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martes, 18 de mayo de 2021

La libertad

 


Gabriel Naudé

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La campaña de Ayuso banalizó la idea de libertad y ahora vienen los malentendidos.


    Veámoslo como en silabario, para que no nos enreden los metafísicos. La libertad, en serio, es política. Se es ciudadano cuando se tiene libertad política, que le permite (donde eso ocurra) elegir y deponer a sus gobernantes. Elige a quién obedecer.
    

Al sistema de gobierno que garantiza la libertad política llamamos democracia, inventada para impedir la soberanía del Parlamento, o dictadura de la mayoría. La libertad política no sale de los gobiernos, como cree Casado; son los gobiernos los que salen de la libertad política.


    –¡Necesitamos legislación! –berrean los caciques autonómicos.
    

La única “legislación” de la libertad política es la Constitución, nacida de un poder constituyente tras una gestación de libertad constituyente (donde eso ocurra) y que establece el juego de los poderes estatales. El “pack” incluye el estado de excepción, cuyo pin piden los caciques para activarlo en sus feudos con el pretexto de la peste. Vamos, golpes de Estado autonómicos, esencia barroca del acto político en consideración de Gabriel Naudé, que entiende el golpe de Estado como el acto extraordinario a que recurre un gobierno para lograr aquello que concibe como la salvación del Estado. O del Estadín. Así, las Autonomías dejarían de ser los “Estados vacíos de soberanía” de Jellinek para convertirse en diecisiete cortes de caciques soberanos, si soberano es quien decide el estado de excepción. Hoy es la peste, otro día es la vendimia, y si no, la matanza del chancho.
    

La Constitución supone la defensa de uno contra todos (donde eso ocurra), y la ley, la de todos contra uno. Casado cree que una ley lo vuelve todo legal, y pide una ley de pandemia, o sea una Ley de Defensa de la Salud a calcar de la Ley de Defensa de la República que redujo la libertad a una charla de Almeida.
    

Lo que los caciques autonómicos piden, y no se atreven a decir, es poderes para dictar bandos militares.

[Martes, 11 de Mayo]

Los muertos y las muertas. Karl Popper




KARL POPPER
1902-1994

Karl Popper quiso ser músico, pero cayó en la filosofía, donde se le atribuye la paternidad del racionalismo crítico. El 25 de Octubre de 1946 coincidieron en Cambridge Russell, Wittgenstein y Popper, que impartía una lección. Con el atizador de la chimenea en la mano, Wittgenstein, trece años mayor que Popper, desafió a éste a que pusiera un ejemplo de norma moral. Popper replicó: “No amenazar a los conferenciantes invitados con un atizador.” Wittgenstein, en un ataque de ira, arrojó el atizador y abandonó la sala dando un portazo. Popper escribió: “No creo que hayan existido nunca sociedades mejores que las occidentales. No son perfectas, pero están abiertas a las reformas, incluso ávidas de reformas.” Y advirtió: “Es hora de hacer la guerra por la paz. El peligro de las armas atómicas debe suprimirse por la violencia, si fuera necesario.” Cultivó el sentido del humor, que, al decir de los chestertonianos, ha sido desde la época del Libro de los Proverbios el martillo de los idiotas.

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Martes, 18 de Mayo

 

Valle de Esteban

Más tarde, cuando muera la primavera

lunes, 17 de mayo de 2021

El arte de despedirse

 

Grande en la plaza y grande en la calle

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    De Londres sacó Hughes la impresión de que en Stamford Bridge “este Madrid” se despidió por segunda vez.


    –Y es como si nos despidiéramos dos veces de un equipo. Como si el Madrid dilatara el momento de afrontar el nuevo fútbol.


    Una vez preguntaron a Curro Romero, Curro, por qué él, en los lances de recibo, siempre se despedía con una media y nada más (cuando en el toreo moderno lo normal es pegar seis medias, señal de que no se ha pegado ninguna), y contestó que, si uno no se despide varias veces de las personas que encuentra por las calles, por qué había de ser diferente con los toros que encuentra por las plazas. Media, y ya está. ¡Pero qué media!


    ¿Está “este Madrid” pegando medias verónicas sin ton ni son para despedirse de una época que fue suya e incorporarse al “nuevo fútbol”?


    Saber despedirse es imprescindible para pasar a la Historia por la puerta grande. Ahí está la despedida de Washington, en septiembre del 96, con un Discurso obra de Hamilton:


    –El espíritu de partido… excita la animosidad de unos contra otros y abre el camino a la corrupción y al influjo extranjero, que hallan fácilmente su entrada hasta el mismo gobierno por los canales de las pasiones de los facciosos.


    Que eso es acertar.


    El Madrid hubiera acertado despidiéndose con la Champions, mas no pudo ser, pues la baraka (y Courtois) sólo dio para evitar un marcador escandaloso. Zidane desafió tácticamente a Tuchel, aunque Zidane, él mismo lo dice, no tiene estrategia, “pero tengo otra cosa”. Como estratego deshizo la defensa para incrustar a Ramos y deshizo el ataque para incrustar a Hazard, y el resultado fue catastrófico, porque Ramos vive instalado en su partido de homenaje (¡un año despidiéndose!) y porque Hazard vino a Madrid como los ingleses a Marbella, a disfrutar del sol, que es la vida, y nunca se ha ocultado, actitud que desactiva la campaña demagógica desatada contra él porque, eliminado de la Champions, reía francamente con sus ex compañeros del Chelsea.


    A Hazard y a Isco tíldalos el pipero de rellenos de crema, y todavía nadie ha tenido en cuenta el factor político: si Ayuso hubiera chapado del todo la hostelería, Isco y Hazard no estarían tan tudescos para ejercer su profesión, que, por otro lado, tampoco debe de ser hoy muy exigente, teniendo en cuenta lo avanzado de la edad de tantísimos futbolistas de elite. Hazard en Londres no se fue el miércoles de nadie, pero, si lo ponen, ¿qué va a hacer? ¿Declararse en rebeldía? Entre ir de duque (“duke”) o ir de pato (“duck”), Hazard vio el Retiro y decidió ser pato y jugar, más o menos, los mismos partidos que el capitán.
    

–La oca está arrepentida de ser pato, / el gorrión de ser profesor de lengua china, / el gallo de ser hombre, / yo de tener talento y admirar lo desgraciada / que suele ser en el invierno la suela de un zapato.


    Despedidos de la Champions, ¿nos despediremos igualmente de esta Liga de la que tantas veces llevamos despedidos? Barcelona y Atlético formalizaron el sábado su despedida liguera. El sosiego de Koeman (la abuela a la solana, que dice Hughes), que juega al fútbol como el que va a Correos a mandar unos libros, y el aspaviento de Simeone, que de ninguna manera quiere jugar al fútbol, razón por la cual es el entrenador mejor pagado del mundo. A ninguno de los dos se le ve con la vista puesta en la Liga de Mourinho (cien puntos y ciento veintiún goles). Koeman y Simeone podrían seguir jugando hoy, lunes, y el resultado sería el mismo, 0-0, que es su manera de hacerle pasillo a “este Madrid” de las despedidas.
    

Al cabo, al fin, por último, la lógica, / los linderos del fuego, / la despedida recordando aquel adiós.


    De la despedida con o sin Liga depende el adiós o el sindiós de Zidane, y en esta tesitura, el adiós/sindiós de Ramos y de Hazard, a quien los demagogos, en su injusticia/sinjusticia, comparan ahora… ¡con Bale! En cualquier caso, algún cable pelado debe de haber en ese vestuario que justifique los acaboses de los James, los Ceballos, los Bale y los Hazard, que no todo va a ser culpa de los mantecados de Astorga que venda algún buhonero por Valdebebas, el campo que se le hace de pobre a Klopp y al que Courtois acude a pegarse barrigazos en Rolls Royce.



SPQR


    Mourinho a la Roma. Desde que Audrey Hepburn apareció en los 50 por allí para rodar con William Wyler “Vacaciones en Roma” (con el cameo inolvidable de “Cortés-Cabanillas, ABC de Madrid”), no se había visto tanta expectación. El portugués fue despedido por el Tottenham Hotspur (¡el equipo de sir Alfred J. Ayer, líder del positivismo lógico!”), con la única nota amable de Harry Kane (jugador, por un montón de cosas, muy del Madrid, como Llorente o como Parejo): “Gracias por todo Boss. Un placer haber trabajado juntos. Te deseo todo lo mejor para tu próximo capítulo.” Y ahora desembarca en Roma para levantar un equipo que podría tener que competir con una Juventus… de Zidane, si los chismes tienen fundamento y el francés se va con la música del desierto a Turín.

 
[Lunes, 10 de Mayo]

Los muertos y las muertas. Alberto Closas



ALBERTO CLOSAS
1921-1994

Alberto Closas, el Cary Grant español, murió a los pocos meses del estreno de El canto de los cisnes, de Arbuzov. Nacido en Barcelona –hijo de un consejero de la Generalidad–, educado en Francia y el Reino Unido, aventurero en Chile y Argentina, discípulo de Margarita Xirgu y, de regreso a España, estrella fulgurante del cine con Lucía Bosé en Muerte de un ciclista. Interpretó a Lorca, Alberti, Casona, Paso... Adolfo Marsillach: “La última vez que vi a Alberto Closas fue en una acera de la carrera de San Jerónimo y le dije: ‘¿Dónde va uno de los hombres más guapos de España?’ Nos sonreímos cómplicemente porque era verdad: estaba moreno, divertido, alegre. A los pocos días supe –él también– que tenía un cáncer. Lo llevó con elegancia. Incluso con ese distanciamiento finísimo de algunos actores que saben que no es de buen tono mezclarse demasiado con sus personajes.”

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Lunes, 17 de Mayo

 

Valle de Esteban

La primavera sin mancha

domingo, 16 de mayo de 2021

Entrar en política

 

Abc, 13 de Marzo de 2002


Ignacio Ruiz Quintano

 

Como ave precursora de primavera, Ana Botella deshoja la margarita de entrar en política, como si su presencia la enajenara, como si sus palabras la alucinaran, como si sus ojos la fascinaran y como si su aliento la envenenara. "Don Juan! ¡Don Juan!, yo lo imploro / de tu hidalga compasión: / o arráncame el corazón, / o ámame porque te adoro".

Por  "Don Juan" ha de entenderse aquí el votante común, es decir, el español de botellín, que ya habla en la calle de la vocación política de Ana Botella con la misma aprensión que sus abuelos acostumbraban hablar en el teatro de la vocación religiosa de Doña Inés. En cuanto a los abstencionistas, ¿en qué medida nuestro juicio sobre el valor de la vocación de una persona debería estar influido por el hecho de que la consideremos basada en una ilusión?

Planteada por un filósofo de Oxford, que ponía el ejemplo de la monja confiada en que es amada por su deidad y en que está destinada a un futuro feliz en el mundo venidero, la cuestión es si importa que la deidad en quien su amor se regocija no exista y que no  haya  ningún  mundo  venidero. El filósofo de Oxford no conocía la respuesta, aunque se inclinaba a contestar "sí importa" cada vez que leía a un filósofo de Cambridge que sostenía que una contemplación meramente poética del Reino de los Cielos sería superior a la del creyente religioso, si fuera el caso que el Reino de los Cielos no existe ni existirá realmente. ¿Qué?

¿Se dan ustedes cuenta de lo difícil que es entrar en política? Más que pasar un camello por el ojo de una aguja. Lo que ocurre es que, en España, cualquiera que lea los periódicos sabe que el Reino de los Cielos existe, y que ese Reino se encuentra en la política. Pero de la política, como es natural, no le es dado al abstencionista más contemplación que la meramente poética. ¿Y  qué vas a hacer? Uno se  hapasado toda la vida viendo pasar políticos, igual que los marineros de Colón se pasaron toda la noche oyendo pasar pájaros.

Para los periodistas, los pasos de los políticos también suelen ser señal de alguna noticia a la vista. No digo que cada vez que un famoso entra en política haya que escribir una "Fenomenología del Espíritu", como hizo Hegel la noche en que desde su casa oyó los cascos de los caballos de la escolta de Napoléon camino de la batalla de Jena, pero un folio, desde luego, hay que escribir, pues si algo se le exige a un periodista es que hable de todo.

Hablar de todo y darle jabón a la gente es lo que, según Julio Camba, hace que el oficio de periodista sea tan semejante al oficio de peluquero. La única pega es que, para hablar de todo, hay que saberlo todo, lo que es sumamente difícil, o no saber absolutamente nada, lo que, en contra de las apariencias, es mucho más difícil todavía. Nadie, en efecto, lo sabe todo y nadie tampoco lo ignora todo. Por regla general, argumenta Camba, lo que sabemos lo sabemos mal, y siendo esto así, ¿en qué podemos fundarnos para suponer que lo que ignoramos lo ignoramos bien?

De mí sé decir que, al menos sobre la entrada en política de Ana Botella, lo que sé lo sé mal y lo que ignoro lo ignoro bien. Sé que quiere entrar en política, pero ignoro si, como se dice, es una intelectual. Después de todo, también de otro Botella, el rey Pepe, se decía que bebía y que bizqueaba, y, sin embargo, era abstemio y francamente encarado de ojos en la  realidad. "¿Con  que  hay  otra  vida  más  /  y  otro mundo que el de aquí? ¿Con que es verdad, ¡ay de mí!, / lo que no creí jamás?"

 


Pepe Botella

Conversación con Domingo Ortega


Fallas de Valencia
José y Juan toreando caracoles




Por César González-Ruano


La casa de Domingo Ortega tiene, como los buenos toros, cuatro años largos. Está en el Parque Metropolitano. Se asoman sus jardines a un paisaje valiente y duro, culto y serrano, con una luz más fina que el agua que se bebe en esa sierra. Es de buena planta, como sus dueños. De buena arquitectura española, campera y señorial, sin otros remilgos. Unos perrazos tremendos la custodian.

Espere un momento, a ver si están atados los perros.

Sólo cuando me abren la verja de madera, una verja casi enana, entro. Es la una. Esa primera hora de la tarde que los madrileños llamamos aún hora de la mañana. La casa tiene, de entrada, un encanto grave y a la vez alegre: una buena distribución, que se inicia con dos salones comunicados. Muebles antiguos y sofás y sillones confortables. Cuadros. Así, de pronto, nada menos que un gran Solana trágico: un leñador de toro, un hombrecillo que se dispone a partir un toro muerto y colgado, con un hacha suspendida en el aire dramático y turbio.

Y el dueño de la casa, vestido de luces, por Zuloaga. Un retrato de Domingo Ortega grande, en un marco antiguo, todavía sin colgar. El famoso retrato que Ignacio Zuloaga pintó muy poco antes de morirse. Aquí está el Ortega de los grandes días de gloria, tan de gloria que seguían siendo años de esperanza. Está el torero en una de sus posturas habituales: el cuerpo ágil y un poco combado ante la posible faena; la cara ancha, casi oriental, donde la inteligencia se asoma a unos ojos metálicos de un frío caliente. Es un torero más de tierra que de carne. El pintor no ha querido pintar al fondo nada alusivo. Se alude la figura a sí misma: el torero está citando a la Fama. Con planta y desplante.

Cuando Domingo entra en la sala siento una necesidad imperiosa y quizá impertinente de ponerle junto al retrato. Este hombre, sobre el que han pasado desde entonces casi veinte años, admite la prueba vestido de gris en franela y en cabello. Está como entonces. El cuerpo es el mismo. Idéntica esa sonrisa evitada, esa alegría economizada por una seriedad aparente.

Domingo Ortega tiene una natural elegancia de movimientos. No le vienen grandes sus salones, ni su actual situación de rico ganadero, ni su actual posición intelectual, de amigo de Ortega y Gasset ni de Zubiri, de conferenciante, de hombre de mundo.

Pasamos a un salón grande que centra una chimenea de piedra, un salón que se escapa de sí mismo por grandes ventanas asomadas al día claro de primavera, un salón que tiene algo de campo edificado, de campo amueblado. Otros dos Solana. Se ven desde aquí nuevos muros con más cuadros: una naturaleza muerta de Durancamps, un Vassano... La conversación, que debe iniciarse sobre muchos valores entendidos, como lo hago siempre, decidido en su parcialidad, vencido a su necesaria economía de muchas cosas que se suponen sabidas por el lector, empieza dentro de las normas clásicas que nos son cada vez más gratas: por su principio cronológico. Tierras toledanas. Borox.

De niño jugaba ya a los toros. Como ahora puede ser un ambiente natural y propicio el fútbol, lo eran entonces los toros. Más aún en Borox. Teníamos allí la finca Valjuanete. En el pueblo se llamaba “Tierra de los toros”.

Famosa ganadería de Veragua. Nada menos que la ganadería que había sido de Fernando VII. Educación muy castellana de Domingo, centrada en la figura del padre, de una especie de autorización tácita.

Primeras capeas en Borox, hacia los diecisiete años del mozo.

¿Quería ser usted otra cosa?

–No; sólo eso.

No ve corridas de toros Domingo Ortega hasta más tarde. No hay ocasiones. Recuerda el día en que vio una primera corrida en serio como si la estuviera viendo ahora. 1927. En Aranjuez.

–¿Quiénes toreaban?

BelmonteMarcial Lalanda y otro... Creo que era el primo de Marcial.

Ya no puede ver toros Domingo hasta 1929, en Madrid. Y entonces, su rápida, su increíble carrera taurina, que empieza tarde, pero ¡con qué seguridad, Dios mío! Sólo había toreado seis novilladas cuando Gitanillo de Triana le da la alternativa en la plaza de Barcelona.

–Fue el 8 de Marzo de 1931. Empecé entonces a ver los toros, ¿cómo le diría...? Empecé a verlos críticamente, y estos juicios, que entonces empezaban, me acompañarán ya hasta el final de mi vida.

Habla Ortega muy bien. Con una gran justeza y eficacia en sus palabras. Sabiendo lo que se dice, lo que quiere decir, lo que deben oírle y entenderle.

–¿Qué dificultades iniciales encuentra usted en el toreo?

–Me encontraba con un desconocimiento total del problema. Sólo me salvaba por la intuición. Había toreado muy poco. Salvador García me había dado lecciones técnicas toreando de salón.

–¿Quién era Salvador García?

–Un torero viejo, hombre de muy pocas palabras y que sabía mucho. No pudo ser un gran torero, pero era un gran teórico. En este arte lo principal es conocer al toro. El toro es una personalidad activa. Un toro es lo más parecido que hay a un hombre. Todos son distintos, pero todos pueden y deben responder, si se les sabe llevar a algunos conceptos fijos.


Hablamos ahora de los dos grandes tipos de toreo: el clásico y el de los gitanos.

–Marcial y Cagancho o Gitanillo de Triana. Marcial responde a una línea clásica. No hay que olvidar en Marcial tampoco que había visto y aprendido mucho de Gallito.

El miedo. ¿Hay miedo en el toreo? ¿Debe haberlo? ¿Tiene que haberlo?

–Un hombre que está muerto de miedo no está en posesión de su arte. El ideal sería que el torero fuera a la plaza sin esta preocupación del miedo, que es una psicosis de ambiente. El torero no da el máximo porque lleva una cosa de prejuicio sobre él. No se puede dejar llevar por el público; es el torero el que tiene que llevar al público. Debe tener en todo momento un criterio. Antes de gustar, lo primero que tiene que hacer es gustarse a sí mismo.

(Esto me lo ha dicho así. Comprendo que queda un poco confuso; pero como son palabras que pertenecen lo mismo a la razón que a la magia, prefiero transmitirlas tal y como me fueron dichas.)

–Diferencias entre el toreo que llamamos de antes y el de ahora. ¿Hay verdaderamente muchas diferencias?

–A mi modo de ver ha cambiado todo. Y esto ocurre porque es el toro el que ha cambiado. Partamos de esta idea: el toro es todo en la fiesta. No se anuncian corridas de toreros, sino de toros. La personalidad del arte está en el toro. Y el toro ha cambiado.

–¿En qué, principalmente?

–En su parte física. En la cuerna y en la frente. Antes eran más ágiles, más frentados, con los cuernos más largos. Se ha cambiado el físico del toro voluntariamente.


Ahora habla el ganadero, el que puede hablar. El que ha sido torero antes que ganadero, esto es: ángel antes que fraile.

–La raza del toro ha empeorado. Se ha caído en una degeneración del sistema ganadero. Yo dije a los ganaderos hace dos años que el sistema de selección del semental era malo, y les proponía otro. No me ha hecho nadie caso.

–¿Y de aquí, según usted, ha cambiado también el toreo?

–Claro. El toreo de hoy ha tenido que hacerse con otra clase de animal.


Revuelvo en la taza el nescafé. Es la hora del aperitivo, y mi aperitivo es siempre, donde esté, un café con leche. Faltan unos minutos para ir a comer. Estamos citados en Arriba con Ismael Herraiz, con quien vamos a almorzar.

Domingo dice al chófer que se quede. Coge el volante –en el que es maestro– y vamos al periódico. Almuerzan con nosotros también Díaz-Cañabate y Julio Fuertes. Comida en Chipén. Conversación sobre el viaje de Domingo Ortega a Alemania. Munich. Conferencias de Ortega y Gasset y días de vieja amistad de los dos Ortega. Experiencias de la vida alemana. Vuelta a la conversación de toros.

–¿Va usted mucho a los toros, como espectador, Domingo?

–Sí, mucho.

–¿Y se ven de muy distinta manera los toros desde la barrera que en el ruedo?

–Arriba no podemos ver al toro como lo ve el torero. Por mucho que pueda entender un buen aficionado, no puede ni adivinar las cosas que ocurren en la arena.

–¿Hay toros inteligentes y toros tontos?

–Claro, como entre las personas. El toro no sabe embestir. Va mejor o peor, según cómo se le sepa tratar. Una cosa es dar pases y otra cosa es torear.


(Aforismos conversacionales de Ortega cogidos en el almuerzo: “Quizá en los toros debía haber un árbitro como en el boxeo”. “El toro tiene que suponer siempre un peligro; sin peligro no hay arte”. “Cargar la suerte no es abrir el compás. El torero profundiza cuando avanza su pierna hacia el frente y no hacia el costado”. “Hay que saber tres cosas: parar, templar y cargar”.)

–Públicos. ¿Es muy distinto el público en un sitio o en otro?

–Los públicos del sur son más benévolos que los del norte; creo yo que porque comprenden mejor al toro.

–¿Y los americanos?

–Muy parecidos a los del sur, pero por causas distintas: quizá por el espectáculo mismo, por la alegría de la fiesta.

–¿Se ha ganado en popularidad o se ha perdido?

–Verá usted... Yo creo que antes el toreo era una fiesta regida por las minorías de aficionados. Por otro lado, hoy los precios de las corridas impiden que sea una fiesta popular.


Domingo Ortega, a las cinco de la tarde, terminado el almuerzo, ha venido a tomar una copa a casa. Junto a mi chimenea continuamos esta conversación, que ninguno de los dos tenemos ganas de acabar.

–¿Por qué quiere usted volver a torear, Domingo?

–El toreo es puro romanticismo. Lo que pasa es que el torero no lo sabe. Cree que torea por dinero. No es verdad. Torear por dinero es un mal negocio. Fíjese en la cantidad de toreros que salen y en los pocos que llegan. ¿Quiénes tienen dinero? Quizá no sean ni cuatro. Quiero torear para poder comprobar mis juicios críticos.

–¿Y de facultades?

–Bien. Para torear hacen falta menos fuerzas físicas de lo que se cree. El secreto está en no derrochar las pocas fuerzas físicas que hacen falta.


Vocación intelectual. Domingo la tiene. Ha podido admirar a cuatro ricos, a cuatro aristócratas, y ha preferido admirar a un puñado de intelectuales.

–Yo toreo mejor si he leído, por ejemplo, a un buen escritor. Esto no es una frase. Es verdad.

–¿Qué escritor hace más huella en usted?

–No sé... Quizá Ortega y Gasset.

–¿Cuál es la condición moral o intelectual de usted en la que se encuentra más seguro?

–Mi mejor condición es la capacidad admirativa.


Fuma Domingo Ortega los mismos pitillos emboquillados que yo he fumado siempre, y que le hacen, como a mí, en el Casino de Madrid, donde él suele ir casi todas las tardes. Fumando y charlando nos han dado las ocho. Hemos hablado también de supersticiones.

–¿Es usted supersticioso?

–Mucho no, algo. Por ejemplo, tengo la superstición de lo verde. Un traje verde me horroriza. La primera vez que me cogió un toro fue con un vestido verde. Yo no llevo nunca nada verde.

–¿Cuántas cogidas ha tenido usted?

–Creo que ocho. Generalmente suele ser culpa de uno. El toro, técnicamente, no le debe coger nunca al torero. El toro siempre anuncia lo que va a hacer. Depende de que uno lo vea.

–¿Usted mira a los ojos del toro?

–No; hay que mirarle a las orejas. Según las mueve va a hacer una cosa u otra. Su expresión es la oreja. De los ojos del toro no tenemos ni idea. Lo que él ve, no lo sabemos. He hablado mucho de esto con el doctor Barraquer.


Hablamos todavía de muchas cosas. De Manolete, por ejemplo. Ortega le vio casi muerto en la enfermería de Linares. Él había salido de Madrid la misma tarde que le había cogido el toro. Iba a torear él allí al día siguiente.

–Me reconoció perfectamente... Habló conmigo.

Hablamos de Belmonte. Según Domingo Ortega, Belmonte es el tipo físico perfecto de torero, tiene las dimensiones que deben tener sus brazos, se desliza bien...

–La estampa física del torero engaña mucho al público. Por ejemplo, Belmonte tenía muchas más condiciones físicas que Cagancho.

A Domingo Ortega le gustaría mucho escribir. Ha escrito algo, naturalmente, y va a escribir más. Pero lo encuentra difícil. Él insiste en que lo cree muy difícil. Le digo:

–Más difícil me parece a mí torear.

–Pues no lo es.

–Pero será, en todo caso, más peligroso.

–El toreo con atención es mucho menos peligroso de lo que parece. No es peligroso. Sin atención es, en cambio, peligrosísimo.

–Querido Domingo, como la vida.



(Publicado en Arriba, el 4 de Abril de 1954)
 
  

Los muertos y las muertas. Manolo Prieto



MANOLO PRIETO
1912-1991

Manolo Prieto fue el artífice de la silueta de España, un toro negro y enorme, que es el Toro de Osborne, aunque le costara Dios y ayuda convencer a los Osborne –los Osborne de 1954– de la idoneidad comercial de la figura por causa del tamaño de los genitales, “un tanto desmesurados”, al decir de don Ignacio, el patriarca. Mas ahí quedó, y Bergamín pudo escribir: “A España negra y vacía, oscura como la noche, la llena un toro de sombra, un toro negro y enorme. ¡Tenebroso Toro Osborne! ¿Por qué este toro fantasma por las llanuras y montes de España entera, nos sale al paso con un reproche? ¡Tenebroso Toro Osborne!” El primer toro se alzó en Cabanillas de la Sierra, Burgos, en mayo de 1957, y costó treinta y dos mil cuatrocientas pesetas. Un toro salvado por el Patrimonio Artístico de la estulticia predatoria del Ministerio de Obras Públicas.

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Domingo, 16 de Mayo

 

Valle de Esteban

Primavera a la madrileña

sábado, 15 de mayo de 2021

Los peajes

Felipe el Hermoso


Bonifacio VIII

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Tras el fracaso de la “fiscalidad voluntaria” de Sloterdijk, volvemos a la disputa entre Felipe el Hermoso y Bonifacio VIII: “Toda alma debe pagar impuesto”. El sanchismo resucita los peajes o portazgos en todos los caminos de España, cosa que intentó Borrell, que en sus ratos libres de perseguir a Lola Flores desdoblaba carreteras, y se lo impidieron por “inconstitucional”.
    

Ninguna autoridad podrá adoptar medidas que directa o indirectamente obstaculicen la libertad de circulación y establecimiento de las personas y la libre circulación de bienes en todo el territorio español –dice la Constitución, de la que no se cumple un solo artículo.
    

Cuando Nelson bloqueó a Napoleón en Egipto, los sanchistas franceses, por si Europa les hacía la guerra, establecieron, para proveer a la defensa, un impuesto sobre puertas y ventanas, “signos externos de riqueza”. Napoleón escapó y la armó, y los ingleses establecieron el IRPF, un impuesto temporal por el tiempo que durase Napoleón, de cuya muerte se cumplen ahora dos siglos, y ahí sigue el IRPF.
    

Aunque aún viven cuervos que vieron pasar bajo sus altas almenas a las huestes de Napoleón –arrancaba un discurso ochentero de Fraga, padre del PP, cuyo sucesor, Rajoy, va de gagman con Gonzalón, y su gag más divertido es presumir de ganar las elecciones con la promesa de bajar los impuestos, “y lo primero que hice como presidente de un gobierno de derechas fue subir siete puntos el IRPF”.


    ¿Desobediencia? La relación protección-obediencia es la almendra del Estado hobbesiano: si cesa la protección, falla la obediencia, y con estos peajes el Estado nos protege de las excursiones familiares y hasta de matarnos. Además ¿adónde queremos ir, si todos los sitios son iguales?


    –Doctor, aquí en Texas, a 35 millas por hora, ¡no se llega nunca! –contestó el gobernador texano a Galbraith, que en la guerra impuso ese límite de velocidad para ahorrar caucho al reducir el desgaste de los neumáticos.


    ¿Y qué dice “le pouvoir constituant”?

[Sábado, 8 de Mayo]

Los muertos y las muertas. Conchita Montes



CONCHITA MONTES
1914-1994

A Conchita Montes no la llamó nadie María Concepción Carro Alcaraz: también en eso fue única. Conoció a Edgar Neville en un viaje en tren y ya no se separaron más. Isabel Vigliola, que convivió profesionalmente con ellos durante veinte años, tiene escrito: “Vivimos juntos en Londres, cuando estrenó El baile en inglés. Y en Malibú, la casa de Marbella que Conchita vendió a Sean Connery poco tiempo después de morir Edgar. Ella siempre tenía encendida una lamparita con un perfume discreto que se mezclaba con el agradable que ella usaba. Cuando acababa de dictarme y yo me quedaba pasando el trabajo a máquina, ella se ponía un abrigo de piel y se iba, conduciendo su automóvil, a fiestas maravillosas. Era la única actriz, en esos años, que hablaba varios idiomas, tenía una carrera universitaria y poseía un visón y un coche. Espero que se comprenda mi fascinación.”

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Sábado, 15 de Mayo

 

Valle de Esteban

San Isidro Labrador

viernes, 14 de mayo de 2021

Córdoba. Patio de la Casa de las Campanas

 

 


El ayusismo

 


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El populismo, tan tergiversado por los medios, el único populismo, es la democracia. Del “Tout pour le peuple et par le peuple” jacobino al “Government of the people, by the people, and for the people” de Lincoln en Gettysburg. Y los pueblos, gracias a Dios, no son reflexivos; los pueblos son sentimentales. En esa sentimentalidad está la explicación del ayusismo.
   

 –Pero usted, Raquel, es cristiana. Vaya usted a ver la Santa Teresa del Bernini, las Dolorosas de Guido Reni, las Madonas de Sassoferrato. Mire usted ese patético dulce, teatral, un poco falso, oportunamente nacido para conquistar los transportes de la incipiente sensibilidad burguesa. Insista usted en ese patético dulce de sollozos contenidos. Estúdielo. Es el de usted.
    

Eso le dice Rafael Sánchez Mazas (padre de los Sánchez Ferlosio), corresponsal de ABC en Roma, a Raquel Meller, artistona educada en un convento de Perpignan por una tía suya superiora.
    

Yo –anota Umbralaprendí a hacer artículos en usted, don José María (Pemán), si es que he aprendido, y en otros escritores del ABC, desde los monárquicos a los falangistas, que todos escribían muy bien: Foxá, Sánchez Mazas, Montes, Mourlane, D’Ors, Ruano y todo eso.
    

Está mejor contenida Ayuso (lo que supone como fenómeno, que es lo que importa) en ese “patético dulce, teatral” de Sánchez Mazas que en todas las garatusas liberalias con que el “mainstream” que no la vio venir trata ahora de camelar a la mujer del momento en Madrid.
    

Si uno fuera Zubiri (“Zubiri es un español que nunca ha pedido nada”) podría decir que el ayusismo es la “textura del acontecer” en esta época, que es “un tiempo de desfundamentación”.


    En el Madrid ochentero vivimos el fenómeno popular de Joselito Arroyo, con su “patético dulce, teatral” estilo de torear que desmayaba a las mujeres.


    –Hasta en esto –observó el indio Guillén que nos frecuentó hace un siglo– se revela la sicología de un pueblo. En Francia las niñas se llaman Fifí o Mimí. Aquí son Angustias o Dolores.


    Pues eso.

[Viernes, 7 de Mayo]


Joselito Arroyo en una versión para Blanco y Negro 

de Alberto García-Alix 

Los muertos y las muertas. Jaume Perich



JAUME PERICH
1941-1995

Jaume Perich Escala, El Perich, dejó escrito en su última viñeta: “Decir que los pobres somos mejores que los ricos es una tontería... La prueba es que todos los pobres quisiéramos ser ricos.” Pero en su vida hizo más frases. Sobre la juventud: “La gente joven está convencida de que posee la verdad. Desgraciadamente, cuando logran imponerla ya ni son jóvenes ni es verdad.” Sobre la honradez: “Ser honrado no conduce a ninguna parte que aprecien los demás.” Sobre los días de la semana: “En realidad los días de la semana deberían ser: Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes, Sábades y Domingues.” Sobre las matemáticas: “Las matemáticas son una ciencia exacta salvo cuando te equivocas.” Sobre la inteligencia femenina: “El mejor homenaje que se puede hacer a la inteligencia de la mujer es que a ciertos deportes se les llame ‘de hombres’.” Meditación final: “Del polvo venimos y al polvo vamos. Así que el polvo tiene mucha importancia en nuestra vida.”

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Viernes, 14 de Mayo

 

Valle de Esteban

Pensando que el camino iba derecho

jueves, 13 de mayo de 2021

El desahucio de Makoki

(Foto: Jesús J. Matías)

 

Anda hecho polvo el dibujante Juanito Mediavilla, padre de Makoki, Juan Jaravaca o El Niñato, personajes de cómic alumbrados en aquella Barcelona fascinante de los años 70, cuando las Ramblas, el Raval o la Boquería eran de verdad y lo mismo alternaba con Vázquez Montalbán que con Javier Mariscal y compañía. Anda triste e indignado porque por una carambola de lo más tonta e inocente, por ingenuidad y cierta desidia, puede quedarse «en la puta calle» la semana que viene: una orden de desahucio pesa sobre él y su pareja, Isabel, inquilinos ambos de un bajo en el 67 de la calle Calzadas. No sólo es la casa familiar de Juanito Mediavilla -desde mediados de los años 50, cuando él tenía apenas cuatro años- sino también, y no menos importante, el lugar en el que se ubica el estudio en el que sigue dando rienda suelta a su talento artístico desde que volviera a instalarse con sus láminas, sus lápices, sus rotuladores y sus pinturas en su Burgos natal. 

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 Uno y Dos

EVOCACIÓN DE GALLARDO Y MEDIAVILLA 

Competencias penitenciarias

 

El Golden Gate desde Alcatraz (Foto de Beatriz Fernández)

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

          Llevo varios años apuntando aquí, en Salmonetes..., que mucho más determinante que la condena que le caiga al reo es la cárcel donde ingrese a cumplirla. Incluso, en el mismo Centro Penitenciario conseguirá los beneficios penitenciarios antes en un Módulo que en otro.


        Un servidor ha visto cómo un atracador que entró a tiro limpio en un banco y al que condenaron a ocho años salió de permiso y alcanzó antes el tercer grado que el conductor que lo esperaba con el coche en marcha y al que le cayeron tres años y seis meses. Aclaro que el primero, listo y cautivador, era ordenanza del equipo de tratamiento, mientras el segundo, introvertido, serio y escueto trabajaba de auxiliar en el economato. La clave está en caer bien al Equipo de Tratamiento. Desde que desaparecieron las redenciones, "románticas y obsoletas" argumentaba la gente que vive del Derecho, con el Código Penal del 95 los beneficios penitenciarios los deciden, no el trabajo y el comportamiento en prisión, sino los pareceres de los Equipos de Tratamiento: juristas, criminólogos, psicólogos, educadores, subdirectores, directores, médicos, trabajadores sociales.... Estos equipos ya no necesitan el informe del funcionario de vigilancia que está todo el día con el interno. Es más, muchos de los miembros de esos equipos los desprecian, rechazan e incluso toman a mal que el funcionario de vigilancia piense y tenga criterio. 

Cuando se aprobó el nuevo Código me malicié y así se lo hice saber a los directores y muchos de los equipos que he ido conociendo estos últimos 25 años, que la novedad me parecía peligrosa e injusta pues la Dirección General a las órdenes del Ministro de Justicia podría intervenir y empujar a los Directores de los Centros a cometer arbitrariedades.
      

No creo necesario recordar el procedimiento que se siguió para conceder el tercer grado penitenciario a De Juana Chaos ("¿Que no lo ha dado el equipo de Huelva? Pues se le traslada a Madrid y se habla con el Director"). Antes del 95, en la redención nadie podía interferir. Si el interno se portaba mal no redimía y por mucho que le denegaran los beneficios a pesar del buen comportamiento, cada dos días trabajados le restaban uno. Igual para todos. En el todos caben terroristas y violadores. He llegado a pensar que contra éstos últimos se eliminó la redención con lo obligatorio y fácil que era legislarlo en el Congreso, "..sin posibilidad de beneficios antes del cumplimiento de las 3/4 partes de la condena", por ejemplo, y no que la libertad dependa de un psicólogo con manías.
     

Con la cesión de las competencias de las prisiones al País Vasco creo que el retorcimiento del Reglamento Penitenciario va a traer mucho más dolor propio que vergüenza ajena y así como los políticos presos en Cataluña nos parecen jefes de los funcionarios que los custodian, los equipos de Tratamiento de las cárceles vascas argumentarán para dar permisos y terceros grados que los presos de Eta llegan a los Centros en 2º grado y no en 1º que es el que corresponde por reiterada desobediencia al funcionario. "Yo no barro, ni friego la galería".
       

¿Admitiría, comprendería o tendría usted por ajustado a Derecho que de las hermanas Ángela y Luciana Izquierdo hubiera dependido la libertad de sus hermanos Antonio y Emilio, aquellos furibundos asesinos de Puerto Hurraco? Dirá usted que no le parece bien colar semejante barbaridad en los asuntos que trata el Gobierno con los virreinatos autonómicos pero no está de más que apunte usted que los Izquierdo fueron juzgados por el Código antiguo, que Emilio falleció en el siquiátrico de Badajoz en 2006 y Antonio se ahorcó en 2010 el día que cumplió los 20 años de condena al ver que le aplicaban una cosa que se llamaba doctrina Parot. Doctrina de la que diez después está prohibido hablar.
      ¡Ah! y sobre los criterios que han de seguirse para distinguir las alarmas sociales, mejor no entretenerse. La autoridad distingue bien a los competentes... y a las competentas.

El pasillo Messi



Berti Vogts y Johan Cruyff


Pepe Campos

Taiwán

El fútbol español ha vivido los últimos años (bastantes, pues Messi va para provecto) en el pasillo Messi, es decir, el pasillo que todos los equipos han dejado para que pase Messi, de manera imperial al comienzo (allá cuando Rijkaard y Guardiola), de forma jadeante en las dos últimas temporadas. En ese pasillo que se le ha dejado a Messi para que pase (un pasillo diagonal, en ocasiones, horizontal, otras vertical, para que culmine) han colaborado todos los equipos de la liga y todos los entrenadores, menos en su día Mouriño, que en partido crucial eligió a Pepe para que taponara ese pasillo, pero Pepe —sin referencias cercanas en ese oficio de tapar a una estrella del fútbol— se equivocó y se fue a frenar a Dani Alves (Desdémona) que con su lloro enterneció al árbitro de entonces y marcó un definitivo camino para el pasillo Messi (el pasillo de Messi, el pasillo para Messi) cediéndoselo en propiedad con la aquiescencia de periodistas piperos, buenistas y defensores del espectáculo de ver a Messi pasar y hacer, porque mal futbolista no es. Hay equipos que han bordado el pasillo Messi, pongamos como ejemplo cimero al Atlhetic de Bilbao, en esos partidos de la Copa del Rey (los de los silbidos y en la reciente del Covid).


El pasillo Messi ha supuesto, finalmente, un aislamiento del fútbol español durante los últimos años, pues mientras aquí se escenificaba esa pleitesía por corrección futbolística (tocar y tocar el balón, nada de apreturas, defensa en zona: algo que se exportó al exterior —al fútbol europeo y al mundial— y coló —coló, coló—); en tanto, una cierta regeneración nacional futbolística (Bayern de Munich, por ejemplo) se ha ido forjando. Lo vimos no hace mucho en el Chelsea contra el Real Madrid. La vuelta a un fútbol de antaño, de fuerza, de despliegue, de contacto, de vigilancia. No he vuelto a ver aquellos primeros Chelsea-Real Madrid de 1971, cuando el gol de Zoco, y cuando todavía Gento. Un Real Madrid técnico pero asfixiado por el fútbol potente inglés que dominaría los años setenta. Nada de zarandajas: fuerza, táctica, correr y ganar. Un fútbol inglés de aquellos tiempos similar al Chelsea que percibí en esta última eliminatoria de la Champions citada. Fuerza y convicción, y nada de dejar pasillos a nadie, ni andarse con toques y toques y toques. Un fútbol hacia delante. Un fútbol obrero, porque el fútbol auténtico pertenece a los obreros (cierto que ya casi no existen: digamos que puede estar representado por los verdaderos indignados —tal vez, el Brexit o lo que hay detrás— o por la idiosincrasia germánica —hablábamos del Bayern, pero hay otros equipos en Alemania— que retorna siempre a su origen, a su mentalidad, al punto de partida de las cosas).
 

Bien, ese aislamiento del fútbol español ha determinado esas derrotas últimas del Barcelona y del Real Madrid en Europa, viéndose impotentes ante una evolución futbolística (retorno) que no atendía a buenismos, y aunque impregnada de esos males mayores que han contaminado al fútbol moderno: el pase atrás (cuando Panizo, aquello fue revolucionario, reflexivo, hoy es mareante, cobarde) y la defensa en zona, mecánica, por metódica, que permite abrir pasillos, para jugadores pícaros, sabios, con instinto, que pueden olfatear su propio modo de penetrar la barrera de jugadores: defensores que están pero no vigilan, que reparan en lo amplio, pero no en lo nimio. Y entonces lo nimio (por detallista) pasa y se hace querer. Lo escenifica y convence. Hace gracia. Y se hace necesario. Y se hace intocable. De ahí, al pasillo Messi. Cierto es que otros futbolistas, no lo han logrado. Ésa es su grandeza. Hay que reconocerlo. Hemos defendido aquí que el fútbol no se puede basar en dejar hacer a la figura del equipo contrario —si lo es y marca diferencias—, y que esta figura necesita para ser neutralizada un marcaje, una vigilancia: apostar por ello (responsabilidad del entrenador) y determinar qué jugador es el apropiado para llevarlo a cabo (un especialista que ha desaparecido). Ahí está el marcaje de Berti Vogts a Johan Cruyff en la final del mundial de 1974. Sin patadas, sin entrarle. Sino pararle, obstaculizarle y sacarle del partido. Vujadin Boskov decía que venía bien aquello de poner al peor nuestro sobre el mejor de ellos. Tampoco hay que exagerar. Pero sí saber que el fútbol puede tener muchos registros.

Napoleón


 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La victoria de Ayuso en Madrid, donde, según la izquierda, los franceses sólo paran para embriagarse, coincide con el segundo centenario de la muerte de Napoleón.


    –El príncipe Fernando me llama su primo al escribirme. Trate de hacer comprender al duque de San Carlos que eso es ridículo y que debe llamarme simplemente Señor –fue la nota que envió Napoleón a su ministro Talleyrand para cortar en seco la campechanía del futuro Fernando VII.
    

Bien mirado, el primo sólo lo hizo Napoleón invadiendo Rusia, en palabras de Blücher, el general prusiano que socorrió a Wellington en Waterloo, cuando vio en 1814 los palacios imperiales (“Hay que ser tonto para tener todo esto y pretender invadir Moscú”), un error casi tan gordo como el del ciudadano Aguado en el gobierno de Madrid.
    

Primo por primo, Aguado ha quedado como Plon-Plon, aquel Príncipe Napoleón primo de Napoleón III, y tan lila, que decía no tener que ver con Napoleón I. “Sí, ¡tu familia!”, le decía el Tercero. Pero Plon-Plon, que se las echaba de anticlerical, contestaba comiendo salchichón el Viernes Santo y hablando bien de Proudhon, programa de Ciudadanos en esta contienda electoral, de la que sale Ayuso en andas, mitad Evita y mitad Juana de Arco, la Doncella de Orleans, aunque en su caso a los ingleses los tiene en su partido. El Matriarcado implacable de Madrid, que diría Gecé: “La Mujer ama-de-casa, la Mujer que cuando asciende al Mando en política hace un Estado-cocina-costurero y hasta corralito”, a la que pringan los centristas de lágrimas y mocos.
    

Para volver de la tragedia a la comedia, no hay más que sentarse –dijo Napoleón, una vez coronado.
    

De la tragedia de la libertad a la comedia del toque de queda.
    

Un amigo francés de los toros, Palette, me pide que dedique hoy unos minutos a pensar en un dato cronológico tremendo: entre la toma de la Bastilla y Waterloo transcurrieron 26 años, y son casi 46 los que han pasado desde la muerte de Franco. La Europa de dos velocidades.


    –Para que nos hagamos una idea.

[Jueves, 6 de Mayo]

Los muertos y las muertas. Ginger Rogers



GINGER ROGERS
1911-1995

Ginger Rogers (Virginia Catherine McMath, nacida en Independence, Missouri, Estados Unidos) fue una artista con madre hasta que ganó un concurso de charlestón y pudo ponerle ritmo a la Depresión. Entonces apareció Fred Astaire (Ginger y Fred) y el formidable bailón La carioca en Volando a Río. Tuvo seis maridos y trabajó con galanes como Cary Grant, Dan Dailey y David Niven. Su separación artística de Fred Astaire fue una muestra más de su cansancio de la rutina: hizo cine en solitario, y lo mejor de ese cine fue una comedia que se llamó Damas del teatro. Y hasta gozó de su cuarto de hora de inmortalidad académica cuando en 1940 Hollywood la distinguió con un Oscar por su papel en Espejismo de amor, de Sam Wood. A los cincuenta y cinco años decidió retirarse –retirarse a tiempo–, sentándose cada tarde a ver a la vida pasar en un porche de su rancho de Oregón.

IGNACIO RUIZ QUINTANO
(Del libro Serán ceniza, mas tendrá sentido / Ediciones Luca de Tena, 2006)

Jueves, 13 de Mayo

 

El Centro Apoyado

miércoles, 12 de mayo de 2021

El liberalismo gatofloro


 

Hughes

 Abc

Se entiende difícilmente al PP. Durante la pandemia desarrollaron el ‘liberalismo covidiano’. Había cierres, confinamientos y restricciones, pero al abrir los bares de Madrid ya se permitieron hablar de libertad (Libertad) y todo eso de lo que hablaron. Era el liberalismo covidiano, que es un liberalismo muy raro, la verdad, contradictorio y casi se diría que oximorónico. Ya Casado le había firmado cheques en blanco a Sánchez, pero lo de Ayuso con los bares y su patetismo libertario de terrazas les permitió desembocar en ese discurso. Mal no les fue.

Como hay una guerra total por la ‘narrativa’ del covid, y lo del liberalismo ya lleva al PSOE y sus esclavos a apropiarse del dolor y de la conciencia de la enfermedad y a considerar fascistas los botellones, ahora se acaba el estado de alarma, Sánchez se quita (completamente miembrisuelto) el asunto de encima y sale entonces Casado, con su empaque de Castelar, pidiendo que nos limiten los derechos fundamentales, pero no con alguna de las opciones que permite la Constitución, sino con una ley orgánica hecha al efecto. El objetivo: que limitar derechos fundamentales sea más fácil, que les sea más cómodo, y que sea realizable por las taifas. ¿Por qué no? Según ellos vivimos ahora mismo en un vacío legal, vivimos en pecado normativo, no hay normas, no tienen instrumentos para nada. Lo único de lo que disponemos es del conminatorio “caballero” policial. Estamos en pecado jurídico y hace falta una ley para, de la ley a la ley, hacer lo que les convenga.


-Necesito esto y esto y lo otro.


-Haz una ley.


Casado sale al ruedo y se propone arreglar el caos, pero ¿cómo? Con una operación jurídica que haga más fácil, no menos, restringir nuestros derechos fundamentales. Ponerle a Sánchez y a todos los virreyes autonómicos, incluido el galaico, un buen arsenal jurídico en las manos, que tienen pocos. Es tal el celo de Casado que Sánchez va a acabar siendo el que evite que nos encierren, el de la libertad. El hombre que ha practicado sexo con la Constitución es ahora el que tiene que recordar que… ya hay una Constitución.

Este asunto del “hagamos una ley” (o mejor, hágala usted) para limitar los derechos fundamentales ya es curioso, pero lo que resulta incomprensible es qué tipo de libertad es esta libertad del PP y qué liberalismo es el suyo (porque nos han dicho que volvía a reír la primavera liberal). Durante el estado de alarma pedían libertad, luego con Ayuso ya éramos los más libres del mundo, venían de Europa aquí a respirar nuestro aire libre, bajaban del avión, se quitaban la mascarilla e inhalaban el oxígeno libérrimo (¡venían a respirar!). Pero ahora acaba el estado de alarma y… queremos ‘caenas’. El mes pasado fuimos libres, antes no y ahora tampoco ¿por qué? Porque hace falta una ley. Hace falta una ley (¡de la ley a la ley!) que nos vuelva a hacer libres retringiendo derechos fundamentales.

Pedían libertad, ahora leyes restrictivas. Es el liberalismo de la gata flora, el liberalismo gatofloro de Casado, que hay que ir sumando a la colección: teníamos el liberalismo de ‘nos traeremos la City’, el liberalismo covidiano de la terraza y ahora el liberalismo gatofloro que consiste en que restricciones no, pero restricciones sí; estado de alarma sí, pero no, pero no, pero luego sí, pero queremos libertad, pero ahora una ley orgánica para meter a la gente en su casa con mucha legalidad. Este liberalismo gatofloro, que también será gatopardo, produce una fuerte sensación de cámara oculta. 


De Pablo a Pablo

La taberna


"If They Fired Thro' His Arse"

Luther Baldwin Insults President Adams

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Tezanos, el nuevo Caballero de la Tenaza, dice que los votantes de Ayuso salen de la taberna. ¡Como la fortuna de los Rothschild!
    

Tezanos, ese Calabacillas del hermano de Juan Guerra, ignora que su partido salió de una taberna madrileña que aún despacha pavías de bacalao. Y que la Primera Enmienda (“…el Congreso no aprobará ninguna ley... que constriña la libertad de expresión o de prensa”…) de la única Constitución democrática que hay en el mundo se salvó en una taberna de Newark, Nueva Jersey. Los federalistas impulsaron (contra la opinión de Hamilton) una ley de sedición para defenderse de las injurias de los republicanos cuya víctima más sonada fue Luther Baldwin, que bebía en la taberna de John Burnet cuando paró allí el presidente Adams, recibido con una salva de cañón.
    

–Por ahí va Adams, y los soldados detrás, disparándole al culo –balbució Baldwin–. Que luego no me digan nada, si le dan en el culo.
    

El tabernero llamó a la policía y el bebedor acabó en la cárcel, hecho un héroe nacional. Jefferson se subió a ese carro (¡populismo, populismo!), ganó las elecciones, perdonó formalmente a Baldwuin y se abrazó a la Priemera Enmienda.
    

Tezanos no es malo, pero comete el error liberalio (los liberalios son supremacistas sociales) de creerse ilustrado por tener lentes y boqueras. El liberalio (¡siempre tan atezanado!) justifica el despotismo legal por razones pedagógicas: el tabernario inculto es educado por un “législateur”, y su rebeldía es domada por el “Zwingherr” (tirano) de Fichte, y el Estado liberalio se convierte así en “fábrica de cultura”.
    

A Tezanos se le escapa el rasgo definitorio de la servidumbre voluntaria, que es la autonomía de la obediencia. En España, según mi ensayista, los pobres han votado siempre el programa monetarista de los banqueros hecho suyo por el Psoe.


    Schumpeter se percató de la irracionalidad política de las masas y la atribuyó a su imbecilidad ante el poder: su pensamiento se hace asociativo y afectivo.
    

Qué viejo estás, Tezanos.

[Miércoles, 5 de Mayo]