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lunes, 11 de diciembre de 2017

Horizontes de grandeza





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El madridismo se mueve de nuevo en horizontes de grandeza, como el capitán James McKay (Gregory Peck) por las llanuras texanas del capataz Steve Leech (Charlton Heston) en “Horizontes de grandeza”, la película de William Wyler.
    
Benzemá, que se ha pasado la vida ponderando lo grande que es Alá, volvió de la Champions en Chipre diciendo que él, el delantero centro del Real Madrid, es muy grande.

    En la vida, nos dejó dicho Corrochano (el mejor escritor de toros que nos regaló el fundador de esta Casa, don Torcuato Luca de Tena), es modesto el que no puede ser otra cosa.
    
Benzemá no es modesto, pero Cristiano, que volvió del Balón de Oro en París diciendo que él es el más grande la historia, tampoco.

    La inmodestia, desde luego, precede a Cristiano, quien, además es tímido, con lo cual estamos, psicológicamente, ante otro Luis Miguel Dominguín, un gran tímido que atribuía a su timidez todos los éxitos de su vida:

    –El que no es tímido –explicaba el torero, más inteligente que el futbolista– tiene en sí demasiada confianza y se echa a dormir. El que desconfía de él, por lo menos trabaja.
    
Luis Miguel (“hijo, Luis Miguel, estás de un guapo que atonta”, le saludaban las veraneantes en Biarritz) fue el más grande cuando en la tarde del 18 de mayo de 1949, en la primera plaza del mundo, que es la plaza de Madrid, se llevó la mano derecha al pecho y luego levantó el brazo con el índice enhiesto. Era el Número Uno.

    –A mí no me trataban bien en Madrid... –le contó a Amorós. Me acordé de un pase circular que había dado en Zaragoza y lo puse en práctica en esa corrida, la primera vez que lo di en Madrid, y, al salirme perfecto, me volví y me proclamé el número uno, de lo cual no me he arrepentido nunca. Si naciera otra vez y fuera torero, me apodaría “El Uno”.
    
“Perseo con las cabezas de cinco Medusas”, nos dice Hughes que era Cristiano el sábado con su tenderete de Balones de Oro en el Bernabéu. El “5”, ahí donde lo ven, es un número esférico y circular, pues en cada multiplicación se recupera a sí mismo y continúa al final del número que resulta. También se le llama Venus (macho impar y hembra par se unen en él), en un tiempo representada con barbas y senos.

    Cinco Balones de Oro Cristiano y cinco Balones de Oro Messi, pero Cristiano se ve el más grande de la historia, y como es tímido, lo dice.

    Con números en la mano, Cristiano podría ser el más grande de su época, pero encontraría muchas pegas para poder figurar entre los diez primeros de una historia encabezada por Alfredo di Stéfano, el más grande incluso hablando.

    La grandeza es una dimensión muy compleja.

    –¿Le gustan a usted los pájaros grandes? –preguntó el conde Keyserling a Ruano ante el escaparate de “La Favorita” en la calle de la Montera.
    
Los pájaros grandes, aclarará Ruano, eran pollos que vendían asados. Keyserling, que era una especie de Relaño viajero, se comió tres de pie junto al mostrador, con los dedos, y se bebió íntegra una botella de jerez. Luego se fueron a cenar.

    –Daba casi miedo ver lo que comía y lo que bebía aquel hombre.
    
¿Messi? La mejor descripción del futbolista argentino se la debemos a Terry Venables: “Messi es Oliver Twist”.
    
Algo de Oliver Twist hubo el sábado en Benzemá: que un equipo le meta una mano al Sevilla y su delantero centro se quede “in albis” parece un cuento de Dickens por Navidad. Y el otro Oliver fue Isco: faltar él y ponerse a jugar el equipo fue todo uno.

    La solución, el 23 (con el Barcelona en el Bernabéu).


David Merrick

LOS ODIADOS

    La revista inglesa “FourFourTwo” ha elaborado una lista con los cincuenta nombres más odiados (en realidad, más antipáticos) del fútbol, entre los cuales figuran Ramos y Cristiano, lo dos estandartes del madridismo triunfante, más Pepe y Mourinho. A estos simpáticos revisteros ingleses el sevillano se les hace antipático porque resulta imposible, dicen, tomárselo en serio. Contra Cristiano, en cambio, lo único que tienen es su narcisismo. En Pepe afean la sobreactuación al margen de la inteligencia, y en Mourinho, su imitación constante de David Merrick, productor de Broadway cuyo plan de trabajo se resume en una idea: “Ganar no es suficiente, mis enemigos deben perder”.