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martes, 20 de diciembre de 2022

Mundial. Lo fascinante asomó en Francia


 

Hughes

Abc
 
Casi siento que debo una disculpa porque no participo mucho del entusiasmo por el enorme éxito de Argentina en la Copa del Mundo. Sí, entiendo por supuesto lo que significa para ese país, para la consagración de Messi y alcanzo a valorar la gran obra de Scaloni, un técnico de mérito.


Pero a mí lo ‘emocionante’, lo realmente emocionante me pareció verlo en Francia. Mbappé me exaltó más de lo que hizo Messi. Maradona fue él. Me sentí golpeado por la capacidad para irse a por el partido. Especialmente una jugada, muy al final, en la que colgó un centro medido al que no llegó por poco un compañero. En ese momento, Mbappé parecía el baloncestista que decide irse hacia la canasta, hacerlo todo, con un sentido de la omnipotencia que aprendimos en Michael Jordan y que a los de mi generación nos parece la mejor expresión de la capacidad del deportista: esa mezcla de exitosa determinación y plasticidad.


Me gustó Mbappé, como a todos, tanto que sentí que la Copa la merecía él. No me aproximé a eso por geopolítica, patriotismo, o forofismo; me dejé llevar por una inercia infantil. Era la ley del deporte, la mera fascinación: lo merecía Mbappé, el mejor es Mbappé. Pero aun más que él, y es difícil, me maravilló lo que vimos en la Francia del segundo tiempo. Absolutamente dominada por Argentina, y hundida en el marcador, Francia no tenía salida cuando Deschamps movió el banquillo. Y al hacerlo pareció equivocarse. Fue como si al error inicial del planteamiento sumara otro mayor que dejaba a su equipo, a Mbappé, aún más estrangulado, aún más lejos del gol.


Pero hervía algo dentro. Entraron Thuram, Kolo Muani, Coman, Camavinga, luego Fofana… hasta ser Francia un equipo nuevo. Un equipo de una velocidad pasmosa, poderosísimo en los choques. Coman se iba por una banda y Camavinga empujaba por ese lugar misterioso suyo que parece estar entre el interior, el mediocentro y el lateral (¿una posición nueva?) y que impulsa a su equipo de una forma personal, como si tocara un nervio exacto. La potencia de Upamecano, la corporeidad asaltante de Kolo Muani o la rapidez y fuerza de Thuram, en el sitio opuesto al de su padre, como si fuera su reflejo en el espejo del tiempo…


Deschamps se había corregido a sí mismo en plena final, y en plena final había sentenciado, de alguna forma, a algunos de sus mejores jugadores: a Dembele, a Griezmann, a Giroud, a Theo, en una revolución deportiva que empujó a Francia hacia el empate y hacia una sensación de algo nuevo, distinto, superior… Fueron, para mí, los grandes minutos del Mundial. Son eso que me llevo como aficionado, el último grito, el camino a seguir…
 

Hubo cosas muy buenas. Fueron buenos los minutos de España en el primer partido, esa coralidad era la actualización del tiquitaca, limitada, eso sí, por unas condiciones técnicas y físicas concretas; fueron magníficos los instantes en que vislumbramos las nuevas posibilidades inglesas en la media y los extremos con Bellingham, Foden y Saka, ¿cuándo controló Inglaterra así el juego? Hubo minutos excelentes sueltos de Brasil, esa eterna gloria balompédica, esa alegría única, y ¡oh Neymar, genio más elegante, con quien más se ha cebado el Dios del fútbol! Y brilló hasta sorprender el contragolpe casi cultural, casi civilizatorio de Marruecos, en el que era imposible no ver la expresión de un sentido distinto del espacio, de las distancias, de la agonía y del rival… ¡La sura conjunta, crisantemo fervoroso en los penaltis!


Pero sobre todo fue esa última Francia, el poderío físico y la velocidad nueva, prometedora y futurista de ese equipo que parecía anunciar el fútbol que será y ya es…
Estaba el Bayern, con Coman y Upamecano; estaba el Madrid de Tchouaméni y Camavinga…


La colocación de los jugadores, de esos enormes jugadores, parece que pide a gritos un redibujo táctico, una reubicación en el espacio… ¿responden al mismo 4-3-3? Repito: ¿qué es Camavinga? Y si no sabemos bien qué es Camavinga, ¿qué es Camavinga más Mbappé más Coman más Kolo Muani? ¿Admiten ser constreñidos en el mismo molde? El empuje de Camavinga influyó en el partido como en las remontadas del Madrid. Y esa descarga de poder físico de muchos, multiplicadora, transformó el fútbol hasta llevarlo a otro plano, hasta convertir la final en la mejor que recordamos.


¿Qué tuvieron en común las remontadas del Madrid y esos últimos minutos legendarios ya de la final? Entre otras cosas, esa exuberancia de Camavinga, que en el Bernabéu se sumó a la de Vinicius/Mbappé… ¿No sentimos algo similar cuando el Madrid los juntó a Valverde y Tchouaméni? Esa acumulación, pero más llena de potencia, más atómica, la puso Francia en el campo.

Francia fue eso, y jugando así llevó el fútbol a otro nivel. Rozó la Copa del Mundo, cambió de piel, se hizo la Francia del 2024 (Eurocopa) y elevó el fútbol a un estadio nuevo apasionante de potencia y pasión… Nada ha sido igual de divertido. Fue un cambio estructural de Deschamps, que durante la primera parte parecía un cadáver deportivo y en unos minutos acabó transformando todo en una de las mutaciones más asombrosas que recordamos porque no sólo cambió el partido, es que cambió el fútbol, enseñó una marcha nueva, como un salto tecnológico repentino y transformó Francia hasta un punto sociológico y político…


Porque sí, todos lo vimos y muchos no nos atrevimos a decir lo evidente: esa Francia era negra, no un poco o muy negra, era totalmente negra. Quedó Lloris en la puerta y el resto era pura y excelsa negritud. Y es algo que se siente en el Madrid y tampoco se dice por el tabú de la raza. Fantaseamos ya con un Madrid negro, por lo que el deportista negro aporta al fútbol, una intensidad muscular y una riqueza de fibras y ritmos que repotencia el juego. En Rusia 2018, Mbappé (por la derecha) tenía el colchón de Kanté, Pogba y Matuidi; ayer tuvo, en un momento dado, a Kolo, Coman, Tchoua, Thuram, Camavinga y Francia voló hasta marcar tres y poder marcar cuatro o cinco. Fue extraordinario. Y quizás no me hubiera atrevido a comentarlo si no fuera por un artículo de Tunku Varadarajan (gran madridista) en el Wall Street Journal. El autor partía de esa realidad innegable: Francia era ya toda negra, y lo hacía para reconocer cómo la selección francesa integra racialmente en torno a la idea de mérito. Francia no sólo como logro de ‘integración’, Francia también y sobre todo como expresión del mérito. Porque en la racialidad completa de Francia brilla ante todo el mérito.

El fútbol se acerca en ella, en este momento, a la alta velocidad del atletismo que domina la raza negra (la portería sería aún como la natación, predominantemente blanca) y esto tiene unas repercusiones políticas de las que Estados Unidos podría aprender, según el autor.
Pero mi comentario no pretende ir tan lejos, por fascinante que sea la evolución ‘política’ del equipo nacional francés, en la que Benzema, creo, ha sido una especie de chivo expiatorio a efectos disciplinarios: bajo Deschamps, con su aspecto inequívocamente francés, Francia somete ‘republicanamente’ a los talentos africanos y coloniales, los integra en una pauta táctica y de comportamiento, olvidados ya los viejos problemas. Eso funciona deportivamente y Francia es la gran potencia futbolística del mundo.


No me atrevo a extrapolar ahora mismo esto en la sociedad francesa por mi ignorancia sobre el asunto; no creo poder interpretarlo como promesa, a escala, de un semejante éxito futuro porque creo que es algo muy concreto que por el momento se queda en el fútbol: su intersección con la integración deportiva en Clarefontaine; y pese a la derrota, la final fue el espectáculo de ver cómo eso, la definitiva apuesta por el mérito que hizo Deschamps con 2-0, asaltaba la historia del fútbol como una promesa del próximo mundial.


El toque español fue superado por el pressing alemán y ambos son superados por el fútbol francés desde presupuestos individuales, técnicos y físicos que Deschamps disciplina casi institucionalmente. Su fallo fue no verlo antes, no dar entrada antes a esa fuerza desatada de músculos, potencia y velocidad. No rendirse antes el mérito generacional. Conservó una Francia de méritos antiguos, funcionariales, de viejas pautas tácticas, de respetos honoríficos y prudencia de expertos y al reaccionar y superar todo eso se le apareció el futuro del fútbol convertido en un equivalente racial de los cien metros lisos: un espacio para la plena negritud que evoluciona el fútbol como lo hizo la Brasil negra de Pelé y el jeito.


¿No lo hizo también la Holanda de Cruyff sin ganar con una idea colectivista, sistematizadora, industrialmente polifuncional y a la vez ‘solidarista’ o comunal de su ‘todos lo hacen todo’?


Para mí, Francia es la otra gran subcampeona porque es heraldo de un nuevo fútbol que no es táctico sino una revuelta de la individualidad, sólo que de una individualidad muy concreta: la adición del refinamiento técnico y táctico al mayor talento físico posible (¡Upamecano!).


El otro día escribí en una columnita que Francia desde 1998 (campeona) tenía algo similar al Madrid desde la Galaxia (año 2000): el acomodamiento táctico a la individualidad. Suenan nombres comunes: Zidane, o la obsesión Mbappé, pero también y sobre todo los mediocentros, los pivotes, que son una gran obra francesa de los últimos años: Makelele, Tchouaméni, Vieira (¡que el Madrid casi tuvo!), Desailly (que destrozó al Barça de Cruyff) o Kanté, dominador de Europa unos cuantos años…


Estos pivotes descomunales, abarcadores del mediocampo entero, permitían liberar al crack y al conjunto, que abandonaba la homogeneidad del fútbol total… ¿No permitió Makelele la mejor expresión de todos los que estaban por delante?


El Madrid, creo, o quienes mandan en el Madrid, han visto hace tiempo que el futuro es Francia (con Brasil) y en la pujanza insolente de Camavinga un equipo se pareció a otro. Francia no culminó la remontada, pero la fascinación del Mundial fueron esos jóvenes jugadores lanzando a Mbappé, rey del fútbol, del fútbol nuevo.

lunes, 19 de diciembre de 2022

Borges en Catar

 

 

Recordemos la reverencia que el Islam tributa a
los idiotas, porque se entiende que sus almas han sido arrebatadas al cielo.

Jorge Luis Borges - Vindicacion de Bouvard y Pecuchet

Mundial. Ganó Argentina


 

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

        Así como la imperfección entre vascos se detecta entre aquellos individuos que no saben jugar al mus, la apoteosis emocional no tiene cabida en pechos que desprecian el fútbol. El fútbol conmueve como nada en el mundo y si alguien lo duda ahí está la Argentina toda para dejarnos claro qué cosa es un sentimiento. Diga don Infantino y su principesca corte lo que quiera, pero en Qatar ni se respira, ni se mama, ni gusta el fútbol. Las muchedumbres argentinas y el palco de autoridades han hecho que Doha tenga cierta similitud con la Buenos Aires del 78 y todo pareciera el escenario perfecto para encumbrar a Messi, esa especie de dios errante que buscaba desesperadamente su peana en el Olimpo. El decorado lo costeó el emirato. Se sospecha que buena parte del público, lo que hace llamativo el espectáculo, también.


     Técnicos extravagantes, periodistas enloquecidos, convulsos movimientos en el fanatismo de los 46 millones de hinchas que transitan de la devoción al desprecio con insólito ritmo, han tenido a Messi en los últimos quince años en un sinvivir que parecía impedirle alcanzar la felicidad. Tras esos tipos tan raros como Sampaoli, Bauza, el Tata Martino (buen hombre éste), Sabella, Batista, Maradona...llegó Scalonni y supo mezclar energías salidas del trabajo, la emoción y ¡cómo no! el talento. Desmedido talento tiene Messi, pero Di María va muy bien servido, y Enzo Fernández y Julián Álvarez, y... luego hay que complementar con la compaña que debe resultar fiera, arrebatada, energuménica...


     Llegó Argentina a esa final cuatrienal que paraliza a más de media humanidad con las obligaciones bien explicadas por Scalonni, los compromisos asumidos por su plantilla y el furibundo aliento de sus hinchas. Francia llegó con bastante menos ruido. Con un punto subido de altivez y dándoselas de elegante, pero en realidad pareció abúlica, sin sangre y servidor empezó a sospechar que andaba toda ella con el virus del camello que hablaba la prensa. Así, despectiva y arrogante, pasaron 80 minutos y encajaron dos goles argentinos. De repente, tras una tontada de Otamendi, similar a otra melonada de Dembelé, se desató Mbbappé, uno no sabe a qué cadenas amarrado, y se pasó a una fenomenal sucesión de aventuras que todo buen aficionado disfrutó con emoción. Emoción, ése es el quid de la cuestión en el fútbol. Ni se compra, ni se vende. Se siente. Fueron otros ochenta minutos extraordinarios, donde a servidor ya le daba igual lo que pasara.


     Saben ustedes que uno quería que ganara Francia; mi doña, Argentina, pero que no la ganara Messi. Mi doña es del Madrid y se ve que los cariños condicionan. Lo que cada cual deseó ayer pertenece a su particularidad, pero hay que reconocer que a la familia de Qatar le salió una final apañada, bonita de ver y disfrutar y además acabó como ella y los que manejan el fútbol querían: con Messi campeón del Mundo, al que pusieron una especie de "manta de aceitunas" como dijo el gran Paco, para recoger con la liturgia debida en el lugar, un trofeo que no tiene igual.


      Felicidades a la Argentina.

Un ancianito jugando al fútbol


 

Pepe Campos

Taiwán

Lo poco que queda del periodismo español se ha refugiado, para dar la monserga, en el mundo del fútbol. Nada más terminada la final del mundial de Qatar ya comienzan, los periodistas progresistas, a hablar de la mejor final de la historia. Esto de señalar que todo lo que ocurre en la actualidad es lo mejor de todos los tiempos, viene a ser una manera de hacer tabla rasa revolucionaria. Lo antiguo huele mal, no merece la pena, seguramente aquello (que se dice fue notable y auténtico) sucedió en tiempos dictatoriales cuando no existía la democracia plebiscitaria que actualmente lucha contra el cambio climático. Además, en aquellas etapas de antaño, de poco confort —digamos, cuando no se podía hacer turismo masivo—, el machismo estaba presente, lo que propiciaba la mitología con existencia de héroes, de férreos hombres románticos, no tatuados, no depilados, ni con corte de pelo diario de diseño.


Siguiendo esas líneas del discurso no pararíamos de hablar de una nueva política en la opinión futbolística que nos quiere llevar a que creamos que lo que vemos en el momento actual es lo mejor de la historia. Así, siempre, para quien desconoce lo anterior, lo último es lo mejor de la historia. Y ahora mismo, ya, eso que se ansía por todos (por el periodismo buenista y por el público obediente) que debe ser lo mejor, en el territorio del deporte rey, es Messi. La traca ya venía de cuando jugaba en el Barcelona y se trasladaba, a su vez, a la selección de fútbol de Argentina, cuando comparecía en ella. Y de dar tanto con el martillo en el mismo clavo, parece que ahora todo encaja y queda bien remachado. Messi, que ha ganado el mundial de Qatar, es el mejor jugador de fútbol de la historia. Y el que lo discuta no sabe y hay que reeducarle con cifras, con estadísticas, con datos, con opiniones de quienes quieren que las cosas bailen a su favor. Que es llevar la razón. Estar en lo guay. Es la doctrina de que lo único válido es «ganar» y «el ganador de hoy».


Al mejor del presente, Messi, le ha tocado vivir una etapa dorada en el fútbol. La época en la que no existen los marcajes individuales dentro del campo a lo largo de los partidos. Unos tiempos en los que cualquier roce dentro del área, con VAR o sin VAR, se señala como pena máxima (penalti). Una etapa de estrategias con las tarjetas y las faltas, según y cómo. Un tiempo, más cercano, con numerosos cambios de jugadores para refrescar a los equipos para que no exista el cansancio. Cuando comenzó a jugar al fútbol Messi fueron los momentos de la eliminación de los marcajes (había que premiar lo excelente en el fútbol). Estuvo acompañado de grandes jugadores que él nunca «calificó». Si bien, por todos lados fue tratado con esmero. Luego cuando no tuvo esos grandes jugadores alrededor (caso de la Argentina actual), y la edad se le echaba encima, sacó (ha sacado) su verdadera versión, tal vez, la auténticamente originaria, la de líder de un «grupo de combate» que muere a muerte por el «jefe supremo». Esto lo estuvo buscando en la selección argentina durante muchos años y no lo alcanzaba. En este instante le vino. Ha sido un logro.


Ahora para poder arrasar con todas las estadísticas a nivel de clubes debe volver a un equipo con estrellas, y las tendrá que convencer, con bastón de mando, que le sigan y le abran el camino del nuevo éxito que se merece. Veremos si esto lo consigue. La monserga del periodismo se lanzará a hacerle la campaña. Estaremos entretenidos durante un tiempo. Pues no sabemos si quiere superar los dos retos que le quedan: más Copas de Europa que Francisco Gento jugando la final como titular (seis/Messi tiene tres) y más Campeonatos del Mundo como titular y metiendo goles donde se topa con Pelé (dos/Messi tiene uno). Y aunque aquellos logros de antaño de otros jugadores huelen a cuestiones de poco valor; ¿cómo se puede reescribir la historia y borrarlo? Es posible, entonces, que sólo le quede como solución seguir jugando al fútbol durante unos cuantos años más, para alegría del buenismo progre, que le seguirá fiel. Y para desgracia del fútbol de antaño que existió, pero cuya memoria hay que desplazar, para darle paso, en un eterno todavía, a un ancianito que merita.

jueves, 15 de diciembre de 2022

Mundial. Final Francia-Argentina


Los tres tenores a sueldo de Catar

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


         No le queda a uno más remedio que ser objetivo con las semifinales del Mundial y confesar que Argentina fue mucho más intensa que Croacia, jugó concentradísima en una continua ebullición de sus elementos que sin llegar en esta ocasión a la belicosa agresividad contra Holanda, supo culminar conforme al plan imaginado por Scalonni, un entrenador del que servidor sospecha que disimula sus trucos de motivación con una estrategia en la que no se aprecian novedades de consideración. Tengo para mí que Scalonni cabrea a modo a Messi antes de los partidos, contándole vaya usted a saber qué cosas, para esto los argentinos se las pintan sólos, por lo que Leo sale como endemoniado, hostil con todo Cristo y ¡cómo no! intimidatorio con los "referís" amparado por esa bandera blanca que es el brazalete de capitán y ¡claro está!, el aura que ni pierde ni le quitan. Recuerdo un día que Marcelo le cascó una colleja que no vio el árbitro y ¡en qué hora! El resto de la albiceleste ya llega cabreado desde el hotel con alarde de tatuajes inquietantes y esos rostros torvos, desafiantes, antipáticos...


       El que hace de locutor en el movistar, Álvaro Benito, a los dos minutos de partido comenzó a glosar las virtudes de Gvardiol hasta una innecesaia exageración. Beckenbanuer a su lado resultaba un piernas del cretácico. Me malicié lo que estaba por venir para dejar en feo tan sesudos análisis: una infausta desaplicación defensiva, ese concepto inventado por la argentinidad que puebla el fútbol. Sosa, el lateral izquierdo croata, a mi modesto parecer no alcanzaba nivel mundial y no resultó extraño su torpeza en el segundo gol pero sí sorprendió el traje de Messi a Gvardiol, el defensa favorito de la prensa (la verdad es que es muy bueno) en una jugada que nos pondrán durante años para recordación de Messi y que no olvidará fácilmente el locutor.


       Si Messi en Argentina es un chorro de talento, en Francia a Deschamps le pasa como a San Juan de la Cruz "...que bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque sea de noche". Deschamps confía en el arrebato genial de Mbbappé pero sabe de sus férreas vigilancias y por ello alecciona a Griezzman, su predilecta fuente, como una especie de comodín multiservicios que mantenga a todo el equipo en tensión. Anoche Marruecos jugó como requerían las vicisitudes del encuentro.  Quiso defender como solía pero a los cinco minutos tuvo que cambiar de plan, que lo tenía y muy bien ensayado, y a todos nos sorprendió, alegró y nos hizo un poco cómplices suyos, pero Francia gana porque tiene muy buenos jugadores y cuando parecen regulares se sacan de la manga cualquiera de los recursos técnicos que manejan con exquisita exclusividad.


     Claro que luego pasan cosas, que entran en el apartado de la suerte propia o los imponderables ajenos. A favor de Argentina se pitó un penalti interpretable y no se contó otro para Marruecos de Theo Hernández que el señor César Ramos, mexicano, convirtió en falta del atacante Boufal, buen driblador por cierto. Suerte decimos y no nos queremos meter en honduras pero no está de más señalar que el estamento arbitral siempre ha tenido miedo al poderoso y según dice don Iturralde, los aficionados somos ignorantes porque hay circulares de FIFA que dicen "se pita penalty si.." y "no es penalty si.." y nos suelta una interpretación de la Biblia sólo entendible entre sectarios.

     Curiosa final en un Mundial acusado de todo por culpa de la "asquerosidá" de los dineros y que se presenta como los amos de los dineros desean. El PSG, el equipo al que el estado de Catar parece gestionar con el mismo fanatismo que a sus caballerizas, tiene contratados a los dos mejores peloteros del mercado. Los ha sacado de "su" Parque de los Príncipes y los ha llevado a la palestra de "su" Mundial para que se enfrenten entre sí con intención de asombrar al mundo. Son suyos, de su PSG, de su Catar.


      A los aficionados nos consuela que es Francia contra Argentina. Perspectivas de gran partido sin duda.

martes, 13 de diciembre de 2022

Mundial. Escándalos


No lea usted. Déjese guiar

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

        "Que escándalo, que escándalo, he descubierto que aquí se juega" dice el capitán Renault en el garito de Rick, y una cosa parecida, pero sin desalojo de los locales ha ocurrido en Bruselas donde un juez belga ha descubierto otro "escándalo" que al europeo en general y al español en particular les hace sonreír como el arrebato de dignidad del gendarme francés que en la misma escena recibe "lo" de costumbre.


       Dicen en la prensa que "el escándalo" es porque Catar da dineros para que los eurodiputados blanqueen el emirato. Será así si la prensa es unánime en el juicio, pero mientras veo el Mundial de Catar, veo también en los intermedios que hay unos anuncios que llevan el sello del Gobierno de España y que no sé cuántos euros ha costado montarlos y cuanto paga el Gobierno porque las empresas de comunicación los difundan a ritmo continuo e incesante. En uno de ellos sale una señora a la que quieren que veamos señoritinga que tiene una hija pianista y nos cuentan que es "mu remala" como otro con "gabardina facha" que no hay más que oírle cómo habla. Sentencia el anuncio a unos padres de familia de toda la vida a los que acusa con gratuitas ocurrencias e imaginaciones. Hay otro anuncio en el que se trata de drogadictos a los que calientan la casa, cuando no hace mucho los mismos que han encargado el anuncio manifestaban que iban a morir niños y ancianos por no poder pagar la calefacción cuatro veces más barata que se paga hoy. Dinero de impuestos que llega a televisiones y periódicos que a lo visto no persigue blanquear nada.


     También hay otro muy repetido en el mundial del movistar en el que aparece gente de pueblo "mu maja", no hay más que ver su indumentaria, que va a "materializar sus sueños haciendo uso de los fondos europeos". Esta última publicidad tiene un gasto de cuatro millones de euros de los que no tengo claro si los pone el gobierno de Bruselas o el de Madrid y este gasto es el que me ha empujado a poner estas cuatro letras porque uno se da cuenta de cuánto personal está encantado de mantener gobiernos tan generosos.


    Luego está el concepto de blanquear, que es cuestión de la que se ha hablado esta mañana en lo de Antonio y a la que el señor Rafael ha tratado de escándalo vergonzoso.

domingo, 11 de diciembre de 2022

Mundial. Semifinal Francia-Marruecos


El gallo de Francia

 


   

El pulpo de Marruecos

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


         Didier Deschamps y Garet Southgate fueron jugadores de una practicidad sobresaliente en el caso del francés y pongamos que notable en el inglés. Gregarios de lujo en sus equipos y selecciones, conocen el fútbol de élite y su evolución en los últimos 40 años con la sensatez que da el buen juicio y la ninguna gana de significarse con tonterías. Son, o a mí me lo parecen, educados, respetuosos y muy cuidadosos con lo que hacen. Presentan alineaciones con sentido: centrales fuertes y grandotes, medio-centros enérgicos y vigorosos y arriba nunca falta en sus países cosecha de peloteros extraordinarios. Suelen dejan a su libre albedrio a uno o dos de estos últimos, con lo que garantizan muy buenos partidos.

 
      Cree servidor que el Francia-Inglaterra de anoche fue el partido más vistoso del Mundial. Por colocación, ejercitación de la actividad y los alardes propios que se esperan de los oficiantes. ¡Ah! y por vestir con la etiqueta que debe exigir ocasión tan señalada. Esperábamos a Mbbappé que estuvo bien controlado por Walker (nos dejaron un sprint de los de fuera de categoría, que ganó el francés, aunque sin consecuencias), pero el más importante de los azules creo que es Griezmann, el artista suelto de Deschamps, que reparte juego como un central de balonmano. Se la dejó a Tchouámeni y se la puso a Giroud para los dos goles de Francia, y robó, escondió, aclaró e hizo todo bien. Como en Rusia. Sin esas trabas que le pone Simeone en sus fatigas ligueras. Otro que anda fino en la creación es Rabiot; Tchouameni es ya Deschamps en grande y en negro; los laterales Koundé y Theo no iban a ser los titulares, pero lo parecen. El central Upamecano resulta a veces demasiado impulsivo y a Varane no lo veo con la seguridad que solía, pareciéndome la zona más débil del equipo, pero ahí está el eterno Lloris para corregir lo que haga falta. Arriba Giroud está "de dulce"; Dembelé nos amaga con la genialidad que está por venir mientras desequilibra como el extremo antiguo que es, y Mbbappé... Mbbappé ¡que voy a decir de Mbbappé!


      Southgate planteó bien el partido, dio libertad a Bellingham (¡qué gran futbolista!), pero Tchouámeni se la recortó; dominó a veces Inglaterra, tuvo ocasiones, pero luego hay cosas que el entrenador no puede controlar. Que tu goleador y especialista te falle un penalti, por ejemplo. Pasó Francia en un gran partido que quizás no se vuelva a repetir en el Mundial.


      ¿Y Marruecos? Marruecos se ha plantado en semifinales como el Burgos en puesto de ascenso. Con un trabajo defensivo descomunal hijo de una concentración permanente y una fe de converso de la que dicen se llega al fanatismo. Defender  y picar como víbora del desierto en las escasas ocasiones que se disponga es el mantra a seguir. Lección clara y escueta de un  entrenador que lleva tres meses en el cargo y que ha tenido que recuperar jugadores que no acudían a la selección. Para los que explican el fútbol, un imposible. RegraguiBono y En Nessiri ya son héroes de la patria y me da que el Sevilla va a vender muchas camisetas entre la morisma, pero el que de verdad tiene al mundo alucinado es el alopécico Amrabat, que con sus tentáculos ha llevado a la desesperación a media Europa: Bélgica, España, Portugal...


    Espera Francia... y París, Marsella, Lyon.. están temblando no por lo que pueda pasar en el césped de Qatar, sino en sus calles. Dicen que en París hay más aficionados marroquíes que franceses y es cosa ésta que uno no sabe por qué extraña a tantos.
          

sábado, 10 de diciembre de 2022

Mundial. Caer mal


Modric y LIvakovic por Crocia

 


 
 

Otamendi, Paredes, Molina, Pezzella....

 por Argentina


Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Con España eliminada el aficionado asiste a los cuartos del Mundial con el prejuicio que Natura clava en cada quien. Es el prejuicio de "me cae mal", y ahí entra el que usted considere. Conozco poca gente a la que caiga bien Ronaldo, Neymar o el mismo Luis Enrique. Sin embargo, Portugal y Brasil caen bien y a España todos -bueno, casi todos- los españoles estamos obligados. Messi cae mejor al aficionado, a pesar de la discriminatoria protección facilitada por todas las instancias federativas y arbitrales, pero Argentina no. Argentina no cae bien y nos parece cada vez más una amedrentadora banda con tatuajes que quisiera hacerse dueña del patio de un talego y no de la copa de un torneo deportivo.


    A servidor, inclinado a la parcialidad de Van Gaal, no le duelen prendas al decir que Holanda carece de calidad y de jugadores brillantes y talentosos. No tiene un Messi, un Di María o un Enzo Fernández..., pero Argentina jugó con el mismo temor a perder que Holanda. Argentina no ganó porque fuera mejor, que sinceramente creo que lo es, sino por la lotería de los penaltys, que es suerte que arrima mucha audiencia a la televisión. Mateu quiso impartir justicia en plan profe guay en un recreo de la ESO y como es natural en él, fuerte con el débil, no aplicó la disciplina que se requería con el bando albiceleste. Lautaro coló el penalty definitivo y los argentinos dieron rienda suelta a su macarrismo y a su no saber ganar con la no intervención del VAR, que a lo visto está para desfacer entuertos menores. Cuando pierdan, ojalá sea así contra Croacia o en la final, veremos que tampoco saben perder.


    Los brasileños tienen también la prepotencia argentina pero no es tan faltona. O al menos a mí no me lo parece. Brasil cae bien, pero como Neymar cae mal y Modric muy bien, el aficionado en general "iba" con Croacia. Brasil, como Argentina, como Holanda y como Croacia tenía pánico a recibir un gol y por eso es incomprensible que el empate de Bruno Petkovic, un delantero que en sus primeras intervenciones pareció un tronco de campeonato, llegara al contrataque, como gusta jugar, dígase lo que se quiera, a todos los entrenadores. Bueno, a casi todos. Transiciones rápidas lo llaman ahora los exégetas del balombié. En este Croacia-Brasil que canoniza por enésima vez al gran Modric, el héroe como ante Japón resultó Livakovic, pero el mejor del partido, para servidor, fue el señor Michael Oliver. Así se arbitra. Fijándose en todo y sin hacer caso a pamplinas como ésa mano involuntaria de Juranovic, grandísimo defensor que mantuvo a raya a Vinicius, Neymar y Rodrygo, reclamada por los brasileños y detectada por un VAR al que el colegiado inglés le explicó por el pinganillo qué cosa es penalti y qué cosa no. ¡A un inglés le van a decir lo que es penalti!


     ¿Y ahora? Pues que gane el Mundial cualquiera menos Argentina. Me cae mal. Muy mal.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Mundial. No es lo mismo un club que la Selección


 

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


       Confieso que creí que Luis Enrique se bajaría del caballo y pisaría los campos del Mundial como debe hacerlo un seleccionador de fútbol que no es un entrenador de club como lamentablemente se ha empecinado el asturiano. A mi parecer, Luis Enrique se cree tan moderno y avanzado que está convencido de haber descubierto el Mediterráneo y así como Sacchi y Cruyff revitalizaron el fútbol con sistemas e ideas tan innovadoras como espectaculares, nuestro seleccionador, envidioso de aquellos profetas y con desprecio a la razón, experiencia y conocimientos de todo el mundo del fútbol ha querido convertir en geniales, como es costumbre en el siglo, demasiados despropósitos. Un seleccionador, además de confiar en sus jugadores, debe estudiar a los rivales y llevar barajadas varias opciones para poder batirlos. La posesión, como la defensa adelantada de Sacchi en el medio campo, puede que sea un buen método, pero así como a Sacchi le empezaron a destrozar la estrategia con balones largos, el "sistema innegociable" de la española lleva tiempo con resultados intrascendentes además de monótono porque los jugadores no lo hacen ya con velocidad -lo de Costa Rica ha quedado como raya en el agua, como nuestros otros dos únicos triunfos en los dos anteriores mundiales: Australia e Irán- y está demostrado que con esperarnos cerrados es suficiente. El contrario siempre tiene alguna, y si no es capaz de crearla se la regalamos jugueteando con el portero. ¡Un juguete! Eso parece que ha sido la selección en manos de Luis Enrique. Un juguete de ésos de videoconsola "megaguay" que se nos hace tan inasequible como incomprensible a los que llevamos bastante más de medio siglo sufriendo con el fútbol.


      Sí. Luis Enrique tendría que haber llevado otro delantero centro nato, Borja, para partidos más que probables a priori como el de Japón, Marruecos o Croacia, selecciones que se iban a cerrar a cal y canto y previsiblemente necesitarían balones al área, que es un modo de ataque tan respetable como efectivo. El hombre, en su cerrazón, se ríe de los que apuntaron la necesidad porque cree que sólo él sabe del fútbol y sus ramificaciones. Para lo bueno y para lo malo la selección española era un equipo de autor, y el autor, fanático como él solo, ha quedado retratado tras su mundial vulgaridad. No le deben echar sino que debe dimitir. Más por coherencia que por dignidad, que también. Y por favor que venga gente práctica, como el añorado Luis Aragonés porque a la selección debe llevarla alguien sensato que estudie a Alemania, a Francia y también al Japón, a Marruecos y hasta las Islas Feroe. Y seguir moviéndola. Sí, mover la pelota, que no es lo mismo que magrearla. Lo primero fue una gozada multitudinaria; lo segundo, en lo que estamos, resulta ya de una rijosidad casi vomitiva y nos coloca en calidad a la altura de Japón, Corea, el Senegal... y sí, por debajo de Marruecos.


      ¡Con Dios, Luis Enrique!


      ¡Ah! A cuartos llegan los buenos de siempre, menos quizás Alemania, que se nos está empezando a parecer. Permitan que tuerza por Holanda, donde hay un entrenador de club y de selección.

domingo, 4 de diciembre de 2022

El Mundial y sus trampas infalibles

 

Esto parece verdad, pero es una mentira de un amigo

 que hace perfectas hasta las trampas

 

La divina imagen de la FIFA sin el japonés Mitoma

El centrador


Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Que mi admirado Van Gaal haya recogido en su libreta los recursos prácticos de colegas mucho menos brillantes es señal evidente de la decadencia de un fútbol que no tardando mucho se convertirá en sucedáneo de emociones como lo es de sabores el tomate, el pollo o los flanes en tarrinitas de los supermercados. Sin que nos demos cuenta, Holanda ya está en cuartos sin enamorar al mundo con el fútbol total que tanta gloria le dio. De repente nos hemos fijado en Noppert, un portero gigantesco que hace poco estuvo a punto de meterse a policía porque no veía futuro en el fútbol. Van Gaal, que es un señor que hace mejores a los jugadores que le confían -servidor mide así a los entrenadores y ¡sí!, a Bogarde lo hizo mejor y encareció su precio- lo ha puesto de titular ¡debut de un guardameta en un Mundial! y en punta ha subido el valor de Gapko, un delantero que ahora todo el mundo presume de conocer. Holanda espera a Argentina, un equipo que parece un Elche de los setenta, con perdón (aquél sembrado de cabelleras y éste de tatuajes), con De Paul queriendo hacer de Aníbal Montero. Argentina tiene a Julián Álvarez y a Enzo Fernández a los que Scaloni a punto ha estado de devaluarlos hasta la náusea... y a Messi, claro está, para quien todas las bendiciones fiferas y catarís le son encomendadas, además de las argentinas, por supuesto, pero Argentina tiene poco más y lo mollar lo va a estudiar como merece ese eterno "negatifo" del imaginario español.


      El Mundial de Catar está igualando el fútbol, no por arriba, por la excelencia, sino como es norma en el siglo, por abajo, por lo más corriente, tirando a una vulgaridad que trae la corrompida emoción de la incertidumbre del resultado hasta el minuto cien, que es una de las novedades mundialistas: más tiempo para las teles. No hay grande al que no se le haya subido a las barbas un chico. Camerún a Brasil, Túnez a Francia, Corea a Portugal, la Arabia a la Argentina, Japón a las nuestras y Bélgica... Bélgica tendría que haber sido la única víctima del ambiente crepuscular que invade el fútbol, pero...¡ Ay, Alemania y Uruguay!


     Al aficionado de toda la vida no le molesta que Alemania y Uruguay no lleguen a octavos. Al aficionado de toda la vida le subleva que el VAR -no, queridos amigos, no es una fijación- haya dado un penalty a Portugal por simulación de caída de Ronaldo y no lo haya entendido así un lance mucho más culposo con Cavani ante Ghana. La infalibilidad del VAR tendría que haber corregido lo injusto en vez de enredar y hacer que sea lo que no es y su contrario. Digo infalibilidad porque esa imagen de la tecnología fifera metiendo el balón en el campo para el segundo gol de Japón contra España es no sólo una ridiculez pretendiendo legalizar dos milímetros ¿y si se pega un tábano en la barriga del esférico, don Iturralde? en los fuera de puerta y en los fuera de juego, sino un insulto a todas las criaturas con un mínimo de raciocinio. Ponen los ingenieros de la FIFA la pelota sin el pie que centra del japonés en una abstracción que será muy moderna y sofisticada pero que no tiene nada que ver con el fútbol. Se admite que el árbitro y el línea no lo vean -fútbol de ayer-, pero que el VAR te de a comulgar ruedas de molino es motivo suficiente para pedir la demolición de tan demoníaco artefacto. En Alemania creen que ese gol fue válido para castigar a Neuer y compañía por no hacerse gratos a los ojos e intereses de la FIFA. Servidor cree que también, porque en realidad, nuestra selección parece que salió favorecida por el disparate. En el Uruguay hay voluntarios para destruir ese juguete con el que tanto disfrutan los fanáticos de vídeo consola.


    -Ya, ya lo sé. Es el futuro.

viernes, 2 de diciembre de 2022

Mundial. Víctimas del sistema


 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


         Una de las frases que menos me convence de los asuntos futbolísticos es aquélla que se ha hecho primer mandamiento entre casi todos los entrenadores modernos: "El sistema es innegociable". Estos entrenadores vieron agua clara en las fuentes holandesas y allá se fueron a acarrearla, pero además del agua cargaron con la proverbial cabezonería de los que gobernaban los manantiales. Los hubo que evolucionaron y miraron más allá del método basado en la posesión, pero otros se empecinaron en no "cambiar el dibujo", en "no voy a perder un minuto en discutir el planteamiento" y unos cuantos siguen firmes en sus principios y se obcecan en convertir a sus porteros en aquellos líberos de antaño: Beckaenbauer, Baresi... y por ceñirnos a la tradición holandesa, Krol, Koeman o el mismo Van Djik de ahora.


      Sigo creyendo en Luis Enrique a pesar de sus cabezonerías, pero me incomoda que no acepte un patadón defensivo, un "a tomar por culo el balón" como dice Take Kubo que haría cualquier equipo ante una presión bien organizada. Japón y casi todas las selecciones tienen plan B... y C y D y F y G pero ante España no es necesario calentarse la cabeza. Todo se resume en cerrarse a cal y canto y aprovechar una pérdida tonta que es cosa que va a pasar seguro y si el partido se pone feo presionar arriba hasta que se la pasen al portero al que le gusta hacer el pino a deshora. Los errores de Unai Simón, que los tiene en demasía a pesar de que no todos sean gol, son achacables en su mayoría a Luis Enrique que le tiene comida la cabeza con cánticos gloriosos a "las situaciones de riesgo". Hasta parece que al seleccionador español le gusta más arriesgar en defensa que en ataque. Hay unanimidad para considerar la segunda parte de ayer como horrorosa, pero creo que lo más preocupante es que no va a haber cambio de sistema y que Unai Simón va a seguir regateando como si fuera Garrincha. Song, el entrenador de Camerún, se ha cargado a Onana (guardameta salido del método holandés) por sus atrevidos driblings, entre otras cosas supongo, fuera del área ante Suiza. Paco Jémez, como seguro haría Luis Enrique si se diera el caso, cambiaba a su portero en la primera parte si se le ocurría despejar dos veces a donde vaya. Lo puse el otro día aquí tras las buenas tardes ante Costa Rica y Alemania: "Unai Simón me pone frenético cuando pisa el balón". Pues ocurrió y del mosqueo pasé, como todo quisque, a la indignación. El VAR remató la noche dando un gol que los exégetas modernos interpretan de modo ininteligible.


    Mal nosotros pero ¡mire usted Alemania! Creo que los alemanes fueron a Catar a ganarse fama de solidarios y muy sensibles con el mundo de la homosexualidad. Se les fue el tiempo en amagos de dignidad -eso sí bien visibles los carteles de Adidas y la Wolsvagen, máximos sostenedores fiferos- y cuando se quisieron dar cuenta les ganaba Costa Rica. Lo intentaron arreglar pero los nuestros ni supieron ni pudieron ayudar. ¡Miedo dan las represalias!


    ¿Y Bélgica? Por Bélgica, De Bruyne, al que tanta devoción tengo y hasta Courtois han estado como el resto de los futbolistas belgas: a otras cosas. De Hazard no se puede hablar porque no ha dado ningún motivo. Soporífero partido al que le echó picante el VAR en otra enigmática intervención. Ya saben que éste es el fútbol del futuro. Agitarlo en el comedor de casa y al campo si no quiere ir la gente, que no vaya.


    Espera la Marruecos de Regragui, aquel defensor tirillas que escuchó las pragmáticas enseñanzas del difunto Nando Yosu en Santander. Nando Yosu, amarrategui de condición sí que cambiaba de planes según rival:  "Balones altos que la defensa es bajita", hubiera dicho ayer ante Japón; "asfixiar a Busquets y provocad que pasen la pelota al portero", dirá el martes que viene el que fuera su pupilo.

jueves, 1 de diciembre de 2022

Mundial. Los primeros ocho

 

Kalidou Koulibaly

 


  

Enzo Fernández

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


        El VAR llamó al señor Makkelie a consultas tras un centro de Julián Álvarez -muy buen delantero, por cierto- que salió un poco alto porque la cabeza de "la Pulga" ni es ni tiene que ser la de Cristiano, por ejemplo, que se apunta goles por lo que supone su salto. Messi remató fuera y Szczesney, que llega tarde a despejar, roza con su mano abierta la cara del 10 argentino. El VAR, esa perversa herramienta, legisló a la moderna y conminó al árbitro holandés a sancionar, puede que hasta contra su voluntad. Ese vergonzoso minuto 35 lo arregló la mala ejecución de la pena, pero tras la parada del portero polaco muchos torcimos hacia Polonia porque ya es más que "algo" lo que huele a podrido en Qatar. Más que en Qatar, en la FIFA. Se ha de reconocer que Argentina a la que Scaloni va a mejorar con Enzo Fernández y Julián Álvarez de titulares es mucho más equipo que Polonia y que ésta pase es una demostración de que sobran selecciones en el Mundial. Cuando México se puso 2/0 me cambié al estadio Lusail a empujar para que Chávez la colara otra, vez pero no..., Al-Dawsari, el que una vez jugó con el Villarreal, destrozó las ilusiones mexicanas en un contrataque en el minuto 95 y nos privó de una escuadra que uno cree mejor de lo que ha mostrado. Francia tendrá un fácil pasar a cuartos ante el "temible" Lewandosky y ese Krichowiack al que vemos haciendo de zapador no se sabe cuántos años ya.


       ¿Sobraba Dinamarca, la del olor a podrido del Hamlet? Pues igual sí. Servidor no ve tan mala plantilla: Erikssen felizmente recuperado, el terrorífico Cornelius, el excelente lateral Maehle... pero ha resultado triste en su juego a pesar de los esfuerzos de Erikssen y sobre todo nula en un ataque con tres delanteros de cierto fuste: Dollberg, Braithwaite o Cornelius. El caso es que ¡¡Australia!! se medirá con Argentina en un camino que se le ha puesto a la albiceleste como el que gustan corretear sus hinchas.


     Ya saben que ahora todo funciona conforme te caiga el prójimo y Van Gaal a muy pocos cae bien. Sospecho que si hiciésemos un club de fans del gran Louis, seríamos clandestinos y por eso prefiero no decir nada de uno de mis ídolos y esperar a ver que pasa en cuartos, porque ¡hombre! los USA son rocosos, pero no temibles. Se le exige allí en los Países Bajos, que es como dicen ahora a Holanda como si tuviera a Cruyf y Rensenbrick ó Gullit y Kluivert, pero lo más parecido a Gullit es ese Aké que hace de Hullsoff, y que a servidor le parece que en cualquier momento va a fallar por ésa autosuficiencia defensiva que tanto ha predicado la escuela holandesa.


    El sorteo colocó a Inglaterra en un mero trámite que ha resuelto sin mayores problemas. Se cruzará con Senegal. "Le falta Mané" decimos todos, "...y Kouyaté" dicen los ingleses del Crystal Palace y del Nottingham. A mí particularmente el que me gusta del Senegal es Kalidou Koulibaly, un central de los que intimidan, de los que tienen cara y cuerpo de centrales ("Pikabea es demasiado guapo para central", decía Toshack), de los que suben a rematar saques de esquina y son capaces de meter goles que suenan como cañonazos. ¡Ojalá repita jugada!


     Quedamos a la espera de la selección de Luis Enrique y del Croacia- Bélgica.

martes, 29 de noviembre de 2022

Catar'22. Llega la emoción

 


Marruecos

Está por dar guerra

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo


     "Lo mejor del Mundial, los resultados" decía ésta mañana en lo de Antonio uno de los camareros que sólo ha visto "...a la España y a cachitos". La fiesta mayor del fútbol es el Mundial cuatrienal, un espectáculo que tenía sus plazos, sus revistas especiales, sus liturgias... pero en éste de Catar, emperejilado por sociedades con individuos que no se hartan de ganar dinero, hasta muchos de los grandes aficionados no han tenido mas remedio que espantarse, unos porque no les llega la paga para ver los que tienen 90 minutos (mejor pongamos cien) emocionantes, Camerún-Serbia o Ghana-Corea; otros, porque no tienen el cuerpo hecho a la estación y  los irreductibles por peligro de hartazgo tras un Uruguay-Corea o un México-Polonia que en principio no pintaban mal.


     De todos modos, uno cree que el Mundial de verdad -dicen que van a ampliar las selecciones porque les parecen pocas 32- empieza hoy, en el tercer partido de clasificación donde nos esperan duelos que nos pegarán al televisor -ya está uno en casa para ver el fútbol como Dios manda- y los viviremos como si fueran auténticas finales. En realidad lo son porque un partido no lo gana siempre el mejor y así, si Costa Rica puede con Alemania y la Arabia Saudita con México, los alemanes quedarían fuera y los argentinos lo más probable es que también... pero todos sabemos que tal cosa es imposible que suceda y Alemania se plantará en octavos y Messi también, porque... ¿qué iba a ser de este Mundial sin Messi? Que conste que pongo lo anterior para quedar mal ante quién lea y puedan decir: " mira cómo se ha columpiado el listo éste?" ¿Acaso no les gustaría a ustedes una final Ghana-Senegal aunque sólo sea por molestar a los Infantinos que presumen de padecer persecución por nacer con la cabellera del color de la de Judas?


     Hombre, a servidor le gustaría ver la tarde del día de la Virgen de la O a los nuestros contra Francia ó Brasil -veo mejor plantada a Francia-, porque entre otras cosas creo que es la terna más solvente y que mejores partidos nos ha dejado. Bueno el Francia-Dinamarca con Tchouameni, Mbbappé y sobre todo Griezzman (¡qué bien juega Griezzman con su selección!) dando sensación de invencibles; el Brasil-Serbia quedó muy pinturero por el gol de Richarlisson, un gol que le va a hacer titular en detrimento de mejores peloteros -conforme a mi particular parecer- tal que Rodrygo o Gabriel Jesús; el España-Alemania tampoco fue manco a pesar de retratarnos demasiado en las faltas de los costados. España juega bien, parece fresca, pero tiene momentos que te pone frenético. Unai Simón pisando el balón, por ejemplo. Nuestros dos laterales tienen nota suficiente en ataque pero quizás pecan de bajitos a la hora de defender y ahora ya saben que se estudia todo y te salen ingenieros informáticos que hacen ensayar a los Rudiger o Benatia el punto exacto donde saltar en un córner tras los bloqueos correspondientes. Al parecer con Brasil nos tendríamos que enfrentar antes de una supuesta final, pero no es momento de elucubrar sino de disfrutar de cada partido y ver los Croacia-Bélgica, Uruguay-Ghana o el mismo Irán-EEUU de esta tarde como lo que son: choques a vida o muerte. Por cierto, miedo da de lo que puede ser capaz Mateu Lahoz en éste último,  pero no... Mateu ante la FIFA se porta como todos. Con la obediencia debida.

martes, 22 de noviembre de 2022

Argentina de Messi, 1 / Arabia Saudita de Al-Dawsari, 2


 

 

Francisco Javier Gómez Izquierdo

 

Constan extraordinarios monumentos literarios al universal cinismo y a la hipocresía multiétnica y es harto recurrente el falso arrebato de honradez del corrupto gendarme francés en Casablanca, escandalizado porque en el garito de Rick se juega, pero a servidor le parece que en este Mundial de Catar los cínicos e hipócritas brotan como las setas (será que es su tiempo) para matricularse y significarse en el grupo de los dignos, sensibles y empáticos con los perseguidos por los jeques cataríes.


  Recuerdo una antigua película en la que Jean Paul Belmondo llevaba un machaca a robar un cuadro. El machaca hacía como que no quería pero entró en la casa, sujetó la escalera para descolgar el cuadro, "sí, pero sólo un poco", le decía al caco Belmondo... y no sé lo que seguía, pero tanto sepulcro blanqueado me recuerda al machaca de aquel simpático con cara de boxeador.


    Ha llevado don Rubiales la Supercopa a la Arabia Saudita ayudado por tratantes sin escrúpulos cuyo único afán es arramplar dólares y euros donde los haya y aquí a pocos les pareció mal. La FIFA vendió el mundial por dinero. ¿Alguien piensa, de verdad, que hay otro modo? Ahí debieron las federaciones (saben ustedes que tienen presidentes que votan para glorificar la democracia) occidentales plantrse y descubrir lo que pasaba con las africanas y la Concacaf, según cuenta el Netflix. Bueno, Platini y la Francia tampoco parecen mancas.


    Por Qatar andan y han andado peloteros y entrenadores muy estimados en nuestro país que en varias ocasiones han hablado maravillas de su estancia entre aquellas calorinas. Nos olía a jugosa jubilación con un toque decadente, porque ¡ay! ¡la pasta es la pasta!. En cuanto al fútbol, se ha visto poco y peor que regular. Es la primera vez que me pierdo el partido inaugural. Lo cambié por un Córdoba/Linares de 1a RFEF que llenó El Arcángel de aficionados. No como el Catar/Ecuador al que acudieron hinchas de pastel que sólo soportaron medio partido.


  Estoy viendo perder a la Argentina de Messi ante la Arabia Saudita de Al-Dawsari, que también gasta el 10 y que jugó por cortesía un partido con el Villarreal. Escribo desde el móvil en el que estoy viendo los partidos por estar lejos de casa. Quizás semejante perspectiva me condicione, pero el fútbol visto en los primeros partidos tira a ramplón y esta derrota de una selección llamada a hacer historia pudiera apartar más de dos hornadas de fieles de una religión a la que se le está negando la liturgia que la hizo insuperable. ¿Qué me dicen de esos fueras de juego milimétricos que invalidan con sutiles manejos el concepto de "en línea"? Es el último invento de la FIFA para hacerse aún más odiosa.


  Sí. Argentina 1 Arabia Saudita 2.