Ignacio Ruiz Quintano
Abc
Tras de la tragedia de Madrid, España necesitaba una sonrisa, ¿y qué mejor sonrisa que imaginar en el consejo de ministros a un Caldera y a una Leire Pajín? Nos vamos a pasar los próximos cuatro años como La Gioconda, esbozando esa sonrisa cabrona que se nos pone a los españoles cuando no tenemos pensado pagar la ronda. El bisiesto es nuestro, y para que se sepa que es bisiesto nos ha traído de presidente a Zapatero, que, como no contaba con el cargo, no traía, el hombre, un programa, y sin programa no tuvo en la noche electoral más remedio que dejar escapar un flautín demagógico: el laico minuto de silencio –un Padrenuestro de la Nada– por las víctimas a cuya utilización electoralista y manipulación mediática debe su nuevo destino. ¿Un minuto de silencio, después de cuarenta y ocho horas haciendo ruido con ellas? Un minuto de silencio está al alcance incluso de los miserables del fútbol en la Uefa y en la Federación. Pero me dicen que, echando bien las cuentas, un minuto de silencio es mucho, si se tiene en cuenta que Zapatero va a ser el hombre del diálogo y de la paz, que son dos cosas que siempre sacan a relucir las señoritas de provincias en los concursos de mises. En el mundo moderno se está acabando el diálogo, y hay que dialogar. El mandato electoral del fabuloso pueblo español es dialogar –de ahí el premio en escaños obtenido en la bucólica Cataluña por la Esquerra del ex baturro señor Ex Pérez– con todo el mundo, pero más con los dos capos que más nos asustan, señores Ternera y Ben Laden, aunque a este último primero han de encontrarlo los americanos, a quienes se solicitaría el correspondiente permiso. Con el zapaterismo dialogador vuelven las sobremesas pantagruélicas, las meriendas ruidosas y las discusiones de café. ¡Ah, aquella delicia de andar, hablando, bajo los plátanos de Atenas, que inventaron los peripatéticos! En su suave estrategia de dialogadores, aprendieron a andar hacia atrás, para poder charlar con los que vienen de frente. “¡Pasa, Ben!” “¡Adelante, Josu!” Y así.

