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domingo, 22 de septiembre de 2019

La "neocueva"

ABC, 17 de Mayo de 2000


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

La «neocueva» es el término que han sugerido para definir la nueva cueva de Altamira, que es una reproducción exacta de la vieja y, desde luego, un monumento al último Baudrillard, que no se  cansa, el hombre, de repetir que el mundo no es otra cosa que una ilusión radical. Con esa ilusión, y en esa cueva, estamos todos, incluidos los bisontes, que, como los toros, son de dos clases: bisontes de lidia y bisontes de labor.

Bisontes de lidia vienen  a ser los que sueltan en Las Ventas por San Isidro, de los cuales la mayoría, más que embestir, desfilan como «girls scouts» al son de los cencerros de los cabestros de Florito, que nada tienen que ver con la música callada del toreo. En cuanto a los bisontes de labor, ¿qué va uno a contar que ustedes no sepan? Para Washington Irving, el hecho más decisivo y fatal en la historia del búfalo americano fue su tránsito de las praderas orientales del Mississipí a la margen opuesta debido a la música de esquilas que producían las vacas de los pioneros. La explicación, aceptada incluso por Ortega, es que aquel lírico rumor de esquilas trastornó por completo la idea del mundo que los búfalos poseían, causando en ellos tan grande espanto que, enloquecidos, se arrojaron al río y ganaron la otra orilla, lo cual que también para los búfalos el mundo debe de ser, como sostiene Baudrillard, una ilusión radical. Sin embargo, ¿cómo no asociar mentalmente la catástrofe que para los búfalos americanos supuso el  paso del río Mississipí con la catástrofe que para los búfalos americanos supuso el paso del río Mississipí con la catástrofe que para los intelectuales  europeos ha supuesto la caída del muro de Berlín?

A Ortega lo admiraba que este magnífico animalote —el búfalo, no el intelectual—,  con su aspecto de vital prepotencia, había  existido en enormes manadas y que en un siglo había desaparecido, pero no a consecuencia de las armas mortíferas, como solía argumentarse al hablar del caso, sino de la tierna música de las esquilas de las vacas. Y ahora, una vez rota la continuidad causal de la historia, cuando, al decir de Baudrillard, todos los restos de la historia han pasado a reciclarse sin fin, ¿acaso no nos parece que ha sido así la desaparición del intelectual europeo?

En una sociedad ideológicamente desarmada por el pensamiento único, el viejo intelectual europeo que aspira a sobrevivir se ve reducido a operar con la realidad como los sexadores de pollos operan con los pollos, es decir, que se coge el pollo y se le sopla en el obispillo a fin de clasificarlo. Para Baudrillard, un signo del agotamiento de nuestra cultura es precisamente su pasión por el revisionismo, y la cosa es que esta pasión, encauzada en el método del sexador de pollos, y a poco que uno sople más de la cuenta, da lugar a hallazgos intelectuales tan curiosos como el siguiente, obra de Montalbán  y fruto, sin duda, de un elocuente afán por clarificar «qué sigue queriendo decir» fascismo: «Si alguien de las nuevas generaciones tenía impotencia imaginaria para representarse el fascismo, ahí está: es fascismo disparar contra un ciudadano armado con su máquina de escribir o su bolígrafo.»

Fascismo ya no es el  movimiento hippy, como en los sesenta, sino el pistolerismo vasco, y en esto  consiste el revisionismo. Así enunciada, no se puede negar el valor apodíctico de esta nueva regla de  oro  del fascismo que, si bien se mira, parece el trasunto de la del toreo: «O te quitas tú o te quita el toro.» Es pegadiza y cabe en una camiseta, que, al fin  y al cabo, es el único medio escrito que en materia de pensamiento consumen las nuevas generaciones. Una lástima, porque, siguiendo la lógica del argumento, podría añadirse una coletilla  que completaría la formación política de esas nuevas  generaciones: «Y es leninismo apropiarse de la máquina de escribir o del bolígrafo de la víctima.» Además, si ya hemos logrado prescindir de la historia de la literatura para acceder a la «neocueva», ¿qué falta nos hacen todas esas lecturas enojosas que conlleva la historia de las ideas políticas?

 Jean Baudrillard

La «neocueva» es el término sugerido para definir la nueva cueva de Altamira, reproducción exacta de la vieja y, desde luego, un monumento al último Baudrillard, que no se  cansa de repetir que el mundo no es otra cosa que una ilusión radical