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martes, 17 de septiembre de 2019

El Capitán

ABC


Sólo hay momentos aislados de naturalidad,
 como ése en el que Ramos y su hermano René,
 vestidos de Peaky Blinders, caminan
 por el Thyssen hablando del Quattrocento


La Gota




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El domingo me cogió la Gota en la autopista de Arganda, y a la hora en que los pinos carrascos de la Dehesa del Carrascal te abren el apetito como los pinos enanos del Valle de Viñales se lo abrían a Lezama Lima.
    
¡Pino, Pino, Pinooo!... –gritaba el García bicicletero de nuestra juventud.
    
Un relámpago y, de pronto, la noche y un huir de ranas viajeras, como la rana de Camba, de rotonda en rotonda, por charcas de barro y olas. En la vega de San Martín un torrente cruza la carretera arrastrando la piñata de un vertedero ilegal. Desfilan una cocinita de juguete, sartas de zapatos y, más lento, con majestad de trono oriental, un tazón de wáter, absurdo como un zapato impar, encanto que no tiene el urinario de Duchamp.
    
¡Hasta aquí hemos llegado!
    
Es la cultura española de la raya, que va de Pizarro, que trazó la raya de la fama en el Perú, a Morante, que pintó de rojo las rayas de Las Ventas, pasando por Camba, que pidió a los constitucioneros republicanos una Constitución con rayas en lugar de artículos; por Víctor de la Serna, que imaginó la raya que en Madrid (eje de las calles de Segovia y Atocha) separa los aldeanos del Norte de los paletos del Sur; o por Unamuno, que dividió España en dos vertientes por una raya transversal desde el centro del Pirineo hasta el cabo de San Vicente, con Madrid más bien al lado de Levante.
    
A los que somos de la otra banda, el catalán tiene que aparecérsenos teatral, espectaculoso.
    
Un portugués dijo a Unamuno que el castellano es tragediante sin proponérselo (tal que uno, el domingo, ante el tazón de wáter flotante): la teatralidad del castellano es inconsciente, al contrario que la del catalán, que representa su papel complaciéndose en el espectáculo como tal espectáculo.

    –Tienen un aniversario, un himno, una bandera. ¿Para qué más? El día del aniversario desfilan cantando el himno, enarbolando la bandera y lanzando vivas que a nadie resucitan.
    
Me quedo con la teoría del simio (y la simia) acuático de Elaine Morgan.

Martes, 17 de Septiembre

Valle de Esteban

Louis, presiento que éste es el comienzo de una hermosa amistad

lunes, 16 de septiembre de 2019

El Cádiz

 Calle de Cádiz

El año que nací


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Quizás no sea la mejor plantilla de Segunda. Quizás ni la sexta mejor. Es posible que en tiempo de carnaval le acuda un Levante de mala racha y le aparte de los primeros puestos de la clasificación para que el cadista cabecee resignado mientras tararea coplas del gran Manolo Santander, que en paz descanse. No sé que pensar de éste Cádiz al que parecía debilitar la marcha del extraordinario Machís -cuánta electricidad acumula el venezolano-, el francotirador Aketxe (“Javi ¿quién tira la falta?”, “El 23, Juan. Aketxe”. Lanzó y gol); la veinteña perla de Chiclana,Vallejo, y ¡cómo no!, Correa, ese lateral ducho en la categoría que ha llamado a su lado Mendílibar
      
 La primera rareza del actual Cádiz es que su entrenador empiece la cuarta temporada sentado en el Carranza en tiempos que los entrenadores duran cuatro jornadas sin que de nada valga que ganen la Copa y te clasifiquen para la Champions. Bueno, si tenemos en cuenta que en Cádiz los gallegos y los montañeses eran  tradicionalmente los propietarios de “los comercios”, no ha de extrañar la permanencia de Álvaro Cervera, al que se tiene por cántabro siendo guineano, en el próspero negocio del “furbo”. No es casualidad que, durante 20 años, Cádiz tuviera una alcaldesa santanderina o que al difunto Alfredo Pérez Rubalcaba, de Solares, saliera por Cádiz al Congreso. Álvaro jugó en el Rácing y en el Rácing triunfó como futbolista . El  Rácing lo llamó como entrenador para evitar el descenso hace siete u ocho años, pero “su” club era un desastre con el que en principio no pudieron los decadentes por entonces Héctor Cúper como míster y Munitis como extremo. En Huelva no gustó que dejara “tirao” al Recre por mucho que respondiera a la sagrada llamada de la sangre y el esperado fracaso en Santander yo creo que lo devaluó de modo exagerado. Tuvo que bajar al duro banco de la 2ªB  y llevó al Tenerife a 2ª de donde le despidieron ya asentado el equipo por esas leyes del fútbol.
      
Álvaro, que fue extremo incluso internacional, le gusta jugar al contraataque. Y hace bien. Yo creo que no ha habido estos años equipo como el suyo a la hora de interpretar suerte tan hermosa. Sus relámpagos han sido Alvarito, hoy en el Rayo Vallecano, Aitor, en el Spórting, Ortuño, ovetense que seguro añora carreras de victoria...
      
Para esta temporada han quedado Salvi como cohete y dos jugadores poco conocidos, Garrido y José Mari, que se saben el sistema del entrenador de memoria, junto al “mohoso” Alex Fernández, hermano del Nacho merengue, que ha encontrado su mejor fútbol y la tranquilidad del espíritu en las lecciones de un entrenador a su medida. Prefiere Álvaro Cervera los brillantes arreones del oscuro Perea en vez de al célebre Jurado y se ha averiguado la contratación del “Choco” Lozano, un pequeñito que corre como a él le gusta. Curioso es que dos de los medios centro cordobeses, Edu Ramos y Bodiger vistan hoy de amarillo, ¡ah! y que el tercero, Aguza, sea decisivo en el Almería, el otro equipo puntero ahora mismo en Segunda.
     
 Para que salga bien el contraataque es necesaria una defensa muy concentrada y con esa cualidad no hay centrales como los sudamericanos, Mauro y el otro que no lo es, Cala, como si lo fuera. ¡Qué mala leche se gasta el tío! En los laterales se asienta Iza, canterano del Betis pero gaditano por nacencia, que ha jugado todo en clubes que se aprende o se muere: Zaragoza, Leonesa y Rayo Majadahonda, por delante del veterano Sergio Sánchez o el inconstante Akapo. De lateral izquierdo el “Pacha”Espino, que con ser uruguayo se supone que ha de bastar. El portero es Cifuentes. Tiene 40 años cumplidos. Vino de la mano de Álvaro y nadie en Cádiz discute su titularidad.
      
Este equipo lleva 15 puntos de 15 disputados y esta jornada ha derrotado a una de las mejores plantillas, si no la mejor, de Segunda por 2-0. Una plantilla en la que juega Stuani, el reserva de Luis Suárez en Uruguay. Al ser expulsado recordé que Stuani llegó a España por Albacete y fue a parar a Santander. Allí hizo pareja con Munitis el año que bajó el Rácing... que entrenó Álvaro Cervera.
      
Si es que el mundo es un moquero, como decía Carlos.

Tres entrenadores

Pep y Klopp


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En este momento, los tres entrenadores del “mainstream” socialdemócrata son Klopp, Pep y Zidane.
    
Yo hubiera incluido a Simeone, el mejor pagado, pero Simeone me hizo el sábado una mala pasada: llegué corriendo a casa para ver a Joao Félix, y cuando me senté frente al televisor, Simeone, que empataba a cero en San Sebastián, retiró a Joao Félix para dar entrada a Correa, futbolista barrial que, al parecer, sigue en el Atlético porque al final no vino Rodrigo, el del Valencia, un goleador del que buscaba desprenderse su presidente, el singapurense Lim, un nuevo rico que ha despedido a su entrenador… por ganar la Copa del Rey, que no entraba en sus planes.
    
A pesar de sus petardos europeos, también hubiera incluido a Valverde, esa alquitara pensativa, que diría Quevedo. Se lo merece por haber sacado a pasear a Ansu Fati, futbolista que de haber caído en la jurisdicción de Zidane estaría jugando en el Canillas.

    Klopp, Pep (los de la pomada dicen Pep, no Guardiola) y Zidane.
    
El fútbol debe ser dominio y belleza, música y cultura –viene de decir por ahí Arrigo Sacchi, el conejo blanco de Alicia en el Milán de las maravillas, antes de quedarse en conejo a secas a su paso por el banquillo del Atlético y por la dirección deportiva del Real.
    
Dominio, belleza, música y cultura. ¿Qué quiere decir? Nadie lo sabe. Pero la gente lo oye y grita: “¡Verdaderamente ese hombre es un profeta!” Sus tres entrenadores son Klopp, Pep… y Wenger. De Zidane, que sería como un compendio de los tres, pasa, a lo mejor porque Zidane todavía no ha pisado Inglaterra, que es la Liga que le gusta a Sacchi, “por loca”.
    
Klopp y Pep son los entrenadores del Pueblo. Y los dos han llevado la política a la isla del parlamentarismo.
    
Pep, es verdad, no se mete en camisas de once varas inglesas: su tema es Cataluña, y con eso se monta su propio Speakers’ Corner en cada rueda de prensa. Se pone su lazo de ratita presumida, cuenta a los viandantes que no le dejan votar, o que tiene unos amigos en la cárcel, y ahí lo deja. Es como Zidane cuando, siendo entrenador del Madrid, hizo campaña por Macron. Allá él: es francés, no sale a la calle con chaleco amarillo y vota a Macron. ¿Dónde está el inconveniente?
    
Más cazurro, Klopp sí ha dado el paso, y siendo entrenador del Liverpool (“el club de la clase obrera”, aclaran sus flabelíferos), se ha puesto, y vehementemente, del lado de los “remainers”, o partidarios de quedarse en la UE, frente a los “brexiters”. No es de caballeros, pero hace bien: Klopp es alemán y barre para el IV Reich. Lo estropea con los razonamientos. “¿Qué clase de mayoría es el 51 por ciento?”, pregunta retóricamente. Y retóricamente hay que contestarle: desde los tiempos en que Marsilio de Padua echaba las cuentas en la corte de Ludovico IV de Baviera, 51 por ciento es mayoría absoluta. Puede que, como alemán, la democracia no sea lo suyo, pero como entrenador de fútbol debería saber que vence quien mete un gol más que el adversario, aunque sea en las tandas de penaltis. Klopp, sin embargo, insiste en que el 51 por ciento del Brexit es poco y que hay que hacer otro referéndum, es decir, seguir jugando el partido hasta que Karius pare una y gane el Liverpool.
    
El problema de Klopp se agrava cuando, sobre lo alemán, sale a relucir lo progre, con esa famosa declaración de principios suya según la cual lo único que nunca hará será votar a la derecha porque la derecha baja los impuestos. Klopp no ha oído hablar de un libro, “Fiscalidad voluntaria y responsabilidad ciudadana”, de Peter Sloterdijk, alemán y socialdemócrata como él, que propone el pago voluntario de los impuestos por puro amor a la sociedad. ¿Cuántos necesitados podrían salvarse sólo con lo que Klopp paga a su asesor fiscal para no tener que pagar todo lo que a él le gustaría pagar y no le dejan?

    Cuando Sloterdijk hace sus números, Alemania tiene 82 millones de habitantes, de los cuales sólo 40 generan ingresos; de estos, 15 obtienen tan pocos ingresos que están liberados de impuestos directos; son, pues, 25, los ciudadanos fiscalizables, de los cuales 5 millones aportan el 70 por ciento de los impuestos sobre la renta, mientras que 20 se reparten el 30 por ciento restante. ¿En qué concretamos el esfuerzo histórico de Klopp para ir por Inglaterra presumiendo de alemán ejemplar que da lecciones a los ingleses gamberros que le pagan su magnífico salario?

    Klopp nació pobre (no más que Peter Lim, seguramente): la pobreza le hizo bueno; el fútbol, rico; y la riqueza, filántropo.

    –El nuevo buen rico –nos dice Sloterdijk– es irremisiblemente un filántropo que quiere mostrar a su entorno que moralmente está a la altura de su prosperidad.



REMORDIMIENTOS

    Que después de Messi al Barcelona le salga Ansu Fati es igual que cuando al Madrid, después de Butragueño, le salió Raúl. Igual, pero distinto, claro. Messi es más zurdo que Butragueño y Ansu Fati parece más técnico que Raúl. Pero Valdano salvó su bola de partido con la posteridad sólo por ser el tipo que puso a Raúl con 17 años en un campo, y Valverde ya está en la leyenda por poner a Ansu Fati… ¡con 16! “En la vida –acaba de confesar ahora el lúser Wenger– hay que vivir con remordimientos, con negocios fallidos y uno de ellos fue Messi. Cuando en 2003 fichamos a Cesc, tuvimos conversaciones con Messi”. Hemos de reconocer que esos remordimientos no los tendrá nunca Zidane.

La Concurso (sin figuras). Como decían los viejos: habiendo toro, este espectáculo es imbatible



José Ramón Márquez

Para este domingo de verano otoñal el magín Dombiano imaginó colocar una corrida de concurso de ganaderías, puesta entre medias de los desafíos ganaderos, para aumentar este festival de hierros ganaderos que nos estamos dando a lo largo de septiembre. Personalmente lo que más interesaba de esta corrida era ver el toro de Murteira, como quien dice el reencuentro en Las Ventas con esa ganadería que tantas alegrías nos dio en el pasado. Uno siempre piensa que en estas corridas de concurso, donde los ganaderos presentan ejemplares de nota, deberían ser lidiadas y muertas alguna que otra vez por esas evanescentes figuras de poder contrastado y de mucha experiencia, pero eso nunca pasa, que en estas nunca jamás verás al Julián ni al Ponce, aunque le garantices que le vas a poner en la andanada del 3 al Orfeón Donostiarra al completo a cantarle a pleno pulmón el “Nessun dorma” y el  “Vesti la giubba”. En estas corridas siempre está Robleño y otros dos, depende de las circunstancias. Las circunstancias de esta vez nos depararon la presencia de Rubén Pinar y de Javier Cortés, a los que de antemano se agradece la disposición que no muestran jamás las llamadas “figuras”. Para la cosa del toro, además del Murteira nos propusieron a La Quinta, Baltasar Ibán, Marqués de Albaserrada, Pedraza de Yeltes y Valdellán.


Matorrito, de La Quinta

Abrió plaza Matorrito, número 30, un santacoloma largo y grande cuyas hechuras miraban más hacia Ibarra que hacia Saltillo, toro serio y hondo al que El Legionario picó mal en la primera vara, de la que el animal salió doblando las manos, que no se empleó en la segunda entrada al caballo y que se arrancó de muy largo con prontitud y poca alegría a la tercera cita con el penco afaldillado. En banderillas persigue a los peones, buena nota, y llega al inicio de la faena de muleta algo soso y aplomado. Robleño es el torero que tiene que vérselas con la imponente fisonomía de Matorrito que, como cuestión previa y para ir centrando los conceptos, le pega dos coladas por el derecho como para devolver el habla a un mudo; a la vista de la cosa Robleño se pasa la muleta a la zurda y ahí le roba algunos naturales hasta que el toro de un seco derrote le quita limpiamente la muleta de la mano. Luego Robleño continúa con la zurda sacando los pases de uno en uno tragando bastante. La faena se va desarrollando íntegramente en los medios, para aumentar la dificultad porque el toro no regala nada, todo hay que robárselo y Robleño sigue sacando, emocionantemente, los muletazos de uno en uno. Llegado el momento de la muerte, que no es lo fuerte de Robleño, éste pasa muchas fatiguitas para igualar al toro y finalmente se tira de cualquier manera en la suerte contraria perdiendo la muleta, otras dos igual de chapuceras en la suerte contraria, otra más quedándose en la cara y siendo zarandeado por el toro, otra de cualquier manera en la suerte natural y tres descabellos. Le tocan los tres avisos cuando el toro acaba de doblar y el tío, con un par, después del mitin con la espada, sale al tercio a recibir las palmas de sus fans.

 Rabioso, de Baltasar Ibán

Abre a continuación el barquillero la mazmorra y sale Rabioso, número 83, de Baltasar Ibán, con más leña en la cabeza que el pinar de Valsaín. Acude al primero de los cites de Agustín Moreno dejándose pegar, luego se echa al caballo suelto y escapa al sentir el hierro y después vuelve a irse él solo al caballo; cuando le ponen de manera correcta acude de largo y con prontitud  recibiendo un deleznable puyazo en la paletilla y cuando se le vuelve a poner de bien lejos Rabioso vuelve a correr hacia el arre con alegría a provocar un cómico marronazo que solivianta a los aficionados más serios. En banderillas es pronto y alegre y llega a la muleta de Rubén Pinar cantando sus extraordinarias condiciones para el último tercio cuando se abre con él por bajo hacia el tercio, que es lo único reseñable de la actuación de Pinar con el Ibán, ya que ante la encastada claridad de la embestida del toro, el tobarreño sacó a pasear toda su impedimenta de julianeces, de cuando empezaba en esto del toro y la vida no le había enseñado nada, y en vez de plantarse frente al tal Rabioso a torear hacia adentro y hacia abajo se puso a tirar líneas, a abrir huecos, a caer hacia atrás y a desperdiciar la ocasión que la vida le brindaba de poder dar un serio aldabonazo en Madrid. Vistas las condiciones del toro y vistas las trazas de Pinar las gentes se fueron soliviantando y no le pasaban ni media, y con razón, porque el desatino que el muchacho había perpetrado era de peso. Él quería al toro en el tercio y el animal se empeñaba en tirar hacia los medios: baste esa pincelada para retratar el desacuerdo profundo que se abrió en la sociedad Pinar&Rabioso, que se resolvió con un pinchazo sin soltar en la suerte natural, una estocada trasera y un descabello inútil. Cuando le dejaron en paz, el animal murió de la estocada en el tercio del 9 alejándose de las tablas hacia los medios.

 Golfo, del Marqués de Albaserrada

Golfo, número 16, del Marqués de Albaserrada, era el serio y difícil toro negro que le correspondió a Javier Cortés. Lo primero que hizo el animal, como declaración de intenciones, fue sacar de la plaza al torero cuando fue a recibirle de capa. Luego, llevado al negociado de Carioca y su mascota equina, tomó una fuerte vara, puesto el hierro en los riñones, sin cesar de empujar; en su segundo paso por la iguala del doctor Carioca se arrancó de largo con fuerza y recibió duro castigo del galeno, de nuevo sin cesar de empujar. Para la tercera visita se lo pensó antes de arrancarse, pero una vez que lo hizo volvió a empujar con ganas y a recibir fuerte castigo. El toro se vino arriba en banderillas y se enseñoreó de la Plaza, sacando a los peones de ella a la carrera, persiguiendo a Javier Perea a la salida de sus dos pares y sin incomodar a Prestel a la salida del suyo. Inicia Javier Cortés su trasteo, coloca un derechazo lleno de empaque y de señorío, que es lo mejor de la tarde, y acto seguido se le lleva por delante y le manda al hule directamente. Robleño se hace cargo de, inmediatamente, dar fin del toro. Él sabrá por qué. El finiquito de Golfo se verifica mediante un pinchazo en la suerte natural y media estocada caída en la contraria.

Hasta este momento no habíamos tenido ocasión de comprobar si los toros estaban dotados de lengua.

 Bello G, de Pedraza de Yeltes

Se corre turno, por no agobiar a Robleño, y sale el de Pedraza de Yeltes llamado Bello G, número 23, un colorado muy en tipo de la casa que en seguida canta su condición blandengue. Su paso por las manos del catafracto se resume en que acude a la primera vara dejándose pegar, acude a la segunda en la que hay nuevo marronazo y luego, una vez recompuesta la cosa, se deja pegar, y vuelve a acudir a la tercera para recibir un largo puyazo trasero quedándose en el peto sin pelear. Acude con prontitud a los cuarteos de banderillas y ahí tenemos a Rubén Pinar de nuevo a ver qué le sale del magín para poner en solfa su pericia taurómaca, aunque más pronto que tarde va cuajando la idea de que allí no hay tanto un plan como un pasar el rato, un amontonamiento que no conduce a nada. Cumplido el tiempo fue la hora de dejarle una estocada en la suerte contraria y nueve descabellos y pasar página.

 Violín, de Murteira Grave

La penúltima página fue el de Murteira, Violín, número 84, puro trapío, al que Robleño saludó con firmes verónicas. Tomó la primera vara al relance, la segunda acudiendo de largo con alegría y dejándose pegar y a la tercera acudió también pronto y alegre, quedándonos sin ver una cuarta entrada que compensase la imperfección de la primera entrada. Ni don José Magán, Presidente del festejo, ni don Fernando David Fuente Fuente, su asesor de la cosa veterinaria estimaron que tal cosa debía ser y a tal fin exhibieron la tela blanca que nos dejaba sin ver al toro. En banderillas Jesús Romero se lució en dos pares hechos con verdad y torería y puede decirse que ahí acaba la cosa, porque Violín rápidamente se fue quedando aplomado y sin resuello, a menos, resolviendo las ecuaciones de su vida a cabezazos, como tantos humanos hacen. Robleño, que no es el As de Espadas ni mucho menos, despachó al Murteira con un pinchazo en la suerte natural en el que no cruza y otro pinchazo en la suerte contraria y a continuación, sin haber matado al toro, agarra la cruceta y le descabella a la primera.
 
Cerillero, de Rehuelga

El sexto, de Valdellán, se llamaba Mirasuelos, número 34 y no es que los mirase, es que se echaba en ellos a regodearse en su balndenguería, por lo que fue puesto en ruta de vuelta a la mazmorra acompañado por los bueyes de don Florencio. Le sustituyeron con el sobrero del domingo pasado, Cerillero, número 9, de Rehuelga, fuera de concurso, que lo primero que hace es rajar longitudinalmente el capote de Pinar, que opta por considerar ya el festejo como corrida normal al uso, sin echar ya demasiadas cuentas del asunto de las varas y tal. Volvió Pinar a sacar de nuevo su aire ajulianado y de nuevo volvió a soliviantar a la cátedra, aunque hubo una porción de optimistas que le brindaron ciertos aplausos plenamente inmerecidos durante su trasteo ventajista y falto de compromiso. Las oportunidades de esta tarde estuvieron en su mano y, sea por lo que sea, las dejó pasar. Mató de un pinchazo y de una estocada entera, ambas en la suerte natural.

Julián y Rubén, el original y la copia
  
A la salida el clásico farfullar de los altavoces estaba dando los resultados y premios del concurso, pero no se oía nada. Ya tiene Abellán una tarea: él que ha sido bailarín televisivo que llame a algún técnico de sonido que conozca y le encargue poner una megafonía en Las Ventas que sirva para que se escuchen los mensajes que se dan. El que esté interesado en esos premios que lo mire en los canales habituales de propaganda.

Como decían los viejos: habiendo toro no hay quien se aburra. Estando el toro en la Plaza, este espectáculo es imbatible.

Lunes, 16 de Septiembre


Bayona de Tajuña

domingo, 15 de septiembre de 2019

Amazonía sin pecado original



Martín-Miguel Rubio Esteban


Lo menos que podemos decir del abominable documento Instrumentum Laboris con el que se abre el sínodo sobre la Amazonía en la Iglesia Romana es que se trata de un franciscanismo cursi, jainista y bobalicón. Pero además es profundamente perverso por soslayar la revelación de Dios en Cristo y convertir la Amazonía en una tierra en donde el hombre no está herido por el pecado original. Indios y comunistas parecen estar exentos de este pecado. El dogma de la Inmaculada Concepción se extiende ahora a los indios del Amazonas y a los misioneros marxistas. Es la epifánica Amazonía quien nos tiene que evangelizar a nosotros y no el espíritu de Cristo. Ese Mysterium Christi in historia salutis se hace irrelevante para la nueva teología pilotada por el Papa Francisco.


La teología que aquí late no es para nada cristiana, pues si todavía podemos designar a la teología como “intellectus fidei”, como conocimiento de la fe, y la fe implica un sometimiento del hombre, de su pensamiento y de su voluntad, a la palabra de Dios, y a la obediencia a Cristo ( 2Cor. 10, 6 ), aquí la fe se degrada en sometimiento a una ecología entendida como arma contra un país soberano en que hoy gobierna la derecha ante una oceánica corrupción de la izquierda, y a un mundo lleno de diosecillos silvestres con su inspiración polipneumática. Pero nuestra teología ha presupuesto siempre la fe, en la que el hombre entero se somete a la palabra de Dios hecha carne en la persona de Cristo. Cuando en otros lugares del mundo la criatura humana, creada a imagen y semejanza de Dios, grita con el dolor más profundo, clamando al Altísimo justicia, y los cristianos son martirizados mediante el hierro o el fuego, el Vaticano del Papa Francisco se fija en Brasil porque no simpatiza para nada con el actual gobierno conservador y cristiano, pero mucho más limpio y honesto que la corrupción populista anterior. El hecho mismo de tomar partido por la izquierda atea en el mundo contra todos los gobiernos conservadores cristianos es un escándalo repugnante y diabólico que hace del Vaticano uno de los enemigos más peligrosos de la Iglesia.



El mantra de Francisco “todo está conectado” no es original. Viene de Anaxágoras. “Todo está en todo”. Pero su sentido es mil veces más peligroso y aterrador que el del griego. Para Francisco el individuo, la persona, se diluye en la comunidad, el yo desaparece en el colectivo; pero no como en la teología de Martin Buber en la que la fe, pistis o emunah es la esperanza colectiva del pueblo de Dios, en la que el coro de yoes representa el nosotros, sino que desaparece en el mismo sujeto histórico que el marxismo, que se materializa en un grupo de elegidos por un destino abstruso y sin justificar.

La civilización occidental, aquella que trajo la libertad política, los derechos humanos, y supo domesticar civilmente a la Iglesia, es ahora el demonio para el sínodo de la Amazonía frente a todas las demás ( la de los que cortan las cabezas a los cristianos y otras ). Los pueblos amazónicos no existen para evangelizarlos, sino para que nos evangelicen a nosotros con sus diosecillos silvestres y el bullir panenteísta. Otra vez el mito del Buen Salvaje del ilustrado siglo XVIII. Contra esta ridiculez bien podríamos leer con humor “No es verdad”, la pequeña pieza teatral del genio valdepeñero Francisco Nieva que destruye el mito bobalicón del Buen Salvaje. Todos los hombres de la tierra tienen la herida del pecado original, todos procedemos de nuestro Primeros Padres, Adán y Eva, incluso los curas marxistas amigos del Papa.

Este sectario y faccioso documento contiene, además, errores antropológicos gruesos, hace siglos ya superados, como el de hablar de pueblos originarios, autóctonos, como si existiesen criaturas humanas que nacen de la misma tierra, de un paisaje, y no vienen en largas emigraciones de otras tierras y paisajes. Se olvida la idea ya enraizada del homo viator de Karl R. Popper. La autoctonía no da ninguna superioridad moral, simplemente porque no existe.

Lo único bueno de este Instrumentum laboris son los preciosos ecos del Evangelii nuntiandi -que no se cita-, de Pablo VI, pero el contexto y el descoyuntamiento de la idea santa de aquel glorioso Santo Padre corrompen su voz profética y limpia. La opción preferencial de los cristianos por los hermanos más pobres o más débiles es la única manera que nos enseña Jesús a quererle y a encontrarle, en cuanto que Dios mira siempre a través de los ojos de los más pobres y los más débiles, pero esta muchedumbre enaltecida en Dios no puede convertirse en un álibi político para destruir nuestra sociedad. El amor a los más pobres no puede traducirse en odio a los más pecadores. Los hermanos débiles siempre estarán a nuestro lado hasta el final de los tiempos, dándonos testimonio de la presencia de Dios en ellos y de nuestro pecado y necesaria conversión -metanoîa-. Tanto el pecado como la conversión son personales. Mercadear teológicamente con los derechos de aquellos a los que más ama Dios con un fin político debería ser un pecado mortal para la Iglesia.



Los pueblos más írritos de América vieron en los descubridores españoles la salvación para no ser explotados, esclavizados, violados, mutilados y comidos por los pueblos dominantes. Porque América no era para nada un Paraíso terrenal antes de la llegada de los españoles, que se hacen torvos ahora para la Iglesia del Papa Francisco, amiga íntima de esos lugares de retorno al paraíso como son las actuales Cuba, Venezuela y Nicaragua. Así paga hoy la Iglesia de Francisco las inmensas energías y martirios empleados por España en la evangelización y cristianización de tantos pueblos del mundo.

La revelación no la percibimos en la Amazonía ni en la siniestra palabrería de este instrumentum laboris, que maldice la hazaña española del Descubrimiento, sino que concluyó por completo y para siempre en la época apostólica y se transmite históricamente en el tiempo de la Iglesia. Cristo es el único revelador del Padre. Como dice Juan, nadie ha visto a Dios; “el unigénito de Dios, que está en el seno del Padre, ese mismo lo manifestó”. Y como indica Agustín “Non est enim aliud Dei mysterium nisi Christus”. La revelación pública llega a su fin con la era apostólica (con los testigos del acontecimiento de Cristo ). El sujeto único de la teología no es la Amazonía sino “Dios en Jesuscristo”.

A veces estos clérigos redactores del Documento, escrito sin ninguna belleza literaria –la belleza no nace de conceptos falsos– hacen trampa; cuando la cosa ayuda a sus intereses políticos interpretan la Escritura “sensus litteralis proprius”, y cuando no, “sensus litteralis impropius”. Demonizan a Bolsonaro con herejías del siglo II, asesinando a los apologistas. Al menos los indios no bautizados, de acuerdo al derecho eclesiástico, no pueden ser herejes, como los nuevos misioneros, dado que en ellos la dulzura de la fe cristiana no ha sido sellada con el bautismo.

Texto horrible y repugnantemente antiespañol que nos descubre que rezamos muy poco por el Papa, que practicamos muy poco una teología orante, y que tenemos que multiplicar por él, que como Pedro en la Tierra pilota la barca de la Iglesia, nuestras oraciones y mortificaciones. Él, sea como sea, es el único que tiene la llave.


Bernabéu

ABC, 24 de Mayo de 2000

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Habrá quienes crean que una fiesta así es cosa de tontos, pero el caso es que hoy, en París, mayo es español, y todos los españoles, el murciano de Mihura, que se rejuvenece con esta primaveral romería futbolera al ferruginoso tótem del cosmopolitismo que es la torre Eiffel, y que, bien mirado, también tiene algo de Ninette, asediada de señoritos en calzoncillos de fútbol que comen cocido madrileño y paella valenciana.

Tampoco faltarán aquí quienes, por echárselas de más cultos, prefieran recogerse a la hora del partido en el Retiro, que estará vacío, para cortar margaritas y llorar de sensualidad y de poesía bajo los sau-ces. Pues allá los sauces. Personalmente, y en lo que vuelve el Siglo de Oro que en los cócteles ministeriales nos tienen prometido, entre el fútbol y la literatura, me quedo con el fútbol. («Balompié» fue una guasa periodística de Cavia que sólo supo hacer suya el Betis.) Después de todo, si Madrid se salvó, como ciudad, en los paletos de la pradera de San Isidro, ¿quién nos dice que España no va a salvarse, como nación, en estas verbenas de la torre Eiffel?

Decía Giménez Caballero que todos los pueblos tienen su santo que halla la fuente: «Todos los pueblos tienen su San Isidro o su Moisés, que en la peña de Horeb pega el aguijón afortunado.» El  fútbol europeo tiene su peña de Horeb en la torre Eiffel, y en Bernabéu, naturalmente, al santo del aguijón afortunado, quién sabe si por venir de una tierra donde el agua era más cara que el vino y los niños se destetaban con Valdepeñas. En una primavera parisina, y sobre una idea periodística de «L'Equipe» y «France Football», dieciséis caballeros apadrinados por Bernabéu pusieron en marcha en menos de tres horas la Copa de Europa en que el Real Madrid reina como Rey de Reyes del continente.

Bernabéu fue un manchego ancho, ingenioso, sabio, agnóstico y sentimental, y por consiguiente, un madrileñazo madridista, verbalista, casticista, ateneísta y liberalón que en su vida sólo se arrepintió  de no haber ido más a los toros y que hacía greguerías como si fueran rosquillas de Fuenlabrada, pero tan deliciosas como aquélla de que «los penaltis son las leches que mamaron las becerras de doña  Carlota», bien aclarado que la tía Carlota era una señora de sus tiempos que se diferenciaba de las de ahora en que sabía lo que les gustaba a los hombres y no le importaba. «Yo nací en  el siglo XIX —le dijo a Martín Semprún, su biógrafo—. En Madrid cada vez había menos gente, y Luis CandelasRamón y Cajal se repartían el prestigio, cada uno por su banda, como los buenos extremos.» Su estilo era el ataque, y construyó el equipo más atacante del mundo. Al fin y al cabo, atacar sin tener en cuenta el coste es expresión afín del espíritu aristocrático, y a Bernabéu, hombre de habano —«de una  hoja, hechos a mano y, si puede ser, con un bombero dentro para que se me apague lo más posible»—, le parecían imbéciles los que buscan igualarse por abajo en vez de hacerlo por arriba.  «En el club, lo barato siempre nos ha costado un huevo. A los jugadores-gangas no les miro ni la jeta.»

Para él, que rezar y pecar era empatar, entre las molestias del trato humano las de los tontos y las de  los aduladores siempre se le hicieron insufribles, siendo probablemente el único español que, teniéndolo delante, nunca aduló a Franco. También probablemente fue durante décadas la figura más  interesante de la Península Ibérica. Lo inquietaba, por ejemplo, la injusta preeminencia de los caballos y las vacas sobre los asnos y las cabras, y en sus dichos, como en  sus hechos, pareció imitar siempre el golpeo de Pancho Puskas en los golpes francos. Así: «Nadie es más engreído que un necio bien vestido.» «La rutina es una  invitación al error.»  «La tolerancia es  algo que falta en los Diez  Mandamientos.»  Etcétera. Sólo un hombre así podía hacer que los madrileños cambiaran las pri-maveras de la pradera de San Isidro por las primaveras de la Copa de Europa.

 
«En el club, lo barato siempre nos ha costado
 un huevo. A los jugadores-gangas
 no les miro ni la jeta.»

El Mercadona



Hughes
Abc

En más de una ocasión, un Mercadona ha supuesto el comienzo de un proceso de mejora personal. Lo recordé ayer al ver que se trata de la marca de supermercados más valorada en cada provincia.
Algo de lo que tuvo El Corte Inglés lo tiene Mercadona. Una confianza característica, familiar.

El Mercadona es como tener cerca una tía que te hará una sopa. “Hijo, tú ve al Mercadona”. Hay como una delegación familiar, como una tranquilidad.

El Mercadona ofrece la ilusión del autoabastecimiento, una especie de autarquía semanal, de sábado a sábado, de pensar que allí tenemos todo lo que necesitamos, capricho arriba o abajo. El Mercadona ofrece las necesidades de una vida promedio. Más es lujo o ganas de marear; menos es incomodidad, aprieto, bolchevismo. Ofrece una seguridad, un estándar. Puedes llevar una vida-mercadona muy bien llevada y hay incluso una voluptuosidad en ajustarte a ello, en vivir en la “mercadonidad”. Sientes que por fin estás haciendo las cosas bien. Puedes empezar a ahorrar, puedes empezar a adelgazar. Como cuando los boxeadores de las películas entrenan en serio para el combate. La escena de las escaleras sería la sección de verduras del Mercadona.

Hay algo también en la experiencia. Valoro mucho los anchos pasillos, aunque a veces deparen auténticos duelos de Ben-Hur contra Messalas vecinales. Ha habido por lo menos cuatro Mercadonas importantes en mi vida y lo que recuerdo de ellos es la amplitud al coger el carrito, las anchas calles. Uno se funde en la luz de entrada, entra en un circuito plácido en el que todo es lo mismo pero diferente. ¡Qué placer esa mezcla de seguridad y expectativa! Es reconfortante saberse de memoria los estantes y que haya sin embargo una mínima posibilidad de sorpresa.

Hay un placer físico en hacer la compra según presupuestos de seriedad. Una mezcla de sensualidad y economía, un cierto placer en ajustarse. Conseguir que ajustarse sea agradable es una gran cosa. Hay en esa empresa una uniformidad y un orden corporativo que de alguna manera le llega al consumidor, que de alguna manera le disciplina. O sea, puede llegar a ser un asidero.
Mercadona lleva además a los barrios algo del espacio de las grandes superficies. No es el comprar concreto, un poco angosto, de muchos supermercados urbanos. Esto ofrece una cadencia de carrito distinta, respiro, reflexión.
Un supermercado es como un partido político moderno: va ampliando “identidades”, sensibilidades. Se piensa mucho en la familia, pero ahora también en el poco hacendoso (qué acierto el nombre de su marca). Hay ensaladas muy apañadas y unas cremas de verduras que siempre me digo compraré la semana próxima. Pero hay un poco de eso, un poco, no una abrumadora oferta de preparados. El objetivo sigue siendo comprar bien, comer bien, hacerte el filetito.
Hay mucho, pero no demasiado; hay de todo, pero no más. El Mercadona es una unidad de medida española.

Domingo, 15 de Septiembre

Valle de Esteban

El bosquecillo de Nemi

"Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta"

DOMINGO, 15 DE SEPTIEMBRE

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola:

-¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.

También les dijo:

-Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Éste le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.

Lucas 15, 1-32

sábado, 14 de septiembre de 2019

Incitatus



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Dicho tenemos que el sanchismo mezcla la “servidumbre voluntaria” de La Boétie y la “bajeza en todas las venas” que Puskin sintió ante el zar. Ahora un socialista ha querido autoproclamarse sucesor de “Incitatus” (el “Imperioso” de Calígula) en un pleno del Senado de apoyo a su presidente, Manolo Cruz:
    
¡Me alegro (de) que esta virtual y pequeña república platónica esté gobernada por un filósofo, por un sabio!

    No conocemos a Santayana, pero todos hemos oído hablar del filósofo y sabio Cruz.

    –A la vista está, sobre mi mesa, una tarjeta que reza: “Fulano de Tal. Filósofo. De dos a cuatro de la tarde. 37, Rue Cadet” –escribe Bonafoux en un París que hervía de escritores españoles de los cuales no se tenía la menor noticia en Madrid.
    
Cruz copia y pega. O sea, punto de Cruz, usado por todas las bordadoras universitarias del Consenso.
    
“¿Tan malo es copiar?”, preguntan los gorriones que viven del grano que se les cae a los bien cebados “Incitatus” del Régimen. Y la verdad es que, en España, no debe de ser tan malo. La teoría marxista del valor-trabajo subyace en un panfleto que Marx tituló “Miseria de la filosofía”. Y ya puestos, el mismo Ortega se apropió, sin citar, de “la circunstancia” de Max Stirner y del “proyecto sugestivo” de Renan, si bien, a cambio, nos regaló la mejor escritura española del siglo veinte.
   
 “¿Alguna vez ha considerado un arte el oficio de hacer películas?”, preguntó Bogdanovich a Hawks. “No”. “Entonces ¿qué cree que es?” “Un negocio”.

    La filosofía es un entretenimiento.

    –¿Desde cuándo ocurren tantas cosas en esta luciérnaga que llamamos hombre? –pregunta Santayana, que ama rebuscar en la tienda de curiosidades psicológicas y sospecha que tuvo que ser un espectáculo para los dioses ver a Berkeley expulsar del universo la materia mientras que Hume expulsaba al espíritu.

    Ambos sufrieron y murieron de cagalera, clave, según el psicoanálisis, de sus teorías filosóficas.

    En España “Incitatus” galopa y corta el bacalao.

Sábado, 14 de Septiembre

Valle de Esteban

Estar cansado tiene plumas

viernes, 13 de septiembre de 2019

Molleras


Lido

 Jesús Fueyo

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Si tu mesilla de noche, lector, aguantó el peso de la “Fenomenología del Espíritu” de Hegel, también aguantará el peso del “Tigre Juan” de Pérez de Ayala, novela a leer, si se quiere entender la industria del manifiesto político en demanda de gobiernos de progreso. El último, suscrito por Bardem, Almudena, Sacristán y no sé si Cruz, acaba de salir del horno. Son… “el generalato de la mollera”.
    
Tigre Juan –escribe Pérez de Ayala– había ido formando para su uso particular un sistema político, el cual se reducía a una especie de dictadura ejercida sobre la plebe por los hombres más ilustrados y honestos. A este régimen de gobierno lo denominaba él: “generalato de la mollera”.
    
Los intelectuales del “generalato de la mollera” tenían un plan de regeneración de España: quitar de dictar a Primo de Rivera y ponerse a dictar ellos. ¡La generación de la cisterna! La del agua puramente aljibada, “la del reservorio frente a la hidrofobia del país”.
    
Dime con quién anduviste en Alemania y te diré quién eres.
    
Dime con qué ministro de Cultura anduviste… Así, el felipato, el zetapato o el sanchopancinato. Copiar libros pesados y firmar manifiestos feministas es su “erótica del poder”, expresión debida a una mollera extraordinaria, Jesús Fueyo, un catedrático de Derecho político que reconocía haber leído el artículo más importante sobre la “teología de la muerte de Dios” en… “Playboy”, y que estudiando a Freud dio con la desviación de Adler, según la cual la “libido” no es sexo: el sexo absoluto es el orgasmo del poder, cuya expresión calificativa es “libido dominandi”. Lo que los demás llamamos sexo es, según Fueyo, una cuestión dulce y proletaria hasta el extremo de que la palabra “proletariado” no la inventó Marx, sino Flora Tristán, con su quena feminista. Los superhombres tienen mucho más que sexo:

    –Su joder, que después de todo viene de “hacer”, es el poder.
    
Y éste es el secreto del gran “show” del Lido… en que seguimos viviendo. Pero con Sacristán de Norma Duval.

Viernes, 13 de Septiembre

Valle de Esteban

Árbol, buen árbol, que tras la borrasca
te erguiste en desnudez y desaliento

jueves, 12 de septiembre de 2019

Trabajar



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    “No trabajéis jamás”, fue una pintada del mayo francés, y la socialdemocracia supone la consagración de la primavera… del 68.

    Pero ahora me entero por un amigo de que lo que queda de la socialdemocracia alemana descubre con horror que el derechismo se da, y va en aumento, entre “adultos que trabajan y pagan impuestos”, para susto de Herr Klopp, un alemán que entrena al Liverpool y veranea en Ibiza y que dice que él jamás votará a “la derecha, porque baja los impuestos”.
   
 Que los trabajadores son de derechas lo sabe en España todo aquél que haya metido en casa a un obrero, pero en Alemania han tenido que recurrir, para verificarlo, a Herr Krüger, de la Oficina Central de Formación Política del SPD. Almas de cántaro, ¿por qué creéis que Marx quería hacer filósofos (y a la española, es decir, cornejas de Horacio: gentes que se adornan con plumas ajenas) a los obreros, cosa que le criticaba el lúser de Bakunin?

    El trabajo es una maldición divina (sólo los protestantes lo ligan a la salvación) que aquí, en el 31, un merluzo, Araquistáin, incorporó al artículo primero de la laica Constitución republicana, dejando sin amparo político a la mitad del país, enfilado, por tanto, a la guerra civil.

    A John Gray le resulta aberrante “la excelente consideración que el trabajo tiene entre nosotros”, pero él habla de Inglaterra, un país de derechas (sin desempleo) y atendido en el pub por nuestros licenciados, que no tienen salida en España porque España es un país de izquierdas, como se ve en los bares (a este lado de la barra, eso sí), en los partidos, en los periódicos, en los platós, y, de dar crédito a gente que está en la pomada, también en el Ibex.

    La relación de los conceptos “trabajo”, “derecha” e “izquierda” es hoy un cubo de Rubik cuya solución apuntó José Luis Castillejo (poeta, pintor, diplomático) en “La escritura no escrita”:

    –En la escritura no escrita el texto está fuera. En la escritura escrita el contexto está fuera.

    De nada, Herr Krüger.

Jueves, 12 de Septiembre

Valle de Esteban

Querría saber, amantes, cómo es hecha
esta amorosa red que a tantos prende

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Sierra de Las Quilamas


Vicente Llorca

Atravesando la sierra de Las Quilamas, a la entrada del pueblo de Linares, cruzamos por un polígono industrial medio abandonado y ruinoso. Se llama, leemos, “Aguas Malas”.

El rótulo nos reconforta. No debían de ser ciertamente muy buenas las aguas del lugar. Pero en esta época de cursilería aplastante es un consuelo leerlo. Sólo el miedo a la lengua llana debió de llevar un día al profeta de turno a cambiar el hermoso nombre de Porquerizas de la Sierra por el ominoso “Miraflores”. O Chozas de la Sierra por “Soto del Real”, Arroyo del Puerco por “Arroyo de la Luz”, Pocilgas por “Buenavista”, Matajudíos por “Mota de Judíos”, Bellacos por “Flores de Ávila”… El que convirtió la sonora Mazcuerras en “Luzmela” yace hoy en el infierno, estamos seguros, al lado del autor del “Todos y todas”.

El lugar en el que nos esperan, San Esteban de la Sierra, está perdido en un recodo de la tortuosa carretera. En las calles están preparando los tablados para la fiesta. La plaza, irregular, tiene un viejo olmo en la mitad del adoquinado y una abrupta escalera que asciende desde la puerta del ayuntamiento hasta la más profunda oscuridad.


San Esteban de la Sierra


¿Por dónde sacan los toros para la fiesta? – le preguntamos a uno de la cuadrilla.

Por dónde va a ser. Por las escaleras.

Estos toros surgen del Averno, pensamos. El mozo al que hemos requerido nos lleva entonces escaleras arriba, ascendiendo hacia las sombras. Todo parece estar tranquilo aún, en estos días de vísperas. Pero subimos por la angosta cuesta intuyendo que de un momento a otro pueda surgir el Minotauro, al que vamos a despertar.

Hay un oscuro chiquero en lo alto, una puerta estrecha entre dos casas de piedra. El toro, como mensajero infernal, surge en efecto de la oscuridad del pasaje, nos cuentan, irrumpiendo como furia del Hades en la plaza con talanqueras.

¿Y aquí torean?

Aquí. La tradición es que los hombres del pueblo esperen en fila al animal. Luego se torea.

¿ Y cómo se libran del toro?

Nuestro interlocutor se encoge de hombros. No hay respuesta para ello.
En un almacén habilitado como bodega el fotógrafo del pueblo nos enseña la exposición de imágenes de las fiestas que ha preparado. Nos invitan a un vino local, sombrío y áspero, como las quebradas que rodean las casas.

El antiguo reportero está empeñado en que apreciemos unas fotografías clásicas, un tanto tópicas, en las que aparecen unos cinqueños de ganaderías famosas a contraluz sobre la dehesa. No le hacemos mucho caso. A mí la que me gusta es una copia gastada en la que un ignoto novillero aparece toreando por abajo a un morlaco con greñas. El ruedo es de piedra, los del pueblo andan alrededor, un viejo fuma sobre una escalera, el olmo se erige, antiguo, detrás del heroico oficiante.

Pienso en un heroísmo anónimo, serrano, que se repite tantas veces en estas fechas de septiembre.

¿ No le echan arena a la plaza? – pregunto a la salida.

No. Aquí nos gusta mantener la tradición – afirma rotundo el que parece ser el jefe de la cuadrilla, que se ha sentado en la puerta del ayuntamiento.

Invita a fumar y nos cuenta después.

Aquí a la gente le gusta respetar sus costumbres. Los ayuntamientos han mantenido desde siempre la fiesta. Todo el pueblo baja a la plaza. Y todos los hombres esperan al toro en la puerta. Pues luego...

Este pueblo está cuidado. Los únicos que han estado a punto de acabar con las fiestas han sido los políticos –replica otro, que está levantando un tablón. -Con las contribuciones y los decretos nos están dejando sin nada.

No hacían falta entonces los antitaurinos – le decimos.

No, señor. Para terminar con esto no hacen falta.

Las calles del caserío, en la ladera de un risco, están en cuesta. Las casas tienen muros de adobe y piedra entre un entramado de madera, a la manera tradicional de la sierra. Las puertas, debajo del nivel de la calzada, son de hoja doble. Todas cuentan con un pronunciado alero, de castaño intuyo, que da sombra a la calle y protección frente al hostigo. Los inviernos aquí deben de ser muy largos.

Aquí oscurece mucho antes que abajo, en las Hurdes.

Normal. En estas sierras…

Comemos en una casa vieja sobre los chiqueros del ayuntamiento. Por la áspera cuesta suben los mozos, nos han contado, para abrir los toros el domingo de la fiesta. Con el vino de la zona da más vértigo todavía.

Al café ha venido entre otros Jesús, un viejo menudo y nervioso, que había vivido siempre en el pueblo, hasta que tuvo que marchar a Suiza. Regresó hace unos años. Todas las fiestas se coloca en la fila de los mozos, frente a la puerta de chiqueros.

¿ Y cuando sale el toro qué hacen?

Me mira. Se encoge de hombros, él también. Luego nos cuenta de una vendimia que tiene que subir a las escarpadas y estrechas viñas, en terrazas en lo alto del monte. Suben y bajan la uva en carretillas, desde la cooperativa a la entrada de la carretera. Antes cargábamos los serones en los burros. Todo el día las caballerías arriba y abajo.

¿ Y ahora?

Ahora ya no quedan burros.

En el verano, nos cuenta luego, formaban los serranos las cuadrillas. Bajaban a las fincas del valle, se contrataban para la siega. Llevaban con ellos la herramienta, dormían en los pajares. Al terminar la cosecha volvían con algo de dinero al pueblo. Luego, pronto, empezaba el invierno.

En Miranda del Castañar, a veinte minutos, se celebra una novillada en la plaza de piedra bajo el castillo y allí vamos luego. Las bandas de música atruenan la calle y, cuando callan, comienza a tocar el tamborilero. Los mozos, en el centro del ruedo, llevan vasos en la mano. Esperan a que suenen los clarines para retirarse. Van a lidiar una novillada áspera, antigua. Los utreros al salir ocupan toda la plaza.

Hay una suerte de necesidad, pienso un momento, entre la fiesta, los tambores, el vino de la sierra, la verbena y la sangre, que va a saltar en algún momento u otro de la corrida. Es necesaria, siento luego.

 Pero no sé explicarlo más.

En otro momento surge el toro, berrendo y astifino, de debajo de los corrales de la muralla. Los que decidieron llamar “Valderrubio” al célebre lugar de Asquerosa, en la Vega de Granada, aquí están muy lejos, también.

El fútbol desde Gamonal

María Magdalena y San Juan Bautista

Patronos de los solitarios


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Llevo todo el verano de la casa de Gamonal al hospital, y tras el alta, de Gamonal a Fuentes Blancas acompañando a un hermano herido por esa moda más extendida de lo que un servidor creía y que llaman ictus. Tengo todo abandonado y sólo la vista de la Cartuja a la que nos acercamos casi todas las mañanas me trae ese sosiego que uno quiere para todos los suyos. Para mi madre sobre todo, a la que mantuvimos la palabra dada de una pequeña fiesta ante un lechazo al llegar antier día 9 a los 90 años. Mi madre, de la que un día pondré aquí sus trabajos y sus días, a la que se le fue Carlos, el cuarto de los seis hijos; Pedro, nuestro padre; y que se sabe y siente necesaria para atender en lo posible a César, también con cierto desvalimiento por una descarga eléctrica hace treinta y tantos años, y que tan buena pareja hacen en el piso de la calle Vitoria. José, el del ictus, y mi hermana Nuria, acuden a la casa al salir de trabajar, y los cuatro comen juntos todos los días para tranquilidad en las Andalucías de quien esto escribe. Mi otra hermana, melliza de José, le acompaña estos días, por lo que aprovecho para bajar a Córdoba, solventar ciertos asuntos y asomarme a Salmonetes... más que nada para decir que no he desertado y que causas de fuerza mayor me han apartado de este balcón.
     
Ha empezado el fútbol. Sigo abonado al Córdoba. No he visto ningún partido. Ni del Córdoba... ni del Burgos. No conozco los futbolistas blanquiverdes que ha podido contratar Alfonso Serrano, aqeél medio estiloso del Valladolid, hoy director técnico de Jesús León, y sólo la presencia de Quique Martín como entrenador -no me cabía que aceptara-. al que se le supone firmeza atrás y conocimiento de la necesidad, me dan cierta esperanza de desandar el camino perdido de modo tan ignominioso.
     
 Enrique Martín Monreal es un “tipo majo” al que le tengo mucha ley no sólo porque lo he abordado en la calle en tres ocasiones distintas y siempre me ha soportado con extraordinaria amabilidad, sino también porque fue fiel sin atender tentaciones, al mismo club, Osasuna, en el que se retiró al año siguiente que me aboné, y como en esto del fútbol los aficionados nos dejamos llevar por nuestros particulares episodios, para mí Quique Martín es un tipo del que fiarse por mucho que luego se equivoque. Nada que ver con ese Neymar al que no vamos a negar sus virguerías con la pelota, pero al que uno no desearía nunca en su equipo porque como no sabe lo que quiere -si gloria o dineros- nunca podremos sospechar sus futuros caprichos siempre mucho más importantes que la historia del club que le harta a millones. Sea el Barça, el Madrid o el PSG. El se cree más y todos los días lo demuestra ¡¡Qué chico éste!!
      
Normal y lógico es que si destacas en el Burgos o el Córdoba aceptes ir al Madrid, Barça, Valencia, Betis... pero ya en el Barça o Madrid ¿qué más se puede querer? Siempre he admirado a los futbolistas que sólo conocen un equipo, como los matrimonios de reconocida fortaleza, teniendo posibilidad de mejorar -poco, pero mejorar- y me acuerdo de Iríbar, el Athletic antiguo en general, Puyol, el Totti romano, el mismo Messi, el extremo Giggs y aquel Ceulemans del Brujas que fue ejemplo de lo que intento referir. De entre los grandes Pelé creo que sólo dejó el Santos para irse a aquel Cosmos que era como una troupe promocional. Me estoy enredando y lo que quería decir es que el “dale que dale” de Neymar creo que no sólo me ha asqueado a mí, sino a todos los que en pura lógica iban a ser abonados del club en el que ansiaba aterrizar. ¡Muy enloquecido tiene que estar el presidente del club europeo que lo fiche cuando deje el PSG! Yo creo que su sitio es el Brasil.
   
¡Ah! He visto los inicios de la liga de los buenos y el Madrid mal, el Barça mal, el Atleti como siempre... y el Betis con unas alegrías que pueden llevarlo al desastre.

El globero


Stalin, Roosevelt y Churchill en Teherán

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El globalismo nació el 4 de mayo de 1493 con la bula “Inter caetera divinae” del papa Alejandro VI. Ahora, para poner orden en el globo, ha accedido a hablar el pensador global, González, santo patrono de la socialdemocracia hispánica.
    
Si la moral cristiana nació en la Última Cena, la moral socialdemócrata bien pudo nacer en la cena del 43 en Teherán, con los Tres Grandes preparando la posguerra. “Cincuenta mil alemanes deben morir –dijo Stalin–. Su Estado Mayor debe desaparecer”. “No tomaré parte en ninguna carnicería a sangre fría –replicó Churchill–. Lo que ocurre con la sangre caliente es otra cosa”. “Propongo –terció Roosevelt– una solución intermedia. En vez de 50.000 muertos, vamos a dejarlo en 49.000”. Voilà! ¡La socialdemocracia! Boris Johnson, que describe la escena, dice que, tras esta jocosa ocurrencia, el hijo de Roosevelt, Elliott, tomó la palabra para comunicar su cordial acuerdo con la propuesta de Stalin y su convencimiento de que el Congreso la apoyaría. Churchill abandonó la sala.
    
El pensador global, que es coleccionista de palabras (en vez de gobierno, dice gobernanza, y en vez de global, dice “hologäisch”), sostiene que el “capitalismo triunfante” no es sostenible (vamos, que ve a su amigo Slim recogiendo cartones)… ¡y se autodestruye!, cosa que ya había dicho Marx, abandonado en mayo del 79 por González como quien abandona al abuelo en una gasolinera. “¡González abandona el marxismo!”, lloraba por las esquinas el columnismo “engagé”. Pero González no había leído (sigue igual) una palabra de Marx. Como diría el filósofo Manolo Cruz: “¿Para qué?”
    
Ni de Marx… ni de Gramsci, a quien atribuye el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad, que son de Romain Rolland, aunque, como diría el filósofo Manolo Cruz, “¿y qué?”.
   
 –Yo tengo la reflexión contraria –dice González–. Desde el punto de vista de la inteligencia, soy optimista.
    
El pensador global no sabe que la inteligencia es pesimista sólo cuando es profunda.

Miércoles, 11 de Septiembre

Navalcarnero

El Pueblo

martes, 10 de septiembre de 2019

Camilo

ABC


Camilo Sesto no necesita homenajes
 porque tiene ganada la eternidad

Remainers

Cromwell


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El “remainer”, como llaman los ingleses al partidario de quedarse como está, viene a ser un reaccionario con encanto que ve en el Brexit otra guerra de la Vendée y para evitarla lleva tres años tirando piedras al referéndum que perdió. Mas no es un lúser; es un… “remainer”. O sea, un… “quedacionista”.

    Si hablamos de mentalidades (la gran aportación del francés Lefebvre a la historiografía), el “remainer” inglés se quedó en Cromwell y su dictadura parlamentaria y el “remainer” español se ha quedado en Franco, que fue una dictadura… “paliada por el incumplimiento” (matiz de Gabriel Maura).

    Leer a nuestros jóvenes “remainers” es oír a Franco en el discurso navideño… del 59:

    –Cada día se acusa con mayor claridad en el mundo la ineficacia y el contrasentido de la democracia inorgánica formalista, que engendra en sus mismas entrañas una permanente guerra fría dentro del propio país
    
La democracia representativa (donde lo es, Usa, que dio con ella huyendo del parlamentarismo inglés), en efecto, divide: divide el poder y lo separa (“que un poder se enfrente al poder y el ciudadano dormirá tranquilo”) y divide la sociedad en mayoría y minoría, protegida ésta por una Constitución escrita (defensa de uno contra todos), por encima de la ley (defensa de todos contra uno).
   
 El “remainer” autóctono cree, como Franco, que un referéndum sólo se convoca para ganarlo, y desde luego no sobre cosas importantes que las gentes que no han leído a Peterson, a Pinker o a Lilla no entienden. Su hombre es Suárez, que se negó al referéndum monarquía-república (“porque estaba perdido”) y que a toro pasado reformó, por encima de la Constitución, una ley orgánica para ganar el de Andalucía, que había volado (Jaén y Almería).
    
En realidad no nos hemos movido de la “democracia gobernada” (Madariaga), ¡la que no divide!, descrita por Los del Río cuando la Constitución-UE:

    –Si la apoyan los políticos, nosotros por qué vamos a decir no, si no la hemos leído.

    
Y tampoco a La Boétie.

Martes, 10 de Septiembre

Valle de Esteban

Palomar del arrullo
fue la habitación.
Provocabas palomas
con el corazón