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domingo, 12 de abril de 2020

Domingo de Resurrección

VIA CRUCIS DE GERARDO DIEGO

Decimoquinta Estación: JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS


¿Es de ingrávido sueño,
aire o magia refleja
este resplandor súbito,
esta erguida presencia?

Todo en torno se afirma,
se deslumbra, se ciega.
La piedra es más que nunca
piedra, gozosa piedra;

la humana piel confusa
de oscuros centinelas,
tañida del prodigio,
centellea evidencias,

y el alba, el alba tímida
tan mojada y tan tierna,
confirma de rubores
su inocencia perfecta.

Otra vez sobre el mundo
la Verdad se hace cierta,
cierta con certidumbre
transverberada, céntrica.

No el aire, no, ni el sueño
ni la magia espejean
este cuerpo armonioso
que fulgura y destella.

Las brisas le acarician,
la tierra le sustenta
y la luz que de él mana
le ciñe y le modela.

Pudiendo ser más leve
que plumas o humaredas,
humana, humildemente
pisa la hierba, y pesa,

y al goce del suavísimo
tacto, contacto, prenda,
invita -ábranse flores-
a las yemas incrédulas.

Resurrección. Oh gloria
taladrada y tan nuestra,
tan de hueso y de carne
firme, caliente, fresca.

Por Ti, Jesús, tan nuevo
hoy con tus cinco estrellas
que en cifra dibujada
tu caridad constelan,

por Ti, Señor, devuelto
a la luz que te estrecha,
al amor que te ciñe,
al aura que te besa,

por ti, todo nos canta,
oh divina certeza
para después del tiempo,
quieta ya primavera.

Gerardo Diego

sábado, 11 de abril de 2020

Sábado Santo

VIA CRUCIS DE GERARDO DIEGO

Décima Estación: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS
 "Después de clavar a Jesús en la cruz, los soldados tomaron sus vestidos y los dividieron en cuatro partes, una para cada uno de ellos. En cuanto a la túnica, tejida de una sola pieza de arriba abajo sin costura alguna, se dijeron:«No la rompamos, echémosla más bien a suertes, a ver a quién le toca.» Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mi ropa y echaron a suertes mi túnica. Esto es lo que hicieron los soldados." (Jn 19, 23-24)


Ya desnudan al que viste
a las rosas y a los lirios.
Martirio entre los martirios
y entre las tristezas triste.
Qué sonrojo te reviste,
cómo tu rostro demudas
ante aquellas manos crudas
que te arrancan los vestidos
de sangre y sudor teñidos
sobre tus carnes desnudas.

Bella lección de pudores
la que en este trance dictas,
tus candideces invictas
coloridas de rubores.
Tú, que has teñido las flores
de tintas tan sonrosadas,
que en las castas alboradas
las nubes vistes de oro,
ay, devuélveme el tesoro
de mis flores marchitadas.



Undécima Estación: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ
"Al llegar al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron allí, y con él a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda." (Lc 23, 33)


Por fin en la cruz te acuestas.
Te abren una y otra mano,
un pie y otro soberano,
y a todo, manso, te prestas.
Luego entre Dimas y Gestas,
desencajado por crueles
distensiones de cordeles,
te clavan crucificado
y te punzan el costado
y te refrescan de hieles.

Y que esto llegue es preciso
y así todo se consuma,
y, a la carga que te abruma,
el cuello inclinas sumiso.
-Conmigo en el paraíso
serás hoy- al buen ladrón
prometes. Tierna lección
la de tus palabras ciertas.
Toma mis manos abiertas.
Toma mis pies: tuyos son.



Duodécima Estación: JESÚS MUERE EN LA CRUZ
 "Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu." (Mt 27, 45-46.50)


Al pie de la cruz María
llora con la Magdalena,
y aquel a quien en la Cena
sobre todos prefería.
Ya palmo a palmo se enfría
el dócil torso entreabierto.
Ya pende el cadáver yerto
como de la rama el fruto.
Cúbrete, cielo, de luto
porque ya la Vida ha muerto.

Profundo misterio. El Hijo
del Hombre, el que era la Luz
y la Vida muere en cruz,
en una cruz crucifijo.
Ya desde ahora te elijo
mi modelo en el estrecho
tránsito. Baja a mi lecho
el día que yo me muera,
y que mis manos de cera
te estrechen sobre mi pecho.



Decimotercera Estación: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ Y PUESTO EN LOS BRAZOS DE SU MADRE
"Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala." (Jn 19,25)


He aquí helados, cristalinos,
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo,
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
Qué soledad sin colores.
Oh, Madre mía, no llores.
Cómo lloraba María.
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores.

¿Quién fue el escultor que pudo
dar morbidez al marfil?
¿Quién apuró su buril
en el prodigio desnudo?
Yo, Madre mía, fui el rudo
artífice, fui el profano
que modelé con mi mano
ese triunfo de la muerte
sobre el cual tu piedad vierte
cálidas perlas en vano.



Decimocuarta Estación: JESÚS ES SEPULTADO
 "Estaban tan asustadas que no se atrevían a levantar los ojos del suelo. Pero ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Resucitó. Acordaos de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea." (Lc 24, 5-6)


Fue un José el primer varón
que a Jesús tomó en sus brazos,
y otro José en tiernos lazos
le estrecha de compasión.
Con grave, infinita unción
el sagrado cuerpo baja
y en un lienzo le amortaja.
Luego le da sepultura
y una piedra en la abertura
de la roca viva encaja.

Como póstuma jornada
de tu vía de amargura,
admiro en la sepultura
tu heroica carne sellada.
Señor, ya no queda nada
por hacer. Señor, permite
que humildemente te imite,
que contigo viva y muera,
y en luz no perecedera,
que como Tú resucite.

Gerardo Diego

viernes, 10 de abril de 2020

Sueño del Cristo muerto en lo alto del edificio del mundo



Jean Paul

Jean Paul es el seudónimo que utilizó Johann Paul Friedrich Richter (1763-1825), escritor alemán que decidió cambiar su nombre para las publicaciones rindiendo tributo a Jean-Jacques Rousseau. Mme. de Stäel tradujo al francés un fragmento de su novela Siebenkäs, de la que se desprende el famoso Sueño del Cristo muerto en lo alto del edificio del mundo:


Un atardecer de verano, estaba acostado sobre la cima de una colina, sobre la que me dormí, y soñé que me despertaba en medio de la noche en un cementerio. El reloj daba las once. Todas las tumbas estaban entreabiertas, y las puertas de la iglesia, agitadas por una mano invisible, se abrían y cerraban con gran estrépito. Sobre los muros huían sombras, que no eran proyectadas por cuerpo alguno; otras sombras lívidas se elevaban por los aires, y solamente los niños reposaban todavía en sus féretros. Había en el cielo como una nube grisácea, pesada, sofocante, que un fantasma gigantesco apretaba y estrujaba en grandes pliegues. A mi alrededor, escuchaba la lejana caída de avalanchas, y bajo mis pasos la primera conmoción de un terremoto. Toda la iglesia vacilaba, y el aire se estremecía con los sonidos desgarrantes que buscaban en vano la armonía. Algunos rayos pálidos arrojaban una luz sombría. El terror me impulsó a buscar abrigo en el templo: dos basiliscos relumbrantes estaban delante de sus pórticos temibles.


Avancé entre la turba de sombras desconocidas, sobre las que estaba impreso el sello de antiguos siglos; todas giraban alrededor del altar despojado, y solamente sus pechos respiraban y se agitaban con violencia; un solo muerto, desde hacía poco enterrado en la iglesia, reposaba sobre su sudario; todavía no llevaba mortaja, y un sueño feliz hacía sonreír su rostro; pero ante la proximidad de un viviente, dejó de sonreír, abrió con un penoso esfuerzo sus párpados entumecidos; el lugar de su ojo estaba vacío, y en el del corazón sólo había una herida profunda; elevó sus manos, juntándolas para rezar; pero sus brazos se estiraron, se separaron del cuerpo, y las manos unidas cayeron a tierra.
En lo alto de la bóveda de la iglesia, estaba el cuadrante de la eternidad; no tenía ni cifras ni agujas, pero una mano negra hacía sus giros con lentitud, y los muertos se esforzaban por leer la hora. Entonces descendió desde lo alto hasta el altar una figura brillante, noble, elevada, y que arrastraba la impronta de un dolor imperecedero; los muertos exclamaron:

¡Oh Cristo!, ¿ya no hay más Dios?

Él respondió:

No, no hay.

Todas las sombras empezaron a temblar con violencia, y Cristo continuó así:

He recorrido los mundos, me he elevado al medio de los soles, y allí tampoco estaba Dios; descendí hasta los límites últimos del universo, miré dentro del abismo y grité: "¡Padre!, ¿dónde estás?", pero no escuché más que la lluvia que caía gota a gota en el abismo, y la eterna tempestad, que ningún orden regía, me respondió tan solo. Elevando mis ojos hacia la bóveda de los cielos, no encontré otra cosa que una órbita vacía, negra y sin fondo. La eternidad reposaba sobre el caos y lo roía, y se devoraba lentamente ella misma: redoblad vuestros ruegos amargos y desgarrantes; que los gritos agudos dispersen las sombras, porque esto es un hecho.

Las sombras desoladas se desvanecieron como el vapor blancuzco que el frío ha condensado; la iglesia quedó pronto desierta; pero de repente, espectáculo horroroso, los niños muertos, que se habían levantado en el cementerio, acudieron y se postraron delante de la figura majestuosa que estaba sobre el altar y dijeron:

–Jesús, ¿no tenemos padre?

Y él respondió con un torrente de lágrimas:

–Todos somos huérfanos, vosotros y yo no tenemos ya padre.

A esas palabras, el templo y los niños se abismaron, y el edificio íntegro del mundo se desplomó ante mí en su inmensidad.

[Versión de Juan Carlos Sánchez Sottosanto]

El Viernes Santo del Cristo de la Conversión


 Puertas cerrada a cal y canto

 Rafael Dorado y el joven escultor Pedro García Velasco

  El año pasado de procesión por el barrio

 Cristo de la Conversión


Francisco Javier Gómez Izquierdo
 
         Hoy, 10 de abril del 2020 era el día. Un día redondo. Un día fácil de recordar. Un día que un barrio entero esperaba para institucionalizarlo como si fuera el día de Año Nuevo o el de Navidad. Hoy comenzaba en el barrio de la Electromecánicas, “la Letro”, “Su” particular Viernes Santo con el propósito de que lo sea  para el resto de los siglos si a bien tiene durar este mundo. Hoy salía por primera vez el Cristo de la Conversión a la carrera oficial de Córdoba. Semejante  acontecimiento sólo ocurre una vez y los hermanos llevaban esperando este Viernes con la emocionada ilusión de participar en algo histórico. Sobre todos, uno: Rafael Dorado, el Hermano Mayor del que ya hemos hablado varias veces en Salmonetes... y que es un señor jubilado con tantas ocupaciones como necesidades detecta en un barrio a la otra punta de la ciudad del mío al que me acercó el fútbol y al que acudo de vez en cuando por la adopción de sus vecinos.  
      
Para poner en marcha una Hermandad se necesitan años, paciencia y determinación en el propósito además de muchas consideraciones que no estoy capacitado para explicar. Si en el proyecto no hay ricos que aporten dinero, todo se ha de hacer con trabajo, dedicación y sin la mínima concesión al desaliento, cualidades de las que está sobrado Rafa y con las que contagió hace años, cual saludable virus, a todo el barrio. “Mañana por la tarde, voy con Rafa a C. Real a ver una banda” me dijo hace dos o tres meses Miguel el del pescado, con ojos alegres desde su gran humanidad, implicado en el sueño de Rafa y entusiasmado por participar de los últimos detalles.
 
Rafael nos lleva llamando no sé cuántos años para ir sumando euritos con sus barras económicas en  su cine de verano, sus festivales de sevillanas, coros... etc, para pasar las tarde-noches de primavera y verano en un ambiente familiar y tranquilo. En el barrio todos se conocen y su situación en una especie de isla a la izquierda de la carretera de Palma del Río ayuda a la confraternización y al cultivo de los buenos sentimientos.
      
Ya pusimos en su día que el Cristo de la Conversión nos transmite un sereno morir y mas paz que dolor. Al escultor, Pedro García Velasco, lo vimos orgulloso hace unos años cuando presentó en la curiosa iglesia de la Letro la imagen que ya se ha clavado en el corazón de una comunidad que nunca imaginó que el empeño de Rafael tuviera tan buen fin.
       
Sé que hoy hay mucha pesadumbre en todo el Parque Azahara por esta peste criminal que nos condiciona, pero también les aseguro que hoy allí se llorarán muchas  lágrimas. Lágrimas de impotencia por posponer  una ilusión de años a la que tocaba tomar tierra en éste 2020.
      Rafa y hermanos, estáis obligados a soportar con la debida entereza éste pequeño disgustillo. Como la tuvo San Dimas. El Buen Ladrón. El que murió a la derecha de Cristo. El de la Conversión.
      Será en el 2021. El número no es tan redondo, pero tampoco es feo.

Madrugá sin Espranzas... y sin el Gran Poder

Espernza de Triana

Esperanza Macarena

 Jesús del Gran Poder

Retrato sentimental

F.J.G.I.

Viernes Santo (Anónimo)


No me mueve, mi Dios, para quererte 
el cielo que me tienes prometido, 
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte 
clavado en una cruz y escarnecido, 
muéveme ver tu cuerpo tan herido, 
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, 
que aunque no hubiera cielo, yo te amara, 
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera, 
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

Viernes Santo

VIA CRUCIS DE GERARDO DIEGO

Quinta Estación: JESÚS ES AYUDADO POR EL CIRENEO
"Cuando lo llevaban, encontraron a un tal Simón de Cirene que volvía del campo, y le cargaron con la cruz para que la llevara detrás de Jesús." (Lc 23,26)


Ya no es posible que siga
Jesús el arduo sendero.
Le rinde el plúmbeo madero.
Le acongoja la fatiga.
Mas la muchedumbre obliga
a que prosiga el cortejo.
Dure hasta el fin el festejo.
Y la muerte se detiene
ante Simón de Cirene,
que acude tardo y perplejo.

Pudiendo, Jesús, morir,
¿por qué apoyo solicitas?
Sin duda es que necesitas
vivir aún para sufrir.
Yo también quise vivir,
vivir siempre, vivir fuerte.
Y grité: -Aléjate, muerte.
Ven Tú, Jesús cireneo.
Ayúdame, que en ti creo
y aún es tiempo de ofenderte.


Sexta Estación: LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS
"Muchos quedaron espantados al verlo, pues estaba tan desfigurado, que ya no parecía un ser humano. Despreciado por los hombres y marginado, hombre de dolores y familiarizado con el sufrimiento, semejante a aquellos a los que se les vuelve la cara, no contaba para nada y no hemos hecho caso de él. Sin embargo, eran nuestras dolencias las que él llevaba, eran nuestros dolores los que le pesaban." (Is 52, 14; 53, 3-42)


Fluye sangre de tus sienes
hasta cegarte los ojos.
Cubierto de hilillos rojos
el morado rostro tienes.
Y al contemplar cómo vienes
una mujer se atraviesa,
te enjuga el rostro y te besa.
La llamaban la Verónica.
Y exacta tu faz agónica
en el lienzo queda impresa.

Si a imagen y semejanza
tuya, Señor, nos hiciste,
de tu imagen me reviste
firme a olvido y a mudanza.
Será mayor mi confianza
si en mi alma dejas la huella
de tu boca que nos sella
blancas promesas de paz,
de tu dolorida faz,
de tu mirada de estrella.


Séptima Estación: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ
"... eran nuestras faltas por las que era destruido; nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados". (Is 53, 5)


Largo es el camino y lento
y el Cireneo se rinde.
Él se ha trazado una linde
en su oscuro pensamiento.
Mientras disputa violento,
deja que la cruz se hunda
total, maciza, profunda,
sobre aquel único hombro.
Y como un humano escombro
cae Jesús por vez segunda.

¿Otra vez, Señor, en tierra,
abrazado a tu estandarte?
Ese insistente postrarte
¿qué oculto sentido encierra?
Mas ya te entiendo. En la guerra
por ti luchando, transido
caeré en tierra y malherido,
¿y no he de alzarme ya más?
Yo sé que Tú me darás
la mano si te la pido.


Octava Estación: JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN
"Lo seguía muchísima gente, especialmente mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí. Llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos." (Lc 23, 27-28)


Qué vivo dolor aflige
a estas mujeres piadosas,
madres, hermanas, esposas,
sin culpa del «crucifige».
Jesús a ellas se dirige.
Sus palabras, oídlas bien.
-Hijas de Jerusalén.
Llorad vuestro llanto, sí,
por vosotras, no por mí.
Por vuestros hijos también.

Por nosotros mismos, cierto.
Pero ¿quién por ti no llora?
Haz que llore hora tras hora
por mí tibio y por ti yerto.
Riégame este estéril huerto.
Quiébrame esta torva frente.
Ábreme una vena ardiente
de dulce y amargo llanto,
y espanta de mí este espanto
de hallar cegada mi fuente.


Novena Estación: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
"Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos." (Mt 5, 10)


Ya caíste una, dos veces.
La rota túnica pisas
y aún entre mofas y risas
tendido a mis pies te ofreces.
Yo no sé a quién me pareces,
a quién me aludes así.
No sé qué haces junto a mí,
derribado con tu leño.
Yo no sé si ha sido un sueño
o si es verdad que te vi.

Y yo caigo una, dos, tres,
y otra vez más, y otra, y tantas.
Siempre tus espaldas santas
me sirvieron de pavés.
Ahora siento bien cuál es
la razón de tus caídas.
Sí. Porque nuestras vencidas
almas no te tengan miedo
caes, oh humilde remedo,
y a abrazarte las convidas.

 Gerardo Diego

jueves, 9 de abril de 2020

Jueves Santo

 Jesús el Caído

 Virgen de las Angustias en San Agustín

Saeta a la salida del Esparraguero


Francisco Javier Gómez Izquierdo

En Córdoba se tiene el Jueves por el día “fuerte” de la Semana Santa. Se nota por el gentío que se agolpa desde antes de las cuatro de la tarde para ver salir a las cinco en San Cayetano al Caído o en San Francisco al Cristo de la Caridad, “el de los legionarios”. Un servidor, que vive cerca de San Cayetano, sube la cuesta maravillado de lo bien vestidos que van  todos los allí reunidos en solemne espera para recibir al Caído y a Nuestra Señora del Mayor Dolor. El Caído es el Cristo de los toreros. Los turistas sufren un pequeño sobresalto al ver a Enrique Ponce repeinado y trajeado de riguroso luto en lugar preferente tras la imagen  pero los cordobeses admiran mas la postura de rodilla en tierra y el vaivén de la melena de su particular “Greñúo” sobre todo en la bajada del convento enfilando la entrada por la puerta del Colodro -aquél de cetrino rostro no se sabe si alavés o toledano que se coló en Córdoba y abrió a las huestes de Fernando III esta puerta de la ciudad para su conquista- al taurino barrio de Santa Marina.
      
Como el Nazareno queda cerca y la salida de la Iglesia-Hospital de su nombre es dificultosa y “centimétrica” suelo acercarme a la placita del Padre Cristóbal donde el público por lo general tiene edad y aspecto estudiantil, para disfrutar de la pericia costalera. La mayoría de los que han visto salir al Caído prefiere bajar a coger sitio en los trinitarios o en San Agustín donde sobre las siete salen el Esparraguero y las Angustias, dos tronos emblemáticos que todos los cordobeses tienen retenidos desde niños en su memoria. La iglesia/convento de los trinitarios acoge al Esparraguero y al Rescatao que sale el Domingo de Ramos y son curiosas las razones que los alumnos que han estudiado en el colegio de la cruz azulgrana -mi chico sin ir mas lejos- esgrimen para inclinarse mas por uno que por otro. Al Esparraguero, otro crucificado con larga melena al viento, le ponen los primeros y mas hermosos espárragos recogidos en la estrenada primavera encima del paso y en la plaza del Alpargate, cuando se recoge, suele disputarse un duelo de saeteros que enmudece a propios y extraños. A los primeros por su sentir flamenco y a los segundos por no imaginar semejantes intérpretes ni tan sobrecogedor escenario. Allí tiene una placa María “la Talegona” por tantas lágrimas como provocó ésta noche de tantos años.

       Las Angustias es fanática devoción. Si se pidiera opinión a un extraño que se quedara con la imagen mas impresionante de las que salen en Córdoba yo creo que elegiría ésta Dolorosa. Lo cree un servidor y lo sostienen muchas cordobesas pero entre ésas contradicciones de la Semana Santa el paso que genera una bulla continua, agobiante y en ocasiones peligrosa es el de la Caridad: el Cristo de los legionarios.  Semana Santa y legionarios tienen un poder de convocatoria que trasciende lo racional y tengo claro que lo que se ve en Córdoba por Jueves Santo no necesita candil.

Jueves Santo

 VÍA CRUCIS DE GERARDO DIEGO

Primera Estación: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
"El Consejo en pleno se levantó y llevaron a Jesús ante Pilato. Allí empezaron con sus acusaciones: «Hemos comprobado que este hombre es un agitador. Se opone a que se paguen los impuestos al César y pretende ser el rey enviado por Dios.»" (Lc 23, 1-2)


Jesús sentenciado a muerte.
No bastan sudor, desvelo,
cáliz, corona, flagelo,
todo un pueblo a escarnecerte.
Condenan tu cuerpo inerte,
manso Jesús de mi olvido,
a que, abierto y exprimido,
derrame toda su esencia.
Y a tan cobarde sentencia
prestas en silencio oído.

Y soy yo mismo quien dicto
esa sentencia villana.
De mis propios labios mana
ese negro veredicto.
Yo me declaro convicto.
Yo te negué con Simón.
Te vendí y te hice traición
con Pilatos y con Judas.
Y aún mis culpas desanudas
y me brindas el perdón.



Segunda Estación: JESÚS CARGA CON LA CRUZ
"Así fue como se llevaron a Jesús. Cargando con su propia cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Calvario (o de la Calavera), que en hebreo se dice Gólgota." (Jn 19, 17)


Jerusalén arde en fiestas.
Qué tremenda diversión
ver al justo de Sión
cargar con la cruz a cuestas.
Sus espaldas curva, prestas
a tan sobrehumano exceso,
y, olvidándose del peso
que sobre su hombro gravita,
con caridad infinita
imprime en la cruz un beso.

Tú el suplicio y yo el regalo.
Yo la gloria y Tú la afrenta
abrazado a la violenta
carga de una cruz de palo.
Y así, sin un intervalo,
sin una pausa siquiera,
tal vivo mi vida entera
que por mí te has alistado
voluntario abanderado
de esa maciza bandera.



Tercera Estación: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ
 "Luego Jesús llamó a sus discípulos y a toda la gente y les dijo: «El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida (por mí y) por el Evangelio, la salvará." (Mt 16, 24-25)


A tan bárbara congoja
y pesadumbre declinas,
y tus rodillas divinas
se hincan en la tierra roja.
Y no hay nadie que te acoja.
En vano un auxilio imploras.
Vibra en ráfagas sonoras
el látigo del blasfemo.
Y en un esfuerzo supremo
lentamente te incorporas.

Como el Cordero que viera
Juan, el dulce evangelista,
así estás ante mi vista
tendido con tu bandera.
Tu mansedumbre a una fiera
venciera y humillaría.
Ya el Cordero se ofrecía
por el mundo y sus pecados.
Con mis pies atropellados
como a un estorbo le hería.


Cuarta Estación: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE
"También estaban allí, observándolo todo, algunas mujeres que desde Galilea habían seguido a Jesús para servirlo." (Mt 27, 55)


Se ha abierto paso en las filas
una doliente Mujer.
Tu Madre te quiere ver
retratado en sus pupilas.
Lento, tu mirar destilas
y le hablas y la consuelas.
Cómo se rasgan las telas
de ese doble corazón.
Quién medirá la pasión
de esas dos almas gemelas.

¿Cuándo en el mundo se ha visto
tal escena de agonía?
Cristo llora por María.
María llora por Cristo.
¿Y yo, firme, lo resisto?
¿Mi alma ha de quedar ajena?
Nazareno, Nazarena,
dadme siquiera una poca
de esa doble pena loca,
que quiero penar mi pena.

Gerardo Diego

miércoles, 8 de abril de 2020

Via Crucis de Gerardo Diego



Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas.
Clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí en mi torpe mejilla
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.



Déjame que te restañe
ese llanto cristalino,
y a la vera del camino
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.

Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
- No, mi Niño. No, no hay quien
de mis brazos te desuna.
Y rayos tibios de luna
entre las pajas de miel
le acariciaban la piel
sin despertarle. Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel.

¿Dónde está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel
desde el marco del dintel
te saludó: -Ave, María?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario,
cítame en Getsemaní.

A ti, doncella graciosa,
hoy maestra de dolores,
playa de los pecadores,
nido en que el alma reposa.
A ti, ofrezco, pulcra rosa,
las jornadas de esta vía.

A ti, Madre, a quien quería
cumplir mi humilde promesa.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María.

Gerardo Diego

Miércoles Santo

La Paz. En reciente exposición

 Palco y manto de La Paz

Salidadel Calvario en San Lorenzo

 
Francisco Javier Gómez Izquierdo

  Hay días que uno se recoge a casa sin ver algún paso de los que salen porque se ha hecho tarde y hay que dar mucho rodeo para encontrarlo en lugar aparente, porque está de vuelta y no nos va a dar tiempo a llegar ó simplemente porque se está cansado y mañana hay que trabajar. Hoy, Miércoles Santo, se va a ver a la Paz y luego las demás. Las cordobesas, guapas de natural, se visten y arreglan para presentarse como Dios manda ante la Madre de todas. Lo hacen las señoras ya mayores que gustan de verla salir en Capuchinos, las madres jóvenes con carrito que esperan en Cruz Conde por la amplitud de la calle, las mocitas con y sin novio que los últimos años se plantaban en los jardines de Colón sin el respeto debido y las niñas de diez y doce años que de la mano del padre abren los ojos admiradas en las callejas de San Miguel. La Paz, obra de Martínez Cerrillo, cordobés de Bujalance un tanto autodidacta pero que supo plasmar como nadie “la serena melancolía” en esta Virgen, emocionó hace años a mi madre y muchas tardes de camino a misa, allá en Gamonal -qué lejos parece todo en estos días de confinamiento- se lo recuerda a sus amigas de quinta del 29 y a las poco más jóvenes con un movimiento de manos y un “¡qué manto, chicas!”.

     Hoy, suelo acercarme primero a la salida del Calvario en San Lorenzo por palpar la precisión de los costaleros ante la dificultad en la portada de salida por su peldaño y angostura. Antes de fijarse la carrera oficial en el entorno de la mezquita buscaba primero la Paz y luego el Perdón,( “La Bofetá”), que fue imagen que se hizo a principios de los 90,  viviendo yo ya en Córdoba. No me pierdo al Cristo de la Piedad, Hermandad también muy joven, por ser el que desde mas lejos llega. De Las Palmeras, barrio problemático en el que viven muchos infelices aficionados a las drogas. Hacían una bajada muy airosa por delante del Círculo de la Amistad. Ahora ya es otro el recorrido y suelo esperar a los de las Palmeras, a la Misericordia de San Pedro y la Pasión en el patio de los Naranjos para de vuelta a casa ya entrada la noche, reencontrar a la Paz en Colón, donde los costaleros bailan el trono en un exhibicionismo al que les obliga la muchedumbre allí congregada.

martes, 7 de abril de 2020

Martes Santo

 Cristo sindónico de los Estudiantes. Córdoba

Cristo de las Almas. Los Javieres. Sevilla

 
Francisco Javier Gómez Izquierdo

   No creo equivocarme si apunto que el Martes es el día de Semana Santa de mayor holgura para ver los pasos cordobeses. Delante de la iglesia del Juramento de San Rafael hay una pequeña plaza en la que los que vamos a ver salir el impresionante Cristo sindónico no padecemos apreturas y podemos apreciar con detalle los esfuerzos para sacar sobre todo a la Virgen con los varales rozando el arco de entrada. Es la más joven Hermandad y se la conoce por la Universitaria. Hace trece años se incorporó por primera vez a la carrera oficial y desde entonces, cuando paso cerca de la iglesia y la veo abierta, entro a admirar de cerca imagen tan conmovedora que aún no sé el motivo, no ha calado en el ánimo cordobés como pensé que iba a calar.
    
El personal prefiere ver la salida del Buen Suceso en San Andrés, la Sangre en Capuchinos o el Prendimiento en María Auxiliadora y no acaba de incorporarse al momento de la salida de los Estudiantes. El Prendimiento tiene un púbico fiel en el cruce con Arroyo de San Lorenzo, a escasos metros de la iglesia del Juramento y me llama la atención que prefiera esperar el paso de los salesianos y no se asome antes a la placita de San Rafael.
    
En día como hoy se suele salir a media tarde y esperar en la parte de carrera oficial que pega al río o pasar directamente al patio de los Naranjos que yo creo es donde mejor se ven los pasos por ser también carrera oficial.
      
De todos modos , este Martes Santo lo tenía señalado con idea de acercarme a Sevilla por ver al menos una vez en la vida la salida de los Javieres, que es Hermandad de la que me han hablado muchísimas veces por ser Javier un servidor y Javier el chico. A mediados del último febrero pasé a su iglesia de la calle Feria y me hice propósitos, si no surgía novedad de asistir sin falta este año. Mire usted por dónde, novedades ha habido y muy desagradables.

lunes, 6 de abril de 2020

Lunes Santo

 Virgen de la Merced

Cristo de Ánimas
 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

         El 24 de septiembre los presos de todas las cárceles de España tienen menú especial y los funcionarios de prisiones celebran un acto institucional en el que se reparten méritos y reconocimientos con su placa y su saludo de autoridades locales y judiciales. Es “la Merced”, el día de la patrona y el mundo penitenciario lo celebramos con la solemnidad y respeto debidos. En Córdoba, hay otro día grande de la Merced para los presos y es hoy, Lunes Santo, fecha en la que sale la patrona detrás del Hijo en la Humillación de la Coronación de Espinas.
      
La Virgen de la Merced no está en la iglesia de la Merced. La Virgen de la Merced tiene su casa en la parroquia de San Antonio de Padua en el Zumbacón, barrio que fue chabolista y pobre de solemnidad, y que pilla muy cerca de la cárcel antigua, donde entraba la procesión por el patio de talleres a finales de los 80 y casi todo los 90 ante el respeto imponente de la población reclusa que enjugaba lágrimas emocionada tras las saetas de cantaores gitanos de mucho fuste. Tengo leído que el difunto Mario Onaindía, yo no llegué a coincidir, que cumplió condena en este talego, se aficionó al flamenco con las manos y los oídos pegados a sus barrotes. Por aquel entonces, además del capellán, en la procesión iba también un mando de la cárcel, director o alguno de los subdirectores, haciendo el recorrido más largo de todas las cofradías. Salía al principio de la tarde y se cerraba bien entrado el día siguiente. Ni que decir tiene que compañeros míos son nazarenos y no hay año que falten, éste será el primero, familiares de reclusos tras “Su Señora”, “la más guapa”, pidiendo con fe por ellos.  La Merced sale poco antes de las cuatro y como es mi patrona no tendría perdón si faltara y menos aún si les confieso que del portal de mi casa a la puerta de la iglesia no tardo ni un minuto a paso normal.
     
No puedo explicar por qué pero me gusta ir a ver salir los pasos y sacar alguna foto. Suelo ir solo  y luego recojo a  mi doña y tal que hoy lunes vamos a Fleming a encontrarnos con la Sentencia. Como ahora todas las procesiones entran en la mezquita, nos colamos al patio de los naranjos y allí vemos la Vera Cruz y el Vía Cruces. Al Cristo de Ánimas con su sobrecogedora presencia lo vemos fuera, si es posible por S. Andrés. El Cristo de Ánimas, sin música y sin costaleros es como una procesión de Castilla. Silenciosa, rezadora y un tanto tenebrosa. Amigos míos salen con el Cristo de Ánimas y a él se encomiendan los mas austeros de entre los nazarenos. Frente a su  altar quisieron despedir los compañeros hace dos meses al “Trigui” uno de los funcionarios de prisiones más queridos por todos nosotros. No se lo llevó la peste. Se fue dormido en el sofá  y puestos a elegir, quizás tuvo mejor muerte que esta traidora que ahora nos acosa a todos, pero ni tenía edad de morir ni estábamos preparados para que nos faltara.
    
En fin... estas pequeñas relaciones son las que sin darte cuenta han hecho necesaria la Semana Santa.

domingo, 5 de abril de 2020

Domingo de Ramos

 Balcones en la plaza del Alpargate

 El Rescatao por la Magdalena
La Borriquita saliendo de S. Lorenzo


Francisco Javier Gómez Izquierdo

Lo que peor llevo del enclaustramiento es no poder salir a andar por Córdoba mis dos horitas reglamentarias. Intento corregir la carencia con los treinta y dos pasos del pasillo del piso como durante las dos horas de los tiempos de libertad, pero no es lo mismo. Para mí, que ya nada va a ser lo mismo. Particularmente no veo fin a esta peste porque aunque bajemos mucho esa curva de la que se nos habla hay países que la suben y las gentes van y vienen y traen y llevan cosas por lo que la vida se nos irá en pésames por los abuelos y cuidados por que no nos coja el bicho. Todo se nos hará raro cuando nos digan que esto está controlado pero que tenemos que saber que la malura nos acecha en cualquier botón de ascensor o cualquier banco del parque y que se recomienda salir de casa enmascarado. Así es imposible vivir a gusto.
         
Hoy, por ejemplo, Domingo de Ramos, es un día extrañísimo para todos nosotros. Esta mañana, para rematar mi caminata me habría acercado a S. Lorenzo a ver salir la Borriquita, y sobre la una, tras una ducha y una puesta de calzoncillo nuevo, esperaría a Paco y Mari Carmen que desde los Montes de Toledo, como cada año, llegarían a ver el Rescatao de los Trinitarios. Esto ha sido así desde hace no sé cuántos años y dar vueltas en el pasillo y no ver a nadie desde la ventana no digo que me deprima, pero sí entristece lo suyo.
        
Son los días de las bullas andaluzas y la primera de Córdoba se tendría que haber formado en S. Lorenzo hace un rato con una chiquillería entusiasmada de la mano de  padres jóvenes y  abuelos que luego invitarán a los nietos a un flamenquín con cocacola. Nosotros comemos pronto en lo de Antonio o prepara mi doña un rabo de toro que le sale de muerte y ellas y los chicos, chicos de 20 años, van a coger sitio, cual capillitas, para ver salir al Rescatao. Lo llevamos contando tanto tiempo que en verdad se hace rarísimo que en día tan extraordinario como ha salido hoy no salga el Cristo de los cautivos que más penitentes, no nazarenos, arrastra tras de sí en Córdoba. Tras las emociones de la plaza del Alpargate buscamos las Penas, que sale de Santiago, iglesia alzada en la mezquita más antigua de la ciudad; luego al Ayuntamiento a esperar a la Esperanza con “el color más agradable a la vista”, según Gracián, al que uno vuelve como buscando lo que perdió...
     
No sé... Es Domingo de Ramos y creo que no está de más que recordemos los pasos de esta Semana Santa que creo distingue a los españoles del resto de las naciones. Voy a procurar ir poniendo cada día los de Córdoba a los que uno ya ha hecho un poco suyos...  y sobre todos, este Rescatao.