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lunes, 3 de abril de 2017

Tres puntos y nada más

El viejo bombo

Francisco Javier Gómez Izquierdo

     El viernes ganó el Alcorcón, el sábado se desató el Rayo en Gerona (Machín, no podéis volver a las andadas) y el domingo por la mañana Fidel puso otro gol de tres puntos para el Almería en Tarragona. Sólo perdió como acostumbra,  no lo mereció, el Mirandés con un penalty absurdo cometido por Kijera en el 94. Tras las tres batallitas menores, el Córdoba caía al descenso y como el amo del Córdoba está en estúpida guerra con una afición a la que debe mimar en vez de faltarle al respeto, me acerqué al estadio con la moral por los suelos. Me acompañó mi doña, que se asustó a la entrada cuando a Felipe, el del bombo de  mi peña, lo paró el guardia de seguridad y lo retuvo luego un rato un tipo con traje negro como el Travolta de Pulp Fiction. Mi peña, no es porque lo diga yo, es muy formal y respetuosa con los reglamentos y en su día pedimos autorización para entrar con el bombo, autorización que tenemos y debe tener la seguridad del estadio y si además señalamos que sólo entran tres bombos en El Arcángel, no se entiende el paripé como del Mossad o la CIA que se lió en la puerta de preferencia. Mi doña dice que no vuelve más. Dice que en vez de aficionados parecemos terroristas  interrogados por la secreta: “..saque la autorización;..saque el carné de socio,.. saque el DNI..” y los tíos chiqui- chaca por el pinganillo con la cabeza vuelta y con la mano en la boca.

     Al final el bombo pasó la frontera, más que nada por tener papeles, pero con mi peña, que ha metido no sé cuántas temporadas el bombo en muchísimos campos de España, bailándole los gatos en la barriga. Se animó al equipo sin resultado porque el equipo sigue siendo, como se dice ahora, plano. Después de medio año volvía Deivid, nuestro capitán y central al que tanto hemos echado de menos. Se  recurrió de nuevo al chaval Javi Galán, que bulló con voluntad, pero sin acierto y a falta de 10 minutos el entrenador Carrión recibió una prórroga en la nómina del modo más inesperado. El central Rodas, del que hemos destacado aquí su presencia marmórea y su pétrea rigidez, suele subir a cabecear los saques de esquina y en uno de ellos con el balón volando en los cielos del área tras un despeje, se vio de espaldas a puerta y con la pelota en descenso. El coloso Rodas se dejó caer hacia atrás y conforme caía remató con una precisión de francotirador que sorprendió al portero Juan Carlos, que se quedó clavado, a sus compañeros de equipo que no imaginaban cosa igual de semejante talento y por supuesto al público de El Arcángel, que esperaba un milagro para conseguir los necesarios tres puntos, pero no de tal magnitud. Para que se hagan un idea, piensen en una chilena de Koeman o mejor de aquel Spasic que quitó el Madrid a Osasuna sin que se sepa por qué.
     
El Elche es equipo extraño.. Con gente muy mayor: Albácar, ¡ay, Albácar y sus recaditos! Pelegrín, Nino, Túñez.. o muy joven: Luis Pérez, Fabián ó Hervías, un media punta cedido por la Real que me pareció el más resuelto y  atrevido. Noté al Elche como sin alma y sin el suficiente atrevimiento como para llevarse un partido en el que sus futbolistas eran y son superiores a los nuestros.
   
El triunfo no nos aparta del desasosiego. Las sensaciones siguen siendo alarmantes y los merecimientos escasos. No me consuela el mal de muchos -¡no saben ustedes de mi masoquismo en este fin de semana viendo partidos de segunda!-, pero reconozco que es el único clavo al que agarrarse.