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lunes, 9 de septiembre de 2019

Las Ventas, donde la confusión shakesperiana ha hecho su obra maestra, declara madrileño a Dufau


The Sentinel



José Ramón Márquez


Después de comprobar en las propias carnes las teorías de Einstein respecto de la relatividad del espacio-tiempo, de cómo éste se dilata cuando hay que ir a currar y cómo se acorta cuando se anda de holganza por esos mundos de Dios, retornamos a la Andanada convocados por el banderín de enganche del toro. Es verdad que, como ya se ha señalado, a uno lo que le gustan son las corridas normales, sin inventos y sin hallazgos, como quien dice “seis toros de tal ganadería para fulano, mengano y zutano”, y que las demás cosillas con las que quieren cambiar la fórmula perfecta, ya sea con la cosa goyesca o picassiana, ya sea con esto de los desafíos ganaderos o con las “encerronas” tan de moda últimamente, la verdad es que ofrecen poco o nada que mejore  la fórmula perfecta y tradicional de tres tíos frente a seis tíos. Lo mismo podemos salvar esto de los desafíos ganaderos con la cosa de que hay ganaderías cortas que igual no pueden tener una corrida completa para Madrid y con que de esa manera hoy hemos tenido la oportunidad de ver en Las Ventas los ganados de Pallarés y Rehuelga; pero digo yo que si hoy había cuatro toros de cada una de ellas -los titulares y el sobrero-, lo mismo no era imposible haber encontrado dos más y haber preparado un par de corridas de toros de las de toda la vida en vez del desafío de marras, que al final el desafío se ha convertido en un perfecto lío. El lío ha venido a causa de la cogida del mejicano Arturo Macías en su primero, de Pallarés, al que ha tenido que matar Oliva Soto, entonces se ha corrido turno para que Thomas Dufau matase el segundo, que es el Pallarés que iba en tercer lugar, y Oliva pudiese reposar de las fatigas toricidas. Luego Oliva mató al Rehuelga que iba en segundo lugar, a continuación Dufau despachó al Rehuelga que le correspondía por sorteo, luego Oliva se las vio con el Pallarés que hacía quinto y, al echarlo, con el sobrero de Pallarés y, finalmente, Dufau tuvo que entenderse con el cuarto, que era el segundo que habría correspondido a Macías. Con ese galimatías ya uno no sabía si estabas viendo al Pallarés, al Rehuelga, al Pallahuelga o al Rellarés, que aquello era una confusión monumental en la mente del aficionado, y por ello no es extraño que, sin tener por allí a nadie que les explicase qué pasaba, una media docena de personajes provenientes de la península indostánica abandonasen sus localidades de manera apresurada.

La terna, como se ha dicho más arriba, estaba compuesta por Arturo Macías, Oliva Soto y Thomas Duffau, que gracias al programa de mano oficial de la Plaza, nos hemos enterado de que es natural de Mont de Marsan (Madrid), con lo que la terna quedaba compuesta con un mejicano, un sevillano y un madrileño.

A Macías, a quien le cogen mucho los toros, en el rato que ha estado en la Plaza se le ha visto en un particular descenso a medida de que el toro se iba dando cuenta que el dueño de la situación era él. Cada serie que ha trazado ha carecido de mando y a causa de eso el toro se ha ido apoderando de los terrenos hasta que ha resuelto el problema pegando una rápida y certera cornada al diestro de Aguascalientes, que ha sido evacuado con presteza a la jurisdicción de Padrós. Oliva Soto se ha hecho cargo de despachar al toro y ahí se ha visto al de Camas que estaba harto desconfiado. Nuestro nuevo paisano, Dufau, se las vio con Artillero, número 72, toro encastado con un emocionante viaje desde largo, que cumplió en varas y que puso todo lo que debía en la cosa de la muleta como para que su matador expresase lo que tenía que decir. En este caso lo expresado fue la nada y la cátedra despidió con justas palmas el arrastre de este Artillero.

Ahí tenemos a Oliva, magníficamente vestido de azul pavo y oro viejo, a vérselas con Torrelarga, número 15, de Rehuelga y a pasar las de Caín frente a un toro cuyo trapío impecable debía ser un puerto de primera categoría para Oliva. Lo mató a la última como pudo, echándose fuera y metiendo el brazo.

Segunda comparecencia de Dufau para véselas con el que debía haber hecho sexto. Guanaguato (sic), número 7,  fue otro regalo para el madrileño de Mont de Marsan, toro que cumplió en varas, presentó una franca embestida que pedía la firmeza de una muleta para conducirla, aunque el pobre animal se encontró con que la muleta y la falta de concepto del matador sólo componían un mero acompañamiento, sin lucimiento para el matador y sin posibilidad de resaltar las condiciones del astado. Otro que se llevó una buena y merecida ovación en el arrastre.

Cuando salió el quinto, Iluso, número 4, de Pallarés, Oliva hizo lo mejor de su tarde en forma de unas verónicas algo aceleradas en las que ganó el paso al astado y lo fue sacando a los medios, donde remató con una buena media verónica. Luego echaron al toro después de picarlo y en su lugar salió Dichoso, número 82, con el que por momentos pareció que Oliva igual quería. La verdad es que el toro no se comía a nadie pero Oliva no acabó de confiarse trazando siempre los muletazos muy por las afueras. Sólo hay un fulgor, un leve relámpago en un cite a derechas donde Oliva Soto se transfigura y manda al tendido el aroma de su raza, un brevísimo centelleo de Manolo Cortés que sirve para arreglarnos la tarde, para que se vea que nos conformamos con muy poco.

Y ya, por fin, brindis de Dufau a la cuadrilla de Macías y palmas en el 7 para saludar al toro más feo del encierro, que luego además resultó manso, huidizo y topón. Si con los buenos el pobre de Thomas no había sido capaz de echar a rodar la cosa, no lo iba a hacer con éste, que era reservón y daba la impresión de que se enteraba de lo que pasaba.

Ni que decir tiene que no supimos cómo eran las lenguas de ninguno de los siete toros que saltaron al ruedo. Puede ser que en esas ganaderías les cosan la boca cuando los montan al camión, porque si no uno no se lo explica.

Muy serio Mambru, de la cuadrilla de Dufau, toda la tarde con el capote. La entrada, muy pobre.

 Reparaciones Las Ventas
Soldadura fría

 Florencio Fernández
Boe, 13 de enero de 2004

Madrileño por los cuatro costados