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lunes, 7 de octubre de 2024

Feria de Otoño. Corrida seria de Fuente Ymbro para Roca, Ureña y Hernández. Del Rey abajo, ninguno: estamos donde estábamos (en El Cordobés). Márquez & Moore

 


Roca

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


Esto de hoy lo vamos a hacer distinto de otros días, porque la presencia de Roca Rey parece que pide un capítulo dedicado a él, y luego ya vendrán los otros: Paco Ureña, Víctor Fernández y los toros de Fuente Ymbro, en la lidia ordinaria.


I ROCA REY

A estas alturas nadie puede negar el músculo taquillero que tiene el torero peruano. Sus actuaciones se cuentan por llenos y los empresarios se frotan las manos con la idea de tenerle en sus carteles porque nadie tiene, a fecha de hoy, el tirón en la taquilla que el limeño. A ciencia cierta uno no es capaz de explicar cuál es la base del tirón popular de este torero, pero lo evidente es que donde él se anuncia, las gentes acuden alegremente a comprar sus boletos. Ésa es la buena noticia, que Andrés Roca Rey ayuda, en su medida, a que el espectáculo siga produciendo ingresos y, en ese sentido, se mantenga. Muchos detestaban a El Cordobés, mi abuelo el primero, pero nadie pudo negar que puso la Fiesta en el centro de atención mundial y que los ecos del balón de oxígeno que el de Palma del Río dio a la tauromaquia llegan hasta nuestros días. En esa época estaban activos Antonio Ordóñez y Antonio Bienvenida, Diego Puerta, Paco Camino, El Viti, José Fuentes, Mondeño, Julio Aparicio, Tinín, Rafael Ortega o Ángel Teruel, elija cada cuál el que más le plazca, pero el que se llevaba de calle a las gentes, el que los metía en la plaza, era Benítez. Los aficionados tenían un ramillete donde elegir con esos nombres antes citados y los que faltan, pero el que se llevaba el gato al agua era Manuel Benítez. Ante esto, la opción de algunos aficionados fue la de no ir a los toros el día que se anunciaba El Cordobés. La opción de Ordóñez fue la de no acartelarse nunca con él salvo en un festival, pero sin embargo la opción de la mayoría fue ir a verle como se va a ver a cualquier otro y censurar lo censurable, que era bastante, llegado el caso. Lo mismo pasa con Roca, que normalmente suele dejar vacío al aficionado curtido y exigente y, sin embargo, llena de ilusión el rato del público y ¿por qué no? de otro tipo de aficionados incorpóreos que no sé cómo calificar. En el caso particular de Madrid, todos sabemos que esta plaza ha sido siempre exigente con las figuras, desde Gallito hasta Roca Rey, pasando por Espartaco, Ojeda, Julio Robles, Manzanares (father and son) o El Viti. Es lo suyo, exigir a la figura como lo que es y hacer que el triunfo en Madrid sea más difícil que el de Granada, pongamos por caso, por mucho que eso soliviante a los que se sientan en su localidad llenos de optimismo exagerado buscando a cualquier precio el éxito de su ídolo. Y si en el desarrollo de una faena el diestro es prendido o corneado es ridículo tratar de culpar al que en el libre uso del derecho que le da haber adquirido su localidad censura lo que está viendo si no le parece correcto, porque la cornada es siempre culpa del torero.


Y sobre Roca Rey conviene también decir otra cosa a propósito del filme «Tardes de soledad», dirigido por Albert Serra, que le tiene a él por protagonista y que ha merecido el galardón de la Concha de Oro en el pasado Festival de cine de San Sebastián: en la época de la preeminencia de lo audiovisual, Roca ha tenido la fortuna de participar en un proyecto que le coloca ya y para siempre fuera del tiempo. Si Chaves Nogales, que ni siquiera era aficionado a los toros, dejó situado en la posteridad a Juan Belmonte, con su biografía por entregas publicada en la revista Estampa, ahora que nadie lee periódicos ni revistas y nadie seguiría un serial de aquel tipo, el cineasta gerundense, que tampoco manifiesta afición por los toros, ha dejado para la posteridad, con los medios de la hora presente, un bravo retrato de este torero que, ahora mismo, está ya sirviendo internacionalmente para sacar a la tauromaquia y sus circunstancias de esa especie de extrarradio en el que ella misma se ha ido situando. En ese sentido la responsabilidad que le compete al peruano de llevar el mundo de los toros de nuevo al centro es de todo punto innegable y debe ser saludada sin ambages, te guste su estilo de torero o no.


Después del tocho de ahí arriba digamos que en el único toro que Roca Rey toreó esta tarde, Soplón, número 48, pasó de todo: el toro se fue suelto y a toda mecha a por el caballo a recibir el marronazo de Sergio Molina, que no se cayó de la montura de milagro y que luego se justificó en la segunda vara, que agarró arriba, en la que el toro empujó. Segundo tercio sin pena ni gloria y explosivo inicio de faena de Roca Rey de rodillas. Cuando tantas tardes vemos a novilleretes totalmente faltos de ambición, impresionaba ver al amo del escalafón planteando ese inicio y pegando un pase cambiado por la espalda de esos que te hielan el alma. Muy tranquilo comienza su trasteo a derechas con la administración de las consabidas ventajas que, como viene siendo habitual, cala en ciertos espectadores que ven moverse al toro tanto como solivianta a otros. Brama la plaza con los de pecho. Lo intenta a izquierdas pero el toro responde peor y vuelve a derechas a dejar el mejor momento de su tarde en tres redondos templados y de cierta ventaja antes de que el diestro se quede descubierto y el toro haga por él, cogiéndole. La plaza es un manicomio con los de unos tendidos increpando a los de los otros mientras Roca, herido, se pega un arrimón antes de cobrar un pinchazo, una estocada y un descabello. El peruano se va por su pie a la enfermería para no regresar, portando en la mano la generosa oreja que le proporcionó el señor Rodríguez San Román, que como es de la Policía Científica él sabrá en base a qué ciencia se la dio. En los tendidos cunde la división y la polémica y es una bendición ver la plaza así.


II LOS OTROS

En su primero, Hechicero, número 46, pésimamente picado por Cristian Romero, Ureña dio su medida más plúmbea, ventajista y aburrida. Ese «lado oscuro» de Ureña que parece como afligido y sin alma, sin colocación ni ánimo dejó chafados a los que venían esperando que la claridad y el sosiego del toreo de Paco Ureña iba a ser el mejor contrapunto a la tauromaquia explosiva de Roca. Y sin embargo el que trajo los aires del buen toreo, del buen son, del temple, la serenidad y el mando fue Víctor Hernández, que con una pasmosa y sobria madurez exprimió al tercer toro, Mestizo, número 73, desde el mismo inicio con la derecha y que, en seguida, se da cuenta de que es mejor cambiarse de mano y seguir al natural. A base de buena colocación de temple y de mando, Hernández va cuajando su faena sin haber recibido un solo enganchón, muy firme y vertical y pensando en todo momento en la cara del toro. Cuando al fin el toro prende el trapo de Hernández se produce el único bajón de la faena, cuando parece que el toro va a orientarse, pero de nuevo la solvencia del torero impone la ley de su temple, su colocación y su mando, ordenando de nuevo la embestida de Mestizo. Es prendido el torero en un arreón del toro que él pretende resolver con una bernardina y, una vez en pie tras el susto, insiste en las bernardinas, que el toro se traga mejor cuando apuntan hacia las tables, antes de cobrar una estocada tendida que echa al toro al suelo. Justa oreja para la sorpresa de la tarde.


El segundo de Ureña es Turulato, número 92, que no demuestra ser un Hércules en sus primeros correteos por la arena. Le pican poco, casi nada, por lo que pueda pasar y sin echar cuentas del segundo tercio ya estamos con Ureña dando repetidas veces el pase del Celeste Imperio y acabando la cosa con cuatro naturales, uno de ellos superior, que pusieron la miel en los labios. Distinta actitud la de Ureña con este segundo, más dispuesto y entonado, por más que la faena no sea maciza, pues tiene momentos muy brillantes junto a otros de menor intensidad como cuando decide proseguir con la derecha o cuando alarga el trasteo aún viendo cómo el toro se le iba quedando más corto. En cualquier caso Paco Ureña dejó el sello de su corte clásico, tan del gusto de Las Ventas, y firmó unos naturales de cartel de toros. Al toro le dejó en las carnes un bajonazo que enfrió bastante los ánimos.


Al correrse turno ya nos imaginamos que Roca Rey no va a salir de la enfermería. El que sí sale es Zalagarda, número 21, que en seguida recibe dos serias admoniciones que le dicta Agustín Collado en sendas varas muy bien ejecutadas y de óptima colocación. Pasa un mal trago Dieguito Valladar al caerse en la cara del toro al salir del par de banderillas y a continuación vuelve Víctor Hernández a ilusionar al respetable con su inicio en los medios: estatuarios, uno de espaldas y uno de pecho, antes de percatarse que ese no es el sitio donde debe hacer su faena. Cierra al toro y le deja dos o tres tandas de templados derechazos, de no tan buena colocación como la que mostró en su primero y, cuando se pasa la muleta a la izquierda descubre la cara malvada de Zalagarda, que le busca a la salida del pase, que le desarma, que le pone el pitón en la cara, que le levanta los pies del suelo y que le amarga la tarde que iba tan derechita. Mata a la última.


Y como colofón, Infractor, número 70, un toro difícil de verdad, duro y bronco con el que los peones de Roca Rey no quisieron comprometer ni un gramo de su supuesta torería y banderillearon a base de poner nones en vez de pares, cuatro palos en seis pasadas. El toro es un regalito y su gran ilusión es poder empitonar a alguien, en este caso a Ureña que es el que tenía más a mano. Tras intentarlo, Ureña lo machetea y lo echa al suelo con un bajonazo. Hubiera sido interesante ver a Roca Rey con este toro, para calibrar su medida de torero frente a un oponente que no daba nada más que avisos fatales.


Y como final digamos que Fuente Ymbro ha echado una seria corrida, muy bien presentada y de juego muy diverso, desde el que se dejó hasta el que dijo a todo que no. Muchos registros del toro de lidia entre los seis pupilos del señor Gallardo sin faltar la blandenguería, la movilidad, la entrega, la mansedumbre y la franqueza. Los que pensábamos antes de la corrida que, a la vista del cartel, la corrida sería una Pasarela Ymbro de bondad y amor al prójimo nos equivocamos de parte a parte, porque Fuente Ymbro trajo hoy a Madrid un encierro como para hacerse respetar.





Hernández


ANDREW MOORE





















Ricardo Gallardo


FIN

domingo, 6 de octubre de 2024

Feria de Otoño. Buen encierro de Victoriano del Río para Adrián y Jiménez, que echaron la tarde de rodillas. Márquez & Moore

 


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ

 

Andanada 9
Plaza de toros de Las Ventas
Alcalá 237 Madrid
Madrid, 5 de octubre de 2024.

 

 

Querido Javier:

 
Espero que siga avanzando de manera conveniente la recuperación de tus cornadas, fracturas y magulladuras que tanto nos han tenido preocupados por tu salud. Nosotros seguimos en Las Ventas, en esta feria de Otoño que nos han preparado, un poco huérfanos sin tus comentarios y tu desbordante afición.


Para la tarde de hoy, acaso para celebrar la festividad de San Froilán, los cerebros pensantes que rigen a su modo los destinos de nuestra plaza prepararon un mano a mano entre los dos que más huella dejaron en el pasado abono de San Isidro. ¡Qué te voy a decir que tú no sepas de Fernando Adrián y de Borja Jiménez! Ya recordarás lo mal que estuvo el primero con los de Santiago Domecq el año pasado y lo bullanguero que se puso en la Beneficencia de este año con aquél Juampedro de las dos orejas; y el segundo, que nos dejó tan encandilados y estupefactos con la verdad en el otoño del 23 frente a los de Victorino como  decepcionados el pasado junio con aquél de Victoriano que era la máquina de embestir. ¿A quién se le ocurriría este mano a mano? Al parecer la justificación de este vis-a-vis era por la condición de ambos de «triunfadores del Isidro», que si hubo triunfos ya ni los recordamos, o sea que dichos triunfos no nos llegaron al alma, y más bien creemos que con lo del «mano a mano» se ahorraban a un tercero y los de Plaza1 equilibraban la balanza de pagos.

 
Mano a mano de toreros y también mano a mano de apoderados: Maximino vs. Julián Guerra, un welter y un peso pesado, que vendimiaron para sus pupilos un encierro de Victoriano del Río que, al final fue el gran protagonista de la tarde y el que sirvió para demostrar a quien quisiera verlo que ambos reyezuelos iban bastante desnudos, por mucha oreja y mucha puerta que tuvieran en su estadística. Los tres primeros toros tuvieron viveza, castita y emoción y aunque los tres segundos bajaron un poco el nivel, no dudes que los toros fueron los que llevaron el peso de la corrida con sus complicaciones y sus reacciones. Aunque en general no cumplieron mucho con los que van a lomos de los jacos, ahí tuvimos al sexto que acometió con ímpetu y ganas, aunque acabó siendo el de menos casta del encierro. En verdad la corrida no se comía a nadie. No vayas a pensar que don Victoriano echó unas alimañas propias de Sánchez Vara, pero dio la impresión de que los dos diestros venían más pensando en otros productos de esta casa, mismamente en el tal Dulce, número 70, del pasado junio, por lo que los mohínes y señas de identidad de los toros de esta tarde se tornaron súbitamente en cimas inalcanzables para ambos matadores, que se vieron incapaces de echar a rodar sus averiados carricoches, dando pie al mano a mano de la decepción.


Fernando Adrián se tiró la tarde hincándose de rodillas. Tres portas gayolas, no sé cuántos faroles frente al 7 y un inicio de faena fue su cosecha de lances y pases genuflexos. Borja Jiménez también dobló las suyas para un par de portas gayolas y luego anduvo a media rodilla en algunos pases más de adorno que de castigo que fueron bastante del gusto del público. El primero de Adrián se dio cuenta en seguida de que era él quien mandaba y, de una manera natural, se hizo cargo de su superioridad sobre el hombre que trataba de manera inútil de dominar o de conducir sus embestidas con su muleta ayuna de poder. A medida que el animal no recibe quebranto alguno se va a más, para desesperación del matador que era incapaz de encaminar su trasteo hacia un puerto seguro. Faena larguísima, como ahora se acostumbra y estocada caída, que en esto de las estocadas Fernando Adrián suele tener buen ojo.


Con el segundo Borja hizo lo mejor de su tarde, cuando se puso en pie tras la porta gayola y recetó unos compuestos lances a la verónica de nervio y emoción, justamente aplaudidos. Luego toreo a pies juntos, derechazos de desmayo, de esos del «borracho meando», y maneras bastante vulgares. Salvemos acaso el final de la faena con naturales de frente a pies juntos, y con esto queda relatada la actuación de Jiménez en el que mejor estuvo. Lo mismo si acierta con la espada le hubieran pedido la oreja, pero pinchó y eso enfrió los ánimos.


Con el tercero Adrián estuvo de nuevo por debajo de las posibilidades que le brindaba el toro y decidió no arriesgarse mucho quedándose todo lo fuera que su brazo le permitía. Este toro presentó un carácter más noble que los anteriores, pero algo había ahí que incomodaba al madrileño y no hubo manera de que consiguiese llevar a buen puerto las claras embestidas del animal, que fue aplaudido en el arrastre y al que despenó de una estocada.


El cuarto resultó acaso algo más complicado, o eso le debió parecer a Borja, que cosechó una buena cantidad de enganchones. Optó por las cercanías, que no sabemos si esa era la mejor opción, y se manifestó muy vulgarmente en su trasteo, sin dar la impresión de que se centraba con el toro. No hubo acuerdo y le mató tediosamente a base de varios descabellos tras pinchazo y media estocada.


Cuando salió el quinto ya nadie tenía duda de que Adrián volvería a ponerse de rodillas ante la puerta de los chiqueros, como así fue. Luego comenzó su faena en los medios también de rodillas hasta que el toro le levantó, que se ve que el animal ya estaba harto de tantos hinojos, y a partir de ahí continuaron sus confesiones en el tercio, que en esta ocasión acabaron en el puro arrimón. El toro le zarandeó sin consecuencias y lo hubiera hecho un par de veces más si le llega a dejar porque su descolocación y el hecho de llevar la muleta tan retrasada eran casi una invitación al toro a que le cogiera. Con media estocada le avió.


Lo mejor del sexto fue el tercio de varas, que daba gusto ver montar a Espartaco, su manera de dar los pechos del caballo y la hermosa forma de portar la vara y de echar el palo hacia adelante por dos veces, que ni Borja ni el Presidente quisieron que lo viéramos una tercera. Antes había habido otra porta gayola, otra más, y después otra taza de ricino taurómaco con el toro a menos y con Borja en retirada.


Como ves, querido amigo, la tarde de estos «triunfadores» no dio mucho de sí. Algo mejor Borja Jiménez que Fernando Adrián y éxito de Victoriano del Río con una corrida de toros en la que brillaron más los tres primeros, pero que mantuvo el interés de la tarde. Por lo demás, Curro Javier estuvo perfecto en la brega y cobró un gran par de mucha exposición y Tito Sandoval picó con suficiencia y honestidad al primero de Borja Jiménez. Mañana tenemos otra de Fuente Ymbro, que ya ni sé las que llevamos este año.


Recibe un fuerte abrazo de tu amigo JRM.


PD. Te mandan saludos a través de esta todos los amigos: Ricardo, Javier, Álvaro, Ramón, Fernando, Sergio, Teresa, Juan Pallette, Florencio, el otro Ricardo y los que se me olvidan. Todos hacemos votos por tu pronta recuperación y por verte de nuevo en tu Andanada, que sin tu presencia anda un poco huérfana.
 

 


 

ANDREW MOORE

 

 

 

Y desde allí te seguiré a lo largo
de otros mundos, y siquiera podrán
servirte mis nós musgosos y arrecidos,
para que en ellos poses las rodillas
en las siete caídas de esa cuesta infinita,
y así te duelan menos

Vallejo

 


 

 La Muerte de rodillas mana
su sangre blanca que no es sangre.
Se huele a garantía.
Pero ya me quiero reír

Vallejo



 

Hoja del árbol caída en infancia
hoja caída de rodillas
en el centro de su olvido

Huidobro

 








Curro Javier

 






FIN

sábado, 5 de octubre de 2024

Feria de Otoño. Cuando la murria entra por el Puerto, la tarde se va por el Ventanuco, con el huidizo Manzanares, Román y Tomás "Sermo Vulgaris" Rufo. Márquez & Moore



Román...


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


De la misma manera que cuando ves unos nubarrones bien negros que se acercan se barrunta la tormenta que va a caer, asimismo subíamos las escaleras de la plaza hacia la localidad con la premonición de que la que nos iba a caer iba a ser menuda, sabiendo que los toros -por llamarles algo- que estaban apuntados para hoy eran de esa inmundicia ganadera llamada Puerto de San Lorenzo. Mientras ojeábamos la ficha que va con el programa nos dimos cuenta, las desgracias nunca vienen solas, de que ni siquiera había seis toros -llamémosles así- para Madrid en toda la extensión del Puerto de la Calderilla y tuvieron que echar mano de la calderilla de La Ventana del Puerto, esa ventana ciega que no da a parte alguna, para remendar el 33,3% del encierro, y si no quieres caldo, toma dos tazas. Ya hemos dicho unas cuantas veces que la mejor decisión que podía tomar don Lorenzo Fraile Martín era la de sacrificar toda la ganadería: los toros de saca, los utreros, los erales, las vacas, los sementales, todos en fila hacia la extinción, e incluso echar a la lumbre las pajuelas para exterminar de la faz de la tierra esta charlotada de ganadería y poder dedicarse a lo que se le da bien, al charolais, a la pardo alpina, a la retinta, a la casina o ¿por qué no? a la morucha que es lo que verdaderamente bordan. Y lo mismo le decimos a don José Juan Fraile Maceín con su desvencijado ventanuco, que no pase más fatigas con esa irrisión que cría y se dedique a las ovejas o mejor a las cabras, que también tienen sus cuernos, aunque estén vueltos para atrás, que por cuernos no quede la cosa. Por supuesto que nadie se podía esperar que de los cuatro del Puerto de San Lorenzo uno iba a ser expulsado de la Plaza en pos de los bueyes sabios de Florito y que, cosas del destino, en vez de soltar de primer sobrero a uno que había por allí del la tal Ventana del Puerto, para que la cosa se quedase en tres y tres, prefirieron dar la sorpresa de echar uno de Juan Pedro Domecq, que lo mismo que estaba de sobrero podía haber estado tirando de un carro.


Lo gracioso de estos lisarnasios del Puerto es que si te miras esos cuadros sinópticos que dan con el programa, proceden de todo lo que se les ha ido ocurriendo: Saltillo, Murube, Carriquiri, Atanasio, Machaquito, Juan Pedro, Contreras… todos tienen su cajita correspondiente y si no han puesto más ganaderías es porque la hoja es de reducido tamaño, que si llega a ser un folio ahí estaría puesto hasta el Barbero de Utrera, todo orientado a crear confusión y a tratar de vender esta alpaca como plata de ley.


Para la cosa de la lidia de los PDSL y de la VDP más el sobrero de JP se trajeron a José María Manzanares, Román y Tomás Rufo.


A Manzanares también podríamos llamarle Manzahuye, después de la espantada que protagonizó el pasado agosto en Linares, de donde salió de naja junto con el de La Puebla, a la vista de la pavorosa encerrona que les habían preparado, o sea que había que usar algo más el serrucho o no toreaban. Pues bien, aquí tenemos en Madrid al huidizo José María cuyos hitos en Las Ventas corresponden a los años 2011, con un toro del Cuvillo, y 2016 con otro de Victoriano del Río, trayendo de nuevo la evidencia de que es carne de retirada, y en ese sentido le animamos, que estamos dispuestos a regalarle las orejas que le hagan falta si se compromete a salir por la puerta grande e irse para no volver tras sus veintiún años de alternativa y sus frecuentes problemas de salud. A su primero ni lo picaron y, en el trasteo, consiguió el evadido soliviantar al respetable por su descolocación, su ventaja y su indolencia. Mal a espadas. Tocó fondo en su segundo al que Paco María le picó por él y por lo que no le habían picado al primero. Con ese toro de movilidad reducida y las pocas ganas que demostraba El Fugitivo las gentes se soliviantaron de nuevo afeando al prófugo su manera de desentenderse del asunto que le había llevado a Las Ventas vestido de grana y oro con cabos blancos. A espadas también mal.


Con la alegría que le es propia se aprestó Román a dar fiesta a su primero, al que hizo galopar hasta el platillo donde le esperaba él, de azul cielo y azabache, en un inicio muy al gusto de Madrid. Lástima que el morucho manso y rajado tuviese más interés en largarse que en atender los cites del valenciano, que trabajó lo suyo para atraer la atención del morlaco. Lo mandó al mundo de irás y no volverás con media estocada y un descabello. Su segundo, con la tarde en caída libre, era de los del Ventanuco y no quiso defraudar su origen, presentando un exasperante catálogo de endeblez, falta de coordinación y sosería. Se llevó media estocada baja pero lo que merecía era un golletazo.


La primera bazofia de Tomás Rufo, berenjena y oro, fue expulsada de la plaza con el trapo verde sin que nadie derramara una lágrima por él, que se hizo pupa en la mano, y en su lugar salió el de Juan Pedro al que recibió de rodillas y al que no consiguió desentrañar el misterio de cuál era el sitio donde debía torearle. Así se produjo una sucesión de pases van, pases vienen sin que la cosa tuviera visos de que iba a llegar a ser cantada en las coplas, por lo que Rufo se aprestó a dejar un bajonazo que mandó al Juampedro junto al Creador. El sexto es el que, a los ojos de los ganaderos, justificará sin duda su incompetencia. Parecía que el animal tenía algo más de viveza que sus predecesores y ahí se fue Rufo a enjaretar unas verónicas que fueron saludadas por el hastiado público como el maná. El trasteo del toledano, de una supina vulgaridad y ventajismo, fue muy jaleado, que esas cosas pasan, como también fue medido por la concurrencia menos conformista. La faena y el toro, a menos. Y después la estocada medio dentro o medio fuera, elija cada cual lo que le convenga, y un descabello pusieron punto final a esta tarde aciaga protagonizada de manera estelar por la ganadería titular y la del remiendo, que el año próximo volverán a venir a Las Ventas cuantas veces quieran, sin que nadie ponga freno a ese desatino.




...paladino


ANDREW MOORE



Y vosotros vustedes, ¿qué decís que soy yo?



(Mateo 16:15-19)



Manzanas traigo











FIN