PEPE CAMPOS
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Domingo, 17 de mayo de 2026. Noveno festejo de la Feria de San Isidro. Encierro de toros de Fuente Ymbro (de procedencia directa de Jandilla, de encaste Domecq). Bien presentados. Con buenas encornaduras y ofensivos. Mansos. Con nervio y casta. Destacó el tercero por ir al caballo de Javier Díaz con prontitud y salir al capote en la suerte de varas, aunque debajo del equino no tuvo fijeza en la pelea; la puya le cayó, respectivamente, muy trasera, y trasera y caída. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral agradable.
Terna: Miguel Ángel Perera, de La Puebla del Prior (Badajoz); de verde botella y oro, con cabos blancos; veintidós años de alternativa; treinta y cinco festejos en 2025; silencio tras un aviso y silencio tras un aviso. Paco Ureña, de Lorca (Murcia), de azul oscuro y oro; diecinueve años de alternativa; dieciséis festejos en 2025; ovación tras un aviso y silencio tras un aviso. Fernando Adrián, de Madrid, de celeste y plata; trece años de alternativa; diecinueve festejos en 2025; ovación tras un aviso y saludos tras un aviso.
Suerte de varas. Los toros cumplieron en el caballo y no se les picó en exceso; a excepción del sexto que se le dio con fuerza y con metisaca. Al tercero, quinto y sexto les faltó fijeza en la pelea. Además recibieron metisaca, primero y segundo. No se cuidó ponerlos adecuadamente en suerte. Destacó Juan Melgar en el cuarto al colocar la pica en la cruz, este astado en las dos varas salió suelto.
De nuevo los toros de Fuente Ymbro dieron un excelente juego en la plaza de Madrid durante la Feria de San Isidro. No es la primera vez y esto se va convirtiendo en costumbre. Tuvieron al mismo tiempo nobleza y listeza, mansedumbre y casta, movilidad y aspereza. Para lidiarlos no estaban anunciados los espadas que se dice son figuras indiscutibles, sino una variedad de matadores de toros, cada uno con una trayectoria diferente. Todos ellos, digamos, juegan en la segunda división del mundo taurino vigente. El más veterano, Miguel Ángel Perera porque hace tiempo que perdió la condición de mandamás. En el caso de Paco Ureña debido a que nunca estuvo en la élite de la comodidad taurina. Por último, Fernando Adrián, podríamos decir que con sus Puertas Grandes en Las Ventas ha llegado a escalar o subir de la tercera división a segunda. Ahora que estamos al final de la liga futbolera viene a cuento esta comparativa respecto a la situación de los diestros anunciados ayer respecto a los toros que tuvieron en suerte sortear. Dado el juego interesante de los toros de Fuente Ymbro y de la importancia que hubieran otorgado a los espadas capacitados en torearlos, nos hubiera gustado ver delante de ellos a, por ejemplo, Talavante, Manzanares, Juan Ortega, Pablo Aguado o el mismo Morante, que son los toreros de primera división. Pero da la casualidad de que estos espadas considerados los mejores, prefieren anunciarse con lo placentero —por su condición de estrellas del toreo— como son los Núñez del Cuvillo, los Garcigrande o la retahíla de toros de los Puertos o similares. Cuando una ganadería promete emoción los toreros que pueden decidir torearla no la eligen, sino que prefieren ganaderías de pasividad. Entonces, en esos casos, les cae esta china —anunciarse con toros de casta, sin pertenecer a las vacadas duras— a los toreros que han bajado en cotización; a los que nunca la tuvieron pero lucieron una etapa de garra; y a aquellos que se les considera emergentes, o a los encubiertos o a los que están de incógnito. Ayer, como apuntábamos más arriba la corrida de Fuente Ymbro —que desarrolló nervio y casta— estuvo destinada a un primer matador que estuvo en su día y no está ahora; a un segundo matador que fue por su toreo pero que no se le reconoció en su momento; y, por último, a un torero que quiere estar, si bien no se confía en él.
Establecidas así las cosas debemos pasar al apartado del toreo. Leyendo en los viajes en metro hacia Las Ventas, como descubrimos días atrás, sentados en el trayecto, hemos dado con las manifestaciones de Domingo Ortega a Vicente Zabala (padre), en Hablan los viejos colosos del toreo (1976), al contestar a la pregunta de si «hoy se torea mejor que nunca», que como podemos observar ha sido siempre una preocupación —triunfalista— del mundo de los toros. La respuesta del maestro de Borox fue la siguiente: «Torear es el enfrentamiento del torero con el toro echándole el capote o la muleta adelante, para, a medida que el toro va entrando en la jurisdicción del torero, ir templándole, ir inclinándose sobre la pierna contraria, al mismo tiempo que ésta avanza hacia el frente, es decir, alargando el viaje del toro. Eso es torear y hoy desgraciadamente, suelo ver lo contrario: el perfil, la muleta retrasada; y de perfil para atrás, o lo que es lo mismo: destorean (destorear)». En fin, todo un cúmulo de conceptos clásicos, así, en conjunto sobrevenidos y que nos transportan al intríngulis de cualesquiera preocupación sobre el verdadero toreo. De tal manera que aplicado a los toros encastados de ayer (Fuente Ymbro) y de cómo se les debería haber toreado, no cabe otra que coincidir con Domingo Ortega y pensar que se les tenía que haber toreado «avanzando» o «hacia adelante», no en línea, no hacia atrás, porque en estos dos modos el toro gana la pelea. Y así ocurrió. Pongamos ejemplos puntuales. Miguel Ángel Perera toreó muy en línea, con la pierna retrasada en muchas ocasiones (recordemos que su carrera se ha desarrollado en esos posicionamientos: de cargar la suerte ni por el forro). De tal modo en su primer toro, por ejemplo, se vio desbordado y nunca se sintió ganador en la lucha entablada; dio muchos pases sin llegar a acoplarse ni entender la forma de plantear la batalla. Paco Ureña, quiso y no pudo con su primer enemigo, hizo el esfuerzo de cruzarse y es cuando le llegó lo mejor del trasteo, sin llegar a completar una faena dominadora porque el toro le venció a los puntos. Estuvo muy lejos de cuando Ureña cumplía al pie de la letra la regla de cargar la suerte. Por su parte, Fernando Adrián, digamos, concibe el toreo de perfil, con ligereza, con ligazón y hacia atrás; y en esta tesitura posiblemente ha vivido, vive y vivirá. Por lo tanto, a los toros de ayer —del ayer eterno, por su casta— es muy difícil plantearle la tauromaquia moderna —la que se dice es la mejor de todos los tiempos— consistente en el toreo de perfil y hacia atrás.
Entrados en mayor análisis sobre lo sucedido en la corrida de ayer, debemos insistir en que Miguel Ángel Perera dio muchos pases, también en su segundo toro, en el que se mantuvo en la postura de no cruzarse nunca, de muletear hacia las afueras, de hacerlo de manera mecánica, sucesiva, con la pierna retrasada, metiendo pico y despegado, cosechando como ante su primer astado una derrota, si medimos lo que fue el toro y lo que ofreció el torero. Mató a este animal en la suerte natural de pinchazo caído y pinchazo, más una estocada tendida, atravesada y trasera casi entera. A su primero lo mató de media estocada caída y atravesada en la suerte natural.
Paco Ureña, como reseñamos más arriba, en su primero realizó un esfuerzo titánico por situarse él mismo en el terreno apropiado y cruzarse; le cabe la honestidad de haberlo intentado. Mató de un pinchazo soltando en la suerte natural y de una estocada en la suerte contraria. En su segundo toro se vio desbordado, con la mano derecha aguantó y llegó a correr la franela con cierta profundidad, aunque sin cruzarse, al natural se sucedieron los enganchones, volvió al toreo en redondo y logró una subida de tono, por templar los muletazos y llevarlos, a continuación con una bajada de tonalidad por no lograr mantener el nivel en la última tanda. Mató lamentablemente de un bajonazo en la suerte contraria.
Fernando Adrián, se vio inmerso en la influencia de la masa (de aficionados) porque en vez de desplegar su toreo veloz, ligado y perdiendo terreno, quiso hacerlo mejor, al escuchar críticas desde los tendidos —su comienzo de faena al tercero iba camino de la quinta puerta grande—. Quiso ralentizar su labor y darle profundidad, torear hacia atrás de la cadera, aportarle gusto, querer ser clásico, y la tarde se le comenzó a ir. Había templado los muletazos abriendo el compás. Fue recriminado. Escuchó a la masa. Se perdió en el trasteo. Finalmente volvió a su personalidad al torear en redondo, templado, rápido, con la muleta por detrás de la espalda y en posición preceptiva, ligando los pases. Lo mejor vino en los muletazos de cierre por bajo que tuvieron su recorrido templado y toreado. Pinchó en la suerte contraria en el primer intento, y se le fue el triunfo. Mató en la suerte natural de una estocada entera perdiendo la muleta. En el sexto, la faena se le fue diluyendo, comenzó con su mismo temple de siempre en los medios, pero aquello no prendía en el conventículo. Quiso subir el diapasón toreando al natural de perfil pero el burel se aburrió. Adrián macheteó y mató de una estocada atravesada haciendo guardia en la suerte contraria y siete descabellos.

ANDREW MOORE
FIN