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jueves, 13 de abril de 2017

Miércoles de Campeonato

 El Cristo en el Calvario saliendo de S. Lorenzo

 El 061 atendiendo al músico desfallecido a los pies de la Dolorosa

 El Cristo de la Humildad en la calleja de S. Miguel

  La Paz

Francisco Javier Gómez Izquierdo

           Sin la iglesia de San Lorenzo, a la Semana Santa de Córdoba le faltaría algo. No sé el qué, porque ya saben que soy advenedizo consciente de no llegar al sentimiento cofrade, pero soy testigo de que S. Lorenzo llama al cordobés con su impresionante silencio. Lo llama el Lunes Santo con un Cristo sin música, el Remedio de Ánimas,  y allí, a sus puertas, acude Córdoba dos horas antes para sentir la salida de los costaleros arrodillados y aplaudir emocionada la levantá al cruzar el pórtico. 

San Lorenzo es iglesia porticada. La mandó construir San Fernando, el rey paisano, y la puerta y los arcos del pórtico son más bajos que las imágenes, por lo que los pasos han de salir con sacrificios gozosos de los hermanos. Al paso del Cristo de Ánimas se manda a callar a los despistados para escuchar el miserere. Es posible que atraiga tanto por ser único en su silencio. Para mí que es lo más parecido que hay con la Semana Santa de Castilla, ahora que los salmantinos quieren sevillanizar sus procesiones.
    
No me acerco a San Lorenzo en Lunes Santo porque tanta bulla me incomoda. Suelo hacerlo el Miércoles Santo para ver la salida de El Calvario y su Dolorosa y disfrutar ese momento mágico de soportar las trabajaderas con las rodillas en piedra. Me puse en la calleja en la que se coloca la banda de música. Minutos antes de que saliera la Virgen, “la caló” pudo con un músico espectador que iba elegantísimo de camino a  San Pedro para acompañar a la Misericordia. Cayó fulminado. A pesar de los primeros auxilios de la concurrencia, el muchacho no volvía en sí. Llegó la ambulancia y una médica lo desvistió de su flamante uniforme y le puso los cables de los cardiólogos. Le hizo cosas que no quise mirar y lo montó en la ambulancia a toda prisa. Hoy, el periódico ni mienta el incidente, por lo que, gracias sean dadas a Dios, la cosa se quedó en un susto para la familia y la banda del Caído de la Fuensanta.

     De San Lorenzo fuí a San Miguel en busca de La Paz, palio de obligada contemplación, si se quiere tener una idea de lo que son capaces de hilar manos maravillosas tocadas por gracias desconocidas e inimaginables. Entrando en la calle Gondomar bailaron con mucho sentimiento al Jesús de la Humildad. En el vaivén del bueno y el mal ladrón, Dimas y Gestas, sonó el reloj de las Tendillas y se me puso el cuerpo totalmente balompédico. Me reñí a mí mismo por no estar pendiente de Mbappé, pero llegué a casa a tiempo de ver un gol del nuevo fenómeno y el espectacular remate de Kagawa. Da gusto ver a este Mónaco.

     ¿Y el Bayern-Madrid? Un disgusto de mi chico el día de su ya 23 cumpleaños. El Bayern no es el equipo físico que tanto ha atemorizado hasta no hace tanto. Sus modernos entrenadores lo han desnaturalizado y aunque arrase en Alemania no compite como debe en Champions. Yo creo que los métodos de Ancelotti y la edad de Ribery, Robben, Xabi, Lham...  más la ausencia de Lewandosky van dejando un poso decadente, dicho sea con el debido respeto, que amenaza ruina. Muy buena segunda parte del Madrid con un Asensio soberbio y un Cristiano que se mantiene como valor seguro, a pesar de que alguno lo veamos bajando la montaña. Lo tiene hecho el Madrid. Y la Juve, y el Mónaco y creo que también el Atleti, que, por lo leído, sigue su  camino sin alardes, pero con paso firme. Aunque el penalty del triunfo no acabó de serlo, se fallaron ocasiones clarísimas, la defensa parece inexpugnable, Griezzman está dispuesto a la consagración y a Gabi no le importa morir antes que perder la vida. Simeone, encantado, aunque no lo parezca.