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jueves, 14 de noviembre de 2019

Choco con tomate


Un griego



 Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La posibilidad menos mala sería que la UE nos haya hecho… un griego.

    La mejor obra de España en 500 años, repite la portavoz de la derecha, es el Régimen que desemboca, ay, en este Martes Negro: el Rey en La Habana a los pies del Megaché, y en Madrid, fumándose la Constitución, el abrazo Sánchez-Pablemos sobre un “acuerdo Adriana Lastra-Irene Montero” para el reparto de un Estado “deconstruido” y una Nación desnacionalizada, espectáculo que financiarán con la recaudación de un euro por cada vez que digan “progresista”.
    
La política es un invento griego, pero Ranke recuerda que la gran cultura griega no sería nada sin los romanos, que, como descubrió Calvo de Cabra, eran unos fascistas tremendos, si bien fue Stalin quien intentó quedarse, por la jeró, con Grecia, salvada del comunismo por Churchill, que presumía de haberla sacado del stalinato como “un hierro del fuego, el día de Navidad”. Eso duró hasta que frau Merkel necesitó recuperar lo prestado y puso en la silla de Pericles a Tsipras, cuyo comunismo le garantizaba descamisar al “acreedor” sin que se moviera El Tato.
    
El deber es un don de gentes y la deuda de España (la prosperidad, según la propaganda) es pavorosa. Quizás ha llegado el momento de pagarla. Sánchez anunció en el debate a Calviño, en quien confían los mandilones de la UE para recuperar hasta el céntimo. Lo demás, pirotecnia comunista, es nuestro “asunto interno”, dirigido por Pablemos, el becario de Blesa que aspira a nacionalizar Bankia con la naturalidad que enseña que la ley de la relatividad es cosa de Newton.
    
El jefe de la derecha ha respondido con las cuentas de la lechera del sistema proporcional que se niega a cambiar. De Gaulle lo hizo, y sin barba. Primera Asamblea de la V República, mediante escrutinio mayoritario (democrático): 189 escaños la UNR por 10 escaños comunistas. Mismos votos mediante escrutinio proporcional (oligocrático): 88 escaños comunistas por 82 de la UNR. No es sumar, sino contar. “¿España Cuenta?”.

Jueves, 14 de Noviembre

Valle de Esteban

es inútil marchar por el cielo y con el cielo al hombro

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Abascal


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Un día Ernst Jünger le dijo a su amigo Carl Schmitt que los Robespierre ingresan al poder como a una jaula, y el hombre que más sabía del poder después de Hobbes le respondió:
    
¿Por qué sólo los Robespierre? Todos, malos y buenos, ingresan al poder como a una jaula.
    
En dos cosas se ve que Abascal, que no es un Robespierre, está en la jaula. Una, ingenua, es que salen tontos marcándose un Smollet (Jussie Smollet, actor acusado en Chicago de pagar por que lo asaltasen dos falsos trumpianos y presentar denuncia por delito de odio). Y la otra, maliciosa, es que ya se oyen los cobradores del frac que el Sistema le envía para meterlo en el mueco y exigirle una Abstención de Estado, expresión que haría sonreír a Mussolini, cuando no su apoyo directo al Decreto de Unificación, expresión que haría sonreír a Franco, dejando la Oposición, que es decir el Control, para otro día, o para los colosos del columnismo, autoconstituidos en los «checks and balances» (negrita arriba, cursiva abajo) del 78.

    Rivera sale de la jaula (su dimisión ha merecido el tratamiento histórico de la de Bismarck, que dio paso “a la tragedia del Segundo Reich”) y a la jaula entra Abascal. Es la jaula del 78, un sistema de poder para el contexto de la Guerra Fría, cuyo único defensor leal, hoy (por tanto, anacrónico), es Abascal (los demás bracean ya en esa delirante Commonwealth ibérica soñada por el pujolismo), razón por la cual no lo veo acometiendo las dos reformas que sacarían a España (“deconstruido” el Estado y desnacionalizada la Nación por el “café para todos” autonomista) del “cul de sac”: sistema mayoritario de distrito a doble vuelta para la representación, y para la gobernación, sistema presidencialista, con la Monarquía como está, y volvemos a Robespierre: ¿Monarquía o República? “Instituciones y leyes”.

    –Una Monarquía presidencialista es democrática, una República parlamentaria es oligárquica.
    
Pero el “mainstream” prefiere discutir si los votantes de Abascal son galgos o podencos.

Humilde desagravio a Murcia




Hughes
Abc
 
Murcia sale del 10N como región pionera en España del moderno populismo de derechas, o nacionalpopulismo o, simplemente, nueva expresión de la derecha española. En este momento en el que las regiones dan la espalda a España, en el que hasta Teruel se singulariza y dice aquí estoy yo, Murcia reafirma su españolidad y se destaca por ella. Hace eso, ¿y qué recibe a cambio de los listos preponderantes? Comentarios despectivos y paternalistas que presagian el envío de expertos y trumancapotes a hacer sus reportajes etnográficos bajo la pregunta: Murcia, ¿por qué?

Algunos serán los mismos que se reían de su acento, aquel acento de Juncal con el que Rabal cautivó a una generación, un acento mágico que no se parecía a ningún otro y que parecía incontaminable de la moderna musitación de los anglosajones aaaah y huummmmm. ¡Ah, sudeste! Vértice definitivo para completar el triángulo con La Mancha y Valencia: ¡Quijote y Cid! Pero un Quijote de carne y hueso y un Cid pleno de conciencia, como Alfonso X El Sabio cuando conquistó la región.
 
Yo nací circunstancialmente en Albacete, aunque mi españolidad fuera forjada en Valencia (creo que debo expresarlo así), y ha tenido que pasar esto para que reflexione. ¿Por qué me gustaba Murcia a mí? ¿Por qué me gustó en cuanto la pisé? Porque de haber nacido unos años antes, yo sería murciano. ¡Soy murciano sin saberlo!

A Murcia, sin dejar de ser Murcia, le caen cosas de La Mancha y cosas de Valencia, alicantinas, con las que comparte el genio del idioma. ¿Acaso Miguel Hernández no era murciano también? ¿No lo fue un poco Miró? ¿No era algo murciano Azorín, yeclano de sangre y niñez? ¿Y qué decir de Gaya, murciano hecho luego a Valencia? Ese español levantino, que puede llegar a ser, como decía Pla de Azorín, catalán en su esqueleto, Murcia lo expresa además en una flexión flamenca de cante propio. Qué crisol de Españas romanas, moras y cristianas en esa tierra fértil de huerta e inventiva (Peral y Juan de la Cierva, nada menos, ¡y sin darnos el coñazo todo el día!). O en la insuperable Cartagena. ¿Cómo le van a enseñar el mediterráneo a Cartagena? Ella nos trae ahora lo contrario del cantonalismo como advirtiéndonos del falso federalismo en el que nos quieren embaucar. Nos está avisando Cartagena.

Si nuestro catolicismo, ya muy superficial, visual y festivo, se sostiene en la contemplación de las imágenes navideñas y de la Semana Santa, en los pasos y en los belenes, ¡lo sostiene Murcia! La Murcia de Salzillo y los imagineros. Murcia es fundamental en nuestro barroco popular, por residual que sea, para protegernos de la invasión de renos y papás noeles.

La importancia de Murcia, aljibe misterioso de lo toledano-levantino, la desconocemos. Murcia es la sin agua, la incomunicada, la que quedó de solterona en el engendro autonomista (cómo no iba a ser la primera en decir basta) y ha vivido ajena al “identitarismo” valenciano y al andalucismo protagonista de la región-PSOE. Allí, en su sitio, arrinconada, pasó Murcia por la corrupción del PP y sale escarmentada (la primera) pidiendo otra derecha. Esto gustará o no, pero algo dice de Murcia, que no quiere ser ni taifa ni cantón habiendo sido las dos cosas. ¿No puede ser la región menos transformada, menos envenenada por el autonomismo del 78?

En todos las representaciones gráficas de Cataluña que hacen los independentistas, la región parece salirse de España, salirse de la península, desgajada. Pero ¿hacia dónde? A Europa, creerán ellos en su insensata pedantería. Pero Murcia no. Si tuviéramos que dibujarla ahora, la dibujaríamos como un pedazo de tierra hacia dentro, con una flecha hacia dentro, ¡renacionalizada!
 
Cuando todos se quieren ir, Murcia pide más España.

Hombre, y encima la critican.

La Dolorosa de Salzillo

Miércoles, 13 de Noviembre

Valle de Esteban

Suspenso está Absalón entre las ramas

martes, 12 de noviembre de 2019

Ajoblanco malagueño

Esto va muy rápido

ABC


Savater habla del "lumpen de derechas y de izquierdas". Cabría preguntarse por qué el lumpen nunca es centrista. El centrista, por definición, nunca está en eso, sino en el cogollo
 
 

Savater

A Ciudadanos le fallaron la base y los intelectuales que gritaban "¡Vivas!" a la ciudadanía y a una Constitución que empieza a engancharse en el artículo 99 después de que Zapatero traicionara la concordia y Pujol el consenso (o reparto)

El bloqueo

Chamaco y Ava
Bloqueo


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La democracia no es una ideología, como repiten en España catedráticos, politólogos, periodistas y demás propagandistas. La democracia es, simplemente, un sistema de gobierno basado en el juego mayoría-minoría. Si hay democracia, no hay bloqueo. ¿Cuándo se ha visto un bloqueo en América?

    El bloqueo es el juego del reparto (“consenso”, para los postineros), base del Estado de Partidos, que, antes que un Sistema, es un Autosistema que se alimenta de sí mismo, es decir, del bloqueo que obliga al consenso, garantizado por la picaresca del hecha la ley democrática (“un hombre, un voto”), hecha la trampa oligárquica (sistema proporcional de listas de partido), con música de lord Byron:

    –¿Sois felices? / ¡Somos poderosos!
  
Y así desde que el mundo es España. A su Restauración llamaba Cánovas conciliación (“haciendo de buen Dios, fabrica un partido liberal domesticado, una especie de buen diablo o de pobre diablo, con que se complete este cuadro paradisíaco”), y a la conciliación canovista un Ortega indignado llamó “amigable reparto” del botín.

    –Para que puedan vivir tranquilamente estas estructuras convencionales –remacha Ortega–, es forzoso que todo lo que haya en torno de ellas se vuelva convención: en el momento en que introduzcáis un germen de vida, la convención explota.
  
No sé yo si ese “germen de vida” será Abascal (“la España viva” es su lema), a quien todos los “buenos diablos” o “pobres diablos” llaman fascista. ¿Qué habrá en Abascal de Menéndez Pelayo o de Maura?
  
Si pudiera hablarse de un “fascismo hispánico” –escribe Gecé en la “Revista de Occidente” del 27– habría que ver en Menéndez Pelayo su profeta, así como en Maura su predicador.
  
Mas no será Abascal quien haga explotar la “convención” denunciada por Ortega, sino el creciente consenso separatista, que ahora se solapa con el decadente consenso setentayochista.

    –Y para que no se altere el orden público –insiste Ortega– se renuncia a atacar ninguno de los problemas vitales de España.

Martes, 12 de Noviembre

Valle de Esteban

¡Goza, envidiosa luz, goza de aquesto!

lunes, 11 de noviembre de 2019

Huevos a la flamenca


Lo por venir


Nubes en el cielo


Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Se ganó ayer, pero el panorama se presenta muy oscuro. El presidente lleva quitando importancia desde junio al alarmante estado de las cosas, pero con las tristes evidencias ya indisimulables ayer no sólo vinieron a enredar los conocidos refractarios a toda convivencia civilizada de los últimos tiempos, sino también nuevos invitados que al parecer nadie quiere pero de los que algunos esperan vigilancia institucional y del reparto de la tesorería si la hubiere.
        
Nadie está contento. Los que menos, los pocos sensatos que aún quedan y que creen  que cuando uno se presenta para dar prosperidad a una sociedad lo suyo es mostrarse conciliador, generoso, querer para todos -incluso los que piensan distinto-, lo que se quiere para sí mismo, mostrarse educado y utilizar los dineros que se le confían para llegar hasta donde se puede y no despilfarrarlo en necedades y por supuesto no quedárselo para ocurrencias y caprichos propios y de allegados. 

Descorazonador es que a los más formales de la sociedad, los que ponen el montante correspondiente de su peculio conforme las normas que decretan los administradores, se les desprecie y se les ningunee hasta el punto de atreverse a llamarlos “clientes” sin el menor atisbo de arrepentimiento.
       ¿Y qué decir de tanta gente como se rodean estos presidentes últimos con sus sueldos, sus coches, sus trajes y vestidos, y sus “restoranes”? ¿Y el continuo gasto en papel, jueces y jornadas de reconocimiento personal para intentar convencer a una colectividad hastiada ya de tanto incapaz..., de que nadie como ellos?
      
Pues eso, que un servidor está más que harto de todo y aunque se ganó al Villarrobledo por 2-0, el señor Jesús León ha dejado de ser presidente de momento. Lo bajaron del sillón dos administradores judiciales que al parecer son los que ahora deciden qué hacer con las cuentas embargadas. Buscarán posibles enajenadores de dinero; comprobarán si el Córdoba CF es viable, pagarán lo que se pueda y decidirán si es posible continuar como menesterosos o es más conveniente reventar y disolvernos.
     Lo que viene es incierto... pero lo que es seguro es que va a ser malo. Muy malo. No hay más que ver el ojinegraje del personal.

Amos y Ramos

Sopa de letras


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Hacerles cuatro y seis goles al Galatasaray (¡el club paulino de la Galacia!) y al Éibar (¡el equipo armero!) es bastante más explicable que no hacerles ninguno ni al Mallorca ni al Betis, así que el Madrid zidanesco, por inexplicable, sería el del Mallorca y el Betis, no el del Galatasaray y el Éibar, cuyo estadio, el Municipal de Ipurúa, es, por cierto, el único estadio de España donde se prohíbe comer pipas. Un Madrid con Zidane de director espiritual y con Ramos de amo total.
   
 Un extranjero amigo de Camba no se explicaba lo ocurrido en España cuando la guerra. “¿Qué pasó para que llegasen ustedes a la situación actual?”, le preguntó un día. “Pues pasó –le contesto el gallego– que los españoles estábamos de vacaciones y habíamos dejado la casa en poder de los criados. Esto fue lo que pasó. Habíamos dejado la casa en poder de los criados, y los criados quisieron hacerse los amos. ¿Le parece a usted poco?”

    ¡Hacerse el amo!

    –No sé si mi amigo el extranjero conoce esta expresión tan española de “hacerse el amo”. Hacerse el amo es todo lo contrario de serlo. El amo de una cosa la cuida o la descuida, allá él, pero no hay temor alguno de que, para demostrar sus derechos de propiedad o dominio, coja la cosa en cuestión y la destruya, que es, precisamente, como procede aquel que quiere hacerse el amo.
    
Y ponía los casos del chulo que apaga la luz en el baile y del patoso que en la cacharrería no deja títere con cabeza.

    –Al comentar su hazaña, el público no dejará de exclamar con cierto dejo de admiración: “¡Se ha hecho el amo!...”
    
Es el suspiro que soltó el piperío del Bernabéu la noche del Galatasaray cuando Ramos le quitó a Rodrygo el penalti que le hubiera valido al brasileño de 18 años un récord de Champions. ¿Hay derecho a eso? No, pero es que Ramos se ha hecho el amo, y, al parecer, la escritura de sus derechos de propiedad los lleva tatuados en el muslo, que es lo que se señalaba para mandar a callar la boca a los piperos, que, en efecto, la callaron. Es el muslo de las muescas y los apuntes, la tabla de los valores del Madrid. De la muslera blanca, en blanco, de Chendo a la muslera-Sinaí de Ramos, que un día se va al Manchester y al otro se va a la China, aunque termina haciendo al club el favor de quedarse, porque él aquí jugaría gratis si le dejaran hacerlo. Como no le dejan jugar gratis, al menos que le dejen tirar las faltas y los penaltis, aunque sea a costa de hacerle la cusqui a un chico que empieza.

    –¡Estos son mis quinquenios!

    El Cisneros de Camas tira en el Madrid de quinquenios para tirar las faltas como quien tira encinas centenarias. ¡La soledad de Muslera ante el muslo de Ramos! Nada que ver con aquel muslo oferente y pimpante que se señalaba Cristiano como si fuera Jenny Llada en lo alto del Xenon. Ni siquiera el jamón de Bale en la chilena de Kiev. El muslo de Ramos es el escobón que en la mili agitan los “bisas” para amedrentar a los “conejos”. Aparta, “conejo”, que el penalti lo tira “la bisabuela”, que soy yo. Y los Lucas (en la vida hay más Lucas que patos) le ríen la gracia, que para eso es el amo. 

Ante el Galatasaray, el amo fue Ramos, pero la figura fue Rodrygo, y entonces todos supimos que en Éibar ya Zidane le rebajaría a Rodrygo los humos, que tuvo suerte de no volver al Castilla. A Rodrygo, de 18 años, se le aplicó en Éibar la Ley de la Rotación para que así dejara su puesto, no a Vinicius, como sería lo natural, sino a Lucas Vázquez, que hace de llavero de la suerte de Zidane.
    
Zidane tiene un visitante nocturno que le da las grandes instrucciones para la vida (ahora vete, ahora ven), y luego unos amorcillos como tamagotchis que le sirven para administrar la baraka del día a día, y todo lo demás le da igual. El equipo sale del vestuario y el vestuario es de Ramos, con ese su muslo registral donde lleva tatuado el reglamento del Madrid como si fueran las 95 tesis luteranas en la puerta de Wittenberg.
    
El amo de una cosa –esto hay que repetirlo muchas veces– la cuida o la descuida, allá él, pero no hay temor alguno de que, para demostrar sus derechos de propiedad o dominio, coja la cosa en cuestión y la destruya, que es, precisamente, como procede aquel que quiere hacerse el amo.
    
El pipero abonado que la noche del Galatasaray pedía que el penalti lo tirara Rodrygo para pulverizar un récord de Champions es el amo. El tipo que lo impidió porque le salía del muslo… se hace el amo.


Jenny Llada

LAUDRUP POR MESSI

    La noticia era el Gandhi de Sampedor, aquél que entrenó al Barça de las Desdémonas (mote que les puso el WSJ por su facilidad para desmayarse y picarear faltas), acusando de “piscineros” a los jugadores del Liverpool, pero de pronto un futbolista de renombre universal, Thierry Henry, hizo algo equivalente a gritar “¡Jehová!” en “La vida de Brian”. A Henry le pidieron en TV un Quinteto de la Muerte para jugar al fútbol, y contestó: “Pelé, Maradona, Cruyff, Beckenbauer y…” ¿Y? “Y Michael Laudrup”. ¿Y Messi? “Nada, nada. Michael Laudrup. Siempre fue subestimado. Pero si hablas de fútbol-caviar, su nombre debe estar ahí. Digamos que Henry aún no había visto las primeras jugadas, vistas en Éibar, de Pancho en Hazard.

Lunes, 11 de Noviembre

Valle de Esteban

Densas nubes vomita el Occidente

domingo, 10 de noviembre de 2019

Murales del Muro





 F.J.G.I.

30 años sin Muro

Günter Schabowski
“Ab sofort!, unverzüglich”


LÁGRIMAS POR LA LIBERTAD 


Hermann Tertsch
Abc

Hoy hace treinta años ya de aquello. De aquel hecho puntual que como pocos escenificó un cambio en la historia del mundo. Que generó tanta felicidad e ilusión que aún hoy las paladeamos. Busquen en la memoria algún día que, por sí mismo, significara tanto para tantos como el 9 de noviembre de 1989, día en que cayó el Muro de Berlín. Sólo los muy interesados en historia citarán aquel 28 de junio de 1914, trágico día de San Vito en Sarajevo como detonante de la Gran Guerra. También el 1 de septiembre de 1939, día que Hitler y Stalin acordaron para comenzar su reparto de Polonia, fecha considerada de comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Quizás el 5 de agosto de 1945, con la explosión de la primera bomba atómica sobre Hiroshima.

Pero ninguna tiene el elemento capital que hace del 9 de noviembre una fecha única, mágica, un hito de emoción colectiva: la colosal y arrebatadora explosión de felicidad que, retransmitida en directo, fue compartida por el mundo entero. Nunca en la historia había llorado tanta gente junta. Nunca la alegría se había contagiado tanto. Las imágenes conmovieron al planeta. Era la alegría aturdida de los esclavos liberados por sorpresa. Se abría de repente una nueva vida a la elección, esa desconocida, la libertad. Y, atención, sonaba el himno alemán. Ondeaban las banderas alemanas, sin el escudo del Estado Proletario, en imágenes únicas de exaltación de la simbiosis de emociones íntimas y la conciencia de la trascendencia de la liberación personal y colectiva.

Porque aquel día se producía, muchos han querido olvidarlo, la gran escenificación de la victoria de la voluntad humana de libertad, pero también de la derrota total de la ideología más criminal de la historia, el comunismo. Era la quiebra moral, intelectual, económica y política de un sistema que prometió libertad, igualdad y felicidad a toda la humanidad y que durante setenta años solo había generado terror, miseria, cien millones de asesinatos y mares de dolor por todo el mundo. Años después veríamos que había quebrado, cierto, pero no muerto. Vuelve a estar omnipresente, como una tenebrosa y siniestra adicción del ser humano.

La caída del Muro comenzó diez años antes, con la visita del recién nombrado Papa Juan Pablo II a su patria, Polonia. Aquel santo coloso le dijo al pueblo polaco sometido que «no se resignara», que recabara fuerzas de la fe y del amor a la nación para conquistar la libertad que gozaba la otra mitad del continente. El Kremlin sabía lo peligroso que era un Papa polaco. Quiso matarlo y no pudo. Polonia escuchó a Wojtyla y se lanzó a un pulso heroico por la dignidad y la libertad. En 1989 ya había ganado, celebrado elecciones y liquidado el régimen. En Berlín Este, sin embargo, los líderes comunistas se resistían, algunos hasta jugaban con la idea de aplastar las revueltas con violencia, como había hecho China en junio en Tiananmen. Los preparativos, por ejemplo en Leipzig, estuvieron avanzados. Pudo haber un baño de sangre en vez de aquel mar de alegría en aquellas fechas en Europa.


El Telón de Acero ya estaba roto. El 27 de junio los ministros de Hungría y Austria, Gyula Horn y Alois Mock, habían cortado los alambres de espino en su frontera común. En Berlín tuvo que ser el 9 de noviembre un bendito malentendido el que rompiera el tabú. Periodistas extranjeros preguntaron a Günther Schabowski, uno de los líderes, que cuándo entraba en vigor la liberalización de permisos de viajar a Occidente. Él no lo sabía -nadie lo sabía- y quiso salir del paso con un «debo suponer que desde ahora mismo». Esa respuesta llevó a muchos a acercarse a la frontera. Avanzaron, la cruzaron y nadie lo impidió. Así se dio aquella jornada milagrosa. Mijail Gorbachov, consciente de su quiebra económica, tenía sus planes de Perestroika y Glasnost (reforma y transparencia), que excluían aplastar heterodoxias en sus satélites europeos. La URSS no tenía en 1989 ni dinero, ni fuerzas ni voluntad para casi nada. Los súbditos de la segunda superpotencia vivían como menesterosos habitantes del Tercer Mundo. La receta era simple: menos socialismo y más verdad.

Hace hoy treinta años el comunismo se llevó su peor golpe. Desapareció su hegemonía sobre medio continente, simbolizada por ese Muro, erigido para que nadie pudiera huir del paraíso socialista en el que nadie se quiere quedar. El tapiado en 1961 del último hueco en el Telón de Acero de la gigantesca cárcel con nueve husos horarios entre Berlín y Vladivostok demostraba que sólo podía retener a los humanos encerrados y bajo amenaza de muerte. Tras lo que llamaban cínicamente el «Muro de protección antifascista» (Antifaschistischer Schutzwall). Como si su misión fuera evitar invasiones y no fugas masivas. Yo recorrí en el verano de 1989 una vez más todo el Telón de Acero, de norte a sur, por dentro y fuera, y escribí una serie de artículos bajo el epígrafe «El Muro de Cristal» que era una crónica del naufragio. Pero aquel verano volé a España a un debate en TVE y me encontré defensores de la permanencia del Muro como «bueno para la estabilidad». En pocos países hubo tanta gente que lamentara su caída como en España. Triste hecho que explica tantos otros.

Europa olvidó pronto que su mejor momento de unidad y exaltación de la libertad del ser humano llegó gracias a la firmeza frente al mal, no por el apaciguamiento ni concesiones al mismo. Que fue la fuerza de la convicción en los valores cristianos la que movió a los pueblos a acabar con la depravación totalitaria del comunismo. El 9 de noviembre fue la victoria del convento benedictino Montecassino sobre el Muro y los tanques soviéticos, de la verdad y la fuerza sobre la mentira y la violencia. Fue gloriosa pero, como todo lo humano, efímera. Aún se celebraba en Berlín cuando muy lejos de allí ya se reorganizaban las fuerzas totalitarias en el brasileño Foro de Sao Paulo para relanzar la subversión para minar y destruir las sociedades libres. Las lágrimas de felicidad por la verdad recobrada de entonces han sido otra vez muchas veces sustituidas por las lágrimas de terror, del hambre, del crimen totalitario comunista y de la libertad perdida. Hoy todo Occidente se debate una vez más entre los miedos y las esperanzas de ese pulso permanente y trascendente entre la verdad y la mentira.

El sentido reverencial


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En lo que una gallina pone un huevo, una sardina pone un millón, pero todo el mundo cree que aquí sólo ponen huevos las gallinas. Y quien habla de los huevos, habla de los libros. ¿Qué mentalidad hay más parecida a la de autor que la de la gallina? En lo que un autor escribe un libro, casi siempre con la idea de vender algunos cientos a tres mil quinientas pesetas, un banderillero —«geometría de huellas y alegría de brazos»— hace un millón de cosas más interesantes, y, sin embargo, los políticos pretenden convencernos de que aquí lo único interesante son los libros.

«Libros a la calle» es el nuevo lema ministerial para fomentar la lectura desde los transportes públicos. La campaña consiste en fijar láminas con textos clásicos sobre las ventanillas de los autobuses, impidiendo así al viajero amar a las mujeres que, al paso, con las plantas van pisando los deseos. Se habla de Calderón: «¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño, / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son.» También se habla de Alberti: «Mi corza, buen amigo / mi corza blanca.» ¿Qué quieren que les diga? Yo, para un autobús, prefiero los carteles colombianos: «Está prohibido balacear el techo y el suelo de la guagua.» «Está prohibido andar a la escupida en el suelo por razones de higiene.» «Quienes sean sorprendidos viajando sin boleta serán entregados a la guardia caminera.» «Las increpancias y malsonancias al señor conductor serán castigadas con el descabalgamiento inmediato del infractor.» Etcétera. Pero, ¿qué será de uno en el autobús, sentado al lado de alguno de esos jubilados, tan aficionados a la lectura en voz alta, que lea como en silabario lo de «Mi corza, buen amigo / mi corza blanca»?

La democracia alfabetiza, pero no cultiva, y, ciertamente, ha disminuido el interés por la lectura en general. La gente va al cine, que es el libro de los que no leen libros, escucha la radio, que es el piano de los pobres, o ve la TV, donde pasan más cosas en un minuto que en todas las novelas con premio juntas. Conviene, pues, no dejarse intimidar por un sentido reverencial del libro que no tiene sentido. A Maeztu le dio una vez por escribir irnos artículos sobre el sentido reverencial del dinero, y la gente, al comentarlos en la calle, no salía de su perplejidad. «¿De modo que, si queremos ir al cielo, vamos a tener que comulgar a diario con una perra chica? —se decían—. ¡Tiene gracia!» Pues lo mismo ocurre con el sentido reverencial del libro que fomenta Pilar del Castillo, de la Educación, de la Cultura y del Deporte. «¿De modo que, si queremos ser cultos, vamos a tener que leer a diario un planeta?» Y eso, claro, también tiene gracia. Total que, así como el sentido reverencial del dinero es protestantismo mercantil, y los protestantes lo utilizan para anunciar toda clase de productos manufacturados, el sentido reverencial del libro es culteranismo ministerial, y los ministros nuevos —por un ministro nuevo no hay que entender un ministro joven ni un ministro distinto de los otros ministros, sino un ministro que es ministro por primera vez— acostumbran utilizarlo para quitarse toda clase de complejos de inferioridad. Y es que, igual que un sentido reverencial del dinero revela falta de dinero, el sentido reverencial del libro revela falta de lectura, si bien el hecho de que uno no lea, o lea poco, no significa que nuestra literatura está en peligro.

Ni nuestra literatura ni, por supuesto, nuestra lengua están en peligro. Pocos habrán leído más libros —ni los habrán escrito mejor— que Alfonso Reyes, y, sin embargo, él sólo se sintió salvado el día que tuvo que separarse de sus libros. En cuanto a la lengua, sostenía que el español reina plenamente dondequiera que se escucha la «j», dondequiera que se esgrime al hablar el machete de la «j». Por ese lado, el dejillo de nuestras clases populares con el «ej’ que» —«ejque voy a la boda de la chiquilla, que se casa en Illejca»— ha de merecer más confianza que la Declaración de San Millán de la Cogolla.

 Alfono Reyes

La democracia alfabetiza, pero no cultiva, y, ciertamente, ha disminuido el interés por la lectura en general. La gente va al cine, que es el libro de los que no leen libros, escucha la radio, que es el piano de los pobres, o ve la TV, donde pasan más cosas en un minuto que en todas las novelas con premio juntas

Domingo, 10 de Noviembre

Valle de Esteban

¡eh gritó will la gente corre como
si ya hubiese llegado la tormenta!
¡llegó gritó jim, la tormenta somos
nosotros!

"No es Dios de muertos, sino de vivos"

DOMINGO, 10 DE NOVIEMBRE

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y de descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer». Jesús les dijo:
 
-En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos.

Lucas 20, 27-38

sábado, 9 de noviembre de 2019

Acabar en "eo"


ABC

De Quinto & Cagney

De Quinto

James Cagney

Reflexiones


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En ningún sitio del mundo se habla más (mala señal) de democracia que en España, hoy en Jornada de Reflexión, que es como el muñeco de la tarta del votante.

    Esta Reflexión (querrán decir “Meditación”) sería los ejercicios ignacianos del demócrata español, concebidos por el santo de Loyola en Manresa, donde notó que Dios le trataba “como un maestro de escuela a un niño”, y cuyo fin es ayudar a discernir y conocer lo que Dios, que en España es el Estado, quiere de uno, “y a desear y elegir esto”.

    –¿Por qué el sufragio universal no ha conducido al gobierno de los pobres, que son mayoría social? –se preguntaba el viejo Macpherson, un Pinker serio del país de la hoja de arce.
    
Dado que el gordo del sorteo de mañana ya lo cantó Sánchez en el debate (la economía mandilona que administra la UE será para la hija de Calviño, el masón de Lalín que llamó “evangelista” a San Pablo), marcho al campo a que los pajaritos me respondan “preguntas ociosas”, decía un cronista, que uno se hace en la Jornada de Reflexión.

    ¿Por qué al español le fueron otorgadas todas las libertades (incluso, al parecer, la de hacer naciones y la de separarse de la única que tiene), menos la de elegir, en votación directa y separada, a sus representantes en el poder legislativo y a sus gobernantes en el poder ejecutivo? Los analistas del sistema, que en realidad es autosistema (vive y se alimenta de sí mismo), dicen que por miedo al populismo, es decir, a los pobres. Se ve que el pobre hace con el voto lo mismo que con la limosna, dejárselo en vino.

    –El negocio del Gobierno es, y debe ser, el negocio de los ricos, que lo obtendrán por las buenas o por las malas –aclaró el señor padre de Stuart Mill, ídolo del antipopulismo.
    
¿Por qué, si así lo pide Ramoncín, cabe en la Constitución un referéndum que la convertiría en “Deconstitución”, y no cabe el sistema mayoritario uninominal a doble vuelta ni el sistema presidencialista que separaría los poderes?
    
Me sonríe una arcea, feliz (prohibida).

La peor forma de gobierno*



 Democracy is the worst form of Government except all those other forms that have been tried from time to time.” (Winston Churchill, The Official Report, House of Commons (5th Series), 11 November 1947, vol. 444, cc. 206–07)

Jean Juan Palette-Cazajus

Por más metidos que estemos en temporada de exhumaciones y comentarios ad hoc, casi vergüenza me da volver a exhumar, por sobadísima, la definición que de la democracia alumbrara Sir Winston. Pero es que hay una sistemática renuencia a sacar todas las consecuencias que yacen en su peculiar formulación negativa. Debida, pensarían en su momento, a la particular circunstancia histórica en que se pronunció, cuando apenas decapitada la hidra nazi, asomaban sobre los  escombros humeantes de Europa las nuevas cabezas aterradoras de la pesadilla soviética.

Pero debida también, sin duda, a un genuino escepticismo del estadista británico acerca de los horizontes políticos y éticos al alcance de aquella existencia humana que su paisano Tomás Hobbes describía “solitary, poor, nasty, brutish, and short”. Los tiempos son otros pero aquella definición de la democracia, restrictiva, obsidional convendría añadir hoy, resulta más vigente que nunca. Muy lejos quedan ya quienes, en tiempos de la Ilustración, pensaron la democracia, quienes trataron de alumbrarla en la Inglaterra posjacobita, durante las revoluciones americana y francesa. Aquellos solían compartir una visión optimista de la condición humana y de su mejorabilidad. En el fondo seguían siendo “creacionistas”  a su manera, por más que no fuera la de los evangelistas americanos, y creían que si había un “Ser Supremo”, éste no podía ser sino una verdadera hipóstasis de la Razón Ilustrada.

Muy lejos queda ya una situación histórica en la que se trataba de fundar una práctica, la democrática, de la que no se sabía nada, de la que no había antecedentes si dejamos de lado las referencias griegas en textos todavía mal establecidos y peor estudiados. Presentían su carácter utópico y prometéico. Y así Rousseau: “No hay gobierno tan propenso a las disensiones civiles y a las agitaciones intestinas, porque no hay ninguno que tienda de manera tan fuerte y continua a cambiar de forma, que exija mayor vigilancia y valor para conservarse en su estado. En esta institución es donde el Ciudadano, con mayor razón, debe armarse de fuerza y constancia y decirse a sí mismo, cada día de su vida y desde el fondo de su corazón …: Malo periculosam libertatem quam quietum servitium (Prefiero los peligros de la libertad a la tranquilidad de la servidumbre) . Proseguía: “Si hubiese un pueblo de dioses se gobernaría democráticamente. Pero un gobierno tan perfecto no conviene a los humanos”. Podemos disculpar que Rousseau y otros muchos, en aquella fase germinal de la reflexión política quedasen cegados por la utopía de una democracia directa y asamblearia. Volvió a tardamudear por un momento aquella utopía durante la acampada del 15M. Más lúcido que la suma de los incontables tribunos que se sucedían en el ágora parlanchín de la Puerta del Sol, Juan Jacobo ya anticipaba con lucidez premonitoria: “Nadie puede imaginar que el pueblo permanezca en constante asamblea para consagrarse a los asuntos públicos”. Con todo, el autor del “Contrato Social” no cejaba en su fe ilusoria en la ideal virginidad democrática: “Sea lo que fuere, a partir del momento en que el Pueblo se da representantes, ya no es libre; deja de ser el Pueblo”. Hoy, porque estamos hartos de escarmentarlo en carnes propias, sabemos que todo afán de pureza suscita la lógica e inquietante aparición inversa de  quienes establecen criterios de impureza. Y así el más famoso de los lectores del “Contrato Social” decretaba 30 años después de su publicación: “Partan de esta máxima incontestable: que el pueblo es bueno mientras sus delegados son corruptibles” (Robespierre, 10.07.1793). Ya conocemos el destino de los impuros.

Entre aquellos profetas y nosotros la diferencia es la que existe entre la democracia como utopía y la democracia como contingencia. La diferencia, en término kantianos, entre la democracia como “nóumeno” y la democracia como “fenómeno”. O, si prefieren, entre la democracia metafísica y la democracia física.

Si nos atenemos a la clasificación, sin duda opinable, establecida por “The Economist”, hay en 2019 21 democracias plenas en el mundo, definidas por un índice superior a 8. España figura en décimonoveno lugar. Recordemos de paso que ni Estados-Unidos, ni Francia, ni Israel, ni Italia,  por citar a unos pocos, satisfacen los criterios requeridos por el semanario británico.

Aquellas “democracias plenas” están basadas, todas ellas, en los criterios que más rechazo suscitaban entre los pregoneros de la utopía protodemocrática: separación de poderes, representantes y partidos (“facciones” hubiese dicho Robespierre).  Y es que, al igual que hoy, al lado de los divos intelectuales quiméricos hubo entonces laboriosos artesanos que se pringaron las manos con el barro predemocrático hasta el punto de navegar entre la confusión y la contradicción de los conceptos, todavía indefinidos: “[Los ciudadanos] no tienen que imponer su voluntad particular. Si dictasen voluntades, Francia ya no sería ese estado representativo, sería un estado democrático. Lo repito, el pueblo, en un país que no es una democracia (y Francia no debería serlo), sólo debe hablar, sólo debe actuar, a través de sus representantes” (Abad Sieyes, 7 de septiembre de 1789).

Las democracias actuales son el producto evolutivo de las resacas y las metabolizaciones de la historia.  Son simplemente la forma política más digna jamás alcanzada por minoritarias porciones de la humanidad para tratar de recorrer colectivamente el camino de la existencia humana, al cabo tan “solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta” hoy como en tiempos de Hobbes. Recordemos a Rousseau: “Un gobierno tan perfecto no conviene a los humanos”. Emitir la simple hipótesis de un gobierno democrático para las sociedades humanas fue una demostración de “Ubris” dijeran los griegos, una afirmación de de la desmesura occidental. El concepto de democracia presupone exigencias sobrehumanas de modo que el más logrado de sus advenimientos será por esencia insatisfactorio. Por esto es significativo que las andanadas tópicas dirigidas a la “partitocracia”, a la “mediocridad de los políticos”, a la corrupción del “sistema”, a las dudas sobre su representatividad, habitualmente aderezadas entre argucias y sofismas, suelan proceder casi siempre de los enemigos solapados o declarados del principio democrático. No tratan de mejorarlo sino de torpedearlo. Claro que enemigos de la democracia, básicamente, somos todos. Porque el demócrata sólo es aquél capaz de ejercer sobre sí mismo aquel esfuerzo crítico de autoextracción de la naturaleza humana -a sabiendas de su vanidad- que resume lo mejor de la cultura europea.

Cuando la democracia funciona correctamente, puede compararse con una respiración tranquila y regular: no somos conscientes de su existencia. Pero cuando aprietan los problemas, sean sociales, políticos, económicos o... nacionales la democracia no dispone de varita mágica. Es un instrumento ético de convivencia, no una herramienta milagrosa para enfrentar los problemas de un acontecer humano absurdo por esencia. Las soluciones, cuando existen, están más allá del ciclo de la vida individual. Al revés, su vocación de transparencia multiplica la percepción de las dificultades. Las leyes internas de su funcionamiento autocrítico, las exigencias del debate contradictorio, la multiplicidad de los intereses enfrentados, todo contribuye a aumentar el descontento y la frustración y la democracia tiende a ser percibida efectivamente por amplios sectores de la población como “the worst form of government”. Cuando Churchill pronunció su definición, las democracias estaban en situación de compararse ventajosamente con dos de las peores entre “those other forms”. Hoy no tenemos con quién hacerlo. Los peores atavismos de la pusilanimidad humana pueden volver a nublar los cerebros. Pocos son los individuos que en el fondo no aspiren a recobrar la paz de la obediencia, a renunciar a las responsabilidades del ciudadano y a buscar refugio en la estructura jerárquica, relacional y sexual de la manada del primate originario. Lo que resume la democracia es su fragilidad de porcelana.

Estas divagaciones desengañadas surgieron a raíz del sentimiento de sorpresa, luego de adhesión cómplice, que provocó en mí la lectura de un artículo de Rubén Amón graciosamente titulado: “A Ciudadanos lo va a votar su madre y yo también”. El periodista venía a decir que castigar a “Ciudadanos” en las urnas por el histrionismo errático de su líder equivalía también a poner en peligro la supervivencia de una opción política original y necesaria dentro del casposo espectro español. Una opción europeísta, laicista, sin lastres ideológicos fósiles o meapilas, añadiría yo, y además ajena al siniestro chapoteo de “Hunos y Hotros” en la casquería arcaica de la Guerra Incivil. Me pareció un fundamental ejercicio de lucidez y coherencia democrática. Como lo era su cita del politólogo francés Pierre Rosanvallon, para recordarnos que si algunos todavía tienen claras sus papeletas, son cada vez más numerosos quienes se resignan a las opciones disponibles: “ya no elegimos...'deselegimos', optamos y resolvemos por descarte”. Votar por descarte y no por adhesión desestabiliza la cerrazón ideológica de los partidos y los obliga a estar cada vez más atentos a la complejidad y la inestabilidad de los criterios en la sociedad civil. Larga vida pues a la peor forma de gobierno.
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* Una apología del Estado de Partios continental impuesto por el ejército vencedor en el contexto de la Guerra Fría. El español fue montado en una tarde por Suárez, jefe del falngismo, y Carrillo, jefe del comunismo, sobre un plan estratégico de Kissinger, secretario de Estado norteamericano, y Brandt, jefe de la socialdemocracia alemana, en el contexto de la Guerra Fría. En palabras del jurista alemán que lo inventó, "carece de cualquier atisbo de representación".
 (N. del E.)