Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Cuando debíamos estar mirando al cielo para ver la estrella que guía a los Reyes Magos, el periodismo nos tiene con la cabeza metida en la basura del Metro. “¡Si esto no se arregla, / os va a comer la mierda!”, gritan los poetas de lo social que trabajan para la causa sindical. Y dicen que ya han sido identificados dos docenas de limpiadores que, en lugar de quitar la mierda, la ponían, en cumplimiento, a lo mejor, de algún secreto plan de la lucha de clases. Entre los identificados no está, de momento, Kiko Argüello, al que los comisarios de progreso le están haciendo un traje como el del mismísimo Ben Laden. Más sabe el progre por viejo que por progre, y han tenido que ser los frutos secos del progreso español quienes abrieran los ojos al mundo: el enemigo no es Ben Laden, que al fin y al cabo está contra Bush, sino Kiko Argüello. La presencia de Kiko Argüello en la plaza de Colón ha hecho que todas las viejas del régimen zapateril, como criadas histéricas a las que se les hubieran incendiado las faldas, en vez de envolverse en una manta, se echen a la calle dando gritos más desgraciados incluso que los de los poetas de lo social que trabajan para la causa sindical. Extra de película franquista, le llama culteramente una varona que tiene la cara como la bota de un cojo. Es la basura que estos días, aprovechando la huelga del Metro, se arroja contra el primero que pasa. ¿Dónde está el ministro de Cultura? Si ha arreglado lo del Thyssen o lo de los Bardem, que arregle lo del Metro. ¿No dice Bardem que quiere hacer de Ricardo III? Pues que haga de Heracles y que el ministro le encargue la cultísima misión de limpiar los establos de Augias, que van desde Plaza de Castilla hasta Portazgo. ¡Menuda representación para que un actor como Bardem sienta eso que un poeta canario de lo social denomina “la adrenalina del compromiso”! Al tiempo que uno va actuando, va limpiando. Al revés que ahora, con el canon, cuando, al tiempo que uno va limpiando, va actuando. En cuanto a lo de Ricardo III, lo que Bardem no sabe es que Shakespeare se basó en un texto de Tomás Moro, que era más católico que Kiko Argüello.

