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lunes, 31 de diciembre de 2018

Neymar o Mbappé

Kathleen Turner


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Si hablar es barato, como dicen los gringos para desautorizar al charlatán, soñar es gratis, y estas Navidades el madridismo sueña con arrebatar al PSG a Neymar o a Mbappé, alguien con quien salir de la tienda del Real Madrid sin cara de tonto con la camiseta de un futbolista para el sobrino, que hay que ver cómo se pone Madrid de sobrinos por estas fechas, y todos, al final, pidiendo lo mismo, una camiseta de Neymar o de Mbappé.

    De Mbappé se dice que no está en el Madrid porque no quería competencia y exigió la salida de Bale o Benzemá, lo cual hace de Mbappé un artista tipo Megido más que un competidor tipo Lucas Vázquez, el ojo de Solari que todo lo ve.

    –Si entro a un restaurante y un hombre no me mira, ese hombre es gay –decía Kathleen Turner en los días genesíacos de “Fuego en el cuerpo”.

    A Mbappé le falta la autoestima de Kathleen Turner, un defecto que lo convertiría en el suplente de Lucas Vázquez en el Madrid de Solari, que es un Madrid de promesas, un colegio de niños de San Ildefonso cantando en Valdebebas los números de la lotería del fútbol, todos los niños jugones del mundo dirigiéndose al Madrid de los Infantes con la idea de ser un día… Cristianos y Ronaldos en un País de Nunca Jamás donde sólo se compite por el cartel de “Empleado del Mes”. Parecerá una tontería, pero de eso sólo se dio cuenta nuestro pequeño Lucas, el Colibrí de Curtis, que es el oficinista que siempre va con prisa por el pasillo con un folio en la mano, el camarero que toma muchas comandas y no atiende ninguna, el Conejo de Alicia (“me voy, me voy, me voy”) que se sabe personaje de Lewis Carroll dispuesto siempre a reírle un chiste a Sergio Ramos, el macho protector.

    A Mbappé le falta autoestima para llevar la corona blanca, pero a Neymar, el otro candidato, le falta cabeza. Después de todo, no es lo mismo crecer al lado de un Cruyff, seguramente el tipo más inteligente que haya dado el fútbol, que hacerlo al lado de un Xavi, el ex cerebro del Combinado Autonómico, Príncipe De Asturias (con Casillas) de la Concordia (¡arriba los corazones!) y autor del siguiente mensaje de Navidad para los golpistas del “Prusés”:

    –Hola, soy Xavi Hernández. Me gustaría dar muchos ánimos y mucha fuerza a todos los presos políticos. No desfallezcáis. Imagino que son momentos muy duros para todos vosotros lejos de casa y de la familia. Es por eso que quiero agradeceros todo el coraje y entereza que estáis mostrando. Es el mejor regalo de Navidad que podéis hacer a la sociedad catalana. Os deseo muy buenas fiestas y que el año nuevo os traiga justicia y libertad. Un fuerte abrazo a todos.

    Son los famosos “valors” del fútbol culé que acostumbran distribuir los medios centros del Barcelona, Pep Guardiola desde Inglaterra y Xavi Hernández desde Catar, madre del cordero financiero del PSG que, miren ustedes por dónde, podría liberar a Neymar o a Mbappé.

    Ahora que es Navidad y tenemos a los niños en casa conviene recordar que los famosos valores que se transmiten a la infancia a través del fútbol profesional son la ludopatía modelo Las Vegas (una guerra publicitaria de las casas de apuestas precede a la retransmisión de cada partido) y la sedición modelo La Masía, es decir, de canteranos del Barcelona a los que España procura primero los medios y luego compensa económicamente todos los gastos de la traición, esa moderna virtud social. Así, por ejemplo, una curiosa forma mediática de equilibrar la información deportiva es, cada día, tapar la noticia negativa sobre Mourinho (“¿qué tendrá ese muerto que a tantos vivos molesta?”), alias la hidra del fascismo mundial, con la noticia positiva sobre Guardiola, alias la hidra del buenismo local. Y de ese modo ("id tomando veneno hasta que os sepa bien") vamos matando el rato.


CHOLISMO INOCENTE

    El cholismo, ismo del Cholo Simeone, cumple siete años, y la inocentada vikinga ha sido una foto de los jugadores atléticos levantando una Copa de Europa con la leyenda “Feliz Día de los Inocentes”. Mediáticamente, el cholismo es la versión futbolística de la fábula que explica el mito, tan atletista, que va del buen salvaje al buen revolucionario. Un mourinhismo para pobres. El Atlético era un reino muy triste, pero vino el Cholo y con su impulso moral (porque el Cholo, ahí donde lo ven, es un impulso moral) el Manzanares se hizo navegable y se llenó de princesas. ¿Cómo es el juego cholista? Nadie lo sabe, pero las dos finales europeas con el Madrid se perdieron para los atléticos por él, con él y en él.

Lunes, 31 de Diciembre

Valle de Esteban

Hasta las heces

Feliz Nochevieja


Feliz Año Nuevo


domingo, 30 de diciembre de 2018

Enmienda a la (casi) totalidad

París, 29 de Diciembre de 2018: sans-culotte tardío
 

Jean Juan Palette-Cazajus

Creo que mi último trabajo sobre el fenómeno de los chalecos amarillos tenía cierta coherencia. Era lo peor que le podía pasar. Porque hace ya bastantes años que hemos dejado de vivir en el mundo de las antiguas coherencias. En el nuevo entorno “globalizado”, como se dice, ya no existen coherencias. Y si existen, todavía tardaremos mucho en aprender a establecerlas. El mapa del futuro globalizado sólo está empezando a dibujarse y siguen sin descubrirse las fuentes del nuevo Nilo. El mapa por estrenar está lleno de manchones blancos. Quien crea, en estos lares, que puede seguir paseando, guía Michelín en mano, como un turista de la propia historia, se va a enfrentar con un terrible dilema: o se quedará de convidado de piedra de la inminente globalidad o tendrá que ponerse el casco de corcho de Lord Livingstone, aventurarse en las nuevas selvas ignotas y tratar de ir dibujando el mapa virgen del futuro de acuerdo con sus propios valores. A sabiendas de que lo más probable es que se lo coman los leones o las tribus indómitas antes de conseguirlo. Otros serán a la postre los cartógrafos del porvenir.

Los “chalecos amarillos “ y yo hemos cometido los mismos errores: ellos en el campo de la acción, yo en el de la reflexión y del comentario. El error que compartimos fue el de pensar que la revuelta constituía, hablando en lengua galdosiana, un “episodio nacional”. Lo he apuntado, pero no he insistido lo suficiente en la obsesión de los “chalecos amarillos” por los eslóganes, las citas, los cánticos y las referencias estéticas de la Revolución de 1789. Por mi parte me he pasado el tiempo intentando comprender por qué esta inesperada revuelta parecía tan empeñada en inscribirse en la continuidad de una historia nacional. “Los hombres hacen la historia pero no saben la historia que hacen” decía la conocida fórmula esbozada por Marx y pulida por Raymond Aron. Tradicionalmente, quienes conocían su destino, o estaban a punto de suicidarse o actuaban en un escenario. Notemos que hoy nuestra historia puede anticiparse con un máximo de probabilidades. Y es que, efectivamente,  más que historia se ha quedado en farándula. Los “chalecos  amarillos” alardearon de añadirle un apéndice nuevo al libreto clásico de la historia nacional. Y se vieron, en esta ocasión,  no solamente como los hacedores, sino también como los sabedores de un pedacito del Gran Relato. De modo que cabía dividirlos entre los ingenuos, que permanecieron rehenes de esta creencia virtual, y los listos que actuaron conscientes de que la historia, en Occidente, sólo puede estar presente en la medida en que se represente.
 
 Burdeos, plaza de la Victoria

Cuanto más intenso es el zumbido de los reactores, mejor se sostiene el jet en el aire. Es el principio de funcionamiento del capitalismo moderno: sólo puede hacerlo con los motores a pleno régimen. Hoy las producciones que garantizan su continuidad ya no se dedican a satisfacer necesidades elementales. Para sobrevivir, el capitalismo tuvo que suscitar nuevas necesidades humanas contabilizables en términos de producción de artefactos. ¿Hay mejor expresión de una sociedad infantilizada que los nuevos e inefables patinetes? Las revoluciones eran posibles cuando quienes las interpretaban nada tenían. Luego, nada podían perder. La mayoría de los “chalecos amarillos” tenía satisfechas las necesidades elementales y su revuelta fue suscitada  por las dificultades en satisfacer las nuevas, las inculcadas diariamente en sus cabezas y en las nuestras. Lo decía uno de los cabecillas iniciales: “Nuestra lucha es la del poder adquisitivo”. Cuando el Leviatán productivo ruge en modo intensivo, produce bienestar relativo y desigualdad. Pero en cuanto baja de intensidad, produce miseria. El capitalismo es invulnerable porque, como lo había entendido Adam Smith, no ha creído nunca en la bondad del ser humano y vive del óptimo aprovechamiento de sus flaquezas. La revolución en la calle es incompatible con el óptimo régimen de revoluciones del motor productivo. Tras más de mes y medio de vacaciones en las rotondas y de happenings jacobinos en los escenarios urbanos, las empresas de transporte por carretera dicen que han perdido del orden de 2000 millones de euros por culpa de los innumerables bloqueos. En una suma equivalente estiman las asociaciones de comerciantes los perjuicios resultantes de los seis sábados de sesión insurreccional en función vermú. Se habla de unos 43 000 empleos a tiempo parcial amenazados por esta mismas razones. 

A lo largo del episodio no se vio bandera roja alguna, ni en las rotondas ni en las calles. ¡Ni rastro tampoco de camisetas del Che! Alguna que otra “gwenn ha du”, la bandera bretona, más por referencia simbólica a las tópicos de la cabezonería y rebeldía bretonas que por otra cosa. Y sobre todo, abundante tremolar de banderas tricolores, frecuentes entonamientos de la Marsellesa y otros cánticos derivados. El movimiento de los “chalecos amarillos” apareció como una nostálgica exaltación de las producciones revolucionarias del terruño. Al  principio de la revuelta, pensó recuperar el movimiento la llamada “Francia insumisa”, el equivalente galo de “Podemos”, yendo un poco de prisa. Todavía no se han repuesto de los “zascas” que cosecharon. Se dijo entonces que el movimiento era manipulado por el partido populista de Marine Le Pen.  En realidad, no hubo nunca la menor posibilidad de establecer una significación consciente y consensuada de sus objetivos y valores. Desde un principio su expresión apareció interferida por una multitud de voceros autoproclamados y contradictorios. Incluso las reivindicaciones socioeconómicas inmediatas  permanecieron en la indefinición. Pero la naturaleza del movimiento era sin duda mucho más “polisémica”, como dicen los pedantes, y detrás de lo pregonado se intuía lo silenciado. Como detrás de lo melodramático había que aprender a leer lo sintomático.
 
 Galo cabreado

Lo que, desde luego, saltó a los ojos de cualquier observador, fue que la Francia que se manifestó, a lo largo de mes y medio, era casi exclusivamente blanca. El peso demográfico de la Francia inmigrada y multirracial es considerable. Su presencia es mayoritaria en la periferia de todas las ciudades importantes. Su casi total ausencia entre los “chalecos amarillos” sólo puede plantear interrogaciones. Máxime cuando no cabe negar que aquellas poblaciones constituyen en su mayoría los batallones económicamente desfavorecidos. Tan ostensible ausencia aparecía pues como un silencio clamorosamente significativo y era una prueba más de la profunda fractura étnica y cultural. Sin duda se trató de la última ilustración del proceso inexorable de  comunitarización del cuerpo de la nación. Los “chalecos” trataron de interpretar unos papeles históricos inspirados en las estampas de sus libros de colegio. La Francia inmigrada desconoce mayoritariamente lo más elemental de esta historia que le es además indiferente, cuando no aborrecible, ella y los valores que la acompañan. En las “banlieues”, en los barrios periféricos, se conoce a los franceses “de siempre” como los “gaulois”, los galos. Huelga añadir que la expresión es altamente peyorativa. En cambio muchos campamentos de los “chalecos amarillos” se erigieron bajo la advocación de Asterix y Obelix y cantidad de clanes de las rotondas gustaban de autorreferirse con el común denominador de “galo”, variadamente adjetivado. Para la Francia “multicultural”, en cambio, lo sucedido parece haberse interpretado como las expresiones de una tribu ajena, provisionalmente  mayoritaria y dominante. La lógica del repliegue tribalista fue más poderosa que la coincidencia, incluso agravada, en el padecimiento de concretos problemas socioeconómicos. Cabe augurar que el serial de los “chalecos amarillos” aparecerá algún día como el inocente aguacero aperitivo que preludiaba el desencadenamiento de una tormenta mucho más devastadora.
 
 Pierre Bourdieu (1930-2002)

¿Populistas de izquierda, los “chalecos amarillos”, o populistas de derechas? La aberrante espacialización de las categorizaciones ideológicas es un sesgo cognitivo que tiene condicionadas nuestras cabezas. Y así antes de oponer los extremos convendría hablar de su extrema coincidencia previa en una invariancia nuclear: común incapacidad de acceder a la complejidad de las cosas, aversión por el disenso y consiguiente creencia en la existencia de soluciones sencillas y definitivas. Luego, en sus versiones químicamente puras, unos divergen hacia una absoluta biologización de los comportamientos sociales mientras los otros los someten a un férreo determinismo ideológico. Las rutinarias preguntas alrededor de los chalecos amarillos han vuelto a mostrar que la polaridad espacial de la política secuestra toda posibilidad de un pensamiento autónomo. Hay quienes necesitan esta falsilla y se acomodan encantados en la caseta que les corresponde, o así lo creen. Pero son cada vez más numerosos los reacios a tumbarse en esa cama de Procusto. Liberada de la determinación espacial, de las capellanías ideológicas, del miedo a la excomunión, la razón se despereza y ronronea a gusto como un preso clorótico que descubre el aire de las cumbres tras años de calabozo. El individuo descubre la libre elaboración de su propia coherencia. El nuevo caminante sabe que no hay final del camino, por la simple razón –como decía el poeta– de que no hay más camino que el que se traza al andar y todo lo que se puede esperar es mejorar algo el empedrado.

Pero la democracia, lo recordábamos hace unos días, no es un régimen político real sino siempre potencial. Porque es el régimen de la sociedad potencialmente educada, en todas las acepciones de la palabra. Repito que los “chalecos amarillos” mostraron mayoritariamente, y siguen mostrando día a día, su déficit de “capital cultural”, hablando como Bourdieu. Es decir que no cabe encontrarlos en los nuevos territorios de la reflexión política melindrosamente esbozados hace un instante. ¿De izquierda o de derecha, los “chalecos amarillos”? Como era de esperar, tendieron a sumar los peores tópicos de ambos extremos. El movimiento estalló como protesta contra una subida de las tasas sobre carburantes, que se presentaba con vocación pedagógica frente a los retos climáticos y ecológicos. Se penalizó el gasóleo cotidiano de quien sale cada mañana a buscarse la vida, mientras sigue resultando casi más barato ir desde Madrid a Sevilla que a Nueva York. La injusticia fue casi feudal. Las aristocracias del saber y de la competencia tienen legitimidad. Pero en este caso se comportaron y fueron percibidas como el resurgimiento de la vieja arbitrariedad de casta. De ahí la recaída en el síndrome de la Bastilla.
 
 Benidorm-Guernica

Mientras tanto, hace solo unos días, una petición titulada “l’affaire du siècle” o sea “el asunto del siglo”, demandando el Estado ante los tribunales “por inacción frente al cambio climático”,  recogía en menos de una semana casi dos millones de firmas. La Francia de los “bobós” contra la Francia de los bobos, dirá algún clasista impenitente. Algo de esto hay porque estamos en la era de las “unanimidades parciales”: vengan iniciativas valientes si no me afectan a mí. Los anglosajones dicen más prosaicamente “not in my back yard”. Obligado a definirme escueta y fundamentalmente, no me importaría hacerlo como un ecologista radical: ni el individuo ni el ciudadano pueden realizarse en un entorno natural degradado por dos formas de  irresponsabilidad humana: la codicia económica y la proliferación demográfica. Nunca perdonaré al franquismo el Guernica del litoral mediterráneo, su total devastación minuciosamente planificada. No perdono a la España democrática la persistencia invasiva de su amor al cemento como símbolo de paz y prosperidad.

No sé si esta salida del armario ambientalista puede resultar sorprendente. Mi ecologismo “radical” (no me molesta el adjetivo) me ha acompañado siempre como el forro inseparable de toda vestidura reflexiva. Lo puedo olvidar en momentos concretos como uno olvida su propia sombra: no dejará por ello de acompañarnos. Es posible que mi poca insistencia en el tema tenga que ver con el sentimiento de dirigirme a personas indiferentes, o incluso hostiles, a esta dimensión del pensamiento. Mi actitud tiene que ver con el tacto compasivo de quien sabe que su interlocutor padece una grave dolencia y evita evocarla en su presencia. La realidad de la democracia ateniense era menos brillante de lo que fabricó nuestro recuerdo mítico. Pero, irresistiblemente, la asociamos con Fidias y con la belleza ática. Personalmente, tampoco puedo separar la calidad de una nación de la percepción inmediata –forzosamente arbitraria, forzosamente relativa– de su grado de relación con la belleza. Las actitudes de quienes proclaman un celoso amor a su país pero se muestran indiferentes a su degradación, ambiental, urbana y estética, me parecen una forma de patología autista.
 
 Belleza ática

La mayoría de los “chalecos amarillos”, egresados  de lo que llamábamos hace unas semanas la Francia “moche”, la Francia fea y periurbana, ya han regresado a sus domicilios. Parte de culpa les toca en aquella fealdad. No toda. Y en el fondo han tratado de humanizarla. Son incontables las horas de jubilación hacendosa dedicadas a intentar tapar los desastres de los urbanistas bajo los macizos de tulipanes y el impresionante repertorio de mercaderías kitsch, disponibles en Casa y Jardín. En las calles sigue manteniendo encendida la llama (demasiado literalmente) un surtido de algunos centenares de aprendices de nihilistas, de buscalíos profesionales, de tardías vocaciones de “sans culotte” y de aquellos que esperan salir en los canales 24 horas y que los vea su cuñado. Lo ideal sería pillados en postura de heroico forcejeo con un antidisturbios. “Actuar localmente; pensar globalmente”, les recomiendan los gurús ideológicos. Quemar mobiliario urbano puede adscribirse a lo primero. Son víctimas de lo segundo pero siguen creyendo que la globalidad les pilla muy lejos.

Pd: Hay fundados motivos para temer episodios calientes esta próxima Nochevieja,  en los Campos Elíseos. Aquellos que padezcan soledad o aburrimiento podrán conectar con cualquier canal galo de información continua para disfrutar de la peli de acción en directo.
 
Rotonda de la estatua de la Libertad. Colmar (Alsacia)

Domingo, 30 de Diciembre

Valle de Esteban

Escalera de Jacob

"Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres"

DOMINGO, 30 DE DICIEMBRE

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó:

-¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?

Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Lucas 2,41-52

sábado, 29 de diciembre de 2018

Instituciones

Judas Tadeo José Romo y Gamboa


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Al final del Antiguo Régimen los colocados solían hacerse una pregunta: “¿Y después de Franco?” A lo que el propio Régimen contestaba: “Las instituciones”.

Lo que nadie imaginaba es que la única institución que quedaría viva (es una forma de hablar) fuera… la Academia, ahora dirigida por un administrativista, Muñoz Machado, que tiene planes para la Constitución del 78. ¡Son las trampas de seriedad que construye a su alrededor el “Homo academicus”!

¿Es la Academia una institución necesaria?

Lo que se llama las instituciones necesarias no son más que las instituciones a las que se está acostumbrado –dijo Tocqueville en tiempos más revueltos que los nuestros.

¿Es la Academia una institución política?

A Pemán lo destituyeron del puesto de Muñoz Machado porque en una conferencia en la Academia de Jurisprudencia había puesto mayor énfasis en la figura de Calvo Sotelo que en la de José Antonio.
Como ha cometido una falta política, lo destituyen de la Academia; si hubiera dicho “haiga” o “endenantes”, lo hubieran destituido del Consejo Nacional –explicó Sainz Rodríguez.
Era la primera vez que ocurría algo así en los dos siglos y medio bien cumplidos que tenía la Academia. “¿Tanto?”, preguntó Franco a Pemán. “Sí… La fundó Felipe V”, contestó el escritor, quien, al ver impasible al general, añadió: “El Rey que perdió Gibraltar”.
En una entrevista de TV he oído a Muñoz Machado decir quisicosas: como administrativista ve necesario “reformar” la Constitución, aunque como académico no precisa la diferencia entre reformar y enmendar, ni entre “federar” y “confederar”… Su solución para la nación más antigua, obra de la iglesia católica, es Alemania, obra del ejército prusiano, y bastantes años después de que el obispo Romo (¡hallazgo de Azorín!) demostrara lo primero en un libro que en 1843 dice cosas así:
–La soberanía del pueblo americano, única que existe en toda la extensión de la palabra, y de la que las de la Europa no son más que un simulacro…

Sábado, 29 de Diciembre

Valle de Esteban

Barcelona-Lima
Roma-Lisboa

viernes, 28 de diciembre de 2018

Porteras


La Constitución de este señorito de portería sólo amparaba
 a los "trabajadores"


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En Andalucía se va a triplicar un régimen: socialistas, populares y centristas son tres zapatos del mismo pie, y la preocupación de Zapatero, el mandadero de Maduro, por los pactos andaluces es falsa.

Tras tanto trajín, los términos han devenido puras trampas –tiene escrito el ideólogo de C’s (¡no de Vox!)–: ese centro que parece sugerir mucho sin significar nada en concreto. Ese disfraz, ese salvoconducto, ese guiño al establishment progre, esa estafa intelectual, ese extremismo de la ambición.

Tres zapatos del mismo pie hacen que España (como el resto de la Europa socialdemócrata) ande coja, y, sin embargo, pervive en el Madrid oficial un señoritismo de portería que me tiene fascinado. Son esos intelectuales que hablan de la Constitución como las porteras de Gómez de la Serna hablaban de sus porterías con leones o perros de yeso: “¿A qué artículo dice usted que va?” “Pase”. “Espere”. “Usted sí”. “Usted no”.

No nos pondremos tan cursis como los redactores de la Declaración de Derechos, cuyo artículo 16 dice que sólo hay Constitución si separa los poderes. Con sacar a un solo español de la Constitución, ésta deja de serlo. La del 31 no lo es porque, por una majadería de Araquistáin, ampara exclusivamente “a los trabajadores”. Idealmente, una Constitución son las reglas del juego político, y a diferencia de la ley, que ampara el derecho de todos contra uno, ampara el derecho de uno contra todos. Por eso sorprende ver a tanto señorito de portería diciendo quién está dentro y quién está fuera de la Constitución. A mí, más que a Martín, el mítico portero de Pachá, me recuerdan a las porteras de Céline.

Ciertas porteras de nuestros pagos sucumben a su tarea, se las ve lacónicas, tose que tose, deleitadas, pasmadas; es que están abrumadas, las pobres mártires, consumidas por tanta verdad.

Y quizás sea ésta la principal aportación de Valls (“En un mot? Je suis républicain, de gauche, français. Bref, Manuel Valls”) a la vida española.

Viernes, 28 de Diciembre

Valle de Esteban

Como una vela

jueves, 27 de diciembre de 2018

Haraquiris


Duque de Aiguillon, el falso haraquiri francés


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En la socialdemocracia todo es mentira, menos lo malo, y cuando se abre un costurón (“la extrema derecha”, ahora) la culpa nunca es del consenso, sino del chachachá.
  
La culpa fue del cha-cha-chá. / Sí, fue del cha-cha-chá / que me volvió un caradura / por la más pura casualidad.
  
En Andalucía los alipendes de Ciudadanos piden al socialismo que se haga el haraquiri de abstenerse a fin de que el picarón Juan Marín pueda desmontar un régimen de cuarenta años, con el sorayo Moreno de Verde Luna a su lado, sosteniendo un solo de corneta de la “Madrugá” para darle marcha a la “regeneración democrática”.
  
El haraquiri es un ritual japonés de suicidio por desentrañamiento sacado del bushido, el código samurái traducido por Millán Astray para su reglamento legionario. Pero los haraquiris políticos no existen: sólo son mitos propagandísticos. Así, el mayor hecho revolucionario de la Revolución francesa, que no son los crímenes de la Bastilla, sino la abolición formal del feudalismo mediante los juegos de manos (“de la ley a la ley”) del marqués de Noailles y del duque de Aiguillon (Armand Désiré, que invadiera Versalles disfrazado de verdulera): lo que se presentaba como una generosa renuncia aristocrática (¡el haraquiri de la nobleza!), con muchos “mueras” al Antiguo Régimen, sólo era una operación financiera para convertir en capital circulante el inmovilizado feudal, asunto esclarecido por Lefebvre, historiador marxista y, sin embargo, genial, que acuñó el decisivo concepto historiográfico de “mentalidad colectiva”.
  
Otro falso haraquiri político es el de las Cortes franquistas de la Reforma de Miguel Primo, pacto en pro de una “democracia gobernada” entre el miedo de los que estaban y la codicia de los que llegaban, base del terror que aún inspira en la derecha la posibilidad de parecer facha.

    En C’s, cuya cultura de la Transición son las citas de Sabina que hace Rivera, creen que Sánchez es su Aiguillon o su Primo, y Susana Díaz, Mishima de Triana. 

Jueves, 27 de Diciembre

Valle de Esteban

A mano derecha, según se va al Cielo

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Futuros

Joven español abandonado (esto es, sin enchufe) a la "convergencia europea"


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Alguien colgó en la Red el “nosotros (los americanos) adoramos a Dios, no al Estado” de un discurso de Trump, y la censura socialdemócrata de Twitter le pone el aviso de que “puede herir la sensibilidad” del receptor. Es el futuro, que ya está aquí, y que deja las autopsias de Yuri Dombrovski al estalinismo en novelas escapistas de Álvaro de Laiglesia.
    
No adorar al Estado es el pecado más grave contra la socialdemocracia. En buen juanismo progresista, “el que cree en el Estado tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Estado no verá la vida, sino que la ira del Estado está sobre él”.
    
En su Mensaje de Navidad el Rey ha invitado a los españoles a creer, no en el Estado, sino en la Constitución, que no es una Constitución política (limitada a las reglas del juego, que caben en siete artículos, como la americana), sino ideológica, a la europea, es decir, una carta a los Reyes Magos preñada de silogismos escolásticos que echan para atrás a los hijos de Twitter en España, donde la literatura democrática (y la filosofía política) es inexistente.
    
Como cualquier padre con hijos en edad de sacar un pie del nido, el Rey vive ya en ese sinvivir de la juventud que es el futuro: alguien tiene que ver que aquí, fuera del “mainstream” político (el enchufismo de toda la vida), los jóvenes salen con el título universitario de España para colocarse de camareros en Inglaterra (la famosa “convergencia europea” que prometían nuestros liberalios), donde, sin embargo, aprenden con el roce un monarquismo intuitivo, de pub (la polémica Filmer-Locke sobre la obediencia política alrededor de unas birras y unos dardos), en contraste con el proverbial “republicanismo” camastrón de la chinche hispana (nominillas del Estado) que infesta (“Miau”, Galdós, un siglo después) nuestra vida pública, de la cual el régimen socialdemócrata andaluz, de cuyo “haraquiri” ya intenta convencernos la propaganda, sólo es una caricatura.

    El “haraquiri” es cosa seria y merece folio aparte.

Guiso de sepia con setas



Festividad de San Esteban


Miércoles, 26 de Diciembre

Valle de Esteban

Al coger tu paleta, con un tiro en un ala

martes, 25 de diciembre de 2018

Nochebuena`18



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Nadie volvió a hacer la pregunta, pero ahí la dejó Madariaga (en una alocución radiofónica en la BBC en la Navidad del 45): “¿Por qué el comunismo y el nazismo persiguen el pesebre?”

El verdadero regalo espiritual de la Navidad es que el hombre no puede negar su humanidad sin caer en lo animal. El pesebre produjo una corriente educadora de vigor incalculable. Por eso Hitler se dedicó a la gente joven, para arrancarle de raíz todo elemento de cultura cristiana. Así se explica que Irma Greese, ahorcada hace quince días por su conducta en Belsen, hubiera perdido a los 22 años hasta los sentimientos más elementales de caridad.

La alcaldesa comunista de Madrid, que sabe más por vieja que por diabla, ha hecho este año, víspera de elecciones, un tarjetón de felicitación de… “la Navidad”, y en eso ya nos sale más lista que Obama, el Nobel de la Paz que en el país más religioso del mundo (sin religión no funciona la democracia, se trajo dicho Tocqueville de América) estuvo ocho años diciendo “Happy holidays” donde siempre se dijo “Merry Christmas”, y volvemos a la alocución de Madariaga, a quien los correligionarios de la alcaldesa madrileña llamaron “tonto en cinco idiomas”:

Bibliotecas enteras de filosofía moral no han ejercido sobre el progreso humano influencia mayor para hacer que se respete a todo hombre, por humilde que sea; a toda mujer, a todo niño, que esta sencilla escena del pesebre, representada de nuevo cada año en toda la Cristiandad.

En años sin elecciones, la alcaldesa comunista de Madrid, para no decir Navidad, decía “Fiesta de la Curiosidad”. ¡Ea! La vida que no es una gran curiosidad inteligente no vale la pena. Pero vienen unas elecciones, y lo que era curioso se vuelve navideño, con un tarjetón infantilón (reminiscencia de aquel José Ramón que ilustraba el socialismo puertohurraqueño de Guerra) que Silva, un vecino de Andanada en Las Ventas, describe, como quien vacía la cesta navideña de “Plácido”, así:

La felicitación de la v...: el avión de Pedro volando sobre Madrid, unos molinillos, tres ovejas, un paralítico tirado en el suelo sin ayuda, tres palomas en un banco haciendo el castellers, los Reyes en bicicleta y lo mejor es que abajo a la derecha hay un ataúd con ruedas, que debe de ser que ya han sacado a Franco.

Paz y bien.

Martes, 25 de Diciembre

Valle de Esteban

Hay un lucero quieto

Feliz Navidad


Pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía;
que eran joyas que la esposa
al desposorio traía.

san-juan-firma

lunes, 24 de diciembre de 2018

Feliz Navidad


Si amores me han de matar
¡agora tienen lugar...!

Dulce amo del mundo

 Madrid, ayer

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Ya se puede decir que el Madrid de Florentino Pérez, como la Inglaterra de Santayana, ejerce de “dulce, justo e infantil amo” del mundo. ¿Que Lucas Vázquez no es Dembelé? Pero es nuestra alondra.
¡Pobres alondras! –suspiraba Santayana–. ¿Es la proporción de materia pesada en sus cuerpos realmente menor que en los nuestros? ¿No tienen, en cierta medida, que trabajar, observar y temblar?



A Solari le vamos a perdonar el lírico alondrismo de Lucas Vázquez a cambio del épico mediocentrismo de Marcos Llorente, futbolistón en el que no repararon Zidane ni Lopetegui, y es para que les retiren varios puntos en el carné.
Lo de Solari con Marcos Llorente en el Madrid es un poco lo de Howard Hawks con Edward G. Robinson en “Pasto de tiburones”. Contaba Hawks a Bogdanovich que cuando uno decide hacer una película sobre un pescador (quien dice un pescador, dice un mediocentro, que viene a ser lo mismo) piensa: “¿Qué demonios hago con él?” El hecho de ponerle un garfio en el brazo ayudó mucho al personaje: amplió la brecha entre él y la chica y lo hizo peligroso en el sentido interesante. Cuando le dijo lo del garfio, Robinson contestó: “Howard, un ‘buen’ actor no necesita garfios”. El director: “De acuerdo”. Y el actor: “Bueno, hablemos”. Entonces el director se explicó: “No quiero saber nada más. Tú haz lo que consideres. Sé un buen actor. Acabo de perder todo interés por ti. No te pongas ese garfio. Sal ahí y demuestra lo buen actor que eres”. Y Robinson se presentó al día siguiente con el garfio en el brazo.



Marcos Llorente, que luce medias con agujeros como los soldados con baraka, es el hombre del garfio en el Madrid que se ha proclamado Campeón del Mundo en Abu Dabi. Un Madrid que luce mejor en las crónicas de Hughes que en las pantallas de TV (con Manolo Tse-Tse Sanchís de comentarista), pero esto es nuestra época (socialdemócrata) en todos los órdenes de la vida. Tampoco los campeones mundiales de ajedrez son Bobby Fischer, y no por eso echamos las fichas al suelo.
El fútbol, hoy, es un muermo que aburre hasta las lágrimas, pero la alternativa es la petanca, no los toros, donde se descarga la suerte igual que en el fútbol (el marcaje en zona es el destoreo a base de suerte descargada). Cómo será la cosa que la industria mediática, para poder llevarse algo a la boca, necesita tirar continuamente de Mourinho, despedido del United por no encabezar la Premier con Lukaku de delantero centro. Un entrenador acabado, en insinuación de Casillas, que a sus 37 años (edad en la que, según observación de José Martí, se clavan muchos genios: lord Byron, Watteau, Rafael) sigue, tan terne, papando córneres en el Oporto. (La otra edad fatal, sobre todo en la música, son los 27, esquina en que hincaron la picacha Jim Morrison, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Kurt Cobain, Brian Jones, Amy Winehouse…) Mas los números que hoy, aquí, importan son los que señalan al Real Madrid como el mejor equipo de la historia, de manera que Florentino Pérez ya puede ir por los palcos como Luis Miguel por Las Ventas, con el dedo de número uno en alto.
¿Y el Madrid, qué? ¿Otra vez campeón del mundo? –sería el nuevo latiguillo del abuelo de Majaelrayo.
¡Esos son los números, abuelo!



Otro gran cronista de esta Casa, Fernández Flórez, que había trabajado en Hacienda, no se fiaba mucho de los números: no se merecen, decía, la reputación de seriedad de que gozan. Su prestigio lo ganan en la escuela, esa incubadora de números. Luego, al salir al mundo, el número se malea y participa de sus conveniencias, de sus prejuicios, de sus pasiones, y en los Bancos consigue probar a veces que dos y dos son cero.
Las ideas suelen ser lentas, abultadas, de gestación laboriosa. Como los vertebrados superiores. Los números son ligeros, diminutos, prolíficos. Cada uno pone millones de huevos. Caen en nubes, como la langosta, y lo oscurecen todo con sus patitas de mosca, sus barriguitas de pulga, sus aguijones de avispa.
Las ideas, para hacernos una idea, precisamente, serían las Ligas, que cada vez tenemos menos, y los números, los Mundialitos, que cada vez tenemos más.



ZIDANE EN LA PREMIER

Las casas de apuestas y el “mainstream” mediático tocan el bombo de Manolo el del Bombo para que Zidane vaya a Manchester para hacerse cargo del United de Herrera, Fellaini, Pogba, Martial, Lukaku y Alexis Sánchez, un Faubert con buena prensa, hasta el punto de ser el futbolista mejor pagado de la Premier, como muestra de la recta organización del fútbol inglés. Zidane aportaría al plan su mágica flor, y Edward Woodward, el Ebenezer Scrooge de la situación, le exigiría la Champions. Quien en Madrid no hizo jugar a Marcos Llorente, podría hacer jugar a Pogba en Manchester. Otro milagro.

El valor más preciado de la Nochebuena



Intervención radiofónica de Salvador de Madariaga desde la BBC en 1945 para todo el mundo de habla hispana. 26/27 de Diciembre

WEEKLY REVIEW

Por Salvador de Madariaga

Esta semana celebra todo el orbe cristiano la fiesta de la Navidad...

Observemos, para empezar, que es una fiesta sincera y verdaderamente popular, que no ha menester de propaganda o apoyo oficial para transcurrir cada año en un torbellino de alegría pública y doméstica... Religiosa en unos ambientes, laica y callejera en otros, tiene la Nochebuena una doble calidad que la distingue como fiesta vivaz y vigorosa: es a la vez universal y local...

¿A qué se debe esta universalidad, valiosa cualidad de esta fiesta? En primer lugar, a que la fe que vino a simbolizar es humana y sin fronteras. El Hijo del Hombre vino a llamarse más tarde el Niño aquel día nacido; y con este nombre que escogió para Sí dio al concepto de hombre una universalidad sin igual. Se argüirá que ya existía el concepto universal de hombre en los clásicos griegos y latinos, y se recordará el verso tantas veces citado del poeta latino Terencio:

Hombre soy: nada humano considero ajeno a mí.

Pero va mucho de un concepto pensado a un concepto vivido. Y en la antigüedad en que se pensaba así se negaba toda humanidad a los esclavos. También hubo esclavitud después. Porque el hombre es incorregible. Pero, mientras en la antigüedad era la esclavitud cosa conforme al sistema, en el mundo cristiano fue siempre cosa contraria al sistema, y terminó por desaparecer.

Este sentido humano que no conoce colores ni fronteras es el valor más preciado de la Nochebuena, valor que el pueblo siente en todas partes al celebrarla. Pero hay en su simbolismo otros valores casi tan altos, y que también contribuyen a otorgarle fuerza y universalidad. En primer lugar, el de la dignificación de los humildes y la supeditación de los grandes al conjunto social.

El Niño, el Hijo del Hombre, nace en un pesebre y es el huésped de unos pastores. Y tres reyes -uno de ellos, negro, para que nunca falte el sentido humano- viajan largo tiempo para venir a adorarlo. Todo este simbolismo, tan dramático que ha conservado intacto su vigor original a través de los siglos, ha producido y mantenido una corriente educadora de vigor incalculable en estos últimos dos mil años. Corriente que dice a todos los hombres "respetad al tan humilde como el pastor" y que constantemente recuerda a los poderosos: "Inclinaos ante aquello que está por encima de vosotros, aunque sea un niño, aunque sea una mujer."

Tomos, bibliotecas enteras de filosofía moral, no han ejercido sobre el progreso humano influencia mayor para hacer que se respete a todo hombre, por humilde que sea su ocupación, a toda mujer, a todo niño, por humilde que sea el pesebre en que haya nacido, que esta sencilla escena representada de nuevo cada año en toda la Cristiandad... Importancia política, y no poca, tiene el que se renueve cada año en nuestro mundo el respeto al trabajador, a la mujer-madre y al niño indefenso.

Buena prueba de todo ello nos la viene a dar a contrario el proceso de Nuremberg. Las revelaciones que han venido haciendo los fiscales sobre las órdenes dadas por Himmler y sus secuaces para el exterminio de judíos, de polacos y de rusos, son el mentís más cínico y criminal que jamás se ha dado al espíritu de las fiestas de Nochebuena. Los feroces nazis desencadenaron sobre la triste Europa su guerra cruel tan sólo por haberse aislado del resto de la humanidad; por haber tenido la inaudita pretensión de erigirse en una estirpe de hombres por encima de los demás. Para tomar esta actitud, los nazis tenían primero que abjurar todo el espíritu de solidaridad humana que haya podido penetrar en los hombres de su país en 1940 años de cristianismo. El espíritu cristiano no conoce alemanes, ingleses o turcos; no conoce más que hombres. Por eso Hitler tuvo que empezar por perseguir a todas las confesiones que en Alemania propagaban la fe y las ideas cristianas; la iglesia católica como la protestante; hecho lo cual, se dedicó a la gente joven para arrancarles de raíz todo elemento de cultura cristiana. Así se explica que una muchacha joven, como la desdichada Irma Greese, ahorcada hace quince días por su criminal conducta en Belsen, hubiera perdido a los 22 años hasta los sentimientos más elementales de caridad.

Las revelaciones de Nuremberg, después de los cuadros siniestros de Belsen, Buchenwald y otros infiernos nazis, descubren un abismo infrahumano muy distinto del que a veces la historia ilumina en los tiempos primitivos o en los bárbaros de la humanidad. Los hombres que hoy se sientan en el banquillo de los acusados en Nuremberg pertenecen a uno de los países en donde el pensamiento técnico, científico y hasta filosófico ha logrado resultados más brillantes. Figuran entre ellos gentuza criminal y poco inteligente, como Julios Streicher; pero también hombres de cuya inteligencia general y técnica no cabe dudar; como Goering, Keitel, Sauckel, Jodl y otros más. Todos ellos aparecen comprometidos directamente en crímenes de lesa humanidad concebidos como operaciones políticas o sociológicas con una frialdad y una eficiencia técnica del cinismo más repugnante. Todos ellos, y los millares o cientos de millares de colaboradores que ejecutaron sus planes, son menos que hombres, no por sentencia nuestra, sino por decisión suya; porque ellos fueron los que por querer ser nada más que alemanes, se hicieron menos que hombres.

Pues ésta es la maravillosa enseñanza de Nochebuena, el verdadero regalo espiritual de Navidad: que el hombre no puede negar su humanidad sin caer en lo animal. El hombre no puede elevarse por encima de lo humano. Quiso el alemán hacerlo y cayó en la bestialidad repugnante del nazismo. El Niño que nació en Belén no es ni blanco, ni negro, ni judío, ni ario, ni alemán, ni ruso; es el hijo del Espíritu y de la Virgen, es decir, el hombre sin raza que vive en la Tierra sin fronteras para aprender a padecer. Por eso es la fiesta de Navidad fiesta de todos los hombres y todos los hogares donde una madre inerme protege a un niño más inerme todavía. Fiesta de solidaridad humana y de paz.

Pero -ya lo dice la palabra sagrada- de Paz tan sólo para los hombres de buena voluntad.

Irma Grese

Lunes, 24 de Diciembre

Valle de Esteban

En todo el cielo
hay un estrello.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Anda, que menudas navidades me estáis dando

Calle de Lista
Alcorque carmenitano

La paloma adieu, adieu c´est toi que j´aime
Ma vie s´en va mais n´aie pas trop de peine
Oh mon amour adieu!

El papayal

Puntos suspensivos


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Ayer era el “ciudadano” Garicano, que sabe decir “vilificar”, y hoy es el socialista Sebastián, nombrado por “Snchz” Sánchez consejero de Indra por saber escribir “Sebastian”, sin tilde.
–“Sebastian”, aprende a tildar primero tu propio apellido, antes de invitar al estudio –le dijo un tuitero ingenuo.
Aprendí a no tildarlo en EE.UU., donde viví varios años. Estamos en un mundo globalizado. Ahí no lleva tilde. Gracias por tu consejo local.
¡La globalización de la ortografía!
¿No será la literatura, toda, un inmenso papayal, y el desdén de algunos poetas por la puntuación un odio soterrado a la fruta, un temor a servir al lector de merienda? –escribe en “Cuerpos en bandeja (Frutas y erotismo en Cuba)” Orlando González Esteva, intrigado por la similitud de los puntos suspensivos y las semillas de la papaya.
Como diría el calvo de “Pawn Stars”, Rick Harrison. ¿qué tenemos aquí? Pues tenemos un papayal con un neozafio, Sánchez, y un cursi, Sebastián “Sebastian”.
Su partido es menos cursi y vulgar, menos inalfabético y más culto que el partido en que yo estoy –dice por carta Valera, liberal de Sagasta, a Menéndez Pelayo, conservador de Cánovas.
“Snchz” y “Sebastian” están en el mismo papayal, compartiendo afectación. Ruano, que estudió mucho al cursi y al zafio, acabó maliciándose que la zafiedad fuera una forma, poco estudiada, de la cursilería: al cursi le horroriza parecerlo mientras que el neozafio, con contactos en el gamberrismo, es un renegado del ambiente de donde sale y presume de todo lo contrario que el cursi.
Cada día encontramos más motivos de gracia para el condenado a cursi y más razones de condena para las desgracias del zafio voluntario. La característica del cursi es su insobornable humildad (contra lo que parece), y la del zafio, su infinita soberbia, aunque no lo parezca.
Lo cursi, en fin, es una aspiración “hacia arriba”; lo zafio, una aspiración “hacia abajo”. Pero todo esto no pasa de ser “una “impresión local” del papayal español.

Córdoba 4 L. Palmas 1. ¿Una raya en el agua?


Real Zaragoza con el tío de Lucas Alcaraz
(El último de pie no es Vallejo, sino Molinos)


Francisco Javier Gómez Izquierdo

La pérdida de calidad, que no de emoción, en el fútbol de 2ª División se ha acentuado esta temporada de modo alarmante. Falta calidad porque los que han de procurarla para sus clubes se han dado a la feroz recogida de beneficios por vía televisión y además, a cualquier veinteañero que da diez toques al balón sin que se le caiga al suelo se le factura al Japón, la India, Chipre o la tercera división inglesa sin importar la penuria en la que dejan a sus equipos, algunos con de ellos con más historia que muchos primeras. La descorazonadora tendencia la ha comprobado estos últimos quince días no sólo el aficionado del Córdoba sino sus dos últimos rivales, Zaragoza y Reus, con los que además de repartirse los puntos tras vergonzosos empates, han intercambiado quebrantos dolorosos.
    
El Zaragoza firmó al tercer entrenador, Víctor Fernández, que vuelve a su casa dice que  casi sin cobrar. Sólo por ayudar. Lucas Alcaraz lleva tiempo sin estar para enderezar rumbos torcidos por mucho cariño que como Víctor decía sentir también por el equipo maño, donde cuando pequeño jugaba su tío por parte de madre Manolo González. La afición blanquilla no tuvo consideración por los sentimientos de un granadino que se hizo del Zaragoza en la tierna infancia y al tercer día exigió su  inmediato despido. Veremos qué puede hacer Víctor con un plantel un tanto bisoño, escaso y además dividido. De momento ha ganado su primer partido contra el Extremadura. Ni que decir tiene que la cuestión económica amenaza ruina.
     
El Reus no debió jugar la pasada jornada contra el Córdoba. No nos gustó aquel pago de nóminas en sábado sin saber si todos habían cobrado y así lo pusimos. El dinero que llegó enredó aún más a una plantilla de once o doce profesionales que va a estar en entredicho toda la temporada si no desaparece de aquí a cuatro partidos, que será lo más probable. Pase lo que pase es seguro que esos futbolistas, aún sin querer, adulteran la competición porque sus ánimos y sus cabezas no están a lo que tienen que estar, pues saben que en junio descienden seguro.
    
Nosotros, el Córdoba, a pesar del bálsamo de esta noche, estamos tan intranquilos como Reus y Zaragoza. Resulta que en el ABC salió una peripecia truculenta del actual propietario del Córdoba, un señor de Montoro que yo creo que no sabe dónde se ha metido. Al parecer se fué a Ucrania a verse con unos tipos –qué mal suena empresarios ucranianos- para vender el club que acaba de comprar -aún lo debe- a muy buen precio. Los ucranianos dicen que el cordobés quería unos millones en negro y que se rompió el trato a punto de cerrarlo. Resulta que se publica el sueldo del presidente del Córdoba, el señor de Montoro, y es de medio millón de euros al año a pagar en dos veces y va el buen señor y dice que lleva cuatro meses sin cobrar. Cosas muy raras, la verdad y sobre todo poco edificantes.
     
En un flojo ambiente aliñado por el mosqueo de las noticias de la propiedad,  ha llegado Las Palmas, un equipo con buena plantilla pero a mi parecer sin alma. Tocan bien, los futbolistas son técnicos: nuestro Fidel, Timor, Rubén Castro, Araújo, el que más me ha gustado ha sido un zurdo que no conocía, Danny Blum... pero algo les pasa a todos. Personalmente pensaba que nos ganaban cuando Rubén Castro nos ha clavado el 1-1 y se han plantado los diez de medio campo para arriba, pero una fragilidad defensiva -penoso día el de toda la línea: Lemos, Cala, David García y el gemelo Castellanos- ha facilitado el 2-1 de Piovaccari. Aún así, han seguido dominando hasta producirse uno de esos momentos mágicos que hacen inolvidables ciertos partidos. No sé qué jugador amarillo ha rematado a bocajarro para el 2-2 y Carlos Abad, nuestro portero, que ya había salvado otro gol cantado, no sé cómo ha conseguido espantar un balón de gol y el rebote llegar al joven Andrés, que en carrera, desde el propio campo ha metido el 3-1. En otro contraataque desnudador de miserias defensivas, Piovaccari hace el 4-1 ante un Arcángel incrédulo y rendido que entonó el canto al héroe del día, “Pío, pío” para alargar la confusión canaria.
       
Para mí el héroe ha sido Carlos Abad, que convirtió el partido en una borrachera alegre de la que no vamos a notar la resaca hasta el año que viene.

Feliz Navidad cordobesa


Feliz Navidad a todos  los Salmonetes... desde Córdoba.
 Con mis mejores deseos de salud y prosperidad.
FJGI

Domingo, 23 de Diciembre

Valle de Esteban

¿Dónde está el herbario?

"Todos os odiarán por mi nombre"

DOMINGO, 23 DE DICIEMBRE

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

-No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.

Mateo 10,17-22

sábado, 22 de diciembre de 2018

Vilificar

El otro Gramsci (el que no era de Torresandino)


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Enigma resuelto: Ciudadanos es el partido del progre que sabe decir “vilificar”, aunque un homeópata como Toni Roldán, en la barra de Embassy y a la tercera copa, podría llegar a decir “resiliencia”, que con el empoderamiento y la gobernanza del prograjo de toda la vida dan para surfear las últimas olas socialdemócratas.

Felicidades a Soros, merecida persona del año del Financial Times por su incansable trabajo por la libertad y las sociedades abiertas, que le ha expuesto a ser vilificado por lo peor de nuestras sociedades –tuitea Garicano, apellido de resonancias gubernativas en el franquismo, tú sí, tú no, con el Fuero de los Españoles en mano, como ahora, con la Constitución “que con tanto trabajo nos dimos todos” también en mano, hace Rivera.
¡Vilificados por el fascismo, pero empoderados por la centralidad, marchemos francamente por la resiliencia hasta la gobernanza final!
Esto de “vilificar” es como la “vividura”, que rima con caradura, de Américo Castro, pero viene del latín, un latín que se resiste por sus anacolutos, elipsis y endíadis, reproche de los críticos al latín de San Benito.
La de Garicano a Soros es felicitación entre antiguos alumnos de la London School, que es decir entre filántropos (en los ambientes finos, la socialdemocracia, por si se les colara algún obrero, recibe el casto nombre de filantropía): Soros fue el mayor donante de Hillary Clinton (“es que si ganara Trump se hundiría la Bolsa”), y Garicano quería quitarnos el Ave, que también es dar, siquiera por donde amargan los pepinos, muy lejos, eso sí, del donante mayor, Sánchez, el tipo que se estrenó en La Moncloa recibiendo a Soros, y que ahora en Barcelona, con un espectáculo de alta traición muy nuestro, ha hecho la Donación de Constantino a Torra Pla, que tanto nos vilifica.
De la grandeza de los personajes da una idea la confidencia de Verstrynge a Dragó: Soros contribuiría con algunas perrillas a la gacetilla liberal de Escolar, el Gramsci de Torresandino.

Sábado, 22 de diciembre

Valle de Esteban

Edipo nacerá de una pupila

viernes, 21 de diciembre de 2018

La cuestión

The Comedy of Terrors
(Sánchez, entre Guirao y Marlasca, ante "la cuestión catalana")



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Pedro Sánchez echa de menos el voto popular como Proust el beso de buenas noches de su mamá, y esa carencia la compensa con palmadas en la espalda que recibe de quienes, al modo español, le van sacando cosas que, en cualquier caso, no son suyas.

A Sánchez le cantaron mucho el despliegue policial que hizo posible en Madrid un River-Boca sin que se oyera una mosca (“¡Que suelten la mosca!”, se oyó a Sánchez mandar en el palco del Bernabéu), y hoy, con el pretexto de un consejo de ministros, quiere repetir la gesta en Barcelona, donde Marlasca y su “Lenín” le han preparado un desembarco de Normandía (¡la normalidad!, que diría Eisenhower despidiendo la flota en el Canal) a imitación del que cada año, por septiembre, hace Carlos V en la playa de Tazones.
El de Sánchez en Barcelona representa el cuarto desembarco funesto para España (tras los de Tariq en Gibraltar, Colón en San Salvador y Carlos V en Villaviciosa que cita Albornoz). La Lonja de Mar sería a Sánchez lo que el Palacio de Ayete a Franco (¡los cuarenta de Ayete!), y su gótico parece lo más indicado para el “remake” de “The Comedy of Terrors” de Tourneur que es este gobierno que nadie ha votado, con dos ministros estrella, Marlasca, el Patton de la situación, y Guirao (“Guirado” para Carmen Cafranga), que viene de la industria del cine (el libro de los que no leen libros) de Pulpí y tiene mano para estas performances.

¡Perico Sánchez y la cuestión catalana!

En este folio tenemos dicho que el sanchismo es un pompeyismo pasado por los bares de Chueca.
Nosotros preferimos decir “cuestión catalana” y no catalanismo –dice don Pompeyo Gener, el Ortega catalán, que nunca se repuso de la pena de que le cortaran la pierna a su ex amante Sarah Bernhardt (“yo, que en París fui el rey de la moda, he de resignarme a llevar este pardesú miserable”).
Para Pompeius, “Cuestión catalana” significa la cuestión de toda una raza, la suya, con otra, la nuestra, que “se va… acarnerando”.

¡Acarnerando!

Revolución, democracia y "chalecos amarillos" (2 de 2)


 Ingenioso pero apócrifo

Jean Juan Palette-Cazajus

Entre los eslóganes y las pancartas de los “chalecos amarillos” proliferan las citas y evocaciones de la “Gran Revolución”. (Recordaré que la formulación mayuscular, lo mismo que la de “Gran Nación” no se deben al ombliguismo galo sino a la pluma de Immanuel Kant). Baste recordar que el pobre Macron se ve comparado con Luis XVI y amenazado con verse parecidamente cercenado por la guillotina. Sólo hubo una revolución en la Historia y fue efectivamente la francesa. Porque operó el tránsito de una sociedad regida por el orden divino a una sociedad regida por el orden humano. Dicho de otra forma, llevó a cabo la metamorfosis de unas sociedades determinadas, desde la aparición de los primeros grupos humanos estructurados, por unas representaciones mentales heteronómicas, en unas sociedades determinadas por la autonomía de la razón crítica. Aquella revolución lo fue precisamente porque advino sin saber que lo era ni poder anticiparse a sí misma. La presunta respuesta del duque de la Rochefoucauld a Luis XVI “¿Es una revuelta?”, “¡No, Majestad , es una revolución!”, “è ben trovata”, que dirían los italianos,  “ma non è vera” en absoluto. La Revolución Francesa fue a la vez el barco y las olas que lo zarandeaban. Sus protagonistas se encontraron a bordo de una nave anónima cuyo nombre les cupo decidir al propio tiempo que se veían acorralados por un doble desafío: evitar que el navío naufragara y, a la vez, arrumbarlo hacia un puerto hipotético, que sólo podía existir en sus cabezas.

 Erotización y represión

Después del inaudito terremoto de la Revolución Francesa pudo configurarse el concepto de “revolución” y la consiguiente representación mental se instaló entonces en las cabezas. Nació así en el imaginario occidental un concepto salvífico fundamental, un equivalente terrenal de la escatología cristiana. Deriva bastante lógica a poco que recapacitemos y consideremos que la razón autónoma no funcionaba en el vacío interestelar sino asentada sobre el sedimento histórico y cultural de la historia y las mitologías judeocristianas. El concepto de revolución sería impensable sin la particular teleología de nuestra religión dominante. La revolución social se convierte pues en la versión moderna de la puerta del paraíso, en el “Santo Advenimiento” como la calificaba lúcidamente Salvador de Madariaga. El quid pro quo es trágico: detrás de la puerta del paraíso decíase que aguardaba la felicidad eterna; detrás de la revolución sólo aguardan la contingencia humana y los pedregales de la Historia. La Revolución Francesa fue un cataclismo porque operó el tránsito de un orden literalmente “prehumano” al orden humano. Si considerásemos que la existencia del orden heterónomo, el que nació con los primeros grupos humanos mínimamente organizados, corresponde a la duración de un día, el tiempo transcurrido desde la Revolución Francesa apenas si llegaría al último minuto de ese día. Un minuto, pues, llevamos viviendo, proporcionalmente, en la era moderna del individuo en tanto que sujeto responsable y autónomo. Hasta podemos entender por qué sigue habiendo cabezas incapaces todavía de acceder a la mayoría de edad. 

Quiero decir que si la Revolución Francesa fue una revolución ontológica, es decir vertical, las que siguieron fueron absurdas tentativas horizontales. Dicho de otra manera la Revolución Francesa arrancó el destino humano a las determinaciones metafísicas. Las revoluciones que siguieron fueron y siguen siendo una tentativa infantil de devolverle al Hombre un horizonte metafísico. Pero ya no existe manera de imponer horizontes metafísicos sin que medien la coerción y el terror. Todas las presuntas revoluciones posteriores a la francesa fueron horizontales porque ya no pretendían subvertir la verticalidad del viejo orden sobrenatural sino actuar sobre la naturaleza terrenal de las sociedades humanas. Su objetivo eran la justicia y la igualdad social. También la Revolución Francesa fue una revolución social y éste fue el sector donde más cojeó. Las revoluciones sociales fracasaron sistemáticamente porque trataron de imponer una terapia mágica a cuestiones que sólo pueden abordarse desde la racionalidad ética. La debilidad de los franceses es la propensión a anteponer la igualdad a la libertad. La debilidad de los americanos es la inversa. Seguimos sin saber cuál es el peso real en la sociedad de los “chalecos amarillos”. El número de los que salieron a las calles siempre fue minoritario. No creo no obstante que se trate de una pura creación mediática como proclaman algunos. Pero lo que ciertamente fortaleció el movimiento fueron las encuestas que le atribuían al principio un apoyo muy mayoritario de la opinión pública, apoyo que fue bajando al hilo de los desórdenes y los desbordamientos de los famosos “sábados insurreccionales”. Es evidente que los “chalecos” se miraron y se vieron muy guapos en el espejo de los medios, se mitificaron a sí mismos y se autoerigieron -tendencia muy francesa como muy bien explicaba Peter Sloterdijk- en la encarnación  del “pueblo soberano”. Hoy las democracias occidentales, más que una realidad, son efectivamente una representación posmoderna y teatral de sí mismas. 

 Hace cinco días

Puro teatro fueron aquellos sábados truculentos, durante los cuales poco les faltó a algunas agencias de viaje para organizar “tours” que permitieran observar, desde barrera de sombra, al auténtico pueblo francés practicando su actividad favorita: “la revolución”. Detrás de los antidisturbios -los llamados CRS, o sea “Compañías Republicanas de Seguridad”-, detrás de los manifestantes, o en medio de unos y otros, eran muchos cientos los fotógrafos, cámaras y reporteros de universal procedencia, conectando en directo entre las nubes de gases lacrimógenos y el resplandor de las hogueras. Como decía un corresponsal inglés: “Para un reportero, una manifestación en París es como una función en la Scala de Milán cuando se es aficionado a la ópera”.Y aquellos que manifestaban porque se consideraban los parias de los ghettos periurbanos, inflaban el pecho y pergeñaban, para los micros en directo, frases que sonasen a Saint-Just o Robespierre, o componían la figura y heroicizaban el gesto en el momento de atizarles un adoquinazo a los CRS. Mientras tanto, dos acendrados demócratas y humanistas, Vladimir Putin y Recep Erdogan, suplicaban a las autoridades francesas moderar el uso de la violencia contra el propio pueblo. Lo cantaba La Lupe (1936-1992), “tremenda” cantante cubana:  “¡Puro teatro!”.

O “carnavalización” de los momentos políticos como los llamaba Sloterdijk en la famosa entrevista. En la misma, reprochaba a un conocido polemista francés el que llamase “Jacquerie” a la revuelta de los “chalecos amarillos” cuando la participación de los labradores había sido inexistente. Fue un fallo en el dominio del francés por parte de Sloterdijk, que mostraba desconocer que si la palabra  “jacquerie” se refería originalmente a las antiguas y anárquicas revueltas campesinas, cosa que yo apuntaba en una nota, hoy se emplea en la general acepción de una revuelta errática y sin objetivos claros. De modo que a mí también me vino en mente, desde un principio, la palabra “jacquerie”, algo que me lleva a compartir lógicamente el criterio del pensador alemán cuando nos dice que «el movimiento de los “chalecos amarillos” expresa de manera clamorosa la gran crisis de la representación en que estamos inmersos». En este sentido el rechazo de la representación, la idea, tan extendida entre los “chalecos”, según la cual los parlamentarios y los cuerpos intermediarios sólo pueden ser parásitos, ladrones, inútiles o traidores de la voluntad popular, es característica de las culturas democráticas en estado de precariedad.

 Louis-Antoine de Saint-Just (1767-1794)

Para empezar, la democracia no es un tipo de régimen político. Solo puede ser una hipótesis filosófica. Los valores democráticos sólo actúan en tanto que categorías rectoras como decía Kant. Fundamentalmente, lo que se entiende por democracia sólo debería ser posible en una sociedad de humanos perfectos. Por algo decía precisamente el sabio de Koenigsberg que “nada recto se puede hacer con el árbol torcido de la humanidad”. Peor aún, la democracia, porque azuza la inteligencia humana, porque estimula el espíritu crítico, porque extiende y aleja la línea de los horizontes hasta el vértigo, tiende a provocar mayores frustraciones que satisfacciones. Creo que algo de esto contaba el gran Camus en “El Hombre Rebelde”. Lo comprobaré cuando tenga un rato. En una sociedad abierta, es decir abierta a los cuatro vientos, siempre existe el riesgo del resfriado. No nos engañemos, la mayoría de los soviéticos acataba el estalinismo que les garantizaba la supervivencia y tenía cerradas a cal y canto las paredes del inmenso establo contra toda corriente de aire fresco. Eran indiferentes al Gulag. Más casi que la ausencia de libertades, a mí me acongojaba la aquiescencia borreguil de la mayoría de la sociedad española a la cutrez existencial del franquismo. Las grandes apuestas de la democracia son también su talón de Aquiles: considerar que a nadie le gusta ser mediocre, olvidar que la obediencia es más confortable que la libertad.

Si las democracias, por definición, son muy imperfectas, es absolutamente legítimo el propósito de mejorarlas. El problema es que casi siempre los remedios propuestos tienden más bien a acabar con ellas. Lo mismo propuestos por los de “Podemos” como propuestos por los “chalecos amarillos”. Todos los curanderos de la democracia tienen problemas con la “representación”.  Todos quieren buscarle atajos, todos creen en una poción mágica, la de la “democracia directa”. En una sociedad moderna constituida por muchas decenas de millones de destinos individuales, socialmente segmentada en multitud de fracciones sociales, económicas, ideológicas, la simple idea de la “democracia directa”,  antes ya que impracticable, es inconcebible. Durante la gran acampada del “15M” en la Puerta del Sol,  las asambleas reunían algunas decenas de participantes ideológicamente miméticos, cuyos debates eran puramente retóricos, exentos de cualquier impacto concreto sobre el organismo societal. Con todo a favor, eran a menudo incapaces de llegar a decisión alguna. Atenienses del campo y de la ciudad, había, a la muerte de Pericles, unos 350 000 entre esclavos, metecos (griegos no atenienses) y bárbaros (extranjeros no griegos). Los ciudadanos, varones mayores de 20 años, hijos de padre y madre ateniense, no llegaban a los 50 000. A la “ekklesía”, la asamblea de los ciudadanos, no solían acudir más de 2000. Y para mayor inri, los escritores griegos se han hartado de contarnos los estragos de la demagogia, de las trampas y de la corrupción en aquella democracia originaria. Pero hoy, seguimos acordándonos de Atenas, no de Esparta.

 Impongamos el RICARD

Los sectores más reflexivos de los “chalecos amarillos”, o los asesores de buen consejo que les van saliendo de debajo de las piedras les vienen comiendo el coco con la nueva poción mágica de la democracia: el llamado RIC, o sea Referendum de Iniciativa Ciudadana. Los graciosos lo llaman RICARD, (Referendum de Iniciativa Ciudadana, Apolítico, Republicano y Democrático) como la tradicional bebida anisada. Es la supuesta solución, creen ellos,  para devolverle la iniciativa al pueblo. No niego las posibilidades del RIC. Pero no es ninguna panacea y los “chalecos”, tan críticos con los costos de la democracia, parecen no tener idea del inmenso esfuerzo financiero, logístico y administrativo que supone la organización de un referendum. Muchos “chalecos amarillos” confiesan ellos mismos no formar parte de quienes acuden con fiel prontitud a la llamada de las urnas. Dudo de que les dure mucho el entusiasmo inicial por la vía referendaria. Lo más grave es que lo que estimula a los  chalecos amarillos”, desde la perspectiva de su virginidad política, es la idea de que la organización de algún que otro referéndum sobre sus reivindicaciones inmediatas sólo podría terminar en una victoria cantada. Algo muy dudoso. Piensan, y no son los únicos, que la democracia sólo cobra sentido cuando ganan los suyos. Huelga decir que la genuina piedra de toque democrática se parecería más bien a la actitud contraria.

 El tiempo del Estado no es el de la calle

Para seguir con las metáforas náuticas, la nave macroniana ha quedado seriamente maltrecha por la marejada y no sé cómo podrá completar la travesía. El hombre tiene recursos y me gustaría  pensar que el resto de la sociedad también. El inesperado presidente paga una mirada y un corazón excesivamente tecnocráticos. No se puede hablar de “fin del mundo” a gente obsesionada por “el fin de mes”.  El fenómeno de los chalecos amarillos acaba de mostrar que también en Francia el funcionamiento de las instituciones democráticas padece entre desengaño y graves fisuras. Tal vez porque hace tiempo que ya no queda en Europa ningún totalitarismo a mano para actuar como repelente. Tal vez porque la cultura de las nuevas generaciones se la proporcionan los estimulantes centelleos de la pantalla del smartphone, no la serena actividad neuronal. Según una encuesta de  noviembre 2017, en muchos países europeos la frustración con las instituciones democráticas era mayoritaria en la opinión pública. Encabezaban la lista los países del este: Bulgaria (82% de insatisfechos), Hungría y Croacia (80%), Eslovaquia (74%), Rumanía (67%), Chequia (60%) y Polonia (59%). Entre los países occidentales, Italia tenía 79% de insatisfechos, Grecia (63%), España (60%) y Francia (53%). Una media europea del 33 % consideraba que existen sistemas alternativos tan buenos como la democracia. China va extendiendo inexorablemente su sombra sobre el mundo. Ni en la tradición cultural china ni en la lengua clásica existieron nuncan los conceptos de democracia ni de libertad individual.

Pd: Los países satisfechos con sus instituciones eran Noruega con un 83% de los encuestados, Suiza(79%), Dinamarca (75%), Finlandia (74%), Países Bajos (67%), Austria (64%), Alemania y Suecia (63%), Estonia (59%).

 Sin palabras