viernes, 15 de mayo de 2026

Montes


Juan de la Cruz


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


A solicitud de unas monjas, San Juan de la Cruz dibujó en un papel los caminos para llegar al monte de la perfección, que no es el magisterio del doctor Montes, como cree la izquierda madrileña y su Laica Cofradía de Progreso de los Tontos del Condón Africano. San Juan pintó a un lado un camino ancho y cómodo, pero que pierde su destino como el túnel catalán del Carmelo: el camino del espíritu extraviado. Al otro lado, uno que llega a la cima, pero con rodeos peligrosos y descansillos solicitados por flores y árboles de sombra: el camino del espíritu imperfecto. Y en el centro, estrecho, un senderillo de cabras, empinado, pero derecho, derecho hasta la cumbre. Es el “camino de la perfección”. El camino por el que San Juan quería llevar a las almas que él dirigía. Claro que, ¿cómo salir de este valle de lágrimas? “Ahora, Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tus palabras, porque han visto mis ojos tu salud...” He aquí, según hemos sabido por los periódicos de estos días, las primeras palabras del canto del viejo Simeón, sobre quien tantos editoriales llevamos leídos. ¡Irse en paz! Precisamente esas “ansias infinitas de paz” son las que animan a la izquierda madrileña a proporcionarla a quienes a la edad del piadoso Simeón se dejen caer por sus servicios de urgencias con un proyecto de abandonar la vida poco claro: allí, al pobre Simeón le cantarán las diez de últimas –por ejemplo, las diez últimas ocurrencias progresistas de Carlos Fuentes sobre el Quijote– y se le convidará a contemplar la muerte “sub specie aeternitatis”, como los antiguos metafísicos contemplaban la vida. Los humoristas de progreso ya han reclamado para sí el mismo matarile que tuvo Copito de Nieve. ¡Ah! Y, junto al lecho, una Ramona samaritana o un entrenador de boxeo viejo (no sé yo si Sánchez Atocha estará lo bastante cascajoso). Si unos enanos y unos jorobados bastaron a Velázquez para algunos de sus cuadros, cualquier farsa bastará a un progre para organizar en Madrid un entierro de Sendero Luminoso: ya saben, esa luz al final del túnel que sale en los libros de la vida después de la muerte.