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domingo, 14 de febrero de 2021

Eduardo Chillida, o el león en su invierno (Última entrevista)

[Publicado el 7 de Diciembre de 1998 ABC Cultural Número 368]

NO ME PREOCUPA LA VEJEZ; LO QUE ME FASTIDIA ES
 QUE SE ME OLVIDEN LAS COSAS



Desde las domésticas faldas del Igueldo reina Chillida como el Dios del Sinaí, a lo grande, y rodeado de sus horizontes donostiarras más íntimos: «inalcanzables, necesarios e inexistentes». Es el león en su invierno, todavía con media melena al viento y con los recuerdos ya «en la punta de la lengua», que es ese no saber si ver u oír las experiencias pasadas. «He estado trabajando. Tranquilo y solo. Y tratando de hacer, como siempre, pues lo que no sé hacer. Porque no creo que haya que hacer lo que se sabe hacer, sino lo que no se  sabe hacer. Lo que uno sabe hacer quiere decir que ya lo ha hecho, y eso no hay que tocarlo. Hay que hacer lo que no se sabe hacer»





Ignacio Ruiz Quintano
ABC Cultural

LUCE el sol, al fin, en San Sebastián, y el sol, que pierde materia a razón de millones de toneladas por minuto, le ha sentado bien a este Chillida leonino que pierde memoria a razón de no se sabe cuántos nombres propios por recuerdo, y que ahora se tienta la garganta y siente, con asombro, como que aquella materia ha sido absorbida y es energía. Lee y relee mucho. A sus poetas  y filósofos: materia y mente no son más que maneras convenientes de organizar  los acontecimientos, y la característica esencial de la mente es la memoria. (De Swift se cuenta que un día, cuando empezó a perder la memoria, «como quien se ancla en su íntima esencia invulnerable», se le oyó repetir: «Soy lo que soy, soy lo que soy.»)

He pasado un momento difícil. La garganta, y así. Un momento en que no podía ni hablar, en el sentido de decir lo que yo quería decir, ¿verdad? Digamos que he estado apartado de hacer manifestaciones espectaculares... En fin, encerrado en el  estudio con mis problemas.

(En un manuscrito iluminado para René de Anjou, rey  de Sicilia, hay una alegoría del Amor: una de sus pinturas muestra a un viajero, un caballero a caballo guiado por la Melancolía que tiene que abrirse paso a fuerza de espada para cruzar un puente  de madera enfrentándose a un adversario con armadura negra que representa  los problemas. Igual que De  Quincey,  Chillida piensa que descubrir un problema no es menos admirable –y es más adecuado– que descubrir una solución.)

Sí, para mí el trabajo es eso: un problema cada día. Y si se produce algo positivo es porque te metes en ese terreno en el cual no tienes mando, pero que aparece. En cuanto tú cierras las demás puertas y te quedas con ésa, surge la posibilidad de comunicar. Es una cosa bastante elemental. En el fondo, es lógica. Lógica pura. Yo estuve muchos años trabajando en una dirección, y de repente un día me di cuenta de que no era la mía. Fue hace mucho tiempo ya, ¿eh? Fue cuando yo cogí este tipo de razonamiento, porque me di cuenta de que era necesario dejar de lado todo lo que había hecho cada día. Cada día que tú haces una cosa, dejarla de lado y mirar hacia los lugares en los cuales puede haber otro tipo de aproximación a lo desconocido, a lo que yo no conozco, que es lo que me interesa. Lo que pasa es que últimamente, como he estado peor de salud, pues, claro, me he frenado bastante.

«La portería aún, araña parda»

(Con este sol que luce le tira el mar -«iVamos al Peine del Viento a dar un paseo!»-, y se encara al viento que corre como el navío de Pantagruel, tratando de encontrar en el aire las frases que el invierno anterior guardó congeladas.)

Ya lo creo que he leído en este tiempo. ¿Parménides...? Sí..., sí. ..sí... Bueno, he estado con san Juan de la Cruz. Me lo sé de memoria. Ahora lo he releído. A todos. Poetas y filósofos es lo que más me ha interesado toda la vida. Españoles y extranjeros. Trato de buscar correspondencias entre unos y otros. Por no trabajar, porque no puedo hacerlo como lo hacía antes. Así que he leído mucho. Siempre vas desechando cosas, claro. Hay algunos que han sido tus amigos y de repente se quedan atascados. Eso sí pasa. Claro, que yo, como tengo unas bajas de memoria tan especiales... iNo me salen los nombres! Me pasa con los nombres corrientes, con los de mis nietos... Es la edad. Tengo setenta y cuatro.

Peine del Viento
(Ya en La Concha, ante el Peine del Viento la obra predilecta de su memoria sentimental, sale a colación el fútbol «la portería aún, araña parda» y su época de portero de la Real Sociedad. «Ya no pones obstáculos de mano / al ímpetu, a la bota / en los que el gol avanza. Pide en vano, / tu equipo en la derrota, / tus bien brincados saques de pelota.» Acabó su carrera desarbolado, no por el viento de los goles, sino por un menisco «que tenía hecho polvo y que nunca me sanaron: un día, en Madrid, en un saque de puerta largo hacia la posición del extremo, me quedé clavado en el pico del área  y para siempre». Como en las Olímpicas de Montherlant, donde el portero sólo puede arrancarse los cabellos, como Aquiles, y aparecer ladeado en el suelo, como los soldados de Verdún.)

Sí, me acuerdo de las cosas que me han hecho polvo la vida. Hombre, en ese caso, el del fútbol, no fue malo. Porque estar con un menisco estupendo y jugando al fútbol con setenta y cuatro años no sería agradable, ¿no? Pero acabo de pasar una última etapa complicada... Y difícil de entender.

(Unos chavales abordan a Chillida para retratarse con él en su Peine del Viento,  y Chillida, tan contento, se presta a posar con ellos en brazos cruzados y alzando la barbilla, a lo portero antiguo: entre desafiante como el Platko de la oda de Alberti y risueño como el Zamora de Por fin se casa Zamora. «Te sorprendió el fotógrafo el momento/ más bello de tu historia / deportiva, tumbándote en el viento / para evitar victoria, / y un ventalle de palmas te aireó gloria.»)

¡El Peine del Viento! Estoy orgulloso de esta obra porque es una de las primeras. Mi primera visión como escultor es este lugar. Lo que ha producido este lugar es la visión que yo tenía de él de niño y desde mi casa. Luego, de novios, con mi mujer, también veníamos aquí a pasear. Era nuestro paseo romántico preferido.

(Del Peine del Viento a Zabalaga, el casón -1592- con prado donde reposan tantas «cosas» de las que podría derivarse el más honesto concepto de materia: ocupan espacio y muestran su existencia mediante las cualidades de dureza, resistencia e impenetrabilidad. Muchas aún no tienen nombre, pero son chillidas. «Ésa de ahí pesa sesenta y cinco toneladas. Acaban de colocarla. Tengo que buscarle un nombre.» Y las que faltan andan de tournée, la mayoría por Madrid.)

Portero de la Real Sociedad
 
Claro que me hace ilusión lo del Reina. Se estrenan obras de todos mis momentos, para que la gente vea lo que he hecho antes y lo que he hecho ahora. Pero yo no he intervenido en el montaje para nada. Confío en la gente que lo ha hecho, que sabe bien lo que hace. Hombre, para mí ha sido un honor. Y un premio. Sí, la verdad es que... ¡tengo tantas cosas! Tampoco es que me haya acostumbrado, ¿verdad? Porque, hombre, sí, es bastante raro lo que me pasó a mí. Yo fui el primero que ganó un premio... Y no sé ahora... Si es que no puedo decir estas cosas bien, porque se me olvidan los nombres. Fue en una de las capitales alemanas importantes... Está abajo y a la izquierda en el mapa... Bueno, yo recuerdo que hice unas cosas que no había hecho nadie allí, y me dieron el gran premio por algo que expuse en esa ciudad de cuyo nombre no me acuerdo ahora. En fin, yo sabía que me iba a pasar lo que me está pasando. Lo siento mucho, pero... Fue la primera vez que me daban un premio en Alemania, y el que más ilusión me hizo, porque fue el primero. El primero del que yo tengo conciencia, claro. Después, ¡ha habido tantos! Acordarse de todos es dificilísimo, y no hace falta tener la cabeza como la tengo yo ahora... Han sido muchísimos y en todas partes. Hombre, prefiero un premio a que me silben por la calle, ¿verdad?, pero  yo nunca he hecho las cosas para ganar premios, aunque empecé a ganarlos en la primera exposición que hice, y fue en esta ciudad alemana... ¡En el suroeste de Alemania!

(El hierro es el pan del Norte, y en el prado de Zabalaga hasta la yerba parece ferruginosa, como las criaturas retorcidas procedentes de «Forjas y Aceros de Reinosa», la barbacoa de Chillida. ChiIIida y sus Costillas de Hierro.)

¿El más chillida de todos los materiales? ¡El hierro! Un material, para mí, decisivo, porque yo con él he hecho muchas obras, y son las que más he expuesto y las que la gente más ha valorado. Y el material que más placer me causa al trabajarlo. Bueno, ahora ya estoy trabajando con dos chicos: les digo cómo tienen que hacerlo, y acabarán por hacerlo mejor que yo, pero, en fin ... ¡Como han trabajado conmigo... ! El hormigón también me gusta mucho. Las cosas que he hecho con hormigón tienen una envergadura especial delante del horizonte...

(Hay en Zabalaga cierto aire a Gretna Green, la aldea escocesa una vez famosa por sus casamientos de parejas fugadas que oficiaba el herrero. Encuentros de hierro y abrazos de hierro entre parejas de hierro.)

Bueno, eso del abrazo es muy propio de la escultura. No desde el punto de vista del abrazo físico, sino el hecho de la escultura. ¿Ves aquéllas de allá? ¿Son abrazos?

Y el horizonte.

Elogio del horizonte
 
Sí. Ése me ha interesado siempre. Ya sé que no existe. Pero, en fin, es importante, sí. Que esté ahí esa línea es importante, aunque no exista la línea, que no existe. Es cuestión de imaginación. El horizonte es inalcanzable, necesario e inexistente. De modo que no puede tener grandes virtudes, y únicamente nos toca por la grandeza que tiene, ¿verdad?, que es la grandeza de algo que no tiene dimensión. ¿Que por qué es necesario? Pues porque nos coloca en un entorno limitado. En todos los movimientos que hacemos estamos condicionados por el horizonte. Fíjate si tiene interés lo que aporta. Estoy yo mirando las montañas, y mira, todo eso son horizontes. En Gijón, cuando hice el Elogio del Horizonte, me planteé este problema muy en serio. Empecé a recorrer toda la costa, desde Bretaña hasta Finisterre, en coche, con mi mujer. En todos los lugares costeros en que parábamos, había fortificaciones. O sea, que eran lugares que habían sido utilizados con fines militares, para zurrarle al contrario. Fue una cosa que me chocó. Y llegamos hasta Finisterre, que fue donde por primera vez «vi» la escultura.

Y la gravedad.

Es muy importante, pero en función de los materiales. Porque la misma importancia que tiene la gravedad puede tenerla la levedad que casi desaparece en el espacio. Cuando el espacio es lo que te interesa, llegas a unos puntos en que la gravedad no tiene voto. No puede intervenir, vamos.

«El collage es una chapuza»

¿Y el juego de sus Gravitaciones?

No, de juego nada. Es muy serio. Viene de hace tiempo. Darle un título era muy difícil. Me puse a pensar en ello, y las mismas piezas te decían lo que era con toda claridad. Había hecho muchos collages. Pero siempre había tenido la sensación de que el collage tenía una cosa falsa. Que ponía los papeles unos pegados con otros. Eso era un disparate monumental. Me di cuenta y no volví a hacerlos. Un día me dije: «¿Eres imbécil? En vez de poner la cola donde la ponías antes, pon el espacio entre los papeles.» Lo hice, y cuando empecé, ya estaba. No tiene color la comparación, porque el collage es una chapuza. Un papel pegado con otro papel no tiene ningún interés. Entonces seguí con eso. Y han salido variantes, también. Algunas están colocadas ya en Zabalaga. Los papeles son libres, porque, estando colgados, se pueden mover. Otros, en vez de cuerdas, tienen una varilla, de la cual está suspendido el papel, que tiene dos caras, una por detrás y otra por delante, y el espacio sin ningún aditamento.

(Einstein: «Los filósofos juegan con las palabras como los niños con un muñeco.» En el mundo de Einstein, que viene a conducirse con arreglo a una suerte de Ley de la Pereza Cósmica, hay más individualismo y menos gobierno que en el mundo de Newton. «La vida finaliza definitivamente cuando el sujeto deja de tener efecto alguno sobre su entorno a través de sus acciones.»)

Claro que me ha interesado Einstein. ¿Estar de acuerdo? Bueno, los teóricos hablan del concepto, y yo, digamos, utilizando el concepto, me he encontrado con ellos, pero no en otros terrenos. He conocido a muchos filósofos y he ilustrado a Heidegger, y a Cioran, y a muchos otros, ¿verdad? Pensadores importantes. Pero, claro, eso ya pasó, desgraciadamente. Fue hace muchos años. Ahora ya no podría hablar con ellos como hablaba antes. Ahora se me olvidan las cosas. No me acuerdo de los nombres...

(Que la memoria es la madre de las musas, pero a Borges, sin embargo, le parecía monstruosa la posibilidad de que la memoria fuera infinita, y aclaró: «En ese caso, yo recordaría cada una de las circunstancias del día de mi vida, que son miles, según lo ha demostrado Joyce en el Ulysses.» Los bergsonianos creen que la memoria es justamente la intersección de mente y materia, y que los aparentes fallos de memoria no son en realidad fallos de la parte mental de la memoria, sino del mecanismo motor que pone la memoria en acción. Puesto a tener que hacer memoria, Chillida se agarra al tacto, no tanto un sentido como la verdadera interacción de los sentidos: el suyo es un alarde de percepciones táctiles y musculares agigantadas por el pavor al olvido, ay, como la lucha del hombre y el pulpo que describió Victor Hugo en Los trabajadores del mar, donde la blandura se nos aparece como horrible.)

El tacto funciona por los ojos, también. Y por el oído. La mano...

(El hallazgo de un esqueleto de australopitecino de 3,6 millones de años complica a los paleoantropólogos el misterio de nuestra andadura a pie: los evolucionistas sostienen que el momento clave fue el de la erección del cuerpo, cuando el tamaño del cerebro era aún muy pequeño, que permitió la liberación de la mano, con su significación decisiva para el conocimiento reflejado en la palabra «comprender», derivada de «prender» ...)

 ...Yo ahora estoy viendo esa escultura y sé cómo es, cómo se toca, lo que dice cuando la tocas. Ésa que está ahí. Y está ahí por eso. Yo, por la tarde, me suelo echar un rato ahí, en ese sofá. Echo la cabeza donde están los almohadones, y me gusta poner la mano encima de la escultura, así, por detrás. Acaricio esas formas. ¿Qué nombre tiene? No lo recuerdo ya. Pero sí recuerdo su forma. Mi mano la recuerda. La mano es muy importante. Tiene unas leyes que se imponen.

(Teoría de la visión de Berkeley: vemos un  campo plano, pero construimos un espacio táctil. La esfera aparece ante la vista como un disco plano; es el tacto lo que nos informa acerca de sus propiedades de espacio y forma. Un día, Apollinaire quiso lanzar, sin fortuna, un «arte del tacto»: nada que ver con el Teatro del Tacto -bufonada- de Marinetti. Que la relación de lo táctil con lo visual sólo quedó definida después de Cézanne, y para la física, que, impasible, avanza, la vista como fuente de nociones fundamentales sobre la materia parece resultar menos engañosa que el tacto. Y, sin embargo, todas nuestras concepciones de lo que existe fuera de nosotros han estado basadas en el tacto hasta Einstein, para quien no existía el hombre capaz de visualizar las cuatro dimensiones, excepto por medio de las matemáticas: «Ni siquiera somos capaces de visualizar tres.»)

La cuarta dimensión no me ha llamado la atención excesivamente. Yo no he andado dentro de la matemática. Yo he estado en las medidas que pueden ser entendidas y transmitidas a través de la sensibilidad. De la sensibilidad y de la comprensión de algunas cosas en un nivel en que te manifiestan algo que tú puedes recibir a través de las manos, de los ojos... A través de muchas cosas que no tienen que ver con la fuerza ni con el poderío, ¿verdad? Yo he hecho esculturas de considerables dimensiones. Y conozco a muchos escultores que no piensan más que en hacer cosas muy grandes. Pero muy grandes por fuera. Por dentro... tienen tamaño. Más vale decir dimensión que decir tamaño, ¿verdad?

¿Qué robaría de los escultores jóvenes?

¿De los jóvenes jovencitos, éstos que vienen a conocerse ahora? No demasiado, la verdad. Conozco a muchos, pero no veo nada así verdaderamente... Lo decorativo les hace mucho daño. A lo mejor si... Y el deseo de dimensiones muy forzadas, también les hace mucho daño. ¿Un consejo? Que se busquen problemas y que traten de resolverlos realmente. Eso es lo que los ayudaría más.


La neurociencia sospecha que estamos genéticamente predeterminados.

Sí. .., sí..., sí...

¿Asusta?

Sí..., sí... Verdaderamente, sí. Pero es para todos igual, ¿eh?

¿Y la vejez?

No, no, no. No me preocupa la vejez. Lo que me fastidia es que se me olviden las cosas.

(Sabe que no está bien creerse siempre una persona de alta tragedia con el Eclesiastés como libro de mesilla: «No hay nada nuevo bajo el sol. No existe el recuerdo de las cosas pasadas. Odié todo el trabajo que había hecho el sol, porque tenía que dejarlo a los hombres que me sucedieran.» Etcétera.)

Aún hay proyectos que me hacen ilusión. Lo del Tindaya, en Fuerteventura, tiene sentido para mí, si se puede hacer. Y después hay una cosa en Japón, que está en camino, que es una pieza de acero dentro de muros de hormigón que recoge el espacio y lo proyecta hacia el Fujiyama. Se llama Homenaje a Hokusai.

(Hokusai, ay, el maestro de las estampas Ukiyo-e, autor de Treinta y seis vistas del Fujiyama, mostrando los numerosos rostros de la montaña sagrada cuya diosa, adorada por los artistas, domina el paisaje.)

Es un lugar especial. Es el proyecto que más ilusión me hace. La obra está a medias, y yo no sé si al final la vaya acabar yo o la va a acabar otro, ¿verdad? ¡He tenido tantas cosas y lo he pasado tan mal! Pero en fin, por lo menos ya tiene una estructura. Allí los obreros trabajan muy bien.

La gran ola de Kanagawa  Hokusai 
 

domingo, 9 de junio de 2013

Y cuarta. La de Ibán. Adiós a la biferia del Triunvirato Taurinero Para Acabar con Madrid

Memoria de Bastonito

José Ramón Márquez

Y por fin hoy el IV Simposium del Arte y la Cultura en Las Ventas, lo que significa que la próxima vez que vayamos a la Plaza, el domingo día 16, si Dios quiere, ésta volverá a ser la Plaza de verdad sin todo ese ruido y aluvión de gente que tanto enfanga. Para entonces la selecta crítica ya se habrá largado con sus mercenarios adjetivos a otras depredaciones, las pestilentes cámaras de la televisión se habrán ido por ahí a filmar los goles de los equipos y todo ese público de feria será historia hasta dentro de un año, los que renueven el abono. Benditos de Dios vayan todos ellos.

Hoy finaliza esta biferia, que ha sido igual de deplorable que todo lo que organiza el triunvirato Choperón Father &Son, Toño Matilla y Simón Casas, y que con la ayuda en el último tranco del cuate del Stetson ha rebajado un peldaño más la dignidad de la Plaza, aunque todo puede ser empeorado y prueba de ello será la Feria 2014, sobre la que desde ahora mismo se ciernen los más negros nubarrones.

Se echó el cerrojazo, el lock-out, a la feria del año trece sin que se haya visto una sola faena merecedora de tal nombre, con un atragantón inmundo de juampedritis en la que el toro de lidia encastado y que crea problemas se ha convertido prácticamente en especie en extinción. Lo mismo que el lince de Doñana, que le echan por la noche una gallina a un corral para que entre allí a hacerse la ilusión de que caza al ave, lo que más se ha visto en Las Ventas en la biferia han sido torillos de ida y vuelta para que los que se sentaban en los tendidos se hiciesen la ilusión de que eso que veían era el toreo. Nadie puede, no obstante, acusar a la Empresa (Triunvirato Taurinero Para Acabar con Madrid, S.A.) de haber engañado a alguien. Quien se engañó y se ilusionó con la biferia fue porque quiso, porque desde que salieron los carteles ya se sabía que esto iba a ir de mal en peor, porque los toros que deberían estar en Madrid van a morir a Francia y a nosotros nos amansan con tres corridas de toros de verdad y con un tsunami de –itos, -illos, S.L., S.A y demás fórmulas extravagantes en que se guarece el antitaurinismo más militante y eficaz, que es el que pretende echar a la afición de las Plazas a base de engaño, aburrimiento y hastío

Hoy se anunciaban en Madrid los toros de Baltasar Ibán, divisa rosa y verde, antigüedad de 15 de agosto de 1957, procedencia Contreras y Los Guateles, y ni eso hizo acudir en masa a la afición, que hoy de nuevo desertó a chorro dejando libre el espacio para que hoy también pudiese ser ocupado por esa marea interracial y multiétnica que se ha apoderado de Las Ventas en la Feria del Arte y la Cultura, que lo único que se han aprendido la mayoría es lo de llevar consigo una bolsa de pipas, aditamento que en nuestros días da más caché de aficionado que portar los 12 volúmenes del Cossío.

De los seis ibanes anunciados se lidiaron sólo cinco porque el segundo, Camarito, número 90, como el Camarito de Arles de hace trece años, como el Camarito que se le fue a Rubén Pinar el año pasado, se partió el pitón por la mitad contra el estribo de Paco María. El Presidente lo echó y eso está muy bien hecho, sea o no reglamentario, porque no debe haber en el ruedo un toro con el pitón partido, que es un espectáculo triste. En su lugar salió.... ¡Tachaaaannnnn!... ¡Un Montecillo!, que vino de perlas para quien quisiese ver in situ la diferencia abismal que hay entre el toro de lidia (Ibán) y el toro charolesizado tan caro a todo el ambiente taurino. 

La corrida de Ibán fue interesantísima, un disfrute para quien mire al toro. El primero, Agradecido, número 47, recibió cuatro caricias de las afiladas puyas, cuatro entradas al caballo donde le dieron lo suyo y dos derribos a base de riñones de un toro de cuarenta y seis arrobas y media. Los demás acudieron al caballo, se emplearon y proclamaron la decencia de sus criadores y de su mayoral simplemente porque fueron toros de lidia, unos de más clase, otros de menos, unos aprendiendo, otros dejándose. Toros de lidia, al fin, pues cuando tantas tardes seguidas hemos visto cómo se comporta en un ruedo la materia artística hecha toro, viene estupendamente poner los términos de comparación frente al público. Ahí salió el asqueroso del montecillo para dejar en evidencia lo que jamás debería llegar a ser un toro de lidia, por si alguien lo quiere aprender.

Si hubiese habido lidias adecuadas, si se hubiese cuidado más al ganado, si alguien se hubiese preocupado de dar relevancia y de lucir al toro ahora estaríamos hablando, sin duda, de otra corrida. Baste decir que la corrida, en general, mereció el aprobado en varas, que el tercero que ostentaba el épico nombre de Bastonito, número73, se arrancó de largo y con alegría a la llamada de Mario Herrero y que salieron cuatro toros -primero, tercero, cuarto y quinto- de muy notables condiciones que estrellaron su casta en las telas tan mal movidas por sus matadores, que les acabaron contagiando su aburrimiento y su falta de ambición.

Los matadores fueron Diego Urdiales, del que ya ni nos acordamos cuándo fue la última vez que hizo en Madrid algo reseñable, Juan Bautista, que sigue siendo tan Juan y tan Bautista como siempre, y David Mora, que cada vez está más alejado de aquel David Mora de hace un par de años.

Luego, cada uno de ellos tendrá su explicación. Se dirá que a Urdiales se le olvida torear cuando pasa el puerto de Somosierra; que el toro bueno, con el que Bautista la iba a liar era justamente el que le echaron al corral; que Mora siempre viene a cien, pero que hoy no dio el paso adelante por la cosa del peligro sordo. Excusas, porque los toros en sus pocos minutos de vida pública dieron lo que tenían dentro, que era mucho, y enfrente se encontraron a tres tíos que llevan entrenando desde que les salieron las muelas y que no dieron ni media excusa para entregarles dos palmas que no fuesen de tango. Pero aquí lo fácil, lo que siempre se hace, es echar la culpa al toro, que ni sabe hablar y que como está muerto, además, no puede defenderse.

Vaya, pues, con viento fresco esta biferia que Satanás confunda, que queda mucha temporada.

A la salida de los toros, Jorge Laverón apunta la posibilidad de que se pudiese organizar el día doce de octubre, fiesta de la Hispanidad, una corrida en la que Carlos Escolar Frascuelo le confirmase la alternativa a El Pana. Anotado queda.

sábado, 8 de junio de 2013

Tercera. La de Alcurrucén. "¡Se va sin torear y sin matar!"

El fruto del Arte y la Cultura en Las Ventas
Cultura fructus artis in Sales
José Ramón Márquez

III Simposium del Arte y la Cultura hoy en Las Ventas. Desembarco mexicano; lo mismo que Cortés desembarcó en Veracruz y ese acto desembocó en la invención de un país, hoy desembarcó en Las Ventas una torcida, una porra,  con el ánimo de inventarse un torero, ellos sabrán por qué.

La cosa venía de largo, porque la estúpida cogida de Fandiño mientras hacía el tonto dejó el cartel de esta tarde de hoy muy devaluado. Le ofrecieron la sustitución a Castaño, a ver si lo abrasaban de una vez, pero como tiene la enorme suerte de contar con la asesoría de El Patas, les mandó a tomar viento. 

Entonces se la ofrecieron a Joselito Adame, que perdió el culo por pillarla porque hay prisas en recuperar esta inversión antes de que reviente, que los taurinos bien saben lo que vale de verdad el hidrocálido.

Todo tiene su por qué. Joselito Adame se llevó una orejucha guarra, guarra el otro día. La cosa, aquel día, empezó como una burla, jaleándole los pases unos que yo conozco, al grito de ¡No hay huevos a sacar a este tío tan malo por la Puerta Grande! Y de veras que si no consiguió salir, fue porque pinchó a su segundo, que si no se habría ido tan feliz y tan convencido por esa Puerta Grande que ya más que puerta parece la Cloaca Máxima, pues hace mucho que ha perdido por completo el honor y la decencia.

Es Joselito Adame, otro pobre engañado de esto al que pronto veremos arrastrarse por esas Plazas, de quien se han resaltado aquí en ocasiones sus condiciones de torero de cierto interés y poco pellizco; es un torero que está obligado a vender mucha verdad para brillar, ya que el cuerpo que Dios le ha dado no es el de ningún posturero de esos que tanto enardecen ese lado femenino que muchos hombres tienen, ni ha sido tocado por el duende de la gracia. A Joselito Adame, sin embargo, le han contado una película, le han comprado vestidos, se ha visto en relaciones con personajes de dinero y está fascinado en ese mundo que netamente no le pertenece, pensando que él ya está lanzado por el yellow brick road, camino de su particular Oz.

Todo tiene su por qué. El otro día le cantaron como si en la porquería de faena que hizo, la de la orejucha de mofa, hubiese traído la piedra filosofal del toreo. Está escrito. El de El Mundo dijo “Joselito le dejó las muleta en la cara siempre y el toro empezó a romper. Todo por abajo y muy ligado, de verdad el toreo. Trepó la faena por su embroque cierto; el matador mexicano tragó sin una duda cuando a izquierdas algún parón surgió. En redondo que era la mano del toro trazó la faena en su base. Superior el tipo sobre la derecha. Y soberbio el cierro genuflexo de dobladas de categoría”. Aparte de la risa que produce lo del ‘genuflexo’, todo eso es... humor. El del ABC, por su parte, dijo: “Al tercero le cortó una oreja, un trofeo medido fruto de la decisión, de quedarse siempre muy quieto, de manejar el capote con soltura, de torear con la muleta con verdad, con poder y hondura, y de irse tras la espada con fe ciega en el éxito” Y eso -excepto lo de la oreja- es también... humor.
Lo que se ha traído aquí, por no aburrir, es lo de los “periódicos serios”, que si te vas al Mundo... o al Burla..., la cosa es, directamente, de marcianos.

Volemos ahora a nuestros libros de cabecera. Un pobre iluso, un indocumentado, un orate llamado Domingo Ortega, torerillo de escasa importancia del siglo pasado, nos avisa de que en cierta ocasión “teniendo que torear en Madrid, el año cuarenta y tantos, vino a verme un crítico de toros, buen aficionado y amigo, y me dijo: -Tengo que hablar contigo a solas. Esta tarde toreas en Madrid y ya sabes cómo está el toreo moderno; no les eches a los toros el capote y la muleta delante, ponte al perfil y dale el medio pase y verás qué fácil es”. Y ante tal claridad de ideas, ese indocumentado, ese torerillo de Borox, ese don nadie, olvidado y deleznable, del que nadie guarda memoria, respondió, mandándole a paseo: “Las normas clásicas son eternas; la Fiesta en sí es más fuerte que todos los toreros juntos”.

Posiblemente Joselito Adame no tenga ni zorra idea de quién fue Domingo Ortega, ni falta que le hace, pero está viviendo lo mismo que vivió el poderoso torero, porque el periodista aquél que visitó al toledano en los años cuarenta sigue hoy en día visitando a pobres hombres como Adame, armado de su pluma o de su i-Pad, de su cámara de TV, de su lampancia y su desahogo para robarle el alma y alejarle de la única verdad del torero que es la sujeción a las normas clásicas. Y junto a él, además  le visitará el señor del sombrero Stetson y los bigotes y Maroto y el de la moto para trazarle la tentación del “verás qué fácil es”, a la que sucumbirá mientras el viento lo lleve en la popa, que luego Dios dirá; pero aquí decimos que si cerca de Adame estuviese Don Corleone, sabio viejo mafioso de la ficción de Mario Puzzo, le advertiría: “Joselito, quien te diga que esto es fácil, ése es el traidor”. Claro, es que aquí das una patada y saltan los traidores como chinas, porque nada de lo que se hace va en defensa de la Fiesta ni de su pureza, ni del aficionado y todo va a favor de otros intereses.
Hoy Joselito Adame trajo un saco, un volquete, un contenedor de vulgaridad. Le jalearon sus trapacerías como si hubiese resucitado Lagartijo El Grande, escupió sobre la memoria de Las Ventas -Viti, Camino, Bienvenida, Luis Miguel, Chenel, Vázquez (don Manuel), Rincón... -  su colección de vulgaridad, de destoreo, de embuste, de pases de medio culo, de falta de compromiso y de verdad, de ausencia de temple y de concepto de faena. Dejó irse al toro sin torear con una faenilla de muchos galopes sin sentido y de total ausencia de enjundia que enardeció a parte del público, muchos de los cuales confundían la legua del animal con un tercer cuerno, y para colmo lo pinchó antes de dejarle un bajonazo... y todo eso, que lo van a cantar con las mismas palabras de la otra vez, sirvió para que otro pobre hombre, él sabrá por qué, sacase el pañuelico blanco de las deprimentes orejas. Orejas ful.

La Plaza de esta tarde aciaga era, otro día más, Plaza de Cultura, es decir Plaza de Pueblo. Con esa misma faenucha en San Isidro el Adame sale de la Plaza entre silbidos, por el toro que se le fue, pero para algo tenía que servir la cosa del arte y de la cultura y, sobre todo, la Plaza medio vacía. Ya nos veremos, que hay más días que longanizas.

De lo demás, El Cid presentó su peor cara, que es la que últimamente presenta. Nueva decepción, pero las grandes faenas que ha hecho aún nos alimentan.

Juan Pablo Sánchez, también mexicano, hizo exactamente lo mismo que Adame, pero con más gusto y más empaque. Y aunque tiene más aire de torero que Adame, no coniguió que nadie le hiciese caso ni se fijase en él. Parece mentira que lo que enardecía a la feroz masa en un momento no sirviese para lo mismo un ratito después.

Seguramente que eso tenga también su por qué.

 Junio marcea

 Club Taurin Mimizannais

 Pelo moreno de junio
 June brunneis capillos

 Aperos de cultura
Suppellectile culture

 Tabula rasa

 Urdiales urdiendo cómo colarse en el Nido de Abella
Urdiales moliri quam insinuatis in nidum Abella

 Programa de mano
Manu progressio

 Moeckel

  Simón Casas, jefe del arte y la cultura de Las Ventas
Simon Domus capitis de arte et ingenio in Sales

 
 Paseíllo

 Aficionado con parpusa
Amateur parpusa

 Perplejidad en el Nido de Abella
Dilutis in Nido Abella

 Perplejidad en Boni
Boni perplexitas

 Una Infanta de España en el Palco Real
A infantis in Hispania Regius Box

 Cobijo bajo el Palco Real
Regius sub tegmine Box

 Tiempo de Florencio
Tempus Florencio

 Metáfora de España
Metaphora Hispaniarum

 Juego de espejos
Statuto de speculis

 Pelo rubio de junio
June flava Hair

 El destoreo moderno que cantan los revistosos y enloquece a las minimasas
In hodierna destoreo revistosos languens cantare minimasas

 Tirando de España
Hispania trahens

 Merienda en Telemadrid
Morsus in Telemadrid

 Euforia en barrera
Euphoria obice

Personal de Plaza pidiendo explicaciones a los disidentes que gritaron "¡Se va sin torear!"
Baculo petebat explicationes Square dissidents clamantibus «sine bullfighting eat! '


Adame pan y llámame tonto!"
"Panis et Adame vocatis me stolidae!"

viernes, 7 de junio de 2013

Segunda. La de Criado. 奧雷哈 para Uceda y un "dominguín" de Curro Díaz

Uceda cortó una oreja que le dieron los chinos
Lorem Uceda dedit amputavit illi auriculam 
Y de pronto, en pleno éxtasis de arte y cultura abellana, Curro Díaz hizo un "dominguín"
Ac repente, cum in excessu abellana culturae et artis, Curro Diaz fecit "Dominguín"

José Ramón Márquez
 
Hoy, después del intermezzo antitaurino de ayer en la mal llamada Corrida Extraordinaria de Beneficencia, volvemos con la seriedad debida a la Monumental a proseguir el peregrinaje por el mundo del Arte y la Cultura, pues hoy se celebraba el II Simposium, para el cual echaron mano de los toros de Juan Manuel Criado S.L., cuyo propietario es don Juan Manuel Criado.
Son toros estos que proceden de la vieja Lusitania, de aquella Emérita que entusiasmase a Ausonio: «Clara mihi post has memorabore nomen latinum, Emerita. Aequorens quam praeterlabitur amnis summitit cui tota suos Hispania fasces, etcétera». Es harto sabido que la vieja ciudad fue fundada con veteranos legionarios de la V Laudae y de la mítica X Gémina y que entre sus espléndidos monumentos de la época imperial se encuentran,  en las proximidades de la actual Plaza de Toros, los restos de un viejo mitreo, lugar donde se harían los sangrientos ritos llamados  taurobolios, tan caros a ese Peter Pan de pelo teñido llamado Sánchez Dragó. La verdad es que seguramente el ganadero don Juan Manuel, antes incluso de la S.L., decidió para su ganadería que ni criaría a los toros que hubieran podido enardecer a aquellos viejos legionarios, bragados en la lucha contra cántabros y astures, ni  criaría toros que fuesen aclamados por su condición de dioses mitraicos y sacrificiales, seres dignos de reverencia. Y por ello, don Juan Manuel, sin un Petronio que le aconsejase, se compró su reglamentaria jujanilla de juampedro e inmediatamente se dedicó con ahínco a su cría y manejo. El resultado de sus desvelos ha podido verse, entre bostezo y bostezo, esta tarde correteando por la arena de Las Ventas, que hoy recuperaba las rayas blancas.

Al menos los tres primeros toros, siendo por dentro como los demás, tenían mejor presencia. A uno de los demás, el que hacía cuarto, le sacaron el pañuelico verde y lo mandaron al cuarto oscuro después de haber hecho unas espléndidas caídas dignas del mejor slapstick, que ni los Keystone Cops se caían con más arte que el negrito listón llamado Tejedor, número 59. El sexto, feble y gordinflón, intentó sin éxito saltar dos veces al callejón, por fortuna lejos de Abella, el Petronio del callejón a quien sus devotos conocemos como Abeya, sin que el prócer, a D.g., sufriese otro sobresalto que el de contemplar cómo se rompía una de las tablas de la barrera, que viendo el estado en que tienen a  la Plaza en general, no sería descabellado llegar a pensar que posiblemente todo el maderamen esté  podrido o comido interiormente por los voraces xilófagos. Como el bicho no podía con la penca del rabo*, el pobre se quedó sin culminar su olímpica gesta.

Para la cosa del toreo hoy tuvimos anunciados a Uceda Leal, Curro Díaz y Sergio Flores, que confirmaba su alternativa. Hay que reparar en que lo que más está trayendo a Las Ventas esto del Arte y la Cultura es  mexicanos: vino uno el primer día, un adoptado el segundo, otro hoy y dos  vienen mañana, que como me dice M., no sé cómo a los de los puestecillos de pipas no se les ha ocurrido montar un puesto de tamales junto al monumento a Manili, que de esa se forraban, seguro.

Sergio Flores, de Tlaxcala, es torero al que hemos visto mucho en Madrid y siempre ha mostrado la misma cara, que en eso no engaña, entre lo que podría ser y lo que en realidad es. Se ve que quien esté cerca del torero le programa para que se ajuliane y se alcayatice, para que olvide la verticalidad -esa antigualla- y el compromiso -esa cosa jurásica- y haga lo de todos, que es hacer ir y venir al toro de acá para allá sin ton ni son, sin poder, sin mandar, sin asumir el riesgo que nace de meterse en el terreno del toro. Sergio Flores está muy mal aconsejado, pero como le visten de príncipe y le regalan el oído, el hombre se creerá que el monte es orégano y que esto está chupao. Un derrote seco del toro de la confirmación estando el torero totalmente descolocado y un atropello al entrar a matar llevaron a Sergio Flores a la jurisdicción de don Máximo García Padrós y después a la de Ambulancias Fernando, que le transportaron a La Fraternidad. En ese momento la cosa se quedó en mano a mano Uceda/Díaz...

 ¡Cielos!

Y Curro Díaz, ese Curro Díaz que siempre le estás esperando porque te crees que igual ese día y... ese día tampoco es, que así llevamos ya un tiempecito. Curro Díaz, vestido de torero de los sesenta, con melena ye-yé, con las cosas que se le han visto, con esa muletita y esa cintura, que él sabe lo que es lo auténtico porque se lo vimos hacer, sin ir más lejos, a uno del Cura de Valverde y a un Cuadri, parece que se ha tirado por la intransitable calle de enmedio y que ha optado por el adocenamiento alcayateril al uso, al que se dedica con fruición. Ni rastro de su calidad de buen torero, tantas veces apuntada, y a cambio una tonelada y media de vulgaridad, de descolocación, de falta de verdad y, peor aún, la sensación palpable desde el tendido de que está hasta las trancas. Peor para nosotros. Recordemos el viejo dicho de que sólo cambia la moneda aquél que la tiene y sigamos a la espera, que no hay prisas.
Y Uceda, que mató tres toros, venía a ver qué pasa y se largó con un pequeño triunfo propiciado en gran medida por ese público amable y multicultural que está acudiendo a esta Feria del Arte. La cosa ocurrió con el sobrero Costasol, número 59, un núñez de Manolo González que adoleció de cierta falta de fuerzas, que quiso pelear dentro de un orden en el caballo y que llegó superior a la muleta. A ese dije, Uceda le enjaretó una faenita deslavazada en la que ocasionalmente brillaron algunos trazos, cosa natural en un torero de veinte años de alternativa con sobrado oficio. Puede decirse que la faena estuvo en general por debajo de las condiciones del toro, que tenía una embestida fija y de cierta emoción, puesto que el veterano torero renunció expresamente a practicar netamente el toreo bueno y se conformó con estas cosas modernas de las afueras y de la falta de verticalidad. Hubo algunos momentos de interés, por ejemplo la manera de echar la muleta hacia adelante, cosa que va cayendo en desuso, el intuitivo descubrimiento de la distancia que le pedía el toro y algún natural. Jaleado por el público amable y comprensivo, puede decirse que Uceda fue llegando al convencimiento de que hoy podía llegar a algún triunfo con aquel toro. Al final se adornó con oficio y se tiró a matar en rectitud, sin dar una de sus grandes estocadas, pero sin echarse afuera y dejando el acero en buen sitio.
Hoy se despidió de Las Ventas en funciones presidenciales Manolo for President con el orgullo de no haber tenido un solo conflicto de Orden Público durante sus años de Presidente, labor a la que según su propia declaración supeditaba principalmente sus desvelos. Si los hados hubiesen sido propicios él le habría dado a José Tomás el ansiado rabo* de Madrid/Toribio ante la aclamación de las masas y en orden a la evitación de conflictos, pero la ocasión se frustró.

Bye, Manolo.

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 *cola en Sevilla

Hacer un "dominguín"
Die dominico facere parvo

 El saco de las pipas
Folle fistulae

 Las pipas
Fistulae

La tauromaquia que promueve la Comunidad de Madrid
Bullfighting quae promovet Community Matritensi

 La enésima broma de Abella
Abella per iocum umpteenth

 El Pana

 El caballo de picar
Ipsumque equus

 Pintura de cascos
Pictura carinis

 Los cascos
Valvulis

 El peto
Pluteum

 El miriñaque
In crinoline

 Pisando la dudosa arena de la tarde
Calcantes harena in in meridianus dubiam

 La faja
Fascia

 La mujer que hablaba a los caballos
Mulier equos dixi

 La parra y la porra
 Vitis et fuste

 ¡La oreja!
Auris!

 El cuarto poder
Biquadratum

 El ojo del caballo engorda al amo
Oculus autem magister equitum impinguat

 El muerto del día
De mortuis die

 El programa de mano
Progressio

 El último cigarro
Despedida de Muñoz, entre Begoña Flores (a la que no quería en el palco) y Madriles
Ultimum cigarette
Vale Muñoz inter Begoña Flores (quod non vis in arca archa) et Madriles

 El Portón
Portam

 Lo que la mamarrachada abellana del Arte y la Cultura importan en Madrid
Num quid abellana sutores et culturas materia in Madrid

 Pelo de junio
June pilos

 Florencio, que reforzó a la afición china en la
 petición de oreja ( 奧雷哈) para las alcayatas de Uceda
Florencio, qui firmat in libello de Seres fans aurem
  (奥雷哈) enim jacula Uceda

 El sombrero que corta el bacalao en Las Ventas
Hat ut offa in Sales

 Ha cautivado a los madrileños con sus palmas...
 Madrid captus palmæ...

 ...y su franqueza
...et apertionis

 Flores arrollado por Jareño
Flores ictus Jareño

Flores y las brujas de Macbeth
Et de floribus veneficas Notis

 Flores desnudado por el Destino
Flores fato expoliavit

 Flores en brazos del Hado
 Flores in armis fati

 Dexter

 Curro

 Díaz

 Tu quoque?

 Sin palabras
Sine sermones

 Morales

 El Nido de Abella
Nidum Abella

 Costasol, un torete en el ruedo
Costasol, vitulum de armento in anulo

 Chinos pidiendo la oreja para Uceda
Interrogans Seres pércipe Uceda

 Rastro de las huidas de Engalanado
Trahentium effugit circumcidet

 Sopas con honda
Soups alto

 El japonés del 7
Único oriental que no pidió oreja
VII Japanese
Orientales singulari non interrogabant pércipe

 ¡Creímos que nunca llegaría este momento!
Cogitavimus hoc momento nunquam futurum!