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lunes, 3 de diciembre de 2018

El escamoteo blanco

Mourinho y Rashford


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Las sensaciones encontradas que provoca este Madrid vienen de un escamoteo que Solari ha hecho suyo: por un birlibirloque extrañísimo, el Madrid de Cristiano Ronaldo se ha convertido en el Madrid de Lucas Vázquez, que tiene todas las papeletas para ser un Balón de Oro, visto lo de Modric, fichaje, por cierto, de Mourinho, que lo trajo, según la versión mediática, para no traer a Cazorlita y hacer así daño a España.
   
El Balón de Oro de Modric es como el Balón de Oro de Owen, absurdo como un zapato impar, pero sirve para no dárselo a Cristiano Ronaldo, que no asistirá a la gala, ni a Messi, que no figura ni en el podio. Mas un Balón de Oro para Modric es una bendición que le cae del cielo al Madrid, que ahora podrá canjearlo por Mbappé y, además, llevarse un buen dinero.
    
Con Cambiasso nos ha tocado la lotería –dijo Calderón cuando le colocaron, por una módica cifra, al medio centro argentino.
    
Pero con quien nos ha tocado la lotería es con Modric y su centrocampismo de hámster en la rueda, cuyo Balón de Oro vale un Perú, que en el fútbol es Mbappé, que tampoco debería incorporarse en enero para no tapar a Lucas Vázquez, el Colibrí de Curtis que tapa a Cristiano Ronaldo.
    
Dicen que el Madrid con Lucas Vázquez es igual que caminar con dos pies, que es simple tambaleo, y como dice Santayana que decía Schopenhauer, “una caída perpetuamente detenida”. Lucas Vázquez es, en fin, como un Cristiano Ronaldo de mantero de la Gran Vía de Carmena: hace bicicletas inútiles y marca goles de palomero, se levanta la camiseta y luce tabletas (“tabletiñas”), pega arreones en el campo (la demagogia que encandila a los piperos del Bernabéu… y de Las Ventas) y contestaciones en la prensa.
    
Tanta crisis y estamos a cuatro puntos del Barça –dijo en Vigo, viniéndose arriba después de ganar al Celta.

    La gente llama a eso “carácter”.

Owen

    A Mourinho le han afeado que acusara públicamente de falta de carácter a cuatro jugadores del United, entre ellos Martial, un Fernandel del fútbol, y Rashford, un “pasmao” de toda la vida.

    –Tienen talento, pero carecen de madurez.
    
Es un mal generacional, generalizado. En Madrid acusan de eso mismo a Isco y Asensio, puestos a los pies de los piperos por ese lucasvazquismo que vive pendiente de la puntación que lleva al título de Empleado del Mes.

    –Mira Carvajal. Ése sí que lo da todo.
    
A Carvajal se le perdona que gaste barba y, sin embargo, se comporte como una Desdémona culé. Hombre, no: o Gravesen o Jordi Alba. Y de mezclarlos tampoco surge el carácter inglés que pide Mourinho para Rashford en el United, pues ni Gravesen es león ni Jordi Alba es unicornio.
    
Inglaterra es, según Santayana, un león domesticado: tiene una jaula llamada Constitución y un parlamento lleno de guardianes con altos salarios y acento cockney. Y describe al león como noble animal que gusta del reposo solemne, que frecuenta preferentemente los claros solitarios y los parajes pastoriles.
    
Sus movimientos son lentos, bosteza con asiduidad, tiene pequeños ojos casi cerrados en lo alto de la cabeza, larga nariz de disgusto y unas fauces prodigiosas.
    
En el fútbol te pones a hablar de carácter inglés y resulta que te sale Ronaldo Luís Nazário de Lima (vuelvan a ver ese video suyo de cuando empezaba), el de las ovaciones en Old Trafford jugando la Champions con el Madrid.
    
Mourinho pide “carácter” en el United y Solari pide “cojones” (¿Lucas y Vázquez?) en el Madrid: así está el fútbol en este instante. (Guardiola, a todo esto, pide la libertad de los golpistas del “Prusés”: en Alemania, entre rondo y rondo, aprendió una sutil teoría de Hegel según la cual el universo existe con el fin de realizar la independencia). Mourinho nos mata con las transiciones Pogba-Lukaku y Solari nos remata con el tuya-mía Lucas y Vázquez en el esquema que dejó vacante Cristiano Ronaldo, Pichichi de la Liga italiana a sus treinta y tantos años, que eso es un hombre de reto. Y de carácter.


 Leche de pantera en el hogar legionario

LECHE DE TIGRE

    Por encargo de Millán Astray, que buscaba un refresco energético para sus novios de la muerte, Chicote mezcló un litro de leche condensada con otro de ginebra y dos dedos de vodka, más una cucharadita de pólvora, y lo llamó leche de pantera. Nuestros futbolistas no pueden tomarla por causa del dóping, y lo que podría hacer un chupito por medio euro debe hacerlo un entrenador por varios millones de euros. “Mi función es llevar al jugador al límite, provocarlo, enfadarlo”, dice Simeone en “France Football”, y la gente lo escucha como si de su boca saliera leche de tigre. A esa leche de tigre atribúyese la actitud de Diego Costa con el central del Barcelona Umtiti: el delantero intentaba provocar la segunda tarjeta del culé, y como Griezmann, cenizo también en esto, se interpusiera, Costa estalló: “¡Yo soy tu compañero, no él!” Griezmann no entiende que el social Diego Costa quiera ser su compañero en la guerra, pero tampoco entiende que el solitario (“arrogante y distante”) Aymeric Laporte no quiera serlo (ni de él ni de nadie) en la paz de la Selección de Deschamps.