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domingo, 30 de septiembre de 2018

4-2 en Granada

 ...que las bestias infernales que nos vigilan....

... no consigan ponernos luto...


Francisco Javier Gómez Izquierdo

     No sé cómo se puede medir la frustración del aficionado del Madrid o del Barcelona cuando su equipo es goleado en Sevilla o lo acogotan en Leganés; cuando los atléticos de Bilbao y la capital se llevan los cirios de sus santuarios; cuando no ganan la Liga o la Copa de Europa... No sé. Tampoco sé valorar las depresiones de estos atléticos -el de Madrid ya está al nivel de los elegidos más por casta que por clase-,  y aquellos valencianos que en algunos momentos creen estar muy por encima de esa clase media que nunca abandonarán mientras se reparta la baraja como se reparte. Digo que ni sé ni entiendo sus malhumores, porque un servidor lleva padeciendo desventuras medio siglo que en nada se parecen a las de estos exquisitos que nunca se mancharán en los lodazales de la miseria. Tengo vividas auténticas tragedias futbolísticas de las que apartan del vicio extirpándolo o te condenan de por vida a pasar calamidades. ¿Qué otra cosa se puede decir de alguien que ha sido abonado del Burgos, R. Sociedad, Osasuna, Castellón y, desde hace 30 años, Córdoba? He sobrevivido a dos desapariciones del Burgos, mi equipo de siempre, a la bajada a los infiernos pamplonesa, al descenso de la Real, del Castellón mejor ni hablar.... y ahora al Córdoba.
      
Antes del Madrid-Atlético, dos equipos en el que brillaron más los que juegan con la mano que los que lo hacen con los pies, se presentó el Córdoba en Los Cármenes -aquel Los Crímenes de Aguirre Suárez y Fernández que, cuando tocaba, los delanteros se despedían de la familia- como si acudiese a una reunión de la comunidad. Sin ganas, ausente, amodorrado...¡vamos, desesperante a ojos del cordobesista que es uno ante el televisor! ¡¡¡Qué primera parte!!! El entrenador Sandoval -las malas lenguas dicen que los jugadores quieren cargárselo- manifestó que es la primera vez que siente vergüenza de su equipo y que el Granada pudo meter seis goles en los primeros 45 minutos. Tiene razón el míster y no hay más que decir del Córdoba de ayer para no parecer exagerados en el adjetivo.
     
Del Granada tengo que decir que no ha de creerse en demasía su aplastante superioridad y el cómodo y efectivo despliegue de sus elementos. Ayer no hubo rival y tanta facilidad no va a volver a encontrar. En la segunda parte, cuando el Córdoba salió abroncado, supongo, a la defensa se le notó cierta debilidad. El portero portugués Rui Silva se está haciendo y el cuarteto defensivo tiene momentos intempestivos como el torpe penalty que hizo el lateral Víctor Díaz, aquél que marcara el primer gol de la liga y del Leganés en primera hace dos años, o el central Martínez, mimado por la cantera del Sevilla primero y del Barça hasta ayer pero que no acaba de cuajar a pesar de jugar muchísimos partidos. Germán es el central típico de Segunda. El que sube a rematar  los córners y saca los dientes a los delanteros. Álex Martínez tiene una zurda privilegiada y no hay quien le quite el puesto y mira que en  mi peña queremos que Adrián Castellanos acabe de reventar de una vez. Montoro es un mediocentro al que solicitan muchos entrenadores. Ha pasado por varios equipos y en todos es titular, pero no acaba de asentarse en ninguno. Nos coló un gol de Fortuna pero vale igual que los tres más o menos artísticos que ejecutaron el primero Fede Vico, el muchacho de mi barrio que se fue al Anderlecht en fenicia operación de Carlos González; el segundo el renacido Vadillo, otro mozo al que lesionara de gravedad Sergio Ramos en el banderín de córner del fondo norte del Bernabéu, hará ya siete u ocho años y el tercero Rodri, el pelendón soriano que también fue de los nuestros en El Arcángel y que sigue tan cascarrabias como siempre. Es goleador de rachas como Guardiola, Andone, Joselu, Charles, Oriol Riera... ¡qué buenos delanteros para la segunda hemos tenido! Adrián Ramos es el ariete titular. Colombiano que se deja caer a las bandas y a veces ridiculiza al marcador, como ayer a Bambock y Quesada, sacándoles cinco metros en una carrera de diez. El centrocampista Puertas me pareció el jugador mas completo y disciplinado junto al cántabro Fede San Emeterio, el gemelo de Borja, hoy en el Lugo.
       
Imagino que algo pasará en las oficinas del Córdoba... pero dinero no hay y si lo  hay no se puede gastar porque la LFP no deja. El futuro se nos presenta oscuro. Cada jornada más negro. Los de mi peña se acercaron anoche al S. Rafael del puente romano y le pusieron unas velas.  Que éso. ¡¡Qué sabrán de padeceres en el Madrid, Barça, Atleti, Valencia y demás!!

Bajo el Nuevo Techo venteño, los nuevos zombis del destoreo y la pata atrás

El Nuevo Techo Ikea
 

José Ramón Márquez

No puede pasarse un día más sin hablar de la Obra, así con mayúscula. No de la que estableció San Josemaría, cuya influencia en el devenir taurino no está aún acreditada, sino de la que nos tuvo cerradas las andanadas desde los calores de julio hasta el día de ayer. La Obra del Mochu que sobrevivió a la Cifu, que se puso en primer tiempo de saludo con el Excmo. Sr. D. Ángel Garrido y que echó las tardes sesteando en su burladero fetén junto al duque de Gor, mientras la Obra, ese parto de los montes, avanzaba. En este mundo de los toros, siempre tan oscuro, se habían oído prodigios de todo tipo sobre la Obra, sobre nuevos vomitorios, sobre accesibilidad, sobre comodidad y… tres meses después todo se ha quedado en poner un techo como de IKEA en vez de aquellas escayolas llenas de vendas, retejar e instalar una “línea de vida” sobre los tejadillos. He ahí el prodigio. Lo demás, tal cual: el óxido consustancial, los roblones por los que se meterá el agua cuando arrecie el temporal, la pared astrosa y sucia, sin repasar desde la época de Juanito Parra, la “soldadura” de la barandilla hecha con cinta de embalar. Tó pa ná, como dijo aquél, y aquí seguimos a la espera de que el día menos pensado se echen al monte con su proyecto de reducir el tamaño del ruedo a petición “de los toreros” (¿de cuáles? ¿puede saberse?), que lo mismo se encuentra detrás del asunto el gordinflas que mandó allanar innecesariamente el ruedo al que nunca piensa retornar, a poco que las cosas le medio vayan bien.

Para la tarde de hoy las huestes dombianas, devenidas en niños de San Ildefonso del sorteo, después de devanarse los sesos a ver a quién le compraban el ganado pensaron que por qué no se lo compraban a Fuente Ymbro, al popular don Ricardo Gallardo, que a fin de cuentas este año sólo llevamos vistos en Madrid doscientos fuenteymbros entre toros y novillos, y si ayer echaron los de Victoriano del Río, que llevamos otro puñado, a ver por qué no se iban a traer el remoquete éste para acabar de manera perfecta el monocultivo; y mientras tanto en La Ruiza los jaboneros de don Tomás Prieto de la Cal ahí están esperando a ver si los niños de San Ildefonso de Domb se acuerdan, entre bombo y bombo, de que existen. Ahí prepararon la media docenita de Ymbro, que al final se quedó en ese cinco de tan evidente rima, pues don Trinidad echó al averno de Florito al sexto de la tarde con dos banderillas en el espaldar porque andaba con movilidad reducida y se ve que don Trinidad no quería para sí las censuras tan agrias que ayer cosechó don Justo Polo por no sacar el moquero del color de la Esperanza. Al sexto Ymbro lo sustituyó un jandillesco El Cotillo y como sus condiciones eran aún peores que las de aquél al que había venido a sustituir, aún hubo de comparecer el boyero Florito con su troupe para sacar del ruedo al Cotillo y que apareciera el tercer sexto, un guateleado Hato Blanco. De los pupilos del ganadero Gallardo pongamos que hubo dos que cumplieron en su lucha con la guateada faldilla que cubre el bandullo de los pencos. El primero se echó a por el caballo con fuerza, vigor y alegría y Antonio Palomo se lo guisó y se lo comió como pudo. A punto estuvo Escribiente, número 35, de echar al suelo al conjunto escultórico que formaban penco y hombre, pues se puso a empujar por los pechos del aleluya, con lo que eso desequilibra la estabilidad del arre. Palomo no es que dictara un tratado de la vara de detener ni mucho menos, pero consiguió no caer. Y en el tercero, Favorito, número 26, Juan José Leiro puso dos buenas varas: el toro se vino con fuerza y Leiro le colocó la puya perfectamente sujetando los ímpetus del animal a base de brazo y sin hacer la carioca; en un fortísimo derrote contra el estribo del novillo éste desmontó al picador echándole al suelo, lo que valió para que un infausto mono se llevase la ovación de la tarde por tener agarrado al caballo de la rienda y taparse con él. En la segunda entrada, Favorito se vino fuerte y atravesado hacia Leiro, que agarró de nuevo otro gran puyazo en la yema. Esos dos son los Ymbro que cumplieron con la cosa equina y luego estuvo la máquina de embestir, Jurista, número 43, que se fue al desolladero con los sinceros aplausos del público por sus óptimas condiciones durante el tercer tercio, su vibrante y hermosa embestida y la franqueza de sus intenciones.
 
La terna que salió del bombo de Domb (la grosse caisse de Domb) estaba compuesta por Juanito, Pablo Mora y Francisco de Manuel y sus respectivas circunstancias, tan iguales, tan repetitivamente idénticas a las de tantos otros que van pasando por Las Ventas.
 
Juanito no puso encima de la arenisca ningún argumento digno de reseña en lo positivo. Los mismos modos que todos, la misma consuetudinaria falta de compromiso con las normas del toreo, la misma evidencia de la ventaja por bandera son las señas de identidad que Juanito presentó a la cátedra. Y no es que nos pongamos en plan catedrático del plan antiguo, es que la tesis que presentó Juanito tenía más plagio que la del Presidente del Consejo de Ministros, plagio ajulianado, plagio del destoreo, del pase por las afueras, de aprovechar los viajes del novillo sin mandarle en ningún momento y sin dar la sensación de que aquello obedece a un mínimo plan, pues sus dos trasteos componen una mera colección de momentos prescindibles, de falta de personalidad, adoleciendo de tener algo que decir. Que no se aflija por esto, pues visto cómo va la cosa ni es el único ni lo va a ser.
 
Pablo Mora venía con el dudoso título de ser el triunfador de las corridas nocturnas, aquellas en las que se convirtió el pasillo del tendido alto en merendero, émulo de aquellas chuleterías que había en lo que luego sería la M30. Pablo Mora tuvo la mala suerte de que le tocase en suerte el Jurista del que antes se habló, un novillo que regaló incesantemente su franca, vibrante embestida y que se quedaba colocado, le dejase el matador donde le dejase. A la franqueza de Jurista, Mora respondió con su cite por las afueras, con el abusivo uso del pico, con la descolocación y la falta de encaje… la tormenta perfecta para las aspiraciones taurómacas de Mora, que ha tenido el toro adecuado para dar un aldabonazo en Madrid y ha dejado que el animal se fuera al desolladero sin formarle el lío que sus condiciones pedían.
 
Y por último ahí tenemos a Francisco de Manuel, que iluminó el corazoncito de la afición con su actuación en San Isidro, también con novillos de Fuente Ymbro y a quien, como siempre suele pasar, le han robado el alma. Los que vinieron hoy a Las Ventas pensando en la frescura de los modos que presentó en San Isidro se han vuelto a su casa empapados por el jarro de agua helada que significa ver cómo el sistema taurino vigente es capaz de robar el alma a un muchacho y echarlo, una vez deglutido, como uno más, otro zombi del destoreo y de la pata atrás. No obstante vamos a reseñar tres cosas interesantes: en su primero no es que echase el paso hacia adelante, pero al menos no cedía la posición, quedándose en el sitio, al menos en los primeros compases de su faena;  la segunda es que tiene porte y figura; la tercera, que se esforzó en poner tres pares de banderillas, reunidos en la cara y de exposición, y que a despecho de las condiciones del novillo reunió uno de ellos en los medios aguantando la fuerza de la embestida de su oponente. Por dar un consejo, que es gratis, debía este muchacho poner tierra por medio de Carlos Aragón y buscarse un apoderado de aquellos como don Luis Álvarez, que engrandecían a los toreros.
 
La selecta crítica de la capital abandonó en masa Las Ventas para irse a Sevilla a ver el presumible derribo ganadero y los pingüis que fueran saliendo. Ellos son así.

 El guano

 Laurus nobilis

 Papelera de un parque

El roce

 Toro y paloma

 Bueyes

La soldadura con cinta de embalaje

Domingo, 30 de Septiembre


Cuántas campanas ¿oyes?
(Balalín)
No me dejan.
(¡Balalán!)

"Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al fuego eterno"

DOMINGO, 30 DE SEPTIEMBRE

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de nuestro grupo.» Jesús replicó:

-No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Os aseguro que el que os dé a beber un vaso de agua porque sois del Mesías no quedará sin recompensa. Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran del cuello una piedra de molino y lo echaran al mar. Y si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela. Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al fuego eterno que no se extingue. Y si tu pie es ocasión de pecado para ti, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la vida, que ser arrojado con los dos pies al fuego eterno. Y si tu ojo es ocasión de pecado para ti, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al fuego eterno, donde el gusano que roe no muere y el fuego no se extingue.

Marcos 9,38-43.45.47-48

sábado, 29 de septiembre de 2018

Españoles en Nueva York


 POR CUENTA PROPIA
Manolo y Pepe Bienvenida
 paseando por Nueva York, 1927, antes de torear de luces
 en el Coney Island Stadium

POR CUENTA AJENA
Mariano & Moragas

POR CUENTA AJENA
Sánchez

Celaa & Tonetti

 Celaa
El granito de Aristóteles

Tonetti
La sardinera de Bilbao

Greedy Pig



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El perdedero fiscal del ministro astronauta se llama Copenhague Gestores de Inmuebles SL, nombre entre el antiguo Profesor Franz de Copenhague, que inventó en el TBO un clip para subir la cremallera de los vestidos de las mujeres, y esas modernas empresas ganaderas de los ladrilleros para pastorear en el campo una punta de bravo con cuatro vacas de leche y un semental juampedrero cuyos hijillos despachan luego en los ruedos el Mestre de Chiva y el Curro de San Blas.
–¡Copenhague Gestores de Inmuebles SL! ¿Saldrán de ahí los misteriosos bicornes de “la encerrona” pilarica de López? ¿Tomará antigüedad con un sobrero en la Feria de Otoño?
El ministro astronauta era la estrella mundial de un “Gobierno de Expertos” que nadie votó, dirigido por un Guzmán de Alfarache que para su negocio estableció, “motu proprio”, la Regla de San Benito, especialmente por su capítulo séptimo, de la humildad, cuyo noveno grado es que el monje domine su lengua y, manteniéndose en la taciturnidad, espere a que se le pregunte algo para hablar.
Más callado que el ministro astronauta no se puede estar, pues sólo ha hablado de su chalé cuando se le ha preguntado por ello. Ocurre, sin embargo, que el ministro astronauta no es monje benedictino, sino curita socialdemócrata, de la socialdemocracia que predica la “fiscalidad voluntaria y responsabilidad ciudadana”, según el catón de Peter Sloterdijk, su filósofo, que denuncia la “psicología barata ‘greedy pig’ del ser humano como animal que coge todo lo que puede”:
–La socialdemocracia, que es mi sistema de parentesco, está hundida porque no ha aprendido a integrar en su lenguaje el campo semántico de la generosidad, ni a conjugar los verbos del dar. La psicología “greedy pig” dominante va descaminada.

La pena de que el “greedy pig” no sea un jodido fascista es que los periodistas globales se quedan sin pepino para el gazpacho demagógico que sirve el nuevo censo podemita de Cáritas, que pinta España como otra Calcuta.

Toros-monas victorianos-as para encumbrar a Talavante, sota-caballo-rey de la tauromaquia menú-del-día

Feria de Otoño en Londres
(Instantánea tomada a la misma hora que Talavante talavanteaba en Madrid)


José Ramón Márquez

El primero no lo vi. No sólo pensaba que la corrida empezaba a las seis y media, sino que además me llevé la entrada de la novillada de mañana [hoy para el lector]. De toda esa circunstancia lo más oprobioso fue que una especie de sans-coulotte que había en la Puerta Grande, que no demostró el más ínfimo interés en atender a mis mansas explicaciones, se dirigiese a mí como “caballero”, que es cosa que me enfada y me molesta sobremanera. Me busqué las mañas y, de igual forma que Fernando Arrabal entró en la Plaza de manera mágica e inexplicable el día aquél de la mítica curda nocturna en TVE, yo me vi dentro de la Plaza de manera indescifrable, gracias al Señor sean dadas.
Sirva esta ínfima digresión para explicar de alguna manera la poca mella que había hecho en mi ánimo de depauperado aficionado la campañita talavantesca que nos quiere presentar al pacense como ariete de un movimiento antisistema, y todo porque se enfadó con Toño Matilla por un asunto de dineros, y la contraprestación del taimado taurino charro fue echarle al dique seco de los contratos. Entonces Talavante se viene a Madrid sin apoderado…

-Oiga, que falta lo de la finca.

-¿Qué?

-Lo de la finca. Que me dijo un señor que en vez de billetes se quería arreglar la cosa con una finca

-¿Y?

-…pues que era una finca en la que las liebres tenían que ponerse botas de escalada…

Dimes y diretes, que vaya usted a saber. La cosa es que Talavante perdió simultáneamente el apoderamiento y los ajustes y se viene a Madrid a “dar la cara” y con el hueco en blanco en la ficha del festejo en la parte de “Apoderado” y con un sorteo o rifa que se sacó Domb de la manga para contento de buenas gentes e incautos. Y la cosa es que Tala nunca ha sido antisistema, que más bien ha sido parte perfectamente engranada en el sistema, y que puestos a buscar heterodoxias sinceramente prefiero quedarme con el exquisito “Inclusero”, Gregorio Tébar, o con ese Curro de la Casa que anda tratando de edificarse un futuro por el campo alcarreño, dicho lo anterior sin menoscabo de que aquí somos del que lo hace, sea Julián o su porquero.

De lo que no vi, y me fue relatado por personas de mi máxima confianza, dejaré aquí la ovación con la que se celebró en la Plaza la presencia de Talavante, obligado a saludar desde el tercio, y las dos verónicas de Pablo Aguado al toro de su confirmación. De lo que vi, lo primero fue Talavante, a quien en opinión del aficionado X. le va mucho mejor tener al público a la contra que entregado, tal y como hoy se pudo comprobar, que acaso Tala sea algo indolente en su carácter. El caso es que se plantó en el tercio y, sin más probaturas, le recetó una serie de naturales a Jaceno, número 41, que nos hicieron pensar que Talavante venía a Madrid a cerrar bocas y a dar un golpe de timón. Este prometedor inicio de faena a su primero se compone de dos series de naturales sin pensárselo, sin probaturas: naturales haciendo galopar al toro desde las tablas e iniciando la serie con la muleta plegada, pases  por alto y del desprecio y luego otra más acaso de algo menos de intensidad y en seguida la mano a la diestra y la faena que se despeña en la vulgaridad del día a día, del toreo de ventaja y sin remate, del pelmazo sota, caballo y rey (and rock) de la tauromaquia contemporánea. Eso es lo que duró la apuesta de Talavante, y no hay ni que decir que el toro de Victoriano del Río era la máquina de embestir, tal y como desea su criador, y que las embestidas de Jaceno no sirvieron para que Talavante superase su indolencia y se plantease que otra faena era posible y que hoy era el día en el que todo estaba a su favor. Evidentemente recibió los generosos aplausos de los que aman ver al toro en movimiento, a despecho de dónde viene y de a dónde va, pero la impresión neta que manda al tendido es la de una faena a menos, faena que se sume paso a paso en la vulgaridad y la ventaja que remata con un pinchazo tirando la muleta y una estocada desprendida. Muy magra la cosecha para tanto ruido, principalmente porque el toro se va sin torear. Su segundo ya no era como el otro. Recibió justas protestas por su condición blandengue, la cual le hacía no entregarse a los muletazos que se le proponían, imaginamos que para disgusto de su criador, y tirar cabezazos que deslucían bastante la labor de Talavante, ya de por si bastante deslucida. Ahora el extremeño va obligado a presentar un triunfo con los de Adolfo
dentro de una semana para no tener que enfrentarse a un futuro de color catafalco.

Fortes tuvo ante sí el toro con el que sin duda habría soñado en la paz de su hotel, ese toro que encumbra o hunde, y vive Dios que las condiciones embestidoras y repetidoras de Frenoso, número 73, van a ocupar una buena parte de las pesadillas de Fortes. La cosa es que le salió el toro y él lo dejó pasar; el hombre no fue capaz de encontrar su discurso y no merece la pena hacer más leña de este árbol. La conciencia de su incapacidad con el buen Frenoso le sacó de la corrida. Le echaron al corral a su segundo y en su lugar salió una bolita de carne del Conde de Mayalde que tenía sus cosillas y al que si se le exigía un poco y se le consentía otro poco se entregaba, pero Fortes estaba fuera por completo de la corrida en esos momentos. Se quedó en la cara del toro al entrar a matar y consiguió horrorizar a la Plaza en los interminables segundos que fue zarandeado por el toro, por fortuna sin consecuencias graves. Le cogen mucho los toros a Fortes.

Y Pablo Aguado en su segundo se mostró pinturero y tan falto de compromiso como cualquier otro de los de su edad. Aguado es de los que debe dar gusto verle torear sin toro, que tiene unas buenas maneras, pero le han enseñado a dar pases de esa manera y ése es el problema, que se debe creer que el toreo va por ahí. El toro pedía distancia y no se la dio, por más que el bicho se lo trataba de explicar. No hubo forma, que él estaba a lo suyo y en lo suyo no entraba la palabra distancia. Planteó el clásico trasteo por afuera sin ajuste ni remate, guió las buenas condiciones de Corchero, número 62, a prudente distancia de su anatomía, por lo que pudiera pasar, y cuando consiguió enhebrar unos cuantos “pases” le jalearon vehementemente desde los tendidos a los que se puso a mirar sin ton ni son, en vez de intentar dar un pase que mereciese ese nombre. Luego vino la estocada desprendida que tumbó al toro y la consiguiente petición que fue atendida solícitamente por don Justo Polo, que sacó el trozo de sábana blanca a la que denominamos “pañuelo” para concederle a Pablo Aguado una inútil oreja de nulo peso y de nulo valor.

Del ganado diremos que fueron cuatro de Victoriano del Río, uno sustituido por el Mayalde del que ser habló más arriba,  y dos de Toros de Cortés que ya no sé los toros de este rancho que llevamos en lo que va de año en Las Ventas, lo mismo veinte o más. Los crían para la cosa del último tercio e independientemente de lo que hicieran en los otros dos tercios, al llegar a su momento de gloria, obsequiaron graciosamente sus embestidas, por más que no fuesen aprovechadas. El ganadero estará contento.

Sábado, 29 de Septiembre


Mar con orillas

viernes, 28 de septiembre de 2018

El encaje

William James


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En Madrid todo el mundo te habla del encaje: el encaje de Cataluña en Madrid, “una pose más que una filosofía”, posible sólo, dice Santayana, en periodos de disolución moral, “cuando la sociedad es presa de la sofistería, la frivolidad y la desesperación”.
Ahora que la intelectualidad “liberalia” descubre que Valls, ese cadáver exquisito del ex socialismo francés, habla en Barcelona como un “caganer” de Soros, es el momento de tirar nuestro Ortega y de abrir nuestro Santayana, quien, con motivo de la independencia de las Filipinas, vivió en América la “indignación americana” del filósofo William James, y en España, la “resignación española” de Ávila, su pueblo.
La indignación de James, que era médico y pragmático, por la anexión de las Filipinas, respondía al desconsuelo de haber perdido a su país, que James identificaba con el ideal de la Declaración de Jefferson, “una ensalada de ilusiones”, para Santayana.

La admiración por el buen salvaje, por los antiguos romanos (cuya república se fundó sobre la esclavitud y la guerra), mezclada con las máximas quietistas del Sermón de la Montaña, puede inspirar a Rousseau, pero no puede guiar a un gobierno.
James no había perdido a su país: su país “gozaba de buena salud y estaba alcanzando la pubertad”.
A Santayana lo sorprendió el armisticio en París, y en seguida bajó a Ávila. En la frontera dio con una alegre multitud de jóvenes excursionistas, “hombre y mujeres bien vestidos”, que llenaron el tren de risas y chillidos.
Era gente española de excursión a San Sebastián a ver los toros. En Irún ni siquiera me pidieron el pasaporte. Y en Ávila encontré a todo el mundo resignado y filosóficamente triste como yo, o como cualquier sabio de la antigüedad.
Antes de pasarse al extremo Centro, Valls, que va de sabio de la antigüedad porque vio una tertulia de France 5, puso un huevo de Pascua: “Ser de izquierdas es desafiar a la fatalidad”. Pero lo fatal es lo inevitable; es decir, lo catalán.

Viernes, 28 de Septiembre


Vio los balcones del Papa
y los pechos dorados de las cubanas

Felicidades a Claudia


jueves, 27 de septiembre de 2018

Lola



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La España setentera, o Postespaña, puso de moda dos dicharachos que hoy repiten los tertulianos, que ignoran sus significados: “Consenso”, un invento de Constantino para decretar la conversión del paganismo en cristianismo como aquí la de la dictadura en democracia, y “Estado de Derecho”, un invento propagandístico de la monarquía prusiana.

Así se explica el lío de poderes que se hizo en el Senado la ministra de Justicia de Sánchez, que a esas horas andaba por la Casa Blanca luchando contra “la extrema derecha de Trump” con un chaleco de corte bretón, a lo Gómez Carrillo, del bisabuelo de Iván Redondo (nada que ver con el chaleco blanco de solapas con el que Robespierre, al decir de Tocqueville, se presentaba en el teatro).

En el Senado, la ministra de Justicia (“Lola” en las rianxeiras, o sobremesas del “Rianxo”, con que el sanchismo nos ameniza la soñarra septembrina en este protectorado venezolano) apeló campanudamente al “Poder Judicial”, que, sin embargo, tampoco es un poder, como sabemos por Montesquieu (“presque nulle”), por Gramsci (que le quita el “presque”) y por Balta, promotor de la Justicia Universal, que en sus manos se queda en Justicia Castiza, y que, sentado a la mesa, resume a Gramsci y a Montesquieu en una frase “maquietista” (línea Amalia Isaura):

La justicia es una p… m…

No parece, desde luego, la terminología jurídica de Schmitt y Kelsen en la polémica sobre la justicia constitucional, pero se ajusta como el guante de “Gilda” a la rudeza e ignorancia de Sánchez, que ya prepara su “voletío” a La Habana, el pueblo (ron, café, tabaco) que inventó la sobremesa, la ciudad donde un taxista mulato quitó a Foxá la idea de ahorrar:

Yo gasto lo que gano; la caja de muerto no tiene bolsillos.

Sólo de pensar en La Habana, a Sánchez le pesa el machete de la zafra y se deja llevar por la rumba a orilla de los cañaverales: “Yo no tumbo caña / que la tumbe el viento… / Que la tumbe Lola / con su movimiento.” Quien dice caña, dice ministerios.

El día de... Julio Camba




Por Antoniorrobles

Cuando se habla de un humorista, o, mejor, cuando, como ahora, se va a hablar, conviene detenerse antes. ¿Es graciosa su vida como su obra? Un espejismo nos hace creer que sí. Y, sin embargo, unas veces lo es, y otras, no.

Acaso en Camba, porque lleva una vida sincera, sin gesto literario, sin gesto vanidoso, sin gesto de humor, se da el caso intermedio, como en toda sinceridad auténtica.

Hemos de hablar de Julio Camba, cierto filósofo que es, además, el escritor genial, el cronista ilustre, el literato del humor, que en esta época de la literatura nueva, en que a cada cosa se le hace dodecaedro y se le sacan doce imágenes, él coge los temas por un solo lado y les pone el espejo maravilloso de su opinión insospechada, mágica, que sorprende y no hay trampa en ella, puesto que el prestidigitador no es un titiritero, sino un mago, un verdadero mago del suave humorismo.

Una vez entró el informador en el Círculo de Bellas Artes. Julio Camba estaba allí, sentado en el brazo de un sillón, comentando en un corro con su opinión personal, tan fácil, tan espontánea, tan ingeniosa. Llevaba un sobre y un papel en blanco. “Tengo que escribir una carta”, había dicho.
El informador, ya con el encargo de hacer El día de Camba, observa desde lejos. Julio Camba va a otro grupo; nuevos comentarios con su voz fuerte, satinada de gallego. Aún el sobre y el papel en blanco.

Una discusión, que sería francamente filosófica si la fuerza inesperada de sus opiniones no chocaran con un bote de humor. Y aún están allí el sobre y el papel en blanco, tremolados a la par de la charla casi dominadora del escritor que observamos.

Por fin se remansa el griterío. Camba y sus amigos van en busca de una mesa de chapó. El sobre y el papel en blanco se quedan muertos y abandonados sobre el frío de una mesa de mármol.
El informador ha observado dos horas.

¿Es el día de Camba ese papel en blanco que iba a escribirse, y en un tema intranscendente, y luego otro tema inútil, y una mesa de chapó, han sido los obstáculos fatales?... Acaso.

La vida de Julio Camba no es así exactamente, porque de cuando en cuando el papel se escribe; y qué bien. Pero el día del joven maestro así es.

Juan Belmonte nos decía en broma, lo cual es un prejuicio para esta crónica: “La mitad del día de Camba es vuelto de este lado. Y la otra mitad, tumbado del otro...”

Y aún él mismo, cuando escucha del informador que se quiere saber su día, comenta:

Pero si es que mi día... mi día es condicional. Yo quiero que al día siguiente sea ya el primero de otra vida nueva.

Entonces, venga ya este día último. Y también algo de lo que serán ahora sus días de allá, de Nueva York...

Porque es el caso que Julio Camba marcha a Norteamérica para enviarnos sus crónicas y sus comentarios insospechados a los lectores de ABC.

Y él me contesta:

Pues, nada: mi vida será demostrar que también allí se puede uno levantar a las cuatro de la tarde, y pararse en los escaparates, sin que aquella gente empuje.

¿No es una paradoja, maestro?

No es paradoja. A mí me gusta trabajar; pero cuando el trabajo no me obliga. Ahora me voy a Nueva York contento. A veces el trabajo va tan a gusto, que se encadena con la pereza insensiblemente.

¿Y cómo es aquí su día?

La noche –contesta.

Y añade luego:

Además, si lo deja usted para dentro de una semana, puede escribir mi día diciendo: “Son las cinco: Camba estará escribiendo nuestra crónica. Son las seis: Camba estará paseando los escaparates de la Quinta Avenida...

La información empieza, al fin. Camba confiesa un despertar ingrato siempre. Es el peor momento, seguramente, de un soltero: ese despertar tardío, solitario. El día anterior no ha sido bueno; nunca parece que ha sido bueno el día anterior de un soltero, cuando se le juzga con ese primer mal sabor de boca del despertar. Parece que el día anterior está allí, en el dormitorio, dormido, trasnochado, derrotado por el juego y el vino. Aun en los hombres, pienso yo, que, como Camba, si acaso pueden lamentar los reveses de un póker amistoso. Y no siempre, porque no lo juega casi, ni lo pierde apenas. Él confiesa, sin embargo, un despertar ingrato, y el informador lo interpreta de ese modo descrito.

¿Y almuerza... cuándo?

No lo sé. Nunca es antes de despertar. Casi siempre apenas vestido. ¿Las dos? ¿Las cuatro? No lo sé.

Sí; cuando quieren los gnomos de la comodidad, que van poniéndole a Camba una alfombra blanda para que pise despacio y se guíe.

El capítulo del puro entra en el día de Camba con entusiasmo. Seis o siete puros sobre el mostrador de todos los días. Les aprieta la cintura... y es elegido el que mejor se traiga al sorber, como la paja se trae la horchata, una hora del ambiente, bien llena de felicidad blanda y tranquila.

¡Buen puro, maestro!

Camba lo saca de la boca, lo mira con cariño, con pequeña vanidad humorística, gozando el elogio.
Va hacia el Círculo de Bellas Artes. Despacio. Los escaparates lo entretienen. Él sólo los goza. ¡Envidiables soliloquios, tal vez! En cada escaparate se regalará una crónica, breve, como la suya, sustanciosa, con motivo de la utilidad relativa del objeto de arte o del insecticida, o con motivo de los precios. Julio Camba es hombre de precios; como comentarista profesional y como soltero que vive con una vieja sirvienta. Julio Camba da a los precios el comentario doméstico y el internacional y financiero. De modo que los escaparates le ofrecen espectáculo, utilidad y tema.

Camba está en el Círculo. Pone la frase a los bastones, a los sombreros, a las estilográficas.. A veces los adorna con una evocación de países exóticos. Y es que conoce la bola del mundo como el equilibrista que anda sobre un tonel que da vueltas por el ruedo del circo.

Pérez de AyalaSainz RodríguezJuan CristóbalBelmonteSebastián MirandaDel Río Ortega... ¡Buenos maestros del comentario en aquellas tertulias!
Pero Camba, siempre con sus opiniones de humor, rebuscadas al instante en el fondo de cada cosa, como se saca en un relámpago el nervio de la muela:

¡Bah! Moisés maldijo al cerdo, y es inútil que los judíos se enriquezcan prestando dinero al 200 por 100. Si comen cerdo dejan de ser judíos, y si dejan de ser judíos dejan de enriquecerse y tienen que dejar de comer cerdo...

O también:

Todos los años telegrafían los norteamericanos que ha caído una enorme nevada; la nevada más grande del mundo... Yo no creo, sin embargo, que en Nueva York nieve más que en Rusia, que en Alemania o que en Suiza, sino que los americanos saben organizar sus nevadas mejor que los suizos, los alemanes y los rusos...

Y éste otro comentario:

–...Y la pobre muchacha viene diciendo que en París comía faisán, faissan. ¡Bah! Lo que se comía antes de la guerra... ¡El faisán ya resulta una cena anticuada!

Vida blanda, horas lentas, estrelladas de minutos felices a fuerza de parecerse, pero que cada una se lleva su dicho.

Acompáñame –dice, o le dicen.

Y Julio Camba añade a su día un paseo intranscendente a una corbatería, o a la Telefónica, o a una tienda de objetos de escritorio.

Pasan las aceras llenas de gente; pasan las aceras, pasan las fachadas a gran velocidad, como cuando las pasamos en automóvil. Bueno... ¿Y qué? Camba va con su amigo, muy despacio los dos para que así no se queje ningún minuto de su día de que le haya tocado con la fusta.
Envidiable vida. Las inquietudes de un viaje trasatlántico las toma con tanta distancia de tiempo, que llega el día de partir sin que el gráfico de su pulso nos diga nada nuevo.

¿Está usted mucho tiempo en la cama? –es otra pregunta.

Mucho..., no.

Mientras la cama no le cansa, allí se saborea el buen puro o se divierte leyendo.

¿Leyendo qué?

Lo que me guste; sólo lo que me entretiene. Las novelas policíacas. Edgar Poe más que nadie. Y Conan Doyle, aunque toda su obra realmente está sacada de cuatro cosas de Poe.

¿A qué hora es la lectura?

¿A las doce? ¿A las seis? No lo sé. Mientras la cama está grata.

¿Y el chapó?

Me divierte mucho.

Camba recuerda sin un gesto a los buenos amigos con quienes jugaba mucho: Enrique de MesaVerdugo Landi. Es un hombre de sensibilidad justa, cuando respeto significa esforzarse por no sensiblear ante el reportero.

¿Tiene usted tiempo de odiar dentro del día?

Mis odios son feroces, lo confieso. Pero feroces de verdad. De un enemigo doy cuarenta vidas por una sola de un amigo.

En estas vidas de remanso, el odio se advierte más; se marca más la onda del cantazo; a horas insospechadas acude el odio a la mente, y es un fastidio.

¿Usted piensa alguna vez, durante el día, y tal vez desde el lecho, alguno de los platos que va a pedir para la cena en algún restaurante?

Sí, muchas veces –me contesta el autor de La casa de Lúculo o El arte de comer.

Tiene un paladar refinado. Las grandes listas del restaurante no tienen para él la incertidumbre que, por ejemplo, confiesa el reportero. Él las acoge y casa un menú tan acertadamente como se casan las fichas del dominó.

En fin: se despierta tarde, almuerza solo, elige el puro, lee novelas envueltas en humo y en entretenidas inquietudes, ve escaparates, busca periódicos extranjeros, comenta en los grupos, juega al chapó, llega a la hora de la cena... y acaso un guiso sabroso le viene preparando los jugos alegres de la boca desde por la mañana.

¿Y cuál es su plato preferido?

Creo que lo más grato que en mi vida he comido es un guiso de ubres de vaca que preparan los búlgaros y que según se asegura es lo más parecido al sabor dulzón y blando de la carne humana.

No por eso el informador da un brinco atrás; sigue el reportaje hasta el final.

Después de la cena viene el nuevo cigarro de hombre que ha comido como ha querido: bien, maravillosamente bien.

Un butacón; charla de cabeza apoyada; si acaso, y más tarde, unas manitas de póker.
Sigue la charla. Una estrella se ha fundido. Otra mira el alba, y se va también. Las chimeneas tienen su hora de vivir sobre un fondo oscuro de azul. Otra estrella dice que se tiene que ir. Un lucero se pone de plata sobre el cielo del día que va llegando...

Camba y algún íntimo, tal vez el escultor Juan Cristóbal, se van hacia casa también. Se despiden en una esquina, y siguen juntos. Se despiden en otra esquina, llena de frío madrugador y de cierres que se abren con violencia, rompe la charla de los dos amigos.

Camba se va a la cama... Y lee para olvidar; para olvidar el mal sabor de boca que los solteros tienen al despertarse.

Ha vivido un día frívolo, maravillosamente frívolo, cómodo y fácil, con novelas policíacas, butacón, humo, escaparates y chapó. Pero lo ha llenado todo de interpretaciones trascendentes. Y como a sus frases no les pone la goma con que pega las etiquetas el factor, se pierden como aleluyas de colorín y de humorismo.

¡Ay! Se me ha olvidado preguntarle que cuándo escribe... Pero..., sí, ya sé: escribe al día siguiente.

Jueves, 27 de Septiembre



¿Dónde vas, adónde, dónde?

Felicidades a Oti Rodríguez


miércoles, 26 de septiembre de 2018

Los MeToo del MeToo



Hughes
Abc

Va llegando a España el debate del MeToo o el de la censura en los campus universitarios. Nos van contando que Bannon es vetado, que algunos cómicos deben bajar el escenario o que Buruma dimite por publicar a un acusado de acoso sexual. Nos van alertando de los excesos de estas prácticas, de este macarthismo moderno que sin resoluciones judiciales arruina una carrera profesional. O una carrera política, añadiría. Porque creo que no lo cuentan todo, o yo no soy capaz de encontrarlo. La función del Me Too es inhabilitar a cierto tipo de candidato, a cierto tipo de ser humano y de político, y tiene un origen muy determinado.

El mensaje de Clinton y los demócratas era que Trump representaba la revancha del hombre blanco. Hombre y blanco. Sexo y raza. Racismo y machismo. Había más cosas, por supuesto, pero ésas no importaban. Una política económica, una política internacional, cierta reafirmación del conservadurismo… Pero nada de esto era tenido en consideración. Eran hombres blancos sus votantes, hombres blancos enfadados que además compraban y hacían circular un mensaje poco elaborado encapsulado en las fake news. Esa falsa moneda informativa. Había un mensaje legitimo (el de Clinton y sobre todo el de Obama), a la altura de la polis, y luego estaba el equivalente político de la comida basura, las fake news. Ésa era la forma elitista y poco democrática pero fina de explicar lo inexplicable. De explicar, por otro lado, los notorios fracasos y las notorias miopías de la mayoría de intelectuales. Que los americanos votaran eso solo podía significar la degradación democrática.

Clinton hablaba a negros, latinos y mujeres, Trump le hablaba al americano; Trump era considerado un “peligroso nacionalista” mientras que Clinton lanzaba un mensaje descompuesto e identitario que sin embargo sonaba cercano y agradable a nuestros socialdemócratas oídos. Por lo tanto, estas variables explicaron a Trump allí y en España: racismo o xenofobia, privilegio machista, fake news y nacionalismo. Y con estas cuatro líneas delimitaban un área no aconsejable, un cordón sanitario o una zona de tierra quemada que no era higiénico pisar.

Sobre la eliminación de la zona de debate por parte del centrismo militante podríamos hablar mucho.

Ese cordón sanitario legitimaba absolutamente que los Bannon o Milo de turno tuvieran problemas para hablar en universidades o medios. Pero es que no sólo eran ellos, y desde luego, no solo iban a ser ellos. En último término, las objeciones a Trump eran de tipo moral: no era un hombre moralmente dotado para ser presidente. No estaba a la altura. En la versión más impostada e intelectual, Trump además no era un hombre intelectualmente dotado para el cargo. Era un criterio moral. Tan similar a lo que ya se usan aquí (dignos/indignos), algo ajeno a lo institucional o a lo judicial, solamente una etiqueta o un encasillamiento. Arbitrariamente, el Me Too y similares (no tenemos aquí la cuestión de la raza) determinará quién es el apto o el tolerado. Cómo decirlo… No está en juego la “calidad” editorial del New Yorker o del NY Review of Books. Está en juego algo un poco más importante.

El Me Too nace con Trump, en tiempos de Trump y contra Trump. El “grab them by the pussy”, unas palabras dichas en la intimidad y grabadas sin consentimiento, constituye el gran argumento electoral. Las mujeres son las primeras en marchar dignamente contra él (algunas mujeres, en realidad le fue bien con las mujeres en las encuestas). El MeToo fue decisivo contra Roy Moore y lo quiere ser contra el juez Kavanaugh. Será sin duda importante en las elecciones del 2020.

Ahora se importa el metoo a España y también la crítica al movimiento. El marcado sistema de división de funciones en la prensa española hace que esta “batalla” le corresponda librarla a muchos fervientes antitrumpianos. Es curioso. Los que iban de demócratas ibéricos, de estrictos obamitas, de “liberals” de una pieza ahora se enfrentan intelectualmente a las consecuencias y distorsiones del Me too (de forma quizás un poco sobrevenida, son los metoo del Metoo).

Pero el Me Too es contra Trump, y eso deberían contárselo a sus fabulosos lectores, siempre tan lejos de las Fake news.

Anónimos

No tendremos civilización en tanto que las obras, anónimas,
 no puedan ser atribuidas indistintamente a cualquiera de nosotros


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

A Periodismo, en los 70, se iba con la idea de escribir un día en un periódico para pagar el piso donde escribir la Novela con que uno mandaría a Dostoyevski, ese pobre hombre que escribía “Dios” con mayúscula, a alquitranar carreteras.

Pero en Periodismo te ponían a leer a McLuhan, que en su “Galaxia” contaba que el concepto de “autor” fue un invento de la imprenta, pues antes de ella todos los escribas eran Sánchez, es decir, anónimos, y ninguno se molestaba en “citar”.

No tendremos civilización en tanto que las obras, anónimas, no puedan ser atribuidas indistintamente a cualquiera de nosotros –dijo D’Ors (único que habló) el día de los “Cinco minutos de silencio en recuerdo de Mallarmé” en la puerta del Botánico.

El Medioevo, pues, en su versión ágrafa, ha llegado y recibe el nombre de “sanchismo”, en homenaje al hombre que en español habla como copia, con lógica de niño (de prever, “preveyéndola”, de desdecir “desdecido”, etcétera), razón por la cual sus flabelíferos defienden que Sánchez lo que habla bien es el inglés, lengua, precisamente, escogida por la policía de Ucrania para dirigirse a un socio del Real Madrid que en mayo acudió a la final de la Champions League.

“El anónimo como cala y cata del espíritu español”, tituló Pemán uno de sus deliciosos artículos:
El pudor del escritor suele ser la retórica. El del público, el anónimo.
En el sanchismo se han invertido los términos: la retórica suele ser del público, y el anónimo, del escritor. ¡Anónimos de autor!, y que Duque, el único lunático del gobierno con título de tal, nos ate esa mosca por el rabo.

En América, Slim, que se compró el NYT para vender “democracia” en la única democracia del mundo, publica el artículo anónimo de un anónimo funcionario golpista de la Casa Blanca que hace tilín a Lévy, el Aristóteles de Sarkozy, pero allí aún no han llegado a los “manifiestos anónimos” de España, donde nadie, por cierto, sabe a dónde vamos. Sólo que vamos en vanguardia.