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jueves, 31 de agosto de 2017

El manicomio




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    De los creadores de “La democracia representativa es el consenso” llega a nuestras pantallas “La libertad política es la sedición”.

    –Ni España ni Cataluña deben ser indisolubles –tuitea un orate liberal, es decir, un pájaro de cuenta–. Las comunidades políticas que no permiten la secesión son cárceles políticas.
    
He aquí un Ortega invertebrado pasado por el Colmado Senén en la 13, Rue del Percebe de Ibáñez, representación “cómica” del separatismo catalán, con Senén, Don Hurón, Ceferino Raffles, la Portera y Manolo el pintor.
    
El orate tuitero es el resumen de la desintegración setentayochista de la conciencia nacional y de la moralidad social y pública. Con su desvarío sedicioso, el orate liberal busca que no le digan “alt right” (con su consiguiente pase a la clandestinidad) y allana el camino mental para los oligarcas conchabados en la kermés secesionista. Esto sólo es el principio.

    Ante la sedición catalana, junto con los trinos del pájaro de cuenta, el editorialista del periódico global engola la pluma para avisar de que en la grande polvareda de una república catalana independiente los catalanes perderían… ¡a Montesquieu!, un caballero desalojado de todas las cortes de Europa, ¿o dónde, aparte la Constitución de los Estados Unidos, se ha visto una forma de gobierno sujeta a los tres principios democráticos: representativo de la sociedad, electivo del gobierno y divisorio del poder estatal?

    Al paso, la derecha que para hacer ver que no cree en nada escribe “dios” con minúscula, considera la posibilidad de hacer… ¡un referéndum legal!... sobre la sedición catalana.

    –¡Pues Todorov hubiera dicho sí!

    –¿Todorov? Huy, yo a ése lo leí cuando estaba embarazada de Pelayo.
    
Si en el 36 la izquierda votó en el Ateneo la existencia de Dios (ganó el “no” por un voto), ¿por qué en el 17 la derecha no iba a poder votar la integridad de España? Sólo se necesita ser español y meter una papeleta en una pajarera.

En esta catástrofe no se ve un solo inocente.

Jueves, 31 de Agosto


El más afortunado de los escritores sólo conseguirá un trozo de "literatura"; y a mí me aburre cada vez más la "literatura".
Wenceslao Fernández Flórez

miércoles, 30 de agosto de 2017

Libros de Umbral




Hughes
Abc

Estos días he podido sortear el final de Juego de Tronos, pero no los artículos sobre Umbral. Los diez años de su deceso. Qué palabra es deceso. Cuando vine a vivir a Madrid a escribir en un periódico me dijo un veterano:

-A Madrid no se viene a follar.

Desde luego, ni a follar ni a escribir. Pero por unos días fui autoconsciente del hecho de “venir a Madrid”, de un modo cómico. En eso tuvo algo que ver Umbral. Me busqué un piso no muy lejos del periódico y dejé mis libros en Cádiz, donde vivía antes. El piso apenas tenía muebles, era triste, pero sin ningún sentido lírico, sin concesiones. La mezquindad de los dueños de pisos de alquiler es digna de “estudio” (y nunca mejor dicho).

Cerca de casa no había mucho entretenimiento. Sólo una librería de viejo que además me cogía camino al supermercado. Así que muchas veces acababa allí, mirando, o más bien miroteando.
Esa librería tenía algunas particularidades, y una de ellas era la abundancia de libros de Umbral, todos baratísimos.

Yo ya habia leído a Foxá, o como diría Umbral, “uno ya había leído a Foxá”, pero aunque hubiera querido releerlo, sus libros eran caros. Todo lo interesante lo era, salvo novelitas gastadas, ensayos de tema peregrino y… Umbral, colecciones de artículos, sobre todo. Así que fui llenando la estantería con libros de Umbral. “Uno ya había leído cosas de Umbral” también. “Mortal y Rosa” me pareció un libro decepcionante, diría que atroz. Los artículos me gustaban más cuando hablaba de gente del corazón, cuando retrataba a un Jaime Ostos, por ejemplo. Me gustaba mucho lo de “la derechona”. Qué generoso era. Ahora se ha quedado en derechocha.

Las ideas de Umbral me parecían confusas. Es el tipo de hombre que resume a Heidegger en el “ser de lejanías”, y con eso se queda. Y venga ser de lejanías, y venga ser de cercanías. Supongo que no eran ideas sino otra cosa. Era un citador compulsivo. El caso es que casi sin premeditación llené mi piso con libros de Umbral. Joder, qué parodia, pensaba. Eran gangas que no podía dejar pasar. Las compraba para coleccionar, luego los cogía con cierta ilusión pero no me duraban más de media hora. Era imposible para mí leerlo más. Físicamente. Más que la literatura, lo de Umbral me parecía una monstruosidad de periodismo: de actualidad, de esclavitud cotidiana. Era la Actualidad más que la Literatura.

La Actualidad es terrible. Es como una Godzilla kafkiana de obsesidad mórbida. Umbral luchaba con ella. Esos libros de saldo los leía (los intentaba leer) en ese momento crucial y verdaderamente triste de apagarse un autor. Estaban envejeciendo en esos mismos días. Se desgajaban de lo presente hacia la Nada en el sidecar de la posteridad. Esos días me recuerdan a Umbral. Yo en Madrid, se suponía que para escribir, y rodeado de repente de libros suyos, libros ganga. Ya estaba prevenido del umbralismo: prometo que no los compraba para imitarlo. Pero leía un artículo cargado de sonoridad egocéntrica y pseudopolítica y luego bajaba a comprar yogures y veía que en mi vida nada era umbraliano. Debía de haber “umbralidad”, pero no la había. Me decía “para mis adentros”: se supone que ahora soy periodista y estoy en Madrid… ¡algo tendré que hacer! Pero era como estar en Palamós.

Estaba la cuestión del soniquete. Es como en el concurso ese, Pasapalabra. Le dan una melodía al concursante, se la quitan y tiene que seguir cantando. A mí me pasaba eso. Cogía el libro, leía unas páginas, dos o tres, se me dormían las piernas y lo dejaba. Pero se me quedaba en la cabeza el tariroriro, tarirorá de Umbral, y no sabía lo que hacer. ¿Es esto? ¿Pude ser esto? ¿Qué hago? ¿”Sonas gachises protestan el offside lato del linier bajito”? Era una declamación triste que se apoderaba de mí.

La banda sonora esos días era la de Anillos de Oro, pero en confuso. Libertad, Libertad, sin ira Libertad. Era anacrónico y superior a mí. ¡Un Baudelaire de la Transición! ¡Un Homero de Ónegas! Para salir del bucle piriodismo-umbral a veces iba a La Posada de las Ánimas. Umbral aparecía como un debe-ser impracticable. Sólo pensarlo me daba mucho pudor, pudor de mí mismo, como una práctica sexual prohibida (“práctica sexual prohibida”. No puedo ser más antiguo)

Actualmente, el umbralismo más que un estilo me parece una estructura. El prestigio de Umbral se amplifica en El Mundo y se administra convenientemente. Estos días me asombra no haber leído nada sobre aquel artículo que le dedicó Pérez Reverte y que transcribo en su párrafo final:

“La cita no es casual, porque, además de ser un periodista que nunca dio una noticia, de que en sus novelas y columnas no haya una sola idea, y de alardear de una cultura que no tiene, lo que trufa toda la obra de Umbral, desde el principio, es su bajeza moral. La «infame avilantez» que, ya metidos en citas, le atribuyó la poetisa Blanca Andreu. Siempre estuvo dispuesto a despreciar a novelistas ancianos o fallecidos como Gironella, Aldecoa, o el Cela a cuya sombra en vida tanto medró -y a quien dedicó, caliente el cadáver, un librito oportunista e infame, escrito, eso sí, con estilo sublime-, o a insultar y señalar con el dedo a antiguas amantes y a mujeres que le negaron sus favores; aunque esto lo hace sólo cuando no pueden defenderse y sus maridos están muertos o en la cárcel. Tan miserable hábito no lo mencionaría aquí de limitarse a lo privado; pero es que Umbral tiene la bajunería de salpicar con él su literatura. Su bello estilo. A todo eso añade una proverbial cobardía física, que siempre le impidió sostener con hechos lo que desliza desde el cobijo de la tecla. Pero al detalle iremos otro día. Cuando me responda, si tiene huevos. A ver si esta vez no tarda otros cinco años. El maestro”.

La actualidad de “la cosa columnística” me parece la aplicación del método dialéctico sobre esto.

Tesis: Umbral.

Antítesis: Pérez Reverte.

Síntesis: lo que hay ahora.

Vivimos en la síntesis umbraliano-revertiana. Asunto fascinante para las memorias que me autoeditaré.

Sombrereros

Muerte entre las flores

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    España vende naciones igual que John Thompson, un amigo del Dr. Franklin, vendía sombreros.

    “John Thompson. Sombrerero. Hace y vende sombreros por dinero al contado”, más el dibujo de un sombrero, fue la primera inscripción que compuso el aprendiz de sombrerero para inaugurar su establecimiento. Así el título octavo, obra de aprendices del constitucionalismo, de la Constitución del 78, luego en manos de los arbitristas autonómicos como el cartel de Thompson en manos de sus amigos.

    –La palabra “sombrerero” –dijo uno– es tautológica al hallarse seguida de las palabras “hace sombreros”, que demuestran el hecho de ser un sombrerero.
    
Y retiró el término.
    
Otro dijo que la palabra “hace” estaba de más, pues a los clientes no les interesaba saber quién hacía los sombreros, sino si estos eran buenos.

    Y borró el término.

    Un tercero observó que las palabras “por dinero al contado” eran inútiles, pues no era costumbre del lugar vender a crédito: todos los compradores esperaban pagar.

    Y suprimió el término, quedando la inscripción en “John Thompson vende sombreros”.
    
“¡Vende sombreros!” –exclamó otro amigo–. Si nadie espera que los regales ¿de qué sirve tal palabra?

    Y la tachó. Tachó “vende”, y de paso, también tachó “sombreros”, al haber ya el dibujo de uno en el cartel. Con lo cual la inscripción quedó reducida en última instancia a “John Thompson” con la figura de un sombrero debajo.

    “España”, y debajo, la figura de Cataluña (con su "ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la república", obra de “botiguers” de la Rue del Percebe, como suvenir para los nostálgicos del 78).
   
En la América del Dr. Franklin que se alzó contra Inglaterra se prohibía a los súbditos, por una disposición aprobada por Carlos II, hacerse ellos mismos un sombrero con la piel obtenida en sus propias tierras.

    La grandeza de la generación del Dr. Franklin no fue hacer la Constitución federal del 87, sino reconocer su equivocación con la Constitución confederal del 76.

Miércoles, 30 de Agosto


-Queso de cabra -opinó Justo Sanjurjo. Pero ni la cabra más miserable produciría sin vergüenza un queso igual.
Wenceslao Fernández Flórez

martes, 29 de agosto de 2017

Se han pasado la vida entre nosotros y nos matan

 Guerra...

Jean Palette-Cazajus

“Se han pasado la vida entre nosotros y nos matan”. Podría ser el título de una tragedia. Es el título de una tragedia. No sé si las señoras del barrio de Ripoll donde se criaron los criminales y que así contestaban al acoso despiadado de la prensa, tenían plena conciencia de cómo habían ido incorporando, sin seguramente planteárselo siquiera, los principios básicos del individualismo occidental posmoderno. El primero de ellos podría expresarse así: Sólo existe alteridad si yo le antepongo mi identidad. Dicho más llanamente: nuestra definición se resume a la más absoluta generosidad. También se ve que estas buenas señoras habían asumido naturalmente un segundo valor, correlativo del primero: sólo mi hostilidad o mi mala voluntad pueden interferir la espontánea predisposición del otro a asimilar mis valores a partir del momento en que decide instalarse entre nosotros. Pero acababan de descubrir la endeblez del gran espejismo europeo.

En el fondo, aquellas señoras volvían a levantar la liebre del desalentador debate sobre la universalidad de los valores occidentales. No es éste el lugar de extraviarnos en tan densa y crucial polémica. En cambio es el lugar y el momento de recordar un universal antropológico: en la historia de las culturas humanas, los únicos valores evidentes han sido siempre los de la propia comunidad. Menos, precisamente, en el caso de la excepcionalidad occidental donde los hemos ido relativizando mediante la racionalidad crítica, la inferencia comparativa y la duda metódica. Razón por la cual las intervenciones en Afganistán o en Oriente Medio deben calificarse de absolutamente premodernas.  Basadas que fueron en la infantil creencia –es un pleonasmo– de que la bondadosa superioridad de nuestros valores iba a resultar “evidente” para “El Otro”. En este caso “El Otro” era musulmán. Es decir un credo particularmente inapto para metabolizar los problemas de alteridad.

 ...y paz
Santa María de Ripoll

François Jullien es un muy interesante filósofo francés, helenista de formación, es decir tan empapado en los fundamentos clásicos que sustentan nuestro asumido universalismo que decidió dedicar todo su esfuerzo intelectual a la búsqueda de una alternativa reflexiva. Se trataba de encontrar una atalaya desde cuya perspectiva otear la propia cultura y revelar aquellas irreductibles particularidades que la excesiva proximidad nos oculta. Lleva casi cuarenta años creyendo haber encontrado tal alteridad y tal atalaya en la cultura china clásica. Es fundamental aquí el adjetivo “clásico”. Jullien considera que la China moderna ha roto con su continuidad cultural. Si me permito este pequeño desvío es porque Jullien cuenta que en su búsqueda de una absoluta exterioridad desde la que pensar Occidente, al principio dudaba si hallarla en la cultura china o en la musulmana. Luego decidió que al fin y al cabo la cultura musulmana no era más que un camino más o menos paralelo a la tradición occidental. Tampoco es el momento de demorarse en sopesar los fundamentos de tal decisión. Tampoco el de saber si su adscripción de la cultura musulmana a la galaxia occidental sigue siendo la misma al día de hoy.
 
 Informe del Instituto Montaigne

El problema del Islam, y sólo cabe ser reduccionista en tan breve reflexión, el que lo hacía inapto para servir los objetivos de François Jullien, es que tiende desde siempre a suplir la complejidad de la diferencia por la simpleza de la confrontación. Por un lado están los creyentes, por otro los “kufar”, los infieles. Es como un motor de dos tiempos, monótono, traqueteante, aburrido pero implacable: “Dar al Islam” la tierra, la casa del Islam; “Dar al Harb”, la casa de la guerra, o sea nuestras tierras, las de los infieles. La obsesión hostil por el descreído, por el infiel, su asignación al horizonte de una alteridad tan absoluta como intolerable, nos obligan a preguntarnos qué sería del monótono vaivén del pistón de dos tiempos en el caso de que la fe musulmana lograse su sueño prosélito y llegase a ser universal. Es decir si desapareciera la necesidad de la confrontación. Sin ese carburante se impondría su natural tendencia al colapso. Ya lo intuimos con el estancamiento histórico  del Islam hasta la segunda mitad del siglo XIX, es decir entre el momento en que no tuvo suficiente energía para seguir conquistando y convirtiendo pueblos y la fatídica e inoportuna irrupción del colonialismo occidental que lo despertó de su letargo. Un trauma histórico de impacto planetario, la trágica partición de la India y la creación de Pakistán, en 1947, tenía que haber alertado a los más obtusos sobre lo que nos esperaba.
 
 Cuando las barbnas de tu vecino...

Cabe pensar que las buenas señoras de Ripoll no tuvieron en cuenta nada de lo anterior. Cabe pensar que tampoco tuvieron en cuenta que los encantadores muchachos marroquíes habían sido circuncidados. Momento ritual y traumático cuya finalidad es inscribir al niño dentro de una comunidad y escribir su diferencia en la crucial seña de identidad del cuerpo masculino. Como no tuvieron en cuenta que aquellos muchachos comían alimentos “halal”, es decir, más que “permitidos”, no prohibidos. A lo largo de los años, la etnología me enseñó cosas muy sugestivas sobre las prescripciones y las prohibiciones alimentarias. Pero al final todo el mundo termina admitiendo que sólo proclaman una opción esencial: “Yo soy yo, no soy como tú, ni quiero serlo”. También es probable que aquellos encantadores muchachos tuvieran relaciones con chicas “infieles”. Forma parte del guión. Son “impúdicas” por naturaleza y es “halal” su uso iniciático y sanitario. Como sabemos, las “hermanas” lo tienen difícil para dejar de ser pudorosas. Son “haram”, prohibidas, para este tipo de juegos. A las hijas de infieles las suele mover la espontaneidad, la ingenuidad, la ceguera y sobre todo la buena fe occidental y desprejuiciada, frecuentemente acompañada por una voluntad militante de negar la problemática interior de sus cameladores. Algunas, como la famosa Tomasa, madre del portavoz hispanófono del Isis y de toda una numerosa prole yihadista, encuentran en las respuestas rotundas y la evaporación de las preguntas  que proporciona la conversión, el asidero para no ahogarse en la mar brava de la vida contemporánea. Ellos, los encantadores muchachos de Ripoll, supieron desde siempre que algún día se casarían dentro del Islam. Cabe que también ignorasen las señoras de buena voluntad que el matrimonio con los no musulmanes está prohibido en todos los países islámicos. En Túnez, país que sobrevive como un islote relativamente liberal en el mar de la regresión dogmática, el actual presidente se ha planteado la posible abrogación de tal prohibición. Ya han salido predicadores para amenazarlo de muerte por apostasía, invocando suras y aleyas del Corán cuales 2.221, 5.5, 60.10 o 32.180. Tampoco sabrían las entrañables marujas que incluso en el cementerio han de quedar separados creyentes e infieles. Resumiendo: los encantadores muchachos ripolleses “vivían entre nosotros” pero no vivían “con” nosotros. Peor todavía, mostraron que vivían sobre todo “contra” nosotros.

Hará ya unos treinta años que la realidad brutal del acontecer histórico hizo que las señoras francesas más o menos equivalentes al modelo ripollés fueran apeándose paulatinamente del burro de la benevolencia integrativa. Por otra parte, en Francia, hace ya mucho tiempo que las comunidades religiosas viven en barriadas y ghettos segregados y confesionales. Siempre llega el político de turno para lamentarse de tal situación. Creo que no cabe dudar de que tal realidad sea mucho más producto de una libre elección comunitaria que de una exclusión padecida. Un “think tank” de indudable seriedad, conocido como el Institut Montaigne, realizó hace exactamente un año una importante radiografía del Islam francés basado en un muestrario de unos 1050 encuestados, cifra que garantiza una buena fiabilidad de los resultados. Mencioné aquel informe en un trabajo casi simultáneo. Creo que los resultados hubiesen sido sensiblemente parecidos en España dada la inexorable monolitización del Islam.
 
 Bouteldja exhibiendo su último panfleto racista

Según la encuesta, había en Francia un 5,6% de población musulmana de nacionalidad francesa, es decir una cifra próxima a los 4 millones. Me parece claro que la encuesta no incluía la numerosa población flotante. Destaca el dato de muy mal agüero que nos advierte que, entre los menores de 25 años, la población musulmana superaba ya el 10% de esa clase de edad. La última palabra siempre la tiene la demografía. La tasa de endogamia étnica y confesional es próxima al 100%. Un 70% de los encuestados come siempre carne halal. Solo un 6% no lo hace nunca. El 65% de los interrogados defendían el uso del velo islámico. El 24% el uso del velo integral. El 33% rechazaban la mixidad en las piscinas. El 40% se consideraban víctimas de un complot mundial anti islámico. 18% es la muy escasa y significativa cifra de los que podemos considerar como plenamente integrados a los valores de la sociedad francesa. El 53% manifiesta su malestar frente a la legislación francesa laica. El 28% (no del 53% sino de la población musulmana total) se pueden considerar radicales y se niegan a que sus valores religiosos queden supeditados a la legislación republicana. ¡Pero entre los menores de 25 años tal categoría alcanza el 50%! Por poco se me olvidaba: el subtítulo del referido Informe era: “Un Islam francés es posible”. Prefiero que me eximan de la necesidad de cualquier comentario.

Todos, empezando por los que compartimos la ingenuidad de creer que nuestro cerebro está amueblado con ideas más o menos elegidas y construidas, todos funcionamos sobre la base de un “kit” intelectual infinitamente más pobre y precario de lo que desearíamos. En el caso del inmigrante básico en Europa, el kit de supervivencia “engramado” en su cerebro consta fundamentalmente de dos ideas contundentes. La primera le dice que, cualquiera que sea el método utilizado, su acceso a Europa quedará legitimado por el derecho sagrado al cobro de su parte alícuota de la deuda colonial, inextinguible por esencia. La segunda idea es que Europa es un continente mítico, un organismo vivo antes que una entidad política, que segrega riqueza por todos sus poros, abusivamente secuestrado y monopolizado por los europeos. Parecen ideas idiotas, pero la idea racional de que la contradictoria riqueza europea es el producto de un larguísimo esfuerzo, histórico, cultural y económico, a la postre precario, con sus luces y sus tinieblas, no lanzaría a nadie mares y desiertos a través. Y caso de que les quedara alguna duda, vemos como una pequeña pero ruidosa minoría sadomasoquista entre nosotros se encarga de convencerles de que sus disparates son absolutamente coherentes y legítimos. El problema es que sus ilusiones desatinadas sobre la vida que les espera en Europa se quedan sistemáticamente frustradas por la realidad. Aquello es el carburante que alimenta otro motor de dos tiempos, el de la máquina arrolladora del resentimiento y de la frustración, una máquina de muerte.
 
 Partido de lo peor

Si éste no fuera ya panorama suficientemente siniestro, resulta que una tercera idea esencial ha venido a completar, a lo largo de los últimos años, el kit inicial. Derivada del continuo reforzamiento demográfico de las comunidades inmigradas y de la observación cotidiana de nuestra indefensión, vulnerabilidad y pasividad. De la discreción y timidez iniciales se va pasando a una actitud directamente revanchista e impositiva. Ya no se trata solamente de rechazar los valores occidentales. En la mayoría de las cabezas está ya definitivamente instalada la perspectiva de imponernos progresivamente los suyos, fundamentalmente los del Islam. No hace tanto tiempo aquello sólo se manifestaba de forma discreta y tácita, exceptuando la impaciencia de algunos predicadores fanáticos incapaces ya de contenerse y seguir disimulando sus propósitos. Ahora aquella gente tiene ya “pignon sur rue” como dice una bonita y explícita expresión francesa. Es decir “fachada a la calle”.

En francés “peor” se dice “pire”. En la pronunciación preceptiva la “e” final es casi muda, menos para los que nos criamos en el sur donde se tiende a pronunciarlo todo. Existe así, desde hace años, un partido que se hace llamar PIR, muy consciente de cómo suenan sus siglas y de lo que vienen a significar. Afortunadamente minoritario, este auténtico “partido de lo peor” cuyas iniciales significan “Partido de los Indígenas de la República” no se recata en proclamar sus intenciones. Las resumiremos como sigue: cuanto más reciente y menos integrativa sea la presencia de un individuo sobre el suelo nacional, más aparece como digno de ser ciudadano de la nueva Francia poscolonial. Cuanta más enraizada y antigua sea la historia de un “francés de toda la vida” más le hará acreedor a quedar estigmatizado en tanto que producto y vehículo del racismo y del colonialismo.  Quedará descalificado de antemano cualquier intento suyo de defender la continuidad de su nación. Dediqué un trabajo hace ya varios meses a la “cabeza pensante”, por decir algo, de esta siniestra tropa, la aterradora francoargelina Houria Bouteldja. Hubo un tiempo en que las ideas políticas francesas irradiaban al mundo entero. Las que acabo de resumir han dejado de irradiar pero sí contaminan. De algún modo estaban presentes en las cabezas de “los encantadores muchachos de Ripoll”. 

Un inciso antes de terminar. Los occidentales sabemos que la “taqiya”, la disimulación, les está permitida a los discípulos del Profeta, particularmente cuando tienen que vivir en tierra de infieles. No le concedemos la importancia que se merece porque la vemos como un recurso cualquiera no especialmente determinante. Una vez más cometemos el error de suponerles una mente calcada sobre la nuestra. Lo que nosotros vemos como una opción, ellos lo viven como una prescripción. La diferencia entre las dos palabras mide el océano cultural que separa la autonomía reflexiva de la heteronomía del dogma. Creo que la “taqiya” suele desempeñar un papel esencial en la sistemática deriva sigilosa de los futuros asesinos mientras siguen llevando una vida aparentemente normal “entre nosotros”. Leo en este preciso instante la información de que Es Satty, el imán de Ripoll, seguía al pie de la letra la cartilla operativa de una secta salafista. Para muestra de tal cartilla, un botón: “La mentira y el disfraz están autorizados si se persigue castigar a los infieles. ¡Acuérdate de que puedes mentir!”

Uno de los pocos artículos de prensa posteriores a los atentados que logró despertar mi interés insistía en la absoluta modernidad de los asesinos. La pereza mental y la rutina siguen llevando mucha gente a considerar los terroristas como monstruos anacrónicos, casi pintorescos, descendientes lejanos de Zegríes y Abencerrajes y a quienes sólo les falta blandir la cimitarra. De hecho la exhiben los decapitadores del Isis. No cabe duda de que si su equipo técnico correspondiera a su circunstancia cognitiva e ideológica, el alfanje sería la única arma a su alcance. Pero el islamismo político y su consecuencia terrorista constituyen efectivamente la manifestación más catastrófica de una forma de “aculturación a la modernidad”. Siempre proclamo mi deuda con muchos de los conceptos políticos desarrollados por Louis Dumont (1911-1998). Cuando hace ya muchos años leí por primera vez sus advertencias sobre las problemáticas consecuencias que acarrearía la aculturación a la modernidad de las sociedades tradicionales, intuí la importancia del concepto pero no acababa de saber cómo llenarlo con contenidos concretos. Hoy su mejor ilustración es la historia de los asesinos de Barcelona. Han incorporado plenamente la autonomía agentiva del individuo moderno y su voluntad de forjarse un destino propio. El caso de las mujeres yihadistas o simplemente integristas es en este sentido particularmente edificante. Por ejemplo las que proclaman que eligen llevar velo “por voluntad propia”. Evidentemente tenemos aquí otra manifestación de la comentada “taqiya”: se trata de reciclar los lemas del discurso político occidental para subvertirlos y vaciarlos de contenido. Pero no solamente. Muchas de estas chicas son sinceras. Están tan penetradas por el discurso individualista occidental que son incapaces de percibir la incoherencia de una proposición que intenta crear una secuencia lógica entre elección y sumisión. Nada mejor que la libre elección de su destino mortífero por los terroristas para entender los mecanismos de tal aculturación: las estructuras de su mente son modernas, los contenidos paleolíticos. Aquella mezcla explosiva devasta las cabezas antes de lacerar nuestras sociedades.
 
 Cimitarra aculturada a la modernidad

El magnate


Joe Pesci con su mamá en "Casino"


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    No hay comunismo sin magnate: Marx tuvo a Engels, Carrillo tuvo a Fufo (Teodulfo Lagunero) y Pablemos aspira a tener a Roures, ese capitalista barcelonés que va de basilisco de la lucha de clases.

    De Engels, que llama “estúpidos” a los autores del atentado fallido contra Napoleón III por no haber llenado de pólvora ordinaria las bombas (“que habrían hecho mucho más daño”), suele esconderse que en 1849 llamó al genocidio de los húngaros.

    –¿Por qué no intentas acumular algo de capital, en lugar de escribir sólo sobre él? –le dijo un día su madre, que debía de sentirse como la de Joe Pesci dando el punto al espagueti en “Casino”.

    Políticamente, Fufo es una calabaza, pero se hizo rico con el franquismo y pagaba las cuentas de Carrillo, quizás convencido de que ser mala persona, que era el caso del filántropo de Paracuellos, te hace buen comunista. (A cambio, Carrillo le dedicó “Eurocomunismo y Estado”, un truño que evidenciaba su ignorancia de Europa, del comunismo y del Estado.) Después, Fufo escribió unas memorias para reclamar que la Santa Transición, el birlibirloque por el que falangistas y comunistas habían de repartirse los ahorros de El Pardo, también fue cosa suya (“con Suárez y Armero”).
    
Fufo es bolchevique al estilo Gregorio Martínez Sierra.
    
Pero ¿es verdad que es usted bolchevique, señor Martínez Sierra? –pregunta el indio Guillén encendiendo un pitillo al dramaturgo, que tenía de “negra” a la pobre María de la O, su esposa–. Yo creí que usted...

    –Sí, señor. Me gusta estar al día. Soy bolchevista y seré otras cosas más, si vienen.

    Lo que vino fue Zapatero, y con él, Roures, que aportaba al debate marxista el glamour de Cruyff y Guardiola, la fenomenología del tiquitaca, los escolios del Gramsci de Torresandino (en “Público”, que iba a llamarse “República”), el diálogo de civilizaciones catarí, el Mundial, las carreras de camellos… más, ahora, Pablemos, con su Kant, su Einstein y su wasabi, que es la salsa del wahabismo.

Martes, 29 de Agosto


Botellas de champaña desmayadas contra el borde de los cubos, con leve traza de sufrimiento, como si estuviesen curando con la inmersión en el hielo el ardor de sus panzas hinchadas.
Wenceslao Fernández Flórez

lunes, 28 de agosto de 2017

Mayweather aplasta al Homo Erectus



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Para refutar al obispo Berkeley, que negaba la materia (reflejo de la colitis que padecía, al decir de los psicoanalistas), el Dr. Johnson dio una patada a una piedra y exclamó: “¡Así lo refuto!”
    
Y así es como Floyd Mayweather refutó el sábado en Las Vegas a otro irlandés, Conor McGregor, en una pelea que merecía un capítulo en “La salida de la luna” de John Ford, si no fuera porque vivimos en unos tiempos sin John Ford ni luna.
    
Paisano del obispo Berkeley, McGregor quiso negar, a su modo, la materia en el pesaje, y se presentó en la báscula engorilado, o al decir de los tuiteros, “con una erección”, o sea, el “homo erectus”, rumor (burdo y kraheano) que también corrió a propósito de Macron embutido en un mono de aviador.
    
No sé tus escalas, por lo tanto eres muy dueña / de ir por ahí diciendo que la tengo muy pequeña / no está su tamaño, en honor a la verdad, / fuera de la ley de la relatividad… Etcétera.
    
De Ñito, portero setentero del Granada, un compañero de vestuario decía que gastaba la “merienda de un león”, ponderación que no llegó a manifestarse sobre McGregor, quien como boxeador, en lugar de sudar en la sauna, como los mal dotados, se valdría del arte de izar y/o arriar a voluntad para dar el peso requerido, como hacen los saxofonistas en los controles de alcoholemia.

    –Es al erguirse cuando el hombre se da cuenta de que la dirección de abajo arriba es única y privilegiada, con dos nuevas perspectivas: otra escala de valores y, con ella, el infinito –explica Madariaga en su “Retrato de un hombre de pie”, una teoría de la vaca (aquí, tratándose de Mayweather, estaríamos hablando del toro) y el árbol para entender las coordenadas –horizontal y vertical– de la vida humana. La distancia vertical incita, se nos dice, a un anhelo ascendente, condenado a perpetua insatisfacción: ambición, ansia de perfección, heroísmo, conocimiento, dominio, rebelión...

    –Napoleón, desde la copa de su árbol, hizo la observación más fina: “Para volver de la tragedia a la comedia, no hay más que sentarse”.
    
A McGregor, “homo erectus”, lo sentó Mayweather, “homo habilis”, cuando quiso, que fue en el décimo asalto, hora de cobrar los cien millones de dólares (¡lo que la Juve pide por Dybala!) de bolsa y el récord de Rocky Marciano, con dos pegas: una, que Marciano consiguió sus números en la categoría de los pesados; y la otra, que la bolsa contra McGregor es para el Fisco, circunstancia que hará a Mayweather cantar con Justin Bieber por Amaral, como Nicolas Cage en Living Las Vegas.
    
Para la cultura del tributo hay algo edificante en el hecho de darle una tunda a McGregor, que se hace retratar con tienda de campaña, para saldar una deuda fiscal. Ojala Messi o Cristiano pudieran presentarse en el Balón de Oro como McGregor (con una erección en el pesaje y con una botella de whisky en la rueda de prensa) y arreglar lo suyo con los impuestos como Mayweather, haciendo goles para el gobierno durante una Liga.
    
Y el Pichichi de este año, para Mariano, que ha de proveer para los gastos de Cataluña.
    
Es una pena que ya devora a Zapater, el centrocampista del Zaragoza, no el amigo de Goya: en el mundo que vivimos, todo lo mueve el dinero y se ha perdido la magia del fútbol, donde sólo hay dos equipos: “Ahora, si todo lo que haces no lo enseñas, parece que no lo has hecho. El mundo de las redes sociales es lo más falso que puede haber. Y todo eso va encaminado a cómo está el mundo del fútbol”.


VUELVE VILLA

    Lopetegui, uno de los cien españoles más influyentes, al decir de las encuestas que patrocinan los cien españoles más influyentes, ha rescatado a Villa para su Combinado Autonómico, cuya delantera, donde ya estaba Adúriz, tiene más años que una bandada de loros. Villa, que mete goles en Nueva York, vuelve a España para resolver el problema de los jóvenes con los goles, que saben darlos, pero no saben meterlos. Cuando uno era niño, Villa, el Guaje de Tuilla, jugaba en el Valencia, que se lo había comprado al Zaragoza, que lo había sacado del Spórting. Los madridistas lo querían con locura, pero una leyenda urbana decía que en el Madrid le cerraba el paso Raúl, que en su lenta decadencia no quería competencia, por lo cual Villa acabó en el Barcelona. Ahora regresa como una cara de Bélmez nada menos que a la lista de Lopetegui, que empieza a ser respetado como la nueva doctora Aslan.

Lunes, 28 de Agosto


¡Aquél es -nos decimos- el que me succionará en cuanto me duerma!
Wenceslao Fernández Flórez

domingo, 27 de agosto de 2017

Señales de tráfico


Señales de tráfico son los signos usados en la vía pública para impartir la información necesaria a los usuariosque que transitan por un camino o carretera, en especial los conductores de vehículos y peatones.

(de la Wikipedia)

J.R.M.

El faro



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El “atropello” de Barcelona ha puesto España patas arriba. En Gijón, Levy, una de los dos ideólogos peperos (el otro es Lassalle), se ha marcado un Yeltsin en lo alto del tanque de pensamiento del partido:

    –Nuestra grandeza radica en ser tolerantes, porque luchamos contra la intolerancia.
    
¿Y el futuro?

    –¡La convergencia europea!

    Estos “kikos” del 78 se entretienen en el desván de la abuela revolviendo baúles de “la democracia que con tanto trabajo nos dimos todos” (?) y han encontrado unos botines de tacón cubano que son los de “la convergencia europea”, una cosa por la que España vendió su alma al diablo, pero que todavía andamos esperando. Hughes, que es economista (hay que serlo, para escribir hoy de fútbol), echó el otro día las cuentas y resulta que, en pleno Reich de frau Merkel, “la convergencia europea” la tenemos como en el 75.

    –Vigilamos –avisa Levy en la playa– para evitar esta radicalización frente al modelo de sociedad tolerante que queremos implantar.
    
El otro vigilante de la playa, a lo David Hasselhoff, es Lassalle, que no gusta de que voten los pobres (¡populismo caravanero!), y como son los más, advierte:

    –La democracia o es republicana o es la tiranía de la mayoría.
    
Levy y Lassalle son los dos fareros del faro de Eddystone, en el canal inglés, que contaba Franklin. Inaccesible en invierno, recibían las provisiones en otoño; en primavera, un barco fue a visitarlos, pero en la puerta sólo había un farero: “¿Qué tal?” Muy bien. “¿Y tu compañero?” No lo sé. “¿No está aquí?” No podría decirlo. No lo he visto desde el otoño. “¿Lo has matado?” Yo no, desde luego.

    Iban a prenderlo, pero él les pidió que subieran, y al hacerlo descubrieron al otro farero.

    –Habían disputado poco después de haber sido dejados allí, se habían dividido, asignado las tareas de arriba a uno y las de abajo al otro, y no habían vuelto a verse o hablarse desde entonces.

    La derecha española se ha hecho un pareo con el taparrabos de Rousseau.

Domingo, 27 de Agosto


Aunque algo tarde, me doy cuenta de que el ambiente que yo necesitaba para crearme una reputación periodística es el de Biarritz.
Wenceslao Fernández Flórez

"Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia"

EVANGELIO DEL DOMINGO

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

-¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?

Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» Él les preguntó:

-Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»  Jesús le respondió: 

-¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

Mateo, 16,13-20

sábado, 26 de agosto de 2017

Miedo


Franklin

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    España eclosiona en manifestación barcelonesa que grita “No tinc por!”, que es como decir que no tiene otra cosa. ¡La “satyagraha” de Gandhi!

    La manifestación viene a ser el paso del que cruza un callejón oscuro silbando (sílbese el “No tinc por” con las notas del “Non ho l’età” de Gigliola Cinquetti en Eurovisión’64) para ahuyentar el miedo.

    Miedo a que no se ve Estado, a pesar de la exhibición de músculo en la manifestación, que incluye, ay, al Rey, por si ayuda a entender a los clientes de la CNN y del NYT de Slim que el Estado no lo encabezan Puigdemont y Romeva.
    
Parece pepera la idea de utilizar al soberbio abanderado olímpico como humilde pancartero institucional, y no estoy diciendo que Mariano sea el doctor Franklin: Jefferson, el ídolo de oídas de Lassalle, cuenta las partidas de ajedrez en París de la duquesa de Borbón con Franklin, que un día le comió el rey; “¡Ah, no comemos así a los reyes!”, protestó ella; y dijo el doctor: “En América sí”.
    
Primero fue el tuit real del día del atentado, que era un tuit de tertuliano indignado, y la indignación, que implica incomprensión de las causas que la producen, es sentimiento plebeyo, pues a un rey se le supone en perfecto conocimiento de la situación. El afán suarista (aquella cultura falangista del tuteo) de “elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal” (frase que ni gramaticalmente hubiera suscrito ni Jefferson) no es aplicable a los reyes: ni el Príncipe podía ser “otro joven normal de su tiempo” ni el Rey puede ser “otra institución normal del Estado”.
    
No tenemos Segunda Enmienda (aquí las armas llévanlas sólo los malos) y el Estado (hablando de Franklin: quien por la seguridad sacrifica la libertad pierde las dos) se nos muere de casto y de normal. El Estado, una importación de los Borbones, acabó siendo la Guardia Civil… hasta los Mossos. Ahora ya sólo es la Agencia Tributaria. ¿Y qué hacemos? ¿Subirles el tramo de autónomos a los yihadistas?

La Triglia saporita, e secco accolta


La Triglia saporita, e secco accolta,
La Triglia, che purpurea, é sfavillante
Fù de l'avido Sargo, avida Amante


Della Creatione del Mondo, poema sacro del signore Gasparo Murtola, Venezia MDCVIII.

J.R.M.

Sábado, 26 de Agosto


Parecía imposible que un hombre que se cuidaba tanto del color y la forma de sus trajes no se hubiese enterado de que, después de la guerra del 14, es de mal gusto entre personas elegantemente ociosas profesar las mismas teorías de los primeros tiempos de "El País".
Wenceslao Fernández Flórez

viernes, 25 de agosto de 2017

Tragar


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Al amanecer, los barrenderos (los Caballeros de la Basura de Alfonso Reyes: por la basura se deshace el mundo y se vuelve a hacer; la inmensa Penélope teje y desteje su velo de átomos, polvo de la Creación) recogen los cascos de cientos de botellas rotas en la verbena del Santo Patrón. Tras de ellos, adolescentes beodos alargan la juerga rompiendo más cristales.

    –¿Y qué vas a hacer? ¡Hay que tragar! –resume un barrendero, y resume el espíritu de tolerancia de esta hora volteriana, cuando hasta los ideólogos peperos recomiendan la “tolerancia” de Voltaire, martillo de católicos y judíos.

    En España, el “hay que tragar” empieza en el jefe del gobierno en Madrid y termina en el barrendero de la verbena en el pueblo. “Hay que tragar” porque la domesticación socialdemócrata no admite líos: para ello, el gobernante no toma decisiones y el gobernado no hace preguntas. Todo el sistema educativo se basa en el “hay que tragar”: los nuevos educadores vienen avisados, y ya en el sistema recurren al escaqueo de la baja psicológica, mientras los viejos educadores, en vez de educar, rellenan papeles para la inacabable estadística ministerial.

    –¿Cómo puede ser, Younes? –se pregunta la educadora de Younes, el asesino de la furgoneta en Las Ramblas.

    Con Younes vuelve a los medios el buen salvaje de Rousseau, que es un salvaje como el de Camba, es decir, con narices y manos, mas como generalmente atiende a las unas con las otras no necesita guantes ni pañuelo. En los rótulos de una TV gubernamental llaman “enfermos” a los heridos de Barcelona, al mismo tiempo que en sus tuits “informan” de que uno de los “lobos solitarios” intentó “convencer a la célula para atentar de noche y causar menos muertos”. Más la exclusiva del diario gubernamental con el papá de Younes: “La culpa es de la Policía”. Y de remate, la media verónica de los leones de “El Jueves” (nada que ver con la dignidad moral de “Charlie Hebdo”) y su “castellet” de buen rollito. Que hay que tragar.

Viernes, 25 de Agosto


Aquel mismo día Hassan marchó a pie hacia la Meca. Hoy vive en un cerrillo abrasado, come dátiles y tiene una extendida fama de santón.
Wenceslao Fernández Flórez

jueves, 24 de agosto de 2017

Jamón, jamón


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El buenismo es sinvergonzonería… cuqui, como diría Hughes, único periodista, por cierto, que ha reparado en la gracia de Justin Trudeau, el Pepe Rubio (“Enseñar a un sinvergüenza”) canadiense, que hizo un tuit buenista invitando al Canadá a todos los “refugges” del mundo, y cuando los “refugges” llegan, la policía montada les hace lo que en los 80 te hacía Martín en la puerta de Pachá:

    –Mi nombre es Mojamé y vengo por lo del anuncio.
    
¿Tienes pasaporte en regla? ¿No? Pues, ¡hale!, ya estás tardando en coger el bule de vuelta.
    
No importa. Justin, que es tan mono como Pío Nono (“Justin, cásate conmigo”), quedó como Dios.
    
Tampoco ha merecido atención mediática el hecho de que en Barcelona, con la grande polvareda del “atropello” en las Ramblas, los descuideros la tomaran en la Boquería… con el jamón, una cosa entre Betriu y Bigas Luna.

    ¡Otra vez la rumba bailada alrededor de un jamón!

    Y otra vez Gustavo Bueno, cuyo materialismo fue “refutado” por un hotelero sevillano que presumía de filosofía, resumida en tres palabras: jamón, jamón y jamón (lo que se daba a los leones el día de su santo).

    –No niego que allí hubiese filosofía, pero no sabía lo que decía, pues la importancia del jamón es que elimina a los moros: es una filosofía españolista frente a la yihad, que no come jamón.
    
La españolidad del jamón la afirmó el marianismo con la pata que Rajoy regaló a Obama con un proverbio de El Cordobés: “Es más que una amiga. Nunca te traiciona. Se deja comer sin rechistar, y cuando se acaba, te puedes comprar otro y es siempre como si fuese el mismo jamón”.
    
El hurto no es católico, pero el jamón es cristiano. En la Boquería, Osoro y Rita Maestre podrían revivir alrededor de un jamón el debate de Huxley y Gladstone en “Nineteenth Century” sobre los cerdos gerasenos del Evangelio. ¿Eran propiedad de un judío o de un gentil? Si de un gentil, su aniquilación constituyó una injerencia injustificable en la propiedad privada. Y aquí entraría Rallo.

Jueves, 24 de Agosto


Después de todo, el mosquito es preferible al comerciante de Biarritz.
Wenceslao Fernández Flórez

miércoles, 23 de agosto de 2017

Testículos como alimento

Bahía Granelli, Siracusa

"Granelli, o piú raramente, granello é il nome che prendono i testicoli quando vengono considerati como alimento."

J.R.M.

Canadá les dará la bienvenida



Hughes
Abc

Hace unos días leí una noticia llamativa sobre Canadá. Era de agencia, y supuse que su interés contribuiría a una difusión general en días posteriores. Pero no fue así.

Explicaba los problemas en su frontera con Estados Unidos. En julio, 3100 personas la cruzaron ilegalmente en busca de los campos de atención a refugiados. En los primeros días de agosto ya habían sido detenidos más de 3800. El aumento tendría una explicación. El endurecimiento de la política americana redirigía al norte a las personas solicitantes de asilo. Las autoridades canadienses responden a la urgencia, pero a la vez manifestaban una posición muy clara: consideraban esa presión en la frontera como “insostenible”. Ésa era la palabra que utilizaba un portavoz del Comité de la Inmigración y del Refugiado, el organismo encargado de atender estas peticiones. Es decir, las personas que profesionalmente se dedican a ello.
La oposición canadiense iba un poco más allá. Este aumento en la inmigración ilegal tendría una segunda causa complementaria de la primera: las declaraciones de Justin Trudeau. El efecto llamada de sus muy liberales y humanitarios llamamientos a la acogida. “Canadá les dará la bienvenida”, llegó a tuitear el bello mandatario (acompañaba ese tuit con una foto en la que hacía una carantoña a una niña pequeña).

Es una opinión política de la oposición, pero algo tendrá de cierto porque la misma noticia refería otra intención de las autoridades canadienses. Además de reaccionar materialmente a la llegada masiva a Quebec de inmigrantes ilegales, y de alertar con ese “insostenible”, Canadá lanzará una campaña para contrarrestar la desinformación acerca de su política sobre refugiados. “La mera solicitud de asilo no es garantía de residencia permanente”, aclaraban. Por ejemplo, Canadá recibió recientemente numerosas solicitudes de ciudadanos de Haití que afrontan la inminente deportación en Estados Unidos. En el primer trimestre de 2017 rechazó dos terceras partes.

En resumen: las autoridades canadienses han de corregir el efecto llamada de Trudeau y explicar al mundo, por el propio bien de los refugiados, la realidad de su normativa sobre asilo. Sobre esto no he visto muchas noticias. Ni he visto revocados aquellos “Justin, cásate conmigo”.

El cura




Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El cura Martín no es el cumplimiento de la profecía de Karl Kraus según la cual cuando una cultura siente que su final se acerca manda a llamar a los curas. El final de la cultura está aquí, pero al cura Martín no lo ha mandado a llamar nadie. Salió de él tratar a los políticos como se trata a los civiles: que los abogados de las víctimas emplumen por negligencia, si la hubo, a la alcaldesa de Barcelona. Esto, que tendrían que decirlo los políticos de la oposición, ha de decirlo un cura. Es el consenso.

    El consenso es a la democracia lo que el “pressing catch” al boxeo. Se basa en la trampa del “como si”. En el consenso no importa que se rompa España (eso se soluciona con la birlibirloquesca “nación de naciones”); importa que se rompa el consenso, que no es lucha (la lucha supone política), sino reparto. Que no se rompa el consenso, por favor, que no se rompa:

    –Mañana por la mañana, si no se rompe el consenso, haremos locuras nuevas con el amor que nos sobre
    
La imprudencia suprema del cura Martín fue nombrar al “comunismo”, que en la cultura del consenso (“¡A ver si nos van a decir fachas!”) es como nombrar a Jehová en “La vida de Brian”. El último que se atrevió a hacerlo fue Havel, que firmó la Declaración de Praga sobre los crímenes contra la humanidad del comunismo, y de Havel hoy no queda ni la raspa. Así se explica el “tackle” a lo Sergio Ramos del obispo Osoro al cura Martín. Lo que Nerón no consiguió con los leones, lo ha conseguido Mariano con la equis de la Renta.

    Osoro, desde luego, no es el cardenal Segura, que puso (¡él, sí!) a Franco contra las cuerdas. Osoro es más… Bergoglio. De tanto pedir perdón a Rita la Cantaora porque algunos feligreses se incomodaron con su verso sáfico heroico “¡Arderéis como en el 36!”, Rita la Cantaora goza hoy en Madrid de mayor nombradía que Sor Juana Inés de la Cruz.
   
 Y no se ve en la Iglesia a nadie capaz de explicar a Osoro la doctrina schmittiana sobre “la otra mejilla”.

Miércoles, 23 de Agosto


No esperéis encontrar en Biarritz esa abundancia culinaria que en la fronteriza Guipúzcoa alegra el ánimo de los buenos comedores, y que mi pluma ha encomiado más de una vez. El "tripasai" de pestorejo exuberante, de faz congestionada, de ojos brillantes, como los puntos de luz que pone el sol en las manzanas sidreras, nada tiene que buscar aquí...
Wenceslao Fernández Flórez

martes, 22 de agosto de 2017

Abatidos




Hughes
Abc

Llama la atención el uso del verbo “abatir”. “Los terroristas abatidos”. Abatir no es necesariamente matar. Se da cuenta de una operación y el terrorista eliminado se considera “abatido”. Es un eufemismo. La palabra se generaliza hasta empezar a rozar lo cómico: “Los terroristas abatidos” suena a célula melancólica.

Abatir es tirar al suelo, hacer caer. Dicho así parece que el terrorista cae como en un videojuego o como la silueta de cartón en las cabinas de tiro. La palabra intriga porque tiene fondo.

Ayer escuché a un periodista relatando la última operación de los mossos. Contó que el “abatido” llevaría un “presunto cinturón explosivo”. Presunto. Luego cambió a “un posible”. El cinturón es importante porque explica que sean abatidos. Justifica la “balasera”. Maravilloso lapsus ese “presunto”. Sorprende que en un entorno tan humanitarista y garantista (probablemente leemos estos días a las gentes más humanas de Europa) no haya una mayoría extrañada por estas operaciones de general abatimiento. Esto no es una crítica, es más bien la constatación personal (torpe) de una zona extraña en la que se suspende la preocupación humanitaria habitual. Los derechos humanos pasan a mejor vida ese ratito. Los abatidos pertenecían a una célula, nos dicen quienes hasta ayer no sabían ni de su existencia, y se procede a su eliminación urgente. Pero ni siquiera se cuenta así. “Son abatidos”. Tampoco hay más preguntas. Este proceder letal, quirúrgico, extraña un poco en una sociedad tan celosa de los derechos humanos, los procedimientos y las garantías. El terrorismo abre algo parecido a un estado de excepción y la gente, incluso los más progresistas de Europa, lo admiten y hasta presumen. Pero para que no les suene mal, claro, lo llaman de otra forma.

Integración

Terenci Moix

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    La respuesta de Rivera al “atropello” en las Ramblas barcelonesas fue abrazarse a un egipcio, como un loquillo Terenci Moix jugando a casto José en el “¡Ay, ba!” de “La corte de Faraón”.
    
El egipcio de Rivera en el Nilo sería Girauta, que al contraluz puede pasar por Cagancho, pero siempre le queda a uno la intriga de Ruano, que dice que en todo lo que rodeaba al doctor Barraquer había “la obsesión de lo egipcio”.

    La obsesión egipcia de Rivera viene del discurso de Obama en El Cairo, un folio de majaderías como la de la lucha titánica del califato de Córdoba con la Inquisición española, separados (es un detalle) por cuatro siglos. Más la leyenda urbana de las Tres Culturas: “Adelante, Señor Mohamed”. “De ninguna manera, hermano Ariel: primero, Don Alonso”… La “integración”, que diría María Soraya. El muerto al hoyo, y el vivo, a la integración.

    Como castrista (de Américo), María Soraya no ha leído en don Claudio Sánchez-Albornoz lo de la hermana de Bermudo II, camino de Córdoba para integrarse en el harén de Almanzor:
    
Los pueblos deben poner su confianza en las lanzas de sus soldados más que en el c… de sus mujeres.
    
Y como abogada del Estado, María Soraya tampoco ha leído a Gerhard Leibholz, ideólogo de este Estado de Partidos del que ella vive cantando, vive soñando, como Salomé en Eurovisión.

    Ser en sí y ser en otro.

    Leibholz sostiene algo que, de entenderlo, ocasionaría desmayos en los tábanos de Bannon: con su sistema proporcional, el Estado de Partidos supone la integración (¡aquí está!) de las masas ciudadanas del partido en el Estado (¡sueño de Mussolini… “et alli”!), sustituyendo el principio de representación (ser en otro) por el principio de identidad (ser en sí).
    
Tapar a Santiago Matamoros (“Santiago bajó a la batalla de Clavijo sobre un caballo blanco, y no hay que transigir ni con que fuera tordo el caballo”, pedía el pobre Maeztu) y escribir “dios” con minúscula a lo Cebrián (y demás Fray Gerundios) es otra cosa.

Martes, 22 de Agosto


El mosquito de Biarritz no chupa en cualquier parte: por regla general prefiere las espaldas de las viejas, los brazos de las jóvenes y las narices de los caballeros. Deja un granito, que dura una semana, más o menos grande, según le haya gustado o no el alimento, y se guía por estas señales para volver a chupar el mismo sitio o desdeñarlo para siempre.
Wenceslao Fernández Flórez

lunes, 21 de agosto de 2017

Identidad y Alteridad: Terrorismo, Mujer y Yihadismo

 El mejor resumen del problema

Jean Palette-Cazajus

Como todos, he leído decenas de artículos de prensa sobre los acontecimientos trágicos de Barcelona y Cambrils. Como todos, hallé pocos cuyo nivel de comentario o análisis estuviera a la mínima altura requerida por la gravedad de un tipo de tragedia que estamos convirtiendo en rutinaria. A diferencia de muchos, preferí obviar todos aquellos que utilizaron los acontecimientos para alimentar la hoguera patria de la autoinmolación esquizoide. La esperpéntica repetición de los mismos acontecimientos a intervalos regulares y en países distintos, el efecto de sideración similarmente compartido en cada ocasión por las respectivas sociedades, la patética liturgia de las rituales declaraciones clónicas, todo contribuye a una desconcertante sensación de impotencia.

 Boda afgana
Él, 40 años; ella, 11

Personalmente no sé pensar sin intentar al menos extraer los conceptos fundamentales que subtienden la realidad de los acontecimientos. No prejuzgo de la veracidad del resultado. Pero esta última tragedia ha contribuido a perfilar en mi cabeza conceptos preexistentes si bien todavía algo borrosos. De modo que necesitaré unos días para aclararlos y tratar de expresarlos. Anticipo brevemente uno de ellos: el uranio fisionable que lleva al punto de implosión las cabezas de los terroristas islámicos no es tanto Dios como la Mujer. Por muy agobiante que sea la figura patriarcal de Dios en el Islam, más que en el propio judaísmo -no hablemos del Cristianismo que tal vez se libre de ser un monoteísmo- no deja de permanecer en la lejanía y la abstracción. En cambio existe realmente en la sociedad musulmana la figura invertida de la divinidad, su antítesis absolutamente carnal y determinante, motor de la construcción social, necesidad y estorbo, la mujer.
 
 La compañera del asesino de la tienda kosher (París, 09.01.2015) practicando

 “Yo contra mi hermano; mis hermanos y yo contra mis primos; mis primos, mis hermanos y yo contra los demás” dice un proverbio árabe. “En el corazón del sistema de parentesco árabe” -escribe el etnólogo Edouard Conte- se afirma la voluntad imposible de reproducir mediante la alianza matrimonial la identidad del linaje masculino expresada por la pareja hermano-hermano...” En los estudios de parentesco se llama “matrimonio árabe” la unión preferente de los primos paralelos agnaticios. Básicamente “Ego”, o sea el hombre, con la hija del hermano del padre. En la realidad las cosas son casi siempre mucho más complicadas. Pero la meta mítica de la autoperpetuación patriarcal busca siempre cualquier posibilidad de acercarse a una alianza cuanto más endogámica más satisfaactoria. El ideal es así lo más cercano posible a la pareja hermano-hermana que la evitación del incesto y la Sharia puedan admitir. La mujer no debe salir del clan cuyos machos son absolutos propietarios de su capacidad sexual y reproductora.

Por algo, como todos saben, los islamistas se tratan entre ellos de “hermano” y “hermana”. El choque entre este esquema autista, muy presente en la mayoría de las cabezas musulmanas, particularmente las menos educadas, y la visibilidad de la mujer occidental, sexual y socialmente autónoma, provoca otra reacción implosiva en cabezas tan frágiles. Los contactos con mujeres occidentales, cuando existen,  son frecuentemente resultado del malentendido, del cinismo o de la insinceridad. Recordemos que en 2 o 3 generaciones la mujer occidental ha pasado de ser una menor de edad tutelada a la plena autonomía del sujeto. Esto nos permite entender por qué todavía aparecen algunas mujeres desbordadas por las exigencias de la autonomía y que optan por refugiarse en la sumisión y la dependencia tradicionales.

 Las policías de Raqqa

Es el caso de muchas conversas, de las cuales un buen número se unió al yihadismo. Hace ya algunos meses, hice de prisa y corriendo, un pequeño esfuerzo de recopilación de algunas informaciones a mi alcance sobre el intrigante y revelador problema de las mujeres yihadistas que se quedó, me parece, sin publicar. Creo que la acumulación de los ejemplos resulta aleccionadora. En 2015 se consideraba que unas 300 mujeres francesas se habían unido a Daech, o al Isis, como más gusten. Se supone que la cifra actual es harto más elevada. Las autoridades lo mismo que los investigadores han tardado demasiado en percatarse de la importancia y del peligro que representaban aquellas mujeres. Se las solía presumir inocentes y manipuladas lo cual, si bien se piensa, traduce una condescendencia con ellas, al fin y al cabo parecida a la de sus propios reclutadores. No se trataba de criaturas angelicales pervertidas por los malvados. Su protagonismo es ya innegable y su comportamiento, como veremos, es tan despiadado y cruel como el de sus correligionarios masculinos.

La joven esposa francesa de uno de los asesinos del Bataclan, la sala de fiestas parisina donde fueron asesinadas 90 personas y varios centenares más resultaron heridas el 13 de Noviembre 2015, se expresaba así en un mensaje a una amiga, interceptado por la policía : «Estuve enterada desde el principio. Animé a mi marido a apuntarse al comando para atemorizar al pueblo francés (….) ¡Le envidio tanto! ¡Me habría gustado tanto estar allí para explotar con él!»
 
En casa de una conversa llamada Camille se encontró un vientre postizo de embarazada, listo para acoger una carga explosiva. A Sonia, una joven del Norte de Francia la tenían «preparada» para «pegar el pepinazo» en una sinagoga de Marsella. Sara, radicalizada desde que no la dejaron llevar velo integral en la facultad de informática, fue detenida cuando estaba a punto de atentar contra Eurodisney y la sede del banco Société Générale.

 Símbolos y metáforas

En Siria, Daech intenta limitar las mujeres al papel de vientres fecundos, «naturalmente» creados para producir futuros yihadistas. Pero la situación no es todo lo ideal que desearían y se ven obligados a consentirles un papel más protagonista. Al lado de mujeres crédulas y escasamente educadas, existe cierto número de diplomadas superiores cuyas motivaciones son complejas si bien parece claro el afán de conseguir puestos de responsabilidad habitualmente inalcanzables en sus países de origen. Particularmente en la policía donde, gran paradoja, Daech necesita imperativamente a mujeres si no quiere entrar en contradicción con sus presupuestos religiosos. Es que detener a mujeres, y ellos las persiguen con saña, supone tenerlas que tocar, comportamiento absolutamente transgresivo para aquellos tartufos. De modo que han creado una brigada de mujeres para formar parte de la policía islámica. En Raqqa, una joven opositora siria, Haya Al Ali, las ha visto y padecido en su salsa. «Se comportan igual que los hombres, azotan a las mujeres, les ponen multas a su capricho y siempre desproporcionadas ya que de lo que se trata es de una forma de conseguir dinero. Si una mujer comete un delito, la brigada la arrastra hasta la cárcel donde será azotada. Cuando llegó el Isis a Raqqa, torturaban a la gente en la calle, despedazaban, con alicates los pechos de las mujeres hasta que les llegara la muerte.»
 
Haya Al Ali cuenta detalles sobre la «tipología» de las multas : «Las hay para las mujeres que no llevan guantes, para las que se pintan las uñas, para las que llevan calcetines demasiado finos, o demasiado claros, para las que llevan un niqab transparente o una abaya considerada como ceñida al cuerpo. También hay multas para las chicas con ojos demasiado hermosos. Se las humilla por provocativas y seductoras. Y también para aquellas mujeres que hacen ruido andando con tacones...»

-Otro problema es el de aquellas mujeres que se han negado a casarse con un yihadista. Se las castiga bajo cualquier pretexto. La milicia de mujeres es la encargada de este tipo de represalias.
 
 ¿Su crimen? Es ginecólogo

La joven siria relata asimismo algo sólo sorprendente para quienes persisten en ignorar la tenue frontera que existe entre el papel de verdugo y el de víctima, a poco que cambien las tornas. Nos cuenta así Haya Al Ali que «en Raqqa había muchos burdeles y cabarés, con numerosas prostitutas. Daech las reclutó para formar el primer núcleo de la brigada femenina. Eran mujeres despreciadas por la sociedad y yo conocía a menudo sus rostros y sus nombres de pila. Pero ahora,  en cualquier momento, podían mandarme a la cárcel o azotarme».
 
Una educadora social que trabajaba en las barriadas francesas se convirtió al Islam y se fue a trabajar a un hospital controlado por Daech, en Siria. Horrorizada por lo que le tocó presenciar, no paró hasta lograr huir y regresar a Francia. Aquella mujer acaba de ver recogida su experiencia en un libro titulado «En la noche de Daech. Confesiones de una arrepentida». Parece que es de origen congoleño lo que tiende a acreditar, una vez más, la tesis de la persistencia del rencor poscolonial en muchos radicalizados. El caso de esta mujer, que se hace llamar Sophie para burlar la saña de sus antiguos compañeros, no deja de ser intrigante. Por un lado ha tenido el evidente mérito de apearse del burro y cobrar conciencia de su error. Por otro resulta que salió para Siria llevándose con ella al infierno a su hijo de 4 años, lo que no dice mucho a favor de su nivel de madurez. El caso es que cuenta cosas muy interesantes de sus antiguas compañeras. De las extranjeras yihadistas destaca la brutalidad y la arrogancia que demostraban frente a las mujeres sirias. «Se comportaban, dice la descendiente de colonizados, como si fueran colonas, como si fueran seres elegidos y por tanto superiores. Ellas y ellos consideraban a los sirios como infrahumanos y como malos musulmanes».
 
Estas ardorosas zelotes, procedentes de muchos países, tenían obligación de transitar por un «maqqar», especie de casa de mujeres. «Es como un albergue para mujeres, algunas con niños –dice Sophie-. Aquí hay mujeres divorciadas, otras que esperan al yihadista con quien les tocará casarse, otras que han quedado  “depositadas” por sus maridos antes de salir hacia el frente. Las llaves las detenta una especie de mujerona armada. Dentro, hay un salón con una tele que emite sin cesar vídeos de propaganda con los habituales degollamientos, decapitaciones y demás horrores que son la marca del llamado Estado Islámico. Los niños se han acostumbrado y ni siquiera reaccionan mientras las mujeres se ríen y aplauden.... Entre ellas hablan poco. Todas desconfían de todas ya que allí te acusan de espía por menos de nada. Se vigilan unas a otras para ver quien no hace correctamente la oración...»

Dounia Bouzar es francesa y musulmana, muy conocida por su incansable labor de prevención y reinserción de adolescentes, chicas y chicos, arrastrados por la deriva yihadista. Ella y su equipo han conseguido, a lo largo de su actividad, hacerse con tremendos documentos gráficos. Cuenta que «las mujeres intercambian fotos donde se las ve, unas y otras, sujetando entre las manos cabezas cortadas. Enseñan a sus propios hijos, a niños de un año, a jugar al futbol con las macabras cabezas....¡A veces se trata de chiquillas que el año pasado estaban terminando el bachillerato!» dice Dounia.  Animan a sus «maridos» a apuntarse en la lista de los candidatos a volarse. «Le he pedido tres veces –decía una– que se apuntara. Si no lo hubiese hecho, habría pedido el divorcio». Conozco a varias que decían cosas parecidas» termina Dounia.
 
Todos hemos leído en los últimos tiempos resultados de encuestas donde aparece que un buen porcentaje de las adolescentes actuales consideran normal obedecer a su novio o someterse a su control. Aquellas que además han nacido y han sido educadas en familias musulmanas renuncian a su escaso bagaje moderno y vuelven a colarse con facilidad en ese molde. Luego entendemos la facilidad con que algunas conversas puedan asimismo integrar semejantes valores. La socióloga suiza Geraldine Casutt ha conseguido establecer, a través de Skype, un diálogo con muchas mujeres llegadas a Siria. En el caso de las más cultas le llama la atención la manera con que recuperan el vocabulario feminista para «emanciparse» precisamente de la emancipación. «Dios nos quiere complementarios –dicen– y ha querido que la mujer dependa del hombre». La coartada habitual consiste en considerarse sometidas a Dios antes que a los hombres.

Pero la mayoría, a veces muy jóvenes, son a menudo adolescentes escolarmente fracasadas, desestructuradas, con un pasado de dolorosas experiencias sentimentales y son pan bendito para Daech. Muchas dan muestras de una inimaginable ingenuidad y piensan que el yihadista a quien le tocarán en suerte será su príncipe azul. La arrepentida Sophie Kasiki conoció a una de éstas, una joven belga que tendría unos 18 años: «Estaba extasiada cuando le contaron que un combatiente quería casarse con ella. Iba a vivir como una princesa. Él le compraría todo lo que ella quisiera...Parecía completamente adormecida, como una verdadera piltrafa... »
 
Pero Geraldine Casutt cuenta también algo muy revelador. « [Muchas de estas mujeres] tienen una imagen de la virilidad que oponen a la de los hombres occidentales. Quieren un hombre «verdadero» que no friegue los platos y asuma su papel de hombre. Alguien que las proteja. Un 'tío de verdad' capaz de darlo todo por ellas.... »

Vendidas como esclavas