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martes, 21 de noviembre de 2017

Cipollino

Mata-Hari



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Una de las grandes leyendas de la Santa Transición la debemos a Joaquín Garrigues, que dijo: “Si los españoles pudieran ver por un agujerito un consejo de ministros, correrían a Barajas a tomar el primer avión al extranjero”.

Es la sensación que uno ha tenido al oír a la ministra de Defensa, María Cospedal, de palique con un falso ministro letón sobre las andanzas como espía ruso de Puigdemont/Cipollino.
¡De la Guerra Fría como tragedia a la Guerra Fría como farsa!

Cipollino es un personaje como de Wenceslao Fernández Flórez, pero es que, de leer los periódicos, Madrid sería otra vez el “grill” del Palace Hotel donde el Caballero Audaz entrevistaba a Mata-Hari en una atmósfera perfumada de esencias caras y humo de cigarrillos egipcios, mientras en un ángulo, un sexteto de zíngaros, envueltos como bajo caperuzas de cangrejos en fraques rojos (¡los hackers de Putin!), tocaba lánguidos tangos argentinos.

¿Que hay en España espías al servicio de Rusia? –pregunta, escéptico, Gecé–. En España reitero aquello del inglés en nuestra guerra: “Extraño país que hace el espionaje público y la propaganda secreta”.
Mata-Hari se veía, simplemente, “una mujer pasaderilla”, y por eso a mí me parecía más indicada para la broma letona María Soraya, la señorita Moneypenny de nuestro Servicio Secreto, que María Cospedal, quien, después de todo, ha despachado con el general Mattis. Seguramente estamos ante otra víctima del periodismo global, que viene propiciando una psicosis antirrusa como la que llevó a Luis Ciges (¡el sobrino pasmado de Azorín!) a alistarse en la División Azul, ninguna de cuyas peripecias de un año, por cierto (y se las oí contar casi todas en un día inolvidable en “El Oliver”), daba una idea del riesgo como un solo día de rodaje de “Un colt para cuatro cirios” con Iquino.

Es curioso que la propaganda promueva lo de los hackers rusos como atenuante del golpismo catalán, cuando, según la literatura penal de la traición, debería ser agravante.

Martes, 21 de Noviembre

Valle de Esteban

...la bomba atómica, a la que, a nuestro juicio, debe considerarse como el Mauricio Chevalier de los explosivos.
Jardiel Poncela

lunes, 20 de noviembre de 2017

De Rulfo (y Paz) con Ricardo Bada


[“Me han dicho que ayer te vieron
 con la Presencia Divina”]


Pero el recuerdo más indeleble y acendrado que tengo de Rulfo, en Berlín 1982, es el de uno de aquellos días de lujo, el domingo 6 de junio, cuando mis colegas periodistas —españoles y latinoamericanos— lo encontraron en un rincón del bar del hotel tomando un whisky conmigo, y lo asaltaron sin piedad asaeteándole a preguntas. Preguntas que respondía con suma educación y creciente cansancio, hasta que de repente, a una nueva pregunta, replicó con una calma total y sin faltarle un ápice a la educación:

-Ustedes ¿por qué no aprenden de su compañero [me señaló con la mirada], a quien le negué una entrevista y a cambio de eso nos hicimos amigos?

 Es el mayor elogio que me han dedicado en todos mis muchos años de profesión.

Crónica de un país improbable

 Cedro del Líbano

Jean Juan Palette-Cazajus

Lo normal es que me sienta razonablemente culpable por entregar al lector escritos que no acaban de expresar ni explicar correctamente lo que era mi intención inicial. Inusualmente, tras mi última entrega, fui incapaz de reprimir un tímido sentimiento de satisfacción por haber conseguido resumir, en corto espacio y de forma hasta comprensible, los 150 últimos años de la Mitteleuropa, de los Balcanes y de la ex Yugoslavia. Sentimiento esfumado tan pronto como asomado a la conciencia ya que el artículo no se mostró capaz de dar cuenta del verdadero laberinto de las afirmaciones nacionales y apenas reflejaba las lecciones de aquella historia vertiginosa. Debía haber incidido sobre la absoluta novedad del moderno concepto de nación. Tenía que haber recordado que esta historia es impensable fuera del gran terremoto de la Revolución Francesa y de su fallida réplica de 1848, culminada en una efímera (1848-1852) Segunda República. Tampoco señalaba que toda Europa había quedado afectada por la llamada “Primavera de los pueblos”, exceptuando España, Francia y el Reino Unido. Siempre y cuando olvidemos que en las Guerras Carlistas el evidente componente localista debiera sin duda considerarse como el primer temblor de los actuales nacionalismos. 

Apenas incidía en el carácter esencialmente “literario” de los nacionalismos decimonónicos. En la artificialidad subjetiva del descubrimiento, de la construcción, incluyendo el remiendo cuando era necesario, de las novelas nacionales. Se trataba de reinterpretar el pasado para construir una memoria común basada  en las lecturas compartidas. A lo largo del siglo XIX, vemos cómo el sentimiento nacional lo monopolizan primero, lo vehiculan después, unas minorías sociales educadas y paradójicamente cosmopolitas en origen. Inicialmente, ni siquiera estas minorías hablaban la lengua nacional. A veces sencillamente porque no existía. Las que existían eran  las masas rurales, analfabetas y mayoritarias, inconscientes de que constituían la materia prima de la proyectada nación. Inconscientes de que los dialectos variados que ellas hablaban con secular incomprensión mutua, también constituían la materia prima de la lengua nacional que aquellas minorías estaban fabricando. Aquellos panaderos de la lengua amasaban la harina de los dialectos y luego la horneaban con levaduras sintácticas inspiradas en las lenguas cultas o imperiales, el alemán, el francés, el latín. Tampoco daba tiempo a sumergirse en la Gran Pregunta: por qué tantos pueblos se empeñan hoy en darle la razón a la desengañada sentencia de Montaigne: “Une menos la semejanza de lo que separa cualquier diferencia”.

 Proclamación del Gran Líbano en 1920

La lucidez impondrá en algún momento regresar a lo fundamental, al escaso impacto de la actividad racional sobre el blindaje de las emociones clánicas. Hoy la intención era la de volver sobre la fundamental modernidad y artificialidad de tantas realidades nacionales contempladas en Europa como evidentes y añejas. La actualidad internacional me ha aconsejado un desvío. Quienes son capaces de apartar un rato la mirada del ruedo nacional y de la truculenta lidia en curso, se habrán enterado tal vez del culebrón acaecido alrededor del recién dimitido Primer Ministro libanés. Las declaraciones y las andanzas enigmáticas de Saad Hariri sólo pueden extrañar a quien ignore totalmente la historia del llamado “País del Cedro”. Cuesta imaginar país más artificial. Cuesta imaginar país más dividido, entre sus 18 comunidades religiosas, 13 cristianas y 5 musulmanas. Y todavía más cuesta asumir que hayan sido tal vez las propias divisiones del país las que han garantizado la realidad de su coherencia y su innegable conciencia de sí mismo. Los dramas actuales se fraguan en la época en que los territorios del actual Líbano entraron a formar parte del Imperio otomano, desde 1516 hasta 1918. Inextricable historia que recorreremos volando. Lo primero que aparece al tirar del hilo es la excepción histórica que define la región. La presencia hasta hoy de la más importante comunidad cristiana del Oriente medio. A partir de mediados del siglo XVI varios monarcas franceses se autoproclamaron protectores de los cristianos de la región. Los enfrentamientos comunitarios y las masacres esporádicas eran habituales. Pero, en 1860, los drusos con la connivencia del poder otomano se lanzaron a degüello contra las poblaciones cristianas maronitas, cobrándose unas 10 a 15 000 víctimas. Intervinieron las potencias europeas, muy particularmente el emperador Napoleón III, que impusieron a los otomanos la creación de una provincia cristiana específica, la del Monte-Líbano. Se aceleró entonces la presencia de las misiones y los centros docentes franceses hasta llegar a una verdadera aculturación de las clases educadas.

Tras la Primera Guerra Mundial y el colapso del Imperio otomano, se pondrán en obra los famosos acuerdos francobritánicos, adoptados secretamente en 1916 y conocidos como Sykes-Picot por el apellido de los dos funcionarios que los negociaron. Aquellos Acuerdos delimitaban las fronteras medio orientales tales y como las seguimos conociendo. Nunca se pudo decir más a propósito que aquellos polvos trajeron estos lodos. Las fronteras actuales de Líbano, Siria e Irak fueron trazadas con olímpico desprecio de la opinión y la realidad histórica. Las principales víctimas fueron y siguen siendo los Kurdos cuya existencia  fue literalmente ignorada. A Francia le fue concedido un “Mandato” sobre Siria y el recientemente creado, por ella misma, Gran Líbano. El Mandato británico incluía lo que hoy llamamos Irak y Jordania así como la Palestina histórica. El  23 de Julio de 1920, cerca de Damasco, los franceses desbarataron un pequeño ejército árabe. Nadie se acuerda en Europa de aquella fecha. No así en Siria y otros países árabes donde los niños son educados en el recuerdo de aquella modesta batalla de Maysalún, símbolo de la resistencia árabe y de la arbitrariedad europea. No olvidemos que el día de la instauración de su Califato islámico, en 2014, Daesh proclamó el fin de la fronteras imperialistas Sykes-Picot. 

 Acuerdo Sykes-Picot

El llamado Gran Líbano estaba construido alrededor del núcleo cristiano de la antigua provincia turca del Monte-Líbano a la que se añadieron principalmente unos territorios sureños de población mayoritariamente chií y la llanura norte oriental de la Bekaa encargada de proveer los recursos agrícolas del nuevo estado. El resultado fue un país finalmente multiconfesional que pasó a llamarse República Libanesa a partir de 1926. Para entender hasta hoy la excentricidad libanesa hay que recordar dos fechas fundamentales. En 1932 se procedió a un censo poblacional que arrojó los resultados siguientes: Maronitas, 31%; Otras confesiones cristianas, 19,5%; Sunitas 22%; Chiíes 20%; Drusos, 7%.  Merecería capítulo aparte la minoría drusa principalmente establecida en Siria y Líbano, adepta de una compleja religión sincrética y protagonista hasta hoy de un papel singular en la historia de la región. La segunda fecha fundacional es la del Pacto Nacional de 1943 que consagra la vida política libanesa como un verdadero ritual destinado a desactivar los riesgos de enfrentamientos confesionales. Desde aquella fecha, el Presidente de la República siempre es un cristiano, el Primer Ministro, un musulmán sunita y el Presidente del Parlamento, un musulmán chií. En 1943 se decidió que el número de diputados en el Parlamente sería de 54 cristianos y 45 musulmanes. El único resultado concreto, al final de la  terrible e inextricable Guerra Civil Libanesa entre 1975 y 1989, fue el acuerdo de elevar el número de diputados a 108 para alcanzar la paridad entre cristianos y musulmanes.

 Lo excepcional del citado censo de 1932  no estriba en sus resultados sino en el hecho de que ha sido el último realizado hasta hoy(¡!!). En el Líbano, es tal el miedo neurótico a la alteración de los frágiles equilibrios religiosos que llega al absurdo. Se trataba lisa y llanamente, por parte de los cristianos, de oponer la política del avestruz al inexorable crecimiento demográfico de los musulmanes. Es probable que la realidad se acerque hoy a las siguientes cifras procedentes del Departamento de Estado americano: Chiíes, 31%; Sunitas, 29%; Maronitas 21%; Ortodoxos 8%;  Católicos melquitas de rito griego, 5%; Drusos, 5,5%;  Armenios y otros 1 o 2%. Porcentajes inferidos de los únicos datos disponibles, los del estado civil tales como nacimientos, bodas, fallecimientos. Pero suficientes para mostrar que el eterno temor de los cristianos, el “sorpasso”  demográfico musulmán se había producido como previsto. Cabe pensar que el porcentaje de chiíes es todavía superior al indicado e inferior el de los cristianos. La carrera demográfica hacia el sorpasso provocó un crecimiento demográfico incontrolado. Hoy la población de Líbano se estima en unos 4,6  millones de habitantes sobre un teritorio de 10452 km², es decir la cuarta mayor densidad en el mundo. La emigración fue siempre enorme, movida por la penuria o la inseguridad. Se estima en 13 millones el numero de oriundos libaneses de las cuatro últimas generaciones, particularmente en las dos Américas e ilustrados por personajes como el ex presidente argentino Carlos Menem o la propia Shakira­. La emigración se agravó tras la terrible hambruna de 1915 provocada por una plaga de langosta y agravada por las requisas otomanas de trigo. Murieron 200 000 maronitas en la Montaña Libanesa. Esto indujo el Patriarcado maronita a optar, en 1920, por la solución económicamente atractiva de las vastas tierras del “Gran Líbano”. La diplomacia del “Quai d’Orsay tenía un plan B que contemplaba la creación de una nación exclusivamente cristiana. Algunos libaneses cristianos la rechazaban por no separarse de sus vecinos musulmanes. Hoy muchos lamentan la decisión final del Patriarcado.

 Religiones en Líbano

En el fondo Líbano es una Yugoslavia atómica. En el mapa las distintas confesiones aparecen claramente localizadas. En realidad, como en Yugoslavia, son muchos, en  las zonas limítrofes, los pueblos imbricados, cristianos, sunitas o chiíes. Pero además Líbano, históricamente dividido entre tantas comunidades yuxtapuestas y regularmente enfrentadas, se convirtió comprensiblemente en un modelo particularmente rígido de sociedad patriarcal. Todavía existen pueblos donde los moradores comparten un mismo apellido y siguen renuentes a la instalación de desconocidos o forasteros. En política las divisorias ideológicas no son solamente religiosas sino también clánicas. El clientelismo alrededor de las grandes familias y de los hombres “fuertes” (los “qabaday”) es estructural. Entre los cristianos, particularmente los maronitas, 10 apellidos sobran para dar la vuelta a la mayoría de los presidentes de la república y de los políticos importantes. La historia de los drusos se resume con los apellidos del clan Haramé, en el plano de la sabiduría, y del clan Jumblatt en la política y la guerra. Los odios políticos, religiosos y clánicos generalmente se suman  y a veces se contradicen. Entender el rompecabezas de la política libanesa es cuestión de iniciados.

En el asolado “País de los cedros” solo dos reducidos islotes preservan hoy los últimos ejemplares. En cuanto a la imprudente imagen fija de una “Suiza del Oriente Medio” no resistió el discurrir de la película histórica. La olla a presión estalló en 1975 y el país se instaló en el laberinto sangriento de una Guerra civil que duró quince años, hizo entre 130 y 250 000 muertos, arrasó Beirut y buena parte del resto del país. Su desarrollo resultó incomprensible para muchos libaneses. Prendió la mecha la exasperación cristiana ante el peligro de un estado dentro del estado creado por la presencia de decenas de miles de refugiados y combatientes palestinos. Las Falanges Cristianas (Kataeb) del clan Gemayel atacaron los palestinos pronto ayudados por las organizaciones que se definían islamoprogresistas. Luego las rivalidades clánicas se mezclaron con las políticas y religiosas mientras los aliados de la víspera se asesinaban alegremente entre ellos al día siguiente. La intervención de Israel y de Siria acabó de enredar las cosas. Lucharon cristianos contra cristianos, musulmanes contra musulmanes hasta llegar a un callejón sin salida malamente resuelto mediante la aceptación tácita de la tutela siria.

 Desde la creación de Líbano, Siria consideró que aquellas tierras le habían sido arrebatadas y en ningún momento desistió de manejar la política del país. La versatilidad de la políticos libaneses y sus vuelcos de alianza en su relación con Siria resultan aberrantes para cualquier no especialista. Hasta la Guerra Civil, los Chiíes habían sido los parientes pobres por no decir los parias de Líbano. Su pujanza demográfica y el crecimiento ininterrumpido de su potencial militar les confierieron un papel ineludible. Tras el fracasado intento israelí de eliminarlo en 2006, el Hezbolá se ha convertido en el árbitro por no decir el dueño de la situación política libanesa. Es el brazo armado y el instrumento de Siria. Ellos y sus padrinos sirios e iraníes son sospechosos de haber organizado el atentado que mató a Rafiq Hariri, primer ministro sunita, en 2005 así como el rosario de asesinatos de personalidades antisirias en los meses siguientes. Hoy el actual Presidente libanés, Michel Aoun, fervoroso líder antisirio durante la Guerra Civil, ha suscrito una alianza con Hezbolá. El Primer Ministro Saad Hariri, hijo de Rafiq, sunita con doble nacionalidad libanesa y saudita, gobernaba con el asentimiento del Hezbolá hasta la espantá del 4 de Noviembre sin duda forzada por los propios saudíes. El próximo episodio nos tiene en vilo.

 La perennidad de Líbano es un misterio. La violencia, los desequilibrios y las fracturas  no han faltado en ningún momento de su corta historia y han llevado el país al borde del desastre en varias ocasiones. Pero es imposible evitar la sensación paradójica de que los propios enfrentamientos comunitarios  son los que terminan creando una extraña coherencia y engendrando un real sentimiento de pertenencia nacional. El modo de vida libanés, indudablemente modelizado por las comunidades cristianas, destaca frente al gris ceniciento cuando no el negro fúnebre  de las sociedades medio orientales. La fragilidad del país aparece como su particular modo de relación con la existencia.  Dicen que en 2004 unos jóvenes musulmanes de visita en la iglesia de un aislado pueblo maronita de la Montaña Libanesa vieron cómo les sonreía una estatua de la Virgen mientras de la boca de uno de ellos, brotaba una oración cuyo final decía: “...O reina del Mundo, instaura la paz, el amor y la libertad sobre la faz de la Tierra”. Desde entonces los peregrinos musulmanes  abarrotan Bechuate, la aldea de las apariciones, en número comparable con los cristianos. Es por lo visto muy habitual que los musulmanes libaneses lleven en la cartera una estampa de Maryam o peregrinen incluso a los santuarios marianos. Pero jamás de forma tan masiva como en Bechuate, claramente arrastrados por el mensaje de paz y reconciliación. Al mismo tiempo dice una etnóloga estudiosa del fenómeno, los peregrinos musulmanes jamás se mezclan con los cristianos. Libano solo vive de ser incertidumbre.

Beirut durante la Guerra Civil

La olla de Benzemá


Deng Xiao Ping


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El primer derbi del Wanda fue un puñetero cuento chino. O por emplear la metáfora que del mundo nos dejara el Filósofo Oficial de la Nación, Ortega, “hijo de Minerva y de uno de los gigantes que quisieron escalar el cielo”: una Pelea De Negros En Un Túnel.

    Para hacer llevadero el muermo de este Atleti-Real, mientras se enfriaba la cena en la mesa, tiré del cuento de Ricardo Bada sobre el vagón de tren en que viajan una gorda, una rubia guapísima, un bético y un sevillista (con la imaginación haciendo el esfuerzo de poner a Doña Croqueta de gorda, y de rubia guapísima, al otro comentarista):

    –De repente, el tren se mete en un túnel y se queda el vagón a oscuras; entonces se oye un guantazo enorme: ¡¡¡Plasss!!! El tren pasa el túnel, vuelve a la luz y el sevillista se echa mano a la cara. Los cuatro pasajeros se quedan pensando en lo que ha podido ocurrir. La gorda piensa: “Seguro que el sevillista le ha metido mano a la rubia. La rubia se ha mosqueado y le ha dado un guantazo”. La rubia piensa: “Seguro que el sevillista ha intentado meterme mano, se ha equivocado y la gorda le ha metido una h...” El sevillista piensa: “Seguro que el Bético le ha metido mano a la rubia, la rubia se ha equivocado y me ha dado la h... a mí”. El bético piensa: “A ver si llega otro túnel y le meto otra h... al sevillista”.
    
El derbi se hacía tan largo y tan insufrible como “el Prusés” de Piqué, y con Benzemá restregándose por el Wanda como el gato de una venta acababa uno acordándose hasta de Isidoro el de la Santa Transición, aquél que luego, siendo presidente de la cosa, citaba a Deng Xiao Ping para impresionar con cultura china a los “chinos”:

    –Gato blanco, gato negro, qué más da; lo importante es que cace ratones.
    
Mourinho, aquel entrenador del Madrid que quería a Ribery y le dieron a Callejón, dijo una vez muy portuguesamente que, si no tienes perro para ir a cazar y tienes un gato, vas con él. El gato era Benzemá, que ya estaba en el Madrid, y que estos días, para preparar el derbi del Wanda, reveló un secreto de vestuario:

    –Se me fue la olla cuando Mourinho me llamó gato.

    A Benzemá, pues, se le fue la olla en 2010, y desde entonces anda buscándola por esos campos de Dios. En tanto no dé con ella, será titular, pues Benzema y Zidane vienen de una cultura que valora muchísimo la búsqueda, a la cual supeditan toda idea del tiempo.

    ––Lo hemos intentado todo... menos el amor –dijo una vez Théodore Monod, el naturalista francés que consagró su vida a buscar en el desierto la flor que había entrevisto sesenta años atrás.
    
El Atleti corrió como nunca y empató como siempre, con pinta de no hacerle ya un gol ni a Casilla (¡con un 13 y de amarillo!), por lo que la Mejor Afición del Mundo subrayó con pitos a Griezmann, a cuyo rescate acudió un hilo de cholismo. “A muerte con Griezmann, es de la familia… mientras esté en la familia”, explicó un Cholo vestido de Scorsese.
    
Este Madrid tampoco parece estar hecho para hacerle un gol a nadie: sus delanteros san absurdos como una paleta de pescado y Kroos y Modric pelotean lejos del área como sólo Benzemá (“el gato”, decía Miguel Mihura) es capaz de divertirse durante años y años jugando con el mismo ovillo de lana, mientras a Ceballos, un centrocampista golero, le sale musgo en los pies a la sombra del banquillo. Para acabar de levantar el estado de ánimo, el entorno espolvorea en el ambiente los rumores sobre la contratación de Neymar, acontecimiento que acabaría disparando las simpatías del floreado Madrid de Zidane que ha tirado la Liga en noviembre, catástrofe de la que se quiere culpar a los árbitros de Victoriano, que vienen a ser como los hackers de Putin.

Mihura

LA COLA DE CASILLAS

    Casillas sigue trayendo cola: ahora es su suplencia en el Oporto. ¡Un Príncipe de Asturias de los Deportes en el banquillo! Ramos, que aspira, en collera con su socio Piqué, a renovar ese título de Xavi & Casillas en 2012, no salió a pedir explicaciones a Piqué y su apología de la sedición en el Combinado Autonómico, pero ha salido a dar explicaciones de la suplencia de Casillas en el Oporto: “Su entrenador (Sergio Conceiçao) parece primo hermano de Mourinho”. Habló el Cortihero, punto redondo. Mejor educado que él (después de todo es portugués), Conceiçao respondió: “De Sergio Ramos tengo una cosa que decir, pero no la digo”. Más cruel fue con el Pipero Mayor del Villarismo, Lopetegui, el Eizaguirre de Asteasu, que había expresado su perplejidad porque Casillas, estaba haciendo una gran temporada: “¡Pues que lo convoque con España cuando vuelva a jugar!” Casillas volvió a jugar (en Copa, con cantada de la casa), pero el Eizaguirre de Asteasu no lo ha convocado
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Lunes, 20 de Noviembre

Valle de Esteban

Pensemos en lo que hubiera sido Manolete toreando con la humanidad de un Antonio Fuentes o de un juvenil Cagancho.
Gerardo Diego

domingo, 19 de noviembre de 2017

Feos, malos y gafes

Firmado, Juan II en 1420

Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Andaban levantiscos este mediodía los ciudadrrealeños a cuento de la portada del periódico local que se preguntaba este domingo si era verdad que la ciudad era tan fea. No tengo muy claro qué tipo de científicos pontificaba sobre la falta de belleza de una localidad, que la verdad sea dicha, carece de edificios sobresalientes, rutas a visitar e incluso se hace difícil que los vecinos sepan  por dónde cae la oficina de turismo, pero está claro que no tienen para C. Real la mínima caridad. Dice el periódico que la población más fea de España es Parla, luego Vigo a pesar de su encantador entorno y la medalla de bronce, C. Real. Ya saben, cuando el diablo no tiene qué hacer....
       
Creo que  el relativismo de los gustos suele confundir en demasía y uno que es frecuente visitador de la ciudad manchega se atreve a decir que en C. Real se vive muy tranquilo, todo está cerca, y las tapas que ponen con las cañas y los tintos no se las salta nadie. Además, ¿porqué no se puede ir a un sitio a comer y disfrutar con los amigos y no a ver cuadros de Murillo, un poner? Total, que he terminado rápido de almorzar para poder ver ya en Córdoba los que con total objetividad puede que sean los dos equipos menos atractivos de 2ª división: el Sevilla Atlético y el Córdoba. Quizás los dos máximos aspirantes al descenso.

      El escenario ha sido de 2ªB, pues el partido se ha jugado en la ciudad deportiva palangana con las gradas vacías de preferencia, excepto medio centenar de cordobeses en una esquina e imagino que con dos o tres cientos de socios sevillistas en tribuna, que es la que no se ve por la tele. Los futbolistas son de 2ªB, si exceptuamos por el Sevilla al delantero Marc Gual y el gemelo Federico San Emeterio. El primero en un alarmante declive y el segundo persistiendo en sus intenciones de aplicar la determinación cantabrona que instauró en la cantera racinguista el método Munitis, en la siempre exquisita escuela sevillana. Por el Córdoba salvamos a Kiesczeck, el portero polaco, el único elemento cordobés al que no le faltarán ofertas al final de temporada para no abandonar -él no- la categoría.

     Córdoba y Sevilla Atco. han empatado a uno. No podría decir quién ha merecido menos, pero como no es cosa de regodearse en la tribulación ajena quiero pararme en esta jornada con Jona. Nuestro delantero. En teoría un futbolista talentoso en el que confiar. Jona ha marcado el 0-1 que podría habernos dado los tres puntos, pues el Sevilla Atco. se ha quedado con diez todo el segundo tiempo, al poco de que el hondureño colara el gol. Con la victoria es posible que la prensa cordobesista  redimiera a este mozo no tan joven que va de equipo en equipo con una etiqueta de excelente calidad que me malicio falsificada. El gol lo hubiera metido hasta un servidor y creo que  no hubiera fallado otro mucho más fácil que ha tenido, pero entiendo que hasta los mejores yerran un simple empujoncito a la red. Lo que me enerva de Jona es esa manía de dar siempre muy corto el pase, de perder balones que no tienen complicación, de su torpeza conductora, de su, en suma, falta de calidad manifiesta. Jona viene del UCAM Murcia, su último descenso acumulado, pero su fama de gafe le precede en Albacete, con el que también descendió. Hace tres años estuvo en el Cádiz con el que no subió de 2ªB a 2ª. Los gaditanos lo conseguirían al año siguiente de su marcha. Hace cuatro descendió también a 2ªB con el Jaén, equipo éste que padece un calvario que no parece tener fin. Lo curioso es que el amo del Córdoba ha depositado en este Jonathan Mejías Ruiz, malagueño internacional por Honduras, toda su confianza. Confianza de la que depende la prosperidad del Córdoba C F. Ya ven, en Córdoba se exige la suerte a un gafe.
       
De la manía de jugar esta temporada vestidos de rosa chicle hablaremos otro día, pero yo, es verlos, y no me parecen un equipo de fútbol. 

En algo tendrán razón

Hughes
Abc

Es difícil de expresar, pero estos días de octubre, con la crisis o el golpe catalán, algo rondaba por la cabeza. Lo hablaba el otro día con un amigo, que no me lo negó. De alguna forma, en el conjunto de argumentos, razones, propaganda, críticas y diagnósticos que aporta el separatismo catalán hay cosas estimables. El objetivo no se puede compartir, y el medio es “golpista”, por supuesto, pero no todo lo que dicen es falso –con haber mucha falsedad– y no todo lo que dices es erróneo. Tampoco el independentismo es homogéneo. La visión que el separatismo tiene de lo que pasa en España, con ser odiosa, movida por un afán destructivo y con un desprecio innegable, tiene también razones que merece la pena tener en cuenta.

El régimen político actual dista mucho de ser perfecto. Su origen es el que es, por mucha glorificación épica que quiera hacer el neosuarismo. La separación de poderes, el régimen de partidos, las élites, los personajes que dominan el panorama mediático (peores que un millón de bots)… eso es real. Incluso se ha percibido una propensión al editorial único. Es como si Barcelona, a la vez, contagiara a Madrid algunos de sus últimos defectos. Por ese AVE que va y viene llega y sale de todo.

Espero que se entienda, pero en algunas cosas que los separatistas dicen es imposible negarles algo de razón.

El 155, por ejemplo, se ha decretado de un modo discrecional y probablemente equivocado. Incluso si ha servido para algo. No lo digo yo, que nada importa, sino algún experto muy notable. Los tribunales dirán, pero su ejecución se está quedando en mucho menos. ¿Es “dar instrucciones” quedarse con un parlamento? Es sólo un ejemplo. La Generalitat ya estaba intervenida económicamente por Montoro con argumentos basados en la estabilidad presupuestaria. De esto se habló poco. La estabilidad, no lo olvidemos, fue el motivo para una reforma express de la constitución. La instrumentalización del Constitucional, el tono como bizcochable del Supremo, la extraña naturaleza, bastante excepcional, de la Audiencia Nacional, son otras tantas. Muchas ignoradas por la obligación de “cerrar filas”.

La democracia española no puede ser la de la CUP o la de Podemos. Y para Cataluña tampoco la de Marta Rovira, claro, pero una de las muchas maneras de interpretar lo de este octubre en Cataluña es añadir al “qué malos son los nacionalistas” algo como “algo no funciona del todo bien en la España actual”. Cataluña como síntoma, quiero decir. Una visión que además es plenamente “nacional”, es decir, que se supone que es la natural para quien siente con claridad que Cataluña es parte de un cuerpo más grande. SI algo así pasa en su órgano más importante, ¿cómo pensar que el organismo funciona bien?

En fin, buen domingo

Domingo, 19 de Noviembre

Valle de Esteban

Hoy, la vida de sociedad sólo tiene un aliciente: comer.
Manuel Halcón

"Allí será el llanto y el rechinar de dientes"

DOMINGO, 19 DE NOVIEMBRE

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

-Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes."

Mateo 25,14-30

sábado, 18 de noviembre de 2017

La raza latina

Juan Ruiz


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

De Alemania llega la nueva (no sé yo si buena) del cardenal Marx (nombrado por Benedicto XVI) dejando caer que el Papa Bergoglio se plantea nuevas formas de liderazgo, incluida la abolición del celibato clerical, es decir, que los curas, ¡la raza latina! (“¡Viva la raza latina!”, les saludaban el 14 de abril del 31 los bolingas republicanos en la Puerta del Sol), podrían relacionarse como todo el mundo.

Hoy las Ciencias adelantan que es una barbaridad –cantaban ya los “hombres cultos” en “La Verbena de la Paloma”.

El Ayuntamiento de Madrid, con título de excelentísimo, representa el progreso con una joven de acrisolado rahez hispano que se ganó el reconocimiento de las gentes (los medios acuden en grupo a escucharla cuando los cita) cantando en una capilla, durante la misa, “el Papa no nos deja comernos las almejas”.

Bien mirado, todos tendremos algo de Sotomayor (el Maestre de Alcántara, no el Sobrino de Carmena), freire legendario por su colosal riqueza (a pesar de sus votos de pobreza) y su magnífico harén (a pesar de sus votos de castidad).

Pero si se cumplieran los pronósticos de Marx (el cardenal, no el filósofo), quien volvería a “estar en el candelabro” sería el gran Juan Ruiz, que anduvo “faziendo sus deportes” por el Arciprestazgo de Hita un siglo antes que Sotomayor.

Quien no tiene miel en orça, tengala en la boca –aconseja Juan Ruiz, patrón, con eso, de los flabelíferos, y primer apóstol español de la ejemplaridad (se pasa el libro tapando con consejos morales sus revolcones genésicos, y a esto lo llamó Américo Castro “vivir una vida mudéjar”.

Castro veía a Ruiz oriental porque gusta de “los sobacos un poco mojados”, y con eso sostenía que el “Libro de Buen Amor” era la versión alcarreña de “El Collar de la Paloma”. (¡Cela copiando a Gala!) Hubo de salir al corte Albornoz para recordar que mal podía el jocundo Juan Ruiz dejarse llevar por una vida mudéjar si en todo el Arciprestazgo de Hita había… ¡once mudéjares!

Sábado, 18 de Noviembre

Valle de Esteban

Los primeros colonizadores salieron de España a finales del siglo XV y principios del XVI, en la época precisa en que el romance estaba más en boga entre todas las clases sociales de la Península.
Ramón Menéndez Pidal

viernes, 17 de noviembre de 2017

Bélgica y sus cárceles

 Delito: bajo rendimiento en la recogida del caucho
Justicia belga

Francisco Javier Gómez Izquierdo
    
      A veces  llegan noticias que no se sabe cómo tomarlas. Si por tramposas, por falsas, por enredadoras ó ¡válgame Dios!, por ciertas. De camino esta mañana a la mina, la radio del coche decía que la Fiscalía belga pregunta a España ¿? si el fugitivo Puigdemont tendrá celda amplia y comida suficiente en caso de ser encarcelado por sus delitos. Entiende la justicia belga que las provincias del país -flamenco, valón o bruselense- han de considerarse como lugares sagrados en los que tienen acogimiento  delincuentes del mundo en general y de Europa en particular. Templos de la escrupulosidad legal de los que sus jueces excluyen a los delincuentes autóctonos, campeones europeos en pagar prisión preventiva en promiscuo almacenamiento.

      Los fiscales belgas, para no llamarse a engaño, no tienen más que preguntar, un poner, a sus ciudadanos Dries L.Vincent V. recién salidos de cárcel española, dónde prefieren cumplir condena, si en Estremera o Ittre, si en el Puerto o en Hasselt. ¡Increíble la falta de respeto de personas que en teoría tendrían que dar ejemplo de mesura!

      ¡¡Bélgica!! ¿No fue el sistema penitenciario de Bélgica el que tuvo que solicitar hace muy pocos años a la vecina Holanda una cárcel vacía para llenarla de presos belgas? ¿No sigue vigente el acuerdo en este 17 a raíz de 60.000 euros por preso al año a pagar a las autoridades holandesas? Me consta que la prisión está ubicada al sur de Holanda, y aunque no puedo precisar si está administrada por personal holandés o belga; sí que tengo la certeza de que la medida se adoptó ante la superpoblación penitenciaria del país de acogida del golpista Puigdemont. Creo que a día de hoy anda en casi un 120% de ocupación reclusa.

      Curioso el miramiento que se tiene con los enemigos de España en un país en el que creíamos habían cicatrizado las heridas de otros siglos. Un país en el que hasta antier crecieron esbirros que amputaban manos de niños africanos por diversión, un país que presumía de tener zoos de negros, un país que ha dado uno de los mayores genocidas que en el mundo han sido, un país que disimula ancestrales perversidades cultivando como ningún otro lo políticamente correcto.
    Yo creo, como sus presos, que todo es de boquilla y más que nada por aparentar.

Jerez

Niña de los Peines

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Al final, lo que la propaganda oficial llama “el 155” no era otra cosa que la vía jerezana al tabarrón catalán.

La vía jerezana no es, desde luego, Inés Arrimadas (“la pija de Jerez”, en la jerga politológica del periodismo global, oponiéndola al “portero de discoteca” –sicAlbiol).

Tampoco esa vía jerezana es un Primo de Rivera, que en Barcelona se alzó el general que decía haberlo aprendido todo en el casino de Jerez.

Cierto es que se nos ha concedido, como a todos los ciudadanos, la libertad de aplaudir; pero ésta sola, sin alguna expansión para la crítica, no nos sirve a nosotros…–contestaba al golpe José Cuartero, el legendario editorialista de esta Casa–. El coro de lisonjeros y agradadores tiene ya sus voluntarios, algunos de las más extrañas procedencias y del más pintoresco relieve. Ahí, en ese coro, nada tiene que hacer ABC.
Pemán habla de una tía suya, la tía Inés, hermana del dictador, que, al ver al sobrinillo leer, le advertía: “Cuentan que en Trebujena una mocita se murió de la leyenda”. A su hermano, el general, la tía Inés le puso de mote “el loco Patria” (jugando con “El loco Dios” de Echegaray), mientras los prograjos del periodismo madrileño lo tildaban de “señorito aficionado al vino y al cante”, cuando en Jerez había dos abstemios famosos (el general y el marqués de Campo Real) y un antiflamenquista militante, el general, a quien un día acercaron a un tablao del duque de Abrantes (Chacón, Manuel Torres, Niña de los Peines) y salió refunfuñando: “¡Esto es una ordinariez, aquí y en Pompeya!”
La vía jerezana al tabarrón catalán es la que el eximio Fernando Villalón describió para el vino de Jerez:
El vino de Jerez no lo hace éste ni aquel fabricante; lo hacen los dioses.

Después de todo, con el tabarrón catalán ¿cuál es el esfuerzo del hombre (Mariano, como sus predecesores, no es que sea perezoso; es que le sobra tiempo) en este “dejarlo estar”?

Y quítense ya de la cabeza eso de que los dioses son los hackers rusos.

Viernes, 17 de Noviembre

Valle de Esteban

El primer vagido de la lengua española es, pues, una oración.
Dámaso Alonso

jueves, 16 de noviembre de 2017

Hackers

El Rubalcaba de Hillary


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El berrinche de Bruselas con los hackers de Putin es más falso que las castañuelas de Puigdemont, que también anda por allí. ¿No querían estos “prograjos” Guerra Fría? Amigo y enemigo. ¡Política! Pues ahí la tienen.

Revel cuenta cómo funcionaba esto en los buenos tiempos: en los ochenta, un periódico prosoviético de Nueva Delhi, “The Patriot”, debía publicar un artículo para “revelar” que el virus del Sida era una manipulación genética del Ejército americano para la guerra biológica. Luego, la “Literaturnaya Gazeta” dijo “recoger” la información de “The Patriot” y condenaba las fechorías americanas. (Lo gracioso en este caso fue que a “The Patriot” se le había pasado publicar el artículo, y “Literaturnaya” se columpió.)

Los hackers de Putin es un invento publicitario de Podesta, el Rubalcaba de Hillary, para justificar el batacazo electoral de hace un año, cuando Trump se llevó más de 3 000 de los 3 200 condados de la Nación.

Si Pulitzer hubiera tenido la inventiva de Podesta cuando en 1903 el candidato demócrata a la alcaldía de Nueva York salió elegido contra la unánime oposición de la prensa de la ciudad, y hubiera culpado a los hackers de Putin en vez de a los camareros de las tabernas y sus jefes (“¡inmunes a toda argumentación!”), habría ganado... el Pulitzer.

Los “cheerleaders” de Bruselas acusan a los hackers de Putin de manipular a la opinión pública (“ese señor del universo”, que decía Jefferson) con motivo del golpe de Estado en Cataluña. ¿Y qué hacían los hackers de Merkel y Obama cuando el golpe de Estado en Ucrania?
Es curioso que en Bruselas, capital de una Unión Europea que, salvo en Francia, ignora el sistema representativo, preocupe la manipulación de una opinión pública que, en cualquier caso, como avisa Santayana, es un contrasentido, ya que el público no tiene memoria consecutiva y no puede opinar.

Puede reunirse y gritar, y muchos gritos hacen una demostración pública, pero muchos votos no hacen una idea pública.

En la muerte de Françoise Héritier


Françoise Héritier

Jean Juan Palette-Cazajus

Ayer, 15 de noviembre, ha muerto Françoise Héritier (1933-2017). “Héritier” en francés significa “heredero”. Y de alguna manera fue la heredera de Claude Lévi-Strauss. También renovadora de su universo por la novedad de una mirada antropológica que introducía las perspectivas de sexo y género. Cuando murió Lévi-Strauss, en 2009, perdí un padre espiritual. La sinceridad del sentimiento disculpará aquí la cursilería de la expresión. Mis lágrimas no fueron retóricas. Cuando la vida iba haciendo subrepticiamente de mí un ejemplar normativo y residual de su época, el pensamiento de Lévi-Strauss tanto como la belleza de su estilo, me devolvieron el pan blanco de la exigencia y del compromiso de pensar. Esa idea básica de que toda reflexión filosófica –no digamos ya ideológica– es pueril toreo de salón si no viene anclada en el espesor de la experiencia antropológica.

De Françoise Héritier no llegaré a decir que fue una “madre” espiritual. Mis comillas la habrían sacado de quicio. En filigrana de toda su obra alienta el concepto de “valencia diferencial de los sexos” que ella nombró y explicitó. Le habría encantado mostrar cómo mis reticentes comillas ilustran a las mil maravillas la paradoja etnológica de la mujer. Cómo quedó históricamente asignada  a transmitir los valores de la sociedad en el seno de la célula familiar, pero empezando por los que legitimaban su propia subordinación. Cómo fue en cambio apartada de una actividad considerada tan “varonil” como la propia guerra, la de pensar. Diría más bien que mi percepción intelectual de la labor de Héritier hace de ella una fascinante hermana mayor. Frente a su obra dedicada, directa o indirectamente, a dibujar y revelar la geografía ignota del continente femenino, sentía en primer lugar una mezcla de respeto y de pudor distanciados. En segundo lugar tenía conciencia clara de que todo su trabajo estremecía radicalmente los cimientos de la morada masculina.

El “terreno” de Lévi-Strauss era Amazonia. Françoise Héritier fue africanista. Son fascinantes sus reflexiones sobre el fundamental papel en la cultura de los humores naturales del cuerpo humano: la sangre claro, pero también la leche, el semen, las lágrimas, el sudor. Y sus reflexiones sobre la dialéctica de lo idéntico y lo diferente. Ella hablaba de la “frustración repulsiva” de los humanos frente al exceso de parecido. En cierta consonancia con la frase de Montaigne que venimos ilustrando estas últimas semanas. Hace dos días pude oír a Françoise Héritier en la radio. Su voz era afable y juvenil mientras explicaba que los más recientes estudios etnográficos acreditan la idea de que ni siquiera el hecho de que la estatura de la mujer sea generalmente inferior a la del hombre, es natural. Contaba cómo, desde el paleolítico, la mujer ha venido siendo peor alimentada que el varón, incluso en los períodos en que la propia obsesión de éste por su descendencia estaba en juego, es decir durante el embarazo y la lactancia. La pluma de Françoise Héritier, íntima y empática, también sabía alejarse de la teoría. Mostró su amor de lo cotidiano en dos deliciosos libritos impresionistas, “La sal de la vida” ( Aguilar 2012) y “El sabor de las palabras”.

Creo que aquella gran señora, honrada, entrañable y profunda, llevaba años padeciendo una enfermedad autoinmune. Este tipo de ataque del sistema inmunitario contra el propio organismo es una auténtica parábola de la condición del etnólogo. Lo decía el maestro Lévi-Strauss: nadie elige tan azarosa profesión si no lo atormenta un profundo desajuste interior con el mundo. Por eso tanto la etnología como el síndrome autoinmune son exclusivos de la cultura occidental. Refieren el autoescudriño, la comparación, la relativización, la fascinación por el espejo de la alteridad, la ansiedad de la pregunta y la cautela ante la respuesta, la permanente insatisfacción, la culpabilidad crónica. Sin olvidar la obsesión por el concepto de universalidad que irrradia toda la obra de la autora de “Masculino/Femenino” (Tomo I, Ariel 2002; tomo II, Fondo de Cultura Económica, 2007). Mi tristeza es real y profunda. Le debemos particularmente a Françoise Héritier la conciencia del abrupto camino que espera cualquier portador del cromosoma XY deseoso de llegar a ser algo más que un primate orondo y chulesco.


Con Claude Lévi-Strauss en 1991

Jueves, 16 de Noviembre

Valle de Esteban

Era (la Argentinita) como una pluma en el aire.
Manuel Machado

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Sensibilidad



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Venimos de un pueblo guerrero: no llevamos ni tres generaciones sin llegar a las manos. Por la Crónica de Alfonso el Emperador sabemos que nuestros tatarabuelos “gozaban y reían viendo acuchillarse a un grupo de ciegos que, colocados en el centro de la plaza, se herían entre sí en vez de herir a un puerco que entre ellos corría y que de ellos escapaba”. Es natural, pues, que el ministro del Interior saliera a vocear que el juez de los golpistas catalanes debía tener en cuenta “la ley, el contexto y el entorno”. El “Fiat iustitia et pereat mundus” de Fernando, otro Emperador, ¿a qué desorden (¡la separación de poderes!) no nos llevaría?
Para Zoido, un goethiano de Montellano que prefiere la injusticia al desorden, donde esté un Llarena que se quite un Coke o un Marshall.
Tranquilos, que esto no es la Audiencia Nacional –dicen los golpistas catalanes que les dijo Llarena.

Cuestión de sensibilidad.

En el fondo –decía Ruano de lo suyo–, creo que uno es un hombre bastante hombre y frecuentemente con una sensibilidad histérica de mujer de cabaret.
La vida es un cabaret, cantaba Paco Clavel, y la justicia no es vida. Pero si el Supremo no es la Audiencia Nacional, entonces ¿qué es el Supremo? ¡El “Sancta Sanctorum” de la sensibilidad!

Por la suprema sensibilidad de Bacigalupo, y su doctrina de los estigmas, Felipe González, que no era precisamente el Padre Pío de Pietrelcina, salió tan pichi de lo del Gal.
Esa misma sensibilidad suprema envió a prisión a los gamberros que en la librería Blanquerna berrearon “Cataluña es España”, teniendo en cuenta la ley, el contexto y el entorno zoidianos.

Con los golpistas catalanes lo supremamente sensible ha sido el Acatamiento al 155 (?), algo así como el crucifijo que Pilar Urbano quería que acatara Tierno en su lecho de muerte. Tierno, un pobre socialdemócrata (¡el Julián Andía de los “Cuadernos” de la Cía!) no transigió, pero Forcadell, la Sir William Wallace del “prusés”, firmó el papel de barba.

Miércoles, 15 de Noviembre

Valle de Esteban

Solamente el gato es capaz de divertirse durante años y años jugando con el mismo ovillo de lana.
Miguel Mihura

Felicidades a Ariel


martes, 14 de noviembre de 2017

La gallina



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Por San Antón la gallina pon.

¡La unción y la gallina! –oyó Santayana gritar a su padre (hipocondríaco, pero con gran indiferencia castellana ante las circunstancias y las apariencias) en la agonía.

La extremaunción y un caldo de gallina.

Para hacerle el caldo a España (para la unción se ve que cuentan con el obispo de Solsona), el gallináceo Puigdemont ha puesto el huevo con dos meses de adelanto: “Una solución distinta a la independencia es posible”, ha dicho a “Le Soir”, y con eso delata la tragicomedia que el Régimen se trae entre manos.

Al Régimen se le quedó su Constitución pequeña y lleva años elaborando una excusa para cambiarla. Eso ha sido el golpe catalán: se le pega fuego (profesionalmente: sin víctimas mortales, esto es, “sin violencia”)… ¡y a otra casa!

Si no pensamos en la parte trágica, en la parte cómica Puigdemont y Rajoy se nos presentan como Katie Hepburn y Cary Grant en “La fiera de mi niña”: él le pisa el vestido, le arranca la parte posterior y se ven unas enaguas preciosas; él corre detrás de ella, coge su sombrero (¡el 155!) y le tapa el nalgatorio con él. “¿Se puede saber qué hace?”, protesta ella. Y él responde con un juego de palabras (“Me siento como un idiota”) cuya traducción literal sería: “Siento un culo perfecto”.

El público se reía tanto –recordaba Howard Hawksque los censores no llegaron a oírlo. Luego la pusieron por la tele y ahí fue donde se escuchó por primera vez.
También aquí hay público que se ríe, él sabrá por qué. Se le viene encima una Constitución secreta, hecha por profesionales (ante todo, no caer en el populismo) y que, al parecer, tendrá un solo artículo clavado en un poste totémico: el 155, que, no siendo nada, lo será todo, pues lo mismo servirá para disolver un Parlamento que para fusilar a Torrijos o hacer de la provincia de Madrid una nación de las de quitar el hipo.

Con el hastío comienza la duda.

Bien mirado, ¡qué me han hecho los luteranos a mí! –llegó a escribir Lope un día así.

Martes, 14 de Noviembre

Valle de Esteban

Que la Tierra está tejida como un cestillo de gitanos y que, tirando de un cabo, podemos deshacerla como un chaleco de punto.
Agustín de Foxá

lunes, 13 de noviembre de 2017

La Segunda B del Recre, por ejemplo

Ángel López, nuevo entrenador del Recre

Francisco Javier Gómez Izquierdo

       Para acostumbrar el cuerpo a ese infierno de la 2ªB por el que nos precipita el amo del Córdoba me acerqué ayer a ver a los nenes del filial (los nenes del filial son promesas veinteañeras de diversas geografías con las que barajan su fortuna modernos mercaderes de hombres) que jugaban contra el club mas antiguo de España. El Recreativo de Huelva.

      El Recre, el Rácing, el Murcia, el BURGOS, y si no lo remedia un milagro, mañana el Córdoba, son clubes a los que da cosa verlos en lo que llaman la categoría de bronce contra el Atlético Sanluqueño, Izarra, Coruxo, Lorca B... dicho sea con perdón. El fútbol en 2ªB, si se exceptúa el que intentan los filiales de los cuatro equipos grandes, se juega como entre la niebla. Con mucho choque, mucha mala idea, muchos veteranos de vuelta y muchas posibilidades para los tramposos. El espectador escucha todo: lo que dicen los entrenadores, los jugadores e incluso el árbitro y según vaya el partido una frase tonta se puede tomar a risa o prepararse un Cafarnaún, que diría el gran Josep Pla, morrocotudo. No les digo nada de la que se organiza en la grada cuando un familiar quiere vengar el insulto o un simple menosprecio al pariente futbolista.
      
En 2ªB, a veces el espectador participa en el partido y hasta puede llegar a ser protagonista sin comerlo ni beberlo. En Puerto Real, ante el Portuense, viví hace años un episodio que para mí queda como quedará para un “choquero” ayer en El Arcángel el justificado cabreo de tener que pagar entrada por una niña de cinco años a la que había traído de excursión a Córdoba para pasar un día agradable. El amo del Córdoba obliga a pagar a estas criaturas la misma cantidad que a los padres. No contempla la entrada infantil y a los desplazados los ubica en una esquina de la tribuna alta dejando el resto vacío, obligando a los abonados del Córdoba a ocupar la tribuna baja y sentarnos donde mejor nos parezca. Nos sobra sitio, todo sea dicho, porque al Filial vamos a verlo cuatro pelagatos.

     Muchas de las características de la 2ªB las trajo el Recre, que por cierto lleva errática la temporada. Futbolistas de vuelta: curioso el caso de Núñez (38 años), campeón de Europa con el Liverpool y que empatara un partido que tenía perdido el Madrid en Villarreal después de que Queiroz le preguntara antes de salir que de qué jugaba. Jonathan Vila, Iván Malón, Carlos Calvo... no son quintos suyos pero casi...; un entrenador joven,  Ángel López (sustituto de Javi Casquero)  de la escuela de Bilardo, que tiene aleccionada a la plantilla para perder tiempo con el marcador a favor fingiendo terribles dolores revolcándose en el césped; una bronca a tiempo para cortar ritmo al rival; centrocampistas que chocan sin motivo; defensas que descienden de segadores y en fin... A falta de cinco minutos el entrenador del Recre desencadenó un follón en el que participaron de primeras cinco jugadores, a los pocos segundos los veintidós, luego los banquillos y delegados y por fin toda la tribuna entendió que tenía derecho a señalar al culpable. El míster onubense estuvo en la esquina del área de banquillos sin participar en el lío. Acabó expulsado, pero me malicio que era lo que buscaba. Ángel López es joven, pero hará carrera. De momento y en dos partidos se ha ganado a sus aficionados.

     ¡Ah, de fútbol, nada de nada! Algo de Núñez y un poquito del inquieto Sebas Moyano, un chico nuestro que tiene un contrato extravagante por el que no puede promocionar. 

"Desfascificar" los símbolos




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Lo ha dicho Carolina Bescansa, la “mamá” de Podemos en el Congreso:

    –Los mundiales de fútbol han hecho un enorme trabajo de normalización y de “desfascificación” de los símbolos. Aprovechemos esa ola. No nademos contra eso, porque actualmente ayudan a reforzar un eje en el que salimos derrotados y volveremos a salir derrotados.
    
Qué cosa sea “desfascificación” ¿quién lo sabe? Lo importante es “desfascificarse”, y a eso vamos al Mundial de Rusia con nuestros amigos Piqué, Canelita y Lopetegui en camiseta tricolor, la de la Republica que nos llevó a la guerra civil, aunque a cierta gente le hace gracia, razón por la cual algún covachuelista no ha resistido la tentación de gastarnos esa gamberrada y nos ha metido el gol.

    De gamberrada en gamberrada hasta la victoria final.

    La camiseta “moraíca” de “la Roja” que enloquece a Pablemos, el jefe de Bescansa, es una gamberrada igual que la declaración de independencia catalana. Camiseta de la RFEF y DUI son símbolos, se nos machaca desde el periodismo canónico. ¿Vamos a llegar a las manos por un simbolín? Los fisiólogos de los colores explican que nuestro aparato visual puede llegar a distinguir hasta diez millones de matices de color. Por eso, en la camiseta “moraíca” de Piqué, Canelita y Lopetegui, unos, pensando en Canelita, han visto un guiño a los nazarenos de Sevilla; otros, una “señera” (en la hombrera) para Piqué; y los demás, un homenaje al “Azul” de Rubén Darío (¡lo dice el Canario Flauta!), que es el libro de mesilla de noche de Lopetegui: “Y así como el del pájaro / Que triste tiende el ala, / El vuelo del recuerdo / Que al espacio se lanza / Languidece en lo inmenso / Del azul por do vaga…”

    No queremos ni pensar lo que ese mismo periodismo andaría diciendo si Piqué fuera Salva Ballesta y al diseñador de su camiseta se le hubiese escapado una pluma del ala del Águila de San Juan.

    A Rusia, pues, hemos de ir, con la camiseta de Azaña, obra seguramente de los hackers de Putin. Si aceptamos sin pestañear que el golpe catalán fue una gamberrada simbólica perpetrada por los hackers de Putin, menos pestañearemos al aceptar esa camiseta del Combinado Autonómico que para algunos futbolistas necesitados de metálico abre posibilidades inmensas descubiertas por Fellaini, el bregador del United.

    Fellaini ha denunciado a la marca deportiva que le proporcionaba las botas porque eran de “mala calidad” y causa de “daños considerables”: antes de los partidos, debía cocerlas, como Charlot en "La quimera del oro", para estirar el cuero y poder calzárselas. Por las botas, sostiene Fellaini, perdió su empleo, y solicita una millonada en concepto de indemnización. ¿A dónde no llegaría la imaginación del abogado de Fellaini con esa camiseta republicana de Lopetegui entallada en un jugador supersticioso?

    Piqué, Canelita y Lopetegui velan armas envueltos en la “azañosa” camiseta para “desfascificarnos” el martes ante Rusia, la Rusia culpable de Serrano Súñer; la Rusia que hizo proclamar a Forcadell, con TV en directo, una Republiqueta en Cataluña; la Rusia cuyos hackers (¡oh, duendes de la imprenta!) nos han trullado la camiseta.

    Para los “prograjos” (progres viejos) se trata de una anécdota sin importancia, pero al filósofo más alto de la Nación (tan alto que Ortega, pesaroso, no lo menciona ni una sola vez en sus obras), Santayana, le afectó mucho que su hermano Robert se comprara un sombrero marinero con cinta azul: “El azul tenía significados, pero en el caso de mi hermano no. Su cinta era algo fortuito, un capricho del fabricante secundado por el descuidado gusto del comprador. Digo descuidado por no decir ordinario, porque yo sostengo una especie de sentido moral respecto a los colores, y en objetos artificiales un azul puro sin paliar me parece vulgar”.

    El fascismo de la vulgaridad, que dijo Steiner. Así que… ¡a “desfascificarnos”!


EL CLAVO DE PEPE

    Pepe ha tenido que irse al Besiktas para decir, con su cara de cascabel pisado, lo que piensa del piperío del Bernabéu, y ha dado en el clavo: “En el Madrid, teníamos que automotivarnos para poder jugar, ya que la afición no era tan emotiva como aquí”. Ésta fue la mayor decepción de Mourinho en Madrid: vino pensando que el estadio estaba cada domingo como lo había visto él en la final europea Inter-Bayern, y se encontró con un muermo de piperos que cantaban himnos como Pomponia en “Quo Vadis?” mientras los leones atacan. Se propuso conquistar aquel ambiente, pero ya era tarde. Mourinho marchó y Pomponia fue reforzada con “kikos”.

Lunes, 13 de Noviembre

Valle de Esteban

En la cocina, una mujer trajina de un lado para otro: destapa una olla, tira unas patatas podridas en la lata del cerdo, mata una cucaracha con el pie.
Camilo José Cela

domingo, 12 de noviembre de 2017

Montaigne y Yugoslavia: QED

 Los Estados actuales

Jean Juan Palette-Cazajus

Todos aceptamos el tópico. Vivimos en la era de la eterna adolescencia, del eterno presente. No existe el futuro y todavía menos el pasado. Sujetos humanos y objetos tecnológicos, sujetos tecnológicos y objetos humanos,  tanto monta ya, interpretamos nuestro papel binario: somos novedad primero, obsolescencia después. Ya no somos seres históricos, sino actores virtuales de una serie televisiva autoinducida. En el último episodio, hace unos días, un frustrado mató a 26 personas en una iglesia americana. Ya teníamos olvidado el anterior episodio, hace poco más de un mes, en Las Vegas. Aquella vez murieron 58 personas y 500 quedaron malheridas. De modo que cabe preguntarse si alguien todavía se acuerda del estallido de Yugoslavia (Mapa 1), hace menos de veinte años, entre 1991 y 1999. Fueron cerca de 150 000 muertos y desaparecidos y más de 4 millones de desplazados. Los que nos acordamos, contemplábamos, incrédulos, el horror en los telediarios. El retorno de los campos de concentración, de la matanzas indiscriminadas, de la limpieza étnica y de los homínidos desalmados.
 En verde, los territorios otomanos

Entre los que se niegan al Alzheimer muchos persisten en considerar que aquello fue el foco donde incubó, antes de propagarse virulenta, la plaga de los neonacionalismos étnicos. Y que la plaga, tras unos pocos años de remisión, ha despertado y ha elegido hacerlo en España. Pero no hay diagnóstico  acertado cuando se equivoca la etiología de la dolencia. Durante aquellos años, los medios salmodiaron obsesivamente el mismo conjuro. Particularmente durante el despiadado sitio de Sarajevo, cuando el enfrentamiento se trasladó a Bosnia: ¿Cómo era posible tanto odio repentino en tierras donde, hace sólo unos años, reinaba la paz y la armonía entre pueblos y religiones? Todas las mitologías históricas bienintencionadas sufren la misma confusión. Servirá la metáfora cinematográfica. Si el fluir de la historia es el de una película, las afirmaciones benévolas como la evocada serán la foto fija, la instantánea que, congelada y aislada de su contexto, permite alimentar el “buenismo” histórico. La experiencia etnológica aduciría que en el trasfondo de las diferencias humanas la misma brasa es la de la paz cuando queremos creerla apagada y la de la guerra cuando la vemos nuevamente incandescente. Durante la corta historia moderna de aquella hoguera balcánica, los escasos momentos de quietud nunca pudieron ocultar la presencia constante de la frustración, del resentimiento y de una obsesiva incertidumbre con la identidad.
 Sepulcro de Franz-Joseph I en la Cripta de los Capuchinos

Captará inmediatamente la realidad histórica de los Balcanes quien se asome a un mapa de la región, anterior al Congreso de Berlín de 1878 (Mapa 2). Hablamos de hace solamente 139 años. La mancha verde de las posesiones otomanas sigue cubriendo el territorio de la mayor parte de los países que nos ocupan hoy. Recordemos brevemente. Tras su victoria aplastante sobre los turcos, en enero de 1878, los rusos les imponen una paz humillante. Las potencias occidentales, alarmadas ante el expansionismo ruso, negocian en Berlín una revisión de aquel tratado. Se trata de garantizar, frente a los rusos, la continuidad de un Imperio Otomano entonces motejado como “el hombre enfermo de Europa”. De modo que se presenció el hecho perturbador, contemplado desde el presente, de unos países occidentales concertados para anteponer a la independencia inmediata de los pequeños estados cristianos la continuidad turco/islámica en Europa.

Aparte del huésped alemán, orgulloso de exhibir sus recién estrenados músculos, las dos potencias más interesadas en los resultados del congreso de Berlín eran, directamente, el imperio austrohúngaro, indirectamente, el británico. En 1878, la “Pérfida Albión” honró su apodo, sembrando las semillas de los actuales problemas y favoreciendo al máximo la aparición de un mosaico de estados pequeños, mal avenidos y reducidos a marionetas en manos de sus patrocinadores. Se trataba de practicar aquello que Rudyard Kipling describió como el “Gran Juego” diplomático, diseñado para impedir el acceso ruso al mediterráneo y contrarrestar el imperio de los zares en el Asia central. Los actuales lodos afganos proceden directamente de aquellos polvos. Llama la atención el paralelismo estructural entre los imperios otomano y austrohúngaro. Ambos regidos por la existencia de comunidades étnicas y religiosas dotadas de cierta autonomía pero casi feudalmente sometidas al poder militar y simbólico del Sultán o del Emperador. De alguna manera las dos entidades compartían una ideología política radicalmente premoderna y despreciaban tanto la existencia del ciudadano a la francesa, el de Rousseau y de los derechos abstractos, como la del individuo germánico, el étnico-cultural promocionado por J.G. von Herder.
 Serbia debe morir

La carcoma iba royendo las vigas maestras de ambos imperios. Tras los horrores yugoslavos, algunos nostálgicos vindicaron el modelo austrohúngaro. Era el último avatar de la famosa instantánea, la que  sirve para tapar un instante el curso inexorable de la peli.  El mito le debe mucho a la inaudita duración -¡68 años!- del reinado de Franz-Joseph I (1848-1916). El viejo emperador era la viva metáfora de su imperio: pétrea estatua de sí mismo, sepultado bajo el protocolo. Ligereza, sentido estético y goce de la vida  fueron “el arte particular”, decía Stefan Zweig, con que el escritor y sus amigos silenciaban los crujidos de aquel viejo mundo. Milan Kundera evocó un “laboratorio del crepúsculo”. Nada mejor que la lectura de dos novelas de Joseph Roth (1894-1939) para entender la realidad postrera de aquel gigante con pies de barro. Empezando por “La marcha de Radetzky” (1932) y siguiendo con “La Cripta de los Capuchinos” (1938). La primera describe las dolencias mortales del imperio. El protagonista de la segunda sobrevive a su desmoronamiento pero, incapaz de asumir “la pérdida de la patria”, termina buscando refugio simbólico en aquella vienesa Cripta de los Capuchinos, donde reposa la dinastía de los Habsburgos. Zweig como Roth eran judíos y habían tenido tiempo de ir advirtiendo como el único punto común entre los nuevos nacionalismos era el antisemitismo.

El peor problema que enfrentaba la doble corona era el de las llamadas “nacionalidades”, sobre todo el caso de los “eslavos del sur”. Intentaremos lo imposible: resumir mínimamente el inextricable embrollo balcánico. Empezaremos con Bosnia y Herzegovina, la que fue y sigue siendo la cenicienta y el rompecabezas de la región. Allí la arbitrariedad y el horror alcanzaron las peores cotas entre 1992 y 1995.  El mayor problema fue desde el principio la realidad ineludible de la comunidad “bosniaca”, casi una mitad de la población, convertidos al Islam durante la larga ocupación otomana y objetos de hostilidad o recelo por parte de las otras dos principales minorías, la serbia ortodoxa y la croata católica. Atribuida su administración a Austria-Hungría por el congreso de Berlín en 1878, siguió siendo posesión otomana de iure. Tan extraña situación  se explica por el temor a anexionar una provincia con semejante potencial explosivo. La anexión se produjo solamente en 1908 ante la amenaza del gobierno de los llamados “Jóvenes turcos” y de las ambiciones serbias.
 Monumento a la Batalla de Kosovo Polje

La corrección lo desaconseja pero diremos que la Serbia ortodoxa fue la “mosca coj...era” del imperio austrohúngaro terminal.  Siempre se vio y sigue viéndose como guía y gallito de los eslavos meridionales. “Serbien muss sterbien” clamaba la prensa vienesa en 1914, “Serbia debe morir”. Apadrinada hasta 1940 por Francia, hoy como antes protegida por la hermana mayor rusa , su historia fue siempre turbulenta y combativa. Entender a los serbios supone tener presente el sueño de la “Gran Serbia” secularmente alojado en las cabezas y desempolvado por Slobodan Milosevic (1941-2006), último presidente yugoslavo y primero de la actual Serbia. Es el recuerdo siempre latente del efímero imperio medieval de Esteban Uros IV Dusan que, entre 1331 y 1355, reinó sobre un territorio casi equivalente a la futura Yugoslavia, más la mayor parte de la Grecia actual. La referencia simbólica y el trauma fundador de la identidad emocional -el equivalente del sitio borbónico de 1714 para los catalanistas-  nacieron ellos con la memoria dolorida de  la batalla de Kosovo Polje (“El Campo de los mirlos”) en 1389. Allí, los serbios fueron derrotados por los turcos y murió el mítico príncipe Lazar, posteriormente canonizado por la Iglesia Ortodoxa. Serbia empezó a sacudirse el yugo otomán a partir de 1804 y en 1816 se creó un pequeño Principado autónomo todavía bajo protectorado turco. Ampliada, consigue la independencia en el Congreso de Berlín de 1878 y se convierte en Reino de Serbia. Duplicará su superficie y población durante las dos Guerras balkánicas entre 1912 y 1913, antes de alcanzar su máxima extensión al final de la Primera Guerra Mundial con la incorporación de la provincia norteña de Voivodina.
 ¿Alemania, 1942? No, Bosnia, 1992

El extraño mapa de la muy católica Croacia dibuja una tosca uve invertida que encierra Bosnia. De las tres principales provincias históricas que constituyen el país, Eslavonia, Croacia y Dalmacia, solo la primera, la más oriental fue ocupada por los otomanos hasta 1698. Pero habrá que esperar el año 1868 para ver la aparición de un Reino de Croacia-Eslavonia. Dalmacia no completará la terna croata hasta 1918. Comparada con una Serbia tirando a “autista”, Croacia aparece algo más heteróclita y cosmopolita. La historia de Dalmacia vino ligada a la de la República de Venecia, mientras Croacia y Eslavonia absorbieron respectivamente influencias germánicas y húngaras. Eslovenia es la nación más pequeña, discreta y espabilada de todas.  Heredera de la provincia Austriaca de Carniola, su historia resultó menos azarosa que la de los vecinos y tenía uniformidad étnica. Por ello su independencia, por supuesto sangrienta, lo fue dentro de un orden ( 19 muertos eslovenos, 44, serbios). Ni los eslovenos, al norte, ni las poblaciones albanesas, al sur de la ex Yugoslavia, hablan el llamado “serbocroata”. Pero la diferencia lingüística es más radical en el caso de las segundas que no son eslavas.

¡El famoso "Serbocroata"! La palabra -¡evidentemente inventada por los serbios!- empieza a emplearse en el siglo XIX, cuando  los eslavos del sur piensan en invertir por un tiempo la famosa sentencia de Montaigne y tratan de anteponer sus semejanzas a la máxima diferencia, en este caso la dominación de Viena. Dicen los sociolingüistas que es una lengua “Abstand” o sea que los locutores de los dialectos regionales se entienden perfectamente unos a otros. En 1945, el croata Josip Broz “Tito” (1892-1980) llega al poder y el serbocroata pasa a llamarse, esperadamente, el croatoserbio. Hoy la corrección política ha alumbrado el “BCMS” (Bosniaco, Croata, Montenegrino y Serbio). ¡Mala jugada del alfabeto a los serbios! En la actualidad, los nuevos países proceden frenéticamente a devolverle la razón a Montaigne. Se acuerdan: “La semejanza une menos de lo que separa cualquier diferencia”. Es decir que están practicando la purificación étnica del idioma, persiguiendo y eliminando despiadadamente cualquier palabra, cualquier estructura procedente de los dialectos  “hermanos” o depositada por la historia, en la “lengua auténtica”, forzosamente la propia. Algo parecido hacían los lingüistas catalanes de la “Renaixença”, cuando trataban de sustituir cualquier palabra que sonara “castellana” por otra más catalana.
 El "Srbosjek", cuchillo "degollador de serbios" de los ustachis

En el Tratado de Trianon (1920), Francia “recompensa” su fiel aliada en la “Mitteleuropa” contribuyendo a crear, en beneficio de Serbia, el “Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos” que pasa a llamarse Reino de Yugoslavia después de que, en 1928, un diputado serbio asesinara en pleno parlamento a Stjepan Radić,  líder croata hoy legendario y opuesto al estado unitario. La peor pesadilla llega en 1941, cuando Yugoslavia es invadida por alemanes e italianos. El país se convierte en el patio de los horrores. En Croacia, se lucieron particularmente los famosos “Ustachis”, sicarios del dictador Ante Pavelic y de la tremebunda “Ustacha” nacionalcatólica. Frente a su sadismo y su crueldad los padrinos nazis parecían filántropos. Un ejemplo entre miles de aquel frenesí asesino fue el de Miroslav Filipovic, monje franciscano apodado “Fray Satanás”, que disfrutaba degollando serbios y bosnios a centenares.

En cambio, la original técnica de los “infoibamenti” era especialidad de los partisanos titistas. Llaman “foibe” en el noreste de Italia, unas grietas kársticas que se abren en el suelo de Istria. El litoral de esta pequeña península dálmata, atribuida en 1920 a la contigua Italia, era históricamente poblado por italianos mientras el interior era croata. Para adueñarse de Istria, los partisanos recurrieron al viejo deporte balcánico de la limpieza étnica. Entre 10 y 15 000 italianos, mussolinianos algunos, simplemente opuestos a la expulsión la mayoría, fueron despeñados, vivos o muertos, en las “foibe”. Por su parte, los “chetniks” serbios tampoco fueron unos angelitos. De modo que la pausa pacífica, entre 1945 y 1990,  sirvió sobre todo para rumiar frustraciones y rencores. Edvard Kardelj, el cerebro esloveno del titismo y el disidente montenegrino Milovan Djilas, alertaron sobre la fragilidad de la “yugoslavidad” y la persistencia nacionalista.
 Mapa étnico de las ronteras actuales

En 1991 resucitaron los peores fantasmas de la Mitteleuropa. Vimos la Alemania de Helmuth Kohl presurosa de reconocer la independencia de Croacia y la Francia de Mitterand valedora de Serbia, la vieja aliada. Admito que en su momento no entendí nada de una guerra que me pareció absolutamente loca e irracional. Solo tras asomarme a los mapas de población entendí que, al revés, reinaba la lógica férrea de la recomposición étnica. Aquí falta para el duro la pequeña República de Macedonia, independiente en 1991. En un diccionario francés del siglo XIX, se define “Macédoine” como “un país donde se enfrentan pueblos muy diferentes y de procedencia diversa”. Es lo que corrobora la macedonia de frutas. La excepcional diseminación étnica de la región se explica por sus largas vicisitudes históricas y económicas. Cada país aparecía salpicado  por núcleos, a menudo simples motas, de comunidades diversas, serbias, croatas, bosniacas, albanesas, también húngaras, valacas, roms, sin hablar de mínimas y exóticas “subminorías”.

La guerra sirvió para “limpiar” y “fijar” las poblaciones. “Dar esplendor” quedará para otro momento. Primero exterminios, luego expulsiones y concentraciones de población  unificaron la trama de los actuales países de la región confiriéndoles una cohesión étnica que no habían tenido nunca pero todavía relativa (Mapa 8). En Bosnia, ni siquiera la desatada violencia (100 000 muertos, 1800 000 desplazados) pudo acabar con el problema. Tras los acuerdos de Dayton, en 1995, la República de Bosnia quedó dividida entre la Federación de Bosnia y Hercegovina (51% del territorio, 70% de la población) y la República serbia de Bosnia (49%; 25%), ella misma partida en dos entre el norte y el sur del país. Pero hay en Hercegovina una mayoría croata y no cabe excluir su próxima voluntad de independizarse. Bosnia sigue siendo, para mal, “la pequeña Yugoslavia”.

“La semejanza une menos de lo que separa cualquier diferencia”. Los eslavos del sur se esmeraron en ratificar a Montaigne. La sumisión a los otomanos les frustró la posibilidad de la historia. O los tuvo sobresaltados en la “krajinas”, las marcas militares entre ambos imperios, con la amenaza como único porvenir. En aquella región “nosotros” y “los otros” se parecían demasiado para no suscitar voluntad de afirmación y diferenciación. Qué mejor para ello sino la hostilidad y el enfrentamiento. Nunca tuvieron la seguridad de las fronteras reconocidas ni el tiempo de alcanzar la evidencia serena de un pueblo anclado en su memoria. Se refugiaron en la querencia étnica o religiosa. Cuando, en algún momento, la vida de un pueblo gira alrededor de la propia identidad y de la hostilidad hacia el otro, quedan secuestrados el espesor de la vida y la densidad de los individuos. Llega la hora de los lobos. Los hay en toda sociedad. A veces se los conoce. En la mayoría de los casos pasan desapercibidos. Ante nosotros y a sus propios ojos. Cuando la historia descarrila y se abre la veda de la depredación del otro, descubren su vocación los lobos crípticos. En el fondo ni Yugoslavia ni aquellas masacres tenían que haber advenido nunca. Advinieron. La única lección es que lo peor será siempre posible.
Pasaron los lobos