAPÍTULOS 1 Y 2 (de 26)

[Este trabajo constituye la refundición de un artículo publicado en 2015
 en el N.º 28 de la revista «Encuentros en Catay»] 

Calle de Miguel Servet, Madrid

Jean Juan Palette-Cazajus

  - «Los galos están dotados de miembros corporales mayores; los de los españoles son más duros; tienen delgadísimo el cuerpo en la cintura. Los galos pugnan con más ferocidad que arte y llevan a la guerra más fiereza que consejo. Los españoles al contrario.»

- […]«Los galos son más parlanchines; los españoles más taciturnos, pues aprendieron a disimular mejor. Los galos son alegres, inclinados a banquetes y huyen profundamente de la hipocresía y gravedad, que guardan los reconcentrados españoles. Son pues los españoles en los banquetes menos sociales, más ceremoniosos, afectando no sé qué severidad de la que los galos no cuidan …»

- […]«El habla hispana es más grave, la gálica más suave .... Entre los españoles pueblos dilatadísimos, los castellanos usan del más elegante lenguaje. En Francia no distinguirás qué ciudad use del más distinguido francés».[...] « De la vida frugal, como los italianos, no consumen [los españoles] tanto alimento y bebida como los galos y germanos».

- «Entre los galos, los forasteros son recibidos humanísticamente en las hospederías; ningún oficio se les niega; se les ofrece todo preparado para comer. Entre los españoles se les recibe más dura e incivilmente; de suerte que, cansado el viajero, por el camino, tiene que buscarse la comida de lugar en lugar.»

- «Es muy inquieto y rumiador de grandes cosas el ánimo de los españoles, que son de ingenio feliz, pero aprenden infelizmente. Semidoctos, considéranse ya doctos; muestran sabiduría mayor de la que tienen, por la simulación y una cierta verbosidad. Aman el sofisma más de lo conveniente.»
 
 Plaza Mayor, Madrid
1580-1619

1. Entre la duda y la perplejidad:

Estas insólitas consideraciones  son una muestra de las que vierte, en 1535, sobre franceses,  españoles y demás pueblos europeos Miguel Servet en el marco de los comentarios que acompañan su original y ambiciosa revisión de la «Geografía de Tolomeo». Son interesantes por proceder de un español atípico, una de las personalidades más singulares del gran momento de efervescencia intelectual que supuso la primera mitad del siglo XVI. Abren un periodo de siglos durante el cual viajeros y letrados nos entregarán abundantes observaciones y comentarios sobre lo que, según su experiencia, es el carácter y las costumbres de las distintas naciones europeas. Más concretamente y al socaire de la dura pugna por la hegemonía europea que mantendrán durante casi dos siglos la casa de Austria y la monarquía francesa, juicios, opiniones, observaciones y comentarios de españoles sobre franceses, y viceversa proliferarán en multitud de libros, panfletos y publicaciones varias.

Detrás de todo esto subyace lo que durante siglos, decenas de siglos, tal vez miles de años ha sido una evidencia para todos los humanos: cada pueblo, cada colectividad, étnica o cultural, posee un carácter propio, una peculiar personalidad de acusados rasgos tan destacada, o más si cabe, que la que diferencia a los individuos entre ellos. Una convicción fruto de los contactos, de los intercambios o de la enemistad y que se mantuvo largo trecho sin que se recurriera todavía a expresiones tan rotundas como la de «carácter nacional». De tal modo que si nos planteamos la pregunta a bote pronto, nos sentiremos todos obligados a admitir que alberga nuestro inconsciente, o al menos nuestra conciencia rutinaria, la que funciona con piñón libre, unas opiniones sobre cómo son los españoles, los franceses, los ingleses, los italianos, los alemanes o ...los catalanes. Opiniones latentes o tácitas, evidentes para muchos pero tontorronas o malévolas muchas veces, turbias y cargadas de resentimientos históricos otras, en algún caso incluso agudas o luminosas. Pero casi siempre rutinarias y tópicas, convencionales e irrazonables, producto de una larguísima “doxa”, a veces multisecular como veremos.

Pero también resulta que esto ya no se lleva. Está últimamente pero que muy mal visto. Y eso que algunas veces, si evocamos los contenidos de esta tradicional doxa, o la propia experiencia personal, nos sorprendemos diciendo: «es que en el fondo es verdad, somos así» o «ellos son así». Abordar la realidad de las naciones europeas actuales mediante el recurso a lo que se supone que son sus características sicológicas o comportamentales, hace ya tiempo que se ha venido considerando, por lo menos en cualquier ambiente medianamente ilustrado, como manifestación de una mente sin duda obsoleta. Pensamos inmediatamente que el acceso a las realidades nacionales que puede permitir semejante teoría es más o menos tan efectivo como lo puede ser el «creacionismo» si queremos entender el funcionamiento del Universo. De allí mi desconcierto y turbación cuando un entrañable amigo y editor de una revista universitaria me dejó algo desconcertado al pedirme que reflexionara un poco sobre los rasgos, las características que permiten diferenciar, todavía hoy en día, a españoles y franceses, sobre la realidad de su posible «carácter nacional». Me parecía evidente la inutilidad, vanidad y particular obsolescencia de semejante empresa. Y esta fue mi actitud durante meses. No pensaba que el tema mereciera siquiera algunos minutos de atención.

 
 Plaza de los Vosgos, París
1605-1612
(Inspirada en la Plaza Mayor de Madrid)

Hasta que la duda y la perplejidad me fueron invadiendo. Formo parte de la categoría de gente que considera, a pesar de los pesares, la existencia de las grandes naciones europeas, tal como nos las ha legado la sangrienta y caótica historia, como «positiva». Las comillas significan que en ningún momento desconozco las dudas que supone emitir un juicio sobre un pasado que hemos heredado de segunda mano, sin derecho a reclamación, ni posibilidad de rectificación. De alguna manera el pasado de las naciones es una forma de fatalidad. Tengo claro por otra parte, que, a diferencia de lo que pretendían precisamente en el pasado los teóricos del carácter nacional, las peculiaridades sicológicas de las colectividades humanas actuales le deben mucho más al peso de las circunstancias aleatorias del devenir histórico que a presuntos determinismos étnicos, sicológicos o incluso geopolíticos.

2. Identidad, ilusión, realidad:

En Francia, en 2009, Nicolas Sarkozy, entonces Presidente de la República, decidió inesperadamente lanzar un debate sobre la «identidad nacional». Nada en las circunstancias de la época predisponía la ciudadanía a apasionarse por una iniciativa tan extemporánea y vidriosa. Si la ideología del carácter nacional ha quedado obsoleta en nuestra época, el concepto de «identidad nacional» ha venido a ser considerado como un artefacto particularmente incómodo y explosivo cuya deflagración es susceptible de tener consecuencias desastrosas. Los totalitarismos y dictaduras que arrasaron el Siglo XX hicieron sin excepción un uso inmoderado del concepto, tanto la Alemania nazi como la Italia fascista, la España franquista, la URSS de Stalin, y también la lamentable Francia de Pétain, doblegada, humillada y ninguneada por Alemania. Claro que la versión que difundió toda aquella gente de sus presuntas identidades nacionales, en ningún momento respondía a las exigencias de un sereno análisis histórico, descartaba cualquier recurso al rigor autocrítico, mucho tenía que ver con la mitomanía alucinada y obsesiva. En rigor, no era más que un arma de destrucción masiva, ideada para saltar a la yugular del vecino y vitrificar al discrepante.

 Identidad nacional
¿Algo más que el DNI?


De modo que, en aquella ocasión, los intelectuales franceses capaces de abordar el tema sin anteojeras ni dogmatismos ideológicos previos, con la necesaria distancia y lucidez, conscientes de que que la inoportunidad de la convocatoria solo los podía arrrastrar a terrenos muy pantanosos, dieron la «espantá» y no abrieron la boca. Podría resumirse el nivel del debate, o al menos su rumbo ideológico contando como el leitmotiv de una de las intervenciones era la afirmación de que «es francés quien tiene documentación francesa». Semejante definición…administrativa, dejaba poco espacio para el vuelo de la lírica y reducía aparentemente los factores culturales e históricos, o simplemente la voluntad o la conciencia de cada uno al papel de despreciable hojarasca. Así amparados por la tupida cortina artillera de lo políticamente correcto, los negadores del concepto de identidad nacional fueron prácticamente los únicos en explayarse a gusto. Aunque no todo el mundo, desde luego, se expresó con la indigencia intelectual y la mala baba ideológica del autor que acabo de citar.

Tal contexto coincidió con la publicación de un libro de Marcel Détienne titulado «L'identité nationale, une énigme». El autor, conocido helenista y antropólogo comparatista, recurre como muchos colegas suyos a un tipo de constructivismo cultural cuyos enfoques son particularmente reacios a las visiones «esencialistas» de la historia. Califica el concepto de identidad nacional de «mitideología». Pienso que el neologismo, poco grato al oído, es, no obstante, muy acertado para calificar las actitudes esencialistas o naturalistas sobre este tema. No creo que cueste mucho demostrar hasta qué punto el de «identidad nacional», concepto moderno y problemático donde los haya, es en todo caso el resultado de una creación de la voluntad y la imaginación, el producto azaroso de la «existencia» antes que la emanación de no se sabe bien qué «esencia». Le debe más a la literatura que a la realidad contrastada y tiene indudablemente alguna relación con la ficción novelesca. El sentimiento de «identidad nacional», como todas las representaciones de tipo cultural, habrá que buscarlo, presumo, en unas semejanzas compartidas por muchos contenidos cerebrales. En Francia se suele hablar con frecuencia del «roman», de la novela de la identidad nacional, y no forzosamente en mala parte. Numerosos historiadores, tras las huellas del británico Eric Hobsbawm, han mostrado cómo muchos nacionalismos del siglo XIX, y la mayoría de los  contemporáneos, se fueron edificando sobre la manipulación, incluso la falsificación de la historia y la invención de inexistentes mitos o raíces. La España actual es testigo de muchas manipulaciones de parecido jaez.

 
Sentados de izquierda a derecha: Navarro Tomás, Menéndez Pidal, Am,érico Castro, Pedro Salinas

La Liga de Mr. Marshall

General Vernon A. Walters

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Se ha citado muchas veces lo que Vernon Walters, militar y diplomático estadounidense, declaró en ABC, el 15 de agosto de 2000, sobre su visita a El Pardo en el 73 por encargo de Nixon, que quería saber qué planes tenía Franco para un franquismo sin Franco:

    –Franco me recibió en pie. Me dijo: “Lo que interesa realmente a su presidente es lo que acontecerá en España después de mi muerte, ¿no? Siéntese, se lo voy a decir. Yo he creado instituciones y nadie piensa que funcionarán. Están equivocados. El Príncipe será Rey, porque no hay alternativa. España irá lejos en el camino que desean ustedes, los ingleses y los franceses: democracia, pornografía, droga y qué sé yo. Habrá grandes locuras, pero ninguna de ellas será fatal para España.” Yo le dije: “Pero, mi general, ¿cómo puede estar usted seguro?” “Porque yo voy a dejar algo que no encontré hace cuarenta años.” Yo pensé que iba a decir las Fuerzas Armadas, pero dijo: “La clase media española.” Se levantó, me dio la mano y ya había terminado la entrevista.
    
¿Qué va a ser del Real sin Cristiano? Seguramente, una ciclotimia total (los mejores en la victoria y los peores en la derrota), una locura ambiental de chismes y cominerías hasta que llegue la primavera y, como decía Bernabéu, el Madrid vuelva a ganar, pues al final tampoco pasará nada, ya que Cristiano nos dejó, además de los goles, una clase media, el piperío, que es muy fácil de contentar. Si no hubiera goles de Benzemá en el campo, los habrá en el Youtbube de Mbappé, que no deja de ser un poco nuestro, con Flóper haciendo montoncitos de monedas, como los niños, hasta llegar a la cifra que le permita comprarlo. El tabarrón mediático llevará el nombre de Messi, centrado en hacer las cabriolas de la cabra gitana contra el Alavés con la tranquilidad que le dan la ausencia de Cristiano en el tatami y saber que hasta dentro de cuatro años no hay otro Mundial.
    
El panorama liguero para Lopetegui se presenta como el reinado visigodo de Witiza. Despedido del Combinado Autonómico por el Macho Rubiales previa consulta con Barack Obama, Lopetegui debe gestionar algo peor que los egos, que con la marcha de Cristiano ya no quedan. Debe gestionar los huérfanos.

    –Jesús, ¿no tenemos padre? –preguntan los niños muertos a Cristo en el “Sueño” de Jean-Paul Richter, cuando ya no se escucha sino la lluvia que cae en el precipicio (¡aquellos cuatro goles en “Le Coq Arena” de Tallin!) y la eternidad reposa sobre el caos y lo roe, y al roerlo, ella misma se devora lentamente, con lo que todo el edificio del mundo va a derrumbarse ante nosotros.

    –Todos somos huérfanos –responde él.
    
Para redondear la metáfora contamos con las gafas negras de Lopetegui, a lo James Franciscus de detective ciego en “Longstreet”. ¿Y quién puede pegar a un “ciego”? Pues el periodismo deportivo, si lo manda Obama, el asesor de Rubiales (según Rubiales):

    –Tuve una conversación con Obama y él mencionó la destitución de Lopetegui. Me dijo que en ocasiones hay que actuar, y que ellos estaban en la línea de la decisión que habíamos tomado.
    
¡Ellos! ¿Quiénes son “ellos”? ¿Los Obama? ¿Los Clinton? ¿Alexandria Cortez, la Rommy Arce de Nueva York, y Maxime Waters, la Pilar Bardem de California?
    
La pregunta es fundamental, ahora que Tebas, el jefe del fútbol profesional, quiere colocar la Liga en los Estados Unidos (¡aunque tenga que fletar el “Aquarius” para los abonados!), y Rubiales no lo ve claro. O no tan claro como lo de Lopetegui. (Hay una foto de este verano con más matices que “Las Puertas del Paraíso” de Ghiberti: Rubiales y Molina en la toma de posesión de Luis Enrique. El único con corbata, el trabajador: Luis Enrique).

    Tebas se ha sacudido de un manotazo tuitero la mosca de Errejón (el becario black que al oír el nombre de los Estados Unidos, que tampoco es lo que se dice un nombre, de internacionalista venezolano pasa a defensor de las raíces y la pertenencia nacionalistas de Messi, que sería Kunta Kinte), pero, con Obama del brazo de Rubiales, no sabemos cómo va a sacar adelante su Liga de Mr. Marshall, que es la nuestra.

James Franciscus en Longstreet

KLOPP Y MOURINHO

    Klopp, quién lo iba a decir, se ha revelado como el fariseo de san Lucas, 18, espejo del socialdemócrata de nuestro tiempo que presume de ayunar dos veces por semana, de dar el diezmo de todo lo que gana… Klopp defendió después de Kiev a Karius, pero se ha gastado una fortuna en Alisson y un fortunón en… Virgil van Dijk, siendo el mismo Klopp que, cuando el United soltó cien millones por Pogba, dejó escapar esta majadería de fariseo comprado en los chinos: “El día que el fútbol se gaste cien millones en un jugador, yo me retiro. Yo quiero hacer las cosas de modo diferente. Las haría de modo diferente aunque pudiera gastar ese dineral”. Ni retirada ni diferencia. Mourinho, que dirige la plantilla más sobrevalorada de Inglaterra, sólo ha tenido que esperarlo sentado en el camino y decir: “Es divertido ver cómo la gente cambia”.


Lunes, 20 de Agosto

Cantan las siete
doncellas.

domingo, 19 de agosto de 2018

Farsas

El pago del tributo


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El pensamiento más popular de Marx es su cita de Hegel, quien dice, “en alguna parte” (¡la precisión es burguesa!), que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se repiten dos veces:

    –Pero se olvidó de agregar: la primera, como tragedia, y la segunda, como farsa.
   
 En la farsa estamos, con Torra Pla, que amenaza desde el Estado español con “atacar al Estado español hasta llegar a la república catalana”, y con Sacarino Sánchez, quien, al callar, lo va a ayudar con toda la fuerza de sus 84 diputados-conos (en los Estados de Partidos los diputados cumplen la misma función que los conos de tráfico).

    ¿Qué es el Estado español en España? La Guardia Civil, que para que salga de Cataluña (y de Vasconia) basta con que Marlasca, grande en lo pequeño y pequeño en lo grande, firme a sus sostenedores un papel de barba que él, como jurisperito, llamará “pérdida”, sea de confianza o de don Beltrane, pues el caso en esta grande polvareda es aguantar, ya que, según Iván Redondo, que habla por boca de Sánchez, si vamos a las urnas, “vuelve la derecha”. (Hay quien dice que en el fresco florentino de “El pago del tributo”, tema tomado por Masaccio del evangelio de Mateo, el primer apóstol, a la derecha del recaudador, es el propio Masaccio, pero en la caricatura que hoy tenemos delante en España sería Marlasca).

    ¿Qué es el Estado español en Europa? El juez Llarena, al que Puigdemont quiere empapelar con la ayuda de los felones belgas, que andan con esa mosca desde los grandes días de Alba. Puigdemont, un producto acabadísimo de la policastrería española, no ha alcanzado la dimensión mítica de Ferrer (versión catalana de Dreyfus), a quien los masones de Bruselas, “sin protesta de nuestro ministerio de Estado”, erigieron una estatua con esta leyenda: “A la víctima de la crueldad española”.
    
El sanchismo, como farsa, apesta a “madurato”, y la duda sólo es si Perico el Cruel es un mero precursor o ya el propio bendito que viene en nombre del señor.

Domingo, 19 de Agosto


Domingo.
Mar con orillas.

"Éste es el pan que ha bajado del cielo"

DOMINGO, 19 DE AGOSTO
 
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

-Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo:

 -Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.

Juan 6,51-58

sábado, 18 de agosto de 2018

Melancolía

La mano enguantada de Felipe Trigo 

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Se puede discutir si la democracia es presentarse a unas elecciones y que te voten, como hizo Trump, o comprarse un periódico y que no te lean (y si te leen, que no te obedezcan), como les pasa a Bezos y a Slim. Sería una discusión de bar a las tres de la mañana, que se acaba con las copas que uno necesitaría para enfrentarse al párrafo inmortal que describe la prensa como esa rama del poder que se ocupa de hacer que todo parezca un accidente:
   
 –El presidente Trump está decidido a alinear a Estados Unidos con las tinieblas, mostrándose condescendiente con los regímenes autoritarios y transformando la América de Lincoln, Jefferson, Roosevelt y Obama en una reliquia para la melancolía.
    
Lincoln, Jefferson, Roosevelt… ¡y Obama!, el que pidió perdón en Viena “por no hablar el austriaco”.
    
Vista la simpática lamentación socialdemócrata (“¡Nos quieren cerrar!”), diríase que este nuevo periodismo busca que todas las “cuerdas místicas de la memoria que hacen de una colectividad humana una unidad” (Lincoln, pero sobre otro tema más serio) vibren al sonido de palabras extraídas del “editorial conjunto” sobre la melancolía que produce que ya nadie te haga caso.
    
Libertad de expresión y libertad de pensamiento son excluyentes, y por tanto, a efectos de negocio, inexistentes. Existe la libertad de prensa, que no consiste sino en que todo aquél que no esté contento con lo que diga el periódico de Pepe o Slim puede establecerse en el local de enfrente con el periódico de Paco o Bezos. Lo demás es literatura; en el mejor de los casos, literatura de Felipe Trigo, cuya mano enguantada en negro (se la machetearon en la guerra colonial de Filipinas) se me aparece cada vez que veo un folio en blanco.
    
Del periodismo americano, Pulitzer incluido, supimos en España por el caso del “Maine” en Cuba. En seguida lo imitamos aquí, cuando el caso Ferrer, al grito, que fue berrea, de “¡Maura, no!” Y, hoy, los hijos de la luz son los Jim Acosta (¡dando la razón a la Biblia!).

Sábado, 18 de Agosto

Hinojo, serpiente y junco.

viernes, 17 de agosto de 2018

La democracia

El mrxismo recauchutado de la escuela de Frankfurt


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Un sondeo de Gallup en los Estados Unidos ha revelado que la mayoría de los votantes del Partido Demócrata tienen mejor opinión del socialismo que del capitalismo. Y eso quieren votar.
    
Décadas de corrupción universitaria (y periodística) de la Teoría Crítica (el marxismo recauchutado de la escuela de Frankfurt con sus venerables “drag queens” marcusianas agitando la consigna “¡Todos contra la cultura occidental represora!”) y la inmigración procedente de la América española obran el milagro.

    La democracia representativa, ese invento de los padres fundadores de los Estados Unidos, es un paréntesis de la historia que ha durado tres siglos (los mismos, por cierto, que el imperio español en América).
    
Los colonos ingleses de América del Norte, recuerda Rangel, son el grupo humano más libre que jamás haya existido. En su guerra de independencia no pelean contra los ingleses por conquistar la libertad que estos no conocían, sino por mantenerla. Para los hispanoamericanos, en cambio, la independencia supone una crisis moral, intelectual y espiritual (Bolívar, hoy manipulado por el hamponato cubano-venezolano, lo vio como nadie), “un rechazo de sí mismos, tal como los había forjado España”, improvisando una nueva identidad, mezcla de un pasado mítico, pre-colombino, “buensalvajista” y de ideas políticas completamente exóticas que no estaban preparados para manejar, dando lugar a la “mentira constitucional” estudiada por Octavio Paz.
   
 –¿No sería muy difícil aplicar a España el Código de Libertad política, civil y religiosa de Inglaterra? –pregunta Bolívar a los ciudadanos de la Nueva Granada en 1812.
    
Todo indica que la “representative democracy” de Hamilton (¡o de Bentham!) está condenada a desparecer, no sé si ante nuestros ojos, aunque la presión del partido Demócrata contra la Constitución federal, principalmente contra la Segunda Enmienda, podría acelerar el proceso, que sería de guerra civil.

    En España el debate es el “9” del Real Madrid.

Viernes, 17 de Agosto


¡Ay, amor
que se fue por el aire!

jueves, 16 de agosto de 2018

Periquito

Bertrand Russell


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    De un plumazo, como Franco para unificar el falangismo (¡pero con bastante menos oposición!), el dictadorzuelo Sánchez se carga el Código Civil para que cualquier concejal (pongamos Zapata, el gagman de la Shoah) te retire la custodia de tus hijos sin necesidad de pasar por un juez. Y… ¡aquí está Periquito hecho fraile!
   
El Código Civil era una cosa muy seria. Lo hizo Napoleón, que incrustó algunas morcillas machistas porque andaba a palos con Josefina. Y Stendhal, ya se sabe, lo usaba para coger estilo leyendo antes de sentarse a escribir, como harán ahora con el de Sánchez los plumillas del periodismo gubernamental.
    
En su decreto Franco justificaba “el golpe de la unificación” con que tan grande causa era incompatible con la lucha de partidos, que “gastan sus mejores energías en la lucha por el predominio de sus estilos”. Y así nacía lo que tenemos hoy, el partido único, con sus familias. ¡Unidad de poder y coordinación de funciones!

    –Admitirán ustedes que ésta es una guerra contra el fascismo –dijo Bertrand Russell en la Embajada británica de Washington cuando, en plena guerra, solicitaba un pasaje para regresar a Inglaterra.

    – –le contestaron.
    
Y admitirán también que, en esencia, el fascismo es la subordinación del poder legislativo al ejecutivo.

–dijeron, ya con algo de duda.
    
Pues bien –zanjó él, con risa de pájaro carpintero–, yo soy el poder legislativo, y ustedes, el ejecutivo. Así que, si me retienen lejos de mis funciones legislativas un solo día más de lo necesario, son ustedes unos fascistas.

Y le firmaron el permiso de navegación en el acto: zarpó en mayo de 1944.

    A España le falla el habitante. Somos, con el alemán y el japonés, un pueblo esencialmente gregario, y resulta fascinante nuestra alegría para sobrellevar las cargas que nos impone el primer fascistón desinhibido que nos cabalga, tal que este Periquito de tablao que hace con el Código lo que la Pardo Bazán con su receta de cocina: “Se coge un cerdo y se le castra…”

Jueves, 16 de Agosto


¿Qué muchacho ha encendido
su linterna?

miércoles, 15 de agosto de 2018

Cupletistas

La Goya


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Hace un mes el ministro italiano Salvini era el mismo Himmler sólo por hacer lo que ahora hacen Macron y Sánchez, que es pasar del Aquarius, ese Calypso de los progres.

    Los pasajeros del Aquarius quieren un máster de Begoña Gómez, no vacunas y una bicicleta, que es todo lo que la socialdemocracia ofrece hoy, como símbolo de la libertad occidental, reducida a poder ir en bici por donde más moleste uno a los demás.
    
Los obreros lo que necesitan es bicicletas –contestó Franco a Ridruejo, que le pedía sindicatos.

    O sea, que antes del 78 la socialdemocracia ya tenía gran boga en España, que en eso fue como el cuplé, que vino de Francia con los pasos del can-cán y los estribillos de los cabarets.
    
Como ocurriera con el cuplé, al trasponer la frontera la socialdemocracia perdió su “sprit” para adquirir aire chulón. El “género ínfimo”, que decía el Caballero Audaz.
    
Nuestras cupletistas, acuciadas por un público burdo, se dieron prisa a achabacanar el género importado, esmaltándolo de timos flamencos y tufaradas del arroyo.
    
Del felipismo pasamos al aznarismo, y Aznar vino a ser La Goya, que renunció a la denominación de cupletista para anunciarse tonadillera, revalidando la herencia tradicional, castiza, eminentemente española, de la socialdemocracia.
    
Zapatero sería Amalia Isaura, es decir, el “maquietista”, palabra perdida en el lenguaje del teatro y que nunca estuvo en ningún diccionario, aunque Haro Tecglen la halló en el “Vocabulario de ocupaciones” del Ministerio de Trabajo, 1963. En fin, una mezcla de caricatura grotesca y sentimentalidad a flor de piel.

    Y Rajoy fue ya el Ramón Peña del marianismo, un primer cómico saliendo a hacer reír vestido de “smoking”, un perfume de elegancia, o así, sobre los desgarros y la pobreza decorativa del género chico.

    En cuanto al sanchismo, hecho de procacidades verbales y exhibiciones escandalosas para veteranos del amor y desertores del servicio doméstico, la referencia vuelve a ser el Montúfar de Salas Barbadillo.

Amalia Isaura

Miércoles, 15 de Agosto


Debajo de las multiplicaciones

Nuestra Señora


Dios te salve, Reina, Madre y Capitana. Eres tú nuestra vida, eres nuestra Esperanza, y a tus plantas, Señora, se arrodilla Triana. Nuestro puerto perdimos, nuestra nave naufraga sin rumbo en las tinieblas de este valle de lágrimas, en el que suplicantes nuestras voces te llaman. ¡Oh¡, Misericordiosa, vuélvenos tu mirada y lleva nuestro barco con brisa de bonanza a Jesús, navegante de tu divina entraña. Capitana clemente, dulcísima Esperanza, siempre Virgen María, luz que guía Triana. Por ella y por tus hijos, Madre de Dios y Santa, ruega para que un día podamos echar anclas en el puerto que Dios nos promete como segura Patria. Amén, Amén.

martes, 14 de agosto de 2018

Intensidad


 Begoña Gómez convierte a sus inmigrantes en líderes carismáticos
 como Millán Astray a sus voluntarios en caballeros legionarios

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Al ministro más “intensito” de Sánchez, Marlasca (grande en lo pequeño, pequeño en lo grande), lo sacaron con otro ministro-okupa, Guirao, en el descanso de la Supercopa de España en Tánger (“¡Tánger, entrada del Estrecho, sirena de la pólvora, cuna blanda y sutil de todas las tentaciones!”) y pidió al partido “más intensidad”, con lo que el culé Chingurri Valverde sacó al araucano Arturo Vidal.
    
¡Marlasca y Guirao en el palco, Suárez y Vidal en el campo”! “Valors!”
   
 Pidiendo intensidad, Marlasca parecía Caparrós con el chaleco de Gareth Southgate, mientras Guirao descubría que la nueva diplomacia se hace “con el fútbol”. Así que, si la Españeta de Sánchez y Rubiales se lleva la Supercopa a Tánger (¡ya tiene el independentismo catalán dónde jugar sus finales españolas!), la Uefa podría llevarse la Champions a Irán. “Business is business”.
    
No parece mal negocio que Sánchez lleve el fútbol a Tánger a cambio de los cinco millones largos de inmigrantes que según el FMI de Soros necesita nuestra Seguridad Social, que ya cuenta, mediante el decreto de asistencia universal, con siete mil millones de clientes. Frente al franquismo, que concibió un sistema reaccionario de cotizantes, el sanchismo propone un sistema progresista de beneficiarios que surtirán la escuela de líderes africanos abierta por su esposa, Begoña Gómez, aficionada al africanismo por “Mogambo”. Lo que Millán Astray hacía con sus voluntarios, convertirlos en caballeros legionarios, lo hace Begoña Gómez con sus inmigrantes, convertirlos en líderes carismáticos.
    
En Europa se hacen cruces de que la España de Sánchez acometa compromisos de deuda con los que no podrían la Francia de Manu Macron ni la Alemania de frau Merkel juntas, pero la prensa alemana lo explica diciendo que Sánchez es “un antiguo profesor de economía” (?), aunque su tesis doctoral permanece oculta en algún lugar del Área 51 de Nevada, y no se espera que Trump levante durante su mandato el secreto del documento.

Martes, 14 de Agosto


Un hombre solo, y ella
una muerte pequeña.

lunes, 13 de agosto de 2018

Cristianismos

 Burgos
Iglesia de San Cosme y San Damián


Jean Juan Palette-Cazajus

 Y entonces me estuve acordando de que muchos de los que se proclaman “católicos” con cierta vehemencia, sorprendentemente no suelen definirse como “cristianos”. Tal vez porque siguen considerando con suspicacia las otras ramas del cristianismo, las variadas “ortodoxias” y los múltiples “protestantismos”, contemplándolas todavía algunos como “heréticas”, los otros al menos como “desviantes”. También porque detrás de su proclamado catolicismo subyace una concepción muy determinada de la sociedad y de sus valores. Concepción de la que, sin duda con excesivo atrevimiento, me atrevería a pensar que suele ser bastante más política que atenta a la naturaleza real de los “valores cristianos”.

Estas y otras divagaciones ocupaban mi cabeza durante el largo funeral de Don C. C., padre de mi entrañable amiga A. -mejor convendría decir hermana- hace ya tres semanas en la bellísima iglesia burgalesa de San Cosme y San Damián. Creo acordarme que tanto él como su viuda, admirable de entereza, usaban, para definirse, la palabra “cristianos” antes que la de “católicos”. Lo eran de misa diaria. Fueron, creo, 64 años de un matrimonio guiado por un espontáneo sentido de la humanidad, de la dignidad y de la generosidad. Profundamente fieles a lo que consideraban los valores de su fe, aceptaban con lucidez y ecuanimidad evoluciones del mundo que en muchos casos disentían de sus creencias. Tanto Don C. como su viuda habían sido maestros nacionales y los antiguos alumnos agradecidos a la calidad de su enseñanza abarrotaban las naves del templo gótico así como las numerosas personas que habían disfrutado de su calidad y calidez humana.
 
 Representación de Cristo
Año 225

Tuve tiempo para oír las numerosas intervenciones que loaban la figura y el recuerdo del finado. Tuve tiempo para pasear la mirada por las crucerías de las naves góticas, los terceletes flamígeros del coro, las columnas salomónicas y las tallas del excepcional retablo barroco. Tuve tiempo para preguntarme por el contenido de lo que me une -estética, historia, a veces valores-  y lo que me separa -la simple razón- de aquella cultura. Tuve tiempo para convencerme una vez más , como me ocurriera en anteriores ocasiones, como me ocurrió en sendos funerales de mis padres, que para quienes no conseguimos adherirnos a él, el discurso católico de consolación y salvación exacerba al contrario la percepción de la irreversibilidad trágica de la muerte. Nunca percibo con más intensidad que en un funeral la definición heideggeriana del ser humano como ser-hacia-la-muerte. Frente a tal desesperación fundamental, lo que subsiste tal vez en el ceremonial católico es la dimensión fraternal y la grandeza comunitaria del duelo compartido. Debo admitir que de la misa me emociona hasta los tuétanos el hermoso rito de darse la Paz, y siempre que se produce la ocasión, me avergüenzo de mi torpeza, de mi falta de espontaneidad y de mi ...intrusismo.

Pero tuve tiempo, también, para acordarme del curso sobre historia del Cristianismo (también del Islam) que el muy popular filósofo Michel Onfray está dictando por estas fechas en su «Universidad popular de Caen-Deauville». Nada nuevo ni original está revelando pero ha tenido el enorme mérito de dedicarse a un ingente trabajo de relecturas de las fuentes históricas, labor cuya simple perspectiva siempre me produjo sudores fríos. Onfray nos cuenta la azarosa construcción y fijación de los dogmas cristianos a través de un recorrido por la patrística, por el cenobitismo, por las incontables ramas -una vez cortadas se llamaron herejías- que fueron surgiendo del tronco: marcionismo, docetismo, gnosticismo, pelagianismo, nestorianismo, adopcionismo, atanasianismo, arrianismo, ebionismo, etc, etc. Un recorrido que abarca igualmente la historia de los concilios encargados de conciliar lo inconciliable. Al fin y al cabo nada que no sepamos ya a poco que nos atrevamos a acercarnos al disuasivo -por colosal- acervo de aquella efervescencia inicial. Uno de los méritos de Onfray es su insistencia en recordarnos que en esta profusa construcción del cristianismo, en aquella logorrea inicial, hay un ausente, un convidado de piedra: la propia figura de Cristo. Onfray -y no es el único- no cree en la existencia histórica de Cristo. Sus argumentos me parecen convincentes desde hace tiempo. Las dos citas famosas  de Flavio Josefo, en «Las antigüedades judías», las considera ejemplos de interpolaciones practicadas por los monjes copistas de la Edad Media. Concluye que Cristo es una personalidad alegórica construida a partir de personajes reales e históricos de los que no tenemos referencia. En todo caso, en torno a esa figura alegórica cristalizó un mensaje de paz, tolerancia y amor excepcionalmente subversivo y novedoso en el contexto judío y mediterráneo de la época, muy imperfectamente recogido, por no decir marginado, en el corpus cristiano sobre todo a partir de la intervención paulina.
 
 Caravaggio
La conversión de San Pablo

Poco le falta a Onfray para adherirse a las tesis según las cuales el cristianismo, en realidad debería de llamarse “paulinismo”. Ni es el primero ni es el único en decirlo o escribirlo. A Pablo de Tarso le achaca el odio al cuerpo y el miedo a la sexualidad del cristianismo tradicional, el sometimiento a los poderes del estado, el inicio del recurso a la intolerancia y a la violencia para controlar los creyentes y convertir a los paganos, así como la fundamentación de la Iglesia como poderosa institución de control. Nada de todo esto es novedoso y ha dado lugar a muchos miles de páginas. Tampoco se busque propósito polémico por mi parte sobre un tema que me resulta muy deficientemente conocido. Con todo, lo que también ocupaba mi cabeza, entre las naves de luminosa piedra de Hontoria de la Cantera y más allá del catolicismo paulino, era el milagro de la persistencia en el corazón de creyentes como los padres de mi  amiga, de la pureza, calidad y generosidad del mensaje crístico inicial.

Onfray recuerda, con razón, que hasta el Concilio Vaticano II (1962-1965), el catolicismo seguía siendo un puro producto postridentino (1563), vertiginosamente desgajado de las infinitas moliendas que surgieran a lo largo de la historia anterior. El dogma de la Inmaculada Concepción se proclama en 1854 y la Infalibilidad del papa en 1870. El señor Darwin había escrito «El origen de las especies» en 1859 y Sigmund Freud tenía entonces 14 años. Tan tardías derivas fueron las reacciones desesperadas de  una Iglesia desbordada por la propia Historia que había contribuido a crear. Porque Pablo de Tarso fue el incansable propagandista de la Parusía, la segunda venida de Cristo, y uno de los máximos fundadores de la escatología cristiana. Y así fuimos olvidando que para los filósofos antiguos como para la casi totalidad de las culturas humanas el tiempo era cíclico. Es la espera de la Parusía y la construcción de las escatologías cristianas las que terminaron constituyendo el Occidente cristiano como la cultura de la Historia, la cultura de la creencia en el eje del tiempo. Fue una forma revolucionaria de inscribirse en la duración que dinamitó los viejos ciclos de vida y dinamizó de forma impredecible toda la producción de nuestras mentes, cultural o instrumental.

Nuestro proceso de constitución en seres históricos engendró nuestras mayores felicidades y nuestras mayores desgracias. Aunque solo fuese porque antes de la Historia los hombres no solían ser ni felices ni desgraciados. Eran simplemente determinados por la fatalidad. Hoy, para los  ateos como para los creyentes, no parece próximo el advenimiento de otro posible concepto del tiempo susceptible de regir diferentemente el curso de nuestras vidas. Por esto debemos considerar que todas las utopías sociales, cualesquiera que sean, que fueron surgiendo a lo largo de los últimos siglos, marcadas por la escatología y el mesianismo salvífico fueron producidas por lo que no hay más remedio que considerar tardías modalidades de sectas cristianas. Una religión es una secta que ha triunfado. El comunismo casi lo consigue. Y así “Podemos” es la última secta cristiana surgida en España. Todas las sectas salvíficas  que han intentado históricamente repatriar a la Tierra la escatología ultraterrena lo han hecho según los modelos paulinos: la obsesión por el “Hombre nuevo”, incluso al precio de la coacción, la división de la humanidad entre elegidos y condenados, el control férreo de la sociedad por una comunidad perseguida que pasa a ser perseguidora. 

Sin duda habría que pensar que toda ética humana es espontaneidad inmediata y toda escatología torcido cálculo, pero la misteriosa persistencia de seres humanos portadores admirables de puros valores crísticos, como en el caso de los padres de mi amiga,  me resultará por todo ello, siempre profundamente perturbadora.
 
El filósofo Michel Onfray

Lunes, 13 de Agosto


Prado mortal de lunas

domingo, 12 de agosto de 2018

Aires



 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

          De más joven a mí me gustaba mucho el ciclismo e incluso llegué a acercarme a los Pirineos durante el Tour a ver las machadas de Perico e Induráin, pero con los escándalos probados y supuestos se me ha ido quitando la afición, aunque no me resisto a mirar el Tour, la Vuelta y sobre todo la Vuelta a Burgos, espatarrado en el sofá y protegido de la puntual vulgaridad de la calor cordobesa por el imprescindible aire acondicionado. Cuando ayer Iván Sosa, un flacucho mocete colombiano de 20 años anunció desde las lagunas de Neila, mi infancia, que un día ganará el Tour de Francia se multiplicaron las ganas de volver a la casa de la madre -digo madre porque ya falta el padre y no por corrección política-  allá en la Demanda que este año va a tener que ser a partir de la Virgen.
          
El mayor problema que veo a “la caló, caló” (más de 40º) es lo que agalbana. La poca gana que te da de todo y la desesperada querencia que te empuja a un sitio fresco. Sitio que sólo puede ser refrescado por ese invento que los andaluces quieren elevar a la categoría de maravilla de la Humanidad que es el aire acondicionado. Comentaban esta mañana a las ocho entre tostadas unos redondeados bicicleteros en el bar de abajo de mi casa que la ocurrencia va en serio y que “d’aquí a ná” le ponen una calle. “Mejor una rotonda o una plaza grande p’a que tól mundo lo tenga presente” apunta el que parece de más edad, aprisionado entre colorines como morcillón de matanza antigua. Y es que, al parecer, una cuadrilla de ociosos con mejor criterio que el que suele mostrarnos la concejalía de la ciudad, ha propuesto poner una calle al inventor del aire acondicionado, un tal Willis Haviland Carrier natural de Angola (Nueva York) por todo el bien que ha procurado a los cordobeses. A un servidor que probablemente sea uno de los habitantes de la ciudad que más agradece el invento no le parecería mal que para el año que viene, centenario del primer edificio climatizado, un cine de Chicago (estos detalles los estoy leyendo en el google), la alcaldesa Ambrosio y sus variopintos concejales en vez de quitarle calles a los poetas, cavilase para adjudicar una plaza al sabio Carrier y así en vez de Amanecer, palabra que admite pocas preguntas infantiles, los niños obliguen a los padres a documentarse sobre el genio que les apartó de las puertas del infierno.

       Córdoba en agosto es sesteo, desidia, absoluta dejadez que no permite casi ni pensar y  en esas condiciones anda el Córdoba CF, resignado a no fichar a nadie, a empezar la Liga con tremenda desventaja y a confiar de nuevo en los milagros. En vez de pedírselos a Reyes, que el hombre tenía mano, mejor pie izquierdo, se los vamos a rogar a desconocidos juveniles en los que no nos queda otra que encomendar el espíritu cordobesista. ¡Ojalá nos salgan dos o tres Iván Sosa como el que pedaleaba en Quintanar de la Sierra! Por si suena la flauta, los primeros partidos los voy a ver junto a los pinos de aquella Costa del Oxígeno que tanto echo de menos  por verano.

Özil



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Ahora que la lira turca pone en peligro nuestros ahorros en Bolsa, vuelvo a pensar en Özil, aquel futbolista-silogismo de Mourinho con quien aprendimos en Madrid que los turcos salían de Alemania para meter pases de alfil a Cristiano en el Bernabéu, en vez de salir, como en tiempos de Camba, de la Guindalera y de los Cuatro Caminos para vender pieles en la Puerta del Sol. Y, sin embargo, el mito del turco-alemán (¡el mito de la integración!) se lo ha cargado Özil retratándose con Erdogan, historia que ya explicó aquí Hermann Tertsch, el mejor conocedor de esa cultura en España.

    Sánchez, aplicado Sacarino de Soros para la Europa del Sur, ha invitado a Doñana a frau Merkel para que le enseñe, entre patos, lo que en el 93 Botho Strauss llamó “el canto creciente del macho cabrío” (“Anschwellender Bockgesang”), que es la tragedia de la socialdemocracia moribunda que como una ballena vieja quieren traernos a morir en España.

    –Estamos obligados por ley a ser bondadosos –decía Strauss–. Para hacer arraigar este mandamiento en el alma de los hombres (no sólo de los y las votantes), hará falta una auténtica recristianización de nuestro moderno paganismo egoísta.
    
¡Y entonces va Özil, el modelo de alemán integrado, y le da su camiseta a Erdogan!
    
La Europa oficial es una fábula fundada espiritualmente en la fábula de la Revolución francesa, inaugurada por el abate Sieyes con el cuento de la Asamblea Nacional del 17 de junio de 1789 (“de la ley a la ley”) y clausurada por el abate Frèius con el cuento de la elección del Cónsul Bonaparte (al estilo Sánchez: 100 diputados de 750) el 10 de noviembre de 1799.
    
Si la fábula de la Revolución francesa acabó en comedia, la fábula de la socialdemocracia alemana (que es la europea) acaba en tragedia, término cuya raíz griega es el canto del macho cabrío de Strauss.

    ¿Y los tramoyistas del sanchismo?

    –Detrás de los tramoyistas débiles, aparecerán unos tramoyistas más fuertes y estos acogerán a los primeros en sus filas.

Domingo, 12 de Agosto


Tierra para todo lo que huye
de la Tierra

"El que coma de este pan vivirá para siempre"

DOMINGO, 12 DE AGOSTO
 
En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho:

-Yo soy el pan bajado del cielo.

Y decían: «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?» Jesús tomó la palabra y les dijo:

-No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
 
Juan 6,41-51

sábado, 11 de agosto de 2018

Lastra

Cervantes en el Japón
La mano de García Montero
J.R.M.
 


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Para justificar el enchufismo del dictadorzuelo Sánchez, quien acaba de afear a los senadores argentinos su manía de votar, esa cosa de pobres, la jefa ideológica del sanchismo, Lastra, dice que una mujer (la de Sánchez, sin ir más lejos) “debe tener dinero y habitación propia”.
    
Lo de tener dinero, desde luego, es socialismo clásico, que ya Camba pasó sus buenos ratos a cuenta de Luisito Araquistáin, un malaje que en 1931, por justificar los altos sueldos de los jefes de la clase trabajadora, escribió:

    –Al hombre le repugna la pobreza, que oprime su personalidad y la de los suyos, como lo prueba el fracaso de todas las doctrinas ascéticas. Para alcanzar su plenitud, la vida exige un mínimo de comodidades materiales y espirituales, y todo el mundo tiene no sólo el derecho, sino el deber de lograrlas. Cada época y cada sociedad se rigen por un “standard” o tipo medio de vida, al cual no es lícito renunciar sin comprometer la salud de la especie o el destino personal.
    
Y lo de la habitación propia lo saca Lastra de las “Habitaciones separadas” de Montero, el poeta de la Experiencia (está casado con Almudena Grandes) enchufado en la mamandurria del Cervantes, donde nunca ha entrado un ejemplar del Quijote. También Rivera, influido por esa lectura montaraz, incluyó en su último programa electoral la promesa de retirar la ciudadanía a toda criatura que viviera en una habitación con más de un semejante. Pero Lastra, ay, son palabras mayores. Lastra es nuestra primera constitucionalista en ejercicio (“España es un Reino, ¿no? Asturias es un Principado, ¿no? Y se llevan bien, ¿no? ¡Pues Cataluña es una República!”), y si dice que la mujer de Sánchez debe tener dinero (sueldo del IE) y habitación propia (despacho del IE), se pone en la Constitución, ¿no?
    
¿Que Primo de Rivera, a quien nadie había votado, dejó a la novia sólo porque ésta jugó en Bolsa y podía sospecharse que lo hacía con información privilegiada?

    Sí, pero entonces la Lastra era el pobre Felipe Trigo.