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jueves, 28 de septiembre de 2017

Novillada de Otoño: “El domingo ya se acabaron los toros y a partir de hoy empiezan los avechuchos”

Empiezan los avechuchos

José Ramón Márquez



“Se busca que hay un caso, y tiene tongo, al teniente Colombo…”
Sevillanas de los cuatro detectives, Pepe Da Rosa

Como me dice Vicente Palmeiro desde la Andanada del 8: “El domingo ya se acabaron los toros y a partir de hoy empiezan los avechuchos” Después de esos tres domingos de espejismo, de golosina para el pobre aficionado que se pone como la niña de “El Exorcista” cada vez que siente mentar el nombre de Domecq, hoy todas las nauseabundas aguas del taurineo vuelven a su cauce y como el pobre del Bill Murray de “El día de la marmota” hoy nos echan con anuncio público y alevosía seis nuevas marmotas de las que Edificaciones Tifón, S.L. cría en Toledo o en Ciudad Real o en los dos sitios. La clásica marmota del toro asqueroso, que han echado uno negro salpicado que se llamaba Tornado, número 5, tarariro, tarariro, que tenía la perfecta aptitud para cabestro por morfología, hechuras, capa y condiciones, que no hacía ni falta castrarle; es que no más había que ponerle el campano y ya se podía ir el animalejo a vivir su vida de tolón, tolón junto a Florito. Siete kilos más tenía el cuitado éste que el toro de Ana Romero del domingo pasado que tanto nos enamoró por hechuras, cuajo y seriedad… a ver cómo se explica esto. Los de las Edificaciones Tifón mandaron a Madrid los volquetes llenos de escombro, de escombro ganadero, y habrá quien quiera salvar al sexto, Mosquito, número 40, por su condición tontiboba y repetidora, que a ese desgraciado en un pueblo le hacen candidato a indulto, o porque en sus hechuras se parecía un poco a lo que los Tifones proclaman como origen en la Unión de Criadores de Toros (sic) de Lidia: don Juan Pedro Domecq Solís. Hubo uno, el quinto, Cazador, número 11, que se pegaba unas volteretas y unos planchazos dignos de un certamen internacional de gimnasia rítmica; hubo otro, el cuarto, Cominero, número 50, al que le picaron como si en vez de toro fuese un globo de helio que se pudiese romper al roce de las aristas de la puya, hubo… hubo una ruina ganadera, otra más de losTifón, otra muesca en el revólver de este Ventorrillo que lleva más de 20 años sin parar de venir a Las Ventas a no se sabe qué. Bueno, o sí, que lo mismo el plan es ir soltando estas babosas descastadas, cada novillo con su peculiar cosita, para mover a mofa o a pena al paganini, que es el ser que aunque le anuncien otra de El Ventorrillo vuelve a pasar por la taquilla a dejar el dinero ganado con el sudor de su frente para sentarse en los asientos que van desde justo detrás de los atestados burladeros del gañote del callejón hasta la última fila de la andanada.

Y si marmota fue la cosa ganadera, marmota gorda la del toreo, que aquí se pasan los días, las semanas, los meses y no se pone un tío a torear como se debe ni aplicando el artículo 155 de la Carta Magna, ni aunque se empeñe la Fiscalía, ni aunque vengan los Civiles y los mosus ésos, aquí no se pone como Dios manda a torear nadie. Y si sale alguno como Ureña, ya se encargan por tierra, mar y aire de taparle, qué digo taparle, de echarle hormigón encima a ver si se queda quieto y no enreda. Aquí vale, sobre todas las cosas, la mendaz verdad de Julián, el Power de San Blas, y todo lo que se salga de lo que él representa estorbo y debe ser barrido. Cualquier planteamiento que implique el parar, el templar, el mandar, el cargar la suerte está llamado a ser ignorado y boicoteado: eso es lo que les enseñan y eso es lo que los muchachos practican, cada cual con sus propios modos. Hoy venían a Las Ventas, a cargar con los sacos de escombro de Construcciones Tifán, Jesús Enrique Colombo, Leo Valadez y Carlos Ochoa, de Madrid, nuevo en esta Plaza.
 
Colombo toma la alternativa en Zaragoza (D.m.) y con toros de Juan Pedro el próximo día 11 de octubre, dentro de catorce días. No se puede decir que sea un muchacho al que se arroja a la vorágine del toreo sin cimientos. Ha toreado mucho y eso se nota en el desparpajo con el que anda por la Plaza, en su frescura de novillero curtido, en sus ganas de entrar en quites y de dar espectáculo. Hoy puso cinco pares de banderillas en los que primó la velocidad, la cosa atlética, el salto y la reunión con la cabeza del toro pasada; a cambio dejó un buen par quebrando por los adentros junto a la barrera del 10 sin peón-centinela apostado en el callejón, dando la impresión de que le funcionó la cabeza e improvisó sobre la marcha. Lo otro de Colombo es que maneja con inteligencia los recursos del espectáculo y conoce al público, tan voluble. En sus segundo, el toro sin picar del que hablábamos antes, que le dio un fuerte trompazo al inicio de su faena de muleta, fue desgranando un pobre trasteo que no llegó en modo alguno al tendido hasta que Colombo dispuesto a no pasar desapercibido se planta a hacer bernardas con las que se lleva la atención y el aplauso de las gentes y luego intenta matar a recibir, que si lo llega a conseguir la hubiesen hasta pedido la oreja. Por el contrario en su primero, otro cacho de feo que atendía por el atinadísimo nombre de Nauseabundo I, número 20, dio muchos pases sin decir nada, en plan toreo 2.0, basando su propuesta en tratar de ligar retrasando la pata y, sobre todo, en no meterse en el sitio donde los toros cogen y donde se crea el toreo bueno. Su capacidad como estoqueador está fuera de toda duda cuando practica el volapié: a su primero le recetó un jarabe de acero ligerísimamente desprendido y de un efecto fulminante. A su segundo lo quiso matar a recibir por la razón que antes se expuso y en esa fundamental suerte no está tan suelto, pero no cabe duda de que es sólo cuestión de tiempo.
 
La otra cara de la moneda es Valadez, que está a trece días (D.m) de que su paisano Joselito Adame le dé la alternativa con toros de Fuente Ymbro, también en Zaragoza. La impresión que ha dejado Valadez hoy en Madrid ha sido harto pobre por lo ventajista de sus trasteos y la constante búsqueda de lejanías entre él y el novillo durante el muletazo. A Colombo se le ve bastante placeado, hecho como torero, pero a Valadez se le ve muy torpe y, podríamos decir, sin condiciones. Con sus dos novillos ha estado mucho tiempo, trasteo largo es casi siempre sinónimo de que las cosas no van rodando bien, y sin dar un solo muletazo digno de ser reseñado. Igual que el escritor manchego García Pavón veía harto complicado el reinado de Witiza en su famosa novela del detective Plinio, los que hoy hemos estado en Las Ventas hemos visto harto complicada la carrera de Leo Valadez a partir del próximo día 10. Si a eso añadimos la infame manera que tiene de matar, el espantoso navajazo barriguero que le ha perpetrado a su segundo, más propio de una de las sagaces investigaciones del Teniente Colombo que de la reseña de un festejo taurino, ya podemos decir que tenemos enfrente un cóctel bastante poco halagüeño. Dios dirá, pero los méritos vistos en este aventajado alumno del Centro Internacional de Tauromaquia y Alto Rendimiento no parecen suficientes como para echar las campanas al vuelo. Ya hemos explicado en alguna ocasión que cerca de Leo Valadez hay un Reverendo Padre, cuyas plegarias e intercesión le van a ser muy necesarias al hidrocálido.

Y luego Carlos Ochoa, a quien veníamos a ver con cierto interés porque nos habían hablado de él personas de nuestra máxima confianza. El gozo se fue directamente al pozo, porque en vez de un novillero con sus indecisiones o sus dudas o sus carencias, propias de quien lleva de novillero un año, que para eso es novillero, pues en vez de eso ahí se nos echó encima otra marmota, otro torero como todos, las ventajas, la alcayata, la pata atrás, este espanto con que engañan a los muchachos robándoles el alma, hurtándoles su personalidad para convertirles en otro más. Nada que reseñar, es el desolador resumen de su paso por la Monumental.

 Aquí no se pone como Dios manda a torear nadie
Adiós Madrid