Ignacio Ruiz Quintano
Abc
“No sólo se trata de tributar una acción de gracias al cielo por la milagrosa salvación de los Reyes, sino de consignar de manera permanente los nombres de las víctimas, señalando el sitio en que cayeron heridas, como se marca en el campo cuando ocurre una desgracia. A más de esto, que, a no dudar, el Ayuntamiento de una población católica y monárquica, Corte de los Reyes, verá con gusto, la Villa tendrá para su ornato un monumento más que, por sí y sus accesorios, embellecerá aquella parte de la misma necesitada de ello.” Es la explicación que daba Repullés, su arquitecto, sobre el Monumento Conmemorativo del 31 de Mayo de 1906, así llamado en gracia a la ninguna complicación que deben predominar siempre en todos los nombres que a diario han de correr de boca en boca. Pero al monumento los madrileños en seguida comenzaron a llamarlo “Monumento de la bomba” y “Monumento del Morral”. El monumento se levantó por iniciativa de egregias damas que tuvieron presente la exclamación de una de las víctimas, cuando, moribundo, dijo a la dama que lo consolaba: “¡Señora!, si cuando se comete un asesinato en el campo se marca el sitio con una cruz para pedir a los caminantes recuerdo y oraciones, ¿no se hará lo mismo ahora con nosotros?” Repullés procuró traducir los sentimientos de las señoras iniciadoras con los afectos de gratitud a Nuestra Señora del Amor Hermoso y de recuerdo a las víctimas pertenecientes a tres clases sociales: aristocracia, ejército y pueblo. El monumento recibió críticas feroces: “La composición es ramplona; está al alcance de un oficial de confitería. Es un reflejo del falso arte francés de pacotilla usado por el jesuitismo universal que hace exclamar a las devotas elegantes ¡qué lindo! ¡qué bonito! ¡qué distinguido! Si la ejecución es antiartística, la filosofía es una equivocación. Creen sus iniciadores que el monumento hace recordar a las víctimas... No han previsto que perpetuaban también el crimen y el recuerdo del criminal.” Todas estas cosas, en fin, vienen dadas en un rico folleto con que Casa Ciriaco, desde cuyo tercer piso actuó hace cien años Morral, obsequia a sus comensales en estas fechas de centenario y madrileñismo.

