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miércoles, 21 de noviembre de 2018

Botón Rojo

León Duguit


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El gobierno que nadie ha votado amenaza con una convocatoria de elecciones, “el botón rojo que tiene el presidente”, al decir de su ministro de Áridos. Eso no es falta de representación; eso es falta de vergüenza.
Nuestro Marsilio de Padua, Cebrián, durante cuarenta años pastor de las “elites” intelectuales de España, achaca la “crisis de la democracia representativa” a los algoritmos de Twitter y Facebock, que hacen que vote gente que no había votado nunca, con lo que eso supone.
El principio representativo constituye, en efecto, la base teórica del liberalismo político. Pero es un principio que desde el principio tuvo sus pegas. ¿Y si votan los pobres y se ponen a hacer leyes para pobres? “Voilà!” ¡El populismo! Contra el peligro populista, los liberales, meñique en ristre, decidieron que sólo votarían los propietarios, al menos hasta que los partidos completaran la domesticación de los pobres mediante la representación proporcional de listas de partido, birlibirloque metafísico por el que la casta política adquiere la facultad (ciertamente cínica) de representarse a sí misma en el Parlamento.
Los miembros del Parlamento gustan de presentarse como los intérpretes de la voluntad nacional soberana –escribe, ¡hace más de un siglo!, León Duguit–. Pero esto son palabras, nada más que palabras vacías de sentido. Mas en todas partes, y particularmente en Francia, las palabras son una fuerza.
El birlibirloque metafísico es alemán, y sus inventores lo presentan, tras la segunda guerra mundial, como la superación del liberalismo representativo con llegada a la democracia directa de Rousseau (¡democracia alemana!), que en España unas veces es González, y las demás, Zapatero o Sánchez.
El moderno Estado de partidos –dicen los alemanes– no es más que una manifestación racionalizada de la democracia plebiscitaria, un sustituto de la democracia directa.
Y el “botón rojo” de la representación lo tiene Sánchez, “el presidente del gobierno, es decir, mi persona”.

Miércoles, 21 de Noviembre


Visita de hospital

martes, 20 de noviembre de 2018

Decretario

Nietzsche


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Uno manda y los demás obedecen. La política no es más que la lucha por ser el que manda, y la democracia, un simple intento de dignificar la obediencia: obedeces únicamente a quien has elegido para que te mande y lo puedas fácilmente deponer.

El Estado de Partidos, que es lo nuestro, hace indigna la obediencia. Su lema, y ahí tenéis ahora a un tal Sánchez, es el “Sit pro ratione voluntas” de Juvenal. Para mantener su impostura, el tal Sánchez necesita de la arbitrariedad, “una emoción que necesita expresarse”.

Haced vosotros las leyes y dejadme que yo haga los reglamentos.
Un tal Sánchez es el Romanones que se vende en los chinos y que en vez de reglamentos dicta decretos sin principios de juricidad que, acostumbrados a las directivas ejecutivas de la Unión Europea, obra maestra de la confusión de poderes, obedecemos sin rechistar.
La experiencia indica que en política todo tonto rompe a bribón. Hitler no era muy listo, pero a través de las gateras de un Estado de Partidos llegó a canciller. Eso fue un mes de enero, y en marzo su gabinete fue investido de poderes legislativos ilimitados, incluido el de apartarse de la Constitución, cumpliéndose así el deseo del partido del Führer de gobernar por decreto, que no tiene naturaleza, pero sí vigor de ley, y que no deja de ser una forma francesa (el decreto-ley fue la frutilla jurídica de la cultura dictatorial de Francia) de mandar.

El decretario del tal Sánchez revela a un vulgar suplantador de la razón por la voluntad. Está bien visto pavonearse de la voluntad, pero no de la belleza. El tal Sánchez, sin embargo, se pavonea de su belleza, cuando el fundamento de su mando en un sistema que hace indigna la obediencia es su voluntad. Y si la “voluntad de poder” nietzscheana es, según Sloterdijk, una teoría filosófica de la cultura del motor de gasolina, los decretos de Sánchez contra el diésel serían como el canto del chivo de un “Übermensch” sanchista. El eterno retorno del bruto puesto a mandar.

Un globo, dos globos....

 Calle de Lista

La larala larala larala la la larala larala la la

Martes, 20 de Noviembre


Ay ruada, ruada, ruada

lunes, 19 de noviembre de 2018

Vuelve Casillas



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Antes de que en el ránking lo alcance Ramos, Casillas quiere volver al Combinado Autonómico.
Hay porteros-gallina y hay porteros-sardina.
En lo que un portero-sardina pone en silencio un millón de huevos sin que nadie se dé cuenta (Courtois), el portero-gallina pone un huevo y lo cacarea de tal modo que todo el mundo se entera (Casillas).

A Casillas le hace ilusión volver al Combinado Autonómico porque allí (gracias al frasco de colonia que le cayó a Cañete en un pie) pasó muchos buenos ratos. Suponemos que no es el único portero con esa ilusión: pienso en Bernardo, portero de la Cultural Leonesa, que nunca fue llamado a defender la patria del balón, y pienso en Feliciano, portero del Onteniente, que también fue librado del servicio.
La ilusión de Bernardo y Feliciano no le quita el sueño a Luis Enrique, a quien la ilusión de Casillas, sin embargo, le puede costar el puesto, si no pasa por ese aro como pasó finalmente por el de Jordi Alba, mezcla de Cafú y Maldini con gotas de Thuram, al decir del periodismo que inventó “La Roja”, el mismo que ahora lleva la campaña de “agit-prop” contra De Gea para hacerle el hueco a Casillas, el Yashin de Móstoles.
De Gea, que trabaja para Mourinho y que no trabaja para Florentino Pérez porque un fax llegó tarde a una oficina, es el mejor portero de la Premier, elegido por sus compañeros, y el peor portero de España, elegido por los periodistas, que lo acusan de no salir: no de la portería, que eso les da lo mismo, sino del Combinado Autonómico, amurriándole la ilusión a Casillas: “No nadie, nadie, nadie, / nadie se olvida, Íker / Ni el final: tu salida, / oso rubio de sangre, / desmayada bandera en hombros por el campo”.
Pobre De Gea, tan cerca de Dios, que es Mourinho, y tan lejos de los Estados Unidos, que son España. Camino de Rusia, donde los hackers de Putin sabotearían los cojinetes de nuestro tiquitaca del muermo, De Gea no aplaudió al presidente del gobierno que no ha votado nadie, Sánchez, que antes de llegar a presidente por las gateras del sistema político ya ejercía de bocachancla, con declaraciones por las que nunca ha ofrecido disculpas. Por ejemplo: “No me siento cómodo viendo a De Gea como portero de la selección española después de ver su nombre salpicado y denunciado por una menor”.
Ahora, contra Croacia, con “Beckembauer” Ramos y “Cafú” Alba por delante, ponen como chupa de dómine a De Gea, con tal de meterle a Luis Enrique a Casillas en el vestuario, y a ver qué pasa, de manera que a De Gea no le queda sino citar a Isaías igual que Kéylor citó a Jeremías.
¿Por qué siendo el mismo Espíritu Santo el que hablaba por boca de Jeremías e Isaías, escribía éste con tanta elegancia, y aquél apenas sabía escribir? –pregunta San Jerónimo.
Pues porque Isaías era un caballero ilustre, criado en la corte de Jerusalén, por lo que tenía elegante palabra, mientras que Jeremías, nacido y criado en la aldea de Anatolitos, era, como aldeano, de basto y rudo lenguaje. ¿Es mejor Kéylor que De Gea? En el United pensaron que no y lo retuvieron por el simple procedimiento de enviar tarde un fax al Madrid, que se quedó con Kéylor, aunque ya con el mal rollo del matrimonio que tira para adelante con el visto bueno a la infidelidad. El Madrid le fue infiel a Kéylor primero con el United y luego con Courtois, pero que levante Courtois las orejas porque a Casillas también le hace ilusión volver al Madrid.
De Casillas se llegó a decir, con motivos, que salía de su portería menos que el Gran Poder de noche, y quienes quieren devolverlo al Madrid y al Combinado Autonómico acusan a Courtois y a De Gea… de no salir.
Por lo que tiene de diversión, hay que apoyar la vuelta de Casillas (¡que vuelve siempre como las caras de Belmez!), y en compañía, a ser posible, de su collera en el Príncipe de Asturias, Xavi, el tipo que oía crecer el césped. “¡Roc rurá!” Sería, en fin, como ver volver a La Charanga del Tío Honorio.




LOS MATICES DE SOLARI

Gracias al contrato de tres años que Forentino Pérez le ha firmado a Solari por ganar al Melilla y al Celta, nos enteramos por la prensa especializada de que el carácter psicológico de un contrato viene dado en la fórmula de la estipulación romana, de la cual se pone este ejemplo: “Stipulator (estipulante): centum mihi dari spondes?” (¿prometes darme cien? “Promissor (prominente): spondeo (prometo)”. Eso incluye la decimocuarta Copa de Europa (de la cual nada dice el derecho romano). Al final, resulta que toda la literatura argentina de Solari cabe… en Lucas Vázquez, que es como el conejo de Valdano que te dan en la feria. Comenzó como entrenador en el Cadete B del Madrid, debutando contra el Palomeras, cuyo míster, Del Horno, no se ha repuesto de la impresión: “Empezamos mejor que ellos. Pero Solari corrigió su 4-4-2 inicial por un 3-5-2 y eso cambió todo. Un matiz táctico nos fulminó y perdimos 6-0”.

1-3 Demasiado premio para el Cádiz

 Salvi, la  joya del Cádiz


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Cuando se pierde en el último minuto, y sobre todo si se han hecho mas méritos que el rival para llevarte el partido, dicen y es verdad que se te queda cara de tonto. Así nos hemos quedado los cordobesistas en El Arcángel cuando Marcos Mauro ha marcado el 1-2 en un córner forzado por la inconsciencia de uno de los más veteranos de los nuestros, De las Cuevas, empeñado hoy que tenía el día salado, en ganar el solo el partido. Yo no he podido resistir un “¿qué haces?” cuando se ha puesto a driblar en la línea de medios propia en el minuto 90 con cuatro compañeros lanzados hacia portería. Un buen pase de primeras o de segundas hubiera asustado al contrario, pero se ha liado como un novatillo. Se le agradece la intención, pero hemos de reprocharle la calaverada como si fuera uno de aquellos “enteraos” gaditanos que se tiraban veinte años en los juveniles. Él, que ya está en los treintaytantos. Ha jugado muy bien De las Cuevas. Ha marcado un gol de clase. Pegando con el interior  desde la frontal del área y dando un efecto matemático para que no llegue el portero. Ha cogido resuelto y firme el balón para lanzar una falta que suele ser cosa de Javi Lara o Aguado y lo ha puesto en la escuadra, pero el larguero lo ha rechazado botando justo en la raya de portería. Gol fantasma que el árbitro no ha dado. Hubiera sido el 2-1.

        El Córdoba ha tenido más ocasiones, ha puesto más juego, pero en un minuto ha perdido el partido ante un Cádiz que nos tiene cogida la medida. Siempre nos pasa algo contra el Cádiz. Hoy, que íbamos a jugar como le gusta jugar a Álvaro Cervera, el míster gaditano, se nos han lesionado las flechas previstas, Jovanovic y Jaime, antes del primer cuarto de hora. Lo que tenía preparado Sandoval se ha ido al garete en un pispás. A partir de ahí, el Cádiz ha contemporizado a la espera de un contraataque letal que ha materializado el joven Vallejo para el 0-1 y  Aketxe para el 1-3. El 1-2 de Mauro venía como digo de mirada gorgonera que ha convertido a nuestros defensas en estatuas de piedra. A nuestros defensas, a nuestro entrenador, destituido nada mas pitar el señor Pérez Pallas el final del partido, y a todos nosotros, incapaces de restregarnos los ojos ante tanta adversidad.
     
El Cádiz es equipo construido para el contraataque como les vengo diciendo estas temporadas de Cervera. El portero Cifuentes tiene ya 39 años y sabe poner nerviosos a delanteros y público hablando mucho con el árbitro y perdiendo todo el tiempo posible para llevarse, hoy por ejemplo, un valioso punto. Luego ha pasado lo que ha pasado. Los laterales Rober Correa, canterano del Español, y Brian Oliván del Barça iban a ser sometidos a difíciles pruebas dadas sus inclinaciones más bien aceleradas, pero como se han lesionado los señalados para tal misión, han sacado el partido con un aprobado. Imagino que el eterno y  grandote  Sergio Sánchez ha venido a Cádiz a jugar sus últimas temporadas junto a quintos suyos como Servando, hoy ausente, o centrales más jóvenes como el argentino Mauro, ágil, alto y hoy goleador. Los mediocentros Garrido, un vasco que lleva casi cinco años de titular, y Jose Mari no es que sean maravillosos, pero son muy cumplidores. Se alternan con Edu Ramos, malagueño que empezó con nosotros. Álvaro Cervera pone a correr a Salvi, del que se dice ya es del Atleti, y a Jairo, un pequeño del que hablé éste verano cuando ascendió el Extremadura. Lo fichó el Gerona cuando pensábamos que venía con Enric Gallego y Zarfino al Córdoba. ¡Cosas extrañas las de este verano en Córdoba! En punta sale Lekic, también veterano morrosko que abre portillos a Manu Vallejo, mozo de Chiclana, un tanto marrullero, pero con la valentía que se precisa en Segunda. Álex Fernández, el hermano de Nacho, que suele ser titular, ha salido al final para aguantar el empate y me sorprende la suplencia de Aketxe, una de las mejores zurdas de la categoría. Al Córdoba siempre le da un disgusto. Hoy, con sólo diez minutos en el campo, nos ha colado el 1-3 en plena descomposición blanquiverde. El graderío ni ha protestado.

Lunes, 19 de Noviembre


Suite del agua

domingo, 18 de noviembre de 2018

Ortega Lara, ante la abyección



Hughes
Abc

Después de ser insultado y humillado de forma organizada, Ortega Lara dijo en un mitin algo así como que la izquierda provocó una guerra que entonces perdió y ahora quiere ganar a través de instrumentos como la Ley de Memoria Histórica.

Esto es una opinión poco popular en el debate público español (bastante más en la calle) que ha convertido a Ortega Lara en un “fascista”.

Las opiniones de Ortega, acertadas o no, asumidas o no, se quieren ver como un ataque a las “víctimas del genocidio”, lógica que convertirá pronto en delito cualquier opinión no oficial sobre el siglo XX español, cualquiera, por ejemplo, que considere que los comunistas tuvieron alguna responsabilidad en la guerra.

No podía esperarse para Ortega un mayor grado de permisividad por su condición de víctima, pero con él se está viendo justo lo contrario. Una inquina que adopta una forma perversa: Ortega no puede decir más en tanto víctima, sino menos.

Ahora mismo, “fascistas” son casi todos los que opinan como Ortega opina, pero a Ortega se le considera además un fascista con agravantes. Un fascista culpable. Primero, porque habiendo sido víctima de la violencia y el horror no se ha retirado a los espacios zen del “perdón” que están normativizados en España: el etarra arrepentido y “evolizado” o la víctima de ETA no discrepante. Ortega no es Irene Villa, sino que asume una posición política más incómoda. No es visto socialmente como un ejemplo reconocido de superación personal, sino como un hombre martirizado y con ideas fuertes y un pie fuera del consenso.

Esto le supuso cierto olvido en tiempos del PP y le empieza a granjear ahora una forma virulenta de desprecio. Es lo que convierte su figura, entre tantas víctimas como hay, en algo especial. Ortega Lara habría pasado de ser un personaje olvidado por la izquierda a ser un fascista (como casi todos) que pudiendo haber cambiado siguió opinando igual. El encierro y el sufrimiento no le provocaron una catarsis de superación. No le hicieron estar del lado de “las víctimas” (pues víctimas en la guerra son sólo las de un lado, y, opinando como opina, a Ortega se le “imputan” también las de la represión franquista, como un todo-incluido del que no puede librarse). A tan naif y maniquea visión de la historia de España no es fácil sobreponerse, pero habiendo “vencedores y vencidos”, “verdugos y víctimas” dicen, ¿cómo puede Ortega seguir con los primeros? Ortega es culpable porque, habiendo sufrido el horror, justificaría el horror para los demás.

Para otros (o para los mismos en una segunda derivada), Ortega es un fascista diríamos “clínico” porque su postura estaría explicada y motivada por el dolor, el cautiverio y la revancha. Ortega no sería tanto un culpable moral, como un fascista determinado por la psicología y el trauma. Un hombre movido por el odio. No hay que insistir en lo cerca que está el odio “diagnosticado” del odio penalizado (delito de odio).

(Gran parte de la izquierda, como pasaba con cierta derecha ante el terror de ETA, se identifica constantemente con unas víctimas cuya situación es una causa con la que se revisten: las de “género” y las de la Guerra, convirtiendo toda discrepancia en un posible odio, mecanismo tan absurdo como autoritario que puede convertir la opinión en un deporte de riesgo).

Recupero aquí una conclusión anterior: Ortega Lara no puede decir más en tanto víctima, sino menos, y esto resulta asombroso en quienes basan su posición política (y en muchos casos su lucro personal) precisamente en la existencia de víctimas que es necesario defender, en una acusada sensibilidad para la víctima como fenómeno. ¿Puede una víctima del franquismo ser comunista en los grados de fanatismo que desee? Por supuesto. ¿Puede una víctima de ETA estar en desacuerdo con la Ley de la Memoria Histórica? Parece ser que no.

Estas son las dos formas de perversión a las que se enfrenta Ortega Lara, un hombre que (que sepamos) no ejerció ninguna forma de venganza personal ni pidió nunca acciones que no fueran las previstas legalmente y al que resulta asombrosamente fácil llamar fascista e incluso algo peor.

Hay otra tercera forma de abyección, superior, que ni siquiera le considera víctima por haber sido antes “carcelero” y por tanto “torturador”, visión más extendida de lo que se cree y que recibe un estímulo creciente por esa igualación institucional del terrorismo y las torturas como dos formas enfrentadas antes de la “paz vasca”.

Julio Camba: "España es una charca"

ENTREVISTA


Por Alberto Guillén

Una cabeza asoma por entre los cobertores de la cama. Es Camba. Acaba de despertar. Tiene la voz ronca de juerguista, y, en esta postura, Camba no tiene el talento de sus libros.

Tomen asiento. Ustedes perdonen que les reciba...

Oh, no importa –decimos a dúo yo y La Jara.

Yo tomo asiento. La Jara se queda de pie delante de Camba. Camba saca los brazos, se confunde y se alisa los cabellos. La Jara es un amigo mío, que tiene mucho talento, que me admira desconsideradamente, que escribe cuentos y tiene fama por un libro... que va a editar. Además, es duque auténtico. La Jara sigue de pie. Camba se vuelve a confundir, ahora sin alisarse los cabellos.

¿No hay otra silla? –pregunta.

Gracias. Estoy bien –dice La Jara.

La Jara, parado sobre una pata, parece un ibis en un biombo japonés. Es largo como el deseo de una doncella y tiene la cabeza de pájaro. También tiene alas.

Luego, pitillos. Es la manera de comenzar. El cerebro es también una pipa. Pero el de Camba no humea todavía. Camba no dice impertinencias ni sonríe. Yo le pregunto cuatro cosas, mirándole los brazos velludos, y él me contesta otras cuatro.

Nosotros creíamos que usted tenía veinticinco años.

No, señores. Tengo cuarenta –dice Camba bostezando.

–¿Ha viajado usted mucho?

–¡Mucho!

¿Ha publicado usted un nuevo libro?

–Sí, La rana viajera.

¿Por qué lo llama usted así?

Porque España es un charquito donde ha vuelto la rana viajera que soy yo.

(Esto del charquito está muy bien. Efectivamente, España es un charquito. Pero es también “un golfillo arrimado a un farol”. Esto es también de Camba.)

Total. Camba no quiere decir impertinencias. Está rascándose los brazos como cualquier hortera y hasta bosteza de nuevo sin acordarse de Carreño.

–¿Quiere usted que le veamos otra vez?

Cuando quieran. Más tarde. En el café del hotel.

Nos despedimos. Bajamos. Nos miramos.

–¿Qué tal? –interrogo a La Jara.

La Jara se levanta de hombros, ni más ni menos que el Pacheco de Eça de Queiroz.

A la tarde, envueltos en el humo del tabaco y en la charla anodina del café, Camba ha empezado a mostrar su finísima alma de clown. Es el hombre que ríe. Tiene un gracejo inimitable. Cuenta chistes con la cara seria y hace cabriolas sin desgonzar el busto. ¡Es él mismo! El Camba de las crónicas. “Puede no firmarlas”, le decía un día Sanchiz. Es uno de los pocos que sabe reír en un país tan lúgubre y sombrío como España. España es negra, Solana tiene razón. Los humoristas, aquí, son necesarios. Hay muchacha que se llama Angustias. Las Dolores son corrientísimas. Hasta en esto se revela la sicología de un pueblo. En Francia las niñas se llaman Fifí o Lulú, o Mimí. Aquí son Angustias. Esto oprime el corazón. El corazón de España está oprimido. La risa de Cervantes no hace bien: hay en ella dolor, como lo hay en la mueca de Quevedo. Hay que vivir aquí para comprender el humorismo macabro de sus artistas. Goya, por ejemplo. Éste es genial. Pero no el Goya pintor de tapices, no: el Goya de los Caprichos. Nunca, en ningún país de la Tierra, ha reído la Muerte como aquí. Los Caprichos de Goya hacen daño: ¡son la epilepsia de lo lúgubre! Goya es un pintor de larvas y de manicomio: ha encontrado lo grotesco en la angustia y lo risible en la Muerte. ¡Es genial!

Además de negra, España es lívida. Todos sus pintores tienen la obsesión del más allá. Goya, retorciendo sus muñecos entre la miseria y la muerte. Velázquez, con sus reyes macilentos, con sus bufones grotescos, donde toda la fealdad y toda la miseria de la carne aspiran a la muerte. Teotocópuli, con sus caballeros entecos, apergaminados, con las pupilas febriles, que velan al borde de la Vida. Ribera, con sus ascetas admirables, de miembros exangües y de ojos llenos de celestes ensueños. Todos místicos, todos atormentados, lúgubres todos. Todos diciendo el dolor de la vida precaria y la celeste penumbra que entreabre la Muerte.

¿Decía usted...? ¿Cómo, señor Camba? ¿Quiere usted hacernos reír?

El mozo nos sirve café. Camba nos sirve golosinas. El café tiene un gusto a frejoles, las golosinas tienen sabor a...

Una vez –dice Camba–, en casa de una señora que hace libros de cocina y de boudoir, y creo que se llama Colombine [Carmen de Burgos], se juntaron varios burlones y le pusieron a Salvador Rueda una corona de lata, con hojas en forma de laurel. Rueda se la ladeó con aire de beodo y se hizo retratar. Después puso su efigie coronada en la tapa de sus libros. Luego se fue a América sin olvidar, claro está, la corona de lata. En América no se la dejaron desembarcar. Él protestó, suplicó. “Es prenda de mi uso”, decía. ¡Nada! Luego vinieron unos admiradores de Rueda y se lo llevaron con gritos y tocando peroles y trompetas. Eran unos negros de Nicaragua o Costa Rica que manifestaban su entusiasmo a don Salvador.

Perdone usted, don Julio –le interrumpo–, no fueron unos negros de Nicaragua o Costa Rica los que tal hicieron, sino unos españoles de la isla de Cuba, que aclamaban a un genio español. Los escritores de Cuba, en cambio, coronaron por aquellos días a un negro coplero a modo de protesta y para que no se fuera a creer que existe un país en América donde se pueda aclamar a ese genio español. ¿Me comprende usted?

Risas. Camba se ha puesto muy serio. Tiene los ojillos huyentes y los labios rapados, con un aire burlón.

¿Saben ustedes dónde anda Unamuno? –pregunto.

–En Salamanca –dice Camba–. Siempre se vuelve allí a coleccionar anécdotas y paradojas. Cuando tiene un repertorio se viene a Madrid. Las cuenta a todos, en todas partes, hasta que todos las han oído, y cuando todos, absolutamente todos, las saben, regresa a Salamanca y vuelve a comenzar.

¿Y Maeztu? ¿Qué hace Ramiro de Maeztu?

Hombre, vaya usted a verle. Es un tipo muy interesante. Comenzará rezando el Padre Nuestro y acabará con un Sermón de la Montaña, o algo parecido.

¡Ah! ¿Es muy religioso? Pues he de verle. ¿No sabe usted de otros pintorescos?

Sí, hombre, sí. Puede usted ir a ver a Grau. Éste es todo un caso; le hará reír mucho. No ha leído nada, pero se llama Genio. “Él y Shakespeare” es su lema y su obsesión. Si usted tiene paciencia, acabará por abrazarle.

Luego hablamos de Belda. Camba no se santigua, como hizo al decir el nombre de Maeztu, pero le pide la mano a un banquero gordo, que ríe, y que es amigo de Camba.

¿Usted lee a Belda? –le pregunta.

No, hombre –dice el banquero–. Yo soy casado y no me hace falta.

¿Será como Vargas Vila? –digo yo.

¿Quién es Vargas Vila? –dice Camba.

Es un señor a quien leen los seminaristas, los viejos verdes y hasta las niñas a escondidas de su mamá –digo pensando en mis quince años y en mis escapadas a la campiña, donde leía a Vargas Vila a escondidas del sol.

Eso fue todo. Luego, más tarde, pensando en Camba, me dije, con un un verso del más americano de nuestros poetas, el inimitable Luis Carlos López:

Como si fuese una caricatura de trapero sin garfio, tu figura hace reír a mi sinceridad...

(De La linterna de Diógenes, 1921, libro cruento de semblanzas venenosas
 sobre los escritores más famosos del momento.)

Domingo, 18 de Noviembre



Vivimos en celdas de cristal

"Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla"

DOMINGO, 18 DE NOVIEMBRE

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.

Marcos 13,24-32

sábado, 17 de noviembre de 2018

Pulpí

Emilio Zurano Muñoz


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Pepe Guirao, el ministro listo del gobierno que no ha votado nadie, sólo ha abierto la boca para decir que “el país necesita relajarse un poco”:

Un poquito de paz y amor.

Viene de Pulpí, cuna de don Emilio Zurano, hasta Guirao (Plutarco haría con ellos una entrega de sus vidas paralelas) el mejor propagandista cultural de España, como él mismo presumía en una interviú con el Caballero Audaz, a quien recibe en casa, entre cuadros de Romero de Torres, cornucopias doradas y consolas isabelinas. Preside el Círculo Mercantil.

¿Champagne? Yo, cuando rememoro ciertos episodios de mi pasado, me gusta siempre chorrearlos con champagne.

A los 25 años Zurano era pastor en Pulpí. (“Sí, señor. He sido gañán y a mucha honra. He manejado la honda como nadie”). A los 22 encontró tirado en el campo un “Quijote”, que aprendió de memoria y se puso a escribir. Cuando las inundaciones de Murcia en el 80 alguien habló de los versos de Zurano al jefe de la expedición de socorro, Manuel María José de Galdo, que lo llevó a la velada literaria a beneficio de los damnificados, y de allí a Madrid.

Con el alma un poco triste por abandonar mis ovejas, sobre todo a una que quería mucho, que se llamaba Lucera, dejé mi rebaño.

A los 35 terminó Leyes, habiendo alternado los estudios con el puesto de ayuda de cámara de don Manuel María José (“nadie enarboló el pendón de Castilla con tanto orgullo como yo cuando llevaba a la mesa la sopera”):

Soy un hombre de voluntad y mi espíritu está curtido con los vientos de todas las adversidades.

Sus dos orgullos: sostener una escuela en Pulpí para que supiera leer todo el mundo (ahí está hoy Guirao), y sobre todo, “haber sido el primero que tuvo la iniciativa de hacer propaganda cultural por medio de las envolturas de los caramelos de Matías López, con lo que al mismo tiempo que saborear una golosina los niños tienen nociones de historia, de zoología, de botánica…”

Porque nadie como yo sabe “la noche oscura del alma” que es la ignorancia.

todocoleccion.net

Sábado, 17 de Noviembre


¿Cuántos siglos han pasado?

viernes, 16 de noviembre de 2018

El olvido permanente de los Funcionarios de Prisiones

 Todos los sindicatos de acuerdo...

...con la desnudada y abandonada a la intemperie dignidad de los funcionarios


Francisco Javier Gómez Izquierdo

    Como todos ustedes saben, tengo especial querencia por los funcionarios de prisiones, por tener muchos amigos en el gremio y ser dos de ellos las personas a las que más quiero. Estoy más o menos al día de sus cuitas y el caso es que a partir de mañana sábado y durante cuatro días esta “gente” se va a poner de huelga por muchos motivos graves, dolorosos y sobre todo insultantes.
     
La huelga de los “boqueras”, como los llamaría el preso de tiempos de El Lute, no suele tener repercusión entre la opinión pública, pues los barandas del asunto suelen decretar unos servicios mínimos con mayor número de efectivos que en una jornada normal. La prensa no suele hacer mención a las reivindicaciones de los trabajadores penitenciarios y sólo cuando se hiere a un indefenso manifestante -uno perdió un ojo en Sevilla a causa del exceso de celo de otro del mismo ministerio, pero de distinto cuerpo que no tuvo claro el concepto de enemigo- las teles se dan por enteradas. Diez segundos como mucho y se pasa a los goles del Madrid.
      
En una huelga de “boquis”, como los llamarían los internos heroinómanos de finales de los 80 y principios de los 90, las actividades del centro se desarrollan sin mayor incidencia, suponiendo el mayor quebranto para la población reclusa desayunar a las nueve en vez de a las ocho y media, por la lógica charla indignada al relevo del recuento. Los funcionarios fuera de servicio, en sus días de descanso, se ponen a las puertas de las cárceles a la espera de los chicos de la prensa a los que contar sus quejas confiados en que las sacarán en los partes de las radios y al mediodía en los telediarios. Las sacan un momentito, pero como los “protestantes” son muy respetuosos, la noticia no tiene mayor trascendencia.
      
Quiero decir que los problemas de los funcionarios de prisiones no preocupan en absoluto al Gobierno de turno porque en estos tiempos lo que se demanda con educación y en pago a la debida justicia ni es noticiable ni merece la mínima atención.
      
A partir de mañana, “los guardias”, como les dicen los pastilleros y dementes de hoy, van a intentar que el señor ministro, un hombre del que se suponía no sólo amistad con lo justo sino dedicación exclusiva en su persecución, se entere por fin del abandono en el que tiene a esta tropa de su ministerio. Tropa armada de un bolígrafo que no sólo tiene que hacerse respetar por el habitual delincuente desarraigado que el ministro y el común del periodismo y público en general imagina, sino también con esos orates, ahora conocidos como enfermos psíquicos, que en un arrebato psicótico o esquizofrénico un día que no se toman  la medicación deciden intentar matar. Este detalle no es exagerada posibilidad. Es situación casi corriente y por ello los funcionarios han de andar con cien ojos para que cada “loquito” -dicen ellos- tome sus pastillas. No es cosa de explicar el reparto, por falta de personal, que se hace para el fin de semana desde la enfermería y la imposibilidad de controlar el intercambio y venta de pastillas que se produce entre los internos. ¿Cuántas vidas han salvado los funcionarios de internos intoxicados? ¿Cuántas cada mes? El desconocimiento de la sociedad sobre el trabajo del colectivo es absoluto. Ellos dicen que sólo les quieren de verdad, pero se lo callan por políticamente incorrecto, los internos.
       
Los internos y la mayoría de los familiares. Unos porque saben donde duerme el hijo y otros agradecidos por el trato que se le da al pariente preso y a ellos mismos cuando lo visitan. Hay familiares que no. Familiares a los que se hace insoportable esta huelga y que no tienen reparo en gritarlo con ánimo de ofender a los funcionarios. Perros carceleros, dicen estas familias por escrito... y esbirros y represores. Lo dicen hoy y lo llevan diciendo los más de treinta años de mi compadre en prisiones. “Tu muerte me sale gratis” ó “¿Cómo le va el Simca?” bravuconeaba el Iñaki con vistas a los pabellones de Herrera condenado a más de trescientos años y que hoy toma ya chiquitos en el pueblo. Él y unos pocos como él no van a visitar este fin de semana al amigacho, al hijo, al hermano, porque los carceleros se han puesto de huelga, pisoteando los derechos de los internos y no es cosa de hacer el viaje en balde, por si se tarda en entrar.
     
Dice mi amigo  que si al ministro don Marlaska y a varios de sus compañeros les llega el indignado escrito de la familia de los iñakis, es posible que les toque la vena sensible y dispongan una solución al respecto. Lo que no tiene claro es a qué colectivo dejarán contento.
     
¡Ah, por cierto! Imagino que no imaginan ustedes que esta pobre gente no tiene categoría de autoridad. Sí, sí, pertenecen al Ministerio del Interior. El de don Marlaska. Como la Policía Nacional y la Guardia Civil, pero los funcionarios de prisiones no son autoridad. Yo creo que eso les pasa por ser tan educados y respetuosos con las personas y las leyes.

Movilización

Ernest Jünger


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

El lord chancellor de Sánchez, Pepe Borrell, se suma al ejército que levanta Manu Macron contra el fascismo americano, según Tom Wolfe uno de los grandes fenómenos inexplicados de la astronomía moderna: esto es, que la tenebrosa noche del fascismo se cierne siempre sobre los Estados Unidos, pero toma tierra únicamente en Europa.
Contra el recuerdo de Patton rompiendo por las Ardenas, Macron pone el recuerdo de Napoleón camino de la batalla de Jena (los cascos de los caballos inspiraron a Hegel, ¡y se nota!, su “Fenomenología del Espíritu”), y Borrell, el recuerdo de nuestro “invicto general”, que ya sabemos para qué quieren desenterrarlo.
Millán Astray preparaba una arenga y pidió un adjetivo para “Ejército” a Foxá, que le dio “invicto”:
Como se ha pasado la vida peleando medio ejército contra el otro medio, nunca ha podido ser vencido.
Ahora se trataría de morir por el “patriotismo constitucional” de Rivera, el nadador, que no ha leído a Kant, pero que ve imperativo categórico en unos textos pasteleados en el 78 por Abril, ingeniero agrónomo, y Guerra, director teatral, en Casa Manolo, frente al Teatro de la Zarzuela, con lo que Borrell, para su banderín de enganche, hará como aquel capitán de Flandes que para completar las levas encerraba en una bodega madrileña a los perroflautas de la época y sólo los soltaba cuando firmaban.
Merkel, Macron y Borrell se perfilan, pues, como el pelotón spengleriano que salvará la civilización de Bruselas (¡ríanse del sueño de Dostoyevski en Dresde!), y la prueba de que van en serio es que Julio Rodríguez, el Pompeyo de Somalia, se ha desplegado en Madrid. Enfrente tenemos a Mattis, epígono del Patton que decía: “Recordad que ni un solo hijo de p… ganó jamás una guerra dando la vida por su país. La ganó haciendo a otros pobres cabrones idiotas morir por su país”.
Jünger estaba sentado en el tejado cuando pasó, en su bicicleta, el cartero, que sin bajarse le gritó estas tres palabras:

–¡Orden de movilización!

Viernes, 16 de Noviembre


La luna de par en par

jueves, 15 de noviembre de 2018

Viudas

Viudas hindúes


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Para Pulitzer, sin carácter moral, un redactor no tenía nada, si bien él creía que la conciencia es una cuestión de clima y geografía, y ponía el ejemplo de la viuda hindú que se sacrificaba en la misma pira funeraria de su marido en cumplimiento del más alto deber impuesto por su sentido moral.

Los ingleses, en cambio, consideraron su sacrificio no sólo un delito, sino también un acto de increíble estupidez, y se lanzaron a sofocar el fuego, despreciando insensiblemente las protestas de la horrorizada conciencia de la mujer.
Hoy, se siente uno inglés al despreciar las protestas mediáticas de las viudas de Montesquieu por el consenso judicial de Casado, que descubren ahora que en el Estado de Partidos la verdadera Constitución son los secretos oficiales.
A Montesquieu no lo mató Guerra, que presumía de ello como Macron presume de ser Napoleón. Y no lo mató por la sencilla razón de que nunca estuvo vivo en España. Ni en Europa. En Francia la frivolidad de los constituyentes del 91 jugó a leer “De l’esprit des loix” como la de nuestros liberalios juega hoy a leer las “12 Rules for Life” de Peterson. Cuando los constituyentes del 93 descubrieron la “voluntad general” de Rousseau, enterraron (ellos sí) a Montesquieu.
Nuestros constituyentes del 78, kelsenianos con boina, dejaron fuera de la Constitución (¡convidados de piedra!) al Rey, por razones “técnicas”, y a la Nación, por razones “prácticas”, con lo que la voluntad general de la nación no puede ser otra (en un Estado de Partidos) que la voluntad particular del jefe del partido gobernante. Así el González de Rumasa y así el Sánchez del “Prusés”. La hegemonía cultural de la llamada izquierda reserva para la llamada derecha el papel de “cornuta e contenta” con la que discutir alguna cuota (“esquina”, diría Soprano).

Unidad de poder y separación coordinada de funciones.
Viudas de Montesquieu: vuestra viudez es total y catastrófica, pero ¿por qué buscáis entre los vivos al que siempre ha estado muerto?

Jueves, 15 de Noviembre


Pues médico eres divino
con prodigiosas señales:
Líbranos de peste y males,
Roque santo peregrino

Felicidades a Ariel


miércoles, 14 de noviembre de 2018

El Paraíso



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Cuando Suárez, el del aeropuerto, se dispuso a repartir el “café para todos” del 78, sus arbitristas pensaron que el peligro sería que Castilla se convirtiera en otra Gran Prusia, y para evitarlo le quitaron Santander y La Rioja, donde ahora un chirlón que no sabe hablar español (dice “desdecido” y “preveyéndola”), Pedro Sánchez, quiere imponer de román paladino (más que nada por Begoña, que es de Bilbao) el vascuence obligatorio.
El éuscaro, fósil de las edades cuaternarias, no puede ensancharse para acoger los matices y los conceptos de los modernos –escribe Unamuno desde su exilio francés a su amigo Eduardo Ortega y Gasset–. Ni aun cuajado de castellanismo, según hoy lo hablan. Para quienes han de vivir es más sencillo el decidirse a hablar en castellano.
¡Ja! ¡Convencerás, pero no vencerás, “Hombre de España” (como llama Ledesma a Unamuno)!
El 78 no ha derramado ni una moneda sobre los labriegos castellanos (¡los pelantrines de Azorín!), que siguen circulando hoy por los caminos que les asfaltó Primo de Rivera, pero, gracias al humanismo sanchista, los vinateros riojanos que ya compiten en arquitectura (Quemada, Marino Pascual, Hadid, Arizcuren) alcanzarán el colmo de la extravagancia atendiendo a los viajeros en la lengua del Paraíso, que es la vascongada, “primera que se habló en el mundo y la misma que trajo Túbal a España, en el año 1800 de la Creación”. Conclusión del Cabildo Metropolitano de Pamplona:
¿Fue el vasco la única lengua hablada en el Paraíso? Sobre este punto declaran los opinantes que no podría existir duda en su espíritu, y que es imposible oponer a esa creencia ninguna objeción seria ni razonable.
Es fama que luego, hacia el siglo décimo, un fraile populista de San Millán, anotando un sermón de San Agustín, inventó la lengua española que conocemos. Los burócratas de Bruselas no estuvieron al quite y aquella lengua se convirtió en la primera del mundo. Hasta que el socialismo nos trajo el Instituto Cervantes… y Sánchez.

Los toros vistos por Neville


Charles Chaplin y Edgar Neville

Edgar Neville
La Codorniz, 17 de Agosto de 1947

Lo bueno que tiene esto de los toros cuando hay una auténtica figura del toreo en activo, es que basta su aparición en el ruedo para confundir a sus enemigos y hacer delirar de entusiasmo a sus partidarios.

Hay gente que no soporta a una primera figura del toreo; son los mismos en espíritu que les molesta el hombre excepcional en cualquier actividad: el tenor sublime, cuando había tenores sublimes; el escritor o el pintor indiscutible, el actor o la actriz genial. Hay muchos de estos amargados y renegados sujetos que en vez de gozar con la gloria ajena, ésta les produce mal humor y encono. Son esos bellacos que llevan un pito a la plaza y lo emplean desde la salida de las cuadrillas, son todos esos seres que no soportan el esplendor del prójimo aunque este esplendor se haya ganado en buena lid jugándose, además, la vida.
Estos sujetos se hacen más patentes en los toros, porque los tendidos son propicios a toda grosería y a toda cobardía; el que insulta al torero escudado en el anonimato de la masa, es el peor bellaco de todos los conocidos y es bueno que el público sano vaya reaccionando y vaya haciéndole tragar el pito de un puñetazo o la palabra soez a golpes.

Mucho se ha discutido a Manolete, casi tanto como se discutió a Belmonte; la generación de nuestros padres se asombraron cuando Belmonte involucró las leyes del toreo, cuando Belmonte daba tal pase o tal otro de una manera distinta a lo que lo habían dado sus antecesores. “El pase natural no es así” –decían de pronto-, sin darse cuenta de que como era el pase natural era únicamente así, sin darse cuenta de que todo lo que había ocurrido en los ruedos antes de Belmonte no había sido más que mantazos y estocadas, éstas, buenas; aquellos, primarios…mantazos.

Lo propio sucede con Manolete, y eso que desde Belmonte a él se ha toreado bien, se han ejecutado todas las suertes del toreo dentro de una serenidad clásica lograda por la revelación belmontina y por el eslabón intercalado de Domingo Ortega.

Desde que apareció Manolete, y sobre todo desde que se convirtió en figura gigantesca e indiscutible, es cuando todos esos recalcitrantes gruñones han querido disminuir su mérito y han dicho también que el natural no era sí, sino de la otra manera, y Manolete cunado ha querido lo ha hecho de la otra manera mejor que todo el mundo, y han dicho que no daba pases de pecho y Manolete ha dado los pases de pecho mejor que todos, y que no hacía faenas de orejas a los toros grandes y se las ha hecho a los toros grandes del momento, y han dicho que si no hacía esto y no hacía lo otro, y Manolete lo ha ido haciendo todo, mejorando los moldes, estilizando las suertes, dándoles un sabor que nunca han tenido.

Por eso cuando llegó la otra tarde a la Plaza de Madrid y armó el terremoto que merecía su arte, su dignidad y su clase, todos los espectadores nos encendimos de entusiasmo y salimos en ebullición de la corrida, y al día siguiente cogimos los periódicos y nos morimos de risa al ver cómo algunos críticos hacían filigranas para no decir la verdad de ese triunfo, cómo buscaban esas majaderías con que encubren los críticos para pasar lo más por alto posible la actuación de Manolete.

Realmente los críticos taurinos, salvo pocas excepciones, han llegado a un grado de cursilería verdaderamente fabuloso. De esto tuvo un poco la culpa don Gregorio Corrochano; pero éste, por lo menos, tenía muchísimo talento y no solía ocultar el mérito, sino ensalzarlo.

Ahora es más cómodo buscar un título que no tiene nada que ver con los toros ni con la corrida y comenzar a darle vueltas a lo que ha hecho el matador; cuando éste está empezando su carrera y está en mucho contacto con los críticos, lo llenan de elogios y se pierden menos en florestas retóricas; pero cuando el matador está cerca de su retirada y cuando le interesa menos mantener ese “fuego sagrado” del elogio, es cuando ya todo es floresta en los críticos y solamente bajan a la realidad de las faenas a señalar algún defecto que otro. Naturalmente, no todos los críticos son iguales, y hay algunos de limpia intención y clara pluma, y por ello son más admirables.

Para los aficionados al toreo fue la corrida de la Beneficencia un gran día; se vio a Manolete y se vio a Pepín, que hay que verle también; pero a la salida el que más y el que menos pensaba en no volver a los toros o, por lo menos, en volver con menos asiduidad, y cuando alguno nos preguntaba: “¿Es usted aficionado?”, le contestábamos: Pues mire, no; ni uno se siente taurino, ni un decidido aficionado; los toros suelen ser un espectáculo aburrido y monótono, incómodo y caro, con excepción, y ésta es cuando torea Manolete, porque entonces el espectáculo es maravillosos, el precio se puede considerar como regalado, y la fiesta, sublime, o sea que uno es aficionado a ver torear a Manolete, como lo era a ver torear a Belmonte, y menos aficionado a ver torear a los demás, aunque algunos son muy buenos, muy valientes, muy pundonorosos y muy artistas, y otros tienen esa gracia zaragatera de la escuela sevillana, que para los que les guste ir a los toros de zaragateo me parece muy bien, pero que no acaban de calar hasta lo hondo a aquellos partidarios de un arte más hondo y más profundo como el que tuvieron y tienen las dos únicas y eternas figuras de todas las épocas del toreo.

Miércoles, 14 de Noviembre


La una era la otra
y la muchacha era ninguna.

martes, 13 de noviembre de 2018

Pétain

Nous les aurons


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Macron iba a ser el Sacarino de frau Merkel en la UE, y para conmemorar el centenario del Armisticio pidió un ejército de la UE para defenderse… de los Estados Unidos, ya se supone que con él montando a “Cyrus”, el caballo del Pequeño Cabo.

Lo escandaloso del centenario no fue el homenaje vergonzante a Pétain, sino la “performance” a lo Louis de Funes de Macron delante de los peces gordos del mundo (en los planos con Trump de fondo parecía la fiesta americana del pavo indultado), venga “Marsellesa” para arriba, venga “Marsellesa” para abajo, antes de subirse a un palé a pregonar con juegos de palabras su nuevo crecepelo: “El patriotismo es exactamente lo opuesto al nacionalismo” (?). ¡Y a tomar por el saco el abate Sieyes!

Este cosmopolita “avant la lettre”, que en el entretanto traslada a Irún “refugees” subsaharianos en camionetas blancas de la “police”, llama a levantar un ejército europeo para defendernos… de los marines americanos (que también andan de aniversario), sin darse cuenta, en cualquier caso, de que el militarismo precede al nacionalismo, nunca al revés, como demostró el jinete de “Cyrus” que reposa en los Inválidos en tanto que Pedro Sánchez no pille la presidencia de la UE y proceda a exhumarlo con Carmen Calvo de Peter Lorre en homenaje al Tourneur de “La comedia de los horrores”.

Nous les aurons –fue el lema en Verdun de Pétain, el último militar que les ganó una guerra.

Eso fue en el 18. En el 40, era embajador en España, pero Reynaud lo llama a París y la Asamblea Nacional (“Patriótica”, diría Macron) lo nombra Jefe del Estado para pactar la rendición con unos conquistadores que sólo los americanos expulsarán a sangre y fuego de Francia. Entonces Mornet, el mismo fiscal de Mata Hari, pedirá para Pétain (¡por… “inteligencia con el enemigo”!) la pena de muerte, conmutada por una cadena perpetua en Santa Margarita, quizás en la misma celda de la Máscara de Hierro, hermano adulterino de Luis XIV, personajes todos menores… al lado de Macron.

Martes, 13 de Noviembre



Por las ramas indecisas

lunes, 12 de noviembre de 2018

A vueltas con el fair play



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El simple rumor de que Mourinho era el deseo florentino para resolver el caos de Lopetegui engoriló a los Jim Acosta de nuestro periodismo, que quieren a Mourinho “fuera del fútbol” (?), y si eso no es posible, en Inglaterra, donde pueden clavarle agujas sin peligro de recibir contestación.
  
Contra mourinhismo, pepismo, que ayer se midieron las fuerzas en el derbi de Manchester: Fellaini y diez más frente a Fernandinho y The Raelettes de Guardiola.
  
¿El estilo es el hombre o el estilo es la cosa?
  
El estilo, en el fútbol, es el “fair play” inglés, bobada que Julio Camba definió en su día como la cándida ilusión de un pueblo que creía haber descubierto una manera leal y caballeresca de pescar truchas y cazar zorras.
  
En Inglaterra el “fair play” lo representa hoy el pepismo del Gandhi de Sampedor, que atiende las ruedas de prensa con el calentito amarillo en la tetilla izquierda como homenaje a los golpistas catalanes, según unos, y según otros, como guiño al “fair play” financiero de su club, el City de las mil y una noches.
  
El “fair-play” financiero fue un invento de Platini contra el plutocratismo del Madrid y en defensa del mileurismo (catarí) del Barcelona. Debió de ocurrírsele en misa, oyendo la homilía del obispo Sistach cuando el fichaje de Cristiano, tildado de “indecencia”, palabra igualmente usada por un ministro de Hollande para afear el sueldo de Ibrahimovic (muy lejos estaba entonces de conocerse el sueldo de Alexis Sánchez en el United).
  
El City pepitero practica un “fair play” financiero que merecería un Nobel como el de Paul Robin Krugman, y en demanda de tamaño reconocimiento agita Guardiola su calentito amarillo. Cuando Manolo Valls era primer ministro en Francia confesó su deseo de refundar la izquierda europea sobre el legado ético de Felipe González. Cuando suena que al banquillo del Madrid podría volver Mourinho, los Jim Acosta del piperío confiesan su deseo de refundar el fútbol español sobre el legado ético de Pep Guardiola, cuyo juego, al decir de Dani Alves, es mejor que el sexo.
  
––¡Cuántas ganas tienen los jóvenes de hacer el amor! –decía un día el pintor mexicano Juan Soriano–. Pero después no quieren reconocer que eso sólo consiste en darse panzazos en la oscuridad.
  
Como el fútbol de Guardiola, cuyos pupilos culés (hay que decir más veces “pupilos culés”) se ganaron en la prensa americana el nombre de Desdémonas por su manera de desmayarse, y ahí siguen.
 
 –Fui a golpear el balón y no sé qué pasó. No noté que le diera. Se escapó la pelota. Le pido disculpas al árbitro –balbuceó Sterling pare explicar un penalti de Champions que un pobre árbitro húngaro le regaló por tropezarse en un tepe del área.
  
En nombre de un “fúpbol” con valores, Guardiola regañó a Sterling… al final del partido:
  
Nos dimos cuenta de que no era penalti y el jugador se lo podría haber dicho al árbitro. No nos gusta marcar de esa forma.
  
O sea, que el pepismo llevaría haciendo cosas que no le gustan desde la época en que Alves, fingiendo un orgasmo en el Bernabéu (por usar su lenguaje), provocó la expulsión de Pepe y se llevó la eliminatoria por la jeró.
 
 –Nos dimos cuenta de que no era falta y el jugador se lo podría haber dicho al árbitro. No nos gusta ganar de esa forma.
  
Mientras tanto, el escándalo saltaba (como una sorpresa en Las Gaunas) en el Juventus Stadium cuando Mourinho, cuyo United marcó en el último minuto el gol de la victoria, se llevó la mano a la oreja para oír mejor los insultos de la hinchada juventina.
  
¡Hay que echarlo del fútbol! –pedía uno de los Acostas más simples del escalafón, pero que resumía el sentir del escalafón al completo, ese escalafón que ya ha conseguido doblarle la mano con Jordi Alba a Luis Enrique, que parecía resistente.
  
Lo que no me gusta es que se ponga el foco en la reacción y no en los insultos –comentó Ancelotti, que no tiene fama de Garibaldi–. Es una cultura general.

Para cerrar el debate, Solari sólo tenía que ganar en Vigo.


   The Raelettes

LA PORTERÍA DE LOS GOLES

    Entre Kéylor y Courtois, para la portería de los goles Solari se ha decidido por Courtois, lo mismo que Rubalcaba, el Rasputín de Solares que va por la vida con una vara ética con que medir el lomo del prójimo. Una vez comió con Mourinho, y el caso es que desde entonces Mourinho fue otro. Ahora Rubalcaba se decanta por Courtois, y ya veremos cómo le sienta. Kéylor contestó a su nueva situación con un pasaje bíblico de Jeremías, y los progres, que son supersticiosos, tienen la mosca detrás de la oreja. A Juan Alonso (4 Ligas, 5 Copas de Europa, 4 Supercopas, 1 Intercontinental) Santiago Bernabéu lo mandó al banco por una anécdota referida por el propio Alonso: “Llegamos al hotel a cenar después de un partido, y tanto Rafael Lesmes como yo pedimos carne, no tortilla de patatas con se dijo. Como el camarero tardaba, nos levantamos de la mesa y nos fuimos a la habitación”. Allí mismo Bernabéu puso una conferencia a Argentina y fichó a Domínguez.

Otra derrota dolorosa en Mallorca- 3-0

Vicente Moreno
¡Que gran hombre éste!

Francisco Javier Gómez Izquierdo

         Tras la extraordinaria lección estratégica del entrenador Enrique Setién en Barcelona y su facilidad para hacer daño en el punto mas débil o menos coordinado del en teoría gigante azulgrana con la velocidad del joven dominicano Junior Fripo, al que ya se bautiza como el nuevo Jordi Alba -nos alegra que el seleccionador haya partido peras con el lateral- he soltado la verdiblanca para ponerme la blanquiverde que puede parecer lo mismo pero que no lo es ni por asomo. 
     
El Córdoba ha salido en Mallorca con regulares trazas sin la mínima pista de cómo iba a acabar la tarde. Comienzo equilibrado, si me apuran más valientes los nuestros, sobre todo en la primera parte en un partido de poder a poder, como decimos los antiguos, que amenazaba decidirse con un mínimo detalle. A la media hora se fue la luz y en ese cuarto de hora de paro, Vicente Moreno, que es un sufridor del fútbol tanto de jugador, eterno capitán  de aquel Xerez estupefaciente al que consiguió mantener un año en 2ª durante su desbocada caída hacia la nada, como de entrenador, recuerden que pasó de jugador a entrenador en Xerez y siempre en precario salvó esa temporada a los bodegueros y luego se fue a Tarragona para ascender desde 2ªB al Gimnástico como también hizo el año pasado con el Mallorca; Vicente Moreno, como digo, explicó de qué pie cojea Fernández, nuestro lateral derecho, y allá que fue el costamarfileño a liarla. Lago Junior es el mejor elemento del Mallorca. Delantero inquieto, técnico, regate largo, buen disparo... le sacó los colores a nuestro Fernández nada más empezar la segunda parte y a pesar de las, pongamos, loables intenciones de los nuestros, los poderes y el partido fueron mallorquines a golpe de contraataque. Hasta tres sopapos nos dieron y en los tres intervino el Junior del Mallorca, que como el Junior del Betis parecía que hoy era su día. Hace unos años aterrizó en Soria y  escapó hace dos del Mirandés a la isla sin guardar las formas que se suponen en Castilla. 
     
No tiene gran cosa el Mallorca pero nosotros tenemos menos. Vicente Gómez tiene a los suyos “muy trabajados y concentrados”. Defender  muy juntos y buscar a Lago Junior, una especie de boya salvavidas que garantiza más de un pase de gol por partido y 7 u ocho propios por temporada, son órdenes de fácil comprensión. El portero Reina anda lesionado y juega Parera un chico joven de la casa. Los laterales Gámez y Sastre son los dos diestros, pero a Sastre, que juega en la izquierda, no parece importarle el compromiso y se emplea con la misma contundencia del veterano central y capitán Xisco Campos (36 años) o del cordobés Raillo al que aquí no se hizo caso. Salva Sevilla, otro que peina canas, es el constructor en el medio -lanza las faltas y los saques de esquina- junto a Pedraza, éste más sacrificado que el ex-bético y ex-sevillista. Dani Rodríguez, el mejor jugador del Albacete el año pasado, se ha hecho imprescindible con Vicente y hoy nos ha marcado un gol de mucha categoría. Aridai es media punta discreto al que hoy casi no se le ha visto. El peligro está en Lago Junior y Alex López , pues los puntas Stoichkov, que se habrá puesto nombre tan fiero para dar el miedo que no mete llamarse Diego Molina el de San Roque... Buenacasa, un meritorio maño de 22 años, y Abdón Prats, se fogueó en el Burgos, son más bien discretos y de los que se espera  marquen los goles que les ponen Salva Sevilla y Lago Junior.  
     
Otra terrible decepción en una tarde que yo esperaba propicia y que me deja compungido ahora mismo con un ojo en Balaídos donde Benzemá, a la espera de buen señor al que servir, marca un golazo mientras el descanso del Boca 2 River 1.

Lunes, 12 de Noviembre



Donde la luz es huracán

domingo, 11 de noviembre de 2018

Con Kipling en las trincheras

[Publicado en ABC Cultural]

Rudyard Kipling

 
Ignacio Ruiz Quintano
Abc Cultural

Europa viene a ser hoy, espiritualmente, como la Comala de Pedro Páramo: un lugar inane (inánime).

¿Qué hizo que aquel “pueblo que olía a miel derramada” se convirtiera en este lugar sin vida?

La Gran Guerra.

La Gran Guerra trae la frivolidad de los cigarrillos y el prestigio de la palabra “democracia”, merced a la propaganda americana: para justificar popularmente el sacrificio de americanos en la Gran Guerra, Woodrow Wilson tiene que pronunciar la fórmula mágica, que es que sus hombres, un millón, van a Europa a defender la Democracia.

Para acercarse a la complejidad psicológica de la Gran Guerra recomiendo tres historias: “La crisis mundial 1911-1918”, de Winston Churchill; “Tempestades de acero”, de Ernst Jünger; y “Viaje al fin de la noche”, de Louis-Ferdinand Céline. Las “Crónicas de la Primera Guerra Mundial” de Rudyard Kipling, que pierde a su único hijo varón en la catástrofe, serían, literariamente, un tentempié elegante en plena devastación espiritual (prologadas con gran finura intelectual por Ignacio Peyró).

Así son las cosas en esta guerra… –anota Kipling el 16 de junio de 1917–.Y ahora, si no tenía inconveniente, ¿deseaba ir a escuchar un poco de música, que tocaba su banda? La banda vivía en aquellos anaqueles de roca, e iba a tocar las marchas del regimiento y la compañía. Pero uno de los alegres muchachos movió la cabeza con gesto triste. “Estos austríacos no son muy… musicales. No tienen oído para la música”.

Winston Churchill
Winston Churchill resume la sabiduría, y divide los sucesos de la Gran Guerra de un modo natural en tres períodos: el primero, 1914, el choque inicial; el segundo, 1915, 1916 y 1917, el equilibrio; y el tercero, 1918, la convulsión final.

La guerra en el Oeste se resolvió en dos períodos de batalla suprema, separados por tres años de guerra de sitio. La escala e intensidad del primer choque de 1914 no han sido apreciadas plenamente: en los tres primeros meses, los franceses habían perdido entre muertos, heridos y prisioneros a 854.000 hombres. El pequeño ejército británico, a 85.000. Y los alemanes, a 677.000.
Ernest Jünger resume la épica: se alista como voluntario al estallar la guerra y es enviado al frente francés.

Me gusta recordar las semanas anteriores a la guerra; se caracterizaron por una atmósfera de euforia y laxitud como la que suele preceder a las tormentas de verano… Sentados en el tejado, charlábamos cuando pasó por la parte de abajo, montado en su bicicleta, el cartero, como siempre a aquella hora. Sin bajarse, nos gritó estas tres palabras: “¡Orden de movilización!”
Louis-Ferdinand Céline resume el desengaño. También su personaje se ha alistado como voluntario, aunque en seguida se descubre arrepentido: aquellos soldados desconocidos nunca les aciertan, pero los rodean de miles de muertos, parecen acolchados con ellos. Él ya no se atreve a moverse:
Pensé –¡presa del espanto!–: ¿seré, pues, el único cobarde de la tierra?... Perdido entre dos millones de locos heroicos, furiosos y armados hasta los dientes... La verdad era, ahora me daba cuenta, que me había metido en una cruzada apocalíptica. Somos vírgenes del horror, igual que del placer. ¿Cómo iba a figurarme aquel horror al abandonar la Place Clichy? ¿Quién iba a poder prever, antes de entrar de verdad en la guerra, todo lo que contenía la cochina alma heroica y holgazana de los hombres?

Ernst Jünger
Rudyard Kipling se presenta en Francia como propagandista de la causa aliada. La propaganda, dice Santayana, debe ser especulativa (“los hechos meramente fríos no pueden arder”), y a Kipling se le ve en estas crónicas desbordado por el monstruo de la guerra, descargando todo su furor contra Alemania, “separada ya de la hermandad de los hombres”.

Al comentar la veneración por el militarismo de Kipling, que es “un militarismo por amor no al valor, sino a la disciplina”, Chestertonconcluye que lo malo del militarismo no es que muestre que algunos hombres son altaneros: lo malo es que muestra que la mayoría de los hombres son mansos.
Los jóvenes que en agosto parten a la guerra lo hacen como si se dirigieran “a una batida de faisanes”, y convencidos de que en Navidad todos estarán de vuelta en casa. 
Si alguno pregunta por qué hemos muerto, diles: “Porque nuestros padres mintieron” –sería, finalmente, el epitafio de Kipling para su hijo y todos los hijos muertos.

Borges, que lo tiene por el mayor escritor comprometido de su época, sospecha que Kipling comprendió al fin de su carrera que a un autor puede estarle permitida la invención de una fábula, pero no la íntima comprensión de su moraleja.

Louis-Ferdinand Céline

El epitafio de la Gran Guerra lo hace Kipling, pero la moraleja la deduce Paul Valéry en “La crise de l’esprit”, artículo de 1919.
En una frase que el filósofo Peter Sloterdijk incluye entre las dos o tres frases definitorias en términos absolutos del siglo, Valéry dice: lo que ahora sabemos es que también la civilización es mortal y que “el abismo de la historia nos afecta a todos”.

Significa, dicho lisa y llanamente, que no sólo el hombre es mortal, como suponía la tradición helénica, cristiana y humanística, sino también la civilización.
Téngase esta idea presente cuando, al paso de estas elocuentes “Crónicas…”, nos adentremos con Kipling “en la frontera de la civilización”.