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domingo, 20 de septiembre de 2026

La austriacidad de TB


Bernhard en su mesa del Bräunerhof

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, demócrata, dice que hay gente que no está escuchando a Dios (no lo dice por los lectores de Arcadi, sino por los antivacunas), y pide a los vacunados que “sean mis apóstoles”:


    –Jesús nos enseñó a amarnos. ¿Cómo nos amaremos? Diciendo a los no vacunados: “Ponte la vacuna, porque te amo”.
    

Por amor (a Soros, que es una madre) quiere vacunarnos el melifluo Garicano, pero el bizarro Revilla nos quiere vacunar “por lo civil o por lo militar”, aunque para el “mainstream” el fascista es Abascal, que dice que la vacuna para el que la quiera, cuestión resuelta en Austria decretando el “apartheid” (arresto domiciliario) de los no vacunados, vigilados por unos maderos que parecen los Tom de Finlandia de la Wehrmacht. ¡La “austriacidad” de Thomas Bernhard!


    –Despertar en Austria –anota TB– quiere decir despertar en una atmósfera de hostilidad hacia el espíritu.


    Cree TB que la época actual es la más repulsiva y despiadada que ha “experimentado” nunca: un pueblo de diletantes de la vida es fácil de engañar y de explotar. Cuando se levanta el telón del Estado (Austria es un Estado, no una nación: esto fue una fijación de León Duguit), TB ve una comedia para marionetas: las marionetas son el pueblo mentalmente deficiente e incorregible, y los que tiran de los hilos, el gobierno que engaña al pueblo.


    En su colegio un día está el retrato de Hitler, y al siguiente, en el mismo clavo, la Cruz. Y no es que pierda de vista a la muerte: “Todo es ridículo si se piensa en la Muerte”. Ve a las ardillas con los pañuelos desechados y llenos de escupitajos de los enfermos de pulmón correr con ellos, como locas, por los árboles. Tiene en su mano la mano de alguien que se aferra a la vida, pero debe dejar el mundo, cuando entra el enfermero con la etiqueta numerada para el cadáver. La monja lo echa y dice: “Tiene que llevarse también el yogur”.


    –El hombre no ama la libertad. Todo lo demás es mentira.


    Y sí: “sólo existimos; no vivimos, nadie vive ya”.


[Noviembre, 2021]

sábado, 19 de septiembre de 2026

Invertebración de España



 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Un siglo después de la “España invertebrada”, España sigue sin un hueso que echarse a la boca.


    –Hagamos de España un país fascista y vayámonos a vivir al extranjero –fue la media verónica de Foxá a su desánimo, que hoy sería la mejor respuesta a la matraca de Casado con su ley de pandemias.
    

Mas ¿a qué extranjero ir? ¿A la Francia de Macron, el bajito con problemas de autoestima que promete solemnemente “joder” a una parte de su propio pueblo (“J’ai très envie de les emmerder, donc on va continuer de le faire”)? ¿A la Alemania de Olaf, el führereso cuyos maderos caen sobre las abuelas como la Wehrmacht sobre Polonia? ¿A la Holanda de Espinosa, que lanza perros (pastores alemanes dignos del “¡mmm!” almudenés) contra los no vacunados? ¿A los antípodas, cuyos “cocodrilo dundee” han dado a Djokovic trato de Ilich Ramírez?
    

La “España invertebrada” fue una destilación orteguiana de Renan con gusano dentro, aquel “proyecto sugestivo de vida en común” que dio alas intelectuales a nuestro fascismo de garrafón, gusano cultivado luego, con la mejor intención, por Marías, que escribió todos sus libros a medias con Lolita, su mujer.
    

De vez en cuando, cuando iba a iniciar una sección nueva, Lolita se volvía hacia mí, con los dedos sobre la máquina de escribir, y me pedía: “Un titulito, por Dios”.
    

¿Y en qué consiste la invertebración? España, según Ortega, se arrastra invertebrada en su política y en su convivencia social. Vive entregada al imperio de la masa. La enfermedad española es más grave que la “inmoralidad pública”. Grave es que una sociedad sea inmoral. Pero es más grave que una sociedad no sea tal. Una nación es una masa humana organizada por una minoría de individuos selectos. Cuando la nación se niega a seguir a la mayoría directora (¡a los Garicanos y demás liberalios varios!), la sociedad se desmembra… y sobreviene la invertebración histórica. Un caso extremo de esta invertebración histórica, escribe en el 28, estamos ahora viviendo en España.


[Enero, 2022] 

viernes, 18 de septiembre de 2026

Un cementerio



Dostoyevski


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Lo del Fútbol Club Barcelona con su portero Ter Stegen, dejándolo sin dorsal con la cosa de una operación de espalda, es el primer feo europeo a un alemán desde 1945. Los alemanes son gente de milagros (Schmitt contaba el milagro del “marco-seguro” del 23; después el milagro de la toma de poder del 33; y después el milagro económico del 50, a lo que habría que añadir el milagro de la reunificación del 90 a cambio de la promesa de no estirar el chicle de la Otan hacia Rusia), y la gente que hace milagros cae bien.


Alemania, ese pueblo grande, orgulloso y peculiar, jamás hubiera querido unirse con el mundo occidental, ni en sus destinos ni en sus principios –opinaba Dostoyevski.


De hecho, en cuanto tiene ocasión, Alemania tira hacia el Oriente. A la estepa antes que al océano. En el 41 se fue por Rusia porque los rusos creían poco en Dios, y ahora se quiere ir por Rusia porque los rusos creen mucho en Dios. ¿Cómo va a levantar Merz un Sexto Ejército como el de Paulus? La socialdemocracia no produce guerreros, y la Bundeswehr no parece la Wehrmacht. Según un ex inspector de armas de la Onu, para tener hoy un ejército viable hay que contar con medio millón de tíos jóvenes, físicamente aptos, dispuestos a comer barro, a marchar cuarenta kilómetros con cuarenta kilos a la espalda y a clavar una bayoneta en la garganta del enemigo. Cree que la sociedad moderna sólo produce chicos atados a una silla, con mala circulación. Verlos en el campo de instrucción, en formación, todos gordos, se le hace una broma; le parece ver un campamento de verano para perder peso. Europa no cuenta. Y, como diría un nietzscheano, el desierto crece.


Se le encogía a uno el “Zeitgeist” con la escena de Trump con Merz en la Casa Blanca. El americano domina el lenguaje mafioso de Nueva York, y chanceaba ante el canciller alemán con la derrota nazi y la voladura del Nord Stream correspondido con la sumisión ovejuna de Merz, tan lejos del patriotismo de nuestro marqués de Vellisca, Juan Pablo Lojendio, embajador de España en Cuba, cuando un día de enero de 1960 irrumpió en un estudio de TV en La Habana para hacerle objeciones al mismísimo Fidel Castro, que había acusado al gobierno español de ayudar a los contrarrevolucionarios.


El rasgo característico de los alemanes, decía Dostoyevski, es protestar, y, sin embargo, han entregado su economía (“el gas caro es más económico que el gas barato”, según las cuentas de la doctora Von der Leyen) sin levantar una ceja, en pleno reemplazo demográfico y religioso.


Quiero ir a Europa –leemos en “Los hermanos Karamazov–. Sé que sólo encontraré un cementerio, pero ¡qué cementerio más querido! Allí yacen difuntos ilustres; cada losa habla de una vida pasada ardorosa, de una fe apasionada en sus ideales… Sé de antemano que caeré al suelo y que besaré llorando esas piedras convencido de todo corazón de que todo aquello, desde hace tiempo, es ya un cementerio y nada más que un cementerio.


[Agosto, 2025] 

jueves, 17 de septiembre de 2026

Patriotismo





Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Cuando Gustavo Bueno decía que Europa (la Unión Europea, para entendernos) es un trampantojo apuntaba a bobadas como las de frau Merkel, que hace planes para recuperar el servicio militar obligatorio y el almacenaje de alimentos.

    Del almacenaje de alimentos surge el Estado, y no hay nada que le guste más a un alemán (¡y a un español!). Y del servicio militar obligatorio (cosa que en España, a petición de Arzallus, abolió Aznar, que no había hecho la mili) surge el miedo del cántabro Revilla a una invasión alemana.

    Igual que Churchill era el primero de los ingleses y se vio solo, con un bote de cerveza en la mano, contra la Luftwaffe en Londres, Revilla es el primero de los cántabros (el segundo, haciendo la goma, es Felisuco) y se ve solo, con una latilla de anchoas en la mano, contra la Wehrmacht en Castro Urdiales.

    –Es obligación del Estado prever –explica el ministro alemán del ramo (y nos reímos de Snchz, que se propone acabar con la corrupción… “preveyéndola”).

    ¿Qué puede uno decir que ustedes no sepan? La excepción alemana nos tiene a todos los europeos viviendo en un sanatorio mental.

    Uno vio al Estado español vestir a las suecas que hacían topless en Ibiza. Y ahora veo al Estado francés desvestir a las Sherazades que hacen “burkini” en Niza.

    No entraremos en la doctrina de los “espacios abiertos”, que algún disgusto costó a Carl Schmitt con los americanos, pero ¿para qué quiere Alemania la mili?

    Como no lo puede tener de la Nación, Alemania tiene un “patriotismo de Estado”: esa manía suya por el partido único (que ahora se dice “gran coalición”). Sternberger lo llamó “patriotismo constitucional”, rizando el rizo en un país constituido bajo un ejército de ocupación; Habermas, ese buhonero, lo puso a la venta y Peces Barba lo compró para Zetapé.
    

Si, según las encuestas, sólo dieciséis de cada cien españoles iría a la guerra para defender el territorio, ¿cuántos irían para defender un trampantojo constitucional?


[Agosto, 2016]

miércoles, 16 de septiembre de 2026

El Mundo Libre


Molière

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    El 4 de mayo del 45, Churchill escribe a Eden que el golpe de Rusia contra Polonia “constituye un hecho sin paralelo en la historia de Europa”. El 13, cablea a Truman que un “telón de acero” ha caído sobre el frente ruso. Y el 24 pide a sus militares que estudien la “Operación Impensable”, con fuerzas angloestadounidenses expulsando a Rusia de la Europa del Este. ¿Con quién más? Con la Wehrmacht desnazificada.


    El Mundo Libre, pues, es todo lo que no es Rusia, un hilo de araña moral que va del liberal Biden, lo más viejo, en Washington, a la laborista Jacinda, lo más joven, en Wellington, pasando por Rutte, lo más liberalio, que es decir lo más hipócrita, en La Haya. La esencia misma del teatro –recuerda Muray– es una ostentación de la hipocresía mediante la cual la realidad, a su vez, se revela como teatro de credulidad universal.


    –Balzac felicita a Molière por haber “hecho de la hipocresía una de las artes, al colocar para siempre a Tartufo entre los comediantes”.
    

Entre la franqueza de Biden llamando “estúpido hijo de puta” a un periodista (el periodismo lo ha agradecido como un elogio presidencial) y la espontaneidad de Jacinda dando, muerta de risa, las cifras de suicidios en su país (con la nariz de Yolanda Díaz y la risa saltona de Jacinda Ardern hizo Picasso su “Gallo” del 38), tenemos el morro de Rutte acreditado en el Parlamento del país que ata con “no vacunados” a los perros. ¿Cómo juzga el contenido del libro (un truño de propaganda neocomunista) de Klaus Schwab?, pregunta a Rutte un diputado de nombre Gedeón. “No lo conozco, pero le aconsejo no caer en teorías de la conspiración”. Gedeón: “Mentira. Usted escribió a Schwab que el libro es ‘un análisis esperanzador para un futuro mejor’.” Rutte: “Fue una carta por cortesía. No puedes leer todo lo que te envían”. Gedeón: “¿Me está diciendo que no me mintió a mí, sino al señor Schwab?”
    

Estos son los líderes que dispondrían de nuestras vidas (las haciendas ya las tienen) de vuelta a los campos de Flandes.


[Enero, 2022] 

martes, 15 de septiembre de 2026

Quemadlo todo


Richard Baris

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Así, “Quemadlo todo”, titula su próximo libro el Pensador del Pueblo, Richard Baris, señorito, además, de Big Data Poll, o sea, un Tezanos para adultos.


Algo sabe Baris que a los demás se nos escapa. Es cierto que J.D. Vance, el “hillbilly” que funge como vicepresidente de los Estados Unidos por la gracia de Peter Thiel, tiene dicho que el Anticristo (esto va para Irene Lozano, nuestra exégeta de lo paulino) está hoy andando entre nosotros, aunque ya les adelanto que no es Sánchez.


Pensando en lo cerca que estuve del abismo –anota Vance en su “elegía rural”–, se me pone la piel de gallina. Soy un hijo de puta con suerte.


Que es lo más bonito que en España se dice de Sánchez, pues España tiene muy mal dibujo, si bien ese dibujo no es de Sánchez, sino del 78, un Estado de partidos donde todo es mentira menos lo malo. También América tiene muy mal dibujo (tantean ofrecer a los ciudadanos endeudados en edad militar una condonación de deuda si se alistan en los ejércitos de Pete), y en “The American Spectator” titulan que “España está gobernada por un dictador de extrema izquierda”, lo que engorila a nuestras derechas, pero ante lo que Soros se ríe en su covacha con su risa de sapo cancionero. A la sociedad le han reemplazado el cerebro por un móvil del cual no despega la vista, con lo que el rebaño no necesita de perros pastores. No tenemos líderes, sino membrillos cuya única función es chotarse del que no cumpla. No es el gobierno; es el Régimen. Los psiquiatras lo llaman “patocracia”, o sustitución de la realidad por la voluntad del mando, y los cursis, caquistocracia, o gobierno de los peores. Ahora el juego va de Weidel o Zelenski, idolazo del Parlamento español porque recuperó los métodos de conscripción de aquel capitán nuestro del Ejército de Flandes que para completar las levas encerraba en una bodega madrileña a los chavalotes y, hasta que firmaban, no los soltaba.


El Estado de partidos (invento alemán) requiere, como el cine, de la suspensión de la incredulidad, que es el cometido de la prensa. Inchaurrondo vende la invasión de Ceuta como “un ataque híbrido algorítmico”, y al pobre Sánchez, que triplicó el gasto militar y que “nunca pierde la oportunidad de perder una oportunidad”, como a un San Jorge en pelea contra el dragón ultraderechista que tiene a Europa en un grito por la victoria de la Afd, un fenómeno teatral propio del Estado de partidos diseñado por Leibholz, alemán. Lo avisó otro alemán, Sloterdijk:


¿No habría que alertar contra los alertadores? Grazna usted (Habermas) de un modo exagerado y hace sonar la alarma por encargo de un tercero. ¿De qué nos sirve un ganso solista que grazna un aria demencial cuando es imposible ver a un solo moro en toda la costa? ¿O el ganso que alerta de los moros es el que decide qué es un moro?


A quemarlo todo.

 

[Martes, 8 de Septiembre]

domingo, 13 de septiembre de 2026

Diada


 
¿Y qué clase de español habla éste?
 
I
Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    Nadie se burló de Obama, el del lío de Siria y Soria, cuando pidió perdón en Viena “por no hablar el austriaco”, y mejor le hubiera ido a Ana Botella pidiendo perdón al príncipe Alberto “por no hablar el monegasco”.

    A los palurdos que se burlan del inglés de Ana Botella (habría que compararlo con el español de Boris Johnson, su homólogo londinense, cuando dice, tan chulángano, que España debe quitar sus manos de Gibraltar): es un mal sin remedio.

    En la República, Fernández Flórez señaló al profesorado, que, obligado a inventar un idioma, daba lugar a una jerga extraña.

    –Y un día, por culpa de eso, surge en cualquier parte un dialecto incognoscible que establece un “hecho diferencial”. En seguida, la bandera, el himno, el “nosotros solos” y el derecho a gastar alegremente los cuartos de la comunidad.
    
¿No se comprometió Julio Camba a hacer de Getafe una nación por un millón de pesetas? Pues en ello anda su alcalde, Juan Soler, que no habla mejor inglés que Ana Botella, a quien acompañó tan pichi en el Rocroi olímpico de Buenos Aires.

    Barcelona celebra hoy su “hecho diferencial”, basado en la sentimentalidad, como el olimpismo a cuyo corazón debía dirigirse Ana Botella, es decir, una cuestión de dineros, pues al final, ¿qué es el dinero para Cataluña o para el COI, sino el sentimiento de tenerlo o no tenerlo?

    –Cataluña es un pueblo esencialmente sentimental –dijo José Antonio en el Congreso–. Un pueblo impregnado de un sedimento poético, hasta en la vida hereditaria de esas familias barcelonesas de las pequeñas tiendas en la plaza Real.
    

Cuando Mas dice que éste será el siglo de la libertad de Cataluña, piensa en lo a gusto que estaría en una “botiga” de la plaza Real gobernada por el huso horario de Ignasi Buqueras, que quiere acostarnos a todos con las gallinas, y no por la máquina de reñir de Rosa Díez, que quiere que en las tragaperras de Eurovegas, como en los camerinos de Lina Morgan, no se fume.


[Septiembre, 2013] 

sábado, 12 de septiembre de 2026

Perros y dueños



José Juan Tablada
(el Warren Beatty de Coyoacán)

Ignacio Ruiz Quintano

Abc Cultural


Me gusta la franqueza de Thomas Bernhard, mi gran fox terrier de pelo duro, para expresarlo: a que lo meen a uno, decía Bernhard, se acostumbra uno con el paso del tiempo. Bueno, probablemente uno se brinda a hacer de árbol. Y vienen los perritos y se mean. Pero ningún árbol se muere porque lo meen.


Veamos cómo arranca la carta que Clinton, el césar que dormía en el sofá castigado por una esposa varona (“Mujeres fire-proof, a la pasión inertes, / hijas de la mecánica Venus made in América; / de vuestra fortaleza, la de las cajas fuertes, / es el secreto... idéntica combinación numérica”, aclara el poeta José Juan Tablada), ha enviado a Zapatero invitándolo a pasar tres días de septiembre en Nueva York para construir un nuevo mundo: “Basándome en tu impresionante historial de logros...”


Clinton es un redomado pícaro de la industria progre, pero como ninguno de los tres días de septiembre en Nueva York cae en miércoles, tendremos que pensar que detrás de la extraña proposición no se esconde una cena de los idiotas en que Zapatero –téngase en cuenta eso que los lectores de “Cahiers du Cinéma” llaman “le physique du rôle”– haría el papel de Pignon, el regocijante tonto doctorado en el arte de provocar catástrofes. Y, si no hay cena de los idiotas, la zalema se queda en un piscolabis de ironía.


Si había fracasos lamentables e irreparables en este mundo, Julio Camba recababa la primacía para el fracaso de las frases irónicas, sumándose a la iniciativa de Antonio Palomero, un satírico del ABC primigenio que, víctima de su propia experiencia, propugnó la creación de un signo ortográfico para la ironía que equivaliese a los signos de admiración e interrogación y no dejase la mínima duda sobre el doble sentido de frases como “Basándome en tu impresionante historial de logros...”


El mismo día de la carta de Clinton se supo de la petición, haciendo orfeón, de escritores, editores y libreros a Zapatero para que “dirija personalmente la política cultural y educativa”. Esto prueba que en España, y volvemos a Camba, el ideal de cada perro sigue siendo, más o menos, el de cada dueño: los dueños quieren exhibir sus perros, los perros quieren exhibir sus dueños y, por regla general, ambos deseos se complementan entre sí. ¿Qué hacer cuando uno ve una correa o una cadena sostenida de un lado por un perro y del otro por un hombre?


Me gusta la franqueza de Bush cuando, a la vista de una montaña de libelos progres a él dedicados, exclama:


¡Y dicen que no hago nada por los libros! 

viernes, 11 de septiembre de 2026

Filósofos en tiempos de escasez


Bertrand Russell

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc, 10 de Julio de 2002

 

Dicen que el Centro Nacional de Inteligencia se propone sustituir a los espías militares con espías diplomáticos, lo cual puede trastocar nuestras tradicionales ideas de centro, de nación y de inteligencia.

En la sociedad de la imagen, los militares, por su uniforme, son los menos indicados para hacer de espías. Si a un corrillo de conspiradores políticos se acerca un caballero uniformado, lo lógico es que en el corrillo se cambie de conversación. Y no hablamos de militarismo: se puede ser militarista sin ser militar y militar sin ser militarista, aunque un militar que quiera hacer carrera política deberá granjearse una reputación de pacifista.

Bertrand Russell contó cómo en Gran Bretaña, durante la primera guerra mundial, los únicos pacifistas eran los trabajadores de las fábricas de munición. De sus charlas con ellos, los espías -militares, por supuesto- elaboraron unos informes tan inexactos que el ministerio de Guerra prohibió que el autor de los «Principia Mathematica» llegara a cualquier lugar de la costa británica por temor a que pudiese hacer señales a los submarinos alemanes: «Si no hubiese sido por estos diversos cumplidos que recibía del gobierno, habría abandonado la lucha pacifista, ya que estaba convencido de que era totalmente inútil.»

En septiembre de 1916, Russell fue llamado por el general Cockerill, que tenía un informe de sus discursos. Lo acusó de construir frases calculadas para enfriar el ardor de los municioneros, y le ofreció un trato: Russell abandonaría la propaganda política y Cockerill anularía la orden que le impedía acercarse a la costa. El matemático contestó que, a conciencia, no podía comprometerse a tal cosa. El general repuso: «Probablemente usted y yo tengamos una idea diferente de lo que es la conciencia. Yo la considero una voz suave y tranquila, pero cuando se vuelve audible y estridente, sospecho que ya no se trata más de la conciencia.» El matemático no se rindió: «Usted no aplica el mismo principio a quienes están a favor de la guerra; no los considera hombres conscientes cuando se callan sus ideas y simples propagandistas cuando las expresan en la prensa. Esta diferencia no es muy justa.» El general, tampoco: «Sí, es verdad. Pero usted ya ha expresado su opinión; ¿no puede darse por satisfecho y volver a sus otras ocupaciones, en las que ha conseguido sobresalir tanto? ¿No cree que reiterar constantemente lo mismo denota una cierta falta de sentido del humor?»

En la primavera de 1918, un cerrajero alemán de nombre Drexler fundó un grupo, «Comité Independiente de Obreros a favor de una paz honesta», que tenía por objetivo conservar alguna de las conquistas. La inteligencia alemana se escamó, y el capitán Roehm hizo llamar a un cabo: «Averigüe en qué consiste esa organización de apariencia política de la que se comienza a hablar en Munich.» Al cabo, el cabo hizo un informe: «Son gente pobre, mi capitán; obrera, pero antimarxista.» Y el capitán ordenó: «Métase en él y trate de ganar influencia sobre su gente.» El cabo se llamaba Adolfo Hitler, que entró en el Partido Obrero Alemán -nombre que adoptó el grupo una vez perdida la guerra- como espía y por orden de un superior.

Aparte los generales ingleses, que son una isla, convendremos, pues, en que no es lo mismo ser espiado por un cabo de infantería que por un embajador ante la ONU, por un Adolfo Hitler que por un Chencho Arias. Nuestro siglo apunta al modelo Arias, es decir, a los diplomáticos, considerados por Peter Sloterdijk como «filósofos en tiempos de escasez».

Cuando nada concuerda y nada cuadra, dice Sloterdijk, llega la hora de los diplomáticos, cuyo oficio, como el de los curas, consiste en hacer algo en las situaciones en que ya no hay nada que hacer.

 


Peter Sloterdijk

jueves, 10 de septiembre de 2026

Escrituras



MacArthur


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Primero anunció su abandono de la política María Soraya, la Hillary de Pucela, y luego, entre gol y gol de Asensio, la ministra Montón cogió su máster transgenérico y saltó de la Roca Tarpeya “para no influir al gobierno” de Sánchez.

Un sacrificio así no lo veíamos desde Pepiño Blanco, que en 2008 ocultó su simpatía hacia Obama “para no influir en las elecciones americanas”, pero el sacrificio montonero no sería en vano si ahora una justicia creativa estirara el máster de Casado, con lo cual lo de María Soraya ya no habría sido un abandono, sino un MacArthur: “Me voy, pero volveré”, reinterpretado en España por Camilo Sesto con el “Te vas, pero te quedas” de su “Algo de mí”. La pista que nos lleva a MacArthur es que los flabelíferos de María Soraya no han arriado los flabelos.

¿Qué es una justicia creativa? En palabras del presidente de la Audiencia de Zamora:


Los jueces no estamos para poner sentencias, sino para resolver problemas: hay que estar en la realidad social.

En América, un juez sentenciador fue John Marshall, “padre de la constitucionalidad” porque en el Caso Marbury contra Madison dictaminó que la Nación legisla y el Gobierno ejecuta (parecerá sencillo, pero sólo se ha entendido en América). Y un juez creativo fue Roy Bean, la ley al oeste del Pecos.

¿Quién ha elegido un juez creativo en España? Nadie. Pero tampoco, aquí, nadie eligió nunca al presidente de su gobierno o al diputado de su distrito, y Borrell, ministro de Estado, a 11 de septiembre, presume en la BBC de “separación de poderes” (?) y de “nación catalana” (?), pudiendo poner, además, cara de gentleman, gracias a que en España la traición lleva dos generaciones culturales pasando por virtud social.


Mas se cumplieron las Escrituras… aunque estén tan mal escritas como las del editorial de junio del 16, “Pactar Cataluña”, del diario gubernamental de Cebrián y María Soraya. Suelten a la Vaquilla Pichichi y que los politólogos trisquen cantando el “Qué apostamos”.


[Septiembre, 2018 ]

martes, 8 de septiembre de 2026

El caballo palmesano



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Bajo el solazo de Palma de Mallorca, una joven turista alemana se para ante un coche de caballos y, conmovida por el aspecto del rocín, que parece muerto de sed (y de hambre, si reparamos en el costillar), pide al cochero que dé de beber al animal. (En Europa, sólo los españoles somos capaces de ver a los animales como los alemanes han visto algunas veces a los humanos. Sloterdijk, alemán, explica que Roma, de donde venimos, llegó a convertirse en el “Hollywood de la crueldad”, y cómo en la época de los emperadores el sistema se expandió “hasta constituir una Copa de Europa formal de la bestialidad”). El cochero palmesano, energuménico, responde arrojando el agua de una botella a la cara de la turista alemana, que se mantiene impávida, en lo que el hombre emprende una estúpida danza carpetovetónica que temple el “furor teutonicus” de la mujer.


La escena de la turista alemana en Palma es la de Nietzsche en Turín, un 3 de enero de 1889, cuando el filósofo, conmocionado por los latigazos de un cochero a su caballo exhausto, se abrazó al caballo, lloró y nunca más volvió a la razón. Entonces ¿cómo un pueblo con estos sentimientos pudo protagonizar dos guerras mundiales y trata de protagonizar la tercera, para cobrarse venganza de la “Unternehmen Barbarossa”?


La TV (en realidad, todos los medios) es el fentanilo del pueblo. Por eso los gobiernos se gastan lo que no tienen en su TV, de modo que todo lo que no salga por ella constituirá “desinformación rusa”. En lo que llevamos de era tecnológica, que está en sus albores, el coeficiente intelectual de la población se ha desplomado en la misma proporción que el temor a una guerra nuclear, cuyos supervivientes, en palabras de don Nikita, tendrán envidia de los muertos.


Occidente es una patocracia cuya TV ha desmontado el mito de la Destrucción Mutua Asegurada, que nos hizo salir vivos de la Guerra Fría, para extender la idea de que la guerra atómica es un juego tecnológico que Occidente puede ganar con dos becarios de informática, razón por la cual juega a joder la siesta al oso ruso, apedreando sus sistemas de alerta (colleja en la oreja) y su triada nuclear (patada en las pelotas). Los gobiernos no se cansan de darnos motivos para ir a la pelea. El nuestro, a través de Albares, el canciller de Usera, dice que lo de Ceuta es cosa de Musk y de Putin, y nuestro Estado Mayor tuitea fotos de nuestros soldados poniendo obstáculos con troncos de árbol en un arroyo letón para impedir el paso a los castores de Surovikin, que por cojones (palabra favorita de Truman Capote) no va a quedar. ¿O no nos acordamos de cómo nació el Régimen?


No hay que tener miedo a nada. El único miedo racional que nos debe asaltar es el miedo al miedo mismo –hizo decir Ónega (morcilla de Roosevelt) a Suárez en septiembre del 76.


Y el caballo sin beber.


[Martes, 1 de Septiembre] 

domingo, 6 de septiembre de 2026

Nacionalismos


No somos gallegos
Somos celtas

Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    En cuestiones de memoria histórica los franceses pueden ser tan farsantes como nosotros. Al analizar, por ejemplo, el colaboracionismo (generalizado) durante la ocupación alemana, se hicieron los sartreanos y catalogaron a los colaboracionistas según la diferencia entre malvados (que habían hecho el mal porque sí: gusto, capricho…) y canallas (que habían hecho el mal para sacar tajada), que es una guía que aquí podría aplicarse al golpismo catalán.

    Este golpismo no es nacionalismo, sino estatalismo: el gran taurino Companys no proclamó la independencia de Cataluña, sino la República Catalana como Estado integrante de la Federación Ibérica, o sea, la República federal que sueña el periódico global.

    Los anacoretas de Egipto estaban ebrios de Dios y los golpistas de Cataluña están ebrios de Estado.
    
Nacionalismo, en cambio, sería lo que antes llamábamos patriotismo, complicado, dicho por Pemán, “con un poco de filosofía”. O, dicho por Bobadilla, complicado “con literatura o cagarrutas de chivo”.

    Nacionalismo, en fin, sería aquel I Encuentro Luso-Español del 83, glosado por José-Miguel Ullán, que describe al poeta (ojo al acento) Fèlix Cucurull cargado de telegramas de covachuelas catalanistas para pedir la retirada de “español” del título de la merienda, petición apoyada por los representantes de la poesía gallega Pilar Vázquez y Manuel María.
    
Cuando creía haberse llegado al acuerdo de poner “ibérico” donde antes rezaba “luso-español”, Pilar Vázquez alegó que los gallegos no eran ibéricos, sino celtas, quedando la cosa en I Encuentro de Poesía Peninsular.
    
Manuel María acusó en verso a la clase media de imitar “las modas que imponen en Madrid”, y ya todo eran denuncias: “Opresión de la literatura vasca, gallega y catalana; necesidad de no menospreciar el bable y l guanche; esbozo de imponer el término ‘insular’ para no desentenderse de las Azores, Canarias y Baleares; preocupación por las plazas adyacentes: Ceuta y Melilla”.

    Esto, en el 83. 


[Marzo, 2018]

sábado, 5 de septiembre de 2026

Lacrima Christi




Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Sobrecoge ver a Bergoglio llorar físicamente por las concertinas de Ceuta y Melilla, frontera de la nación de Teresa de Jesús, a cuyo aniversario no pudo asistir porque prefirió ir a Alemania para estar en el de Lutero.
A Bergoglio le duelen las concertinas como a Cocteau le dolían el cristal de Venecia, la cerámica de Sajonia y la liturgia católica, sólo que Cocteau era un esteta, y Bergoglio, un jesuita. En el llanto jesuítico de Bergoglio, igual que en el llanto cómico de Pablemos, hay una mezcla de Laclau y Stanislavski, el del sistema para matar el teatro.
Cuando la República expulsó a los jesuitas, un krausista fue a ver a Don Suave (De los Ríos), el ministro de Instrucción Pública: “Ustedes han prohibido en la Constitución que las órdenes religiosas se dediquen a la enseñanza”. “Sí”. “Bien. Pero eso quiere decir que los jesuitas no podrán enseñar en España”. “Claro. Es lo que nos proponemos”. “Pero es que ahora han disuelto ustedes en España la Compañía de Jesús, o sea, los jesuitas. Y como los jesuitas ya no lo son, podrán enseñar”.
Para Bergoglio, España sigue siendo un país en guerra, y por eso lo evita (y lo “peronea”). Los jesuitas apoyaron la independencia hispanoamericana en venganza por la expulsión decretada por el rey de España en 1767. En agosto del 73, Arrupe visitaba a Allende y a Castro (¡el totalicastrismo!) para “discernir los diversos aspectos de tan singular proceso histórico”. En el 74 paraba en La Habana Casaroli, y dijo: “Los católicos que viven en Cuba son felices dentro del régimen socialista.” Bergoglio permanece espiritualmente disecado en ese instante casaroliarrupiano, y llora físicamente por las concertinas españolas.
Aparte la vigilia en el Huerto de los Olivos, Cristo llora dos veces: una por Jerusalén, y la otra, por Lázaro, al ver llorar a los que ama, en el hermoso pasaje de Juan:
Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: “¡Cómo lo amaba!”

¿No hay en El Vaticano un Iván Redondo que haya leído el Evangelio?


[Abril, 2019]

viernes, 4 de septiembre de 2026

"El rabo de Europa"


Sus Otanidades Felipe y Guerra en Moscú

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


    Agarrados, como estamos, al “triste rabo de Europa” (así nos vio Antonio Machado en sus versos a Grandmontagne), si uno vivió el troleo socialista del 86 con el referéndum Otan de Gonzalón, es imposible luego tomarse en serio nada de una organización que puede ser dirigida hasta por un Solana, y no cualquier Solana: el Solana que en las redadas policiales en la sede de la Junta Democrática suplicaba (sin éxito, como el democristiano “Sor Citroën”) ser conducido, “como los demás”, a presencia de Saturnino Yagüe en la Puerta del Sol; el pilarista y becario de la Fulbright que llegó a ministro de Cultura sin saber distinguir los números ordinales de los números partitivos; el Lutero con piñata “Carlomagno” que redactara las “50 razones para decir no a la Otan”.


    –Rusia ataca Mariúpol con fósforo blanco letal e ilegal para vengarse de Eurovisión –titula un medio liberalio.
    

En el 99, por estas fechas, la Otan de Solana atacó de noche Yugoslavia, sin permiso de la Onu, con uranio empobrecido, y tan a ciegas que acabaron dándole a la Embajada china, no sabemos si para vengarse de Eurovisión, celebrado aquel año en Jerusalén, y ganado por Charlotte Nilsson con “Llévame a tu cielo”, en representación de Suecia, país que con Finlandia se apunta ahora a la Otan, circunstancia que podría aprovechar el sanchismo para pedir la adhesión al Tratado de Ceuta, Melilla y Canarias.


    –Estados Unidos nos envió el mensaje de que si no entrábamos en la Otan se harían con Canarias –tiene dicho Otero Novas, el Bolaños (sólo que con lecturas) de Suárez.
    

Los veteranos del 86 nos imaginamos, pues, la Otan como un negocio que depende menos de sus directores (ahí está Solana, y para el futuro no descartemos a Sánchez) que de sus enemigos (ahí está Rusia). La condición de “enemigo”, como la de “fascista”, no la elige uno, sino los demás.


    –¿Cómo mantener viva la distinción entre amigo y enemigo en una situación nuclear de aniquilación que desdibuja a la vez la distinción entre guerra y paz?


[Mayo, 2022] 

jueves, 3 de septiembre de 2026

Tariq


Young Sánchez


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Cuando Carl Schmitt aclaró su concepto de “enemigo”, piedra angular de “lo político”, no existía el gobierno-okupa de Young Sánchez.

Schmitt distinguía entre enemigos privados y públicos, cosa que no hacen muchas lenguas, dando ocasión a malentendidos. En la evangélica “amad a vuestros enemigos”, el original dice “inimicos”, no “hostes”. No habla, pues, del enemigo político.

En la pugna milenaria entre el cristianismo y el islam jamás se le ocurrió a cristiano alguno entregar Europa al islam en vez de defenderla de él por amor a los sarracenos o a los turcos.
En RTVE, sin embargo, se han pasado el fin de semana publicitando a un portavoz de la fuerza expedicionaria que asaltó con cal viva la valla de Ceuta “guiados por Alá”. ¿A qué esperan para meter a ese tipo de ministro en La Moncloa?

No estábamos aquí la noche del 27 al 28 de abril del año 711, pero podemos imaginar a Rosa María Mateo entrevistando, sola o con Ana Blanco, a Táriq ibn Ziyad, jefe berberisco que desembarcó en la península con la ayuda de Don Julián, que hoy está en el gobierno, cuyo ministro del Interior, Marlasca, no es un ministro, sino una pegatina en el batín de Young Sánchez, como el astronauta Duque o la propia Mateo.
En vez de derribar la valla ceutí, abriendo una especie de Camino de Santiago “laico” para toda la muslimería, el gobierno hace el paripé de desplegar en los alambres unos pocos hombrecillos verdes para contener a todo el centro del campo africano, con Marlasca, que concibe el Ministerio como una Tate londinense para “performances”, jugando en Ceuta a la muralla de Jericó, aquella sábana que Claudette Colbert colgaba entre su cama y la de Clark Gable en “Sucedió una noche”.

Y no culpemos más de lo de Guzmán el Bueno a los benimerines, como impone la Comisión de la Verdad, ya que al chico lo mató el infante cristiano Don Juan, hijo de Alfonso X el Sabio y nieto de un rey santo, Fernando III, según el “Compendio de historia de España”, 1890, de Moreno Espinosa. “Hispania Aeterna!”


[Julio, 2018] 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

El capador


Miguel Delibes



Ignacio Ruiz Quintano
Abc


    Europa es freudianamente castradora, y en Bruselas, Trento de la democracia, primero declararon pecaminosa la siesta y ahora declaran pecaminoso el jamón.

    No el galufo. El jamón, jamón, y sólo los andaluces me entienden.

    Jamón es lo que a cambio de un enchufillo acostumbraba recibir el protocomunista Valderas, al decir de Camacho, su jefe de prensa.

    O lo que con su primer dinero se compró Manuel Benítez, que siempre viajaba con un gran jamón que colgaba en la ventana del hotel:

    –Hay gente que viaja con una amiga o un amigo. A mí me gusta viajar con el jamón: es más que una amiga o un amigo. Nunca te traiciona. Se deja comer sin rechistar y te quita el hambre, y cuando no queda más que el hueso, te compras otro, como si fuese el mismo jamón.
    
Una vez cortado, el jamón se preservaba en la barra como la valla de Ceuta, con Pepe Brajeli (apoderado de Curro) colocando su dentadura sobre las lonchas, si tenía que ir al lavabo.
    
Esta cultura se acabó: para castrarnos el jamón, Bruselas prohibirá la castración de cerdos, que ya pueden hacer suyo el grito progresista: “Nosotros estiramos la pata (que es un jamón), nosotros decidimos la cata”.
    
Pero hay que decir que al cerdo no se le capaba por placer (sadismo), sino por gusto (que no es lo mismo).

    –Capar un gocho era para que el tocino enverronase, cogiera gusto, que aquí decimos enverronado al tocino de buen paladar.
    
Se lo dijo un capador a Miguel Delibes, que lo contó en una portentosa Tercera de ABC, donde se trata la diferencia entre castrador (científico, llama cerdos a los cochinos) y capador (autodidacta, llama gochos a los cerdos):

    –Cápame el gocho, Salvador, y si se te muere no te preocupes. Nos lo comemos.
    
El castrador nunca castró con capadora, sino con arreglo a los tres procedimientos clásicos: a talla, a mordaza y a pulgar. Lo importante era saber sujetar (coces, mordiscos) al bicho.

    –Al verraco yo le metía una cesta de vendimiar por la cabeza y no se movía.


[Febrero, 2014] 

martes, 1 de septiembre de 2026

Hotel California

 



Jeanne Tripplehorn


Ignacio Ruiz Quintano
Abc


Madrid, en agosto y con dinero, Baden Baden, dijo el marqués de la Valdavia. Pero, hoy, aquí, en agosto, sólo se quedan los sin dinero, con lo que Madrid es el “Hotel California” de los pobres, igual que el estrecho de Ormuz es el “Hotel California” de los ricos.


Del “Hotel California” no puede salir uno, cantaba Don Henley (“We are all just prisoners here”), mientras tocaba la batería. A mí los “Eagles” de agosto me han pillado en la barra de la tortilla del Mercado de la Paz, donde una camarera pregunta a su compañera: “Oye, Carmen, ¿cómo se llama la actriz americana que estaba comiendo aquí?” “¡Yin Tipleton!” (Jeanne Tripplehorn), le contesta. La camarera, a un parroquiano: “¿Tú la conoces?” El parroquiano: “Yo soy de Vallecas”. Y la camarera: “¿Y qué? Yo soy de Aluche, y bien contenta. Al menos allí no hay degollaciones. ¿No fue aquí donde encontraron a un ‘degolláo” en un contenedor?” Una voz del fondo de la barra: “¡La de ‘Instinto básico’!” Y así se pasa el rato en este “Hotel California” de los pobres que es Madrid.

En cuanto al “Hotel California” de los ricos, ese estrecho de Ormuz donde Trump bracea atrapado, ¿qué podemos decir que no sepan? Quéjase Trump de que la Otan no lo ayuda a salir. La Otan, según el comodoro británico Steve Jermy, sólo existe para encarar amenazas creadas por su propia existencia, pero sin poder para encararlas. Lawrence Wilkerson ha descrito su creación y dirección: “Creamos la Europa que estamos viendo a propósito.” La de Merkel: “El Islam es la base de la cultura europea”. La de Ursula: “Los valores de Europa son los del Talmud”. Todavía no ha salido, ni saldrá, nadie a decir que los valores de Europa (antes, “la Cristiandad”) son los del Evangelio. Eso sólo lo dice Tucker Carlson, y en América. Tucker devolvió a Trump a la Casa Blanca, y ahora Trump llama “lúser” a Tucker, y se burla de su CI. Popper pronosticó que América perdería la tercera guerra mundial, en la que ya nos ha metido, porque elige a sus generales por su CI, que es una medida unidimensional de la inteligencia, y por tanto, falsa. Por eso Trump no tiene un general capaz de sacarlo de Ormuz, pero en la Fox sacan a Victoria Coates radiante de felicidad porque van a reducir al hambre a un país de noventa millones de habitantes.

Pasé –dice TC– treinta y cinco años en los medios tradicionales preguntándome dónde estaba la gente lista, y cuando pasé a los medios independientes, pensé: “Aquí es donde está esa gente”.

Los medios tradicionales son esos fetichistas del “Artículo Cinco”, el burladero desde donde los liberalios le tiran pellizcos de monja al oso de Moscú con el artículo de Werner Berthold (“Schopenhauer, die Nato und die Atombombe”) que tanto intrigara a Fueyo bajo el brazo. Hemos llegado al final: un mundo de anormales que no apartan la vista del móvil desde que se levantan hasta que se acuestan.


[Martes, 25 de Agosto]