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jueves, 13 de octubre de 2022

Corrida de la Hispanidad. Victorianos para Talavante, Roca y Manuel. Francisco de Manuel se mete en «eso». Campos & Moore


 
Roca y Manuel

 
PEPE CAMPOS

Miércoles 12 de octubre de 2022. Corrida de la Hispanidad. Lleno de «No hay billetes».

Ocho toros de Victoriano del Río. Dos de ellos, segundo y primer sobrero, devueltos por inválidos. En su lugar se corrió el segundo sobrero. Todos flojos menos el quinto, que fue un toro boyante y cinqueño. Se acostaron en el caballo. Nobles. Mansos. Se dejaron. La salida de dos sobreros seguidos, en sustitución del primero de Roca Rey, hizo presagiar, en ese momento, un gran desastre ganadero, teniendo en cuenta que el primer toro se derrumbó en numerosas ocasiones. Luego la tarde se enderezó al salir toros toreables.

Terna: Alejandro Talavante, burdeos y oro, silencio y bronca. Roca Rey, corinto y oro, dos orejas con protestas de un sector y silencio. Francisco de Manuel, blanco y oro, oreja y dos orejas. Alejandro Talavante se dejó a su segundo toro vivo. Roca Rey y Francisco de Manuel salieron a hombros.


No es que hubiera truco, pero todo estaba preparado para un triunfo incontestable de Roca Rey y para la resurrección de Alejandro Talavante. Francisco de Manuel venía a ser, sobre el papel, el torero invitado a «esa» función. Los toros eran de la ganadería de mayor prestigio en la actualidad, para los toreros, la de Victoriano del Río. El comienzo de la corrida no fue bueno por la flojedad e invalidez del ganado. Cuando salía el segundo sobrero para que lo lidiase Roca Rey todo olía a chamusquina y se presagiaba una hecatombe. La elección del ganado no parecía la más idónea. Pero ese segundo sobrero que carecía de fuerza se fue manteniendo en pie y pudo obrarse el milagro de ser lidiado y que sirviera para el triunfo de su matador, Roca Rey. En la actualidad el torero con mayor tirón taquillero. Merece la pena analizar su manera de torear, que parece reproducir un estilo de riesgo mantenido y sobresaltos continuados.

Roca Rey ya lleva varias temporadas como matador de toros. Le ha dado tiempo suficiente para crear y mantener un estilo propio en el modo de concebir el toreo, es decir, en el manejo del capote y en la manera de estructurar la faena de muleta. Su toreo parte de la exposición. De desplegar todo un repertorio de lances y pases que lleven al toro muy en cercanías de su figura, es decir, pasarse a los astados lo más cerca posible, por ambos pitones, todo el tiempo que sea necesario, para trasladar al público y al aficionado la sensación de máximo peligro. Un peligro que él gobierna a su antojo y que va administrando a lo largo de la lidia. Con el capote, mediante toreo por la espalda, de ida y vuelta, chicuelinas ceñidas, largas y galleos, cuando puede darlos. Con la muleta, toreo por la espalda, llevar al toro por delante y por detrás, las veces que sea necesario, rematarle a modo, todo a milímetros de su cuerpo; para continuar con tandas en donde en la parte fundamental, el redondo y el natural, baja la calidad, a pesar del empleo de la mano baja; pero, «eso» sí, con «finales» en cada serie, con pases de pecho, pases de desprecio, naturales o redondos abiertos o desmayados, y circulares por la espalda si la ocasión es propicia para elevar la temperatura de ese final de pases «engarzados». Todo ello en pos de calentar al cotarro.
 
Si ampliamos algo más el núcleo de ese toreo con la muleta. Éste parte de un inicio de faena trepidante, tandas continuadas y electrizantes, y un tramo final de máxima proposición en el enunciado del estilo. En conclusión, un toreo arriesgado, emocionante y vistoso. Pero también hay que decirlo: si bien «no es clásico». Eso sí, entendemos que es válido. Ninguna pega mientras no se toree sin seguir las normas o sin alejarse mucho de ellas. El inconveniente viene (aparente contradicción con ese torear muy cerca) si se torea por fuera, hacia fuera y con la pierna de salida escondida. ¿Es posible torear dentro de un continuo arrimón y, a la vez, despegado? Pues puede que sí, ya que la idea del arrimo puede estar camuflada con la aplicación persistente de una acelerada ligazón. Para esta tauromaquia la ligazón es la clave. La rapidez de las acciones. A pesar del temple que es posible que exista. Estaríamos ante un toreo heterodoxo. Para muchos aficionados que se empeñan en lo clásico, inapropiado. Aquí, viene a cuento recordar la sentencia de Rafael el Gallo sobre lo que es clásico: «aquello que no se puede hacer mejor».

Comentábamos que Francisco de Manuel, que venía a ser el torero invitado a asistir al triunfo de Roca Rey y a la recuperación de Alejandro Talavante, ayer se metió en «eso». Es decir, ayer sorprendió porque se atrevió a inmiscuirse en el desenlace de una corrida que no estaba preparada para él. Tuvo la osadía de hacerlo y lo hizo. De ahí la valía de su apuesta. ¿Y cómo lo hizo? Pues con la intención de torear clásico. Llevar al toro toreado en redondos y naturales, pases fundamentales de las tandas, con temple y mando, y hacia detrás de la cadera, sin la prestidigitación del destoreo (que sabemos lo que es). Es decir, ensayó la emoción del toreo según lo conciben aficionados que se empeñan en lo de antaño, cuando hogaño el mundo camina por las sendas de la rapidez y de una ligada visualidad llamativa, exitosa, triunfalista, de sentimientos externos. ¿Lo consiguió Francisco de Manuel?, ¿toreó clásico? Debo decir que sí, en ocasiones, no siempre. Bajo mi criterio, a una buena altura en la faena al quinto toro, en redondo, al natural y en ayudados por bajo. Intentó y consiguió el toreo caro. Por eso se metió en «eso», con buena nota.

Alejandro Talavante, con el primero de la tarde, inválido, con el capote quiso aplicarle suavidad y con la muleta pretendió acoplarse pero no pudo. Probaturas. Mató en la suerte contraria de una estocada caída y tendida. Ante el cuarto de la tarde, un toro destartalado y claudicante, toreó despegado, muy despegado, por fuera. Pareció que se había gustado. Con la espada ensayó la suerte contraria con un pinchazo bajo y con una estocada tendida y atravesada. Recibió tres avisos que pareció buscar, tras seis descabellos.

Roca Rey, en el segundo toro, comenzó la faena de muleta en los medios, por la espalda, pases inverosímiles muy ligados, con un pase de las flores invertido por delante. Levantó al público. Luego tandas por ambas manos con la mano baja, pierna retrasada y por fuera, ligadas con el pase de pecho, circulares y desmayados. Todo muy ligado y celebrado. Bernadinas finales muy ajustadas, hacia toriles, para poner de nuevo al público de pie. Mató de una estocada delantera caída, en corto, tras un aviso. En el sexto, por correr turno al estar en la enfermería durante parte del festejo, por haberse cortado la mano con el estoque, en este toro, que fue a menos, cortó pronto la faena, para matar en la suerte contraria de estocada caída, tras dos pinchazos bajos.

Francisco de Manuel, con el capote sacó al toro a los medios y lo puso en suerte en la segunda vara con una buena media. De muleta inició la faena en los medios de rodillas, tandas por ambas manos, algún buen muletazo y algún buen pasaje. Cerró con manoletinas. Mató en la suerte contraria de estocada trasera y tendida. En el quinto toro, logró muletazos en distintas tandas de notable estima, por llevar al toro toreado con temple y rematar atrás, con lentitud y cadencia. Hubo cierto poso. Se fue creciendo y creyendo en lo que hacía. Dio una dimensión de torero con futuro. Esto fue lo más valioso (y que no pudo ver mi amigo José Ramón Márquez).

En la lidia, con capote y banderillas, destacó Juan Carlos Rey.







ANDREW MOORE
 


 
 



Lo de Talavante
 
 
 
 


Lo de Roca
 


 



Lo de Manuel
 
 
 
 
 

FIN

miércoles, 12 de octubre de 2022

Feria de Otoño. Novillada sin picadores. Lo igual. Campos & Moore

 

Pepe Luis Cirugeda


PEPE CAMPOS



Martes 11 de octubre de 2022. Las Ventas. Novillada sin picadores de la Gran Final «Camino hacia Las Ventas». Algo más de media entrada. Público rociado por la plaza. En años anteriores este certamen lo ganaron novilleros como Ángel Sánchez (2012), Francisco Manuel (2016), Isaac Fonseca (2018) o Álvaro Burdiel (2019). En la edición de este año lo ha ganado el novillero Pepe Luis Cirugeda.

Seis novillos de la ganadería de Lorenzo Rodríguez Espioja, procedencia Domecq y Lisardo. Los seis novillos fueron aparentemente mansos (sin picadores), nobles y de excelente juego para realizar el toreo contemporáneo. Todos fueron aplaudidos en el arrastre. Destacó por encima de los demás el cuarto novillo por toreable. El comportamiento de los novillos fue muy similar e «igual», francos y potables por los dos pitones.


Terna: Pepe Luis Cirugeda, de la escuela taurina de Navas del Rey, natural de Algeciras, 21 años, verde oliva y oro; vuelta al ruedo y oreja. Alejandro Chicharro, de la escuela taurina de Colmenar Viejo de Madrid, natural de Madrid, 18 años, aguamarina y oro; palmas y silencio. Joel Ramírez, de la escuela taurina de Madrid, natural de Madrid, 17 años, azul noche y oro; ovación y silencio.


Siempre se ha dicho que la tauromaquia es un reflejo de la sociedad en la que se vive. También, que lo que sucede en las lidias de toros es una representación de lo que podemos observar en la vida social. Ayer tarde en la plaza de Madrid vimos a tres novilleros muy «iguales», que parecían un calco en su manera de torear. Mínimas diferencias entre ellos. De esta manera, si es cierta la relación entre el toreo y la vida de cada época, podríamos llegar a la conclusión de que habitamos en un periodo histórico de personas idénticas o equivalentes, de gentes cortadas por el mismo patrón, de modos de pensamiento homogéneos, de sensibilidades afines. Ahondando en el asunto, si habláramos de cómo es ese sentir, según lo manifestaron ayer los toreros que actuaron en el ruedo venteño, tendríamos que llegar a la conclusión que es un sentir liso, raso y plano. De ese modo, aplicándole la lógica filosófica obtendríamos la conclusión de que estamos en tiempos de sentimientos uniformes.


Ya sabemos que la escuela a lo largo de la edad contemporánea ha ido domando a las personas que pasan por las aulas y que, si bien, la enseñanza que se recibe en ellas aporta conocimientos, quita o lima la personalidad de los individuos que se ven sometidos a sus instrucciones técnicas y adoctrinamientos psicológicos, con el fin de que el individuo pueda funcionar socialmente (en cada contexto) de una manera manejable y aceptable. Esto ocurre, tanto, si hablamos de la escuela como institución pública, como, si lo hacemos de escuela privada.

 
Si establecemos una correspondencia entre la función de esa escuela de la enseñanza general, en la que hoy toda persona aprende conocimientos y procedimientos, con la misión de las escuelas de tauromaquia podríamos llegar a la conclusión de que los alumnos (futuros matadores de toros), que en ellas reciben capacitación y adiestramiento, aprenden de un modo parejo las artes taurómacas y que ello conduce a que toreen de la misma guisa y entiendan «el fondo y la forma» de la tauromaquia con una conducta similar. En conclusión, no es disparatado pensar que nos entramos en una era de personas que piensan con literalidad (aunque tengan ideas distintas) y que se comportan con simetría (frente a situaciones, gustos y aficiones). Decía Cervantes en El amante liberal que «quien sabe sentir, sabe decir». Actualmente, la cosa se muestra desvaída y con sentires igualados nos encontramos ante decires asemejados. Aparte, algo que tendrá que ver, en todo esto, el papel de las escuelas taurinas y la mentalidad de sus profesores.


Pepe Luis Cirugeda, a su primer novillo lo recibió con verónicas con rodilla en tierra, seguido de chicuelinas y una media. También empleó la gaonera. Fue cogido. Disposición tuvo. Con la muleta toreó (como casi todos los novilleros a todos los novillos) en el platillo. Inició los pases rodilla en tierra por detrás, un cambio de mano, y al levantarse un natural. Dos tandas por la izquierda con temple. Muy despegado y toreando por fuera y hacia afuera (también fue una constante en la manera de torear de sus compañeros). Poco ajuste. Más adelante, en el trasteo, de nuevo fue cogido sin consecuencias. Mató en la suerte contraria de estocada delantera y dos descabellos. Al cuarto novillo, de igual modo, verónicas despegadas, y de frente por detrás. Inició la faena de rodillas en el platillo. Tandas largas con el mismo son, de pierna retrasada, por fuera y hacia afuera. Destacó una Capeína. Cerró con ayudados por bajo. Mató en la suerte contraria de estocada delantera caída.


Alejandro Chicharro, al segundo novillo lo recibió a porta gayola. En el capeo hizo el quite de La Cordobina. Con la muleta inició la faena en el platillo, rodilla en tierra, muleta en la espalda, cambio de mano y remate con la izquierda. Dio tandas por ambas manos. Por fuera. Más puesto técnicamente, pero le faltó expresión. Mató en la suerte contraria de estocada baja atravesada tras tres pinchazos. Al quinto novillo, repitió la porta gayola. Dio verónicas. Comenzó la faena por bajo rodilla flexionada. Muletazos más seguidos, más lucidos. Un novillero más hecho. Pierna retrasada. Terminó con ayudados por alto y naturales. Mató en la suerte contraria, de media caída tras cuatro pinchazos y un aviso.


Joel Ramírez, con el tercero, porta gayola. Verónicas, chicuelinas y tafalleras. Un inicio de muleta, en el platillo rodilla en tierra por la espalda. Tandas por ambos pitones. Algunas a pies juntos. Fue cogido sin consecuencias. Circulares. Temple, pierna retrasada, por fuera, despegado. Mató en la suerte contraria de bajonazo, tras dos pinchazos y un aviso. En el último novillo, a porta gayola. En el platillo. Ambas manos. Despegado, pierna retrasada, por fuera. Manoletinas. Mató en la suerte contraria de bajonazo.




ANDREW MOORE

 



Lo de Cirugeda

 

 



Lo de Chicharro

 


 

 

Lo de Ramírez

 


FIN

lunes, 10 de octubre de 2022

Feria de Otoño. Fuente Ymbro con Perera, Leal y Lorenzo. Lo sabíamos. Campos & Moore

 

Juan Leal


PEPE CAMPOS


Domingo 9 de octubre de 2022. Cuarta corrida de toros de la Feria de Otoño. Algo más de tres cuartos.

 
Cinco toros de Fuente Ymbro, los tres primeros boyantes, el primero sacó casta, el segundo blandeó, el tercero, con pies y movilidad, el cuarto se lidió lesionado en las extremidades (en el ruedo o con anterioridad), el quinto, flojo. En general mansearon. Tuvieron algo más de alma que los toros corrientes de las ganaderías comerciales. Se contrastó con el sexto, de El Puerto de San Lorenzo, que se dejó, sin molestar y sin acometividad.


Terna: Miguel A. Perera, marfil y oro, ovación tras aviso y silencio. Juan Leal, verde oliva y oro, ovación tras aviso y silencio. Álvaro Lorenzo, gris azulado y oro, ovación y silencio
.



Sabíamos a lo que íbamos. Que nadie se lleve a engaño (todo el que vive por dentro, por dentro se va matando). Casi todo aficionado que acudió a Las Ventas ayer domingo podía haber barruntado lo que iba a ocurrir, un despliegue en toda regla de faenas de muchos pases y poco toreo. Pases y tedio. ¿Por qué lo sabíamos? Por el concepto taurómaco de los matadores de toros anunciados. Miguel A. Perera, adalid de faenas largas al límite de la ventaja. Juan Leal, representante del arrimón. Álvaro Lorenzo, por sus lejanías y pico. A pesar de estos avales, por haberles presenciado en muchas ocasiones, los aficionados fueron a verles a la plaza, compraron su entrada y aguantaron más de dos horas, en el tendido, gradas y andanadas, lidias anodinas y conformistas. Quiere decirse que nadie puede quejarse por el aburrimiento padecido y por haber soportado pases iguales, de siempre lo mismo.


Cierto es que también estaban anunciados toros de la ganadería de Fuente Ymbro. Y pudo haberse producido una corrida brava, encastada y con poder. Pero lo que vimos en realidad fue una función, dividida en dos partes, aceptable en sus primeros tres toros y endeble en lo restante. Este año de 2022 se han lidiado en Las Ventas cerca de medio centenar de reses de la ganadería de Fuente Ymbro, un verdadero récord (al estilo de los que establece Messi). Tal vez, no había sucedido con anterioridad que una misma ganadería lidiara tanto en Madrid durante la misma temporada y, en cierto modo, además, con buenos resultados. Aquí pudo estar el motivo que justificaba asistir a la corrida ayer. Si bien existía la sospecha de que en algún momento la racha exitosa de Fuente Ymbro podía cesar. No fue la cosa del todo, en esta dirección, pues los tres primeros toros se prestaron a que los matadores triunfaran. Y si no lo hicieron, seguramente, fue por su empleo de la sempiterna neo-tauromaquia imperante que tiene acogotados a los toreros y baldados a los aficionados.


¿En qué consiste esa neo-tauromaquia o neo-toreo? Muy fácil. Muchos de los aficionados lo saben, y lo rechazan. Pero ante esa plaga conceptual sólo queda el desagrado, la censura y un intento por explicar que los cánones del arte de los toros pasa por lo contrario a torear despegado del toro, por no retrasar la pierna de salida en los lances, por no abusar del pico al conducir al toro con los engaños para desplazarle más allá del terreno donde se liga el pase con emoción. Sabemos que lo contrario y canónico sería llevar al toro con temple y con mando (salvando la dificultad de la correcta colocación de la pierna que carga) a la correspondiente jurisdicción y a una adecuada distancia para engancharle, después, con ajuste y verdad, para meter al astado en el centro del capote o de la muleta y rematar el pase (de muleta) detrás de la cadera. En fin, todo eso que sabemos que podía suceder y que, por desgracia, sucedió con tanto destoreo observado, y que no sucedió por no darse el verdadero toreo. Lo sabíamos y fuimos.


Miguel A. Perera, en su sencillo primero, inició la faena de muleta a pies juntos con ayudados por alto. Le planteó cuatro tandas por la derecha y dos por la izquierda, el toro fue por los dos pitones. Mano baja, pero despegado y con la pierna retrasada. Todo muy igual. Le hizo una faena para cualquier plaza en una tarde cualquiera. Fue ahogando al astado hasta llegar al arrimón. Lo mató en la suerte contraria, de una estocada casi entera y baja, tras un aviso. Con el cuarto, un burel abierto de cuerna, flojo y descoordinado, que no fue casi picado pero que en segunda entrada nos ilustró con la «caída de zapatilla» al despedir violentamente al picador de su cabalgadura; con ese astado pocos pases pudo dar Perera pues la invalidez del animal lo descartó. Mató en la suerte natural de bajonazo y un descabello.


Juan Leal, ante el flojo y boyante segundo toro de la tarde, inició la faena de muleta también como Perera en el primero a pies juntos y por alto. Le aplicó cuatro tandas por la derecha y dos por la izquierda. Toreó por fuera y despegado. El toro fue a menos y el torero fue retrasando la muleta en sus cites hasta llegar al consabido, en su tauromaquia, «arrimarse». Mató en la suerte contraria cobrando un volapié, tras un pinchazo. En el quinto, también dio varias tandas, circulares por la espalda incluidos, ahogos y atracones. El astado le punteó y enganchó la muleta, cabeceó, tiró gañafones y tarascadas al defenderse. Leal toreó por fuera en la distancia pero se sentía a gusto en las cercanías. Mató en la suerte contraria de media baja y un descabello.


Álvaro Lorenzo, ante el mejor toro de la tarde, boyante y franco, que como muchos de sus hermanos no hizo pelea destacable en varas, comenzó la faena de muleta por bajo con dos estimables y celebrados pases. Una vez en el curso del desarrollo de las tandas por los dos pintones desplegó toda una lección de neotoreo, despegado, por fuera, hacia fuera y pierna retrasada. El toro iba largo y se mantuvo fijo en la muleta. Lorenzo en lo fundamental tiró de repertorio y se mostró conformista. Puso empeño en lucir en los remates y en los pases de pecho. Mató a este toro en la suerte contraria de estocada baja fea, tras pinchazo bajo. Con el último astado, de El Puerto de San Lorenzo, un toro más tontorrón, que no molestaba nada al torero, mínima y apreciable diferencia con los de Fuente Ymbro, Lorenzo propinó varias tandas. El destoreo surgió y se desarrolló. Quiso matar en la suerte contraria y tras dos pinchazos el toro se echa y fue apuntillado. Un final preocupante.
Sabíamos a lo que íbamos. Y mi amigo José Ramón Márquez lo sabía, por eso lo de irse a Centroeuropa a pasárselo pipa.

 



ANDREW MOORE

 





Lo de Perera

 

 


Lo de Leal

 



Lo de Lorenzo

 


FIN

domingo, 9 de octubre de 2022

Feria de Otoño. Lisarnasios para Uceda, Morante y Téllez. Fallido. Campos & Moore



 Ni cartucho...


PEPE CAMPOS

 

Sábado 8 de octubre de 2022. Tercera corrida de toros de la Feria de Otoño. Casi lleno. Temperatura ideal. Tarde de gran expectación. Se esperaba a Morante.

Seis toros de Puerto de San Lorenzo, línea Lisardo-Atanasio. Nobles, con poco fuelle. En general mansos. El primero boyante. El segundo parado. El tercero sacó nervio. El cuarto fue devuelto tras partirse el pitón. El quinto, astifino, sin recorrido. El sexto, también astifino, quebrantado en el caballo. En lugar del cuarto salió un sobrero de José Vázquez, procedencia Domecq, manso, bajo de casta.


Terna: Uceda Leal, teja y oro, vuelta y ovación. Morante de la Puebla, verde manzana y oro, silencio y silencio. Ángel Téllez, granate y oro, silencio tras dos avisos y silencio.

 

Una enorme ilusión existía, en los aficionados que acudieron ayer a Las Ventas, por disfrutar de grandes faenas. Principalmente por ver si Morante de la Puebla nos regalaba con ese toreo sobrenatural que se le atribuye y, que se piensa, en algún momento pueda trascender en su paso por Madrid. Es un deseo de los aficionados madrileños que se va frustrando a medida que el diestro sevillano cumple años. Muchos partidarios citan faenas de Morante en Madrid pertenecientes al pasado, pero todos somos conscientes de que le falta esa faena rotunda, inspirada, divina, que ponga a todos de acuerdo sobre los verdaderos quilates o grado de perfección, para que esa actuación pueda ser medida desde cualquier prisma con sobresaliente cum laude. Otra vez más (muchos pensarán que la faena del último San Isidro fue esa faena soñada) la apuesta de Morante puede catalogarse de «fallida» si hablamos de eternidad.


Mi amigo José Ramón Márquez que se encuentra en viaje otoñal en lejanos países de Europa Central y que, por lo tanto, se halla ausente ante lo que pueda ocurrir en Las Ventas en esta Feria de Otoño, ha vuelto a no perderse nada fundamental. Su magín puede respirar, pues nadie le recordará que se perdió tal o cual faena (sobre todo de Morante). Y su conciencia de aficionado quedará libre por haber faltado a su deber de abonado. Más bien ahora pensará que ha ganado con el cambio, pues la apuesta por los vinos blancos Riesling o Grüner Veltliner, transparentes y fresquitos y con cubitos de hielo en la copa ha merecido la pena. Y no el hecho de tragarse a estas altura de la temporada toros de ganaderos «frescos», de comportamiento flojito y de condición huera.


De nuevo hay que referir que los toreros (digamos Morante) han apostado por una ganadería «sin alma», con la esperanza que saliera ese toro que se deja (perritoro, decíamos ayer), que va y viene, que deambula, que, en el mejor de los casos, sea gaseoso, que se preste, en definitiva, que permita el triunfo. Todo esto a priori. Pero vemos y observamos, tarde tras tarde, que ese tipo de toro que los toreros piensan es de garantías, de esas determinadas ganaderías (comerciales), que ilustrados aficionados llamarían toro bonachón, luego da la espantada y no se hace presente. En su lugar aparece el toro pajuno. Un astado en la última escala del descaste. De ahí lo «fallido» ayer para Morante. A pesar de todo, en la corrida de El Puerto de San Lorenzo, hubo dos toros, uno boyante (el primero) y otro noble y revoltoso (el tercero) que no le tocaron a él.


A Uceda Leal, le tocó ese toro boyante, al que recibió con verónicas clásicas mecidas y rematadas con una buena media. Tras la entrada al caballo Morante replicó con dos verónicas despaciosas y una media a cámara lenta. La tarde empezaba en todo lo alto. Uceda respondió con un quite estimable por chicuelinas. El toro era claro. Uceda lo llevó a los medios con despaciosidad y buen gusto. Destacó una primera tanda en redondo cadenciosa. En una segunda tanda con esa misma mano se vio superado por el toro. Al natural, no cuajó. Al volver a la derecha sí dio algún muletazo extraordinario, muy lento y con supremo temple. Mostró, en líneas generales, verticalidad y torería. Mató al toro de media en buen sitio. Ante el cuarto, sobrero, no pudo manifestar limpieza en los pases. Mató en la suerte natural de una estocada pelín baja y un descabello.


Morante de la Puebla, estuvo animoso toda la tarde. No tuvo lote. Su primero relamió las tablas y quería irse. A su aire. Sin acometividad. Perdió las manos. No peleó en el caballo y llegó a la muleta sin fuerza ni celo. Una birria de toro. Morante le quitó las moscas y le mató de un pinchazo bajo y un metisaca, y en la suerte contraria de media delantera, contraria y atravesada, más dos descabellos. Al astifino quinto le quiso torear con la capa con alegría y con buen ánimo. Con la muleta intentó de manera desacertada el «cartucho de pescao» y luego ayudados por alto «románticos». Una primera tanda en redondo tuvo suavidad. Después, hubo de todo, aparatoso desarme, caídas y brincos del toro, dos pinchazos bajos y media tendida. Fue un toro sin embestida y sin recorrido.


Ángel Téllez, manifestó juventud. A su primer toro le dio tres verónicas armoniosas y una media suave. Fue un toro lidiado entre algodones, que después se fue hacia arriba por nervio y metamorfoseó en «revoltoso», pues se ceñía revolviéndose celoso en los remates. Había que entenderlo y Ángel Téllez le planteó una faena a contraestilo. Le quiso torear con grandeza al natural llamándole desde los medios. El toro estaba en las tablas del siete y no fue. En la primera tanda por la izquierda el astado le supera. Había otro inicio de faena, por bajo, para ahormar al toro. A continuación, con la derecha, en la siguiente serie, Téllez consigue una gran tanda con suavidad y lentitud. Luego el toro le superó en cada remate en el resto de la faena, menos en muletazos sueltos bien llevados. El desenlace de la faena por manoletinas no aportó nada. Mató de cuatro pinchazos y estocada atravesada tras recibir dos avisos. En la faena a este astado se vivió lo más intenso de la tarde. En la parte positiva de Téllez que no cedió terreno, en la parte negativa que no entendió al toro (que no era fácil, a pesar de su mínima condición). En el último toro de la tarde no tuvo opción y le mató en la suerte contraria de delantera caída y un descabello.


Ángel Téllez al terminar el paseíllo fue obligado a saludar por un sector de la afición de Madrid, en recuerdo a su actuación en la Feria de San Isidro. Madrid es así. Muchos aficionados y taurinos hablarán de favoritismo y sacarán lupa para analizar la carrera de este joven torero que lo que necesita es torear y mucho. Algo que no le han permitido. Así es el mundo de los toros.

 
En las lidias, destacaron Juan José Trujillo en banderillas y Juan Navazo con la capa y en banderillas.




...ni pescado


ANDREW MOORE



Lo de Uceda

 




Lo de Morante

 


Lo de Téllez

 



FIN