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domingo, 15 de septiembre de 2019

Amazonía sin pecado original



Martín-Miguel Rubio Esteban


Lo menos que podemos decir del abominable documento Instrumentum Laboris con el que se abre el sínodo sobre la Amazonía en la Iglesia Romana es que se trata de un franciscanismo cursi, jainista y bobalicón. Pero además es profundamente perverso por soslayar la revelación de Dios en Cristo y convertir la Amazonía en una tierra en donde el hombre no está herido por el pecado original. Indios y comunistas parecen estar exentos de este pecado. El dogma de la Inmaculada Concepción se extiende ahora a los indios del Amazonas y a los misioneros marxistas. Es la epifánica Amazonía quien nos tiene que evangelizar a nosotros y no el espíritu de Cristo. Ese Mysterium Christi in historia salutis se hace irrelevante para la nueva teología pilotada por el Papa Francisco.


La teología que aquí late no es para nada cristiana, pues si todavía podemos designar a la teología como “intellectus fidei”, como conocimiento de la fe, y la fe implica un sometimiento del hombre, de su pensamiento y de su voluntad, a la palabra de Dios, y a la obediencia a Cristo ( 2Cor. 10, 6 ), aquí la fe se degrada en sometimiento a una ecología entendida como arma contra un país soberano en que hoy gobierna la derecha ante una oceánica corrupción de la izquierda, y a un mundo lleno de diosecillos silvestres con su inspiración polipneumática. Pero nuestra teología ha presupuesto siempre la fe, en la que el hombre entero se somete a la palabra de Dios hecha carne en la persona de Cristo. Cuando en otros lugares del mundo la criatura humana, creada a imagen y semejanza de Dios, grita con el dolor más profundo, clamando al Altísimo justicia, y los cristianos son martirizados mediante el hierro o el fuego, el Vaticano del Papa Francisco se fija en Brasil porque no simpatiza para nada con el actual gobierno conservador y cristiano, pero mucho más limpio y honesto que la corrupción populista anterior. El hecho mismo de tomar partido por la izquierda atea en el mundo contra todos los gobiernos conservadores cristianos es un escándalo repugnante y diabólico que hace del Vaticano uno de los enemigos más peligrosos de la Iglesia.



El mantra de Francisco “todo está conectado” no es original. Viene de Anaxágoras. “Todo está en todo”. Pero su sentido es mil veces más peligroso y aterrador que el del griego. Para Francisco el individuo, la persona, se diluye en la comunidad, el yo desaparece en el colectivo; pero no como en la teología de Martin Buber en la que la fe, pistis o emunah es la esperanza colectiva del pueblo de Dios, en la que el coro de yoes representa el nosotros, sino que desaparece en el mismo sujeto histórico que el marxismo, que se materializa en un grupo de elegidos por un destino abstruso y sin justificar.

La civilización occidental, aquella que trajo la libertad política, los derechos humanos, y supo domesticar civilmente a la Iglesia, es ahora el demonio para el sínodo de la Amazonía frente a todas las demás ( la de los que cortan las cabezas a los cristianos y otras ). Los pueblos amazónicos no existen para evangelizarlos, sino para que nos evangelicen a nosotros con sus diosecillos silvestres y el bullir panenteísta. Otra vez el mito del Buen Salvaje del ilustrado siglo XVIII. Contra esta ridiculez bien podríamos leer con humor “No es verdad”, la pequeña pieza teatral del genio valdepeñero Francisco Nieva que destruye el mito bobalicón del Buen Salvaje. Todos los hombres de la tierra tienen la herida del pecado original, todos procedemos de nuestro Primeros Padres, Adán y Eva, incluso los curas marxistas amigos del Papa.

Este sectario y faccioso documento contiene, además, errores antropológicos gruesos, hace siglos ya superados, como el de hablar de pueblos originarios, autóctonos, como si existiesen criaturas humanas que nacen de la misma tierra, de un paisaje, y no vienen en largas emigraciones de otras tierras y paisajes. Se olvida la idea ya enraizada del homo viator de Karl R. Popper. La autoctonía no da ninguna superioridad moral, simplemente porque no existe.

Lo único bueno de este Instrumentum laboris son los preciosos ecos del Evangelii nuntiandi -que no se cita-, de Pablo VI, pero el contexto y el descoyuntamiento de la idea santa de aquel glorioso Santo Padre corrompen su voz profética y limpia. La opción preferencial de los cristianos por los hermanos más pobres o más débiles es la única manera que nos enseña Jesús a quererle y a encontrarle, en cuanto que Dios mira siempre a través de los ojos de los más pobres y los más débiles, pero esta muchedumbre enaltecida en Dios no puede convertirse en un álibi político para destruir nuestra sociedad. El amor a los más pobres no puede traducirse en odio a los más pecadores. Los hermanos débiles siempre estarán a nuestro lado hasta el final de los tiempos, dándonos testimonio de la presencia de Dios en ellos y de nuestro pecado y necesaria conversión -metanoîa-. Tanto el pecado como la conversión son personales. Mercadear teológicamente con los derechos de aquellos a los que más ama Dios con un fin político debería ser un pecado mortal para la Iglesia.



Los pueblos más írritos de América vieron en los descubridores españoles la salvación para no ser explotados, esclavizados, violados, mutilados y comidos por los pueblos dominantes. Porque América no era para nada un Paraíso terrenal antes de la llegada de los españoles, que se hacen torvos ahora para la Iglesia del Papa Francisco, amiga íntima de esos lugares de retorno al paraíso como son las actuales Cuba, Venezuela y Nicaragua. Así paga hoy la Iglesia de Francisco las inmensas energías y martirios empleados por España en la evangelización y cristianización de tantos pueblos del mundo.

La revelación no la percibimos en la Amazonía ni en la siniestra palabrería de este instrumentum laboris, que maldice la hazaña española del Descubrimiento, sino que concluyó por completo y para siempre en la época apostólica y se transmite históricamente en el tiempo de la Iglesia. Cristo es el único revelador del Padre. Como dice Juan, nadie ha visto a Dios; “el unigénito de Dios, que está en el seno del Padre, ese mismo lo manifestó”. Y como indica Agustín “Non est enim aliud Dei mysterium nisi Christus”. La revelación pública llega a su fin con la era apostólica (con los testigos del acontecimiento de Cristo ). El sujeto único de la teología no es la Amazonía sino “Dios en Jesuscristo”.

A veces estos clérigos redactores del Documento, escrito sin ninguna belleza literaria –la belleza no nace de conceptos falsos– hacen trampa; cuando la cosa ayuda a sus intereses políticos interpretan la Escritura “sensus litteralis proprius”, y cuando no, “sensus litteralis impropius”. Demonizan a Bolsonaro con herejías del siglo II, asesinando a los apologistas. Al menos los indios no bautizados, de acuerdo al derecho eclesiástico, no pueden ser herejes, como los nuevos misioneros, dado que en ellos la dulzura de la fe cristiana no ha sido sellada con el bautismo.

Texto horrible y repugnantemente antiespañol que nos descubre que rezamos muy poco por el Papa, que practicamos muy poco una teología orante, y que tenemos que multiplicar por él, que como Pedro en la Tierra pilota la barca de la Iglesia, nuestras oraciones y mortificaciones. Él, sea como sea, es el único que tiene la llave.


Bernabéu

ABC, 24 de Mayo de 2000

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Habrá quienes crean que una fiesta así es cosa de tontos, pero el caso es que hoy, en París, mayo es español, y todos los españoles, el murciano de Mihura, que se rejuvenece con esta primaveral romería futbolera al ferruginoso tótem del cosmopolitismo que es la torre Eiffel, y que, bien mirado, también tiene algo de Ninette, asediada de señoritos en calzoncillos de fútbol que comen cocido madrileño y paella valenciana.

Tampoco faltarán aquí quienes, por echárselas de más cultos, prefieran recogerse a la hora del partido en el Retiro, que estará vacío, para cortar margaritas y llorar de sensualidad y de poesía bajo los sau-ces. Pues allá los sauces. Personalmente, y en lo que vuelve el Siglo de Oro que en los cócteles ministeriales nos tienen prometido, entre el fútbol y la literatura, me quedo con el fútbol. («Balompié» fue una guasa periodística de Cavia que sólo supo hacer suya el Betis.) Después de todo, si Madrid se salvó, como ciudad, en los paletos de la pradera de San Isidro, ¿quién nos dice que España no va a salvarse, como nación, en estas verbenas de la torre Eiffel?

Decía Giménez Caballero que todos los pueblos tienen su santo que halla la fuente: «Todos los pueblos tienen su San Isidro o su Moisés, que en la peña de Horeb pega el aguijón afortunado.» El  fútbol europeo tiene su peña de Horeb en la torre Eiffel, y en Bernabéu, naturalmente, al santo del aguijón afortunado, quién sabe si por venir de una tierra donde el agua era más cara que el vino y los niños se destetaban con Valdepeñas. En una primavera parisina, y sobre una idea periodística de «L'Equipe» y «France Football», dieciséis caballeros apadrinados por Bernabéu pusieron en marcha en menos de tres horas la Copa de Europa en que el Real Madrid reina como Rey de Reyes del continente.

Bernabéu fue un manchego ancho, ingenioso, sabio, agnóstico y sentimental, y por consiguiente, un madrileñazo madridista, verbalista, casticista, ateneísta y liberalón que en su vida sólo se arrepintió  de no haber ido más a los toros y que hacía greguerías como si fueran rosquillas de Fuenlabrada, pero tan deliciosas como aquélla de que «los penaltis son las leches que mamaron las becerras de doña  Carlota», bien aclarado que la tía Carlota era una señora de sus tiempos que se diferenciaba de las de ahora en que sabía lo que les gustaba a los hombres y no le importaba. «Yo nací en  el siglo XIX —le dijo a Martín Semprún, su biógrafo—. En Madrid cada vez había menos gente, y Luis CandelasRamón y Cajal se repartían el prestigio, cada uno por su banda, como los buenos extremos.» Su estilo era el ataque, y construyó el equipo más atacante del mundo. Al fin y al cabo, atacar sin tener en cuenta el coste es expresión afín del espíritu aristocrático, y a Bernabéu, hombre de habano —«de una  hoja, hechos a mano y, si puede ser, con un bombero dentro para que se me apague lo más posible»—, le parecían imbéciles los que buscan igualarse por abajo en vez de hacerlo por arriba.  «En el club, lo barato siempre nos ha costado un huevo. A los jugadores-gangas no les miro ni la jeta.»

Para él, que rezar y pecar era empatar, entre las molestias del trato humano las de los tontos y las de  los aduladores siempre se le hicieron insufribles, siendo probablemente el único español que, teniéndolo delante, nunca aduló a Franco. También probablemente fue durante décadas la figura más  interesante de la Península Ibérica. Lo inquietaba, por ejemplo, la injusta preeminencia de los caballos y las vacas sobre los asnos y las cabras, y en sus dichos, como en  sus hechos, pareció imitar siempre el golpeo de Pancho Puskas en los golpes francos. Así: «Nadie es más engreído que un necio bien vestido.» «La rutina es una  invitación al error.»  «La tolerancia es  algo que falta en los Diez  Mandamientos.»  Etcétera. Sólo un hombre así podía hacer que los madrileños cambiaran las pri-maveras de la pradera de San Isidro por las primaveras de la Copa de Europa.

 
«En el club, lo barato siempre nos ha costado
 un huevo. A los jugadores-gangas
 no les miro ni la jeta.»

El Mercadona



Hughes
Abc

En más de una ocasión, un Mercadona ha supuesto el comienzo de un proceso de mejora personal. Lo recordé ayer al ver que se trata de la marca de supermercados más valorada en cada provincia.
Algo de lo que tuvo El Corte Inglés lo tiene Mercadona. Una confianza característica, familiar.

El Mercadona es como tener cerca una tía que te hará una sopa. “Hijo, tú ve al Mercadona”. Hay como una delegación familiar, como una tranquilidad.

El Mercadona ofrece la ilusión del autoabastecimiento, una especie de autarquía semanal, de sábado a sábado, de pensar que allí tenemos todo lo que necesitamos, capricho arriba o abajo. El Mercadona ofrece las necesidades de una vida promedio. Más es lujo o ganas de marear; menos es incomodidad, aprieto, bolchevismo. Ofrece una seguridad, un estándar. Puedes llevar una vida-mercadona muy bien llevada y hay incluso una voluptuosidad en ajustarte a ello, en vivir en la “mercadonidad”. Sientes que por fin estás haciendo las cosas bien. Puedes empezar a ahorrar, puedes empezar a adelgazar. Como cuando los boxeadores de las películas entrenan en serio para el combate. La escena de las escaleras sería la sección de verduras del Mercadona.

Hay algo también en la experiencia. Valoro mucho los anchos pasillos, aunque a veces deparen auténticos duelos de Ben-Hur contra Messalas vecinales. Ha habido por lo menos cuatro Mercadonas importantes en mi vida y lo que recuerdo de ellos es la amplitud al coger el carrito, las anchas calles. Uno se funde en la luz de entrada, entra en un circuito plácido en el que todo es lo mismo pero diferente. ¡Qué placer esa mezcla de seguridad y expectativa! Es reconfortante saberse de memoria los estantes y que haya sin embargo una mínima posibilidad de sorpresa.

Hay un placer físico en hacer la compra según presupuestos de seriedad. Una mezcla de sensualidad y economía, un cierto placer en ajustarse. Conseguir que ajustarse sea agradable es una gran cosa. Hay en esa empresa una uniformidad y un orden corporativo que de alguna manera le llega al consumidor, que de alguna manera le disciplina. O sea, puede llegar a ser un asidero.
Mercadona lleva además a los barrios algo del espacio de las grandes superficies. No es el comprar concreto, un poco angosto, de muchos supermercados urbanos. Esto ofrece una cadencia de carrito distinta, respiro, reflexión.
Un supermercado es como un partido político moderno: va ampliando “identidades”, sensibilidades. Se piensa mucho en la familia, pero ahora también en el poco hacendoso (qué acierto el nombre de su marca). Hay ensaladas muy apañadas y unas cremas de verduras que siempre me digo compraré la semana próxima. Pero hay un poco de eso, un poco, no una abrumadora oferta de preparados. El objetivo sigue siendo comprar bien, comer bien, hacerte el filetito.
Hay mucho, pero no demasiado; hay de todo, pero no más. El Mercadona es una unidad de medida española.

Domingo, 15 de Septiembre

Valle de Esteban

El bosquecillo de Nemi

"Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta"

DOMINGO, 15 DE SEPTIEMBRE

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola:

-¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.

También les dijo:

-Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Éste le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.

Lucas 15, 1-32

sábado, 14 de septiembre de 2019

Incitatus



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Dicho tenemos que el sanchismo mezcla la “servidumbre voluntaria” de La Boétie y la “bajeza en todas las venas” que Puskin sintió ante el zar. Ahora un socialista ha querido autoproclamarse sucesor de “Incitatus” (el “Imperioso” de Calígula) en un pleno del Senado de apoyo a su presidente, Manolo Cruz:
    
¡Me alegro (de) que esta virtual y pequeña república platónica esté gobernada por un filósofo, por un sabio!

    No conocemos a Santayana, pero todos hemos oído hablar del filósofo y sabio Cruz.

    –A la vista está, sobre mi mesa, una tarjeta que reza: “Fulano de Tal. Filósofo. De dos a cuatro de la tarde. 37, Rue Cadet” –escribe Bonafoux en un París que hervía de escritores españoles de los cuales no se tenía la menor noticia en Madrid.
    
Cruz copia y pega. O sea, punto de Cruz, usado por todas las bordadoras universitarias del Consenso.
    
“¿Tan malo es copiar?”, preguntan los gorriones que viven del grano que se les cae a los bien cebados “Incitatus” del Régimen. Y la verdad es que, en España, no debe de ser tan malo. La teoría marxista del valor-trabajo subyace en un panfleto que Marx tituló “Miseria de la filosofía”. Y ya puestos, el mismo Ortega se apropió, sin citar, de “la circunstancia” de Max Stirner y del “proyecto sugestivo” de Renan, si bien, a cambio, nos regaló la mejor escritura española del siglo veinte.
   
 “¿Alguna vez ha considerado un arte el oficio de hacer películas?”, preguntó Bogdanovich a Hawks. “No”. “Entonces ¿qué cree que es?” “Un negocio”.

    La filosofía es un entretenimiento.

    –¿Desde cuándo ocurren tantas cosas en esta luciérnaga que llamamos hombre? –pregunta Santayana, que ama rebuscar en la tienda de curiosidades psicológicas y sospecha que tuvo que ser un espectáculo para los dioses ver a Berkeley expulsar del universo la materia mientras que Hume expulsaba al espíritu.

    Ambos sufrieron y murieron de cagalera, clave, según el psicoanálisis, de sus teorías filosóficas.

    En España “Incitatus” galopa y corta el bacalao.

Sábado, 14 de Septiembre

Valle de Esteban

Estar cansado tiene plumas

viernes, 13 de septiembre de 2019

Molleras


Lido

 Jesús Fueyo

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Si tu mesilla de noche, lector, aguantó el peso de la “Fenomenología del Espíritu” de Hegel, también aguantará el peso del “Tigre Juan” de Pérez de Ayala, novela a leer, si se quiere entender la industria del manifiesto político en demanda de gobiernos de progreso. El último, suscrito por Bardem, Almudena, Sacristán y no sé si Cruz, acaba de salir del horno. Son… “el generalato de la mollera”.
    
Tigre Juan –escribe Pérez de Ayala– había ido formando para su uso particular un sistema político, el cual se reducía a una especie de dictadura ejercida sobre la plebe por los hombres más ilustrados y honestos. A este régimen de gobierno lo denominaba él: “generalato de la mollera”.
    
Los intelectuales del “generalato de la mollera” tenían un plan de regeneración de España: quitar de dictar a Primo de Rivera y ponerse a dictar ellos. ¡La generación de la cisterna! La del agua puramente aljibada, “la del reservorio frente a la hidrofobia del país”.
    
Dime con quién anduviste en Alemania y te diré quién eres.
    
Dime con qué ministro de Cultura anduviste… Así, el felipato, el zetapato o el sanchopancinato. Copiar libros pesados y firmar manifiestos feministas es su “erótica del poder”, expresión debida a una mollera extraordinaria, Jesús Fueyo, un catedrático de Derecho político que reconocía haber leído el artículo más importante sobre la “teología de la muerte de Dios” en… “Playboy”, y que estudiando a Freud dio con la desviación de Adler, según la cual la “libido” no es sexo: el sexo absoluto es el orgasmo del poder, cuya expresión calificativa es “libido dominandi”. Lo que los demás llamamos sexo es, según Fueyo, una cuestión dulce y proletaria hasta el extremo de que la palabra “proletariado” no la inventó Marx, sino Flora Tristán, con su quena feminista. Los superhombres tienen mucho más que sexo:

    –Su joder, que después de todo viene de “hacer”, es el poder.
    
Y éste es el secreto del gran “show” del Lido… en que seguimos viviendo. Pero con Sacristán de Norma Duval.

Viernes, 13 de Septiembre

Valle de Esteban

Árbol, buen árbol, que tras la borrasca
te erguiste en desnudez y desaliento

jueves, 12 de septiembre de 2019

Trabajar



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    “No trabajéis jamás”, fue una pintada del mayo francés, y la socialdemocracia supone la consagración de la primavera… del 68.

    Pero ahora me entero por un amigo de que lo que queda de la socialdemocracia alemana descubre con horror que el derechismo se da, y va en aumento, entre “adultos que trabajan y pagan impuestos”, para susto de Herr Klopp, un alemán que entrena al Liverpool y veranea en Ibiza y que dice que él jamás votará a “la derecha, porque baja los impuestos”.
   
 Que los trabajadores son de derechas lo sabe en España todo aquél que haya metido en casa a un obrero, pero en Alemania han tenido que recurrir, para verificarlo, a Herr Krüger, de la Oficina Central de Formación Política del SPD. Almas de cántaro, ¿por qué creéis que Marx quería hacer filósofos (y a la española, es decir, cornejas de Horacio: gentes que se adornan con plumas ajenas) a los obreros, cosa que le criticaba el lúser de Bakunin?

    El trabajo es una maldición divina (sólo los protestantes lo ligan a la salvación) que aquí, en el 31, un merluzo, Araquistáin, incorporó al artículo primero de la laica Constitución republicana, dejando sin amparo político a la mitad del país, enfilado, por tanto, a la guerra civil.

    A John Gray le resulta aberrante “la excelente consideración que el trabajo tiene entre nosotros”, pero él habla de Inglaterra, un país de derechas (sin desempleo) y atendido en el pub por nuestros licenciados, que no tienen salida en España porque España es un país de izquierdas, como se ve en los bares (a este lado de la barra, eso sí), en los partidos, en los periódicos, en los platós, y, de dar crédito a gente que está en la pomada, también en el Ibex.

    La relación de los conceptos “trabajo”, “derecha” e “izquierda” es hoy un cubo de Rubik cuya solución apuntó José Luis Castillejo (poeta, pintor, diplomático) en “La escritura no escrita”:

    –En la escritura no escrita el texto está fuera. En la escritura escrita el contexto está fuera.

    De nada, Herr Krüger.

Jueves, 12 de Septiembre

Valle de Esteban

Querría saber, amantes, cómo es hecha
esta amorosa red que a tantos prende

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Sierra de Las Quilamas


Vicente Llorca

Atravesando la sierra de Las Quilamas, a la entrada del pueblo de Linares, cruzamos por un polígono industrial medio abandonado y ruinoso. Se llama, leemos, “Aguas Malas”.

El rótulo nos reconforta. No debían de ser ciertamente muy buenas las aguas del lugar. Pero en esta época de cursilería aplastante es un consuelo leerlo. Sólo el miedo a la lengua llana debió de llevar un día al profeta de turno a cambiar el hermoso nombre de Porquerizas de la Sierra por el ominoso “Miraflores”. O Chozas de la Sierra por “Soto del Real”, Arroyo del Puerco por “Arroyo de la Luz”, Pocilgas por “Buenavista”, Matajudíos por “Mota de Judíos”, Bellacos por “Flores de Ávila”… El que convirtió la sonora Mazcuerras en “Luzmela” yace hoy en el infierno, estamos seguros, al lado del autor del “Todos y todas”.

El lugar en el que nos esperan, San Esteban de la Sierra, está perdido en un recodo de la tortuosa carretera. En las calles están preparando los tablados para la fiesta. La plaza, irregular, tiene un viejo olmo en la mitad del adoquinado y una abrupta escalera que asciende desde la puerta del ayuntamiento hasta la más profunda oscuridad.


San Esteban de la Sierra


¿Por dónde sacan los toros para la fiesta? – le preguntamos a uno de la cuadrilla.

Por dónde va a ser. Por las escaleras.

Estos toros surgen del Averno, pensamos. El mozo al que hemos requerido nos lleva entonces escaleras arriba, ascendiendo hacia las sombras. Todo parece estar tranquilo aún, en estos días de vísperas. Pero subimos por la angosta cuesta intuyendo que de un momento a otro pueda surgir el Minotauro, al que vamos a despertar.

Hay un oscuro chiquero en lo alto, una puerta estrecha entre dos casas de piedra. El toro, como mensajero infernal, surge en efecto de la oscuridad del pasaje, nos cuentan, irrumpiendo como furia del Hades en la plaza con talanqueras.

¿Y aquí torean?

Aquí. La tradición es que los hombres del pueblo esperen en fila al animal. Luego se torea.

¿ Y cómo se libran del toro?

Nuestro interlocutor se encoge de hombros. No hay respuesta para ello.
En un almacén habilitado como bodega el fotógrafo del pueblo nos enseña la exposición de imágenes de las fiestas que ha preparado. Nos invitan a un vino local, sombrío y áspero, como las quebradas que rodean las casas.

El antiguo reportero está empeñado en que apreciemos unas fotografías clásicas, un tanto tópicas, en las que aparecen unos cinqueños de ganaderías famosas a contraluz sobre la dehesa. No le hacemos mucho caso. A mí la que me gusta es una copia gastada en la que un ignoto novillero aparece toreando por abajo a un morlaco con greñas. El ruedo es de piedra, los del pueblo andan alrededor, un viejo fuma sobre una escalera, el olmo se erige, antiguo, detrás del heroico oficiante.

Pienso en un heroísmo anónimo, serrano, que se repite tantas veces en estas fechas de septiembre.

¿ No le echan arena a la plaza? – pregunto a la salida.

No. Aquí nos gusta mantener la tradición – afirma rotundo el que parece ser el jefe de la cuadrilla, que se ha sentado en la puerta del ayuntamiento.

Invita a fumar y nos cuenta después.

Aquí a la gente le gusta respetar sus costumbres. Los ayuntamientos han mantenido desde siempre la fiesta. Todo el pueblo baja a la plaza. Y todos los hombres esperan al toro en la puerta. Pues luego...

Este pueblo está cuidado. Los únicos que han estado a punto de acabar con las fiestas han sido los políticos –replica otro, que está levantando un tablón. -Con las contribuciones y los decretos nos están dejando sin nada.

No hacían falta entonces los antitaurinos – le decimos.

No, señor. Para terminar con esto no hacen falta.

Las calles del caserío, en la ladera de un risco, están en cuesta. Las casas tienen muros de adobe y piedra entre un entramado de madera, a la manera tradicional de la sierra. Las puertas, debajo del nivel de la calzada, son de hoja doble. Todas cuentan con un pronunciado alero, de castaño intuyo, que da sombra a la calle y protección frente al hostigo. Los inviernos aquí deben de ser muy largos.

Aquí oscurece mucho antes que abajo, en las Hurdes.

Normal. En estas sierras…

Comemos en una casa vieja sobre los chiqueros del ayuntamiento. Por la áspera cuesta suben los mozos, nos han contado, para abrir los toros el domingo de la fiesta. Con el vino de la zona da más vértigo todavía.

Al café ha venido entre otros Jesús, un viejo menudo y nervioso, que había vivido siempre en el pueblo, hasta que tuvo que marchar a Suiza. Regresó hace unos años. Todas las fiestas se coloca en la fila de los mozos, frente a la puerta de chiqueros.

¿ Y cuando sale el toro qué hacen?

Me mira. Se encoge de hombros, él también. Luego nos cuenta de una vendimia que tiene que subir a las escarpadas y estrechas viñas, en terrazas en lo alto del monte. Suben y bajan la uva en carretillas, desde la cooperativa a la entrada de la carretera. Antes cargábamos los serones en los burros. Todo el día las caballerías arriba y abajo.

¿ Y ahora?

Ahora ya no quedan burros.

En el verano, nos cuenta luego, formaban los serranos las cuadrillas. Bajaban a las fincas del valle, se contrataban para la siega. Llevaban con ellos la herramienta, dormían en los pajares. Al terminar la cosecha volvían con algo de dinero al pueblo. Luego, pronto, empezaba el invierno.

En Miranda del Castañar, a veinte minutos, se celebra una novillada en la plaza de piedra bajo el castillo y allí vamos luego. Las bandas de música atruenan la calle y, cuando callan, comienza a tocar el tamborilero. Los mozos, en el centro del ruedo, llevan vasos en la mano. Esperan a que suenen los clarines para retirarse. Van a lidiar una novillada áspera, antigua. Los utreros al salir ocupan toda la plaza.

Hay una suerte de necesidad, pienso un momento, entre la fiesta, los tambores, el vino de la sierra, la verbena y la sangre, que va a saltar en algún momento u otro de la corrida. Es necesaria, siento luego.

 Pero no sé explicarlo más.

En otro momento surge el toro, berrendo y astifino, de debajo de los corrales de la muralla. Los que decidieron llamar “Valderrubio” al célebre lugar de Asquerosa, en la Vega de Granada, aquí están muy lejos, también.

El fútbol desde Gamonal

María Magdalena y San Juan Bautista

Patronos de los solitarios


Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Llevo todo el verano de la casa de Gamonal al hospital, y tras el alta, de Gamonal a Fuentes Blancas acompañando a un hermano herido por esa moda más extendida de lo que un servidor creía y que llaman ictus. Tengo todo abandonado y sólo la vista de la Cartuja a la que nos acercamos casi todas las mañanas me trae ese sosiego que uno quiere para todos los suyos. Para mi madre sobre todo, a la que mantuvimos la palabra dada de una pequeña fiesta ante un lechazo al llegar antier día 9 a los 90 años. Mi madre, de la que un día pondré aquí sus trabajos y sus días, a la que se le fue Carlos, el cuarto de los seis hijos; Pedro, nuestro padre; y que se sabe y siente necesaria para atender en lo posible a César, también con cierto desvalimiento por una descarga eléctrica hace treinta y tantos años, y que tan buena pareja hacen en el piso de la calle Vitoria. José, el del ictus, y mi hermana Nuria, acuden a la casa al salir de trabajar, y los cuatro comen juntos todos los días para tranquilidad en las Andalucías de quien esto escribe. Mi otra hermana, melliza de José, le acompaña estos días, por lo que aprovecho para bajar a Córdoba, solventar ciertos asuntos y asomarme a Salmonetes... más que nada para decir que no he desertado y que causas de fuerza mayor me han apartado de este balcón.
     
Ha empezado el fútbol. Sigo abonado al Córdoba. No he visto ningún partido. Ni del Córdoba... ni del Burgos. No conozco los futbolistas blanquiverdes que ha podido contratar Alfonso Serrano, aqeél medio estiloso del Valladolid, hoy director técnico de Jesús León, y sólo la presencia de Quique Martín como entrenador -no me cabía que aceptara-. al que se le supone firmeza atrás y conocimiento de la necesidad, me dan cierta esperanza de desandar el camino perdido de modo tan ignominioso.
     
 Enrique Martín Monreal es un “tipo majo” al que le tengo mucha ley no sólo porque lo he abordado en la calle en tres ocasiones distintas y siempre me ha soportado con extraordinaria amabilidad, sino también porque fue fiel sin atender tentaciones, al mismo club, Osasuna, en el que se retiró al año siguiente que me aboné, y como en esto del fútbol los aficionados nos dejamos llevar por nuestros particulares episodios, para mí Quique Martín es un tipo del que fiarse por mucho que luego se equivoque. Nada que ver con ese Neymar al que no vamos a negar sus virguerías con la pelota, pero al que uno no desearía nunca en su equipo porque como no sabe lo que quiere -si gloria o dineros- nunca podremos sospechar sus futuros caprichos siempre mucho más importantes que la historia del club que le harta a millones. Sea el Barça, el Madrid o el PSG. El se cree más y todos los días lo demuestra ¡¡Qué chico éste!!
      
Normal y lógico es que si destacas en el Burgos o el Córdoba aceptes ir al Madrid, Barça, Valencia, Betis... pero ya en el Barça o Madrid ¿qué más se puede querer? Siempre he admirado a los futbolistas que sólo conocen un equipo, como los matrimonios de reconocida fortaleza, teniendo posibilidad de mejorar -poco, pero mejorar- y me acuerdo de Iríbar, el Athletic antiguo en general, Puyol, el Totti romano, el mismo Messi, el extremo Giggs y aquel Ceulemans del Brujas que fue ejemplo de lo que intento referir. De entre los grandes Pelé creo que sólo dejó el Santos para irse a aquel Cosmos que era como una troupe promocional. Me estoy enredando y lo que quería decir es que el “dale que dale” de Neymar creo que no sólo me ha asqueado a mí, sino a todos los que en pura lógica iban a ser abonados del club en el que ansiaba aterrizar. ¡Muy enloquecido tiene que estar el presidente del club europeo que lo fiche cuando deje el PSG! Yo creo que su sitio es el Brasil.
   
¡Ah! He visto los inicios de la liga de los buenos y el Madrid mal, el Barça mal, el Atleti como siempre... y el Betis con unas alegrías que pueden llevarlo al desastre.

El globero


Stalin, Roosevelt y Churchill en Teherán

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El globalismo nació el 4 de mayo de 1493 con la bula “Inter caetera divinae” del papa Alejandro VI. Ahora, para poner orden en el globo, ha accedido a hablar el pensador global, González, santo patrono de la socialdemocracia hispánica.
    
Si la moral cristiana nació en la Última Cena, la moral socialdemócrata bien pudo nacer en la cena del 43 en Teherán, con los Tres Grandes preparando la posguerra. “Cincuenta mil alemanes deben morir –dijo Stalin–. Su Estado Mayor debe desaparecer”. “No tomaré parte en ninguna carnicería a sangre fría –replicó Churchill–. Lo que ocurre con la sangre caliente es otra cosa”. “Propongo –terció Roosevelt– una solución intermedia. En vez de 50.000 muertos, vamos a dejarlo en 49.000”. Voilà! ¡La socialdemocracia! Boris Johnson, que describe la escena, dice que, tras esta jocosa ocurrencia, el hijo de Roosevelt, Elliott, tomó la palabra para comunicar su cordial acuerdo con la propuesta de Stalin y su convencimiento de que el Congreso la apoyaría. Churchill abandonó la sala.
    
El pensador global, que es coleccionista de palabras (en vez de gobierno, dice gobernanza, y en vez de global, dice “hologäisch”), sostiene que el “capitalismo triunfante” no es sostenible (vamos, que ve a su amigo Slim recogiendo cartones)… ¡y se autodestruye!, cosa que ya había dicho Marx, abandonado en mayo del 79 por González como quien abandona al abuelo en una gasolinera. “¡González abandona el marxismo!”, lloraba por las esquinas el columnismo “engagé”. Pero González no había leído (sigue igual) una palabra de Marx. Como diría el filósofo Manolo Cruz: “¿Para qué?”
    
Ni de Marx… ni de Gramsci, a quien atribuye el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad, que son de Romain Rolland, aunque, como diría el filósofo Manolo Cruz, “¿y qué?”.
   
 –Yo tengo la reflexión contraria –dice González–. Desde el punto de vista de la inteligencia, soy optimista.
    
El pensador global no sabe que la inteligencia es pesimista sólo cuando es profunda.

Miércoles, 11 de Septiembre

Navalcarnero

El Pueblo

martes, 10 de septiembre de 2019

Camilo

ABC


Camilo Sesto no necesita homenajes
 porque tiene ganada la eternidad

Remainers

Cromwell


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    El “remainer”, como llaman los ingleses al partidario de quedarse como está, viene a ser un reaccionario con encanto que ve en el Brexit otra guerra de la Vendée y para evitarla lleva tres años tirando piedras al referéndum que perdió. Mas no es un lúser; es un… “remainer”. O sea, un… “quedacionista”.

    Si hablamos de mentalidades (la gran aportación del francés Lefebvre a la historiografía), el “remainer” inglés se quedó en Cromwell y su dictadura parlamentaria y el “remainer” español se ha quedado en Franco, que fue una dictadura… “paliada por el incumplimiento” (matiz de Gabriel Maura).

    Leer a nuestros jóvenes “remainers” es oír a Franco en el discurso navideño… del 59:

    –Cada día se acusa con mayor claridad en el mundo la ineficacia y el contrasentido de la democracia inorgánica formalista, que engendra en sus mismas entrañas una permanente guerra fría dentro del propio país
    
La democracia representativa (donde lo es, Usa, que dio con ella huyendo del parlamentarismo inglés), en efecto, divide: divide el poder y lo separa (“que un poder se enfrente al poder y el ciudadano dormirá tranquilo”) y divide la sociedad en mayoría y minoría, protegida ésta por una Constitución escrita (defensa de uno contra todos), por encima de la ley (defensa de todos contra uno).
   
 El “remainer” autóctono cree, como Franco, que un referéndum sólo se convoca para ganarlo, y desde luego no sobre cosas importantes que las gentes que no han leído a Peterson, a Pinker o a Lilla no entienden. Su hombre es Suárez, que se negó al referéndum monarquía-república (“porque estaba perdido”) y que a toro pasado reformó, por encima de la Constitución, una ley orgánica para ganar el de Andalucía, que había volado (Jaén y Almería).
    
En realidad no nos hemos movido de la “democracia gobernada” (Madariaga), ¡la que no divide!, descrita por Los del Río cuando la Constitución-UE:

    –Si la apoyan los políticos, nosotros por qué vamos a decir no, si no la hemos leído.

    
Y tampoco a La Boétie.

Martes, 10 de Septiembre

Valle de Esteban

Palomar del arrullo
fue la habitación.
Provocabas palomas
con el corazón

lunes, 9 de septiembre de 2019

España en fiestas

El arrastre
Por Doménikos Theotokópoulos, el Greco

El otro Real



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Para el pipero, lo bueno del parón liguero es que con el Combinado Autonómico de Moreno puede disfrutar de su otro equipo, el Real que pudo ser y no fue, porque se lo cargó Zidane, sólo que sin la pachanga para japoneses de la Décima, que suena a Bonet de San Pedro.
 
Con desechos de tienta madridista decididos por Zidane, en el Combinado Autonómico lucen Arrizabalaga, Hermoso, Ceballos… El portero, que era del Madrid y se tuvo que ir a Londres para no molestar al costarricense Keylor Navas, apunta a perpetuarse en la portería española, aunque sea una perpetuidad de una década. Hermoso, que es titular con Simeone, en el Madrid tendría por delante al brasileño Militao, tao, tao, vente morenita, bailemos el tao, tao, el nuevo ritmo que ha causado sensación, se baila así, de medio lao, el tao, tao, bien apretao el tao, tao, de medio lao, el tao… Y Ceballos… Ay, Ceballos.

    –No se preocupe, míster, yo tampoco quería trabajar con usted –contestó este verano Ceballos cuando Zidane le dijo que no contaba con él.
 
Zidane cuenta con Courtois y con Hazard, que son belgas, pero francófonos, y con Varane, con Mendy, con Areaola y con Benzemá, más el sueño de Pogba, que, al parecer, era el designado para correr.
 
No soy de prometer cincuenta goles, pero correr como un negro para mañana vivir como un blanco, seguro que correré –declaró al llegar a Barcelona, con 23 años, Samuel Etoo, que ahora, por cierto, con 38, se retira del fútbol.

 ¿Pogba, correr? No se sabe de nadie que cobre lo que Pogba iba a cobrar por correr para los demás. A Makelele le vendieron un año esa alfombra, pero al siguiente la devolvió con intereses. Otra cosa es que Pogba viniera a correr con su Rolls, pero no en el Real Madrid, sino en el Madrid Central.
   
Al no venir Pogba, Zidane ha tenido que poner a correr a Bale (“si se va mañana, mejor”, dijo el francés para gestionarle el ego al galés), que corre más y mejor que Pogba incluso en el campo de golf.
 
¿Qué teme el fútbol del golf? Who's Afraid of Virginia Woolf?

    –Igual no vio (Guardiola) mi partido (sub-21 con Inglaterra) porque está de vacaciones jugando al golf –refunfuña en la prensa Foden, un jovezno del City que no juega con el Gandhi de Sampedor.

La revolución técnica de Zidane era Bale. Balones a Bale, y que Bale corra y la meta. Corre Bale, corre, y mientras Bale corre, los franceses le cantan la Marsellesa.
 
Bale fue esta semana a jugar con Gales y le preguntaron por el mote que le puso Courtois: “¡El golfista!”

    –El golf es como las mallas de los ciclistas: revela mucho de un hombre –dice Wodehouse, cita que Hughes saca a relucir para ilustrar su glosa del libro sobre Trump de Rick Reilly, “Commander in Cheat”. La tesis de Reilly, resume Hughes, es que Trump hace trampas jugando al golf (“empecé a jugar al golf con estafadores y aprendí mucho”): en un club de caddies le apodaron Pelé por lo bien que pateaba la bola para cambiarla de sitio, para lo cual utiliza a un caddy o a un agente secreto.
 
Rick Reilly es un columnista deportivo, exactamente igual que Henry Crouch, el cronista de golf que el New York Times envió a Londres, el 6 de noviembre de 1919, a cubrir la sesión extraordinaria de la Real Sociedad Astronómica que daría a conocer al mundo la comprobación de la teoría de la relatividad de Einstein, llevada a cabo por equipos de científicos enviados al África y al Brasil. Naturalmente Crouch no se enteró de nada, pero él, un periodista creativo, escribió en “el prestigioso” NYT que la cosa iba de “un libro para doce sabios”. Y añadió:
 
Nadie más en todo el mundo lo va a entender, dijo Einstein cuando sus arriesgados editores lo aceptaron (son palabras textuales de Crouch).

    Sólo que (aquí, las matizaciones de Ricardo Bada, relator de la histora): 1) Einstein no había escrito ningún libro; 2) no había, pues, ningún editor del mismo, ni arriesgado ni pusilánime; y 3) todos los presentes en la sesión solemne de la Real Sociedad Astronómica de Londres habían entendido de qué iba la cosa... todos ellos menos, claro está, el corresponsal del New York Times.

 –¿Sobre qué no escribirías? –preguntaron una vez al colombiano Alberto Salcedo Ramos, autor de “El oro y la oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé”.
 
Sobre golf, un deporte que me parece tan divertido como una hernia.

Ve uno jugar al Combinado Autonómico de Robert Moreno y te preguntas si lo de Zidane en Madrid no será como lo de Crouch en Londres, y todo ello tapado por la hernia (según el “Marca”) de Bale, que juega al golf.


CRISTIANO Y LOS NIÑOS

    A sus 34 años, Cristiano (¡un toro!) no está hecho moralmente un arzobispo Makarios, como Cantona, que en el último sorteo de la Uefa, entre bola y bola, anunció guerras, pero parece un San Marcos (“Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él”) hablando a la infancia. Que este mundo, dice, gira cada vez más rápido, que la vida es una jungla, que no conviene dar crédito a la prensa y que hay que proteger a los niños: “Si os dicen que no seréis nada en la vida, no lo creáis. Id a la cama pensando que lo vais a ser todo.” Ése fue su secreto para ser Cristiano… y Ronaldo.

Las Ventas, donde la confusión shakesperiana ha hecho su obra maestra, declara madrileño a Dufau


The Sentinel



José Ramón Márquez


Después de comprobar en las propias carnes las teorías de Einstein respecto de la relatividad del espacio-tiempo, de cómo éste se dilata cuando hay que ir a currar y cómo se acorta cuando se anda de holganza por esos mundos de Dios, retornamos a la Andanada convocados por el banderín de enganche del toro. Es verdad que, como ya se ha señalado, a uno lo que le gustan son las corridas normales, sin inventos y sin hallazgos, como quien dice “seis toros de tal ganadería para fulano, mengano y zutano”, y que las demás cosillas con las que quieren cambiar la fórmula perfecta, ya sea con la cosa goyesca o picassiana, ya sea con esto de los desafíos ganaderos o con las “encerronas” tan de moda últimamente, la verdad es que ofrecen poco o nada que mejore  la fórmula perfecta y tradicional de tres tíos frente a seis tíos. Lo mismo podemos salvar esto de los desafíos ganaderos con la cosa de que hay ganaderías cortas que igual no pueden tener una corrida completa para Madrid y con que de esa manera hoy hemos tenido la oportunidad de ver en Las Ventas los ganados de Pallarés y Rehuelga; pero digo yo que si hoy había cuatro toros de cada una de ellas -los titulares y el sobrero-, lo mismo no era imposible haber encontrado dos más y haber preparado un par de corridas de toros de las de toda la vida en vez del desafío de marras, que al final el desafío se ha convertido en un perfecto lío. El lío ha venido a causa de la cogida del mejicano Arturo Macías en su primero, de Pallarés, al que ha tenido que matar Oliva Soto, entonces se ha corrido turno para que Thomas Dufau matase el segundo, que es el Pallarés que iba en tercer lugar, y Oliva pudiese reposar de las fatigas toricidas. Luego Oliva mató al Rehuelga que iba en segundo lugar, a continuación Dufau despachó al Rehuelga que le correspondía por sorteo, luego Oliva se las vio con el Pallarés que hacía quinto y, al echarlo, con el sobrero de Pallarés y, finalmente, Dufau tuvo que entenderse con el cuarto, que era el segundo que habría correspondido a Macías. Con ese galimatías ya uno no sabía si estabas viendo al Pallarés, al Rehuelga, al Pallahuelga o al Rellarés, que aquello era una confusión monumental en la mente del aficionado, y por ello no es extraño que, sin tener por allí a nadie que les explicase qué pasaba, una media docena de personajes provenientes de la península indostánica abandonasen sus localidades de manera apresurada.

La terna, como se ha dicho más arriba, estaba compuesta por Arturo Macías, Oliva Soto y Thomas Duffau, que gracias al programa de mano oficial de la Plaza, nos hemos enterado de que es natural de Mont de Marsan (Madrid), con lo que la terna quedaba compuesta con un mejicano, un sevillano y un madrileño.

A Macías, a quien le cogen mucho los toros, en el rato que ha estado en la Plaza se le ha visto en un particular descenso a medida de que el toro se iba dando cuenta que el dueño de la situación era él. Cada serie que ha trazado ha carecido de mando y a causa de eso el toro se ha ido apoderando de los terrenos hasta que ha resuelto el problema pegando una rápida y certera cornada al diestro de Aguascalientes, que ha sido evacuado con presteza a la jurisdicción de Padrós. Oliva Soto se ha hecho cargo de despachar al toro y ahí se ha visto al de Camas que estaba harto desconfiado. Nuestro nuevo paisano, Dufau, se las vio con Artillero, número 72, toro encastado con un emocionante viaje desde largo, que cumplió en varas y que puso todo lo que debía en la cosa de la muleta como para que su matador expresase lo que tenía que decir. En este caso lo expresado fue la nada y la cátedra despidió con justas palmas el arrastre de este Artillero.

Ahí tenemos a Oliva, magníficamente vestido de azul pavo y oro viejo, a vérselas con Torrelarga, número 15, de Rehuelga y a pasar las de Caín frente a un toro cuyo trapío impecable debía ser un puerto de primera categoría para Oliva. Lo mató a la última como pudo, echándose fuera y metiendo el brazo.

Segunda comparecencia de Dufau para véselas con el que debía haber hecho sexto. Guanaguato (sic), número 7,  fue otro regalo para el madrileño de Mont de Marsan, toro que cumplió en varas, presentó una franca embestida que pedía la firmeza de una muleta para conducirla, aunque el pobre animal se encontró con que la muleta y la falta de concepto del matador sólo componían un mero acompañamiento, sin lucimiento para el matador y sin posibilidad de resaltar las condiciones del astado. Otro que se llevó una buena y merecida ovación en el arrastre.

Cuando salió el quinto, Iluso, número 4, de Pallarés, Oliva hizo lo mejor de su tarde en forma de unas verónicas algo aceleradas en las que ganó el paso al astado y lo fue sacando a los medios, donde remató con una buena media verónica. Luego echaron al toro después de picarlo y en su lugar salió Dichoso, número 82, con el que por momentos pareció que Oliva igual quería. La verdad es que el toro no se comía a nadie pero Oliva no acabó de confiarse trazando siempre los muletazos muy por las afueras. Sólo hay un fulgor, un leve relámpago en un cite a derechas donde Oliva Soto se transfigura y manda al tendido el aroma de su raza, un brevísimo centelleo de Manolo Cortés que sirve para arreglarnos la tarde, para que se vea que nos conformamos con muy poco.

Y ya, por fin, brindis de Dufau a la cuadrilla de Macías y palmas en el 7 para saludar al toro más feo del encierro, que luego además resultó manso, huidizo y topón. Si con los buenos el pobre de Thomas no había sido capaz de echar a rodar la cosa, no lo iba a hacer con éste, que era reservón y daba la impresión de que se enteraba de lo que pasaba.

Ni que decir tiene que no supimos cómo eran las lenguas de ninguno de los siete toros que saltaron al ruedo. Puede ser que en esas ganaderías les cosan la boca cuando los montan al camión, porque si no uno no se lo explica.

Muy serio Mambru, de la cuadrilla de Dufau, toda la tarde con el capote. La entrada, muy pobre.

 Reparaciones Las Ventas
Soldadura fría

 Florencio Fernández
Boe, 13 de enero de 2004

Madrileño por los cuatro costados

Lunes, 9 de Septiembre

Valle de Esteban

Señora: es el crepúsculo

domingo, 8 de septiembre de 2019

En la muerte de Camilo Sesto



 Hermano Lobo, 31-1-1976

Un gran retrato de Trump


ABC




Un día sacó una tarjeta
 "para comer gratis en cualquier MDonald's
 del planeta". "Sólo la tenemos 9 personas
 Yo, la Madre Teresa y Michael Jordan"
 Deseas que sea verdad.

La amenaza

ABC, 10 de Mayo de 2000

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

En una sociedad capaz de observar cierto culto del coraje, hay dos cosas que nadie puede hacer jamás: una es amenazar; la otra, dejarse amenazar. Pero el caso es que en España todos estamos
amenazados de muerte. «¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte?», se preguntaba Borges, antes de proponer una «boutade» euclidiana al hilo de la perplejidad: «Lo interesante —decía—, lo original, sería que alguien lo amenazase a uno con la inmortalidad.»

Nada original hay, desde luego, en el hecho repetitivo de la muerte, cuyos comentarios, generalmente de índole más sentimental que racional, pueden escribirse de antemano. Estamos, pues, donde estábamos hace lo menos treinta años, lo cual también revela la incompetencia de varias generaciones de políticos empeñados en discutir si los lobos son galgos o podencos, mientras los combaten con ideas que no se pueden realizar o con acciones que no se pueden idealizar.

Ahora, al cabo de tres décadas de muertos bien muertos, cuando las mentiras anestésicas parecían agotarse, la sensiblería progresista cree resurgir con un hallazgo ideológico que en forma de consigna se reduce a llamar fascistas a unos pistoleros montaraces que matan por encarnar lo que en buena literatura marxista se conoce como «idiotismo de la vida rural». Bueno, ¿cómo no admirarse de una  sensiblería que no renuncia al afán de búsqueda de axiomas euclidianos en el campo de la política para clasificar el crimen?

 Tratar de acomplejar a un pistolero con el mote de fascista puede resultar tan entrañable como el nerudiano «Sin embargo sería delicioso asustar a un notario con un lirio cortado...», pero sólo literariamente. Racionalmente, el hallazgo supone, de entrada, una perversión intelectual: el fas-cismo consiste esencialmente en el sometimiento del legislativo al ejecutivo, consideración, por cierto, que no va  a hacer  que le tiemble el pulso a ninguna comadreja del hampa. Emocionalmente, en cambio, el hallazgo a lo mejor es eficaz: después de todo, siempre habrá gente que, si lee que los cabestros que conducen a tiro limpio una manada nacionalista son fascistas, además de quitarse un peso de encima, piense: «Hombre, ahora lo entiendo todo.» Es la solución progresista. La otra solución, la reaccionaria, ya fue aplicada en  su día, con los resultados conocidos.

Bajo gobiernos que, curiosamente, se las echaban de progresistas, el Estado no podía matar, porque había rechazado la pena de muerte, y como el Estado no podía matar, se decidió hacer el trabajo a espaldas suyas. Era, otra vez, esa nefasta  mentalidad  que, descrita por Julio Camba con motivo de otros sucesos semejantes, hace que algunos políticos reduzcan cualquier movimiento contra el Estado a los términos de una querella particular contra ellos, que lo afrontan con el aire fanfarrón con que pudieran afrontar una cuestión personal. «El Estado son ellos, igual que lo era Luis  XIV, pero no porque ellos tengan de su función de ministros una idea semejante a la que tenía Luis XIV de su función de monarca, sino, sencillamente, porque no tienen acerca del Estado ni la menor  idea.»

La modesta idea que uno tiene del Estado es la de la imposición por la fuerza de un orden social del que siempre podremos discutir si representa mejor las voluntades de los fuertes que las esperanzas de los débiles. Garantizar esta discusión, se nos dice, es la primera obligación de un Estado democrático, que pasa sólo por una condición: proteger la vida de los que discuten, que son los ciudadanos. Pero hoy, aquí, todos los ciudadanos están amenazados de muerte, y esta amenaza convierte cualquier  gesto de coraje en un acto de heroicidad o de martirio. Como método de defensa, manifestarse en silencio tampoco nos hace abrigar  muchas esperanzas. Para empezar, su éxito depende de la repugnancia moral del adversario. A Gandhi le funcionó contra las autoridades británicas, que no estaban preparadas para matar a personas que no hacían nada para defenderse, pero hay que pensar que el resultado hubiese sido distinto ante la amenaza nazi o soviética. O ante la amenaza vasca, cuya inspiración, nazi o soviética, todavía, ya ven, preocupa a tantos.

Gandhi

«¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte?», se preguntaba Borges, antes de proponer una «boutade» euclidiana al hilo de la perplejidad: «Lo interesante —decía—, lo original, sería que alguien lo amenazase a uno con la inmortalidad.»

Domingo, 8 de Septiembre

Valle de Esteban

el camino que amor quiso hacerme

"Aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío"

DOMINGO, 8 DE SEPTIEMBRE

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

-Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.
Lucas 14,25-33

sábado, 7 de septiembre de 2019

Joao



Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Para aumentar las visitas los fines de semana sin Liga, el Prado ha llevado a Joao Félix a ver las Meninas, el cuadro ante el que se paraba mi amigo Bonifacio Alfonso para sacudirse la desgana los domingos de resaca.

    –After us the Savage God! –exclamó famosamente el irlandés Yeats al ver el “Ubú rey” del rey-payaso de los bohemios Alfred Jarry.
    
Después de nosotros, el Dios salvaje, que para Chaguaceda, dircom del museo, sería Joao, y lo explica con lógica de vendedor a plazos: “El espectador de fútbol no es ajeno a la cultura y el visitante de museo tampoco lo es al estadio”.

El Atlético cedió su estrella en homenaje al “200º bicentenario” (sic) del museo, al decir del periódico de las elites, que ya en su día, para ponderar la labor de su crítico Calvo Serraller en la dirección del Prado, puso sobre la mesa sus ocho exposiciones “para conmemorar el 1750 aniversario del museo” (sic).

    Calvo dimitió a los doscientos días: una revista de la que su mujer era consejera editorial hizo un reportaje de sillas de diseño donde las Meninas, “y quienes me nombraron (Carmen Alborch) me han entregado a las fieras”.
    
Y terminamos con un guiño al Atlético– termina, a lo Valerio Lazarov, Chaguaceda.
   
 El guiño consiste en retratar a Joao, diosazo del club del Manzanares, que ahora, con los birlibirloques de la globalización, se llama Wanda (los ríos chinos son muy largos), ante el “Baile a orillas del Manzanares”, un Goya del mismo precio de Joao: “majos y majas”, dice el cartón oficial, “bailando unas seguidillas, baile popular menos movido que el famoso fandango”, apreciación que dejo en manos de Ricardo Bada, autor de “Los mejores fandangos de la lengua castellana”, como éste de Unamuno: “¡Ay Dios! ¿Hay Dios? Cavilar / y cavilar, ¿vive Dios? / –como dudó Kierkegaard–, / y no poder desvelar / este arcano, ¡ay rediós!”
    
¡Musas y no museos!
   
 Un amante de la belleza, nos dice Santayana, dará la espalda a los museos y se dirigirá a los campos. Y él no había visto a Joao.

Sábado, 7 de Septiembre

Valle de Esteban

Un blanco monta un caballo hasta reventarlo y luego sigue a pie.
 Llega un comanche, hace que el caballo se levante,
 lo monta veinte millas más y luego se lo come. Ésa es la diferencia.
Ethan Edwards

viernes, 6 de septiembre de 2019

El loco



 Rey Católico Don Fernando


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Para muestra, un botón: “El autor del ataque de Lyon presenta una psicosis con delirios paranoides”, tituló la agencia Efe (“Efe” de Falange al principio, y luego, “F” de Formación del Espíritu Nacional), la misma que despacha como fallecimientos los asesinatos milicianos del 36, como el del pobre don Melquíades Álvarez, “reo” de un republicanismo… centrista.

    –Estado psicótico con delirios paranoides de temática mística y religiosa (?) –fue el diagnóstico científico del atacante lyonés, un afgano con cuchillo.
    
Esto nos lleva al caso del Rey Católico Don Fernando, “herido de una cuchillada en Barcelona que le dio un loco, diziendo que muerto el Rey abia él de ser Rey”.
   
 –¿A mí, y por qué? –dijo, cayendo, el Rey, contra quien ya en el cerco de Málaga “salió un moro que decían santo”, y quiso matarlo.
   
 Cuenta estas cosas un fraile dominico, que hoy sería periodista de agencia (no firma las noticias), en su “Floreto de anécdotas y noticias diversas” recopiladas en Sevilla a mediados del siglo XVI.
    
El ataque al Rey Don Fernando ocurrió en Barcelona el 7 de diciembre de 1492, y no fue obra de moro, sino de payés: al bajar de la sala real del Palacio hablando con algunos de su consejo, acometióle con espada un “payés de remensa”. Mas lo noticioso no fue la herida, sino la cura: “Abiendo curado los çurujanos al Rey, y dándole çiertos puntos en la herida, parece que de turbados quedaron unos poquitos de cabellos dentro en la herida, y el Rey estaba cada día peor; un gran çurujano que allí bino determinó de le cortar los puntos, y mandó traer unas hormigas, y puestas de cabeça, sobre la herida, como mordían cortávales los cuerpos, y quedavan las cabeças, y así hasta con veinte hormigas, y en medio día estuvo junta la herida, y así sanó… En el trançe mostró la Reyna Cathólica gran coraçón, y acabado esto se retraxo y començó a llorar como mujer…”

    Qué pena que el periodismo de misa y olla del XXI, de la frailería de misa y olla del XVI imite sólo... la ortografía.

Viernes, 6 de Septiembre

Valle de Esteban

Camino Úrsula