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martes, 11 de abril de 2017

Torrijas

El Sur en El Pardo

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

De la Semana Santa echo de menos el costumbrismo, y eso que este año el marianismo se ha llevado a El Pardo a comer torrijas a los líderes del Sur, que son tan pobres que lo mismo Mariano los aguanta hasta el jueves para lavarles los pies, improvisando un lavatorio civil a imitación de esos bautizos civiles que ya se despachan en Getafe.
Una vez que la filosofía enseña a despreciar sus costumbres al pueblo, el pueblo no tarda en descubrir el secreto para eludir las leyes –avisa Rousseau en su Prefacio del Narciso.
A Santayana lo maravillaba de Ávila que la existencia de las gentes fuera, dentro de su sencillez, profundamente civilizada, no por comodidades modernas, sino por tradición moral. “Es la costumbre”, solían aclarar al forastero. Lo que tenían y creían era, al menos, “la costumbre”. Sus almas, al inclinarse ante la costumbre, podían conservar su dignidad. Desprendiéndose de ella, como los demagogos y los intelectuales querían que hicieran, "sus vidas no hubieran mejorado y sus juicios habrían empeorado mucho".
En el periodismo, el mejor costumbrismo santayanesco de Semana Santa (y del resto de las estaciones) se lo debo a Pemán, quien vuelve a ser censurado en Jerez, ahora por el Consenso’78.
No se destaque con exceso la fiesta de la Vendimia de Jerez, este año. No se nombre a Shakespeare ni a cualquier otro personaje inglés –rezaba el telegrama de la Censura del Consenso’36 cuando la fiesta anual de la Vendimia de Jerez fue ofrecida a Inglaterra (antes de la UE y del Brexit), pasando por alto que Shakespeare, que era católico, cita cien veces el “shack”.
Los mismos censores que telegrafiaron a los periódicos andaluces para que, al regreso de Pemán de América, “no se comunique la noticia de la llegada ni se permita ningún acto de homenaje”.
Estaban enfadados conmigo por una conferencia que di en el aniversario de la muerte de Calvo Sotelo.
La torrija pardeña y la censura jerezana son todo el costumbrismo que nos queda.