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lunes, 29 de mayo de 2017

Lunes, 29 de Mayo

Valle de Esteban

Siempre existe la clase de individuo que no logra ver otra cosa que no sea la manchita en la moqueta, de modo que incluso no logra ver la moqueta.
Chesterton

domingo, 28 de mayo de 2017

Rebuznos que no cesan

Abel Gómez, de naranja, en el ascenso del Córdoba


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Quizás sea un síntoma de vejez, pero confieso que hay cosas del fútbol moderno que no casan con mis principios y cosas mías, la verdad, que se escapan a la comprensión de la barbada juventud que me acompaña en la mina. El interés futbolístico de un servidor  no estaba ayer sábado 27 de mayo  en el Calderón, con lo copero que cree ser uno. Imagino que la despreocupación se debe al psicopático reduccionismo  del fútbol nacional  al bien y al mal. Al  Madrid y al Barça ó el Barça y el Madrid, ustedes sabrán.

      Recién llegado a Córdoba -este año no he pisado la Feria- estuve toda la tarde pendiente de la agonía del Mirandés, que, como era de esperar, acabó ahogado en las aguas de Almería y... el Lorca. Sí, del Lorca. El equipo al que entrenó y ascendió a Segunda Unay Émery (campeón de Copa de Francia ayer también) mientras era centrocampista. Y es que al Lorca, hoy club más chino que murciano, llegó esta temporada Abel Gómez, esa sensacional persona que además es futbolista y al que elogié en su día en este blog pensando que iba a dejar el fútbol. Abel Gómez ha sido garantía de éxito para clubes con aspiraciones. Murcia, Xerez, Granada y Córdoba ascendieron a Primera División con él en sus filas. De Córdoba se fue ¿por qué? al Cádiz de 2ªB y lo dejó en 2ª y al Cádiz se lo pidió el propietario chino del Lorca para situar su club en la división de plata, situación futbolística que a las autoridades murcianas ha de hacer reflexionar, emperradas en glorificar al Real Murcia y en ignorar a la UCAM, ¡qué milagro de equipo! y a este Lorca simpático dirigido por el gran David Vidal, el gallego que vive en Cádiz porque supo encontrar lo bueno que tiene la vida y al que deseo no le salga otro Canal más en el colodrillo riéndose de su profesionalidad.
     
¡Cuánto me alegré ayer por Abel Gómez y David Vidal, poco antes de la última Copa del Calderón! Calderón que me descolocó al verlo con tanto asiento sin ocupar y con tanto asno rebuznador. Está claro que falta educación y mucho más claro aún que no hay remedio a tanta dejadez ministerial. Cruyff, padre espiritual del barcelonismo, lo dejó dicho: “Aquél que pita un himno tiene tara”, por lo que mantengo una apreciación que pueden ustedes considerar de revolucionaria. Hoy, en España, en el único lugar que se enseña a respetar es en la cárcel. En todas las prisiones hay varios módulos que se llaman así: de respeto, y a los que el periodismo no quiere que entren los reos que llevan corbata en libertad. Me pregunto porque los quieren en los, escasos ya, módulos de los yonquis indigentes y refractarios a todo tipo de tratamiento.  El odio irracional, supongo.

     En los módulos de respeto se guarda cola en silencio para entrar en el comedor vestidos correctamente: sin chanclas, camisetas de tirantes o bañadores. No se permite ni el democrático ¿? chándal en el refectorio. Se come en silencio y se  dan los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches al compañero de departamento y al funcionario que los cuenta. No se puede vocear. Todo hay que pedirlo por favor y hacer las tareas con aplicación. El recluso acepta las reprimendas y los negativos, una especie de tarjeta amarilla que al acumular nueve en un trimestre significa la expulsión de los módulos, con responsabilidad y con el propósito de mejorar actitudes y aptitudes. Es decir, todo lo contrario a la afición del Barcelona, experta en odiar por odiar unos símbolos que tendrían que caer sobre sus cabezas para que conocieran un mínimo de lo que significa eso que llaman el “imperio de la Ley” y que veo que nadie sabe lo que quiere decir.
       
La final de Copa fue un partido corriente. Sin emoción pero con Messi. Ante un Messi pitoso  no hay Alavés que valga y eso lo saben los amigos vitorianos, que mucho más educados que los barceloneses, aceptaron la derrota con la deportividad de la que carece la afición del equipo ganador. 
     
Mi fin de semana futbolístico llega esta tarde. Son las 11 de la mañana y dudo entre ir a Linares a ver la salvación del Burgos o al Arcángel. Creo que me quedo en Córdoba, pero mi corazón está en Linarejos. Uno ya tiene edad y después de esta noche en la mina y con una cuadrilla trasnochadora que regresa del último sábado de Feria, cantando bajo mi ventana, lo juicioso es optar por un día sin coche.  ¡Ufff que panorama!

Ocho caballos llevaba el coche del Espartero

 Manuel Garcia (El Espartero)

Jean Palette-Cazajus

“Plaza de Toros de de Madrid - Función del 27 de mayo de 1894... durante la lidia del primer toro, ha sido conducido a esta enfermería el diestro Manuel García “Espartero” en estado de profundo colapso. Reconocido detenidamente, resultó presentar una herida penetrante en la región epigástrica, con hernia visceral; una contusión en la región esternal y clavicular izquierda. Prestados los auxilios de la ciencia para el caso más alarmante que era el colapso y reconocidos como ineficaces, se le administraron los últimos Sacramentos, falleciendo el herido a las cinco y cinco minutos de la tarde y a los veinte minutos de su ingreso en la enfermería”.

Tal día como ayer, en Madrid, hace 133 años, el miureño Perdigón segaba la vida de Manuel García Cuesta el Espartero. Nacido en 1865 en la sevillanísima plaza de la Alfalfa, tomó la alternativa en 1885 de manos de Antonio Carmona ·El Gordito”. Fue el prototipo del torero nacido para morir trágicamente e inspirar coplas populares. Él dijo aquello de “más cornás da el hambre”. Dicen que el dinero se le iba en ayudar a “su gente”. En otro alarde coplero se casó con doña Celsa de Fonfrede viuda del ganadero Concha y Sierra que terminó, pues, doblemente viuda, excitando de paso la imaginación coplera y la mala leche popular. Doña Celsa es abuela y bisabuela de la sevillana dinastía de los Pareja Obregón.

 La plaza de la Alfalfa, Sevilla, hacia 1885

Parece que fue en vida un fenómeno mediático “avant la lettre”. Su popularidad excedía en mucho su cualidades de torero. Cuando murió, los cocheros de Sevilla transportaron gratuitamente la muchedumbre que quería acudir al cementerio de San Fernando. Podemos considerarlo como uno de los pioneros del posterior “tremendismo”. Su torpeza en el ruedo le valió incontables cornadas. Dicen que el fue el inventor del famoso “cartucho de pescao” que medio siglo más tarde popularizaría Pepe Luis Vázquez. Dicen también que fue de los primeros en atreverse a pisar el terreno del toro, en meterse en aquellos terrenos en que “si no te quitabas tú, te quitaba el toro”. Como no tenía categoría para ser un revolucionario del toreo, como faltaban unos años para que amaneciera un Belmonte, el toro de entonces, no precisamente el de ahora, lo quitó.

Su increible popularidad, semejante a la del casi contemporáneo Antonio Reverte (1870-1903), parece acreditar la idea de que la leyenda histórica de los toreros nada tuvo que ver nunca con su intrínseca calidad. Lo mismo cabría decir de la propia popularidad de la fiesta de toros. Podríamos afirmar sin mucho riego de equivocarnos que el aura y la leyenda que rodearon los toros durante siglo y medio fueron cimentadas por gente que no acudían a las plazas. Entre las más de 20 000 personas que acudieron al entierro del Espartero, dicen que hubo gran mayoría de mujeres. El gran Díaz Cañabate, nacido en 1897, 3 años después de la muerte del torero de la Alfalfa, recordaba que, todavía en su juventud, las mujeres no iban a la plaza. Las únicas féminas presentes eran las meretrices y las queridas oficiales. Las mujeres “decentes” empezaron a acudir en los años 30, al amparo de los cambios sociales y de la introducción del peto.

Me obsesiona desde hace tiempo tal cuestión. Si sólo hubiese dependido de nosotros, los aficionados serios, o que presumen de serlo, el aura  y el mito de la tauromaquia se habrían quedado en la asepsia de un quirófano. Somos agrios, resentidos, cáusticos, virulentos, crepusculares. El día que procedan a la detención de los culpables de asesinar el espectáculo que tanto pretendemos amar, nos detendrán también a nosotros por complicidad y cooperación necesaria.

 De Izda a dcha: Fernando Gómez García "El Gallo",
 El Espartero y Francisco Arjona Reyes "Currito"

De propina, los versos de Fernando Villalón, que tenía 13 años cuando presenció, muy impresionado,  el entierro del Espartero. Luego el enlace a un concurso de Canal Sur. Y  Las bonitas sevillanas del Espartero, las cantan, creo yo que con desparpajo, gracia y mucho rajo popular,  tres chicas bastante auténticas ellas. Adjunto las letras por orden de interpretación. El problema es que el iletrismo generacional las lleva a veces a cantar cada una lo que le sale del moño. Para comparar con su versión de la copla 3, un poco tontorrona, adjunto, como 3 bis, la copla original más fiel a la realidad histórica. En cuanto a las coplas que yo numero como 4 y 4 bis, el trío hace con ellas un popurrí literariamente indigesto.

Giralda, madre de artistas,
molde de fundir toreros,
dile al giraldillo tuyo
que se vista un traje negro
.

Malhaya sea Perdigón,
el torillo traicionero
.

Negras gualdrapas llevaban
los ochos caballos negros;
negros son sus atalajes
y negros son sus plumeros.
De negro los mayorales
y en la fusta un lazo negro.

Mocitas las de la Alfalfa;
mocitos los pintureros;
negros pañuelos de talle
y una cinta en el sombrero.
Dos viudas con claveles
negros, en el negro pelo.

Negra faja y corbatín
negro, con un lazo negro,
sobre el oro de la manga,
la chupa de los toreros.

Ocho caballos llevaba
el coche del Espartero.

SEVILLANAS DEL ESPARTERO

1.Al hijo del Espartero,
lo quieren meter a fraile
Y las cuadrillas le dicen
Torero como tu padre.

ESTRIBILLO:
Arsa la guasa, que te
Metiste en la cocina, que te
Llenas de telarañas, que te
Llenaste los calzones,
Que la cecina era de caña.

2. Los toritos de Miura
No le tienen miedo a nada
Porque ha muerto el Espartero
El mejor que los mataba.

3.Las viudas de Sevilla
Menester que se compongan
Porque ha muerto el Espartero
Para que las quiera El Bomba.

(3 bis. La viuda de Concha y Sierra
menesté es que se componga.
Porque se ha muerto el Espartero
Y la pretende el Bomba.)

4.La Maestranza ha puesto
Luto en sus balcones
Y las banderas a media asta
Y mandó poné crespones
En los chiqueros de la plaza

4. bis. Vaya una pena
Se ha muerto el rey de los toreros
De luto está Sevilla entera
Y se han teñío los pañuelos,
De negro toas las cigarreras.

5.Ricardo Torres Bombita
Se ha enamorao de la Goya.
Y la Goya no lo quiere
Porque le tiró cebollas.


Celsa Agniel de Fonfrede

Decimoquinta de Feria. Circo de espadas y benhures más oreja de Cano Seijo de la que algún día tendrá que rendir cuentas al Creador

Al mohadilla para el toreo moderno

José Ramón Márquez

Aún bajo estado de shock severo tras la vuelta al ruedo unipersonal, porque sólo la pidió el Presidente, que le dieron al Hebrea el día de ayer y ya estamos subiendo otro día más por las escaleras hasta la atalaya desde la que día a día vamos certificando el hundimiento de la exigencia de Madrid, de esta primera Plaza de Toros de pueblo del mundo, devenida hoy, particularmente al final de la tarde, en sucursal del Circo de Price.

Con una entrada paupérrima, que se ve que el aficionado de campanillas prefirió irse a la Feria del Libro mejor que a la Feria de Simón, los tendidos se poblaron por un público festivo más interesado en los gin & tonic que les ponen en vasos de usar y tirar que en lo que va ocurriendo en el ruedo. Las toneladas de pipas de girasol, cuya ingestión masiva queda avalada por las montañas de cáscaras que permanecen en las gradas como testigo, acrecientan el aire pueblerino de Madrid,  y de pronto la Plaza de Las Ventas es como la Plaza de Morata, pero con menos gracia. Parte de culpa en esto tiene sin duda el empresario Donsimón, que está trayendo a Madrid corridas absolutamente deleznables, por mucho que los de a tanto el folio se empeñen en cantar al memo de Hebrea como si fuese Belador, porque en Madrid desde que empezó el ciclo del Isidro la exigencia ganadera está por los suelos, en lo metafórico y en lo real, que hay que ver la de años que hace que no se veían caer tantos toros como este año. Allá penas con los veedores, que es como para ponerles un quiosco de la ONCE, y allá penas con esta insana reiteración del ganado bodeguero, tan blando y sinsorgo como el de hoy. El de hoy era de Toros de El Torero, que su dueña se llama doña Lola Domecq Sáinz de Rozas, su empresa Agropecuaria Camporreal S.L., como las aceitunas, y el encaste ya te lo he dicho. Por si alguien no lo sabe, la página 7 del programa oficial recuerda que “en cuanto al comportamiento este encaste conserva la cualidad de ir a más”, palabras del anónimo redactor del programa que, tarde tras tarde, como la gota que horada la piedra,  son machaconamente puestas en evidencia por la manera en que la inmensa mayoría del ganado que se lidia se empeña en ir a menos o directamente a ni ir.

El cartel de este bochornoso sábado se completó en la parte bípeda con Joselito Adame, Francisco José Espada, que venía a confirmar, y Ginés Marín, triunfador de la Feria hasta el momento por trofeos obtenidos.

El primero de los que “conservan la condición de ir a más” era Jilguero, número 18, que entró dos veces al relance al caballo donde apenas se le picó y recibió de Espada un quite por perfectas culerinas, rematado con una revolera perdiendo el capote, la herramienta como aquél que dice. Le banderillean sin voluntad ni acierto y con tres palos en el bicho, uno por pasada. Pirri se pone a hacer como que no se entera en el callejón de qué pasa, para dar lugar a que el Presidente, señor Cano Seijo, cambie el tercio, como así hace. Trucos, iguales que las artimañas de los benhures de la mula. Y hablando de trucos, ahí está el fuenlabreño con el catálogo de triquiñuelas modernas para aumentar la ceremonia de la confusión de cada tarde y volver a poner el pegar pases como contraposición al toreo. Comienza su labor con cinco del Celeste Imperio y uno por detrás para continuar con lo de siempre, toreo en redondo citando con el pico y llevando al toro con el pico hasta bien allá, sin que el animal se aproxime  al toreo ni en sueños. Toreo paralelo o por las afueras, toreo de suerte descargada que repite en su tanda segunda de redondos, pero con el toro corriendo algo menos, que ahí ya se queda algo parado. Luego, un cambio de manos y paseos, muchos paseos, mucha introspección y ¿cómo podrían faltar las inexcusables  bernardinas? Luego, un aviso y después un pinchazo quedándose en la cara y a continuación una estocada desprendida y trasera en la que se vuelve a quedar en la cara, resultando cogido.

El segundo, Verbenero, número 5, toro chico y escurrido, se cae en el quite, que este  tampoco era un Sansón. Adame ofrece en la lidia de este Verbenero un catálogo actualizado de vulgaridad, ventajas y falta de ideas. Por un momento parece que pone la muleta algo más planchada, que no quiere citar con el pico, pero eso es sólo una mera impresión porque en seguida el muletón que porta el mejicano vuelve a su ortodoxa manera de citar en forma de uve. Fatal Adame en este primero al que derriba de un pinchazo sin soltar y un bajonazo. Al arrastrar a este segundo se forma un tremendo bochinche con las mulas de los benhures, que salen corriendo entre asustadas e ingobernadas. Se ve que los benhures están a lo de las propinas que les atizan por su lentitud en ir a recoger al toro y descuidan el entrenamiento propio y de sus bestias.

El tercero, primero para Ginés Marín, se llamaba Pargo, aunque su aspecto era más de sardina, y su número el  56. En su primer encuentro con el aleluya de Óscar Bernal no se le pica, luego se cae y en el segundo encuentro tampoco se le pica. Óscar se retira a contar los cuartos que ha ganado sin trabajar y se produce el tercio de banderillas del que lo más sobresaliente es la descarada manera en que nadie va a ponerse a la salida de los pares, a fin de cuentas estamos en la feria de un pueblo. El toro es listo y una vez que se ha enterado de que por allí anda Ginés Marín, en vez de hacer caso al programa en lo de “la cualidad de ir a más”; acaso a cuenta de su debilidad, se dedica a lanzar un incómodo tornillazo y a puntearle la muleta, que yo creo que no ha sacado un solo “pase” sin enganchar. Eso dura hasta que, exhausto, Pargo se desploma y cae sin fuerzas. Este toro, que tenía cosas como para poner a cavilar a un torero,  le sirve a Ginés para tapar un poco su falta de oficio y de mando. Con un pinchazo y otro pinchazo hondo se dispone a descabellar sin haber dejado una estocada antes, cosa que hace por cinco veces perdiendo la muleta en dos de ellas.

Cuando sale el señor vestido de domador del circo que porta el cartelón donde se anuncian los toros, éste nos informa de que va a salir el quinto, Omaní, número 6. Luego no sale ése, sino que sale el que le correspondía salir, Oropéndolo, número 42. Ahí tenemos de nuevo a Adame recibiendo a Oropéndolo con sus mejicanadas capoteras, perdiendo la herramienta en el remate de la fantasía. Se pica poco y trabajan la mar de bien los peones, Miguel Martín y Fernando Sánchez. Comienza el mayor de los Adame su toreo con los consabidos derechazos trazados y guiados desde el pico de la muleta, bien por afuera, rematados con el obligado. Otra serie de igual factura sirve para continuar con las mismas trazas su labor, luego agarra el trapo con la izquierda para seguir echando bien afuera al animal que, desfondado de tanto ir y venir, cae. No hay ni que decir que las veces que consigue ligar dos o tres muletazos templados de la forma descrita el público ruge, que hay que ver lo que gusta el ligue y el temple. Luego se propone dar unos cuantos naturales de uno en uno, harto vulgares, antes de volver de nuevo a la derecha, que esto ya es como el que mira a un tío currando en abrir una zanja a pico. Luego un pequeño entremés encimista da pie a una estocada baja saltando y luego otra igual. De nuevo los benhures de la mula vuelven a hacer el ridículo, al no ser capaces de dominar la triga de mulas al arrastrar el toro, que lo suyo es más bien lo de ir despacio al roneo de lo que caiga.

Ahora en quinto lugar se corre turno y sale Hurtador, número 1, que aprieta a Ginés Marín hacia las tablas en el 9 en los lances de saludo. Entre Fini y Ginés le dan a Hurtador dos capotazos de esos echándose hacia un lado y quitándose que dan los mozos en las capeas de los pueblos. Luego se queda Ginés a la derecha del picador, Agustín Navarro, a ver cómo le va a pagar su salario por no trabajar y luego hace en los medios el quite del “ahí-te-quedas” con el toro corriendo suelto en dirección al 2. El toro tiene sus dificultades y Ginés no da una a derechas, presentando un vademécum de enganchones y una patente falta de ideas y de oficio. Ni siquiera se le ocurre machetear al toro antes de cortar su inexistente faena en la que, como apuntó sabiamente mi amigo Andrés: “Ni tuvo la cabeza como para torearle ni tuvo los coj…  como para aguantarle”. Se libró de él con una estocada baja y tendida echándose fuera.

Y el sexto, al fin Omaní, y con él el Circo Mundial en Ventas antes de las Navidades. Comienza Adame con nueve del Celeste Imperio junto a la barrera del 8 y el toro cae en el remate por alto, precisamente. A continuación sigue su labor tan por las afueras como en los otros dos toros precedentes, sin novedad. La misma sensación de ver a un señor currando, poniendo pladur, abriendo una roza, pegando rodapié… El toro es un pesado como esos que les dices ¿Cómo estás? y te cuenta cómo está; la cosa es un latazo hasta que el animal le arrebata la muleta a Adame y él la recupera en el aire. En esa prestidigitación el público se quita la somnolencia y se pone como loco. Adame lo ve claro y se pone también como loco a presentar su perfil más bullidor y pueblerino entre el griterío del respetable. Se perfila a matar, arroja de sí la muleta y se echa sobre el toro sólo con el estoque para cobrar una estocada de efectividad total, pues el toro sale rodado a morir… y el torero también, cayendo el burel sobre las piernas del maestro, de donde le tienen que extraer los peones tirando de él. De ahí a obtener la oreja de menos valor que se ha cosechado en Madrid en los últimos veinte años no hay nada, sólo la pañolada del señor Cano Seijo, de la que tendrá que rendir cuentas al Creador cuando llegue el día.

 Antipánico a prueba de Simon

Silla de pista
Circo Price

Domingo, 28 de Mayo

Valle de Esteban

Pascal atacaba a los infames jesuitas porque decían que una joven puede casarse, en determinadas circunstancias, en contra de la voluntad de sus padres.
Chesterton

"Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos"

DOMINGO, 28 DE MAYO

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

-Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.

Mateo 28,16-20

sábado, 27 de mayo de 2017

Belloc

Hilaire Belloc

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Un general de cuatro estrellas, Jack Keane, paracaidista en Vietnam, comandante de la 101 y diseñador de “la oleada” en Iraq, viendo ayer la pose de los “feckless leaders” europeos de la Otan en Bruselas, dijo:
–No son serios. La mayoría de ellos carece de voluntad moral y nacional para defender a su propio pueblo.
Son palabras que hoy suscribiría Hilaire Belloc, profeta en 1912 del Estado del Bienestar que él llamo “Estado Servil”, es decir, la granja socialdemócrata.
El Estado Capitalista engendra una teoría colectivista que, al aplicarse, produce algo completamente distinto del colectivismo, a saber: el Estado Servil.
Chesterton, a quien Belloc llevó al catolicismo, dice que su amigo adelantó “una teoría económica tan original que muy pocos entienden aún en qué consiste”.

Belloc anuncia una sociedad de dos clases: la primera, económica y políticamente libre, en posesión de los medios de producción; la segunda, sin libertad económica ni política, pero con las necesidades vitales aseguradas (bienestar). Resuelta así la inestabilidad capitalista, los hombres aceptarán ese orden de cosas, “y daré a tal sociedad estable el nombre de Estado Servil”.

El pasado inmemorial de Europa es un pasado servil.
Belloc vio en la tendencia al Estado Servil un “retroceso a nuestro paganismo originario”, y con ello nos dirige a otro gran ensayo, “Europa y la Fe” (1919), con ideas luminosas sobre la deificación europea del Estado y la adoración al Ejecutivo.
Esto me gobierna; por lo tanto lo adoraré y haré todo lo que me diga.
Cree que “la apostasía de Gran Bretaña” (¡qué buena pista para el burdo agit-prop contra el Brexit que padecemos!) es el hecho más trascendental en mil años: la Reforma fue la reacción contra “la unidad, la disciplina y la claridad de pensamiento” de Europa,
Estos ricos cuya avaricia traicionó a Europa no tenían excusa. Hicieron todo eso como si su objetivo fuera la transformación religiosa. Pero su verdadero fin era el dinero.

Decimocuarta de Feria. Madrid, Castella famoso, con toros (¿o toras?) de Jandilla, qué merendilla, y un titista* en el Palco

Rosetón venteño

José Ramón Márquez

Hoy atravesamos, como dijo aquél cursi, el ecuador de la Feria. Llevamos catorce corridas, contando la de la Prensa, y nos quedan otras catorce. Si acaso queremos echar la vista atrás es como para quedarnos como la señora de Lot, visto el páramo tras ochenta y cuatro toros que llevamos y no sé cuántos toreros. Cómo será la cosa que el empresario Donsimón hace ya ni sé los días que no asoma por su burladero donde tiene de mandadero al rubio Curro Vázquez, aficionado práctico al jiu-jitsu y admirador de la cosa cosmopolita. El resumen de mi Feria hasta hoy es breve y conciso: la corrida de La Quinta, el toro Acobardado, número 46, de El Montecillo, sobrero en la corrida de Parladé, el espeluznante segundo par de banderillas de Ángel Otero al Carapuerco de El Pilar y la estocada de ayer mismo de Álvaro Lorenzo a su segundo. He ahí lo que nos ha impresionado, lo imborrable y, fuera de Feria, la faena de Talavante al del Conde de Mayalde. La verdad es que no es mala cosecha. Bueno, todo eso que se ha dicho y, además, el buen rato que echamos cada tarde en la Plaza, que eso ya no nos lo quita nadie tampoco.

La tarde de hoy guardaba su sorpresa: si ayer la propuesta juliana no acabó de entusiasmar al público, por lo que parece, dado que no se llegó a colgar en la taquilla el cartel que dice “No hay billetes”, para que se lo apunten bien los que dicen que Julián mueve taquillas cuando lo que de verdad él mueve es “plumillas”, y resulta que hoy  colgó dicho cartel Francisco Rivera, Paquirri II, que venía a despedirse de Las Ventas, donde lo que tiene hecho de interés fue hace tanto tiempo que ya casi nadie de los que se sientan en los tendidos se acuerda de ello. A las siete y cinco minutos salió Paquirri II con la montera calada a ponerse en procesión tras de don Carmelo Caballero y otro señor cuyo nombre ignoramos, pues el que anuncia el programa como alguacil, don Álvaro López se encuentra convaleciente y desde aquí hacemos votos por su pronta recuperación. Así pues, Paquirri II, Sebastián Castella y López Simón se pusieron tras don Carmelo y el Jinete Anónimo y atravesaron el ruedo en romería, que la cosa iba a empezar. En las jaulas de Florito estaban metidos desde por la mañana cinco toros de Jandilla, que es ganadería muy larga y con multiplicidad de productos; toros bodegueros, como es bien sabido, propiedad de don Borja Domecq, y de remiendo un primo hermano de Vegahermosa. De los seis, por no sé qué lio, que se confundieron en la ganadería tengo entendido, cuatro llevaban nombre de vaca; Chillista, número 93, el primero; Hebrea, número 94, el segundo; Investigadora, número 31, el cuarto y Hojeadora, número 69, el quinto.  Hay que decir que el ronrroneo que se percibía antes de entrar era el de dar a esta corrida como triunfadora de la Feria. Para tal fin en el palco se sentó don Gonzalo Julián de Villa Parro, dado que la Delegación del Gobierno decide que ese señor puede acoplar sus posaderas ahí.

Paquirri II, torero de dinastía larga y fecunda, sobre todo en sus orígenes, fue iniciado en el toreo por su abuelo, Antonio Ordóñez, que si por un milagro reapareciese mañana, acababa con el cuadro. Ahora emula a Lagartijo el Grande en lo de ir haciendo una temporada de despedidas, “pasar la gorra por los pueblos” en feliz hallazgo de Frascuelo, que viene estupendamente en lo económico para encarar el futuro. Hoy, en el día de su adiós revivimos la primera vez que le vimos torear, hace veinte años, en la inauguración de La Cubierta en Leganés con José Miguel Arroyo y Ponce, con toros de Domingo Hernández, y la tarde de su confirmación, con los mismos y toros de Samuel, con aquel inolvidable tercio de quites en que padrino y testigo se enzarzaron como dos gallos ante la estupefacta mirada del neófito. Antiguallas. Hoy trajo a Las Ventas la evocación de su padre en sus hechuras, en su manera de caminar, en algún gesto y, por dinastía, en los ademanes que vienen de la excelente crianza de un torero a quien la gente del toro le rodea por todas partes, desde niño, educado en el seno de una potentísima y centenaria dinastía taurina. Baste con eso para dejar reseñado a Francisco Rivera, que a estas alturas da lo mismo si dio un natural de más o se cruzó un poco menos. Su último toro en Madrid, Investigadora, fue un bicharraco cornipaso, manso y fuera de tipo, más en Margarita Salas que en Juampedro, al que Paquirri II despenó con una estocada rinconera, en justo  homenaje a su abuelo.

Castella venía como una moto. Tras sus fracasos en Sevilla y el de hace unos días en Madrid se ve que el hombre no quería dejar pasar la oportunidad de dar un golpe en la mesa reafirmando su validez para seguir en la parte alta del escalafón. Nos vamos a detener un poco en su toro, Hebrea, que es toro de hechuras acorde a su origen en el que en seguida se aprecia la calidad de su embestida y su falta de fuerzas. El animal es presto en acudir al caballo, las dos veces desde la media distancia, las dos veces recibiendo un picotazo meramente señalado. López Simón le hace su quite y lo tira al suelo por dos veces; luego el animal es alegre en banderillas, siguiendo a los peones. Si sería bien mandado que hasta cuando Viotti se lo lleva a una mano al burladero del 6 el bicho va como el que entra por la alfombra roja del Festival de Cannes. En la muleta, Hebrea es el prototipo del toro tonto tan del gusto del público de nuestros días: ni una mala acción, ni una mirada fuera de lugar, acude a los cites como vas al pescadero cuando te toca tu número, toro de una nobleza más bovina que brava, perfecto para eso que dicen de “estar a gusto con el toro”, porque cualquier condición relacionada con la fiereza o la personalidad simplemente no existía. Era este Hebrea de la misma condición que los que siguieron a Moisés camino de Canaán, siendo en este caso Castella quien hacía el papel del profeta. Y la buena nueva de este profeta no fue la de liberar al toreo de esa abrumadora uniformidad de modos y formas que lo asfixia, que el toreo de nuestros días es como esas colonias de chaletitos adosados todos tan insoportablemente iguales, sino la de aplicar las formas del toreo moderno al toro moderno. Castella se plantó a dar muletazos templados y ligados aprovechando a su favor las óptimas condiciones del toro para eso, y ya que los públicos demandan temple y ligazón, pensando que eso es el toreo, Castella a pachas con Hebrea dio todo el temple y la ligazón que su entendimiento fue capaz de dar. Comenzó con la canónica pedresina, siguió con una templada y ligada serie por las afueras, rematada con los adornos canónicos, otra menos ligada también bien despegada en la que tiene que recurrir a las carreritas de reposicionamiento y en la que hace un gran cambio de mano, otra serie por la izquierda algo torpona y trompicada, otra de redondos fueracacho, como la primera, rematada con estéticos adornos… las gentes disfrutan de lo lindo y el torero también, tanto que tira la muleta con lo que el suelo está regado por una montera boca abajo, un par de zapatilla y una muleta. Faena de muchos pases y muy poco toreo, en suma, en la que da un total de tres cambios de mano. Se queda en la cara al matar, cobra media estocada trasera y no se arriesga a fallar con el verduguillo por lo que deja junto a las tablas del 5 a Hebrea a que se muera cuando le venga en gana. Luego, la petición, los benhures de la mula dando un rodeo a 2 por hora y la oreja y, sorpresivamente, el pañuelo azul de la vuelta al ruedo al Hebrea, el señor de Villa Pardo sabrá por qué, pues esa vuelta no fue pedida por absolutamente nadie en la Plaza.

Su segundo era otro cantar. Primero salió Hojeadora, castaño, al que se protestó algo por blando. Luego, cuando ya sin protesta alguna, la afición se resignaba con el toro, después de haberlo picoteado y de tres pares de banderillas sin haberse caído, el señor de Villa Pardo le sacó el pañuelo verde, pedido por nadie en la Plaza, él sabrá por qué. Salió León, número 39, de Salvador Domecq y ahí la cosa cambió: el toro no era un leviatán, pero no regalaba las embestidas, había que torear, poderle, dar ordeno y mando y ahí anduvo Castella mostrando su cara de impotencia y de ver que, hoy como ayer, la puertecilla grande del 1+1 se difuminaba en lontananza. No le salió nada de lo que ensayó y suplió su falta de recursos con su conocida táctica del arrimón, demostró de nuevo que se entiende mejor con la derecha que con la izquierda e incluso dio un invertido. Está claro que el toro con algo de problemas no es para él.

Y López Simón con su cerro de olvidadas Puertas Grandes de Madrid, que ya las quisiera el Juli para él, sigue en su línea en su particular descenso a los infiernos. Va acompañado de una buena cuadrilla. Ángel Rivas agarró un soberbio puyazo a su segundo, Decano, número 69,  en su segunda entrada y en ese mismo toro Vicente Osuna y Arruga parearon con soltura y facilidad de buenos peones. Parece que los públicos hayan dado la espalda a López Simón y que lo que antes le era fácil ahora se le vuelve arduo. A su primero le planteó una faena basada en los mismos principios que la de Castella, a la que nadie hizo caso. En su segundo, que obligaba a tener que trabajar un poco, dio menos la cara y las gentes siguieron desentendidas de él. Da para poco más lo de Barajitas hoy en Madrid.

Al irse Paquirri II le despiden unos destemplados, agrios e innecesarios pitos, nítida expresión de ese odio social español que no tiene que ver con los toros, que está incrustado en el ADN nacional desde el Antiguo Régimen. Así somos y en los toros se nos conoce perfectamente.
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*Que practica la autogestión (hacer lo que a uno se le pone en los compañones) de Tito, el Juan Palomo del socialismo

Sábado, 27 de Mayo

Valle de Esteban

¿Cómo podemos contenernos cuando el presidente adopta una actitud como si estuviera señalando las estrellas del cielo y declara que el darwinismo es una teoría científica que durará eternamente?
Chesterton

viernes, 26 de mayo de 2017

Los pimpolludos



Hughes
Abc

Es la foto que ha colgado el presidente de los liberales europeos, de nombre impronunciable. Son Trudeau, el cosmético Macron, Bettel y Charles Michel. Han sido bautizados como los “gamechangers”. Son como Curry, la agarran y cambia todo. Mismas reglas, otra cosa.

La foto tiene algo visual muy potente, que se dice ahora. “Potente” o “brutal”. Hay una felicidad y una conformidad repulsivas. Jamás he sentido una emoción anti élites, pero ahora sí, podría empezar a sentirla. Sus sonrisas llaman íntimamente a la guillotina. La juventud sonriente, brillante, bien formada y casi homoerótica de estos liberales pimpolludos es rara. Son todos parecidos. Cero diversidad. Son productos humanos en serie. Patricios, blancos, suaves, frívolos. ¡Que se diversifiquen los otros!

El centro es como una sexualidad. Los centristas son como bisexuales de sí mismos.

La imagen me ha recordado al PP. Ese refresco generacional que Rajoy se sacó de la manga con Casado, Maroto y Levy (nombre de razón comercial). Puede decirse que Rajoy se adelantó a la jugada con ese plantel de Nueva Política. Ahí los puso, a “jovenear”. Se le critico, pero la verdad es que pasado el tiempo se vio que sí, que iba a ser eso.

La sonrisa de Rajoy en las fotos, que no es nunca sonrisa sino una especie de espantada mueca rumiante, es ahora muy sustituible por la sonrisa de Rivera. Rajoy empieza a estar ya amortizadísimo rodeado de retratos así. Su careto rechina como un pasado ideológico. Qué bien quedaría ahí Rivera ¡con su sonrisita de waterpolista! No es la corrupción, que le da igual al copartícipe pueblo español. Es la sonrisita socioliberal, socioprogreliberal, sociodemoprogreliberal, extremo centrista la que no le sale ya a Rajoy.

Esta gente tiene en común que sabe sonreír y que dicen una cosa y la contraria. No negándolo, que eso sería dialéctica y bla, bla, sino superponiéndolo.

El liberalismo pimpolludo es tan lácteo, tan mamatorio, tan mofletudo y querubínico que puede no ser suficiente. Pese a su juventud, no parecen ser seres humanos que empiecen nada, sino productos rematados de algo anterior que salen como de un laboratorio ideológico por reproducción asistida entre lo académico y lo corporativo.

Hay algo de genealogía truncada en ellos. Como una cierta esterilidad que contrasta aún más con su buen aspecto.

Los líderes

Max Weber

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Después de ver a Talavante en un tris de tomar el olivo en Las Ventas perseguido por un cuvillejo (¡una liebre detrás de un galgo!) contra el que acababa de sacudir las migas del mantel que es su capote, he vuelto a Max Weber y su teoría del liderazgo, castizamente resumida por Curro Fetén:
Para ser figura del toreo hay que mandar, y aquí no manda nadie. Y si manda, aquí no llega.
No hay líderes en los toros, y como los toros son la continuación de la política por otros medios, tampoco los hay en la política. Una pena, porque, al decir de los antropólogos, el mantenimiento de la autoridad del Estado depende de las ideas supersticiosas de las masas, que tienen la creencia de que sus líderes pertenecen a un orden de humanidad más alta que ellos mismos.
Con la regleta de Max Weber en la mano, el único “líder carismático” que anda suelto es Trump, el emperador. May es “líder legal”, y lo demás, simples jefes de partido (Merkel, Mariano), pues Macron, ni eso, dado que carece de partido.
El marianismo es como una consultoría de abogados de pasillo con un folio en la mano para refutar a Von Ihering (“la espada sin la balanza es la fuerza bruta, y la balanza sin la espada es el derecho en su impotencia”) en lo de la sedición catalana, contra la cual no piensan aplicar… “medidas coercitivas”. Pero, sin coerción, ¿para qué queremos ley?

Y el macronismo, al decir de Macron, es una filosofía ¡La filosofía del interfaz! Todo el “interfaz” que hace falta para ir por el mundo de “le coq” comportándose como un “poulet” que el domingo jura el cargo con un programa económico y el lunes rinde pleitesía a frau Merkel, que se hizo una pajarita con la hojilla. “Poulet” de veleta, mirando hacia donde empuje el viento, que sopla desde la nación vencida, Alemania, a la que América le puso un estanco, la UE, para tenerla entretenida. Ike se empeñó en dar el papel de vencedora a Francia, pero De Gaulle sólo habría sido la hoja de parra de Vichy.

Hay que releer a Belloc.

Decimetercera de Feria. A Julián le crecen los enanos (léase los jóvenes)

Tres eran tres...
y ninguno era bueno


José Ramón Márquez

Llegando Julián, no falla, siempre hay cosas. Es que no falla. Para su única actuación en San Isidro no se vayan a creer que el chiquitín de San Blas buscó la confrontación con Manzanares o con Talavante o con Ponce o con Roca, nada de eso. Como se le va pasando  el arroz y por edad ya le tocaría ir abriendo carteles, que nació en el 82, el año del indulto de Belador y de la corrida del siglo, se ha buscado la triquiñuela de poner a uno al que dar la alternativa para que se coma el inicio de la tarde, romper el frío y hacer de prólogo, y como quien hace un cesto hace ciento pues su magín caviló que, ya puestos, mejor dos que uno y el tío se montó una corrida ad hoc con dos actuaciones en el papel de poderdante lo cual le abría ampliamente, a su modo de ver, las posibilidades de poder franquear la Puerta Grande de Madrid subido en el cogote de un capitalista. Parece ser que su obsesión es abrir al precio que sea la Puerta Grande de Madrid; lo mismo que el Capitán Cook estaba obsesionado por llegar más lejos que ningún hombre, Julian el Poderdante está obsesionado por tener al menos una Puerta más que Morenito de Maracay, inolvidable Pepe Nelo, con quien hasta el momento está empatado en salidas como matador.

Para que el contubernio fuera completo hacían falta dos toreros, que en este caso fueron Álvaro Lorenzo y Ginés Marín, un Presidente que tenga un hijo torero, en este caso don Justo Polo, un adiestrado tiro de benhures de la mula que hayan educado a los animales en el paso milímetro a milímetro, en el llamado paso de la ameba y, además, un anónimo colaborador que tarde lo suyo y más en abrir la puerta de arrastre por donde deben salir los benhures. De todo eso dispuso el Julián, convencido de que sería capaz de descerrojar la salida a base del llamado “una más una”: esa fórmula que ha dado tan buenos resultados para ir colando, como quien no quiere la cosa, salidas triunfales de bajo vuelo y nulo recorrido. La ocasión estaba diseñada como la Operación Overlord y aunque la cosa salió más en plan Operación Over and Over (again), nadie puede negar la alambicada urdimbre que se trajo Julián de su casa a ver si era capaz de echar abajo la puerta ésa que, al decir de los que le conocen, tantísimo le obsesiona. Los toros, de Alcurrucén, que es ganadería muy larga y con multiplicidad de productos; encaste Núñez, como es bien sabido.

El primero, Fiscal, número 25, le tocó a Álvaro Lorenzo, de Toledo, nuevo en esta Plaza. El animal arrebató el capote de las manos al matador en los lances de saludo y tras un aceptable paso por las manos del jinete y de los rehileteros se dispuso a dar su Do de pecho en la muleta del toledano. Antes asistimos a la proyección de El Padrino Parte I al lado del burladero del 9 con intercambios, besamanos y zalemas usuales en estos casos. La cara que presenta Álvaro Lorenzo es la que se esperaba en la tarde de hoy, otro torero más en cuyas maneras no se percibe rasgo alguno de personalidad, anegado en la escuela del neotoreo. Como es habitual plantea su trasteo por afuera, al estilo de los aficionados prácticos, y entre sus muletazos va cosechando una gavilla de enganchones que deslucen su labor ya de por sí poco lucida. Da la impresión de que ni él mismo sabe a qué ha venido, acaso superado por las emociones de tan crucial tarde para él. En un derrote Fiscal le quita la muleta, la herramienta de trabajo, y mientras Álvaro Lorenzo deshoja la margarita de su primero Julián en el callejón se retuerce toreando de salón para sí. El final de la actuación de Lorenzo termina en arrimón, como nos imaginábamos, trata de dar el invertido pero el toro dice que nones, se queda clavado en la pala del pitón en un parón y finalmente deja un bajonazo en las carnes de Fiscal como para llamar a la fiscalía.

A continuación le toca su cameo a Castañuela, número 91. Julián decide demostrar su poderío, tan cantado por los rapsodas, y despliega su capote para demostrar que se puede ser poderoso incluso cediendo el terreno al toro. Castañuela sale corriendo ante tal despliegue de poder y corre hacia el picador de reserva, que le sujeta, y luego dándose una carrera hasta el de tanda a su libre albedrío para hacer ver que Julián no estaba por lo de la dirección de la lidia. En banderillas se pone de manifiesto que una buena cuadrilla cuesta dinero y que Julián no está dispuesto a pagarlo. Después asistimos a la proyección de El Padrino Parte II al lado del burladero del 9 con intercambios, besamanos y otras zalemas. Julián se lo saca… ¿con poderío? hacia el tercio y sigue en su línea de poderío construyendo su faena a base de poderosos derechazos bien por las afueras y de series dadas porque sí, como mera demostración de poder, a condición de no cargar la suerte, que eso resta poderío. Luego el toro le quita la muleta, la herramienta, pero eso no es importante porque ahí está Julián con sus carreritas, aunque hoy ha hecho menos que otros días, toreo de runner, pasándose el toro lo más lejos que puede y dejándolo por allá, ensayando el invertido, recorriendo todas las partes de la Plaza, un ratito aquí, otro ratito allá, para, finalmente, recetar un julipié caído, que la bondad del pueblo convierte en la primera oreja del 1+1 con la ayuda principalísima de los benhures de la mula.

Asoma un castaño y ya sabemos que en el ruedo está Favorito, número 60, de carácter algo parado y distraído, que lo que queremos es ver cuanto antes la proyección de El Padrino Parte III al lado del burladero del 9, esta vez con algo de frialdad en los modos. El poderdado es Ginés Marín, de Jerez de la Frontera, nuevo en esta Plaza. Ginés plantea la misma tauromaquia que Julián, pero con bastante mejor tipo. Donde Julián es bajito y culibajo, Ginés es esbelto y elegante; donde Julián es tosco y basto, Gines es fino y delicado; donde Julián es mayor, Ginés es joven. Lo del muleteo, lo mismo que los anteriores, con las salvedades dichas y pondremos aquí el cite en cinco fases: 1) ponerla donde el toro no va, 2) moverse a donde se sabe que tampoco va, 3) moverse a donde el toro se da por enterado de la presencia del torero, 4) ponerse donde el toro va a ir, 5) citar y comenzar la serie. La cosa acaba con una ensalada de medios y cuartos de pase… un perfecto julibis con mejores hechuras. Un pinchazo desprendido, un pinchazo tendido y luego otro y un descabello acabaron con Favorito.

Antes de asistir a la proyección de El Padrino Parte IV al lado del burladero del 9 ya con evidentes signos de hartazgo de tanto toma y daca, vimos las fatiguitas que paso José Antonio Barroso para hacerse con los mandos del aleluya que montaba en las dos entradas al caballo de Cornetillo, número 177; lo de las banderillas es inenarrable. ¡Menuda cuadrilla la de un figuras como Julián! Y es que para tener una buena cuadrilla hay que pagarla, Julián. La faena, como es costumbre, basada en ejercicios lumbares, carreritas, echar el toro como quien tira una servilleta en el suelo de un bar, ratonería con quinquenios y de pronto, oh, milagro, un natural, un auténtico y buen natural de Julián, que anotado queda. Después aguanta un terrorífico parón en el que el torero está en la oreja derecha del toro, toda la cabeza pasada, que entusiasma a las gentes. Ya casi puede tocar Julián la llave de la Puerta Grande: el 1+1 ha funcionado, pero hay que matar y ahí se le atraviesa el julipié, pinchando, luego otro dejando una baja trasera. Todo se enfría y Julián se queda sin su Puerta 1+1, porque 1+0 es 1.

Allá se fue Álvaro Lorenzo a practicar el toreo, o lo que sea, con el quinto, Peleón, número 170 un Núñez muy ensillado al que los peones habían dejado como un acerico con banderillas por diversas partes de su corpachón. Después de Julián Lorenzo brilla porque aunque la faena que propone es la previsible faena post-juliana basada en la ausencia de verdad tiene mejor tipo y es más fresco en su destoreo, al ser más joven. Termina con el Canónico arrimón que todos hacen a los toros que no inspiran miedo y lo mata de una gran estocada, marcando tiempos lentamente y dejando una entera hasta la gamuza ligeramente atravesada. La estocada de la feria hasta ahora, porque no ha habido otra.

Y de postre ahí tenemos de nuevo a Ginés Marín, esta vez con Barberillo, número 117, toro corto que apenas si cumple en varas y de óptimas condiciones para la muleta, con una bonita embestida y un tranco alegre, nada cansino. En este toro se revela la inteligencia de Ginés, que en seguida ve las condiciones del toro, sus ganas de embestir a la distancia, su manera de meter la cara y, sin dudarlo, pone en marcha una faena basada en los mismos principios que todas las del resto de la tarde con dos derivadas, que diría un tertuliano de la radio: de un lado la inteligencia del torero en hacer series muy templadas, verticales y muy bien ligadas, con el toro siempre en movimiento, que es lo que más puede gustar a los públicos actuales, y a continuación finalizar la serie en una fantasía de tres o cuatro remates consecutivos, una trincherilla, un molinete, uno del desprecio y uno de pecho pongamos por caso. El chico pone en ebullición la Plaza con esa claridad de ideas y tiene la cabeza fría como para juntar sus cuatro o cinco series, todas de similar jaez, y en seguida ir a por el acero, dar otra serie de similar remate de fantasía y luego una estocada baja que tira al toro y pone en sus manos las dos orejas que vino Julián a buscar. Ginés, no nos engañemos, ha toreado sobre los mismos argumentos de Julián, pero ha sido capaz de amalgamar a la perfección una faena inteligente y a favor de su obra de la que su valor más elevado es su condición densa, con algunos retazos de calidad algo incierta.
Se fue Julián por la puerta de caballos. Junto al burladero del 9 a Ginés Marín le esperaban las anchas espaldas del Yiyo de Yunquera de Henares para sacarle a hombros hacia la calle de Alcalá, a cumplir su sueño.


Julianidad incorpórea

Metáfora del julianismo

Viernes, 26 de Mayo

Valle de Esteban

Nadie que sepa algo sobre los albigenses sentirá que no lograran llevar a cabo sus teorías pesimistas.
Chesterton

jueves, 25 de mayo de 2017

Expectativas

"Tras mucho peregrinar, el populismo estrecha por fin la mano firme de un líder serio"

Hughes
Abc

Hace unos días, el NYT informaba sobre el impacto económico de la división política en Estados Unidos. La Universidad de Michigan ofrece un dato muy concreto: la diferencia entre los índices de confianza económica de los consumidores demócratas y republicanos tras la elección de Trump. En años electorales, la historia reflejaba diferencias de 16 y 17 con Reagan y Obama. En el “año Trump”, la divergencia es llamativa. Más de 70 puntos de “confianza” separan las expectativas de demócratas y republicanos (o, llegados a este punto, trumpianos y contrarios). Para unos, la economía está al borde de la recesión; para otros, cerca de un boom de prosperidad.

La sostenida campaña de los medios contra Trump tiene un efecto depresor que refrena el optimismo económico del presidente-empresario. Detrás de las expectativas, de su formación, hay una guerra informativa y política semejante a la guerra cultural. Estos niveles de confianza tienen consecuencias reales, pues inciden en el gasto y la inversión. Es muy curioso el momento: un forcejeo entre ilusión y miedo que equilibra un estado de incertidumbre.

Nos interesa esto también porque llevamos meses oyendo cosas muy extrañas (propagandísticas, mayormente) sobre la “racionalidad” del votante. La racionalidad del consumidor, que se juega su dinero, incorpora los “animal spirits”. Incorpora expectativas y juicios muy personales que construyen estados de miedo, euforia, optimismo o depresión. ¿Es muy diferente la racionalidad política?

Ayer, por cierto, el premio Nobel de economía Robert Shiller señaló que era posible que la bolsa siguiese en su tendencia alcista durante los próximos años, hasta incrementar su valor en un 50%. Recomendaba a los inversores que se mantuvieran en el mercado bursátil. Este economista creó el índice CAPE, que relaciona el precio o el índice con el beneficio neto real medio los últimos diez años. Es decir, presenta el valor de la bolsa “depurado” del ciclo. Este valor es alto actualmente, un 29 sobre la media histórica de 17. Pese a esto (es augurio de menos beneficios futuros) el experto esperaba un crecimiento alcista.

Una condición puso, y es que se cumpliera la rebaja de impuestos a las empresas prometida por Trump.

Tener expectativas económicas, en cualquier caso, ya es mucho. Algunos no tienen ni eso.

Los dos conejos

Tomás de Iriarte

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los dos conejos (“tierra de conejos”, quiere decir España) es una fábula de Iriarte para ejemplo de los que por cuestiones de poco momento (dos conejos discuten si los perros que los persiguen son galgos o podencos) dejan lo que importa.
El tabarrón catalán ya está en la discusión (perdida) de si galgos o podencos, desobediencia o sedición, multa de tráfico o golpe de Estado.
Si no estuviéramos hablando de políticos, estaríamos hablando de un intento de golpe de Estado –declara la ministra María Cospedal.

En el marianismo de María Soraya y María Cospedal hay abogados del Estado (que conocen las leyes), pero faltan juristas (que conocen el fundamento de las leyes).
María Cospedal no conoce a Gabriel Naudé y sus consideraciones políticas sobre los golpes de Estado, según las cuales la esencia del acto político es el golpe de Estado.
En el siglo XVII, explica Louis Marin en su estudio de Naudé, se llama “golpe de Estado” al acto extraordinario a que recurre un gobierno para lograr aquello que concibe como la salvación del Estado. O sea, “una antigualla” que aquí no vamos a ver.
En el siglo XXI, “golpe de Estado” tiene, en cambio, el sentido restringido de empresa mediante la cual alguien cambia violentamente la constitución. O sea, “un imposible” que aquí tampoco vamos a ver.
Lo que vemos delante es un delito continuado de sedición al amparo de un perdedero político (donde se guarecen los conejos) constituido por un matorral de mala (o torticera, por necesidades del Consenso) literatura jurídica sobre galgos y podencos.

Para los romanos de Ulpiano, cuando alguien era sorprendido en flagrante delito de sedición, quedaba permitido el castigo, no por apresurar el correctivo, sino para prevenir el peligro. Pero ni Mariano es Ulpiano ni los socialdemócratas son romanos, aunque resalta Naudé que Antonio Leiva (con calle en Carabanchel) hizo dar un caldo envenenado a un coronel de lansquenetes en Pavía… por sedición.

El final podemos tocarlo.

Duodécima de Feria. Los pobres nietos de Idílico dieron un sustín a sus matadores en el capote

Tarde de Cuvillos
La linde de la peor Feria que se recuerda

José Ramón Márquez

Hoy no fue ni mucho menos el día de Talavante. Con la miel de romero que nos dejó en los labios el otro día con la faena al del Conde de Mayalde, el amo del cartel era el Camaleón de Badajoz, que aún no se han olvidado sus espléndidas maneras en la de la Prensa, y tardarán en olvidarse. La apuesta ganadora era hoy la del extremeño, que ni Juan Bautista ni Roca Rey están en condiciones hoy por hoy de disputarle nada a Talavante en Madrid, pero como tantas veces ocurre la bola no cae en el número que uno seleccionó o, peor aún, cae en la casilla blanca del cero, la banca gana. Primer día de auténtico ambientazo de San Isidro, con Plaza llena y en los carteles los tres que se han dicho más arriba y el ganado del Cuvillo, los famosos cuvis por los que se matan todos los que son algo en esto de los toros, la estirpe de Idílico, el indultado en Barcelona, el señor de las adelfas, muerto en extrañas circunstancias que acaso tienen que ver más con los costes de la manutención del animal que con su salud propiamente dicha.

Bueno… además de los toreros, que venían a hacer lo que Dios les fuese dando a entender, y de los cuvis, que venían a entregar sus vidas, vinieron hoy a Las Ventas seis misteriosos personajes que hicieron el paseo a lomos de unos jamelgos guateados y que a estas alturas aún no nos explicamos qué demonios vinieron a hacer a la Plaza, aparte de practicar una especie de escamoteamientos, entradas y salidas como en las comedias ésas de puertas que se abren y se cierran. Ahí vimos entrar y salir a Alberto Sandoval, a “Puchano”, a Miguel Ángel Muñoz, a Manuel Cid (aquél al que un crítico de los “serios” hizo hermano de Manuel Jesús “El Cid”), a Sergio y Manuel Molina, vestidos de oro, tocados con un castoreño que jamás vio un castor, cabalgando cada uno a su manera sobre los lomos de sus correspondientes pencos, que echaron la tarde entrando y saliendo de la Plaza obedientes a los toques de clarín y de los que aún no sabemos cuál fue su cometido en la corrida. Se dijo por allí que eran picadores.

Lo primero que cuvi nos puso enfrente fue un salinero, que no hacían falta prismáticos para ver que el animal presentaba en el orto algo que no debía estar ahí, y que la ciencia veterinaria nos aclare si es que el bicho llevaba partida tan sensible parte de la anatomía o que simplemente estaba herniado. Sea lo que fuere, el animal se cayó al salir del primer simulacro de vara, con lo que ya estábamos con la mosca detrás de la oreja en cuanto al desarrollo ganadero de la tarde. La cosa no fue a mayores y el  salinero Tobillita, número 75, llegó a la muleta de Juan Bautista con la suficiente entereza como para que no se armase la mundial. Juan Bautista da la impresión de que siempre abre cartel, que ya desde que debutó con picadores le persigue la maldición de abrir siempre los carteles. Con Tobillita, que le gustaba la solanera más que a Dámaso González en sus buenos tiempos, se dedicó a practicar el aseo, que en el toreo está reñido con el triunfo y el buen toreo. La base de su tauromaquia se halla en el descarrile y el enganchón. Esos fueron los mimbres con los que comenzó Juan Bautista su obra; luego, para no salirse de lo de todos los días, aplicó el famoso cite con el pico que como sigamos así va a acabar siendo lo canónico, pues apenas se ve otra forma de hacerlo, y junto a esa ventajista y medrosa manera de citar se produjo su resultado más evidente que es el toreo por las afueras con el toro bien despegado de la anatomía del toreador. Con esos mimbres de tan poca altura planteó Juan Bautista su serie cumbre compuesta de seis redondos, en los que se obligaba tan poco al toro, se le dejaba tan a su aire, que lo mismo podían haber sido sesenta y seis o más. Luego, otra serie igual acompañando el viaje del bien educado toro que venía de serie con una lenta velocidad embestidora, de los que no llama la atención ni uno de los que dio porque, realmente, a medida que va pasando la faena se nota bien que el torero no pone nada en esa partida, que todo lo pone el toro, que para eso los cría cuvi así. Con la izquierda no le sale nada y ante la cosa de seguir trapaceando se vuelve a la diestra. Una estocada desprendida y un descabello bastan para acabar con el sardo.

El segundo, a quien se puede denominar sin ánimo de exageración como cabra jabonera, con el número 29, era Tristón, aunque nosotros hubiésemos preferido mejor a Leoncio el león. Éste es para TalavanteDespués del simulacro de las varas, Roca Rey se empeña en un quite por chicuelinas del que sale acosado por el animal que le persigue hasta el burladero del 10, que se dice pronto lo de ver al matador de postín y con el capote en la mano huyendo a escape por media Plaza acosado por un Cuvillo.

El toro, a quien algún taxonomista no duda en tildar de chivo, recibe un inicio de faena variado y de poco compromiso rematado con el clásico pase de trinchera. El toro en comportamiento educado y buenista es como la continuación de el del Conde de Mayalde, sin una mala mirada ni una embestida maleducada, pero éste no es el Talavante del otro día, conciso y riguroso, éste es el Talavante de la faena larga y del reinicio, del resteo diríamos. La segunda serie es a menos al carecer de profundidad el planteamiento del matador, luego profundiza en esa línea que le lleva al toreo en paralelo, despegado, de nuevo el ominoso cite con el pico a esa hermanita de la caridad que era Tristón para dar lugar a un trasteo sin emoción y de un cariz extremadamente pueblerino, de fiestas patronales y procesión a la caída de la tarde. Mata de un pinchazo soltando la muleta y de una entera arriba, delanterita.

El tercero, Aguador, número 24, es para Roca Rey. A éste se le puede calificar sin ánimo de exageración como albóndiga o mejor aún almóndiga, que esto lo acepta la RAE. Le recibe con lances de pegolete, que son los que se dan con los pies juntos, y después del inexistente tercio de varas vuelve al pegolete, que se ve que le gusta. Su faena de muleta comienza en los medios dando cuatro pases del Celeste Imperio y un remate con el del desprecio. Luego sigue su trasteo por redondos tomando al toro por las afueras, como hacen todos. Se cree que se luce, sin ver que no pone en Las Ventas otra cosa que vulgaridad, desaprovechando las condiciones sumisas y tontorronas del Aguador y no da un solo pase por detrás, que ésta es la noticia auténtica de esta faena. Acaba con la vida de Aguador, que nada malo ni inconveniente le hizo, con un bajonazo.

Con Relatero, número 110, que cae a la grava en los lances iniciales, vuelve a la palestra Juan Bautista, que plantea su trasteo sobre la base del toreo a la media altura, para evitar que se caiga el animal más de lo que lo hace. La faena se desarrolla con el ruido de fondo del run-run de la protesta contra el toro que todo lo que tiene de blando lo tiene de buena persona deseosa de agradar y que de tan tonto a veces nos trae el recuerdo de lo bien que le iría un campano al cuello con su alegre tolón, tolón. Juan Bautista continúa su faena sin acabar de recibir toda la atención del público, luego hace eso de tirar el estoque de mentira, no se sabe para qué, y después de no haber dado un solo muletazo digno de tal nombre cita a recibir, cobrando una estocada baja.

La salida de Nenito, número 63, no es como para dejar lo que estés haciendo por ponerte a mirarle, pero a la postre fue éste el toro de la tarde. Simplemente porque sacó lo suyo de picante e inteligencia, porque no se sumó a la entrega de los que le precedieron sino que manifestó su corazoncito, su fondo genético que le dispuso, contra toda la selección de su amo, a crecerse en el castigo. Sale Talavante acosado de sus lances de capa en un quite, esta vez hasta la primera raya, y lo mismo le ocurre  a Trujillo en banderillas. ¡He aquí el toro para que Talavante refrende lo del otro día!, dice un optimista que no se daba cuenta de que ya había puesto de manifiesto Talavante las nulas ganas que tenía de ir al sitio donde se torea. El animal, al ver que no se le manda, se va haciendo con las riendas de la faena, se va viniendo arriba y ciñéndose y colándose en los muletazos con los que Talavante más que torear se defiende. Talavante se obstina en su mundo fueracacho y el toro es el que realmente está toreando al torero. En un momento dado el toro le trompica y le cala y tras unos momentos de indecisión, el extremeño vuelve a la cara del toro arropado por toda la simpatía del amable público que jalea los muletazos de poca monta con los que sigue sin poder dominar la embestida, el genio y la chispa de Nenito, vencedor a los puntos. Lo mata de bajonazo tirando la muleta. Luego, con la ayuda de la exasperante lentitud de los benhures de la mula acaban dándole una oreja, por darle algo.

El último en salir fue Hoacino, número 31, al que Roca hizo una especie de fantasía capotera que no le salió lo que se dice perfecta. Su inicio de muleta fue con el pase cambiado por detrás, y luego otro y ahí el toro se rompió, muerto en vida, no se sabe cómo, aunque las hipótesis iban encaminadas hacia temas relacionados con la calidad de la heroína.

Luego, a la salida, dice mi amigo Andrés: “Hemos visto la mejor corrida de Cuvillo en años en Madrid”, y eso es verdad si del toro sólo quisiésemos su entrega incondicional a la muleta, pero es que le pedimos muchísimo más.

La Feria de Nautalia es un naufragio

Jueves, 25 de Mayo

Valle de Esteban

Lo que observamos  en toda la actual cultura periodística y en los debates en general es que la gente no sabe cómo ha de hacer para empezar a pensar.
Chesterton

miércoles, 24 de mayo de 2017

Consensos

Constituyente 1791

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El consenso, que implica unanimidad, mata el pensamiento.

Lejos de nosotros la funesta manía de pensar –fue el lema universitario atribuido a Cervera, cuna de Pepe Ramoneda, el “filósofo” que vio la hidra del fascismo en Belén Esteban antes de verla en Trump.
Cuarenta años de consenso han hecho del español un “filobático” (amor a las lejanías) del pensamiento político. Uno, que anda en un oficio en que conoces gente, nunca dio (en la enseñanza, en la milicia, en el periodismo) con un demócrata.

Por democracia, aquí, se entiende hablar, y eso que hasta en los toros puede salirte Curro Vázquez y mandarte a callar.

La alcaldesa Carmena, una abuela comunista que según el periódico global nos trajo las “libertaes”, pone el Ayuntamiento de Madrid a disposición de una comitiva de sediciosos catalanes. ¿Para qué? Para hablar. Entonces, todo sea por el consenso (el consenso socialdemócrata es el Estado al servicio de los partidos), Mariano dobla la apuesta e invita a esa misma comitiva al Congreso de los Diputados. ¿Para qué? Para hablar (pastelear). ¿Imaginan que Eisenhower, en vez de enviar a la 101 Aerotransportada a Arkansas, cuyo gobernador impedía la entrada al colegio de unos niños negros, hubiera invitado a Orval Faubus a la 
tribuna de la Cámara de Representantes?

En España, la ley (su aplicación) es tabú, y no vale. Sólo vale el consenso. Pero ahora hay dos consensos: el que se va (setentayochista/autonomista) y el que viene (separatista). No hay política (sin lucha por el poder, dice Schmitt, no puede haberla), pues hay consenso, que es superior al gobierno, luego tampoco hay gobierno.

La Generalitat controlará la prensa para el referéndum –se escandaliza el establishment.
El de la “Generalitat” es un consenso con el chic de lo francés: es el de la Constituyente de julio del 91, cuando los amigos de Lafayette (individuo mediocre, caprichoso y voluble, a juicio de Miranda, que lo sufrió) prohíben cualquier crítica a la Asamblea. Y llegó Robespierre.

Gente pa tó: sobre filosofía taurina

Gente pa tó
Ortega y Gasset y Rafael el Gallo en la terraza de la Cervecería Alemana


Jean Palette-Cazajus

Buenas noticias para los lectores de este blog. Durante unas cuantas semanas, voy a tener que acortar mis colaboraciones y dejar de torturar por un tiempo la paciencia de los improbables lectores. Resulta que una revista de filosofía universitaria, muy seria ella, me ha pedido una reflexión sobre el estado actual de la filosofía taurina. La cosa se las trae y tengo que abandonar mis proyectos a breve plazo para dedicarme a un trabajo pasablemente ingrato.

Un excelente amigo que compagina una admirable cultura humanista ¡ay!con un lamentable desdén por la fiesta de los toros, sostiene que a la filosofía taurina le pasa lo mismo que al diario pamplonica “El pensamiento navarro” según conocida “boutade” de don Pío Baroja. También en nuestro caso, insinúa mi amigo, o es  lo uno o es lo otro, filosofía o taurina. En ningún caso ambas cosas a la vez.

No va tan descaminado mi amigo. Tiendo a creer que la tauromaquia es un objeto social, tan extraño, tan aberrante, tan ajeno a las previsiones racionales de los humanos que toda literatura taurina, cualquiera que sea el tema que trata es un pretexto usado por su autor para evacuar su desazón y su perplejidad ante un fenómeno que, en realidad, se le escapa radicalmente. En todo caso es lo que me pasa a mí.

“La filosofía ayuda a construir. Le da sentido a aquello que no es sino un magma de actos y de tomas de palabra. Es una disciplina que nada vale sin confrontación con la realidad. Y la realidad nada vale sin la capacidad que ofrece de remontar hasta el concepto. Hace falta, pues, aceptar vivir en una zona intermedia hecha de impurezas, donde uno nunca llega a ser un pensador suficientemente bueno a los ojos del filósofo y sin embargo será siempre considerado como demasiado abstracto para enfrentarse a la realidad. Hay que situarse en esta interfaz. Creo que ése es el espacio de lo político.”

Sustituyan, al final de la cita, “realidad” por “tauromaquia” y  “lo político” por “los escritos taurinos” y tendrán idea de lo absolutamente inconfortable que resulta toda tentativa de pensar, sin cursilerías, pedanterías o casposidades la realidad de la llamada fiesta brava.

Por cierto, cabe la posibilidad de que algún lector tenga cierto interés en conocer la identidad del autor de la cita sobre filosofía y política que acabamos de glosar. Su autor es un tal Emmanuel Macron, actual Presidente de la República Francesa.

Durante los grandes conflictos bélicos, se suele hablar de economía de guerra. Es decir que toda la maquinaria productiva se pone al servicio de la lucha. Es lo que le pasa hoy a la filosofía taurina. La situación es tan grave que sólo cabe pensar en una filosofía de guerra, una filosofía taurina de la trinchera, donde se trata de desarbolar la ideología animalista o perecer. No queda otra alternativa. Y sólo nos referiremos hoy al enemigo exterior. Dejaremos para otra ocasión el enemigo interno cuyas estocadas bien podrían ser, al final, las más certeras. Mientras tanto, la mayor parte de la literatura taurina sigue tan insípida e inane como suele acostumbrar. Nuestros eternos eruditos a la violeta han elegido su destino: hacer mutis por el foro de la historia.

Ortega y Gasset al alimón con Domingo Ortega

Yo también fui un ignorante indignado

¡Pá la pinga, Liszt!
 ¡Pá la repinga, Liszt!

Orlando Luis Pardo Lazo

En La Habana más hueca. En la ciudad de los años cero. Me habían expulsado de mi trabajo como Licenciado en Bioquímica, en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología.

Fue en abril de 1999. Y yo andaba por esa Cuba del renacer de los Castros con la cabeza vacía, dando trastazos, buscando un triste empleo para no tener que exiliarme ni tampoco matarme, que a la postre ha sido más o menos lo mismo.

Gracias al escritor Eduardo Heras León, en el verano del año 2000 por fin conseguí un puestecito más o menos humillante, como promotor cultural en el Centro Provincial del Libro y la Literatura, un antro de desconsuelo en la calle Zanja entre Aramburu y Hospital. Un manicomio, lleno de mujeres-madres que almorzaban a toda hora, pero sin una sola ventana para respirar en aquel clima irrespirable.

En una de esas siniestras “actividades culturales” que tuve que coordinar, a cambio del equivalente de unos 15 dólares mensuales como salario estatal, fui al Gran Teatro de La Habana. Se le haría un homenaje a Jaime Sarusky, si no recuerdo mal. Y allí hablé con una mujer de la alta aristocracia cubana supongo que de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Una bruja en toda regla. Ampulosa, arrogante. Especialista en ballet y música clásica, a la vez que renegando de su origen de clase (sin quitarse sus joyas) y muy sumisa al chachán tan chusmo de la Revolución.

En su oficina tampoco me era posible respirar. Los cuadros del Ché y de Alicia Alonso me asfixiaban. También el olor a almuerzo proletario, ese tufo que recorre los mediodías candentes del comunismo cubano, y que son el primer síntoma irreversible de la locura. Estábamos armando el programa cultural de la velada y ella me iba diciendo la música que se emplearía en cada parte del show. En una de ésas, la gran dama obrera mencionó una pieza archifamosa de Liszt. Pero yo ignoraba cómo escribir ese título original (no supe ni siquiera si era una frase en italiano o francés o alemán o… ¡acaso en húngaro!). Y, para colmo, tampoco supe cómo deletrear bien el nombre de Liszt (todavía me cuesta hacerlo, como me pasa también con Nietzsche).

La mujerona me echó una mirada de asco con todo el peso de sus arrugas y joyas. Yo era un insecto. Yo era un burócrata de mierda que no me merecía ni aquel puestecito de mierda que me pagaba el Estado revolucionario. Un ignorante de mierda que ocupa el puesto de alguien con seguramente mejor instrucción. ¡Y así quería organizarle un homenaje de élite, nada menos que en el Gran Teatro de La Habana, al más que renombrado escritor de élite Jaime Sarusky, recientemente Premio Nacional de Literatura (aunque ningún cubano nunca lo haya leído ni ya nunca lo leerá)!

Tenía razón la antigua belleza del ballet batistiano, devenida embajadora cultural del castrismo. Yo era un mierda. Me estaba muriendo. Me habían botado de mi trabajo. Se me dijo que nunca más podría ejercer como profesional en la Isla. Estaba aterrado. No me atreví a denunciar nada, a nadie. Era el año 2000. No pensé que pudiera sobrevivir tanto después. El pánico paraliza.

Aquella lección fue terrible. Nadie te ama. La misma mujerona incapaz de mover un dedo para defenderme, ahora me machacaba mi total estado de estupidez. Entendí que lo mejor es no haber sido nunca cubano. No tener contemporáneos, no habitar en ningún país. Y también entendí que la cultura es sólo otro nombre del odio, de la represión, de la violencia desde el lenguaje contra los individuos.

Sentí que me iba a desmayar.

Mi resistencia contra la verdad fue la más simple y brutal. Le pedí permiso a la mayorala ilustrada y salí al pasillo, como si fuera a ir de urgencia a los bañitos hediondos del Gran Teatro de La Habana. De hecho, fui.

Toda vez allí dentro, me aferré a las cabillas carcelarias de la ventanucas. Pensé: qué feo es el socialismo, qué intolerablemente feo es todo aquí, empezando por mi propia vida, por mi  falta de información, por mi desidia, por mis ganas de poner bombas en lugar de homenajes o, mejor, de poner una bomba en el lugar de los homenajes.

Me había convertido ya en un terrorista profesional.

En el baño de los balletómanos había una peste a mierda intolerable. Tal vez era la mierda de otras damas y caballeros burgueses-proletarios como la que me denigró, culos cómplices todos con una cultura descomunal. Y entonces grité, con todas las fuerzas de mi insania hueca, grité: ¡Pá la pinga, Liszt! ¡Pá la repinga, Liszt!

Era el 2000 y mi alarido fue el inicio de todo.

Salí del baño para la pinga. Salí para la pinga del Gran Teatro de La Habana. Todos mis exilios y extremismos, todas mis tentaciones y tristezas, desde Miami hasta Reykjavík, no son más que la continuación de esa fuga, de ese todavía estarme yendo para la mismísima repinga de allí.

Liszt el recontracoñísimo de su madre.