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domingo, 15 de septiembre de 2019

Amazonía sin pecado original



Martín-Miguel Rubio Esteban


Lo menos que podemos decir del abominable documento Instrumentum Laboris con el que se abre el sínodo sobre la Amazonía en la Iglesia Romana es que se trata de un franciscanismo cursi, jainista y bobalicón. Pero además es profundamente perverso por soslayar la revelación de Dios en Cristo y convertir la Amazonía en una tierra en donde el hombre no está herido por el pecado original. Indios y comunistas parecen estar exentos de este pecado. El dogma de la Inmaculada Concepción se extiende ahora a los indios del Amazonas y a los misioneros marxistas. Es la epifánica Amazonía quien nos tiene que evangelizar a nosotros y no el espíritu de Cristo. Ese Mysterium Christi in historia salutis se hace irrelevante para la nueva teología pilotada por el Papa Francisco.


La teología que aquí late no es para nada cristiana, pues si todavía podemos designar a la teología como “intellectus fidei”, como conocimiento de la fe, y la fe implica un sometimiento del hombre, de su pensamiento y de su voluntad, a la palabra de Dios, y a la obediencia a Cristo ( 2Cor. 10, 6 ), aquí la fe se degrada en sometimiento a una ecología entendida como arma contra un país soberano en que hoy gobierna la derecha ante una oceánica corrupción de la izquierda, y a un mundo lleno de diosecillos silvestres con su inspiración polipneumática. Pero nuestra teología ha presupuesto siempre la fe, en la que el hombre entero se somete a la palabra de Dios hecha carne en la persona de Cristo. Cuando en otros lugares del mundo la criatura humana, creada a imagen y semejanza de Dios, grita con el dolor más profundo, clamando al Altísimo justicia, y los cristianos son martirizados mediante el hierro o el fuego, el Vaticano del Papa Francisco se fija en Brasil porque no simpatiza para nada con el actual gobierno conservador y cristiano, pero mucho más limpio y honesto que la corrupción populista anterior. El hecho mismo de tomar partido por la izquierda atea en el mundo contra todos los gobiernos conservadores cristianos es un escándalo repugnante y diabólico que hace del Vaticano uno de los enemigos más peligrosos de la Iglesia.



El mantra de Francisco “todo está conectado” no es original. Viene de Anaxágoras. “Todo está en todo”. Pero su sentido es mil veces más peligroso y aterrador que el del griego. Para Francisco el individuo, la persona, se diluye en la comunidad, el yo desaparece en el colectivo; pero no como en la teología de Martin Buber en la que la fe, pistis o emunah es la esperanza colectiva del pueblo de Dios, en la que el coro de yoes representa el nosotros, sino que desaparece en el mismo sujeto histórico que el marxismo, que se materializa en un grupo de elegidos por un destino abstruso y sin justificar.

La civilización occidental, aquella que trajo la libertad política, los derechos humanos, y supo domesticar civilmente a la Iglesia, es ahora el demonio para el sínodo de la Amazonía frente a todas las demás ( la de los que cortan las cabezas a los cristianos y otras ). Los pueblos amazónicos no existen para evangelizarlos, sino para que nos evangelicen a nosotros con sus diosecillos silvestres y el bullir panenteísta. Otra vez el mito del Buen Salvaje del ilustrado siglo XVIII. Contra esta ridiculez bien podríamos leer con humor “No es verdad”, la pequeña pieza teatral del genio valdepeñero Francisco Nieva que destruye el mito bobalicón del Buen Salvaje. Todos los hombres de la tierra tienen la herida del pecado original, todos procedemos de nuestro Primeros Padres, Adán y Eva, incluso los curas marxistas amigos del Papa.

Este sectario y faccioso documento contiene, además, errores antropológicos gruesos, hace siglos ya superados, como el de hablar de pueblos originarios, autóctonos, como si existiesen criaturas humanas que nacen de la misma tierra, de un paisaje, y no vienen en largas emigraciones de otras tierras y paisajes. Se olvida la idea ya enraizada del homo viator de Karl R. Popper. La autoctonía no da ninguna superioridad moral, simplemente porque no existe.

Lo único bueno de este Instrumentum laboris son los preciosos ecos del Evangelii nuntiandi -que no se cita-, de Pablo VI, pero el contexto y el descoyuntamiento de la idea santa de aquel glorioso Santo Padre corrompen su voz profética y limpia. La opción preferencial de los cristianos por los hermanos más pobres o más débiles es la única manera que nos enseña Jesús a quererle y a encontrarle, en cuanto que Dios mira siempre a través de los ojos de los más pobres y los más débiles, pero esta muchedumbre enaltecida en Dios no puede convertirse en un álibi político para destruir nuestra sociedad. El amor a los más pobres no puede traducirse en odio a los más pecadores. Los hermanos débiles siempre estarán a nuestro lado hasta el final de los tiempos, dándonos testimonio de la presencia de Dios en ellos y de nuestro pecado y necesaria conversión -metanoîa-. Tanto el pecado como la conversión son personales. Mercadear teológicamente con los derechos de aquellos a los que más ama Dios con un fin político debería ser un pecado mortal para la Iglesia.



Los pueblos más írritos de América vieron en los descubridores españoles la salvación para no ser explotados, esclavizados, violados, mutilados y comidos por los pueblos dominantes. Porque América no era para nada un Paraíso terrenal antes de la llegada de los españoles, que se hacen torvos ahora para la Iglesia del Papa Francisco, amiga íntima de esos lugares de retorno al paraíso como son las actuales Cuba, Venezuela y Nicaragua. Así paga hoy la Iglesia de Francisco las inmensas energías y martirios empleados por España en la evangelización y cristianización de tantos pueblos del mundo.

La revelación no la percibimos en la Amazonía ni en la siniestra palabrería de este instrumentum laboris, que maldice la hazaña española del Descubrimiento, sino que concluyó por completo y para siempre en la época apostólica y se transmite históricamente en el tiempo de la Iglesia. Cristo es el único revelador del Padre. Como dice Juan, nadie ha visto a Dios; “el unigénito de Dios, que está en el seno del Padre, ese mismo lo manifestó”. Y como indica Agustín “Non est enim aliud Dei mysterium nisi Christus”. La revelación pública llega a su fin con la era apostólica (con los testigos del acontecimiento de Cristo ). El sujeto único de la teología no es la Amazonía sino “Dios en Jesuscristo”.

A veces estos clérigos redactores del Documento, escrito sin ninguna belleza literaria –la belleza no nace de conceptos falsos– hacen trampa; cuando la cosa ayuda a sus intereses políticos interpretan la Escritura “sensus litteralis proprius”, y cuando no, “sensus litteralis impropius”. Demonizan a Bolsonaro con herejías del siglo II, asesinando a los apologistas. Al menos los indios no bautizados, de acuerdo al derecho eclesiástico, no pueden ser herejes, como los nuevos misioneros, dado que en ellos la dulzura de la fe cristiana no ha sido sellada con el bautismo.

Texto horrible y repugnantemente antiespañol que nos descubre que rezamos muy poco por el Papa, que practicamos muy poco una teología orante, y que tenemos que multiplicar por él, que como Pedro en la Tierra pilota la barca de la Iglesia, nuestras oraciones y mortificaciones. Él, sea como sea, es el único que tiene la llave.