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domingo, 25 de septiembre de 2022

Adiós a Bola

 

Bola

Uno de los seres que más he querido ha muerto. Se trata de mi perra Bola. Un ser inteligentísimo y bondadoso. Los que han gozado de la compañía absoluta y telepáticamente cómplice de un perro ya saben de qué les hablo. Los demás no pueden comprenderlo.

Pepe Cerdá Escar

 


Pepe Cerdá (de Buñales, Huesca, aunque entre París y Villamayor, Zaragoza) vuelve a la ciudad, esta vez a la Casa de Vacas del Retiro, con “Lourbu” y “Bola”, sus perros de campo, pues pintar es cazar: instantes, muecas, clientes. Tenemos el perro de Goya, el perro de Goya de Saura (¡y el perro de Tita!, añadiría Ullán), y ahora, los perros de Pepe Cerdá.

CLIC

martes, 21 de diciembre de 2021

Pepe Cerdá. Los artistas, si no son verdaderamente tontos (que los hay abundantemente), se lo hacen



-Mi abuela decía que la brisa que antecede a las tormentas es muy mala.
Pepe Cerdá


-Vaya por delante una aclaración: el arte para mí es una cosa tan, tan seria, como la muerte.
Pepe Cerdá


-Hoy he entrado en un par de librerías y no he comprado ningún libro, cosa que no conseguía desde hace décadas. Lo siento como una liberación.
Pepe Cerdá



-Ahora, con la vida a medio vivir, siendo optimista, sigo cumpliendo años, pero ya no me acuerdo de qué quería hacer con ella.
Pepe Cerdá


-Lucrecia Borgia tenía grabada en la cabecera de su cama esta frase: "Sin esperanza, luego sin miedo". Puede que ésa sea la solución. Dejar de esperar, dejar de temer... Parece fácil.
Pepe Cerdá


Valle de Esteban

-Vagar escuchando música de Tom Waits y con alguien querido que guarda silencio a tu lado.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-Todo lo que rodea  administrativamente al ejercicio de una profesión es chusco, malintencionado, trabajoso y aburridísimo.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-Me culpo a mí por mis fracasos y al azar le apunto los logros.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-Lucrecia Borgia  tenía grabada en la cabecera de su cama esta frase: "Sin esperanza, luego sin miedo." Puede que ésa sea la solución.
Pepe Cerdá


-Hay que jodese. ¡Ande menos se espera uno, surge la belleza!
Pepe Cerdá


-Sólo se entiende lo que es un whisky doble cuando se viaja,
 que viene a ser la mitad de uno normal aquí.
Pepe Cerdá



-Leer sin orden ni concierto (ahora ensayo, luego divulgación científica, más tarde novela, o biografía, o poesía, o filosofía) creo que no me ha sentado nada bien.
Pepe Cerdá


-Este año, la primavera cayó en jueves.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-El sueño es el verdadero motor de la ciencia.
Pepe Cerdá


-A mí no hay nada que más me guste que las ferreterías y las tiendas de libros, entro a menudo en estos establecimiento para que se paren el tiempo y mi cabeza.
Pepe Cerdá


-Los de provincias siempre que vamos a Madrid nos "mudamos", estrenamos algo, y claro, aún se nota más que somos de provincias. Como cuando los pobres van de boda.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-La postura de los artistas ante poderosos es un poco así. Los poderosos tienen prefijado un arquetipo de artista: despistado, despreocupado por el dinero, siempre obsesionado por su trabajo, etc. Y gustan de hacer comentarios en público al respecto de sus protegidos del mismo tono que los que le hacían al tonto de Daroca. Los artistas, si no son verdaderamente  tontos (que los hay abundantemente), se lo hacen, para no defraudar al bravucón mecenas y hacerle quedar bien ante sus amigos.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-A mí Arco me recuerda un poco a los patios de las cárceles, en las que se pasea en círculo.
Pepe Cerdá

 
-Como todo ser vivo sometido a sexualidad, la "rubia mechada zaragozana" tiene su ser complementario, al que yo llamaría el "cazador de patos urbano".
Pepe Cerdá

viernes, 17 de diciembre de 2021

Golpes de Pepe Cerdá


Valle de Esteban

-Qué hubieran contado hoy Gil de Biedma de las Filipinas, o Gómez Carrillo de El Cairo, o Chaves Nogales de Moscú, o Pla de Roma, o Camba de Berlín, si todo el mundo ha estado ya, y los que no, las visitan en el Google desde casa.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-A mí Picasso me tiene hecho un lío.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-Esa jota que dice: Mírala por dónde viene / la tonta de los c... / que me ha dado calabazas, / sin pedirle relaciones.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-Para estar tranquilo hay que tener muy mala memoria.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-Hay un herrero en Villamayor que gusta de construir con chapa figuras de animales.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-No deja de sorprenderme una cláusula que incluyen en las becas cada vez con más frecuencia: "El artista deberá redactar una memoria explicativa donde exponga con exactitud el trabajo que pretende realizar durante el disfrute de la beca".
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-Asumir, íntima y profundamente, que vamos a morir y que el futuro no es otra cosa que decrepitud, es el pensamiento más revolucionario y pernicioso para la cultura analgésica que vivimos.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-Tàpies, sin ir más lejos, se fue con una beca de tres meses a París, visitó a Picasso, se hizo una foto, y comprendió, y digirió, todo lo que el mundo del arte de entonces era susceptible de ser comprendido y digerido, volvió a practicarlo a Barcelona, y hasta hoy.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-Ser el "tonto" era un puesto perfectamente definido en los pueblos hasta hace muy poco.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-En París un amigo chino, Xiao Fan, me decía: "No comprendo cómo pierdes tanto tiempo charlando con personas que no te interesan". Me lo decía cuando  charlaba con el camarero, o las personas menos influyentes de la fiesta. Él sólo sonreía y atendía cuando su interlocutor podía mejorar su vida económica o sexual.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-Los cuadros malos, los que nunca se enseñan, son los más atormentados y dolorosos.
Pepe Cerdá


-Pintar, pintar bien o mal, es un tremendo trabajo, no un entretenimiento ni, mucho menos, un "don".
Pepe Cerdá


-No hay peor compañera de viaje para un pintor que su inteligencia, siempre tan cobarde, siempre tan precavida.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-Pepe, es que tú no crees en tu oficio. Fulano, ése, ése sí que se lo cree.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-Hay muchos tipos de saludos: levantar las cejas cuando te cruzas por los pasillos quiere decir que los niveles de importancia son parejos.

Valle de Esteban

-¿Qué es de Fulano? Hace tiempo que no se oye nada de él.
(Esta frase, si no tiene respuesta inmediata y repetida en los cenáculos adecuados, puede acabar con la carrera del más pintado.)
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-Ahora el modo más eficaz para que hablen de uno es el silencio.
Pepe Cerdá
Valle de Esteban

-El director del Instituto Cervantes de París dijo, nada más tomar posesión, que en la sala de exposiciones del mismo se iba a dejar de exponer a artistas españoles para que el Instituto dejara de ser provinciano.
Pepe Cerdá

Valle de Esteban

-¡Si hasta en la cima del Everest se hace cola!
Pepe Cerdá

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Arde Dalí


Ignacio Mayayo


DE LAS DISTINTAS COSMOLOGÍAS CONCEPTUALES
[Noviembre 2009]


Por Pepe Cerdá

pepe-cerda.blogia.com

Osia es un pueblo del prepirineo oscense en el que viven ahora unas tres personas, pero que en los fines de semana y vacaciones se puebla de veraneantes, de tardo-hipíes y de algún que otro artista, como mis amigos Ignacio Mayayo y Paco Simón; algún que otro agitador cultural, como Dionisio Sánchez; y algunos más de cuyo nombre me acuerdo, pero no quiero cansarles.

Una de las tres personas que aún viven en el pueblo se llama Eduardo y hasta hace muy poco era el pastor. La comunicación entre el pastor y los tardo-hipíes ha sido siempre fluida, pero las cosmologías conceptuales de cada uno de los emisores han sido a menudo muy distintas. Pongo algunos ejemplos.

Allá por el ochenta y pocos, cuando Paco Simón se estaba haciendo la casa que tiene allí, Eduardo le preguntó:

-¿Así que tú eres Pintor?

-Sí, Eduardo.

-Pues mira a ver si tienes suerte y se te quema la casa como a ese catalán y te haces famoso...

¿Saben a quién se refería el pastor? ¡Pues ni más ni menos que a Don Salvador Dalí!, que justo aquella semana había sido noticia en el telediario porque se le había quemado el Castillo de Púbol, donde pasaba su último año de vida. ¡Y lo más bonito es que creía que la fama, ¡ a Dalí!, le había venido dada por el incendio!

Otro día, Mayayo le preguntó, mientras guardaba su rebaño:

-Oye, Eduardo... Me han dicho que conoces a todas las ovejas...

Poniendo cara de extrañeza, Eduardo le contestó:

-¿A todas...? ¡A todas no! ¡Cómo voy a conocerlas! ¡A estas mías, claro!
 
Eduardo no conocía, en el sentido de diferenciarlas, a todas las ovejas del mundo. A las suyas, por supuesto.

Otro día, Mayayo, paseando con unas alumnas de la Escuela de Artes de Zaragoza de muy buen ver, se encontraron con Eduardo y su rebaño. Una de ellas le preguntó:

-¿No se aburre solo todo el día? ¿Cómo no se busca un hobby?

-¿Un hobby...?

Poniendo cara de malicioso, continuó:

-¡Hola! Si alguna de vosotras quisiese y séndejará... ( se dejase)

Pintada madrileña en Francisco Silvela/José Ortega y Gasset

lunes, 6 de diciembre de 2021

Definición de pintura




Pepe Cerdá
pepe-cerda.blogia.com

Mi querida Chime me ha dejado este comentario sobre lo que le pareció a su hija uno de mis cuadros. No se puede explicar mejor lo que yo entiendo por pintura.

Hola Pepe, como mejor cumplido a tu exposición te cuento la reacción de mi hija ante uno de tus cuadros, el primero del tío vivo. Ella tiene siete años, y quiere ser "cuidadora de ponies" con lo que al entrar a La Lonja y ver esos caballitos que parecía que estaban ahí girando delante de ella, se quedó parada mirándolos de lejos, emocionada, y a continuación se acercó corriendo para verlos más de cerca, y cuál fue su sorpresa que esos preciosísimos caballitos ya no eran más que manchas de pintura. Me miró y me dijo toda desconcertada : "Ay, mami, es que de lejos parecía otra cosa... ".

Se parece mucho a una definición que hiciste hace muy poco de lo que para tí es "pintar bien", sólo que con otras palabras.

***
Dos videos:

http://www.youtube.com/watch?v=Hc_siRItYJ4&feature=player_embedded
http://www.youtube.com/watch?v=ytG4jqKMnY0&feature=player_embedded

jueves, 2 de diciembre de 2021

La filantropía es cara



Pepe Cerdá

A un amigo pintor se le presentó en el estudio un coleccionista que había adquirido varias obras suyas cuando los tiempos eran otros. Ahora, arruinado, le pedía que le recomprase los cuadros o que se los cambiara por otros más fáciles de vender.

Mi amigo se negó, no por nada en especial, sino porque después de toda una vida de bondad ahora estaba ejerciendo de cabrón para ver qué se sentía. Pero le explicó que no era nada personal, más bien era un ejercicio.

El coleccionista se quejó del dinero y la energía invertida durante tantos años en el asunto del arte y los artistas. A lo que mi amigo le replicó:

-¡Pero que te habías creído! ¡La filantropía es muy cara!

domingo, 28 de noviembre de 2021

Neo destape para "salidos" más cultos



BUENOS DÍAS


Pepe Cerdá

Habré de ir acostumbrándome al hecho de que, habiendo dedicado la vida al arte, no he creído (en el sentido de tener fe) en la fantasía del artista de nuestra época ni un instante.

Es más, me ha desagradado más allá de lo razonable, más epidérmicamente, más alérgicamente, la actitud de la legión de artistas que he venido conociendo en estos años. La actitud de sentirse especiales, elegidos, de que los demás debían de ocuparse de ellos. He considerado esto como una minusvalía que debía combatir y que con tesón quizá, algún día, podría vencer. En el pasado intenté creérmelo e hice todo lo que pude, como si alguien sin vocación ingresara en un monasterio para que, haciendo ejercicios gimnásticos con el alma, a base de maitines, cilicios y laudes, encontrase la fe buscada y la gracia de Dios. Hoy puedo afirmar que no lo he conseguido. Mi escepticismo ha sido más fuerte que mi voluntad. No he conseguido “creer en mí” de ese modo obsceno, ciego y estúpido, con el que creen en sí mismos los artistas de verdad. ¡Qué le voy a hacer!

El caso es que por haber dedicado mi vida a intentar ser y sentir lo que no he sido ni sentido, ahora me veo prisionero de la imagen que los demás se han formado de mí, y de lo que suponen que soy por la abundante historiografía que desde Vasari se viene haciendo sobre las vidas de los artistas, que en nuestra cultura se parece mucho a la vida de los santos.

Hace unos días, sin ir más lejos, se apuntó a una cena una ciudadana que tenía gran interés en conocerme ya que había adquirido en el pasado varios cuadros míos. Manifestó su deseo de sentarse a mi lado para conocerme, mejor dicho para reconocer la “idea” que se había hecho de mí. En realidad quería cerciorarse. La idea que se había hecho de mí venía dada: por lo que le habían contao, por la lectura del dossier de prensa y los catálogos que le dieron cuando adquirió hace ya un par de lustros los cuadros a un galerista de cuyo nombre no quiero acordarme.

Entonces yo vivía en París. Ella tenía una actitud de provincianismo ilustrado y viajado gracias a la agencia de viajes del Corte Inglés, que permite hacer creer a sus clientes que ya están de vuelta de todo, o por lo menos de los sitios que “ya han estao” desde su “vasto” conocimiento del mundo merced a la tarjeta del Corte Inglés, cuando en realidad no han hecho sino pagar una entrada del parque de atracciones global en el que han convertido el mundo las agencias de viajes. Conocía muy bien, por supuesto, París, y por ahí empezó la conversación. Me contó, antes de que yo pudiese articular palabra, quién era yo. Hizo una relación de las épocas de mi trabajo y manifestó su alegría al conocerme al fin. El tono de su voz era engolado y un pelín autoritario. Creía estar ejerciendo un derecho. El derecho de los señoritos amantes del flamenco a tener desgañitándose a criaturas “cantaoras” hasta el alba. El derecho de los aficionados tras la corrida, tras ver jugarse la vida a los novilleros, a decirles lo que les parece en la tertulia del hotel tras su puro y su Cardhú.

Cualquiera de los miles de “artistas” que he conocido hubiesen estado encantados por la situación. Los más auténticos, luego los más fatuos, lo hubiesen considerado normal y hubiesen continuado la conversación,¡ consistente en hablar de sí mismos!, en el mismo tono ridículo y enciclopédico de la señora y hubiesen aprovechado para venderle algún cuadro más.

Pero para mí esto es imposible.

Me defendí de los halagos, en el fondo por delicadeza, con el sarcasmo y el cinismo más cruel que tuve a mi alcance. Y desde el sitio que lo recuerdo, es decir, hoy por la mañana, fui muy desconsiderado. Recuerdo la cara de la señora. Estaba entre el estupor y la mueca. Metí la pata otra vez más.

Y es que yo no soy un artista. No he estado inspirado ni un instante de mi vida; por eso los errores que he cometido, que son muchísimos, no pueden ser disculpados desde la loca pasión creativa, sino por la falta de sagacidad o de pericia. El decoro me ha impedido exigir al mundo que se doblegase a mi modo de ver las cosas, por lo que mi falta de ambición ha sido total. Además de esta particularidad, este decoro me ha impedido mostrar mis traumas e interioridades tal y como hacen la legión de artistas de ahora desde la impudicia más obscena. Es una especie de neo destape. Viene a ser una especie de “landismo” (no de Land Art, sino de Alfredo Landa), pero treinta años después de aquel destape y que se dirige a salidos más cultos.

Y aquí me veo vestido con mi hábito falso, sin posibilidad de ser otra cosa que la que parezco y con la imposibilidad de experimentar en conexión astral lo que me exigen los demás.

Buenos días.

jueves, 25 de noviembre de 2021

Pepe Cerdá. El sonido del azadón


Paisaje Pepe Cerdá 


He de confesar un secreto. Últimamente he descubierto que lo que más me gusta es picar. Cuando digo “picar” no me refiero a tomar tapas con cañitas en los bares. No. Me refiero a picar con un pico o un azadón. Sé que puede extrañarles, a mí también me extraña, pero es así.

Desde hace unos años paso la mayor parte de mi tiempo, al menos de mi tiempo libre, en una casa de campo en el Pirineo francés. El terreno que rodea la casa es muy empinado y encargué hace años que me hiciesen unos caminos para hacer más fácil el merodear. Unos con pala excavadora y otros a mano. Al observar cómo los hacían reflexioné sobre que no hay nada más civilizado, más romanizado, que trazar caminos y ejecutarlos. Como los caminos están sin asfaltar, como es natural, han ido necesitando de un cierto mantenimiento que he ido acometiendo yo mismo. Lo que al principio me pareció un trabajo penoso y engorroso se fue convirtiendo, poco a poco, en una especie de adicción. Tanto es así que comencé a trazar y ejecutar nuevos caminos. El sonido del azadón al hincarse en la tierra, el modo tan especial con el que el tiempo se detiene mientras pico, mi corazón latiendo con fuerza, el sudor cayendo sobre mis ojos mientras mi perro me observa, o dormita, o juega, el transitar la primera vez por el tramo recién terminado me reconcilian con algo atávico e importante, o al menos eso creo.

Se trata de hacer ejercicio, pero no baldío, como el de los gimnasios, o el del footing, sino construyendo. Un anciano agricultor me contó que no entendía por qué no había una dinamo en cada bicicleta estática de los gimnasios para aprovechar la energía. Y no le faltaba razón. Cansarse por construir, por generar algo, creo que es más sano que cansarse por cansarse, tal y como ocurre cuando se hace deporte. Además el ejercicio de mis ancestros no fue ni el golf, ni el tenis; fue arar, trillar, segar y entrecavar y creo notarlo mientras pico. Creo que mi cuerpo es el resultado de la información genética de mis predecesores, que los genes no previeron que uno de sus descendientes se dedicase a las artes y a la reflexión. Por eso los pobres tienen más tendencia a engordar que los ricos. Los pobres engordan porque han de guardar para los tiempos de escasez. Los ricos saben, genéticamente, que no les faltará y pueden dedicarse sin miedo al espacio de la teoría: a la artes y a las letras.

Las siguientes dos semanas no podré ir a continuar picando mi camino, estaré en París y luego en Benasque, y créanme que lo echaré de menos. Algo está cambiando en mis prioridades o quizás me esté volviendo loco.

[Mayo 2012]

Pepe Cerdá

 

domingo, 21 de noviembre de 2021

De la imposibilidad de apretar las tuercas de los submarinos





El Estado supone que hay una bolsa de dinero negro enorme en España y que hay que hacerla aflorar con planes antifraude y amnistías fiscales; vamos, los clásicos palo y zanahoria de toda la vida. Y se quedan la mar de satisfechos por la ocurrencia. Se atreven incluso a dar cifras de la economía oculta. ¿Pero si es “oculta” cómo la ven? Son cosas de los aprobadores de oposiciones, que cuando se quieren enterar vía informe y análisis, ya es tarde.

Lo que el Estado no sabe, o no quiere saber, es que ya casi no queda dinero negro en España. Lo hubo, y mucho. Pero tras más de cinco años en crisis y sin ingresar ni una, las idas y venidas de los autónomos y pequeños empresarios a las cajas de seguridad de los bancos, a la baldosa suelta o al sobre con pasta en el libro hueco, han ido en aumento hasta agotar las negras reservas de billetes. Y los que tenían verdaderas fortunas en metálico hace ya muchísimo tiempo que no están aquí, ni ellos ni sus fortunas. Ahora mismo puedo contar por decenas los rumbosos empresarios con chalé, y moto Harley, que moran arruinados en la habitacioncita de soltero, con la guitarra y los banderines colgados de la pared, de la casa de sus ancianos padres, si tienen la suerte de que aún les vivan.

Señores del Estado: hay tres cosas imposibles de ocultar: el dinero, la salud y los elefantes. El que no lo crea que le pregunte a nuestra majestad por lo de los elefantes. Por la negra pasta que les pregunten a los pocos restaurantes de lujo que quedan cuántas cuentas son pagadas en efectivo con billetes azules. Sé que pretenden hacer creer a los mercados y a la jefa germana que si se ponen serios los malos van a aflojar la pasta. Pero no se pueden apretar más las tuercas de los submarinos. Es imposible.
 
[Mayo de 2012] 

miércoles, 17 de noviembre de 2021

¿Pero qué se entiende por "pintor eficaz"?





Pepe Cerdá

Cuándo me preguntan por cómo fueron mis inicios como artista suelo responder lo siguiente:

-...me hicieron pintor porque no valía para estudiar.
 
La sonrisilla de mi interlocutor me hace suponer que lo entiende como un chiste o una boutade. Pero yo lo digo en serio. Fue ésa la causa principal por la que me inicié en el oficio.

Mi padre fue sucesivamente desde los años cuarenta impresor, camionero, taxista, dibujante, pintor, rotulista, decorador, dibujante publicitario, creador de “slogans” y muchas cosas más.

Mi padre hacía cualquier cosa, preferiblemente con un lápiz o una brocha, para ganarse la vida. Mi padre, como la mayoría de los padres de aquella época, estaba empeñado en “darnos estudios” a mi hermana y a mí. A mí me había metido en “Los Escolapios de General Franco” (así se llamaban para diferenciarlos de los de la “Calle Sevilla” o “Cristo Rey”, también colegios de los Padres Escolapios) porque era la ilusión de su vida, ya que envidiaba desde niño la bata del uniforme y el modo en el que salían los escolares en perfectas filas de a dos capitaneados por un cura para acompañarles a sus casas. A él, desde el colegio gratuito y de enseñanza deficiente al que apenas asistió un par de años antes de la guerra, le parecía el colmo de la correcta educación.

A partir de los catorce años empecé a no ir bien en los estudios. Es algo bastante clásico que suele pasarle a los varones cuando descubren la vida. A algunos se les pasa en unos meses y a otros no. A mí no se me pasó. Comencé a faltar a clase y a suspender, y a repetir curso.

Para gran dolor de su corazón mi padre comprendió que no iba a ser abogado, ni médico, ni ninguna cosa importante.

-Vas a tener que conformarte con ser un Cerdá cualquiera -me dijo bastante decepcionado.

Un “Cerdá cualquiera” es lo que era él, según su criterio. En aquel momento era “pintor-decorador de aparatos de feria”. Zaragoza era entonces, año1975, una pequeña potencia europea en la fabricación de aparatos de feria. Había media docena de empresas que los construían. Mi padre era el encargado de pintar las fachadas de los trenes de la bruja o los frisos y columnas de los “scalextric”, o los módulos de los “voladores”... No le faltaba trabajo. Más bien, le sobraba.

Allí es donde yo empecé a pintar y donde se me instruyó para ser un “pintor eficaz”.

Me gustaría detenerme un poco en este término: “Pintor eficaz”. Es muy importante.

Por aquel entonces no había ni plóteres, ni vinilos, ni ordenadores, ni nada por el estilo. Cualquier imagen que se viese en un muro, o en un autobús, o en una lona debía de estar pintada “a mano”. Para esto, en una ciudad del tamaño de Zaragoza, había no menos de una treintena de pintores capaces de reproducir “a mano” lo que se les encomendase. Debían de hacerlo lo más rápido posible y lo mejor posible. Lo que se cobraba no permitía estar mucho tiempo con cada asunto. Cuando me demoraba por lo que fuese mi padre me decía.

-Ve terminando, que estamos perdiendo dinero.

Así, pintando y con un sinfín de libros de autoaprendizaje que aún conservo, me fui convirtiendo en un “pintor eficaz”.

Mucho más tarde, cuando ya había pintado miles de metros cuadrados con los temas más diversos, fue cuando oí por primera vez la palabra “artista” refiriéndose a la ocupación de un chaval de mi edad.

-Ah, ¿y en qué disciplina?

-Hace cuadros modernos.

-Ah. ¿Es pintor?

-Sí, pero no como tú. Él hace cuadros de su propia creación e investiga sobre las posibilidades de nuevos soportes y nuevos materiales.

-Ah.

Yo, que pintaba las lonas con pintura de metílciclosanona; los aparatos de feria, con poliéster y esmalte sintético; las columnas transparentes, con unas lacas de nuestra invención y “a muñequilla”, no estaba investigando con nuevos materiales. ¡Había que joderse!

Para resolver esto y para hacerme visible a los ojos de algunas señoritas de mi edad alquilé mi primer estudio y planté un caballete y me puse a investigar en lo que hiciese falta. Pero a lo que me negué, y aún me niego, por decoro, por no hacer el ridículo, es a llamarme a mí mismo artista. Es más, me molesta que lo hagan los demás. Un “artista” será alguien que como mínimo haya hecho una “obra de arte” y eso no lo cumple casi ninguno.

Yo lo que soy, lo que sigo siendo, es un “pintor eficaz”. Hoy, al servicio de mí mismo, que me autoencargo los trabajos. Pero se los encargo al mismo pintor en el que me convertí cuando no “valía para estudiar”.

Y de aquellas lluvias vinieron estos lodos.
 
[Marzo de 2010]