lunes, 18 de mayo de 2026

Los números del número 1



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Las consultas de pasillo, decían los viejos médicos, ni son buenas para el paciente ni son buenas para el bolsillo. No hablaremos, pues, del pasillo. El pasillo ya lo evitó Vinicius con sus dos goles en Cornellá, actuación rematada en redes con una media verónica de Benzemá: “N1”. A la butifarra liguera de Flick que le hagan pasillo Tebas, Louzán y Soto. Y hasta un “castellet”, pueden hacerle, con los cantamañanas Martínez y Benito el de la Purga de “castellers”, y en la cumbre, de “enxaneta”, Maldini, haciendo la aleta, que ellos son los Homeros de la “hestética” que el sátiro humanista Juan Luis Romero Peche estudió en su “Libelo contra los estetas”, del 99, un fenómeno de desvarío colectivo, el que comenzó con Guardiola, con reveladores matices, explica el ensayista, de respeto (mal entendido), incultura (bien aprehendida) y elitismo (que ni se entiende ni se aprehende, pero que se ejerce con demagógico machamartillo).


Los “hestetas” son bípedos de hábitat difuso, pero siempre apoltronados en una orilla izquierda políticamente correcta. El “hesteta” considera artístico a todo lo que procede de lo que sin rubor se denomina “expresión de sentimientos”.


Los “hestetas” son esas viudas de Xabi que, no habiéndose hecho enterrar con Xabi, como prometían, ahora van de pre-viudas de Klopp, alemán sobrevalorado, valga la redundancia, al que quieren meter en el vestuario del Real Madrid, hoy sumido en una pelea de almohadas, para que, en compañía de dos figuras hiperprogresistas como Mbappé y Tchouaméni, nos monte un partido socialdemócrata en Valdebebas.


Nuestro fútbol es de izquierdas –decía truhanescamente Pep en la apoteosis del Negreirato.


A ojos de Romero Peche, la perra que han cogido los piperos con Klopp sería enfermedad lírica, pelagra de navegar cultos, turbulencia a la violeta, tontuna sin más, hinchazón del gusto, fogatilla, abrevadero y pesebre, cultivo de parásitos, rizo rizado, fuero de bien vestidos patanes, minué espectacularmente bailado con la bragueta abierta, supuesto saber estar de la sosería, catequesis morfinómana, sofisticación y fraude, clinclín de cubitos de hielo ante un horizonte necio…


La “hestética” del “fútbol moderno” es teoría chiripitifláutica y praxis supercalifragilísticoespialidosa. Es cagalera de tontajos. Sublimación de taras, zapatos con alza. Imposición cojonera y dolencia neuropóllica. Es tedio. Es memez y neurosis. Es como un divorciado ligando, que novelea las sórdidas verdades que otra ya desveló. Es hache de Estética que se olvida (junto a los Donuts) el “definitum ingredit definitionem non debet”.


A los múridos del antimadridismo rampante sólo los ilusiona Klopp, “que haría correr a Vinicius y a Mbappé”, los dos niños mimados de Flóper, que tiene que aprender del PSG, del Bayern y del City a ganar Champions. ¿Cómo haría correr Klopp a Vinicius y a Mbappé? ¿Hablándoles en alemán? ¿Instruyéndolos en políticas de inmigración? ¿Poniéndoles los videos de las finales perdidas por Klopp ante el Real Madrid? 


Luego, donde la chusma mediática insiste en presentar a Vinicius como a un simple negro que come sandía por la caridad del Real Madrid, Benzemá ve al N1, impresión refrendada por los demás números. En la actual temporada, y eso incluye a Xabi y su Sebas Parrilla, Vinicius encabeza la tabla de presiones del equipo, muy por delante de Tchouaméni y, por supuesto, de Mbappé. También encabeza la de faltas recibidas (110), por las 41 de Mbappé. Y encabeza, por supuesto, la de goles producidos en el último lustro (cinco años, no cincuenta, como sostiene el ministro Urtasun) en Champions, con 58, por delante de Mbappé (53), Kane (43), Haaland (39), Raphinha (36), Julián (34), Dembelé (29) y Kvaratskhelia (27). Ojalá hubiera tenido estos números aquel Luis Miguel que en la tarde del 18 de Mayo del 49, en la plaza de Madrid, cuando todos estábamos boquiabiertos, cuenta Corrochano, “se lleva la mano diestra al pecho y luego yergue el brazo con el índice enhiesto”.


En el fútbol, como en la vida, es modesto el que no puede ser otra cosa.


[Sábado, 9 de Mayo] 

San Isidro'26. De nuevo Fuente Ymbro. Campos & Moore



PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.


Domingo, 17 de mayo de 2026. Noveno festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de toros de Fuente Ymbro (de procedencia directa de Jandilla, de encaste Domecq). Bien presentados. Con buenas encornaduras y ofensivos. Mansos. Con nervio y casta. Destacó el tercero por ir al caballo de Javier Díaz con prontitud y salir al capote en la suerte de varas, aunque debajo del equino no tuvo fijeza en la pelea; la puya le cayó, respectivamente, muy trasera, y trasera y caída. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral agradable. 


Terna: Miguel Ángel Perera, de La Puebla del Prior (Badajoz); de verde botella y oro, con cabos blancos; veintidós años de alternativa; treinta y cinco festejos en 2025; silencio tras un aviso y silencio tras un aviso. Paco Ureña, de Lorca (Murcia), de azul oscuro y oro; diecinueve años de alternativa; dieciséis festejos en 2025; ovación tras un aviso y silencio tras un aviso. Fernando Adrián, de Madrid, de celeste y plata; trece años de alternativa; diecinueve festejos en 2025; ovación tras un aviso y saludos tras un aviso.


Suerte de varas. Los toros cumplieron en el caballo y no se les picó en exceso; a excepción del sexto que se le dio con fuerza y con metisaca. Al tercero, quinto y sexto les faltó fijeza en la pelea. Además recibieron metisaca, primero y segundo. No se cuidó ponerlos adecuadamente en suerte. Destacó Juan Melgar en el cuarto al colocar la pica en la cruz, este astado en las dos varas salió suelto.


De nuevo los toros de Fuente Ymbro dieron un excelente juego en la plaza de Madrid durante la Feria de San Isidro. No es la primera vez y esto se va convirtiendo en costumbre. Tuvieron al mismo tiempo nobleza y listeza, mansedumbre y casta, movilidad y aspereza. Para lidiarlos no estaban anunciados los espadas que se dice son figuras indiscutibles, sino una variedad de matadores de toros, cada uno con una trayectoria diferente. Todos ellos, digamos, juegan en la segunda división del mundo taurino vigente. El más veterano, Miguel Ángel Perera porque hace tiempo que perdió la condición de mandamás. En el caso de Paco Ureña debido a que nunca estuvo en la élite de la comodidad taurina. Por último, Fernando Adrián, podríamos decir que con sus Puertas Grandes en Las Ventas ha llegado a escalar o subir de la tercera división a segunda. Ahora que estamos al final de la liga futbolera viene a cuento esta comparativa respecto a la situación de los diestros anunciados ayer respecto a los toros que tuvieron en suerte sortear. Dado el juego interesante de los toros de Fuente Ymbro y de la importancia que hubieran otorgado a los espadas capacitados en torearlos, nos hubiera gustado ver delante de ellos a, por ejemplo, Talavante, Manzanares, Juan Ortega, Pablo Aguado o el mismo Morante, que son los toreros de primera división. Pero da la casualidad de que estos espadas considerados los mejores, prefieren anunciarse con lo placentero —por su condición de estrellas del toreo— como son los Núñez del Cuvillo, los Garcigrande o la retahíla de toros de los Puertos o similares. Cuando una ganadería promete emoción los toreros que pueden decidir torearla no la eligen, sino que prefieren ganaderías de pasividad. Entonces, en esos casos, les cae esta china —anunciarse con toros de casta, sin pertenecer a las vacadas duras— a los toreros que han bajado en cotización; a los que nunca la tuvieron pero lucieron una etapa de garra; y a aquellos que se les considera emergentes, o a los encubiertos o a los que están de incógnito. Ayer, como apuntábamos más arriba la corrida de Fuente Ymbro —que desarrolló nervio y casta— estuvo destinada a un primer matador que estuvo en su día y no está ahora; a un segundo matador que fue por su toreo pero que no se le reconoció en su momento; y, por último, a un torero que quiere estar, si bien no se confía en él.


Establecidas así las cosas debemos pasar al apartado del toreo. Leyendo en los viajes en metro hacia Las Ventas, como descubrimos días atrás, sentados en el trayecto, hemos dado con las manifestaciones de Domingo Ortega a Vicente Zabala (padre), en Hablan los viejos colosos del toreo (1976), al contestar a la pregunta de si «hoy se torea mejor que nunca», que como podemos observar ha sido siempre una preocupación —triunfalista— del mundo de los toros. La respuesta del maestro de Borox fue la siguiente: «Torear es el enfrentamiento del torero con el toro echándole el capote o la muleta adelante, para, a medida que el toro va entrando en la jurisdicción del torero, ir templándole, ir inclinándose sobre la pierna contraria, al mismo tiempo que ésta avanza hacia el frente, es decir, alargando el viaje del toro. Eso es torear y hoy desgraciadamente, suelo ver lo contrario: el perfil, la muleta retrasada; y de perfil para atrás, o lo que es lo mismo: destorean (destorear)». En fin, todo un cúmulo de conceptos clásicos, así, en conjunto sobrevenidos y que nos transportan al intríngulis de cualesquiera preocupación sobre el verdadero toreo. De tal manera que aplicado a los toros encastados de ayer (Fuente Ymbro) y de cómo se les debería haber toreado, no cabe otra que coincidir con Domingo Ortega y pensar que se les tenía que haber toreado «avanzando» o «hacia adelante», no en línea, no hacia atrás, porque en estos dos modos el toro gana la pelea. Y así ocurrió. Pongamos ejemplos puntuales. Miguel Ángel Perera toreó muy en línea, con la pierna retrasada en muchas ocasiones (recordemos que su carrera se ha desarrollado en esos posicionamientos: de cargar la suerte ni por el forro). De tal modo en su primer toro, por ejemplo, se vio desbordado y nunca se sintió ganador en la lucha entablada; dio muchos pases sin llegar a acoplarse ni entender la forma de plantear la batalla. Paco Ureña, quiso y no pudo con su primer enemigo, hizo el esfuerzo de cruzarse y es cuando le llegó lo mejor del trasteo, sin llegar a completar una faena dominadora porque el toro le venció a los puntos. Estuvo muy lejos de cuando Ureña cumplía al pie de la letra la regla de cargar la suerte. Por su parte, Fernando Adrián, digamos, concibe el toreo de perfil, con ligereza, con ligazón y hacia atrás; y en esta tesitura posiblemente ha vivido, vive y vivirá. Por lo tanto, a los toros de ayer —del ayer eterno, por su casta— es muy difícil plantearle la tauromaquia moderna —la que se dice es la mejor de todos los tiempos— consistente en el toreo de perfil y hacia atrás.


Entrados en mayor análisis sobre lo sucedido en la corrida de ayer, debemos insistir en que Miguel Ángel Perera dio muchos pases, también en su segundo toro, en el que se mantuvo en la postura de no cruzarse nunca, de muletear hacia las afueras, de hacerlo de manera mecánica, sucesiva, con la pierna retrasada, metiendo pico y despegado, cosechando como ante su primer astado una derrota, si medimos lo que fue el toro y lo que ofreció el torero. Mató a este animal en la suerte natural de pinchazo caído y pinchazo, más una estocada tendida, atravesada y trasera casi entera. A su primero lo mató de media estocada caída y atravesada en la suerte natural. 


Paco Ureña, como reseñamos más arriba, en su primero realizó un esfuerzo titánico por situarse él mismo en el terreno apropiado y cruzarse; le cabe la honestidad de haberlo intentado. Mató de un pinchazo soltando en la suerte natural y de una estocada en la suerte contraria. En su segundo toro se vio desbordado, con la mano derecha aguantó y llegó a correr la franela con cierta profundidad, aunque sin cruzarse, al natural se sucedieron los enganchones, volvió al toreo en redondo y logró una subida de tono, por templar los muletazos y llevarlos, a continuación con una bajada de tonalidad por no lograr mantener el nivel en la última tanda. Mató lamentablemente de un bajonazo en la suerte contraria.


Fernando Adrián, se vio inmerso en la influencia de la masa (de aficionados) porque en vez de desplegar su toreo veloz, ligado y perdiendo terreno, quiso hacerlo mejor, al escuchar críticas desde los tendidos —su comienzo de faena al tercero iba camino de la quinta puerta grande—. Quiso ralentizar su labor y darle profundidad, torear hacia atrás de la cadera, aportarle gusto, querer ser clásico, y la tarde se le comenzó a ir. Había templado los muletazos abriendo el compás. Fue recriminado. Escuchó a la masa. Se perdió en el trasteo. Finalmente volvió a su personalidad al torear en redondo, templado, rápido, con la muleta por detrás de la espalda y en posición preceptiva, ligando los pases. Lo mejor vino en los muletazos de cierre por bajo que tuvieron su recorrido templado y toreado. Pinchó en la suerte contraria en el primer intento, y se le fue el triunfo. Mató en la suerte natural de una estocada entera perdiendo la muleta. En el sexto, la faena se le fue diluyendo, comenzó con su mismo temple de siempre en los medios, pero aquello no prendía en el conventículo. Quiso subir el diapasón toreando al natural de perfil pero el burel se aburrió. Adrián macheteó y mató de una estocada atravesada haciendo guardia en la suerte contraria y siete descabellos.





ANDREW MOORE

















FIN

Lunes, 18 de Mayo

 


Frontón

Lunes, 25 de Mayo

 


Valle de Esteban

Señor Don Gato

domingo, 17 de mayo de 2026

Sigue el Burgos en la pomada

 
Mollejo 


Francisco Javier Gómez Izquierdo


     
            Se medía el Granada contra el Córdoba en la jornada 39 y contra el Burgos en la 40. Ambos partidos los perdió el equipo del gran Pacheta por uno a cero, pero con dos alineaciones muy distintas. Aquí en El Arcángel sacó cantera, dicen que emergente. En Los Cármenes puso de titular a Izan, la melena más sansoniana del fútbol español, y a Petit, el 9 que mas despista, pues es del Betis, en Nochebuena jugaba para el Mirandés y en Reyes para el Granada. A mí, el pelotero que más me gusta del Granada es José Arnáiz, un extremo talaverano que se destapó en el Valladolid, lo fichó el Barça y anduvo cedido en Leganés y Osasuna. Se estancó, pero tiene poso aún. Ayer mandó un misil al poste de Cantero. Otro "bueno" es Álex Sola, carrilero derecho vasco que creo valía para Primera, pero algún demonio le ronda a este chico por la cabeza para no durar ni en el Alavés ni en el Getafe y perder la titularidad en Granada. Le veo poderoso, desequilibrante, con personalidad, pero sí, tiene cosas de indisciplinado y mal carácter.


       El partido discurrió como suelen ser los partidos del Burgos: sosote, lleno de imprecisiones, sin ocasiones... y a la hora, Ramis me echó la sal en la mollera cuando cambió de una tacada a Curro, Íñigo Córdoba y ¡¡¡Atienza!!!. Dejó al siempre excitado Mollejo que fallaría un gol capaz de marcarlo un nene de seis años -tan es así que cuando lo sustituyó Mejía, los Cármenes le ovacionaron y le dijeron cosas preñadas de guasa andaluza- y por Atienza entró Galdames, un chileno que en las faltas a favor, coge el balón como si fuera Cristiano Ronaldo o Hugo Sánchez y exige "yo, lo tiro yo", con el consiguiente mosqueo de servidor y supongo que alguno de sus compañeros. Hubo una al borde del área que prometía y el tío se la pasó a los avioneros que volaban por encima de Sierra Nevada. "Por que no está Curro, las saca", apuntaron avergonzados los locutores cuando sacó otra desde el costado izquierdo al Padre Benito, que es el fantasma de Granada que sólo algún señalado es capaz de ver, y que Galdames distinguió entre el gentío del córner derecho. Así, con 0-0 se llegó al minuto 91 y de un carajal del central peso pesado Diaby, cedido por el Elche, y el portero Astralaga cedido por el Barcelona, se sacó el burgalés David González un preciso y precioso disparo desde 40 metros que valió tres puntos. Tres puntos que permiten creer en el play off. De la plantilla del Burgos, en mi humilde opinión sólo tendrían sitio en modestas plantillas de Primera, y no de titulares: Atienza, Lizancos y puede que Curro Sánchez. No hay mimbres, pero...


     El Córdoba tampoco tiene peloteros de Primera. Juega "mas bonito" que el Burgos, pero es mas vulnerable atrás. El Albacete mató las escasas perspectivas optimistas con dos goles en un  minuto aciago y aunque se hicieron méritos para ganar.., la verdad es que mejor así. Que mayo no es mes para que el cordobés pene con los sobresaltos que el Córdoba de Iván Ania nos presenta una jornada sí y otra también.


     El Rácing ha ascendido. Enhorabuena.. Detrás está la cabezonería de J. Alberto López y "su sistema" ayudado por otro alopécico, Chema Aragón, ése Monchi de 2ªB como le bautizaron Camello y Riquelme, que con el Mirandés convirtió cada temporada en un milagro. Ya saben la larga lista de los que allí hicieron la mili. Fué al Elche y a los dos meses dimitió por malos encuentros con Sarabia, un tipo que se las trae. Año sabático  y al Rácing de Santander para ésta 25/26 donde ha seguido pescando a bajos precios en apartados e inverosímiles lugares, tal que Guliashvilli, Puerta, Canales, o ése joven león, Manex Lozano, que tuvo la desgracia de caer lesionado. Tipos como éste Chema Aragón son los que mas admira servidor. El que ve al cadete y no lo pierde de vista hasta los veinte años.
 

La Moraleja


Rubalcaba


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Barcelona es una pelea de negros en un túnel del Carmelo: nunca sabremos cuántos son los negros, porque los han enterrado en hormigón. ¿Por qué en hormigón y no en los libros de Rubert de Ventós, que hubiera salido más económico? La respuesta la leeremos en el próximo libro de Rubert de Ventós. “¡De Ventós, De Ventós!”, recogen las psicofonías procedentes del estómago del túnel. Y en Madrid, ¿qué se oye? Madrid es un desconcierto de Gerardo Deniz: “Del salón en el ángulo oscuro / un fantasma hacía pipí.” El legendario delegado Méndez todavía no ha identificado a los fantasmas del Windsor cuando el viejo Rubalcaba, extraviados los ojos, trágico y darwiniano como el muñeco de la etiqueta de Anís del Mono, ha dirigido el foco de la lucha contra el fascismo hacia la urbanización de La Moraleja, donde han aparecido más noes de la cuenta. ¡Que cierren el barrio! Perímetro de seguridad en el Windsor y perímetro de seguridad en La Moraleja. Cautivo y desarmado el fascismo, las fuerzas de progreso seleccionan sus últimos objetivos. Como la sombra del padre de Hamlet cruza por la terraza del castillo de Kromborg, así las sombras de dos individuos cruzaron por el incendio del Windsor. ¿Neonazis? ¿Agentes de extrema derecha? ¿Militantes del PP tratando de salvar algún discurso de Aznar? ¿Vecinos de La Moraleja sacando de las cajas fuertes los noes del referéndum? Para que no se enfríe el asunto, Mario Gas quiere poner en el Español un recordatorio de “Las alegres comadres de Windsor”, pero Angelito Galarza pide tranquilidad. Desiderato: “Cómo estar tranquilo / sin llevar estándolo / la vida entera”. En cuanto a lo de La Moraleja, ¿qué hacer? ¿Enterrar la urbanización en hormigón? ¿Arrojar un saco de “polvos de gas” en el agua, para que las truchas se atonten y se dejen coger? Por otro lado, una vez dentro de la urbanización, ¿cómo distinguir la tribu progresista de los chilindrines, que han votado sí, de la tribu reaccionaria de los fustricucios, que han votado no? ¡Es que no conseguimos dejar de pensar en lo que ese hatajo de ricachones estaba tramando contra el pueblo!

San Isidro'26. El otro cantar del Cid (Dios le guarde). De regresos, de estancias y de llegadas. Campos & Moore





PEPE CAMPOS



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Sábado, 16 de mayo de 2026. Octavo festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de toros de La Quinta (de procedencia directa de Joaquín Buendía, de encaste Santa Coloma). Bien presentados aunque desiguales, tres cinqueños (4º, 5º y 6º). Primero, cuarto y sexto de bellas láminas, cuernas abiertas y cornialtos; nobles, mansos, sosos, distraídos, manejables a excepción del sexto, con nervio y genio; en general se acostaron en el caballo, lo que indica falta de entrega y fuerza. El segundo fue devuelto por inválido y sustituido por un ejemplar de José Manuel Sánchez, ganadería de mezclas de procedencia Domecq, cinqueño, basto, feo, manso, barbeó tablas, distraído, corretón y acucharado de cuerna. Primero y sexto dieron juego. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral menos fría. 

Terna: Manuel Jesús El Cid, de Salteras (Sevilla); de azul noche y oro, con cabos blancos; veintiséis años de alternativa; quince festejos en 2025; silencio y silencio. Álvaro Lorenzo, de Toledo, de caldero y plata; diez años de alternativa; once festejos en 2025; silencio y silencio. Manuel Diosleguarde, de Diosleguarde (Salamanca), de blanco y oro, con cabos blancos; dos años de alternativa; cinco festejos en 2025; ovación y saludos tras un aviso. Manuel Diosleguarde confirmaba la alternativa.

Suerte de varas. A los toros no se les pegó en el caballo, a excepción del cuarto y del quinto toro que se les dio con fuerza, al quinto con metisaca. Elegimos como ejemplo del planteamiento en varas la suerte realizada al quinto por Héctor Vicente. En la primera vara no fue puesto en condiciones al caballo, la pica cayó trasera y caída, el picador rectifica, el astado se acuesta y no muestra fijeza, sale de la suerte sin más. En la segunda vara tampoco es puesto en suerte, se le aplica fuerte metisaca y el animal sale suelto.



En la vida en general vivimos de recuerdos y de realizar comparaciones. Lo deseable sería vivir de acciones y en esas tareas se encuentran los emprendedores, los aventureros y, por antonomasia, los toreros. Los matadores de toros viven metidos en plena acción lidiando y matando toros, y cuando este momento de su vida desaparece no saben qué hacer con sus existencias. Conocemos multitud de ejemplos en los que los toreros cuando se retiran, porque los públicos se lo han sugerido o por la falta de contratos, inmediatamente comienzan a darle vueltas al retorno. Muchos de ellos emprenden este camino de vuelta que no suele ser exitoso, y por ello hacen bueno el dicho de que «segundas partes nunca fueron buenas». De todos es conocido el retorno de Manuel Jesús El Cid que cumplió una etapa brillante en la tauromaquia que podríamos llevar hasta el año 2008 (de 2000 a 2008). A continuación las cosas no le funcionaron de la misma manera, puede que fuera porque quiso refinarse (en la tauromaquia de comienzos del siglo XX, ha existido demasiado refinamiento, con toreros artistas que han marcado pautas). El Cid, un torero clásico, poderoso, cabal y dominador (con una mano izquierda prodigiosa), es posible que no estuviera contento con el reconocimiento que se le brindaba, sobre todo en su Sevilla natal. No en Madrid, donde era un referente de la tauromaquia más exigente. Todos queremos ser valorados, en la máxima extensión de los términos. El Cid no era reconocido a la altura que merecía. A él puede que esto le preocupara y emprendió el camino de acercarse a la montaña. Llegar y escalar ese promontorio en lo taurino significaba comenzar a neo-torear, es decir, entonces El Cid comenzó a ajustarse menos con los toros, a no cruzarse tanto con ellos, a emplear una técnica ligerita, de esconder, incluso, la pierna de salida al dar los naturales y los redondos. Esto venía a ser una traición a sus principios taurinos, pero le acercaba a lo que ejecutaban las figuras del toreo coetáneas a El Cid. No hace falta dar nombres. Pero ese camino hacia el reconocimiento le llevó hacia la decadencia en su tauromaquia.


Mientras El Cid se desnaturalizaba para realizar un toreo más agradable, más de figura, no dejaba de ser una infidelidad a sus conceptos y a sus virtudes. Era un pago que él, tal vez, quiso hacer para ser parte de ese grupo de líderes del toreo (figuras del toreo, figurones, les llaman algunos). Al tiempo que realizaba ese pago El Cid dejó de torear bajo los cánones clásicos sin entender que esa ortodoxia primigenia fue lo que le llevó a la cima y al pleno reconocimiento entre los buenos aficionados (no entre los taurinos). El Cid a lo largo de esas temporadas citadas había toreado con consistencia en Madrid y en Sevilla, de haber tenido mejor espada sus éxitos habrían doblado a los de cualquier torero de su época y de épocas anteriores, y ante toros de verdad, de las ganaderías de toros con casta (entre ellas la de Victorino Martín). En 2007 en Bilbao realizó una de las mayores gestas que un matador de toros ha conseguido en el último medio siglo del toreo. Lidió seis Victorinos con solvencia y rotundidad. En una de las mejores corridas de los últimos tiempos. Esto puede que le agotara; también, no verse validado por sus pares al nivel que lo merecía. Después vino ese peregrinar hacia la montaña del toreo superficial y querer matar las ganaderías febles. Cierto es que lo duro agota. Etc. Al cabo de los años El Cid se tuvo que ir y lo hizo con dignidad (Zaragoza, 2019). La afición guardó un grato recuerdo de su trayectoria y su valoración fue subiendo. Ahora bien, El Cid, en 2023 volvió a la lucha taurina, sin contratos, como si no hubiera sido nadie anteriormente. La comparación con el retorno de otros toreros de su etapa, en ventajas y en colocación en carteles, ha sido, digamos, sangrante. Da la impresión que torea para ganarse contratos en una lucha en solitario. Desde luego que no ha sido justo el trato recibido. No debemos ahondar más en ello. La cuestión ahora es —a la altura de 2026— analizar qué tauromaquia ha traído de vuelta El Cid. Y ahí está el problema, pues ha retornado con la técnica que empleara en sus últimos años en activo, aquella que les sirve a sus compañeros situados arriba del escalafón, pero no a él porque los toreros auténticos no pueden reinterpretarse buscando el agrado y la comodidad.

 
En las tres comparecencias que ha protagonizado Manuel Jesús El Cid en su vuelta a Madrid (una en 2023 y dos en 2026), no ha sido el matador al que se le recordaba con admiración. Sino algo muy liviano, de poco fuste. Creemos que los retornos de los toreros que forman parte de la historia de la tauromaquia debería ser para decir algo nuevo, para ejercer maestría, para dar lecciones, para ser un verdadero referente. No es fácil, somos conscientes. De lo que hemos visto en toros sólo han alcanzado ese grado de excelencia —posiblemente porque se habían dejado algo en el camino por decir— dos matadores, Antoñete y Manolo Vázquez, que hicieron crujir con sus lecciones el toreo anodino de su tiempo, en los años ochenta del siglo pasado. La comparación está ahí. Fue una lástima ver ayer a
El Cid en Madrid sin ángel. En un regreso sin registro, sin sello, sin mostrar la maestría que verdaderamente posee. A su primer toro, brozno, tras unos pases de tanteo le toreó hacia atrás con la intención de consentirlo y meterlo en materia, pero la cosa no funcionó, es decir se empleó despegado y mecánico sin encontrar respuesta en el tosco astado. Lo mató de bajonazo en la suerte contraria. En su segundo que era un burel distraído y soso, recurrió a la misma técnica de torear por fuera por si el astado se daba por enterado y sólo consiguió más desentendimiento del animal. A un toro manso lo intentó matar de cuatro pinchazos en la suerte natural; finalmente lo liquidó de media estocada atravesada en la suerte contraria.


Si el término regreso corresponde a la vivencia de El Cid actual, la palabra «estancia» o «permanencia» le corresponde a la situación que rumia
Álvaro Lorenzo. Ahí está Lorenzo, en una zona de confort de pocos contratos, con una tauromaquia neo-moderna hasta el infinito. Muy despegado siempre ante los morlacos, quiso pasarlos, a ambos, con la diestra. No llegó ni a entenderlos ni a conectar con dos animales sosos, si bien manejables a su modo. Cierto que pecaban de embestir con la cara alta —como todos sus hermanos—. Pero la medicina, al menos para estar por encima de ellos, pasaba por mayores apreturas y exposición. Que Lorenzo no empleó. Mató al tercero de estocada caída en la suerte contraria. Y al quinto de estocada baja, tendida, en la misma suerte contraria.


Lo mejor de la tarde vino por parte de la actuación del torero novel que confirmaba alternativa,
Manuel Diosleguarde, que mostró deseos, ganas y se le vio con cierta frescura en su «llegada». Tuvo un lote de toros más propicio. A su primero, un cinqueño con cuajo, le recibió con verónicas decentes, también en el quite. Con la muleta, aunque toreó con cierta prisa, logró enjaretarle algún pase estimable. Dos naturales de mérito. Casi consiguió meter en la faena al ejemplar de La Quinta. La faena fue corta, todo un logro. Mató en la suerte natural de pinchazo tendido y de estocada. En el último toro de la tarde, vino lo más interesante, pues el burel sacó genio, se podría decir que casta y desarrolló dificultades, pues por el pitón izquierdo se vencía; por ese pitón Diosleguarde le aguantó con entereza, lo más valioso de toda su actuación. En redondo toreó algo despegado, en una labor que fue a más y demostró compromiso y mayor ajuste en los muletazos finales, dos de ellos meritorios. Mató en la suerte natural de un pinchazo hondo y tres descabellos.

 




 

ANDREW MOORE



 



 


 
 
 
FIN 

Domingo, 17 de Mayo

 


Maleza de alcorque

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos

 DOMINGO, 17 DE MAYO


En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:


-Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos.


Mateo 28, 16-20

sábado, 16 de mayo de 2026

El monumento


Arquitecto Repullés


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


“No sólo se trata de tributar una acción de gracias al cielo por la milagrosa salvación de los Reyes, sino de consignar de manera permanente los nombres de las víctimas, señalando el sitio en que cayeron heridas, como se marca en el campo cuando ocurre una desgracia. A más de esto, que, a no dudar, el Ayuntamiento de una población católica y monárquica, Corte de los Reyes, verá con gusto, la Villa tendrá para su ornato un monumento más que, por sí y sus accesorios, embellecerá aquella parte de la misma necesitada de ello.” Es la explicación que daba Repullés, su arquitecto, sobre el Monumento Conmemorativo del 31 de Mayo de 1906, así llamado en gracia a la ninguna complicación que deben predominar siempre en todos los nombres que a diario han de correr de boca en boca. Pero al monumento los madrileños en seguida comenzaron a llamarlo “Monumento de la bomba” y “Monumento del Morral”. El monumento se levantó por iniciativa de egregias damas que tuvieron presente la exclamación de una de las víctimas, cuando, moribundo, dijo a la dama que lo consolaba: “¡Señora!, si cuando se comete un asesinato en el campo se marca el sitio con una cruz para pedir a los caminantes recuerdo y oraciones, ¿no se hará lo mismo ahora con nosotros?” Repullés procuró traducir los sentimientos de las señoras iniciadoras con los afectos de gratitud a Nuestra Señora del Amor Hermoso y de recuerdo a las víctimas pertenecientes a tres clases sociales: aristocracia, ejército y pueblo. El monumento recibió críticas feroces: “La composición es ramplona; está al alcance de un oficial de confitería. Es un reflejo del falso arte francés de pacotilla usado por el jesuitismo universal que hace exclamar a las devotas elegantes ¡qué lindo! ¡qué bonito! ¡qué distinguido! Si la ejecución es antiartística, la filosofía es una equivocación. Creen sus iniciadores que el monumento hace recordar a las víctimas... No han previsto que perpetuaban también el crimen y el recuerdo del criminal.” Todas estas cosas, en fin, vienen dadas en un rico folleto con que Casa Ciriaco, desde cuyo tercer piso actuó hace cien años Morral, obsequia a sus comensales en estas fechas de centenario y madrileñismo. 

San Isidro'26. Hubo toros para el clasicismo de Urdiales, la verdad de Fortes y el triunfalismo de Adrián. Campos & Moore

 

 
 

PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Viernes, 15 de mayo de 2026. Séptimo festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de toros de El Torero (de procedencia directa de Juan Pedro Domecq). Bien presentados, cinqueños, notables de cabezas, nobles; cumplieron en el caballo aunque sin pelear a lo grande, salieron sueltos de la mayoría de las varas a excepción del primero muy castigado en sus dos citas con Manuel Quinta, el sexto derribó en su primera vara empujando, en la segunda se repuchó; la mejor virtud de la corrida fue la movilidad, la peor la falta de fuerzas. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral fría. 

Terna: Diego Urdiales, de Arnedo (La Rioja); de verde hoja y oro, con cabos blancos; veintiséis años de alternativa; nueve festejos en 2025; silencio y ovación. Fortes, de Málaga, de rubí y azabache; catorce años de alternativa; veintiún festejos en 2025; saludos y oreja. Fernando Adrián, de Madrid, de lila y plata; doce años de alternativa; diecinueve festejos en 2025; oreja sin petición y muy protesta tras un aviso y oreja tras un aviso.

Suerte de varas. A excepción del primer toro —al que se le dio cera— la corrida fue cuidada en el caballo. Los toros cumplieron sin salirse de madre. Elegimos como ejemplo de la pelea media habida y del empleo de la pica, la labor de Pedro Iturralde en el tercer toro, un bello ejemplar berrendo en negro que desarrolló nobleza y bondades en la muleta. En la primera vara no fue puesto convenientemente al caballo, la pica cayó detrás de la cruz, algo caída, el toro se repucha. En la segunda vara sí fue puesto con ortodoxia al caballo, la vara cayó algo trasera y el toro salió suelto. Iturralde no le castigó, ni barrenó. A este toro en la lidia, al ser puesto en suerte en el tercer par, Curro Javier le toreó con el capote de manera primorosa en un lance largo y templado mostrándole al matador las posibilidades del astado.

 

Uno en la vida intenta ser trapero del tiempo e ir aprovechando todos los minutos que las fases de cada jornada deparan. Ayer, en el día del patrón de Madrid, el mejor medio para llegar a la plaza de los toros de Las Ventas era el metro. En un tramo del trayecto fui sentado y leyendo, tenía entre mis manos el libro de Vicente Zabala (padre), Hablan los viejos colosos del toreo (1976), y en la entrevista final que realiza —el que fuera insigne crítico— al matador de toros Antonio Bienvenida, a quien se le llegó a denominar «torero de Madrid», contestaba Bienvenida a la pregunta sobre la posible fidelidad a un estilo de torear del siguiente modo: «No sabes lo difícil que es torear con sosiego y sin violencia, con orden, haciendo las cosas a su tiempo, buscando la armonía, creando belleza para que llegue a espíritus sensibles y mentes inteligentes». Leído; y visto posteriormente en la figura de
Diego Urdiales que en la corrida del día de San Isidro, de este frío mes de mayo, quiso mostrarnos lo que es el clasicismo. Hay que adelantar que, de inicio, no quiso ver a su primer enemigo de El Torero, de nombre «Buscón»; si bien intentó resarcirse a continuación, del desaguisado que le preparó a ese su primer toro de nombre quevedesco —al que aniquiló en varas—, al medirse después a su segundo astado de nombre «Batallador», castaño listón albardado, bello y feble animal. A este toro acarnerado Urdiales salió totalmente decidido a torearle.

 

 Lo cuidó sobremanera en la lidia marcándole al picador Luciano Briceño las formas y los tiempos tras ponerlo él mismo en suerte —aún así Briceño, siguiendo esa genética de todo picador de aminorar las fuerzas de cualquiera astado, en la primera vara en la cruz le aplicó dos metisacas, y fue abroncado por Urdiales e inmediatamente corregido; en la segunda vara, también depositada en la cruz, Briceño se ciñó a un picotazo—; la lidia siguió con máximos cuidados en banderillas, previamente hubo un quite a la verónica del maestro de Arnedo de sabor clásico sin que llegara a redondear nada. Las pausas, el ritmo, los terrenos estaban siendo atendidos por el matador. Por su condición de manso —de las dos varas salió suelto— y sin fuerzas, la faena se decidió en el tercio del tendido seis, para que el toro empujara al límite de su capacidad. Un inicio de faena breve en el que destacó un pase de la firma seco, después suaves redondos con un sublime trincherazo, acto seguido el toreo al natural donde llegó lo mejor, a cuentagotas, tres naturales largos y templados, a la altura adecuada, el torero perfectamente colocado, cruzado, a la distancia justa, dos naturales más y otro pase de la firma; el toro cambia, pues estaba en el «limes» de su escaso poderío, y en uno de los naturales de mano baja se cae; en los últimos muletazos con la derecha iba corto, un gran cambio de mano, la faena estaba en su confín. Una magnífica estocada —aunque sin aguantar el estoqueador todo el tramo de la suerte— finiquitó al astado que había sido lidiado y toreado bajo las normas del viejo clasicismo. Un gusto. Un ejemplo.


El segundo torero destacado de la tarde fue
Fortes, aunque bajo otros parámetros que podríamos denominar de la sinceridad, del deseo, de la afición y del compromiso. De igual modo que Urdiales, Fortes no estuvo demasiado bien con su primer astado, pues a un toro que había que saber tocarle las teclas adecuadas para ahormarle —el toro protestaba o rebuscaba— le planteó la faena de perfil —una característica y una rémora en el toreo de Fortes—. Esta faena se basó en la mano derecha y desde el inicio no se resolvieron los problemas. Sin tocar la mano izquierda lo mató en la suerte natural de una estocada caída tendida. El toro le había atropellado en dos fases y recibió una cornada de la que se sobrepuso. En su segundo toro la cosa cambió. La faena fue planteada en el tendido nueve, en la segunda raya; ahí se sucedieron momentos excelsos y situaciones de desacople. Si nos vamos a lo excelso, que es lo que queda en el recuerdo, no podemos olvidar un primer pase ayudado que continuó en forma de toreo al natural muy templado, largo, bello, eterno y sentido, y que caló en el cotarro. A medida que avanzó la faena los naturales fueron excepcionales, de enorme belleza; a ello le sucedía, en ocasiones, el desajuste. Le sucedieron dos naturales de frente con ritmo. Seguidamente un ayudado a compás, y un kikirikí sublime. Verdad y torería, y —ahora— sin estar perfilado. Mató en la suerte natural de estocada baja.


Por último, debemos hablar de
Fernando Adrián como una apuesta del más denodado triunfalismo. Si la empresa fuera inteligente todas las tardes debería contratar a Fernando Adrián, una especie de garantía del más intrépido optimismo orejero. Adrián es la máxima garantía del corte de orejas y de las salidas por la puerta grande. Pero los empresarios le ponen poco. Es una lástima. Adrián parece llegado de un viaje a través del tiempo, como representante de aquel triunfalismo incansable del lustro 1966-1971 en la plaza de Las Ventas (cuando, principalmente, El Cordobés, y toda esa época), donde en cinco años hubo noventa y una salidas por la Puerta Grande en Madrid. Sólo Adrián desde 2023 suma cuatro puertas grandes. De haber toreado más haciendo pareja con Talavante el número de puertas grandes en Madrid serían elevadísimas. Para llegar a esas noventa y una de aquel consagrado lustro todavía faltan unas cuantas. Hay que contratar a Adrián. También a Talavante. Adrián en su primer toro —excelente— estuvo ligero, veloz, despegado, en redondo y al natural ¡qué importa!. Dio espaldinas (muleta sacada por la espalda). Todo sea por la oreja que consiguió sin haber petición, ya que el presidente se sumó al triunfalismo. En su segundo toro —boyante e incansable— volvieron las prisas y las afueras, en redondos y en naturales, con más espaldinas y pases de pecho ligados que enardecieron al tendido cinco. El tendido Adrián. Mató de estocada en la suerte contraria. El toro tardó en doblar. Adrián cosechó en total, dos avisos, dos orejas —una de ellas regalada— y la salida por la puerta grande.

 


 

ANDREW MOORE

 



 


 



 

 
 
 

 
 
Fernando Adrián, el Puertas 
 
 
FIN