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viernes, 29 de septiembre de 2017

La nota


Ignacio Ruiz Quintano
Abc

Los obispos han dado la nota, una nota socialdemócrata, sobre la situación de España (“los pueblos del Estado”, en su jerga): piden “diálogo”, que, según Buela, no es un concepto cristiano (no está en la Biblia), aunque lo Iglesia lo emplea, como puro verso, a partir del Vaticano II.

En sociedades espiritualmente desarmadas, esta “reductio ad dialogum” elimina de la discusión la idea de “poder” y de “enemigo”, de modo que siempre nos están obligando a firmar la paz con los amigos y a renunciar a actos soberanos frente a nuestros enemigos.
El caso es que la nacionalidad la ha creado en España la Iglesia, como bien lo vio Azorín cuando, con el 98, fue a Toledo para cuatro días en tren:

El Greco nos había llevado al cardenal Romo, y el cardenal Romo, con su libro singular (“Independencia constante de la Iglesia hispana”), nos había adentrado en el corazón de España.
Dialogar, ¿con quién? El diálogo auténtico sólo se da entre amigos, pues “sólo con el amigo se da el trato de igualdad”. Dialogar, ¿de qué? ¿De “devolver” la mezquita? ¡Cielos! “Amad a vuestros enemigos” no tiene que ver con la distinción política de la teoría schmittiana entre amigo y enemigo, ni quiere decir que se deba amar a los enemigos del propio pueblo y apoyarles frente a éste: “En la pugna milenaria entre el cristianismo y el islam jamás se le ocurrió a cristiano alguno entregar Europa al islam en vez de defenderla de él por amor a los sarracenos”.

¿Cómo nos vas a hacer creer, Basilio, que cuando tú dices unas palabras misteriosas en el altar, Dios te obedece y baja al pan y al vino? –preguntó un día al cura Basilio, lerrouxista, gallego y cojo, su jefe Guerra del Río.
¡Pues se j… y baja! –contestó famosamente el cura, dando un puñetazo en el velador.
En lo que va de la confesión hispánica del cura Basilio a la nota socialdemócrata del obispo Blázquez se ve, en palabras de Santayana, “la escandalosa degradación a que la inteligencia moderna ha condenado al espíritu”.