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lunes, 20 de mayo de 2013

Periodismo y hermanos

Versión Web

Versión papel

 Programa de mano


La graciosa historia de 
Jacinto Miquelarena
 y los hermanos Neant

Abc, 30 de noviembre de 1930

J. R. M.

Joselito y las mujeres


El once autogestionario

Autogestión en OK Corral

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El año 13 nos trajo un régimen autogestionario (¡el titismo!) al vestuario del Real Madrid, que empezó la temporada con Özil asomándose a la portería vacía del Getafe en la luna de agosto y la terminó con Özil asomándose a la portería vacía del Atlético en la Copa del Rey, cuya final cupo en dos greguerías tuiteadas por Hughes: “A Futre le falta relinchar como Imperioso” y “¿Cómo será una lágrima de Özil?”
 
La forma de peligrar de Özil ante la portería vacía es la de Narciso ante la fuente y simboliza el drama madridista del año 13, que es la incapacidad (Cristiano aparte) para hacerle un gol al arco iris, siendo el arco iris la portería del Getafe en la Liga, la portería del Dortmund en la Copa de Europa y la portería del Atlético en la Copa del Rey, con Özil en el papel de Cardeñosa vestido de Bette Davis.

 
En cuanto a los fados en el plató (o sea, platónicos) de Futre, portugués bueno y estrella heráldica de los Gil, ya suponemos que serían cosa de la autogestión en la TVE de Paloma del Río, dama de acrisoladas virtudes que como responsable de la movida deportiva en el organismo público tuvo la gentileza de aclarar su posición ante el contribuyente:

    –¿Que si me gusta el fútbol? Sí. Me gusta mucho el Barcelona. Es que da gusto verlo. ¿Culé? No. Soy… antimadridista.
 
Autogestión en la TVE de Paloma del Río, autogestión en la Federación de Villar, autogestión en el Comité de Árbitros de Arminio y, al decir de la prensa, autogestión, al fin, en el Real Madrid de Mourinho, cuyos futbolistas almorzaron (es maravillosa la fascinación que la restauración ejerce en el periodismo deportivo) para “autogestionar” la final, que tampoco era ésa la final del Madrid, pues la final del Madrid se perdió en Dortmund.


Los autogestionarios dejaron fuera del equipo a Pepe, que se ha dejado crecer el pelo a lo San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, y a Casillas, como Del Bosque en Copa del Rey (Centenariazo) y Copa de Europa (la Novena) y como Queiroz en Copa del Rey (Montjuich, primer año triunfal de Zetapé).
 

El once autogestionario (los titistas que cortan el bacalao a lo Hierro y Raúl en el vestuario, que viene a ser como la tertulia del Café Pombo) son Diego López, que para coger los córneres tiene las uñas del hombre que se levanta muy temprano y se pone gorra y zapatillas; Essien, con sonrisa de dentista de calaveras; Albiol, entre Rasputín y Rasputón; Ramos, sólo trapío (más, eso sí, que los seis toros de su compadre Talavante); Coentrao, el del pelo incendiado con un cigarro; Alonso, tenor de los gallos más hermosos; Khedira, dueño de una “bocadilloteca” para centrocampistas necesitados; Modric, el virtuoso de café con leche; Benzemá, el ajedrecista que juega veintiocho simultáneas, y una, con los ojos tapados; Cristiano, un romántico que viene a leerles a los piperos esto, que es un drama en verso; y Özil, con su cara de inventor de aparatos para evitar los suicidas del Metro.

    Y no le den más vueltas.



CLOS, CATACLÓS
    Con Arminio y Villar en el palco, Clos, arquetipo de español, se sintió en el escenario ideal para perpetrar un crimen perfecto. Clos era el guardia que en la calle de la Audiencia multó al “Audi” de Conde cuando el banquero recibió el auto de prisión. Clos traía en la barriga las 13 quejas que Mourinho clavó a lo Lutero en la organización arbitral. Con Simeone tan campante en el papel de cuñado de “El exorcista”, Mourinho fue expulsado “por levantarse del banquillo y protestar airadamente”. Luego, por repeler la enésima agresión, vino la de Cristiano, el del ojo de David Navarro. Clos, cataclós de la Españeta.

En la muerte de Pepe Luis Vázquez

Toreo del 49

Pepe Luis se ha ido y no ha dejado escrita su tauromaquia. Podía haber legado a las generaciones venideras, como hizo Domingo Ortega, un tratado en el que desentrañase su toreo, pero ese escrito siempre hubiese sido incompleto, pues la gracia, la facilidad y la soltura son cosas de muy difícil explicación.
 
En estos turbios momentos que vivimos en que se toma tan desmesuradamente en vano el nombre del Arte y en que el sevillanismo ha devenido en profesión, Pepe Luis, inteligencia y arte,  predilecto de Manolete, torero «de pura espuma sevillana en el adorno, pero de profundo toreo en sus grandes faenas», como le etiquetó Cossío, queda para la Historia como el último gran torero salido de un matadero, el penúltimo torero de la escuela sevillana, el que le hacía los tentaderos a Miura. Nos lega la fantasía de la imborrable serpentina de su cartucho del pescao, tomado del Espartero de la Plaza de la Alfalfa. Pura Sevilla. Que la tierra le sea leve.

José Ramón Márquez

Apoteosis de Pepe Luis



Al natural

Giraldillo

Abc
20 de octubre de 1942

(...)

Junto a la apoteosis de Marcial, la de Pepe Luis Vázquez. El chiquillo de San Bernardo tuvo el domingo su mejor tarde madrileña. ¡Cómo toreó de muleta! Poned la gracia más florida en milagroso jardín de Sevilla, cuajado de flores de alegría; agotad los tropos y las exclamaciones, y todavía no se habrá expresado justamente lo que Pepe Luis hizo con la muleta. Fue su triunfo en el toro tercero, algo quedado. Comenzó con cuatro naturales, y luego dio el pase de pecho, y, rozando su pechera, pasó todo el toro, desde la púa del pitón a la penca del rabo, buscando aquella muleta que le encelaba. Otros pases con la izquierda, y luego se abre el esplendor de una faena en la que yo veo el sentido de Gallito con la gracia soberana de Chicuelo. Pero es Pepe Luis, que ayer sumó y superó, con la muleta, esos dos nombres, en portentosa inspiración. ¡Qué gracia en el ayudado! ¡Qué alegre reposo en los adornos! ¡Cómo, erguido, quieto, parado en la misma cara, en ademán de dominio, posado el estoque, tendido sobre el testuz! Unos pases de rodilla, y entra a matar. Pincha. Nueva faena. Se funde con el toro; compone y descompone las figuras más bellas de un torero de imaginación. La tarde deliciosa, de quieto y templado aire, se conmueve por la tempestad de ¡olés! Clama la gente enardecida. Pepe Luis sigue labrando la filigrana imponderable de su faena de muleta. Entra a matar. Media estocada. Y hay una ovación indescriptible, vuelta al ruedo, dos orejas, otra vuelta más. Pero no fue esto todo en el triunfo de Pepe Luis. Hubo la lidia inteligente, ese toreo de fondo, ese toque de un simple capotazo, esa vista para señalar un terreno, para poner en suerte a un toro. En eso, Pepe Luis es maestro. Poca cosa sería el gran artista de San Bernardo si sólo fuera un torero florido, un torerito de gracia, o si queréis, gracioso. En Pepe Luis hay algo más importante que la gracia formal de su muleta pinturera. Está avalorándola, situándole como figura, esa cabeza privilegiada, ese sentido y sabiduría de todo cuanto hace. Eso se vio en el toro quinto, que brindó a Marcial. El toro no era bueno. Había que lidiar. Pepe Luis lo hizo. Se apoderó del toro y desarrolló otra faena luminosa. Tres pinchazos, media estocada y el descabello... ¡Si llega a matar de una estocada! ¡El día que Pepe Luis halle un tranquillo! La gente no le pide más. La gente se conformaría con eso. Yo no. Yo, que le he elogiado más que nadie, le pido que mate, que mate bien. Podrá hacerlo. Y entonces, señores... En este toro quinto hubo ovación y salida al tercio. En el sexto, comenzó con cuatro pases por alto, enormes, y dio, en seguida, cuatro naturales y uno de pecho. Hubo luego primorosos ayudados y en redondo, asombrosos molinetes, todo bello, ligado, cuajado como en las facetas de un brillante. Así, en facetas bien talladas, chispeaba todo la luz varia de un arte puro en su gracia original y bella. Dos pinchazos y luego media estocada. Dobló el toro. En  triunfo salieron Marcial y Pepe Luis. Iban a hombros de la multitud. Así salieron a la luz gloriosa de la calle de Alcalá, llena aún de un sol de otoño, que parecía, en los alamares de los toreros triunfantes, tarde de primavera. Y la gente desfilaba con la alegría en los ojos, en los labios el comentario. No había discrepancias.

(...)

LAS TAURINAS DE ABC
EDICIONES LUCA DE TENA, 2006

Mourinho y la canallesca

@NataliaPastor
Federico Jiménez Losantos: "Mourinho y la canallesca"

@NataliaPastor
Manuel Jabois:"Cantar del Mio Mou"
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San Isidro en Talavera. La fiesta de la casta victorinera, con Cid y Fandiño a hombros


Gran fiesta de victorinos en Talavera, con El Cid y Fandiño de triunfadores

José Ramón Márquez

Ayer Victorino en Madrid y hoy Victorino en Talavera.

 Los hados nos pusieron a tiro la repetición de Victorino al día siguiente y nos dieron la perfecta excusa para regalar la entrada de Las Ventas. Como a Talavera se llega en auto en una hora, no nos hizo falta tomar el ferrocarril, por lo que esta vez nos evitamos la posibilidad de tener trifulca alguna con nadie en una estación polvorienta, ni tener que abonar el velador roto en el forcejeo.

Lo primero que hay que recordar es que estamos hablando de una Plaza de tercera, no vaya a ser que alguno se ponga exquisito. En ella se presentaron hoy por vez primera los toros de Victorino para ser toreados por Uceda Leal, Cid y Fandiño, nuevo en esta Plaza.

Teníamos interés en ver la corrida de Victorino en una Plaza de poco compromiso, después de lo que ha habido que leer por ahí sobre la corrida del sábado en Madrid, que hasta el propio ganadero ha salido pidiendo perdón, no se sabe por qué; acaso porque sus toros echaron anteayer al vinagre a Talavante, lo mismo que otro de los de la A y la corona hizo en Sevilla con Manzanares III en abril. Dejar tan en evidencia al poderdante de la Empresa de Madrid debe ser algo bien duro para un ganadero, salvo que tenga un nombre que le permita, honor de la divisa, aguantar el tsunami de críticas bastante interesadas que se han vertido sobre él en los cotidianos medios de desinformación taurina.

Victorino trajo a Talavera seis toros cuatreños. Echaron por delante al más pequeño y la corrida fue en una progresión de tamaño finalizando con el de mayor volumen en sexto lugar. Corrida de cárdenos en diversas tonalidades, en general pobre de cara, de cuernas breves y abiertas. El mayor defecto que se le puede poner es su falta de fuerzas, pues tres toros las llevaban algo justas. Se la pegó poco en el caballo, pues todos los toros se cambiaron con un puyazo de diversa intensidad, desde el puyazo fuerte metiendo las cuerdas y recargando hasta el puyazo casi señalado que apenas hace sangrar.

 Los toros estaban muy pendientes de los pencos. Era moverse el picador por la Plaza y en seguida el animal ya se había orientado y demostraba sus ganas de acometer al tresillo de picar. Una vez en jurisdicción de los picadores los toros como mínimo cumplieron arrancándose con prontitud, empujando codiciosamente y recargando. Toda la suerte de varas se produjo en el lugar idóneo y no fue necesario andar cambiando terrenos para animar a los animales que, como se dijo antes, eran prontos al caballo.

El tercero fue un toro muy bravo, y con eso me refiero a la bravura en los términos antiguos y no a esa birria a la que ahora llaman bravo por no llamarle tonto del bote. Hacía mucho tiempo que no veíamos a un toro rematar con tanta contundencia e insistencia en tablas. El toro rompió dos burladeros, para hacer currar a los carpinteros de la Plaza; se echó hacia el caballo con alegría y tomó la única vara con fijeza y sin dejar de empujar, lo sacaron del caballo a base de capotazos, lo bregó muy requetebién Pedro Lara y lo banderilleó con suficiencia Jarocho y luego regaló unas vibrantes embestidas a su matador, de largo y con un buen tranco, pero cuando el torero se quedó descubierto, el toro le recordó que él no era un toro chuflas de esos que se ven por ahí y que tonterías con él, las justas. Incluso su muerte fue de una gran plasticidad, con el toro muy herido por una estocada ligeramente desprendida y aguantando en el tercio. Interesantísimo toro del que indagaremos su nombre para que no quede en el anonimato, pues es uno de los toros más completos que hemos visto últimamente.

Y además de esa joya hallada por azar, los demás tuvieron cada uno sus cosas para que la tarde, al igual que la del día precedente en Madrid, fuese entretenida para aquél que va a los toros a disfrutar con el cambiante humor y comportamiento del toro de lidia.

 El primero fue el más soso, cobró en varas y es el que menos fuerzas tenía de todo el encierro; el segundo, que fue muy bien bregado por Boni, apenas sin darle un capotazo, como suele, por alguna extraña razón, en el último tercio sacó un genio de carácter homicida, mirón, enterándose de todo, que le convirtió en un auténtico regalito para El Cid, tanto que cuando se perfilaba El Cid para matar, el toro se distraía con dos policías que andaban por el callejón de conversación. El cuarto se entregó más francamente a la muleta de Uceda y soportó una faena pasada de tiempo sin sacar los pies del tiesto; el quinto, un cárdeno claro que atendía por Melado, número 40, era algo remiso a tomar el engaño, pero El Cid le acabó haciendo embestir especialmente en dos series por la izquierda que nos hicieron volar al Cid grande de no hace tanto tiempo; el sexto de cuerna muy acapachada cambió en el último tercio quedando gazapón y soso, acaso porque Fandiño le quiso lidiar a la distancia que a él le convenía y no a la que el toro demandaba.

Con este material, Uceda estuvo, básicamente, como Uceda. Toreo frío, de oficio, más bien por las afueras, sin buscar el compromiso. A su segundo lo mató de un soberbio volapié hasta la gamuza.
El Cid quedó sorprendido por las intenciones de su primero ya descritas, y a su segundo le hizo una faena muy ensamblada en la que brillaron dos series de naturales con mando y colocación, aunque el conjunto adoleció de falta de una mejor colocación, que a este torero no le va nada eso de ponerse ajulianado.
Fandiño recibió a su primero con tres muletazos desde lejos, con el toro galopando y el torero quedándose en el sitio, que nos hicieron relamernos pensando en cuando venga a Madrid, que ya queda poco. Luego la faena tuvo altibajos especialmente cuando el torero se ponía a «alargar el muletazo» dejándose la pata escondida. La faena tuvo enjundia y alegría, con adornos muy toreros, pero Iván Fandiño debe tomar conciencia de que esa misma faena en Madrid le habría cosechado censuras, por más que tuvo algunos momentos brillantes como el citado principio y una serie de redondos de gran encaje y de gran verdad. En su segundo no entendió al toro o le entendió mal, el caso es que no hubo forma de que aquello funcionase.

Tarde variada con gran importancia de las cuadrillas y de los picadores. Nos preguntábamos si vendría a picar a Talavera ese hermano del Cid que le han colgado en un periódico serio y que se llama Manuel, igual que él, pero al final el único hermano que apareció montado fue, como tantas otras veces, el hermano de Espartaco.
 

El triunfo de Fandiño

 Talavera fabril y manufacturera

 Alcantarillado

 Por primera vez en esta plaza ¡¡¡los victorinos!!!

 La leyenda

 Cervantes

 Corredor con vistas

 Patio de caballos

 La Oficina

 Pisando la dudosa luz de la tarde

 Almohadilla de pitiminí

 Bernal y Espartaco

 Fandiño

 Jinete del Apocalipsis

 La Plaza

 Las pipas de la víspera

 Un reloj que sobrevivió a Morante

 Los Pepes del Cid

 Pirri hecho un San Luis

 Paseíllo
Cid, Fandiño, Uceda

 ¡Rompan filas!

 Haciendo que la camisa llegue al cuerpo

 Leyendo los posos de tafetán

 Formulando firmemente un deseo

 El de negro que inaugura la tarde

Alcalareño y Boni

 El capote de seda de Boni

 El primero del Cid

 El primero de Fandiño destroza dos burladeros

 Bravo como un río de leones

 Destroza el capote de Fandiño

 Fandiño acaba imponiendo su voluntad

 La cigüeña viéndolo desde París

 Reparación del segundo burladero

 Lacoste

 Justo Algaba

 Fandiño, Uceda, El Cid (a la espera)

 Saludo del Cid

 Largando vela

 Casta de toro

 Pensando la faena

 Boni con los palos

 La alguacililla con las orejas

 La cátedra de Boni

 Cid y Fandiño a hombros