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miércoles, 17 de julio de 2019

El turre



Hughes
Abc

Perdón por la pobre calidad del documento gráfico. Me lo mandaron hoy por whatsapp y no pude evitar recogerlo aquí. Es una foto para que la conviertan en cera: El Momento Político. Líder de izquierdas ofrece diálogo a encargado de formar gobierno impertérrito.

El genio del fotógrafo (que no sé quién es, y le pido perdón) capta el momento exacto en el que Pablo Iglesias le está dando a Pedro Sánchez una soberana chapa que le resbala. No se molesta en ocultarlo. Sánchez, con apenas un gesto (¡ya no tiene ni que hablar! ¡Es como un Emperador en funciones!) deja a Pablo Iglesias convertido en un mete tubos de campeonato, errejonizado (¡tal para cual!), devuelto a la arena de lo deliberativo y asambleario.

El turre debía de estar siendo menudo y Pedro Sánchez pone una cara de circunstancias mientras Pablo Iglesias, licenciado, premio extraordinario, doctor y dueño de Másteres, se explaya con manos argumentativas.

-Pedro, en esta circunstancia no se nos puede pedir que

Iglesias le mete el tubo que le mete a los votantes con esa cara de yo lo intento, yo hago lo que puedo, yo soy bueno, todo esto se me está ocurriendo ahora, pensamientos frescos, persuasivos pero puros, ¡recién ordeñados de mi voluntad de diálogo! ¿Se hablan los políticos entre sí como a sus votantes? 

¿Hay derecho a que lo hagan? ¿Se castigan hasta ese punto?

Pedro Sánchez parece a punto de guiñar el ojo a lo Millán Salcedo, pero adopta un aire institucional (cruce de manos), un poco mártir incluso, un poco penitencial (¡Qué cruz!) y se somete pasivamente a los fotógrafos y a la chapa inmisericorde. Pero en sus ojos, si nos fijamos un poco, vemos que asoma el umbral de la alienación y la pena de sí mismo y luego, en el fondo, esa posibilidad líquida de ira que hay siempre en el blanco del ojo de Pedro Sánchez.

Su cara es la cara de Steve Martin sufriendo a John Candy en “Mejor solo que mal acompañado”. La mirada de alguien obligado a aguantar a un compañero de viaje indeseado.


Mentiras sin "contextación"

El sueño de Franz Gürtner


Ignacio Ruiz Quintano

La utilización lúdica de los gritos de alarma (“¡Que viene el lobo!”) conduce al niño por primera vez a la mentira. Lo dice Popper, un liberal de mucha confianza, para quien el pensamiento comienza… con la mentira.
El domingo, en París, Macron se subió a un tanque para conmemorar el nacimiento de la mentira (y gorda) como arma revolucionaria: los crímenes de la Bastilla que a Saint-Just, que no era un Borja Sémper, le parecieron propios de caníbales. El miedo del Capeto, su “Te Deum” con los diputados, igual de asustados que él, hizo el resto.
Yes, Obama deported more people than Trump but context is everything –tuiteó la CNN el sábado.

No diga “mentira”; diga “contexto”.

Según el “contexto” nacional, la Eta ha perdido, pero Otegui tiene púlpito en el Pirulí, y en el aniversario de Miguel Ángel Blanco, Bildu, con el voto pepero, se quedó con el momio ideológico de los derechos humanos en Guipúzcoa.
En el “contexto europeo”, la derrota en el 45 fue de los totalitarismos, pero sólo en los campos de batalla, pues culturalmente ahí están, tan ternes. Nunca se veneró tanto al Estado (fascismo) ni nunca se respetó menos al Espíritu (estalinismo). ¡Si hasta el ministro de Cultura habla de cambiar “la medicación”!

Que alguien cambie de medicación –dijo Guirao (o Guirado, para sus jefes del PP en Madrid) para negar que hubiera vetado al abogado defensor de “la Manada” en un curso de verano de la Universidad de Cádiz, en cuyas ergástulas, por cierto, murió el único demócrata que diera España, Francisco de Miranda.
Contra el veto al abogado sólo se han alzado, como dos torrecillas de coraje, los decanos de los Colegios de Cádiz y Sevilla. Todo lo demás es silencio. Estamos en el sueño de Franz Gürtner, ministro de Weimar y de Hitler, y “pastor del ser” alemán en ese “claro del bosque” que es su Código Penal basado en el “sano sentir del pueblo” (“gesundes Volksempfinden”) generado por la voluntad del Partido (“Gauleiter”), que aquí son todos los partidos. ¡Chsss!

Miércoles, 17 de Julio

Valle de Esteban

Un bello niño de junco, 
anchos hombros, fino talle, 
piel de nocturna manzana, 
boca triste y ojos grandes, 
nervio de plata caliente, 
ronda la desierta calle

Miércoles, 17 de Julio

Valle de Esteban

tan concreto en la libre
desolación del aire

martes, 16 de julio de 2019

La humildad de Rapinoe: "No sé si soy Alí"

Rapinoe y su Discurso de la Igualdad
¿Usted cree que todas las personas son creadas iguales?
 ¿Cree que la igualdad salarial debería ser obligatoria?




CHUCK TODD: Entonces, un viejo reportero de boxeo, que ahora es un locutor de béisbol, Charlie Steiner, me dijo que te veía como un Ali moderno, y esto es lo que escribió Sports Illustrated. "Hay elementos de un Ali moderno, Muhammad Ali, el difunto boxeador, en la combinación de Rapinoe del deporte y el activismo social, por no decir nada de su capacidad para dirigir la atención de los medios, incluso cuando es negativo en ciertos círculos, hacia ella. ventaja." ¿Qué opinas de las comparaciones de Ali?

MEGAN RAPINOE: Oh. Eso es muy halagador. No sé si soy ... si soy Ali, pero estoy feliz de ser el mejor aliado que pueda para Ali.

Martes, 16 de Julio

Valle de Esteban

El pavés de la Fe

lunes, 15 de julio de 2019

Ropa interior

Lina Tono

¿Qué son los calzones rotos de las mujeres?

Placer y dolor.

En la muerte de Pernell Whitaker



Who Killed Davey Moore?


De Guardiola a Rapinoe


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Cerrado Hollywood por defunción (feneció de muerte natural), la fama de los cómicos dejó de ser útil para el agit-prop del Progreso, y los medios comienzan a arrojarse como garrapatas sobre la fama de los futbolistas, que, con su imagen de inocencia, gozan de mayor crédito. Aquí la cosa empezó con Pep Guardiola, que aprovechaba sus ruedas de prensa para vendernos el separatismo catalán con la misma cara que nos vendía el instantaneísmo espacio-tiempo del tiquitaca, que no es un método guardiolés, sino “aragonés”, de Luis Aragonés, que lo rescató del baúl de los recuerdos de los entrenamientos de Marcel Domingo y lo puso en marcha en el Combinado Autonómico para sacar provecho de un equipo de enanos. La Maña (nada, pero algo, que ver con la Emilia Giménez del Paralelo) sobre la Fuerza, entendiendo como tal aquel equipo nietzscheano de Clemente en el Mundial de los Estados Unidos.

    A Guardiola se le acabó la linde española, pero él siguió arando con su lazo catalanista por Alemania y luego por Inglaterra, donde un príncipe moro del Fair-Play mantiene al Gandhi de Sampdor como si fuera un charlatán de colección salido de la cantera del Speakers Corner: somos una nación, nos enchiqueran por votar, España “ens roba”, y así un día, un mes, un año, un siglo, la Renaixensa y… la órdiga.

    A Guardiola le ha sucedido en el Speakers Corner del Progreso la Rapinoe, una metedora de goles americana que se peina como Marcos Llorente, el medio centro que el Atlético le ha birlado al Madrid, y que vio el cielo de la publicidad mediática abierto cuando se puso a arrancarle pelos al lobo trumpiano. “Si me invitan, no voy a la jodida Casa Blanca”, tuiteó Rapinoe, y con ese taquitín se ganó a la izquierda de América, que quiere que el candidato demócrata en las presidenciales del 2020, de ser elegido, la nombre… Secretario de Estado, como Jefferson, como Kissinger, como Baker… En el “As”, el periódico que leímos de chavales por Hebrero San Martín, a Rapinoe le dan bastante más cancha que a Bale, gracias a lo cual sabemos que Rapinoe exige, en nombre de la Santa Igualdad, ganar lo mismo que Bale (o que Messi, o que Cristiano), aunque ni Bale (ni Messi ni Cristiano) han contestado con la exigencia de poder declarar las mismas ocurrencias políticas que Rapinoe. Mas como esto, al final, va de vender camisetas, no nos sorprendería que, de no venir Pogba por los doscientos o trescientos millones de libras que el United le pide al Madrid (que los pagaría, sólo por concederle ese capricho a Zidane), viniera Rapinoe. Por la Constitución del 78, que prohíbe la discriminación por motivos de sexo, no iba a quedar. (“Soy diputado y me ampara la Constitución”, dijo Calvo-Sotelo a los escoltas de Prieto que entraron en su casa para matarlo). La única pega es que, al parecer, un equipo de chavales de quince años arrasó a la selección de fútbol femenino que acaba de ganar la copa del mundo. Por otro lado, ¿es más masculino el fútbol de Benzemá que el de Rapinoe? “Masculino” era aquel fútbol de los tiempos de Biurrun, portero del Athletic, que llegaba tarde a una entrevista y se disculpaba con un “perdona, estaba haciendo de cuerpo” al periodista.

    El mejor análisis sociológico (la sociología sólo es fraseología) lo ha hecho, como siempre, Valdano, que en la última Copa de América ha descubierto “una afición que estudia en Harvard”, ese establo marcusiano que los prograjos consideran la Sixtina del Saber. El fútbol, dice Valdano, ya es “chic” y eso trae consecuencias (sólo hay que mirar los primeros planos del público en el Bernabéu): los jugadores se convierten en modelos sociales que salen en “Vanity Fair”. Y un alegato de esos que parece un editorial del Periódico de las Elites y que le valieron a Valdano el maravilloso título de Valdanágoras:

    –En la Copa América vimos un público absurdamente blanco para un país que tiene como un tesoro la diversidad racial. Donde antes veíamos a un hincha de pie, ahora hay uno sentado con una copa de champán en la mano que sólo se levanta para festejar un gol o para aplaudir a Bolsonaro en la entrega de premios.

    ¿Qué? ¿Lo pillan ustedes? “Sí, pero no”. Como todo el mundo. Ésta es la razón por la cual Carvajal, el carrilero de Leganés con barba de labriego, acude a las ruedas de prensa con tres asesores de comunicación, y eso que todavía no ha roto en Rapinoe, dando su opinión sobre los pactos de la partidocracia o, simplemente, avisando que, si lo invitaran, no acudiría “a la jodida Moncloa” porque el eslogan “Haz que pase” daña la autoestima de muchos españoles que, por mucho que hagan, no consiguen que les pase nada (bueno).




“TU EST POGBA”

El gallego Camba se monda de risa con un catalán que conoció en la basílica de San Pedro: estaban bajo la cúpula, con la boca abierta de admiración (como Valdano en Harvard), cuando el catalán dijo: “Mire, mire. ¡Qué casualidad! Yo no sabía que aquí hablaban del Tibidabo…” Y apuntaba con el dedo al friso de la cúpula: “Tu est Petrus et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam, et tibi dabo claves regni caelorum…” Etcétera. El Madrid aspira a que Pogba sea su Petrus, y un periodista preguntó a Nadal su opinión: “Pogba es un gran jugador. A veces el dinero es una locura, así que no quiero algo que creo que es exagerado en términos de dinero. Eso es todo”.

Tradición es ilusión: el caso de los Encierros

Hemingway (izq) y su clan. Pamplona, 1925


Jean Juan Palette-Cazajus

Es sano que las definiciones del DRAE, como las de cualquier otro texto sagrado, resulten tan discutibles como polémicas, pero de las ocho acepciones ofrecidas del concepto de “tradición”, ninguna deja de suscitar en mí particular desaliento. Para muestra la primera y, se supone, más general e importante: «Transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc., hecha de generación en generación.» Tampoco es labor de los ilustres académicos meterse en camisa de once varas antropológica o filosófica, lidiando con una palabra envenenada. Es tal el guirigay semántico e ideológico alrededor de la bendita noción, que hasta servidor puede atreverse a pegarle un breve capotazo al morlaco. Vamos allá: «Tradición es Ilusión». Definición lacónica. Tal vez merezca un escolio explicativo a la manera de Spinoza. Intentémoslo: «Ilusión de perennizar y sacralizar cualquier producción histórica de la mente humana mediante la  creencia de que su periódica repetición ritualizada podrá preservar una pureza originaria». O sea, ilusión de vencer o parar el tiempo. Ilusión de que uno pueda bañarse todas las veces que quiera en un mismo y eterno remanso del río de Heráclito.

Antiguas soledades

Hay dos ámbitos en que el recurso a las ilusiones de la «tradición» resulta particularmente desastroso, inadecuado e inoperante: la historia de las naciones y la de los toros. Y en este último apartado viene siendo particularmente interesante la evolución de los «tradicionales encierros de San Fermín». No debería ser necesario recordar que, «tradicionalmente», el llamado «encierro», en Pamplona como en otras muchas ciudades españolas, tenía la única finalidad de conducir hasta los corrales de la plaza donde se lidiarían por la tarde, los toros de una corrida, previamente traídos desde su ganadería de origen y custodiados en algún cercado inmediato a la ciudad. Operación habitualmente realizada con la necesaria ayuda de los cabestros. Lógicamente la operación debía realizarse lo más rápidamente posible y con el menor quebranto de los toros que habían de lidiarse posteriormente. 

“Tradicionalmente” también, el alcohol y la testosterona hacían que un número indeterminado de varones jóvenes soliese irrumpir en el recorrido para arriesgarse ante los pitones de los toros y así publicitar la valía y el tamaño de sus dídimos. Un momento más en la eterna lucha darwinista por el éxito reproductivo, o al menos su placentera práctica. Dicho de otra manera, de cara al correcto cumplimiento de aquella rutinaria operación de manejo de las reses, la irrupción de los “mozos” era un coñazo intempestivo: desorganizaban la manada, maleaban y quebrantaban los toros y provocaban numerosas tragedias en épocas anteriores a la asepsia y al Dr Fleming.

Encierro... familiar

De modo que, por centrarnos en el caso de Pamplona, hubo varios bandos a lo largo del siglo XVIII que prohibían correr ante los toros. En 1867 se decidió reglamentar lo inevitable. Cuando aparecen los documentos fotográficos o cinematográficos, lo primero que llama la atención, hace menos de un siglo, coincidiendo con las primeras visitas del clan Hemingway (1925), es la impresionante escasez tanto de público como también de corredores, la mayoría de ellos con indumentaria festiva pueblerina, compuesta por boina, americana y alpargatas de esparto. Sólo a partir de los años posteriores al vuelco civilizacional del 68 e incluso a la muerte del dictador se van imponiendo las camisas blancas y el pañuelo colorao. Pero la generalización del albo y poco tiempo impoluto uniforme “pamplonica”, desde pies a cabeza, es cosa tan reciente que ayuda a comprobar hasta qué punto la precaria memoria humana tiende a considerar tradicional toda idea o práctica social que supere los diez años de existencia.

Calle Estafeta. Lo que va de ayer...

La naturaleza  del peligro en aquellos encierros era mucho mayor, potencialmente, que en la actualidad. El toro recelaba de cualquiera de aquellos extraños advenedizos que corrían ante su ancho campo de visión. El astado podía elegir a quien embestir y donde cornear. Viendo las viejas fotos de cornadas, uno sólo puede preguntarse cómo es posible que no se produjeran más víctimas mortales. En los sesenta años que van de 1910 a 1969, época que, de forma rudimentaria, podría calificarse de “premultitudinaria”, mueren 8 corredores. Los siete años de la breve época que podríamos llamar de transición, entre 1974 y 1980, son los más sangrientos, con 5 víctimas mortales, dos de ellas en 1980. Tres muertos contemplan los 39 últimos años, el último en 2009. Cualquier persona que haya sentido una mínima curiosidad por el encierro está enterada de que los que saben correr los toros con capacidad y dignidad son unos pocos y en cambio muy amplio el número de los que corren delante de los toros, abanico que abarca desde los numerosos inconscientes hasta las masas deportivas que se pegan unos cientos de metros de carrera atlética y madrugadora donde el toro no desempeña ningún papel.

Las buenas carreras de los corredores experimentados, cuando se consigue “coger toro” y se puede llegar hasta “templarlo”, pocas veces llegan a los cien metros salvo situaciones excepcionales que se recuerdan durante toda una vida. Parece que en aquellos años geológicos conocidos como “protohemingwayanos”, correr a tope era la única técnica necesaria, a sabiendas de que el burel tenía donde elegir si quería ir a por ti. En la era multitudinaria, el magma humano que envuelve al toro se ha vuelto tan denso que actúa como un sedante que inhibe la acometividad selectiva del animal. Las cornadas pueden producirse y se producen, pero ya sólo pueden hacerlo por razones de fatalidad estadística: Es tal la densidad de carne humana que el pitón encontrará forzosamente alguna oportunidad mecánica de clavarse. Pero el toro pocas veces hallará situación donde decida cornear “voluntaria” u “opcionalmente”.  Afirmación atrevida, sin duda discutible, pero merecedora de algún minuto de reflexión. La contrapartida es que los corredores “serios”, los que acuden a Pamplona como “monjes soldados” del encierro, los que se acuestan a las once de la noche sin rastro de exceso alcohólico -conozco algún ejemplar-  deben dedicar la parte más importante de su desgaste físico a la lucha fratricida por el espacio vital antes de pretender “pillar toro” en medio de la marabunta.

Porque si volvemos a la definición inicial del encierro que dábamos hace un rato, cualquiera entiende que el encierro pamplonica sólo pudo convertirse en un espectáculo “per se” en la medida en que se rompía la buena marcha del operativo funcional. Y así para que los corredores pudieran lucirse y surgieran los momentos de emoción y peligro, eran y son necesarias unas cuantas contingencias: que la manada se abra o se estire para que los corredores puedan “pillar toro”; que alguno o varios de los toros adelanten a los cabestros y tomen el liderazgo de la manada; que la manada se rompa en dos o más tramos; que algún toro quede rezagado o incluso se dé la vuelta. Todo el mundo sabe que estas dos últimas posibilidades son las que generan mayores emociones y peligro y permiten el lucimiento de los corredores más experimentados y con mayor sangre fría. Dueños algunos de una autoridad natural que les permite encabezar un grupito de corredores capaz de suplir a los cabestros, tranquilizar al toro y traerlo limpiamente hasta el Coso de la Misericordia.

Calle Estafeta... a hoy

Uno de los lugares emblemáticos donde se partía la manada pero donde también se caían, lesionaban y amontonaban toros y corredores, deportados por la gravedad, era la curva, casi en ángulo recto, entre Mercaderes y Estafeta. “El problema se solucionó” hace algunos años gracias a un producto antideslizante que obra milagros. Las comillas quieren recordar que muchos consideran que así empezó la banalización del encierro actual o mejor dicho su proceso de “neofuncionalización” desde los nuevos criterios de la espectacularidad televisiva, de la industria turística, de la corrección ético/política y, last but not least,…del “bienestar animal”. Toda la presente edición del ciclo sanferminero ha venida marcada por el runrún acerca de los actuales cabestros que parece significar un nuevo paso en esa evolución.  ¿Cuál es el problema? “Atletas” para unos, “cabestros artistas” para otros, o también “supermandones”, los dos guías de la punta de mansos, apodados Messi y Ronaldo, galopan que se las pelan, encabezan la manada a un ritmo infernal y no permiten en ningún momento que los toros se les adelanten. La manada enfila cohesionada y hermética hasta la plaza cumpliendo a la perfección con la función original del encierro. Pero los corredores no encuentran en ningún momento la oportunidad de coger toro en unos encierros que se vienen convirtiendo en un simple ejercicio atlético cuyo único interés parece residir en sus posibles beneficios para la salud. «Encierro limpio y rápido» dicen todos los días los chicos de la prensa. La situación parece tan alarmante que varios corredores veteranos decidieron protagonizar una sentada de protesta en los momentos previos al quinto encierro, el pasado día 11.

Sentada de protesta, día 11 de Julio

Llegados a este punto conviene hacer algún recordatorio. No hay ningún fenómeno humano que no esté sometido al cambio y a la entropía. La palabra tradición nunca ha definido realidades. Suele usarse como el conjuro con que nuestra frustración sueña congelar el tiempo de los  fenómenos en un momento concreto de su mutabilidad que nosotros quisiéramos definitivo. Tal vez exista realmente en la evolución de los entes existenciales fases en que vengan coincidiendo, transitoriamente, unos picos de máximo vigor y autenticidad. O tal vez solo sea otra ilusión. Es enorme el reto intelectual que supondría tanto la legitimación como la invalidación de mi hipótesis. El momento de máxima conciencia de un fenómeno es aquel en que la persistencia de una pasada vitalidad ya viene acompañada por el sentimiento inexorable del cambio y de la finitud. Suele ser el momento en que empezamos a invocar la tradición. Es lo que está pasando con la historia de las grandes naciones europeas. En el caso concreto de los encierros de San Fermín, la mitificación externa les ha venido imponiendo un progresivo e imparable proceso de corrosión. Si intentamos aplicarles mi anterior hipótesis, podríamos conjeturar un momento transicional en que los efectos de la corrosión fuesen todavía llevaderos mientras la verdad antropológica del encierro mantenía su vigor. Yo fecharía esa fase en algún momento entre la década de los 50 y la de los 80 del pasado siglo.

Creo en las estadísticas, suelen ahorrar mucha verborrea ociosa. Según datos de 2016, un 28% de los corredores dicen ser habituales, un 26% ocasionales, un 46% debutantes. 45% de los corredores son extranjeros. De los nacionales, solo un 14% todavía es de Pamplona. Suelen correr el encierro entre 1500 y algo menos de 3000 personas, según los días, en calles sorprendentemente estrechas.

Nuevas tradiciones

Tradicionalmente, actores como espectadores, ambos en número limitado, solo podían percibir o vivir fugaces retazos de una totalidad que se les escapaba. Fue la  televisión la que transformó el encierro en un espectáculo completo y abarcable por la mente. Pero si el punto de vista cenital de las cámaras transforma el encierro en una totalidad cronológica y panóptica, la televisión es incapaz de transmitir los miles de microvivencias que constituyen su realidad orgánica y se han vuelto imperceptibles. A bote pronto, viendo su asombrosa espectacularidad detallista, podríamos pensar que esas microvivencias han sido recuperadas por la fotografía. Engañosa ilusión: las bien llamadas “instantáneas” solo pueden ser consideradas como un vistoso cambalache, una ficción congelada que suplanta una realidad orgánicamente definida por el tiempo y el movimiento. El encierro es víctima de una doble y terrible paradoja: la sobreexposición mediática y gráfica ahoga su vibración ontológica. La grandeza del encierro era la suma de las vivencias individuales de los buenos corredores que lo legitimaban. Suma de esfuerzos y proezas, generosidades y mezquindades, heroicidades y a veces tragedias. Asombrosa nobleza del anonimato. Respeto entre pares.


12 de Julio de 1936

Así como se denominaba “kaloikagathoí”, “bellos y buenos”, a la élite de los griegos, la élite de los corredores era conocida como los “divinos”. La palabra volvió a oírse en el funeral del gran Julen Madina, accidentalmente fallecido en 2016. Pero los “divinos” también hacían méritos para  ser llamados, como lo hacían entre ellos los espartanos, “hómoioi”, los “iguales”. Hoy se ha roto el anonimato, varios corredores destacados sueñan con la fama personal, visten camisetas futboleras de rayas, senyera valenciana, verde bético, morado vallisoletano, rojo atlético, fucsia, pistacho. Pronto las cadenas los equiparán con micros y cámaras y “viviremos” su carrera en directo. Pronto el encierro se irá pareciendo a “Supervivientes”. Tradición es, más que nunca, Ilusión.

 Tampoco podemos terminar sin recordar que la potenciación mediática del encierro, obedece para muchos a la voluntad proclamada de acabar con las corridas de toros en Pamplona. But that's another story.

Colorines colorao, el anonimato s'acabao (Miuras, 14 de Julio)

Lunes, 15 de Julio

Valle de Esteban

Por las ramas del laurel
vi dos palomas oscuras

domingo, 14 de julio de 2019

Abrazarse

ABC

Ahora mismo, más que una familia,
 son una fórmula de la física

Domingo, 14 de Julio

Valle de Esteban

Las tardes a las tardes son iguales

"Anda y haz tú lo mismo"

DOMINGO, 14 DE JULIO

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». Él le dijo:

-¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?

El respondió: «“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”». Él le dijo:

-Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida.

Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?». Respondió Jesús diciendo:

-Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?

Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo:

-Anda y haz tú lo mismo.

Lucas (10, 25-37)

sábado, 13 de julio de 2019

No culpes al juntero




Hughes
Abc

Como ya es sabido, Bildu presidirá una comisión de Derechos Humanos en Guipúzcoa. Menos sabido es que esto contó con el voto a favor del PP, para más inri en el aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco.

En el ABC de hoy nos lo recuerda Ignacio Camacho, que denuncia lo sucedido: “Con el voto a favor, por cierto, de un juntero del PP que inexplicablemente aún sigue en el cargo, porque si tuvo un despiste es un inútil y si lo hizo adrede, un villano. Pero ése es sólo un aspecto colateral de un caso que demuestra la vileza que suele gastar el nacionalismo vasco…”.

No puedo evitar añadir que el nacionalismo vasco no es vil, el nacionalismo vasco es nacionalismo vasco, pero sobre todo encuentro demasiado homeopático que se centre el sujeto en el juntero. Esto es una responsabilidad del partido, no del que votó, por erróneo que fuera su voto. Aquí votan los partidos. Incluso si la causa fueran trazas de “amateurismo”, se habrían encontrado en la organización. La respuesta ofrecida después es poco contundente y no puede satisfacer a sus simpatizantes, los primeros perjudicados por el extraño error del señor Cano. Yo no pido ni deseo que destituyan a nadie (quién soy yo) pero deberían pedir disculpas a la japonesa y haberlo hecho de manera inmediata. Salir todos a la pantalla dando cabezazos japoneses de contrición durante varias horas porque de lo contrario algún malpensado relacionará la falta de atención de Cano con su relajada homologación institucional de Bildu con Vox. Todo empieza en un desliz, en cierto error grosero que se deja pasar. Primero fue el error de concepto y ahora el error de hecho. Y sobre ambos se pasa como sobre un lapsus, un eructillo involuntario, un manchurrón. ¿Qué se fizo del “voto útil”? 

Incluso si aceptamos el lamentable error humano, éste es un voto bastante inútil. Durante meses, el centroderecha (todo junto) ha ido conformando alredededor de Vox un tótum revolútum al que añadían de manera confusa programa del partido, declaraciones de sus líderes, opiniones personales, deslices tuiteros, actividades pasadas y excentricidades y carcundias de miembros marginales. Todo era bueno para el caldo. Un concejal de Villacascajo dice cualquier barbaridad y es titular informativo. El “centroderecha” no ha sido en esto precisamente escrupuloso: todas las xenofobias, racismos, homofobias, transfobias, lgtbifobias son del partido. Unos han salvado a sus votantes (“Son más fanáticos los líderes”) y otros (más sabe el liberalio por viejo que por liberalio) han salvado a Abascal, culpando de todo a la pareja Espinosa-Monasterio. Y no sé cómo funcionan aquí las propiedades de la teoría de conjuntos, porque si uno de Vox dice algo entonces Vox dice algo, pero si uno del PP vota con Bildu… ¿vota el PP o vota el juntero?

Haciendo mía la inmortal melodía de los Jacksons Five, el Blame it on the Boogie, recomiendo en homenaje a la sacrosanta Igualdad este estribillo adaptado a la situación:

No culpes al juntero
No culpes al de Bildu
No culpes a un embrollo
Es culpa del partido

(Aclaración, que nunca está de más en internet: por culpa se entiende responsabilidad,y por partido me refiero a la organización, no a sus miembros, cuadros y simpatizantes, que ya se sabe que no quieren esto. A ellos les correspondería exigir responsabilidades, pues con sus votos se ha hecho justo lo contrario de lo que desean.)

Lógicas

Wittgenstein en su cartilla militar de 1914


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En España, una persona lógica es una persona sin fantasía, aunque Lerroux era lógico y tenía la fantasía republicana de hacer madres a las monjas.
Si me sigue un batallón, seré capitán; si un regimiento, coronel; si un ejército, general –decía, y con eso congregaba a cincuenta mil republicanos para una merienda campestre.
Por lógica los aficionados entendemos “sentido común”, pero en éste un profesional como Russell sólo ve “la metafísica de los salvajes”. Russell admiraba en Wittgenstein su capacidad para abstraerse cuando pensaba sobre lógica, pasando de las bombas explotando a su alrededor. Era patriota, se alistó voluntario en el ejército austriaco y cayó prisionero de los italianos en Monte Casino, salvando el manuscrito de su “Tractatus”. ¡Pobre Wittgenstein!
Un día llegó Tierno a Salamanca –contaba Gustavo Bueno a Hughes en ABC– diciendo que en España hacía falta fustigar a la clerigalla y que había un filósofo alemán en Londres que decía que no todas las preguntas tienen respuesta. “¿Te refieres a Wittgenstein?” “¿Cómo, cómo?” Se lo tuve que escribir. “¡Sí, sí, ése!” Y se lo di. Luego lo tradujo del inglés, pero no se enteró de nada.
La “metafísica de los salvajes” es ese “sentido común” de la pesadilla soviética en las obras de Dombrovski y la socialdemocracia rampante en los medios de Occidente. Así, la entrevista de CNN a Rapinoe, la futbolista useña peinada a lo Marcos Llorente. Mete goles, mas sólo con esa habilidad no sería hoy chica del “As” de no mediar su tuit sobre “la jodida Casa Blanca”. Locutor: “Diga algo al Presidente, que nos ve”. Futbolista: “Digo que su ‘America great again’ es dañino.” Locutor: “Claro. Porque la América ‘great’ son los 50, y entonces podían meter en la cárcel a un gay”. Luego Trump...

Es la “lógica de pata de ganso” (¡lógica con fantasía!) del silogismo de Schopenhauer: “El hombre tiene dos piernas, por consiguiente todo lo que tiene dos piernas es un hombre, luego el ganso es un hombre”... Y a meter goles.

Una burbuja así de grande



Gustavo Bueno


Hughes
Abc

No lo dijo un apparatchik encadenado a Génova, lo dijo Octavio Granado, secretario de Estado de Seguridad Social, durante un curso de verano: «Los socialistas lo hicimos fatal en 2008. Dejamos que se destruyeran tres millones de empleos». Esto coincide con la impresión popular (no del partido) y ciudadana (no del partido): Zapatero gestionó muy mal una crisis que negó y que luego agravó con engendros como el Plan E.

Los socialistas irredentos se defienden diciendo que era una burbuja heredada, pero es que Zapatero también las tuvo de propia creación, como la de las renovables que ayer reconocía, causa, entre otras cosas, del aumento del precio de la electricidad.

Dos cosas hay que añadir aquí. Una es que con ser esto grave, no fue lo peor de la gestión de Zapatero, autor de una avería que ya solo puede calibrar la Historia. La otra es que resulta extraño, de repente, entenderle. Para decir esto se dejó de esa retórica de nubes y evanescencias que gastaba de presidente. Aquí le comprendimos todo: desarrollamos las energías renovables al precio de crear un burbujón.

¿Por qué entonces no hablaba así? ¿De qué forma nos mentía?

Gustavo Bueno supo ver la trascendencia de Zapatero y le dedicó un libro a su pensamiento Alicia. Llegado un momento, sostenía, ese pensamiento se convertía en algo de mala fe. Lo explicaba recurriendo a la negociación con ETA, quizás lo más grave de todo. Cuando la oposición esgrimía unos sólidos argumentos dialécticos, ZP pasaba a una retórica simplista, sofística. Un cambio de plano que hacía imposible el diálogo aunque diálogo fuera la palabra fetiche. «Encubrimientos de la realidad», concluyó Bueno.

No solo fue la crisis económica, la discordia civil o el Estatuto barra libre de Cataluña, fue sobre todo la apertura de un período en que el lenguaje ya no iba a ser vehículo de entendimiento. La corrosión mental, discursiva, lógica afectaría al conjunto del país. El efecto de Zapatero es por ello abismal y su confesión se queda en el reconocimiento de muy poca cosa.

ZP, sin embargo, no fue un marciano ajeno a todo. Prolongó dos pautas: la economía de amigos a las faldas del Estado (las burbujas tienen también que ver con eso) y el delirio terminológico de la Constitución del 78, de la que Zapatero no es tanto traidor como hijo adulterino.

Sábado, 13 de Julio

Valle de Esteban

No sé cuál es la cara que me mira
cuando miro la cara del espejo

viernes, 12 de julio de 2019

La Prima

Caballero de San Wenceslao


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Una cosa es la falta de representación, que a la gente, por las colas de votar, le gusta, y otra, la mofa de la representación que propone Pablo Casado con una reforma electoral para establecer, no el sistema mayoritario y que los electores decidan, sino una prima de cincuenta diputados para el partido ganador. Esto, en pura democracia orgánica, se llama… ¡los 50 de Ayete!
En el antiguo Consejo Nacional del Movimiento, o Senado del franquismo, el general designaba cuarenta consejeros: acostumbraba hacerlo en los veraneos de San Sebastián, y se los conocía como “los 40 de Ayete”.
¿Por qué 50 y no 176 y nos dejamos de tonterías? Porque lo prohíbe la Constitución, y ésa debe de ser la única prohibición constitucional que los jefes, en aras de la estabilidad, aceptarían respetar. Los Caballeros de la Prima de Casado, Atlantes de la Estabilidad, se sentarían en lo alto, como se sientan en el monte sagrado de Bohemia los caballeros de barba y bastón de San Wenceslao, prestos a defender al pueblo cuando los necesita.

En América, cuando lo nuestro, Bolívar presumía de haber encontrado un cuarto poder, el “poder electoral”, superando así a los Estados Unidos, que sólo tenían los dos y medio de Hamilton (legislativo, ejecutivo y el “presque nulle” judicial). ¿La Prima de Casado? Aquí, en 1907, Maura, para combatir (?) el caciquismo, se sacó del bolsillo el voto obligatorio (¡un derecho político convertido en un deber cívico!) y la Prima del 29, artículo por el que eran electos, sin votación, los candidatos únicos.
Mi Prima es la de Grecia –arguye Casado, con guiño de ojo que significa “la cuna de la democracia”.
La Grecia de Tsipras, claro, cuya Prima no viene de Pericles, sino del “mariconazo” (así lo llama Miguel Hernández) de Mussolini y su ley Acerbo, una triquiñuela fascista para asignar dos tercios de los escaños al partido con un cuarto de los votos. Renzi, otro guapo, lo rebautizó “Italicum” o Mayoría Reforzada, hizo plebiscito… y lo perdió. ¡En Italia!

Viernes, 12 de Julio

Valle de Esteban

sed y vaivén y apenas un reflejo

jueves, 11 de julio de 2019

Pezones

Poeta de "La blusa"


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En el Periódico de las Elites creen que la Revolución Pendiente de Girón debe ser el feminismo, de cuyo reglamento se ocupa un “xornalista” lírico de Xanxenxo que lleva a la guerra del sexo las paradojas del reglamento que hizo don Pedro Escartín para la guerra del balón.
Melania Trump insiste en prescindir del sujetador: ¿es un acto político de resistencia? –se pregunta el periodismo de unas elites tan rijosas, al parecer, como los enanos de Velázquez.
En el desfile del 4 de Julio en Washington una lluvia de verano cubrió a Melania con un velo de Maya digno del cine tórrido de Tourneur, llevando a nuestras elites a gritar, no “¡Jesús, José y María!”, sino algo más empoderado: “¡Papaya, papayita, papayona! ¡Va sin ajustador!”
La sensibilidad de nuestras elites viene de Pajares y Esteso, es decir, del papayo de la crónica de Gonzalo Fernández de Oviedo, que vio en sus hojas “unos pezones largos de media braza o más”, y del mamoncillo de “La blusa” de Joaquín Lorenzo Luaces (“Como en el monte sin trillo, / quedé al mirarte, señora, / con la blusa tentadora / de color de mamoncillo”) que Orlando González Esteva supo ligar con un poema sánscrito que, traducido por Octavio Paz, dice: “no desnudos sino a través del velo / son deseables los senos”.

¿Resistencia? Nuestras elites viven su ocio como una revolución francesa de salón, con Macron de Robespierrín y Brigitte de “Liberté” de Delacroix. En el artículo 2 de la Declaración del 89 figura, entre la vaina de derechos naturales e imprescriptibles, la resistencia a la opresión. ¿En qué sentido los tíos del 89 entendían semejante derecho? Ni en la Declaración del 89 ni en la Constitución del 91 lo dijeron. Lo hicieron en la Declaración del 93 (que nunca entró en vigor):
Hay opresión contra el cuerpo cuando uno solo de sus miembros es oprimido
Y de aquí deducen nuestras elites que “résistance” es dejarse el sujetador de Melania en casa, como en los 90 se lo dejaban en los ruedos las princesas de Jesulín.

Rosario de sujetadores en la despedida a Jesulín

Jueves, 11 de Julio



Ojos de agua de sombra,
ojos de agua de pozo,
ojos de agua de sueño

Feliz Esteban


miércoles, 10 de julio de 2019

Los efectos de la pornografía




Hughes
Abc
 
La pornografía -o porno, como cariñosamente solemos referirnos a ello- pone  a veces de acuerdo a feministas y conservadores. La política o la sociedad es como un gran vals vienés en el que siempre acaban bailando una pieza hasta los más dispares. Se dice que la pornografía cosifica a la mujer y la degrada. El hombre extrae de allí unas pautas de dominio y unos comportamientos que acaban relacionando la pornografía y los crímenes sexuales. Es un tema complejo (como todos) y no sé qué dirá la ciencia al respecto, pero recuerdo un par de lecturas en sentido opuesto. Las apunté por eso, porque se atrevían a negar lo que parece un lugar común.

Un estudio era de Ferguson y Hartley en 2009 y aportaba datos contra la opinión general que relaciona favorablemente el consumo de pornografía y los crímenes sexuales en Estados Unidos. Su trabajo lo contradecía. Desde 1988, el consumo de pornografía había aumentado enormemente mientras que el número de violaciones descendía en picado. Los autores se atrevían a hablar de un posible efecto catártico: la pornografía podría contribuir a reducir las agresiones sexuales. En cualquier caso, extraer causalidad de esos datos era mucho extraer.

El otro era de unos psicólogos londinenses: Kohut, Baer y Watts, en el año 2015, y se ocupaba de la actitud hacia la igualdad de géneros en consumidores de porno. No sólo no resultaban ser misóginos, ni especialmente favorables a la idea de una mujer relegada o subordinada a un rol tradicional, los investigadores encontraban en sus datos una débil asociación a comportamientos contrarios. Los consumidores de porno tendían a ser, por ejemplo, comparativamente más tolerantes y positivos con la figura de la mujer poderosa y en puestos de importancia, lo cual, por otra parte, no es difícil de suponer a poco que se conozcan las constantes narrativas del género.

Tras este breve contacto con la Ciencia, puedo hablar de mi experiencia. Uno de mis primeros contactos con el porno produjo en mí un efecto duradero. Tendría unos 12 o 13 años como muchísimo, y junto a mis amigos me escapé del colegio para explorar un sex shop cercano. Éramos como los de Stranger Things pero pudimos entrar. No nos pusieron problemas. Había cabinas y los más lanzados (o debería decir, los más salidos) nos metimos en una (cada uno en una). Yo recuerdo el olor (una mezcla imborrable de vestuario, surimi e individualidad) y la atmósfera y que al cambiar los canales (la idea de búsqueda parece asociada a la experiencia exploradora) apareció de repente un caballo siendo homenajeado en un lugar muy concreto por una atractiva mujer. Eso me espantó y salí de allí inmediatamente. Era vomitivo. Más que vomitivo, era inimaginable. Yo estaba impactado. La impresión me duraría un tiempo, quizás unas semanas. Pasado el susto, seguí consumiendo porno con la moderación que imponían las circunstancias. Lo que no me gustaron ya fueron los caballos.

Odios

El verdugo Sanson


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El catolicismo nos dio a Leonardo; la socialdemocracia, a Greta. Para llegar hasta aquí (la universalización de la pesadilla sovietista de Dombrovski) fue necesario abrir el Derecho en canal.

En el 20 los profesores lanzaban el eslogan “Abajo el Derecho”. ¡Y qué profesores! ¡Faros! ¡Pensadores! ¡El cerebro y la conciencia de la intelectualidad revolucionaria! Decían: ¡El Derecho es una de las cadenas con que la burguesía esclavizó al proletariado! Pero nosotros lo liberaremos de ese peso. Y lo hicieron.
No hizo otra cosa Marlaska con su sermón de metafísica de los derechos en el Orgullo. Un alemán definió los derechos como “intereses jurídicamente protegidos”, y otro alemán despachó el Derecho subjetivo como el poder de imponer a los demás el respeto de su voluntad. Marlaska no es alemán (a pesar de la “k”); es socialdemócrata, y jugó con ese conejo que saca de la chistera la socialdemocracia para imponerse: el odio, aplicable a quien convenga.
El que por esa mentira legitimada o por esa verdad de convención a Fulano le endilgaran una pena a la que a todas luces no sobreviviría, eso era en esencia la legalidad soviética.
Con el de odio (?) recuperamos el delito de intención (en lugar del acto criminal) que inventó el Comité de Salud Pública para ir llenando de cabezas los cestos del verdugo Sanson.
Aunque los malos pensamientos no incurren en pena, es reo de muerte quien ha pensado atentar contra la vida de su príncipe soberano, aunque posteriormente se arrepienta.
Eso dice, ¡en el XVI!, Jean Bodin, que cuenta el caso de un normando que confesó a un franciscano haber querido matar a Francisco I, arrepintiéndose después: el fraile lo absolvió, mas advirtió al rey, y el parlamento de París lo condenó a muerte.
Macron y sus macronettes, fatigados de apalear chalecos amarillos, tratan ahora de establecer el delito de odio (es decir, de pensamiento) en Internet. Cojonudismo liberal. América se libra por la Primera Enmienda.