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jueves, 10 de enero de 2019

La Sentencia


Francisco Javier Gómez Izquierdo

           Convivir de continuo con cafres y psicópatas irredentos, viciosos desenfrenados y tipos de absoluta maldad, empuja de vez en cuando a comparar, desmoralizado por la disparidad de criterios, las penas que se pretenden conforme a los delitos que se cometen. Durante casi cuarenta años un servidor ha sido testigo de muchos despropósitos que con argumentos tan dispares como la alarma social o la altitud de miras en según que casos, los gobiernos han pretendido enseñar a juzgar a fiscales y jueces pareciéndome que en muchas sentencias lo conseguían... pero es durante quizás el último quinquenio cuando he observado, no temor sino pánico absoluto en los tribunales, ante la increíble ferocidad de planteamientos desde las cadenas de televisión -todas sin excepción en mayor o menor medida- sobre cómo se debe castigar y cómo se debe perdonar. Esta mala costumbre justiciera de exhibicionistas “charlapuñaos” ha llevado en mi opinión al Tribunal Supremo a sentenciar pensando en las feministas beligerantes con doña Calvo -la que más manda en España- a la cabeza, supongo que en el gobierno y sobre todo en las cadenas 1,2, 3, 4, 5 y 6 y autonómicas, argumentando desde las posibilidades que dan las nuevas leyes -la sentencia puede ser técnicamente perfecta, pero el sentido común nos dice que no es justa- y contradiciendo a la Constitución, pero ¡amigo! son leyes de las que ¡mecachis en la mar! salen flores multicolores. Todo depende del color de los cristales de las gafas que se ponga el juzgador. 
      
Tras la sentencia que fija en Derecho que la mutua agresión entre hombre y mujer o responder a una agresión femenina es violencia de género ¿? pues el machismo como el valor en la mili se da por supuesto, a mí me ha entrado la curiosidad por saber qué opinan no los coros y danzas del feminismo sino los sentenciados. Esa pareja maña que discutió y se agredió en público tras un día de marcha y que sin quererlo se vio ante la Audiencia que me da que con buen criterio absolvió a las criaturas. La Fiscalía, no la mujer agresora y agredida, recurrió al Supremo, imagino que con disgusto del chico y  la chica. Mire usted por donde, ahora que quizás se encuentren tranquilamente en su casa o casas  viviendo sin sobresaltos y en paz han de cumplir una sentencia que los vuelve a malmeter en un conflicto que antier no existía. Un conflicto generado por una diligencia mal entendida de la fiscalía que en mi opinión no sabe qué cosas pasan en la vida real.
      
El día después de Reyes, la Policía Nacional detuvo a un reconocido buen ciudadano y excelente persona. Lo llevó ante el Juzgado que lo reclamaba y éste ordenó su ingreso en prisión durante ocho meses. El hombre, con empleo estable y remuneración interesante, había sido golpeado por su pareja en presencia de los vecinos. El hombre, por vergüenza, no se atrevía a denunciar hasta que para su sorpresa fue requerido por la esposa ante el juzgado con un "te vas a enterar" a causa de un presunto maltrato. Sin sospechar ya mayores maldades tramitó la separación y consintió en perder piso, coche y  pertenencias con tal de salir de un infierno al que se había agregado una asociación que le culpaba de iniquidades varias. La denuncia por maltrato siguió adelante, claro está, y como ya la denunciante se había quedado con todo, el juez condenó a P.V.S. a seguir un curso de “Habilidades Sociales” durante un año. Esto de las habilidades sociales es una terapia que imparten determinados psicólogos y muchas psicólogas para concienciar al hombre de su animalismo y perversidad. Es terapia a la que no asisten los animales perversos, tal que el Montoya onubense, pero tiene muy buena prensa entre los que están en el asunto. Lo cierto es que P. V. entre lágrimas manifiesta que se negó a asistir a la terapia porque el ni era ni es un maltratador sino un maltratado. Aún no se ha enterado de que su palabra no vale nada. Le quedaba el trabajo. Un buen trabajo. Probablemente, también lo pierda y probablemente se convierta cuando salga de prisión en uno de esos indigentes que arrastran historias deprimentes... o, no lo quiera Dios,  en un suicida.
     
Por cierto, estamos a 10 de enero y se han suicidado en España entre 110 y 120 personas. De ellas entre 85 y 90 son hombres. Entre 25 y 30, mujeres. A mí me parece estadística alarmante. Y creo que digna de estudio y consideración.