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jueves, 20 de abril de 2017

Los semifinalistas

Benjamin Mendy
22 añitos

Francisco Javier Gómez Izquierdo

      Superar los cuartos en Copa de Europa es como el notable de mi época. Muy buena nota para todos, pero insuficiente para por ejemplo el discreto Joaquín, químico que lleva más de treinta años haciendo prosperar Campofrío, o el genial Marco Antonio, un sabio empecinado en que los vascos aprendan griego. ¡Que tíos los dos, nadando todo el bachiller entre sobresalientes! Como Barça, Madrid y Bayern de estos años.

     En la presente edición  Mónaco y Atleti tienen motivos para sentirse orgullosos y satisfechos, a pesar del inconformismo de Simeone, que, no sé por qué me da, prefiere al Madrid en semifinales, sabedor, como viejo zorro que es, que el próximo árbitro sabe lo que pasó antier en el Bernabéu. El histerismo ayer de la culerada azulgrana ante las caídas de Neymar procede de la mala educación que tiene el público de los dos grandes de España. Y es que en el Bernabéu y en el Nou Camp se habla del respeto de los árbitros hacia sus camisetas como un derecho adquirido de imposible renunciación. Son los dos mejores equipos del mundo. Creo que con bastante diferencia sobre el resto, pero es evidente que están sujetos a crisis temporales  y disparates puntuales  de sus futbolistas. Y de sus entrenadores, sin duda.
    
En la vuelta ante la Juventus, al entrenador del Barça le volvió el sentido común que parecía haberle abandonado en estos últimos meses. Es cierto que no le sirvió de nada, pero quedó claro que hay muchas maneras decentes de morir. Personalmente creo que el equipo no está fresco, que el entrenador sobra ya y que los jugadores no están a gusto ante tanta extravagancia táctica. Futuro incierto el del Barça. Puede que hasta traumático, a pesar de Messi.
     
Vi muy seria ¿o serio?  a la Juve. Mucho más que con Pogba. Extraordinaria defensa. Hasta me gustó Chiellini, una de mis particulares fobias. Un centro del campo en el que ni siquiera Pjanic se permite ya las anarquistas tonterías de antaño. Y ¿qué decir de ése Dybala endemoniado que aterroriza a los más valientes centrales? Dura la Juve. Muy dura.

     El Madrid mereció pasar. Se dieron muchas circunstancias extrañas, pero el Madrid en la eliminatoria fue mejor que el Bayern. El mayor error del árbitro, para mí, fue la no expulsión de Casemiro. No porque crea que debió ser expulsado, sino porque se ha de pitar los noventa minutos con el mismo criterio. Tal que Kuipers ayer. Fútbol es fútbol y no baloncesto. Tantos miles de quejicas en el Nou Camp ante el mínimo choque es un dato revelador de por dónde va la sensibilidad del aficionado moderno educado por esos árbitros retirados de los que uno no sabe si te toman por tonto o es que su ignorancia no tiene límites. Decía ayer el Guerrero en el Marca que la expulsión de Vidal fue justa.  En el Sport, un rastreador de voluntades encontró penalty en el soplido que tumbó a Luis Suárez ante el PSG. Si los que han vivido de arbitrar ven el fútbol así, ¿qué es lo que va a ver el hincha?
    
 El Atleti, con su fútbol por etapas como si fuera el Tour, va a lo suyo. Para mí que va a llegar a Cardiff y allí que sea lo que Dios quiera. Ante Madrid y Juve, el Atleti parte como víctima. Víctima que todos sabemos nada propicia, pero víctima al fin, obligada a defenderse. Desde ahí es desde donde más bonito corren Griezzman y Carrasco y desde donde el Atleti es mortal de necesidad.
     
El Mónaco es el sobresaliente inesperado. No se sabe si porque ha estudiado bien la asignatura o porque le han preguntado los temas que domina. A mí me tiene ganado Mendy, su lateral izquierdo, y por supuesto Mbappé. Lo que más me maravilla es ese mirar hacia arriba, que en ocasiones parece insensatez o descuido, pero, si uno repara en Subasic, entiende que, cuanto más lejos del portero, mejor.

      Que Dios reparta suerte mañana... y que toque el Mónaco.