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viernes, 18 de enero de 2019

La convención

Adam Smith


Hughes
Abc

Después de las primarias llega la convención, momento escénico de unidad alrededor de Casado y momento para eso que llaman «la batalla de las ideas». La redefinición o retoque ideológico del PP.
Hace unos años, Rajoy abrió la puerta del partido a conservadores y liberales. ¿Qué ideología quedó? El marianismo.

El primer paso del PP debería ser explicar qué se hizo mal, pero es dudoso que esta autocrítica se realice con Rajoy y Aznar presentes. Fue a Rajoy a quien se le fragmentó la derecha, y los 90 de Aznar parecen un revival insuficiente, además de que traen una cola de corrupción que tiene a la gente considerablemente cansada.

Rajoy y Aznar han sido garantías de algunas cosas que parte del electorado ya ve como problemas: las autonomías o el seguidismo absoluto de las políticas económicas europeas.

La figura de Vargas Llosa, que PP y Cs se llevan y traen como si fuera Adam Smith, hace presagiar una reafirmación liberal. Pero liberalismo significa todo y significa nada.

Si es más lealtad a los mercados deberían saber (y lo saben) que Trump ha orientado el Partido Republicano hacia los trabajadores.

Si es liberalismo como protección de la libertad individual, en pocos asuntos se ve tan amenazada como en las ideologías de género impuestas desde el Estado. La amenaza para el liberalismo viene también de la izquierda y le entra por la vía porosa del centrismo. Si Cs pretende acaparar el liberalismo progresista, le queda a Casado el liberalismo conservador, pero eso exige una posición casi moral contra algunas inercias de la socialdemocracia y contra el urgente problema de la natalidad, asuntos en los que el PP ha hecho mutis, abandonando además a su electorado católico tradicional.

Casado ha matizado su reformismo, que pasa a ser «inclusivo». El reformismo del PP han sido reformas laborales y tributarias que pagaba el ciudadano. Ha sido un reformismo para que se reformaran el currante y la clase media. De la reforma política prometida no hubo nada y en las «guerras culturales» entregaron la cuchara.

El PP ya no es el muro de contención contra el desorden. Perdido ese privilegio, a Casado le han dejado unos márgenes más estrechos de lo que parece. Le toca definir algo más pequeño orientado a una alianza posterior. Y eso siempre va a parecer una renuncia.