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miércoles, 20 de diciembre de 2017

Maldad

 Calle de España

¿Que fue de El Cid?


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        A las personas que no hemos pisado la universidad y que por circunstancias determinadas hemos conocido muchas variantes de la maldad se nos hace muy difícil comprender la ligereza y banalidad, que dicen lo finos, con la que se despachan atrocidades diarias y que creemos tendrían que obligar a los que saben y politiquean a comprometerse en su erradicación.

       Existen muchos tipos como el psicópata serbio que acaba de matar en Teruel. Son individuos que no razonan, para los que el prójimo es una cucaracha y matar una necesidad vital. Incluso un oficio. Su maldad nos resulta inconcebible y sólo nos acercamos a comprenderla cuando descubrimos que se preñaron de odio cuando niños en guerras de pueblos o familias: Serbios, turcos, eslovenos, georgianos, calabreses, napolitanos... Se supone el mal de otros países y no hay español que se reconozca en semejantes tribus y actividades.

        Otra categoría es la del Bretón cordobés o el David Oubel avilesino, monstruos que reaparecen entre nosotros cada cuatro o cinco años y que es seta inextinguible contra la que no hay veneno ni vacuna posible. Casi en la misma categoría están los cobardes matamujeres y los depredadores sexuales, que se creen amos y señores y que no pagarían sus delitos ni con siete vidas que vivieran.
      Hay unanimidad en la condena de estos y otros tipos de delincuencia que se hacen asquerosos al común, pero creo que en España se es generoso, comprensivo y lo que es peor, cómplice, pongamos por omisión,  con ciertos sujetos que pasan por juiciosos, oradores y hasta filósofos y que se hacen respetar porque entre ellos abundan profesores, abogados, psicólogos y demás ocupaciones perniciosas.

    Sacamos en Salmonetes... en su día a un tal Alfon, multidelincuente acogido en el seno de varias parcialidades políticas enemistadas por principio con la ley y su cumplimiento. Parcialidades, dicen que antisistema, que no se avergüenzan de sus prioridades y que renuevan sus intenciones justificando a un muchacho, dicen que chileno, que mata y destroza vidas, dicen que sin querer y porque le provocan. Estas parcialidades son muy dadas a bautizar por lo laico y al que odian -por deporte o afición- lo ponen de nombre “fascista”. Si el “fascista” sufre daños los jefes de las parcialidades se hacen los locos y con mucha solemnidad reniegan de la violencia... pero no de los amigos y conocidos que la practican.

     Pero la “maldad más banal” y más triste es la alegre y gozosa aceptación de sentimientos racistas enquistados e indisimulados en, lo digo sin circunloquios, Cataluña, por una evidente mala educación, que al parecer a nadie compete. Los educadores del presente y del futuro van a enseñar al modo catalán  y vasco a nuestros hijos andaluces, gallegos, extremeños... que el concepto de España es tóxico y dañino por fascista y franquista... y el español, una cucaracha. Nuestros Norbert Feher futuros se llamarán Rafael González y Pedro López. Para hacerse notar se adjudicarán alias quizás no tan rotundos como Igor el Ruso, pero un Falete de Antequera o un Mingo de Castro-Urdiales, no lo descarten ustedes.