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jueves, 24 de agosto de 2017

Jamón, jamón


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El buenismo es sinvergonzonería… cuqui, como diría Hughes, único periodista, por cierto, que ha reparado en la gracia de Justin Trudeau, el Pepe Rubio (“Enseñar a un sinvergüenza”) canadiense, que hizo un tuit buenista invitando al Canadá a todos los “refugges” del mundo, y cuando los “refugges” llegan, la policía montada les hace lo que en los 80 te hacía Martín en la puerta de Pachá:

    –Mi nombre es Mojamé y vengo por lo del anuncio.
    
¿Tienes pasaporte en regla? ¿No? Pues, ¡hale!, ya estás tardando en coger el bule de vuelta.
    
No importa. Justin, que es tan mono como Pío Nono (“Justin, cásate conmigo”), quedó como Dios.
    
Tampoco ha merecido atención mediática el hecho de que en Barcelona, con la grande polvareda del “atropello” en las Ramblas, los descuideros la tomaran en la Boquería… con el jamón, una cosa entre Betriu y Bigas Luna.

    ¡Otra vez la rumba bailada alrededor de un jamón!

    Y otra vez Gustavo Bueno, cuyo materialismo fue “refutado” por un hotelero sevillano que presumía de filosofía, resumida en tres palabras: jamón, jamón y jamón (lo que se daba a los leones el día de su santo).

    –No niego que allí hubiese filosofía, pero no sabía lo que decía, pues la importancia del jamón es que elimina a los moros: es una filosofía españolista frente a la yihad, que no come jamón.
    
La españolidad del jamón la afirmó el marianismo con la pata que Rajoy regaló a Obama con un proverbio de El Cordobés: “Es más que una amiga. Nunca te traiciona. Se deja comer sin rechistar, y cuando se acaba, te puedes comprar otro y es siempre como si fuese el mismo jamón”.
    
El hurto no es católico, pero el jamón es cristiano. En la Boquería, Osoro y Rita Maestre podrían revivir alrededor de un jamón el debate de Huxley y Gladstone en “Nineteenth Century” sobre los cerdos gerasenos del Evangelio. ¿Eran propiedad de un judío o de un gentil? Si de un gentil, su aniquilación constituyó una injerencia injustificable en la propiedad privada. Y aquí entraría Rallo.