miércoles, 12 de abril de 2017

Directores

José Bergamín

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Decíamos ayer que vuelven las torrijas, y te las sirven desdobladas, como los sustantivos en el lenguaje de género.

Contra las torrijas, que cuentan con la protección oficial del marianismo, no va nadie, de momento. En cambio, contra el lenguaje de género se levanta el director de la Academia, Villanueva, partidario de aplicar la navaja de Occam a esa ley de la pereza cósmica según la cual, cuando un político habla, si se abandona a sí mismo, elige, a imitación de los cuerpos celestes, la frase más larga posible entre sujeto y predicado.

Los sucesores de los Tercios son los académicos de la calle Felipe IV, cuyo director, Villanueva, que viene de soplar las trompetas de Jericó para derribar el muro de Trump, pone el grito en el cielo contra el palabrerío huero, chirle y hebén del feminismo bocón, frenesí que no le deja tiempo para vindicar el buen nombre de Pemán, que también fue director, pero el único director gubernativamente privado de su cargo, en los dos siglos de vida de la Academia: su conferencia de clausura de un ciclo sobre Calvo Sotelo en la Academia de Jurisprudencia molestó a los falangistas, que entendieron que en su charla había hecho de menos a José Antonio. ¿Cuántos académicos vivos pueden exhibir una laureada de antifranquismo como ésa? La guinda fue el telegrama ministerial a los diarios gaditanos prohibiendo informar del regreso de América de Pemán, cuyo barco, sin embargo, en vez de arribar en Cádiz, rindió viaje en Lisboa.
Más que volver a España, lo que yo siento es la necesidad de huir de América –dice Bergamín, que en la Nochebuena del 58 pudo regresar a España gracias… a Pemán. (“¡Se encendió la lucecita verde! –escribe Bergamín a María Zambrano–. ¡Y Pemán ha sido el farolero! ¡Pero en qué farol andaluz! Se lo agradeceré siempre”).

Un año antes, en otra carta a MZ, Bergamín había hecho la profecía podemitona: “¿Piensas lo espantoso que ‘parece que es’ una España sudamericanizada por los comunistas?”