lunes, 8 de junio de 2026

El Homenaje a Sánchez Mejías quedó en "Sinrazon", juguete en tres actos y prosa de Borja Jiménez. Márquez & Moore


Ni más ni menos, comedia en tres actos y en prosa
 

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ


En el año 1944 Carmen Laforet obtuvo el Premio Nadal con su novela «Nada», un relato de corte existencialista escrito por su autora a la edad de veinticuatro años. Hoy en Las Ventas Borja Jiménez nos ha dejado su particular enfoque de la nada a sus 34 años de edad y once de alternativa en una tarde para el olvido en la que no ha habido cosa alguna que saliera bien.


Hay que fijarse en las circunstancias que rodean la corrida, que hoy se dieron algunas que deben ser reseñadas: la primera fue el despeje de plaza que se verificó con un caballo blanco y otro caballo negro, acaso un guiño a la vieja Prusia, a aquella sentida estrofa de su himno que reza: «¡Prusiano soy!... Lo dice mi bandera/¿No veis que es blanco y negro su matiz?», o acaso es que viendo que el tordo un día iba a tirar a doña Rocío, que lo montaba a duras penas, decidieron hacer el escamoteo equino para tratar de evitar una desgracia. Donde estuvo a punto de haber una desgracia seria fue en la puerta de toriles cuando hubo un problema con un toro devuelto que se saldó sacando hacia la enfermería apresuradamente a un señor con un polo de color rosa que apareció por allí. Todas estas cosas hablan a las claras de que los hados para la tarde eran nefastos tanto como el bochorno de las caídas, el tener que apuntillar a un toro en el ruedo porque no se podía levantar, las pañoladas verdes que fueron la tónica de la tarde y todo el conjunto creó la fuerte sensación de que, paulatinamente, la corrida se iba yendo por el desagüe. 


Nadie crea que los inicios fueron adversos, excepto lo de los caballos prusianos, que al romperse el paseíllo se ovacionó calurosamente al diestro de Espartinas como apoyo a lo que estaba por venir, y vive Dios que necesitaba apoyo porque lo que se le presentaba era un tsunami del que le iba a ser imposible librarse.


Por centrar un poco el relato digamos que hoy se celebraba, nadie sabe por qué, la llamada «Corrida In Memoriam de Ignacio Sánchez Mejías» Ciertamente nadie sabe por qué se planteó este in memoriam, porque Ignacio falleció en agosto del ’34 y aún quedan ocho años para el centenario, y había nacido en 1891, lo que tampoco nos da pistas sobre la oportunidad del recuerdo del audaz y valiente torero del que Lorca dejó escrito aquel emocionante verso que dice: «Yo canto para luego tu perfil y tu gracia/la madurez insigne de tu conocimiento».

 

Para homenajear al carismático Sánchez Mejías no se les ocurre otra cosa que montar una corrida de seis toros para un solo espada que ni es carismático, ni es audaz, ni se trata con intelectuales, al que la madurez insigne de su conocimiento se le da por supuesta, por decir algo, y que nos había dejado helados el pasado día 4 de junio con sus dos actuaciones, cuando mató uno de Jandilla y otro de Santiago Domecq sin arrancar una sola ovación del respetable. 


Borja Jiménez aterrizó en Madrid en la Feria de Otoño de 2023, cuando dio un golpe en la mesa, en corrida de Victorino Martín, en la que la frescura de sus planteamientos, la rotundidad de su toreo al natural y sus ansias de triunfar, despejaron cualquier tipo de dudas sobre este torero al que casi nadie esperaba con anhelo en aquella tarde, y esto lo hizo frente a una corrida de TOROS. La ecuación parece fácil de despejar: si has triunfado frente a toros a base de toreo de verdad y de colocación ¿por qué te vienes al cabo de tres años rodeado de chivos caedizos y con un planteamiento taurómaco de neotoreo por las afueras, de pico ventajista y de descolocación? Si has triunfado en Madrid y tienes algo de memoria de lo que hiciste, lo suyo es repetir la apuesta ganadora, tanto en el ganado como en la manera de torear y reverdecer aquel triunfo incuestionable que te aupó a los lugares principales del escalafón. El 8 de octubre de 2023 Borja Jiménez se presentó en Madrid con tres paseíllos en la temporada anterior; hoy se ha presentado con 61 festejos en la del año ’25. La diferencia que va de 3 a 61 se la debe por completo a la tarde del 8 de octubre, que debería ser la brújula que dirigiera su carrera. En vez de eso se ha dedicado al pajareo del neotoreo, que lo mismo está muy bien para ir sacando perras por los pueblos sin arriesgar mucho, pero cuando vienes a Madrid, que te ha dado lo que eres, no puedes ir con el planteamiento que irías a Granada, si quieres sobrevivir. Si quieres hacer una «gesta» sigue el consejo de «Gallito» y entre col y col coloca una lechuga, pero no te traigas debajo del brazo esos seis despojos que te has traído con los que no vas a rascar ni medio gramo de respeto desde que sus febles, caedizas anatomías asomen por la puerta del chiquero.

 

La ilusión de los que venían ilusionados se fue tornando en decepción al ver el festival de caídas y desplomes y cuando salió el novillo que hizo 3º bis, Apostante, número 77, también de Victoriano del Río la tarde tocó fondo, porque ese bicharraco jamás debió salir a Las Ventas donde hemos visto novillos con más cuajo que esa cucaracha negra débil y ridícula. No hay nada más que reseñar. Se nos pasó decir que los toros anunciados eran de Domingo Hernández y de Toros de Cortés, que salieron los seis anunciados y dos sobreros y, además, un remiendo de El Torero que hizo quinto con el que, al final de su insustancial trasteo dejó unos derechazos arrebatados que serían lo único medio interesante de la tarde. Las gentes le habrían dado algún trofeo, pero en este toro se atascó con la espada. Lo demás fue, como decíamos al principio, la nada: falsas portas gayolas, nada de capote, nada ganadera, nada de varas, nada de banderillas, nada de toreo, nada de estocadas: los hados funestos se cumplieron y, fatalmente, pasó lo que imaginábamos que pasaría.



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ANDREW MOORE
















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