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sábado, 28 de septiembre de 2019

Feria de Otoño. Márquez & Moore. Puerta Grande de Rufo, asentado y con nula disposición a hacer el toreo de enjundia, el que llega al corazón

 [Segunda edición]

   Crónica de José Ramón Márquez
Fotos de Andrew Moore


 Guernica I

Guernica II

Este año [2018] me han dejado sin dar cinco vueltas al ruedo
 en Madrid, que se dice pronto

Ricardo Gallardo

Debería aprovechar el invierno para echar cuentas
 de que, con esos modos, en el escalafón superior no es fácil brillar,
 más bien ahí te comen los profesionales del destoreo


José Ramón  Márquez

A las seis en punto de la tarde don Gonzalo J. de Villa Parro hizo ondear su tela blanca desde la balconada que ocupa, flanqueado por sus asesores, y entonces aparecieron en escena el alguacil don Francisco Javier González y la alguacila doña Rocío López para dar inicio al primer festejo de la Feria de Otoño 2019 consistente en una novillada. Apostar a que los novillos pudieran ser de Fuente Ymbro no daría rédito alguno en el caso de que en el Sportium aceptasen apuestas sobre cosas taurinas, lo mismo que apostar a que mañana viene una corrida de toros de lisarnasios del Puerto o de cualquiera de sus frnaquicias, porque Fuente Ymbro (y lisarnasios) son ya señas de identidad propias de la Plaza Monumental de Las Ventas desde hace un tiempo. Los Ymbro llevan con ésta de hoy cuatro corridas en Madrid, entre toros y novillos, y con otra que les queda en esta Feria, ya redondeamos la manita, las cinco corridas, lo que se dice treinta animales, treinta pesares que Domb y sus dombos le han quitado a don Ricardo Gallardo de en medio.

Por concisión digamos que la novillada ha tenido una aceptable presentación, que algunos se han ido al caballo con vigor y han hecho sudar un poco a los de la vara y que entre los seis ha brillado de manera sobresaliente el quinto, Hechizo, número 208, en la cosa muleteril. En cuanto al resto, ahí han estado, con comportamientos que van desde las complicaciones del sexto, Jipío, número 38, manso y con mala baba, hasta la sosería del tercero, Ojinegro, número 184. En cuanto a los otros tres, Tramposo, número 11, que fue en primer lugar no anduvo sobrado de fuerzas; Soplón, número 129, que hizo segundo, cantó su mansedumbre y sus deseos de volver a irse al frescor de los chiqueros y eso no fue impedimento para que las buenas gentes le pegasen una inexplicable ovación en el arrastre,  y Zalgardo, número 1, que hizo cuarto y que se manifestó con pocas ganas de pelea. Variedad de comportamientos, como puede comprobarse, para una entretenida tarde.

En la cosa de los oros Rafi, Rufo y Plaza: Nimes, Toledo y Madrid. Rafi y Rufo de verde y oro y Plaza, de lila Antoñete y oro.

El Rafi (Raphaël Raucoule) hacía hoy su presentación en Madrid y la verdad es que no creo que el hombre se haya ido feliz al hotel después de su paso por Las Ventas. Presentó una fría disposición y una inequívoca tendencia a los deleznables modos del neotoreo que ya nos come por los pies. En su primero le jalearon algo los muletazos que ligó, sin echarle cuentas de cómo y de a dónde, y en seguida la cosa perdió fuelle. Mató de bajonazo soltando la muleta. El hombre oyó algunas palmas y ya se iba hacia el tercio con el capote y la montera a recoger la propinilla cuando su propios peones le dijeron que nones. Con el mansurrón cuarto anduvo por los medios enjaretando sus pases y el propio toro se quedaba colocadito él solo, que la mansedumbre no iba acompañada de malas intenciones.  A éste lo despenó de una estocada chalequera al encuentro.

Tomás Rufo había triunfado en las nocturnas ésas de “Cénate Las Ventas” en el verano, y con ese aval se vino a este festejo de más trascendencia en el que las cosas le rodaron de perlas para sus intereses. A su primero le hizo Fernando Plaza un impasible quite por gaoneras en los medios, tragando lo que no está en los escritos; Rufo respondió con las suyas, lo cual es muy de agradecer, que resultaron de menor intensidad que las del rival. Tras el paso por las manos de la buena cuadrilla –Rafael González Amigo, Sergio Blázquez, Fernando Sánchez– se dispuso Rufo a iniciar su labor por alto con enjundia y luego continuar con la zurda, la de los “biyetes”, dejando una imagen de un novillero bastante cuajado, con oficio, con gusto en los remates y en los adornos, al que hoy sólo le ha faltado… torear, porque el oficio que se le aprecia no está orientado al toreo auténtico, al de hacia adelante, sino más bien al de quitarse de en medio una y otra vez. Si lo haces y el toro va y ligas, ya tienes al público berreando, y eso es lo que pasó, que salvo un pequeño bache con la derecha en que la faena cae, consiguió mantener al público atento mediante la ligazón, porque a nadie parece ya interesarle la colocación. Echó al toro al suelo con una estocada de zambullón, entera y desprendida, y le otorgaron la aurícula derecha del astado por petición popular. Ya tenía abierta una de las dos hojas de la puerta de Madrid. Luego salió Hechizo en quinto lugar que, aunque blandeó lo suyo, llegó a la muleta en óptimas condiciones para el torero: ni un mal gesto, ni una mala mirada, ni una protesta… un toro cien por cien colaborador y amable, un burraco de aire veragüeño con el que Tomás Rufo galleó por chicuelinas para llevarlo al caballo y con el que comenzó de nuevo su faena con un bonito inicio para, de nuevo poner de relieve lo asentado que está y su nula disposición a hacer el toreo de enjundia, el que llega al corazón. De nuevo jugó perfectamente la baza de los adornos, aguantó un parón en un cambio de mano con la rodilla flexionada, hizo un leve homenaje a la tauromaquia espaldar de Roca Rey y se llevó el gato al agua cuando tras perfilarse por las afueras deja una estocada tendida y contraria. Segunda oreja, puerta grande y las gentes disfrutando de lo lindo. Sale muy fuerte de Madrid y debería aprovechar el invierno para echar cuentas de que con esos modos, en el escalafón superior no es fácil brillar, más bien ahí te comen los profesionales del destoreo. Da la impresión de que Tomás Rufo podría torear con más verdad.

Fernando Plaza puso de su parte lo que tenía que poner: valor, valor y valor. No se puede decir que su lote fuese el lote de la tarde, porque su primero era el soso de Ojinegro al que recibió con intensos estatuarios –los del Celeste Imperio de Rafael el Gallo– rematados muy toreramente con uno del desprecio y después valor, porque el toro no daba nada. Con una estocada tendida, otra igual y un descabello se quitó de en medio al pelmazo. El sexto fue el toro más complicado de la tarde: manso, incierto, frenado y mirón, el bicho no parecía querer regalar nada y explicó por qué los de la parte más mollar del escalafón no ven con buenos ojos a los Jandilla de don Ricardo Gallardo. Plaza volvió a poner su valor frente al novillo aguantando mucho, quedándose a veces bien colocado y sacando algún muletazo emocionante. Con la espada le recetó una entera contraria haciendo guardia, dos pinchazos y una entera contraria que pusieron a Jipío a disposición del hondero.

El picador Nicolás Bertoli debió mandar a algún sitio indecoroso a los que le afeaban su actuación y eso crispó contra él los ánimos del tendido 7, que se rindió con armas y bagajes a la seducción de Rufo, para que se vea que Dios aprieta pero no ahoga.


 En la cosa de los oros Rafi, Rufo y Plaza
 Nimes, Toledo y Madrid
Rafi y Rufo de verde y oro,
 y Plaza, de lila Antoñete y oro









 La novillada ha tenido una aceptable presentación





 El espejismo de Jardiel en Hollywood,
 donde todas las mujeres le parecían la misma,
 y, al verlas pasar, no sabía si habían pasado una vez
 veinte mujeres o la misma mujer veinte veces