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lunes, 24 de abril de 2017

Si Zidane fuera Don Juan


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    En el día de los clásicos, San Jorge en Barcelona y San Cervantes en Madrid (más San Shakespeare en Inglaterra, el pueblo que inventó el balompié), un clásico, y esta vez decisivo, en el Bernabéu, Real Madrid-Fútbol Club Barcelona, los dos clubs más ricos del mundo en el país más endeudado de la Unión Europea, con Zidane barajando el mazo de cartas.

    ¿A quién votaría ayer Zinedine Zidane?

    ZZ es francés (ayer fue San De Gaulle, patrono de la V República, que es lo más parecido en Europa a la democracia americana), y en Francia lo miran como a un Don Juan. Nació en Marsella el año en que Roger Vadim (con guion de Jean Cau) rodaba alrededor de las corzas mellizas de Brigitte Bardot una melodía de seducción que titularon “Si Don Juan était une femme...” En Madrid Zidane cae igual de bien a hombres y a mujeres (¡seducción!), y Pérez, que fue el único en creer en él, tiene derecho a jugar a Vadim (pero sin Jean Cau, muy lejos del alcance del bruto Ferreras) y montarse una película en plan “Si Zidane était Don Juan”.

    Salvo el orondo alter ego obispal de Valdano, nadie habla mal de Zidane.
 
Zidane está inmerso en un bucle primaveral y rabelesiano (de Rabelais), con Atlético/Liga, Bayern/Champions, Barcelona/Liga y Atlético/Champions que es mucho banquete: el banquete de Zidane.

    El Atlético/Liga salió mal (el bisturí de Griezmann), pero en seguida lo reparó Míchel torciéndole el brazo a Luis Enrique en Málaga.
 
El Bayern/Champions, en cambio, salió redondo en lo futbolístico, en lo sentimental y en lo arbitral. En lo futbolístico, con la apoteosis alada de Marcelo, gozador como un abejorro de jardín en una mañana de abril. En lo sentimental, con la despedida de Xabi Alonso, que siempre fue un poco la Escarlata O’Hara de lo que el viento se llevó, ¡la Vivien Leigh del Mourinhismo! (cuyo Rhett Butler siempre será Mourinho), que hizo del medio centro su hogar (“Tara... es mi hogar. Iré a mi casa, idearé algo para hacerle volver. Después de todo, mañana será otro día”). Y en lo arbitral, con Kassai y el picante de su caserismo al estilo culé, que hizo más sabrosa la eliminatoria, oh, tiempos de Saporta y Pepe Plaza.
 
El Barcelona/Liga era, de antemano, el final ideal para cualquier competición. Es tal el peso de la historia, que resulta casi irrelevante que los modernos propagandistas del Barcelona sean el saltarín papa argentino o el chisposo biógrafo de Madiba, y los del Madrid, Ferreras, un tenebroso sacamuelas de la TV del Príncipe de las Tinieblas, o Errejón, el becario “black” cuyo ideal político es el camionero que ha convertido Venezuela en una barraca de tiro al pato, siendo el pato cualquiera que salga a la calle.

    Eliminado en Europa por la Juve más triste de Allegri, la consolación del Barcelona pasaba por ganar en el Bernabéu, y sin Neymar, sancionado, el futbolista más sobrevalorado que se recuerda (para neutralizarlo, basta con que el árbitro aplique el reglamento, como Kuipers la noche del miércoles: si se tira a la piscina, dejarlo nadar, hasta que salga… o se ahogue).
 
¡Los chinos quieren ver a Neymar, no a su suplente! –pataleban los medios catalanes, como si Neymar fuera Gento, y su suplente, Manolín Bueno.
 
¡Chinos en la costa!

    Al hilo de la famosa nota de Coleridge (“Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano… ¿entonces, qué?”), no sería ningún disparate pensar que toda la historia culé en los años de Messi sólo ha sido un cuento chino.




SILBO DE VARIA LECCIÓN

    Cristiano reveló su lado más entrañable al término del partido contra el Bayern, cuando dijo: “Lo único que pido es que no me silben”. Ese temor a no ser querido explica el comportamiento de Cristiano en sus años de madridismo. Para el pobre aficionado (no digo el pipero, pues el pipero, con la boca llena de pipas, no puede silbar), “el silbo es la prolongación viva y palpitante de la ilusión adolescente”. Mas, para Cristiano, el silbo es la medida definitiva del desamor, y la mera posibilidad de ser silbado lo angustia de tal modo que lo expresa en un día de grande felicidad europea, que es decir madridista. Gerardo Diego, taurino y futbolñero por igual, llevaba razón: “Grandes son los poderes del humano silbo ya del simple o natural, alargando el hociquillo, ya del ayudado con ambos índices”. Y, sin embargo, un día ocurrirá.


Lunes, 24 de Abril


Siempre que el catolicismo se ha visto apartado por considerarse que es cosa anticuada, se las ha ingeniado para volver como novedad.
Chesterton

domingo, 23 de abril de 2017

Cassandra

Catedral de Zamora

Por qué votaré a Emmanuel Macron

Fillon, Macron, Mélenchon, Le Pen, Hamon: Debate TV del 20 de marzo


Jean Palette-Cazajus

El “carnaval” de la elección presidencial francesa -la palabra es del filósofo alemán Peter Sloterdijk-  celebra su primera vuelta este domingo 23 de abril. La campaña  ha transcurrido entre el onirismo, el cabreo y la perplejidad. Todo ello, según Le Monde, en un clima de “descomposición política avanzada”. Desde un principio, nada ha ocurrido como se esperaba. Todavía hace cuatro meses se daba por descontado que el actual presidente se presentaría a la reelección. Por parte de la derecha, sobresalía en los sondeos Alain Juppé, ex Primer Ministro de Jacques Chirac y actual alcalde de Burdeos, hombre de talante moderado y reconocida inteligencia política.

El 20 de Noviembre de 2016, en las primarias de la derecha, saltó la primera sorpresa. François Fillon borró del mapa a Juppé. Algunos días más tarde, François Hollande anunciaba que renunciaba a sucederse a sí mismo. Manuel Valls dimitió entonces del cargo de Primer Ministro para presentarse a las primarias del Partido Socialista. Pagó el desgaste  político del cargo y venció el candidato menos esperado, el izquierdista Benoit Hamon, líder de los llamados contestatarios, los que torpedearon desde dentro el quinquenio de Hollande. Me enteré, casi por casualidad, de que el filósofo Alain Finkielkraut, con quien comparto intelectualmente tantas cosas, había participado en las primarias del PS y aportado su sufragio a Manuel Valls. Me sorprendió un poco. Pero habría hecho exactamente lo mismo de no haberme encontrado, por aquellas fechas, en Madrid. En la radio, Finkielkraut contaba que para él Valls encarnaba una izquierda republicana, responsable, laica y patriota. Era también mi opinión. Con la eliminación de Valls a manos del pertinaz infantilismo gauchista, el Partido socialista se hizo el harakiri.


 Mélenchon en Toulouse
Con la bandera republicana española arriba, a la izquierda

En los barcos, sobre todo los anteriores a la construcción industrial, el centro de gravedad no se correspondía forzosamente con la perfecta simetría. En la nave Francia el centro de gravedad sociológico suele situarse en el centro izquierda, incluso en las épocas en que parece dominar de forma más evidente la derecha. Sería largo de explicar, pero lo intentaré  breve y metafóricamente. El gran lexicógrafo Littré, autor de un prestigioso Diccionario de la Lengua Francesa, decía, en 1851, que el lema «Libertad, Igualdad, Fraternidad» era «completamente incapaz de representar la existencia de ninguna sociedad real». El régimen colaboracionista del mariscal Pétain, que abolió la República, gobernó entre 1940 y 1944 con el lema de «Travail, Famille, Patrie». Lema ciertamente poco exaltador, pero más casposo que escandaloso. Alguien dijo que podría ser el de la China actual. Pero entre los franceses es un lema que sólo rezuma y recuerda indignidad.

De modo que el lema republicano es a la vez lo suficientemente irrealista, como decía Littré, y motivador como para permitir vacunarse contra toda necesidad de ideologías mesiánicas y totalitarias. Al referirme al citado centro de gravedad enuncio un hecho, no proclamo una adhesión. En política como en filosofía, me sobran preguntas y me faltan respuestas. Aprecio el “Credo” de Kolakowski, aquel paradójico texto titulado “Cómo ser conservador -liberal- socialista” que traje a estas páginas, el 13 de diciembre 2016.  En mi presentación del añorado filósofo polaco, aludía a aquel “sujeto político individual que elige visceralmente la parte antes que el todo o, lo que es lo mismo, el antagonismo antes que la reflexión”.

 El cartel electoral de Fillon antes y después de las revelaciones

Actualmente tenemos a cuatro candidatos prácticamente “en un pañuelo” como dice la prensa. El de la izquierda populista, prefiero decir “caudillista”, Jean-Luc Mélenchon, 65 años, que ya era candidato en 2012. Digo “caudillista” porque detrás de Mélenchon, ĺa base electoral es la del muy raquítico Partido Comunista y la del Partido de Izquierda, fundado por el propio Mélenchon y tampoco muy boyante en las urnas. Pero el líder máximo es un personaje truculento, efusivo mientras la voz suele ser bonachona unas veces y las otras, sarcástica. Su acento pretende ser antiparisino, antielitista, popular sin ser vulgar. Es un estupendo tribuno, que busca claramente sus referencias en la Revolución Francesa en general y Danton en particular. Elocuente y solemne, con desparrames líricos -“Francia bella y generosa que amaneces cada día como una mañana nueva”-  que enloquecen a sus partidarios. Es también el más espontáneo, desenvuelto y ocurrente de los cuatro favoritos. Un sublime y peligroso charlatán de feria. En sus mítines, multitudinarios, la bandera tricolor ha desterrado la roja y ha bautizado su movimiento “La Francia insumisa”. Si insisto en sus talentos comunicacionales es que bien podrían franquearle el acceso a la segunda vuelta.


Marine Le Pen en Nantes

En cuanto a su programa, tiene parentesco “podemita”. No oculta sus simpatías por las huestes de Pablo Iglesias.  Ni la que sentía por Fidel Castro y Hugo Chávez. Preguntado, el 20 de abril, si Venezuela está en trance de dictadura, contesta: “Je ne sais pas”.Tiene fama de culto. Gran punto a su favor en Francia. Sin duda gracias a la soltura de su lengua y a sus numerosas citas y referencias, harto discutibles. Las respuestas y las soluciones salen de su boca como conejos de la chistera. Desprecia la palabra complejidad. Tal propensión al simplismo y al buenismo universal, particularmente respecto del Islam y de la inmigración, me producen sudores fríos. Lo mismo que su programa socioeconómico y europeo cuya generosa ingenuidad acabará de hundir la maltrecha competitividad francesa. Todo el mundo, menos sus partidarios, se pregunta con qué varita mágica conseguirá los 270 mil millones de euros necesarios para su política. Sólo hablaré del descolgado candidato socialista, Benoit Hamon, grisáceo aparatchik, para recordar que la mayoría de su electorado se ha pasado a Mélenchon y que lo único positivo de su permanencia en la campaña habrá sido, esperemos, evitar el paso del aventurero a la segunda vuelta. Aunque sigue siendo muy posible que la “ilusión lírica”, el pecado mortal de la izquierda francesa, termine castigando otra vez el país, esta vez definitivamente.

En la derecha moderada, llamada en Francia “derecha republicana”, el morbo del “caso Fillon” habrá marcado toda la campaña. Tras su victoria en la primaria de la derecha, casi todos le auguraban una elección imperdible y un camino de rosas hasta el Elíseo. François Fillon, ex primer ministro de Sarkozy, es un notable de provincias con aspecto elegante y digno y cara amena de persona de confiar. Desde un principio fue acusado de pretender poner en marcha un “thatcherismo” a la francesa. Su primer y grave tropiezo fue defenderse de la acusación de insensibilidad social escudándose detrás de sus valores católicos. Torpeza grave en Francia donde existe un general consenso -que suscribo- sobre la ausencia, en el debate político, de toda referencia a las creencias o no creencias religiosas de los candidatos. Luego saltó la primera noticia del largo culebrón, el de los casi 900 000 euros cobrados por su esposa  a lo largo de los años por supuestas labores de asistencia parlamentaria nunca aclaradas ni declaradas. Sin hablar de los elegantísimos trajes regalados por un amigo, cuyo valor total se acercaba a los 50 000 euros.  Difícil después de todo esto convencer a los peatones del sueldo mínimo de que no hay más vía que la del rigor. Fillon olvidó el refrán africano: “Si quieres subir al cocotero, procura tener el culo limpio”. Parecía difícil que pasase  a la segunda vuelta, pero resulta que progresa a pasos de hormiga. El núcleo duro que se mantiene fiel es el de una derecha tradicional incapaz de reconocerse en otro candidato.

 Emmanuel Macron en Pau, el 12 de abril

A Marine Le Pen, sus numerosos seguidores sólo la conocen, cariñosamente, por “Marine”. Pero esta freudiana castración del apellido paterno no puede negar la fatídica dimensión dinástica de la candidata populista. Palabra que no le gusta, ni que la clasifiquen en la extrema derecha. Es la que lo tiene más fácil. Jamás confrontada al implacable revelador del ejercicio del poder, puede presumir de inmaculada vestal política y decir lo que quiere. A diferencia de su sobrina, la heredera ideológica del abuelo, la dulce y rubia Marion Maréchal Le Pen, cabe pensar que Marine se ha distanciado algo de la ideología paterna. Pero en su entorno inmediato sigue habiendo muchos individuos de dudosa trayectoria. En cambio es clamorosa la ausencia, en sus filas, de personal político con capacidad para asumir cargos de gobierno. Su electorado es el más popular, desesperado y frustrado de todos. Es también el electorado de menor nivel educativo. Y sin duda el más iluso, quebradizo y volátil. No dudo de que, a los tres meses de su mandato, la mitad de sus tropas actuales habría desertado. Ni ella cree en la viabilidad de su programa, particularmente de salida del euro. Su chistera y la de Mélenchon compiten en la producción de conejos. Pero la demagogia marinista, en este final de campaña, ha llegado a la impudicia y le puede pasar factura. Tiene posibilidad de ganar si se produce la pesadilla, es decir una segunda vuelta Mélenchon - Le Pen. El engorroso quiste “marinista” sólo encontrará solución cuando los gobernantes, antes que al chivo emisario, se enfrenten lúcidamente a los problemas que lo sustancian, el horizonte migratorio y el chantaje islamista.

Queda el ovni Emmanuel Macron, recién aterrizado en la vida política . Lo escuché por primera vez en una entrevista televisiva y me impresionó su portentoso disco duro. Sigue encabezando los sondeos, pero parece haber entrado en una fase de estancamiento. Su electorado es el más indeciso, pero también el de mayor nivel educativo. Se le reprocha indefinición ideológica y falta de programa. Pero en la barahúnda electoral sólo los incautos creen entender “programas” donde atruenan las “proclamas”. Lo dijo un día Jacques Chirac, a corbata quitada: “Las promesas electorales sólo comprometen a quienes se las creen”. Macron pretende impulsar una dinámica de las  buenas voluntades, de izquierda y derecha. Es un juego malabar y un reto jamás intentados en Francia. En cuanto a la prudencia y la sinceridad en las declaraciones, son pésimas armas de campaña. Uno de sus asesores, el ensayista Alain Minc, dijo que Macron quería concitar a su alrededor el “círculo de la razón”. Oía por una vez un eslogan político que no ofuscaba mis oídos. Contribuir a iniciar en Francia la difícil ruptura con las ideologías insurreccionales, las ideologías oníricas y las ideologías del egoísmo posesivo puede merecer la pena. Según Marine Le Pen, “con el Sr Macron tendremos al islamismo en marcha, al comunitarismo en marcha”. Lo creo consciente de los peligros. Pienso incluso que, por la extrema novedad de su apuesta frente a las inercias ideológicas, salir con vida de esta campaña es finalmente el mayor escollo para él. Luego, su falta de prejuicios le debe predisponer a una particular receptividad ante las heridas profundas de la sociedad civil. Ciertamente, me preocupa su juventud e inexperiencia (39 años) para estar a la cabeza de un país con capacidad nuclear e involucrado en varios frentes de guerra, interior y exterior.

 Philippe Poutou, candidato trotskista y sincorbatista

No debo terminar sin recordar que los candidatos son ¡once!  Detrás de los 5 citados, viene Nicolas Dupont-Aignan, un soberanista, “posgaullista de derechas”, que podría alcanzar entre el 3 y el 5%. Completan el cuadro dos trotskistas, dos complotistas de derecha y un ex pastor de ovejas pirenaico, casi vecino mío. Entre todos pueden sacar hasta el 10 %. Nada de calderilla electoral; cifra considerable que puede determinar la elección en ambas vueltas, desviando votos cruciales en la primera, decidiendo la segunda. Hoy todo es surrealismo, desconcierto, extravío y ruleta rusa.

Debería de quedar claro: voto contra dos espejismos traumáticos, Le Pen y Mélenchon. Voto contra una candidatura obsoleta e inconveniente, la de Fillon. No voto “por” Emmanuel Macron. Le autorizo con mi voto a ejercer el cargo. Sé de antemano lo que va a pasar con los otros. Incluso sus fracasos serán rutinarios. Para hablar como la calle, considero a Macron “le moins pire”, “el menos peor”. Me da motivos de reticencia, pero con  él tal vez quepa intentar algo. No hablaré de “la fuerza mágica de los comienzos”, como Hannah Arendt, porque quien vota con entusiasmo sólo puede ser un imbécil y un irresponsable. Sólo trato de permanecer en el “círculo de la razón”.

Contra la tentación abstencionista

Domingo, 23 de Abril

Valle de Esteban

La Iglesia ha tenido una infinidad de oportunidades de morir, incluso de ser dignamente enterrada, pero cada nueva generación se ha dedicado pertinazmente a llamar a la puerta.
Chesterton

"Paz a vosotros"

DOMINGO, 23 DE ABRIL

AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en
medio y les dijo:

-Paz a vosotros.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

-Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

-Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

-Paz a vosotros.

Luego dijo a Tomás:

-Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

Contestó Tomás: «Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:

-¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Juan, 20,19-31

sábado, 22 de abril de 2017

Berkeley




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La Universidad de Berkeley lleva el nombre del obispo irlandés que negó la existencia de la materia, filosofía en la que el psicoanálisis ve “la expresión de la misma analidad inconsciente que le causó, en lo físico, el sufrir de colitis”.

El obispo negaba la materia, y la Universidad, que acredita enorme reputación científica (“madre” de todas las bombas –Oppenheimer, Teller– y de casi un centenar de premios Nobel), niega las libertades de pensamiento y de expresión para imponer un leninismo comprado en los chinos, fuera del cual sólo hay… fascismo y machismo. Como la Complutense.
En su viaje a Moscú, De los Ríos, suave como un pepero de Embassy, quiso saber cuándo la dictadura del proletariado daría paso a la plena libertad en Rusia, y Lenin (hablaban en francés) le contestó:

El período será muy largo, 40 o 50 años. Pero el problema, para nosotros, no es de libertad, y siempre replicamos: ¿Libertad? ¿Con qué propósito?
Sin renunciar a los fondos públicos, el matonismo pijo de Berkeley, que recibe a Vicente Fox, El Botas, como si fuera José Vasconcelos, ha impedido (violentamente) hablar en su campus al “giocondo” Milo Yiannopoulos, por trumpiano (en España, para los franquistas del 78, “trumpiano” es igual que “facha”), y a la columnista independiente (ésta sí se gasta las pelotas que exigía Montanelli para la eclosión de una independencia) Ann Coulter.
La enfermedad infantil del comunismo es la enfermedad infantil de la Universidad. Berkeley’17 es el epígono de Princeton’65, con Tom Wolfe en una mesa redonda con Günter Grass perorando sobre el tema… del fascismo en América (entonces Johnson, como ahora Trump)…
Llevo aquí una hora mirando las puertas –dijo Grass, en inglés–. Estáis hablando de fascismo y de represión policial. En Alemania, hace ya rato que habrían entrado por esas puertas. Aquí deben de ser muy lentos.
Traducción wolfiana: “¡Intelectuales (hoy, pijos) americanos, necesitáis tan desesperadamente sentiros perseguidos!...”

Tom Wolfe

Sábado, 22 de Abril


Valle de Esteban

Sorprende comprobar lo rápido que el puritanismo se transformó en paganismo, y quizás, en última instancia, en fariseísmo.
Chesterton

viernes, 21 de abril de 2017

La total normalidad de Rajoy


Hughes
Abc

Rajoy compareció ayer analógicamente para confirmar que «irá encantado» a declarar ante el juez, cuando lo que irá es obligado. Lo hará «con total normalidad», dijo, lo que proclama definitivamente una situación en la que no cabe escandalizarse si el partido de gobierno no sale del juzgado.

Un PP que es el PP de Rajoy, no el PP de Aznar, ni el de Aguirre, ni el de Madrid (difusor, por cierto, y mecenas de un cacareado liberalismo con dinero ajeno que ha sido una de las más grandes plastas político-mediáticas en lo que va de siglo). El PP de Rajoy que, eso sí, es el heredero del PP de Aznar y del AP de Fraga, pieza fundamental de un régimen de partidos que funciona no hacia la corrupción, sino desde la corrupción (y si no, miren al zapaterismo en Venezuela).

Rajoy decidió liderar una resistencia a sí mismo haciendo el don Tancredo. Mientras recibía estáticamente al toro, mientras se quedaba parado, hecho estatua, el partido simulaba una limpieza desde dentro que, sin una partícula de democracia interna, llenaba sus cuadros de irrelevancia y seguidismo. Falso quietismo político.

Rajoy no puede exigir reformas y mucho menos regenerar un país, ilusorio cometido para el que alguna vez se creyó llamado su partido.

Este PP molusco-gurteliano recuerda en algún momento al PSOE de González, y sin embargo el tancredismo ha generado hasta una hegemónica corriente intelectual, la del «nunca estuvimos mejor»: teóricos de la conllevancia por sistema, pero sobre todo del conllevarse la pasta.

El tancredismo rajoyita es la erección patitiesa de todo lo que ya venía orteguianamente muerto.
En las últimas horas se ha dibujado un fresco curioso: proyecciones cainitas del partido (¿el femenino de cainita?), una lideresa «Feud» entre lágrimas neopopulistas, inmobiliarias, tramas angoleñas, un capo mediático y un tertuliano estructural, una televisión llegando antes que la guardia civil y el autobús de Iglesias preparado como por casualidad. Porque todo lo que le pasa al PP desemboca en Podemos, producto de estos años y a la vez garantía de su necesidad.

Rajoy declarará, pues, y estará obligado a decir la verdad. Ahí querré ver yo a mis clásicos de la «posverdad».

El bosquecillo

Zamora



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Madrid, ay, Rajoy, es hoy el bosquecillo de Nemi que da pie a Frazer a fundar la antropología con su libro “La rama dorada” (¡pintada por Turner!): en ese santuario, el rey-sacerdote, cuyas primeras canas (de ahí el auge de los tintes marianos) preludiaban su sentencia de muerte, era ritualmente asesinado por su sucesor.

Rajoy fue citado por los jueces de una trama de corrupción no de procesado, imputado o investigado, que uno puede contar lo que quiera, sino de testigo, que obliga a uno a declarar la verdad, y en la grande polvareda del poder estalla una tormenta de espadas desnudas que nos lleva de la paz inquietante de Turner a una guerra cachicuerna de Dalmau Ferrer en que la espada desnuda sería lo que el juez Pedraz, en su famoso estudio sobre el humor negro del concejal Zapata, llama “pena de telediario”, ese paseo en la carreta de Samson (la TV) de los señalados por el Destino para entretener a “les tricoteuses” en la plaza de la guillotina.

El Miércoles Negro de Madrid me pilló en Zamora: deseaba asistir al juicio del honor de los Iglesias contra la libertad de expresión de Hermann Tertsch, que en una soberbia Tercera (¡de Cavia antiguo!) glosó con datos recogidos de la Causa General una historia juvenil del abuelo del gran “conducator” (creo que predica en un autobús) del nuevo comunismo español. No pudo ser: a petición de la parte del honor, la juez decretó (para una causa de prensa) una vista cerrada, “ni prensa ni público”, y nos quedamos sin elucidar si Manuel Iglesias Ramírez fue la especie de Agapito García Atadell que pintan en la Causa General o la especie de José María Escrivá de Balaguer que pintarían los falangistas Vázquez-Prada, asturiano y pez gordo de “Arriba”, y Puig Maestro-Amado (“el hombre del loden en Gregory’s”), sevillano, procurador en Cortes y concejal en Madrid, sobre la base de que, en el 38, con la guerra decantada, Manuel contrajo... cristiano matrimonio.

El Consenso se renueva.

Viernes, 21 de Abril

Valle de Esteban

San Pedro negó al Señor, pero al menos jamás se atrevió a negar que lo hubiera negado.
Chesterton

jueves, 20 de abril de 2017

Los semifinalistas

Benjamin Mendy
22 añitos

Francisco Javier Gómez Izquierdo

      Superar los cuartos en Copa de Europa es como el notable de mi época. Muy buena nota para todos, pero insuficiente para por ejemplo el discreto Joaquín, químico que lleva más de treinta años haciendo prosperar Campofrío, o el genial Marco Antonio, un sabio empecinado en que los vascos aprendan griego. ¡Que tíos los dos, nadando todo el bachiller entre sobresalientes! Como Barça, Madrid y Bayern de estos años.

     En la presente edición  Mónaco y Atleti tienen motivos para sentirse orgullosos y satisfechos, a pesar del inconformismo de Simeone, que, no sé por qué me da, prefiere al Madrid en semifinales, sabedor, como viejo zorro que es, que el próximo árbitro sabe lo que pasó antier en el Bernabéu. El histerismo ayer de la culerada azulgrana ante las caídas de Neymar procede de la mala educación que tiene el público de los dos grandes de España. Y es que en el Bernabéu y en el Nou Camp se habla del respeto de los árbitros hacia sus camisetas como un derecho adquirido de imposible renunciación. Son los dos mejores equipos del mundo. Creo que con bastante diferencia sobre el resto, pero es evidente que están sujetos a crisis temporales  y disparates puntuales  de sus futbolistas. Y de sus entrenadores, sin duda.
    
En la vuelta ante la Juventus, al entrenador del Barça le volvió el sentido común que parecía haberle abandonado en estos últimos meses. Es cierto que no le sirvió de nada, pero quedó claro que hay muchas maneras decentes de morir. Personalmente creo que el equipo no está fresco, que el entrenador sobra ya y que los jugadores no están a gusto ante tanta extravagancia táctica. Futuro incierto el del Barça. Puede que hasta traumático, a pesar de Messi.
     
Vi muy seria ¿o serio?  a la Juve. Mucho más que con Pogba. Extraordinaria defensa. Hasta me gustó Chiellini, una de mis particulares fobias. Un centro del campo en el que ni siquiera Pjanic se permite ya las anarquistas tonterías de antaño. Y ¿qué decir de ése Dybala endemoniado que aterroriza a los más valientes centrales? Dura la Juve. Muy dura.

     El Madrid mereció pasar. Se dieron muchas circunstancias extrañas, pero el Madrid en la eliminatoria fue mejor que el Bayern. El mayor error del árbitro, para mí, fue la no expulsión de Casemiro. No porque crea que debió ser expulsado, sino porque se ha de pitar los noventa minutos con el mismo criterio. Tal que Kuipers ayer. Fútbol es fútbol y no baloncesto. Tantos miles de quejicas en el Nou Camp ante el mínimo choque es un dato revelador de por dónde va la sensibilidad del aficionado moderno educado por esos árbitros retirados de los que uno no sabe si te toman por tonto o es que su ignorancia no tiene límites. Decía ayer el Guerrero en el Marca que la expulsión de Vidal fue justa.  En el Sport, un rastreador de voluntades encontró penalty en el soplido que tumbó a Luis Suárez ante el PSG. Si los que han vivido de arbitrar ven el fútbol así, ¿qué es lo que va a ver el hincha?
    
 El Atleti, con su fútbol por etapas como si fuera el Tour, va a lo suyo. Para mí que va a llegar a Cardiff y allí que sea lo que Dios quiera. Ante Madrid y Juve, el Atleti parte como víctima. Víctima que todos sabemos nada propicia, pero víctima al fin, obligada a defenderse. Desde ahí es desde donde más bonito corren Griezzman y Carrasco y desde donde el Atleti es mortal de necesidad.
     
El Mónaco es el sobresaliente inesperado. No se sabe si porque ha estudiado bien la asignatura o porque le han preguntado los temas que domina. A mí me tiene ganado Mendy, su lateral izquierdo, y por supuesto Mbappé. Lo que más me maravilla es ese mirar hacia arriba, que en ocasiones parece insensatez o descuido, pero, si uno repara en Subasic, entiende que, cuanto más lejos del portero, mejor.

      Que Dios reparta suerte mañana... y que toque el Mónaco.

Las caras de la noticia


Rubens no solía pintar muchos tipos feos, pero pintaba mucha gente bien parecida que era demasiado guapa para ser buena, incluso en el sentido más físico de la bondad.
Chesterton

May

El Cid

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La reacción más inteligente al anuncio electoral de Theresa May es la de un Martínez en Tuiter, foro por el que, poco a poco, hace mutis, qué pena, Donald Trump:
Elecciones en Reino Unido el mismo día que torea El Cid en los Isidros. Ahí ha estado muy fino Putin eligiendo fecha (?).
No se puede resumir mejor el Zeitgeist en que la prensa culta nos ha venido educando durante los últimos seis meses, que es lo que hoy dura una era.
Según ese Zeitgeist, Putin sería al mercado electoral lo que Jorge Mendes al mercado futbolero, de manera que aquí no hay candidato político que se mueva sin el permiso de sus “hackers”, camuflados en algún lugar de Rusia.
En los tiempos en que Chamaco toreaba todas las tardes en Barcelona, para anunciar la inclusión de Curro Puya en un cartel el genial Curro Fetén tituló: “En la feria de Chamaco, Curro Puya pone una caseta”.

En la feria de Putin, Theresa May pone una caseta –sería ahora el titular de la prensa culta, si la prensa culta fuera coherente con su propio discurso, pero sea que a Putin no le interesa ya May, o sea que a la prensa culta no le interesa ya Putin, los británicos (“a race of tough seamen”) se embarcan en elecciones al margen de cualquier cálculo partidista para poder correr a gusto la gran aventura del Brexit (“of Europe, not in Europa”).

Hay dos ideas inconcebibles para la mentalidad socialdemócrata: una es la segunda enmienda de la Constitución americana; y la otra es la cultura política inglesa. No se hace raro encontrar cipotudos demócratas hispánicos que tienen a David Cameron por gilipollas sólo porque convocó el referéndum de Escocia, obligado por la Historia, y el referéndum del Brexit, obligado por la tradición. Aquí se concibe mejor la democracia platónica: “Surge cuando los pobres, lograda la victoria, ejecutan a una parte de los adversarios, destierran a otra parte, pero con los demás comparten el Estado y dejan que la suerte determine la autoridad entre la parte predominante.”

Jueves, 20 de Abril

Valle de Esteban

Si es cierto que veinte años es la duración adecuada para cualquier movimiento, ¿qué clase de movimiento es entonces el que ha sido capaz de durar casi dos mil años?
Chesterton

miércoles, 19 de abril de 2017

Toro trumpiano

Toro
Zamora

Priscilla



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Por su forma de echarse a la calle para estar con el bus de Pablemos, España es un desierto (político), y Pablemos, su reina (Priscilla). Un país sin más intereses que los de su deuda (110 por ciento del PIB, oficialmente) y en el que ahorrar es franquismo, que en 1975 dejó esa deuda en el 7,3 por ciento del PIB.

El español gasta con el ánimo infantil de quien no contempla pagar en ningún caso, pues, a derecha y a izquierda, el Consenso ha interiorizado el descubrimiento “priscilliano” (fruto del transformismo ideológico) del gran economista de la situación, Edu Garzón: “Un Estado que tiene soberanía monetaria no necesita recaudar impuestos para poder gastar”.

El Estado se gastará este año en intereses de la deuda un 75 por ciento más que en pagar el paro –anuncia la secretaría del Tesoro como si de la victoria de los tercios en Mühlberg se tratara.
España, pues, gasta mucho, pero también “impone” (la que más). La cadena es infernal, pero aquí nadie parece asustado. Mattis nos pasa la factura militar que nos corresponde (2 por ciento del PIB) y María Cospedal la recoge con una sonrisa y sin pestañear, a lo mejor por lo mismo que, según el chascarrillo, sonríe y no pestañea la Gioconda: no piensa pagar. (Si Europa no tiene presupuesto defensivo es, dice Slotersdijk, porque no puede practicar una política tan fea que la obligaría a desmentir sus ideales liberales y democráticos.)

Un liberal de torrija en Embassy sonreirá al paso de Priscilla, reina del desierto, por la Castellana, y, sin embargo, no ha sido el agiotismo comunista de Edu Garzón lo que nos ha llevado a deber el 110 por ciento del PIB sin nadie que rechiste.
Con la Constitución democrática (¡ésta sí!) recién estrenada, Jefferson, que no es precisamente un moralista, vive angustiado por el perjuicio que la deuda nacional causará a la generación siguiente y establece en 19 años el plazo máximo para devolver los préstamos sin faltar a las normas de la moral.

Miércoles, 19 de Abril

Valle de Esteban

En suma, lo que siempre es la juventud, lleve o no razón: agresiva.
Chesterton

martes, 18 de abril de 2017

Un ! solitario



Hughes
Abc

Además de los cambios evidentes en la política internacional, algo esencial en Trump se ha transformado. Twitter era uno de sus medios de expresión favoritos y en su cuenta se perciben cambios inquietantes. Según el Washington Post, Obama usaba las exclamaciones en un 22% de mensajes, Trump en un 59%, pero desde la elección el ritmo ha cambiado y además ha dejado de repetir los signos. Ya solo uno (!), reglamentariamente, y no una sucesión nerviosa (!!!!!!). Nerviosa o pletórica. Porque se criticaba esa licencia ortográfica, pero era parte de su encanto. En algún sitio leí que era el estilo de alguien entre la crisis religiosa y la crisis nerviosa. Era evidentemente, una forma más de apelación emocional. Pero en Trump esos mensajes eran algo más. Recuperaban la hipérbole, la hilaridad, una comicidad muy personal. Ya no usa “loser”, ni repite tanto la palabra “jobs”. El “loser” era una categoría, una oposición fundamental. El “loser” era una decadencia del carácter. El “job” era el objetivo de su populismo, y su clave interpretativa: la corrección a corto y medio plazo de los trastornos derivados de la globalización. Pero eso ya no está. Ahora dice de algo que es “incorrectamente indicado” en lugar de que es mentira, o “fake”. No sólo es una pérdida de tono, es una pérdida de energía. El trumpismo no llega igual si llega a medio gas. Falta el núcleo de exaltación, la energía del movimiento. ¿Lleva él su cuenta? Sigue exclamando y aún acaba con palabras en alto (el famoso “sad!”) pero ya no es lo mismo. No suena igual.

La hilaridad trumpiana era clave, era la inteligencia y el guiño de su populismo. ¿Cómo iba a ser tan malo algo voluntariamente risible? El chiste que hizo de McCain y su heroísmo fue fundamental: era casi sacrílega la forma que tenía de reírse de un héroe nacional. Era ese Trump que iba a darle la vuelta a algunos valores, a algunas categorías. Un irreverente, un clown contra el establishment. Pero ya no lo vemos. Sólo lo he encontrado en dos recientes imágenes de Pascua. En una, escuchaba el himno junto a Melania, que le tuvo que dar un codazo para que se pusiera la mano en el corazón porque andaba alelado. Su rostro estaba recorrido, lleno, por una sonrisa bobalicona de media luna. El americano típico. Homer, John Candy. Parecía ido, flipando en un trip de azúcar. La otra imagen que me hizo recordar la antigua hilaridad trumpiana (era la hilaridad vs Hillary) la vi en una firma de gorras. Un niño le daba la suya para que se la firmara y Trump, ausente, al firmarla no se la devolvía, sino que la lanzaba al público. ¿Pero y el niño? ¿Cómo se puede ser así? Era cómico de un modo extraño, porque recordaba a aquella otra vez en que expulsó de un mitin a una madre con el niño, pero también había algo desasosegante. Extraño hasta una insensibilidad inhumana, casi robótica.
Las dos imágenes tienen algo en común. Es un Trump ausente, zombi. Un Trump al que Melania ha de rescatar, o que decide olvidar u olvida sin más al niño que le dio la gorra (el gesto menos popular del planeta). ¿Qué clase de persona deja a un niño sin firma y además sin gorra?

Trump no es Trump. Parece otro. Iba a ser el elemento persuasivo para una revolución y ahora parece ir montado en una energía ajena: alguien tan desconcertante como para hacer posible el gran giro hacia lo que allí llaman centro (que hasta el momento es bombardeo y unilateralismo). El Trump actual parece un reo del Deep State. Un falso Trump. No parece un rebelde, alguien que fuera a poner los pies encima de la mesa, sino alguien de estilo imitable, pero apagado, y dócil en lo desconcertante. Antes era desconcertante, pero de otro modo. A mí me ha recordado al cantante Drake. El estupor de Drake. Pero sin su salida rompedora y genial. El actual Trump no parece Trump. Está disminuido, poseído.

Hay que estar atentos para ver dónde se fue la energía trumpiana, dónde quedó la voluntad trumpiana. Los tuits de Trump son una suplantación. La familia de Trump ya no es el grupo de invitados naif que salía al final de la función paternalista, sino un conjunto de imprevistos protagonistas. Y la misteriosa psoriasis de Bannon ha sido sustituida por un coro de neocones. Pero la clave es Trump. ¿Dónde está su enfado? Es como un autócrata hiperglucémico. Estaba enfadado, furioso con el Deep State y desde entonces… es una sonrisa abúlica. Un ! solitario. Un nuevo tono presidencial, que no es el suyo, y un imperialismo desconcertante. Es la carátula grotesca de una energía distinta. ¡No la energía popular! ¡No la energía de sus americanos del MAGA! El Trump actual es, no el rostro del populismo, sino otra cosa. Remata flácidamente una energía que no se sabe de dónde viene.

El turco

Mustafa Kemal Atatürk

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Turquía ha votado en referéndum pasar del gobierno laico de Kemal Atatürk, la revolución que Camba cubrió de corresponsal en Constantinopla, al gobierno devoto de Tayyip Erdogan, un “califa” en la Otan.
El Consejo de Europa de Tusk (a quien nadie ha votado) advirtió contra el “cambio autoritario de un solo hombre que debilita la democracia” en Turquía, pero la advertencia, viniendo de un continente entregado a las partidocracias, sólo puede ser una metáfora, que las metáforas gustan mucho a los alemanes, para quienes la democracia no es más que una metáfora del Estado de Partidos, ese invento suyo.

El turco Erdogan es musulmán, pero la protestante frau Merkel tiene dicho que “Europa es el islam”, que es su forma metafórica de decir “soy musulmana” como Kennedy decía “soy berlinés”. En realidad, frau Merkel trata de decir que ella es de Hegel, el teólogo (más que filósofo) que dice que el Estado es Dios, y ahí tenemos el Estado de Partidos.

En un Estado de Partidos, el jefe del partido mayoritario lo es del Ejecutivo y del Legislativo, pues de su dedo dependen, aparte las listas electorales, las presidencias de todas las instituciones: Gobierno, Congreso, Senado, Supremo, Constitucional, Consejo General del Poder Judicial, Cuentas, Consejo de Estado, Banco Central, Comisión del Mercado de Valores, Autonomías… Ya lo dijo Gerhard Leibholz, arquitecto jurídico del sistema: el Estado de Partidos elimina cualquier representación y supera la voluntad general de Rousseau, así que, si en Europa todo el mundo corre tras de Rousseau (cuyo calvinismo, por cierto, le lleva a decir que es mejor el islam que el cristianismo), ¿por qué había de ser Erdogan tan tonto de correr tras de Montesquieu?
Para saborear el encanto de Constantinopla, decía Camba hace un siglo, no hay nada mejor que quedarse en Madrid, con lo que la ambición de Erdogan puede resumirse en que quiere tener en Constantinopla al menos los mismos poderes que Mariano tiene en Madrid.

Martes, 18 de Abril

Valle de Esteban

El catolicismo ha sido ignorante, tanto que ni siquiera se enteró de que el protestantismo había muerto.
Chesterton

lunes, 17 de abril de 2017

El chollo de Proust

Avenida Ciudad de Barcelona

Faltan diez puntos


Francisco Javier Gómez Izquierdo

           Dan ustedes fe de que sin encomendarme a Dios ni al diablo me meto a agorero a principios de cada temporada con tan indiscreta alegría que a veces me cuelo estrepitosamente en alguna de mis apreciaciones. Si les digo la verdad no me acuerdo, y tampoco lo voy a mirar, pero un vigilante que lee lo que aquí pongo me echa en cara que coloqué al Mallorca entre los favoritos al ascenso. No me extraña que lo hiciera, porque en agosto entrenaba Fernando Vázquez, y  una plantilla que cuenta con Salomao, Juan Domínguez, Juan Rodríguez, Brandon, Yuste, Culio... no puede descender a 2ªB. Pero tiene toda la pinta de que lo va a hacer. De todos modos, no se tomen en serio lo que un servidor diga, porque un servidor no es más que un simple aficionado que habla como tal y que cae en la tentación de imaginar jugadas, goles y comportamientos ajenos. Eso sí, aficionado veterano.
         
El meticuloso vigilante tiene un pariente que juega en el Mallorca que en verano apostaba por el ascenso de su equipo ó al menos estar clasificado al asomar mayo en el puesto del Cádiz o el Tenerife, pero ya se sabe que la Segunda División es Liga de la que no te puedes fiar y creo que esto sí que se lo dije a la cara. En Córdoba, con bastante peor plantilla, andamos un poquito mejor que el Mallorca, gracias al triunfo, esta vez merecidísimo, ante el Almería, y si la próxima jornada puntuamos en la isla, el naufragio mallorquín será escandaloso y definitivo. Pero no sólo son los históricos Mallorca  y Córdoba los amenazados de ruina. ¿Qué decir del Almería? Pésima impresión la de ayer en El Arcángel. Sin Fidel, expulsado, todo sea dicho. Se salva Puertas. ¿Y el Rayo?  Seguro que en verano no imaginé los sonoros  estertores con los que estos históricos angustian a sus aficionados. A la que estoy seguro que apunté al descenso fue a la UCAM Murcia, conjunto sacrificado y voluntarioso, méritos de antaño que siempre han sido alabados, pero que me da que no van a servir. En el  Mirandés ni había ni hay y me da que desgraciadamente ni habrá. Lo veo como uno de los fijos a bajar. Otro apunta ser el Alcorcón, al que se le ha abierto una herida que no deja de sangrar. Del torbellino ahogador no salvo al Gimnástico, para mí el equipo más extraño y anarquista de la temporada. Del Reus no digo nada, pero un once en el que el más imprescindible es López Garay no puede vivir sin sobresaltos. Mayo lo dirá.
      
Quedan ocho partidos. Veinticuatro puntos. El Córdoba, el que más me interesa, tiene cuarenta. Creo que ganando tres partidos de casa de los cuatro (Mirandés, Oviedo, Reus y a un Gerona ascendido en la última jornada) bastaría para salvarnos. La tarea no la entiendo como desproporcionada, pero alguno habrá, que si, Dios no lo quiera, descendemos, me lo reprochará por no atinar en los pronósticos.

La agenda de Zidane

Gonzalo García Pelayo

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La agenda de Zidane con Atlético, Bayern y Barcelona de una sentada sólo es comparable a la de Trump con Rusia, Siria y Corea del Norte, sólo que Zidane, un hombre que oye voces, cuenta con mejor prensa.
    
Establishment él mismo, Zidane es el ojito derecho del establishment, que adora el azar. Del Zidane futbolista nos queda la volea de Glasgow, que hizo del fútbol un juego de azar. Y del Zidane entrenador tenemos un montón de “photo finish” (azar con flash) que deciden campeonatos.

    Van Gaal y Mourinho han hecho sus carreras tomando apuntes. Zidane, en cambio, da la impresión de presentarse a los exámenes sin preparación, como hacen los tíos con suerte. Van Gaal y Mourinho van al banquillo como Gonzalo García Pelayo iba al Casino, con un fajo de folios repletos de cálculos de probabilidades. (“La fabulosa historia de Los Pelayos” o “Breaking Vegas: The roulette assault”). Zidane se sabe un elefante trompa arriba y se planta ante la ruleta con las manos en los bolsillos: no tiene sino que apostar y ganar. Esto debe de sacar de quicio a los entrenadores de folio en la mano y lápiz en la oreja, pero así es la vida. A falta de tres minutos sacas a Casemiro para aguantar el empate en Gijón y en la confusión de la agonía surge Isco y mete el gol de una victoria con pololos de Liga.

    La Liga es la machada que necesita el Madrid, que sigue colgado de la de Mourinho, aquella piñata con récord de puntos y goles. La Copa de Europa es gloria (da la medida de una leyenda), pero la Liga es seriedad (da la medida de la historia).

    Atlético-Bayern-Barcelona, y Zidane en el banquillo.

    –El mundo se está volviendo loco –dijo el otro día en Inglaterra Pepe Guardiola, el Gandhi de Sampedor–. ¡Ojalá que Putin y Trump puedan solucionarlo!
    
Después de encarrilar intelectualmente el “prucés” separatista de Cataluña, Guardiola, que ha visto las orejas al lobo en el City, se postula al puesto de Bannon en la Casa Blanca, pues se ve con proyección moral para sentar a Putin y a Trump a arreglar el mundo, que seguramente incluya la remontada (segura) del Barcelona ante una Juventus huérfana (detalle definitivo) de Agnelli.
    
Embarcado yo en Palma de Mallorca –cuenta Mendoza en sus memorias–, Agnelli pasó en el barco del Rey. Nos acercamos para saludarnos, y cuando el Rey le dijo que estaba frente al barco del presidente del Real Madrid, Agnelli contestó, con gesto adusto, que a él del Real Madrid sólo le interesaba Emilio Butragueño.

    En realidad, Agnelli estaba interesado en Sanchís, y todas las mañanas telefoneaba a Mendoza para preguntarle, en francés, por el central de las cejas gordas. ¡Pobre Juve, que viaja a la ciudad de los prodigios sin Agnelli y con un mísero 3-0!

    El Barcelona da por hecho que vendrá al Bernabéu con el subidón de la remontada europea a la Juve, y el Madrid da por hecho que lo recibirá con la piel del Bayern (desgermanizado por Guardiola) puesta a orear en la portería de los goles. Será el partido más interesante del año, porque, como decía Gregorio Corrochano, el de los toros, el secreto del fútbol está en la competencia de las dos porterías (lo decía sosteniendo con firmeza en su mano una copa de Valdespino):

    –Quite usted una portería y no queda nada.
    
Que la multitud se entusiasme y llene los estadios hasta desbordarlos sólo tiene un secreto (¡el secreto del éxito!): aferrarse a un bando (cada uno a la portería que más le agrada) y hacer surgir así la competencia.

J. K. Rowling

HARRY ISCO POTTER

    La magia pelotera de Isco en Gijón sirve para que cada cronista deportivo pueda jugar a sentirse J. K. Rowling (¡Harry Isco Potter!) por un día, que, tal como está el oficio, siempre es una salida. Isco hizo cisco al Sporting y por eso es Isco; si se lo hiciera al Barcelona, sería Dybala. He aquí la madre del cordero: para ser Dybala, hay que jugar contra el Barcelona, y para jugar contra el Barcelona, hay que ser de la BBC. La pelota de Isco, pues, está en el tejado de Zidane, y Zidane, si damos crédito al capellán de Bielsa en España, “tiene una trayectoria sospechosa como entrenador, porque ¿qué cualidad define a Zidane?”

Resurrección en Madrid. Puedo y no quiero de Díaz y quiero y no puedo de Garrido

Enrollarse y al loro
La bandera haciéndose la rubia, como Cecé


José Ramón Márquez

Para presentar esta corrida de toros del Domingo de Resurrección, mano a mano, los expertos en mercadotecnia de Plaza 1 organizaron un acto en el gimnasio Momo (sic), emplazado en la llamada Caja Mágica, recinto deportivo que se halla en el antaño temible barrio de San Fermín, situando a los toreros que se anunciaban dentro de un ring de boxeo. Acaso poniendo a Curro Díaz y a José Garrido dentro de las doce cuerdas, con el impar Matías Prats ejerciendo de speaker, pretendían dar al encuentro un aire de rivalidad, de desafío, de confrontación de estilos… Acaso pretendían dar la sensación de que había una tensión entre los protagonistas de la tarde, una especie de Mayweather y Canelo del toreo, que se trasladaría al redondel de Las Ventas para poder contemplar la decisión de cada uno de ellos por estar  por encima del otro. De esto, como puede suponerse, no hubo nada. Prevaleció la visión contemporánea de los toreros como “compañeros” que ni se molestan ni se pisan la manguera, que eso va más acorde con estos mansos tiempos que vivimos, y por allí no asomó ni la rivalidad, ni el desafío ni ná de ná, no vaya a ser que alguno se lleve un berrinche. Mucho nos tememos que si en estos tiempos hubiese alguno que, al romper el paseíllo, se le ocurriese decir aquello de “¡Cornás pa tóos, hijos de p…!”, sería inmediatamente acusado de delito de odio y censurada de forma unánime en todas las redes sociales su ineducada y violenta actitud. Ya lo dice Morante, mientras besuquea la uña de un paquidermo: “Vivimos tiempos raros, complicados para los animales, no sólo para los humanos.” 

La otra parte del espectáculo, la que no estuvo en el ring de la Caja Mágica, eran los toros, que en principio eran los que tenían la cosa más complicada, como tan bien señalaba el inmarcesible artista de la Puebla del Río, pues la previsión era -y como tal se cumplió- de que ninguno de ellos volviese a contemplar en su vida terrenal los cercados de piedra de Los Vaenes, predios donde don Agustín Montes Díaz cuida el ganado que, procedente de una compra a Luis Algarra y a Francisco Medina, hierra con  la eme, de Montes,y la de, de Díaz, y lidia en las Plazas con el nombre de El Montecillo. Volveremos aquí a reseñar la gran corrida que don Agustín soltó en Madrid el 2 de mayo de hace un par de años y lo poco clara que resultó la del Isidro 2016 para tomar un poco de carrerilla y ponerle los peros a la que se ha traído hoy a Madrid. Lo primero la presentación, que entre el más gordo y el más flaco había ciento setenta y cinco kilogramos de diferencia, que se dice pronto; lo segundo lo mansa tirando a descastada que ha salido, con toros saliendo sueltos de la vara a toda carrera; lo tercero lo tirando a blanda que resultó, ya que sin desplomarse ni mucho menos, tampoco dio la sensación de que los pupilos de don Agustín fuesen hercúleos titanes. La verdad es que no parece que el material visto en Madrid esta tarde sea como para que el mayoral se haya ido lo que se dice feliz, pues la cosa en comportamiento ni apuntó a lo juampedrero de su origen ni tampoco a la interesante variedad de comportamientos, viveza, dureza de pezuñas y seriedad de hace dos años. En descargo de los bóvidos digamos que no hubo durante toda la tarde el más mínimo sentido de la lidia, que se picó de pena, llevándose la palma de la inutilidad la incompetencia varilarguera de Javier García “Jabato hijo”, que Antonio Chacón recibió un puntazo corrido cuando entraba en el burladero del 10, acosado por el cuarto, Bordador, número 78,  sin que hubiese por allí un capote para llevarse al toro y que hubo un toro, Campanita, número 40, que ofreció franca su embestida por si su matador se decidía a aprovecharla en beneficio propio.

En su primero Curro Díaz planteó una faena breve que no llega en momento alguno a cobrar vuelo, pero en la que quedan algunos retazos de la clase que atesora el jienense, sin que muchos se diesen cuenta. Venciendo su natural prevención hacia el toro, en seguida se queda quieto y ofrece su muleta de manera franca sin rectificar la posición, el medio pecho por delante, ligando dos muletazos. Es tan sólo un fulgor del toreo bueno, que no tiene continuidad en un trasteo en el que prima cierta desconfianza del torero, empeñado en no acabar el muletazo y fiando la solución de sus problemas a la inequívoca y torera estampa que compone Curro Díaz en su manera de estar en la Plaza. Mata de una estocada entera de buena ejecución.

Su segundo se llamaba Argentino, número 66, y lo mismo se podía haber llamado Barrabás, porque desde que lo recibió con la franela se vio que no tenía la más mínima intención de llegar a nada con él. Lo tuvo bastante claro y no anduvo pajareando, lo tocó por ambos pitones, no le gustó lo que vio y se echó a matar, esta vez con menos puntería que en el primero.

El tercero, un jabonero claro que atendía por Campanita, sirvió para poner a prueba la ambición de Curro Díaz. El animal se movía por ambos lados, acudió pronto a los cites y no hizo aspaviento alguno como para temerle más allá de lo que dicta la prudencia. Curro recibe a ese toro de manera muy personal con esos suaves trincherazos suyos, acaso más de acompañamiento que de mando, pero que ponen la Plaza a mil por hora. Ése es el momento en que Curro Díaz, en vez de profundizar en su toreo hacia adelante, buscando la hondura y el desgarro, opta por ceder la posición al toro, esconder la pierna de salida de manera inmisericorde y dedicarse a moverlo de acá para allá sin que se produzca el milagro del toreo, que una cosa es pegar pases y otra muy distinta torear. Con ese jarro de agua fría la afición se queda con un palmo de narices y la faena va despeñándose a menos y quedándose en una futesa. El toro se va sin torear, Curro Díaz firma una faenilla sin ambición de grandeza, óptima para un gache, y deja pasar la ocasión de pegar un aldabonazo fuerte en Madrid. Tuvo material y lo dejó ir. Y luego, con el estoque lo degolló.

Y Garrido… José Garrido no se sabe qué demonios hacía en este ring. A Garrido la tarde le vino grande. En su primero, Virtuoso, número 84, le jalearon unos telonazos como al modo de verónicas que se dio el toro solo y yendo por donde le vino en gana y luego su labor se diluyó en la lidia y muerte del animal sin que nada reseñable ocurriese. El segundo, un castaño listón albardado bragado, Bordador, número 78, que desde el principio cantó la excelencia de su pitón izquierdo, le dio la oportunidad de entrar en la corrida. La lástima para él fue que el toro necesitaba que se le provocase metiéndose en su terreno, cosa que Garrido ni soñaba hacer, por lo que las posibilidades de mandar al tendido un inequívoco mensaje de decisión y de ganas se diluyeron como el azucarillo aquél de cuando había azucarillos. Garrido se obstinó en no ir donde el toro le respondía y el toro se empeñó en no ir donde el matador se la ponía, por lo que no hubo acuerdo. El sexto, Novillero, número 59, con Garrido fuera de la corrida, fue el mastodonte cárnico de 680 kilos, casi 60 arrobas, que era un pobrecillo que no se comía a nadie y bastante tenía con arrastrar sus lorzas. Ahí Garrido volvió a insistir en los mismos argumentos que en los anteriores sin que su labor llegase a emocionar ni a los más impresionables.

Luego, a la salida, había quienes se quejaban, pero al menos los que hicimos Domingo de Resurrección en Madrid habíamos visto algo parecido a una corrida de toros. Anda que si nos llegamos a quedar en Sevilla…

El desván de Simón
 Dicen que aquí se va a rodar
 la nueva versión de Marcelino pan y vino, con cameo de Cecé

Hay que esperar a que crezca el laurel para tapar la gotera
 que se hace la rubia como Cecé

La basura en las vías de evacuación, con una mahou haciéndose la rubia como Cecé

Curro y José sobre la arena que se hace la rubia, como Cecé

Retirada

Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
fueron un día de Doña Soledad Mustio Collado,
 que también se hacía la rubia, como Cecé

Lunes, 17 de Abril

Valle de Esteban

El catolicismo se ha mostrado culpable, en efecto, de lo que el protestantismo le acusaba.
Chesterton

domingo, 16 de abril de 2017

Identidad y alteridad. Acto 3: La historia momificada

 Sepulcro del cardenal Cisneros, el 21 de Julio 1936

Jean Palette-Cazajus

De forma imprevista, esta nueva singladura la empujan los alisios de la actualidad. Cada día se encarga de proporcionarle material para ilustrar el complejo dilema de su título. Esta vez fueron las declaraciones de José Antonio Sánchez, presidente de RTVE. En la Casa de América “invocó varias veces -decía la prensa- el espíritu civilizador, colonizador y evangelizador de España en territorio americano, las bondades de la conquista ("iglesias, escuelas y hospitales") […],  negó el exterminio de los indígenas […]” y terminó diciendo que “ lamentar la desaparición del Imperio azteca era como mostrar pesar por la derrota de los nazis en la II Guerra Mundial". No pienso meter ni una uña en tan estúpido engranaje. De esta conflictiva historia existe hoy un razonable balance proporcionado por siglos de labor de la comunidad de historiadores. Pero recuerdo de pronto una carta a Marcel Bataillon, el autor del mítico “Erasmo y España”, en la que Américo Castro, harto de bajunas descalificaciones, le expresaba su temor de que “no comprendiera lo que es formar parte de una comunidad humana sin noción de quién es. Se trata de ver si es posible que un pueblo se despierte, se trata de poner historia en un lugar de mentira y mitología”.
 
Sentados de izqda a dcha, Navarro Tomás, Menéndez Pidal, Américo Castro, Pedro Salinas

Más allá de la mentira y la mitología, conviene hablar en este caso de una mezcla de inoportunidad, frivolidad y anacronismo intelectual. Con un  punto de histrionismo evocador de tiempos casposos. Esta visión necia, mesiánica y rectilínea de la identidad española -entendida por otra parte como la castellana- parece sacada de “Ideas de los españoles del siglo XVII”, un libro que tuvo su hora de gloria en 1927. El autor era Miguel Herrero García, profesor de latín de Julio Caro Baroja, el mismo que publicaría en 1970, “El mito del carácter nacional”. Herrero García daba respuestas dignas del catecismo del Padre Astete. Sus españoles eran: “sobrios, valientes, veraces, arrogantes, corteses, agradecidos, hospitalarios, pecaban de soberbios, poco aficionados a oficios y trabajos, coléricos y sin gran simpatía mutua”. La salida de pata de banco del Sr Sánchez nos muestra que sobreviven ejemplares de aquella escuela empeñada en determinar no tanto quiénes son los españoles sino lo que “deben” opinar de sí mismos. Frente a un tema tan vidrioso como el de la identidad nacional, tan resbaladizo, tan inaprensible y, sin embargo, dotado de realidad propia, se camina siempre en terreno minado. Sus defensores pueden dividirse, simplificando, en dos categorías básicas. La primera, no requiere intervención neuronal y la ilustran los hinchas de las selecciones nacionales balompédicas. Su actitud equivale al inquebrantable sentimiento de sí mismas característico de las comunidades tradicionales, el que describía Lévi Strauss en el conocido texto que resumíamos en nuestra ultima entrega: Nosotros somos los “hombres de verdad” y ellos son “huevos de piojo”. La segunda categoría también puede ser muy asertiva, pero pica más alto, gusta de los grandes relatos y de  la imaginación. La integran los partidarios y lectores de la “novela” nacional, de la que existen varias versiones, algunas, desgraciadamente, muy simplonas.
 
El suspiro del moro
 Unceta (1885)

Es que la historia del sentimiento nacional en tierras de la modernidad occidental es pura literatura. Lo que no quiere decir que todo sea artificial en ella, como quiso convencernos Eric Hobsbawm, o puramente imaginario, como  insinuaba Benedict Anderson. No se puede evacuar tan fácilmente una vivencia hondamente compartida por muchas cabezas. El problema es que el contenido de las cabezas es muy heteróclito. Quisieron los azares de la actualidad que coincidiendo con las estupendeces del presidente de RTVE, tropezara con el vídeo de un debate celebrado en 2013, en el Instituto del Mundo Árabe (IMA) de París sobre el manido tema de “las tres culturas”. Por parte española intervenían Juan Goytisolo y Reyes Mate. De sus palabras brotaba una concepción de la “realidad histórica de España” exactamente inversa de la que exaltaba el Sr Sánchez. De sus intervenciones cabía interpretar que a partir de la toma de Granada, con la expulsión de los judíos y más tarde de los moriscos, España había entrado en el túnel de las tinieblas, de la intolerancia y el oscurantismo definitivos y definitorios. Una España del “control del pensamiento” llegaba a formular Reyes Mate.

“La realidad histórica de España” fue uno de los libros de cabecera de mi adolescencia. Puedo decir que veneraba a Américo Castro. Luego me dejé abducir por la ideología dominante que terminó difuminando la originalidad de su obra. Más que de las tesis de Sánchez Albornoz, Castro fue víctima de la hegemonía de una historiografía marxista obsesionada por los determinismos socio económicos y sobre todo por la gran impostura de aquella seudojerarquía que sometía las “superestructuras” simbólicas y vivenciales a unas supuestas “infraestructuras” materiales y sociales. La historia según Américo Castro es una historia existencial, en el fondo una historia de los valores, una historia marcada por la constante presencia del dilema kantiano del “Sein/Sollen”, entre el ser y el deber ser. Salvando las distancias, hallo puentes sutiles entre Castro y el etnólogo Louis Dumont (1911-1998) de quien me siento tan absoluto deudor.
 

 El camino de Flandes
Ferrer Dalmau

Américo Castro tuvo muchas y auténticas fulgurancias expresivas; así con la famosa “morada vital”, que designa “el hecho de vivir ante un cierto horizonte de posibilidades y obstáculos” y en absoluto implica que la existencia de los españoles hubiese quedado determinada definitivamente por un concreto momento histórico. La “morada vital” era el marco que permitía el acceso a  la “vividura” -otro acierto expresivo - referida  “al modo como los hombres manejan su vida dentro de esta morada, toman conciencia de vivir en ella”. De ningún modo puede inferirse de aquello la creencia en un destino sustancialista de España, determinado definitivamente, tras el final de la Reconquista, por el problema de “las tres castas”. “Todo lo que el pasado lega, recibe el sentido que le presta la estructura presente de la vida de un pueblo” escribía. En el pasado de la fantaseada España “de las tres culturas”, Goytisolo y Reyes Mate quieren encontrar la primera manifestación del multiculturalismo. Pero donde la formulación de “las tres culturas” quiere inducir la idea de idílica convivencia, hablar de “las tres castas” asume básicamente la conflictividad real. Américo Castro habla de la historia de España como una historia de inseguridades y firmezas. “Los españoles -decía bellamente- tuvieron conciencia vivísima de que su existir era un hacerse y un deshacerse”, o un “vivir desviviéndose”.

Desde la temprana Edad Media la absoluta alteridad, para las sociedades, era la religiosa. A partir de la invasión musulmana, los moradores de lo que todavía no conviene llamar  España, como explicó Joseph Pérez, querido ex profesor, tuvieron una conciencia, más clara o más difusa, de que eran fronterizos de una profunda alteridad a la que ningún otro pueblo de la cristiandad occidental iba a ser confrontado. Los otomanos irrumpieron en los Balcanes cuando en España terminaba la Reconquista. Las consecuencias siguen lastrando la existencia de aquellos pueblos. En aquella articulación entre los siglos XV y XVI, los azares geopolíticos y dinásticos desempeñaron un papel determinante sobre el “destino” de España. Soy incapaz de saber si la trayectoria imperial de España fue una suerte o una desgracia histórica. O si lo mejor que le pudo pasar hubiese sido una victoria de los Comuneros, como piensa un amigo mío de clara ideología conservadora. Creo que el destino imperial fue de alguna forma una fatalidad asumida. “Rebelde a la ley y a cualquier norma estatal, el español fue dócil a la voz de su esencia y al imperativo de su persona absoluta” escribía Américo Castro. Hablar hoy de “esencia” escuece, pero la frase abre caminos. Los cristianos viejos buscaron la legitimación y la confirmación de su autoestima asumiendo el imperio y sirviéndolo. El imperio extremó la conciencia de casta de los cristianos viejos suscitando entre la colmena humana de quienes lo regían y administraban, la competición por los estatutos de limpieza de sangre. 

La blanca Cuba, el caballero yanki y el villano español
 
Pero al principio de su reinado, Carlos I protegió el círculo de erasmistas españoles, como los hermanos Juan y Alfonso de Valdés, tal vez el propio cardenal Cisneros, por no hablar de Juan Calvete de Estrella, preceptor del príncipe Felipe. El contraste es total con su reacción drástica cuando en 1556, ya retirado en Yuste, le informan de la existencia de grupos protestantes en Valladolid y Sevilla. Los avatares de la construcción del llamado estado moderno pasaban indubitablemente por la famosa fórmula “cujus regio ejus religio”. Involucrada durante toda la Edad Media en la difícil coexistencia de las “tres castas”, España expulsó a sus judíos en los albores de la modernidad y el auge de la historiografía humanista actuó como caja de resonancia de los acontecimientos. Los otros reinos cristianos lo habían hecho de forma casi inadvertida en tiempos anteriores. Inglaterra en 1290; Francia en cuatro ocasiones entre 1182 y 1394. El joven Carlos I, como todas las cabezas pensantes de la época, sabía urgente la necesaria reforma interior del Catolicismo. Pero la terrible irrupción de un cisma cambiaba radicalmente las tornas. Pocos años después de la traumática expulsión de los judíos, más terrible si cabe porque enfrentaba a los propios cristianos, repuntaba la posibilidad de una nueva grieta mortal. Quedaba cuestionada la precaria coherencia del nuevo estado unitario en un momento en que la “diferencia” morisca preocupaba a muchas cabezas. En un momento en que fresco quedaba el recuerdo del drama de Germanías y Comunidades.

Luego, durante el reinado de Felipe II, coinciden la trágica rebelión de las Alpujarras (1568-1571) y las 8 guerras de religión que asolan a Francia entre 1562 y1598. Llamados en su auxilio por los católicos parisinos, los tercios españoles fueron testigos de primera mano de aquellos desastres que solo finalizan cuando el primer Borbón, el hugonote Enrique IV -“París bien vale una misa”- retorna al catolicismo para acceder al trono. Dificilmente podía el ambiente general convencer al Rey Prudente de las bondades del “multiculturalismo” religioso. En puridad sólo se puede hablar de “nacionalcatolicismo” durante el reinado de Felipe II. Con los dos monarcas siguientes, la fuerza de la inercia, que siempre termina dictando su ley -Hannah Arendt dixit- sobre los procesos conscientemente iniciados, ya empieza a dejarse notar y pesará sobre toda la historia ulterior. La literatura de la controvertida “leyenda negra”, no solamente ella, se complace en vituperar la “arrogancia española”. La historia sólo la escriben los vencedores, recordaba Walter Benjamin.  Incluso hoy son pocos los que pueden permitirse optar por un tercer término que no sea ni la arrogancia ni la humillación. Por qué no prestarle oídos a Américo Castro también en esta ocasión, cuando halla en cristianos viejos y nuevos de la “edad conflictiva” una “conciencia de tener que estar siendo de un modo, y de tener que estarse comportando de otro”.


 Sánchez Albornoz, Menéndez Pidal y Américo Castro, en Guadarrama

A diferencia de Alemania, o en cierta medida de Inglaterra, España no ha ofrecido, en la edad moderna, una alternativa a la «ideología francesa». España desconfió de la abstracción intelectual de los principios políticos franceses. Durante la modernidad, Francia mantuvo un encuentro más o menos confiado con la historia. España pareció desconfiar de ella. Como habitada por el temor a salir estafada del encuentro, expoliada en su ser. En la “vividura” posimperial de España los oropeles de la tutela eclesial contribuyeron a ocultar la realidad de una “inflación” ontológica excepcional. Parece que España se mostraba óntica y perimetral donde Francia era subjetiva y transversal. Quiero decir que España se muestra preocupada por la historia de su ser y Francia por su biografía. España sigue mostrándose particularmente torturada por la existencia propia y por el sentido de su recorrido histórico. Nunca sabremos si el camino seguido fue resultado de la elección, de la fatalidad, del sinsentido o es simplemente inasequible al albedrío humano. Pero este tipo de preocupación es más generalizado de lo que parece. En muchos aspectos se podría decir que Francia vive hoy su propio 98.

Sin duda, el presidente de RTVE pensaría, ufano, “poner una pica en Flandes”. En realidad sus palabras sólo pueden entenderse desde un avanzado estado de momificación. La que afecta el patético limbo de su forma de pensar y, mucho más grave, la que caracteriza su polvoriento concepto de la realidad histórica de España. España y Francia son países con afirmadas y distintas personalidades. Pero comparten más cosas de lo que parece. Una de ellas es una indudable fragilidad existencial. A diferencia de Alemania o de los imperios anglosajones en que nada venía a enturbiar la voluntad de poder, en España y en Francia la voluntad de poder siempre se supeditó a una “modalidad del ser”. 
 
Molinos de viento