Ignacio Ruiz Quintano
Abc
El alcalde de Madrid ha estrenado despacho. Un despacho minimalista, como, si en vez del alcalde de Madrid, habláramos del presidente de Rivas Urbanizaciones, por citar a una comunidad sin Historia (con mayúscula). Se supone que el despacho del alcalde de Madrid tendría que apabullar, antes que confundirse con el despacho del jefe de creativos de una agencia de publicidad. El minimalismo es simplicidad; al cabo, simplismo. “Menos es más”, dijo el arquitecto alemán Ludwing Mies Van der Rohe. Y creó el minimalismo. “Fútbol es fútbol”, dijo el entrenador yugoslavo Vujadin Boskov. Y creó el maximalismo. La justicia poética, que es la única justicia en la que uno sigue creyendo, nos indica que el minimalismo viene a ser la expresión del posmoderno centrismo político y de la desdentada izquierda cultural, que, bien mirado, son los dos pilares del Madrid gallardoní. Así como Gaudí, según Foxá, intentó con la Sagrada Familia fabricar una santa catedral laica, un gótico seglar, Gallardón ha intentado con el despacho de Cibeles (“Cybelia mater”, que dijo oportuno el probóscide poeta que tanto gustaba a Fray Gerundio) fabricar un barroco laico, con un par de clavos (del Metro, no de Cristo) sobre la mesa y un crucifijo tan pequeño que más parece recuerdo de Tierno que pasión por Nuestro Señor. Gallardón y Gaudí intentan sustituir, en el breve plazo de la vida de un hombre, todo el lento trabajo de las generaciones. El minimalismo municipal del despacho del alcalde es un juego de sinécdoques que se resuelve en una palabra: limpieza. La que no se ve en las calles, se ve en el despacho, que es lo que luce. “Pues lo luminoso es lo luminosamente unido con lo luminoso, y luminoso es el nuevo edificio bañado en luz nueva.” Esto no lo dijo el arquitecto Van der Rohe y tampoco el filósofo Richard Wolheim, sino el abad Suger, que fue algo así como el padre Liquete del gótico. Y he tenido un sueño: el alcalde inaugurando el “Cybelia mater” y el coro de voces blancas de Alicia Moreno interpretando el “Dios guarde al emperador” de Haydn.

