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lunes, 30 de septiembre de 2019

Tranvía a la Malvarrosa, aviones a Bruselas

El rapto de la Economía Pons

Hughes
Abc

Leo no muy sorprendido un artículo de González Pons en Las Provincias en que se pone del lado del alcalde Ribó en su oposición a la ampliación del Puerto de Valencia. Pons sostiene que esto afectará a la Malvarrosa y que será renunciar a la playa: de ciudad con puerto a puerto con ciudad. Pons va más allá y lamenta hasta el AVE, que al final se habría llevado la Valencia comercial y profesional a Madrid.
La actitud de Pons ha sido considerada valiente porque no es sólo valiente, es hasta insólito que alguien del PP se ponga en esto con la izquierda. En Valencia ha sido larga la “batalla” política alrededor de cosas como el Cabañal y la Huerta: la izquierda es conservacionista y dejaría intacto el entorno marítimo y natural de la urbe. Para ellos, habría que tematizar el anillo que rodea la ciudad y dejarlo como “Cañas y Barro”. Son progresistas en todo, salvo en eso. Llegados a ese punto, todo debe quedarse congelado. La derecha, por su parte, ha venido siendo desarrollista. “Construccionista”. Esto, por simplificar.

Ahora va cambiando, Pons quiere que la Malvarrosa se quede como está. Ya no son mercancías lo que mueve la riqueza (me pregunto qué está haciendo China entonces con la nueva ruta de la seda), dice, sino datos y no podemos sacrificar a una forma de economía agonizante (las cosas) un paisaje natural. Es verdad que Valencia tiene en su playa un atractivo turístico, casi una forma de ser que está reencontrando (no tengo bemoles para escribir “identidad urbana”). Pons además quiere exportar pero no importar. Un puerto para exportar, no para traer… ¡un puerto embudo! (esto casa con su visión del AVE: por esa línea se va lo mejor de Valencia a Madrid, pero ¿acaso no llega nada? ¿No traen nada de vuelta? ¿Era éste el entendimiento de las relaciones comerciales y económicas del liberal bruselense, azote de nacionalistas económicos? Pons no es que sea proteccionista, es que roza el peneuvismo).

Pons sueña entonces con una economía formada por trabajadores muy cualificados que desde sus portátiles muevan datos y riqueza mirando el mar en un café de la Malvarrosa mientras les atiende un camarero. ¿Qué podemos ir siendo o haciendo mientras llega la 4ª Revolución Industrial? Servir en el chiringuito de la playa. ¿Resignarnos a un futuro de camareros?

En el Norte de Europa ya han superado lo de los megapuertos, nos viene a decir y aquí dos preguntas surgen inmediatamente (además de la sospecha de una cierta sumisión norte-sur): ¿Acaso no tienen enormes puertos en las ciudades norteñas europeas? ¿Ampliará Barcelona el suyo o se va a dedicar a conservar espacios urbanos? ¿Y Marsella? ¿Repercutirá en Marsella lo que no haga Valencia? Pons tiene un modelo, muy respetable y envidiable: propone naturaleza, entorno y nuevas tecnologías, lo mejor del pasado y lo mejor del futuro, frente al impacto físico de las formas económicas conocidas, transformadoras del entorno. Suena bien, y habrá complejas razones de peso para tomar esto en serio pero… ¿y el trabajo? ¿No se echa de menos el argumento de los puestos de trabajo?

Hace unas horas, Greenpeace felicitaba a Endesa (felicitaba) por cerrar sus centrales de carbón. Un paso en la buena dirección, decían. Pero este cierre dejará sin trabajo a cientos de personas. Las nuevas políticas medioambientales, suponemos que para bien, han hecho insostenible el carbón. Cuando Thatcher cerró las minas, Inglaterra convirtió en un género propio el cine protesta (¿Cuántas pelis de Ken Loach vimos?). Se hablaba de mineros también en tiempos de la reconversión industrial. La cultura de la mina, Víctor Manuel, etc. Pero ahora ¿dónde está esa sensibilidad?

El heroísmo o valentía de Pons es matizable. No cruza una acera de forma temeraria, pues el paradigma está dibujado, es superior y es europeo. En Pons además parece haber algo personal, disculpable, casi sentimental. La experiencia del que viene y va desde Bruselas. Como yo cuando visito mi ciudad, quiere ver la playa tal cual era, los viejos edificios del Cabanyal, la ciudad intacta. Nos parece doloroso que Valencia, como cualquier otro lugar, se vea atropellada o distorsionada por inercias mayores. ¿Nos atreveremos a decir que nos cansa ver a los turistas hacerse dueños del centro? Pons quiere que la ciudad esté como siempre estuvo, con su tranvía llegando a la Malvarrosa. Su tranvía y nada más. Una ciudad un poco embalsamada, grata, hermosa. Que nadie le toque un pelo ni una palmera. Si la conserváramos así y la llenáramos de genios de la economía intangible con nuestro puerto-sostenible-solo-exportador… (Es curioso: ya nadie quiere ser la California del Sur). Pero, de nuevo, ¿y el trabajo? ¿Quién habla del trabajo? Si la derecha se atreve a hablar ahora mal del cemento (¡Jesús, María y José!) y se hace conservacionista y verdedigital, y la izquierda es ecologista y sostenible, ¿quién se está preocupando por los puestos de trabajo? El trabajo es el hecho social y político fundamental. Todo parte de ahí: la vida personal, económica y familiar. La prioridad política, por tanto, ¿debería ser el ambientalismo o debería ser el trabajo?

Hay algo paradójico. Estos partidos son cada vez más prudentes con el medio ambiente, lo cual está muy bien, y cada vez menos con la economía. A las generaciones futuras les vamos a dejar una inmensa deuda y espacios intactos. Pero… de nuevo, obsesivamente, cansinamente, repetitivamente: ¿y los puestos de trabajo? O como el genial y cada día más titánico Trump repetía: los “jobs, jobs, jobs”.

¡Balones a Joao!

Seka

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    A Joao Félix (¡su finura es hambre de cuero!) no le pasan balones. ¿Porque no quieren o porque no saben? Bueno, ésa es la cuestión.
    
En el 7 x 7 del derby (Hazard contra Joao), a Joao no le pasaron balones, pero a Hazard, sí. Hazard en el Madrid de Zidane es como Harpo en “Los Hermano Marx”, que te sientas a ver sus películas con la expectativa de que, antes o después, le pasarán a Harpo un arpa y se pondrá a tocar. Como Harpo con su arpa, así Hazard con su balón. Los cronistas alaban el Tren Inferior de Hazard, que, visto por detrás, son dos bolas de bolera entrechocando sobre la mesa de billar. Los regates de Hazard son como chupitos de Marie Brizard. En el derby, Trippier se los tomaba como si fueran agua del grifo. ¿Que viene Hazard? ¡Chupito para el inglés! Zidane tiene un ayudante táctico, Bettoni, que era utillero (¡Guardiola fue recogepelotas!) y que se pasó el derby comiéndole la oreja a su jefe. ¿Qué le decía? No lo sabemos porque Bettoni es de esos personajes del fútbol que al hablar se tapa la boca como los picapedreros se escupen en las manos para coger el pico. Pero seguro que su chapa tenía que ver con los caracoleos jerezanos de Hazard.

    –¿Cómo ves a Lucas Vázquez, jefe?
    
Lo veo de puta madre, así de claro.
    
Bale no habla español, y entre eso y que juega al golf, casi acaba en la China este verano. Zidane, en cambio, lo habla “de puta madre”, pues habla un español de la calle, el lenguaje del pueblo, que tiene encandilado al pipero con ese “de puta madre” que le sirve para explicar cómo está él, o Ronaldo, o Lucas Vázquez, el síntoma de este momento histórico.
    
Mientras en el Madrid todo el mundo le echa el balón a Hazard, en el Atlético nadie ve a Joao, lo cual constituye una ofensa para el espectador. Es como cuando en el Madrid Beckham no le pasaba el balón a Figo, quien a su vez tampoco le pasaba el balón… a Zidane, que fue a quejarse al presidente y el presidente ordenó a Figo pasar el balón el Zidane y, además, invitarlo a cenar. ¿Qué le costaría a Cerezo ordenar a Koke pasar el balón a Joao y, además, invitar al chico a cenar, aunque fueran unas pavías de bacalao en Casa Revuelta? Lo que no puede ser es llevar a Joao un día al Prado a hacerse selfies con Goya, y al siguiente, al Wanda a hacerse selfies con Canelita porque no tiene un compañero que le pase (que le filtre, dicen los cronistas de ahora) un balón. Total, que nos quedamos sin ver a Joao. Como nos quedamos sin ver a Rodrygo, en este caso porque Zidane lo envió al Castilla como premio a su gol al Osasuna. Hay algo castrador en el estilo de Simeone y en el decisionismo de Zidane. Los futbolistas de Simeone juegan con collar electrónico, de modo que, en cuanto se salen de su sector, reciben una descarga en el morrillo. No tienen caridad con el público, ahora que el fútbol ha descubierto con Klopp el glamour de la caridad.
    
La caridad mantiene fresco tu nombre y tu personalidad. Hago donativos y sirvo refrescos en la fiesta de la escuela de San Vicente de Paúl –ha llegado a confesar Seka, la Marilyn setentera del porno, mitad irlandesa, mitad cherokee, un discurso copiado ahora por el entrenador del Liverpool cuando dice, como el otro día en la gala de The Best, que en el fútbol hay gente rica, pero también hay gente pobre.
    
La gente pobre del fútbol somos los espectadores.
    
A este ritmo de goles y de puntos ya sabemos que no vamos a batir el récord de Mourinho, pero es que el derby del sábado en el Wanda parecía un “remake” del Hércules-Burgos del 78 que hizo cantar a los asistentes el “que se besen, que se besen”. Los madrileños que huyeron del tostón de Luque en Las Ventas para llegar a tiempo al muermo del derby en el Wanda, ¿en qué estado anímico acudirán hoy, lunes, a sus puestos de trabajo?

    Lo que funciona no se toca, es el lema. Pero es que esto lleva sin funcionar dos años. Para el Madrid había un reto que tampoco se nos hace homérico: ganar en el Wanda. Y a un chico que mete goles, Rodrygo, lo dejamos en el Castilla, y al otro que vino para meterlos, Jovic (tiene gemelos como de sátiro), lo sacamos para pedir la hora. Aunque, bien mirado, hemos salvado a Zidane, que, no nos engañemos, era todo el plan para este año.



XAVI Y RAPINOE

    Los dos cabecillas de la Incorrección Política en el Fútbol han sido Xavi Hernández y Megan Rapinoe, por declaraciones que dejan a nuestros moralistas tan ojipláticos como Millán Salcedo, de Martes y Trece, en el número de las empanadillas de Encarna. “No vivo en un país democrático, pero el sistema funciona mejor que en España”, dijo Xavi, que vive en Qatar, y eso, en España, faro de la democracia para el mundo mundial, suena como si hubiera dicho “¡Jehová!” en “La vida de Brian”. Luego matiza lo que parece una apología del franquismo: “No tenemos llave de casa, dejas el coche en marcha... Nuria (su mujer) incluso me dice que si podemos seguir aquí también será mejor para nuestros hijos”. Y cuando los periodistas aún estaban con las sales de Xavi, apareció Rapinoe, activista de tantas cosas, en la gala de “The Best” y dijo que ella le hubiera dado el premio a Van Dijk… “porque es muy mono”.

Tinto de verano (Folletín de ecología canicular). Capítulo 8. Batiburrillo conclusivo

Jacques Chirac en Johannesburgo 

Jean Juan Palette-Cazajus

«Notre maison brûle et nous regardons ailleurs. Nous ne pourrons pas dire que nous ne savions pas» / «Nuestra casa está ardiendo y nosotros miramos a otra parte. No podremos decir que no sabíamos nada». (Jacques Chirac, el 3 de septiembre de 2002, en la cuarta Cumbre de la Tierra, en Johannesburgo).

Creo que ha llegado la hora de concluir esta serie. Aunque sólo sea para evitar el rídiculo de que la referencia “canicular” termine coincidiendo con las primeras nevadas. Maldito el pronto que me precipitó a tan infausta empresa. No podrán culparse los vapores etílicos ya que, tal vez recuerde alguno, el brebaje desencadenante del disparate fue una inocente y rica horchata. Durante cuya degustación tuve tiempo para divagar sobre el radical contraste entre el estilo “Arroz y tartana” de las estampas huertanas, bucólicas y zarzueleras, que decoraban el lugar y el infierno circulatorio y climático que, aquel día, calcinaba la madrileña calle de Alcalá. Una vez malhadadamente numerado “capítulo 1” el episodio inicial, algo parecido a una apremiante vergüenza torera me obligó a arrostrar los siguientes. Confieso que jamás escribí nada con tanto malestar, con tanta sensación de desenfoque, de irresponsable amateurismo. A punto estuve de renunciar a esta conclusión. Me decidí a ofrecerla tras una rápida relectura de los episodios anteriores, finalmente no tan definitivamente catastróficos como temía. Me pareció que, esporádicamente, algunos párrafos, algunos conceptos, tenían cierta dignidad y denotaban una regular actividad neuronal.

Ecología. Visión un poco reductora

Lo poco que subsiste en mí de seriedad y rigor universitario tenía perfecta conciencia de que cualquier pretensión de un trabajo de conjunto sobre las problemáticas ecológicas, por modestas que fuesen sus ambiciones, tenía que recurrir a la artillería pesada de un austero conjunto de ciencias naturales, sociales y humanas que desbordan mis capacidades. En lugar de ello, este folletín quiso presumir de una ligereza que nunca tuvo, no pudo llegar a profundo y no siempre evitó la pesadez. Existen todavía, y algunas forman parte de mi primer círculo de amistades, personas que van más allá de la indiferencia o del escepticismo y niegan en algunos casos la realidad de las problemáticas ecológicas. Son incapaces de imaginar  la militancia ecológica fuera de la imagen de una pandilla de andrajosos perroflautas devoradores de tofu y espinacas. En este orden de cosas los más “negacionistas” llegan incluso a rechazar los propios términos intelectuales del debate. Ciertamente, la misología (cap. 3), el odio o el desprecio al logos, a la actividad intelectual teórica ha existido de siempre. Por algo fue Platón el inventor de la palabra. Su castiza versión española siempre me ha perturbado profundamente que consiste en la proclamada superioridad de la “gracia”, del chiste, de la ocurrencia  sobre cualquier manifestación del raciocinio, siempre pesado, de la inteligencia discursiva, siempre tediosa. Me lo había avisado una fugaz novieta sevillana en tiempos pretéritos: “eres el tío más esaborío que he conocío”. La explicación de las ambigüedades de este folletín, su quiero y no puedo, hay que buscarlo pues en el diván del psicoanalista: el oscuro temor a que los ungidos por la gracia confirmen el diagnóstico de mi devaneo hispalense.

Sócrates y la ciuta. La muerte de un soseras

Es que no hay temática que se preste menos a la “gracia”, al ejercicio de estilo, que la de la amenaza climática, con sus ineluctables consecuencias económicas, migratorias, políticas y, sin duda, bélicas. El pensamiento ecológico actual vive dominado, obsesionado, por este leitmotiv. Pero cuando empecé a interesarme por la ecología (cap. 1), nadie hablaba de la amenaza del calentamiento climático. En un debate televisivo de 1979, el vulcanólogo francés Haroun Tazieff, personaje quijotesco y fascinante como pocos, anticipaba esa posibilidad con premonitoria lucidez. Entre las carcajadas de los demás invitados destacaban las del infumable y engreído comandante Cousteau. Para mí la ecología era, y en el fondo sigue siendo, la obsesión por la preservación del individuo cualitativo contra su degradación cuantitativa, la preservación de los paisajes naturales, rurales y urbanos contra las consecuencias de la mutación antropológica provocada por la era del “vehículo autopropulsado de combustión interna”. Al que pueden llamar “coche” para acortar, pero de ninguna manera “automóvil”, palabra que obviamente se refiere al peatón (cap. 6). Todas estas temáticas se prestan a la reflexión filosófica, a la brillantez conceptual, incluso si me apuran, a cierto tipo de “gracia”. En particular, el tema abstracto de la catástrofe (cap. 2, 3, 4) puede dar mucho juego. Pero el tema climático es refractario a toda gracia y no puede interesar a los chulitos chistosos del fondo de la clase. Parece reservado para los pitagorines y los gafotas de la primera fila, los que hacen los deberes en casa, los que no se comen una rosca, los sosos. Es el asunto más urgente y peligroso pero a la vez el más abstracto e inaprensible para la mente si ésta no se siente dispuesta a la ímproba labor de prestar una constante atención al cúmulo de datos que nos llegan incesantemente, a la complejidad técnica de las prácticas experimentales y a la producción acumulativa de la labor científica.

Cambio climático y daños colaterales

 Entendí que la fractura intelectual provocada por esta cuestión era paradigmática. Era, más que lo político, el verdadero síntoma de un cambio de “epistémè”, hablando en términos foucaldianos. No sé si será necesario recordar, muy a vuelapluma, que para Michel Foucault (1926-1984) el concepto de “epistémè” designaba los marcos generales del pensamiento que definen una época, separada de otra por una verdadera “ruptura epistemológica”. Foucault hablaba de tres “epistémè”, la renacentista, la clásica y la moderna que desde el punto de vista que animó este folletín debería llamarse “epistemè termodinámica”. La nueva “epistémè” posmoderna y ecuménica, en fase de alumbramiento, ya no puede considerar el mundo “como voluntad y representación” a la manera de Schopenhauer y, en el fondo, de toda tradición filosófica sino ya “como precaución y conservación”. Nuestra nueva epistemè es la de la precariedad. Digamos que la necesidad de “un mundo sostenible” somete los humanos actuales a un insostenible “double bind”, una doble coacción: la congénita vulnerabilidad humana sólo era pensable sobre el fondo de la invulnerabilidad del mundo y de la naturaleza. Hoy estamos en la era de la vulnerabilidad generalizada. Son tiempos en que el temporal rompe todas las amarras. Curiosamente, hace exactamente dos siglos que Géricault terminaba un cuadro revolucionario y simbólico: “Los náufragos de La Medusa” (agosto 1819).

La Gran Transformación



La palabra clave de la ecología es sin duda “conservar”. Lo es al menos para mí. Me posiciono como conservador de la “ecúmene” (cap. 3) ¿Es homologable el conservadurismo ecológico con el político? La cuestión es complicada y requiere su tiempo. La ecología complica todavía más la actual mudanza de todos los polos magnéticos que orientaron nuestras referencias ideológicas durante más de dos siglos. La izquierda política, como es usual, no padece estas dudas y suele proclamar que el combate ecologista forma parte del “general combate progresista hacia la total emancipación del ser humano”. En realidad solo el capitalismo productivista se declara hoy progresista sin ningún tipo de restricción mental. La mayoritaria resignación al capitalismo no se debe tanto a sus propios méritos como a la ineptitud siniestra de todas las tentativas comunistas que le permitieron aparecer, comparativamente, como el menos desastroso de los sistemas económicos. De modo que podemos decir que en Occidente el capitalismo sostuvo la democracia, mientras la democracia contuvo el capitalismo. Y así el máximo emporio del capitalismo productivista es hoy China que sigue proclamándose comunista y marxista-leninista. El economista húngaro Karl Polanyi (1886-1964) publicó en 1944 “La Gran Transformación”, libro mítico para muchos, por cierto recientemente reeditado en español. Polanyi recordaba que la propia palabra “economía” y el concepto subyacente, que ocupan hoy la torre de control de toda relación social, no aparecieron, en su sentido moderno, hasta el siglo XVIII. La “economía”, ese imponente tótem de todas las sociedades modernas, no tenía vida propia y todo aquello que constituye su universo particular venía encajado (“embedded”) en la trama general de las relaciones sociales. Los conceptos, hoy naturalizados, de “homo oeconomicus” y de “mercado” corresponden al reciente “desencaje” fuera del tejido social del repertorio de actividades llamadas ahora económicas. Para Karl Polanyi el concepto de mercado autorregulado sólo era concebible en una sociedad en que las dimensiones económicas habían quedado así desencajadas (“disembedded”). No cuestiona la necesidad del mercado. Sólo dice que la sociedad está sometida a él cuando debería ser a la inversa. Lo que venía a decir era lo mismo que nos recuerdan desde siempre los antropólogos: hemos elegido un camino único, pero nunca fue el único camino.

Mont Blanc: antes era Mar de Hielo

El totalitarismo y el fracaso económico fueron, de manera sistemática las consecuencias históricas y sociales del odio al capitalismo y de las tentativas de acabar con él. Pero la consecuencia indeseada en las sociedades democráticas fue la promoción de la codicia y del cinismo, ponderados como las dos piernas de la eficiencia económica, al rango definitivo de valores pragmáticos. De modo que problemas tan inesperados, acuciantes y desestabilizadores como los que plantea el reto climático vienen hoy a “resetear” de alguna manera los fundamentos de la ética social y económica y cambian los horizontes y las reglas del juego. En primer lugar se asume el capitalismo y la economía de mercado en tanto que fundamental “amoralidad”,  que no “inmoralidad” como proclamó durante generaciones la izquierda mesiánica. La diferencia es esencial. De los comportamientos ecológicos, ecuménicos, es decir los de precaución y preservación, convendría no esperar cegueras teleológicas ni horizontes mesiánicos. Todas las teleologías poscristianas a vocación totalitaria fueron un producto de la “epistemè termodinámica”, correspondiente a lo que yo llamé “era de la combustión” (cap. 6). El maniqueísmo social que caracterizó dicha era inauguró también la era de la militancia masiva y obsesiva a finalidad “endotélica” (cap. 3). Un tipo de militancia prescriptiva e impositiva en las fases de extensión, intolerante y autista en las de contracción. Como los trenes y los coches, aquella militancia necesitaba un combustible. El comunismo fue su carbón y su petróleo. Hoy la urgencia climática es para ella la nueva coartada, la nueva energía, me temo que renovable, que alimenta la nueva/vieja  militancia “endotélica”, ahora llamada “interseccional”. La que abarca un totum revolutum donde caben, además del ecologismo, feminismo, antirracismo, animalismo, migraciones, nacionalismos, todo ello en versión radical, cuando no esperpéntica, pero con indudable perennidad de los comportamientos binarios propios del vetusto maniqueísmo salvífico.

Camus y María Casares

El pensamiento ecuménico obliga nuestras neuronas a cambiar de modo de funcionamiento venía uno a decir en el cap. 4. «Deberán renunciar -perdonen la autocita- al […] caduco motor de dos tiempos, con su émbolo conservador, su émbolo progresista y una peligrosa tendencia a embalarse para convertirse en reaccionario o apocalíptico». Porque otro tipo de militancia “endotélica” es  efectivamente la “reaccionaria”. La palabra siempre me produjo desazón. Albergó contenidos identificables. Hoy los alberga cada vez más inestables y versátiles, por esto la uso con comillas. Lo que sigo pensando, y con mucho mayor motivo en el marco del pensamiento ecuménico, es que existe una clara ruptura epistemológica entre pensamiento conservador y pensamiento “reaccionario”. El excipiente del pensamiento “reaccionario” fue, clásicamente, el rechazo a la Modernidad histórica, entendida en sus definiciones canónicas. Y vemos efectivamente como, para algunos, las alarmas ecológicas son consideradas como la última mixtificación procedente de la secular subversión progresista de los valores. Una reciente encuesta francesa mostraba que el electorado de extrema derecha era el más reacio ante la alarma climática. Todo indica que el resultado sería muy parecido en España. Y así parece confirmarlo un también muy reciente (julio 2019) estudio de opinión del Real Instituto Elcano.  Un 56% de los entrevistados considera que el cambio climático es la mayor amenaza a la que se enfrenta el mundo. A la frase :”El cambio climático existe”, responde afirmativamente el 99% de los que se sitúan a la izquierda y un 93% de los que lo hacen a la derecha. «Conviene insistir -dice el informe- en que incluso entre las personas mayores, de bajo nivel educativo, situadas más a la derecha y rurales, la gran mayoría tiene una “conciencia ecológica” media o alta». Pero confrontados a la frase: «Se ha exagerado mucho la llamada “crisis ecológica”», el 4,9% se declara “muy de acuerdo” y un 22%, “de acuerdo”. Desde julio, el tabarrón mediático puede haber alterado estos porcentajes.

Habría quedado de cine poder concluir con la famosa frase de Albert Camus en su discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura, en 1957: «Cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga». Es ésa la reflexión de un individuo lúcido, pero la humanidad como tal, la especie, seguirá indiferente a su naufragio como a su salvación. Lo más cercano a una conclusión sincera hubiese consistido en explicitar mejor el horizonte escéptico que apuntábamos en el párrafo que cerraba el cap. 4. Se hace tarde y sería como imponerle un sobrero al público aburrido que huye de la plaza. Repetiremos que la nueva baraja del horizonte ecuménico “resetea”  desde la más total incertidumbre los repertorios ontológicos y éticos. Y terminaremos con otro símil taurino: a la Humanidad le acaba de salir un toro de Saltillo particularmente bronco y complicado, de esos que estimulan la pluma homérica del maestro J.R. Márquez. Habrá que atarse los machos.

Géricault. Los náufragos de la Medusa. 1819

Feria de Otoño. Márquez & Moore. Mano a mano Perera-Ureña con seis toros de granja (nada que ver con los de lidia de hace una semana)

[Segunda edición ]

"La birria que salió en quinto lugar era una albondiguilla con cuernos
 que atendía por Portugués"

Crónica de José Ramón Márquez
Fotos de Andrew Moore


Lo más cuajado de la granja juampedrera


Nosotros pedimos conforme a la demanda que hay,
 y la demanda viene por parte de las figuras,
 que son quienes dicen qué ganaderías quieren matar
Joaquín Núñez del Cuvillo


José Ramón Márquez
  
 
Hay que ver lo que cambian las cosas en siete días. Una triste semana es lo que media entre la impresionante corrida de toros del domingo pasado, Saltillo y Araúz de Robles, el toro de lidia, y la exhibición pecuaria de hoy con los de Juan Pedro, Cuvillo y Victoriano del Río, los toros de granja. A la del domingo pasado fuimos los de siempre, los chinos y los del valle del Indo y a ésta de hoy poco le ha faltado para poner el letrero de “No hay billetes”. Está claro que el interés de la tarde de hoy no podía estar en los toros, o sea que la cosa debía ser por los toreros, Perera y Ureña. Y cuando uno bajaba por la calle de Alcalá iba pensando que a santo de qué se les habría ocurrido a Domb y sus dombos programar este mano a mano, hasta que la sagacidad del aficionado R. me sacó de dudas al recordarme que Perera abrió la puerta grande de Las Ventas en San Isidro, hecho que uno había olvidado por completo, o sea que el interés del mano a mano estaba en poner frente a frente a dos triunfadores de San Isidro. De lo de Ureña, de su triunfo, sí que me acordaba perfectamente y lo mismo debía pasarle a muchos de los que estaban echando la tarde en la Plaza, que prorrumpieron en una clamorosa ovación e hicieron salir a saludar al tercio al murciano afincado en Guadalajara.
 

A las siete y tres minutos echaron a andar detrás del alguacilillo y la alguacililla Miguel Ángel Perera, de lila y oro, guarnecido por una cuadrilla absolutamente de lujo, y Paco Ureña, de canela y oro. Las fieras bovinas les esperaban en el frescor de los toriles.
El primer esperpento en salir esta tarde a Las Ventas, hiero del duque de Veragua, cintas del duque de Veragua, fue Lingotazo, número 178, un colorado que dobló las manos ya en las cosas del capote, para demostrar que su fuerza era equivalente a la de una gaseosa abierta hace una semana, por si alguno no lo había percibido en su agónica manera de echar las manitas por delante al llegar al capote. Le cita Ignacio González con buen son y el tal Lingotazo se va a la llamada para recibir 0,0 de quebranto, o sea que la suerte de varas fue como un teatrillo de títeres, porque en el Reglamento pone que hay que hacerlo. Y sin picar y todo,  el bicho no se tenía en pie y eso que Curro Javier estuvo esforzadísimo tratando de convencerle de que allí todos estaban de su parte. Luego llegó la cosa muletera y Perera se dejó enganchar la muleta infinidad de veces y empezó ese sobeteo tedioso que los periodistas llaman “hacer al toro”, pero el rollo hacedor no caló y la cosa se fue poniendo harto pelmaza hasta que el extremeño decidió poner punto final al show mediante una estocada, baja y suficiente.
 

El segundo adefesio de la tarde era unos cuernos con un cuerpecillo detrás, más corzo que toro. Atendía por Ricardito, número 200, y venía del rancho de Núñez del Cuvillo, El Grullo. Su paso por el primer tercio, lo apagado de su carácter, lo rabiosillo que acomete a las faldillas para irse suelto de la primera y de la segunda, tiene su continuación en el segundo tercio, en el que se duele al sentir los arpones en el espaldar, pero llegando el tercio de muerte el animalejo se oxigena y parece que toma un poco más de fuelle cuando Ureña le cita para componer un bonito inicio con pases del desprecio. El animal es el toro de granja prototípico, el de todos los días, el de todas las Plazas donde en el cartel haya alguno de los que están en los seis u ocho primeros lugares del escalafón, y a este bobalicón Ureña le compone una faena bien concebida, estructurada, basada en la buena colocación, en el buen trazo del muletazo, en el toreo bueno, trayéndose al toro acaso un poco desde afuera en el primer muletazo, pero metiéndole en el camino, y templando una barbaridad. ¿Y qué faltaba? Pues faltaba la emoción del toro, porque ver al bicho ése era como ver a un perro. Un estocadón, por ejecución, y un poco contraria, por colocación, bastó para despenar al corzo.
 

El tercer espantajo de la tarde, con el hierro de Victoriano del Río y con el número 83 marcado a fuego, se llamaba Soleares, un zambombo feo, largo y magro. Mientras Ureña daba la vuelta al ruedo con la oreja del segundo, Perera se entretenía en el callejón en hacer estiramientos y en seguida se vio que aquello tenía su motivo, porque el recibo de capote a Soleares lo hizo rodilla en tierra, conduciendo con mucho conocimiento la embestida del toro, mostrándole el mundo de la embestida, y fue una lástima que perdiese el capote en el remate de los lances, porque fueron buenos y las gentes así lo reconocieron. Luego hizo un majestuoso galleo por chicuelinas para llevar al toro al caballo, muy parsimonioso, y el toro se echa al caballo y lo toma por los pechos, mientras Óscar Bernal, a los mandos, consigue la difícil ecuación de sujetar al toro defendiendo la cabalgadura del pasajero enfado de Soleares sin pegarle en demasía.  Se cambia el tercio porque sí y porque ¿para qué ponerle otra vez? Buena brega de José Chacón en banderillas y bonita manera de llevarse al toro al burladero del 6 a una mano. Perera principia su faena con los estatuarios que suele hacer y en seguida se puede apreciar la condición sosa y bobísima del toro, que unida al tirar líneas del de La Puebla del Prior consigue que el público se vaya desentendiendo de lo que en el ruedo acontece. Faena larga y ayuna de colocación, que finaliza con un pinchazo, una estocada entera y un golpe de descabello. Un plomo.
 

El cuarto de la tarde, segundo de Juan Pedro, Indispuesto, número 70, jabonero claro, tenía más presencia que cualquiera de sus predecesores, era un toro más cuajado al que pusieron al caballo porque lo manda el Reglamento y que pasó de puntillas por el segundo tercio. Tras esas experiencias vitales optó por defenderse de cualquier manera y esa falta de disposición aguó las intenciones toreras de Ureña que le probó primeramente por el derecho cosechando una colección de enganchones fruto de los cabeceos del juampedro, y luego lo intentó por el izquierdo y por ahí el animal parecía que tenía algo más que decir, pero los muletazos había que sacarlos de uno en uno con flojo lucimiento. Visto el toro y su falta de condiciones ya sólo restaba dejarle una estocada rinconera con la que facilitar el trabajo del hondero.

La birria que salió en quinto lugar era una albondiguilla con cuernos que atendía por Portugués. Su número era el 62, al que en Ceuta denominan el piojo. Su deplorable paso por la cosa equina se resume en una entrada en la que mete la cabeza abajo y ni empuja ni le pegan y otra entrada en la que, directamente, no se le pica. La labor de la cuadrilla es mantener al animalejo en pie para que no arrecien las voces de los que piden su sustitución por indecoroso y dar lugar a que llegue el momento de la faena, que es donde los cuvis dan su do de pecho. El animal tenía un galope bondadoso y muy proactivo y Perera se da rápidamente cuenta de las condiciones del toro cuando, tras probarle, el toro se le viene de largo. A partir de ahí basa su faena en el cite a distancia, aceptado sin rechistar por el torillo, resuelto a su modo, más bien por las afueras. El animalejo es la máquina de embestir y la larga experiencia de Perera le ilumina para componer su faena en la que plantea cada serie en la distancia y resolviéndola con adornos. Hay un pequeño bache en la faena, pero él tiene recursos como para no dejar que la cosa se le vaya de las manos y su labor, larga como en él es habitual, la remata con unas bernardas en los medios. Luego, un pinchazo y un metisaca es el epílogo de su labor. El metisaca debió hacer un rato de daño al toro, porque el animal, que había estado todo el tiempo meneando la cola como un perrillo contento, dejó de moverla, se fue a tablas, al 9, y allí dobló y partió a ser uno con Idílico, el Señor de las Adelfas.
 

El mamarracho que hacía sexto, de Victoriano del Río, fue sacado de la plaza pública mediante la exhibición en el palco de un ínfimo pañuelito verde y en su lugar, con el hierro del 9 de Aleas, salió Mañanero, número 48, de José Vázquez, juampedro colmenareño, una liebre canija y encogida, descolgado de salida y con trazas de corraleado ante el que Ureña puso lo único que podía poner: su disposición. El toro recibió tres enjundiosos muletazos de Ureña y, cuando ya andábamos relamiéndonos, el bicho dijo que nones y corrió, rajado, hacia las tablas. A partir de ahí la cosa fue un tour de force entre los derrotes al pecho, las rebañaduras a ver lo que cae y la constante tendencia a huir del toro frente a la decisión del torero por sujetarle y meterle en su cesto. Consiguió algunos muletazos de gran exposición y de enorme integridad en tablas del 6 y cuando vio clara la ocasión le dejó una estocada al encuentro que resultó desprendida. A partir de ahí el toro se fue barbeando tablas hacia chiqueros y finalmente dobló junto al burladero del 10.

La enseñanza de esta tarde, acaso lo único que se ha sacado en claro de esta tibia tarde, es que Ureña puede dar la pelea a los jerifaltes del escalafón y a sus amados toros de granja, desplegando las maneras del toreo bueno.


La enseñanza de esta tarde, acaso lo único que se ha sacado en claro
 de esta tibia tarde, es que Ureña puede dar la pelea
 a los jerifaltes del escalafón y a sus amados toros de granja,
 desplegando las maneras del toreo bueno


 FIN

La barba de Casado

 
 
Hughes
Abc
 
Viene hoy en la prensa un comentario, creo que elogioso, al nuevo Pablo Casado. La suya es una novedad de fondo (matices de discurso) y de forma (barba). Esto último se despacha con poca profundidad, me atrevo a opinar. La barba de Casado no es cualquier barba. No es una más, una de tantas; en él tiene una función correctora fundamental, aunque no es tanto la barba como el bigote.
Casado tenía un problema grave de gesticulación. No paraba quieto. Pero además tenía una expresión problemática porque había una tensión desasosegante e incómoda entre su constante sonrisa hacia arriba, en u, y sus ojos hacia abajo, un poco declinantes, en n. Era un rostro agridulce, esa un “dramedia” de rostro. Era una tragicomedia. Era Talía y Melpomeme todo junto, las dos musas en su cara.
 
Lo cóncavo en Casado no quitaba lo convexo. La boca en u, la mirada en n. Esto provocaba una tensión constante y contradictoria que afectaba a sus capacidades expresivas. Su nuevo aspecto corrige esto. El bigote subraya esa línea hacia abajo de los ojos, acentúa la mirada, redobla esa n con lo cual un lado de su rostro vence, se impone definitivamente y Casado adquiere la seriedad de un líder plausible. Acaba con la tensión dialogante de sus facciones (¡elimina unas facciones en la guerra civil de su expresión!). Desaparece esa sonrisilla nerviosa. Borra, en definitiva, a Julián López de su rostro. Porque no se podía aspirar a gobernar el país con una cara que recordaba constantemente al cómico chanante. Creo que esto lo agradecerá el mismo Julián López, que tenía cada vez más difícil ser Julián López con semejante reto estilístico al lado.
 
La barba, que en realidad es bigote (no estamos preparados aún para ese bigote) resolverá esa tensión e indefinición y “el centroderecha” por fin irá a algún sitio. Todo líder “del centroderecha” ha pasado por el trance de ocultar su rostro en todo o en parte: Rajoy, Aznar y ahora Casado.
 
La barba de Casado es en realidad el bigote de Casado (un bigote presionando constantemente contra la sonrisa, un bigote-faja, un bigote depresor), pero pudiendo optar por la opción aznarista, todos sabemos que era demasiado, y ha optado por algo que además de no romper estéticamente con el rajoyismo está más extendido.

Hay que aplaudir a quien haya tomado esta decisión, decisión relanza-líder, aunque durante un tiempo seguiremos imaginando que bajo la barba de Pablo Casado pasan cosas.

Lunes, 30 de Septiembre

Valle de Esteban

Y los árboles se besan
en el crepúsculo

domingo, 29 de septiembre de 2019

Feria de Otoño. Márquez & Moore. La tarde fue de Antonio Chacón (y el que quiera ya puede dejar de leer)

 [Segunda edición ]

En el cante ha ocurrido lo que en el toreo.
El toreo sufre la decadencia de la suerte de matar,
 y el cante, la decadencia del compás, medida de su calidad.
 Por eso los buenos “cantaores” llevaban una cañita,
 y los que no, como don Antonio Chacón, un bastón.
Ramón Montoya


Crónica de José Ramón Márquez
Fotos de Andrew Moore

Antonio Chacón
 
Al fraile y al cochino no hay que enseñarles más
 que una vez el camino 
Refranero Popular

José Ramón Márquez

La tarde fue de Chacón, de Antonio Chacón, que con su vestido berenjena y plata puso en la arena de Las Ventas la torería, el pundonor, el oficio, el orgullo de ser torero. Le tocó banderillear al tercero, Cuba, número 154, y el toro andaba por la Plaza como si estuviese por un centro comercial echando la tarde. Llevaba el animal cerca de diez minutos por la Plaza sin que nadie hubiese sido capaz de fijarle, de hacer que se interesase por las cosas de los capotes, por algo de la lidia. Se había ido suelto del primer encuentro con el jockey armado de vara y puya; en el segundo le habían mechado el lomo en el rato que medio empujó y cuando las trompetas y los tambores anunciaron el cambio de tercio allá que se fue Chacón a dejar un par cuarteando, pleno de torería, dando ventajas al toro, dejándole llegar y reuniendo en la cara, y cuando fue el momento de su segunda cita con el tal Cuba, viendo que el bicho se había ido hacia los terrenos del 4, que no había forma de sacarle y que ya llevaba encima, arriba o abajo, cerca de los doscientos capotazos, ahí que se fue Chacón a proponer al toro un par al sesgo, ejecutado con torería, en el que el toro apretó lo que quiso o lo que pudo después de sentir los arpones en su interior y que obligó a Chacón a salir por el terreno de adentro, cabe las tablas, en dirección al burladero, perseguido por el toro, que no atendía a los capotes, mientras la Plaza en pie tributaba al paisano de Curro Romero y de Paco Camino una monumental ovación de reconocimiento, la más neta de toda la tarde. Y luego, en el sexto, ahí quedó otra lección menos espectacular pero igualmente sabia de brega eficaz, de la que sirve para mejorar a los toros, de la que sirve para que el matador se fije, si es que acaso le interesa conocer las intenciones del toro. Bravo por Chacón en otra tarde más de esa deleznable ganadería llamada El Puerto de San Lorenzo, complementada hoy por un primillo de La Ventana del Puerto: la hez lisarnasia de nuevo arrastrándose por Las Ventas, dando la murga que es lo que mejor saben hacer. Al pobre de San Lorenzo unos desalmados romanos le asaron en una parrilla y ahí vemos, acaso, una salida para estos ganados lisarnasios, en la parrilla de Jiménez de Jamuz o en la de Julián de Tolosa, sirviendo al menos como algo de provecho.

El que quiera ya puede dejar de leer, porque lo que viene después ya no tiene nada que ver con lo anterior, que es la reseña del resto del festejo, por llamarle algo.


Con un apoderado y un vestido espantoso de color faja de madre y oro con cabos negros se vino a Madrid Daniel Luque, cuyo generoso padre tuvo el desprendimiento de convidarme en cierta ocasión a un suculento café cortado. Con dos apoderados y vestido de espuma de mar y oro se vino el arlesiano Juan Leal y con tres apoderados y soberbiamente vestido de teja y oro el sevillano Juan Ortega, que se ve que el muchacho necesita de mucho apoyo.
 

El primero de la tarde, del malhadado Puerto, Langostillo, número 89, gordo, bajo, corto, con más ata que lisar, no tuvo ni fuerzas para acabar de saltar la barrera por el 10. Luego recibió dos auténticas birrias de varas de Juan de Dios, y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Ante este animal Luque, al que tantísimas veces hemos visto ya a lo largo de los años de afición, hizo las luqueces que se esperaban de él: unos medio lances de capa que algunos ilusos cantaron como buenos, porque les han convencido de que es un gran capotero, y un trasteo basado en la ventaja, la descolocación y el acompañamiento. El mismo de siempre. Y eso que últimamente los medios de propaganda taurina nos lo vendían como oro molido por no sé qué faenas en la France. Le jalearon, ¿cómo no?, los muletazos en que el toro se mantuvo en movimiento, porque a buena parte del público contemporáneo lo que más le pone es lo de la ligazón, y cuando el toro se fue aburriendo de las trazas de Luque y no se produjo el movimiento constante dejaron de echarle cuentas. Media estocada baja fue suficiente para enviar al del Puerto al despiece.
 

Su segundo era Renacuajillo, número 147, de la Ventana del Puerto, que es una ventana que mira hacia Aldeanueva. El producto que nos ofrecieron a través de la Ventana era feo, estrecho y basto, con poco amor a la pelea contra los petos, acaso empujando con el pitón izquierdo en el primer encuentro y largándose suelto del segundo para proclamar la verdad de su mansedumbre, que se sustanciará durante el tiempo de la muleta con la simple evidencia de su querencia a irse hacia chiqueros. Antes, Juan Leal había dejado un quite en los medios, impávido, y la cuadrilla un sainete banderillero en el que a Juan Contreras le tocó clavar los nones y a Jesús Arruga los pares. Luego, Luque volvió a luquear con idénticos argumentos a los explicados más arriba y con idéntico resultado: palmitas y ¡bieeen!, cuando el toro se mueve, tedio y desinterés cuando el toro no repite. Como colofón a su obra una estocada con mucha muerte algo tendida y trasera.

Juan Leal trajo a Las Ventas su falta de concepto, su ausencia de tauromaquia y su innegable valor. Su primero, Lirón, número 155, se frena y echa las manos por delante en el capote, yéndose suelto sin atender al cite en cuanto cata aquello. Empuja sobre el pitón derecho al penco comandado por Vicente González y en la segunda cita simplemente se deja pegar. Atropella a Marc Leal en banderillas, en un torero par en el que el peón aguanta y se recrea en la suerte y luego Juan Leal se va a los medios, se pone de rodillas y cita en la distancia a Lirón para darle un pase cambiado y ligar tres o cuatro más que cosechan sinceros aplausos al valor. Luego, una vez de pie la cosa se va al manido mundo del descoloque y la ventaja y como este torero no tiene valedores en Las Ventas, le censuran lo mismo que aplauden a otros, mismamente al novillero de ayer. Sin bula venteña y con esas trazas, toreando tan despegadito y con el pico, y soltando al toro de cualquier manera, aquello no cobra vuelo, y luego viene el quinario de la espada, que se perfila lejísimos y cuando llega a la altura del toro da un saltito para cobrar… un pinchazo. Así cuatro veces, y luego siete descabellos, y el reloj corriendo hacia el tercer aviso, que por suerte para él no llegó a sonar.
 

Su segundo era Garavito, número 42, otro lisarnasio zancudo, feo y basto que recibe poco castigo en la primera vara y se va suelto en la segunda en busca de más tranquilidad. Bien con el caballo Daniel López, buen jinete que hizo su tarea sin tapar la salida nunca al toro y agarrando bien los puyazos, que el que falló en este caso fue el toro, no el piquero. Tras un pinturero quite de Juan Ortega, el toro presenta su buena cara en las dos primeras series, en las que parece que será algo en la muleta, pero en seguida asoma su auténtica cara a base de derrotes y de huida y Leal se va, simplemente, hundiendo con él. Cuando hizo el deplorable invertido las gentes se lo afearon, a ver si ya lo hacen así con todos. Una estocada muy trasera y contraria fue suficiente para enviar el alma de Garavito a los infiernos.
 

Y Juan Ortega, que es como si te comes los trocitos de pistacho que hay encima de la nata y tiras el resto del pastel. Su cosa se basa en su innegable apostura, en su forma de estar en la Plaza, en su manera de andar, en su empaque… hasta que llega el toro y todo lo descompone. Ni con su primero, Cuba, número 154, ni con su segundo, Billetito, número 56, consiguió otra cosa que poner la miel, exquisita miel de romero, en los labios de la necesitada afición: retazos, mohines, expectativas y cierta torpeza es el resumen de su actuación, que sirve para constatar netamente que Ortega necesita, mucho más que tres apoderados, un toro absolutamente idiota, una máquina de embestir con poca cornamenta, un peluche trotón y bondadoso, y con ese material artístico es muy posible que pueda dar momentos de éxtasis estético, pero llegar a ese toro hay que ganárselo, y no parece que Juan Ortega esté dispuesto a pagar el peaje previo que hay que abonar para arribar a ese puerto. Por si a alguien le quedase curiosidad respecto de los toros, el tercero, un toro escurrido, metió la cabeza en el primer encuentro y no se fue suelto, y en el segundo cumplió. El sexto recibió una ración de carioca en la primera vara y en la segunda se dejó pegar.


Lirón atropella a Marc Leal en banderillas,
 en un torero par en el que el peón aguanta
 y se recrea en la suerte

 FIN

El humanismo

ABC, 31 de Mayo de 2000


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Tenemos al Real Madrid, reconocido universalmente como el mejor club de la historia, y también a  José Tomás, reconocido académicamente como el mejor torero de todos los tiempos. Pero queremos  más.  ¿Y qué teníamos hace apenas cien años? Nada, salvo «una generación, acaso la primera, que no ha negociado nunca con los tópicos de patriotismo y que, al escuchar la palabra España no recuerda a Calderón ni Lepanto, no piensa en las victorias de la Cruz, no suscita la imagen de un  cielo azul y bajo él un esplendor, sino que meramente siente, y esto que siente es dolor». El dolor de la España «vital», adversaria y víctima de la España «oficial», que «consiste en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos ministerios de alucinación».

Así, al menos, describía la situación Ortega en su famoso discurso en la Comedia, cuando tenía el propósito de enfoscar el carácter nacional por medio de la filosofia, aunque él prefería decir «ciencia», que viene a ser lo que comúnmente se entiende por humanismo: cualquier sistema de pensamiento o acción que se ocupa de intereses meramente humanos, según la definición del Diccionario de Oxford, donde el objetivo del adverbio «meramente» es la exclusión de la teología. Así que, en contra del ideal de Ortega, había de actuar lo que Madariaga llamaba «esencias tenaces,  indomables e inconvertibles del carácter nacional», que es fundamentalmente teológico. Madariaga partía de que la relación hombre-universo admite dos perspectivas opuestas: desde el yo y desde el universo. «Los teólogos están en el Sinaí del yo; los filósofos, en el Partenón del imiverso. Lo que Ortega deseaba era que los españoles se mudaran del Sinaí al Partenón». Es decir, de los Jerónimos al cubo de Moneo, para regresar al momento en que todo el mundo parece decidido a marchar francamente por la senda del humanismo.

Para sir Alfred J. Ayer, que dirigía el movimiento humanístico en Gran Bretaña, ser humanista consistía, por ejemplo, en «oponerse a la clase de disparates que te encuentras demasiado a menudo en gente con poder, en jueces y gente de esa clase». Hablaba, naturalmente, de Inglaterra, que es donde siempre se han podido decir esas cosas. Allí, los humanistas de hoy se consideran herederos de los librepensadores de ayer, que, sobre el principio de que no debe aceptarse como dogma lo que no se sabe si es verdadero, hicieron de la libertad de pensamiento una forma de resistencia a la autoridad. Este espíritu abierto y crítico es la marca distintiva  del humanismo, carácter que combina los hábitos de la razón, que hizo idealistas a los griegos, y la observación, que ha hecho sensatos a los  anglosajones.

Aprender a identificar los hechos que se esconden detrás de las matas de la retórica es lo único humanístico que debería esperarse de un sistema educativo, pero el sistema educativo está en manos de políticos, que al tender, por su oficio, a lo que priva, ahora se las echan de librepensadores o de humanistas. En tanto que librepensadores hacen cosas tan raras como someterse a la disciplina  de un partido. En tanto que humanistas dicen cosas más raras aún, como que hay que recuperar las disciplinas, no humanísticas, sino «humanistas», lo cual que uno se representa a los escolares del porvenir gimiendo bajo el peso, no de los setenta volúmenes del Rivadeneyra, sino de los azotes del látigo de siete colas, que así de juguetona es la lengua que creen defender. Suponiendo, además, que alguno de esos escolares nos saliera un verdadero humanista, ¿dónde encontraría hoy colocación? El humanista es verdadero si sacrifica su carrera a su opinión, y, si sacrifica su opinión a su carrera,  es  político.

Bien mirado, el verdadero humanista español fue siempre un hombre obligado a lampar por ahí sin  poder nunca ponerse al corriente con el casero. Si elogiaba a Felipe II, lo dejaban en ayunas los progres, por  facha,  pero si elogiaba a Antonio Pérez, lo dejaban en ayunas los fachas, por progre. Y así. Ahora tiene una salida, y es el montón de dólares que por cada solución de los siete enigmas matemáticos del siglo ofrece un mecenas americano.



 Sir Alfred J. Ayer

Para sir Alfred J. Ayer, que dirigía el movimiento humanístico en Gran Bretaña, ser humanista consistía, por ejemplo, en «oponerse a la clase de disparates que te encuentras demasiado a menudo en gente con poder, en jueces y gente de esa clase» 

Domingo, 29 de Septiembre

Valle de Esteban

¿quién se merece la flor?
¿qué hombre la merece?

"Y hasta los perros venían y le lamían las llagas"

DOMINGO, 29 DE SEPTIEMBRE

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

-Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”.

Lucas 16, 19-31

sábado, 28 de septiembre de 2019

Felicidades Clau & Oti


Reposos

Franz Gürtner

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Sánchez fue a la Onu a presentar como “victoria de la democracia” (¿no querría decir Samotracia?) la licencia de obra del Tribunal Supremo para lo de Franco, y se dio el mismo pisto que Franz Gürtner con su Código basado en el “sano sentir del pueblo” (“gesundes Volksempfinden”) generado por la voluntad del Partido (“Gauleiter”). Ahora los periodistas creen que Franco va a ser Mr. Marshall, y El Pardo, Villar del Río, y en cuanto abren los bares ya están allí preguntando a los parroquianos qué coche nuevo se van a comprar.

    –Pero los periodistas ¿cuándo trabajan? –me preguntó ayer un camarero harto.
    
Si la movida de momias es una performance socialdemócrata, veremos a Macron presumir en la Onu de sacar de Los Inválidos a Napoleón, con la excusa de no ser inválido, que ha sido la de Sánchez (“no es un caído”) para sacar a Franco del Valle de los Caídos, basílica por Breve pontificio de Juan XXIII, que tradujo “Caudillo de España” por “Hispanieae Moderator”, latinajo de Cicerón para expresar el “dominio de sí mismo”, término que Irene Lozano, La Latina, o Manolo Cruz, el Doctor Eximius, le han traducido a Sánchez por… “¡Reposo Inmoral!”, que no tiene que ver con los “quietivos” de Ortega ni con el “temple” o el “estarse quieto” de Santayana.
    
Como lo de “Reposo Inmoral”, que suena a liberado sindical, en un impulsor del Movimiento no se entendía en la Onu, cuya Asamblea General le guardó en su día un minuto de silencio, dijo Sánchez lo de “colaborador nazi”, aunque los dos vencedores del nazismo, Churchill aparte, Ike y De Gaulle, lo visitaran luego en El Pardo. Adiós, pues, al cine de Berlanga, que fue a la División Azul.
    
¿El “Reposo Inmoral” de Franco en el Valle sería como el “Dormir Intranquilo” de Sánchez en un Gobierno con ministros de Podemos? Porque contra eso los “Founding Fathers” inventaron la Separación de Poderes, verdadera victoria de la democracia que aquí nunca veremos.

    –Que un poder vigile al otro poder y el ciudadano dormirá tranquilo.