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domingo, 21 de octubre de 2018

Chinchón'18. ¡Qué bien Cortés! ¡Qué envidia Caballero!


 Realeza

 Cartel

 Banda

Chacón

 Batman Tejero

 ¡Qué hombre Mora!

 ¡Qué bien Cortés!

 Niños de los Ajos

 Gordo

 Rehilete

 La Dama

¡Qué envidia de Caballero!

 Por la calleja vienen
extraños unicornios

 Privilegio Real

Final

sábado, 13 de octubre de 2018

Corrida de la Hispanidad. Como me enseñaron los viejos que me hicieron aficionado, en lo de Pablo Romero siempre hay una verdad a descubrir


Un pablorromero por el callejón del 9

 Ojiplático Gómez del Pilar desde el Programa de mano


José Ramón Márquez

Pablo Romero en Madrid, aunque sea Partido de Resina, la boca del horno, la divisa celeste y blanca, la antigüedad de 1888, los toros bonitos, la ganadería a la que uno ama desde niño, desde que por primera vez uno fue a Las  Ventas y vio el prodigio de los toros, del toro distinto. A ver si se nota que uno es troncalmente de Pablo Romero, desde que nació, por multitud de razones y no es  la menor que sean los toros bonitos, que lo son, sino que los viejos que a uno le hicieron aficionado le enseñaron que en lo de Pablo Romero había una verdad a descubrir.

Y hoy en Madrid ha salido el toro con personalidad, el que no es como el de todos los días. Hoy en Madrid ha salido el toro, el de verdad, el que no es la sota-caballo-rey, el toro que proclama a  los cuatro vientos que “yo no soy tonto” y a ver qué pasa si eso sirve para vender televisores y ordenadores, pero no sirve para el toro, que en la opinión de un fracasado torero de Triana, ese toro no sirve. Y a ver si nos aclaramos con Pablo Romero, hoy Partido de Resina, porque hay mucha confusión aquí. Antes de que los bisabuelos de muchos que se dicen "aficionados" hubieran tenido la oportunidad de sentarse en un asiento de una plaza de toros, ya estaba Pablo Romero anunciado en los carteles, o sea que un respeto a la antigüedad, que es un grado.

Y si los de Pablo Romero hace una pila de años que soltaron la ganadería en las condiciones que la soltaron y ahora se llama Partido de Resina y hay una familia que ha dedicado tiempo, esfuerzo, dinero e ilusión a este proyecto, pues enhorabuena y que sigan en este empeño por muchos años.

 Lo de Pablo Romero de hoy en Madrid empieza por lo principal, o sea que no pasa la corrida entera, que la ciencia venteña  veterinaria se cisca a un pablorrromero después de habernos comido los de la dehesilla, las basuras del puertodesanlorenzo, que no apetece a estas horas mirar más basura para reforzar el argumento, pero que manda narices que estos tíos siempre saquen pecho con los mismos, que a ver qué le pasaba al que echaron para que esos gourmets de la veterinaria, esos censores corraleros, decidiesen que no pasaba la corrida entera, y para remendar el descosido no tuvieron otra ocurrencia que aprobar una bazofia de José Luis Pereda, que a ellos a gónadas no les empata nadie. Y en cierto modo estuvo bien ese deleznable quinto toro de Pereda, para que el público en general pudiese apreciar la diferencia que hay entre el toro de lidia (los cinco de Partido de Resina) y el toro de granja (el infausto Pereda), o lo que es lo mismo, la diferencia  entre el toro que trae la emoción, la imprevisibilidad, la promesa de la cogida, y el bóvido nuestro de cada día, con su toreabilidad, su falta de intenciones, su congénita estupidez y su colaboracionismo. 

Para conocimiento del público en general diremos que al morir el segundo de los de Resina ya había dos tíos en la enfermería, que pudieron ser más, y esto ya casi cierra el dibujo de la cosa ganadera en esta tarde del 12 de octubre en la que no se podía apartar los ojos del ruedo gracias al humor cambiante del ganado, gracias a los toros. Decían los viejos que mirando el toro no hay quien se aburra, decían eso en la época de los toros, y hoy los viejos pablorromeros, los vigentes Partido de Resina, volvieron a hacer bueno el viejo aserto, porque no creo que nadie haya tenido tiempo de bostezar mientras los cinco de la divisa celeste y blanca anduvieron por la Plaza, desde que salieron hasta que fueron arrastrados, que hasta desde el suelo tiraban cornadas al aire al que les iba a apuntillar.

Y para los que decimos lo de los “toros bonitos” ahí queda el segundo, Huracán, número 32, que era más feo que Picio, al que nos imaginamos abandonado por sus compañeros en los campos de Villamanrique de la Condesa, dejado de lado por esa pasarela Cibeles de pura belleza ganadera, marginado bajo una encina con su cara de vaca, con su lomo hundido, sin que ninguno de sus hermanos se dignase hacerle el mínimo caso, y cuando llegó a Las Ventas estuvo todo el rato más interesado en mirar lo que le rodeaba, en enterarse de todo, a veces en embestir y otras en irse, y cuando sintió en su espalda las farpas que le clavó José Antonio Prestel, le persiguió con ahínco y cuando el peón se creyó a salvo tomando el olivo Huracán le siguió, tomando también el olivo y dando con la cabeza en uno de los tejadillos que les ponen a los de los burladeros de gañote para que no se mojen si llueve o para que no les caiga encima uno de Partido de Resina.
Para la lidia y muerte de los Partido de Resina trajo Domb, esta vez sin la colaboración del bombo, a Rubén Pinar, Javier Cortés y Gómez del Pilar.

Rubén Pinar sólo pudo matar al primero, Rosalero, número 45, porque el toro le empitonó a la salida de un natural dejándole un par de cornadas. El albaceteño ni se miró, hizo que le anudasen un corbatín por encima de la herida y prosiguió su labor mientras la sangre le escurría por la pierna. Un tío. Antes y después de la cogida Rubén Pinar dio muestras de su actual manera de estar con el toro, de esa personal evolución que le ha alejado de aquellos modos ajulianados con los que nos exasperó desde novillero y se plantó con verdad de torero frente al pablorromero que se enteró del juego del hombre y la muleta y acabó echándosele a los lomos. El punto de inflexión de Rubén Pinar se encuentra en aquella tremenda corrida de Guardiola en la que Fundi se dejó un toro vivo, y desde entonces siempre hemos visto algo en este torero al que sin duda engañaron, como a tantos, y que sin embargo ha sido capaz de variar sus modos hacia una tauromaquia más auténtica.

A Javier Cortés le correspondió la irrisión de Pereda, pero en su hado estaba escrito que tenía que matar dos de Partido de Resina y tal ocurrió al tener que hacerse cargo del segundo de Rubén Pinar. La verdad es que encontrarse con este encierro de tantos registros ha debido ser una prueba de fuego para el getafeño, que esta era corrida para toreros curtidos y con recursos, digamos que Cortés hizo lo que pudo con la incertidumbre del cacho feo de Huracán y con las embestidas a media altura y las miradas de Avefría, número 9.

Traer a Gómez del Pilar el día del Pilar fue el detallazo de Domb, que él tiene estas cosas creativas. El madrileño se empeñó en hacer una faena de corte populista, más basada en las cercanías y el valor que en recetar a los toros las píldoras que necesitaban: distancia, orden y mando. Le sirvió su apuesta en términos de vuelta al ruedo, por el susto que metió en el cuerpo de algunos, pero la cosa del toreo brilló bastante por su ausencia. Su primero, Camisita, número 4, estuvo a punto de cogerle de la misma manera que Rosalero había cogido a Pinar, librándose de milagro del hachazo que le lanzó el cárdeno. La buena noticia es que abandonó la Plaza por su propio pie.

Termina la temporada del año 18 en Madrid, la de la faena de Urdiales, con esta interesantísima corrida a la que darán los de siempre más palos que a una estera, que ya se sabe que en estos tiempos que corren lo que más se odia es la personalidad. Ya sólo nos queda el festival de Chinchón para despedirnos de los toros hasta el 19.

Azulino
Cárdeno oscuro
De Partidode Resina
Último toro de la temporada 2018 en Las Ventas

lunes, 24 de septiembre de 2018

Birlibirloque ganadero en Las Ventas, con la retirada de banderas de España como única novedad


Al trago, pues nadie le hace caso

José Ramón Márquez

La última vez que estuve en Las Ventas fue en la novillada del domingo 1 de julio, festejo número 46 de la temporada, así que hasta el del día de hoy, festejo número 59, me perdí la fritanga nocturna de julio, las de agosto -como siempre- y los dos desafíos ganaderos precedentes, aunque tenía la entrada en el bolsillo, que esto sí que tiene delito. Pelillos a la mar, que hay más días que longanizas. Hoy, recién estrenado el otoño, volvemos al déjà vu del maltrato al espectador tan característico de la parte empresarial de la tauromaquia, que eso sí que es un arte y no esas verónicas aflamencadas y horteras que tanto gustan por ahí. La cosa iba, por tercer domingo consecutivo, de “desafío ganadero” y para hoy tocaban los Palha vs. los Pallarés (que si fueran portugueses serían los Palhares), es decir la ignota cosa de Palha, esa ganadería enciclopédica de quien nadie en su sano juicio puede decir cuál es su tipo, sus hechuras, su conformación zoológica o su morfología, dado que en ella se hallan contenidas todas, y los santacolomeños de Pallarés de los que sí se puede hablar con propiedad. Al final, por un quítame allá esas pajas, que acaso tenga que ver con la segunda acepción del término “pitón” en el diccionario de la Real Academia Española, y sin la más mínima consideración hacia el espectador, se mandó el ganado portugués de vuelta hacia Santarém y se reemplazó por tres del Hoyo de la Gitana, que no querían dejar pasar la ocasión para poder demostrar lo en el hoyo que está el Hoyo.  El pequeño detalle del birlibirloque que perpetró Domb, sin apenas importancia por supuesto, es que el año pasado fue Palha quien obtuvo el premio al mejor toro del ciclo, con aquel Asustado, número 656, mientras que el Hoyo estuvo, como se dijo antes, en su hoyo. La otra coincidencia fue que en esa corrida del año pasado es donde levantó la mano Javier Cortés, diciendo: “¡Aquí estoy, miradme!” y aunque su actuación no fue como para escribir una página del Cossío, ahí dejó patente su cambio a bien y sus ganas.

De Las Ventas, más que las andanadas, que desde abajo no se aprecia que hayan hecho nada de lo que decían respecto a abrir nuevos vomitorios, la única novedad es que han quitado todas las banderas de España salvo la que tapa las canillas de los timbaleros, si bien permanecen puestas dos de la Comunidad de Madrid, que parecen de los Tercios Viejos de Castilla por lo ajadas que están. Más pelillos a la mar. Ahora ya pueden disfrutar a tope los enamorados de los trabajos de la forja y los interesados en conocer los efectos del óxido.

La fórmula de los desafíos, ya se ha dicho más veces, es un invento que no acaba de satisfacer, que lo que gusta es ver seis toros, lo que se dice una corrida de toros, y no estos vaivenes en los que se sustancia una competencia inexistente. Hoy la tarde fue de Pallarés, que echó los tres toros que pusieron en la arenisca de Las Ventas la emoción. Al primero, Regente, número 60, le pegaron una ovación por acudir al caballo de largo, porque ahora se suele aplaudir la carrera y no importa si el bicho se emplea o no, que lo importante es hacer que el animalito trote. Este Regente es de los que no se empleó, pero el animal se llevó al otro mundo el orgullo por los aplausos que cosechó su carrera y su alegre tranco. Su hermano, Menudero, número 68,  también corrió hacia el aleluya y regaló embestidas vibrantes. El más claro en la cosa penquil fue el quinto, tercero de Pallarés, Condenado, número 72, que tomó dos varas en las que recibió su castigo y aún se arrancó con alegría y altivez, aunque tardeando, a una tercera que recibió con el regatón. Serios y bonitos toros de Pallarés los de esta tarde en Madrid, en tipo y con una seriedad elegante, bien puestos, con casta, bien herrados y nada estúpidos. Un notable para don José Benítez Cubero, por los tres galanes que ha mandado a Madrid. De los del Hoyo ya se ha dado un brochazo y aquí va otro para rematar al paso: el primero era una cabra que fue justamente protestada, pues su lugar era un corral cabe una quesería y no una plaza de toros, el segundo añoraba los campos helmánticos  e intentó saltar al callejón por ver de escapar del circo taurómaco y ni fuerzas tuvo para completar su emulación del gran Fosbury, y el tercero, una especie de cigüeño feo y zancudo, cero grados, era como esos clientes de los bares que se tiran media hora en la barra y el camarero ni se da cuenta de que allí hay alguien a quien atender.

Para despachar el III Desafío Ganadero 2018 contrataron a Sánchez Vara, a Javier Cortés y a Thomas Duffau y, por su cuenta, se vino Fernando Robleño, que se sacó una entrada en la Grada desde la que tanto se le jaleó su actuación en el I Desafío.

La presencia de Sánchez Vara es una de esas ruedas del karma que periódicamente se vuelve a sustanciar en forma física haciendo el paseíllo en su eterno deambular. De él hay que resaltar dos cosas: por un lado lo que le respetan los toros y las pocas cogidas que tiene, por otro la eterna reiteración de sus modos y formas, que no le permiten acceder a estadios superiores, pero que le sirven al hombre para agavillar una docena de ajustes con los que ir tirando. La cosa es que en quince años ya le hemos visto unas cuantas veces para comprobar que no hay avance ni progreso en sus modos, que se mantiene en una precavida posición desde la que es bien complicado que mane el toreo caro, pero que consigue que algunos -acaso amigos de los de verdad- le jaleen de manera harto desmedida cuando hace pasar al toro de aquella manera. La cosa es que no vio o no quiso tomar en serio las condiciones del Pallarés: sus muchos años de alternativa le permiten estar confiado ante el toro, pero en sus modos prima más la ventaja que el compromiso y la faena no cobra vuelo, siendo esta una larga sucesión de pases de los que podríamos decir que no se adivina su finalidad. Faena sin plan, diríamos.

Hablábamos antes de Javier Cortés y de su llamada de atención de hace un año por ahora, refrendada de manera más entera en el pasado mayo… pues hoy ná de ná. Yo no sé qué les pasa, que caen en manos de esos taurinos, de unos que nunca llegaron a nada y que les cuentan y les cantan y les arrebatan el alma y ahí tenemos el resultado: una actuación anodina y otro jarro de agua fría para los que íbamos a la Plaza esta tarde con la mente puesta en el joven getafeño, que en esta calurosa tarde otoñal nos dio lo que es incapaz de hurtar, la finura de sus ademanes y la promesa que eso conlleva, y nos hurtó lo que constituye el meollo: la colocación, la distancia, el mando, el remate. La única vez que echó la pata hacia adelante el Pallarés respondió como debía, las condiciones del toro para acudir al cite dándole distancia quedaron patentes durante su lidia, pero Cortés prefirió no transitar esos caminos, optando por una solución encimista poco lucida que le proporcionó  nulo éxito. Ahí nos deja Cortés, harto preocupados por la deriva de sus modos, a la espera de que recapacite y se venga al buen camino.

Thomas Dufau venía de una cornada fuerte. Recibió a su Pallarés a base de verónicas y dio pases aprovechando la embestida de su oponente hasta que este se hartó de que no le diesen la medicina que reclamaba. Se quedó en la cara al matar y el toro le prendió de manera muy fea aunque sin consecuencias. Las buenas gentes le dieron la oreja, para tapar la boca a los que dicen que Madrid es una Plaza dura, pues ya se sabe que aquí “con trompazo y revolcón, oreja al esportón”.


La única bandera en la Plaza

Sin banderas

Paseo

La Vallirana de Domb

Tendido 8

Red hair

Odio al público

La afición

Luna y Metro

martes, 18 de septiembre de 2018

Desafío ganadero. José Escolar vs San Martín. Nadie entre aquí que no sepa geometría

 Páramos de cemento

Jean Juan Palette-Cazajus

«El silencio eterno de estos espacios infinitos me espanta» escribía el polímata Blaise Pascal (1623-1662) en sus «Pensamientos». La frase recoge con fidelidad el sentimiento que me invadió ayer frente a los interminables páramos de cemento que se ofrecían a mi vista mientras tomaba asiento en la grada del 8. Sólo el tendido 8 y los sectores más aledaños del 7 y del 9 ofrecían un nivel de concentración humana susceptible de aliviar aquella necesidad de sociabilidad humana tan pregonada por Jean-Jacques Rousseau. ¡Afortunadamente, estaba Florencio

Calculo generosamente un tercio de plaza, tenida en cuenta la presencia de una imponente delegación del Imperio del Sol Naciente que había acudido a Las Ventas del Espíritu Santo para devolver, con su legendaria pleitesía, la visita que el maestro Márquez y su familia rindieran este verano a las tierras del Fuji Yama. Ausente el maestro, olvidado de su más presunta que acrisolada afición y dedicado a opíparos ágapes familiares, la delegación nipona, comprensiblemente ofendida, abandonó espectacularmente la plaza en el tercer toro, dejando  reducida la asistencia a un escaso cuarto de plaza.

Algunos de los frustrados visitantes me comunicaron que ante la magnitud del ultraje, el Bushidó, código de honor de los samuráis, no contemplaba otro recurso que no fuera el «harakiri». Logré convencerlos de renunciar a tan nefastas intenciones, tras explicarles que, en mi caso, la espantá del presunto maestro de aficionados suponía nada menos que la obligación de cargar con la reseña de la corrida del día. Impresionados, admitieron que una fruslería como el harakiri no se podía parangonar con tan tremendo castigo.

Además de la vastedad de las extensiones pétreas, me llamó la atención, al ocupar mi asiento, la presencia en el ruedo de un a modo de paralelepípedo trufado de rayas perpendiculares. Pensé por un momento que lo que se iba a dar allí era un partido de beisbol entre los San Francisco Giants y los Detroit Tigers. Tras recapacitar, llegué a la conclusión de que Don Simón Casas, con insoslayable pedantería francesa, se había tomado demasiado al pie de la letra el aforismo de  Pepe Bergamín según el cual el lema de la Academia Platónica debía figurar en la entrada de toda plaza de toros: «Ἀγεωμέτρητος μηδείς εἰσίτω», «Nadie entre aquí que no sepa geometría».

No iba yo tan mal encaminado ya que el objetivo de tan abstractas figuras que transformaban el ruedo en pizarra colegial, es el de medir, calibrar y reglamentar la calidad de las arrancadas de los bureles. ¡A estas alturas! Hasta fechas no tan antiguas los picadores estaban presentes en el ruedo en el momento de la salida del toro. Con los consiguientes atropellos iniciales -que no arrancadas- del toro a los caballos y la casquería resultante. Cualquier ser dotado de razón y que además hace uso de ella debería entender que jamás conoció la suerte de varas época idílica ni que fuese digna de añoranza.  Los presuntos centauros pasaban más tiempo rodando por la arena que administrando varas merecedoras de una estampa de Daniel Perea en «La Lidia». Por algo a uno de ellos se le conocía por el mal nombre de «Agujetas».

La suerte de varas fue siempre errática y rudimentaria, tributaria de los albures de una lidia caótica,  determinada por la realidad renqueante de los pencos agónicos y su contumaz propensión a desparramar la asadura por los redondeles. «Ni petos ni corazas. La única defensa del caballo debe ser el brazo del hombre, manejando bien las riendas y la puya o vara de detener» escribía en 1926, el político republicano Rafael Sánchez-Guerra, en pleno hervor de la polémica alrededor de la instauración del peto. Sobraba la retórica, pero faltaban semejantes brazos de hierro. Al menos toda la ventaja física era entonces para el toro y también la psicológica ¡tal vez la más importante de las dos!

Con los petos actuales la ventaja pasó a ser la del picador y los toros entraron en freudiana y definitiva depresión ante la inutilidad de sus cornadas. La suerte de varas se convirtió en lo que sabemos: un trance ortopédico e insignificante. Animales ya de por sí disminuidos, castigados a mansalva entre el esperpento y la ablación de la posibilidad misma del toreo.

Por ello resulta sorprendente que todavía pueda surgir la  emoción cuando un toro como Ventero, negro entrepelado, primero de la corrida y pupilo de Don José Escolar, se arranca por cuarta vez y en esta última ocasión desde el extremo del paralelepípedo platónico, ya cercano casi a la boca de riego. Por más que lo hiciera con tardanza y tras ser requerido muy reiteradamente por el piquero. También resultó gratificante ver cómo unos pocos buenos aficionados asumían la parsimonia indecisa del toro, al precio de lo que Bergson llamaba la «duración», es decir la cadencia del tiempo real. Porque mientras Ventero se lo pensaba, una mayoría de cerebros mutantes manifestaba su impaciencia, todos ellos pertenecientes a quienes confunden el ritmo de la vida real con el de las series televisivas, donde los meses y lo años se resumen en una hora. ¡Qué ganas tienen algunos de morirse pronto! Digamos por lo demás que si a Ventero se le castigó mucho en la primera vara, tampoco se empleó excesivamente en ninguna de ellas. 

Patoso, el tercer Escolar fue el que mejor metió los riñones de toda la corrida. Luego se paró y terminó despatarrándose escandalosamente. Muy bien presentados los tres Escolar, casi escurridos, sin una onza de grasa sobrante, con trapío y defensas.

Los dos primeros San Martín, correctos de presentación, pero en la línea del toro moderno, pasaron sin pena ni gloria. Particularmente nulo fue el primero que hizo cuarto de la tarde. El sexto, por nombre Precioso, muy bien presentado, astifino y cornivuelto arrancó aplausos iniciales. Su comportamiento en varas merecería una larga disertación sobre las incógnitas tierras fronterizas entre bravura y mansedumbre. Se arrancó de lejos en la primera vara, metiendo los riñones para terminar saliendo suelto. De nuevo se arrancó de lejos para la segunda vara propinada por un Antonio Muñoz que barrenó con ferocidad. Precioso salió de najas con la firme intención de no parar hasta llegar a los refajos del caballo de puerta. Recogido in extremis por Sergio Aguilar, se arrancó por tercera vez, con cierta alegría, desde la máxima distancia. Doctores tendrá la Iglesia.

La tarde transcurrió entre «vivas». Los iniciales fueron a España sin que se supiera bien a santo de qué. Les sucedieron «vivas» a México y a Aguas Calientes, motivados por la presencia de Arturo Macías y que desconcertaron a más de un desconocedor de la geografía azteca, extrañado de que pudiera vitorearse brebaje tan insulso. Hubo sana intervención de un presocrático de la grada que expresó enérgicamente su hartazgo de  «tantos “vivas” y tantas “po..as”». No por ello cesaron los vítores sino que se fueron diversificando, pudiéndose oír desde un «Viva Japón», sin duda de desagravio, hasta un «viva» a la tesis de Pedro Sánchez -¡si señores!- e incluso un «viva» a Maluma. Creo que Don Teófilo Gautier tiene que plantearse un segundo viaje a España porque los indígenas vuelven a ser muy exóticos. 

Casi se me olvidaba. Sin duda forma parte de mi cometido contar algo de los toreros. La verdad, se me hace cuesta arriba. En el primer Escolar, serio, encastado, para nada «la tonta del bote» habría dicho «El Bombero», pero tampoco una alimaña, Javier Castaño, más que precavido, anduvo «precaucionoso» que dirían los gabachos. Lo único notable de Castaño en el cuarto fue su ausencia. El maño Ricardo Torres, 18 años de alternativa, ninguna corrida toreada en 2015, una en 2016 y otra en 2017, cara de pueblo de cuando había pueblos, mereció de verdad el tan manido adjetivo de «voluntarioso». Torció a su primero en dos verónicas de castigo y dominio de mucho mando y autoridad que me sorprendieron. Torres fue lo más próximo a estar en el sitio que se vio en toda la tarde. Incluso alguna tanda llegó a rozar la dignidad. En su segundo hubo un intento de media verónica Belmontina muy descaderada y al borde de la cogida. Luego poco que reseñar pero sí, otra vez, su presencia y su voluntad. Arturo Macías anduvo por delantales con cierta prestancia frente al tercer Escolar, el que más se dejaba. Con la muleta, se dejó llevar por un fulero toreo de expulsión, de clara prosapia “ajulianada” como le recordó uno del tendido. En su San Martin de turno, hubo triste intento de faena encimista. Como siempre, sonaron aplausos tras ambas fechorías. 

Hubo buenos pares de Fernando Sánchez, Joao Ferreira, Venturita y Sergio Aguilar. Serio y oportuno el quite de Fernando Sánchez a Juan Carlos Tirado. Poco más se me ocurre sacarle a la tarde. ¿O queréis otra dosis de mala literatura?

 Donde está Florencio, está (florece) la gente

 Geometrías platónicas

La última arrancada de Precioso

lunes, 2 de julio de 2018

Última corrida de domingo y ¿qué demonios ha pasado en un año, Juan Luis y Carolina?


 Medina Azahara


José Ramón Márquez

Cuando el portero enchufaba la lucecita de su moderno terminal al llamado código QR de la entrada nos enteramos, por un comentario de dos personas que entraban al lado, de que la selección española de balompié había quedado eliminada del campeonato de Rusia. Para los aficionados a los toros, labrados a base de tardes y tardes de desengaño, sensación de fracaso y expectativas no cumplidas, eso es menos que nada, como puede comprenderse, y como muestra basta este botón: nos vamos a Las Ventas a ver la novillada de María Cascón pensando en la novillada del año anterior, pensando en que sacamos al mayoral a saludar, pensando en lo aparente de presentación que fue, en lo pareja y equilibrada que resultó, en su comportamiento marcado por la casta tanto como por la franqueza en la embestida, con su poquito de mansedumbre, siempre tan interesante y, para que no nos acostumbremos a lo bueno, ahí nos pusieron hoy a los ochocientos que nos acercamos a la Monumental a echar la tarde, la cara b del single, la cara demoníaca de la mansedumbre más patente, del descaste manifiesto, de la presentación tomada por los pelos, de la blandenguería de flan Potax. ¿Qué demonios ha pasado en un año, Juan Luis y Carolina? ¿Qué virus ha atacado al ganado para que hayamos pasado de cien a cero en un año menos dos días?

Al final la novillada ha estado a punto de acabar en concurso de ganaderías, pues  han sido despachados desde el complejo carcelario de Florito animales de hasta cuatro hierros distintos. La propuesta ganadera de la tarde se debatió entre los problemas de la movilidad reducida y osteopatía de los cascones que se anunciaban, complementados con un juampedritis de Encinagrande ande o no ande (que no andaba), un San Martín que quiso compartir la mitad de sus pitones con los pobres, echando uno de ellos al suelo, y un guateles de Hato Blanco que casi es el que salvó los muebles ganaderos, sin ser un dechado de nada. Si a esa deprimente actuación del ganado sumamos el poco interés de los picadores por medio simular que cumplían en su tajo y la inexplicable desbandada de banderilleros, ya tenemos la tormenta perfecta para dar fin de la tarde de la manera menos halagüeña que concebirse pueda. Para que el lector se haga una idea de cómo iba la tarde, a las ocho menos un minuto estaba doblando el segundo de la tarde, a las ocho y cinco minutos se estaban llevando los bueyes al unicornio de San Martín y a las nueve menos un minuto arrastraban los benhures al cuarto. Menos mal que corría una brisilla grata y refrescante.

Los diestros contratados (es un decir, porque lo mismo les ha costado los cuartos venir) eran Borja Álvarez, Daniel Crespo y Fernando Flores.

Borja Álvarez se puede decir que ha quedado inédito: su primero se partió una mano, probablemente gracias al pésimo estado del ruedo, justamente en el inicio de su trasteo, por lo que no hubo opción. Es de reseñar que el novillo, Farderito, número 21, se había llevado su peso en capotazos antes de lo de su problema óseo, que hay que ver la de trapazos que llevaba el animal encima cuando se lesionó. Las gentes se pusieron tiernas con lo de la fractura e increpaban a berridos a Borja para que matase inmediatamente al toro, como si en vez de un estoque portase un AK47, y no le toleraban que intentase medio prepararse para entrarle con unas mínimas garantías. Su segundo fue un colorado, Malaguito, número 27, que parecía encastado con un opossum o un koala por la lentitud y el aire mortecino de sus movimientos. Su momento estelar fue cuando saltó al callejón en capotes, frente al 9, y luego lo volvió a intentar junto al burladero del 10, pero ahí ya se había quedado sin fuerzas a causa del salto anterior. En banderillas, tras tres pasadas llevaba tres palos en la espalda y al final fue Manuel García-Seco quien salvó el honor de los de plata dejando el par clavado en la anatomía del buey. La faena de Borja Álvarez se desarrolló rodeada de protestas al novillo y nadie le hizo caso al novillero. Ya puede invitar a almorzar al Presidente del festejo, el popular Don Caoba, por el favor que le hizo dejando en el ruedo esa inmundicia colorada. Sería de justicia que se le volviese a anunciar, porque en esta tarde no ha tenido opción alguna de exponer su toreo.

Daniel Crespo vio como trabajaban los bueyes para llevarse al segundo y en seguida tuvo de repuesto a un castaño que llevaba marcado el número 10 y que atendía por Jareño, de Encinagrande, que no desentonaba en absoluto de los Cascón en cuanto a falta de fuerzas, descaste y sosería. Crespo se puso espesísimo y lo que cosechó de manera más neta fue un aviso, simple recordatorio de que estuvo demasiado tiempo de porfía con el de Encinagrande, sin que en tanto tiempo despertase mínimamente el interés de la parroquia, a excepción de los que él hubiese traído a la Plaza. El quinto era de Cascón. Su nombre, Liebrito, y su número el 23 y era exactamente igual que sus antecesores y que los que le siguieron, se medio tragaba dos y en el tercero arreaba un cabezazo venciéndose, así una y otra y otra y otra vez hasta que le tocaron el aviso. Lo mismo se lo tomó el chico como un entrenamiento y quiso apurar el tiempo.

A la postre el que trajo algo de interés a esta tarde tan aciaga fue Fernando Flores, apoderado por El Gallo de Morón, a quien hemos visto matar sin muleta en los ochenta. De la cosa de los sobreros le tocó en tercer lugar el de Hato Blanco, Soñador, número 79, que fue con diferencia el toro más normal de la corrida. Le vio muy bien Fernando Flores la distancia al toro y le propuso cites acaso algo acelerados, obteniendo sus mejores resultados con la mano izquierda, con ligazón y quedándose en el sitio; luego, con la derecha, la cosa bajó de intensidad al caer hacia atrás quedándose descolocado la mayoría de las veces. Mató de una certera estocada arriba, tomada en corto, de efecto fulminante. Su segundo tenía menos claridad que su primero y Flores perseveró en lo mismo que se dijo de él respecto del primero. No acabó de ligar tan bien los naturales, abusó del pico, volvió a tomar ventajas en su trasteo con la derecha, y aunque inició la faena con distancia, acabó ahogando mucho la embestida del novillo, ya de por sí bastante ahogado de nacimiento. Con un pinchazo señalado arriba, otro sin soltar la mano y una estocada haciendo guardia, sin que sus peones se inmutasen en intentar sacar el estoque puso fin a su actuación. Apetece volver a verle, tiene que pulir defectos pero parece que tiene cierta personalidad.

En un momento dado, durante la lidia del sexto, varias voces pidieron desde diversas partes de la Plaza: “¡Fuera la Empresa!”. Ésta de hoy ha sido la última corrida de domingo, ya que durante el mes de julio las corridas de la Monumental de Las Ventas serán nocturnas en viernes en lo que es otro paso más en contra de la Plaza en su condición de plaza de temporada y, probablemente, una vulneración del Pliego. Mientras tanto, salvo una breve nota de la Asociación El Toro, no se conoce reacción de nadie más a la nefasta noticia de la pretendida miniaturización del ruedo de Las Ventas, lo cual refuerza la idea de que en este mundillo de paniaguados quien más quien menos debe un favorcillo al Gerente de la Plaza o cobra su pequeña subvención de la CAM, como para ponerse enfrente de nada. Los toros siempre han sido el más perfecto espejo de la sociedad.

 Corrida de expectación

 Escena galante en el desolladero

La línea de sombra

Álvarez, Crespo, Flores

 Forja y orín
Bodegón venteño

 Lazo rojo
Lo que queda de (la bandera) España

Don Caoba en su nido

lunes, 25 de junio de 2018

Tórrida, pero entretenidísima tarde de Montalvos, con Chacón, Cortés y Campos, tres toreros que no siguen las huellas del mainstream


Cortés, Campos, Chacón

José Ramón Márquez

Antes de entrar en harina hay que entrar en la tremolina del timo de Las Ventas, que esta semana ha salido, como de tapadillo, la noticia de que pretenden achicar el ruedo de la Plaza. Así, con un par, sin recabar la más mínima opinión, ciscándose en su propio “Bien de Interés Cultural”, que es Las Ventas, deciden los de la Comunidad de Madrid que el ruedo en el que han triunfado desde Juan Belmonte hasta Pepe Nelo, el ruedo al que ninguna de las grandes figuras de los años 40, de los 50, de los 60, de los 70, de los 80, de los 90 han puesto pegas, ahora hay que achicarlo “porque lo demandan los toreros” Y digo yo ¿qué toreros? ¿El mismo que alisó el ruedo y ya nunca más va a volver? ¿Quiénes son los toreros que demandan como imprescindible para que mane su chorro de arte el que se convierta el generoso redondel de Las Ventas en el de la Plaza de Toros de Gor? ¿No será que a lo mejor hay algunos, entre los que el otro día calificaba doña Mercedes Picón como “figuritas de mazapán” en el espléndido reportaje de Emilia Landaluce en el diario El Mundo, que desean ansiosos la miniaturización del ruedo, porque eso conlleva la miniaturización del toro?  Reducir el diámetro del ruedo en Las Ventas es como quitarle un trozo del final del crucero a San Pedro del Vaticano: las proporciones de la Catedral más grande de la Cristiandad y del ruedo de mayor diámetro del Planeta de los Toros, son cosas innegociables. El ruedo de Las Ventas no debe ser alterado en su tamaño por la interesada decisión de oscuros manejos que no deben ocurrir. Si se perpetra ese desafuero se habrá descendido otro escalón, irrecuperable, para acabar con la Plaza de Toros de Madrid, en la que muchos toreros tienen la ocasión de ver al toro por única vez, una vez al año, en sus fecundas temporadas llenas de éxitos. Esperemos que las asociaciones que agrupan a los aficionados: la Asociación el Toro, Abovent, la Peña el Puyazo, Los de José y Juan, la Peña de Los Areneros, la Asociación Juvenil Taurina de España… se pongan cuanto antes manos a la obra para tratar de frenar este desafuero y para frenar en seco el ataque que se está realizando de manera artera sobre la misma naturaleza de un Bien de Interés Cultural.

Y ahora lo otro, que es la corrida de Montalvo, que como todo el mundo sabe tiene una parte de Contreras que es la que nunca vemos y que la llevan perfectamente oculta y por separado de la otra parte, de procedencia juampedro, que es la que siempre vemos. La verdad es que cuando pegaron los carteles a la vera de las taquillas (casi es el único sitio de Madrid donde se pueden ver los carteles) ya nos quedamos amoscados con lo de Montalvo:

-¡Joé!... Los toreros interesan, pero ¿y eso de Montalvo?

-¿No habría otra, en tanta dehesa como hay por España?

-Seguro, pero ésta la habrán conseguido a precio de saldo… (etc.)

Montalvo es la permanente remembranza de Morante el Terraplenador, que hoy le ha hecho el galleo del bú a un novillote en León y que firmó una de las cúspides de su arte con uno de estos en la Monumental de Cantalejo hace unos años ya. Entre tanto, los productos de la Sociedad Limitada Agropecuaria Trespalacios ya nos dieron un turre imponente el año pasado y ya se sabe que en el Madrid de Plaza1 echar una corrida pésima es garantía de que te compren otra al año siguiente. Así que cuando puso su pezuña en la tierra del redondel un castaño gordo, fofo y blandengue etiquetado como Jilgera (sic), número 18, comenzamos a maldecir en arameo de la tarde que nos tenían preparada y de los 40º centígrados que nos ablandaban los sesos. Luego la cosa se enderezó bastante respecto del inicio y la verdad es que hubo sus cosas con los toros, sin ser la nota predominante en ellos precisamente el descaste ni la blandura. Digamos que la corrida fue toda de cinqueños y que su presentación, excepto el fofo primero, fue buena, resaltando por cuajo y presencia el imponente cuarto, Vaquerito, número 44. Para los doctores en Veterinaria que enviaron a analizar las astas del tercer Miura de los lidiados en San Isidro, ese celo siempre con o contra los mismos, ahí tienen los pitones de los Montalvo para preparar una tesina o una comunicación a un congreso, mismamente los del primero o los del sexto, que a estas horas estarán desguazados como los famosos ferrocarriles del 11m. Por lo demás, diversos registros del toro de lidia, desde el manso cuarto hasta los nobles tercero y quinto y el más encastado comportamiento del segundo y la condición colaboradora y poco exigente del sexto.

Parta dar fin de los Montalvo se vinieron Octavio Chacón, Javier Cortés y Tomás Campos, que venía a confirmar la alternativa que le dieron en 2014. Un cartel interesantísimo, sin lugar a dudas.

Octavio Chacón se justificó de manera completa en sus dos trasteos como un torero curtido, con una muleta mandona y dominadora, muy recia. A  su primero lo paró con oficio depurado, por bajo, para erguirse en unas verónicas de un sello muy personal y el remate de una media de frente muy masculina. Dejó al toro muy de lejos al caballo en el primer encuentro y algo más cerca en el segundo, no siendo hoy el mejor día de Santiago Pérez en la cosa de la puya. Su faena la organizó sobre la mano derecha, demostrando el mando que puede imprimir a su toreo y bajó la cosa de intensidad cuando quiso al natural. Cobró una estocada un poco desprendida y de buena ejecución tras otro intento atacando en recto y pinchando arriba. Su segundo era el manso, que se le picó en la contra querencia, donde el bicho se fue a ver si no le molestaban y en el inicio de la faena de muleta, en el primer muletazo salió corriendo hasta chiqueros y arreó un cabezazo a la puerta por la que había salido a ver si alguien le hacía el favor de abrirla. Chacón se lo trajo al tercio del 10 y allí le sujetó con confianza en tres series de buen trazo y colocación, luego decide llevarse la toro a los medios donde acude peor al cite por naturales y tampoco se entrega al derechazo como lo había hecho anteriormente. Chacón decide entonces volver al tercio y allí remata airosamente su faena de nuevo con la derecha y después de una trinchera y un pase del desprecio mirando al tendido deja una estocada de buena ejecución en la que el estoque queda un poco bajo y trasero. A lo anterior hay que añadir su permanente atención a los aspectos de la lidia en su condición de director de la misma. Mantiene su cartel en Madrid y debe ser pieza imprescindible en otoño. En lo malo, digamos que tiende a encorvarse un poco y que de pronto hace unos movimientos estrambóticos como de coreografía que no le pegan nada.

Javier Cortés hizo un personalísimo inicio de faena a su primero: cita de largo al toro y parece que le va a dar un ayudado por alto, pero cuando el toro llega a jurisdicción baja la muleta y se la esconde al animal, que pasa a toda velocidad, volviéndose mientras el matador se ha colocado con la muleta en la izquierda y ahí le receta un soberbio natural, y luego otros tres o cuatro y uno por alto. Inicio personalísimo y fuera del sota, caballo y rey de cada tarde que se agradece como si de un maná se tratase. Interesa eso de “personalísimo” porque en la actuación de Javier Cortés con su primero es lo que más ha destacado, estando en la del quinto más vulgar y más despegado; y sin embargo fue mucho más jaleado en la faena en la que optó por ir más aliviado que en la que tanteó denodadamente el toreo más recio, bajando la mano y buscando una ligazón que no siempre consentía el toro. Como en el quinto hubo más repetición por parte del toro, las gentes en seguida se tomaron aquello por la tremenda, pero donde Javier Cortés había estado sólido y poniendo sus argumentos mejores sobre la mesa fue en la faena al tercero. La manera en que se quedó prendido por la chaquetilla del pitón al entrar a matar al quinto fue tremenda: el torero se echa fuera al herir y el toro le busca y le agarra por el pitón derecho, arrojándolo al suelo. Mantiene su cartel el de Getafe.

Y luego Tomás Campos, al que sólo vimos en un toro pues con el gordo huidizo del primero, con ese pitón que parecía una escoba, daba más asco que miedo y se te quitaban las ganas de mirar al ruedo. No obstante, con el gordo y con el otro, Tomás Campos dio una imagen de sí mismo muy vertical y seria, y da la impresión de que él no fue capaz hoy de poner encima de la arena de Las Ventas sus mejores trazas. Acaso recuerda un poco en su manera de estar en la Plaza a aquel remoto José Tomás de los 90, pero lo más evidente es que no es uno más de los seguidores de la nefanda escuela juliana, que a tantos chicos ha mandado al averno, que da la impresión de que quiere marcar un sello personal y a eso debe dedicar sus empeños, sin que los mercachifles le cambien. Apetece también volver a verle.

En suma, una entretenidísima tarde con tres toreros que, cada uno por sus propias razones, no siguen las huellas del mainstream: un verdadero soplo de aire fresco, que falta hace.

Hoy las cuadrillas no han estado a un nivel de alta escuela, la verdad. Hoy han hecho su particular muesca en la nómina del oprobioso olivo Juan Carlos Tirado en el primero, a Vicente Ruiz en el cuarto, que además no fue capaz de clavar ni una sola banderilla en sus tres pasadas en falso, y a Antonio Molina en el quinto que hizo el uno más uno, dos olivares en dos pasadas.

Lo del programa oficial con la cantante (?) Rossy de Palma en la portada lo dejamos, si acaso, para otro día.


La belleza picassiana de Plaza1

Ducha escocesa

Adiós a la Andanada del 9
¡El Nido del Bombero!

Detalle

Chacón en la vuelta al ruedo con devolución de prendas

Campos en el callejón

Cuatro porteros y un montalvo

Un aficionado subió a pedir explicaciones al palco presidencial,
 y el presidente, que negó las orejas y recibió las protestas
 ("¡chulo!, ¡chulo!, ¡chulo!")
 del público con actitudes impropiamente zarzueleras
 ("¡seguid!, ¡seguid! ¡seguid!"), se las dio

lunes, 18 de junio de 2018

Aborrecible tarde de los Bohórquez, salvada por el vestido mercurio y azabache de Sergio Aguilar


 Silencio por Fandiño


José Ramón Márquez

El tostón. Sin paliativos. El puro tedio. La nada. ¿A quién se le ocurriría lo de traer hoy  los murubes de Bohórquez? ¿A Florito? ¿A Carreño? ¿Quién ve los toros para Madrid? ¿Quién programó esta corrida innecesaria? El domingo pasado al salir de la de la Prensa y ver ya pegado el cartel de los Bohórquez, la mosca se fue inmediatamente detrás de la oreja y ya de ahí no se movía el animalito, por más manotazos que se llevase, dados todos ellos con el máximo cariño en su condición de ser igual a nosotros “en inteligencia, sensibilidad, en derecho a la vida”, tal y como predica nuestro flamante Ministro de Cultura. Ya me hubiera gustado ver al Ministro en contrabarrera del 9 a ver cómo sostenía lo de la “inteligencia”, lo de la “sensibilidad” y lo del “derecho a la vida” de las seis prendas que mandó don Fermín Bohórquez Escribano desde Cádiz a hacer el ridículo en Madrid el día que se conmemoraba el LXXXVII aniversario de la de la corrida a beneficio del paro obrero, aquella inauguración ful de una Plaza rodeada de desmontes, pues, como todo el mundo sabe, la Plaza Vieja siguió funcionando con total normalidad hasta finales de la temporada 1934.

Decir Bohórquez es pensar en rejones, que ése ha sido el destino natural de los toros de esta ganadería desde hace lustros. A lo mejor los rejoneadores, que ahora necesitan el toro perfectamente manufacturado para sus ejercicios de doma, ya se han hartado de los toros de Bohórquez y el hombre ha pensado volverlos a echar a la cosa de la lidia a pie, pero si la evolución de la vacada tuviera que tomar su deriva particular a raíz de lo visto esta tarde en Madrid, a la vuelta del camino acecharía el “eliminando lo anterior”, que cuanto antes lo apliquen, mucho mejor. El hecho de considerar deplorable a la corrida que don Fermín ha enviado a Madrid es opinión que se cimenta en varios aspectos. En primer lugar la presentación. No es necesario saberse de memoria el AREVA, ni siquiera es preciso haber oído hablar del Barbero de Utrera, basta con irse a la página 7 del programa oficial y leer donde dice: “el murube se ha caracterizado por ser un animal grande o de caja generosa…” etcétera, para conocer que hoy, de eso nada. Es decir que cualquiera que entienda el español, aunque nunca haya visto una corrida ni un toro, ya podía leer en tan docta publicación oficial de la propia Plaza que lo que había en el ruedo no tenía nada que ver con lo que debía haber. En segundo lugar, por la cosa de la casta, que la contemplación de esas cucarachas desparramando la vista a ver si encontraban una encina con la que ir a rascarse, huyendo de los pencos o mirando bobamente la muleta mientras se preguntaban para qué podría servir eso, colocaba a los toros más cerca de la feria de ganado de Torrelavega que de lo mínimo exigible en un Plaza de Toros. En tercer lugar la fortaleza, que es una forma de decir la debilidad, para que se vea lo antigualla que llevan la cosa estos Murube, que cuando prácticamente la mayoría de los ganaderos han conseguido eliminar  el síndrome de blandura y derrumbe, con estos de Bohórquez parecía que habíamos echado hacia atrás veinte años en el tiempo. Ya sabemos que a los calés no les gustan los buenos principios, pero es que hoy ni principio, ni nudo, ni desenlace. El primero de la tarde, cuyas señas nos vamos a ahorrar, era ya de por si tan feo, tan repelente, tan indecoroso, que nos llevó a pensar en que después del trajín de los eminentes profesores veterinarios durante la Feria del Isidro, hoy habían encomendado la labor evaluadora del ganado a un becario poco espabilado o de patente enchufe.

Y si falla la ganadería, lo suyo sería pensar que ahí hay un funcionario público dispuesto a hacer su labor contra tirios y troyanos y a defender el interés de la vociferante plebe frente al poder  de la Empresa. Esa misión, en el día de hoy, le correspondía haber sido desempeñada por don Justo Polo Ramos, pero el hombre, por la causa que fuese, no estimó oportuno el momento como para investirse de tan intrincada labor y, de entre toda la escala cromática en forma de pañuelos que alberga al alcance de su mano presidencial, tan solo estimó que el blanco, ese color que es imagen de inocencia, bondad y pureza, ese símbolo de la humildad y la paz sería su estandarte en esta tarde de junio, tarde de luto de aniversario por la muerte de Iván Fandiño en la que él, al modo de los antiguos griegos, exhibiría el blanco, sólo el blanco, pasase lo que pasase; y así se sucedieron, una tras otra, las veinticinco pañoladas, blancas como los acantilados de Dover, con las que don Justo se desentendió del espectáculo denigrante que se desarrollaba a sus pies en el espacio rodeado por una barrera hecha de maderos y actuó como si la tarde se desarrollara en términos de la mayor normalidad. Esto, como es natural, desató las iras de los damnificados -que siempre somos los mismos- y eso llevó a muchos a exigir al señor Polo, de manera coral y, si se quiere, con cierto desafinamiento, el inmediato abandono del Palco, cosa que como puede comprenderse no ocurrió.

Y así, con unos toros impropios y con un Presidente en pleno abandono de su labor, ya podía venir Juan Belmonte resucitado, que la tarde no la levantaba ni Sansón. Para la cosa del toreo los de Plaza1 montaron un cartel barato trayéndose a Fortes, a quien el hecho de que en San Isidro no le concedieran una oreja -otro pañuelo blanco- le sirvió para verse anunciado hoy en Madrid y en seguida en Pamplona; a Álvaro Lorenzo, de quien siempre se me olvida lo de que cortó tres orejas en Madrid antes de Feria y ahí tengo al aficionado J. para recordármelo; y a Galdós, que venía de proclamar su Episodio Nacional ayer mismo en Torrejón de Ardoz. De las respectivas labores de los diestros, en honor a la verdad, nada se puede decir, salvo reseñar que por allí estuvieron.

¿Y no hubo nada bueno que reseñar? Pues incluso en una tarde tan aborrecible como la de hoy, al menos podemos poner tres  cosas buenas: la primera que la tarde fue placentera, con un ligero y agradable vientecillo; la segunda, la brega al segundo y el vestido de Sergio Aguilar, mercurio y azabache; la tercera, que nadie tomó el olivo.

No soy capaz de concebir la idea de la tauromaquia que se habrán llevado a sus países de origen los extranjeros que hoy, por primera y acaso única vez en su vida, hayan asistido a esta corrida de toros.

Los Porteros

 La Obra

 El Cuadri enano (y con badana de Iglesias)