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lunes, 30 de abril de 2018

Derrota por 2-1 en el Reino de León

El navarro Prieto Iglesias con un servidor


Francisco Javier Gómez Izquierdo

    La Primera llevaba semanas resuelta, pero faltaba el matemático notario para dar fe de lo evidente. El Barça campeón y bajan Málaga, L. Palmas, con un Paco cada día mas extravagante, y un Deportivo con buenos delanteros, pero muy mal barajados, en mi modesta opinión. El público en general, como cada fin de temporada, se traslada al balcón de la Segunda donde cada partido es un trabajo de Hércules y cada punto cien canas más para sus aficionados, lo mismo da que se jueguen el ascenso que el descenso. Bueno, lo mismo no da, pero ustedes me entienden.

      Ayer jugábamos una final en el Reino de León que es como se llama ahora el Antonio Amilivia de la Cultural Leonesa donde un servidor esperaba un acto de autoridad del Córdoba por jerarquía, tradición y sobre todo juego, pero no... El entrenador Sandoval al que no se le puede negar dedicación, conocimiento y tener derecho a considerar decisiones no coincidentes con los hinchas, creo que no acierta al poner de principio a Reyes y no confiar más en el joven Aguado. Los contrarios suelen ser más jóvenes y de mayor capacidad física que el sevillano, por lo que a la media hora empieza a desfallecer a pesar de sus exquisitos regates y asombrosos controles para disfrute de público y locutores. Al comienzo de las segundas partes pierde hasta las carreritas y todo lo fiamos a una falta al borde del área que no se produce porque hay entrenadores muy tunos que ordenan hacerlas en el medio del campo. A la hora hay que cambiarlo por riesgo de lesión y entonces es cuando yo lo sacaría en un hipotético encuentro igualado como lo son todos en la División de plata. 

En cuanto al joven Aguado, decir que juega con un sentido que se echa de menos. Emiliano Buendía es un argentino que vino hace años al Getafe, al que creo aún pertenece, y como en Pamplona a Lasso de la Vega, le salió su gol del año con un zurdazo teledirigido desde fuera del área que volvió a buscar la escuadra de Kieszeck, incrédulo por tocarle padecer las genialidades ajenas y enfadado porque sus compañeros tenían al rival abucharado. Era el minuto 25 y a partir de ahí todo nos fue mal. Al diablo Señé le salían las virguerías; Martínez, un medio de la Fábrica, se puso mandón;  los Garcías prestados por Valladolid y Osasuna, se sintieron importantes; Sergio Marcos, ex atlético prestado también por el Valladolid demostró que tiene puesto en Pucela... y Rodri, nuestro Rodri goleador al que le falló la racha en El Arcángel y la tenía negativa en el Reino, marcó tras dos meses de sequía gracias a un despiste defensivo de un Javi Galán demasiado ingenuo.
      
Sandoval tuvo que sacar al tocado Guardiola para marcar por lo menos dos goles reglamentarios. Se consiguieron, pero el colegiado sólo  concedió uno, cargando de argumentos el victimismo de los más de trescientos valientes cordobesistas que se desplazaron a León con un optimismo posiblemente irracional. El señor Prieto Iglesias, con el que estuve en un sarao hace unos años, expulsó a nuestro entrenador en el túnel y a nuestro delegado un rato antes por faltar el respeto del juez de línea con lo que el partido ante el Huesca vuelve a vestirse de épica como no tan lejanas contiendas en las que a vida o muerte contra los aragoneses salíamos victoriosos. En eso vendrían pensando anoche los trescientos valientes durante los 750 kilómetros de vuelta. Los 750 de ida, dicen que no fueron tan pesados.

     Se les debe una satisfacción.